{"id":49372,"date":"2011-09-08T05:55:51","date_gmt":"2011-09-08T03:55:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49372"},"modified":"2011-09-08T05:55:51","modified_gmt":"2011-09-08T03:55:51","slug":"la-espiritualidad-de-la-hija-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-espiritualidad-de-la-hija-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"La espiritualidad de la Hija de la Caridad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/logohijascaridad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-47928\" title=\"logohijascaridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/logohijascaridad.jpg?resize=180%2C191\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"191\" \/><\/a>Se me ha pedido que presente la espiritualidad de la Hija de la Caridad y c\u00f3mo vivir hoy la espiritualidad en la Compa\u00f1\u00eda. No pretendo hacer una exposici\u00f3n magistral sobre la espiritualidad de la Hija de la Caridad. Voy sencillamente a comunicarles mi manera de presentar nuestra espiritualidad a las Hermanas j\u00f3venes del Seminario. Cuento con su experiencia personal para completar y matizar en funci\u00f3n del contexto que viven ustedes.<\/p>\n<h2><strong>Unas ideas preliminares<\/strong> <strong>a modo de introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Para comenzar, me ha parecido conveniente que volvamos a recordar juntos -como lo hago con las Hermanas del Seminario- qu\u00e9 se entiende por espiritualidad cristiana. Para esto, podemos inspirarnos en un extracto de la carta a los Romanos, en la que San Pablo habla de una vida seg\u00fan el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Para el cristiano, la espiritualidad es la \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00edritu de Jes\u00fas\u00bb, este Esp\u00edritu que le hace creer en Jesucristo, que le lleva a amar como Jesucristo, a comprometerse a la manera de Jesucristo. En efecto, el Esp\u00edritu Santo conduce progresivamente al cristiano a reproducir la manera de vivir y de obrar de Jes\u00fas, a hacer suyo su estilo de vida, su calidad de existencia, a vivir cada vez m\u00e1s en coherencia con la l\u00f3gica del Amor Trinitario. Vivir seg\u00fan el Esp\u00edritu significa, pues, dejarse trabajar, inspirar, conducir por el mismo Esp\u00edritu que trabaj\u00f3, inspir\u00f3 y condujo a Jesucristo. Esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo invade a toda la persona: coraz\u00f3n, cuerpo, esp\u00edritu, con su afectividad, su psicolog\u00eda, su comportamiento, sus relaciones, etc. \u2026<\/p>\n<p>Como escribe Juan Pablo II en la Exhortaci\u00f3n postsinodal \u00abVida Consagrada\u00bb (1996, n\u00b0 93) :<em> \u00abla vida espiritual, entendida como vida en Cristo, vida seg\u00fan el Esp\u00edritu, es como un itinerario de progresiva fidelidad, en el que la persona consagrada es guiada por el Esp\u00edritu y conformada por \u00c9l a Cristo, en total comuni\u00f3n de amor y de servicio en la Iglesia. Todos estos elementos, calando hondo\u2026, generan una espiritualidad peculiar, esto es, un proyecto preciso de relaci\u00f3n con Dios y con el ambiente circundante, caracterizado por peculiares dinamismos espirituales y por opciones operativas que resaltan y representan uno u otro aspecto del \u00fanico misterio de Cristo\u00bb <\/em>(V.C. 93).<\/p>\n<p>La referencia central para una espiritualidad cristiana, es pues Cristo tal como lo presentan los cuatro Evangelios. Y cuando hablamos de espiritualidad en plural, queremos subrayar maneras singulares de seguir a Cristo. Todos los cristianos no tienen las mismas intuiciones para la misi\u00f3n ni los mismos carismas. Todos no tienen, por tanto, los mismos interrogantes ni los mismos desaf\u00edos que afrontar. Los cristianos tienen sensibilidades distintas, caracterizadas por espiritualidades que manifiestan enfoques diferentes del mundo y del hombre. Es la riqueza de la Iglesia.<\/p>\n<p>En la exposici\u00f3n que va a seguir, me propongo abordar nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad a partir de la dimensi\u00f3n del Misterio de la Encarnaci\u00f3n Redentora. Esta manera de amar a Jesucristo marc\u00f3 profundamente a nuestros Fundadores y hoy sigue siendo un desaf\u00edo para nuestro mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Mi intervenci\u00f3n se har\u00e1 en dos tiempos :<\/p>\n<p>&#8211; En un primer momento, me detendr\u00e9 en la espiritualidad de la Hija de la Caridad a la luz de la de los Fundadores;<\/p>\n<p>&#8211; En un segundo tiempo, veremos c\u00f3mo nuestra espiritualidad permite afrontar desaf\u00edos todav\u00eda hoy.<\/p>\n<h2>I. La espiritualidad de la Hija de la Caridad<\/h2>\n<p>Todo fundador tiene su manera propia de leer y de descubrir el Evangelio, de asimilar, de actualizar y de vivir ciertos rasgos caracter\u00edsticos de Cristo. Las l\u00edneas fuerza de nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad se desprenden de esta manera particular como los Fundadores se sintieron interpelados por Jesucristo e invitados a participar en su vida y en su misi\u00f3n.<\/p>\n<h3>A. Una espiritualidad bautismal<\/h3>\n<p>Como todo bautizado, las Hijas de la Caridad est\u00e1n llamadas a la plenitud de la vida cristiana. Toda nuestra vida de Hijas de la Caridad se enraiza en nuestro bautismo. Por el bautismo, las Hijas de la Caridad son incorporadas a Cristo y consagradas a Dios: <em>\u00abComo hijas de Dios por el Bautismo y miembros del Cuerpo M\u00edstico, las Hijas de la Caridad se dirigen al <strong>Padre, <\/strong>por el Hijo, en el Esp\u00edritu. Aspiran a vivir en di\u00e1logo continuo con Dios, poni\u00e9ndose en sus manos en una actitud de confianza filial y de sumisi\u00f3n a su Providencia\u2026\u00bb<\/em> (C. 2,2)<\/p>\n<p>Los Fundadores nos recuerdan con insistencia que ser \u00abbuenas Hijas de la Caridad\u00bb es ser buenas cristianas (SV IX, 127 \/ ES IX, 132).<\/p>\n<p><strong> <\/strong>En la l\u00ednea de la consagraci\u00f3n bautismal, nos comprometemos a vivir y actuar con el esp\u00edritu de Jesucristo<strong>. <\/strong><em>\u00abCuando se dice que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en una persona, quiere decirse que este Esp\u00edritu, al habitar en ella, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que ten\u00eda Jesucristo en la tierra, y \u00e9stas le hacen obrar, no digo que con la misma perfecci\u00f3n, pero s\u00ed seg\u00fan la medida de los dones de este divino Esp\u00edritu\u00bb <\/em>(SV XII, 108 \/ ES XI, 411).<\/p>\n<p><strong>Por tanto, no es posible hacer lo que Cristo hizo sino a condici\u00f3n de ser lo que \u00c9l fue. <\/strong><em>\u00ab\u2026 el que viese la vida de Jesucristo ver\u00eda sin comparaci\u00f3n algo semejante en la vida de una Hija de la Caridad\u00bb<\/em> (SV IX, 592 \/ ES IX, 534).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la experiencia de fe de los Fundadores, el esp\u00edritu de humildad, de sencillez y de caridad es la expresi\u00f3n concreta del Esp\u00edritu de Jesucristo que debe animar nuestra vida de Hijas de la Caridad. <em>\u00abDios quiere que las Hijas de la Caridad se dediquen particularmente a la pr\u00e1ctica de la humildad, la sencillez y la caridad\u00bb <\/em>(SV IX, 596 \/ ES IX, 537).<\/p>\n<p>Revestidas del Esp\u00edritu de Jes\u00fas Servidor, nos arriesgamos a vivir con \u00c9l, como \u00c9l, a seguirlo, a reproducir su manera de vivir y de obrar, a imitarlo.<\/p>\n<h3><strong>B. Una espiritualidad cristoc\u00e9ntrica<\/strong><\/h3>\n<p>Todo cristiano est\u00e1 llamado a seguir a Cristo y a imitarlo, pero se le ofrecen varios caminos para llevar esto a la vida. Como Hijas de la Caridad, estamos llamadas a seguir a Cristo como los Fundadores lo descubrieron a trav\u00e9s de su experiencia espiritual: <em>\u00abLa regla de las Hijas de la Caridad es Cristo, al que se proponen imitar bajo los rasgos con que la Escritura lo revela y los Fundadores lo descubren : Adorador del Padre, Servidor de su designio de Amor, Evangelizador de los Pobres\u00bb. <\/em>(C. 1.5)<\/p>\n<p><strong>1. Seguir a Cristo tal como los Fundadores lo descubrieron <\/strong><\/p>\n<p>Contemplamos a Cristo como <strong>Adorador del Padre,<\/strong> totalmente orientado hacia el Padre, y como <strong>Servidor del designio de amor del Padre, <\/strong>de la obra de redenci\u00f3n para la que fue enviado. Nos unimos a \u00c9l en su manera de dirigirnos, particularmente a los peque\u00f1os y a los pobres, como <strong>Evangelizador de los Pobres<\/strong>.<\/p>\n<p>Estos tres rasgos de la fisionom\u00eda de Cristo deben ser le\u00eddos en su profunda unidad: si Jes\u00fas es Evangelizador de los Pobres, es que es Servidor del Designio de amor de su Padre sobre la Humanidad. Y si es ese perfecto Servidor, es porque su personalidad est\u00e1 toda entera centrada en el Padre.<\/p>\n<p><strong>2. Y continuar su misi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>No nos basta con contemplar los rasgos caracter\u00edsticos descubiertos por los Fundadores, se trata tambi\u00e9n de actualizarlos en nuestra vida, a trav\u00e9s de nuestra vida de siervas de los Pobres. Para esto, escogemos vivir total y radicalmente los Consejos Evang\u00e9licos de castidad, de pobreza y de obediencia que nos hacen disponibles para el servicio a Cristo en los Pobres. Toda nuestra vida est\u00e1 marcada por el don total a Dios. Esto implica un continuo desprendimiento de nosotras mismas : <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 dice una Hija de la Caridad al hacer el voto de pobreza, castidad y obediencia? Dice que renuncia al mundo, que desprecia todas sus hermosas promesas y que se entrega a Dios sin reserva alguna\u00bb <\/em>(SV X, 215 \/ ES IX, 821)<\/p>\n<h3>C. Una espiritualidad en referencia al misterio de la <em>encarnaci\u03ccn redentora<\/em><\/h3>\n<p>Seg\u00fan nuestros Fundadores, el centro de nuestra vida es la persona de Cristo, el Dios encarnado en la historia de los hombres para salvarlos. Durante toda su vida, contemplaron este Misterio de la Encarnaci\u00f3n atravesado por el misterio de la Cruz: <em>\u00abContemplan a Cristo en el anonadamiento de su Encarnaci\u00f3n Redentora, maravill\u00e1ndose de que \u2018\u2026 Dios, en cierto modo, no pueda o no quiera estar nunca separado del hombre\u2019\u00bb <\/em>(Sta. Luisa) C 2.2.<\/p>\n<p>Nuestros Fundadores honraron a Jesucristo:<\/p>\n<p>&#8211; en su Encarnaci\u00f3n, viviendo y actuando en medio de los hombres para salvarlos;<\/p>\n<p>&#8211; en su Redenci\u00f3n, dando su vida por ellos.<\/p>\n<p><strong>1. El misterio de la Encarnaci\u00f3n o Cristo encarnado <\/strong><\/p>\n<p>Toda nuestra vida est\u00e1 fundada en la fe en el misterio de la Encarnaci\u00f3n que es la mayor expresi\u00f3n de la Misericordia de Dios para con los hombres.<em> \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le dio a su Hijo \u00danico\u00bb <\/em>(Jn 3,16). La Encarnaci\u00f3n manifiesta a los hombres la profundidad del misterio de Dios. Revela definitivamente qui\u00e9n y c\u00f3mo es Dios.<\/p>\n<p>Cristo se encarna para que Dios est\u00e9 cercano a los hombres hasta el punto de hacerse realmente uno de ellos.<em> \u00abSe hizo en todo semejante a los hombres menos en el pecado\u00bb, <\/em>nos dice San Pablo.<\/p>\n<p>El acto de despojamiento y de anonadamiento de Cristo revela la manera humilde de Dios de hacerse cercano a los hombres, haci\u00e9ndose uno de entre ellos, peque\u00f1o y dependiente. Jes\u00fas es no solamente <em>\u00abDios entre nosotros\u00bb,<\/em> sino tambi\u00e9n <em>\u00abDios para nosotros\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A ejemplo de nuestros Fundadores y aprendiendo de ellos, contemplamos a Jes\u00fas Encarnado:<\/p>\n<p>&#8211; que est\u00e1 presente y act\u00faa en una \u00e9poca y un lugar determinados;<\/p>\n<p>&#8211; que da su vida para salvar a los hombres.<\/p>\n<p><strong>a. Jes\u00fas Encarnado, un hombre que est\u00e1 <em>presente<\/em> en una \u00e9poca y en un lugar determinados<\/strong><\/p>\n<p>Meditando el misterio de la Encarnaci\u00f3n, nuestros Fundadores contemplan la inserci\u00f3n humilde de Jes\u00fas en un medio familiar, profesional y social.<\/p>\n<p><strong>* Su humanidad<\/strong><\/p>\n<h5>Su infancia: Los Fundadores contemplaron la pobreza del Ni\u00f1o en el Pesebre. \u00bfY no vemos tambi\u00e9n c\u00f3mo el Padre eterno, al enviar a su Hijo a la tierra para que fuera la luz del mundo, no quiso sin embargo que apareciera m\u00e1s que como un ni\u00f1o peque\u00f1o, como uno de esos pobrecillos que vienen a pedir limosna \u2026?<em>\u00ab<\/em> (SV XI, 377 \/ ES XI, 263).<\/h5>\n<p>Para Santa Luisa, el estado de infancia del Hijo de Dios <em>\u00abda m\u00e1s libre acceso\u00bb<\/em> para ir a \u00c9l.<em> \u00ab\u2026 de su Infancia alcanzar\u00e1n cuanto necesiten para llegar a ser verdaderas cristianas y perfectas Hijas de la Caridad si le piden su Esp\u00edritu\u00bb<\/em> (Santa Luisa, Correnpondencia y Escritos: C. 712).<\/p>\n<h5>Su vida en Nazaret: Nuestros Fundadores se admiran ante el hecho de que el Verbo eterno hecho hombre pase la mayor parte de su vida en la oscuridad y dedicado a las tareas m\u00e1s ordinarias de la vida. La vida en Nazaret representa lo esencial de la vida de Jes\u00fas, es el lugar del trabajo silencioso, an\u00f3nimo. <em>\u00abhonrar el estado desconocido, la vida oculta del Hijo de Dios\u00bb <\/em>(SV I, 87 \/ ES I , 149). <em>\u00ab\u2026 el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso llevar una vida com\u00fan para conformarse a los hombres\u2026<\/em> <em>Ten\u00eda tambi\u00e9n la misma forma de obrar, caminaba como nosotros, trabajaba como nosotros\u2026 quiso injertarse en nuestra naturaleza para unirnos a \u00e9l; se hizo hombre para hacernos ver, por su forma de vivir, c\u00f3mo hemos de vivir nosotros\u2026<\/em> (SV XII, 250, 251 \/ ES XI, 543).<\/h5>\n<p>A una Hermana que comienza una nueva implantaci\u00f3n, Santa Luisa le aconseja que contemple la vida oculta de Jes\u00fas en medio de su pueblo. <em>\u00abhonrar el \u2018no hacer\u2019 del Hijo de Dios\u00bb<\/em> (S.L. Corr. y Escr. C. 704 a Sor Ana Hardemont); <em>\u00abimporta no despreciar el \u2018 no hacer\u2019 de la vida oculta del Hijo de Dios&#8230;.\u00bb <\/em>(SV IX, 18 ; 27 \/ ES IX, 37, 44).<\/p>\n<p>Para los Fundadores, se trata de amar en la vida cotidiana, de hacer bien las cosas ordinarias de la vida, incluidas las tareas aparentemente peque\u00f1as y oscuras.<\/p>\n<p><strong>* Su vida de Fe: <em>\u00abJes\u00fas,<\/em> <em>Adorador del Padre\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<p>San Vicente est\u00e1 marcado por la actitud de familiaridad que Jes\u00fas tiene con Dios y por su intimidad inigualable entre \u00c9l y su Padre. Jes\u00fas es <em>\u00abreligi\u00f3n con relaci\u00f3n a su Padre<\/em> y <em>caridad con relaci\u00f3n a los hombres\u00bb<\/em> (SV VI, 393 \/ ES VI, 370). Totalmente orientado hacia el Padre, Jes\u00fas est\u00e1 tambi\u00e9n totalmente orientado hacia los hombres.<\/p>\n<p>Para nuestros Fundadores, se trata de vivir en uni\u00f3n constante con Dios para reconocer su presencia operante, no solamente en la oraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en el coraz\u00f3n y en la vida de los hombres.<\/p>\n<p><strong>* Su combate espiritual : <em>\u00abJes\u00fas, Servidor del Designio de Amor del Padre\u00bb<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Nuestros Fundadores meditaron detenidamente en los gestos de humildad de Jes\u00fas a lo largo de su vida p\u00fablica, tanto al principio de su ministerio cuando se inclina ante su precursor, como ante sus ap\u00f3stoles cuando se abaja para lavarles los pies. <em>\u00abDebo recordar que la humildad que Nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 en su Bautismo, es para servirme de ejemplo que debo imitar&#8230;\u00bb, <\/em>dice Santa Luisa.<\/p>\n<p>Para nuestros Fundadores, Jes\u00fas no busca m\u00e1s que la voluntad de su Padre. <em>\u00abSu norma <\/em>(de Nuestro Se\u00f1or)<em> era cumplir la voluntad de su Padre en todo, y dice que para ello baj\u00f3 a la tierra, no para hacer su voluntad, sino la del Padre<\/em><em>\u00bb <\/em>(SV XII, 154 \/ ES XI, 449)<\/p>\n<p>En el desierto, el Diablo trata de ponerlo en peligro. Lo tienta no solamente en su misi\u00f3n, sino sobre todo en la manera de realizarla. Jes\u00fas rehusa todo poder terrestre, todo \u00e9xito mundano, toda riqueza, para proclamar la primac\u00eda de Dios. Escogi\u00f3 libremente entrar en la v\u00eda oculta y sencilla del deber cotidiano. <em>\u00abEl Hijo de Dios quiso ser pobre !&#8230;\u00bb<\/em> (SV X, 205 \/ ES IX, 813); \u00ab<em>Nuestro Se\u00f1or quiso hacer todas las acciones de su vida por obediencia\u00bb <\/em>(SV XII, 426 \/ ES XI, 688).<\/p>\n<p>Para nuestros Fundadores, se trata de seguir a Cristo pobre, casto, obediente, llevando el combate contra el esp\u00edritu de poder, de dominio, de popularidad, de dimisi\u00f3n, etc.<\/p>\n<p><strong>b. Jes\u00fas Encarnado, un hombre que <em>act\u00faa<\/em> para salvar a los hombres <\/strong><\/p>\n<p>Para San Vicente, Jes\u00fas es no solamente Adorador del Padre y Servidor de su designio de Amor, sino tambi\u00e9n Evangelizador de los Pobres. Jes\u00fas se encarn\u00f3 para evangelizar y servir a los Pobres.<\/p>\n<p><strong>* <em>Jes\u00fas Evangelizador \u00abde los Pobres\u00bb <\/em><\/strong>(Lc 4,18-19)<strong><\/strong><\/p>\n<p>A trav\u00e9s de su lectura del Evangelio de la Samaritana, Santa Luisa contempla todo el amor de Cristo hacia la humanidad pecadora y entrev\u00e9 su misi\u00f3n de reconciliaci\u00f3n. (S.L. Corr. y Escr., E. 10, p. 675). Pero, ante la pobreza y la ignorancia del pueblo campesino, San Vicente contempla muy particularmente la prioridad que Jes\u00fas concede a los pobres para expresar el amor de Dios hacia todos los hombres: <em>\u00ab\u2026 el Hijo de Dios vino a evangelizar a los pobres\u00bb<\/em> (SV XI, 315 \/ ES XI, 209). <em>\u00abNuestro Se\u00f1or Jesucristo,\u2026 al parecer, hab\u00eda escogido como tarea, al venir al mundo, asistir a los pobres y cuidar de ellos&#8230;\u00bb<\/em> (SV XI, 108 \/ ES XI, 33).<\/p>\n<p>Para nuestros Fundadores, se trata de poner a los pobres en el centro de nuestra vida y de nuestras preocupaciones, de pensar y organizar nuestra vida en funci\u00f3n de ellos.<\/p>\n<p><strong>* <em>Jes\u00fas, Evangelizador, por la Caridad<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Nuestros Fundadores meditaron detenidamente sobre la manera de evangelizar a los pobres, principalmente a trav\u00e9s de su ser de \u00abCaridad perfecta\u00bb que le hace arrodillarse ante los suyos para servirlos con un esp\u00edritu de humildad. <em>\u00abNuestro Se\u00f1or consumi\u00f3 sus fuerzas y su vida para el servicio del pr\u00f3jimo\u00bb,<\/em> dice Santa Luisa a las Hermanas de Nantes (S.L. 10.02.1657 \u2013 C. 571). Lleno de compasi\u00f3n hacia todos los que sufren, Jes\u00fas cur\u00f3 a los enfermos, expuls\u00f3 a los malos esp\u00edritus, reintegr\u00f3 en la vida social a todos los exclu\u00eddos, para manifestarles la ternura de Dios: <em>\u00abTenemos que imitar la vida y manera de obrar de Nuestro Se\u00f1or que\u2026 pudo decir que hab\u00eda venido a la tierra no para hacer su voluntad, para servir y no para ser servido\u00bb<\/em> (Ibid. 27.06.1645 &#8211; C. 129).<\/p>\n<p>Para los Fundadores, lo que caracteriza la actitud evangelizadora de Jes\u00fas, es aquella que lo pone en actitud de servidor ante los hombres, incluso ante aquel que se opone a \u00c9l, Judas: <em>\u00abEl Hijo de Dios se consumi\u00f3 por amor al Padre en el servicio a los Pobres<\/em>\u00ab. Para San Vicente y Santa Luisa, se trata de ponerse al servicio de la curaci\u00f3n de todos los que sufren, a trav\u00e9s de un servicio corporal y espiritual a fin de permitirles realizar su vocaci\u00f3n de hijos del Padre y hacerse \u00abamigos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p><strong>2. El misterio de la <em>redenci\u00f3n<\/em> o Cristo Servidor<\/strong><\/p>\n<p>Nuestros Fundadores honraron a Cristo no solamente en su Encarnaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en ese gran misterio de la Redenci\u00f3n como el acto de Amor por excelencia. Contemplaron a Cristo bajo los dos siguientes rasgos :<\/p>\n<p>&#8211; Cristo humillado, doliente;<\/p>\n<p>&#8211; Cristo Servidor que da su vida hasta el extremo por los hombres.<\/p>\n<p><strong>a. Jes\u00fas humillado, el \u00bb Pobre \u00ab, por excelencia<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abNuestro Se\u00f1or, cuando estaba en la Cruz, \u00a1en qu\u00e9 sufrimiento estaba! Aunque sab\u00eda muy bien que era para la salvaci\u00f3n de los hombres y para la gloria de Dios su Padre, sin embargo, fue atravesado de dolores y lleno de penas interiores hasta exclamar : \u2018Padre, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u2019\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Nuestros Fundadores contemplaron a Jesucristo humillado, escarnecido, despreciado, golpeado, flagelado, tomando sobre \u00c9l las violencias, las crueldades, las injusticias, las mentiras, para expiar todos los pecados y llevar al hombre al amor del Padre. Reconocieron el rostro de Dios a trav\u00e9s de la humillaci\u00f3n, del sufrimiento, de la incomprensi\u00f3n y la crucifixi\u00f3n. Para nuestros Fundadores, se trata de no dejarse desalentar por las contradicciones sino de ponerse en una actitud de esp\u00edritu de pobreza tal que Dios pueda amar y perdonar a trav\u00e9s de nosotros.<\/p>\n<p><strong>b. Jes\u00fas Servidor da su vida hasta el extremo por los hombres<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfPod\u00eda dar testimonio de un amor mayor que muriendo\u2026 de la forma en que lo hizo?\u00bb<\/em> (SV XII, 109 \/ ES XI, 411). <em>\u00abMiremos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1qu\u00e9 llama de amor!\u2026 Viniste a exponerte a todas nuestras miserias,\u2026 a llevar una vida de sufrimiento y a padecer por nosotros una muerte ignominiosa; \u00bfhay amor semejante? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda amar de una forma tan supereminente? S\u00f3lo nuestro Se\u00f1or ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades. \u00bfY para qu\u00e9? Para establecer entre nosotros por su ejemplo y su palabra la caridad con el pr\u00f3jimo. Este amor fue el que lo crucific\u00f3 y el que hizo esta obra admirable de nuestra Redenci\u00f3n.\u00bb \u00bb <\/em>(SV XII, 264-265 \/ ES XI, 555).<\/p>\n<p>Jes\u00fas Servidor vive su misi\u00f3n con un amor tal que lo lleva a una desposesi\u00f3n de s\u00ed mismo para ser todo para los dem\u00e1s. Va hasta el extremo de su ofrenda y ya que \u00e9sa es rechazada, ir hasta el extremo lleva consigo la muerte.<\/p>\n<p>Nuestros Fundadores contemplaron en la Cruz la se\u00f1al del amor infinito del Servidor que no se venga ni castiga, sino que perdona a sus verdugos y acepta el anonadamiento de s\u00ed. Es amando, sirviendo, salvando a los hombres en el anonadamiento y el don total de s\u00ed mismo en la cruz como Jes\u00fas asume el Designio de amor del Padre. Con ello nos aparece como <em>\u00abla fuente de amor humillado hasta nosotros\u00bb <\/em>(SV XII, 264 \/ ES XI, 555).Para nuestros Fundadores, se trata de entregarse sin reservas, sin restricci\u00f3n y sin retorno para el servicio de los pobres. La reflexi\u00f3n sobre el Misterio de la Encarnaci\u00f3n Redentora de Cristo se prosigue naturalmente con el Misterio de la Resurrecci\u00f3n. Si Cristo resucitado no tiene ya nada que hacer con el espacio y est\u00e1 fuera del tiempo, est\u00e1 sin embargo con nosotros para siempre hasta el fin del mundo (Mt 28,20). La vida del Resucitado abraza todos los lugares y todos los tiempos. Contin\u00faa amando este mundo, queriendo su bien y su salvaci\u00f3n. Cristo Resucitado nos invita a estar con \u00c9l y en \u00c9l, a ver en su vida terrena el modelo de la misi\u00f3n entre los pobres para continuarla.<\/p>\n<h3>D. Una espiritualidad de sierva encarnada en el hoy de los hombres<\/h3>\n<p>Cristo resucitado contin\u00faa encarn\u00e1ndose hoy en el coraz\u00f3n y en la vida de los hombres.<strong> <\/strong>Seg\u00fan la espiritualidad de los Fundadores, continuamos la misi\u00f3n de Jesucristo. Como ellos, experimentamos a Cristo encarnado y redentor, que contin\u00faa estando <em>presente y operante<\/em> en nuestra vida personal y en el coraz\u00f3n del mundo. Como ellos, respondemos a la llamada de Cristo que nos invita a continuar su misi\u00f3n entre los Pobres, ofreci\u00e9ndole todo lo que somos y todo lo que hacemos, con una confianza continua en su divina Providencia (C 1,9).<\/p>\n<p>Para nosotras, Hijas de la Caridad, la actualizaci\u00f3n de la espiritualidad de los Fundadores se autentifica en una <strong>espiritualidad del servicio, enraizada en la Caridad. <\/strong>La Constituci\u00f3n 2,1 (\u00faltimo \u00a7) dice que nuestra espiritualidad del servicio en el sentido amplio nos conduce progresivamente a una identificaci\u00f3n con Cristo Servidor. <em>\u00abLa imitaci\u00f3n de <strong>Jes\u00fas Servidor<\/strong> es el fundamento que San Vicente y Santa Luisa proponen a las Hermanas para vivir como buenas cristianas, para ser buenas Hijas de la Caridad\u00bb. <\/em>La Constituci\u00f3n 1,10 indica que la v\u00eda seg\u00fan la cual debemos dejarnos conducir por el Esp\u00edritu de Cristo Servidor es la de las tres virtudes evang\u00e9licas de humildad, sencillez y caridad.<\/p>\n<p>Para los Fundadores, hay un v\u00ednculo profundo entre las tres actitudes de Cristo Servidor tal como lo describe la Constituci\u00f3n 1,5 (Adorador del Padre, Servidor de su designio de Amor, Evangelizador de los Pobres) y las tres virtudes evang\u00e9licas que nos recomiendan.<\/p>\n<p>Las tres virtudes evang\u00e9licas caracterizan nuestra espiritualidad de sierva :<\/p>\n<p>1 \u2013 La humildad a ejemplo de Cristo Adorador del Padre:<\/p>\n<p>&#8211; la acogida del Esp\u00edritu de Jesucristo;<\/p>\n<p>&#8211; una mirada de fe sobre las personas y los acontecimientos.<\/p>\n<p>2 &#8211; La sencillez, a ejemplo de Cristo, Servidor del Designio de Amor del Padre:<\/p>\n<p>&#8211; una actitud de sierva para continuar a Cristo Servidor<\/p>\n<p>3 &#8211; La caridad, a ejemplo de Cristo Evangelizador de los Pobres:<\/p>\n<p>&#8211; un servicio de todo el hombre y de todos los hombres<\/p>\n<p><strong>1. La humildad a ejemplo de Cristo, Adorador del Padre<\/strong><\/p>\n<p>Nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad se caracteriza ante todo por una actitud profunda de <strong>acogida de la presencia de Cristo Resucitado <\/strong>antes de ser un obrar. Se enra\u00edza en<strong> una fe <\/strong>viva en su presencia, ya que contin\u00faa encarn\u00e1ndose en la historia de los hombres, en la realidad sencilla de las alegr\u00edas y penas cotidianas, as\u00ed como en las Sagradas Escrituras y en los Sacramentos.<\/p>\n<p><strong>a. La acogida del Esp\u00edritu de Jesucristo<\/strong><\/p>\n<p>Lo esencial de nuestra espiritualidad est\u00e1 en esta actitud de \u00ab<em>vaciarnos de nosotros mismos para llenarnos de Dios\u00bb <\/em>y<em> \u00abrevestirnos del esp\u00edritu de Jesucristo\u00bb <\/em>(SV XII, 107 \/ ES XI, 236). En nuestra vida cotidiana, nos entregamos a Dios, nos disponemos a acoger su Esp\u00edritu para vivir en comuni\u00f3n profunda con \u00c9l a fin de servirle en los Pobres. Depender del Esp\u00edritu Santo es dejarle crear en nosotras la semejanza con Cristo humilde, sencillo y caritativo. (cf. C 1,10 ; 2,3). <em>\u00abMis queridas Hermanas, entregaos a Dios para hacer bien lo que vais a hacer. Pedidle el esp\u00edritu de su Hijo, para que pod\u00e1is ejecutar vuestras acciones, lo mismo que \u00e9l ejecut\u00f3 las suyas\u2026\u00bb <\/em>(SV IX, 534 \/ ES IX, 498). <em>\u00abDios quiere que las Hijas de la Caridad se dediquen especial\u00admente a la pr\u00e1ctica de tres virtudes, la humildad, la caridad y la sencillez\u00bb <\/em>(SV IX, 596 \/ ES IX, 537)<em>.<\/em><\/p>\n<p>Los tiempos de oraci\u00f3n personal y comunitaria son tiempos privilegiados para contemplar a Cristo encarnado y acogerlo tal como se revela en el Evangelio y en la vida de hoy, especialmente en la vida de los Pobres. Con un esp\u00edritu de humildad, reconocemos el Amor del Padre que no cesa de salir a nuestro encuentro, de unirnos a \u00c9l. Nos dejamos encontrar por Cristo Servidor, aprendemos con \u00c9l a mirar el mundo como \u00c9l y a entrar m\u00e1s en su humildad y su caridad.<\/p>\n<p><strong>b. Una mirada de fe sobre las personas y los acontecimientos<\/strong><\/p>\n<p>La humildad es esta actitud de coraz\u00f3n que nos orienta hacia Dios, hacia los dem\u00e1s. Desarrolla en nosotros una capacidad de dirigir una mirada de fe que conduce a descentrarnos de nosotros mismos con una din\u00e1mica positiva ya que nos ayuda a reconocer la presencia operante del Padre en la persona y en la vida de los Pobres.<\/p>\n<p>A ejemplo de los Fundadores, vivimos un aut\u00e9ntico encuentro con Dios al encontrar y servir a los Pobres. <em>\u00abSirviendo a los Pobres, se sirve a Jesucristo\u00bb<\/em> (SV IX, 252 \/ ES IX, 240). Cuando acogemos a los Pobres, acogemos al Se\u00f1or tal como se deja ver hoy en nuestro mundo. Nutridas por la oraci\u00f3n y por la Eucarist\u00eda, en la que descubrimos el cuerpo del Se\u00f1or en los signos de los Pobres y sencillos de la Palabra, del pan y del vino bajo los que \u00c9l se presenta, aprendemos a reconocerlo m\u00e1s en el cuerpo y el esp\u00edritu de los m\u00e1s pobres as\u00ed como en la opacidad de tantas situaciones dif\u00edciles en que vivimos: <em>En una mirada de fe ven a Cristo en los Pobres y a los Pobres en Cristo, y se esfuerzan por servirle en sus miembros dolientes \u2018con dulzura, compasi\u00f3n, cordialidad, respeto y devoci\u00f3n\u00bb <\/em>(C 1,7). <em>\u00abDadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son esos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre&#8230;\u00bb<\/em> (SV XI, 32 \/ ES XI, 725).<\/p>\n<p>En la Fe, cualquiera que sea su tipo de pobreza, estamos invitadas a contemplar en el rostro de los Pobres humillados y desfigurados el rostro del Crucificado: Jesucristo pobre, humillado y desfigurado por su Pasi\u00f3n. Creemos que Jes\u00fas Resucitado contin\u00faa dej\u00e1ndose ver en todo hombre herido por la vida (heridas f\u00edsicas, psicol\u00f3gicas, afectivas, morales, espirituales). \u00a1Habiendo acogido su Esp\u00edritu, podemos, como Tom\u00e1s, reconocerlo como \u00abMi Se\u00f1or y mi Dios\u00bb y decir con San Vicente : <em>\u00abEllos son nuestros Amos y Se\u00f1ores\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Al vivir esta actitud de fe que consiste en reconocer y acoger a Cristo encarnado en la oraci\u00f3n, en los acontecimientos y la vida de los hombres, nos convertimos en \u00abAdoradoras del Padre\u00bb y hacemos de toda nuestra vida un lugar de uni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p><strong>2. La sencillez, siguiendo a Cristo Servidor del Designio de Amor del Padre <\/strong><\/p>\n<p>La C 2,1 dice<em>: \u00abLa imitaci\u00f3n de <strong>Jes\u00fas Servidor<\/strong> es el fundamento que San Vicente y Santa Luisa proponen a las Hermanas para vivir como buenas cristianas, para ser buenas Hijas de la Caridad\u00bb. <\/em>La C. 2,2 insiste: <em>\u00abContemplan a Cristo en el anonadamiento de su Encarnaci\u00f3n Redentora, maravill\u00e1ndose de que \u2018Dios, en cierto modo, no pueda o no quiera estar nunca separado del hombre\u2019\u00bb. \u00abDel Hijo del Hombre aprenden a revelar a sus hermanos el Amor de Dios por el mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>Una actitud de sierva para continuar la misi\u00f3n Cristo Servidor<\/strong><\/p>\n<p>Nuestro ser de Hijas de la Caridad debe traducir, prolongar en nuestro tiempo, el ser de Servidor de Cristo. Por eso nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad no se expresa solamente por una acogida, sino tambi\u00e9n por <strong>una actitud, un ser de sierva. <\/strong><\/p>\n<p>Al contemplar la actitud de Cristo, Servidor del designio de Amor del Padre, aprendemos progresivamente a tratar de no hacer m\u00e1s que lo que le agrada y desear hacer su voluntad a la manera del servidor. Esta virtud de la sencillez nos conduce a ser cada vez m\u00e1s Siervas del Designio de Amor del Padre, tratando de ir rectas a Dios con un comportamiento que sea legible por todos. La C 2,2 dice: <em>\u00abSe esfuerzan por ser d\u00f3ciles a las inspiraciones del Esp\u00edritu, convencidas de que llegar\u00e1n a ser instrumentos de sus obras s\u00f3lo en la medida en que le sean fieles. Luisa de Marillac\u2026 deseaba que la Compa\u00f1\u00eda fuese dependiente del Esp\u00edritu Santo, para que pudiera realizar el designio de Amor del Padre y dar testimonio del Hijo Resucitado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta actitud del coraz\u00f3n que nos hace buscar la voluntad de Dios nos ayuda a descubrir m\u00e1s profundamente el misterio de la Cruz de Cristo y nos lleva a seguirle en sus combates, en sus sufrimientos, a trav\u00e9s de resoluciones concretas y de la pr\u00e1ctica de los Consejos Evang\u00e9licos. Nos esforzamos por tender hacia el gesto de Jes\u00fas que se entrega totalmente al Padre para salvar a los hombres. La virtud de la sencillez nos recuerda que lavar los pies de los Pobres con humildad no es posible m\u00e1s que si vivimos en comuni\u00f3n constante con Jes\u00fas Servidor.<\/p>\n<p><strong>3. La Caridad a ejemplo de Cristo Evangelizador de los Pobres <\/strong><\/p>\n<p>Nuestra misi\u00f3n de Hijas de la Caridad prolonga, en nuestro tiempo, el misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora, es decir, el compromiso de Dios en la historia de los hombres. Por eso nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad no se expresa solamente por una acogida y un ser de siervas, sino tambi\u00e9n por un <strong>actuar. <\/strong>Enraizadas en Cristo Servidor que es \u00abla fuente y el modelo de toda caridad\u00bb (C 2,1 &#8211; \u00faltimo \u00a7; C 1,4), al tratar de dejarle crear en nosotras su semejanza, podemos servirle en la persona de los Pobres.<\/p>\n<p>Toda nuestra vida expresa \u00abel estado de caridad\u00bb de la que Cristo es la fuente y el modelo. El amor inseparable a Dios y al pr\u00f3jimo que se expresa en nuestro servicio a los Pobres, da todo su sentido a nuestra vocaci\u00f3n. Ser \u00absiervas de los pobres\u00bb no es el acto de un momento, sino que nos introduce en un \u00abestado de Caridad\u00bb (C 2,9 \u00a71) que engloba toda nuestra vida. No hay que confundir caridad con generosidad o incluso con solidaridad. La caridad es a la vez visi\u00f3n de fe y puesta en pr\u00e1ctica del amor de Dios.<\/p>\n<p><strong>Servir a todo el hombre y a todos los hombres<\/strong><\/p>\n<p>\u00abAp\u00f3stoles de la Caridad\u00bb, somos enviadas por Cristo junto a los pobres para prolongar su obra de liberaci\u00f3n y manifestarles con ello su rostro de amor. La caridad de Cristo crucificado nos apremia a amar a todo hombre y a \u00abayudarle a realizar su vocaci\u00f3n de hijo de Dios\u00bb como dice la Constituci\u00f3n 2,3.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>el servicio a todo el hombre<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>Cuando Jes\u00fas Resucitado se apreci\u00f3 a los Ap\u00f3stoles, <em>\u00ables mostr\u00f3 sus manos y su costado\u00bb <\/em>(Jn 20,20). Despu\u00e9s dijo a Tom\u00e1s : <em>\u00abAcerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y m\u00e9tela en mi costado. Y no seas incr\u00e9dulo sino creyente;\u2026\u00bb<\/em> (Jn 20,27).<\/p>\n<p>Como Tom\u00e1s, estamos llamados a acercarnos a Cristo acercando nuestras manos a las heridas de los hombres, a tener en cuenta sus sufrimientos y a socorrerlos poni\u00e9ndonos a su servicio en la actitud de Cristo Servidor. Animadas por la Caridad derramada en nuestro coraz\u00f3n por el Esp\u00edritu Santo, unimos el servicio corporal y espiritual.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>el servicio a todos los pobres<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>La Caridad de Jes\u00fas crucificado nos apremia a servir a todos los Pobres sin excepci\u00f3n, ni de personas, ni de lugares, dando \u00abla prioridad&#8230; a los verdaderamente pobres\u00bb (C 1,8 \u00a7 2). <em>\u00abTen\u00e9is una vocaci\u00f3n que os obliga a asistir indiferentemente a toda clase de personas, hombres, mujeres, ni\u00f1os y en general a todos los pobres que os necesiten\u00bb<\/em> (SV X, 452 \/ ES IX, 1010). Este servicio se vive en la reciprocidad del intercambio: nos evangelizamos mutuamente. Los Pobres nos evangelizan, nos interpelan, nos dinamizan.<\/p>\n<h3>E. Mar\u00eda, maestra de vida espiritual<\/h3>\n<p><strong>Mar\u00eda, primera cristiana, Consagrada por excelencia,<\/strong> se sit\u00faa en el punto de partida y en el centro mismo del Misterio de la Salvaci\u00f3n. Su misi\u00f3n fue hacer entrar a Cristo en la historia humana. Y naturalmente, nuestras Constituciones nos recuerdan el lugar que Ella ocupa en nuestra vida de Hijas de la Caridad : <em>\u00abQuien quiere seguir a Jesucristo, encuentra a la que lo recibi\u00f3 del Padre. <strong>Mar\u00eda,<\/strong> la primera cristiana, la consagrada por excelencia, est\u00e1 presente en la vida de la Compa\u00f1\u00eda desde sus comienzos\u00bb<\/em> (C 1,12).<\/p>\n<p>Nuestros Fundadores descubrieron y contemplaron el lugar que Mar\u00eda ocupaba en el coraz\u00f3n de Dios, especialmente a trav\u00e9s de los textos de la Anunciaci\u00f3n y de la Visitaci\u00f3n. Al ver en Mar\u00eda la sierva por excelencia del Se\u00f1or, ven en su persona a la que pod\u00eda indicarnos mejor c\u00f3mo realizar nuestra vocaci\u00f3n, puesto que su presencia es totalmente evang\u00e9lica. <em>\u00ab\u2026que act\u00faen como se imaginar\u00e1n que pod\u00eda actuar la santa Virgen; que consideren su caridad y su humildad, y que sean muy humildes ante Dios y cordiales consigo mismas, bienhechoras para con todos\u2026\u00bb\u2026<\/em> (SV I, 514 \/ ES I, 509).<\/p>\n<p>La Constituci\u00f3n 2,16 nos invita a tomar a Mar\u00eda como maestra de vida espiritual. Mar\u00eda es maestra de vida espiritual no solamente en el aprendizaje de una vida de uni\u00f3n con Dios sino tambi\u00e9n en el de un compromiso total de sierva. Por eso, la Constituci\u00f3n 1,12 podr\u00eda parafrasearse de la manera siguiente: <em>\u00abquien quiere seguir a Jesucristo,<\/em> Adorador del Padre, Servidor de su Designio de Amor y Evangelizador de los Pobres, <em>encuentra a Mar\u00eda, Inmaculada, <\/em>Adoradora del Padre, <em>Sierva de su Designio de Amor<\/em> <em>y &#8230; Madre de misericordia y Esperanza de los peque\u00f1os<\/em>, o Evangelizadora de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Mar\u00eda Inmaculada, Adoradora del Padre<\/strong><\/p>\n<p>El texto de la Anunciaci\u00f3n nos confirma la relaci\u00f3n de Mar\u00eda con el Se\u00f1or: \u00abllena de gracia\u00bb, \u00abel Se\u00f1or est\u00e1 contigo\u00bb. Vac\u00eda de todo lo que no es Dios, Mar\u00eda nos muestra lo que el Esp\u00edritu puede hacer en una creatura. Totalmente abierta al Esp\u00edritu, sabe que ella s\u00f3lo existe en segundo plano, en respuesta a una llamada. Su coraz\u00f3n est\u00e1 libre, vac\u00edo, para acoger en Ella sin restricci\u00f3n, con alegr\u00eda y gratitud, el Don mismo de Dios.<\/p>\n<p>El texto de la Anunciaci\u00f3n nos revela tambi\u00e9n la manera de estar de Mar\u00eda ante el Padre: profundamente atenta a Dios, escucha, ajusta sus latidos a los del coraz\u00f3n de Dios y se une a su presencia operante en el coraz\u00f3n y en la vida de los hombres. Totalmente orientada hacia Dios, est\u00e1 tambi\u00e9n como su hijo, totalmente orientada hacia los hombres, sus hijos. Profundamente recogida y totalmente abierta a los dem\u00e1s, Mar\u00eda tiene esa mirada que est\u00e1 a la vez orientada hacia dentro y hacia afuera. Su encuentro con Isabel nos deja entrever su manera de vivir relaciones humanas aut\u00e9nticas y profundas, hechas de reciprocidad.<\/p>\n<p>Igualmente, en la Natividad, Mar\u00eda deja transparentar un sentido ilimitado de la acogida con relaci\u00f3n a los pastores y a los magos. En Can\u00e1, su disponibilidad atenta y discreta le permite ver lo que nadie en realidad hab\u00eda visto: que la reserva de vino se hab\u00eda agotado. Mar\u00eda es sensible al momento humano de la existencia, atenta a las situaciones concretas, a las personas y a las cosas.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, Adoradora del Padre, es modelo de cercan\u00eda a Dios, de uni\u00f3n con \u00c9l. Nos ense\u00f1a a darnos a Dios para servirle en la persona de los Pobres, a escuchar su Palabra a trav\u00e9s de la palabra de los Pobres y a trav\u00e9s de los acontecimientos.<\/p>\n<p><strong>Mar\u00eda, Sierva del Designio de Amor del Padre<\/strong><\/p>\n<p>El texto de la Anunciaci\u00f3n nos muestra que despu\u00e9s de haber escuchado y reflexionado, Mar\u00eda decide : <em>\u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb. <\/em>A trav\u00e9s de esta palabra, Mar\u00eda pone a la luz su identidad de sierva obediente del Padre.<\/p>\n<p>Acogiendo libremente en su coraz\u00f3n el Designio de Amor del Padre, se entrega totalmente a \u00c9l manifestando su total disponibilidad. Deja que el Amor de Dios obre en su vida. No se trata de un \u00abactuar\u00bb cualquiera, sino de una obediencia llena de amor a la Voluntad de Dios, de una respuesta a su petici\u00f3n, de una adhesi\u00f3n a su Designio de Amor. Su viaje a <em>A\u00efn Karim<\/em> expresa, a su manera, que una vida seg\u00fan la caridad supone siempre dejarse a s\u00ed mismo, salir de sus costumbres, deshacerse de todo lo que impide la marcha. No hay uni\u00f3n con Dios sin una renuncia a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Mar\u00eda es el modelo de la adhesi\u00f3n al Designio de Amor de Dios.<strong> <\/strong>Esta actitud fundamental es la que debe guiarnos y animarnos siempre. No podemos ser verdaderamente siervas de los pobres sino en la medida en que nos hagamos siervas del Se\u00f1or, que es como acogemos desde la humildad las manifestaciones de los deseos de nuestro Maestro.<\/p>\n<p><strong>Mar\u00eda, Madre de misericordia, Evangelizadora de los Pobres<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber escuchado la Voluntad de Dios y de haber reflexionado, Mar\u00eda act\u00faa. Su decisi\u00f3n pasa inmediatamente a la obra. Su ser de sierva se expresa a trav\u00e9s de los gestos concretos de servicio. La vida con el Esp\u00edritu la proyecta siempre al exterior de s\u00ed misma para realizar su tarea humana. Por eso, impulsada por el Esp\u00edritu, Mar\u00eda se pone en camino y se va \u00abde prisa\u00bb para ayudar a su prima de edad avanzada.<\/p>\n<p>* Con Isabel, Mar\u00eda pone de relieve dos aspectos importantes de nuestro servicio a los pobres:<\/p>\n<p>&#8211; Su saludo nos inicia a una calidad de presencia junto a los Pobres, a dejarlos hablar, a escucharlos, a considerarlos por lo que son, a intercambiar en profundidad con ellos;<\/p>\n<p>&#8211; Sus gestos concretos de servicio traducen un amor que no teme cansarse, repetir los gestos que gastan el cuerpo.<\/p>\n<p>Mar\u00eda nos ense\u00f1a a vivir de manera extraordinaria la vida ordinaria, a vivir relaciones aut\u00e9nticas y profundas con los pobres, a ponernos concreta y valientemente a su servicio para revelarles la ternura que Dios les tiene.<\/p>\n<p>* En Can\u00e1, Mar\u00eda nos hace entrar en una conversi\u00f3n de la mirada para mirar a los pobres de otra manera y estar atentas a sus necesidades esenciales. Nos lleva tambi\u00e9n a pedir ayuda a las competencias de los dem\u00e1s, esto con delicadeza, sin buscar el inter\u00e9s personal.<\/p>\n<p>* Al pie de la Cruz, lejos de huir del desprecio, del sufrimiento, Mar\u00eda est\u00e1 presente, acompa\u00f1ando a Jes\u00fas condenado.<\/p>\n<p>* En el Cen\u00e1culo, Mar\u00eda est\u00e1 presente, al servicio de todos, signo visible de Cristo invisible. Es un lazo de uni\u00f3n entre los disc\u00edpulos, un fermento de unidad.<\/p>\n<p>* En Pentecost\u00e9s, Mar\u00eda cree que el Esp\u00edritu de su Hijo contin\u00faa comunic\u00e1ndose y actuando en el coraz\u00f3n de los hombres ayud\u00e1ndoles a reconocerse hijos de un mismo Padre y a vivir juntos como hermanos.<\/p>\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>As\u00ed, descubrimos en Mar\u00eda la actitud justa de la sierva. Ella, que se dej\u00f3 modelar por el Esp\u00edritu, nos ense\u00f1a a dejarnos modelar por el mismo Esp\u00edritu para continuar la misi\u00f3n de su Hijo entre los pobres, en este comienzo del tercer milenio. Por eso nos gusta meditar cotidianamente dos oraciones evang\u00e9licas que son el Rosario y el \u00c1ngelus, como una manera entre otras de ayudarnos, no solamente a ajustarnos al paso de Dios que se acerca a nuestra humanidad invit\u00e1ndose a casa de Mar\u00eda, sino tambi\u00e9n a aprender de Mar\u00eda Sierva.<\/p>\n<h2>II. La espiritualidad de la Hija de la Caridad y los desaf\u00edos para hoy<strong><\/strong><strong><\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de haber hecho un discernimiento, un poco m\u00e1s cerca, de nuestra espiritualidad a partir de la experiencia de los Fundadores, se trata ahora de abordar la segunda cuesti\u00f3n que es muy importante: \u00bfC\u00f3mo vivir hoy esta espiritualidad de HdlC?, \u00bfC\u00f3mo continuar la misi\u00f3n de Encarnaci\u00f3n redentora en el mundo de hoy?, \u00bfC\u00f3mo honrar a Jesucristo como manantial y modelo de toda caridad sirvi\u00e9ndole corporal y espiritualmente en la persona de los Pobres en el contexto cultural de nuestros diferentes pa\u00edses?<\/p>\n<p>La espiritualidad cristiana tiene un car\u00e1cter radicalmente hist\u00f3rico y concreto. Por eso, tenemos que luchar contra una imagen ideal de las modalidades concretas para vivir nuestra espiritualidad en el mundo de hoy. Las modalidades var\u00edan seg\u00fan los lugares, los contextos, las evoluciones en curso. Es imposible determinar, de una vez por todas, desde el exterior. Hay que inventarlas sobre el terreno de la historia, y reajustarlas sin cesar.<\/p>\n<p>Voy a limitarme a dos realidades mundiales y eclesiales de hoy que nos interpelan muy directamente:<\/p>\n<p>&#8211; la primera es el fen\u00f3meno de la mundializaci\u00f3n;<\/p>\n<p>&#8211; la segunda es la Nueva Evangelizaci\u00f3n de que habla Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Ante la mundializaci\u00f3n, tenemos que inculturarnos cada vez m\u00e1s en el mundo de los pobres, lo que se va a traducir en un estilo de vida cercano a los pobres y una mirada positiva a la vida que puede extra\u00f1arnos y desconcertarnos, para descubrir la presencia actual del Resucitado que llama a seguirle y abre un camino de esperanza. Para comprometernos en la Nueva Evangelizaci\u00f3n, el servicio a los pobres vivido con un esp\u00edritu de humildad, de sencillez y de caridad es un camino aut\u00e9ntico de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>A. La Hija de la Caridad, sierva, encarna la <em>presencia<\/em> de Cristo en el mundo de los pobres<strong><\/strong><\/h3>\n<p><strong>1. <\/strong><strong>Un contexto : la mundializaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La mundializaci\u00f3n es un proceso de intercambio planetario que pone en relaci\u00f3n los pa\u00edses, las econom\u00edas, los grupos, las etnias, las religiones, las culturas, los valores con sus aspectos positivos y negativos. Podemos, sin duda, afirmar que jam\u00e1s la humanidad ha tenido la posibilidad de estar tan unida como hoy y, en los pr\u00f3ximos decenios, gracias a las nuevas tecnolog\u00edas, con la entrada de los ordenadores en las casas, o en la facultad, cada uno de nosotros podremos acceder a informaciones y posibilidades de encuentros casi ilimitadas.<\/p>\n<p>La mundializaci\u00f3n con su capacidad de intercambio puede crear mejores posibilidades de vida para todos; pero favorece tambi\u00e9n la concentraci\u00f3n del poder entre las manos de algunos y lleva a la adopci\u00f3n de una forma de pensamiento y de acci\u00f3n \u00fanicas, a nivel universal. Contribuye a la desaparici\u00f3n progresiva de puntos de referencia colectivos: sociales, pol\u00edticos o espirituales. A trav\u00e9s del mundo, la baja de los valores tradicionales y el incremento de una cultura centrada en los aspectos materialistas y econ\u00f3micos tienden a eliminar las diferencias culturales.<\/p>\n<p>Aunque nos vemos inducidos a conocer lo que ocurre en otros lugares por la rapidez de la comunicaci\u00f3n, no podemos olvidar la importancia de las ra\u00edces culturales, sociales, religiosas de todo hombre y de sus valores. Cada persona es capaz de mostrar sus valores vivi\u00e9ndolos, y por consiguiente de mostrarlos \u00abvivos\u00bb para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En este mundo donde las t\u00e9cnicas de comunicaci\u00f3n se desarrollan y se perfeccionan de d\u00eda en d\u00eda, el misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora y el misterio de la Resurrecci\u00f3n nos lanzan desaf\u00edos: \u00bfc\u00f3mo entramos en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 comunicaci\u00f3n favorecemos?<\/p>\n<p>&#8211; La Encarnaci\u00f3n de Cristo nos remite a los l\u00edmites de las relaciones humanas: Cristo vino a unirse a todo hombre en una dimensi\u00f3n universal para comunicar un mensaje de amor a trav\u00e9s de una calidad de presencia y una relaci\u00f3n de reciprocidad;<\/p>\n<p>&#8211; En la Cruz, Cristo es el despreciado por excelencia. Sin embargo, viviendo los valores supremos de la Verdad y de la Bondad en su situaci\u00f3n de rechazado, nos abre un camino de Liberaci\u00f3n y de Vida;<\/p>\n<p>&#8211; La Resurrecci\u00f3n nos presenta el misterio del Esp\u00edritu presente en todo hombre; \u00c9ste se expresa por medio de las capacidades de vida y de participaci\u00f3n en la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s fraterna.<\/p>\n<p>Para nosotras, Hijas de la Caridad, en este mundo de comunicaci\u00f3n mundial, el centro de nuestra preocupaci\u00f3n y de nuestro compromiso es la persona del Pobre. No se trata primero de comprometernos en un gran proyecto humanitario de dimensi\u00f3n mundial, sino de lanzarnos a una aventura de relaci\u00f3n y de servicio donde reinan disponibilidad y apertura al trabajo del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad nos conduce a:<\/p>\n<p>&#8211; buscar, juntamente con otros, caminos concretos para vivir el hoy de la presencia de Cristo en todos, y particularmente en los pobres;<\/p>\n<p>&#8211; dirigir nuestra mirada a personas concretas, individualmente, ya que cada una posee una dignidad y vive una realidad propia en un lugar y un tiempo determinado, en una cultura determinada.<\/p>\n<p><strong>2. Un desaf\u00edo: vivir cerca de los pobres<\/strong><\/p>\n<p>Por vocaci\u00f3n, nos vemos llamadas a afrontar el desaf\u00edo de acercarnos a <em>\u00ablos que est\u00e1n destituidos de todo\u00bb <\/em>a fin de hacer presente a Cristo en medio de los pobres.<\/p>\n<p><strong>a. Proximidad a los pobres <\/strong><\/p>\n<p>Siguiendo a Cristo, que eligi\u00f3 venir entre nosotros, estamos llamados a \u00abir hacia ellos\u00bb y vivir en proceso de \u00abdomesticaci\u00f3n\u00bb: <em>\u00abEstar con, compartir las condiciones de vida de la gente, acoger, ir hacia, participar en la vida de la gente&#8230;\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La Madre Guillemin en 1968 dijo: <em>\u00abEl primer reflejo del amor es tender a asemejarse a los que se ama&#8230; Por eso nos sentimos apremiadas a hacernos cercanas a los pobres, a habitar en medio de ellos en una verdadera cercan\u00eda de vida y de preocupaciones.\u00bb <\/em>Las palabras de nuestra Carta Magna dicen: <em>\u00abtienen por monasterio las casas de los enfermos\u00bb,<\/em> etc&#8230; Los lugares donde estamos son las calles de la ciudad y las salas de los hospitales. All\u00ed es donde encontramos a Dios. <em>\u00abUna Hermana ir\u00e1 diez veces al d\u00eda a ver a los enfermos y diez veces al d\u00eda encontrar\u00e1 a Dios en ellos\u00bb<\/em> (SV IX, 252 \/ ES IX, 240). La habitaci\u00f3n de alquiler requiere el estilo de vida en el que rehusamos instalarnos. (C. 1. 9).<\/p>\n<p>Nuestro estilo de vida nos permite vivir una proximidad lo m\u00e1s verdadera posible con los pobres. \u00abIr hacia ellos, a sus casas\u00bb significa \u00abdejar\u00bb nuestro estilo de vida, nuestras maneras de vivir, de pensar, para descubrir los de los pobres y acercar en la medida de lo posible nuestra manera de vivir a la \u00abde nuestros amos\u00bb. No se trata solamente de efectuar un desplazamiento geogr\u00e1fico sino de experimentar una proximidad favorable con el fin de entrar progresivamente en una mayor comprensi\u00f3n de sus necesidades, su mentalidad, sus dificultades&#8230;<\/p>\n<p><strong>* La inculturaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n supone, en primer lugar, dedicar tiempo a vivir con los pobres, a crear v\u00ednculos y a durar en la fidelidad para descubrir progresivamente su historia. Podemos hablar de \u00abvida oculta\u00bb como tiempo necesario para poder realizar nuestro servicio, para enraizarnos entre ellos, hacernos pobres con los pobres, vivir entre ellos y para ellos.<\/p>\n<p>Ciertamente, no es la proximidad f\u00edsica lo que m\u00e1s importa. Podemos vivir todo el d\u00eda fuera de nuestra comunidad, encontrar a muchos pobres; si mantenemos una mentalidad posesiva, maternalista o moralizante, no salimos de nosotros mismos, de nuestro medio mental. La verdadera proximidad con los pobres supone una actitud interior. En el coraz\u00f3n es donde reside la verdadera fraternidad. S\u00f3lo los conocemos bien si los amamos.<\/p>\n<p>La actitud de la Encarnaci\u00f3n de Cristo es la referencia fundamental donde toma ra\u00edces la raz\u00f3n de ser de nuestra cercan\u00eda a los pobres.<\/p>\n<p>Nuestra calidad de presencia se da siempre con un ritmo pascual: se trata de salir de nuestro \u00abuniverso\u00bb para unirnos al de los pobres, de vaciarnos de nosotras mismas para hacerles un lugar saliendo a su encuentro all\u00e1 donde est\u00e1n, tal como son y no como nosotros los quisi\u00e9ramos. Tenemos que convertir sin cesar nuestras maneras de ver, de pensar y de comprender para unirnos a las maneras de ver, de pensar y de comprender de Cristo. <em>Al vivir nuestra espiritualidad en un mundo donde reinan lo ef\u00edmero y lo superficial, respondemos al desaf\u00edo de la duraci\u00f3n y de la calidad en las relaciones.<\/em><\/p>\n<p><strong>b. Relaciones de reciprocidad<\/strong><\/p>\n<p>La convicci\u00f3n central de nuestra fe cristiana es que el Esp\u00edritu del Resucitado se da a todo ser humano. \u00c9l nos precede, est\u00e1 presente en la vida de cada hombre, le habla al coraz\u00f3n, est\u00e1 ya operante en \u00e9l, y nosotros no hacemos sino unirnos a su acci\u00f3n. Vivir con los pobres, no es pues solamente hacer algo por ellos, sino entrar en di\u00e1logo con ellos estando atentas al misterio de la acci\u00f3n de Dios en ellos, reconociendo que lo esencial del mensaje cristiano puede encontrarse ya en ellos.<\/p>\n<p>En primer lugar es necesaria la escucha que dispone a recibir lo que los pobres llevan en s\u00ed como g\u00e9rmenes del Esp\u00edritu. La escucha nos ayuda a dejarnos transformar como Cristo se dej\u00f3 conmover por la palabra de una mujer pagana, la Sirofenicia. Esta actitud nos hace respetar a los pobres y considerarlos en profundidad. Podemos entonces acogerlos y hacer nuestra su manera original de vivir. En efecto, no basta solamente con dialogar con ellos, sino que hace falta tambi\u00e9n acogerlos con respeto por lo que son y lo que hacen, por aquello a lo que aspiran, hasta el punto de aprender a ver la realidad a trav\u00e9s de sus ojos.<\/p>\n<p>Una disposici\u00f3n de fondo est\u00e1 en el coraz\u00f3n de esta manera de vivir con los pobres: hacerse \u00abpartenaire\u00bb (compa\u00f1ero), con una actitud de reciprocidad, donde cada uno da y recibe, y da para crecer en una comunicaci\u00f3n mutua. Despu\u00e9s, podemos realizar un real trabajo de discernimiento para recoger y seleccionar lo que va a favorecer y nutrir la vida, y denunciar juntamente con ellos lo que constituye un obst\u00e1culo a esta vida que quiere nacer y crecer. <em>Al vivir nuestra espiritualidad en un mundo donde reinan el \u00abcada uno para s\u00ed\u00bb, nosotras afrontamos el desaf\u00edo de ser verdaderos \u00abpartenaires\u00bb (compa\u00f1eros) donde cada uno da y recibe para avanzar juntos.<\/em><\/p>\n<p><strong>* Los pobres nos evangelizan mediante sus propios valores<\/strong><\/p>\n<p>La fe es un don de Dios que nos hace acoger a Dios en nuestras vidas: <em>\u00abla verdadera religi\u00f3n, hermanos m\u00edos, la verdadera religi\u00f3n est\u00e1 entre los pobres. Dios los ha enriquecido con una fe viva: ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida\u2026. Lo ordinario es que sepan conservar la paz en medio de sus penas y calamidades. \u00bfCu\u00e1l es la causa de esto? La fe. \u00bfPor qu\u00e9? Porque son sencillos y Dios hace abundar en ellos las gracias que les niega a los ricos y sabios del mundo\u00bb <\/em>(SV XI, 201 \/ ES XI, 120).<\/p>\n<p>La fe no est\u00e1 en acci\u00f3n solamente en la oraci\u00f3n, sino que debe llegar a ser la gu\u00eda de nuestros pensamientos, de nuestros juicios y de nuestras acciones. La mirada de fe nos conduce a \u00abver\u00bb y amar al Se\u00f1or en todo lo que es humano, con una atenci\u00f3n especial hacia todo lo que es peque\u00f1o e insignificante a los ojos del mundo. El esp\u00edritu de fe nos hace mirar verdaderamente a los pobres \u00abcomo a nuestros amos y se\u00f1ores\u00bb que nos evangelizan y no como a personas hacia las que nos inclinamos. Los pobres nos evangelizan por sus cualidades y por los valores que viven en la vida cotidiana. En el mundo de los pobres, a pesar del ego\u00edsmo que puede manifestarse y de la tentaci\u00f3n del \u00abcada uno para s\u00ed\u00bb, se crean lazos de solidaridad, un clima de ayuda mutua y de compartir de manera muy sencilla. Con frecuencia los pobres que tienen la experiencia de la miseria se sienten interpelados por la miseria de los dem\u00e1s. Adem\u00e1s de la solidaridad, los pobres tienen con frecuencia la sensibilidad para saber apreciar lo que se hace por ellos, de quedar contentos y mantener una verdadera gratitud. Podemos todav\u00eda profundizar m\u00e1s. El pobre es quiz\u00e1 el \u00fanico que da haciendo de su don un acto de amor, pues para \u00e9l, el don implica una privaci\u00f3n. Adem\u00e1s, cuando los pobres nos acogen tal como somos, con todas nuestras limitaciones, nos hacen descubrir la inmensa capacidad de acogida y de misericordia de Dios. <em>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al desaf\u00edo de dejarnos evangelizar por los mismos pobres.<\/em><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>* Los pobres nos evangelizan por medio de sus pobrezas<\/strong><\/p>\n<p>Los pobres nos evangelizan no solamente por medio de sus cualidades sino tambi\u00e9n porque nos zarandean y nos piden una profunda conversi\u00f3n. Solicitan lo mejor de nosotros y nos hacen pasar de lo instintivo a lo espiritual. Si nos evangelizan, no es porque ellos son ejemplos vivos de virtudes. Su coraz\u00f3n, en efecto, puede ser tan violento o mentiroso como cualquier otro coraz\u00f3n humano. Nos humanizan porque manifiestan lo que es el hombre. Nos revelan que el ser humano es peque\u00f1o, fr\u00e1gil, pecador, mortal.<\/p>\n<p>Sin pedir expl\u00edcitamente afecto, los pobres nos recuerdan que una necesidad primordial del hombre es el respeto, el reconocimiento y la estima. Lo que buscan por encima de todo es una mirada que les hable de atenci\u00f3n, de consideraci\u00f3n, una mirada que les d\u00e9 una imagen positiva de ellos mismos.<\/p>\n<p>Porque necesitan relaciones verdaderas, los pobres nos ayudan a centrarnos en lo esencial de la vida que es el intercambio, la gratuidad, el amor.. Si escuchamos sus llamadas, los pobres despiertan en nosotros la compasi\u00f3n y la bondad, liberan en nosotros capacidades de amor insospechadas.<\/p>\n<p>Para perseverar en unas relaciones aut\u00e9nticas con los pobres, que a veces nos dan miedo, es preciso que reconozcamos que ellos nos revelan nuestra propia pobreza. Sin saberlo, ellos ponen el dedo en nuestras heridas y en nuestras limitaciones que nos impiden amar en plenitud. Se convierten para nosotros en un espejo y nos ayudan a reconocer que en definitiva, no somos tan diferentes unos de otros. A menos que nos endurezcamos, los pobres pueden ser para nosotros una gracia de reconciliaci\u00f3n en profundidad, con nosotros mismos y con los otros.<\/p>\n<p>Cuando somos capaces de ver a los pobres como aquellos que, en raz\u00f3n de sus debilidades, nos revelan una verdad fundamental sobre nuestra humanidad, a saber: nuestra propia fragilidad, ellos crecen y nosotros con ellos. En el pobre, Cristo nos interpela. No podemos encontrarnos con el pobre si nuestro coraz\u00f3n no est\u00e1 profundamente habitado por un impulso de fraternidad, deseoso de renunciar verdaderamente a querer estar por encima de ellos para estar sencillamente con ellos, incluso para ser el m\u00e1s peque\u00f1o entre ellos. Ante los pobres, nos sentimos invitadas a la solidaridad, a la justicia. Los pobres nos evangelizan as\u00ed, de manera distinta, llev\u00e1ndonos a la Caridad, a la humildad en el servicio.<\/p>\n<p>Ponernos al servicio de los pobres, en lugar de dominarlos queri\u00e9ndoles imponer nuestro saber y nuestros proyectos, es tambi\u00e9n dejarnos evangelizar y abandonar la idea de que nosotros podemos \u00absalvar\u00bb a alguien. Aceptando ser servidos por nosotras, tal como somos, los pobres nos ponen en situaci\u00f3n de expresar, m\u00e1s all\u00e1 de nuestras limitaciones, la fuente de amor que brota en nuestro coraz\u00f3n y la capacidad de dar la vida siguiendo a Cristo Servidor. <em>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de una verdadera fraternidad en la que el m\u00e1s peque\u00f1o, el m\u00e1s d\u00e9bil, es el preferido.<\/em><\/p>\n<h3>B. La Hija de la Caridad, sierva, encarna el <em>actuar<\/em> de Cristo Servidor en el mundo de los pobres<\/h3>\n<p>Estamos en el mundo no para acomodarnos en \u00e9l ni asimilarnos a \u00e9l, sino para continuar la misi\u00f3n de Jesucristo. El mundo es el lugar donde se verifica la autenticidad de nuestra fe y de nuestra caridad.<\/p>\n<p><strong>1. Un contexto: la Nueva Evangelizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb fue creada y lanzada por Juan Pablo II en su carta a los obispos europeos el 2 de enero de 1986, en la que escrib\u00eda: <em>\u00abA las profundas y complejas transformaciones culturales, pol\u00edticas, \u00e9ticas y espirituales que han terminado por dar una nueva configuraci\u00f3n a la sociedad europea, debe corresponder una \u2018nueva calidad de evangelizaci\u00f3n\u2019 que sepa proponer al hombre de hoy el mensaje eterno de la salvaci\u00f3n en t\u00e9rminos nuevos y convincentes\u00bb. \u00abDebemos dar testimonio con nuestras obras de que lo amamos\u00bb, <\/em>dec\u00eda San Vicente. El servicio a los pobres es camino de evangelizaci\u00f3n como manera de vivir aut\u00e9nticamente el Evangelio.<\/p>\n<p><strong>2. Un reto: servir a los pobres al estilo de Cristo Servidor<\/strong><\/p>\n<p>Nuestra espiritualidad de servicio procede de la forma como nuestros Fundadores comprendieron la Encarnaci\u00f3n y la misi\u00f3n de Cristo: <em>\u00abPara ser verdaderas Hijas de la Caridad, hay que hacer lo que hizo el Hijo de Dios en la tierra\u00bb<\/em> (SV IX, 15 \/ ES IX, 34). Dios fund\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda para <em>\u00abhacer lo que un Dios ha hecho en la tierra&#8230; para honrar la santa vida humana de Nuestro Se\u00f1or\u00bb <\/em>(SV IX, 60 \/ ES IX, 73).<\/p>\n<p>Dios nos env\u00eda hacia los pobres para manifestarles su Amor. Lo que nos caracteriza, no es tanto el servicio como una espiritualidad de sierva. Y esta espiritualidad de sierva la manifestamos por el amor a Dios y el amor a los pobres que se traduce en el ejercicio de la Caridad. Nuestro amor afectivo a Dios nos conduce a un amor efectivo a los pobres. Es necesario que nos vaciemos de nosotras mismas para estar totalmente orientadas hacia el bien de los pobres. Para combatir la tentaci\u00f3n de imitar a los \u00abreyes de las naciones\u00bb (Lc. 22, 25) y de seguir la cultura-ambiente de la sociedad con todas sus formas de ayudar a los pobres \u00abdesde arriba\u00bb, nuestros Fundadores nos recuerdan, a tiempo y a destiempo, la necesidad de <em>\u00abimitar al Hijo de Dios que no hac\u00eda nada sino por el amor que ten\u00eda a Dios su Padre\u00bb <\/em>(SV IX, 20 \/ ES IX, 38).<\/p>\n<p>Estando revestidas del Esp\u00edritu de Cristo, podemos amar y servir a los pobres con:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abrespeto y devoci\u00f3n\u00bb lo que revela un esp\u00edritu de humildad \u00abviendo siempre a Dios en ellos\u00bb (C. 1.4);<\/p>\n<p>&#8211; \u00abcordialidad\u00bb que expresa la sencillez del coraz\u00f3n;<\/p>\n<p>&#8211; \u00abcompasi\u00f3n y dulzura\u00bb que manifiesta un esp\u00edritu de caridad.<\/p>\n<p>Nuestra vocaci\u00f3n de Hijas de la Caridad equivale a reproducir la vocaci\u00f3n de Jesucristo: <em>\u00abMiremos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1qu\u00e9 llama de amor<\/em>!&#8230;(SV XII, 264-265 \/ ES XI, 555).<\/p>\n<p><strong>a. Con una actitud de sierva que consistir\u00e1 en la pr\u00e1ctica de las virtudes de su estado: humildad, sencillez, caridad.<\/strong><\/p>\n<p>Para llegar a ser verdaderamente \u00absiervas de los pobres\u00bb y para que nuestro servicio a los pobres sea expresi\u00f3n de la misi\u00f3n de Cristo, es necesario entrar en la din\u00e1mica del Esp\u00edritu de Cristo. No hay verdadero servicio a los pobres sin una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n del coraz\u00f3n. El servicio que debemos proponer a la sociedad hoy, debe estar impregnado y caracterizado por las virtudes necesarias que San Vicente ped\u00eda para su hijas.<\/p>\n<p>* <strong>La Humildad<\/strong><\/p>\n<p>Para hacer un servicio a los pobres con respeto, la primera virtud indispensable es la humildad. No hay que confundir la humildad con un complejo de inferioridad, o con tener una mala imagen de uno mismo o una falta de seguridad. La humildad no es ni debilidad, ni timidez, ni falta de personalidad, y consiste a\u00fan menos en ocultar los dones recibidos. La humildad nos lleva a volvernos m\u00e1s hacia Dios y hacia los pobres y a comprometernos en su favor, como Dios quiere que hagamos. Es un descentrarnos de nosotros mismos en una din\u00e1mica positiva que nos proyecta hacia los otros, y esto nos libera de muchas complicaciones in\u00fatiles as\u00ed como de muchos complejos.<\/p>\n<p>Servir a los pobres con humildad es, en primer lugar, escucharlos, en gratuidad, antes de buscar la manera de resolver sus problemas. Ponerse a su servicio exige un esfuerzo de atenci\u00f3n para entrar en lo que constituye su universo, abri\u00e9ndonos ante todo al misterio de la persona, intentando comprender sus sufrimientos y sus alegr\u00edas. Esto supone por nuestra parte una actitud de discreci\u00f3n y de modestia.<\/p>\n<p>La humildad nos ense\u00f1a, no solamente a estar atentas a la vida de los pobres, sino tambi\u00e9n a meditar en ella para captar su punto de vista. Nunca terminaremos de comprender el lenguaje de los pobres. Creemos, a veces demasiado de prisa, haber encontrado la buena f\u00f3rmula para explicar o ayudar a la gente a levantarse. Sin cesar estamos llamadas a profundizar en nuestra calidad de apertura al di\u00e1logo para buscar con ellos caminos de comprensi\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>La humildad nos hace hablar oportunamente. Nos ayuda a pedir la palabra en el momento oportuno, con una actitud favorable \u00aba priori\u00bb. La humildad nos lleva a creer que los pobres son portadores de un pensamiento \u00fanico que no sospech\u00e1bamos y del que podemos aprovechar. Tomando en serio su vida y su pensamiento, creemos en sus posibilidades y podemos confiar en ellos.<\/p>\n<p>La convicci\u00f3n de que los pobres llevan en ellos mismos riquezas sin cultivar, nos impulsa a desarrollar una cualidad de presencia discreta y atenta a los menores signos de esperanza, a sus aspiraciones, a sus expectativas profundas. Los pobres necesitan un amplio espacio de confianza. Cuando se sienten comprendidos, es posible comenzar a hacer algo con ellos. La decisi\u00f3n la toman ellos y no nosotras. S\u00f3lo la humildad nos permite tener esta actitud capaz de reconocer que cada situaci\u00f3n debe abordarse a partir de ella misma y no a partir de la nuestra. Revestidas de un esp\u00edritu de humildad, nuestras actitudes y nuestras palabras no ser\u00e1n suficientes, ni seguras de tener siempre raz\u00f3n. El riesgo de ponernos nosotras como punto de referencia o de hacer comparaciones que pueden herir a los dem\u00e1s, ser\u00e1 menor. La humildad nos ayuda a dominar nuestros reflejos de poder y de afirmaci\u00f3n de nosotras mismas; nosotras que sabemos, que podemos, que criticamos, aprendemos a dominar el poder que tenemos en nuestras manos.<\/p>\n<p>La humildad nos ayuda a ir m\u00e1s all\u00e1 de lo humano o de lo psicol\u00f3gico para entrar en el terreno del amor. Nos hace descubrir cosas nuevas, nos permite tener una mirada nueva hacia los pobres. La manera como los pobres se presentan ante nosotras depende en gran parte de nuestra actitud hacia ellos. La humildad nos permite acercarnos a los pobres desde la fe, a reconocer en ellos la presencia de Dios. Si nos falta la humildad, los privamos de su profundidad, los separamos de sus ra\u00edces y, de esta forma, los devaluamos. Los pobres necesitan ser considerados por ellos mismos antes de ser ayudados. No piden primero que los socorramos, sino que los miremos y los reconozcamos como personas. La humildad nos ayuda a mirarlos como a nuestros \u00abmaestros\u00bb que nos predican con su sola presencia.<\/p>\n<p>La humildad es ante todo un acto de Fe en Cristo, especialmente en su Encarnaci\u00f3n Redentora; esta Fe que no consiste solamente en hablar de la grandeza de todo hombre, sino que invita tambi\u00e9n a penetrar, a ver m\u00e1s all\u00e1 de cada rostro para descubrir en \u00e9l el icono de Cristo.<\/p>\n<p>* <strong>La Sencillez<\/strong><\/p>\n<p>No hay que confundir Sencillez con voluntad de afirmaci\u00f3n de uno mismo o voluntad de poder; ni Sencillez con espontaneidad e ingenuidad. La ingenuidad es un exceso de confianza, con frecuencia fruto de la ignorancia, la inexperiencia o la falta de reflexi\u00f3n. La espontaneidad nos hace reaccionar inmediatamente, obedeciendo al primer impulso, sin discernimiento.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n humana es la del claro-oscuro; existen en todo hombre contradicciones, ambivalencias, debilidades y toda una zona de misterio. Sin embargo, la sencillez, que es ante todo una actitud del coraz\u00f3n, nos lleva a pasar del \u00abyo\u00bb superficial al \u00abyo\u00bb verdadero y profundo y a ajustar, lo m\u00e1s posible, nuestra voluntad con la Voluntad de Dios. La Sencillez nos permite tener una actitud de autenticidad que crea relaciones claras, sin ambig\u00fcedad y sin dar lugar a sospechar otra cosa m\u00e1s que lo que aparece. Gracias a nuestro coraz\u00f3n sencillo, sin disimulos de ninguna clase, sin complicaciones, sin buscarnos a nosotros mismos, nos manifestamos con toda sinceridad y actuamos sin duplicidad, sin afectaci\u00f3n ni ostentaci\u00f3n. Si no calculamos en nuestro interior, se aclarar\u00e1n nuestros sentimientos y los pobres se encontrar\u00e1n a gusto entre nosotras; adem\u00e1s, esto nos ayudar\u00e1 a pensar que los otros tampoco calculan.<\/p>\n<p>Por el contrario, si nos falta sencillez con los pobres, corremos el riesgo de cuestionar su sinceridad y de sospechar de ellos. Los pobres son muy sensibles a la falta de sencillez y las relaciones son entonces falsas. La sencillez nos ayuda a evitar toda ambig\u00fcedad en nuestra manera de hablar, en nuestra forma de ser, evitando as\u00ed atraer la atenci\u00f3n en todos los sentidos \u00abbuenamente y sencillamente\u00bb. Cuando caminamos con rectitud, no tenemos constantemente en nuestra boca la contestaci\u00f3n o la cr\u00edtica negativa o amarga. La sencillez no nos permite hacer un juicio negativo de los pobres. Aun cuando podamos achacar ciertas causas a algunas pobrezas, la sencillez nos ayuda a constatar las dificultades del momento vividas por los pobres.<\/p>\n<p>Nuestra cualidad de siervas de los pobres nos exige esta sencillez en todas las cosas, en nuestro estilo de vida, si queremos que los pobres nos comprendan. La sencillez consiste tambi\u00e9n en buscar a Dios y su gloria en todo lo que hacemos.<\/p>\n<p>* <strong>La Caridad<\/strong><\/p>\n<p>La especificidad de nuestra espiritualidad es hacer del servicio a los pobres un acto de Caridad. Nuestro esp\u00edritu es la Caridad. No debemos confundir Caridad con generosidad ni tampoco con solidaridad. La caridad no consiste en \u00abun impulso del coraz\u00f3n\u00bb ni en un sentimiento. No se puede limitar a \u00abacciones\u00bb, aunque sean muy generosas. La Caridad es la expresi\u00f3n misma de la Caridad del Padre, de su Amor gratuito por el hombre. La Caridad nos hace participar del sentimiento m\u00e1s profundo del Coraz\u00f3n de Dios, de su misericordia y su fidelidad para con el hombre. La Caridad es amar hasta el extremo, cualesquiera que sean las dificultades que encontremos en el camino. La Caridad permanece en el tiempo.<\/p>\n<p>Las dos expresiones \u00abservicio\u00bb y \u00abcaridad \u00bb no van naturalmente juntas. Servir a los pobres es reconocerlos como personas que dependen de otras, en una situaci\u00f3n de necesidad y por lo tanto de inferioridad. Ahora bien, el servicio a los pobres no es solamente una ayuda humanitaria, es un lugar donde tenemos que dar testimonio de Jesucristo Servidor de una manera efectiva. Nuestro compromiso en el servicio a los pobres lo vivimos con el afecto de un coraz\u00f3n que ama.<\/p>\n<p><strong> <\/strong>El servicio a los pobres es la puesta en pr\u00e1ctica del Amor de Dios a trav\u00e9s del compromiso de toda nuestra persona en la fidelidad. Encuentra su energ\u00eda y su expresi\u00f3n en el Amor de Dios. Puesto que la Caridad no existe sin humildad ni sencillez, nos esforzamos por manifestar la Caridad de Dios a trav\u00e9s de un servicio humilde y sencillo. Sirviendo a los pobres con caridad, les mostramos las acciones de Dios, qui\u00e9n es y c\u00f3mo ama \u00abhasta el extremo\u00bb. Nuestros gestos en el servicio a los pobres no tienen sentido m\u00e1s que si los hacemos por amor y con amor&#8230; No se trata tanto de realizar acciones como de hacerlas \u00aben caridad\u00bb (SV IX, 49 \/ ES IX, 64).<\/p>\n<p>Lo importante es que la Caridad de Cristo penetre en nuestro coraz\u00f3n para amar sin medida, para ser compasivas, abiertas a los dem\u00e1s, sin juzgarlos. Por la caridad nos solidarizamos con los pobres hasta el punto de aceptar que nuestra vida se vea por ello totalmente perturbada. <em>Al vivir nuestra espiritualidad respondemos al reto de optar por un esp\u00edritu de servicio que exprese la Ternura de Dios para con los Pobres.<\/em><\/p>\n<p>b. Con una preocupaci\u00f3n constante por la promoci\u00f3n del hombre en su totalidad y de todos los hombres<\/p>\n<h3>Nuestro amor a Dios no puede limitarse a una mera experiencia espiritual, debe plasmarse en un compromiso a favor de la dignidad, de la promoci\u00f3n del hombre. Se trata de servir a los pobres teniendo en cuenta todas sus pobrezas: f\u00edsica, econ\u00f3mica, intelectual, moral, espiritual, y facilit\u00e1ndoles los medios para que recuperen su dignidad. Incluso si el punto de partida del servicio se encuentra en una dimensi\u00f3n particular de la persona: f\u00edsica, afectiva, intelectual, econ\u00f3mica, espiritual&#8230; nuestro servicio debe abarcar a toda la persona.<\/h3>\n<p>* Un servicio corporal de calidad<\/p>\n<p>San Pablo dice: <em>\u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que vuestro cuerpo es santuario del Esp\u00edritu Santo, que est\u00e1 en vosotros y hab\u00e9is recibido de Dios&#8230;?\u00bb <\/em>(1 Co 6, 19-20). Si el cuerpo es verdaderamente el lugar donde Dios habita, una tierra santa, esto transforma profundamente la relaci\u00f3n y el servicio. La vida de cada pobre es sagrada y por ello nosotros tocamos su cuerpo a\u00fan con m\u00e1s respeto. Al lavar los pies a sus disc\u00edpulos y al decirnos que hagamos nosotros lo mismo, Jes\u00fas nos indica la importancia de acercarnos al cuerpo del otro con dulzura y ternura, pues este cuerpo es muy valioso: es la persona.<\/p>\n<p>Nuestros Fundadores nos piden que sirvamos a nuestros hermanos que sufren con <em>\u00abcompasi\u00f3n, dulzura, cordialidad, respeto y devoci\u00f3n\u00bb <\/em>(SV X, 331 \/ ES IX, 915). Nuestros gestos, ya sea en el terreno de la ense\u00f1anza, de la educaci\u00f3n o de la atenci\u00f3n sanitaria y social, est\u00e1n llamados a ser gestos de caridad, es decir, que proceden del Amor de Dios. No deben reducirse a gestos puramente profesionales, aunque tienen que adaptarse a las normas profesionales y administrativas que los rigen y realizarse con la competencia necesaria.<\/p>\n<p>Tenemos que acompa\u00f1ar a los pobres en su camino, despertando en ellos la conciencia para que puedan poco a poco, por ellos mismos, analizar y comprender su situaci\u00f3n, evaluar las realidades en las que est\u00e1n implicados, discernir y buscar las soluciones para lograr un futuro mejor.<\/p>\n<p>* <strong>Un servicio espiritual de calidad<\/strong><\/p>\n<p>Acercarnos a los pobres, acogerlos, escucharlos, amarlos y servirlos son las condiciones necesarias para que nuestro servicio sea evangelizador. Efectivamente, por el servicio a los pobres, nos ponemos al servicio de la Buena Noticia de Jesucristo. Nos esforzamos por proclamar la Buena Noticia tanto a trav\u00e9s de las obras como de las palabras y por \u00abencarnar esta proclamaci\u00f3n\u00bb de forma que cualquier persona de buena voluntad pueda o\u00edr esta Buena Noticia, presentada de la manera m\u00e1s aut\u00e9ntica y sencilla posible, y por tanto pueda profundizar en ella y, si lo decide, acogerla. Sin embargo, esto no quiere decir necesariamente, que vayamos a convertir a todos los hombres que no son cristianos, ni que podamos hacer que todos los bautizados vuelvan a la Iglesia.<\/p>\n<p>Vivir el servicio espiritual consiste tambi\u00e9n en esforzarnos por ayudar a los dem\u00e1s a ponerse en situaci\u00f3n de \u00abdar\u00bb. La mayor alegr\u00eda que podemos dar a los pobres es facilitarles que ellos puedan \u00abdar\u00bb. Es tambi\u00e9n estar abiertas a los interrogantes de nuestros contempor\u00e1neos, buscando no tanto dar respuestas prefabricadas como profundizar en esos problemas.<\/p>\n<p><strong><sup>* <\/sup><\/strong><strong>A todos los pobres<\/strong><\/p>\n<p>\u00abTen\u00e9is una vocaci\u00f3n que os obliga a asistir indistintamente a toda suerte de personas: hombres, mujeres y ni\u00f1os y, en general, a todos los Pobres que os necesitan\u00bb<strong> <\/strong>(C 1.7). <em>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de trabajar por el desarrollo integral del hombre y de todos los hombres.<\/em><\/p>\n<p><strong>c. Con un esp\u00edritu de colaboraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El voto que hacemos de servir corporal y espiritualmente a los Pobres, exige el don de nuestra persona y de nuestro tiempo. Pero el servicio a los Pobres no se limita \u00fanicamente al servicio a la persona en dificultad, sino que tiene tambi\u00e9n en cuenta su medio ambiente y a las otras personas con las que estamos llamadas a colaborar.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo nos impulsa hoy, m\u00e1s que nunca, a compartir con los laicos nuestra espiritualidad a fin de que trabajemos juntos para un mejor servicio. Esta ayuda mutua en el servicio, esta colaboraci\u00f3n no responden a una estrategia pr\u00e1ctica como resultado de una disminuci\u00f3n de los miembros de la Compa\u00f1\u00eda. Se trata de un componente esencial de nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* <strong>Colaboraci\u00f3n en el interior de las Obras de la Compa\u00f1\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong>Vivimos nuestra espiritualidad de servicio favoreciendo al m\u00e1ximo la colaboraci\u00f3n con los laicos en nuestras propias obras apost\u00f3licas. Actualmente, muchas de nuestras obras se apoyan principalmente en ellos, y es as\u00ed como podemos continuar la misi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Esta colaboraci\u00f3n con los laicos extiende el campo de acci\u00f3n de nuestra misi\u00f3n y transforma nuestra manera de servir a los pobres. Igualmente, enriquece lo que hacemos y lo que vivimos, nos estimula a animar a los laicos a abrirse a la espiritualidad vicenciana, a acompa\u00f1arlos, a apoyarlos y a formarlos. Esta colaboraci\u00f3n requiere una actitud de disponibilidad, de escucha, un saber compartir.<\/p>\n<p><strong>* Colaboraci\u00f3n con \u00ablos que trabajan en la promoci\u00f3n de los derechos de los pobres\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Nuestro servicio hoy d\u00eda nos llama tambi\u00e9n a colaborar m\u00e1s estrechamente con instituciones, organizaciones y actividades que no dependen de la Compa\u00f1\u00eda. Entre \u00e9stas se encuentran los centros sociales de desarrollo y asistencia, instituciones de educaci\u00f3n, organizaciones internacionales, comunidades eclesiales, movimientos y servicios de Iglesia. Esta colaboraci\u00f3n es un lugar privilegiado para vivir nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad en complementariedad con otras personas. <em>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de poner en com\u00fan nuestras riquezas respectivas para promover la dignidad de los Pobres.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se me ha pedido que presente la espiritualidad de la Hija de la Caridad y c\u00f3mo vivir hoy la espiritualidad en la Compa\u00f1\u00eda. 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