{"id":50474,"date":"2019-10-15T08:57:03","date_gmt":"2019-10-15T06:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-amor\/"},"modified":"2019-09-09T09:26:54","modified_gmt":"2019-09-09T07:26:54","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-amor\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad de amor"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD DE AMOR<\/p>\n<p><em>Dios es una comunidad de amor. <\/em>Es una comunidad porque es una Trinidad de Personas. Y es una comunidad de amor porque el amor es la nota com\u00fan, el lazo de uni\u00f3n, el principio de igualdad, la ra\u00edz de iden\u00adtidad y el fundamento de su unidad sustancial. El amor es su ley, su vida, su movimiento, su actividad y su esencia. Dios es amor. Esta es la \u00fanica definici\u00f3n que le cuadra al misterio insondable de su Ser. Las tres Personas son distintas, plurales, numerables, inconfundibles. El amor es indistinto, singular, impar, \u00fanico y unificador. El amor trinitario es de tal calidad que h\u00e1ce de las tres Personas un s\u00f3lo Ser. Una misma naturaleza: \u00e9se es el t\u00e9rmino de su comunicaci\u00f3n interpersonal, el resul\u00adtado de sus relaciones profundas, el don inefable de su amor rec\u00edproco. Un don exhaustivo, total, infinito, sustancial. Misterio sobrecogedor al que hay que acercarse con las alas de la imaginaci\u00f3n respetuosamene plegadas y con el dedo \u00edndice puesto sobre los labios del pensamiento.<\/p>\n<p>Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza. La humanidad est\u00e1 marcada con el sello trinitario de la desigualdad personal y de la unidad afectiva. La raza humana es diversa, plural y heterog\u00e9nea en el plano individual, pero lleva impreso en su trayectoria un impulso de origen, una vocaci\u00f3n de comunidad, un prop\u00f3sito de unidad, no en el orden de la naturaleza, sino en el del coraz\u00f3n; algo as\u00ed como si Dios le hubiera dotado de un \u00abalma colectiva\u00bb, coherente y universal.<\/p>\n<p>Sufrimos hoy de una inflaci\u00f3n de igualitarismo. Pero lo malo de la igualdad es que solamente la queremos tener con nuestros superiores, con los de arriba, nunca con los de abajo. Esta aspiraci\u00f3n es una utop\u00eda. Unicamente las m\u00e1quinas son perfectamente iguales. Nosotros somos diferentes unos de otros. Si a todos los m\u00fasicos de una orquesta se les ocurriera ser el primer viol\u00edn no se podr\u00eda formar un conjunto musical. No es en la superficie donde se ha de lograr la nivelaci\u00f3n, sino en las capas profundas del esp\u00edritu, en la l\u00ednea de la voluntad, en el sentido del amor. El amor respeta las diferencias personales, pero es capaz de hacer de la humanidad una unidad moral, homog\u00e9nea, solidaria y compacta. La c\u00e9lebre frase \u00abel que mata a un hombre mata a toda la humanidad\u00bb encierra una verdad que escapa a la vista de los sabios. Una piedra arrojada a un lago conmueve a toda la superficie. Un hombre que salva a otro hombre salva a toda la especie de que forma parte. El que causa un da\u00f1o o hace un beneficio a otro inicia un movimiento en cadena que atraviesa de parte a parte toda la comunidad humana. Todos los hom\u00adbres son partes de un todo, ramas de un \u00e1rbol, miembros de un cuerpo, eslabones de una cadena, notas de una melod\u00eda. La sociedad es una b\u00f3\u00adveda hecha con piedras talladas que se caer\u00eda si no se sujetasen bien entre s\u00ed. Navegamos por el espacio en la nave de un mismo planeta. El hombre piensa en su propia seguridad, pero lo acertado ser\u00eda que se preo\u00adcupase primero de la seguridad de todo el pasaje de la que depende la suya propia. Cada uno debe pagar los vidrios rotos por los dem\u00e1s. Cada uno debe reparar lo que otro ha estropeado. Nos olvidamos a menudo de que somos solidarios para bien y para mal. La paz del mundo, por ejem\u00adplo, est\u00e1 formada con la paz de un peque\u00f1o grupo. Una monjita en paz y en oraci\u00f3n puede inmovilizar las ruedas de los tanques y silenciar las bocas de los ca\u00f1ones. Por el contrario, basta una chispa para que arda un campo de mieses. Basta una culpa, una culpa nuestra personal para que el mundo entero se estremezca. S\u00ed, la solidaridad humana es un hecho real, impuesto, indeleble, original. Es la \u00fanica forma de que la comunidad humana sea un recuerdo y una imagen de la comunidad trini\u00adtaria de la que procede.<\/p>\n<p><em>Pero, adem\u00e1s, somos hijos de Dios. <\/em>Hemos saltado, asidos de su mano, hasta las altas cimas de la filiaci\u00f3n divina. Dios nos ha colocado gratu\u00edtamente en una esfera sobrenatural, en un estado vital y existen\u00adcial que no nos pertenec\u00eda. Claro es que la nuestra no es una filiaci\u00f3n natural, como la de Cristo, sino una filiaci\u00f3n adoptiva. Pero adoptiva y todo es una filiaci\u00f3n divina, real, verdadera, aut\u00e9ntica. Participa\u00admos de su vida, de su belleza, de su felicidad. Le conocemos como El se conoce y le amamos como El se ama. Somos semilla de Dios. Nos ha engendrado. Hemos nacido y renacido de El. A ra\u00edz de nuestro bautismo formamos parte de su familia, pertenecemos a su estirpe. Por esta di\u00advina realidad que recibe el nombre de gracia somos amigos y hermanos de Cristo, hijos verdaderos de Mar\u00eda, su Madre, miembros de la Igle\u00adsia, templos de la Trinidad y propietarios, por juro de heredad, de sus riquezas. Vivimos en intimidad con Dios. Nos pertenece y le pertenece\u00admos. Los bienes y los males son comunes. Y en un di\u00e1logo familiar nos atrevemos a decirle a cada instante: Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos&#8230;<\/p>\n<p>La comunidad humana de este modo se ha tornado comunidad divina. Dios ocupa el centro, como lo que es, como el Padre de familia. Alrededor de El sus hijos, los hombres hermanados por un parentesco superior, enlazados por un amor fraternal, son parientes, familiares, con\u00adsangu\u00edneos de Dios. Por este camino el amor se ha convertido en caridad y las relaciones humanas, en relaciones divinas. A partir de aqu\u00ed ama\u00admos a los hombres porque Dios los ama y como Dios los ama. Los amamos ilimitadamente, incondicionalmente, gratuitamente. Los ama\u00admos sin c\u00e1lculo, distingos ni reservas. Los queremos tales como son: con su bondad o su maldad, con sus perfecciones o sus lacras, con su gracia o su pecado. Los amamos y nos unimos a ellos para prob\u00e1rselo. Y se lo probamos quemando nuestra vida en la tarea de su promoci\u00f3n, elevaci\u00f3n y salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nuestro amor alcanza as\u00ed esferas m\u00e1s amplias. Su raz\u00f3n de ser no est\u00e1 tanto en la horizontal como en la vertical. Creo que no vale la pena amar a los hombres sin una relaci\u00f3n trascendente. No dar\u00eda por ellos un paso, un suspiro, un gesto altruista si tuviera de ellos una visi\u00f3n uni\u00adlateral, si s\u00f3lo los considerase en su dimensi\u00f3n temporal. El humanismo puro es un absurdo y una inmoralidad. Para amar a un ser finito, a pesar de su nada, es necesario verle como el mensaje de una Realidad que lo desborda. La forma simplista de verlo conduce a la negaci\u00f3n del mismo. S\u00f3lo la caridad cristiana puede hacer de los seres humanos un r\u00edo de salvaci\u00f3n y no oleadas sueltas unas de otras. La gracia a\u00f1ade un calibre excepcional y da una prestancia insospechada a nuestras afmidades afec\u00adtivas. La comunicaci\u00f3n de bienes exigida por la naturaleza es ahora fuente de alegr\u00eda porque es fuente de amor. Alargar nuestros dones a quien los necesita no s\u00f3lo es conquistar su coraz\u00f3n, sino tambi\u00e9n au\u00admentar la capacidad de amar del nuestro. Amar a un hombre es hacerle gustar la felicidad y ponernos nosotros en camino de gustarla.<\/p>\n<p><em>Jesucristo es el Hijo de Dios encarnado. <\/em>La naturaleza humana es asumida en El por una Persona divina adquiriendo as\u00ed un rango, un ho\u00adnor y una dignidad inconcebibles. Por medio de El toda la humanidad queda prestigiada, encumbrada, incorporada a la Divinidad. Dios es desde la Encarnaci\u00f3n miembro de nuestra raza. Nuestra raza es pro\u00adpiedad de Dios. Cristo penetra en ella totalmente, la invade, la llena, la rebasa. El se halla presente en el cristiano, vive en \u00e9l, se identifica con \u00e9l. Sufre con el hombre que sufre, llora con el que llora, muere con el que muere. Su vida no ha terminado en la tierra. La muerte del \u00faltimo cristiano se\u00f1alar\u00e1 el final de su pasi\u00f3n. Hasta entonces seguir\u00e1 inmerso en las vicisitudes humanas.<\/p>\n<p>Cristo es un seductor en el mejor sentido de la palabra. Tiene un atractivo irresistible. Cuando se le ve y se le estudia sin prejuicios se le ama sin remedio. Pero amar a Cristo es amar al pr\u00f3jimo. Y pueden invertirse los t\u00e9rminos con el mismo resultado. Lo que hacemos al pr\u00f3\u00adjimo personalmente se lo hacemos a Cristo directamente. El amor al Maestro es el aglutinante y la argamasa de la comunidad cristiana. Sin el amor de Cristo el amor humano no es m\u00e1s que una filantrop\u00eda as\u00e9p\u00adtica, fr\u00eda, nebulosa y deleznable. A lo m\u00e1s, un sentimiento rom\u00e1ntico que se lleva el viento, como las hojas que brotan en primavera y mueren en oto\u00f1o. Las mismas palabras de Jes\u00fas manifiestan con toda claridad su deseo de que la comunidad humana y cristiana sea una r\u00e9plica o ima\u00adgen de la comunidad trinitaria: \u00abPadre&#8230; que sean una misma cosa como nosotros lo somos&#8230; Que todos sean uno; que como t\u00fa en m\u00ed y yo en ti, as\u00ed ellos en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado&#8230; Yo les he dado a conocer tu nombre para que el amor con que t\u00fa me amaste est\u00e1 en ellos y yo tambi\u00e9n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>En Nazareth <\/em>vive la primera familia cristiana. Durante su infan\u00adcia y su adolescencia Jes\u00fas desarrolla minuciosamente el esquema de co\u00admunidad que esbozar\u00eda despu\u00e9s en la \u00faltima cena. El que es el primero en la escala de los seres ocupa el \u00faltimo puesto en la organizaci\u00f3n fami\u00adliar. Jos\u00e9, en cambio, que es el \u00faltimo en el escalaf\u00f3n de la santidad es el primero socialmente por desempe\u00f1ar el papel de la autoridad. Mar\u00eda, esposa y madre, impregna toda la casa con la irradiaci\u00f3n de su femini\u00addad, comunica a sus seres queridos una fuerte sensaci\u00f3n de seguridad y deja a su paso sobre cosas y personas una huella de ternura, como un tenue aroma de violetas. En aquel hogar las penas son reales, pero pasan dejando un sedimento de paz. La intriga se detiene a sus puertas. El ego\u00edsmo, la envidia y la ambici\u00f3n est\u00e1n amordazados, vencidos. Las alegr\u00edas no son postizas; tienen la nitidez del aire y del agua de las mon\u00adta\u00f1as. Las frentes no se fruncen con la angustia del futuro. La confianza en el Padre celestial hace que la vida discurra con placidez. En la \u00faltima casa de la aldea, en un hogar que los hombres ignoran, ha inaugu\u00adrado el cielo una alta escuela de oraci\u00f3n y de trabajo, de convivencia y reciprocidad, de comprensi\u00f3n y de inteligencia, de sobriedad y de mo\u00addestia, de orden y de equilibrio&#8230; Nazareth es norma de todo grupo hu\u00admano, pauta de toda familia cristiana y criterio de toda comunidad re\u00adligiosa.<\/p>\n<p><em>La Iglesia primitiva <\/em>es una imagen ampliada de la comunidad de Nazareth. En ella la presencia de Cristo se hace casi sensible por la viveza de la fe y la grandeza del amor de los primeros cristianos. Estos son asi\u00adduos a las ense\u00f1anzas de los ap\u00f3stoles, testigos oculares de Jes\u00fas. Ponen su trabajo y sus bienes en com\u00fan para que el vigor y la abundancia de los unos supla la debilidad econ\u00f3mica y f\u00edsica de los otros. Hacen girar su vida en torno a la fracci\u00f3n del Pan, signo de su comuni\u00f3n con el Pa\u00addre, por medio del Hijo, bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Estrenan una nueva fraternidad, una moda ins\u00f3lita que pasma a sus compatriotas. El que tiene da al que no tiene. Al pobre\u2022se le viste y se le da de comer. Al forastero se le abren los brazos y las puertas. Al peregrino se le lavan los pies y se le sienta a la mesa. Al enfermo repug\u00adnante se le besan las llagas. Al esclavo se le trata corno a un hermano. Dar la vida por otro, aunque no es un caso corriente, tampoco es infre\u00adcuente. La acogida amable, la hospitalidad atenta, la comunicaci\u00f3n de bienes son rasgos que distinguen a los creyentes de los que no lo son. Y todo esto se lleva a cabo sin posturas enf\u00e1ticas, ruidosas y gesticulan-tes. Se practica la caridad heroicamente, pero como algo normal, de un modo sencillo, como si fuera la cosa m\u00e1s natural del mundo. \u00abVed c\u00f3mo se aman unos a otros\u00bb, exclamaban los partidarios de las antiguas religiones, llenos de estupor.<\/p>\n<p>Con esta extra\u00f1a moda de amar se inaugura el nuevo Reino. Se establece una hermandad desusada que hace tambalear los templos de los viejos dioses. La mitolog\u00eda diviniz\u00f3 el amor humano en una apoteosis sexual. Empezaba su franca decadencia. La teolog\u00eda que la reemplazaba tambi\u00e9n divinizaba el amor humano, pero en una culminaci\u00f3n espiritual. La Iglesia del siglo XX es la misma del siglo I. M\u00e1s ecum\u00e9nica en exten\u00adsi\u00f3n y en n\u00famero, pero menos en esp\u00edritu y en verdad. Al ganar en an\u00adchura ha perdido en profundidad. No ha muerto su caridad, pero no es tan rica en calidad y en matices como era en un principio. Se adivina, sin embargo, una savia nueva a punto de estallar en su a\u00f1oso tronco. Todos vaticinan que el \u00e1rbol secular recuperar\u00e1 su antigua lozan\u00eda cua\u00adj\u00e1ndose de hojas verdes y de frutos limpios para que el mundo crea que J\u00e9sucristo ha venido una vez, ha subido al Padre y volver\u00e1 de nuevo definitivamente.<\/p>\n<p><em>La doctrina del Cuerpo m\u00edstico <\/em>es concluyente con relaci\u00f3n a la caridad. El dogma se resume diciendo que todos los cristianos compo\u00adnen con Cristo y entre s\u00ed una unidad tan perfecta que toda fisura es inaceptable, destructiva y mortal de necesidad. El mismo Jes\u00fas compara esta uni\u00f3n a la que existe entre la cepa y los sarmientos, entre el \u00e1rbol y sus ramas. San Pablo hace a Jesucristo cabeza y a los cristianos miem\u00adbros de un mismo cuerpo vivo y org\u00e1nico. El Ap\u00f3stol ense\u00f1a tambi\u00e9n que nosotros somos piedras vivas de un edificio vivo del que Cristo es la piedra clave o fundamental. San Juan afirma que la caridad sirve al creyente para distinguir si est\u00e1 en la luz o mora en las tinieblas, si per\u00adtenece realmente al cristianismo o permanece todav\u00eda en el paganismo.<\/p>\n<p>Son comparaciones que expresan al vivo el ideal de la comunidad cristiana. Nuestra identificaci\u00f3n con Cristo y con nuestros hermanos ha de ser tal que toda grieta en el bloque debe considerarse como un serio peligro de desintegraci\u00f3n. Es una cuesti\u00f3n en que se ventila el todo o la nada de nuestra religi\u00f3n. La supervivencia de la Iglesia, en cuanto que es organizaci\u00f3n humana estriba en el ensamblaje y cohesi\u00f3n de sus componentes. La raz\u00f3n es que la vida del cuerpo depende del estado saludable de sus miembros en general y de cada uno en particular. No es ninguna exageraci\u00f3n afirmar que la salvaci\u00f3n universal est\u00e1 en las manos de un solo creyente. El que fluct\u00faa entre el amor y el odio, entre el perd\u00f3n y la venganza se est\u00e1 jugando alegremente la suerte de toda la cristiandad. Un cristiano que no ama a sus hermanos es como un astro que abandonara su \u00f3rbita rompiendo as\u00ed la armon\u00eda del cosmos. Interesa el individuo, ciertamente, pero interesa m\u00e1s el conjunto que le engloba. Importa m\u00e1s el todo que la parte, el \u00e1rbol que la rama, el cuerpo que el miembro, el edificio que una de sus piedras. No se puede ser cristiano sin amor de caridad.<\/p>\n<p>Nuestra identificaci\u00f3n con Cristo tiene otra consecuencia que ya he apuntado m\u00e1s arriba. La persona humana ha sido en El y con El dignificada. La Encarnaci\u00f3n ha sublimado al alma y al cuerpo del hom\u00adbre. Cada cristiano puede decirse a s\u00ed mismo: un cuerpo como este m\u00edo ha sido el cuerpo de Dios. Y cuando el cuerpo humano sufre hambre, desnudez, miseria o enfermedad, sufre Dios. Se\u00f1or, conozco hombres y mujeres que s\u00f3lo parecen n\u00fameros, m\u00e1quinas, herramientas, valores cotizables o desperdicios humanos. Tales criaturas son caricaturas de tu imagen divina, un ultraje al Evangelio y una burla sacr\u00edlega de tu Encarnaci\u00f3n. Porque sabemos que t\u00fa, Jes\u00fas, lloras cuando llora el ni\u00f1o enfermo o la mujer abandonada y traicionada; que fracasas en el que se desploma ante el dolor y sucumbe a la tentaci\u00f3n; que vuelves a ser cru\u00adcificado por el odio, la envidia y la calumnia y que mueres pidiendo au\u00adxilio en el hambriento o en el desahuciado&#8230; Pero la verdad es que cada d\u00eda cuentas con menos ver\u00f3nicas y menos cirineos&#8230;<\/p>\n<p>Si borramos la palabra caridad hemos liquidado el Evangelio. El amor fraternal es la entra\u00f1a, el n\u00facleo, la s\u00edntesis de la Buena Nueva. Es lo que da trabaz\u00f3n, coherencia y consistencia al dogma y la \u00abpraxis\u00bb del cristianismo. No es la f\u00f3rmula, ni el rito, ni la organizaci\u00f3n externa lo que configura a la Iglesia. Es la \u00edntima conexi\u00f3n con que el amor ata los esp\u00edritus y clavetea los corazones. Hay cuerpos vivos que se resguar\u00addan dentro de un caparaz\u00f3n r\u00edgido y duro. Hay otros m\u00e1s evolucionados cuya firmeza es debida a un esqueleto interior que no se ve, pero que les permite una flexibilidad y facilidad de movimientos muy superior y, al mismo tiempo, una defensa mucho m\u00e1s eficaz que la meramente exter\u00adna de los primeros. La comparaci\u00f3n me parece adecuada para aclarar mi pensamiento. El amor es el esqueleto de la Iglesia. Todo lo dem\u00e1s son los m\u00fasculos y la piel que lo recubren&#8230;<\/p>\n<p><em>La liturgia eucar\u00edstica, <\/em>como sacramento que es, realiza lo que sig\u00adnifica. La Eucarist\u00eda nos enraiza con la caridad divina. Es el mismo Cristo en Persona el que contin\u00faa restableciendo en la humanidad la unidad rota por el pecado: unidad de los hombres con Dios, unidad de los hom\u00adbres entre s\u00ed. La Eucarist\u00eda es s\u00edmbolo de paz, lazo de unidad, v\u00ednculo de caridad. Los que componen la asamblea cristiana son un pueblo de Dios y una comunidad de hermanos.<\/p>\n<p>Por el sacramento de la penitencia se convierten m\u00e1s a Dios y a los hijos de Dios. La oraci\u00f3n com\u00fan les pone en los labios las mismas palabras y en el alma los mismos sentimientos. Se sientan a la misma Mesa, como una verdadera familia. Comen un solo Pan, elaborado con muchos granos de trigo, que les comunica la misma vida. Beben un solo Vino, elaborado con muchos racimos, que les comunica el mismo Esp\u00ed\u00adritu. La misma Sangre corre por sus venas. El mismo Amor rebosa en sus corazones. Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre s\u00ed: un principio de filosof\u00eda perfectamente aplicable a la teolog\u00eda de la caridad. Dime lo que comes y lo que bebes y te dir\u00e9 qui\u00e9n eres&#8230; \u00bfSomos de ver\u00addad aquello que comemos y bebemos diariamente en la mesa del altar&#8230;?<\/p>\n<p align=\"center\">II<\/p>\n<p><em>Una comunidad religiosa <\/em>es la misma comunidad cristiana elevada a una potencia superior. Debe ser enteramente leal a su conciencia, a su vocaci\u00f3n y a la Iglesia y llegar al tope en las exigencias del amor humano y de la caridad cristiana. Es la expresi\u00f3n m\u00e1s viva del cristianis\u00admo. Es la cima m\u00e1s alta de la tierra a donde pueden hacernos subir las palabras y los ejemplos de Jes\u00fas. Es una liturgia viva peregrinante, este\u00adreotipada. A quienes se han comprometido al todo por el todo puede exig\u00edrseles el m\u00e1ximo esfuerzo para conseguirlo. La apariencia sin la realidad del amor ser\u00eda un fraude. Tienen que convencer con la elocuen\u00adcia de los hechos y no con la pirotecnia de los dichos. Una comunidad consagrada no puede permitirse el lujo de la frivolidad mental, de la ra\u00adbieta biliar, de la artiller\u00eda irascible, mientras el mundo gime bajo los efectos de la guerra caliente y bajo la amenaza de la guerra fr\u00eda.<\/p>\n<p>La comunidad religiosa tiene que hacer su cometido, lo que se dice, bordado. Nadie da lo que no tiene. Si las almas consagradas son portado\u00adras de paz, \u00bfc\u00f3mo la van a derramar sobre sus hermanos cuando carecen de ella en sus propias casas? Tienen que desenga\u00f1arse: los hombres seguir\u00e1n en guerra unos con otros hasta que ellas la expulsen de sus propias comunidades. Ya sabemos que no son precisamente una.cohorte de \u00e1ngeles y arc\u00e1ngeles, querubines y serafines, limpios de polvo y paja. Pero tambi\u00e9n sabemos que no son unos personajes de gui\u00f1ol, ni unas veletas de metal que se mueven a todos los aires de las pasiones hu\u00admanas. Ni esp\u00edritus celestes ni marionetas terrestres, sino mujeres con voluntad acerada de convencer a todos de que el amor, el verdadero amor existe porque ellas lo tienen.<\/p>\n<p><em>En esta perspectiva aparecen los votos <\/em>religiosos corno causa y efecto de la caridad. Los votos son algo que se hizo por amor y esp\u00ed\u00adritu de servicio a los dem\u00e1s, por el prop\u00f3sito de, ser y estar para las com\u00adpa\u00f1eras. Esta disposici\u00f3n inicial hay que hacerla patente en el decurso de la vida, no como un hecho que se acepta con resignaci\u00f3n, sino como un ideal vivo, comprometido, profesado. La caridad, en efecto, es el fin de la vida religiosa. Los votos s\u00f3lo tienen el valor de medios. Ahora bien, quien profesa los medios, profesa as\u00ed mismo el fin por el que se hacen. Y como resulta que el fin que pretenden es la caridad, se puede decir con toda verdad que s\u00f3lo se ha profesado amor. Cualquier Hermana pue\u00adde y debe decirse a s\u00ed misma: Todas mis compa\u00f1eras han hecho un voto formal de amarme y yo tambi\u00e9n he profesado solamente amarlas de verdad.<\/p>\n<p>Efectivamente los votos apuntan a un objetivo: a deshacer el ego\u00eds\u00admo y a crear, desarrollar y consagrar todas las energ\u00edas afectivas de que es capaz una mujer. Ella tiene que dirigir esas energ\u00edas simult\u00e1neamente a Dios y al pr\u00f3jimo. A Dios en el aspecto afectivo. Al pr\u00f3jimo desde el punto de vista efectivo. A Dios porque ella necesita de El absolutamente. Al pr\u00f3jimo porque Dios necesita de ella urgentemente para subvenir por su medio a las necesidades humanas.<\/p>\n<p><em>Por el voto de pobreza <\/em>pone todas su posibilidades a disposici\u00f3n de sus compa\u00f1eras de comunidad. Esto casi no necesita demostraci\u00f3n. Toda vida de equipo o de grupo de organizaci\u00f3n comunitaria debe evi\u00addenciar el desprendimiento de un individuo en beneficio de otro, la en\u00adtrega de los dos al conjunto en que est\u00e1n, la del grupo inferior al supe\u00adrior y la de \u00e9ste al grupo mayor o supremo, ll\u00e1mese provincia, congrega\u00adci\u00f3n, di\u00f3cesis, iglesia local o Iglesia universal.<\/p>\n<p><em>Por el voto de castidad <\/em>las religiosas dan a sus relaciones humanas m\u00e1s calidad, m\u00e1s riqueza, m\u00e1s profundidad, m\u00e1s intimidad, m\u00e1s cor\u00addialidad y transparencia. Es evidente que este tipo de relaciones s\u00f3lo es posible en una comunidad donde todas se unen con los v\u00ednculos de una amistad virginal. En esta amistad el amor a una no limita para nada el amor a otra, contrariamente a lo que sucede con el amor espec\u00edfica\u00admente sexual que es de suyo exclusivo y absorbente en mayor o menor grado.<\/p>\n<p><em>Por el voto de obediencia <\/em>la mujer consagrada se pone m\u00e1s cerca del querer de Dios, se coloca en la b\u00fasqueda constante de su voluntad. Al primer paso que da se encuentra con la certeza de que las diferencias personales de sus compa\u00f1eras entran de lleno en el plan divino. Enton\u00adces acepta gozosa y ordenadamente esas diferencias, las ama, se sirve de ellas como algo que entra en el programa a realizar. No se le oculta que sustraer parte de su trabajo, de su vida y de su coraz\u00f3n al bien com\u00fan es una sustraci\u00f3n al voto de obediencia, una actitud que debilita la fraternidad, empobrece la amistad e introduce en el grupo elementos devastadores.<\/p>\n<p>La caridad fraterna es la clave de la b\u00f3veda del edificio comunita\u00adrio. Para vivir los votos, como hemos visto, se requiere un amor no com\u00fan. Sin un clima teologal denso y c\u00e1lido los votos se vuelven peli\u00adgrosos y hasta capaces de frustrar s\u00edquicamente a las que los emiten. Por otra parte, si los votos tienen alg\u00fan atractivo para las generaciones j\u00f3venes es porque ven esa dimensi\u00f3n de amor y de servicio al pr\u00f3jimo que la profesi\u00f3n presenta. Son estas motivaciones de generosidad y de altruismo las que hacen vibrar sus corazones y las impulsa a la vida con\u00adsagrada. Como que algunos Institutos, en vista de esto, se preguntan hoy si no ser\u00eda oportuno a\u00f1adir a los votos tradicionales uno m\u00e1s: el voto de comunidad. Otros prefieren reemplazar por \u00e9ste solo, los tres votos usuales porque los contiene impl\u00edcitamente.<\/p>\n<p>Las propiedades positivas y negativas de la caridad que vamos a comentar ligeramente aplic\u00e1ndolas a la vida comunitaria femenina est\u00e1n rese\u00f1adas minuciosamente por San Pablo en su primera carta a los Corintios, cap\u00edtulo 13, desde el vers\u00edculo 1 al 9.<\/p>\n<p>\u00abAun cuando yo hablara las lenguas de los hombres y de los \u00e1ngeles, si no tengo caridad vengo a ser como un bronce que suena o un c\u00edmbalo que reti\u00f1e.<\/p>\n<p>\u00abY cuando tuviera el don de profec\u00eda y penetrase todos los miste\u00adrios y todas las ciencias; cuando tuviera toda la fe de manera que tras\u00adladase los montes, <em>no teniendo caridad no soy nada.<\/em><\/p>\n<p>\u00abY si distribuyo todos mis bienes a los pobres y entrego mi cuerpo a las llamas, si la caridad me falta, no me sirve de nada.\u00bb<\/p>\n<p>Estas palabras se refieren a la caridad total, humana y divina, vertical y horizontal, afectiva y efectiva. Las dos se presuponen, se ne\u00adcesitan y se complementan. Son inseparables, como dos hermanas siame\u00adsas. El amor de Dios nos arranca de la tierra; el del pr\u00f3jimo nos vuelve a ella. Los dos amores son la voz y el eco. Conviene record\u00e1rselo a qui\u00e9\u00adnes se consuelan con Dios de sus malas relaciones con el pr\u00f3jimo y a quienes se entregan a una actividad tan absorbente que pone sor\u00addina a la voz de la conciencia y produce interferencias a la voz de Dios.<\/p>\n<p>La palabra caridad es sin\u00f3nimo de santidad. En Dios se identifi\u00adcan, ya que es amor por definici\u00f3n y santidad por consecuencia. Nues\u00adtros pensamientos, si llevan el sello del amor, son moneda leg\u00edtima. Nuestros actos, si el amor no los impulsa, son g\u00e9nero adulterado. Todo lo nuestro, para que valga, ha de llevar esta etiqueta. Los r\u00edos de nues\u00adtras virtudes nacen y desembocan en este mar de la caridad. En realidad el amor es la cifra y el compendio de la vida humana. Al final de ella s\u00f3lo queda, no lo que hayamos hecho, sino el amor con que lo hayamos hecho todo. Dios, como el labrador al final de la recolecci\u00f3n, separar\u00e1 el trigo de la paja. Exprimir\u00e1 el lim\u00f3n de nuestra biograf\u00eda, recoger\u00e1 solamente el zumo de la caridad y todo lo dem\u00e1s lo arrojar\u00e1 a la basura.<\/p>\n<p><em>La caridad es sufrida. <\/em>Se precisa m\u00e1s paciencia para recibir la lluvia menuda de alfilerazos que cae diariamente sobre el coraz\u00f3n de la religio\u00adsa que para soportar f\u00edsicamente los golpes ciegos de la naturaleza o los violentos asaltos de la crueldad humana. En sue\u00f1os es f\u00e1cil que haya sido m\u00e1rtir muchas veces. Pero en la realidad tambi\u00e9n es f\u00e1cil que haya re\u00adnunciado a la palma del martirio frente a una palabra punzante, una sonrisa ir\u00f3nica o una indelicadeza min\u00fascula. Tiene r\u00e9plicas demasiado vivas, actitudes demasiado r\u00edgidas, desplantes de car\u00e1cter demasiado frecuentes y explosiones de una franqueza abrupta y montaraz que no sabe disimular nada. Despu\u00e9s de haber revuelto la colmena se queja de no recoger miel. No se trata de que sea insensible, de que no sienta ni calor ni fr\u00edo m\u00e1s que cuando mira al term\u00f3metro, como les pasa a algu\u00adnas. Se trata de que sea femenina, delicada, sensitiva y por lo tanto capaz de sufrir; pero ha de buscar consuelo, no repartiendo ep\u00edtetos agrios en derredor, sino buscando un servicio que hacer, una pena que mitigar, una desgracia que aliviar o un trabajo que la haga olvidar las inciden\u00adcias amargas.<\/p>\n<p><em>La caridad es bienhechora. <\/em>Es propio del amor adivinar las necesi\u00addades del ser amado. En el misterioso aparato de la intuici\u00f3n femenina han de quedar registradas seguramente, como en un radar, las preocupa\u00adciones de sus Hermanas. Adelantarse a sus demandas de ayuda es la flor y nata de la amabilidad. Una mujer servicial es aquella con la que sus compa\u00f1eras saben que pueden contar en todo momento. A veces . es suficiente presentarles un semblante risue\u00f1o y acogedor. Una sonrisa es m\u00e1s barata que una bombilla el\u00e9ctrica e ilumina m\u00e1s y mejor. Un favor, solicitado o espont\u00e1neo, puede curar un coraz\u00f3n enfermo o fijar una voluntad vacilante. Prestar un servicio es ganar una amistad; pero si se quiere tener a todas por amigas hay que estar en acto de servicio permanentemente y no echar a volar, como las golondrinas, cuando asome el fr\u00edo, ni desaparecer, como los taxis, cuando el tiempo se pone feo.<\/p>\n<p><em>La caridad no tiene envidia. <\/em>Detr\u00e1s de cada mujer est\u00e1 la envidia al acecho. Con frecuencia se desliza reptante y sutil por el coraz\u00f3n aden\u00adtro burlando el control de la voluntad, ocult\u00e1ndose entre los repliegues del subconsciente. Surgen entonces los celos que nos dan una versi\u00f3n femenina de la historia de Ca\u00edn y Abel. Como no corre la sangre, las difuntas siguen en pie, pero contin\u00faan su penoso camino rodeadas de la cr\u00edtica, de la zancadilla y de la delaci\u00f3n. Generalmente las envidiadas son compa\u00f1eras que est\u00e1n muy por encima de la mediocridad, mujeres que conquistan con facilidad preferencias, simpat\u00edas y laureles. Esa es la causa por la cual la envidia atormenta el coraz\u00f3n que la ha concebido, como el gusano roe el \u00e1rbol en que ha nacido. De ordinario est\u00e1n flacas. Si engordan es con la gordura de las dem\u00e1s, de las que descuellan. No envidiar a nadie es se\u00f1al de que se ha nacido con buenas cualidades. En todo caso, no obstante, la caridad debe montar guardia perpetua y vigilar para que no se filtre el enemigo m\u00e1s pernicioso de las comunidades fe\u00admeninas.<\/p>\n<p><em>La caridad no es ostentosa. <\/em>Jes\u00fas sab\u00eda ser grande sin que los dem\u00e1s se sintieran peque\u00f1os a su lado. La ostentaci\u00f3n farisaica le asqueaba. Y es que una acci\u00f3n moralmente buena, pero ejecutada por amor al aura popular, es tan detestable como rid\u00edcula. Cualquier religiosa debe tomar como modelo de bien hacer a su propio coraz\u00f3n. Es un obrero incansa\u00adble. Trabaja d\u00eda y noche callado, silencioso. Nadie lo ve, nadie lo aplau\u00adde, nadie lo felicita, ni siquiera su mismo due\u00f1o. Y \u00e9l prosigue su tarea ajeno a la gratitud y a la admiraci\u00f3n. Realmente no hay motivos para te\u00adner vanidad. Nadie es indispensable. La diferencia entre unas Hermanas y otras es m\u00ednima. Ser\u00eda curioso registrar las reacciones de las presuntuo\u00adsas si al desplegar, como una bandera, lo bueno que tienen, las dem\u00e1s les leyeran la lista completa de lo que les falta. Las personas humildes no se sienten humilladas en estos casos. El amor a los dem\u00e1s es taciturno. El amor propio es llamativo y clamoroso. El amor aut\u00e9ntico no s\u00f3lo deja a las dem\u00e1s que hagan el bien, sino que las ayuda a hacerlo, lo cual es todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil que hacerlo por s\u00ed misma.<\/p>\n<p><em>La caridad no se ensoberbece. <\/em>La soberbia nace de un complejo de superioridad. En realidad no hay personas m\u00e1s vac\u00edas que las que est\u00e1n llenas de s\u00ed mismas. Las engre\u00eddas se juzgan con demasiado optimismo. Ser\u00eda un negocio lucrativo comprar a una Hermana por lo que vale y venderla despu\u00e9s por lo que cree valer. Ella, sin embargo, no se acusa de su presunci\u00f3n. Tampoco el loco confiesa que lo es. Ella se la\u00admenta de que se le haga el vac\u00edo, de ser incomprendida. Y es que el orgu\u00adllo la aisla de las dem\u00e1s y abre a su alrededor un foso insalvable. Es ter\u00adca, contumaz y porfiada. No admite la posibilidad de estar equivocada. No ve un \u00e1tomo de verdad en la opini\u00f3n ajena. En las discusiones, si no es educada, prende fuego a una traca de palabras ofensivas. Si lo es, hace otra cosa peor: recurrir a la mordacidad de la iron\u00eda que su ingenio incisivo y penetrante sabe elaborar muy bien. En fin: ni la tozudez de los idiotas ni la arrogancia de los semidioses son aptas para el reino de los cielos.<\/p>\n<p><em>La caridad no hace nada ignominioso. <\/em>Porque ha nacido en noble cuna. Destaca por su delicadeza, aristocracia y distinci\u00f3n. La caridad hace a una mujer selecta. Nada tienen que ver con ella las intenciones rastreras, los caminos tortuosos, las maneras indecorosas. Tiene elegan\u00adcia espiritual. Todo en ella es digno, leal, transparente. La traici\u00f3n le repugna, la fals\u00eda le duele, la trampa la disgusta, la mentira la desazona, el enga\u00f1o la aflige, la denuncia la sonroja, el disimulo la molesta, la pol\u00ed\u00adtica la asquea, la adulaci\u00f3n la humilla, la astucia la repele, la hipo\u00adcres\u00eda la subleva. Todo lo que sea turbio es incompatible con la limpieza espiritual de su condici\u00f3n. Su exquisita delicadeza la hace ser obsequiosa, sol\u00edcita y atenta. El pes\u00e1r que recibe no significa nada, pero el que ha causado la impide comer su pan a gusto. Est\u00e1 m\u00e1s dispuesta a escuchar que a hablar. Cuando habla no tiene la locuacidad de algunas compa\u00f1eras cuya facilidad para hablar se deriva de la imposibilidad de callarse. Da importancia a los detalles como a esmerarse en su caligraf\u00eda para no mo\u00adlestar a sus lectores, a no tener las cartas que ha recibido mucho tiempo sin respuesta, a acudir con rapidez al tel\u00e9fono que llama, al timbre que suena, a la visita que espera en el recibidor&#8230;<\/p>\n<p><em>La caridad no busca su inter\u00e9s. <\/em>Caridad y ego\u00edsmo son dos t\u00e9rmi\u00adnos contradictorios. No es mensurable la distancia que los separa. La religiosa ego\u00edsta vive encastillada en su yo esperando que vengan a ser\u00advirla. Tiene empaque de gran se\u00f1ora. Desde su cima ol\u00edmpica mira a las dem\u00e1s con aire de quien perdona la vida. La desinteresada, en cambio, se apea de su comodidad, baja al nivel del estado llano, adopta posturas dialogales y serviciales, tiene un coraz\u00f3n que despierta autom\u00e1ticamente a la voz de las desgracias y necesidades ajenas, colabora \u00e9n el empe\u00f1o co\u00admunitario, relega su felicidad al olvido y vive \u00fanicamente en funci\u00f3n de sus compa\u00f1eras. Son dos tipos contrapuestos. El primero s\u00f3lo conoce dos clases de enfermedades: las grandes que son las suyas, y las peque\u00ad\u00f1as que son las ajenas. El segundo s\u00f3lo recuerda dos pronombres perso\u00adnales: el primero que ocupa el segundo lugar y el segundo que ocupa el primero. Para la primera es una desgracia que ella sufra mientras las dem\u00e1s gozan. Para la segunda, que los mejores d\u00edas de su vida sean los peores, tal vez, para otros.<\/p>\n<p><em>La caridad no se irrita. <\/em>No s\u00e9 c\u00f3mo se arreglan algunos tempe\u00adramentos para transformar en energ\u00eda toda la materia de que est\u00e1n he\u00adchos. Son una amenaza constante. Como est\u00e1n siempre cargados, a un leve roce explotan con el \u00edmpetu de un detonador. La metralla de gritos que cae por todas partes obliga a las dem\u00e1s a llevarse las manos a la cabeza y buscar r\u00e1pidamente la defensa de un refugio seguro, si no quieren que se convierta en un aquelarre la paz de su casa. Tienen la fatalidad de ver en todos los asuntos un perfil agresivo. Cualquier alusi\u00f3n personal los embravece, como a un toro el rayo de la pica. Tal como llevan las dis\u00adcusiones, aunque las dem\u00e1s tengan raz\u00f3n, siempre est\u00e1n equivocadas. Si se ha dicho que la c\u00f3lera es el recurso de los d\u00e9biles, tambi\u00e9n se puede sostener que la mansedumbre es el arma de los valientes. La verdad no pierde los estribos. El error tiene en los pulmones todas sus razones. La caridad mantiene a raya los nervios, soslaya las querellas, sortea las pen\u00addencias, rehusa los altercados, suaviza los debates, prev\u00e9 los choques y da marcha atr\u00e1s para evitar las colisiones.<\/p>\n<p><em>La caridad no piensa mal. <\/em>Piensa mal y acertar\u00e1s. El hombre es una selva de malas intenciones. No te f\u00edes del agua mansa. Detr\u00e1s de la pala\u00adbra blanca, el pensamiento negro&#8230; Hay muchos dichos populares que rezuman pesimismo sobre la bondad de la estirpe. Esta visi\u00f3n unila\u00adteral del hombre, y sobre todo, de la mujer, ni es l\u00f3gica, ni humana, ni mucho menos evang\u00e9lica. Yo creo en la bondad femenina por m\u00e1s que est\u00e9 punteada y ribeteada de malicias y fragilidades. El juicio temera\u00adrio y la calumnia navegan siempre en las aguas sucias de la culpa y del enga\u00f1o. Son monedas falsas que hacen circular sin escr\u00fapulos las mis\u00admas que se negar\u00edan a acu\u00f1arlas. Casi nunca hay raz\u00f3n para pensar mal de nadie. Las que tienen la comez\u00f3n de sospechar sin motivo serio \u00bfno se dan cuenta que muchas veces la risa no es la expresi\u00f3n de la alegr\u00eda? \u00bfQue las l\u00e1grimas esconden tal vez un volteo de campanas alborozadas? \u00bfQue re\u00edrse no supone siempre estar de fiesta ni llorar estar luto? \u00bfQue el silencio puede no ser olvido y que la fuga puede no ser cobard\u00eda? \u00bfAcaso los que realizan el mismo hecho llegan a \u00e9l impulsados por el mismo motivo? \u00bfC\u00f3mo podemos alardear de penetrar en el alma ajena cuando no sabemos andar siquiera por el laberinto de nuestro propio yo&#8230;?<\/p>\n<p><em>La caridad no se huelga de la injusticia. <\/em>Ni se alegra por los fraca\u00adsos ni se entristece por los triunfos de las dem\u00e1s. Se ha unido a sus Her\u00admanas para hacer propias sus rosas y sus espinas, sus palmas y sus cm-ces, sus \u00e9xitos y sus reveses. Est\u00e1 con ellas para bien y para mal. Llora con las que lloran y r\u00ede con las que r\u00eden. Si goza cuando sufren es que la envidia sale de su escondrijo y no puede ocultar sus colmillos. Y entonces ocurren las injusticias. Sucede que mientras una mujer trabaja aislada e incomprendida, en un clima indiferente y hostil, nadie repara en ella; pero si su labor es importante y trasciende, la envidia levanta en su derredor un muro de silencio o una alambrada infranqueable de impos\u00adturas y suspicacias. Algunas aguantan y superan el cerco. Otras se alejan, se exilian en busca de una comprensi\u00f3n y de una estimaci\u00f3n que se les neg\u00f3 injustamente.<\/p>\n<p><em>La caridad se complace en la verdad. <\/em>La religiosa caritativa cree en la verdad subjetiva de sus Hermanas, en su buena fe, en su recta in\u00adtenci\u00f3n. Tambi\u00e9n cree en la verdad objetiva, pero tal vez fragmentada de sus opiniones. En los intercambios deposita tranquilamente todo lo que oye en la batea de su an\u00e1lisis para separar despu\u00e9s con cuidado las pepitas de oro de los desperdicios en que vienen envueltas. Cree en sus oponentes porque son sinceras y le resultan \u00fatiles: le se\u00f1alan las faltas y le cantan las verdades; son maestras que le ense\u00f1an mucho gratuita\u00admente. Cree firmemente que todas las ideas y opiniones de las dem\u00e1s son algo propias. Cree que la verdad no tiene secuestradores ni propietarios en exclusiva. Ama la franqueza, pero no pretende justificar con ella su ligereza porque el hecho de decir que es muy sincera no transforma en bueno lo que es malo. Ama la franqueza y proclama la verdad sin palia\u00adtivos cuando la conciencia se lo exige, aunque vea que va a desatar hostilidades y represalias. Habla de las dem\u00e1s como hablar\u00eda de s\u00ed mis\u00adma, y de s\u00ed misma como hablar\u00eda de las dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>La caridad se acomoda a todo. <\/em>Se adapta \u2014o trata de hacerlo\u2014 al molde de la casa, de la organizaci\u00f3n y del reglamento. Y por encima de todo se esfuerza por acoplarse a las personas con quienes tiene que con\u00advivir. Esta es, sin duda alguna, la empresa de mayor envergadura que ha de acometer. Para empezar, las enormes diferencias que la separan de ellas parecen negar la viabilidad de la convivencia. Se ve entorpecida por una red tupid\u00edsima de condicionamientos capaces de desalentar a la m\u00e1s entusiasta. Las tentaciones de evasi\u00f3n la asaltan a menudo fuer\u00adtes y sugestivas, como promesas de liberaci\u00f3n. Para no doblar hace acopio de valor y se repite a s\u00ed misma y ante Dios las promesas de la pri\u00admera vez. La adaptaci\u00f3n al clima comunitario no es f\u00e1cil, pero tampoco imposible. Sabe que es un don de Dios que ella tiene que conquistar hora por hora y d\u00eda por d\u00eda.<\/p>\n<p><em>La caridad lo cree todo. <\/em>Tiene confianza en todas. No son personas que ella ha buscado para poder amarlas; son mujeres que Dios le ha dado a ella para que las ame. \u00bfPor qu\u00e9 no va a confiar en ellas? Antes del encuentro eran desconocidas; pero vinieron ilusionadas porque sa\u00adb\u00edan que sus futuras amigas estaban convocadas por el mismo Se\u00f1or que tanto amaban. Cada una de ellas es predilecta de Dios. Son todas hijas del mismo Padre, hermanas del mismo Hermano, esposas del mis\u00admo Esposo, animadas del mismo Esp\u00edritu, agraciadas con la misma voca\u00adci\u00f3n, lanzadas al mismo apostolado, part\u00edcipes del mismo gozo, sujetas a las mismas leyes, profesas de los mismos votos, sumisas a la misma auto\u00adridad, marcadas por el mismo fuego, vestidas con el mismo atuendo y por\u00adtadoras del mismo nombre&#8230; Son m\u00e1s hermosas las semejanzas que las unen que las diferencias que las separan. Es l\u00f3gico que conf\u00eden unas en otras y que se f\u00eden unas de otras.<\/p>\n<p><em>La caridad todo lo espera. <\/em>\u00bfQu\u00e9 espera una religiosa de sus Herma\u00adnas? Espera de ellas, en primer lugar, que sean una ayuda con que poder contar en su avance espiritual; unas manos amigas que se le tienden cuando no pueda con la carga del trabajo; unos ojos llenos de alegr\u00eda en los momentos tristes de sus decepciones; un coro de palabras vibrantes que disipen sus vacilaciones y su timidez; una maravillosa compa\u00f1\u00eda en sus horas de vac\u00edo y soledad; un clima de paz y de sosiego que la espe\u00adra todos los d\u00edas al volver de su tarea rendida por la fatiga; un bosque de brazos siempre abiertos que le brindan centuplicado el cari\u00f1o que dej\u00f3 en la otra familia.<\/p>\n<p>Espera de sus compa\u00f1eras, adem\u00e1s, que usen con ella el registro de su ternura cuando se sienta impulsada a buscar la puerta de salida; que la aparten de esos pantanos donde flota el vaho de la tentaci\u00f3n; que no sea ninguna de ellas la piedra en que tropiece en su nuevo camino; que garanticen con la oraci\u00f3n su triunfo cuando suene el aldabonazo del peligro; que la ense\u00f1en a esperar contra toda esperanza; que respal\u00adden su fidelidad a los compromisos jurados; que la adiestren en el arte de convertir en victorias sus derrotas; que le hagan el inmenso favor de compartir m\u00fatuamente las penas y las alegr\u00edas; y que no la abandonen cuando tenga que correr en la recta final&#8230;<\/p>\n<p><em>La caridad lo soporta todo. <\/em>No desconoce la fragilidad de la arci\u00adlla humana. Sabe que el pecado de origen es en cada una una realidad misteriosa y fatal. Ha observado que se producen con frecuencia desa\u00adjustes entre la voluntad y las fuerzas elementales de la naturaleza. Ha visto fallos, desequilibrios, perturbaciones en la contextura s\u00edquica de sus compa\u00f1eras. En cualquier momento puede presentarse el desmorona\u00admiento f\u00edsico o moral de una de ellas. No lo quiere, pero lo teme. Y cuan\u00addo ocurre todo lo peor, no se extra\u00f1a, no se escandaliza. Todo se lo ex\u00adplica, lo comprende, lo sufre y lo perdona. Es indulgente porque es com\u00adprensiva. Y es comprensiva porque es buena e inteligente. Si est\u00e1 en su mano, ayuda a quien sea a superarse. Si la palabra y el gesto amables no son posibles, siempre es posible la oraci\u00f3n. Sufre los fallos de sus Her\u00admanas porque las quiere, las excusa porque las conoce, las perdona por\u00adque lo merecen y las ayuda porque vale la pena y porque desea que ellas cuando llegue el caso, se sirvan con su persona del mismo procedi\u00admiento.<\/p>\n<p><em>La caridad nunca fenece. <\/em>Para practicar el amor toda la eternidad es corta. No hay vacaciones, ni domingos, ni d\u00edas de descanso en esta empresa. La religiosa, por muy buena que se crea, siempre ser\u00e1 una principiante en el oficio.<\/p>\n<p>\u00abEl amor dec\u00eda S. Vicente, os ayudar\u00e1 a resolver todos vuestros problemas.\u00bb Si no los soluciona todos, por lo menos ayuda a vivirlos sin desesperarse. Cuando caemos enfermos, una mano amiga en la nues\u00adtra no nos cura la enfermedad, pero nos alegra el alma.<\/p>\n<p>El mundo est\u00e1 necesitado de un diluvio de amor. La religiosa puede repartirlo a chorros. Ella sabe perfectamente que la salvaci\u00f3n de la huma\u00adnidad no la llev\u00f3 a cabo ning\u00fan equipo t\u00e9cnico y eficaz, sino un Hom\u00adbre que fue todo El un testimonio de amor. La mayor\u00eda de la gente le buscaba por sus milagros, no por su palabra ni por su sonrisa. Eso es lo malo de este extra\u00f1o oficio que es amar. Cuando se- saca<sup>&#8211;<\/sup>el carnet ya no se puede dejar de ejercer. Hay que seguir amando en la alegr\u00eda y en la pena, a los amigos y a los enemigos, a los cuerdos y a los tontos, a los negros y a los blancos. Y cuando el sufrimiento llegue a la carne no hay m\u00e1s remedio que decir que S\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; COMUNIDAD DE AMOR Dios es una comunidad de amor. Es una comunidad porque es una Trinidad de Personas. 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