{"id":50470,"date":"2019-09-29T08:57:03","date_gmt":"2019-09-29T06:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-apostolica\/"},"modified":"2019-09-09T09:13:10","modified_gmt":"2019-09-09T07:13:10","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-apostolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-apostolica\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad apost\u00f3lica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD APOST\u00d3LICA<\/p>\n<p>La Iglesia es un barco colosal cuya quilla parte la espesa costra del mundo, como la punta del diamante rasga la superficie del vidrio. Su palabra magn\u00e9tica encadena un hombre con otro, une una naci\u00f3n con otra en una creencia com\u00fan. Agrupa todos los pueblos de la tierra para for\u00admar un gran pueblo con la pericia de un compositor que dispone los so\u00adnidos alrededor de un tema musical. Es un Cuerpo M\u00edstico, pero un cuerpo que goza de una virtualidad tan diversa como sorprendente. Tiene la fuerza expansiva de los gases, la sutileza penetrante de los vientos, la virtud de impregnaci\u00f3n de los l\u00edquidos, el poder vitalizador de la san\u00adgre, la capacidad convocante de la campana y el sugestivo magnetismo de la bandera. Aspira nada m\u00e1s y nada menos que al dominio universal y forcejea por implantar su hegemon\u00eda esp\u00edritual sobre el planeta.<\/p>\n<p><em>La Iglesia es radicalmente misionera. <\/em>Es una condici\u00f3n que se desprende de los art\u00edculos anteriores. Lleva en su mecanismo constitu\u00adtivo una energ\u00eda incoercible que la impulsa al avance, a la conquista,, al ensanche de sus fronteras. Una Iglesia atrincherada y conservadora no tiene sentido. Pronto ser\u00eda un imnenso f\u00f3sil. Precisamente su momento estelar coincide con el imperio romano que, pese a su paganismo, ofre\u00adci\u00f3 una gran porosidad al mensaje evang\u00e9lico. La alta edad media se\u00ad\u00f1al\u00f3 su m\u00e1s gloriosa efem\u00e9rides con la reunificaci\u00f3n en Cristo de todos los pueblos del mundo entonces conocido. En Am\u00e9rica, en Africa y en Asia ha conocido, en \u00e9pocas m\u00e1s recientes, d\u00edas de esplendor. Hoy no se puede afirmar que su af\u00e1n de expansi\u00f3n apost\u00f3lica est\u00e1 en quiebra, pero s\u00ed en declive, y necesita reactivarla. La crisis que le corroe ha diez\u00admado sus efectivos. Se observan demasiado claros en sus filas misioneras. Y los que permanecen en sus puestos se dejan invadir por una aton\u00eda paralizante. Da la sensaci\u00f3n de caminar al rev\u00e9s de la historia, puesto que la edad de oro de las misiones tuvo lugar en la edad de bronce de la cultura o poco menos, en tanto que la explosi\u00f3n industrial, cient\u00edfica y tecnol\u00f3gica de la sociedad incide en el debilitamiento de su pujanza proselitista.<\/p>\n<p><em>La Iglesia tiene origen en las misiones divinas. <\/em>Se remonta a los eternos designios de la Trinidad que envi\u00f3, comision\u00f3 al Hijo como mediador entre Dios y los hombres. Ella es la misionera de Cristo como Cristo es el misionero del Padre: \u00abComo mi Padre me ha enviado as\u00ed os env\u00edo yo a vosotros\u00bb. Ella es la celeste levadura que est\u00e1 empe\u00f1ada en la transformaci\u00f3n de la masa humana <em>y <\/em>hasta de la masa c\u00f3smica y lo conseguir\u00e1 cuando Cristo llegue a ser el resumen y la s\u00edntesis del uni\u00adverso. Si siempre se ha sentido impelida a predicar la Buena Nueva a los hombres, las modernas circunstancias de la humanidad se lo reclaman de un modo apremiante, urgente, casi desesperado. Dado que la pobla\u00adci\u00f3n mundial crece a ritmo acelerado, la Iglesia, si no avanza, retrocede. No puede permanecer estacionaria. \u00abId._ ense\u00f1ad a todas las gentes&#8230; predicad el Evangelio a toda criatura&#8230; marchad por todo el mundo&#8230; anunciad&#8230; bautizad&#8230; perdonad&#8230; curad&#8230;\u00bb Es un mandato imperioso, categ\u00f3rico, inevitable. Y esta orden, como divina que es, no puede estar en desacuerdo, sino en perfecta armon\u00eda, con la libertad del hombre en materia religiosa ni con su posible salvaci\u00f3n fuera de la Iglesia. Son las palabras de Cristo y no las argucias de ciertos te\u00f3logos los que trazan a la Iglesia el camino a seguir.<\/p>\n<p><em>Porque la Iglesia no es un ente de raz\u00f3n. <\/em>Es una realidad divina poniendo en actividad a otra realidad humana como son sus jerarcas, sus religiosos y sus fieles seglares. Cada uno de ellos es un enviado, un ap\u00f3stol, un misionero. Todos son solidarios de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia. Esta labor es \u00fanica, individual y colectiva, la misma en todas partes y en todas las contingencias hist\u00f3ricas y es incumbencia de todos, aunque no se realice de igual modo por unos que por otros ni se lleva a cabo con el mismo estilo en unos lugares que en otros ni se em\u00adplean id\u00e9nticos m\u00e9todos en unos medios culturales que en otros. Las diferencias nacen, no de la misi\u00f3n misma, sino de la condici\u00f3n real de los misioneros y de los misionados, as\u00ed como de las circunstancias que los rodean.<\/p>\n<p>Hablamos de la misi\u00f3n y de las misiones. Hasta hace pocos a\u00f1os la terminolog\u00eda resultaba bastante clara, pero hoy se han borrado sensi\u00adblemente las diferencias de los dos vocablos. <em>La misi\u00f3n, en singular, <\/em>designaba una actividad pastoral localizada en pa\u00edses cristianos y efec\u00adtuada por sacerdotes no vinculados a una parroquia con el fm de sacudir la f\u00e9 dormida del pueblo, reavivar las brasas de su fervor religioso y con\u00advertir a los pecadores acerc\u00e1ndolos a los sacramentos. En cambio, <em>las misiones, en plural, <\/em>eran zonas geogr\u00e1ficas concretas, territorios depen\u00addientes de la Propagaci\u00f3n de la Fe, pa\u00edses, en fin, poco o nada evangeliza\u00addos aun y a los que toda naci\u00f3n cristiana se consideraba obligada a enviar peri\u00f3dicamente ap\u00f3stoles, con preferencia religiosos. Ambos t\u00e9rminos est\u00e1n siendo bastante superados en la actualidad y se dan la mano en un concepto com\u00fan.<\/p>\n<p>Porque sucede que con el t\u00e9rmino de <em>misiones extranjeras <\/em>se corra el riesgo de mirar a ciertos pa\u00edses como ap\u00e9ndices, colonias y proyec\u00adciones de una Iglesia identificada con Occidente. Se olvida que en otros existen cristiandades florecientes con capacidad para hacerse cargo de su propia historia y de suscitar misioneros que misionen de puertas adentro. Por otra parte cabe preguntarse si se puede seguir hablando de pa\u00edses cristianos y pa\u00edses paganos. En los que se llamaban cristianos hace unas d\u00e9cadas, se encuentran ahora inmensos sectores descristiani\u00adzados, pr\u00e1cticamente ateos. No se trata de esferas geogr\u00e1ficas, sino de extensas capas de clases sociales que viven al margen de toda idea religio\u00adsa, aunque en ellas sobrevivan algunos individuos fieles a Cristo. La misi\u00f3n se halla en todas partes. Toda la Iglesia es misionera, ya se trate de la Iglesia universal, como de la diocesana y local. La palabra misi\u00f3n ha terminado por designar a todo el conjunto de actividades de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin embargo, el Concilio Vaticano II ha jerarquizado estas activi\u00addades, aunque, como hemos dicho, las ha englobado en el mismo t\u00e9rmino de misi\u00f3n. Las ha ordenado seg\u00fan su grado de importancia, les ha pues\u00adto unas etiquetas ligeramente diferenciadas y los ha marcado con el sello de sus preferencias.<\/p>\n<p>Tenemos, en primer t\u00e9rmino, la tarea misional por excelencia, la labor inicial, o sea, <em>aquella en que la Iglesia empieza a existir <\/em>en una zona determinada. Es un trabajo de desbroce, de siembra, de implanta\u00adci\u00f3n en pueblos o grupos humanos nunca evangelizados con el fin de dotarlos de una iglesia aut\u00f3ctona, organizada, con madurez y energ\u00edas suficientes para valerse por s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Viene, en segundo lugar, el apostolado misionero en las \u00e1reas geo\u00adgr\u00e1ficas evangelizadas con anterioridad. Su objetivo son los pa\u00edses tra\u00addicionalmente cristianos y pr\u00e1cticamente paganos que guardan los res\u00adtos de su f\u00e9 perdida en el seno de unas minor\u00edas reducidas, en la legis\u00adlaci\u00f3n, en ciertos usos y costumbres sociales, en una difusa mentalidad cristiana que flota en el ambiente. <em>Es una labor de solidez y de profun\u00addidad, <\/em>m\u00e1s que anchura y dilataci\u00f3n. Supone un dispendio copioso de energ\u00edas y recursos porque se trata poco menos que de dar vida a un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, existe una actividad misionera \u00edntimamente ligada con esta \u00faltima. Es la que tiene como meta <em>el ecumenismo cristiano, <\/em>la uni\u00f3n de las iglesias, la reunificaci\u00f3n de un solo reba\u00f1o bajo un solo Pastor; \u00abporque la divisi\u00f3n de los cristianos perjudica a la causa sant\u00ed\u00adsima de la predicaci\u00f3n del Evangelio a toda criatura y cierra a muchos las puertas de la fe.\u00bb<\/p>\n<p>En este contexto conciliar hay que situar <em>la distribuci\u00f3n del perso\u00adnal <\/em>apost\u00f3lico. Es l\u00f3gico que a tierras mejores y m\u00e1s dilatadas corres\u00adpondan mejores y m\u00e1s numerosos operarios. Pero est\u00e1 claro que las tie\u00adrras que hasta hoy se llamaban de misi\u00f3n no s\u00f3lo son las m\u00e1s extensas, sino que, a juicio de la Iglesia, son de primera categor\u00eda. Y sin embargo son las que cuentan con menos trabajadores. Son campos f\u00e9rtiles que hsperan en vano la divina sementera. No hay brazos que arrojen la se\u00admilla dorada a los surcos abiertos al agua y al sol. Los mejores obreros y los m\u00e1s abundantes se mueven en espacios m\u00e1s reducidos, se gastan en el laboreo de tierras de 2.a y 3.a clase, como el Concilio llama a los pa\u00edses hist\u00f3ricamente cristianos.<\/p>\n<p>Pero resulta que tambi\u00e9n en estos \u00faltimos est\u00e1 al rojo vivo el mismo problema. La Iglesia no hace acto de presencia en amplios sectores des\u00adcristianizados mientras que las zonas m\u00e1s creyentes sufren una inflaci\u00f3n de ap\u00f3stoles. Existe un pavoroso desajuste en el reparto, asignaci\u00f3n y dosificaci\u00f3n de misioneros. Si es una injusticia social la coexistencia del lujo y la miseria, tambi\u00e9n es inaceptable el desequilibrio escanda\u00adloso y detonante que hay entre las \u00e1reas plet\u00f3ricas de medios de salva\u00adci\u00f3n y las que carecen de todo signo religioso. Esta es una verdad de cara ingrata. No se la puede considerar como una frusler\u00eda. Y aunque es la Iglesia a escala universal primero, y a nivel nacional despu\u00e9s, la que debe aceptar sin reservas y resolver ajustadamente el planteamiento de este problema, tambi\u00e9n los Institutos religiosos, en su esfera limitada, pueden y deben ya desde ahora darle su propia soluci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Las religiosas son esencialmente misioneras <\/em>corno la Iglesia en que nacieron y a cuyo servicio se consagraron. Como personas y como colecti\u00advidad est\u00e1n llamadas a adquirir una transparencia cada d\u00eda m\u00e1s di\u00e1fa\u00adna de la Iglesia apost\u00f3lica. Deben ser unas mujeres amasadas de deseos salv\u00edficos, puesto que han nacido de un deseo de Dios. Dios quiere que todos los hombres se salven. Con este exclusivo prop\u00f3sito las lanz\u00f3 a la vor\u00e1gine de la existencia humana. Ha echado sobre sus hombros la pe\u00adsadumbre de la Redenci\u00f3n de Cristo y deben efectuarla hasta el \u00faltimo cap\u00edtulo de la historia universal. Me hubiera gustado ser misionera des\u00adde la Creaci\u00f3n hasta la consumaci\u00f3n de los siglos \u2014dec\u00eda Santa Teresa de Lisieux. De ah\u00ed que deben ser c\u00e1lices llenos hasta los bordes de la sangre de Cristo para que rebose y caiga sobre la humanidad. No digo su perfecci\u00f3n moral, pero su propia salvaci\u00f3n est\u00e1 vinculada a la salva\u00adci\u00f3n universal m\u00e1s estrechamente de lo que ellas se imaginan.<\/p>\n<p>Se ha dicho que el que no es ap\u00f3stol corre el peligro de ser ap\u00f3stata. Efectivamente ser\u00eda un mal s\u00edntoma que una mujer consagrada no sin\u00adtiera una emoci\u00f3n dolorosa ante un alma sin Dios; que pudiera conciliar el sue\u00f1o tranquilamente ante la angustiosa crisis de la propagaci\u00f3n de la f\u00e9 que hoy sangra como una gran herida; que se fije en cominer\u00edas mientras Cristo est\u00e1 siendo desplazado de la sociedad. Tiene que exco\u00adgitar medios para atajar el desastre. Da grima pensar en las comunidades que no han parado mientes en el radicalismo de las palabras evang\u00e9li\u00adcas. Cultivan tan s\u00f3lo un dilentantismo te\u00f3rico y sentimental de las misio\u00adnes. Las viven de una manera as\u00e9ptica, desde lejos, a resguardo del ham\u00adbre y de la sed, bien arropadas contra las inclemencias de la meteorolo\u00adg\u00eda, de la geograf\u00eda y de la&#8230; antropolog\u00eda. Simpatizan con las hero\u00ednas distantes, pero no sienten el menor impulso de abandonar sus lares para acompa\u00f1arlas. Una tierna y angelical oraci\u00f3n por ellas&#8230; y su con\u00adciencia navega dulcemente por las ondas del deber cumplido.<\/p>\n<p>Las religiosas son enfermeras que est\u00e1n a la cabecera de la cama de un mundo enfermo. Enfermo de cuerpo porque usa y abusa de anti\u00adbi\u00f3ticos, drogas y licores. Enfermo de esp\u00edritu porque ha decretado la muerte de Dios. Est\u00e1 enfermo de hambre y de hartura, de miseria y de abundancia, de falta de amor y de exceso de erotismo. Ante un enfer\u00admo as\u00ed la indiferencia es un crimen. Ellas, sin embargo, son mujeres sensibles, compasivas, delicadas. Pueden pulsar todos los resortes de su f\u00e9 y de su amor, todos los dispositivos de su feminidad para obtener su curaci\u00f3n; y ser\u00e1n, como Mar\u00eda, la salud de los enfermos, la salvaci\u00f3n de un mundo gravemente enfermo.<\/p>\n<p>Muchas veces les asaltar\u00e1 la tentaci\u00f3n de creer que est\u00e1n trabajando en vano, de que su apostolado es infecundo y sus esfuerzos in\u00fatiles, porque, despu\u00e9s de una siembra larga y dif\u00edcil, no cosecharon m\u00e1s que espinas y fracasos. Una tierra \u00e1rida y un sol inclemente tornaron, al pa\u00adrecer, ilusorio su trabajo; pero pueden estar seguras que, m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, en aquel campo o en otro distinto, se abrir\u00e1 la dura superficie y estallar\u00e1 el j\u00fabilo de las espigas doradas.<\/p>\n<p><em>Objeciones. 1.a Fuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n. <\/em>Ninguna reli\u00adgiosa ha de arrojar este viejo axioma al mont\u00f3n de las frases in\u00fatiles. A\u00fan hoy d\u00eda conserva su exigencia dram\u00e1tica, pero hay que enfocarlo con una luz nueva. Existen, sin duda, inmensas masas humanas que tienen, sin culpa suya, a la Iglesia fuera de su alcance. Si Dios quiere la salvaci\u00f3n de todos los hombres har\u00e1 brotar en los elegidos por El, y por procedimientos que El s\u00f3lo conoce, los actos de fe y de amor que son imprescindibles para su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, la Iglesia invisible sobrepasa los l\u00edmites de la Iglesia visible. Sus fronteras no son comunes. La historia de la salva\u00adci\u00f3n desborda a la historia de la Redenci\u00f3n. Nadie duda hoy que exis\u00adtan, fuera del marco externo de la Iglesia, copiosas gracias de luz y de verdad, de perd\u00f3n y de misericordia, de vida y de salvaci\u00f3n para los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las religiones no cristianas contienen valores humanos y religiosos muy excelentes. Ciertamente que no desempe\u00f1an ninguna misi\u00f3n salvadora ni mucho menos confieren la gracia de Cristo, pero El est\u00e1 presente de alg\u00fan modo entre esos millones de hombres que le desconocen. Su buena fe, su honradez natural, la fidelidad a las prescrip\u00adciones de su religi\u00f3n les preparan ciertamente los caminos para la fe y para la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos de concluir que la salvaci\u00f3n eterna de los hombres sigue siendo el motivo de la empresa misionera, pero no el \u00fanico, porque en realidad hay muchos que se salvan, a\u00fan ignorando a Cristo. La raz\u00f3n principal de la misi\u00f3n cristiana se encuentra en el clar\u00edsimo designio de Dios de salvar al hombre, no tanto individual como colectivamente; en el deseo divino de hacer de la humanidad un pueblo de Dios, un Reino suyo, un Cuerpo de Cristo, un Tempo del Esp\u00edritu Santo. Este es el plan manifiesto de Dios: reducir los hombres a la unidad, formar con ellos una gran familia, enlazarlos y fundirlos en una comuni\u00f3n fraterna y en el amor al mismo Padre. Y en realidad, por encima de sus diferen\u00adcias, \u00e9sta es tambi\u00e9n la aspiraci\u00f3n secreta, el anhelo profundo de toda la humanidad. El prop\u00f3sito de Dios y el instinto m\u00e1s noble del g\u00e9nero humano coinciden en este punto.<\/p>\n<p>Hasta hoy los hombres no lo han conseguido ni lo conseguir\u00e1n por los medios naturales de que disponen. Por ello Dios ha hecho a la Igle\u00adsia su \u00fanica mandataria para el logro de estos fines. La ha puesto como signo, instrumento, y sacramento de unidad, norma y camino de salva\u00adci\u00f3n universal, centro de atracci\u00f3n para todo el mundo hasta el fin de los siglos. Por tanto, aunque hay salvaci\u00f3n individual fuera de la Igle\u00adsia, subsiste la obligaci\u00f3n irrenunciable y perentoria de predicar el Evan\u00adgelio a toda criatura.<\/p>\n<p><em>2.a \u00bfPara qu\u00e9 ir a otra parte? \u00a1Hay tanto que hacer aqu\u00ed donde es\u00adtamos! <\/em>arguyen algunas religiosas en tono melodram\u00e1tico. Es una queja fr\u00edvola e inconsistente. Sobre el nudo de esta dificultad caen, como espa\u00addas, las palabras aceradas y cortantes de Evangelio: Id por todo el mun\u00addo&#8230; predicad a toda criatura&#8230; ense\u00f1ad a todas las gentes&#8230; Es una or\u00adden de Jes\u00fas seca y apremiante, sin atenuantes ni eufemismos. No hay ning\u00fan argumento b\u00edblico ni teol\u00f3gico para excluir un s\u00f3lo punto de la tierra de la presencia de la Iglesia. Cristo es la luz que vino a ilumi\u00adnar a todo el mundo. Ahora bien, esa luz, para que pueda ser percepti\u00adble, tiene que estar colocada cerca de cada uno. El mismo derecho a la verdad tienen los que viven al norte o al sur de cualquier paralelo, como los que viven al este o al oeste de cualquier meridiano. Y si me apuran, m\u00e1s derecho tienen los que escasean de medios de salvaci\u00f3n que los que nadan casi en la abundancia. En este sentido las palabras de San Pablo son definitivas y zanjan la cuesti\u00f3n de una vez para siempre: \u00abQuien invoque el nombre del Se\u00f1or ser\u00e1 salvo.\u00bb \u00ab\u00bfPero c\u00f3mo invocarlo sin creer en El? \u00bfY c\u00f3mo creer sin haber o\u00eddo? \u00bfY c\u00f3mo o\u00edr si no hay quien predique? \u00bfY c\u00f3mo predicar sin ser enviado&#8230;?\u00bb<\/p>\n<p><em>3.a \u00bfPara qu\u00e9 inquietar la conciencia de los que est\u00e1n de buena fe? <\/em>Ellos creen, como nosotros, que est\u00e1n en la verdad&#8230; No tiene objeto llenarlos de dudas&#8230; Pueden salvarse perfectamente si cumplen la ley natural&#8230; La misma reflexi\u00f3n pod\u00eda haberse hecho Jesucristo, los ap\u00f3stoles y los misioneros de todas las centurias. Para los que as\u00ed pien\u00adsan, la muerte de Jes\u00fas es completamente in\u00fatil y, por lo mismo, ab\u00adsurda e inhumana. \u00bfPor qu\u00e9 turb\u00f3 la conciencia de la humanidad con un final tan sangriento? \u00bfA qu\u00e9 fin morir por los hombres si \u00e9stos pod\u00edan sal\u00advarse con la honradez natural? Para los que as\u00ed argumentan el equivo\u00adcado es Dios que orden\u00f3 la salvaci\u00f3n eterna del hombre por unos cami\u00adnos tan duros, tan violentos, tan cruentos, pudiendo haber empleado otras f\u00f3rmulas m\u00e1s sencillas, otros m\u00e9todos m\u00e1s suaves&#8230; Y m\u00e1s c\u00f3mo\u00addos, claro est\u00e1, para estos ap\u00f3stoles del siglo XX tan agobiados de tra\u00adbajo. Fue una verdadera pena que no les consultara a ellos para confec\u00adcionar el programa de la Redenci\u00f3n, de la Iglesia y de la evangeliza\u00adci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>De entre los pros\u00e9litos que se sumaron a los ap\u00f3stoles para formar la iglesia de la primera hora, algunos no eran antes ni grandes ni peque\u00ad\u00f1os pecadores sino, por el contrario, hombres honrados, altruistas, reli\u00adgiosos. Los disc\u00edpulos de Jes\u00fas pod\u00edan haberse percatado del peligro que entra\u00f1aba para estos esp\u00edritus sinceros abandonar sus ideas y sus costumbres para abrazar una religi\u00f3n nueva, llena de duras exigencias. Pod\u00edan haberlos dejado en su buena fe sin peligro de que se vieran exclui\u00addos de la salvaci\u00f3n. Y, sin embargo, les dirigen estas pasmosas palabras que los llenan de inquietud y estupefacci\u00f3n: \u00abLos d\u00edas se han cumplido ya&#8230; El Reino de Dios est\u00e1 en medio de vosotros&#8230; Convert\u00edos y creed en el Evangelio&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>4.a El hombre goza de libertad religiosa&#8230; <\/em>No se le puede forzar por ning\u00fan sistema a abrazar ideas y costumbres que no desea&#8230; La evangelizaci\u00f3n es una coacci\u00f3n moral&#8230; Como se ve, la objeci\u00f3n es muy propia de nuestro siglo y de nuestra sociedad actual, defensora a ultran\u00adza de la libertad humana como de un bien individual supremo e inalie\u00adnable. Pero parte de un falso concepto de la libertad humana. Es preciso declarar, sin embargo, que el hombre no es libre de cara a la verdad. La verdad, sea del tipo que sea, una vez descubierta, le exige un asenti\u00admiento total. La raz\u00f3n es que est\u00e1 hecho para vivir en la verdad. El error que nace de la debilidad de su voluntad y de la limitaci\u00f3n de sus facultades es enteramente contrario a su naturaleza. Toda la vida hu\u00admana es un rastreo, un interrogante, una eterna b\u00fasqueda de la verdad. Unas veces equivoca el camino que a ella conduce. Otras, acalla su conciencia e interpone una cortina de humo para no verla porque la adivina molesta e inc\u00f3moda. Otras, en fin, abre sus puertas al error confundi\u00e9ndole lealmente con la verdad. En todo caso es un deber de humanidad hacer salir del error a nuestros semejantes. Ser\u00eda un crimen silenciar una verdad necesaria. La tolerancia en el error ajeno s\u00f3lo es permisible cuando es de poca monta y el perjuicio que puede acarrear es de menor cuant\u00eda que el que causar\u00eda la s\u00fabita revelaci\u00f3n de la ver\u00addad. Quede, pues, bien establecido que nadie es libre en absoluto en re\u00adlaci\u00f3n con la exploraci\u00f3n, el descubrimiento y la aceptaci\u00f3n de la verdad.<\/p>\n<p>La libertad no se menoscaba con la predicaci\u00f3n de la verdad cris\u00adtiana. El que ha creado la primera ha urgido la segunda. Rechazamos por principio toda especie de contradicci\u00f3n en Cristo. Y le llamar\u00edamos inconsecuente y contradictorio consigo mismo si dij\u00e9ramos que atropell\u00f3 con sus discursos la libertad de sus contempor\u00e1neos porque afirmar\u00edamos que lo que hab\u00eda hecho como Dios lo deshizo como Hombre. Ahora, como entonces, la exposici\u00f3n sencilla de sus ense\u00f1anzas no implica un atentado contra la libertad humana, aunque el modo de exponerlas s\u00ed puede constituir una violencia moral. El tono agresivo, la forma impru\u00addente, la adulaci\u00f3n untuosa, la insistencia molesta; la falta de oportuni\u00addad en el tiempo y el lugar son modos rechazables de predicar el Evan\u00adgelio. Lo cual quiere decir que el ap\u00f3stol ha de ser valiente en el preg\u00f3n y delicado en la expresi\u00f3n, insobornable en la proclamaci\u00f3n de la doc\u00adtrina y amable en el lenguaje y en las maneras de presentarla.<\/p>\n<p><em>5.a Pero es que antes hay cosas m\u00e1s urgentes que hacer&#8230; <\/em>Est\u00e1n los pa\u00edses subdesarrollados que no pueden esperar m\u00e1s&#8230; Est\u00e1n los pobres, los abandonados, los explotados&#8230; Son necesidades que no admiten demora&#8230; No vamos a predicar el Evangelio a est\u00f3magos vac\u00edos&#8230;<\/p>\n<p>La preevangelizaci\u00f3n es una palabra que se ha sacado de la manga una cierta y pretenciosa pastoral de nuestros d\u00edas para, sin pretenderlo, dar carpetazo a la vieja sabidur\u00eda del Evangelio. La \u00e9poca en que a Cristo le toc\u00f3 vivir, todos los problemas sociales estaban en carne viva. La miseria ense\u00f1aba sus lacras con m\u00e1s descaro y ostentaci\u00f3n que en la actualidad. El, sin embargo, atend\u00eda simult\u00e1neamente al cuidado corpo\u00adral de los pobres y a su evangelizaci\u00f3n. Para ser m\u00e1s exactos, primero ense\u00f1aba y despu\u00e9s curaba a los enfermos, multiplicaba el pan y resol\u00adv\u00eda los problemas personales de sus oyentes. Los disc\u00edpulos adoptaron id\u00e9ntico sistema, como consta en los Hechos de los Ap\u00f3stoles. La Igle\u00adsia, hablando en t\u00e9rminos generales, llev\u00f3 a cabo sus colosales empresas misioneras simultaneando la evangelizaci\u00f3n y el bienestar social de los pueblos.<\/p>\n<p>Esto es precisamente lo que piden de consuno el amor y la equi\u00addad. El t\u00e9rmino de la labor apost\u00f3lica es la persona humana tomada en su integridad. Nadie pone en duda la superioridad del factor espiritual del hombre, sobre su componente corporal. Pero a\u00fan prescindiendo de este principio evidente y partiendo del supuesto de que tanto monta el alma como el c\u00faerpo, la misma importancia tienen las exigencias de un elemento como las del otro. Por lo tanto toda pastoral que, a la hora de remediarlas, soslaye o posponga las necesidades de uno de los dos, es parcial, discriminatoria e injusta. Si gozan de igual categor\u00eda, merecen las mismas atenciones. A igualdad de derechos, paridad de obligaciones. A una llamada com\u00fan, una respuesta com\u00fan. Si es condenable un aposto\u00adlado puramente espiritualista en el que lo corporal queda marginado, silenciado u olvidado como si no existiera, por la misma raz\u00f3n y con mayor motivo ciertamente repugna el apostolado netamente temporalis-ta que orilla por sistema el cultivo del esp\u00edritu o lo relega a un segundo plano.<\/p>\n<p align=\"center\">II<\/p>\n<p><em>El apostolado. <\/em>Vamos a hacer la disecci\u00f3n de esta palabra. Saber lo que entra\u00f1a es parte para que se realice como es debido. Enunciaremos su contenido teol\u00f3gico y seguidamente lo explicaremos palabra por palabra.<\/p>\n<p>Todo apostolado produce su efecto propio infaliblemente con tal que se haga seg\u00fan el sentido de la Iglesia; pero el efecto producido es independiente de la persona del ap\u00f3stol, del lugar y del tiempo en que se realiza.<\/p>\n<p><em>Todo apostolado. <\/em>Con estas dos palabras queremos abarcar toda la infinita gama de actividades, formas y actitudes espec\u00edficamente apos\u00adt\u00f3licas. Queremos designar el apostolado eventual de la persona no pro\u00adfesional y el apostolado habitual de la persona consagrada a \u00e9l. El apos\u00adtolado inmanente y esencial que dimana de la misma consagraci\u00f3n, y el actualizado que es el anterior aflorando por medio de cualquier ejer\u00adcicio activo. El apostolado interno que se verifica dentro de los l\u00edmites de las facultades internas, como la oraci\u00f3n mental, y el externo que lle\u00advan a cabo los sentidos externos y los \u00f3rganos corporales. El est\u00e1tico que se traduce por el cultivo de las virtudes mal llamadas pasivas, como el dolor, la renuncia y el sacrificio; y el din\u00e1mico que es el propio de las virtudes activas. El apostolado de la palabra y el apostolado del testimo\u00adnio de vida. El directo que se aplica y recae inmediatamente sobre las personas, y el indirecto que las beneficia de un modo distante, lejano y mediato. El apostolado t\u00edpicamente evang\u00e9lico o. espiritual y el aposto\u00adlado que reviste diversas formas temporales o sociales, como son las ac\u00adtividades culturales, cient\u00edficas, art\u00edsticas, recreativas, deportivas, la\u00adborales y profesionales. El apostolado es de suyo variado y multiforme, como los gustos, las inclinaciones y las vocaciones particulares de los hombres; apunta en todas las direcciones del quehacer humano, como la rosa de los vientos.<\/p>\n<p><em>Produce su efecto. <\/em>El apostolado sigue primeramente una l\u00ednea vertical, ascendente en cuyo extremo est\u00e1 Dios. El ap\u00f3stol, ante todo, entra en los planes de Dios, secunda sus designios y busca su gloria. Este es su fruto primordial, supremo y a veces \u00fanico. Si este fin no ha sido al\u00adcanzado ning\u00fan otro objetivo se ha logrado. La gloria de Dios es la \u00fanica raz\u00f3n de ser del apostolado cristiano.<\/p>\n<p>En el plano horizontal su influencia se propaga como las ondas de la luz y del sonido, en un sentido centr\u00edfugo y radial sin otros l\u00edmites que los de la Creaci\u00f3n. Empieza por beneficiar a la persona del ap\u00f3stol; se proyecta sobre el mundo del esp\u00edritu y de la materia; se abre camino por el \u00e1mbito de la Iglesia visible; llega a los confines de la Iglesia invi\u00adsible. Penetra en el misterio del pecado y de la gracia; asalta o derriba los muros de la libertad humana; ataja el desequilibrio del orden social; tiene resonancias \u00fatiles en el campo de las realidades terrenas.<\/p>\n<p>Pero hay que dejar bien claro que los resultados del apostolado no coinciden siempre necesariamente con los deseos y las intenciones del ap\u00f3stol. El es un instrumento, todo lo libre que se quiera, pero un ins\u00adtrumento de trabajo en las manos de quien le ha enviado. A lo m\u00e1s, una condici\u00f3n sin la cual la salvaci\u00f3n del hombre ser\u00eda un puro sue\u00f1o. El due\u00f1o de la gracia es Dios y El la distribuye a quien quiere, cuando quiere y como quiere. El ap\u00f3stol siembra y riega, pero Dios fecunda la semilla, la multiplica, la recoge y abastece con ella sus graneros.<\/p>\n<p><em>Infaliblemente. <\/em>El \u00e9xito del apostolado no falla jam\u00e1s. Tiene una garant\u00eda divina. Aunque no se perciba, a la hora de la siega, la consecha es segura, cierta, indefectible. Aplicando un vocablo t\u00e9cnico a una reali\u00addad espiritual, yo dir\u00eda que el efecto del apostolado es autom\u00e1tico. El ap\u00f3stol es un luchador que siempre gana, un jugador que nunca pierde, un empresario que nunca quiebra.<\/p>\n<p>Porque es un enviado de Dios. Habla en su nombre. Comunica su mensaje. Participa de sus poderes. Dios le precede, le acompa\u00f1a y le sigue. En \u00faltimo t\u00e9rmino su fracaso ser\u00eda el fracaso de Dios. Pero Dios es sencillamente irresistible. Allana todos los obst\u00e1culos, abate todas las defensas y alcanza infaliblemente sus objetivos. La debilidad y la ineptitud de sus instrumentos hace resaltar m\u00e1s la magnitud de sus logros.<\/p>\n<p>Porque es el mismo Cristo que contin\u00faa en la historia la misi\u00f3n que recibi\u00f3 del Padre. \u00abC\u00f3mo mi Padre me envi\u00f3, as\u00ed os env\u00edo yo a voso\u00adtros\u00bb, \u00abel que a vosotros oye, a m\u00ed me oye\u00bb. \u00abHar\u00e9is mayores obras que yo&#8230;\u00bb El ap\u00f3stol es un amplificador de la palabra de Cristo, solamente eso. Cristo no puede fracasar. Su palabra ha dejado en el mundo un re\u00adguero de derrotas aparentes y de victorias verdaderas.<\/p>\n<p>Porque est\u00e1 respaldado por la Iglesia orante. La llave de la oraci\u00f3n eclesial abre incuestionablemente las puertas de la gracia, porque la Iglesia es, como Mar\u00eda y<sup>.<\/sup> con Mar\u00eda, la omnipotencia suplicante. Por otra parte, la obra salv\u00edfica entra en la contextura divina de la Iglesia. La Iglesia que es esencialmente apost\u00f3lica est\u00e1, como tal, en todos y en cada uno de sus miembros, pero de una manera eminente en el ap\u00f3stol. En \u00e9ste est\u00e1 la Iglesia; en la Iglesia est\u00e1 Cristo; y en Cristo est\u00e1 Dios.<\/p>\n<p>Porque el apostolado es un misterio sacramental. Es bien sabido \u2014y tiene un marchamo dogm\u00e1tico\u2014 el principio de que un sacramento se verifica v\u00e1lida e infaliblemente si intervienen estas tres condiciones: la recta intenci\u00f3n del ministro, la materia adecuada y la forma prescrita. En nuestro caso, el ministro del sacramento apost\u00f3lico es la misma per\u00adsona del ap\u00f3stol actuando en nombre de la Iglesia; la materia sobre la que act\u00faa es la totalidad del mundo que Cristo ha redimido y quiere salvar; y la forma sacramental es el testimonio de su palabra o de su vida entregada, comprometida e identificada con Cristo. De \u2022 la conjunci\u00f3n de estos tres elementos salta la chispa de la gracia inevitablemente, surte con fuerza incontenible, como de un pozo artesiano, el agua lustral de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Con tal que se haga seg\u00fan el sentido de la Iglesia. <\/em>El efecto del apostolado est\u00e1 condicionado. Lo acabamos de insinuar. No hay que extra\u00f1arse. Se trata de una obra divina realizada por seres humanos. Para coronar con \u00e9xito una empresa humana basta tener en cuenta las aporta\u00adciones de la ciencia y de la experiencia; pero un prop\u00f3sito sobrenatural, corno es este de que hablamos, precisa adem\u00e1s y principalmente los re\u00adcursos arbitrados por la fe. No se excluyen las diligencias humanas, pero se subordinan a los imperativos del Evangelio. Estos imperativos inter\u00adpretados oficialmente y exigidos incondicionalmente por la Iglesia son \u00e9stos cuatro, a saber:<\/p>\n<p><em>1.\u00b0 Seg\u00fan el sentido de la gloria de Dios. <\/em>En toda pastoral aut\u00e9ntica las motivaciones religiosas o de fe deben ocupar el primer plano sin ex\u00adcepci\u00f3n. alguna. Los m\u00f3viles de orden temporal, si son inmorales o desmesurados, son totalmente rechazables. Si son naturales y moderados pueden tener cabida en las intenciones del ap\u00f3stol, pero han de pasar a segundo t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>Tal sucede, por ejemplo, con la cuesti\u00f3n cremat\u00edstica. El dinero es un tema que no se puede escamotear de las preocupaciones del hom\u00adbre porque es imprescindible para subvenir a sus necesidades elementa\u00adles, pero si se le da prioridad en la intenci\u00f3n del enviado de Dios, pone en entredicho la fecundidad de toda su obra apost\u00f3lica y se llevar\u00e1 el viento sus palabras y testimonios.<\/p>\n<p>El deseo de estimaci\u00f3n, de quedar bien, de tener aceptaci\u00f3n y aco\u00adgida, de suscitar simpat\u00eda y amistad es natural y leg\u00edtimo, si se reduce a sus justos l\u00edmites, pero si es un af\u00e1n desmedido de fama y de aplauso, entonces deja el trasfondo donde deb\u00eda permanecer para ocupar el proscenio de las razones estimulantes, desplaza el motivo de la gloria de Dios por el de la propia, bloquea enteramente la acci\u00f3n de la gracia, hace del preg\u00f3n evang\u00e9lico un cartel publicitario y convierte todo el aparato pastoral en una fiesta barroca y profana.<\/p>\n<p>La emulaci\u00f3n es innata y buena cuando es hija de pensamientos nobles, blasonados, pero la pasi\u00f3n desbordada puede degradarla, y en\u00adtonces se llama antagonismo, competencia y rivalidad. La envidia llega por caminos muy sutiles, obceca a los m\u00e1s l\u00facidos y los trueca en obsti\u00adnados contrincantes, en contendientes faltos de escr\u00fapulos. Todo les parece bueno para eclipsar al adversario. Su apostolado degenera en una puja larvada o descarada por superar a los dem\u00e1s. Se atrincheran en su ministerio para el ataque o la defensa. Contra los disentidores, so\u00adbre todo, utilizan las p\u00e1ginas de las revistas. El aire eclesial restalla con las descargas. La pol\u00e9mica violenta se generaliza y obtiene un balance sangriento. Dios ha quedado all\u00e1 lejos, desplazado de su lugar y reempla\u00adzado por el hombre. Ya no es el cuidado de las almas, sino el manejo de las armas lo que preocupa a los que en un principio se lanzaron al campo del apostolado con las mejores intenciones.<\/p>\n<p><em>2.\u00b0 Seg\u00fan el sentido de la santidad. <\/em>Es una condici\u00f3n primaria, b\u00e1\u00adsica, que la Iglesia no perdona jam\u00e1s a sus ap\u00f3stoles. A ninguno exime de ser un profesional de la santidad, de aspirar seriamente a ella. Los hombres de Dios han de reproducir la Encarnaci\u00f3n dentro de sus l\u00edmites personales de modo que Cristo se transparente a trav\u00e9s de su cristal humano. Han de ser unos hombres perfectamente humanos y maravillo\u00adsamente divinos. Para ellos tener fe es algo incompleto. No la podr\u00edan comunicar si no la viven al m\u00e1ximum. No introducir\u00e1n a nadie en el Rei\u00adno si no se mueven dentro de \u00e9l como en su propia casa. Tiene mucho m\u00e1s importancia lo que son que lo ense\u00f1an. No resolver\u00e1n a Dios ni a la Iglesia ning\u00fan problema sin un grado poco com\u00fan de santidad. Si se contentan con palabras tendr\u00e1n que contentarse con decepciones, pero si no se satisfacen m\u00e1s que con Dios, Dios ir\u00e1 quedando por donde quiera que ellos pasen. Es imposible concebir lo que el Se\u00f1or ser\u00eda capaz de hacer por su medio, si ellos le dejasen obrar, si no se conformaran con ser un punto de la circunferencia apost\u00f3lica solamente y se determinaran a ser su centro irradiante; si tuvieran la ilusi\u00f3n de iluminar m\u00e1s que de brillar; si fueran de tal modo que, en lugar de correr detr\u00e1s de las almas, sean \u00e9stas las que corran detr\u00e1s de ellos; si se convencieran de una vez para siempre de que un oc\u00e9ano de talento, de genio, de simpat\u00eda y de actividad pastoral valen infinitamente menos que una sola gota de san\u00adtidad.<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles santos son los verdaderos amigos de Dios. Y como ellos no le niegan nada a El, El tampoco les niega nada a ellos. La tierra florece a su paso porque los acompa\u00f1a la inagotable fecundidad del Evangelio. Pero los hay excesivamente humanos. Son los que todo lo f\u00edan a la t\u00e9cnica, al ingenio, a la habilidad, a los valores humanos. Los que, despu\u00e9s de estar discutiendo durante horas y horas sobre los distin\u00adtos problemas pastorales, no han dejado caer una sola vez el nombre de Cristo de sus labios. Los que s\u00f3lo tienen en cuenta las experiencias personales, el don de gentes, la capacidad de amistad. Los que tienen una resistencia f\u00edsica inalterable para la acci\u00f3n, pero no son capaces de pasar una hora en oraci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Los que est\u00e1n atacados de un activismo galopante y de un huma\u00adnismo exagerado no solamente son est\u00e9riles, sino que suministran a los adversarios, a los que pretenden combatir, las armas que necesitan para avanzar contra la Iglesia en todos los frentes. La negligencia en aspirar a la santidad de un modo positivo es, m\u00e1s que in\u00fatil e infructuosa, ne\u00adfasta y devastadora. El ap\u00f3stol al que la actividad desbordante ha robado el h\u00e1bito de la oraci\u00f3n nada bueno puede presagiar. Empieza por quedar vac\u00edo, desfondado, y termina por ser un traidor inconsciente a la causa sagrada que un d\u00eda defendi\u00f3. Es insuficiente a todas luces presentar el dorado barniz de una honradez social. Esta f\u00f3rmula para \u00e9l es inadecua\u00adda. O es santo o no es ni siquiera un hombre honrado. Se es o no se es. Lo dem\u00e1s son palabras que disfrazan la crisis de una incertidumbre per\u00adsonal que le urge resolver definitivamente.<\/p>\n<p><em>3.\u00b0 En el sentido de la jerarqu\u00eda. <\/em>El ap\u00f3stol es por ra\u00edz sem\u00e1ntica y por su origen divino un enviado. Es, pues, inesquivable haber reci\u00adbido un mandato, una delegaci\u00f3n, una misi\u00f3n. Aparece como ne\u00adcesaria la intervenci\u00f3n de un superior, de una autoridad que intime el mensaje, designe el mensajero y se\u00f1ale las personas o los lugares a donde lo ha de llevar. Y no se diga que el Esp\u00edritu Santo no necesita recabar la ayuda de nadie para distribuir sus carismas y conceder el car\u00e1cter prof\u00e9tico a quien quiera. Porque si es verdad que El es el alma de la Iglesia y otorga sus dones directamente a los miembros de la misma, tambi\u00e9n es verdad que no prescinde de los pastores que El ha puesto para gobernarla cuando se trata de ejercer esos dones de un modo p\u00fabli\u00adco y oficial.<\/p>\n<p>La Iglesia es una sociedad tan divina como humana. Como socie\u00addad humana necesita organizar sus elementos, coordinar sus esfuerzos, someter sus trabajos a un plan coherente. Sus ap\u00f3stoles han menester al menos de la aprobaci\u00f3n, la ratificaci\u00f3n y el visto bueno de sus jefes visibles respecto de las actividades que emprenden. La jerarqu\u00eda traza las directrices, esboza las l\u00edneas generales, prepara el esquema pastoral, advierte los peligros, se\u00f1ala la doctrina segura&#8230; Pero deja a los criterios de cada cual y a las iniciativas personales la ejecuci\u00f3n detallada de la acci\u00f3n apost\u00f3lica. La obediencia a la jerarqu\u00eda es el catalizador del ver\u00addadero profetismo. La insumisi\u00f3n da carta blanca a la guerrilla, a la arbitrariedad, a la excentricidad, a los extremismos siniestros, a las ma\u00adnifestaciones estridentes. La contestaci\u00f3n es una finta del diablo. En el di\u00e1logo cordial o acre con la autoridad estriba el todo o la nada del apostolado.<\/p>\n<p><em>4.\u00b0 Seg\u00fan el sentido de la prudencia. <\/em>La prudencia cristiana no dice relaci\u00f3n al fin, sino a los medios m\u00e1s adecuados para llegar a \u00e9l. Los medios guardan armon\u00eda y proporci\u00f3n con el fin que se desea conseguir. Si el fin es de orden temporal, los medios que a \u00e9l conducen caminan en la misma l\u00ednea. Si es meramente espiritual, la forma de alcanzarle tras\u00adciende todos los procedimientos terrenos. Si la finalidad es mixta, como es la del apostolado cristiano, hay que seleccionar, mezclar y dosi\u00adficar discretamente los dos tipos de f\u00f3rmulas.<\/p>\n<p>Los medios no solamente est\u00e1n condicionados por el fin, sino tam\u00adbi\u00e9n por la calidad de las gentes a qui\u00e9nes se aplican. El Evangelio es uno, id\u00e9ntico, inmutable, pero su presentaci\u00f3n reviste tantas formas como son las circunstancias de las personas a quienes se dirige.<sup>,<\/sup> La edad, el sexo, la profesi\u00f3n, el car\u00e1cter de los individuos; la religi\u00f3n, la ideolog\u00eda, la historia y hasta la geograf\u00eda de los pueblos; las tradiciones, las costumbres y la cultura de las naciones&#8230; La variedad cambiante de los hombres, las familias, las tribus y las razas reclama el empleo de t\u00e1cticas, m\u00e9todos y estilos diferentes en la transmisi\u00f3n de las ense\u00f1an\u00adzas de Jes\u00fas. Hay que hablar en un lenguaje qu\u00e9 todos entiendan. Los modos de entenderse cambian como las modas de vestir. El sistema que fue v\u00e1lido ayer no lo es en la actualidad. La expresi\u00f3n que es inteligible para unos es un galimat\u00edas para otros. La forma de actuar que hoy pare\u00adce oportuna ma\u00f1ana se considera improcedente. La sicolog\u00eda, la pedago\u00adg\u00eda y, sobre todo, el sentido com\u00fan juegan aqu\u00ed un papel decisivo. El ap\u00f3stol ha de ser un ser equilibrado, sensato, con madurez de juicio y de una cordura excepcional que capta, contabiliza, sopesa los menores detalles en orden a dar a los problemas que le salen al paso una soluci\u00f3n inmediata. Un desajuste emocional le har\u00e1 incurrir en ligerezas, intem\u00adperancias y desaciertos que derriban en una hora la obra que se tard\u00f3 un a\u00f1o en levantar.<\/p>\n<p>Los avances de la t\u00e9cnica moderna ponen en nuestras manos unos medios poderosos de apostolado que desconocieron los antiguos misio\u00adneros. Pero entra\u00f1an un gran peligro. Podemos llegar a magnificarlos con excesivo optimismo, emplearlos con profusi\u00f3n y desplegarlos de forma espectacular. Y es entonces cuando pierden su car\u00e1cter de sig\u00adno. Y en lugar de servir al mensaje, se sirven de \u00e9l para ser un fin en s\u00ed mismos. Los ojos ofuscados de las gentes no captan la idea que encie\u00adrran porque queda sofocada bajo la frondosidad teatral y exhibicionista que la envuelve. El veh\u00edculo de la palabra debe ser m\u00e1s bien pobre, modesto, limpio de adornos in\u00fatiles para que todo el mundo pueda ver con claridad el programa de salvaci\u00f3n que en \u00e9l avanza.<\/p>\n<p>Sin embargo, quien ha escogido una profesi\u00f3n temporal como medio de apostolado debe alcanzar las m\u00e1s altas cotas de aptitud y de competen\u00adcia, estar al tanto de la t\u00e9cnica m\u00e1s avanzada y disponer siempre de una brillante hoja de servicios porque el trabajo que se hace por Dios tiene que ser por fuerza de mayor calidad que el que se hace por un sueldo y porque su desidia profesional ser\u00eda un antitestimonio flagrante y ver\u00adgonzoso.<\/p>\n<p><em>Independiente de la persona del ap\u00f3stol. <\/em>Se dan casos muy extra\u00ad\u00f1os y al mismo tiempo muy frecuentes en el apostolado. Existen misione\u00adros desprovistos de este cu\u00e1druple sentido eclesial que obtienen, sin embargo, con ocasi\u00f3n de sus trabajos, \u00e9xitos incre\u00edbles. Est\u00e1 claro que no pueden arrogarse tal clase de triunfos. Cometer\u00edan una estupidez y una injusticia. La famosa asna b\u00edblica habl\u00f3 a su jinete, es cierto, pero de ah\u00ed a adjudicarse la conversi\u00f3n del profeta hay un abismo insalvable. Si Bala\u00e1n desisti\u00f3 de proferir sus maldiciones, no fue por las palabras de su cabalgadura, sino por la gracia de Aquel que puede encomendar su mensaje a una bestia.<\/p>\n<p>No es raro que haya ap\u00f3stoles carentes de toda motivaci\u00f3n sobrena\u00adtural. Son campanas que suenan, pero no convocan. Son estrellas que no tienen luz propia, sino reflejada. No son ellos los que triunfan, sino Dios con ocasi\u00f3n de su actividad meramente externa. Triunfa la Iglesia en oraci\u00f3n golpeando sin cesar a las puertas del Padre. Triunfan sus miem\u00adbros perseguidos, sufridos, pacientes, sacrificados. Triunfa el dolor de los enfermos, el gemido de los pobres, las l\u00e1grimas de las mujeres aban\u00addonadas, la castidad fecunda y penitente de las v\u00edrgenes, la pena resig\u00adnada de otros evangelizadores honrados que obtienen fracasos notorios para que ellos alcancen victorias clamorosas. Son la mano izquierda de Dios. Dios sabe escribir rectamente con estas l\u00edneas torcidas. Son sega\u00addores asalariados que siegan para el Due\u00f1o de la mies lo que ellos no sembraron y ni siquiera amaron. Los otros, los verdaderos misioneros atraviesan el mundo como unos estandartes vivos y llameantes. Estos, los que s\u00f3lo conservan el disfraz, son banderas mustias y arriadas. Y una bandera arrugada y metida en el bolsillo deja de ser bandera y se con\u00advierte en un pa\u00f1uelo para limpiar la nariz.<\/p>\n<p><em>Independiente del lugar. <\/em>La semilla evang\u00e9lica tiene la virtud de germinar all\u00ed donde sensiblemente no ha sido arrojada. La voz del testimonio encuentra resonancia en aquellos hombres cuyos o\u00eddos no la pudieron percibir. No hay una sola parcela de la tierra que no pueda ser fecundada por un misionero desde su puesto de trabajo. Las flores del apostolado son capaces de efectuar una polinizaci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol genuino no se dobla a la desesperanza por el desgaste aparentemente in\u00fatil de sus energ\u00edas. La fe le certifica que, a pesar de su fracaso local, ha ganado una batalla en alg\u00fan otro sector de la Iglesia. El no podr\u00e1, mientras viva, concretar el punto geogr\u00e1fico donde ha sali\u00addo vencedor, pero sabe que ha vencido all\u00ed donde a Dios le hac\u00eda m\u00e1s falta. Sabe que las ganancias obtenidas por \u00ablos trabajos y los d\u00edas\u00bb de su vida en ebullici\u00f3n misionera van a engrosar las arcas del erario p\u00fablico del que todo el mundo se puede lucrar. Dios es un magn\u00edfico administra\u00addor y reparte los beneficios, no seg\u00fan el juicio alicorto de sus accionistas, sino conforme a la urgencia de las necesidades. Sabe, en fin, que cual\u00adquier actividad suya, aunque sea improductiva superficialmente, es fe\u00adraz y ub\u00e9rrima en profundidad y que est\u00e1 haciendo con el rico capital de su vida apost\u00f3lica la mejor inversi\u00f3n que pudiera so\u00f1ar.<\/p>\n<p><em>Independiente del tiempo: <\/em>El efecto del apostolado no es de todos modos autom\u00e1tico en el sentido t\u00e9cnico y exacto de la palabra. La ver\u00addad es que puede producirse inmediatamente o en un plazo m\u00e1s o menos dilatado. Siempre ser\u00e1 un secreto divino d\u00f3nde, cu\u00e1ndo y en qui\u00e9nes recaen los m\u00e9ritos de nuestros esfuerzos apost\u00f3licos. Lo que pasa es que queremos presenciar, palpar, saborear la miel de nuestros \u00e9xitos, aumen\u00adtar nuestra colecci\u00f3n de laureles, regodeamos con los aplausos y las felicitaciones. Y si as\u00ed no ocurre, nos decepcionamos; se nos cuela el desaliento por las puertas adentro y las ca\u00f1as se tornan lanzas. La de\u00adpresi\u00f3n, la desgana, el temor de estar trabajando in\u00fatilmente se cue\u00adcen demasiado pronto en la olla de barro de nuestro complejo humano. El caso es que, si la fe no interviene, nada ni nadie podr\u00e1 evitar nuestro total desmoronamiento.<\/p>\n<p>Paciencia, confianza y optimismo. La paciencia es la negativa a capitular. La confianza es el aceite de la l\u00e1mpara, el combustible para que el motor siga funcionando. Y de los optimistas es el reino de los cie\u00adlos. Es rid\u00edculo plantar una encina y querer cobijarse inmediatamente bajo su sombra. Es absurdo sembrar y recoger sin soluci\u00f3n de continui\u00addad. No, la siembra y la siega requieren estaciones diferentes y a veces operarios distintos. El tiempo es oro, dicen. Pero en nuestro caso este refr\u00e1n no cuenta. La solidez y la seguridad de nuestra obra apost\u00f3lica est\u00e1 en raz\u00f3n directa de la lentitud y en raz\u00f3n inversa de la rapidez. Las flores artificiales se hacen en un s\u00f3lo d\u00eda, pero son est\u00e9riles. Las na\u00adturales tardan meses y meses en adquirir fecundidad. Por todo esto, el ap\u00f3stol cuando trabaja debe tener la cabeza en el coraz\u00f3n, pero cuando fracasa debe asentar el coraz\u00f3n en la cabeza. El desaliento, en todo caso, es una cabeza de puente que establece el enemigo en su territorio. Una vez que ha puesto el pie en su terreno, la invasi\u00f3n es f\u00e1cil y la conquista segura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD APOST\u00d3LICA La Iglesia es un barco colosal cuya quilla parte la espesa costra del mundo, como la punta del diamante rasga la superficie del vidrio. 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