{"id":49092,"date":"2011-09-03T18:28:51","date_gmt":"2011-09-03T16:28:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49092"},"modified":"2016-07-27T12:15:33","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:33","slug":"jean-bonnet-cuarto-superior-general-parte-segunda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-bonnet-cuarto-superior-general-parte-segunda\/","title":{"rendered":"Jean Bonnet (cuarto Superior General) (parte segunda)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>III.- El Sr. Bonnet, Superior General<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/JeanBonnet.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-49120\" title=\"JeanBonnet\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/JeanBonnet-238x300.jpg?resize=238%2C300\" alt=\"\" width=\"238\" height=\"300\" \/><\/a>No hac\u00eda a\u00fan seis a\u00f1os enteros que el Sr. Bonnet estaba en Chartres, cuando la Asamblea general de 1703, le eligi\u00f3 como uno de los asistentes del Sr. Watel, nuestro quinto superior general. Se traslad\u00f3 a San L\u00e1zaro muy poco despu\u00e9s. Fue primero director de los retiros y prefecto de los estudios; Tuvo a continuaci\u00f3n la direcci\u00f3n hasta el 3 de octubre de 1710. Gobern\u00f3 entonces la Congregaci\u00f3n en calidad de vicario general nombrado por el Sr. Watel y despu\u00e9s hasta su muerte, como superior general. Hab\u00eda sido elegido para este empleo el 10 de mayo en la Asamblea de 1711. \u00c9sta es la sucesi\u00f3n\u00a0 de episodios de su vida siempre laboriosa y muy entregada, siempre virtuosa y edificante, siempre \u00fatil a sus cohermanos y a una infinidad de otras personas. (La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad fue entre todas las obras de san Vicente querida en el coraz\u00f3n del Sr. Bonnet. Les comunic\u00f3 su elecci\u00f3n en t\u00e9rminos que manifestaban su gran inter\u00e9s. Organiz\u00f3 para ellas los retiros anuales casi tal y como se practican hoy. Ello con un cuidado atento por todo lo que se refer\u00eda a la buena administraci\u00f3n de su comunidad; en dos ocasiones, por ejemplo, les anuncia una nueva distribuci\u00f3n de sus casas en provincias diversas, a medida que el n\u00famero de establecimientos aumentaba. En el Compendio de Conferencias de los diversos superiores generales y directores de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, hay m\u00e1s de cuarenta instrucciones de \u00e9l, llenas de prudencia, de buen sentido elevado y de esp\u00edritu de Dios. \u2013<em>Edici\u00f3n in-4, Par\u00eds, 1846; t. II, p. 315 y siguientes).<\/em><\/p>\n<p>A las pruebas que se han visto ya del bien realizado por \u00e9l, se han de juntar las que resulten de las virtudes que ha practicado constantemente, y de las que se van a exponer algunos rasgos.<\/p>\n<h2><strong>IV.- Virtud de M. Bonnet.<\/strong><\/h2>\n<p>La fe es el fundamento de todas las dem\u00e1s, y \u00e9stas no pueden dejar de ser verdaderas y s\u00f3lidas cuando aqu\u00e9lla es igualmente humilde y generosa, sencilla e ilustrada, pac\u00edfica y activa. Pues bien, la del Sr. Bonnet ha tenido todos estos caracteres. D\u00f3cil hijo de la Iglesia, ha recibido en todo tiempo las decisiones con un profundo respeto: celoso ministro de esta santa Esposa de Jesucristo, \u00e9l ha defendido siempre su autoridad; vigilante superior, no ha omitido nada de lo que depend\u00eda de \u00e9l para preservar a sus inferiores de todo contagio de error; servidor prudente y amigo caritativo, ha prestado, sin salirse de los l\u00edmites de la discreci\u00f3n, pero tambi\u00e9n sin hacerse esclavo del respeto humano, el mismo buen oficio a todos los que se han relacionado con \u00e9l. Vamos a ver en lo que sigue las pruebas de estos diversos puntos.<\/p>\n<p>Desde los comienzos de sus estudios, se propuso reglas para evitar todo extremo en materia de doctrina\u00a0 y de direcci\u00f3n espiritual, y veamos c\u00f3mo habla: \u00ab(N\u00ba 6) Evitar\u00e9 todas las averiguaciones temerarias, todas las novedades profanas, todos los dogmas y los sentimientos no aprobados por la Iglesia y los buenos te\u00f3logos. (N\u00ba 7) En cuanto a lo que se refiere a los dogmas expresamente contenidos en las sagradas Escrituras, o determinados por los santos concilios generales no tendr\u00e9 otro cuidado mayor que creerlos con la sencillez de los ni\u00f1os, ni otra curiosidad que saberlos defender sobre buenos y s\u00f3lidos fundamentos, y defenderlos contra los esfuerzos y las vanas objeciones de los herejes, de los imp\u00edos, de los infieles. (N\u00ba 8) En cuanto a las verdades dogm\u00e1ticas sobre las cuales la Santa Sede se haya pronunciado, yo me someter\u00e9 a ellas siempre de buen grado con la misma docilidad. (N\u00ba 10) En cuanto a los hechos decididos por los concilios y por los papas, como, por ejemplo, que haya que decir anatema a Nestorio, y que las cinco proposiciones jansenistas est\u00e1n de verdad extra\u00eddas del libro titulado <em>Augustinus<\/em>, etc., yo me someter\u00e9 a ellos igualmente sin dudar y sin tergiversar. (N\u00ba 19) yo condenar\u00e9 las cinco proposiciones extra\u00eddas del Augustin del difunto Sr. Ypres, precisamente en el sentido y en el modo que los papas las han condenado\u00bb. En 1699, escrib\u00eda al Sr. Pierron: \u00abNosotros examinamos ayer. Monse\u00f1or y yo,\u00a0 algunos lugares del P. Quesnel sobre san pablo. No s\u00e9 en qu\u00e9 este Padre ha pensado ir a\u00a0 insertar en sus obras proposiciones tomadas de Ba\u00efus y de Jansenio. Los obispos leyendo este libro con atenci\u00f3n, es una gran casualidad, que escape a una censura\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos a\u00f1adir que,\u00a0 por \u00faltimo, habi\u00e9ndole dicho una persona que se podr\u00eda tal vez muy bien tratarle de sospechoso de jansenismo, \u00e9l le respondi\u00f3 con seguridad que no era posible; y le expuso la demostraci\u00f3n en una carta bastante larga. \u00abNunca, le dice, he adelantado nada sospechoso en esta materia, y yo estoy actualmente muy alejado de estos sentimientos her\u00e9ticos. Acepto de buena fe todas las censuras que se han dictado por los papas, y estoy preparado a firmar el Formulario y las Constituciones apost\u00f3licas. Mis tesis de 84, 86 y 87, prueban mi oposici\u00f3n a la tercera proposici\u00f3n de Jansenio sobre la naturaleza de la libertad necesaria para el m\u00e9rito. El compendio que hice, en 1689, del libro de Jansenio muestra convincentemente que las cinco proposiciones son de este autor. En mis cuadernos de teolog\u00eda he establecido formalmente conclusiones\u00a0 opuestas totalmente a las de los innovadores, como \u00e9sta: las obras de los infieles no son todas pecados; la gracia eficaz no mueve necesariamente. \u2013El elogio que he hecho de las cualidades y de las virtudes del difunto Mons. Paul Godet Desmarais bastar\u00eda para separar por siempre de m\u00ed toda sospecha, as\u00ed hablo: \u00abSe ha opuesto fuertemente a las herej\u00edas nacientes de estos \u00faltimos tiempos. La del jansenismo ha sido la m\u00e1s peligrosa, la m\u00e1s dominante, la m\u00e1s recalcitrante que haya cansado a la Iglesia durante la vida de este prelado: herej\u00eda orgullosa, soberbia, insolente, sutil, disimulada; herej\u00eda tan frecuentemente fulminada por la Iglesia, pero siempre rebelde a la luz y refractaria a la autoridad leg\u00edtima. Despu\u00e9s de ser repetidas veces condenada en el sentido de su autor, se atrevieron a disfrazarla bajo las apariencias especiosas de un caso de conciencia firmado por cuarenta doctores. Ser\u00e1 siempre el privilegio y la gloria de este santo obispo haber vivido en la sana doctrina de la Iglesia, de haberla defendido bien durante su vida y de haber merecido morir por el exceso de los cuidados que se ha tomado por sostenerla.<\/p>\n<p>Tal fue la sumisi\u00f3n personal del Sr. Bonnet a las decisiones de la Iglesia. Pero \u00bfcu\u00e1l fue su celo por hacerla respetar y recibir? Habi\u00e9ndole mostrado un sabio te\u00f3logo que quer\u00eda refutar las reflexiones hechas contra la ordenanza por la que\u00a0 Monse\u00f1or de Chartres\u00a0 hab\u00eda condenado las Instituciones teol\u00f3gicas (de Ju\u00e9nin), y habi\u00e9ndole rogado que le diera sus consejos, el Sr. Bonnet le demuestra primero lo que tiene que temer del resentimiento de sus partes, pero le anima despu\u00e9s: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 dudar\u00edais en tratar de detener el progreso de una herej\u00eda sutil, orgullosa, insolente, rebelde y muy perniciosa a la religi\u00f3n?\u00bb Despu\u00e9s de esto, le traza en cuatro o cinco cap\u00edtulos el plan de la obra. En el primero, hacer ver por fieles extractos que Calvino ha dicho, que con la gracia m\u00e1s fuerte no se pueden cumplir los preceptos, y Jansenio, por el contrario, que se cumplen necesariamente\u00a0 con la gracia eficaz. En el segundo, mostrar que la Iglesia tiene el derecho y la posesi\u00f3n de condenar los escritos de los autores, de se\u00f1alar las proposiciones err\u00f3neas y de censurarlas, y que sus hijos est\u00e1n obligados a obedecerla, no s\u00f3lo guardando el silencio respetuoso, sino tambi\u00e9n adheri\u00e9ndose interiormente. En el tercero, hacer sentir que el autor de las <em>Reflexiones<\/em> (Quesnel) no es sincero y de buena fe cuando da la doctrina de los cinco art\u00edculos como el sistema de Jansenio, y mucho menos cuando pretende que los obispos de Francia y de Roma incluso los han considerado como cat\u00f3licos. En los cap\u00edtulos siguientes, probar brevemente por textos formales de las Instituciones que su autor establece, o salva, o defiende cada una de las cinco proposiciones. A\u00f1ade luego algunos consejos, y entre otros \u00e9ste: \u00abPor lo dem\u00e1s, yo no querr\u00eda que la fuerza del discurso dependiera de la acritud de las palabras, sino dela enormidad de los hechos, a fin de escribir\u00a0 cristianamente y no caer en el defecto que yo reprender\u00eda en el autor delas <em>Reflexiones<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Este celo por la sana doctrina se conocer\u00e1 mejor a\u00fan por la vigilancia con que ha preservado de los nuevos errores a las personas que estaban bajo su direcci\u00f3n. Entregado desde 1704 hasta 1710 a la formaci\u00f3n de los j\u00f3venes misioneros durante el tiempo de sus experiencias, tuvo mucho cuidado de inculcarles las verdades cat\u00f3licas opuestas a las novedades profanas de los \u00faltimos siglos (los errores jansenistas).\u00a0 Ellos leen en las <em>Meditaciones<\/em> que ha preparado para ellos: \u00abYo creo, oh mi Dios, que os hicisteis hombre para salvar a los hombres. Creo que es por todos ellos y por m\u00ed en particular que os entregasteis a los tormentos: <em>Dilexit me et tradidit semetipsum pro<\/em> <em>me<\/em>. Dios quiere salvar a todos los hombres, Jesucristo ha muerto por todos ellos y los invita a todos a la perfecci\u00f3n conveniente a su estado, \u00bfde d\u00f3nde viene pues que haya tan pocos salvados? Nadie nos ha contratado: <em>Nem<\/em>o <em>nos conduxit<\/em>; falsa excusa de los herejes, ellos dicen: \u00bb\u00a0El Se\u00f1or no nos ha llamado, su gracia nos ha faltado\u00bb. Os equivoc\u00e1is y quer\u00e9is enga\u00f1ar a los dem\u00e1s; quer\u00e9is llevar vuestra iniquidad hasta el seno de Dios. \u00c9l os ha llamado, os llama todav\u00eda; pero, hasta ahora, quer\u00e9is hacer o\u00eddos sordos, resist\u00eds sin cesar a su Esp\u00edritu Santo. <em>Vocavi et renuistis\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>No era s\u00f3lo a estos j\u00f3venes a quienes ense\u00f1aba a pensar as\u00ed, sino en los retiros de los Srs. p\u00e1rrocos, establec\u00eda las mismas verdades. \u00bfHabla de la medida de las gracias para animar a sus oyentes a un saludable temor? Se cuida de decir que los mismos que han agotado esta medida tienen sin embargo a\u00fan los socorros necesarios para poder salvarse.<\/p>\n<p>Un joven regente le ped\u00eda en una ocasi\u00f3n una instrucci\u00f3n para comportarse en las primeras clases de teolog\u00eda, el Sr. Bonnet le tranquiliza y le advierte, entre otras cosas, que un escollo muy peligroso es el de dar en partidos extremos, bien respecto de los dogmas, bien en lo que se refiere a las reglas de la moral: \u00abEs preciso, le dijo tambi\u00e9n, evitar ante todo, en los dogmas de la gracia, los sentimientos y los errores de Jansenio y de sus disc\u00edpulos\u00bb. A\u00f1ad\u00eda con raz\u00f3n: \u00abNo se ha de atacar a la gente al buen tunt\u00fan, o sospechar de ellos sin fundamento; pero tampoco se ha de ser un mal tolerante que, para tener una paz falsa con los hombres, sufre, sin gritar, que se haga la guerra a Dios. No se ha de decir: tal compa\u00f1\u00eda es jansenista, tal otra est\u00e1 corrompida en su moral; basta con condenar el error y la depravaci\u00f3n en aquellos que la Iglesia ha notado, y se han de respetar los cuerpos de los que son miembros\u00bb.<\/p>\n<p>Sabiamente reservado en hablar de tal o cual cuerpo en particular, no perdonaba a los innovadores en general: \u00abCuento en el n\u00famero de los m\u00e1s culpables a los jansenistas y a los quietistas; aqu\u00e9llos porque hacen a Dios autor de sus iniquidades; \u00e9stos, porque quieren hacerle c\u00f3mplice de las suyas. Los primeros mienten diciendo que han pecado, porque Dios ha consentido en sus cr\u00edmenes. Unos y otros blasfeman; ni unos ni otros tienen del Se\u00f1or sentimientos dignos de su bondad y no le buscan con coraz\u00f3n sencillo\u00bb. Es lo que dec\u00eda en un discurso en 1709 cuyo texto era esta palabra de la sabidur\u00eda:<em> Sentite in Domino in bonitate.<\/em><\/p>\n<p>Hablaba tambi\u00e9n con m\u00e1s fuerza y vivacidad cuando se trataba de proteger a los suyos contra las nuevas opiniones: \u00abSi el libro que les he dado, escrib\u00eda \u00e9l en 1734, dice que la gracia eficaz es la gracia medicinal del Redentor, dice la verdad; pero no es la \u00fanica, y si rechaza la gracia suficiente, es bueno y perfecto jansenista. Hay que perderlo todo para poner al abrigo nuestra fe y nuestra obediencia a la Iglesia y a la Santa Sede; no vayan m\u00e1s a ese confesor; tomen otro\u00bb. \u2013Algunos a\u00f1os antes, una religiosa, muy respetable por su sabidur\u00eda, su virtud, su m\u00e9rito, su nacimiento, le rog\u00f3 que tuviera a bien levantar la prohibici\u00f3n que hab\u00eda impuesto a uno de\u00a0 sus inferiores de ver de vez en cuando a una dama de consideraci\u00f3n y que hac\u00eda profesi\u00f3n de virtud, pero no, por entonces, de sumisi\u00f3n a la Iglesia, y \u00e9l respondi\u00f3: \u00abUna vez que me asegur\u00e9is que est\u00e1 perfectamente sometida, no de palabras, sino de obras; que no est\u00e1 liada a vuestras desobediencias; que no pasa por su canal en vuestra comunidad nada seductor, yo lo har\u00e9 de buena gana; hasta entonces no cambiar\u00e9 nada de cuanto he dicho. En ello creo imitar de muy cerca a nuestro bienaventurado Padre y el vuestro. Ser\u00eda para m\u00ed muy grato complacer a esta dama, pero yo debo a Dios, a la Congregaci\u00f3n y a m\u00ed mismo la direcci\u00f3n que tengo de este encuentro\u00bb. \u2013En otra ocasi\u00f3n, habiendo dicho un se\u00f1or algunas palabras que hac\u00edan sospechar que su confesor era c\u00f3modo, indiferente e indolente en cuanto a la sumisi\u00f3n\u00a0 a los decretos de la Iglesia, el Sr. Bonnet le expres\u00f3 en una carta que esta indolencia\u00a0 era el car\u00e1cter m\u00e1s reprobable que se pueda atribuir a un confesor:\u00a0 Que es indiferente para las cosas de la religi\u00f3n, sin tener ninguna, y que no deb\u00eda sorprenderse de que su confesor se hubiera contristado por las palabras que hab\u00edan dado ocasi\u00f3n a la sorpresa. \u00abMe pregunt\u00e1is, a\u00f1ade,\u00a0 si un confesor puede o debe hablar de Constituci\u00f3n a sus penitentes. -No, a los que viven en la sencillez de la fe y en una perfecta sumisi\u00f3n a la Iglesia. Pero en cuanto a las personas de calidad, bien instruidas, y que en todas las compa\u00f1\u00edas hablan unas veces bien, otras veces mal, puede y debe, antes de escucharles, asegurarse de su sumisi\u00f3n filial a la Iglesia; donde la fe no es pura y entera, humilde y sencilla, sumisa y obediente, no puede haber verdadera santidad, ni verdadera justicia\u00bb.<\/p>\n<p>Las Damas Ursulinas de Mantes, habi\u00e9ndole pedido hacer una novena en la tumba del bienaventurado Vicente de Pa\u00fal a favor de una religiosa de Port-Royal-des-Champs, que hab\u00eda sido trasladada a casa de ellas, no solamente acept\u00f3 la propuesta, sino que escribi\u00f3 a esta persona una carta igual de honrada y apremiante, para comprometerla a someterse. \u00abAunque supusi\u00e9ramos falsamente, le dice, que el papa y los obispos no han recibido de Dios, gracia, luz y poder de decidir sobre las cuestiones parecidas a la que se est\u00e1 tratando, est\u00e1 fuera de toda duda que por su car\u00e1cter, su puesto, su dignidad, merecen tanto y m\u00e1s cr\u00e9dito que las personas que os han persuadido de no creer lo que os dicen\u00a0 sobre los errores del libro de Jansenio; y si tuvierais que arriesgaros al error, ser\u00eda mejor equivocarse con el papa\u00a0 y los obispos que se os han dado por Dios para iluminar vuestra fe y para defenderla, que con particulares que no han recibido una gracia semejante, una autoridad igual, ni una misi\u00f3n parecida. Pero si a\u00f1adimos que Dios los ha elegido como\u00a0 jueces de esta clase de asuntos, que los ilumina de un modo muy particular para llegar a conocer la verdad, y que los asiste con su esp\u00edritu para no equivocarse, \u00bfpor qu\u00e9 no obedecer a la Santa Sede? \u00bfTenemos nosotros m\u00e1s esp\u00edritu, m\u00e1s juicio, m\u00e1s solidez que san Jer\u00f3nimo quien, en las cuestiones disputadas de su tiempo entre los herejes y los cat\u00f3licos, escrib\u00eda al papa D\u00e1maso: \u00abYo me adhiero a la c\u00e1tedra de Pedro, todo el que celebra la Pascua (judaica) es un profano, y todos los que no se salven en esta arca, perecer\u00e1n en las aguas del diluvio?\u00bb<\/p>\n<p>No eran s\u00f3lo religiosas o laicos a los que el celoso superior trataba de llevar a la sumisi\u00f3n, o se esforzaba por impedir que se separaran de ella; fiel imitador del bienaventurado Vicente, se atrevi\u00f3, con la modestia y el celo conveniente, a llevar m\u00e1s de una vez sus muy humildes advertencias a prelados por los que sent\u00eda una estima singular y el m\u00e1s profundo respeto. \u00abEquivocarse, escribe a uno de ellos, es una debilidad que va con nuestra naturaleza humana, y desde el error de nuestros primeros padres, no hay hombre que no se haya equivocado infinidad de veces. Los m\u00e1s hermosos esp\u00edritus al tratar de las materias m\u00e1s elevadas, y al tomar un mayor vuelo, est\u00e1n sujetos a cometer las mayores faltas: Es pues verdad que es propio de los hombres y hasta de los m\u00e1s grandes hombres equivocarse y errar, pero es preciso que sea una gloria especial, una ventaja particular, y como lo propio de Vuestra Ilustr\u00edsima, reconocer los errores, repararlos y sacar provecho de todas las maneras, como Ella puede muy f\u00e1cilmente\u2026 Sois cristiano y muy digno hijo de la Iglesia, por lo tanto obligado a someteros al que la gobierna en calidad de cabeza visible. Sois prelado, por consiguiente est\u00e1is obligado a edificar a la Iglesia universal, ense\u00f1ando a los grandes y a los peque\u00f1os que la humildad es una de las virtudes m\u00e1s esenciales de cristianismo. Vuestro reba\u00f1o est\u00e1 felizmente unido a la Santa Sede, por eso, os convertir\u00edais en sospechoso y poco \u00fatil, si os desviarais lo menos del mundo en vuestra sumisi\u00f3n. Vuestra palabra est\u00e1 comprometida en ello y, por tanto, vuestra fidelidad y vuestra gloria. Se ha de sostener todo el peso de esta gloria naciente y elevarla hasta la consumaci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s agobi\u00e9is al Libro, m\u00e1s fuerte parecer\u00e9is; cuanto m\u00e1s lo toler\u00e9is m\u00e1s pasar\u00e9is por d\u00e9bil y m\u00e1s sospecho ser\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p>Para terminar este art\u00edculo de la fe del difunto Sr. Superior general y hacer ver dada vez m\u00e1s su sencillez, la fuerza y la perseverancia, a\u00f1adamos este extracto de su testamento: \u00abCon relaci\u00f3n a la Constituci\u00f3n yo declaro a\u00a0 la Compa\u00f1\u00eda: 1\u00ba\u00a0 que he aceptado por mi carta del 6 de octubre de 1713, y a la que me he sometido perfectamente de coraz\u00f3n y de esp\u00edritu; 2\u00ba\u00a0 que en mi retiro de 1723 emple\u00e9 tres d\u00edas a los pies del crucifijo en releer\u00a0 m\u00e1s atentamente a\u00fan esta pieza, y que he encontrado receptiva en todas sus partes, no por inter\u00e9s o por pol\u00edtica, o por acomodarme al tiempo, sino por convicci\u00f3n formada de la manera que voy a decir; 3\u00ba\u00a0 sin tener en consideraci\u00f3n a los escritos hechos de una parte y de otra, he confrontado esta bula con mi catecismo y mi antigua creencia, he definido con santo Tom\u00e1s las veinte cualificaciones, las he aplicado a las ciento y una proposiciones, y no he encontrado ninguna de \u00e9stas que no mereciera\u00a0 en un sentido natural y no forzado una o varias de las dichas cualificaciones, como se puede ver en el original escrito de mi mano, o en las dos copias que se han hecho por los Srs. Thibault y Mol\u2026; 4\u00ba\u00a0 esta Constituci\u00f3n habiendo sido recibida <em>unanimi consensu <\/em>en nuestra \u00faltima Asamblea general\u00a0 la cual se ha sometido de buen grado y sin ninguna coacci\u00f3n, nosotros no hemos omitido nada para hacerla recibir en toda nuestra Congregaci\u00f3n; y hemos guardado y guardaremos fielmente, con la ayuda de Dios, todos los decretos de la dicha Asamblea sobre esto; 5\u00ba\u00a0 ruego al Sr. Vicario general y al que sea elegido superior general despu\u00e9s de m\u00ed, que sean fieles a ellos por las razones siguientes: 1\u00ba tal es la voluntad de Dios claramente se\u00f1alada por la Santa Sede y por todo el orden episcopal; 2\u00ba esta bula hace ley en la Iglesia y en el Estado. Pues, siguiendo las palabras del ap\u00f3stol: Qui potestati resistit, Dei ordinationi resisitit: <em>Qui autem resisitunt, ipsi sibi damnationem adquirunt; <\/em>3\u00ba la m\u00e1xima de san Gregorio, papa, es muy verdadera, y esta sostenida por la experiencia de todos los siglos: <em>Dedignatio subjectionis indignum facit proelationis<\/em>: quien no obedece a sus leg\u00edtimos superiores, no merece ser obedecido por sus inferiores; 4\u00ba una vez que los innovadores han llegado hasta sacudirse el yugo del primer superior eclesi\u00e1stico que es el papa, ellos pisotean a todos los dem\u00e1s superiores subalternos, sin pudor, sin reparos y sin ning\u00fan respeto, faltando incluso a las leyes divinas y a las convivencias humanas; 5\u00ba no hay m\u00e1s que abrir los ojos para ver los des\u00f3rdenes espantosos que han introducido en\u00a0 las comunidades de hombres y de mujeres: han minado la sumisi\u00f3n, la obediencia a la justa subordinaci\u00f3n debida a los superiores; han pisoteado el esp\u00edritu de los fundadores, los votos y las reglas; han turbado la paz, la uni\u00f3n y la concordia, y las han sustituido por disensiones, aversiones, confusiones dif\u00edciles de calmar; 6\u00ba la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, la autoridad del superior general, de los visitadores y de los superiores locales no se pueden sostener y ponerse a cubierto de los insultos de los tipos d\u00edscolos sin esta perfecta sumisi\u00f3n de coraz\u00f3n y de esp\u00edritu a la Santa Sede. Sin ella seremos <em>scopae dissolutae, <\/em>\u2018escobas deshechas\u2019, un cuerpo sin alma, sin esp\u00edritu, sin nervios, un fantasma y un verdadero cad\u00e1ver de congregaci\u00f3n. Entretanto es imposible que subsista\u00a0 si no forma <em>cor unum et animam unam; unum corpus et unum spiritum. <\/em>Sin ello los esp\u00edritus se dividen, los corazones se separan, y de ah\u00ed nacen todos los defectos opuestos a la unidad; 7\u00ba hay que vigilar sobre todo que la juventud no caiga en el mal gusto de las novedades, marcando nosotros mismos un distanciamiento en todos los discursos p\u00fablicos y particulares, escogerlos para prefecto de sus estudios y para regentes a hombres sabios, virtuosos, pac\u00edficos, capaces, regulares, humildes y sumisos, por \u00faltimo quitarles los libros que hablan demasiado libremente del papa y de los obispos\u00bb. (Hemos reproducido aqu\u00ed todo lo que, en la Noticia contempor\u00e1nea,\u00a0 concierne a la fe del Sr. Bonnet y la manera de actuar, ya que esta tempestad del jansenismo fue la m\u00e1s dura que se encontr\u00f3 durante toda su carrera de superior de seminario, luego de superior general de la Congregaci\u00f3n).<\/p>\n<p>La humildad puede considerarse verdadera y s\u00f3lida, cuando a una gran estima de esta virtud se a\u00f1aden sentimientos bajos de s\u00ed mismo, y a la indiferencia por las alabanzas y la reputaci\u00f3n, la paciencia en el desprecio, las afrentas, las calumnias, que se aceptan con gozo los empleos oscuros, que no se busca exhibirse y se es sencillo en sus maneras, en sus conversaciones y en todo su exterior. Pues bien, nuestro difunto Sr. Superior general daba tal importancia a la virtud de la humildad que prefer\u00eda un acto suyo a los \u00e9xtasis, a las revelaciones, y a otras gracias con las que Dios favorece\u00a0 a veces a sus servidores\u00bb. \u00c9sas son sus propias palabras.<\/p>\n<p>Con esta profundidad de la humildad ha hallado el Sr. Bonnet el oro de esta doble caridad que es el cumplimiento de la ley, pues ella nos hace practicar todas las dem\u00e1s virtudes. \u00c9l ha amado a Dios y ha amado al pr\u00f3jimo. Su amor por Dios ha sido tierno, constante y activo; su amor por el pr\u00f3jimo ha sido compasivo, cristiano, justo y bien reglado. Si hablaba era siempre como hombre de bien que saca cosas buenas del buen tesoro de su coraz\u00f3n. Que se encontrara en la compa\u00f1\u00eda de sus cohermanos o en la de personas del exterior, del rango o de la condici\u00f3n que fuesen, era siempre el mismo en este aspecto, y sin hacerse inc\u00f3modo, sab\u00eda manejar h\u00e1bilmente todas las ocasiones para llevar a los dem\u00e1s a la virtud y animarlos en el servicio de Dios. Si escrib\u00eda, hac\u00eda lo mismo; y siempre cons encillez, con modestia y todos los miramientos de la educaci\u00f3n cristiana. No se puede juzgar por este punto de una carta a la Sra. abadesa de Saint-Julien d\u2019Auxerre: \u00abMe parece, Se\u00f1ora, que mi carta degenera en serm\u00f3n, no es sin embargo mi prop\u00f3sito exhortaros ni instruiros sobre vuestros deberes; tengo solamente el pensamiento de conversar con vos sobre cosas \u00fatiles, como lo har\u00eda en vuestro locutorio. Adem\u00e1s, tengo por pr\u00e1ctica no escribir nunca inutilidades a nadie, y cuando no fuera as\u00ed, creer\u00eda divertir a una santa religiosa\u00a0 con la lectura de una carta puramente humana. S\u00e9 desde hace tiempos que siendo buena y fiel sierva de Nuestro Se\u00f1or, es agradaros el presentaros sus deberes, porque es, no una censura de vuestra vida, sino una aprobaci\u00f3n de vuestra conducta\u00bb. Este era el tenor de las cartas de nuestro difunto Sr. Superior general. Este el g\u00e9nero de escribir en el que trataba de formar\u00a0 a los que ten\u00edan el honor de trabajar con \u00e9l. \u00abPongamos siempre en nuestras cartas, les dec\u00eda, algunas palabras de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El amor que le transmit\u00eda le daba una gran estima y un tierno afecto para todos aquellos que \u00e9l cre\u00eda virtuosos. Que un hombre tuviera mucho o menos esp\u00edritu, que estos talentos fueran raros o comunes, el Sr. Bonnet hac\u00eda poco caso de todo esto, pero \u00e9l no pod\u00eda negar su coraz\u00f3n a los que cre\u00eda que ten\u00edan totalmente consagrado el suyo a la virtud. \u00abCuando se est\u00e1 bien persuadido, dec\u00eda,\u00a0 que un hombre es de Dios, hay que comunicarle muchas cosas\u00bb. Con este principio ha vivido casi toda su vida ha vivido cordialmente\u00a0 con personas cuya piedad era s\u00f3lida, pero cuyas maneras eran a veces propias para ejercitar la paciencia de los dem\u00e1s. La suya estaba a prueba de estas clases de defectos, y la sola cualidad de verdadero cristiano, de hombre de Dios, de buen sacerdote, los cubr\u00eda a todos a los ojos de nuestro caritativo padre quien no pod\u00eda por menos que encontrar amables a los que \u00e9l sab\u00eda que amaban al Se\u00f1or y eran amados por \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 no ha hecho el celoso misionero para convertir al pecador, para afirmar al justo debilitado, para levantar al que ha ca\u00eddo, para animar a la perfecci\u00f3n a los que los llamaba su estado? Tantos retiros p\u00fablicos y particulares como \u00e9l ha dirigido en Ch\u00e2lons, en Auxerre, en Chartres, en la casa real de Saint-Cyr, y en San L\u00e1zaro, para los Srs. eclesi\u00e1sticos de la di\u00f3cesis y para los Srs. laicos; retiros que han tenido con frecuencia, en personas de distinci\u00f3n y en pecadores inveterados, los \u00e9xitos m\u00e1s felices y de los nosotros hemos sido los testigos, pero cuyo detalle nos llevar\u00eda demasiado lejos. Tantas misiones en las que ha trabajado con celo, sin distinci\u00f3n de lugar ni de personas; la buena gente del campo, los pobres del hospital del Nombre de Jes\u00fas, los pensionistas encerrados en esta casa y los obreros, los oficiales y los soldados de los Inv\u00e1lidos, los burgueses y dem\u00e1s habitantes de Versalles, todo le ha sido igual, y ha prestado siempre su ministerio con tan buena voluntad con unos como con otros, sea en el p\u00falpito, sea en el tribunal de la penitencia..<\/p>\n<p>Digamos por \u00faltimo que, desde su juventud, el Sr. Bonnet se hab\u00eda ofrecido al Sr. Jolly para las misiones extranjeras; que, en los a\u00f1os 1701 y 1702, reiter\u00f3 las mismas ofertas al Sr. Pierron para China, y que, con la esperanza de ser enviado all\u00ed pronto, se aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol y termin\u00f3 de perfeccionarse en el italiano.<\/p>\n<p>Este digno sucesor de san Vicente amaba tiernamente a sus padres y sobre todo a su virtuosa madre; pero los amaba, no para complacerse en verlos o en procurarles ventajas temporales, sino para ayudarles con sus consejos y sus oraciones a adelantar la obra de su santificaci\u00f3n. Cuando le enviaron de Par\u00eds a Auxerre, Fonlainebleau se encontraba naturalmente en su camino, pero \u00e9l sacrific\u00f3 a la virtud el placer que habr\u00eda tenido pasando por all\u00ed y se apart\u00f3. Regresa de Auxerre a Par\u00eds: \u00abLlegar\u00e9 tal d\u00eda, escribe a su madre, esperad en la iglesia hacia las seis, oir\u00e9is mi misa y nos veremos despu\u00e9s\u00bb. Fue todo lo que le concedi\u00f3 y parti\u00f3 la misma ma\u00f1ana. \u00c9l sent\u00eda no obstante por ella todo lo que un hijo bien nacido puede sentir por una muy buena madre, y \u00e9l estaba lleno de las grandes obligaciones que le ten\u00eda.<\/p>\n<p>En 1702, escrib\u00eda: \u00abA mi regreso aqu\u00ed, me he encontrado con la triste noticia de la muerte de mi querida madre a quien yo amaba tan tiernamente. Me siento tan afligido y a la vez sometido a Dios, teniendo la confianza de encomendarla a vuestros santos sacrificios\u00bb. Siete\u00a0 u ocho meses antes, le hab\u00edan dicho que estaba peligrosamente enferma. \u00abLo que me consuela, dice entonces,\u00a0 es que el Sr. de Vacquez hace por la salvaci\u00f3n de su alma y por su alivio todo lo que podr\u00eda hacer yo mismo si estuviera a su lado. Se trata de una madre a la que, aparte de las obligaciones comunes, yo le debo una muy sabia y santa educaci\u00f3n desde la edad de tres o cuatro a\u00f1os. Ella es la \u00fanica cosa que he perdido con pena, cuando he tenido la suerte de entrar al servicio de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Aparte de nuestros padres seg\u00fan la carne, tenemos otros seg\u00fan el esp\u00edritu; nuestros superiores son nuestros padres, y los que profesan el mismo Instituto que nosotros son nuestros hermanos de una manera m\u00e1s particular que el resto de los hombres. Para unos y para otros, el Sr. Bonnet ha tenido una caridad cordial, justa y bien reglada. \u00bfAcaso un hijo no ama a su padre desde el fondo de su coraz\u00f3n, al desearle la conservaci\u00f3n, que se la pide a Dios frecuentemente y ardientemente y que hace que se la pidan\u00a0 de la misma manera a todos cuantos \u00e9l puede comprometer, cuando evita sobre todo contristarle lo menos posible, compadece sinceramente todas sus penas, trata\u00a0 de hac\u00e9rselas soportables, y para librarle de ellas, se cargar\u00eda con ellas de buena gana, si fuera posible? Pues \u00e9l escrib\u00eda al Sr. Jolly, entonces superior general: \u00abSigo amando tiernamente mi vocaci\u00f3n; contin\u00fao, Se\u00f1or, recomend\u00e1ndoos todos los d\u00edas a Nuestro Se\u00f1or, y ser\u00e9 fiel a la ley que me he impuesto de ofrecer el santo sacrificio para que Dios tenga a bien conservaros largo tiempo en la Congregaci\u00f3n\u00bb. \u00c9l a\u00f1ad\u00eda: \u00abHe sentido mucho dolor en la muerte del Sr. Th\u00e9vart, uno de mis m\u00e1s antiguos Padres espirituales. Con \u00e9l pierdo mucho, ya que \u00e9l dec\u00eda, de vez en cuando la misa por m\u00ed a condici\u00f3n de que yo fuera todos los d\u00edas a la tumba del Sr. Vicente a decir por \u00e9l un <em>Pater<\/em> y un <em>Ave<\/em>, y renovar sus votos. Ofrecer\u00e9 a menudo el santo sacrificio por su descanso\u00bb. Era en 1689 cuando escrib\u00eda as\u00ed al Sr. Jolly.<\/p>\n<p>Como un hijo no cumple m\u00e1s que imperfectamente el precepto de honrar a su padre y a su madre, si al respeto que les tiene, no une una exacta sumisi\u00f3n, tambi\u00e9n los inferiores no aman lo suficiente a sus superiores, si no se esfuerzan en ser su consuelo por una obediencia perfecta y constante. La del venerable Sr. Bonnet ha tenido excelentemente estas dos cualidades, y en los diferentes estados donde se vio, ella siempre se ha extendido a sus deseos m\u00e1s inocentes, cuyo cumplimiento \u00e9l no ha pedido, a sus peticiones mejor fundadas que no ha dado cumplimiento sino con la m\u00e1s completa resignaci\u00f3n; a las cosas menos graciosas que se han deseado de \u00e9l, y a las cuales siempre se ha prestado de coraz\u00f3n; a las propuestas que se le han hecho por las personas de m\u00e1s alta condici\u00f3n, y en las que nunca ha querido entrar sino con una perfecta dependencia de sus superiores; a los empleos y lugares que ha ocupado, habiendo estado listo para dejarlos a la primera se\u00f1al de la voluntad de Dios, y habi\u00e9ndolos\u00a0 abandonado con el desprendimiento m\u00e1s ejemplar. Era sin duda un deseo muy inocente el de vivir en una casa regular, y que suministra m\u00e1s medios de conservarse en el fervor. El Sr. Bonnet deseaba con esta consideraci\u00f3n la permanencia de la casa de San L\u00e1zaro, y sin embargo se abstuvo siempre pedir volver a ella. Todo lo que se permiti\u00f3 en este aspecto fue la simple exposici\u00f3n de sus deseos: \u00abSi alguna vez sucediera, dec\u00eda, que mis pobres servicios puedan ser de alguna utilidad en la Casa de San L\u00e1zaro, yo volver\u00e9 a vuestro lado, Se\u00f1or, con tanto gozo que s\u00f3lo me faltar\u00e1 la renuncia para partir. No es sin embargo una petici\u00f3n, ni siquiera un deseo formal, es una simple complacencia y una disposici\u00f3n habitual a dejar todo otro lugar para volver a aqu\u00e9l en que comenc\u00e9 a servir al Se\u00f1or, y que no me impedir\u00e1 vivir contento en la distancia presente, y hasta en uno m\u00e1s importante\u00bb. Porque como se ha dicho se hab\u00eda ofrecido a ir a las misiones extranjeras.<\/p>\n<p>Se someti\u00f3 siempre de buena gana a las \u00f3rdenes de sus superiores, incluso cuando su ejecuci\u00f3n deb\u00eda o privarle de lo que constitu\u00eda su consuelo, o exponerle a nuevas cruces. Siendo todav\u00eda superior en provincias, ten\u00eda un asistente que, por su dulzura, su sabidur\u00eda, su virtud, su buena conducta, formaba su alegr\u00eda, y cuya vida ha escrito despu\u00e9s; sin embargo cuando se le piden, se somete sin ninguna resistencia. \u00abPor lo que se refiere al cambio del buen Sr. Corre, escribe, es un sacrificio que se ha de hacer de coraz\u00f3n a las \u00f3rdenes de la divina Providencia. No pretendo por estos muy humildes reparos esquivar el golpe, sino tan s\u00f3lo daros el medio de ajustar la casa de Toul y conservar la nuestra en Paz, en regularidad y en estado de realizar nuestras funciones. Despu\u00e9s de eso, yo acepto de antemano este cambio de buena gana, convencido de que nuestro bien est\u00e1 en la sumisi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Su desprendimiento fue sometido a otra prueba, cuando en 1697 le trasladaron de Auxerre a Chartres. Inmediatamente, nada m\u00e1s recibir la orden, se fue a agradecer a Mons. Andr\u00e9 Colbert\u00a0 todas las bondades con que le hab\u00eda honrado, y a rogarle que aceptara su partida. El obispo se opuso fuertemente, pero el Sr. Bonnet le dijo: \u00bb\u00a0Hasta ahora, Monse\u00f1or, he tenido gracia para serviros, porque Dios me lo ped\u00eda; en adelante ya no la tendr\u00e9, porque me quiere en otra parte. \u2013Esperad por lo menos, dijo Su Ilustr\u00edsima, a que yo reciba contestaci\u00f3n de Par\u00eds. \u2013Dudo, Monse\u00f1or, que logr\u00e9is cambiar este destino: pero yo no prejuzgar\u00e9 vuestros planes marchando al momento, ya que os prometo regresar de buena gana, si me env\u00edan\u00bb. Parti\u00f3 pues sin dilaci\u00f3n, y cuando Monse\u00f1or de Chartres le vio: \u00ab\u00bfC\u00f3mo hab\u00e9is podido salir de Auxerre, le dijo? Al parecer lo hab\u00e9is hecho por vuestra cuenta. \u2013S\u00ed, Monse\u00f1or, le respondi\u00f3, y los misioneros deben obedecer sin hacer intervenir inoportunamente a sus superiores\u00bb. Unos quince meses despu\u00e9s, este mismo prelado, en un viaje que hizo a Par\u00eds, habiendo presentido que el Sr. Pierron ten\u00eda alg\u00fan plan sobre el superior del seminario de Chartres tom\u00f3 a su regreso al Sr. Bonnet aparte, le pregunta, con sus maneras atractivas, si no ten\u00eda alg\u00fan motivo de pena: pues \u00e9l pensaba que tal vez el Sr. Bonnet mismo hab\u00eda propuesto su cambio. Pero \u00e9ste habi\u00e9ndole asegurado una y otra vez\u00a0 que estaba muy contento, el obispo le dijo que cre\u00eda haber entrevisto que el Sr. Pierron quer\u00eda colocarle en otra parte, y a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00bfNo le ha dicho a usted nada?\u00a0 \u2013No, Monse\u00f1or, y ha hecho muy bien; ya que\u00a0 yo habr\u00eda venido a pediros vuestra bendici\u00f3n y mi despedida, como se la ped\u00ed a Mons. de Auxerre; y a pesar del dolor que hubiera sentido, no me habr\u00eda levantado de vuestros pies hasta que no me hubierais permitido obedecer. Me alegro de que se haga lo que deseo justamente, y creo que nuestros Srs. Superiores piensan lo mismo. Es pues justo obedecer\u00bb. Monse\u00f1or de Chartres, que se sab\u00eda y amaba las buenas reglas, alab\u00f3 esta disposici\u00f3n y reconoci\u00f3 que tal era el deber del misionero.<\/p>\n<p>Los que no aman al pr\u00f3jimo m\u00e1s que con vistas humanas, no lo sienten de ordinario mucho, cuando la muerte se lo ha hecho in\u00fatil; pero los que aman en sus amigos la justicia, la probidad, la rectitud y las dem\u00e1s virtudes, no pueden ser insensibles a la p\u00e9rdida de tantos buenos ejemplos y del consuelo que encontraban\u00a0 en el trato de estas virtuosas personas. Con estos sentimientos el Sr. Bonnet, abri\u00e9ndole su coraz\u00f3n a su superior general, le dec\u00eda: \u00abLa muerte del Sr. Corre me ha afligido grandemente, pues yo no conoc\u00eda en la Compa\u00f1\u00eda persona m\u00e1s humilde, m\u00e1s dulce y m\u00e1s santa que \u00e9l, sin hacer por ello ninguna comparaci\u00f3n. Monse\u00f1or de Auxerre dec\u00eda que no comet\u00eda pecados veniales, y que el demonio no se atrev\u00eda a acerc\u00e1rsele. Es verdad que era un hombre de los menos faltones, y de los m\u00e1s uniformes en la virtud. Ya me cuesta consolarme por la p\u00e9rdida de este querido amigo, conviene\u00a0 sin embargo sacrificarlo todo a Dios\u00bb. El Sr. Bonnet no amaba s\u00f3lo a los que eran tan perfectos, era suficiente con ser hijo de la Congregaci\u00f3n para tener buena parte en su caridad.<\/p>\n<p>Hay pocas personas en la Congregaci\u00f3n que no sepan cu\u00e1l ha sido en todos los tiempos su caridad con los enfermos, sin distinci\u00f3n de estado, y los cuidados que se ha tomado para procurarles todos los remedios ordinarios y hasta extraordinarios. \u00c9l se preocupaba porque no les faltaran las cosas m\u00e1s importantes, fuera cual fuera su reputaci\u00f3n. Mientras se hallaba en Ch\u00e2lons, escribieron una carta calumniosa contra uno de los hermanos de esta familia; la orden de su cambio lleg\u00f3 poco despu\u00e9s, el Sr. Bonnet, que se temi\u00f3 que se diera cr\u00e9dito a la calumnia, tom\u00f3 enseguida la defensa de este buen hermano: \u00abNo podemos, escribi\u00f3,\u00a0 sino consentir en el cambio del hermano Fran\u00e7ois Langlois, y en todos los dem\u00e1s que Dios quiera hacer en nuestra familia, pero nos molestar\u00eda bastante que fuera con ocasi\u00f3n de la carta de este desdichado an\u00f3nimo. El hermano Fran\u00e7ois es uno de los m\u00e1s reservados y de los m\u00e1s discretos en esta materia de la que se trata. \u00c9l es trabajador, d\u00f3cil, obediente y buen servidor de Dios. Con \u00e9l perdemos mucho sea cual sea el motivo para que nos lo quiten; pero si es con ocasi\u00f3n de esta condenada carta, os lo aseguro, Se\u00f1or, que nos duele en el alma\u00bb. No fue menos celoso para defender la pureza de la fe de sus cohermanos, que para hacer ver la inocencia de sus costumbres. Mientras era asistente del difunto Sr. Watel, habiendo sabido que hab\u00edan acusado de novedad a uno de los mejores sujetos de la Congregaci\u00f3n y que esta delaci\u00f3n, si bien muy mal fundada, hab\u00eda causado una fuerte impresi\u00f3n en el esp\u00edritu de Luis XIV, se lo cont\u00f3 enseguida a este cohermano, quien avisado no tuvo dificultades en justificarse ante Su Majestad con la sencilla declaraci\u00f3n de sus verdaderos sentimientos y de la conducta que siempre hab\u00eda tenido respecto de los innovadores.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s \u00e9l no ha querido con menos fuerza a la Congregaci\u00f3n en general que los particulares con los que se estimaba afortunado de vivir. Le estaba enteramente dedicado, y dejaba a un lado todo lo que cre\u00eda poder da\u00f1arla, y tuvo gran cuidado de mantener en ella\u00a0 todo lo que estim\u00f3 propio para conservarla en el esp\u00edritu de su bienaventurado fundador. Tenerse como hijo de la Congregaci\u00f3n, estar preparado para servirla en todos los tiempos, los lugares y los empleos, es lo que constituye el verdadero apego de un misionero a su estado, y esta fue siempre la disposici\u00f3n del difunto Sr. nuestro muy digno Superior general. Se explicaba al Sr. Jolly en estos t\u00e9rminos: \u00bb\u00a0Estoy siempre en la resoluci\u00f3n de emplear, con la gracia de Dios, toda mi vida en servir a mi muy querida madre la Congregaci\u00f3n de la mejor manera que pueda hacerlo, y en todos los lugares y los empleos en los que Dios quiera colocarme\u00bb. \u00c9l la ha servido, en efecto, de muchas maneras, y le ha rendido un servicio esencial dejando a un lado todo lo que pod\u00eda dar entrada al error en ella.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, no se ha de dudar que no haya puesto, en toda ocasi\u00f3n, sus esfuerzos por conservar en ella todas las pr\u00e1cticas de piedad que hab\u00eda encontrado en uso, para mantenerla en una exacta regularidad.<\/p>\n<p>No podemos acabar mejor las pruebas de su amor hacia la Congregaci\u00f3n, que con lo que ha dicho al final de su testamento. \u00abEn cuanto a nuestra Congregaci\u00f3n, como le debo todo lo que soy en el orden moral y espiritual, tambi\u00e9n he vivido siempre para ella, y quiero morir en su fiel servicio. No lo he hecho hasta ahora con tanta perfecci\u00f3n como hubiera debido, pero con un afecto muy filial por ella al que ser\u00eda dif\u00edcil a\u00f1adir nada, y espero, pr Jesucristo, Nuestro Se\u00f1or, servirla en el cielo hasta el fin de los siglos, despu\u00e9s de que haya sido del agrado de Dios tener misericordia de m\u00ed, y purgarme de los restos de mis pecados\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es el cuadro de las virtudes del Sr. Bonnet. (Su generalato fue uno de los m\u00e1s importantes para la Congregaci\u00f3n, por la extensi\u00f3n que dio a las obras,\u00a0 por el n\u00famero de los nuevos establecimientos, por las importantes medidas administrativas que tom\u00f3. Es en una historia de la Congregaci\u00f3n donde se debe escribir eso. La presente noticia no siendo m\u00e1s que un relato de edificaci\u00f3n, nos hemos sujetado al recuerdo de los ejemplos de piedad y de virtud que ha dejado el muy notable y muy digno superior general).<\/p>\n<p>Fue el mes de noviembre de 1734 cuando comenz\u00f3 a alterarse la salud\u00a0 del Sr. Bonnet, por la fiebre y reumas que se le juntaron. Hubo diversas alternativas en el curso de 1735. Por \u00faltimo, el 1\u00ba de setiembre, le lleg\u00f3 una fiebre muy violenta. Se confes\u00f3 entonces, luego sinti\u00f3 que le volv\u00edan las fuerzas sensiblemente de un momento a otro, de manera que al d\u00eda siguiente, d\u00eda de San L\u00e1zaro, se levant\u00f3, camin\u00f3 como siempre por la enfermer\u00eda, y pas\u00f3 el d\u00eda tranquilamente. La ma\u00f1ana del 3 de octubre fue tambi\u00e9n sin ning\u00fan incidente, pero a mediod\u00eda, volvi\u00f3 la fiebre; aunque el acceso no fue tan violento como el precedente, fue superior a los remedios, y a las siete de la tarde nos llev\u00f3 a nuestro muy amable padre. Se le hab\u00edan administrado los sacramentos algunas horas antes.<\/p>\n<p>Durante el curso de esta enfermedad, se vio todo lo que hab\u00eda sido toda su vida; lleno de bondad y de cordialidad para los que le serv\u00edan o que se acercaban a \u00e9l; pac\u00edfico y tranquilo, a pesar de la ocasi\u00f3n que ten\u00eda de aburrirse y de disgustarse por una falta de actividad tan larga, que deb\u00eda no obstante serle muy sensible, acostumbrado como estaba a trabajar sin cesar; siempre unido a Dios, y ocup\u00e1ndose en esta \u00faltima enfermedad, como lo hab\u00eda hecho en las otras, en las grandes verdades de la religi\u00f3n, sobre todo en las misericordias del Se\u00f1or, de la caridad con que nos ha lavado de nuestros pecados en su sangre. Animaba su confianza con estas palabras del profeta: \u00abLas misericordias del Se\u00f1or sobrepasan todas sus obras: <em>Miserationes ejus super omnia opera ejus<\/em> \u00ab, y por \u00e9stas: \u00abNosotros tenemos un buen Maestro: <em>Habemus bonum Dominum<\/em> \u00ab. Son de san Ambrosio y le eran familiares.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III.- El Sr. Bonnet, Superior General No hac\u00eda a\u00fan seis a\u00f1os enteros que el Sr. Bonnet estaba en Chartres, cuando la Asamblea general de 1703, le eligi\u00f3 como uno de los asistentes del Sr. Watel, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-bonnet-cuarto-superior-general-parte-segunda\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[177,143],"class_list":["post-49092","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-jolly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Jean Bonnet (cuarto Superior General) (parte segunda) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/jean-bonnet-cuarto-superior-general-parte-segunda\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Jean Bonnet (cuarto Superior General) (parte segunda) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"III.- El Sr. Bonnet, Superior General No hac\u00eda a\u00fan seis a\u00f1os enteros que el Sr. Bonnet estaba en Chartres, cuando la Asamblea general de 1703, le eligi\u00f3 como uno de los asistentes del Sr. Watel, ... 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