{"id":49609,"date":"2015-05-22T04:38:46","date_gmt":"2015-05-22T02:38:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49609"},"modified":"2015-05-22T04:38:46","modified_gmt":"2015-05-22T02:38:46","slug":"san-vicente-de-paul-el-realismo-de-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-el-realismo-de-la-esperanza\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal: el realismo de la Esperanza"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/untitled.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-49610\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/untitled-300x211.jpg?resize=261%2C183\" alt=\"\" width=\"261\" height=\"183\" \/><\/a>\u00ab\u00a1Oh Salvador!&#8230; \u00a1Oh Salvador m\u00edo!&#8230;\u00bb <\/em>\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda decirnos todo lo que San Vicente encerraba en esas expresiones que eran tan familiares? Su. Esperanza es Cristo: <em>\u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo, que le dio su unig\u00e9nito <\/em><em>Hijo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eter\u00ad<\/em><em>na\u00bb <\/em>(Jn. III, 16). Jesucristo que, por la Fe, nos cogi\u00f3, nos introduce y lleva a la vida eterna por la Esperanza, y por la Caridad nos permite vivir ya de ante\u00admano esa vida tan completamente como es posible en la tierra en espera de la plenitud del Reino.<\/p>\n<p>Por eso, Fe, Esperanza y Caridad son concretamente los aspectos diversos de una actitud espiritual compleja, pero \u00fanica, los pasos o actitudes comple\u00admentarios de una sola y \u00fanica vida teologal. S. Vicente, evocando a un co\u00adhermano fallecido, como gustaba de hacerlo para cultivar el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda, dando ejemplos vividos, le describ\u00eda en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abCuando he dicho que su gran Fe le causaba tan gran temor de la justicia <\/em><em>divina, no hay que imaginar que por ello le faltase la Esperanza; al con\u00ad<\/em><em>trario, era en \u00e9l muy grande. Y no tenemos que extra\u00f1arnos, porque la misma <\/em><em>Fe de la que hac\u00eda tantos actos le serv\u00eda siempre de escudo para resistir a <\/em><em>los asaltos de la tentaci\u00f3n y, al mismo tiempo, de antorcha para ver con cla\u00ad<\/em><em>ridad la inmensidad de la Misericordia de Dios, el valor infinito de la muerte y pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or y la verdad infalible de las promesas que ha hecho <\/em><em>a los pecadores penitentes; esto, unido a su gran Caridad, inseparable de su Fe, era una se\u00f1al cierta de que su Esperanza era igualmente grande, como <\/em><em>cuando de noche se ve una gran claridad y se siente un gran calor es se\u00f1al <\/em><em>cierta de que hay una llama tambi\u00e9n grande. As\u00ed, habi\u00e9ndoos mostrado la <\/em><em>gran luz de su Fe y el gran ardor de su Caridad, se deduce infaliblemente que <\/em><em>la llama de su Esperanza ten\u00eda las mismas proporciones. Y no s\u00f3lo subsist\u00eda <\/em><em>(esta Esperanza), sino que aumentaba sin duda en la misma medida en que se ve\u00eda contrariada, del mismo modo que la llama de un gran fuego bien encen\u00ad<\/em><em>dido crece al ser agitada por los vientos. En una palabra, ha hecho ver que su <\/em><em>Esperanza iba creciendo a medida que ve\u00eda c\u00f3mo se acercaba la recompensa, <\/em><em>como el movimiento de la piedra crece en velocidad cuanto m\u00e1s se acerca a <\/em><em>su centro\u00bb <\/em>(Coste, II, 347-48).<\/p>\n<p>Estas palabras tan sencillas revelan la noci\u00f3n tan clara y, sobre todo, la intensidad de la esperanza de ese Misionero de los pobres, de ese Fundador de misioneros de los pobres que fue San Vicente. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ser de otro modo cuando, en seguimiento de Jesucristo, hay que llevar la Buena Nueva a los pobres, anunciar a los cautivos la salvaci\u00f3n y a los afligidos la alegr\u00eda?<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>I.\u2014 Nuestra esperanza es Cristo<\/strong><\/h2>\n<p>Es f\u00e1cil, a la par que instructivo, comparar lo que acabamos de decir con este texto de San Pablo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abJustificados, pues, por la Fe, tenemos paz con Dios por mediaci\u00f3n de <\/em><em>nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien en virtud de la Fe hemos obtenido tam\u00ad<\/em><em>bi\u00e9n el acceso a esta gracia en que nos mantenemos y nos gloriamos, en la Esperanza y la gloria de Dios. Y no s\u00f3lo esto, sino que nos gloriamos hasta en <\/em><em>las tribulaciones, sabedores de que la tribulaci\u00f3n produce la paciencia; la pa\u00ad<\/em><em>ciencia, una virtud probada, y la virtud probada, la esperanza. Y la Esperanza <\/em><em>no quedar\u00e1 confundida, pues el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo quien os ha sido dado\u00bb <\/em>(Rom. V, 1-5).<\/p>\n<h3><strong>1. Cristo es quien nos permite esperar, quien hace posible la esperanza<\/strong><\/h3>\n<p>Para fundamentar nuestra Esperanza no podemos apoyarnos, en definitiva, en nadie m\u00e1s que en Dios mismo, quien en la persona de su Hijo encarnado, muerto y resucitado por nuestra salvaci\u00f3n, nos va llevando hacia la vida eterna hasta la plena glorificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya el <em>Antiguo Testamento <\/em>nos repite sin cesar que, para esperar, Israel se apoya en Dios y en Dios s\u00f3lo. Por lo dem\u00e1s, esto era lo que especialmente conven\u00eda en aquel tiempo de espera y peregrinaci\u00f3n. Los salmos, por ejemplo, expresan hasta la sociedad el ansia de Dios, la confianza en su fuerza y en su amor, f\u00f3rmulas maravillosas que tambi\u00e9n nosotros gustamos de repetir.<\/p>\n<p>De hecho, todos somos peregrinos, pero en el <em>Nuevo y definitivo Testa\u00ad<\/em><em>mento <\/em>Dios se hace nuestro socorro y protector en Jesucristo. En \u00c9l nos co\u00admunica su propia vida. Si es cierto, como dec\u00eda tan acertadamente Santo Tom\u00e1s de Aquino, que <em>el verdadero fundamento de nuestra Esperanza <\/em>no est\u00e1 en la ayuda de Dios, sino en <em>Dios mismo que se hace nuestra ayuda, <\/em>tenemos que reconocer que Jesucristo es, por excelencia, ese Dios ayudador. El nom\u00adbre de Jesucristo significa: <em>\u00abDios salva\u00bb, <\/em>y le designa en su Persona como el Salvador, el \u00fanico Salvador. Ya sabemos con qu\u00e9 fervor pronunciaba San Vicente esta palabra.<\/p>\n<h3><strong>2. Nuestra Esperanza s\u00f3lo puede hacer referencia a Cristo<\/strong><\/h3>\n<p>Proyectada \u00fanicamente hacia la plena realizaci\u00f3n del reino, nos introduce, nos lleva a ese Reino con \u00c9l. Cristo no tiene preocupaci\u00f3n m\u00e1s dominante que la de cumplir el designio misericordioso del padre. San Vicente se refiere a \u00c9l constantemente y os apremia a que hagamos lo mismo <em>\u00abEsto <\/em><em>es lo que \u00c9l ha hecho<\/em><em> y lo que quiere continuar haciendo a trav\u00e9s de nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las dos dimensiones de la Esperanza \u2014el deseo del Reino de Dios y, como consecuencia, el cumplimiento de su voluntad, y a la vez la plena confianza en El\u2014 encuentran en Jes\u00fas su Fuente y su Modelo. Cuando le vemos que llega hasta decir en nombre nuestro: <em>\u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has aban\u00addonado?\u00bb, <\/em>bueno ser\u00e1 que para unirnos a El meditemos ese Salmo 22 por entero. La Pasi\u00f3n de Cristo congregar\u00e1 a todos los pueblos en el fest\u00edn mesi\u00e1\u00adnico: <em>\u00abLos pobres comer\u00e1n y ser\u00e1n saciados. Alabar\u00e1n al Se\u00f1or los que le <\/em><em>buscan\u00bb.<\/em><\/p>\n<h3><strong>3. El objeto de nuestra Esperanza es el mismo Cristo<\/strong><\/h3>\n<p>Si Jes\u00fas es el camino, el \u00fanico camino de la Salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n es la ver\u00addad y la vida de la que tenemos que vivir cada vez m\u00e1s y de la que viviremos en plenitud al t\u00e9rmino del camino.<\/p>\n<p>Hemos visto las expresiones de San Vicente hablando del Sr. Pill\u00e9: <em>\u00abNo s\u00f3lo subsist\u00eda (su Esperanza), sino que aumentaba en la misma medida en <\/em><em>que se ve\u00eda contrariada&#8230; Ha hecho ver que su Esperanza iba creciendo a me\u00addida que ve\u00eda c\u00f3mo se acercaba la recompensa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>De hecho, la Esperanza expresa el crecimiento de Cristo y de su vida en nosotros. Es el crecimiento en la espera de la herencia que tenemos prometida y que ya poseemos. El testimonio de los verdaderos creyentes se hace entonces realmente llamativo: a trav\u00e9s de las penas y alegr\u00edas de este mundo, el d\u00eda amanece y va creciendo hasta ese pleno mediod\u00eda que no conocer\u00e1 el ocaso. De ah\u00ed procede esa paz y serenidad de que San Pablo hablaba a los romanos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; nos gloriamos en la esperanza y la gloria de Dios. Y no s\u00f3lo esto, sino <\/em><em>que nos gloriamos en las tribulaciones, sabedores de que la tribulaci\u00f3n pro\u00ad<\/em><em>duce paciencia; la paciencia, una virtud probada, y la virtud probada, la Es\u00ad<\/em><em>peranza&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A Isabel du Fay, San Vicente escrib\u00eda: <em>\u00abSaquemos nuestra fortaleza de <\/em><em>nuestra debilidad, que sirve de motivo a Nuestro Se\u00f1or para hacerse El mismo <\/em><em>nuestra fortaleza\u00bb <\/em>(Coste, <strong>I, <\/strong>225), y a Santa Luisa: <em>\u00abRuego a Nuestro Se\u00f1or <\/em><em>Jesucristo que sea El mismo su fortaleza y su consuelo y que saque su gloria <\/em><em>de las aflicciones p\u00fablicas y particulares\u00bb <\/em>(Coste, III, 420).<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>II.\u2014 Esperanza y aspiraciones<\/strong><\/h2>\n<p>Se ha podido decir del <em>hombre de hoy que tiene aspiraciones, pero que ha <\/em><em>perdido la Esperanza. <\/em>El realismo natural y sobrenatural de San Vicente nos permite percibir mejor las diferencias y, al mismo tiempo, el nexo que existe entre las aspiraciones de los hombres y su salvaci\u00f3n en Jesucristo. Esta \u00faltima es la que constituye el objeto de la Esperanza cristiana como tal; pero los llamados a vivir\u00eda, personal y colectivamente, son hombres concretos, y han de hacerlo en la unidad de su ser, de su vida y de su obra.<\/p>\n<p>San Vicente de todo esto da testimonio y lo encarna, mucho m\u00e1s que Io ense\u00f1a, de palabra y por escrito. Hay que comprenderle y captarle, por <em>de <\/em>cirio as\u00ed, en esa unidad din\u00e1mica.<\/p>\n<p>Para reconocer la originalidad viva de nuestro Fundador es preciso:<\/p>\n<p>Primero, no separar su vida personal de todas las actividades con las que se expresa. Por parte de \u00e9l no encontraremos ni complicidad ni ayuda, porque act\u00faa silenciosamente y su humildad utiliza todas las estrategias po\u00adsibles, incluso la de ocultarse tras las obras que \u00e9l mismo sostiene.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, no separar ni la vida ni las obras de San Vicente de la orga\u00adnizaci\u00f3n jur\u00eddica y religiosa que \u00e9l consideraba corno la <em>forma <\/em>concreta unida sustancialmente a la <em>materia <\/em>de su obra. En \u00e9l, el gusto por el detalle, las indicaciones sobre m\u00e9todos de predicaci\u00f3n o de catequesis, las directivas sobre la manera de actuar, de celebrar una asamblea, de administrar una cofrad\u00eda, de gobernar una casa, de tratar a los pobres enfermos, todo ello no es fruto de un man\u00eda o de una afici\u00f3n de su esp\u00edritu, sino de una voluntad firme de asegurar la pureza y autenticidad de su esfuerzo, sosteni\u00e9ndolo hasta el fin, cuando ya es digno de entrar en la eternidad y ser bendecido por Dios.<\/p>\n<p>Y como no le falta coherencia, y tiene empe\u00f1o en que todo salga bien, afirma rotundamente que los \u00e9xtasis son m\u00e1s perjudiciales que \u00fatiles, nie\u00adga toda consistencia a los pensamientos que se diluyen como humo y no se concretan en actos; profesa que todas las obras e instituciones, por diversas que sean, deben complementarse interiormente, sostenerse y alimentarse en la misma fuente de que todas proceden.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, no separar esa trinidad viva \u2014vida, obras, organizaci\u00f3n\u2014 del resorte o motor interior e invisible que lo sostiene y propulsa todo. Esta referencia a lo Invisible y, dig\u00e1moslo, al misterio de esta vida, nos fuerza a no gozar demasiado del espect\u00e1culo y a no contentarnos con una admiraci\u00f3n est\u00e9ril de \u00ablo exterior\u00bb (Dodin, Misi\u00f3n y Caridad, pp. 29-30, ed. fr.).<\/p>\n<h3><strong>1. Las necesarias distinciones<\/strong><\/h3>\n<p>El esfuerzo de clarificaci\u00f3n tiene que proseguirse sin cesar y lejos de de\u00adtenerse s\u00f3lo en la claridad de las ideas (lo que de todas formas es necesario) tiene que apoyarse sobre todo en una <em>familiaridad con Jesucristo y con su <\/em><em>Esp\u00edritu, <\/em>como lo vemos precisamente en San Vicente. Trabaj\u00f3 hasta conse\u00adguir una sensibilizaci\u00f3n completa ante el. Se\u00f1or y su acci\u00f3n incesante para realizar \u00abel eterno designio de su Amor\u00bb.<\/p>\n<p><em>Perder de vista la originalidad y la trascendencia de la Esperanza cristia\u00ad<\/em><em>na ser\u00eda catastr\u00f3fico: <\/em>se sepa o no se sepa (pero es infinitamente mejor saber\u00adlo), se quiera o no se quiera (pero es infinitamente mejor quererlo), es esta Esperanza lo que en definitiva da y dar\u00e1 su pleno significado y su plena reali\u00adzaci\u00f3n a las aspiraciones humanas en todo lo que tienen de positivo; y sobre todo, es que <em>nuestro destino futuro <\/em>\u2014tal como tenemos que vivirlo y anun\u00adciarlo a los hermanos\u2014 <em>es lo que est\u00e1 en juego <\/em>en esta dimensi\u00f3n de nuestra vida evang\u00e9lica y teol\u00f3gica, lo mismo que trat\u00e1ndose de la Fe y de la Caridad.<\/p>\n<p>Por ejemplo, <em>\u00bfes necesario denunciar una vez m\u00e1s la reducci\u00f3n a lo pol\u00ed\u00ad<\/em><em>tico de la Salvaci\u00f3n? <\/em>Tal es el caso cuando:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abel compromiso en las liberaciones pol\u00edticas, culturales o sociales se antepone a<\/em><em> la iniciativa de Dios y cuando se encierra la Salvaci\u00f3n en el c\u00edrculo <\/em><em>de las luchas individuales o colectivas por la promoci\u00f3n humana. De ello re\u00ad<\/em><em>sulta que la fidelidad cristiana queda reducida a alianzas pol\u00edticas, a estra\u00ad<\/em><em>tegias partidistas, a objetivos de toma de poder. Esta secularizaci\u00f3n del men\u00ad<\/em><em>saje cristiano lo reduce a fines culturales, a ideolog\u00edas socio-econ\u00f3micas. <\/em><em>Cristo, reconocido s\u00f3lo en su ejemplaridad moral, si no es s\u00f3lo en su solida\u00ad<\/em><em>ridad con los pobres, no cumple ya m\u00e1s que una misi\u00f3n de garant\u00eda o de <\/em><em>referencia en una causa o en la lucha de una clase social. En realidad, si se <\/em><em>hace una referencia a Cristo, es para valorizar una toma de posici\u00f3n pol\u00edtica <\/em><em>o ser aceptado por la opini\u00f3n cristiana\u00bb <\/em>(Consejo permanente del Episcopado <em>de <\/em>Francia, 1974).<\/p>\n<p>Y el mismo documento a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo seremos fieles al imperativo de la evangelizaci\u00f3n: \u00abid y de todas las <\/em><em>naciones haced disc\u00edpulos\u00bb que tan hondamente hab\u00eda calado en San Pablo (\u00abiay de m\u00ed si me evangelizare!\u00bb) sino en la medida en que estemos conven\u00ad<\/em><em>cidos de la irreductibilidad y de la radicalidad de la Salvaci\u00f3n cristiana. <\/em><em>\u00bfC\u00f3mo, si no, podr\u00edamos descubrir a los dem\u00e1s la novedad de la liberaci\u00f3n <\/em><em>evang\u00e9lica y dar cuenta de la Esperanza que est\u00e1 en nosotros?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Por otra parte, las luchas y esperanzas humanas \u2014en todo lo que pueden tener de positivo\u2014 no ganan nada con permanecer desconocidas en su propio valor. Y si su m\u00e1s alta dignidad es la de proporcionar eventualmente a la Esperanza el lugar, el terreno en que podr\u00e1 crecer, \u00bfno procede entonces res\u00adpetar su consistencia y tratar de hacerlas progresar aut\u00e9nticamente en las estructuras y en los corazones?<\/p>\n<h3><strong>2. Distinguir para unir<\/strong><\/h3>\n<p>S\u00f3lo existe una forma de no confundirlo todo: es la de distinguir. Pero no se debe distinguir si no es para unir l\u00facida y vitalmente.<\/p>\n<p>Por eso, <em>el S\u00ednodo de 1974 <\/em>sobre la Evangelizaci\u00f3n pon\u00eda de relieve que no seremos fieles a la unidad y a la unicidad del Designio de Dios, a la unidad de la vocaci\u00f3n de la persona humana y de la humanidad, si no tomamos una parte activa en las acciones y luchas por la liberaci\u00f3n humana: es en el <em>centro o el coraz\u00f3n del mundo <\/em>\u2014\u00bfpodr\u00edan ignorarlo las Hijas de la Caridad?\u2014 <em>donde se trata de anunciar a los pobres la Buena Nueva.<\/em><\/p>\n<p>Haci\u00e9ndose eco de este S\u00ednodo, <em>Pablo VI <\/em>preguntaba en su Exhortaci\u00f3n sobre la Evangelizaci\u00f3n en el mundo moderno:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfPor d\u00f3nde se halla la Iglesia diez a\u00f1os despu\u00e9s del Concilio? \u00bfEst\u00e1 esta\u00adblecida en el coraz\u00f3n del mundo, permaneciendo, sin embargo, lo bastante libre e independiente para dirigirse a \u00e9l? \u00bfDa pruebas de solidaridad con los hombres, pero, al mismo tiempo, es testigo de lo Absoluto de Dios?<em>\u00ab<\/em><\/em><\/p>\n<p>Toda la primera enc\u00edclica de <em>Juan Pablo II <\/em>est\u00e1 consagrada al <em>Redentor <\/em><em>del hombre, <\/em>mostrando a la vez que el hombre concreto es el camino de la Iglesia y que Cristo es el camino de esa humanidad concreta.<\/p>\n<p>En efecto, seg\u00fan la hermosa definici\u00f3n de <em>P\u00edo XI,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa Historia es el tejido vivo de los hechos, tejido en el que los pensamientos y acciones<\/em><em> de los Hombres y de Dios se unen, se entremezclan, parecen a veces confundirse, oponerse, impedirse alternativamente, pero siempre con ese efecto final de componer el admirable plan providencial en el que domina y se manifiesta con toda evidencia el Amor de Dios por los hombres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, todo queda dicho en el c\u00e9lebre pasaje de <em>Lc. VII, 19 y <\/em>ss. en que Juan Bautista manda que le hagan a Jes\u00fas la pregunta de las pre\u00adguntas: \u00ab\u00bfEres T\u00fa el que ha de venir o debemos esperar a otro?\u00bb. <em>Juan Pablo II <\/em>remite a ese pasaje en su Enc\u00edclica sobre la Misericordia,; haciendo el opor\u00adtuno paralelo con las palabras del Salvador en la Sinagoga de Nazaret, y a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abJes\u00fas, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado c\u00f3mo en el mundo en que vivimos est\u00e1 presente el Amor, el Amor operante, el Amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; el contacto con toda su condici\u00f3n humana hist\u00f3rica, que de distintos modos manifiesta la limitaci\u00f3n y la fragilidad del hombre, tanto f\u00edsica como moralmente\u00bb <\/em>(n.o 3).<\/p>\n<p>Esto nos sit\u00faa en el coraz\u00f3n del Evangelio, en el verdadero motor al mismo tiempo que en el verdadero objeto de la Esperanza que el mismo nos trae. \u00bfQui\u00e9n, m\u00e1s que <em>San Vicente, <\/em>fue sensible a esto? \u00bfQui\u00e9n, m\u00e1s que \u00e9l, vio lo inseparable \u2014\u00a1cu\u00e1ntas veces lo hemos dicho!\u2014 de la humanizaci\u00f3n y de la evangelizaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n, m\u00e1s que \u00e9l, supo descubrir en esto \u00absignos mesi\u00e1\u00adnicos\u00bb o \u00absignos del Reino\u00bb, dados por el mismo Jes\u00fas, y discernirlos preci\u00adsamente en la vida de los pobres? \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s que \u00e9l comprendi\u00f3, sin em\u00adbargo, que lo m\u00e1s importante es revelar a ese Cristo tal como se presenta a nosotros \u2014y no como nos gustar\u00eda imagin\u00e1rnoslo\u2014 de suerte que, lejos de sentirnos escandalizados respecto a \u00c9l, sepamos acogerle en su verdad, en toda su verdad?<\/p>\n<p>Ocurre con esta irrupci\u00f3n de la Gracia en el mundo como con la irrupci\u00f3n de la luz en una habitaci\u00f3n oscura: no cambia nada y todo cambia; no s\u00f3lo todo valor positivo sigue subsistiendo sino que queda promocionado, elevado a dimensiones insospechadas. Pero esto no llega a tener lugar sin cierta rup\u00adtura, sin una conversi\u00f3n a Jesucristo y a su mundo nuevo: <em>es la Esperanza <\/em><em>la que nos permite embarcarnos con El hacia ese nuevo inundo, sin remos y sin velas.<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>III.\u2014 Las dimensiones de la esperanza<\/strong><\/h2>\n<p><em>Deseo del Reino y total abandono, tales son, como ya hemos visto, las prin\u00ad<\/em><em>cipales dimensiones de la Esperanza. San Vicente <\/em>\u2014siempre realista\u2014 nos recuerda que ese deseo no es verdadero si no es efectivo, si no se traduce en una acogida dispensada a cada instante a la gracia de Dios que no har\u00e1 nada sin nosotros, seg\u00fan lo que recomienda <em>San Pablo:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCombate los buenos combates de la Fe, aseg\u00farate la vida eterna para la <\/em><em>cual fuiste llamado&#8230;\u00bb <\/em>(I Tim. VI, 12). Pero al mismo tiempo, si \u00abcreemos en el Amor\u00bb (y \u00bfc\u00f3mo no crecer en \u00e9l cuando se tiene como vocaci\u00f3n y misi\u00f3n ser testigos y mensajeros de ese Amor?), nos abandonaremos totalmente a Aquel que es la Fidelidad misma, a pesar y a causa de lo imprevisible de su obrar: \u00abNo sabes de donde viene y a d\u00f3nde va\u00bb. San Vicente no duda ni por un instante que en cualquier acontecimiento, por desconcertante que sea, e! Amor est\u00e1 ah\u00ed actuando y nos apremia a saber descubrirle y unirnos a \u00c9l.<\/p>\n<h3><strong>1. Oraci\u00f3n y Esperanza<\/strong><\/h3>\n<p>La oraci\u00f3n es ese \u00ablugar\u00bb en que se expresan las dos dimensiones de la Esperanza. Es objeto de la misma y su motor.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pedimos en nuestras oraciones? Sin duda muchas cosas&#8230; y es nor\u00admal trat\u00e1ndose de esa conversaci\u00f3n \u00edntima de hijos con su Padre. Pero, \u00bfpe\u00addimos lo Esencial? Ahora bien, pedir la Esperanza, como San Vicente no deja de recomendarlo, no es pedir una cosa m\u00e1s entre las que pedimos, ni siquiera pedir algo importante. Si sabemos lo que significa, nos daremos cuenta de que es <em>pedir el Reino <\/em>mismo y poner en pr\u00e1ctica las palabras de Jes\u00fas: <em>\u00abBuscar ante todo el Reino y la justicia de Dios, y lo dem\u00e1s se os dar\u00e1 <\/em><em>por a\u00f1adidura\u00bb <\/em>(Cf. Coste, XI, 38-39).<\/p>\n<p>Tendr\u00edamos que meditar todo ese salmo 42 con el que la Iglesia acom\u00adpa\u00f1a a los catec\u00famenos al Bautismo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abComo anhela la cierva las corrientes de agua, as\u00ed te anhela mi alma, \u00a1oh <\/em><em>Dios! Mi alma est\u00e1 sedienta de Dios, del Dios vivo: \u00bfcu\u00e1ndo ir\u00e9 a ver la faz <\/em><em>de Dios?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No seremos verdaderos bautizados si nuestra oraci\u00f3n y nuestra vida no est\u00e1n as\u00ed constantemente vueltas hacia Dios y hacia el Reino.<\/p>\n<p><em>\u00abMadre del Amor hermoso y de la Santa Esperanza\u00bb, <\/em>decimos a la Virgen Mar\u00eda sirvi\u00e9ndonos de unas expresiones que los libros sapienciales aplican a la Sabidur\u00eda. La Sabidur\u00eda en persona es Cristo, quien \u00abmaternalmente\u00bb nos hace crecer en El, \u00fanica raz\u00f3n de nuestra Esperanza. Tambi\u00e9n se dice esto mismo de la Virgen porque est\u00e1 \u00edntimamente asociada a ese alumbramiento y a ese crecimiento de los hijos de Dios. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 <em>Santa <\/em>Esperanza? Porque <em>es esencialmente la Esperanza de la uni\u00f3n con Dios, <\/em>con su vida, con su gloria, con su santidad: <em>\u00abT\u00fa s\u00f3lo eres Santo\u00bb; <\/em>la santidad no es ni puede ser otra cosa que ese compartir la vida divina que inauguramos en la tierra y se realizar\u00e1 plenamente en el Reino. Nuestra oraci\u00f3n debe ser ante todo y en todo petici\u00f3n de Dios mismo, como Jes\u00fas nos lo ense\u00f1a en el Padre nuestro.<\/p>\n<p>Este es tambi\u00e9n el motor de nuestra oraci\u00f3n. Cristo nos env\u00eda su <em>Esp\u00edritu <\/em>filial que ora en nosotros con gemidos inenarrables. \u00bfQu\u00e9 pide el Esp\u00edritu en nosotros? \u00bfPor qu\u00e9 gime? Lo que desea ante todo es, evidentemente, el perfeccionamiento de la filiaci\u00f3n divina seg\u00fan el plan de Dios, que San Pa\u00adblo recuerda despu\u00e9s de las palabras anteriores:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;Porque a los que de antes conoci\u00f3, a \u00e9stos los predestin\u00f3 a ser confor\u00ad<\/em><em>mes con la imagen de su Hijo, para que Este sea el primog\u00e9nito entre muchos <\/em><em>hermanos; y a los que predestin\u00f3, a \u00e9stos tambi\u00e9n llam\u00f3, y a los que llam\u00f3, <\/em><em>a \u00e9stos los justific\u00f3; y a los que justific\u00f3, tambi\u00e9n los glorific\u00f3\u00bb <\/em>(Rom. VIII 26-30).<\/p>\n<p>Por eso no sabemos orar. Si nuestros deseos, nuestras necesidades como tales bastasen para constituir el motor de nuestra oraci\u00f3n, ya sabr\u00edamos exponerlos. Pero en medio de todo esto y m\u00e1s all\u00e1 de todo esto, tenemos algo incomparablemente m\u00e1s profundo. Es Cristo mismo con su Esp\u00edritu quien expresa sus deseos y nos los comunica; por eso, ciertas oraciones de la Li\u00adturgia nos hacen pedir lo primero la rectificaci\u00f3n de nuestra oraci\u00f3n: para que el Se\u00f1or pueda escucharnos, le pedimos que nos infunda sus propios deseos. \u00bfPodr\u00eda el Padre negar su Esp\u00edritu a los que se lo piden?<\/p>\n<p>Hemos tenido ya ocasi\u00f3n de citar estas palabras de San Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSe nos dice, pues, que busquemos el Reino de Dios. Buscar no es una pa\u00adlabra vana, me parece que encierra muchas cosas; quiere decir que nos pon\u00ad<\/em><em>gamos en actitud de aspirar siempre a lo que se nos recomienda, de trabajar <\/em><em>incesantemente por el Reino de Dios y no permanecer en un estado de cobar\u00ad<\/em><em>d\u00eda y estancamiento\u00bb <\/em>(Coste, II, 131).<\/p>\n<h3><strong>2. \u00abLa hermana peque\u00f1a entre los dos hermanas mayores\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>Recordamos c\u00f3mo P\u00e9guy comparaba la Esperanza a una ni\u00f1a que cami\u00adnaba entre sus dos hermanas mayores, la Fe y la Caridad, cogida de la mano de ambas. Es una intuici\u00f3n muy exacta, porque <em>una Esperanza viva se en\u00ad<\/em><em>ra\u00edza en la Fe y florece en el Amor. <\/em>Lejos de ser m\u00e1s \u00abinteresada\u00bb como a veces parece decirse o dejarse entender, la Esperanza no puede vivirse en verdad sino en una Fe profunda y un Amor sin l\u00edmites. En este sentido puede llegar a decirse que es, seg\u00fan una expresi\u00f3n cara a P\u00edo XI y que Juan Pa\u00adblo II utiliza, el signo de la \u00abredenci\u00f3n plena\u00bb frente a otras \u00abfalsas reden\u00adciones\u00bb que se nos podr\u00edan proponer.<\/p>\n<p>Para convencernos de ello, basta con referirse al texto ya citado de San Pablo a los Romanos y m\u00e1s especialmente a sus palabras finales:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;y no s\u00f3lo esto, sino que nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sa\u00ad<\/em><em>bedores de que la tribulaci\u00f3n produce la paciencia; la paciencia, una virtud <\/em><em>probada, y la virtud probada, la Esperanza. Y la Esperanza no quedar\u00e1 con\u00adfundida pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el <\/em><em>Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Recordemos \u2014en el mismo San Pablo\u2014 esa tensi\u00f3n, ese sentirse divi\u00addido entre el deseo de la \u00faltima consumaci\u00f3n y el de continuar dando testi\u00admonio de Cristo en medio de las dificultades de esta vida. Vivir la Esperanza es vivir la Fe en la paciencia y las pruebas, es dejar que Cristo viva en nos\u00adotros su humildad confiada y pobre.<\/p>\n<p><em>San Vicente <\/em>percibi\u00f3 muy bien esta relaci\u00f3n con la pobreza, en nuestra vocaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfHab\u00e9is visto jam\u00e1s personas m\u00e1s llenas de confianza en Dios que las <\/em><em>buenas gentes del campo? Siembran sus granos y despu\u00e9s esperan de Dios el favor de su cosecha. Y si Dios permite que \u00e9sta no sea buena, no dejan <\/em><em>por eso de tener confianza en El por lo que se refiere a su alimento de todo <\/em><em>el a\u00f1o. Pues bien, hijas m\u00edas, ya que las primeras de vuestras Hermanas fue\u00ad<\/em><em>ron llamadas principalmente de entre las buenas aldeanas y de entre las que <\/em><em>ten\u00edan este esp\u00edritu de pobreza, \u00bfno ten\u00e9is motivo para conocer, por la pr\u00e1c\u00ad<\/em><em>tica de esta virtud, si sois o no verdaderas Hijas de la Caridad?\u00bb <\/em>(Coste, IX, 88).<\/p>\n<p>Lejos de poner nuestra Esperanza en nosotros mismos, \u00aben los carros y los caballos\u00bb, como ya dec\u00eda el Antiguo Testamento, la ponemos en Jesucristo en quien, por la Fe, vemos a nuestro \u00fanico Salvador. M\u00e1s a\u00fan, en El y por El todo lo que hay en nosotros y en este mundo de cargas, miserias, infideli\u00addades, se tornar\u00e1 en la manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios.<\/p>\n<p>Por ello mismo, <em>la Esperanza florece en Amor; <\/em>no s\u00f3lo ayuda al m\u00e1r\u00adtir a superar sus tormentos, vislumbrando lo que hay m\u00e1s all\u00e1, sino que se sit\u00faa en el centro mismo de su sufrimiento y le permite \u00abser testigo\u00bb. Tam\u00adbi\u00e9n ocurre esto con nosotros:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abBien sab\u00e9is, Hermanas m\u00edas, que no sois vosotras las que os dais fuerza <\/em><em>y valor para emprender todo lo que hac\u00e9is por la Caridad; \u00bfNo era esa misma confianza la que hac\u00eda emprender a los ap\u00f3stoles todas las grandes obras que <\/em><em>realizaron, la que les hac\u00eda hablar con tanta seguridad a los grandes y a los <\/em><em>peque\u00f1os? \u00bfNo era ella la que hac\u00eda decir a San Pablo: Todo lo puedo en <\/em><em>que me conforta? S\u00ed, Hermanas, las criaturas m\u00e1s d\u00e9biles pueden hacer todo <\/em><em>aquello que Dios les pide con tal de que tengan confianza en Nuestro Se\u00f1or, <\/em><em>que nunca dejar\u00e1 de darles su gracia, la que hay tambi\u00e9n que pedirle\u00bb <\/em>(Coste, X, 201).<\/p>\n<p>Por eso es por lo que <em>la Esperanza crece en aquello mismo que humana\u00ad<\/em><em>mente hablando deber\u00eda hacerla desaparecer. <\/em>A prop\u00f3sito de Abraham, San Pablo explica:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abAbraham contra toda esperanza crey\u00f3 que hab\u00eda de ser padre de muchas <\/em><em>naciones, seg\u00fan el dicho: &#8216;As\u00ed ser\u00e1 tu descendencia'\u00bb <\/em>(Rom. IV, 18).<\/p>\n<p>Abraham tiene un hijo, es el hijo de la Promesa; parecer\u00eda, pues que toda su confianza habr\u00eda de descansar en ese hijo; pero es ese hijo el que Dios le pide que le sacrifique. Es que Abraham pone en Dios mismo una Esperanza que va m\u00e1s all\u00e1 de lo que puede ser la forma en que Dios quiera cumplir su promesa: <em>\u00ab\u00a1Dios proveer\u00e1!\u00bb <\/em>En esta circunstancia, no son los acontecimientos los que contradicen el plan divino; es el mismo Dios el que \u2014si me atrevo a expresarme as\u00ed\u2014 parece inconsecuente con su propio plan, con su propia pro\u00admesa. Pero ah\u00ed es donde <em>la Esperanza <\/em>se desenvuelve plenamente y <em>crece en <\/em><em>la paz de un coraz\u00f3n que descansa por completo en Dios, el Fiel.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1Oh Salvador!&#8230; \u00a1Oh Salvador m\u00edo!&#8230;\u00bb \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda decirnos todo lo que San Vicente encerraba en esas expresiones que eran tan familiares? Su. 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