{"id":49089,"date":"2011-09-03T08:22:50","date_gmt":"2011-09-03T06:22:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49089"},"modified":"2016-07-27T12:15:33","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:33","slug":"jean-bonnet-sexto-superior-general-parte-primera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-bonnet-sexto-superior-general-parte-primera\/","title":{"rendered":"Jean Bonnet (sexto Superior General) (parte primera)"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_49120\" style=\"width: 248px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/JeanBonnet.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-49120\" class=\"size-medium wp-image-49120\" title=\"Jean Bonnet\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/JeanBonnet-238x300.jpg?resize=238%2C300\" alt=\"Jean Bonnet\" width=\"238\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-49120\" class=\"wp-caption-text\">Jean Bonnet<\/p><\/div>\n<p>Paris. 3 septembre, 1735.<\/p>\n<p>La biograf\u00eda que vamos a dar est\u00e1 sacada casi completamente de las <em>Notices sur les<\/em> <em>Missionnaires d\u00e9funts<\/em> que se publicaban en otro tiempo cada a\u00f1o. En el cuaderno, de 1736, va de la p\u00e1gina 21 a la p\u00e1gina 78. Hemos a\u00f1adido en dos o tres lugares algunas palabras de explicaci\u00f3n o alguna informaci\u00f3n; se lo reconocer\u00e1 por ir entre par\u00e9ntesis.<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no ha tenido desde hace mucho tiempo p\u00e9rdida tan sensible como la que tuvo el 3 de setiembre \u00faltimo, por el fallecimiento\u00a0 del Sr. Jean Bonnet, su muy honorable Padre y sexto superior general. Dios se lo hab\u00eda dado en su misericordia para gobernarla y sostenerla en los tiempos m\u00e1s tormentosos, y ha querido su adorable sabidur\u00eda quit\u00e1rselo en los d\u00edas de su paz y de su tranquilidad. \u00c9l se lo hab\u00eda preparado para procurar con sus cuidados y sus oraciones la beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n de su fundador, y \u00e9l se lo ha quitado, cuando despu\u00e9s de obtener la primera felizmente, estaba en v\u00edsperas, por decirlo as\u00ed, de ver la segunda, y servirse de ella para aumentar\u00a0 la piedad y el fervor de las dos comunidades sometidas a su direcci\u00f3n. Ese era su meta principal de sus m\u00e1s continuos deseos; pero, aunque se haya muerto sin ver su entero cumplimiento, hay motivo de esperar que Dios le d\u00e9 pronto este consuelo, y que ella formar\u00e1 parte de la recompensa\u00a0 por los servicios que ha procurado rendirle durante su vida.<\/p>\n<h2><strong>I.- Comienzos y formaci\u00f3n.<\/strong><\/h2>\n<p>Fue el 29 de marzo de 1664 cuando el Sr. Jean Bonnet naci\u00f3 en Fontainebleau, y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Luis. Su madre, pobre seg\u00fan el mundo, pero rica a los ojos de Dios por su piedad, tuvo un gran cuidado de su educaci\u00f3n. Ella deposit\u00f3 muy temprano en su coraz\u00f3n\u00a0 los principios de la virtud; y para apartar de \u00e9l toda ocasi\u00f3n peligrosa, le ten\u00eda casi siempre en su compa\u00f1\u00eda, ense\u00f1\u00e1ndole con su ejemplo la pr\u00e1ctica de los deberes del cristianismo, inspir\u00e1ndole con sus actos de virtud y de religi\u00f3n toda la estima y el gusto de que su edad era capaz. Pero le falt\u00f3 poco para que el celo de esta virtuosa madre le costara caro a su ternura, y no le hiciera perder\u00a0 a ese mismo hijo por quien sent\u00eda todos los d\u00edas los dolores del parto, hasta ver a Jesucristo perfectamente formado en \u00e9l. Ya que un d\u00eda que regresaba sudoroso de un paseo con otros j\u00f3venes escolares, ella le dijo: \u00abVamos, hijo m\u00edo,\u00a0 a acompa\u00f1ar a Nuestro Se\u00f1or, m\u00edrale pasar\u00bb. \u00c9l la sigui\u00f3 sin dificultad, pero al no poder entrar en la habitaci\u00f3n del enfermo, el fr\u00edo, que era fuerte en la escalera, le agarr\u00f3 de tal manera que\u00a0 al volver de la iglesia se le declar\u00f3 una pleures\u00eda; el mal se hizo pronto tan violento\u00a0 que el ni\u00f1o, despu\u00e9s de recibir los sacramentos, perdi\u00f3 el habla, y no dio ya ning\u00fan signo de conocimiento. La conserv\u00f3 no obstante, ya que distingui\u00f3 a los sacerdotes de la parroquia que ven\u00edan a verle, record\u00f3 lo que cada uno de ellos le dec\u00edan, \u00e9l se lo cont\u00f3 despu\u00e9s, y lo mismo con las palabras y acciones de su madre. Este suceso, que aument\u00f3 su gratitud y su uni\u00f3n con el Se\u00f1or, le ha hecho toda su vida muy atento a hablar de Dios a los enfermos, incluso cuando ellos daban la impresi\u00f3n de no entender nada, y recomendar a los dem\u00e1s a hacer lo mismo, pero con una voz moderada y en pocas palabras,\u00a0 pues \u00e9l mismo hab\u00eda advertido que le dec\u00edan demasiadas cosas, y que le hablaban demasiado alto.<\/p>\n<p>Por entonces \u00e9l se dedicaba a las bellas letras, a las que le hab\u00edan apuntado desde muy temprano, dada su gran vivacidad. Pues bien, ni\u00f1o como era, cuando le presentaron a quien deb\u00eda ense\u00f1arle las lenguas latina y griega, le habl\u00f3 como hombre hecho y derecho: \u00abSe\u00f1or, le dijo, le prometo a usted una cosa, y yo le pido dos. Os prometo estudiar con todas mis fuerzas, y si no es suficiente de d\u00eda, estudiar\u00e9 tambi\u00e9n de noche; pero os pido,\u00a0 primeramente que no me trat\u00e9is mal, porque si me va mal, no ser\u00e1 culpa m\u00eda; y en segundo lugar que me dig\u00e1is, dentro de tres meses, si soy apto para el estudio, con el fin de que si no lo puedo conseguir, no pierda el tiempo en ello, y pueda tomar otro camino\u00bb. No hubo nada que temer. La naturaleza le hab\u00eda dado tantos talentos para las ciencias, y \u00e9l mantuvo tan bien la promesa\u00a0 que hab\u00eda hecho de aplicarse totalmente al estudio que pronto hizo tales progresos que sobrepasaban con mucho su edad. Fue la admiraci\u00f3n de sus maestros; por eso no dudaban en sacarle en toda ocasi\u00f3n, por ejemplo, cuando se trataba de cumplidos, no s\u00f3lo con los prelados y los embajadores que pasaban a menudo por Fontainebleau, sino tambi\u00e9n con el seren\u00edsimo Delf\u00edn, nieto del rey Luis XV;\u00a0 y nunca la novedad del espect\u00e1culo o el n\u00famero de los oyentes, ni la calidad de las personas o el resplandor que los rodeaba, desconcertaron al joven orador. Siempre sali\u00f3 del paso con aplausos, porque hablaba siempre con tanta seguridad y facilidad como gracia y modestia.<\/p>\n<p>Sus grandes talentos unidos a la inclinaci\u00f3n por el estado eclesi\u00e1stico y a la regularidad de sus costumbres, ped\u00edan que se le enviara a entrar en el clero pues se preve\u00eda que prestar\u00eda un d\u00eda grandes servicios a la Iglesia. As\u00ed el Sr. Durand, sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y primer p\u00e1rroco de esta Congregaci\u00f3n en Fontainebleau, le hizo confirmar y tonsurar el 19 de setiembre de 1677; Fue de manos del gran Bossuet, que no era entonces m\u00e1s que obispo de Condom, cuando este peque\u00f1o Samuel fue iniciado en el servicio de los altares, se present\u00f3 con tanta gravedad, religi\u00f3n, buena gracia, aptitud y presencia de esp\u00edritu en el ejercicio de las primeras funciones de un joven cl\u00e9rigo, que le nombraron muy pronto la direcci\u00f3n de las ceremonias, de las que se encarg\u00f3 hasta entrar en la Misi\u00f3n. Fue a la edad de catorce a\u00f1os, como \u00e9l mismo lo ha escrito, durante las oraciones de las cuarenta horas ante el santo Sacramento, cuando sell\u00f3 con Dios su vocaci\u00f3n. Fue recibido en la Congregaci\u00f3n a la edad de diecisiete a\u00f1os. Lo habr\u00eda hecho a la edad de quince, pero el Sr. Jolly, tercer superior general, que conoc\u00eda su amor por la lectura y el estudio, escribi\u00f3 a Fontainebleau que hab\u00eda que darle trabajo por dos a\u00f1os. Creyeron halagarle pues, de alguna manera, por alg\u00fan tiempo, primero con un comercio de cartas ya latinas ya griegas, que escrib\u00eda a San L\u00e1zaro. Luego, se le exigi\u00f3 que\u00a0 tradujera en Lat\u00edn el primer volumen de <em>la Disciplina eclesi\u00e1stica <\/em>del P. Thomassin, que acababa de aparecer, Era, en total, demasiado trabajo, no por la dificultad sino por la extensi\u00f3n; sin embargo, el peque\u00f1o postulante lo emprendi\u00f3 con tanto ardor y lo aguant\u00f3 con tanta constancia que lo acab\u00f3. Sin duda, se gloriaba porque el fin de su obra ser\u00eda el del retraso que tra\u00eda\u00a0 al cumplimiento de su deseo, pero todav\u00eda no hab\u00edan acabado sus pruebas. Era peque\u00f1o de talla y se tem\u00eda que con tal vivacidad de esp\u00edritu, su cuerpo no fuera lo suficiente fuerte para sostener el g\u00e9nero de vida que quer\u00eda abrazar, Con este miedo, le buscaron una nueva ocupaci\u00f3n, pero se ha de confesar que lo que le prescribieron habr\u00eda acabado con cualquier otro esp\u00edritu menos s\u00f3lido que el suyo, o menos determinado a darse a Dios en la Misi\u00f3n. En efecto, le pidieron que pusiera en Franc\u00e9s a su modo el mismo volumen que acababan de mandarle traducir en lat\u00edn. (De ah\u00ed, sin duda, data la rara facilidad con la que se expresaba y escrib\u00eda en lat\u00edn. \u00abA ejemplo del famoso P. de Lingendes,\u00a0 observa Collet (<em>Meditaciones, <\/em>Introducci\u00f3n, p. 3), el Sr. Bonnet hac\u00eda sus sermones en lat\u00edn; y \u00e9se era tambi\u00e9n el m\u00e9todo de su cohermano el Sr. Fran\u00e7ois H\u00e9bert, p\u00e1rroco de Versalles, y que muri\u00f3 obispo de Agen. Pero se puede decir, a\u00f1ade Collet, que les daba un giro tan bello y tanto calor en franc\u00e9s, que la copia superaba con mucho al original. Part\u00eda, romp\u00eda los corazones, cuyas llagas cerraba luego con una prudencia admirable\u00bb). El Sr. Bonnet super\u00f3 pues todav\u00eda de ni\u00f1o, todas las dificultades someti\u00e9ndose a todo, y tuvo al fin el consuelo de obtener el permiso de venir a Par\u00eds.<\/p>\n<p>El 23 de octubre de 1681, comenz\u00f3 su primer retiro en la casa de San L\u00e1zaro y fue con estas santas y sabias disposiciones como comenz\u00f3 sus pruebas el 28 del mismo mes.<\/p>\n<p>No era tan s\u00f3lo la mortificaci\u00f3n hacia donde dirig\u00eda su atenci\u00f3n nuestro ferviente seminarista, vigilaba tambi\u00e9n con todo el cuidado posible, sobre los menores defectos o imperfecciones , tratando de corregirse o de preservarse de todo lo que hab\u00eda o\u00eddo reprender en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Mientras se hallaba tan preocupado por la perfecci\u00f3n, le enviaron a Versalles, conde los sacerdotes de la Misi\u00f3n atend\u00edan la capilla del castillo real. Pas\u00f3 all\u00ed cerca de un a\u00f1o. All\u00ed, encargado de la instrucci\u00f3n de los peque\u00f1os cl\u00e9rigos, supo gan\u00e1rselos tan bien con su celo para su adelanto, con la dulzura de sus maneras y por recompensas colocadas a prop\u00f3sito, que no tuvo necesidad nunca de otros medios para contenerlos en sus deberes, y que siempre le produjeron satisfacci\u00f3n. En este empleo y en todo lo dem\u00e1s a lo que se le dedic\u00f3 al mismo tiempo, se vio como las primicias de este esp\u00edritu de direcci\u00f3n, de esta prudencia, de esta obediencia, de esta firmeza, de esta regularidad, de este celo por la gloria de Dios, y de esta igualdad tan rara que han constituido su car\u00e1cter. Un d\u00eda, un ilustre arzobispo, y que ten\u00eda gran autoridad en la capilla del rey, vino a pedir, con urgencia, algo para la misa de Su Majestad; el joven Bonnet abri\u00f3 al puntos varios armarios, para ver si lo que el prelado ped\u00eda se hallaba all\u00ed, pero fue in\u00fatil, y se vio obligado a decir: \u00abMonse\u00f1or, no encuentro nada, al parecer que tal oficial se lo traiga\u00bb. El arzobispo, levantando la voz que ten\u00eda naturalmente fuerte, le respondi\u00f3: \u00abMire pues, busque, venga\u00bb; pero como el sabio cl\u00e9rigo no ignoraba que su deber era responder de lo que hab\u00eda en la sacrist\u00eda o en la iglesia, y no ir a correr por el castillo para buscar lo que estaba\u00a0 bajo custodia de los oficiales de Su Majestad, se qued\u00f3 tranquilo en su puesto: \u00abQu\u00e9 clase de hombres, dijo entonces el prelado, se mueven como la Bastilla. \u2013He buscado en todos los armarios, Monse\u00f1or, le respondi\u00f3 el cl\u00e9rigo con tanta seguridad como respeto, y eso es todo lo que puedo hacer\u00bb.<\/p>\n<p>La tranquilidad con que se le hac\u00eda un reproche, en esta ocasi\u00f3n, no le imped\u00eda tener acci\u00f3n, celo y libertad, cuando se trataba de la casa de Dios. M\u00e1s de una vez, el Sr. Duvaucel, el director de la capilla, juzg\u00f3 conveniente fiarse\u00a0 del celo de su cl\u00e9rigo; ya que, cuando no cre\u00eda su deber dar algunos avisos, empleaba para ello su alumno, cuyo talento ya conoc\u00eda, para hacer y decir todo con gracia. En una ocasi\u00f3n, le dijo: \u00abHijo, f\u00edjese en la Sra. princesa de \u2026 que quiere recibir la ceniza, pero no conviene que ella se presente en una ceremonia de religi\u00f3n en el estado en que se ve; id a dec\u00edrselo\u00bb.\u00a0\u00a0 El joven sinti\u00f3 algo de repugnancia en ir a hacer este cumplido: no obstante, la obediencia y el amor de Dios le hicieron decidirse inmediatamente, va en sobrepelliz a ponerse de rodillas al lado de la princesa que lo estaba tambi\u00e9n y le habla as\u00ed: \u00abSe dice, Se\u00f1ora, que Vuestra Alteza seren\u00edsima desea recibir la ceniza. \u2013s\u00ed, Se\u00f1or, replic\u00f3 ella. \u2013Pero yo le ruego que considere, respondi\u00f3 el cl\u00e9rigo, que no parece estar en buena disposici\u00f3n para presentarse a los pies de un sacerdote para un acto de religi\u00f3n y de penitencia. \u2013Ten\u00e9is raz\u00f3n\u00bb. Dice la princesa; y tras un momento de reflexi\u00f3n, tomando del bolsillo un pa\u00f1uelo que coloc\u00f3, como conven\u00eda, sobre los hombros: \u00ab\u00bfEstar\u00e9 bien as\u00ed?,\u00a0 le dijo. Se\u00f1ora, as\u00ed estar\u00e1 menos mal\u00bb. El buen esp\u00edritu de esta princesa, y la piedad s\u00f3lida en la que Dios la ha educado desde entonces han hecho que ella tenga siempre mucha bondad para con el Sr. Bonnet, una vez\u00a0 convertido en superior general, y que le ha hecho alguna vez el honor de consultarle sobre asuntos que pod\u00edan interesar la gloria de Dios.<\/p>\n<p>Si nuestro virtuoso seminarista ten\u00eda firmeza y celo por la casa del Se\u00f1or, sab\u00eda tambi\u00e9n prestarse a la caridad y dejarse manejar por la obediencia. \u00c9sta fue muy probada en Versalles. Tuvo que v\u00e9rselas con el p\u00e1rroco y con el director de la capilla,\u00a0 y como con bastante frecuencia le ped\u00edan cosas opuestas, \u00e9l les ped\u00eda que primero se pusieran de acuerdo, asegur\u00e1ndoles que har\u00eda de buen grado todo cuanto le prescribieran: pero estos dos se\u00f1ores, que se respetaban mutuamente, tanto por su virtud como por su sitio, no habiendo juzgado conveniente explicarse a la vez, el joven seminarista encontr\u00f3 en su prudencia un recurso; fue obedecer al p\u00e1rroco cuando le dec\u00eda que hiciera as\u00ed tal cosa, y de obedecer luego al director cuando \u00e9ste le dec\u00eda que lo hiciera del otro modo. As\u00ed pues, los dos quisieron siempre tiernamente a un ni\u00f1o que no se les resistiera nunca, y que cumpliera con perfecci\u00f3n todo lo que se le confiaba. La \u00e9poca en que deb\u00eda pronunciar los votos se acercaba; fue llamado a Par\u00eds. Como un viajero que, cuando ve el t\u00e9rmino a donde va, se olvida de la fatiga y redobla el paso, tom\u00f3 los ejercicios del seminario con renovado fervor y un consuelo muy grande con la esperanza de tener pronto la dicha de consagrarse irrevocablemente al Se\u00f1or. Esta esperanza fue en efecto cumplida, y el 29 de octubre de 1683, pronunci\u00f3 sus votos en presencia del Sr. Bessi\u00e8re, con los sentimientos de la m\u00e1s tierna gratitud y la m\u00e1s inviolable fidelidad; sentimientos que no fueron pasajeros ni simplemente afectivos, sino perseverantes y eficaces.<\/p>\n<p>El paso del seminario a los estudios es resbaladizo y peligroso para muchos. Uno que\u00a0 durante su tiempo de probaci\u00f3n ha parecido piadoso, d\u00f3cil, regular, recogido, humilde y mortificado, cuya piedad ablanda el estudio, cuyos conocimientos disminuyen la humildad, cuya regularidad, el recogimiento y la docilidad van cediendo paso poco a poco a un cierto aire de libertad que afectan de buen grado los que creen\u00a0 saber algo, y por \u00faltimo, aquellos cuya mortificaci\u00f3n se quiebra, si no a la delicadeza, al menos a la demasiada atenci\u00f3n y miramientos con el cuerpo, bajo pretexto de conservar la salud para sostener el trabajo del estudio. Dios preserv\u00f3 de todos estas peligros a nuestro novel estudiante; se reparti\u00f3 de tal manera\u00a0 entre el estudio y los ejercicios de piedad, que el ardor que ten\u00eda por aqu\u00e9l nunca da\u00f1\u00f3 a \u00e9sta; ilumin\u00f3 su esp\u00edritu, sin desecar su coraz\u00f3n; cultiv\u00f3 con tanto cuidado la caridad que edifica, como jam\u00e1s la ciencia que infla: a pesar de los grandes y r\u00e1pidos progresos que hizo, se le vio siempre humilde, porque estaba persuadido de que siendo hijo del humilde vicente de Pa\u00fal, la humildad le era muy necesaria, y que \u00e9l no perd\u00eda de vista la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado de avanzar en esta virtud.<\/p>\n<p>Su oraci\u00f3n, formada seg\u00fan el m\u00e9todo de san Francisco de Sales, no se inclin\u00f3 hacia esas v\u00edas singulares y peligrosas que estuvieron demasiado en boga hacia finales del del siglo en el que hab\u00eda nacido; pero si no se distingu\u00eda en la manera de orar, lo hac\u00eda bien por el cuidado con que se dispon\u00eda a la oraci\u00f3n, persuadido de que no deb\u00eda poner menos cuidado para lograrlo en el ejercicio de la oraci\u00f3n, del que llevaba cuando hab\u00eda que sostener o hacer defender tesis p\u00fablicas.<\/p>\n<p>En cuanto a los sacramentos, no s\u00f3lo no omit\u00eda jam\u00e1s\u00a0 recibirlos en los d\u00edas se\u00f1alados por su regla, sino que era m\u00e1s exacto a\u00fan en prepararse para ella.\u00a0 Sus confesiones iban precedidas de una preparaci\u00f3n atenta, de manera que el Sr. de la Salle, su confesor se crey\u00f3 obligado a hacerle reducir el tiempo; pero le dej\u00f3 en la pr\u00e1ctica de dar m\u00e1s extensi\u00f3n a sus preparaciones para la comuni\u00f3n y a sus acciones de gracias.<\/p>\n<p>Con tales disposiciones, se entiende perfectamente que sus estudios no pod\u00edan ser hechos sino muy cristianamente. Y la prueba indudable de que s\u00f3lo estudiaba por Dios es que no estudiaba m\u00e1s que lo que Dios quer\u00eda y de la manera que quer\u00eda. \u00c9l no fue ni el juguete de una curiosidad ligera e imprudente, que hace rebuscar todas clases de ciencias y que no permite investigar a fondo ninguna, ni el esclavo de una pasi\u00f3n desreglada, infatigable, que hace devorar, sin provecho, los vol\u00famenes enteros, que no conoce l\u00edmites, y que no distingue tiempos. Muy alejado de todos estos defectos, se dedic\u00f3 atentamente a estudiar, a comprender y a imprimir en su memoria las lecciones que le eran prescritas. No ignoraba la utilidad que se extrae de las diversas ciencias y de las lenguas; pero la prudencia le dict\u00f3 que no era posible abrazar \u00fatilmente tantas cosas a la vez, y la virtud le dio bastante fuerza para reservar para tiempos m\u00e1s oportunos el deseo de una cosa buena y hasta necesaria, pero que habr\u00eda estado por entonces fuera de lugar.<\/p>\n<p>Llevaba habitualmente la vista modestamente baja, no s\u00f3lo en la iglesia, en el refectorio y en todos los lugares donde la comunidad se reun\u00eda, sino en la clase, caminando por la ciudad y por la casa. Fuera del tiempo de recreo, no se permit\u00eda hablar sin necesidad; no se re\u00eda nunca ruidosamente; se manten\u00eda siempre modestamente sentado. Quer\u00eda, en su modestia,\u00a0 honrar e imitar el recogimiento interior y exterior de la sant\u00edsima Virgen, y su meta era mantener as\u00ed en \u00e9l el esp\u00edritu de compunci\u00f3n\u00a0 y de conservarse, por la uni\u00f3n con Dios, en el esp\u00edritu de fervor y en el celo de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue en estas disposiciones tan santas como le hicieron recibir el subdiaconado, el 12 de junio de 1688, y el diaconado el 18 de setiembre siguiente. La intenci\u00f3n del Sr. Jolly ordenarle sacerdote en Navidad; pero el humilde di\u00e1cono temi\u00f3 tanto la dignidad del sacerdocio, que se arregl\u00f3, por sus insistentes s\u00faplicas, con el Sr. Superior general que le concediera un plazo. Debi\u00f3 a pesar de todo someterse a la voluntad de Dios, y recibir el sacerdocio el 5 de marzo de 1689. Fue para \u00e9l la ocasi\u00f3n de un fervor renovado. Guard\u00f3 \u00fanicamente para Dios todos los afectos de su coraz\u00f3n y se encerr\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s en el interior de s\u00ed mismo, sin dejar de ser dulce, afable y gracioso, se volvi\u00f3 m\u00e1s serio y m\u00e1s reservado.<\/p>\n<p>Sus males de pecho le hab\u00edan reducido a un estado tal que el m\u00e9dico pretend\u00eda que no le quedaban m\u00e1s de seis semanas de vida. El peligro en que se hallaba fue el \u00fanico capaz de obligar\u00a0 al Sr. Jolly a retirar de San L\u00e1zaro a un sujeto tan propio para animar los estudios y mantener el amor de la virtud y del buen orden. Le enviaron pues en 1689 hacia finales del mes de agosto, o a comienzos de setiembre, a Ch\u00e2lons-sur-Marne, con la esperanza que el aire no era tan vivo, y el trabajo m\u00e1s moderado, \u00e9l podr\u00eda tal vez restablecerse<\/p>\n<h2><strong>2.-\u00a0 Conducta del Sr Bonnet como misionero y director de seminario.<\/strong><\/h2>\n<p>Le cost\u00f3 mucho al Sr. Bonnet dejar la casa de San L\u00e1zaro, pero el contento que experiment\u00f3 en su nueva morada y m\u00e1s todav\u00eda su sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios, le conservaron en una tranquilidad tan perfecta que escrib\u00eda alg\u00fan tiempo despu\u00e9s al Sr. Jolly: \u00abHe sido recibido de todos nuestros se\u00f1ores, de la manera caritativa y cordial que me hab\u00edais dicho. Esta caridad no es pasajera, o de un d\u00eda tan s\u00f3lo, ya que contin\u00faan todos mostr\u00e1ndome el mismo apoyo. Ser\u00e1 pues siempre verdad que los haberes no har\u00e1n nunca mejor que cuando pongan en el seno de la divina Providencia, el cuidado de disponer de todo lo que les concierne, del lugar, de los empleos, de las personas, etc. No hab\u00eda en Francia ninguna casa de la Compa\u00f1\u00eda donde yo tuviera m\u00e1s conocimiento que en Ch\u00e2lons, y ahora no conozco, despu\u00e9s de la de San L\u00e1zaro a la que quiero de forma especial\u00a0 y en la que me tendr\u00e9 toda mi vida por feliz de ocupar el \u00faltimo lugar; no conozco, repito, donde pueda vivir m\u00e1s contento y trabajar\u00a0 m\u00e1s \u00fatilmente en mi salvaci\u00f3n\u00bb. All\u00ed vivi\u00f3 en efecto en una gran paz, estimado y admirado de todos\u00a0 por sus talentos, respetado y querido de sus cohermanos por la sabidur\u00eda de su conducta y la dulzura de su virtud; amado de su superior por su perfecta obediencia y su exacta regularidad.<\/p>\n<p>Apenas fue conocido en la familia y en el seminario, cuando todos le tomaron confianza para su direcci\u00f3n espiritual, y se puede juzgar del celo, de la caridad y de la prudencia con que se portaba\u00a0 en el sagrado tribunal por los cuidados que tuvo en lo exterior para formar en la virtud a los Srs. j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos y a los hermanos de quienes hab\u00eda sido nombrado director. Velaba sobre la conducta de \u00e9stos, les daba con bondad los peque\u00f1os avisos que les cre\u00eda necesarios, y los reun\u00eda exactamente todas las fiestas y domingos para hacerles lecturas\u00a0 e instrucciones proporcionadas a su estado. En cuanto a los j\u00f3venes cl\u00e9rigos seminaristas, les cost\u00f3 algo en un principio sufrir algunas reformas que necesitaban, pero ellos se sometieron, y no pudieron negar ni su estima, ni su [86] afecto a un hombre que los instru\u00eda con tanta claridad como solidez, y que los formaba en la virtud con tanta dulzura como celo. Hab\u00eda en aquel tiempo, en Ch\u00e2lons, una especie de seminario menor, cuyos alumnos ven\u00edan al mayor a hacer sus retiros; y como por lo general quer\u00edan\u00a0 dirigirse al Sr. Bonnet, cuyo aire afable los atra\u00eda, aprovech\u00f3 esta confianza para el bien de estos j\u00f3venes se\u00f1ores. Los form\u00f3 en la oraci\u00f3n, cuyo uso apenas conoc\u00edan, trabaj\u00f3 en toda circunstancia para hacerlos virtuosos y espirituales. Lo mismo hac\u00eda respecto de lo eclesi\u00e1sticos del seminario mayor, pero de una manera m\u00e1s seguida; tambi\u00e9n, tuvo el consuelo de ver a varios darse a Dios, y continuar, cuando salieron del seminario, viviendo como viv\u00edan en \u00e9l, en la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental, en separaci\u00f3n del mundo, en la aplicaci\u00f3n al estudio y en la fidelidad a las funciones de su ministerio.<\/p>\n<p>Pero, si los Srs. Seminaristas concibieron de su director las ideas m\u00e1s positivas, las personas que gobernaban la di\u00f3cesis no atribuyeron menos justicia a sus m\u00e9ritos. El prelado era entonces Mons. Louis-Antoine, luego cardenal de Noailles y arzobispo de Par\u00eds. Hab\u00eda quedado muy satisfecho de los discursos que el Sr. Bonnet hab\u00eda pronunciado en las aperturas de las clases y de las explicaciones que le hab\u00eda escuchado dar por entonces; pero quer\u00eda ver por s\u00ed mismo si el curso del a\u00f1o respond\u00eda al principio del mismo, y si lo que hab\u00eda o\u00eddo en \u00e9ste no era m\u00e1s que efecto de una preparaci\u00f3n extraordinaria. Vino por eso varias veces al seminario mientras estaban en clase, y vio con placer que estaban siempre en situaci\u00f3n de recibirle, aunque no se esperara su visita. Habl\u00f3 de \u00e9l con elogios en diferentes momentos, tuvo incluso la bondad de mostrar alguna vez su satisfacci\u00f3n al Sr. Bonnet en los t\u00e9rminos m\u00e1s complacientes, y los Srs. grandes vicarios y otras personas que ten\u00edan alguna autoridad en la di\u00f3cesis, testimoniaron abiertamente en toda ocasi\u00f3n la importancia que daban a sus m\u00e9ritos, a su virtud y a su talento para la instrucci\u00f3n y la educaci\u00f3n de los j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>Era posible que triunfando en sus empleos, siendo querido dentro y considerado fuera, se apegara su coraz\u00f3n\u00a0 demasiado a su puesto y a las personas en quienes hallaba sentimientos tan capaces de halagarle, pero estuvo siempre en guardia contra esta tentaci\u00f3n, y protest\u00f3 a menudo, en sus cartas al Sr. Jolly, que nunca se apegar\u00eda a Ch\u00e2lons, ni a ning\u00fan otro lugar. Por lo dem\u00e1s, estas dulzuras no carec\u00edan de mezclas. Le hab\u00eda ido bastante bien el a\u00f1o de 1691, pero tuvo tambi\u00e9n sus inconvenientes causados por el movimiento de ideas\u00a0 de lo que hablaremos m\u00e1s adelante. Su salud fue as\u00ed puesta a prueba.<\/p>\n<p>Hacia finales de 1692, fue por alg\u00fan tiempo, con el Sr. Hourdel, a tomar parte en los trabajos de las visitas episcopales, y cay\u00f3 pronto en un agotamiento general\u00a0 acompa\u00f1ado de una fiebre lenta continua y de una gran debilidad y sequedad del pecho. Cuando se vio un poco restablecido, se crey\u00f3 obligado a dar aviso al Sr. Jolly de este nuevo accidente.<\/p>\n<p>Era demasiado querido del Sr. Jolly, para que este sabio superior no pusiera todos los medios para conservar a este buen sujeto. Y conoc\u00eda sus talentos y ten\u00eda suficientes pruebas de su virtud y de su prudencia. Se hab\u00eda servido con frecuencia de \u00e9l para diferentes asuntos, aunque fuera joven; y este excelente superior a quien no faltaban por cierto ni penetraci\u00f3n ni experiencia, hab\u00eda querido hacia finales de 1691 consultarle sobre los medios de superar los trabajos que llevaba consigo desde hac\u00eda algunos a\u00f1os la direcci\u00f3n de la casa de Ch\u00e2lons, en relaci\u00f3n con algunas personas que ten\u00edan m\u00e1s cr\u00e9dito en el obispado que afecto por el seminario mayor. As\u00ed movido por la estima y la amistad hacia tan digno misionero, le llam\u00f3 primeramente, y despu\u00e9s de algunos meses de descanso, hall\u00e1ndose su salud casi restablecida, le envi\u00f3 de superior a Auxerre. Todav\u00eda no ten\u00eda treinta a\u00f1os, pero no dej\u00f3 de desempe\u00f1ar su trabajo, como si se tratara del superior m\u00e1s experimentado. Su salud result\u00f3 m\u00e1s variable y m\u00e1s d\u00e9bil todav\u00eda en Auxerre que en Ch\u00e2lons. La fiebre, ya intermitente, y ya continua, los catarros y las sequedades de pecho, que se suced\u00edan, hicieron temer lo peor. Entretanto, a pesar de tantas enfermedades y debilidades, sigui\u00f3 llevando una vida bastante dura trabajando mucho.<\/p>\n<p>Los que saben qu\u00e9 grande fue la carencia, en 1693 y 1694, comprender\u00e1n f\u00e1cilmente que el seminario de Auxerre que, en los mejores a\u00f1os, se ve en apuros en lo temporal debi\u00f3 resentirse mucho\u00a0 por la miseria general, careciendo de fondos y de provisi\u00f3n. Fue preciso pues reducirse a pan muy moreno, a una medida muy mediocre de vino, y a una muy peque\u00f1a cantidad de carne.<\/p>\n<p>Este tratamiento no era precisamente el indicado para fortalecer la d\u00e9bil salud del Sr. Bonnet.<\/p>\n<p>Casi siempre enfermo durante los cuatro a\u00f1os de su estancia en Auxerre, no obstante, \u00bfqu\u00e9 no hizo\u00a0 por el bien de la di\u00f3cesis, por el de la familia de la que estaba encargado, por el alivio de los pobres, y para frenar varios esc\u00e1ndalos p\u00fablicos?<\/p>\n<p>Si su celo no hubiera tenido por objeto m\u00e1s que las funciones naturalmente unidas con el oficio de superior de un seminario, no habr\u00eda sido para \u00e9l una fatiga, teniendo en cuenta su gran facilidad, pero a sus ocupaciones la Providencia permiti\u00f3 que se a\u00f1adieran tantos m\u00e1s que sorprende que haya podido resistir. En las visitas que ante todo deb\u00eda hacer y recibir, se hab\u00eda apreciado tanto su modo de hablar\u00a0 de Dios y llevar a la virtud, que los principales eclesi\u00e1sticos y los burgueses m\u00e1s acreditados quisieron venir al seminario para hacer el retiro bajo su direcci\u00f3n; y con frecuencia ten\u00eda a varios a la vez. Por otra parte, Mons. Andr\u00e9 Colbert crey\u00f3 haber encontrado en \u00e9l a un hombre propio para ayudarle en todo aquello que un obispo puede descargar en una persona de m\u00e9rito y de confianza; quiso tenerle a su lado en sus visitas; le encarg\u00f3 de examinar todos los puntos de reforma de los que su di\u00f3cesis pod\u00eda necesitar, y luego los convert\u00eda en ordenanzas. Le mand\u00f3 redactar las memorias necesarias para llegar al establecimiento de las conferencias eclesi\u00e1sticas de ciencia y de piedad cuya costumbre ten\u00eda idea de introducir en toda su di\u00f3cesis; le oblig\u00f3 a redactar, en forma de catecismo, una instrucci\u00f3n sobre la tonsura, y otra para los confesores; le emple\u00f3 en las funciones extraordinarias, como en la c\u00e9lebre reparaci\u00f3n del sacrilegio cometido en 1697, en Coulanges-sur-Yonne. El concurso de las parroquias vecinas, el horror de la profanaci\u00f3n, el celo del honor de Jesucristo, tan indignamente ultrajado, se posesionaron de tal forma del Sr. Bonnet que confes\u00f3 despu\u00e9s que se encontraba fuera de s\u00ed, y que no se dominaba ya. (Es de este discurso, sin duda, del que hablaba Collet en su Introducci\u00f3n a las <em>Meditaciones<\/em>: \u00abMientras era superior del seminario de Auxerre, hubo una iglesia del campo que fue indignamente profanada. Rompieron el tabern\u00e1culo, y se llevaron el cop\u00f3n con las santas hostias los perversos. Mons. Colbert, que era el obispo, quiso trasladarse all\u00ed, para reparar, en lo posible, el ultraje que se hab\u00eda cometido en el cuerpo de Jesucristo; y comprometi\u00f3 al Sr. Bonnet a acompa\u00f1arle. El prelado que vio, al llegar un concurso extraordinario de todas las parroquias vecinas, crey\u00f3 que una palabra de exhortaci\u00f3n no podr\u00eda por menos de hacer mucho bien; y pidi\u00f3 al Sr. Bonnet, cuya facilidad conoc\u00eda, que aprovechara la ocasi\u00f3n. \u00c9ste, que no esperaba menos, pide media hora para pensar. Al cabo de ese breve intervalo, sube al p\u00falpito, y toma por texto estas palabras de Magdalena afligida. <em>\u00abTulerun Dominum meum, et nescio ubi posuerunt eum: <\/em>Se han llevado a mi Se\u00f1or, y no s\u00e9 d\u00f3nde lo han puesto\u00bb. (Jn. XX 13). Pronunci\u00f3 estas palabras con un sentimiento de dolor, y apenas acaba de traducirlas, cuando su auditorio se deshace en llanto, y prorrumpe en gritos. \u00bfQu\u00e9 no hizo el resto de su discurso?\u00bb<\/p>\n<p>Tantos buenos servicios se ganaron por completo el coraz\u00f3n del virtuoso prelado, bajo quien ten\u00eda el consuelo de trabajar, pero algunas personas no se sintieron igualmente contentas. Se sab\u00eda que hab\u00eda sido el promotor de los retiros eclesi\u00e1sticos, y no eran del gusto de todos. La autoridad del obispo y la bondad de la causa los hab\u00edan hecho pasar al s\u00ednodo a favor de las sabias precauciones que se hab\u00edan tomado en la ordenanza, y del celo de dos de los m\u00e1s dignos sacerdotes de la di\u00f3cesis que quisieron ser nombrados a la cabeza del primer equipo; pero cuando se vio que, dos meses despu\u00e9s, se pasaba de la propuesta a la ejecuci\u00f3n, los que tem\u00edan este ejercicio hicieron explotar su descontento. Pero la obra sali\u00f3 a flote, era lo que \u00e9l deseaba.<\/p>\n<p>Sus trabajos por la di\u00f3cesis no le hicieron olvidar el cuidado de la familia\u00a0 de que estaba especialmente encargado, y cumpli\u00f3 siempre, en lo que a \u00e9l correspond\u00eda, los deberes de superior dulce y firme, de padre tierno y caritativo, de ec\u00f3nomo fiel y prudente.<\/p>\n<p>La parte m\u00e1s importante de la direcci\u00f3n de una familia es ciertamente el cuidado de lo espiritual, pero el de lo temporal debe necesariamente ser tambi\u00e9n el objeto de la atenci\u00f3n del superior, ya que no podr\u00eda ni establecer ni conservar aqu\u00e9lla si no trabajara por mantener\u00a0 o en mejorar \u00e9ste. Seg\u00fan este principio, el Sr. Bonnet evit\u00f3 con cuidado todo lo que pod\u00eda incomodar a una casa que no pasaba por momentos precisamente boyantes, y \u00e9l prefiri\u00f3 privarse y sufrir con sus cohermanos que pedir prestado como el obispo le aconsejaba: \u00abSe quer\u00eda que en lugar de aumentar, como era necesario evidentemente, la pensi\u00f3n de los Srs. seminaristas, disminuyera m\u00e1s su paga, y por consiguiente la de los misioneros: \u00abNos hallamos, respondi\u00f3 \u00e9l,\u00a0 en el punto m\u00e1s bajo de los recortes; no me pertenece reducir a mis cohermanos a una alimentaci\u00f3n incapaz de sostenerlos, y dudo si el Sr. Jolly aprobar\u00e1 lo que hemos hecho al respecto\u00bb. \u00bfC\u00f3mo pues evit\u00f3 el pr\u00e9stamo y el exceso del recorte? Haciendo estas provisiones convenientes. Ah\u00ed estaba todo su recurso, y Dios le bendijo visiblemente. A falta de una casa de campo, era necesario, los d\u00edas de vacaciones, llevar a los seminaristas por una parte o por otra; lo cual ten\u00eda sus inconvenientes y no era muy favorable a la regularidad. El Sr. Bonnet lo sinti\u00f3, y con la ayuda de algunas personas amigas, compr\u00f3 un bien, ciertamente peque\u00f1o, pero poco distante, y donde el seminario pudiera tomar sus recreaciones.<\/p>\n<p>Fiel imitador de la caridad del bienaventurado Vicente de Pa\u00fal, se entreg\u00f3 con todo el afecto de su coraz\u00f3n a la ayuda de los pobres. Tuvieron mucho que sufrir, sobre todo en Bourgogne, en los a\u00f1os 1694 y 1695. El Sr. Bonnet escribi\u00f3 con frecuencia por ellos a Par\u00eds y les logr\u00f3 muchas limosnas; las increment\u00f3 con lo que pudo recoger de las personas acomodadas de Auxerre y alrededores; para la distribuci\u00f3n de estas ayudas hizo gran n\u00famero de viajes; y los hizo siempre\u00a0 a expensas de su casa y una vez con peligro de su vida, al ser atacado por tres hombres; pero la presa en que confiaban\u00a0 se les escap\u00f3 con la presencia de esp\u00edritu del caballero y con la velocidad del caballo cuya brida no hab\u00eda agarrado. En estas carreras caritativas, iba de casa en casa, de choza en choza, y examinaba las necesidades y recursos para acomodar las ayudas; consolaba a los enfermos, animaba a los que la miseria no hab\u00eda arruinado del todo la salud; se esforzaba por\u00a0 hacer renacer la esperanza en estos corazones abatidos; pues a la limosna corporal, a\u00f1adi\u00f3 siempre la espiritual.<\/p>\n<p>Estaba de esta forma ocupado en procurar la gloria de Dios, cuando el Sr. Pierron, que acaba de ser elegido\u00a0 superior general despu\u00e9s de la muerte del Sr. Jolly,\u00a0 le llam\u00f3 a Par\u00eds para enviarle a ocupar su puesto en Chartres. Su reputaci\u00f3n le hab\u00eda precedido, y\u00a0 Mons. Paul Godet Desmrais no le hizo m\u00e1s que esta pregunta: \u00ab\u00bfEs usted superior del seminario, en Auxerre?\u00bb Tras lo cual, abraz\u00e1ndole con mucha bondad, le dio desde ese mismo d\u00eda pruebas inequ\u00edvocas de su estima y de esa entera e \u00edntima confianza con la que le honr\u00f3 siempre en lo sucesivo. El Sr. Bonnet respondi\u00f3 a ello en primer lugar con\u00a0 su respeto y entrega, y m\u00e1s tarde el celo con el que sirvi\u00f3 a este grande y santo obispo, y la sabidur\u00eda con que llev\u00f3 a cabo todas las comisiones que le encarg\u00f3 Su Ilustr\u00edsima. Desde la primera entrevista, el prelado se hab\u00eda abierto a \u00e9l sobre sus disposiciones interiores, y le hab\u00eda tomado por su confesor; se encontraba tan bien que vi\u00e9ndose obligado, en 1702, a ir a Bourbon a tomar las aguas quiso tenerle con \u00e9l, y tanto se lo rog\u00f3 al Sr. Pierron, entonces superiorr general, que lo consigui\u00f3. Pero se ha de decir, de paso, que si Mons. el obispo de Chartres era muy inclinado a favor de de su director, \u00e9ste sent\u00eda hacia por Su Ilustr\u00edsima la m\u00e1s alta estima. No solamente en lo que concern\u00eda a su persona quer\u00eda Mons. Desmarais conocer el parecer del Sr. Bonnet, se lo ped\u00eda tambi\u00e9n acerca de las dificultades qu se presentaban en la direcci\u00f3n; pero persuadido de las luces\u00a0 y de la confianza de aquel a quien consultaba, le escribi\u00f3 en la primera ocasi\u00f3n: \u00abYo soy sencillo en mi confianza y no os pido m\u00e1s que un s\u00ed o un no\u00bb. El superior no s\u00f3lo no dej\u00f3 de apoyar\u00a0 sencillamente su consejo, y el obispo le demostr\u00f3 su satisfacci\u00f3n, pero de rog\u00f3 tambi\u00e9n que no motivara sus respuestas. Le emple\u00f3 luego en las visitas, los discursos sinodales, las visitas y retiros de diferentes monasterios de religiosas de Mentes y otros lugares de la di\u00f3cesis; y todas sus diversas funciones tuvieron un\u00a0 \u00e9xito tan feliz que Monse\u00f1or de Chartres, escribiendo al Sr. Pierron, en enero de 1689, dec\u00eda: \u00abPor lo dem\u00e1s, no puedo expresaros suficientemente lo contento que estoy con el Sr. Bonnet; tiene mucho talento, un buen esp\u00edritu, un buen coraz\u00f3n, una virtud recta, amable y sin testarudez. Es uno de vuestros mejores s\u00fabditos, le quiero incondicionalmente, os agradezco de todo coraz\u00f3n por hab\u00e9rmelo dado\u00bb.<\/p>\n<p>Las funciones dom\u00e9sticas no sufr\u00edan por estas expediciones a las que de vez en cuando le obligaba su obispo, porque no conced\u00eda a \u00e9stas m\u00e1s que el tiempo necesario, y que de regreso a su casa, no se tomaba ning\u00fan descanso. Los ejercicios de su comunidad y las conferencias de los Srs. seminaristas segu\u00edan siempre su marcha. Velaba asiduamente por el progreso de estos se\u00f1ores, examinaba su conducta y sobre todo su vocaci\u00f3n. \u00bfHab\u00eda en \u00e9sta defectos esenciales? No ten\u00eda en cuenta ni el rango y el cr\u00e9dito de los protectores ni los intereses de las familias; pero hac\u00eda las cosas sin ruido, y tomaba justas medidas para que el retiro de los sujetos no les produjera ning\u00fan disgusto. Un joven que no hab\u00eda entrado en el seminario m\u00e1s que porque no era el mayor de su familia, tem\u00eda con raz\u00f3n que si dejaba el estado eclesi\u00e1stico, se viera expuesto a la indignaci\u00f3n de su padre; nuestro sabio superior le sac\u00f3 de apuros proponiendo a Monse\u00f1or de Chartres un medio result\u00f3 sin ninguna negociaci\u00f3n. Luis XIV dijo al padre de este joven: \u00abVos ten\u00e9is un hijo en cierto lugar, yo le quiero a mi servicio en tal cuerpo. Que se presente all\u00ed dentro de ocho d\u00edas, y que nadie se lo reproche ni le moleste por cambiar\u00bb.<\/p>\n<p>El respetable superior ten\u00eda cuidado de apartar de los j\u00f3venes cl\u00e9rigos todo lo que pod\u00eda hacerles perder el horror del mal; y no prestaba menos atenci\u00f3n a hacerles practicar las virtudes propias de su estado; quer\u00eda que fueran piadosos y que se acostumbraran a hablar con Dios, que amasen\u00a0 el estudio, que aprovechasen con alegr\u00eda todas las peque\u00f1as ocasiones de trabajar por la salvaci\u00f3n de las almas, y que se aplicasen a mortificar las pasiones; a pesar de su dulzura no dejaba de reprender con firmeza y de castigar incluso a veces sus faltas, cuando eran de importancia o en s\u00ed mismas, o en sus consecuencias. Celoso del avance de estos se\u00f1ores, no descuidaba a sus cohermanos; se hab\u00eda hecho una regla de quererlos a todos y hasta a sus mejores amigos, m\u00e1s por ellos y por la Compa\u00f1\u00eda, que por s\u00ed mismo. Por eso no dudaba en contristarlos por algunos d\u00edas, cuando lo cre\u00eda necesario, sea para la conservaci\u00f3n de su salud, sea por la enmienda de sus defectos. As\u00ed pues, aunque tuviera mucha estima por la virtud del Sr. Regnard, no obstante que su manera de vivir arruinaba sus fuerzas, y le hac\u00eda casi no apto para nuestras funciones, se propuso\u00a0 unirle al tren com\u00fan habl\u00e1ndole con alguna firmeza. \u00abMe tomar\u00e9 tiempo para mantenerme firme, escrib\u00eda al Sr. Pierron, y le har\u00e9 dormir y comer; de otro modo, es un hombre perdido que no podr\u00e1 nunca hacer nada. Ya he logrado dos veces hacer entrar en el ritmo de la comunidad a dos ancianos particulares en sus man\u00edas. Pero no har\u00e9 de malo sin embargo sin que me lo hay\u00e1is permitido, e incluso aconsejado\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, empleaba con sus inferiores todas las buenas formas, las deferencias y las atenciones posibles. Si se encontraba con alguna diversidad de pareceres en lo que propon\u00eda hacer, no se serv\u00eda de su autoridad para decidir, sino que \u00e9l expon\u00eda el asunto a los superiores mayores, persuadido, dec\u00eda \u00e9l, que para vivir en paz en una comunidad, se han de respetar no s\u00f3lo las razones s\u00f3lidas, sino tambi\u00e9n las ideas poco fundadas de las personas con las cuales se tiene el honor de vivir. Si alguien de su familia estaba enfermo, le procuraba generosamente los remedios, hasta extraordinarios. \u00abSi vos ten\u00e9is la bondad de permitir que se lleve a Bourbon a nuestro hermano Philbert Pusset, yo har\u00e9 que lo lleven al punto, y os ruego que no teng\u00e1is en consideraci\u00f3n los gastos, si\u00e9ndonos este buen hermano muy querido, y adem\u00e1s muy virtuoso\u00bb; es lo que escrib\u00eda al Sr. Pierron el 28 de setiembre de 1699. Si, por falta de luces antes que de buena voluntad, sus inferiores comet\u00edan faltas, los soportaba con caridad. \u00c9l era por el contrario firme y caritativamente severo con los que no quer\u00edan ni hacer su deber, ni ser reprendidos de sus\u00a0 faltas. \u00abRecibir\u00e9 agradablemente al Sr. N., dec\u00eda \u00e9l un d\u00eda,\u00a0 pues es \u00e9sa vuestra voluntad, y le atender\u00e9 con afecto en lo que pueda, si se corrige; pero si \u00e9l pensara en hacerse el malo; ver\u00e1 con quien est\u00e1 hablando; pues no me asustan de ninguna manera las fanfarronadas o la resistencia, sino al contrario tan dispuesto a hacerse doblegar\u00a0 a los que se rebelan, como a soportar\u00a0 de todos maneras a los que se doblegan, y que al menos son humildes en sus defectos\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paris. 3 septembre, 1735. La biograf\u00eda que vamos a dar est\u00e1 sacada casi completamente de las Notices sur les Missionnaires d\u00e9funts que se publicaban en otro tiempo cada a\u00f1o. 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