{"id":50478,"date":"2011-10-04T03:57:03","date_gmt":"2011-10-04T01:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-oracion\/"},"modified":"2011-10-04T03:57:03","modified_gmt":"2011-10-04T01:57:03","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-oracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-oracion\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad de oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em><a><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-47928\" title=\"logohijascaridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/logohijascaridad.jpg?resize=180%2C191\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"191\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD DE ORACION<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>ORACION PERSONAL<\/strong><\/p>\n<p>Hay que dar la <em>primac\u00eda de lo espiritual <\/em>sobre lo temporal. La vida consagrada no se puede estimar solamente por su dimensi\u00f3n apos\u00adt\u00f3lica. El bien de la Iglesia a cuyo servicio se ordena no ha de conce\u00adbirse con exclusividad de una forma pr\u00e1ctica y visible, porque entonces los Institutos se convertir\u00edan en unas empresas colectivas cuyo fin esen\u00adcial ser\u00eda asegurar la mayor eficacia del apostolado por el m\u00e1ximo empleo de fuerzas disponibles y por una organizaci\u00f3n m\u00e1s racional y sistem\u00e1tica. No, no son pura y simplemente asociaciones destinadas a la acci\u00f3n, sino tambi\u00e9n grupos entregados a la oraci\u00f3n y a la contempla\u00adci\u00f3n que son el alma de aqu\u00e9lla. Su finalidad primera consiste en la imitaci\u00f3n de Cristo, en la uni\u00f3n con El, en alcanzar su vida \u00edntima, su esp\u00edritu interior, su santidad. Por eso no ha de prevalecer jam\u00e1s la opini\u00f3n falsa de que tienen que dedicarse primordialmente a las activi\u00addades externas, asignando a la oraci\u00f3n privada el tiempo que quede, si es que alguno queda. De ajustarse a esta teor\u00eda tropezar\u00edan con el dogal que acabar\u00eda estrangulando el conducto de la misma vida apost\u00f3lica. Es la mentalidad desviada de nuestra \u00e9poca que preconiza la reforma eclesial, no desde dentro, desde la vida interior, sino desde fuera, desde la fachada, desde las llamadas estructuras que se van quedando en pala\u00adbras paliativas. Un tratamiento m\u00e9dico racional es curar la herida de dentro para afuera, porque si se sutura la piel y no se limpia el fondo de la \u00falcera se corre el peligro de dejar en el interior la enfermedad. Hay que abordar, por tanto, los graves_problemas de la Iglesia restableciendo y cultivando a nivel individual las relaciones \u00edntimas con Cristo. Se remedian mejor sus necesidades con unos pocos gramos de espirituali\u00addad que con un voluminoso tonelaje de actividad y de pragmatismo.<\/p>\n<p>Consecuencia de esta primac\u00eda es la importancia que hay que otor\u00adgar a la oraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n. No se recomienda tanto <em>la fide\u00adlidad a la oraci\u00f3n <\/em>como al esp\u00edritu de la misma. La raz\u00f3n es que, antes de expresarse en un ejercicio o en una serie de actos, la oraci\u00f3n consiste en una actitud radical del alma, en una aspiraci\u00f3n asidua, persistente a entrar en contacto con Dios. Pero el h\u00e1bito de la oraci\u00f3n se adquiere y se incrementa a su vez con la repetici\u00f3n de los actos espec\u00edficos, con la pr\u00e1ctica y el ejercicio. Nada puede reemplazar al tiempo dedicado a la oraci\u00f3n. Es un absurdo decir que es tiempo p\u00e9rdido el que se dedica directa y exclusivamente a Dios. No podemos limitarnos al simple es\u00adfuerzo de orientar nuestra vida y actividad hacia el Se\u00f1or. Esa orientaci\u00f3n para ser eficiente debe expresarse en unos momentos en los que se excluya toda otra actividad. Es necesaria, pues, la lealtad a un programa de oraci\u00f3n para el mantenimiento y desarrollo de la vida espiritual.<\/p>\n<p><em>\u00abT\u00fa, cuando ores, entra en tu habitaci\u00f3n&#8230;\u00bb <\/em>La mujer consagrada necesita retiro, silencio, repliegue a la reflexi\u00f3n en la soledad. Deber\u00e1 hacer de vez en cuando de su habitaci\u00f3n un claustro para no mundani\u00adzarse. Si no atraca su nave en la tranquilidad del puerto se embrutecer\u00e1 con la batahola y el estruendo en que est\u00e1 de ordinario sumergida. La oraci\u00f3n privada ser\u00e1 siempre una fuente inagotable de vigor espiritual. En medio de los colores chillones de los letreros publicitarios es f\u00e1cil que olvide c\u00f3mo se han de ver con objetividad las cosas del mundo. Con el rumor que producen millares de motores, sirenas y altavoces puede volverse sorda y no percibir con claridad lo que hay detr\u00e1s de las apa\u00adriencias brillantes. No advierte la presencia de Dios. No oye la \u00fanica voz amiga capaz de hacerla vibrar de ilusi\u00f3n y de entusiasmo. No se trata de un peligro imaginario. Yo he o\u00eddo a un ap\u00f3stol denunciar con acento prof\u00e9tico las injusticias sociales mientras sus relaciones comuni\u00adtarias eran abiertamente injustas. S\u00f3lo el silencio de la oraci\u00f3n nos de\u00advuelve el perfecto funcionamiento de la vista y del o\u00eddo interiores. La oraci\u00f3n nunca es un tiempo perdido, sino la m\u00e1s concentrada actividad. Es una acumulaci\u00f3n de energ\u00edas que se convertir\u00e1n en movimientos; unos graneros que se llenan para dar de comer a los que desfallecen de hambre; una cisterna que se colma de agua para dar de beber a los que se mueren de sed.<\/p>\n<p>Es sorprendente que Cristo hable de la oraci\u00f3n en la habitaci\u00f3n, y no en el templo o en la sinagoga. Lo que era v\u00e1lido para su tiempo lo es igualmente para el nuestro. Hoy d\u00eda se advierte la propensi\u00f3n a cargar el acento sobre la colectividad m\u00e1s que sobre el individuo. Pa\u00adrece ser una leg\u00edtima reacci\u00f3n contra el individualismo del siglo libe\u00adral. Y esto ocurre tanto en el terreno social como en el religioso. Por eso se da mucho valor \u2014y de verdad lo tiene\u2014 a la oraci\u00f3n colectiva, a la oraci\u00f3n de la asamblea cristiana, pero no se quiere saber nada de la oraci\u00f3n \u00edntima particular, juzg\u00e1ndola una oraci\u00f3n de segundo orden. Las palabras de Cristo son una invitaci\u00f3n y una justificaci\u00f3n de la ora\u00adci\u00f3n personal, privada, individual. Es propio de personas miopes, unilaterales, dar valor solamente a una determinada forma de orar. El hombre constituye una personalidad encerrada en s\u00ed misma y al mis\u00admo tiempo en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. Por eso son propias de su naturale\u00adza la oraci\u00f3n subjetiva y la oraci\u00f3n corporativa. Adem\u00e1s tiene <em>relaciones con Dios como individuo y como miembro de la comunidad. <\/em>Si sabe orar individualmente y en com\u00fan, posee la oraci\u00f3n en sus dos dimen\u00adsiones, la oraci\u00f3n en toda su plenitud. Por eso el servicio lit\u00fargico que no dispone, como base, de la devoci\u00f3n personal decae lentamente y se reduce a una mera fidelidad externa. Y la oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n que no desembocan en el oc\u00e9ano de la liturgia degeneran en un aislamiento individualista.<\/p>\n<p><em>\u00abEs necesario orar siempre sin desfallecer&#8230;\u00bb <\/em>No hay incompatibi\u00adlidad entre la oraci\u00f3n y el trabajo. Si as\u00ed fuera, el Evangelio faltar\u00eda a la verdad. Es evidente que el sentido de la frase mencionada no apunta ni a la actividad f\u00edsica, ni a la labor intelectual, art\u00edstica o social. Se refiere al di\u00e1logo con Dios, al trato con el Padre celestial, a esa corriente de ida y vuelta, a ese intercambio de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n. Este flujo y re\u00adflujo, seg\u00fan la sentencia lapidaria de Cristo, no puede sufrir interrup\u00adci\u00f3n sin peligro de asfixia. Es la respiraci\u00f3n del alma. Es ese misterioso metabolismo basal sin el cual es imposible la vida. Viene a mi memoria el recuerdo de los astronautas: Tienen asegurado el ox\u00edgeno de la tierra all\u00e1, a las mayores alturas. Respirar no es solamente un deber humano; es una necesidad vital.<\/p>\n<p>Pero la oraci\u00f3n no es cuesti\u00f3n de tiempo. No es la oraci\u00f3n de todas las horas, seg\u00fan el t\u00edtulo de un libro muy conocido. Es una acti\u00adtud del alma que est\u00e1 habitualmente unida a Dios. Ahora bien, seme\u00adjante uni\u00f3n, siendo como es, puramente interior, se compadece con el traj\u00edn y el agobio del trabajo que es algo exterior. San Pablo ard\u00eda en celo apost\u00f3lico: \u00abya os acordar\u00e9is, hermanos \u2014dec\u00eda\u2014 de nuestros trabajos y fatigas: \u00abtrabajamos entre vosotros d\u00eda y noche&#8230;\u00bb Y he aqu\u00ed lo que escribe en otra parte: \u00abYo vivo, o m\u00e1s bien, no soy yo el que vive, sino Cristo es el que vive en m\u00ed&#8230; Mi vivir es Cristo\u00bb. San Pablo compaginaba el saboreo constante de la presencia de Cristo con los trabajos m\u00e1s agotadores.<\/p>\n<p>Esta vida de trabajo continuo y de oraci\u00f3n ininterrumpida no im\u00adplica, como algunos suponen, una tensi\u00f3n incesante, una idea obsesiva, una fatiga mental intolerable trat\u00e1ndose de personas normales. \u00bfEst\u00e1 desasosegado y nervioso un ni\u00f1o que lleva una fruta a la boca con la mano izquierda mientras tiene la derecha asida a la de su madre? \u00bfRe\u00adsulta penoso a un enamorado evocar el recuerdo de la mujer que ama mientras est\u00e1 entregado a sus tareas cotidianas? Pensar en Dios no es dif\u00edcil. Se piensa con naturalidad en los seres queridos. El senti\u00admiento de la presencia de Dios deb\u00eda sernos tan habitual que no preci\u00adsara de ning\u00fan esfuerzo y llegara a ser espont\u00e1neo y natural. Como la funci\u00f3n respiratoria es el ritmo ordinario del cuerpo, la oraci\u00f3n debiera ser el ritmo ordinario del alma. Es muy lamentable que no forme una pareja indisoluble con la acci\u00f3n, siendo as\u00ed que debe impregnarla, com\u00adpenetrarla, unificarla. Y m\u00e1s lamentable todav\u00eda cuando se sit\u00faan las dos en oposici\u00f3n manifiesta, como cuando se oye esta exclamaci\u00f3n: \u00abhe terminado mi oraci\u00f3n; ahora a trabajar&#8230;\u00bb Pero es el caso que no podemos llevar dos vidas. La vida es una, total e indivisible. El aposto\u00adlado y la uni\u00f3n con Dios son dos cosas tan inseparables como el alma y el cuerpo en un ser humano vivo y saludable. A causa de las dificul\u00adtades que muchos encuentran para orar acaban no orando nunca. No les queda tiempo. Y terminan por ser v\u00edctimas del mal de nuestro siglo que cotiza todos los esfuerzos por la eficacia tangible; que da un ce\u00adrrojazo a la oraci\u00f3n con esta f\u00f3rmula anticristiana tal como algunos la entienden: trabajar es orar.<\/p>\n<p><em>\u00abPermaneced en m\u00ed y yo en vosotros&#8230; para dar m\u00e1s fruto&#8230;\u00bb <\/em>El fin directo e inmediato de la oraci\u00f3n es Dios. En ella se le busca y se le ama por s\u00ed mismo. Este es el \u00fanico enfoque que le da el Evangelio. La irradiaci\u00f3n apost\u00f3lica es una consecuencia de la vida oculta en Dios. En este sentido la terminolog\u00eda tiene mucha importancia. El Concilio Vaticano II afirma que cierto grado de contemplaci\u00f3n es inherente a la vida consagrada. Ahora bien, la palabra contemplaci\u00f3n acent\u00faa este aspecto gratuito y desinteresado de buscar a Dios. La contempla\u00adci\u00f3n tiene mayor amplitud que la oraci\u00f3n. La condiciona, la matiza, la depura, la sublima. La acci\u00f3n resulta tambi\u00e9n m\u00e1s beneficiada. El acto de fijar en Dios la mente y el coraz\u00f3n es el m\u00e1s elevado y noble que puede realizar el hombre. Desde \u00e9l se ha de partir para ordenar la inmensa pir\u00e1mide de las actividades humanas. La contemplaci\u00f3n acerca a nosotros los misterios de Dios, descubre sus designios sobre el mundo y nos revela el destino de la propia vocaci\u00f3n. Nos ayuda a ver los acontecimientos hist\u00f3ricos con la misma mirada de Dios, nos mantiene en una perpetua pureza de intenci\u00f3n, nos impulsa a prestar atenci\u00f3n a nuestr2s semejantes y nos lanza a la b\u00fasqueda de Dios en medio de la complejidad enmara\u00f1ada y del movimiento trepidante de nuestras vi\u00addas. En ella est\u00e1 la soluci\u00f3n de esa aparente antinomia que encierra la frase de San Pablo: \u00abhacerse todo a todos\u00bb, cuando se la coteja con la de Cristo: \u00abvenid conmigo aparte, descansad un poquito&#8230;\u00bb En ella est\u00e1 la explicaci\u00f3n de la conducta de los ap\u00f3stoles que cedieron a otros el servicio de las mesas para dedicarse asiduamente a la oraci\u00f3n y a la palabra. En ella, por fin, est\u00e1 la raz\u00f3n de aquel conocimiento sublime, de aquella ciencia eminente de Cristo que el mismo San Pablo afirmaba poseer.<\/p>\n<p><em>\u00abSin m\u00ed nada pod\u00e9is hacer&#8230;\u00bb <\/em>Cinco palabras, como cinco argu\u00admentos contundentes e irrebatibles en favor de la oraci\u00f3n. Me gustar\u00eda saber qu\u00e9 clase de ex\u00e9gesis hacen de ellas los activistas, los humanistas, los partidarios del cristianismo horizontal. Es en ellas donde yo me apo\u00adyo para afirmar la propia cosmovisi\u00f3n vertical. Es hist\u00f3ricamente falso que la oraci\u00f3n y la caridad hacia Dios hayan debilitado en los cristia\u00adnos la caridad hacia el pr\u00f3jimo. Habr\u00e1 podido suceder que algunos hayan buscado en la oraci\u00f3n un refugio, un pretexto para su pereza y su poltroner\u00eda, pero en realidad los tales no eran, ni mucho menos, unos cris\u00adtianos aut\u00e9nticos. Est\u00e1 comprobado que aquellos que m\u00e1s bien han trabajado por los dem\u00e1s han sido hombres o mujeres de una intensa vida de oraci\u00f3n y a veces grandes contemplativos. Es falso el principio que ellos, los detractores de la oraci\u00f3n, lanzan, como un reto, al viento de la Iglesia: \u00abLo que se da a Dios se quita al hombre.\u00bb La verdad es exac\u00adtamente lo contrario. Lo que se da a Dios se le da al hombre. Cuanto m\u00e1s se da a Dios m\u00e1s se da al hombre. Dios no toma nada, sino que lo da todo. Por eso el camino m\u00e1s corto que lleva al hombre es el que pasa por Dios. Nuestras relaciones interpersonales son tanto m\u00e1s \u00edntimas y profundas, tanto m\u00e1s afectivas y efectivas cuanto con m\u00e1s claridad brillen estas mismas notas en nuestras relaciones con Dios.<\/p>\n<p><em>\u00abEl que no est\u00e1 conmigo est\u00e1 contra m\u00ed y el que no recoge con\u00admigo desparrama&#8230;\u00bb <\/em>Con Cristo no cabe la neutralidad. Ser o no ser amigo suyo no es precisamente la f\u00f3rmula adecuada para expresar el estado de nuestras relaciones con El. Son sus propias palabras las que ponen a los hombres en esta aterradora disyuntiva: el que no es su amigo acreditado es su enemigo declarado. Ahora bien, todo el mundo sabe que la amistad se prueba y se acredita por la frecuencia de los encuentros personales, las citas, las entrevistas, la sinton\u00eda de ideas, sentimientos y criterios, la identidad de gustos, de simpat\u00edas&#8230; Estas y otras muchas maneras de contrastar la amistad humana caben tambi\u00e9n trat\u00e1ndose, de la amistad divina de Cristo. Y todas las manifestaciones de esta amistad se encierran en estuche diminuto de una sola palabra: oraci\u00f3n. Orar es tratar de amistad, dec\u00eda Santa Teresa. Oraci\u00f3n y amistad se identifican. El que ora es amigo de Cristo y poderoso, como El, en obras y en palabras. El que no ora es enemigo de Cristo, p\u00fablico y ma\u00adnifiesto. O a lo sumo, un lobo con piel de oveja.<\/p>\n<p><em>\u00abTodo \u00e1rbol bueno da buenos frutos&#8230; <\/em>El que permanece en mi y yo en \u00e9l produce fruto abundante&#8230; Os he elegido para que vay\u00e1is y deis mucho fruto y vuestro fruto sea permanente&#8230;\u00bb Est\u00e1 claro que el fruto apost\u00f3lico propio o ajeno, visible o invisible, brota, no de la ac\u00adtividad, sino de las \u00edntimas relaciones de los miembros de Cristo con su cabeza. Pod\u00eda arriesgarme a proferir esta paradoja. Los d\u00edas m\u00e1s \u00fatiles a las obras de celo son precisamente aqu\u00e9llos en que los actores est\u00e1n ausentes de ellas para dedicarse a la oraci\u00f3n personal, al retiro anual, etc\u00e9tera. Son unas horas o unos d\u00edas menos de trabajo, pero al tiempo de la cosecha habr\u00e1 una tierra restallante de mieses. Ni un pecador hace santos; ni un tibio, fervorosos. Ni el impuro purifica; ni el fr\u00edo calienta. El que vacila y titubea no puede producir hombres seguros y convencidos. El que no arde no puede encender. Para comunicar la vida hay que tenerla. La generaci\u00f3n espont\u00e1nea es nula en todos los \u00f3rdenes. Hay que orar sin intermitencias. El que no est\u00e1 penetrado no puede penetrar. Las mejores palabras, las que llegan al alma, son las que surgen despu\u00e9s de haber estado de rodillas, mirando al sagrario buscando en Dios mismo, m\u00e1s que en los libros, lo que de El se va a de\u00adcir. Los oyentes no se enga\u00f1an nunca. Caen en la cuenta enseguida si las palabras salen solamente de la cabeza o del coraz\u00f3n; si es nada m\u00e1s una bella pieza literaria o la expresi\u00f3n sincera de la verdad vivida. El que habla se delata por muchos indicios de los que \u00e9l no tiene ni si\u00adquiera conciencia. La expresi\u00f3n de los ojos, la emoci\u00f3n de la voz, el matiz del tono, la calidad de la idea m\u00e1s que de la palabra, el continente todo del que habla revela la persuasi\u00f3n profunda de lo que est\u00e1 di\u00adciendo. Y esto es, en fm de cuentas, lo que, con la gracia de Dios, con\u00advierte, cambia, transforma a los oyentes. Porque \u00bfqu\u00e9 es, en resumen, el apostolado de la palabra, sino algo que nace de la plenitud de la con\u00adtemplaci\u00f3n, la manifestaci\u00f3n p\u00fablica de una meditaci\u00f3n privada y para decirlo en dos palabras, una oraci\u00f3n comunicada&#8230;?<\/p>\n<p><em>\u00abVenid unos momentos aparte de la gente&#8230;\u00bb <\/em>La oraci\u00f3n es una cura de reposo en la vida nerviosa, agitada, casi cinematogr\u00e1fica del ap\u00f3stol. Moral y sicol\u00f3gicamente es su alimentaci\u00f3n m\u00e1s sana y re\u00adconstituyente para la actividad febril que hace estragos en su ser. Es un sedante que devuelve a sus miembros y a su cerebro el ritmo normal. Es como el aire puro de las altas monta\u00f1as. Se respira a pleno pulm\u00f3n en esas cumbres que est\u00e1n tan cerca del cielo. Desde all\u00ed el hormiguero humano parece bien poca cosa. Desde las magn\u00edficas cimas de la fe y de la oraci\u00f3n se ven las cosas y las personas en su verdadera dimen\u00adsi\u00f3n. All\u00ed sopla el aire puro, apto para los tuberculosos de esp\u00edritu que respiran poco y mal, con una parte tan s\u00f3lo de sus pulmones&#8230;<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar&#8230;\u00bb <\/em>Jes\u00fas, el enviado del Padre, es decha\u00addo y paradigma de oraci\u00f3n para los dem\u00e1s enviados suyos. Su uni\u00f3n hipost\u00e1tica le aseguraba un riguroso contacto \u00edntimo y personal con el Padre. La corriente de su oraci\u00f3n flu\u00eda sin soluci\u00f3n de continuidad. Pero su pobre naturaleza humana, triturada por todas las debilidades humanas, menos por el pecado, buscaba con avidez la soledad y el silencio para derrarmarse en afectos y palabras llenas de confianza filial. El Evangelio detalla esos momentos efusivos, esos tiempos dedicados al di\u00e1logo con Aquel que le hab\u00eda enviado. A veces su oraci\u00f3n era p\u00fablica, pero El ten\u00eda preferencia por los encuentros secretos con su Padre. Tes\u00adtigos de aquella intimidad fueron con frecuencia los altos \u00e1rboles en cu\u00adyos troncos apoyaba su cabeza, la noche rumorosa a cuyas sombras se acog\u00eda, la luna redonda que le envolv\u00eda con su blanca luz.<\/p>\n<p>La t\u00e1ctica de Jes\u00fas pulveriza todos los sofismas que los modernos seudoap\u00f3stoles esgrimen para cohonestar su injustificable proceder y demostrar que el tiempo consagrado a la oraci\u00f3n no es tiempo perdido; echa por tierra la afirmaci\u00f3n gratuita, de que el cristiano tiene suficien\u00adte con la oraci\u00f3n lit\u00fargica, pues Jesucristo tampoco estimaba suficiente para s\u00ed acudir a los actos rituales del templo ni a las asambleas regula\u00adres de la sinagoga; deshace, como una burbuja, la socorrida excusa de la falta de tiempo que podr\u00eda traducirse en falta de organizaci\u00f3n, pues si ellos o ellas no disponen de un momento para la oraci\u00f3n en la apreta\u00adda agenda de sus actividades, El no la omit\u00eda, pese a que muchos d\u00edas las turbas no le dejaban ni un par\u00e9ntesis de tiempo para comer, como puntualiza el Evangelio. Tales razonamientos no son m\u00e1s que unos bri\u00adllantes abalorios ret\u00f3ricos que no seducen m\u00e1s que a los indolentes, a los deformados, a los tontos y a los incautos. Lo que todos sabemos es que el ap\u00f3stol se desintegra a medida que se aparta de su Jefe y Maes\u00adtro. Lo que le va bien a Cristo le va bien a \u00e9l. No vale la pena que Cristo viniera al mundo para que sus disc\u00edpulos organizaran la vida a su ta\u00adlante y no seg\u00fan el esquema divino de su modelo. Sus actuaciones esta\u00adr\u00e1n consteladas de vivencias, experiencias, tropos y met\u00e1foras; pare\u00adcer\u00e1n rezumar enjundia pastoral; pero el resultado secreto ser\u00e1 una chapucer\u00eda espiritual, por no darle otro nombre peor.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>ORACION COMUNITARIA<\/strong><\/p>\n<p>Hago alusi\u00f3n con estas dos palabras, no a la participaci\u00f3n de la comunidad en la oraci\u00f3n p\u00fablica y oficial de la Iglesia como parte que es de la asamblea cristiana, sino a la oraci\u00f3n que hace aparte, ella sola, como grupo consagrado, como una verdadera familia que se re\u00fane alrededor del Padre celestial. En este sentido no dudo en afirmar que una comunidad no puede decirse aut\u00e9ntica si en la distribuci\u00f3n de las horas del d\u00eda y en la organizaci\u00f3n de sus actividades no tiene se\u00f1alados unos tiempos libres para orar unidas ante Dios formando un solo coraz\u00f3n y un alma sola. La oraci\u00f3n personal est\u00e1 en la ra\u00edz de esta vida qu\u00edmica\u00admente evang\u00e9lica. Es la que da origen y apoyo a todas las formas de oraci\u00f3n. Pero no basta, como no basta la ra\u00edz para que exista el \u00e1rbol. La oraci\u00f3n lit\u00fargica tambi\u00e9n le es indispensable si quiere apellidarse cris\u00adtiana, pero tampoco le es suficiente sino quiere ver desvanecida esa tonalidad peculiar que le caracteriza en el seno de la Iglesia.<\/p>\n<p>Los papas por medio del magisterio ecum\u00e9nico, los obispos desde las p\u00e1ginas de sus pastorales, los sacerdotes en la pluralidad de sus mi\u00adnisterios han insistido en responsabilizar a los esposos cristianos, no s\u00f3lo en la participaci\u00f3n lit\u00fargica, sino tambi\u00e9n en el cultivo de la ora\u00adci\u00f3n en familia a causa de su eficacia sobrenatural, su poder vinculante y su recia ejemplaridad. Esta vieja costumbre familiar va siendo barrida de los hogares cat\u00f3licos por la corriente neopagana de la vida moderna, pero no me atrevo a estampar aqu\u00ed, por ser demasiado fuerte, el califi\u00adcativo que se granjea quien la desaconseja o la ridiculiza. \u00bfY no es la oraci\u00f3n comunitaria la oraci\u00f3n de una verdadera familia reunida en el nombre del Se\u00f1or? \u00bfNo tiene el mismo magnetismo espiritual, la misma virtud aglutinante y el mismo valor pedag\u00f3gico? \u00bfNo acarrear\u00eda su decadencia o su extinci\u00f3n un activismo materialista y disolvente sobre las comunidades? \u00bfQu\u00e9 ascendente, qu\u00e9 fuerza suasoria pueden \u00e9stas tener al recomendar a las familias seglares una forma de oraci\u00f3n que ellas pr\u00e1cticamente han rechazado&#8230;?<\/p>\n<p><em>\u00abDonde hay dos o tres reunidos en mi nombre all\u00ed estoy yo en me\u00addio de ellos&#8230;\u00bb <\/em>Todo el quehacer comunitario est\u00e1 marcado por la pre\u00adsencia invisible, pero real, de Cristo. Hacia El se polarizan y alrededor de El giran palabras, actitudes, horarios, trabajos y formas de vida. Pero ser\u00eda inaudito que se reunieran las Hermanas en el nombre del Se\u00f1or para trabajar, para comer, para recrearse, para hacer una excursi\u00f3n y hasta para ver la televisi\u00f3n y no fueran capaces de juntarse para orar. Y no se me diga que ya se congregan en la oraci\u00f3n p\u00fablica del pueblo de Dios, porque esto s\u00f3lo pnieba que siguen formando parte de la asam\u00adblea cristiana a la que jam\u00e1s han renunciado. Pero es que adem\u00e1s la comunidad consagrada tiene un sentido familiar y restrictivo. La presen\u00adcia de Cristo en su oraci\u00f3n tiene un matiz peculiar que no adquiere en la oraci\u00f3n colectiva oficial. Esto es evidente. La presencia divina es obje\u00adtivamente id\u00e9ntica en todas las asambleas convocadas en su nombre, pero acusa en cada cual unas diferencias derivadas de los fines perseguidos por la reuni\u00f3n. Y as\u00ed como est\u00e1 presente de modo multiforme en la Eucarist\u00eda, en el pobre, en el pr\u00f3jimo y en la autoridad, as\u00ed tambi\u00e9n queda matizada por la oraci\u00f3n de un s\u00ednodo, de un concilio, de un con\u00adgreso, de unos ejercicios, etc. La comunidad consagrada tiene sus fines espec\u00edficos, adem\u00e1s de los universales, comunes a toda la Iglesia. Si no los tuviera no debiera singularizarse en nada de la comunidad cristiana. El trabajo, la comida, el vestido, las diversiones, la organizaci\u00f3n laboral debieran ser comunes a los que adopta a generalidad de los fieles. Y en rigor \u00e9sta ten\u00eda que ser la consecuencia l\u00f3gica de no admitir para la comunidad consagrada otra forma de oraci\u00f3n que la ordinaria del pueblo cristiano.<\/p>\n<p><em>Los medios deben estar proporcionados al fin que se intenta al\u00adcanzar. <\/em>Una entidad, empresa o corporaci\u00f3n cuyas aspiraciones no tras\u00adcienden las realidades terrenas s\u00f3lo alcanzar\u00e1n las metas propuestas con el empleo de medios t\u00e9cnicos, sensibles, temporales. El fin de la vida consagrada es hacer posible y visible l\u00e1 vida de Cristo en la tierra, mos\u00adtrar al mundo la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica y escatol\u00f3gica del Reino. Es un fin netamente sobrenatural, aunque con derivaciones de tipo terreno o temporal. Es l\u00f3gico que los medios utilizados revistan un sello eminen\u00adtemente sobrenatural. Entre ellos la oraci\u00f3n ocupa necesariamente el pri\u00admer plano. Pero como se trata de unas mujeres que se han reunido para lograr sus objetivos, no cada una por su parte, sino colectivamente, la resultante es que el instrumento de la oraci\u00f3n ha de ser manejado por ellas en com\u00fan si quieren ser consecuentes a su incorporaci\u00f3n al grupo.Porque, para caminar en solitario contaban con otras formas de vida consagrada existentes en la Iglesia, como son, por ejemplo, los institutos seculares.<\/p>\n<p>Una comunidad debe presentarse siempre como tal delante del cielo y de la tierra. Ante Dios, porque es una verdadera familia reunida en su nombre. Ante el menudo, porque es un signo de la comunidad celeste. Pero no hay que olvidar que es una comunidad de personas, de seres humanos integrados de materia y esp\u00edritu. Ser\u00eda incompleta la uni\u00f3n que se estableciera solamente por la base espiritual de la caridad. Se pre\u00adcisa tambi\u00e9n enlace, conexi\u00f3n, compa\u00f1\u00eda en el plano visible y corporal, <em>en todos los actos sin discriminaci\u00f3n en los que la comunidad pueda ma\u00adnifestarse y expresarse como tal. <\/em>\u00bfLa ver\u00eda Dios como a una verdadera familia suya si se reuniera para todas las cosas, menos para la oraci\u00f3n? \u00bfSer\u00eda para el mundo un aut\u00e9ntico testimonio de la vida futura casi si se pusiera de acuerdo para todo, menos para orar?<\/p>\n<p><em>Es una tradici\u00f3n tan antigua como la misma Iglesia. <\/em>La oraci\u00f3n comunitaria nace con los primeros cenobios en las postrimer\u00edas del siglo tercero. Desde entonces aparece invariablemente en todos los monas\u00adterios de ambos sexos, en todos los conventos de vida contemplativa, en todas las casas de vida apost\u00f3lica, en las constituciones de todas las \u00f3rdenes, congregaciones e institutos de vida com\u00fan. Es una l\u00ednea recta que no se quiebra, una luz que no se apaga ni en las convulsiones y trastornos, ni en las grandes escisiones y pol\u00e9micas, ni en las reformas, ni en los esc\u00e1ndalos que peri\u00f3dicamente atraviesan la vida religiosa, como si fueran sacudidas s\u00edsmicas. Ha sido algo que le ha dado siempre, pese a ser tan pluriforme, un sentido monol\u00edtico que la ha hecho pr\u00e1c\u00adticamente inatacable. Por eso es rid\u00edculo aplicar a la oraci\u00f3n comuni\u00adtaria taria el consabido argumento que por probar demasiado no prueba absolutamente nada: lo que era bueno para ayer no lo es para hoy&#8230; Porque los Fundadores de todas las familias religiosas fueron hombres o mujeres carism\u00e1ticos, de santidad reconocida y canonizada, que fueron a sacar sus creaciones de la sustancia evang\u00e9lica y las entroncaron con la Persona de Cristo que es de ayer, de hoy y de ma\u00f1ana. Si para la reno\u00advaci\u00f3n preceptuada por el Concilio Vaticano II hay que acudir a las fuentes, en la cuna de todas las comunidades, sin excepci\u00f3n, se en\u00adcontrar\u00e1 la oraci\u00f3n comunitaria, como un agua viva vertida all\u00ed direc\u00adtamente del Evangelio. Y es que, hay que repetirlo, no pertenece al orden de las estructuras, sino a la esencia misma de la vida com\u00fan.<\/p>\n<p><strong><em>La <\/em><\/strong><em>vida consagrada es la expresi\u00f3n de la Iglesia orante. <\/em>Es una Iglesia en miniatura. Pero para serlo genuinamente ha de encerrar en el estuche de su intimidad todas las notas caracter\u00edsticas de la Iglesia universal. Una de dichas notas es la oraci\u00f3n asidua y vigilante. La Iglesia es la madre de una gran familia numerosa y necesitada. Es la esposa enamorada del Hijo del Hombre al que s\u00f3lo ve presente en la fe. Por eso su figura se recorta siempre en el cielo en adem\u00e1n de s\u00fa\u00adplica, de gratitud, de adoraci\u00f3n y de alabanza. No solamente exhorta a sus hijos a la oraci\u00f3n personal continuada, sino que tambi\u00e9n los urge estrictamente a participar con frecuencia en la oraci\u00f3n lit\u00fargica, porque sabe que la salvaci\u00f3n colectiva querida por Dios debe fluir por los an\u00adchos cauces de la oraci\u00f3n colectiva. La vida consagrada, signo y esbozo, copia y reproducci\u00f3n de la Iglesia debe ofrecer, por tanto, so pena de traicionarse a s\u00ed misma, esa doble vertiente de la oraci\u00f3n eclesial: La que brota ininterrumpidamente en la soledad del coraz\u00f3n y la que se derrama peri\u00f3dicamente en la uni\u00f3n familiar; la oraci\u00f3n en soli\u00adtario y la oraci\u00f3n en com\u00fan. Las personas consagradas que tratan de persuadir a los fieles de que se plieguen a las exigencias de la oraci\u00f3n de la iglesia local sin ajustarse ellas mismas a los imperativos de la ora\u00adci\u00f3n comunitaria, no pueden convencer a nadie porque carecen de prestigio y autoridad. S\u00f3lo pueden recibir, como una bofetada en el rostro, esta r\u00e9plica irrebatible: m\u00e9dico, c\u00farate a ti mismo. Para conducir a los hombres a la iglesia hay que pasar antes por el oratorio de la comunidad.<\/p>\n<p>Los desplazamientos a que obligan las actividades apost\u00f3licas, los afanes caritativos, los deberes profesionales y los compromisos sociales imponen un alejamiento temporal, una ausencia necesaria e ineludible de la comunidad. Es preciso entonces <em>dejar a Dios por Dios, <\/em>en frase de San Vicente de Pa\u00fal. Pero despu\u00e9s de estas singladuras ocasiona\u00adles, la nave necesita fondear en la d\u00e1rsena del puerto para reparar las aver\u00edas, limpiar los fondos y repostar el combustible que ha de consumir en la pr\u00f3xima navegaci\u00f3n. Los muelles de la vida com\u00fan est\u00e1n montados con la suficiente t\u00e9cnica para dejar al alma tan acendrada, airosa y fla\u00admante como si acabara de salir del arsenal. Una mujer consagrada no es un nav\u00edo siempre surto en el puerto, pero tampoco orzando continua\u00admente al viento, entre el cielo. y el mar. No se le pide una ped\u00edsecua adhesi\u00f3n al r\u00e9gimen comunitario, pero se la recrimina al abandono total o habitual. Ambas posturas se consideran igualmente nocivas y punibles. La oraci\u00f3n en com\u00fan es el punto de salida y de llegada, el dep\u00f3sito para efectuar la carga y la descarga, la causa y el efecto de su vida de oraci\u00f3n, la s\u00edstole y di\u00e1stole de su apostolado, la fuerza centr\u00edpeta y centr\u00edfuga de todas sus actuaciones.<\/p>\n<p>Los m\u00e9todos que actualmente se adoptan para hacer la oraci\u00f3n comunitaria presentan una variedad interesante. Prefiero dejarlos para otro lugar. Ahora me interesa el hecho m\u00e1s que el sistema. Y el hecho es que un grupo de mujeres consagradas se halla reunido familiarmente alrededor del Padre com\u00fan. El gusta m\u00e1s de la suma total que de los n\u00fameros parciales. Se muestra m\u00e1s complacido a la vista del bello mo\u00adsaico acabado que de las fr\u00e1giles teselas. Ellas tambi\u00e9n lo saben por\u00adque se lo han o\u00eddo de sus mismos labios. Por eso est\u00e1n all\u00ed en su presen\u00adcia, porque, adem\u00e1s, en este sentido, <em>Dios y ellas tienen los mismos gus\u00adtos. <\/em>Cuando contemplan el jarr\u00f3n florido del altar, les cautiva m\u00e1s la belleza del conjunto que la nota crom\u00e1tica de cada flor. En la obra pic\u00adt\u00f3rica que cuelga del muro lateral, la calidad de las figuras dan al cuadro una impresi\u00f3n est\u00e9tica \u00fanica. Cuando manejan la m\u00e1quina de escribir, de coser o de lavar, se percatan de que las piezas no cuentan nada sin el sutil engranaje que las une para producir el movimiento sincronizado y el resultado eficaz. S\u00ed, efectivamente, Dios tiene los mismos gustos que ellas. El \u00e9xito de la oraci\u00f3n no estriba tanto en que se haga, como en que se haga sincronizada, sintonizada, mancomunada, asociada.<\/p>\n<p>Ellas sienten, por otra parte, que al orar juntas huyen, como por ensalmo, los diablillos de los celos, de los prejuicios, de las antipat\u00edas que son la causa de que la cr\u00f3nica negra de cada d\u00eda comunitario sea tan pr\u00f3diga en querellas, incidentes y lances amargos. Es entonces cuan\u00addo <em>se muestran m\u00e1s propicias al perd\u00f3n de las compa\u00f1eras que a su, lado rezan. <\/em>El coraz\u00f3n es un venero de ideas indulgentes y conciliado\u00adras. Los conflictos se olvidan, los resquemores se enfr\u00edan, las distan\u00adcias se achican y los ego\u00edsmos ceden el paso a la ternura y a la com\u00adprensi\u00f3n. La oraci\u00f3n en com\u00fan es la fragua donde se sueldan diaria\u00admente los eslabones de la caridad que diariamente se rompen. Para poder vivir en com\u00fan hay que rezar en com\u00fan. \u00abLa familia que reza uni\u00adda permanece unida&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>Es Cristo quien ora con la comunidad en oraci\u00f3n. <\/em>Prometi\u00f3 una sola vez orar con cada cristiano que rezara en su nombre, pero se com\u00adprometi\u00f3 muchas veces a hacerlo cuando dos o tres se reunieron en la misma fe, con la misma caridad y para la misma oraci\u00f3n. Cristo ora en todas, con todas, por todas y para todas. La oraci\u00f3n comunitaria tiene una fuerza infinita porque es la oraci\u00f3n de Cristo. El es la propulsi\u00f3n y el lanzamiento hacia el cielo de la pesada c\u00e1psula de la oraci\u00f3n huma\u00adna. El re\u00fane en un solo haz las flechas de todas las plegarias individuales. En El todas las oraciones parciales tienen un denominador com\u00fan, to\u00addas poseen la misma categor\u00eda, el mismo valor. Una ventaja y un privilegio de que carece la oraci\u00f3n privada, aunque no absoluta\u00admente, claro est\u00e1. Aqu\u00ed la oraci\u00f3n de una es la oraci\u00f3n de todas. La oraci\u00f3n de la que est\u00e1 en el v\u00e9rtice del fervor es la oraci\u00f3n de la que avanza penosamente por el camino de la aridez. La oraci\u00f3n de la que est\u00e1 atenta y vigilante pertenece tambi\u00e9n a la que, muy a pesar suyo, est\u00e1 distra\u00edda y so\u00f1olienta. La oraci\u00f3n de la que mora en la regi\u00f3n de la serenidad y del gozo corresponde a la que vive atenazada por la preocu\u00adpaci\u00f3n y la angustia. Es un asombroso trasvase en el que todas las ora\u00adciones quedan niveladas y elevadas a un plano enteramente divino. S\u00f3lo quedan exluidas de esta comuni\u00f3n de oraciones las rebeldes, las inacti\u00advas, las indolentes, las voluntariamente ausentes de esp\u00edritu, las que no aportan al acervo com\u00fan ni un grano de arena de buena voluntad&#8230;<\/p>\n<p>Creo sinceramente que <em>es indefendible la postura <\/em>de los que inten\u00adtan echar por la borda como in\u00fatil la oraci\u00f3n comunitaria. He le\u00eddo las razones con que quieren apuntalar su tesis. Son hermosas y sugesti\u00advas, pero huecas y quebradizas. Emplean un vocabulario fascinante, pero equ\u00edvoco, lleno de trampas y peligros. Ya es bastante sospechoso que quienes m\u00e1s vociferan contra esta pr\u00e1ctica secular sean precisa\u00admente los que han resbalado en \u00e9ste y en otros terrenos de la vida cris\u00adtiana y religiosa. Siempre ha sucedido lo mismo. Los inestables tratan de endosar porfiadamente a los firmes y serenos la crisis de su inseguri\u00addad. Los mediocres forcejean con una tenacidad digna de mejor causa de reducir a los colosos al nivel de su chata estatura. La audacia de estos pigmeos de esp\u00edritu llega al colmo cuando se piensa que, con sus logoma\u00adquias o juegos de palabras, socavan los fundamentos mismos de la vida religiosa. No lo har\u00e1n intencionadamente. No sentenciamos sobre la cul\u00adpabilidad de su conciencia. Pero se puede matar sin querer. Hay asesinos de buena fe, educados, correctos, atractivos. Se adivina el final del que se deja prender en la red de su simpat\u00eda, en la tela de ara\u00f1a de sus pala\u00adbras, en el artilugio de sus razonamientos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD DE ORACION ORACION PERSONAL Hay que dar la primac\u00eda de lo espiritual sobre lo temporal. La vida consagrada no se puede estimar solamente por su dimensi\u00f3n apos\u00adt\u00f3lica. 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