{"id":47121,"date":"2011-08-12T07:47:32","date_gmt":"2011-08-12T05:47:32","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=47121"},"modified":"2016-07-27T12:15:35","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:35","slug":"jean-jacques-de-la-valette-1640-1689","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-jacques-de-la-valette-1640-1689\/","title":{"rendered":"Jean-Jacques de la Valette (1640-1689)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles17.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-47122\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles17.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>\u00a7 1.<\/p>\n<p>El Sr. Jean-Jacques de la Valette naci\u00f3 de padres nobles en la di\u00f3cesis de Saint-Flour, en Auvergne, el a\u00f1o 1640. Le hicieron dar una s\u00f3lida educaci\u00f3n y le enviaron a las academias, para prepararle a la profesi\u00f3n de las armas, que \u00e9l abraz\u00f3; despu\u00e9s de algunas campa\u00f1as que hizo como voluntario, fue nombrado capit\u00e1n de una compa\u00f1\u00eda. Dios le hab\u00eda dotado desde su m\u00e1s tierna juventud de los dones de su amor; por eso no se dej\u00f3 arrastrar en medio del torrente de las vanidades de este mundo. Supo aliar tan bien el valor con la piedad y las armas espirituales con las armas corporales, que guard\u00f3 siempre inviablemente los preceptos divinos tan bien como las reglas del arte militar, donde la Providencia le hab\u00eda metido. Como llevaba en el coraz\u00f3n la semilla del celo y del esp\u00edritu apost\u00f3lico que Dios deb\u00eda hacer florecer un d\u00eda, no se contentaba con observar para s\u00ed la ley del Se\u00f1or, sino que se esforzaba por hacer caminar por esta v\u00eda a los soldados de su compa\u00f1\u00eda; y su ejemplo era tan eficaz que se los distingu\u00eda de los dem\u00e1s por su porte. No obstante, qu\u00e9 dif\u00edcil es, a pesar de los cuidados que aporta un capit\u00e1n, que el soldado no se deje arrastrar a los da\u00f1os, de los que viene a sufrir el campesino, tan pronto como el Sr. de la Valette se daba cuenta, se apresuraba, llevado por su conciencia delicada, a compensar a los que hab\u00edan sufrido. En todas partes lo hac\u00eda, dejando a todo el mundo admirado. Esta conducta, tan rara entre las personas de su profesi\u00f3n y verdaderamente ejemplar, hac\u00eda m\u00e1s impresi\u00f3n en los esp\u00edritus que los sermones del m\u00e1s austero predicador; como hubo grandes santos que han tomado el h\u00e1bito de caballero para insinuar la virtud m\u00e1s acertadamente en el esp\u00edritu de algunas almas a las que quieren convertir, as\u00ed Dios quiso revestir a este Misionero con el h\u00e1bito del soldado a fin de que su ejemplo tuviera m\u00e1s fuerza y llegara m\u00e1s a los corazones, Por eso, aunque la muerte se le haya adelantado y le haya impedido satisfacer su deseo de anunciar la palabra de Dios y procurar la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo, se puede contar con justicia las campa\u00f1as que ha hecho como otras tantas misiones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a7 2.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or quiso recompensar la fidelidad del del Sr. de la Valette en un empleo en el que era f\u00e1cil ofenderle llam\u00e1ndole a un estado m\u00e1s perfecto, y le hizo o\u00edr interiormente la voz que le llamaba en medio del ruido y del tumulto de las armas. Nuestro piadoso caballero no fue sordo a los movimientos de la gracia y reconoci\u00f3 pronto que era llamado a una milicia m\u00e1s perfecta. Resolvi\u00f3 pues retirarse del servicio\u00a0 y dedicarse por entero a Dios en el estado eclesi\u00e1stico. Entr\u00f3 pues en el seminario de Saint-Flour y se dedic\u00f3 con ardor al estudio de la teolog\u00eda, luego recibi\u00f3 las sagradas \u00f3rdenes con todo el fervor y la pureza de intenci\u00f3n de que era capaz. Durante su permanencia en el seminario, fue el ejemplo de los que le rodeaban y verific\u00f3 bien esta palabra que \u00ablos que tienen el alma bien hecha, hacen el bien en todas partes, sea la que sea su condici\u00f3n\u00bb. Pero cuando el Sr. de la Valette, habituado a informarse con seriedad sobre sus deberes, lleg\u00f3 a conocer las graves obligaciones del sacerdocio y las dificultades de cumplirlo en medio de las incertidumbres del siglo, resolvi\u00f3 retirarse a una comunidad en la que pudiera dedicarse \u00fanicamente a Dios y al servicio del pr\u00f3jimo. Despu\u00e9s de examinar la cosa delante de Dios y puestos los ojos\u00a0 en las diferentes \u00f3rdenes de la Iglesia, se fij\u00f3 en nuestro Instituto, que conoc\u00eda adem\u00e1s por sus relaciones con nuestros cohermanos, directores del seminario de Saint-Flour. Se dirigi\u00f3 pues con estas miras a Par\u00eds para lograr ser recibido en nuestra casa de San L\u00e1zaro, hacia el 15 de marzo de 1688, hizo su retiro y tuvo por director al Sr. de la Salle. Dios le confirm\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s en su plan abri\u00e9ndole el camino seg\u00fan sus deseos. A los treinta y ocho a\u00f1os,\u00a0 y salud poco robusta, ten\u00eda cualidades que compensaban con mucho su d\u00e9bil complexi\u00f3n; por ello no le pusieron ninguna dificultad para recibirle.<\/p>\n<p>\u00a7 3.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de permanecer en el seminario o noviciado, donde fue un modelo de edificaci\u00f3n, le enviaron a la parroquia de Versalles. All\u00ed, se entreg\u00f3 con tanto fervor y humildad a las funciones de la parroquia, que su actuaci\u00f3n no era de un hombre que comienza, sino de una persona consumada en los ejercicios de la caridad; estaba legos de mirar como una humillaci\u00f3n ser empleado en los trabajos m\u00e1s humildes, y el recuerdo de lo que hab\u00eda sido en el mundo no era capaz de producirle ning\u00fan disgusto. Este pensamiento, por el contrario,\u00a0 era para \u00e9l un poderoso aguij\u00f3n, que le animaba a abrazar con gozo los actos m\u00e1s penoso y m\u00e1s humillantes; ya que, dec\u00eda \u00e9l, yo he hecho tanto por el rey de la tierra, \u00bfhar\u00eda jam\u00e1s demasiado por el rey del cielo? Se sent\u00eda de tal manera lleno de la grandeza del rey a quien serv\u00eda, que contaba por nada la pena que se daba y aspiraba siempre a trabajar con m\u00e1s ardor;\u00a0 pero la debilidad de su temperamento no se correspond\u00eda con la grandeza de sus \u00e1nimos y de su celo, y pronto, sucumbiendo al trabajo, cay\u00f3 enfermo. Es eso una dura prueba para quien aspira a darse; pero como el Sr. de la Valette se entregaba al servicio del pr\u00f3jimo, m\u00e1s para cumplir la voluntad de Dios que para gozar del placer de servir a los dem\u00e1s, recibi\u00f3 la enfermedad con una entera resignaci\u00f3n y encerr\u00f3 la amplitud de sus deseos apost\u00f3licos en los estrechos l\u00edmites de la paciencia. Fue entonces cuando se reconoci\u00f3 la solidez de su virtud y la fuerza de su amor por el Se\u00f1or; el verdadero amor, en efecto, consiste en recibir, o la salud, o la enfermedad con una igual sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios. Este virtuoso sacerdote dio tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n una prueba se\u00f1alada de su obediencia y de su desprendimiento por la vida. el m\u00e9dico que ven\u00eda a verle crey\u00f3 que se deb\u00eda sangrarle; en cuanto a \u00e9l, \u00e9l se content\u00f3 con dar a entender que sab\u00eda por experiencia qu\u00e9 contrario era para \u00e9l este medio, y que le llevar\u00eda infaliblemente a la tumba. No hizo, en esta circunstancia, otra cosa que cumplir un deber que se deb\u00eda a s\u00ed mismo, y viendo que se insist\u00eda en esta intenci\u00f3n, ofreci\u00f3 alegremente su brazo, prefiriendo a una larga vida el m\u00e9rito de morir por obediencia. En efecto, el mal empeor\u00f3, y sus d\u00edas probablemente se abreviaron. Las fuerzas de este buen sacerdote disminuyendo a ojos vistas, se le traslad\u00f3 a San L\u00e1zaro con la esperanza de que el buen aire pudiera restablecerle, pero era demasiado tarde. Su enfermedad que era el escorbuto, sobrepas\u00f3 todos los remedios, pero no sobrepas\u00f3 la paciencia del pobre experimentado; sigui\u00f3 siempre en una paz y una tranquilidad de esp\u00edritu admirables. En lugar de servir de carga a los que ven\u00edan a visitarle, era el primero en distraerlos, en animarlos y en hacerles todos los peque\u00f1os servicios que pod\u00eda. Estaba tan poco inquieto por su incomodidad, que no hablaba de ella sino para dar gloria a Dios y se quejaba tiernamente a Nuestro Se\u00f1or porque se hab\u00eda quedado con las espinas y a \u00e9l no le hab\u00eda dejado m\u00e1s que las rosas. Se inquietaba mucho m\u00e1s por las conferencias que se hab\u00edan tenido, por las circunstancias que pod\u00edan sobrevenir al seminario, por las lecturas del refectorio, que de su curaci\u00f3n y de su salud, y no hablaba de su enfermedad con los m\u00e9dicos m\u00e1s que como de un hecho indiferente, sino s\u00f3lo buscando continuamente las cosas del cielo. Notemos tambi\u00e9n\u00a0 que una recreaci\u00f3n le procuraba una fuerza y un alivio que no le proporcionaban la alimentaci\u00f3n y las medicinas; la alegr\u00eda de su alma era tan grande, que su cuerpo, enfermo y d\u00e9bil, se sent\u00eda obligado a tomar parte. Bien lejos de esta idea de ciertos enfermos, que tratan de recrearse y olvidarse de su mal en conversaciones in\u00fatiles, el Sr. de la Valette estaba persuadido de que la palabra de Dios pod\u00eda traer sola el contento al alma y, la v\u00edspera misma de su muerte, rog\u00f3 a uno de los hermanos que se acercara\u00a0 a su lecho para que le comunicara el asunto de la oraci\u00f3n que hab\u00eda sido le\u00eddo. Por \u00faltimo Dios, habi\u00e9ndole probado lo suficiente y juzgado digno de \u00e9l, le llam\u00f3 a mejor vida, el 29 de marzo de 1689, once meses despu\u00e9s de haber sido recibido en la Congregaci\u00f3n. Su carrera, la verdad, no hab\u00eda sido larga; pero lo poco del camino recorrido, lo hizo con tanto fervor y \u00e1nimos que ha merecido la recompensa de los que han caminado largo tiempo por los caminos del Se\u00f1or. Es del n\u00famero de aquellos operarios que no trabajan m\u00e1s que una hora en la vi\u00f1a, pero que igualan a los otros por el amor y el ardor de su celo. \u2013<em>Ms.; archives de la Mission.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a7 1. El Sr. Jean-Jacques de la Valette naci\u00f3 de padres nobles en la di\u00f3cesis de Saint-Flour, en Auvergne, el a\u00f1o 1640. 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