{"id":49335,"date":"2011-09-06T12:47:54","date_gmt":"2011-09-06T10:47:54","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49335"},"modified":"2016-07-27T12:15:33","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:33","slug":"jean-baptiste-anselme-1645-1714","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-baptiste-anselme-1645-1714\/","title":{"rendered":"Jean-Baptiste Anselme (1645-1714)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/Biografias-Pa%C3%BAles4.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-49336\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/Biografias-Pa%C3%BAles4.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Como se ver\u00e1 m\u00e1s tarde por el texto de esta noticia, traducida del italiano, ha sido escrita por un contempor\u00e1neo del Sr. Anselme.<\/p>\n<p>El Sr. Jean-Baptiste Anselme era originario de Rochemole, aldea del Delfinado. Naci\u00f3 el 2 de abril de 1645. Sus padres viv\u00edan de sus bienes en un honesto desahogo, estimados y queridos de los que los conoc\u00edan.<\/p>\n<p>Como el peque\u00f1o Jean-Baptiste mostraba desde su m\u00e1s tierna juventud mucha inclinaci\u00f3n por el estado eclesi\u00e1stico, sus padres, queriendo secundar sus piadosos designios, le pusieron a pensi\u00f3n en casa de un piadoso y sabio eclesi\u00e1stico de Saboya, quien ten\u00eda a gala instruir en los principios de la gram\u00e1tica a los ni\u00f1os que le parec\u00eda deber un d\u00eda rendir servicio a la Iglesia: \u00e9ste pareci\u00f3 ser de este n\u00famero. En efecto, hizo sensibles progresos en la ciencia como en la virtud.<\/p>\n<p>Este caritativo sacerdote concibi\u00f3 tanto afecto por su joven alumno que al ser nombrado, alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, can\u00f3nigo de Maurienne, dese\u00f3 tenerle en su compa\u00f1\u00eda y continuar ense\u00f1\u00e1ndole las humanidades en esta ciudad; pero el joven Anselme, habi\u00e9ndole dado muestras de gratitud, tom\u00f3 el partido de ir a proseguir sus estudios a Tur\u00edn. Esperaba, teniendo all\u00ed relaciones m\u00e1s extensas, y tal vez maestros m\u00e1s h\u00e1biles, poder hacer mayores progresos, y disponerse mejor al estado eclesi\u00e1stico, por el que su coraz\u00f3n se sent\u00eda siempre muy inclinado. El \u00e9xito respondi\u00f3 a sus esperanzas, sin que ello le fuera causa de vanidad: le fue tan bien en las humanidades, que se vio pronto en estado de ense\u00f1\u00e1rselas a los dem\u00e1s. Del estudio de las humanidades pas\u00f3 al de las ciencias m\u00e1s elevadas; durante este tiempo, sigui\u00f3 exactamente la m\u00e1xima que san Agust\u00edn da al cristiano sabio que es unir inseparablemente la doctrina con la virtud, <em>pie sciens et scienter pius. <\/em>Evit\u00f3<em> <\/em>en particular las malas compa\u00f1\u00edas, y llevaba una vida muy retirada; no se le encontraba m\u00e1s que en las iglesias y en el lugar donde viv\u00eda. A causa de sus buenas cualidades<\/p>\n<p>Era verdaderamente querido y estimado de todos los que le conoc\u00edan. Como llevaba esta vida inocente y aplicada, Dios permiti\u00f3 que le sucediera un incidente para probar su virtud.<\/p>\n<p>Un d\u00eda que estudiaba como de ordinario un tratado tal vez de la Gracia o el de la Encarnaci\u00f3n, en un lugar apartado de la ciudad, algunos soldados de la ciudadela, cerca de donde estaba \u00e9l, se imaginaron muy equivocadamente que el Sr. Anselme examinaba las fortificaciones. Ante lo cual, al ver que era franc\u00e9s, le acusaron de ser un esp\u00eda, y sin otra forma de proceso, le metieron preso en la ciudadela. SE puede imaginar cu\u00e1l fu la sorpresa de este buen estudiante, al verse maltratado as\u00ed\u00a0 por un asunto tan quim\u00e9rico y tan mal fundado; ya que no ten\u00eda perores intenciones contra el Estado de Saboya que los hermanos de Jos\u00e9 las ten\u00edan contra Egipto cuando fueron acusados de ser esp\u00edas. Era \u00fanicamente el deseo de la ciencia lo que le hab\u00eda tra\u00eddo a aquel pa\u00eds. No se dej\u00f3 desconcertar por este incidente imprevisto y un tanto desagradable. El gobernador de la ciudadela al reconocer su inocencia, le mand\u00f3 soltar. Fue por entonces cuando tuvo el deseo y form\u00f3 el plan de entrar en la Congregaci\u00f3n dela Misi\u00f3n. Hab\u00eda visto los grandes bienes que los primeros sacerdotes de la Misi\u00f3n hac\u00edan en Tur\u00edn donde acababan de ser fundados, y viendo que este instituto era conforme a su car\u00e1cter espiritual y al atractivo que Dios le daba\u00a0 por el bien, se dirigi\u00f3 al visitador de Italia, que viv\u00eda por entonces en esta ciudad, para comunicarle su plan. El visitador, viendo en este joven excelentes disposiciones para el estado de misionero, no puso dificultades en admitirle, con tal que se en adelante se proveyera de un t\u00edtulo can\u00f3nico de patrimonio. El Sr. Anselme, encantado de verse admitido en un estado por el que sent\u00eda gran estima, regres\u00f3 a su pa\u00eds para concluir todos los asuntos de familia, y dar los \u00faltimos adioses a su madre que era viuda desde hac\u00eda poco. Ella se sorprendi\u00f3 y se afligi\u00f3 al ver que con esta resoluci\u00f3n iba por as\u00ed decirlo a enviudar por segunda vez, perdiendo a su \u00fanico hijo, que era el solo consuelo que le quedaba despu\u00e9s de la muerte de su marido. No obstante, como era muy piadosa, realiz\u00f3 generosamente su sacrificio; y para inmolar de alguna manera ella misma una v\u00edctima que le era tan querida, acompa\u00f1\u00f3 a su hijo, cuando parti\u00f3, durante una buena parte del camino, y despu\u00e9s de derramar muchas l\u00e1grimas, le dio su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Anselme continu\u00f3 entonces su camino hacia G\u00e9nova para ser admitido en el seminario interno, que se hab\u00eda fundado en esta ciudad. Lleg\u00f3 con mucho cansancio despu\u00e9s de atravesar a pie las monta\u00f1as del Delfinado y de la Saboya, y de una parte del Piamonte y de la Lombard\u00eda. Present\u00e1ndose al superior de la casa de G\u00e9nova, fue recibido m\u00e1s bien fr\u00edamente. El aire humilde y sencillo del que hizo profesi\u00f3n siempre, y el pobre equipaje de peregrino, que hab\u00eda adoptado\u00a0 para disponerse mejor al total abandono del mundo, fue lo que hizo dudar a los misioneros de G\u00e9nova que su madre tuviera de qu\u00e9 subsistir en el mundo y creyeron que ser\u00eda hacer un da\u00f1o a esta respetable mujer privarla de un hijo de quien ella pod\u00eda esperar su subsistencia, o bien que ser\u00eda al menos perjudicar a la Congregaci\u00f3n si se la compromet\u00eda en los gastos de la educaci\u00f3n de este joven\u00a0 que un d\u00eda se ver\u00eda obligado a volver al siglo para ir a socorrer a su madre. Despu\u00e9s de esto, el superior de G\u00e9nova le neg\u00f3 la entrada del seminario interno. Fue in\u00fatilmente insistir y suplicar para que le recibieran asegurando que su madre\u00a0 no le necesitar\u00eda, y que le hab\u00eda dejado bastantes bienes para pasar c\u00f3modamente su vida; insistieron en la negativa. As\u00ed que tuvo que volver a Francia, al precio de las incomodidades que es f\u00e1cil suponer; ya que parece que no se hab\u00eda provisto m\u00e1s que del dinero que necesitaba para llegar a G\u00e9nova, de donde no hab\u00eda previsto que tuviera que regresar; adem\u00e1s estaba hundido de cansancio por haber hecho a pie un viaje tan largo, en parte por los montes de los Alpes, que son muy altos y muy escarpados, y en parte, y se ve\u00eda obligado a volver sobre sus pasos, y hacer por segunda vez el largo y rudo camino.<\/p>\n<p>Fue ciertamente para el Sr. Anselme un gran motivo de mortificaci\u00f3n, pero no se dej\u00f3 obcecar por estas contradicciones. Se volvi\u00f3 a Tur\u00edn y de dirigi\u00f3 de nuevo al visitador provincial. \u00c9ste se sorprendi\u00f3 por el procedimiento del superior de G\u00e9nova, y muy edificado por la constancia del postulante, a quien nada pod\u00eda detener. Le aconsej\u00f3 que fuera hasta el Delfinado, y asegurara a su madre una pensi\u00f3n tal como ella no tenga motivos para solicitar que salga de la Congregaci\u00f3n, una vez dentro de ella. El Sr. Anselme, obediente en todo, volvi\u00f3 a cruzar las monta\u00f1as de Saboya, y llegado a casa asegur\u00f3 una pensi\u00f3n vitalicia a su madre, como le hab\u00edan dicho que hiciera.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto emprendi\u00f3 hacer a pie por tercera vez el camino de G\u00e9nova. El superior sin otra cosa que objetarle, le recibi\u00f3 en el seminario interno el 18 de octubre de 1666. Yo no podr\u00eda ofrecer una idea m\u00e1s justa del fervor con el que pas\u00f3 su seminario sino refiriendo la carta que el Sr. Rossi, visitador de la provincia de Lombard\u00eda, ha escrito hace algunos meses sobre este asunto: \u00abHac\u00eda, dice, unos ocho meses que el Sr. Anselme estaba en el seminario, cuando yo entr\u00e9, pero puedo dar este testimonio que durante todo el tiempo que permanecimos juntos, fue considerado por todos como un modelo de virtud\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Figari, ahora asistente de Italia y que, como el Sr. Rossi, era entonces seminarista con el Sr. Anselme, ha notado desde aquel tiempo, en este buen misionero, un particular esp\u00edritu\u00a0 de sencillez y de humildad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de hecha santamente la carrera de su seminario, fue admitido a los votos, que se hacen en la Congregaci\u00f3n. Fue el 11 de octubre de 1668, durante el retiro que los seminaristas tienen costumbre de hacer en esta estaci\u00f3n. Una vez admitido a los votos, sus superiores juzgaron conveniente hacerle repasar la filosof\u00eda y los tratados de teolog\u00eda que \u00e9l hab\u00eda estudiado en el siglo. Vio, durante el espacio de un a\u00f1o, algunas materias m\u00e1s, si\u00e9ndole necesario este tiempo para llegar a la edad que los c\u00e1nones han determinado para el sacerdocio, que le fue conferido en las Cuatro T\u00e9mporas de septiembre de 1669. Le confiaron entonces diversas ocupaciones. Debiendo componer un serm\u00f3n\u00a0 que predic\u00f3 en el refectorio ante toda la comunidad, todos los misioneros que le oyeron quedaron muy satisfechos; admiraron que predicara tan bien un joven cuyo exterior sencillo y casi descuidado no hab\u00eda dado nunca de s\u00ed la esperanza de un tan raro talento; y el superior entre otros dijo que no habr\u00eda cre\u00eddo nunca que este joven debiera hacerlo tan bien. No quisieron dejar debajo del celem\u00edn a una luz propia para iluminar a tantas almas\u00a0 que caminaban entre las tinieblas del pecado y una vez que le aprobaron para o\u00edr confesiones, fue enviado en misi\u00f3n al Estado de G\u00e9nova, donde comenz\u00f3 a hacer brillar\u00a0 su gran celo por la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndoles parecido a sus superiores la prueba un golpe maestro, pensaron enviarle a Roma, a fin de que encontrara un campo m\u00e1s vasto para ejercer su gran celo en esta capital del mundo cristiano. Parti\u00f3 pues de G\u00e9nova en 1670, lleno de un santo consuelo por ir a visitar las tumbas de los ap\u00f3stoles y las catacumbas de los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>En los registros que se tienen en Roma, por las misiones que dan los obreros de esta casa, se ve que el Sr. Anselme comienza a aparecer en los equipos en 1671. Recorri\u00f3 este a\u00f1o y el siguiente el campo de roma y las fronteras del reino de N\u00e1poles, donde tuvo grandes \u00e9xitos, y aunque el aire viciado de los lugares en que trabajaba produjo grandes enfermedades muriendo uno de sus cohermanos de una fiebre maligna , \u00e9l no perdi\u00f3 valor por ello; sino que, siguiendo su carrera, continu\u00f3 ganando nuevas victorias al demonio, cerrando acuerdos, disipando los odios m\u00e1s inveterados y los esc\u00e1ndalos m\u00e1s enraizados, comprometiendo a un sacerdote, a un laico y a una joven que hab\u00edan llevado una vida escandalosa, a pedir p\u00fablicamente perd\u00f3n a todo el pueblo por los malos ejemplos de su vida pasada. El a\u00f1o siguiente, era en 1672, trabaj\u00f3 con un \u00e9xito parecido en las di\u00f3cesis de Terracina y de Palestrina, de donde fue enviado al territorio de Sublaque o Subiaco, que rodea la abad\u00eda de este nombre, convertida en tan c\u00e9lebre por la estancia de san Benito. El cardenal Charles Barberini, que re entonces su comanditario, se encontr\u00f3 en un ejercicio de esta misi\u00f3n y habiendo quedado extremadamente satisfecho por el celo y el talento del Sr. Anselme, concibi\u00f3 por \u00e9l un afecto particular que conserv\u00f3 hasta su muerte. Quiso tener le siempre con \u00e9l cuando hac\u00eda la visita de las parroquias de sus dos abad\u00edas de Sublaque y de Tarse, que son de una gran extensi\u00f3n y sobre las cuales ten\u00eda una jurisdicci\u00f3n episcopal.<\/p>\n<p>Personajes notables ven\u00edan como el pueblo a o\u00edr al celoso misionero, en particular varios condes, duques, obispos y cardenales. Entre ellos se se\u00f1alaron el pr\u00edncipe Borgh\u00e8se, sobrino segundo de Pablo V, el Sr. duque y la Sra. duquesa de Conti y los Srs. sus hijos que son como se sabe de esta antigua y noble familia que ha dado desde el siglo d\u00e9cimo un n\u00famero tan grandes papas a la Iglesia. Notemos tambi\u00e9n a Mpns. El cardenal Charles Barbarigo, noble Veneciano que ha sido el san Carlos de este \u00faltimo siglo por su celo admirable en la conversi\u00f3n de los pueblos y la reforma del clero; hab\u00eda entregado al Sr. Anselme todo su afecto iba a o\u00edr predicar a este buen misionero con una asiduidad y una satisfacci\u00f3n extraordinarias, y eso no s\u00f3lo cuando predicaba en las parroquias de su jurisdicci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en otros lados, como lo hizo una vez entre otras en Santa Marinella en una misi\u00f3n que el Sr. Anselme dio en la di\u00f3cesis de Porto, a instancias del cardenal Cibo. Los obispos y los p\u00e1rrocos eran con frecuencia los primeros en hacer su confesi\u00f3n general. Los religiosos de varias \u00f3rdenes y los superiores mismos llegaron a menudo a los pies del Sr. Anselme a examinar su vida pasada, con el dolor de sus corazones. En cuanto a los pueblos, ellos iban en masa a agobiarle por decirlo as\u00ed en su confesionario para descargar su conciencia.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l mismo habr\u00eda tenido en poco los bienes que hac\u00eda entre los pueblos, si no se hubiera asegurado la continuaci\u00f3n por la reforma de los eclesi\u00e1sticos. Les dio pues conferencias sobre los deberes de su estado, y les hizo sobre todo sentir la obligaci\u00f3n indispensable que ten\u00edan de trabajar sin descanso en la santificaci\u00f3n de los pueblos por la instrucci\u00f3n y el buen ejemplo. Se encontraban siempre varios dee stos eclesi\u00e1sticos en cada parroquia; se vieron alguna vez hasta sesenta e incluso ciento que asist\u00edan a los discursos\u00a0 del ferviente misionero. Hac\u00edan en gran n\u00famero su confesi\u00f3n general con vivos sentimientos de penitencia; cuando hab\u00eda entre ellos algunas diferencias, el Sr. Anselme los reconciliaba, y si hab\u00edan tenido la desdicha de dar alg\u00fan esc\u00e1ndalo a su pueblo, los compromet\u00eda a repararlos. Eso es lo que sucedi\u00f3 una vez entre otras a dos o tres p\u00e1rrocos que se entend\u00edan muy mal entre s\u00ed y que se encontraron en una misi\u00f3n\u00a0 que se daba en Royate, lugar que depend\u00eda de la abad\u00eda de Sublaque. Quedaron tan impresionados por los pat\u00e9ticos discursos de nuestro misionero que se pidieron p\u00fablicamente perd\u00f3n, con l\u00e1grimas en los ojos manifestando grandes sentimientos de compunci\u00f3n y de caridad: lo que edific\u00f3 e impresion\u00f3 en extremo a todo el pueblo que estaba presente, el cual derramaba l\u00e1grimas de ternura\u00a0 y de consuelo. Estos eclesi\u00e1sticos as\u00ed reformados ayudaban luego maravillosamente a comunicar el fervor al coraz\u00f3n de los pueblos.<\/p>\n<p>Las se\u00f1ales de estima y de distinci\u00f3n que Mons. el cardenal Barberini continuaba dando al Sr. Abselme\u00a0 hicieron sospecha a algunos misioneros que Su Eminencia ten\u00eda alg\u00fan plan de quitarnos a un tan buen obrero. Le pasaron aviso de Roma al Sr. Jolly, superior general, quien respondi\u00f3, con una carta del 8 de octubre de 1683, que no se cre\u00eda nada, ya que conoc\u00eda la generosidad de este gran prelado el cual no hubiera querido causar este da\u00f1o a una congregaci\u00f3n que le era fiel por completo, y el gran apego que sent\u00eda este misionero a su vocaci\u00f3n que no querr\u00eda jam\u00e1s abandonar por ning\u00fan beneficio temporal. En efecto el subordin\u00f3 siempre el respeto que tuvo hacia este buen cardenal a la obediencia que deb\u00eda a sus superiores. Con estos sentimientos fue en 1683 al palacio Barberini a dar los ejercicios espirituales a Su Eminencia que quer\u00eda disponerse al sacerdocio. La Sra. princesa de Palestrina, de la misma casa Barberini, deseaba ardientemente hacer un retiro bajo la direcci\u00f3n del Sr. Anselme; este obediente misionero temiendo que hubiese en ello algo contra nuestras costumbres, se lo comunic\u00f3 al Sr. Jolly para recibir sus \u00f3rdenes con una perfecta indiferencia. Este digno superior general le otorg\u00f3 el permiso de hacer esta acci\u00f3n de caridad como lo vemos por una carta que escribi\u00f3 al Sr. Mart\u00edn, por entonces superior de nuestra casa de Monte-Citorio, el 5 de mayo de 1689: \u00abEl Sr. Anselme, dice, me escribe que la Sra. princesa de Palestrina desea ardientemente confesarse con \u00e9l y que quiere hacer para ello los ejercicios espirituales. Se confiesa aqu\u00ed en casa de las Hijas de la Caridad a damas que vienen a hacer el retiro; por eso creo que se puede dar esta satisfacci\u00f3n a esta dama\u00bb. Este buen misionero no tuvo nunca otra relaci\u00f3n a favor de esta casa poderosa que la que pod\u00eda servir para dar paso a su celo.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly nombr\u00f3 en1688 al Sr. Anselme superior de la casa de Perugia. Este buen misionero se comport\u00f3 con mucha prudencia y apacigu\u00f3 los problemas bastante peligrosos que se hab\u00edan suscitado contra nosotros, con ocasi\u00f3n de algunas fundaciones de misas que, sin nuestra participaci\u00f3n, uno de nuestros bienhechores mand\u00f3 aplicar por la autoridad leg\u00edtima en nuestra iglesia, cuando una cofrad\u00eda de esta ciudad hab\u00eda estado en posesi\u00f3n tiempos atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando el Sr. Anselme fue enviado como superior a Perugia, no hay v\u00edas de mansedumbre y de humildad que no emprendiera para desenga\u00f1ar al pueblo que hab\u00eda tomado partido por estos eclesi\u00e1sticos, y para apaciguarlos a ellos mismos. \u00c9l lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p>El Sr. cardenal Barbarigo dese\u00f3 tenerle en su di\u00f3cesis de Montefiascone. El Sr. Anselme respondi\u00f3 plenamente\u00a0 a las esperanzas de Su Eminencia con el gran \u00e9xito de las misiones que dio a sus diocesanos y de los ejercicios espirituales con todo el clero de la ciudad y en especial a los j\u00f3venes cl\u00e9rigos de su c\u00e9lebre seminario. Mand\u00f3 tambi\u00e9n hacer este retiro a las religiosas y a toda la familia de este piadoso cardenal.<\/p>\n<p>Como varios de Nuestros Se\u00f1ores Obispos quer\u00edan tener al Sr. Anselme en su di\u00f3cesis, no bien hab\u00eda servido a uno cuando se ve\u00eda obligado a acudir a la llamada de otro. De esta manera, cuando hubo acabado el trabajo en\u00a0 emprendido en la di\u00f3cesis de Mons. el cardenal Barbarigo, se vio en la necesidad de ir a ayudar a Mons. el cardenal Cenci en su nuevo arzobispado de Fermo, tom\u00f3 pues, en 1698, el camino de la Marca de Ancona, donde esta di\u00f3cesis se halla situada. No dej\u00f3 de pasar a Lorette, para satisfacer la tierna devoci\u00f3n que ten\u00eda a la Madre de Dios; luego\u00a0 volver a tomar el camino de Fermo. Acompa\u00f1\u00f3 entonces a Mons. el cardenal en las visitas, preparando en todas las partes a los pueblos para recibir\u00a0 a su digno pastor. All\u00ed produjo frutos extraordinarios y en especial en la ciudad episcopal, con sus predicaciones al pueblo, y sus conferencias al clero y los retiros espirituales que dio, ya a los eclesi\u00e1sticos, ya a los laicos y a un gran n\u00famero de monasterios de religiosas. Sucumbi\u00f3 en el segundo a\u00f1o de cansancio, y su enfermedad como los grandes calores obligaron a Su Eminencia a interrumpir su visita. Siempre quiso que el Sr. Anselme se quedara en su palacio, y comiera en su mesa, y aunque este buen misionero pidiera con insistencia ir a pasar el intervalo de las visitas\u00a0 a nuestra casa de Macerata, muy cercana a Fermo, jam\u00e1s el cardenal, que le quer\u00eda con ternura, quiso permit\u00edrselo o privarse de su compa\u00f1\u00eda que le era muy querida. El Sr. Anselme pues se vio obligado a obedecer. Se mantuvo tan recogido en este gran palacio que este periodo fue para \u00e9l una soledad. Encerrado en un apartamento de arriba, permanec\u00eda\u00a0 todo el d\u00eda en gran silencio con su compa\u00f1ero, teniendo con toda exactitud la lectura espiritual y todos los dem\u00e1s ejercicios de piedad. Y no se sirvi\u00f3 de medios humanos para conservar las buenas gracias del cardenal, ya que nunca hombre alguno le habl\u00f3 de sus defectos con m\u00e1s libertad. Hacia finales de 1699, Mons. el cardenal Conci habiendo acabado sus visitas con este buen misionero quiso llev\u00e1rselo a Roma, para que pudiera satisfacer su devoci\u00f3n durante el curso del a\u00f1o santo.<\/p>\n<p>Fue en la ordenaci\u00f3n de septiembre de este mismo a\u00f1o cuando tuvo el honor de dar los ejercicios espirituales a Mons. el cardenal Albano en nuestra casa de Monte Citorio. Su Eminencia se comport\u00f3 en ellos como durante las dem\u00e1s ordenaciones, es decir con una edificaci\u00f3n extraordinaria, poco despu\u00e9s recibi\u00f3 la santa orden del sacerdocio. Dios elev\u00f3 poco despu\u00e9s a este gran cardenal a la dignidad de Soberano Pont\u00edfice; tom\u00f3 el nombre de Clemente XI. El nuevo papa, en lugar de olvidarse en el estado de su gloria de una persona que se ocultaba con el cuidado que hac\u00eda el Sr. Anselme, no hizo m\u00e1s que aumentar los testimonios de su benevolencia y del afecto que sent\u00eda por \u00e9l. Este buen misionero continuaba sus trabajos apost\u00f3licos en Olabano en la di\u00f3cesis de Palestrina, con su fervor ordinario, cuando una enfermedad imprevista oblig\u00f3 a sus superiores a llamarle a Roma. El Soberano Pont\u00edfice, al ver al Sr. Anselme sometido a tan frecuentes achaques, quiso que en adelante residiera en Roma y que no diera ya misiones; lo que mortific\u00f3 como se puede ver\u00a0 a este ferviente misionero quien, como reconoce el Sr. Jolly en una de sus cartas, hubiera deseado consumar y acabar su vida en las misiones.<\/p>\n<p>El papa le orden\u00f3 tambi\u00e9n que viniera todos los d\u00edas a su audiencia. Todo el mundo en Roma se vio sorprendido por esta se\u00f1al de predilecci\u00f3n, y todo el mundo tambi\u00e9n trat\u00f3 de sacar provecho. Pero el Sr. Anselme no queriendo servirse de su cr\u00e9dito m\u00e1s que en los asuntos de piedad y que se refer\u00edan a la gloria de Dios, despachaban a los que quer\u00edan emplearle en asuntos seculares. Al ver la enumeraci\u00f3n de todas las acciones exteriores de caridad que le ocuparon durante los trece primeros a\u00f1os del pontificado de Clemente XI, se podr\u00eda imaginar que estaba en un movimiento\u00a0 perpetuo y que su vida deb\u00eda estar en una continua agitaci\u00f3n; sin embargo llevaba, incluso en ese tiempo, la vida m\u00e1s recogida del mundo; pasaba en efecto toda la ma\u00f1ana en la iglesia de Monte Citorio y toda la tarde en su habitaci\u00f3n, o en la bas\u00edlica de Roma. Que si alguno quer\u00eda confesarse encontraba siempre a este buen anciano dispuesto para o\u00edrle; iba al punto por su sobrepelliz que ten\u00eda de ordinario en el coro, y acabada la confesi\u00f3n, se la quitaba y regresaba a la planta de la iglesia donde ten\u00eda costumbre de estar de rodillas para o\u00edr las misas; y al llegar nuevos penitentes, iba siempre a por la sobrepelliz con la misma tranquilidad, sin que todas estas frecuentes interrupciones turbasen\u00a0 lo m\u00e1s m\u00ednimo la paz de su coraz\u00f3n, franceses, italianos, espa\u00f1oles, alemanes, todo el mundo era bienvenido, y hablaba muy bien las lenguas de estas naciones, menos el alem\u00e1n que supl\u00eda cuando le era posible por el lat\u00edn. Acabadas todas las misas, empleaba el poco tiempo que quedaba hasta comer, en la lectura espiritual. Despu\u00e9s de comer y del recreo, donde charlaba siempre sobre cosas buenas haciendo una mezcla perfecta de alegr\u00eda y de modestia, descansaba a veces un poco al estilo de los pa\u00edses calientes. Tras lo cual dec\u00eda V\u00edsperas, saliendo despu\u00e9s de ordinario a visitar las iglesias y los hospitales.<\/p>\n<p>Lo\u00a0 \u00fanico que la aflig\u00eda durante su enfermedad era no poder decir la misa porque ten\u00eda la mano derecha casi sin movimiento. Cuando su mal no le permit\u00eda ya salir de su habitaci\u00f3n, lo que sucedi\u00f3 en enero de 1714, segu\u00eda all\u00ed con una paciencia angelical, conserv\u00e1ndose tan tranquilo y con el rostro tan sereno cuando le dejaban solo como cuando estaba en compa\u00f1\u00eda. Se constat\u00f3 los tres o cuatro \u00faltimos d\u00edas de su vida que su fervor hab\u00eda aumentado. Cuando las personas que le asist\u00edan\u00a0 a su paso, le suger\u00edan algunos pasajes de la Escritura y algunos sentimientos de piedad, se le ve\u00eda mover los labios, y reun\u00eda todo la fuerza posible para dirigir los ojos\u00a0 llenos de amor hacia el cielo y a su crucifijo. Recibi\u00f3 los sacramentos con una devoci\u00f3n singular y gan\u00f3 la indulgencia que nuestro Santo Padre el Papa le hab\u00eda concedido tantas veces para la hora de la muerte. En una dulce agon\u00eda, se durmi\u00f3 con el sue\u00f1o de los justos, entregando a Dios su alma cargada de m\u00e9ritos y de buenas obras. Fue el 19 de enero de 1714; cumpl\u00eda los sesenta y nueve a\u00f1os y los cuarenta y ocho de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como se ver\u00e1 m\u00e1s tarde por el texto de esta noticia, traducida del italiano, ha sido escrita por un contempor\u00e1neo del Sr. Anselme. 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San Vicente apreci\u00f3 muy pronto su actividad y sus talentos, y a partir del a\u00f1o 1647 se le\u2026","rel":"","context":"En \u00abBiograf\u00edas de Misioneros Pa\u00fales\u00bb","block_context":{"text":"Biograf\u00edas de Misioneros Pa\u00fales","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/biografias-vicencianas\/biografias-de-misioneros-paules\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/bio-cm.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/bio-cm.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/bio-cm.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/bio-cm.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/bio-cm.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":53719,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-baptiste-farjat-1670-1741\/","url_meta":{"origin":49335,"position":2},"title":"Jean-Baptiste Farjat (1670-1741)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"17\/10\/2011","format":false,"excerpt":"El 23 de noviembre de 1741, la Congregaci\u00f3n tuvo una verdadera p\u00e9rdida, en la persona del Sr. Jean-Baptiste Farjat, superior de la casa de Lyon y visitador de la provincia. 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