{"id":48751,"date":"2011-08-27T04:59:17","date_gmt":"2011-08-27T02:59:17","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/08\/san-vicente-y-los-mayores\/"},"modified":"2016-07-26T19:24:52","modified_gmt":"2016-07-26T17:24:52","slug":"san-vicente-y-los-mayores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-y-los-mayores\/","title":{"rendered":"San Vicente y los mayores"},"content":{"rendered":"<h2>I.- Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/acogida_ancianos.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-48754\" title=\"acogida_ancianos\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/acogida_ancianos-253x300.jpg?resize=253%2C300\" alt=\"\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a>En tiempos de san Vicente uno ya era un vejete despu\u00e9s de cumplir los 40 a\u00f1os. Las enfermedades individuales, las epidemias, la desnutrici\u00f3n, las secuelas de las guerras segaban anchas hozadas en las filas de la plebe y de los grandes. Tanto el Sr. Vicente, quien conoci\u00f3, as\u00ed lo dice, a doce papas y vivi\u00f3 ochenta a\u00f1os, como su amigo m\u00e1s joven que \u00e9l, Fontenelle, que muri\u00f3 centenario, son excepciones. A eso de los sesenta arios, piensa que no podr\u00e1 durar mucho. La ancianidad es una pr\u00f3rroga concedida a algunos, para que acaben su obra y se preparen para la muerte.<\/p>\n<p>El curso de los a\u00f1os parece que se va acelerando, y la perspectiva del fin va acerc\u00e1ndole a Dios, a quien va a tener que rendir cuentas. Las enfermedades van sobreviniendo, y con ellas est\u00e1 uno obligado a llevarse bien, incluso aunque sea una fiebre cuartana, fiel a la cita que pone ella, o tambi\u00e9n la cicatriz de un arcabuzazo, que le servir\u00e1 de reloj todo el resto de su vida.<\/p>\n<p>Mientras espera que la aurora ilumine la ventana, los insomnios, a lo largo de la noche, le hacen desgranar el rosario de los recuerdos. Le traen a la memoria una frescura de juventud, precisamente aquellos recuerdos de los que \u00e9l no est\u00e1 tan orgulloso, as\u00ed, aquel joven que se averg\u00fcenza de su anciano padre, mal vestido y cojo, y tambi\u00e9n los que han sido decisivos: el Sr. Vicente se vuelve a ver a la cabecera de aquel viejo de Gannes, que, antes de atravesar las puertas de la eternidad, ha querido proclamar su alegr\u00eda a quienes rodeaban su cama, para asistirle en su partida. El brillo de esos ojos ya iluminados con otra claridad ha perseguido a san Vicente: precisamente de aquella mirada naci\u00f3 la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La vejez acent\u00faa ciertas virtudes, las que tienen ya un sabor de eternidad, por ejemplo: la prudencia: el libro de la Sabidur\u00eda recomienda muchas veces aconsejarse de los ancianos. El Sr. Vicente as\u00ed lo hac\u00eda en las circunstancias importantes; la fidelidad: no le gusta cambiar la orientaci\u00f3n, si la ha encontrado buena, y se mantiene en ella y la defiende; la indulgencia: conoce por experiencia personal la debilidad humana, y recuerda que \u00e9l tambi\u00e9n ha sido joven y falible; la paciencia: porque sabe que el tiempo es una lima que reduce las m\u00e1s rudas asperezas y corta los barrotes m\u00e1s gruesos.<\/p>\n<p>Pero la vejez acent\u00faa tambi\u00e9n ciertos defectos, y san Vicente es consciente de ello. Sucede que la prudencia se convierte en astucia y desconfianza, o para aducir im\u00e1genes evang\u00e9licas, la serpiente de la prudencia ha devorado la paloma de la sencillez; el esp\u00edritu de iniciativa, la audacia en las empresas, ceden su sitio al apego al pasado, a la negativa a evolucionar, a aferrarse en la rutina; la generosidad se ha transformado en avaricia, o mejor, en miedo a fallar, miedo del ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Todo eso san Vicente lo sabe y lo ha experimentado. Recomienda a quienes son mayores en sus comunidades que no se aprovechen de su ancianidad para relajarse en su fervor y entregarse a la vida c\u00f3moda, sino, al contrario, dar ejemplo de obediencia y de fidelidad a las reglas. Pues por su modo de portarse se regir\u00e1n los m\u00e1s j\u00f3venes. Ellos ser\u00e1n los modelos sobre los que se construir\u00e1 el porvenir de la comunidad. Por otra parte, su experiencia de la vida les permite ofrecer apoyo y \u00e1nimos a los j\u00f3venes. Ellos son los cimientos, cuya solidez garantiza el edificio.<\/p>\n<p>Las personas ancianas han sido frecuentemente los beneficiarios de la acci\u00f3n de san Vicente: la vejez ha sido siempre uno de los caminos m\u00e1s ordinarios que desem\u00adboca en la pobreza, o hasta en la miseria.<\/p>\n<p>En una escena del filme de Mauricio Cloche, una vieja dice al Sr. Vicente: \u00abNo s\u00e9 ya qu\u00e9 hacer conmigo\u00bb, y \u00e9l le responde maliciosamente : \u00abY yo tampoco\u00bb. Cierta\u00admente \u00e9se es el sentimiento de quien siente que su papel ha acabado, que nadie nece\u00adsita de \u00e9l. La esculturaria del siglo XVII hace desfilar ante nosotros pobres viejos vagabundos por los caminos de la desgracia: soldados lisiados, campesinos arruina\u00addos, abuelas que sobreviven a familias desaparecidas; los golpes afortunados m\u00e1s que el buril de Callot han grabado en su rostro los surcos de la miseria. Podr\u00eda tom\u00e1rseles como los personajes de la repetici\u00f3n de ceremonia, que prepara una danza macabra.<\/p>\n<p>San Vicente, ayudado por santa Luisa de Marillac, organiza para los ancianos casas de retiro, cuidando mucho de distinguir los simples mendigos, de los trabaja\u00addores ancianos, a quienes la edad ha reducido a la miseria. \u00c9l se ingenia para procu\u00adrarles ocupaciones proporcionadas a sus fuerzas y en guardarles la dignidad que adquirieron por su trabajo.<\/p>\n<p>La \u00faltima de las pobrezas es la de sentirse en adelante in\u00fatil, las manos vac\u00edas e inertes: esas manos que el trabajo hab\u00eda ennegrecido y hecho callosas se han conver\u00adtido en unas manos blancas y arrugadas.<\/p>\n<p>El problema se mantiene igual que en tiempos de san Vicente, o m\u00e1s bien, se ha multiplicado por diez o veinte. Los progresos en medicina, al alargar la vida, han impe\u00addido morir a un gran n\u00famero de ancianos, pero no hemos logrado hacernos con los medios para hacerles vivir, quiero decir, de continuar una vida humana. Hipnotizada por la rentabilidad y la eficacia, la sociedad ha confinado a los ancianos en la soledad de sus recuerdos, y cuando no pueden bastarse, los ha arrancado de su ambiente para ponerlos en un asilo. El hecho de decir p\u00fadicamente \u00abresidencia\u00bb no cambia en abso\u00adluto la cosa. Se sienten y son los mal amados de nuestra sociedad: son ellos quienes la han construido, y ella los margina cuando cree que se han hecho in\u00fatiles.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n dir\u00e1 la desesperaci\u00f3n del anciano que, despu\u00e9s de haber tenido su casa, su trabajo, sus responsabilidades, ha quedado reducido al dormitorio o a la sala com\u00fan, a diferencia de cuando, en otro tiempo, ten\u00eda 20 a\u00f1os y quedaba all\u00ed doce o dieciocho meses, y que ahora, teniendo como tiene 70 \u00f3 m\u00e1s a\u00f1os, ya no saldr\u00e1 sino para ir al cementerio. En esos patios de asilos, \u00bfno han respirado alguna vez ese aburrimiento ritmado por la hora de las comidas, interrumpido por escasas visitas, que van disminuyendo cada vez m\u00e1s, ese aburrimiento tan mortal, en realidad, que algunos se mue-ren frecuentemente por eso mismo?<\/p>\n<p>Nuestros gobiemos se preocupan de humanizar la vejez permitiendo a los ancia-nos permanecer en sus casas, mientras sea posible, y organizando unas residencias confortables. Pero todo no es cuesti\u00f3n de problemas de organizaci\u00f3n y de administraci\u00f3n y los \u00abmorideros\u00bb dorados siempre ser\u00e1n \u00abmorideros\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente hab\u00eda captado el problema con precisi\u00f3n, al querer reservar a las personas de edad iniciativa y responsabilidades, incluso, en los asilos organizados para ellas, insistiendo en la relaci\u00f3n personal, que debe crearse entre el anciano y el o la que le ayuda. Para expresar esta exigencia nos basta hacer nuestra, en esta materia, la recomendaci\u00f3n m\u00e1s general que, en el filme de M. Cloche, san Vicente hace a la Hermanita sor Juana, que va a atender por primera vez a los pobres: <strong><em>\u00abS\u00f3lo por tu amor te perdonar\u00e1n el pan que t\u00fa les das\u00bb. <\/em><\/strong><\/p>\n<h2>II.- San Vicente y la ancianidad<\/h2>\n<h3><strong>1.- El se\u00f1or Vicente y la experiencia de la edad<\/strong><\/h3>\n<p>En un siglo en el que la edad media se situaba entre los 20 y los 25 a\u00f1os para los pobres, y entre 40 y 45 a\u00f1os para los m\u00e1s favorecidos, san Vicente, en persona, conoci\u00f3 la edad avanzada. Efectivamente, \u00a1hasta lleg\u00f3 a alcanzar los ochenta a\u00f1os! As\u00ed que experiment\u00f3 perfectamente los l\u00edmites, las incertidumbres, y tambi\u00e9n las riquezas y las gracias de la \u00faltima etapa de una vida larga.<\/p>\n<p>Desde los sesenta a\u00f1os, san Vicente empieza a evocar, y cada vez con m\u00e1s frecuencia, la incertidumbre de la edad avanzada.<\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abYa lo ve, Padre, somos mortales\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abYa lo ve, padre, somos mortales. <\/em><\/strong><strong><em>Y yo no puedo prometerme una vida muy larga, pues el mes de abril pr\u00f3ximo entrar\u00e9 en los sesenta. <\/em><\/strong><strong><em>A\u00f1ada a ellos los accidentes que pueden acontecer\u00bb<\/em><\/strong><strong> (I, 575).<\/strong><\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abTempus enim breve est\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abEn nombre de nuestro Se\u00f1or, siga usted, Padre, pidi\u00e9ndole esta gracia a su divina Bondad y trabajando decididamente en ello, \u00abtempus enim breve est, et grandis nobis restat via\u00bb. \u00a1Ay, Padre Escart, a quien quiero m\u00e1s que a m\u00ed mismo! <\/em><\/strong><strong><em>\u00a1Con cu\u00e1nto agrado le hago esta peti\u00adci\u00f3n a Dios por usted y por m\u00ed! Pero, \u00a1ay!; mi miseria es tan grande que siempre me encuen\u00adtro con el polvo de mis imperfecciones y, en vez del poderoso aguij\u00f3n que deber\u00edan ser, para que trabajara en corregir mi m\u00edsera vida los sesenta arios, que he cumplido, no s\u00e9 lo que me pasa que cada vez es menor mi progreso\u00bb<\/em><\/strong><strong> (II, 61).<\/strong><\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abPuedo vivir muchos a\u00f1os\u2026\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abEs juzgar que no hemos hecho todav\u00eda nada, y que quiz\u00e1s sea \u00e9ste el \u00faltimo a\u00f1o que se nos d\u00e9 para trabajar en nuestra perfecci\u00f3n. Por lo que a m\u00ed toca, que tengo ya setenta y seis a\u00f1os, es l\u00f3gico que no puedo vivir muchos a\u00f1os. Ten\u00e9is que acordaros de lo que dec\u00eda una santa: que los viejos ya no pueden vivir mucho, pero que los j\u00f3venes pueden morir pronto, como hemos visto en mucha<\/em><\/strong><strong><em>s de nuestras Hermanas, que han muerto j\u00f3venes. Y aun cuando tuvi\u00e9\u00adramos todav\u00eda algunos a\u00f1os de vida, no lo sabemos, y por tanto, no hay que dejar de trabajar del mismo modo que si supi\u00e9ramos con certeza que s\u00f3lo nos queda este a\u00f1o\u00bb <\/em><\/strong><strong>(IX, 851).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<h4><strong><em><\/em><\/strong>&#8211;<strong> \u00abComo un sue\u00f1o\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa es nuestra vida, que pasa tan aprisa? <\/em><\/strong><strong><em>Yo ya he cumplido los 76 a\u00f1os; sin embar\u00adgo, todo este tiempo me parece ahora como si hubiera sido un sue\u00f1o; todos esos a\u00f1os han pasado ya. \u00a1Ay, Padres! \u00a1Qu\u00e9 felices son aqu\u00e9llos que emplean todos los momentos de su vida en el servicio de Dios y se ofrecen a \u00e9l de la mejor manera que pueden!\u00bb<\/em><\/strong><strong> (XI, 253).<\/strong><\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abHe de dar cuenta\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abDelante de Dios, ante el cual he de dar algun d\u00eda cuenta de las acciones de mi pobre miserable vida, que ya cuenta setenta y nueve a\u00f1os de edad\u00bb<\/em><\/strong><strong> (VIII, 27).<\/strong><\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abUn anciano de 79 a\u00f1os\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abAcu\u00e9rdese, por favor, en sus oraciones de un viejo de setenta y nueve a\u00f1os, cargado de pecados, que es su servidor\u00bb (<\/em><\/strong><strong>VIII, 82).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<p>En todos esos textos, se ve claro que san Vicente siente cada vez m\u00e1s el peso y la incertidumbre de la edad, y con frecuencia evoca, a veces con humor, las mise\u00adrias y los sufrimientos pasados.<strong><\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abFuera de eso, me encuentro bastante bien\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>\u00ab<em>La Compa\u00f1\u00eda sigue el mismo ritmo de siempre; creo que Dios contin\u00faa bendici\u00e9ndola de mil maneras. <\/em><\/strong><strong><em>De momento no tenemos ning\u00fan enfermo. Es verdad que yo sufro un poco debido a mis piernas enfermas, que no me dejan descansar de noche ni caminar de d\u00eda, ni siquiera mantenerme en pie; fuera de esto, me encuentro bastante bien\u00bb<\/em><\/strong><strong> (VIII, 326).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00ab\u00a1Alabado sea Dios!\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abRecib\u00ed su carta del 29 de junio (1659). Le agradezco la preocupaci\u00f3n que muestra por mi salud. No tengo ninguna nueva enfermedad, pero sin embargo hace siete u ocho meses que no salgo, debido al mal de mis piernas, que ha aumentado, y adem\u00e1s tengo un derrame en un ojo desde hace cinco o seis semanas, y no estoy mejor a pesar de los diversos medios empleados para mi curaci\u00f3n.\u00a1 <\/em><\/strong><strong><em>Bendito sea Dios!\u00bb<\/em><\/strong><strong> (VIII, 25).<\/strong><\/p>\n<h4><strong>&#8211; \u00abYo me encuentro mejor, gracias a Dios\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abYo me encuentro mejor, gracias a Dios y a sus remedios. He tenido un acceso de fiebre motivado por alg\u00fan enfriamiento, que me daba escalofr\u00edos como de ordinario; se trata de una especie de calentura a la que soy muy propenso. <\/em><\/strong><strong><em>Se ha curado una de mis piernas, que llevaba mal hace casi un a\u00f1o; ya no tengo necesidad de curarla. <\/em><\/strong><strong><em>Y la otra est\u00e1 mejor, gracias a Dios; he mandado que me la curen de la manera que usted me orden\u00f3. Tambi\u00e9n me atengo a sus consejos para la renovaci\u00f3n de los cauterios, que me purgan mucho desde hace alg\u00fan tiempo. <\/em><\/strong><strong><em>Pero prefiero creer que lo que m\u00e1s bien me hace son las oraciones y la novena que usted ha mandado hacer por m\u00ed. Nunca la caridad me ha parecido tan apreciable y tan amable como ahora. \u00a1Bendito sea Dios que manifiesta tan bien su amor en el de usted, a quien doy de nuevo las gracias con todo mi coraz\u00f3n! Lo que le he dicho de la pierna que tengo ulcerada no es que deba desear que se cure por completo\u00bb<\/em><\/strong><strong> (VII, 395).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abAunque no pueda levantarme sin apoyar las manos en el suelo\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p>En la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 28 de julio de 1655 san Vicente pide a sus cohermanos que hagan bien la genuflexi\u00f3n, y a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abYo tampoco he dado en esto el ejemplo que deb\u00eda. <\/em><\/strong><strong><em>\u00a1Qu\u00e9 se le va a hacer! Con la edad que tengo y mis piernas tan mal, no lo puedo hacer como se debe. <\/em><\/strong><strong><em>Pero si veo que la Compa\u00f1\u00eda no se corrige, me esforzar\u00e9 en hacerla lo mejor que pueda, aunque no pueda levantarme sin apoyar las manos en el suelo, a fin de dar en esto ejemplo a la Compa\u00f1\u00eda Es cierto que a los viejos les cuesta hacerla, pues cuando una persona llega a los 65 \u00f3 66, entonces le resulta muy dif\u00edcil levantarse\u00bb <\/em><\/strong><strong>(XI, 125).<\/strong><\/p>\n<p>Los mil achaques de la ancianidad le van alcanzando progresivamente a san \u2018Vicente pero, lo sabemos bien, eso no le impide en absoluto mantener su intensa actividad y conservar todo su dinamismo. A los 76 arios casi habr\u00eda proyectado marchar a las Indias.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abYo mismo, aunque ya soy viejo y de edad, no dejo de tener dentro de m\u00ed esta disposici\u00f3n, y estoy dispuesto incluso a marchar a las Indias para ganar all\u00ed almas para Dios, aunque tenga que morir por el camino o en el barco\u00bb <\/em><\/strong><strong>(XI, 281).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<p>A los 78 a\u00f1os, increpaba de este modo a la comunidad, en la emocionante conferencia del 6 de diciembre de 1658:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00ab\u00bfY qui\u00e9nes ser\u00e1n los que intenten disuadimos de estos bienes que hemos comenzado? <\/em><\/strong><strong><em>Ser\u00e1n esp\u00edritus libertinos, libertinos, libertinos, que s\u00f3lo piensan en divertirse y, con tal de que haya de comer, no se preocupan de nada m\u00e1s. \u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s? Ser\u00e1. M\u00e1s vale que no lo diga. <\/em><\/strong><strong><em>Ser\u00e1n gentes comodonas, (dec\u00eda esto cruzando los brazos, imitando a los perezosos), personas que no viven m\u00e1s que en un peque\u00f1o c\u00edrculo, que limitan su visi\u00f3n y sus proyectos a una peque\u00f1a circunferencia, en la que se encierran como en un punto sin querer salir de all\u00ed; y si les ense\u00f1an algo fuera de ella y se acercan para verla, enseguida se vuelven a su centro, lo mismo que los caracoles a su concha\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong>Nota: al decir esto, hac\u00eda ciertos gestos con las manos y con la cabeza, con cierta inflexi\u00f3n de la voz un poco despreciativa, de manera que con esos movimientos expresaba mejor que con sus palabras lo que quer\u00eda decir. Y recogi\u00e9ndose luego, se dijo a s\u00ed mismo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00ab\u00a1Miserable de ti, que eres un viejo parecido a todos \u00e9sos! <\/em><\/strong><strong><em>Las cosas peque\u00f1as te parecen grandes y las dificultades te encogen. S\u00ed, Padres; hasta el levantarme por la ma\u00f1ana me parece insoportable y las menores molestias me parecen insuperables\u00bb <\/em><\/strong><strong>(XI, 397-398).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<h3><strong>2.- Antiguos y antiguas en las comunidades<\/strong><\/h3>\n<p>Como en todas las \u00abfundaciones\u00bb, en sus comienzos las Comunidades \u00abvicencia\u00adnas\u00bb eran de una \u00abvida media\u00bb muy joven. A pesar de ese hecho, ya se planteaba en ella el problema de las relaciones entre generaciones, y san Vicente lo evoca a menu\u00addo. Recuerda que el beneficio de la edad no puede aducirse ni para reclamar alg\u00fan privilegio, ni para conseguir cargos dotados de autoridad. Ruega que los mayores comprendan y animen a los j\u00f3venes, que los j\u00f3venes veneren a los mayores y solici\u00adten sus consejos tal como \u00e9l lo hace regularmente Finalmente destaca los deberes de la comunidad para con los ancianos y las ancianas.<\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00ab\u00bfUsted es antigua, me dice usted?\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abPero, Padre, yo soy ya antigua; \u00bfno me estar\u00e1 permitido tener m\u00e1s libertad que las j\u00f3venes? <\/em><\/strong><strong><em>\u00bfVoy a estar tan sujeta como las que acaban de llegar? Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 esc\u00e1ndalo le dar\u00eda usted a las dem\u00e1s, si cometiese esa falta! Usted es ya antigua en la Compa\u00f1\u00eda, como dice; pues, pre\u00adcisamente por eso tiene que ser la primera delante de Dios en la pr\u00e1ctica de las virtudes propias de una verdadera Hija de la Caridad. Las Hermanas antiguas est\u00e1n obligadas a una virtud mayor que las que vienen detr\u00e1s de ellas. No solamente le pide Dios m\u00e1s virtud a una antigua que a una nueva, sino que, a medida que vamos avanzando en edad, estamos m\u00e1s obligados a traba\u00adjar por nuestra perfecci\u00f3n. Y yo que, como sab\u00e9is, tengo ya setenta y siete arios, debo tener m\u00e1s perfecci\u00f3n que otro que tenga s\u00f3lo sesenta arios; y cuanto m\u00e1s avance en edad, m\u00e1s obligado estoy a tender a ella, a imitaci\u00f3n de aqu\u00e9l que nunca hizo su propia voluntad\u00bb (<\/em><\/strong><strong>IX, 875-876).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abHermanas mayores, les conjuro delante de Dios\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abHermanas mayores, os conjuro delante de Dios, y me conjuro a m\u00ed mismo con vosotras. <\/em><\/strong><strong><em>Uno de los graves motivos para temer el juicio es el esc\u00e1ndalo que hayamos podido dar. Por eso tengamos cuidado, si queremos evitar la maldici\u00f3n de Dios. <\/em><\/strong><strong><em>Ser\u00e1 un gran milagro que se conserve la Compa\u00f1\u00eda, si falt\u00e1is en esto. Si hubiera alguna antigua que dijese: \u00abYo no estoy obligada a guardar todas esas cosas tan menudas. <\/em><\/strong><strong><em>Ya hace tiempo que estoy en la casa. Les toca ahora a las nuevas guardar eso\u00bb, que sepa que ella est\u00e1 m\u00e1s obligada que ninguna, puesto que tiene que ser un ejemplo para las dem\u00e1s\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IX, 688).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abLa antig\u00fcedad s\u00f3lo se conoce por la virtud\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>\u00a0<\/strong><strong><em>\u00ab\u00a1Ay, antiguas! \u00a1Ay, antiguas! <\/em><\/strong><strong><em>\u00bfqu\u00e9 es lo que hac\u00e9is cuando vuestras acciones desmienten vuestra antig\u00fcedad? \u00bfqu\u00e9 le dir\u00e9is a Dios, cuando os pida cuentas de vuestros pensamientos, palabras y acciones, especialmente de las que hayan desedificado a las reci\u00e9n venidas? \u00ab\u00bfY yo, miserable? <\/em><\/strong><strong><em>\u00bfqu\u00e9 dir\u00e9 por haber escandalizado tanto a los m\u00e1s j\u00f3venes? Ten\u00e9is que saber que la ancianidad no se mide por la cantidad de a\u00f1os, sino por la virtud\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IX, 721).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211; <strong>\u00abNo hay que tener en cuenta la edad, ni la antigiiedad\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>En el texto que se va a leer, se trata del nombramiento de una superiora.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abPadre, \u00bfno habr\u00e1 que tener en cuenta para nada la satisfacci\u00f3n de las Hermanas? No, jam\u00e1s, dijo \u00e9l; hay que mirar s\u00f3lo a la virtud; no hay que tener en cuenta la edad; no hay que tener en cuenta la antig\u00fcedad en la Compa\u00f1\u00eda; no hay que tener en cuenta la condici\u00f3n social. Es preciso que sea solamente la virtud y que nunca se haga ninguna elecci\u00f3n m\u00e1s que considerando la virtud\u00bb <\/em><\/strong><strong>(X, 796).<em><\/em><\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abNo siempre es preciso considerar la vejez para el gobierno\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abNo siempre es preciso considerar la vejez para el gobierno, pues a veces hay j\u00f3venes con m\u00e1s esp\u00edritu de gobierno que muchos viejos y ancianos. <\/em><\/strong><strong><em>Tenemos un ejemplo de ello en David, que fue escogido por Dios para dirigir a su pueblo, a pesar de ser el m\u00e1s joven de sus hermanos. <\/em><\/strong><strong><em>Fijaos, un hombre con mucho juicio y mucha humildad es capaz de gober-nar bien, y yo tengo la experiencia de que los que tienen el esp\u00edritu contrario a esto y ambicionan los cargos nunca han hecho nada que valga la pena\u00bb <\/em><\/strong><strong>(XI, 361).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211; <strong>\u00abLa experiencia los ir\u00e1 formando\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p>Ponemos aqu\u00ed una carta de san Vicente al P. Blatiron, superior de la casa de G\u00e9nova:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abLe doy gracias a Dios de que le haya inspirado hacer predicar al Padre Ricardo, y de que haya bendecido su predicaci\u00f3n. <\/em><\/strong><strong><em>Ahora empezamos a reconocer nuestra falta por no haber ejercitado antes a los j\u00f3venes, ni aqu\u00ed ni en las dem\u00e1s casas; de ah\u00ed que los viejos se hayan gastado y que los j\u00f3venes se hayan formado demasiado tarde. As\u00ed pues, Padre, haremos bien en dedicarlos desde ahora a todo. Le ruego que lo haga as\u00ed con los suyos, haci\u00e9ndo-les predicar y tener el catecismo en el campo y ejercit\u00e1ndolos en todas nuestras funciones, incluso en casa; porque as\u00ed la experiencia los ir\u00e1 formando suficientemente, se animar\u00e1n y se har\u00e1n capaces para servir a Dios. <\/em><\/strong><strong><em>Nuestras ordenaciones pasadas siempre estaban dirigidas por uno de los m\u00e1s viejos; pero ahora nos hemos decidido a dejar la direcci\u00f3n al Padre Duport, que es nuevo, y a encargar de la primera academia a dos sacerdotes j\u00f3venes, uno de los cuales lleva s\u00f3lo uno o dos meses de sacerdote y el otro se orden\u00f3 hace dos a\u00f1os. Y no nos quedaremos en eso, sino que espero ir metiendo en av\u00edo a todo el mundo en adelante, aunque despacio y con prudencia. <\/em><\/strong><strong><em>Tenemos mucha necesidad de Obreros, y nunca tendremos bastantes, si no los vamos formando\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IV, 116).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211; <strong>\u00abLas antiguas deben animar a las nuevas\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abLas mayores honrar\u00e1n la edad perfecta de nuestro Se\u00f1or y la manera con que soport\u00f3 a los hombres tan imperfectos que le rodeaban, soportando a las j\u00f3venes en sus defectos, viendo en ellas la vocaci\u00f3n de Dios para su servicio, anim\u00e1ndolas con su ejemplo y con sus palabras. <\/em><\/strong><strong><em>El Hijo de Dios ense\u00f1aba a los suyos m\u00e1s todav\u00eda con su ejemplo que con su palabra. Imitadle, mis queridas Hermanas. <\/em><\/strong><strong><em>Las mayores tienen que ser muy exactas en todas las normas, hacer lo que ellas ordenan a las dem\u00e1s, escoger lo peor, soportar los peque\u00f1os defectos de las reci\u00e9n llegadas, animarlas con sus palabras, consolarlas a veces en sus peque\u00f1os disgustos, dici\u00e9ndoles que ellas mismas experimentaron antes esas fati\u00adgas; porque, Hijas m\u00edas, todas las han tenido, y es bueno tenerlas, con tal que se las des\u00adcubra con sinceridad a los superiores, y a ellos solos. <\/em><\/strong><strong><em>Las antiguas tienen que animar a las nuevas, demostrarles respeto, aprobar sus peque\u00f1as obras, aceptar con gusto lo que dicen y lo que hacen y, sobre todo, guardarse de hablarles y mirarlas como extra\u00f1as, de ridiculi\u00adzar su lenguaje y su forma de vestir. Cuando se encuentren con ellas, tienen que decirles siempre alguna palabra, como por ejemplo: \u00abBien, Hermana m\u00eda, \u00bfes usted muy fervoro\u00adsa? \u00bfestima mucho la oraci\u00f3n y todas las pr\u00e1cticas de nuestro reglamento? Tenga \u00e1nimos, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1? \u00bfempieza a acostumbrarse a nuestra vida?\u00bb\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IX, 68).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211; <strong>\u00abQue las reci\u00e9n llegadas, respeten a las antiguas\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abOtra cosa de gran importancia, mis buenas Hermanas, es la manera con que las reci\u00e9n venidas tienen que portarse con las antiguas, y las antiguas con las nuevas\u00bb\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IX, 220).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211; <strong>\u00abNo se aflijan las que son ancianas\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abMirad, Hijas m\u00edas, os dec\u00eda hace poco, y os lo repito ahora, c\u00f3mo ten\u00e9is que portaros en vuestras enfermedades, o sea, que ten\u00e9is que evitar los mimos excesivos y contentaros con el trato que se da a los pobres. <\/em><\/strong><strong><em>Pero os digo que, si alguna, debido a sus enfermedades o a su edad o a su debilidad, necesita algo m\u00e1s, la Caridad que atiende a todas las necesidades tiene que tenerlo en cuenta. Por ejemplo, hay una persona enferma en la Compa\u00f1\u00eda, que no tiene fuerzas, que tiene la salud m\u00e1s fr\u00e1gil que un cristal y que puede considerarse como muerta desde hace veinte a\u00f1os. \u00bfSe le va a tratar a esa persona lo mismo que a las dem\u00e1s, que est\u00e1n sanas y fuertes y que no son de una salud tan delicada? No estar\u00eda bien. La Com\u00adpa\u00f1\u00eda es una buena madre, que trata a las enfermas, como enfermas. <\/em><\/strong><strong><em>Y lo mismo que una madre se porta con mayor ternura y compasi\u00f3n con el hijo enfermo que con los dem\u00e1s, tambi\u00e9n la Caridad tiene que cuidar mejor a las personas que no pueden seguir la marcha com\u00fan de las otras. Ya ven c\u00f3mo a m\u00ed, que estoy oligado a dar ejemplo a las dem\u00e1s, la Compa\u00f1\u00eda, teniendo en consideraci\u00f3n las molestias de mis piernas, me ha dado una carroza para ir y venir. <\/em><\/strong><strong><em>La rechac\u00e9 durante alg\u00fan tiempo, pero luego la acept\u00e9, al ver que la necesitaba. Adem\u00e1s, hace un a\u00f1o y medio que me han dado una habitaci\u00f3n con chimenea y una colgadura de cama. <\/em><\/strong><strong><em>Tengo que sufrir todo esto por mis molestias; pero antes no lo ten\u00eda, lo mismo que los dem\u00e1s. Las personas enfermas necesitan cuidados especiales; pero si no, esto ser\u00eda una pasteler\u00eda. <\/em><\/strong><strong><em>\u00bfC\u00f3mo tratar a una persona enferma y achacosa como a las dem\u00e1s, sin consideraci\u00f3n algu\u00adna? Hijas m\u00edas, hay que atenderla cuando la edad y los achaques la han reducido a este esta\u00addo; si no, ser\u00eda una injusticia. Por eso, Hijas m\u00edas, no os preocup\u00e9is, no os aflij\u00e1is las que sois ancianas o est\u00e1is enfermas, si no pod\u00e9is seguir a las dem\u00e1s. La Compa\u00f1\u00eda es una madre, que sabe distinguir bien entre sus hijos enfermos y los que est\u00e1n bien\u00bb<\/em><\/strong><strong> (IX, 949-950).<\/strong><\/p>\n<h2>III. Al servicio de las personas de edad<\/h2>\n<p>Mucho antes de llegar \u00e9l a la vejez, san Vicente se hab\u00eda preocupado de la condi\u00adci\u00f3n y de la suerte de las personas ancianas de su tiempo. Entre los sufrimientos especiales propios de la condici\u00f3n de pobreza, parece particularmente sensible al senti-miento que experimentan los viejos de ser in\u00fatiles en adelante y servir de carga. Y en los reglamentos de las cofrad\u00edas , por ejemplo, siempre insiste sobre la importancia del trabajo, que proporciona cierta autonom\u00eda y, por ello, mantiene vivo el senti-miento de su dignidad. Las ayudas s\u00f3lo se dar\u00e1n a los inv\u00e1lidos. En cuanto a los que pueden hacer alg\u00fan trabajo, la cofrad\u00eda s\u00f3lo les dar\u00e1 el suplemento.<\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abA los que ganen una parte\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abTodos los pobres\u2026 son: o ni\u00f1os de cuatro a siete u ocho arios, muchachos de ocho a quin-ce o veinte a\u00f1os, o personas mayores, pero inv\u00e1lidos o ancianos, que solamente pueden ganarse una parte de su sustento, o personas decr\u00e9pitas que no pueden ya hacer nada. <\/em><\/strong><strong><em>A los ni\u00f1os, a los inv\u00e1lidos y a los decr\u00e9pitos se les dar\u00e1 todas las semanas lo necesario para vivir; a los que ganen una parte de su sustento, la Compa\u00f1\u00eda les dar\u00e1 el resto; en cuanto a los muchachos se les pondr\u00e1 en alg\u00fan oficio, como de tejedor, que no cuesta m\u00e1s que tres o cuatro escudos por cada aprendiz, o bien, se levantar\u00e1 un taller de alguna obra f\u00e1cil, como un telar\u00bb<\/em><\/strong><strong> (X, 649).<\/strong><\/p>\n<h4><strong><\/strong>&#8211;<strong> \u00abLa asociaci\u00f3n les proporcionar\u00e1 lo restante\u00bb<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<strong>\u00a0<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abLos directores de la asociaci\u00f3n pondr\u00e1n a los ni\u00f1os pobres a trabajar en alg\u00fan oficio apenas tengan la edad suficiente para ello. Les distribuir\u00e1n cada semana a los pobres inv\u00e1lidos y a los ancianos que no pueden trabajar lo que necesiten para su subsistencia; en cuanto a los que no ganan m\u00e1s que una parte de lo que necesitan, la Asociaci\u00f3n les proporcionar\u00e1 lo restante\u00bb<\/em><\/strong><strong> (X, 595).<\/strong><\/p>\n<h4>&#8211;<strong> \u00abEs una tentaci\u00f3n, pensar que se es una carga\u00bb<\/strong><\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abEs muy bueno sentirse apenado por no poder trabajar, pero ser\u00eda una tentaci\u00f3n, Hermanas m\u00edas, pensar que se es una carga para los dem\u00e1s y turbarse por ese motivo. Hay que resignarse con la voluntad de Dios ante las enfermedades que nos env\u00eda, y tener de vuestras Hermanas la buena opini\u00f3n de que se sienten contentas de practicar la caridad en el servicio que os hacen\u00bb <\/em><\/strong><strong>(IX, 500).<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todas las iniciativas de su actividad social y caritativa, san Vicente se preocup\u00f3 adem\u00e1s de la suerte de las personas de edad por medio de las Cofrad\u00edas de la Caridad, principalmente. Sin embargo, fue en 1653 cuando dispuso los medios para una realizaci\u00f3n concebida \u00fanicamente para esa categor\u00eda de pobres. Tal fue el el Asilo del Santo Nombre de Jes\u00fas, el cual, durante mucho tiempo, fue el modelo del g\u00e9nero. He aqu\u00ed lo que escribe Abelly, primer bi\u00f3grafo de san Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abUn ciudadano de Par\u00eds, movido del deseo de ofrecer alg\u00fan servicio a Dios y de hacer algo que le fuera agradable, se dirigi\u00f3 un d\u00eda al Sr. Vicente, en cuya caridad confiaba plenamente; y le dijo que ten\u00eda la intenci\u00f3n de entregarle una cantidad considerable de dinero para emplearla en obras caritativas. y ambos convinieron en emplear el dinero en la fundaci\u00f3n de un asilo que sirviera de retiro a los artesanos pobres, que, por no poder ganarse la vida a causa de la vejez, o por estar enfermos, se ve\u00edan reducidos a la mendicidad. Para realizar el proyecto, el Sr. Vicente compr\u00f3 dos casas y una explanada bastante grande en el arrabal de San Lorenzo de la ciudad de Par\u00eds. Las dot\u00f3 de camas, ropa blanca y otras cosas necesarias; tambi\u00e9n mand\u00f3 preparar una capilla con todos los detalles convenientes. <\/em><\/strong><strong><em>Y del dinero restante obtuvo una renta anual. <\/em><\/strong><strong><em>Acogi\u00f3 en aquel asilo cuarenta pobres, a saber, veinte hombres y veinte mujeres. Tambi\u00e9n mand\u00f3 comprar y preparar telares, herramientas y otras cosas convenientes para ocuparlos seg\u00fan sus d\u00e9biles fuerzas y habilidades, con el fin de evitar la ociosidad\u00bb<\/em><\/strong><strong> (Abelly, pp. 199-200).<\/strong><\/p>\n<p>San Vicente, para organizar esta Casa de Retiro, como tantas veces, hab\u00eda solicitado los consejos de Luisa de Marillac. Se han conservado las notas que ella escribi\u00f3 en esa ocasi\u00f3n, particularmente sobre la cuesti\u00f3n del \u00abtrabajo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abSiendo el trabajo uno de los mayores bienes que presenta esta obra, es necesario proporcionarles un trabajo \u00fatil y que pueda tener salida, como ser\u00eda: Un tejedor de seda o lana, un tejedor de lienzo corriente, otro de sarga; estos oficios, adem\u00e1s de poder dar salida a la producci\u00f3n, en parte para uso de casa y en parte para otros lugares, aunque no requieren muchos pertrechos, ocupan a varias personas. <\/em><\/strong><strong><em>Zapateros o remendones pueden ser muy \u00fatiles. <\/em><\/strong><strong><em>Botoneros, obreros que trabajen el estambre, que lo sepan bien, y preparar el material hasta dejarlo apto para servir. Encajeras, costureras de guantes o de lencer\u00eda que pueden recibir labor de las lenceras del mercado o de otras, artesanos de alfileres. Como es necesario tener buen n\u00famero de obreros que pongan el trabajo en marcha y ayu-den a que contin\u00fae, no hay que mirar el gasto que haya que hacer tanto para proveer de herramientas o pertrechos como en material, ni arredrarse ante las dificultades para encontrar direcciones y lugares donde comprar a mejor precio y con facilidad: la divina Providencia no nos ha de faltar y la experiencia nos har\u00e1 dar con las direcciones que nos convengan\u00bb<\/em><\/strong> <strong>(SLM, 786).<\/strong><\/p>\n<p>Y Abelly concluye de esta forma su relato:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abEncarg\u00f3 a las Hijas de la Caridad el cuidado y el servicio de aquella pobre gente, confi\u00f3 a un sacerdote de la Misi\u00f3n la celebraci\u00f3n de la santa Misa en el asilo y la administraci\u00f3n de la palabra de Dios y los sacramentos. \u00c9l fue de los primeros en instruirlos y en encomendarles la uni\u00f3n entre ellos, la piedad para con Dios y, sobre todo, el agradecimiento para con su infinita bondad por haberlos retirado de la indigencia y de la miseria, y procurado un retiro tan tranquilo y tan c\u00f3modo para las necesidades de sus cuerpos y para la salvaci\u00f3n de sus almas. Cuando alguno de los pobres fallece, se acoge a otro en su lugar. Viven con mucha paz.Y su forma de vida tranquila y reglada les produce a otros tales deseos de relevarles, que son muchos los que buscan y solicitan las plazas a otros antes de estar vacantes\u00bb <\/em><\/strong><strong>(Abelly, p. 200).<\/strong><\/p>\n<h2>IV.- Cuestiones para la reflexi\u00f3n y el di\u00e1logo<\/h2>\n<h4>1. En nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros grupos de vida, viven juntas varias generaciones. Por encima de nuestras yuxtaposiciones o de nuestras tensiones tenemos ciertamente muchas cosas que compartir: si ya somos de edad o estamos pr\u00f3ximos a serlo:<\/h4>\n<ul>\n<li>\u00bfQu\u00e9 podemos decir a los dem\u00e1s acerca de esa experiencia (f\u00edsica, espiritual, apost\u00f3lica?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo las miramos? \u00bfc\u00f3mo las escuchamos? \u00bfc\u00f3mo las tratamos?<\/li>\n<\/ul>\n<h4>2. Muchas de nuestras organizaciones, de nuestras comunidades vicencianas est\u00e1n al servicio de personas ancianas:<\/h4>\n<ul>\n<li>\u00bfC\u00f3mo juzgamos ese tipo de compromiso?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo lo vivimos?<\/li>\n<li>\u00bfLes tratamos como personas \u00abasistidas\u00bb?<\/li>\n<li>\u00bfTenemos en cuenta su capacidad para asumir responsabilidades, clubs, univer\u00adsidad de la Tercera Edad, vida ascendente\u2026) y para tener una actividad original?<\/li>\n<\/ul>\n<h4>3. Para nuestra participaci\u00f3n del Evangelio:<\/h4>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abAhora, Se\u00f1or, seg\u00fan tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Isarael\u00bb<\/em><\/strong><strong> (Lc 2, 29-32)<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong><em>\u00abEn verdad, en verdad te digo, cuando eras joven, t\u00fa mismo te ce\u00f1\u00edas, e ibas a donde quer\u00edas; pero cuando llegues a viejo, extender\u00e1s tus manos y otro te ce\u00f1ir\u00e1 y te llevar\u00e1 adonde t\u00fa no quieras\u00bb<\/em><\/strong><strong> (Jn 21, 18)<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I.- Introducci\u00f3n En tiempos de san Vicente uno ya era un vejete despu\u00e9s de cumplir los 40 a\u00f1os. 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