{"id":46876,"date":"2011-08-10T05:00:29","date_gmt":"2011-08-10T03:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46876"},"modified":"2016-07-27T12:15:36","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:36","slug":"michel-montmasson-1640-1688","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/michel-montmasson-1640-1688\/","title":{"rendered":"Michel Montmasson (1640-1688)"},"content":{"rendered":"<h2>1.\u2014 Nacimiento. \u2014 Primeros a\u00f1os. \u2014 Ordenaciones. \u2014 Vicariato<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles15.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-46877 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles15.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El Sr. Michel Montmasson naci\u00f3 en el pueblo de Montmasson, parroquia de Marcola, di\u00f3cesis de Ginebra, el 15 de enero de 1640. Sus padres no ten\u00edan fortuna, pero gente de bien que viv\u00edan en el temor de Dios con sencillez y sin reproche.<\/p>\n<p>Apenas el joven Michel hab\u00eda alcanzado la edad de siete a\u00f1os, cuando sus padres le ocuparon en\u00a0 guardar los reba\u00f1os en los campos y en ayudar a su padre y hermanos en la labranza, seg\u00fan el alcance de sus fuerzas. Estuvo algunos a\u00f1os en esta inocente y penosa ocupaci\u00f3n hasta que uno de sus hermanos que iba a la escuela en casa del Sr. p\u00e1rroco de Saint-Sylvestre de quien eran por entonces parroquianos, vino a quejarse a su padre de algunos malos tratos\u00a0 que hab\u00eda recibido en clase, declarando en voz alta que estba resuelto a no volver m\u00e1s. El peque\u00f1o Michel se ofreci\u00f3 a ocupar su lugar, y dijo a su padre que le agradar\u00eda que le enviase y que no tem\u00eda ser maltratado. Aprendi\u00f3 as\u00ed a leer, a escribir y los primeros rudimentos de la gram\u00e1tica. Dios, con estos primeros estudios, le dispon\u00eda ya al santo ministerio al que le hab\u00eda destinado.<\/p>\n<p>Cuando hubo alcanzado la edad de quince a\u00f1os m\u00e1s o menos, obtuvo de sus padres, con mucho dolor, el permiso de ir a Annecy para estudiar all\u00ed con los RR. PP. Barnabitas. Se aloj\u00f3 cerca del colegio, en una habitaci\u00f3n particular que alquilaba por dieciocho sueldos al mes; viv\u00eda pobremente con un poco de pan negro que le tra\u00eda uno de sus hermanos cada semana; supl\u00eda lo dem\u00e1s con su industria, barriendo las clases, llevando agua a los escolares de familia y haci\u00e9ndoles otros peque\u00f1os servicios\u00a0 por los que recib\u00eda alg\u00fan auxilio. Llevaba as\u00ed\u00a0 durante sus estudios una vida dura y pobre, mal alimentado, mal vestido, mal acostado, pasando los inviernos sin apenas acercarse al fuego, lo que duro en extremo para un chico en una regi\u00f3n tan fr\u00eda como la de Annecy. A pesar de todas estas incomodidades, no dejaba de estudiar d\u00eda y noche para ser pronto capaz de las m\u00e1s altas ciencias; lo alcanz\u00f3 tan bien que fue siempre de los primeros y de los m\u00e1s \u00e1giles escolares en todas sus clases.<\/p>\n<p>No hac\u00eda menores progresos en la piedad que en las ciencias humanas; por eso fue elegido por sus maestros como preceptor de los hijos de los Srs. Bernard y Claude Buvard, dos de los principales burgueses de Annecy, lo que le sac\u00f3 a de la extrema estrechez en la que hab\u00eda pasado los primeros a\u00f1os de sus estudios. Se comport\u00f3 con tanta prudencia y piedad en esta ocupaci\u00f3n, que se gan\u00f3 el afecto de sus alumnos y la estima de sus parientes, que le tuvieron siempre desde entonces como a uno de sus hijos, y le distinguieron en todo momento con su afecto y ternura, hasta el punto que el Sr. Louis Bouvard, p\u00e1rroco\u00a0 de Chapery, quiso tener el consuelo de verle decir su primera misa en su iglesia.<\/p>\n<p>Cuando hubo acabado as\u00ed sus estudios de filosof\u00eda y de teolog\u00eda, entr\u00f3 por primera vez en el seminario de Annecy, el 2 de noviembre de 1662, para examinar su vocaci\u00f3n al estado eclesi\u00e1stico, y para adquirir las virtudes que le son propias. Se comport\u00f3 con tanta prudencia, piedad y regularidad, que fue hecho subdi\u00e1cono en el Pentecost\u00e9s siguiente y di\u00e1cono en la ordenaci\u00f3n de septiembre: fue ordenado sacerdote en la ordenaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n del a\u00f1o 1664.<\/p>\n<p>Celebr\u00f3 su primera misa en la parroquia de Chapery, y fue nombrado vicario inmediatamente despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n. Durante los dos o tres meses que estuvo all\u00ed, fue con gran edificaci\u00f3n por su vida santa y ejemplar, por sus catecismos, sus homil\u00edas y sus predicaciones. Hab\u00eda tanta unci\u00f3n en sus palabras, que sus oyentes se sent\u00edan conmovidos hasta las l\u00e1grimas y no pod\u00edan por menos de entrar seriemente dentro de s\u00ed mismos, de deplorar los des\u00f3rdenes de su vida pasada y de ponerse en situaci\u00f3n de llevar una vida m\u00e1s cristiana en el porvenir.<\/p>\n<h2>2. &#8211; Vocaci\u00f3n.<\/h2>\n<p>El p\u00e1rroco de Chapery hubiera deseado conservar en su parroquia a este joven sacerdote tan lleno de luces, de celo y de fervor; por ello, para asegurarse, le ofreci\u00f3 renunciar a su parroquia en su favor. Mons. de Aranthon, de santa y gloriosa memoria, que era entonces obispo de Ginebra, le puso otra igualmente a su disposici\u00f3n; pero \u00e9l lo agradeci\u00f3, a su p\u00e1rroco y a su prelado por la buena voluntad que ten\u00edan de establecerle tan joven, y protest\u00f3 que no se encargar\u00eda nunca de parroquia o de beneficio con cargo de almas, teniendo bastante con la suya que salvar. Tem\u00eda perderse trabajando por la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s, hacerse secular qued\u00e1ndose en el siglo, y volver al esp\u00edritu del mundo en una parroquia en lugar de comunicarle el esp\u00edritu de Dios. Pens\u00f3 pues seriamente en ejecutar la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado de hacerse Misionero, desde el tiempo de su seminario en Annecy bajo los Misioneros que llevaban su direcci\u00f3n. Tuvo que combatir para ejecutar este proyecto, a Mons. su obispo, que era un grade y santo prelado, sinti\u00e9ndose feliz\u00a0 por retenerle en su di\u00f3cesis. Ten\u00eda muchas obligaciones con el Sr. p\u00e1rroco de Chapery, que quer\u00eda poner el colmo a sus primeros beneficios cediendo su propia parroquia. Su pobre familia estaba en penuria y pensaba tener derecho a recurrir a \u00e9l\u00a0 en todas sus necesidades y as hallar un recurso en sus necesidades en las rentas considerables que esta parroquia le hubiera supuesto. Cerr\u00f3 los ojos sobre todas estas consideraciones; no escuch\u00f3 los sentimientos de la carne y de la sangre.<\/p>\n<p>Se encamin\u00f3 pues hacia Par\u00eds, dejando a toda su familia frustrada de estas esperanzas humanas y desolada al ver escaparse de su seno a un beneficiario a quien consideraba ya como su apoyo y como el honor de todos los parientes. Para consolarlos, no les dio otra esperanza que la de sus oraciones y la del recuerdo que tendr\u00eda de ellos en el santo sacrificio de la misa, para obtenerles las gracias que necesitaban para vivir y morir como buenos cristianos. Y no es que menospreciara a sus padres, o que no los quisiera tan tiernamente como un buen hijo los debe querer; pero sab\u00eda que el mismo que el mismo que nos ha ordenado amar a nuestros padres y madres, nos ha prohibido preferirlos a \u00e9l, y contaba con la Providencia para sostenerlos seg\u00fan su condici\u00f3n. El Sr. Montmasson fue recibido en el seminario interno el 9 de mayo de 1664, y cinco o seis meses despu\u00e9s era elegido para la Misi\u00f3n de Madagascar.<\/p>\n<h2>3. &#8211; Madagascar<\/h2>\n<p>En compa\u00f1\u00eda de los Srs. Roguet, Boussord\u00e9e, Veyrat, Cuveron y Bourot, y de tres hermanos, Nicolas Parisot, Pierre Pomad\u00e9 y Antonio Moutier, se embarc\u00f3 en el Havre a primeros de noviembre de 1664. No bien estuvieron a bordo, cuando la tempestad llev\u00e1ndolos a las costas de Inglaterra los oblig\u00f3 a fondear en las Dunes donde permanecieron un mes entero. De all\u00ed salieron con viento favorable, pero apenas hab\u00edan desplegado las velas, cuando las cosas se complicaron, reteni\u00e9ndolos ocho d\u00edas en la Mancha con peligro de perderse, y cuando pensaban entrar en el puerto de Brest, la tempestad\u00a0 los expuls\u00f3 al Oc\u00e9ano llev\u00e1ndolos a las costas de Espa\u00f1a, luego les forz\u00f3 a volverse a la Rochelle, donde llegaron el 31 de diciembre. Sufrieron mucho con estas grandes agitaciones, no s\u00f3lo por los mareos, sino tambi\u00e9n por otras incomodidades de la alimentaci\u00f3n y alojamiento. No habiendo hecho provisiones m\u00e1s que para Brest, adonde esperaban llegar en tres o cuatro d\u00edas, y no disponiendo de ropas, porque hab\u00edan cargado los fardos en una peque\u00f1a barca que iba al mismo lugar, se vieron desprovistos de todo lo necesario.<\/p>\n<p>Dos de estos buenos sacerdotes se hallaron tan cansados por esta primera navegaci\u00f3n, que se vieron obligados a quedarse en Francia para quedarse all\u00ed. Los cuatro restantes, entre los que se hallaba el Sr. Montmasson, tuvieron suficiente fuerza para continuar la ruta. Como el Sr. Montmasson hab\u00eda parecido una de los m\u00e1s animados, el Sr. Alm\u00e9ras crey\u00f3 conveniente felicitarle con una carta que le envi\u00f3, el 4 de febrero de 1665, a Brest, adonde deb\u00edan llegar de la Rochelle para embarcarse de nuevo.<\/p>\n<p>Hall\u00e1ndose las embarcaciones en situaci\u00f3n de partir de Brest, el Sr. Boussord\u00e9e y Montmasson, con el hermano Pierre Pomad\u00e9 abordaron el barco llamado <em>le Taureau; <\/em>\u00a0los Srs. Cuveron y Bourot hicieron las funciones de capellanes en los barcos restantes, y todos partieron con un viento favorable, en marzo de 1665.<\/p>\n<p>El domingo de Pasi\u00f3n, los Srs. Bourssord\u00e9e y Montmasson comenzaron la misi\u00f3n en el barco con gran fervor y edificaci\u00f3n. La predicaron con tal \u00e9xito que marinos y pasajeros endurecidos y alejados de los sacramentos desde hac\u00eda diez a\u00f1os, hicidron su confesi\u00f3n general y se pusieron en plan de celebrar sus pascuas. Los otros se\u00f1ores hicieron lo mismo en sus barcos para disponer a la tripulaci\u00f3n a celebrar bien el d\u00eda de Pascua y cumplir sus deberes de buenos cristianos.<\/p>\n<p>El jueves santo, el Sr. Boussord\u00e9e, estando cerca del cabo Verde, quiso bajar a tierra para tomar el aire y para preparar la Pasi\u00f3n que deb\u00eda predicar al d\u00eda siguiente. El hermano Pommade descendi\u00f3 tambi\u00e9n para blanquear la ropa. Se colocaron en la chalupa, que estaba cargada con cinco o seis barricas para llevar agua, y con ellos iban quince o diecis\u00e9is pasajeros y doce o catorce marineros. Apenas se hubieron distanciado\u00a0 un cuarto de legua del\u00a0 nav\u00edo, cuando una ola inund\u00f3 de agua la chalupa hasta la mitad, y no pudiendo vaciarla bastante pronto, por las barricas, sobrevino otra ola que la llen\u00f3 del todo y la hizo deslizarse hasta el fondo. El Sr. Boussord\u00e9e, el hermano Pomad\u00e9 y otros once pasajeros de su compa\u00f1\u00eda se ahogaron.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson sinti\u00f3 m\u00e1s vivamente que los otros la p\u00e9rdida que acababa de sufrir del Sr. Boussord\u00e9e; de vuelta al barco, debi\u00f3 continuar solo la misi\u00f3n que hab\u00edan comenzado juntos. Y Dios bendijo de tal manera la misi\u00f3n, que no se oy\u00f3 m\u00e1s un juramento que no fuera rigurosamente castigado, quedando establecido que quienquiera que se dejase\u00a0 llevar a jurar, recibir\u00eda de \u00e9l alg\u00fan castigo y que, si se negara a someterse, ser\u00eda castigado m\u00e1s rigurosamente por los oficiales del barco. El d\u00eda de Pascua, el Sr. Montmasson tuvo el consuelo de ver a todos los pasajeros y a la tripulaci\u00f3n venir a participar de las santa mesa.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo,\u00a0 los barcos donde estaban los Srs. Cuveron y Montmasson llegaron a Madagascar el d\u00eda de la fiesta de San Luis, 15 de agosto, del a\u00f1o 1665. El que llevaba al Sr. Bourot fue tan maltratado por el mal tiempo y tantas veces detenido por las querellas y las disensiones de sus pilotos y de sus oficiales, que se le dio por perdido; lleg\u00f3 no obstante el 8 de noviembre del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<h2>4. &#8211; Tareas apost\u00f3licas<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte del Sr. Nicolas \u00c9tienne, asesinado con el hermano Patte, por un grande del pa\u00eds, por odio a nuestra santa religi\u00f3n, cuya excelencia y santidad anunciaba tanto\u00a0 en sus dogmas como en su moral, el Sr. Mounier, que era el \u00fanico Misionero, sacerdote y superior de la misi\u00f3n de Madagascar, fue muy consolado por este nuevo refuerzo y este gran alivio que recib\u00eda. \u00c9l ocup\u00f3 primero al\u00a0 Sr. Montmasson y a sus compa\u00f1eros en el servicio de los franceses y en aprender la lengua de los naturales del pa\u00eds.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson lo aprendi\u00f3 con tal facilidad que el Sr. Bourot, escribiendo al Sr. Alm\u00e9ras sobre este asunto, le indica con admiraci\u00f3n que parece que el Sr. Momtmasson tenga un don particular de Dios para esta lengua. \u00abAl cabo de ocho meses m\u00e1s o menos ha comenzado, dice \u00e9l, a catequizar, y lo hace con tal inter\u00e9s para los negros que cuando le toca dar el catecismo, le llegan muchos. Pero este buen\u00a0 Sr. est\u00e1 muy d\u00e9bil y casi siempre enfermo\u00bb. El R. P. Eghier, dando a conocer al Sr. las enfermedades del Sr. Montmasson, le dec\u00eda: \u00abSus enfermedades son grandes y frecuentes, con convulsiones muy violentas; pero, cuando est\u00e1 bien, se entrega al silencio, a la regularidad m\u00e1s que cualquiera, y recomienda a los hermanos en particular esta regularidad a la regla\u00bb.<\/p>\n<p>Los Srs. Bourot y Cuveron, ya duchos en el conocimiento de la lengua malgache, ocuparon la plaza del Sr. Montmasson, y el Sr. Mounier, asoci\u00e1ndole a sus trabajos apost\u00f3licos, le tom\u00f3 como compa\u00f1ero de sus viajes. Durante los diez meses y m\u00e1s que trabaj\u00f3 con \u00e9l en la conversi\u00f3n de los infieles, le dio todo el consuelo que se deb\u00eda esperar de su celo. Despu\u00e9s de tantas fatigas, los Srs. Mounier y Montmasson ten\u00edam necesidad de reposo; de vuelta a Fort-Dauphin, el primero cay\u00f3 enfermo y condicido a la tumba en pocos d\u00edas. Al ver llegar la muerte, la mir\u00f3 como el t\u00e9rmino feliz de sus trabajos y se durmi\u00f3 pac\u00edficamente en el seno de su Dios.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras, informado de esta p\u00e9rdida,\u00a0 se apresur\u00f3 a repararla enviando a esta misi\u00f3n a los Srs. Roguet y Jourdieu. Llegaron felizmente a Madagascar y fueron recibidos como \u00e1ngeles de paz y de consolaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson no se hab\u00eda recuperado de las fatigas de su primera carrera, cuando deseaba comenzar la segunda, pero la llegada de estos cohermanos le procur\u00f3 tanto consuelo que pareci\u00f3 darle nuevas\u00a0 fuerzas. Los Srs. Bourot y Cuveron se convirtieron a su vez en los compa\u00f1eros del Sr. Montmasson; recorrieron con \u00e9l diferentes regiones de la isla. Los devins y los ombiasses, alarmados, se desataron contra ellos y, unidos a los grandes del pa\u00eds a quienes se hab\u00edan ganado y que adem\u00e1s ten\u00edan muchas quejas de los franceses, provocaron las pasiones de la multitud contra ellos y les hicieron una guerra\u00a0 a ultranza.<\/p>\n<p>Desde entonces los Misioneros, a la espera de coyunturas m\u00e1s favorables para retomar la evangelizaci\u00f3n, se restringieron a las funciones curiales de los franceses del Fort-Dauphin y de los dem\u00e1s dispersos en los alrededores: \u00e9stos, tambi\u00e9n dif\u00edciles de conducir por la v\u00eda de la salvaci\u00f3n como lo hab\u00edan sido los insulares, no hicieron m\u00e1s que a\u00f1adir a sus penas y a su dolor. Cristianos de nombre y llevando una vida loca y licenciosa, no respetaban a los ministros de los santos altares y hasta sin humanidad; los ve\u00edan con indiferencia que les faltaba lo necesario, cuan hubieran podido procur\u00e1rselo.<\/p>\n<p>No sorprende que bajo un clima devorador, no viviendo m\u00e1s que de privaciones, no teniendo m\u00e1s que agua mal como bebida, la salud de los Misioneros se viera a menudo alterada. El Sr. Montmasson tuvo mucho que sufrir, y poco tiempo despu\u00e9s de su llegada, el superior juzg\u00f3 conveniente enviarle con el Sr. Jourdi\u00e9 a la isla Bourbon para restablecerse; los numerosos enfermos de la colonia, que estaban all\u00ed, reclamaban adem\u00e1s la presencia de algunos Misioneros; no pas\u00f3 mucho tiempo y volvi\u00f3 al Fort-Dauphin.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, despu\u00e9s de trabajar seis a\u00f1os seguidos en esta penosa misi\u00f3n, abrumado de continuas debilidades, de contrariedades, de persecuciones de todas partes, incluso de parte de las personas de quienes deb\u00edan esperar m\u00e1s protecci\u00f3n, el Sr. Montmasson dio a conocer esta triste historia al Sr. Almeras.<\/p>\n<h2>5. &#8211; Memoria de los misioneros en Madagascar<\/h2>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras, a la recepci\u00f3n de la carta del Sr. Montmasson, que lleg\u00f3 a Par\u00eds a finales de noviembre de 1671, y de otras del Sr, Roguet y de los hermanos de Madagascar, deliber\u00f3 sobre su regreso, y como era preciso, para destruir este establecimiento, tener el consejo de los visitadores de las casas de la Congregaci\u00f3n, les escribi\u00f3, el mes de diciembre, para ped\u00edrselo.<\/p>\n<p>Los visitadores habiendo sido del parecer que hab\u00eda que llamar a nuestros Misioneros de Madagascar, el Sr. Alm\u00e9ras no pudo ejecutar esta resoluci\u00f3n, porque no se present\u00f3 por entonces embarque, y se muri\u00f3 el 2 de septiembre del a\u00f1o siguiente 1672. El mes de enero siguiente, el Sr. Jolly, que fue elegido su sucesor, escribi\u00f3 pronto para esta llamada; pero no recibiendo sus primeras cartas, los Srs. Roguet y Montmasson recibieron su duplicado del nav\u00edo llamado <em>la Dunkerquoise, <\/em>comandado por el Sr. Beauregard que lleg\u00f3 a la rada del fort Dauphin, en Madagascar, el 14 de enero de 1674. Enterados por este capit\u00e1n de que Su Majestad Cristian\u00edsima no volver\u00eda a enviar barcos a aquella isla, le rogaron\u00a0 que los llevara a un lugar donde pudieran encontrar a alguno de paso para Europa, a lo que accedi\u00f3. Pusieron a todas prisas en orden sus principales asuntos, de manera que estuvieron todos a bordo de su nav\u00edo, el 5 de marzo, con la mejor parte de sus efectos. Debiendo hacer rumbo al d\u00eda siguiente, se lo prohibi\u00f3 un temporal que se levant\u00f3 poco despu\u00e9s de hacerse a la mar, y fue a m\u00e1s de tal modo que, habiendo perdido ese d\u00eda las mejores anclas, y habi\u00e9ndoles aguantado la \u00faltima, a pesar de los esfuerzos de la tormenta, hasta el d\u00eda siguiente una o dos horas despu\u00e9s del mediod\u00eda, el nav\u00edo fue lanzado a la costa y hecho a\u00f1icos contra una roca; pero, por suerte, a mediod\u00eda. El capit\u00e1n hab\u00eda hecho dejar en tierra a la tripulaci\u00f3n, que se salv\u00f3. El poco orden en que se hizo el desembarque fue causa de que los misioneros no pudieran salvar m\u00e1s que muy poca cosa de lo que hab\u00edan embarcado. As\u00ed que fueron retenidos\u00a0 en esta isla desafortunada sin muebles, sin dinero, y desguarnecidos de las cosas m\u00e1s necesarias a la vida, Por suerte, hab\u00edan dejado trescientos o quinientos animales en su habitaci\u00f3n, que les aseguraron apenas\u00a0 subsistir hasta la llegada del nav\u00edo llamado <em>le Blanc-Pignon, <\/em>que apareci\u00f3 en la rada el 8 de agosto del mismo a\u00f1o 1674. Este nav\u00edo hab\u00eda recibido orden expresa de no tocar en la isla de Madagascar; pero se vio obligado a ello por las enfermedades\u00a0 de su tripulaci\u00f3n, y encontr\u00f3 su salvaci\u00f3n procur\u00e1ndosela a aquellos a los que Dios se la hab\u00eda destinado.<\/p>\n<p>El Sr. Baron, que era su capit\u00e1n, habiendo prometido trasportar a nuestros Misioneros y dem\u00e1s franceses a Mozambique, que pertenec\u00eda a los portugueses, donde deb\u00eda hallar f\u00e1cilmente embarcaciones para pasar a Europa, el Sr. Roguet fue, el 15 de agosto. A la habitaci\u00f3n donde se alojaban los hermanos Pilliers y Guillaume para deshacerse de lo que all\u00ed ten\u00edan.<\/p>\n<p>El domingo 26, dijo la santa misa y dio la comuni\u00f3n a estos buenos hermanos. El lunes 27, les dijo otra vez la santa misa por \u00faltima vez. De vuelta al fuerte Dauphin, que s\u00f3lo distaba tres leguas, se sinti\u00f3 apenado por dos de los m\u00e1s tristes accidentes; ya que se encontr\u00f3 con que hab\u00eda roto el cofre donde estaba el poco dinero que ten\u00edan y que les hab\u00edan robado y, en ese instante, vinieron a decirle que nuestro alojamiento, llamado San L\u00e1zaro, , hab\u00eda sido asaltado por los negros del pa\u00eds, que se hab\u00edan sublevado y hab\u00edan degollado a todos los habitantes de la regi\u00f3n de Anos, donde est\u00e1 situado el fuerte Dauphin. Los que escaparon de este bandidaje aseguraron que hab\u00edan visto al hermano Pilliers muerto a la puerta de nuestro alojamiento, atravesado de un disparo y el brazo derecho cortado en varias partes a golpes de azagaya y que, no descubriendo nada de nuestro hermano Guillaume Galle, cre\u00edan que hab\u00eda sido asesinado en la casa, a la que los negros hab\u00edan prendido fuego inmediatamente despu\u00e9s de este asesinato, y que, probablemente, hab\u00eda sido consumido. Esta horrible carnicer\u00eda acab\u00f3 de terminar a los franceses a salir pronto de un pa\u00eds b\u00e1rbaro que el rey no ten\u00eda ya bajo su protecci\u00f3n. Se embarcaron pues la noche del 9 al 10 de septiembre, tras haber prendido fuego al burgo, y al d\u00eda siguiente, entre las ocho y las nueve de la ma\u00f1ana, estando las cosas dispuestas en el nav\u00edo, se hicieron a la vela; hab\u00eda m\u00e1s de trescientas personas y solamente cuatro misioneros, a saber: el Sr. Roguet y el Sr. Montmasson y nuestros hermanos Jean Bougoin y G\u00e9rard Minser. Se hab\u00eda contado con hacer el trayecto de Madagascar a Mozambique en ocho o nueve horas y no se lleg\u00f3 hasta\u00a0 mucho antes en el mes de marzo, a causa del mal tiempo y de los vientos contrarios. Las enfermedades hab\u00edan entrado en el barco. Una gran parte de la tripulaci\u00f3n muri\u00f3. El hermano Jean Bourgoin fue atacado de una fiebre c\u00e1lida, que le atorment\u00f3 tan rudamente durante trece d\u00edas que se muri\u00f3, el 29 de noviembre, y fue arrojado al mar de Mozambique. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el hermano G\u00e9rard Minser fue atacado tambi\u00e9n de un fiebre violenta,\u00a0 de la que muri\u00f3 el mes de mayo de 1675, y fue enterrado en la tierra de \u00c1frica, donde el Sr. Roguet y el Sr. Montmasson ya hab\u00edan enterrado a varios m\u00e1s. Estos dos se\u00f1ores se quedaron solos de la Congregaci\u00f3n, y\u00a0 se vieron obligados a regresar a las Indias para encontrar alg\u00fan barco con destino a Europa.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson se qued\u00f3 en el barco <em>le Blanc-Pignon. <\/em>Despu\u00e9s de invernar cerca de tres meses, tanto en la costa de \u00c1frica como en Mozambique, favorables ya los vientos para el viaje de las Indias, esta embarcaci\u00f3n parti\u00f3, el 3 de julio, para Surate, adonde lleg\u00f3 en veinticinco o veintis\u00e9is d\u00edas, sin ning\u00fan accidente molesto. Los RR. PP. Capuchinos de este lugar le acogieron con mucha bondad y caridad, seg\u00fan su laudable costumbre de recibir en su casa a los sacerdotes y religiosos extranjeros. All\u00ed se qued\u00f3 varios meses, y all\u00ed fue tratado de una gran enfermedad con todo el cuidado y el \u00e9xito posibles. El Sr. Roguet parti\u00f3 de Mozambique el 20 de agosto en un nav\u00edo portugu\u00e9s que iba a Chaoul, ciudad de la costa de Malabar, distante de Surate unas ocho leguas, adonde lleg\u00f3 felizmente a finales de septiembre; y por \u00faltimo, el 19 de diciembre, lleg\u00f3 a Surate, despu\u00e9s de diez largas jornadas de navegaci\u00f3n muy penosa. Fue recibido en casa de los mismos Capuchinos y tratado, durante ocho d\u00edas, con la misma caridad que hab\u00edan tenido con el Sr. Montmasson, de lo que ambos quedaron tan edificados que se deshac\u00edan en alabanzas y admiraciones\u00a0 por la caridad de estos buenos Padres.<\/p>\n<h2>6.- Regreso a Francia. Los Inv\u00e1lidos. \u2013Versalles.<\/h2>\n<p>A finales de diciembre, tres nav\u00edos franceses hall\u00e1ndose en estado de partir, nuestros misionero s los abordaron, habiendo recibido de las manos del Sr. abate Sevin, sobrino de Mons. obispo de Cahors, llegado all\u00e1 por Persia para dirigirse a Siam,\u00a0 un triplicado de las cartas del Sr. Jolly para su llamada a Francia. Se hicieron a la vela el 1\u00ba de enero de 1676, y partieron de la rada de Surate con un viento favorable; Por \u00faltimo, despu\u00e9s de soportar muchos temporales y peligros, llegaron a Belle-Isle el 20 de junio; tras el descanso de ocho d\u00edas, partieron el 29 para Nantes, llegando la noche misma de ese d\u00eda. El 1\u00ba de julio se dirigieron por agua a Angers, adonde llegaron el 3, y descansaron en nuestra casa hasta el 13, que se encaminaron hacia le Mans, donde sus incomodidades los obligaron a descansar all\u00ed en nuestra casa, y no salieron hasta el 23 para Par\u00eds, y llegaron a San L\u00e1zaro el 27 de julio. Fueron recibidos como ap\u00f3stoles, hombres de Dios y grandes servidores de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que hab\u00edan sufrido tanto por su gloria y por la salud de las almas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres semanas o un mes de descanso, el Sr. Montmasson dese\u00f3 tener alg\u00fan empleo. As\u00ed el Sr. Jolly le envi\u00f3 el 20 de agosto a la Casa de los Inv\u00e1lidos, donde ha trabajado \u00fatilmente durante cinco o seis a\u00f1os en calidad de asistente de la casa; despu\u00e9s lo establecieron en Versalles, donde fue asistente bajo los Srs. Thibault y de Jouh\u00e9, hasta que le sacaron de all\u00ed para enviarle a Argel en calidad de Vicario apost\u00f3lico, para cuidar all\u00ed a los pobres esclavos cristianos. En estas dos casas, vivi\u00f3 con tanta regularidad,\u00a0 dulzura, modestia, piedad y ayuda, que fue un modelo de la vida com\u00fan m\u00e1s perfecta, siempre acompa\u00f1ada de los sacrificios m\u00e1s meritorios ante el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En Versalles sobre todo, donde el trabajo es grande, estaba siempre en movimiento principalmente en el tiempo de las enfermedades p\u00fablicas, exponi\u00e9ndose sin reserva, m\u00e1s que cualquier otro, a toda clase de peligros; el oficio de asistente que ejerci\u00f3 en esta casa hasta salir, le proporcion\u00f3 una infinidad de ocasiones de practicar esta virtud en relaci\u00f3n con los grandes y peque\u00f1os, con los de casa y con los extra\u00f1os; pero nada se le resist\u00eda.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n de los seminaristas, que fueron enviados all\u00ed en n\u00famero de seis, en 1681, pata atender la capilla del rey, fueron tambi\u00e9n un buena ocasi\u00f3n de caridad. Un Misionero ha escrito: \u00abComo las cosas no estaban no andaban por entonces tan reglamentadas como lo est\u00e1n ahora, y qie los seminaristas estaban continuamente con los se\u00f1ores mayores en el recreo, en los retiros, nosotros no gen\u00edamos m\u00e1s que a este buen se\u00f1or que nos sostuvo un poco en el esp\u00edritu del seminario y nos preservara de los peligros del mundo y de la disipaci\u00f3n de la Corte. Nos trataba como buen padre con dulzura, ternura, cordialidad, paciencia y bondad, sin embargo con toda la firmeza necesaria para llevarnos eficazmente a Dios. Escuchaba nuestras comunicaciones con un gran inter\u00e9s y nos daba nuestras peque\u00f1as pr\u00e1cticas muy proporcionadas a nuestras necesidades espirituales. Nos recib\u00eda en su cuarto con bondad todas las veces que \u00edbamos, y con un cierto tono de voz de hombre apost\u00f3lico, nos tranquilizaba en nuestros temores, hac\u00eda a veces una se\u00f1al de la cruz en la frente; otras, nos pon\u00eda la mano en la cabeza y nos dec\u00eda: \u2018Venga, mi querido hermano, ya me encargo yo de buena gana de ese pecado que tem\u00e9is; no es nada; vivid contento, id a divertiros\u2019. Lo que m\u00e1s admir\u00e1bamos en \u00e9l, era su gran regularidad, su dulzura, su modestia, su paciencia, su uni\u00f3n a Dios y la limpieza extraordinaria de su cuarto, que estaba siempre ordenado como un templo, <em>sicut similitudo templi<\/em>: estaba siempre tan limpio que hubiera costado encontrar en \u00e9l una paja o el menor polvo. Nuestro buen rey le admir\u00f3 y dijo: \u2018Eso es una celda bien limpia\u2019, cuando hizo la visita de la nueva casa que tuvo la bondad de mandar construir en Versalles. Estaba de ordinario en esta habitaci\u00f3n como en una iglesia, arrodillado y la cabeza descubierta, y no le encontr\u00e1bamos casi nunca en otra postura. Lo que nos impresionaba m\u00e1s todav\u00eda era su uni\u00f3n continua con Dios en la oraci\u00f3n y en el transcurso del d\u00eda, pues nunca perd\u00eda el recuerdo de su santa presencia, y se hallaba de ordinario en la disposici\u00f3n de recogimiento en que se encuentran los buenos sacerdotes antes o despu\u00e9s del santo sacrificio; por \u00faltimo ten\u00eda un talento particular para disipar nuestras preocupaciones, para quitarnos los escr\u00fapulos y consolarnos en nuestras peque\u00f1as aflicciones ni se cansaba de nuestras impertinencias\u00bb.<\/p>\n<h2>7. \u2014 Alger. \u2014 Vicario apost\u00f3lico<\/h2>\n<p>Entre tantos trabajos por el servicio de Nuestro Se\u00f1or y\u00a0 la salvaci\u00f3n de las almas fieles rescatadas con su sangre, conservaba siempre el deseo ardiente de sacrificar su vida en el servicio de los pobres esclavos de Argel. Desde que el Sr. Jolly le indicara que se hab\u00edan puesto los ojos en \u00e9l para reemplazar al Sr. Jean Le Vacher, que hab\u00eda sido colocado en la boca del ca\u00f1\u00f3n,\u00a0 recibi\u00f3 mucho consuelo por esta noticia y se le vio una alegr\u00eda muy extraordinaria, se hallaba entonces indispuesto; pero este anuncio le devolvi\u00f3 la salud..<\/p>\n<p>La paz se hab\u00eda concluido por el Sr. Tourville con la rep\u00fablica de Argel el 23 de abril de 1684. Muy pronto el Sr. Jolly,\u00a0 Superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, se ocup\u00f3 de designar a un Vicario apost\u00f3lico para esta misi\u00f3n. Todos los que conoc\u00edan al Sr. Montmasson, las gracias que el Se\u00f1or le hab\u00eda otorgado, el valor y la generosidad de lo que hab\u00eda dado tantas pruebas, le dec\u00edan con frecuencia que no deb\u00eda morir en la soledad, sino que le conven\u00eda un gran teatro donde tendr\u00eda la ocasi\u00f3n de llevar su cabeza al cadalso por la gloria de Nuestro Se\u00f1or; estas palabras prof\u00e9ticas parec\u00edan satisfacer a nuestro santo Misionero; no obstante, por yo no s\u00e9 qu\u00e9 presentimiento, experimentaba alguna repugnancia en ir a Argel, y ten\u00eda miedo sobre todo a pasar el mar. Por eso en esta perspectiva de la misi\u00f3n de Argel. Dec\u00eda que si fuera designado, preferir\u00eda atravesar a pie toda Francia y Espa\u00f1a para no tener m\u00e1s que el estrecho de Gibraltar que atravesar en una embarcaci\u00f3n; pero, cuando se le nombr\u00f3 para continuar la obra del Sr. Le Vacher, desaparecieron todas las repugnancias. El Sr. Jolly, deseando conocer si su inclinaci\u00f3n le llevaba hacia esta misi\u00f3n, le manifest\u00f3 un d\u00eda su sorpresa porque no se ofrec\u00eda para llenar el puesto que estaba vacante en Argel. El Sr, Montmasson se limit\u00f3 entonces a\u00a0 decirle que no experimentaba ni satisfacci\u00f3n ni repugnancia por este viaje, que estaba sin reservas en sus manos para todas las funciones en las que juzgara oportuno emplearle, y que, si le quer\u00eda en ese puesto, ir\u00eda en el nombre del Se\u00f1or y en esp\u00edritu de obediencia. El Sr. Superior acept\u00f3 la oferta que la v\u00edctima misma le hac\u00eda, y le rog\u00f3 que estuviera preparado para partir dentro de poco.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson fue propuesto a la\u00a0 Sagrada Congregaci\u00f3n de la Propaganda para realizar las funciones de Vicario apost\u00f3lico y sus provisiones llegaron a Par\u00eds, el 8 de enero de 1685; sin embargo no sali\u00f3 de San L\u00e1zaro con el hermano Jacques Leclerc, hasta el 13 de octubre del mismo a\u00f1o (-El hermano Jacques Leclerc hab\u00eda nacido\u00a0 el\u00a0\u00a0 de junio de 1658, en Gisors, di\u00f3cesis de Rouen; recibido en la Congregaci\u00f3n, en Par\u00eds, el 16 de julio de 1683).<\/p>\n<p>Luis XIV, que hab\u00eda llegado a conocer al Sr. Montmasson durante su estancia en Versalles, dese\u00f3 verle nada m\u00e1s saber que era designado para el vicariato de Argel. Convers\u00f3 con \u00e9l largo rato sobre su misi\u00f3n y sobre todo sobre Madagascar, le dijo que le contara los principales acontecimientos\u00a0 que hab\u00edan sucedido durante se estancia en esta isla, y se qued\u00f3 muy satisfecho al igual que edificado por el celo con el que se iba a exponer de nuevo al furor de una naci\u00f3n b\u00e1rbara e infiel, que acababa de tratar a su predecesor con tanta crueldad e inhumanidad. Su Majestad tuvo la bondad de a\u00f1adir que su partida ser\u00eda una gran p\u00e9rdida para la parroquia y para la Corte; pero que, cuando el bien p\u00fablico demandaba este sacrificio, \u00e9l no pod\u00eda oponerse a los designios del Se\u00f1or sobre \u00e9l. Le prometi\u00f3 para el dey de Argel una carta de recomendaci\u00f3n que mand\u00f3 expedir con la fecha del 13 de septiembre de 1685.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson, despu\u00e9s de cuatro meses de estancia en Marsella, se embarc\u00f3 para Argel, el\u00a0\u00a0 de febrero de 1686, en compa\u00f1\u00eda del hermano Jacques Leclerc y del hermano Fran\u00e7ois Francillon quien, despu\u00e9s del martirio del Sr. Le Vacher, hab\u00eda llegado a esta residencia.<\/p>\n<p>Llegado a Argel, el Sr. Montmasson fue conducido al dey por el int\u00e9rprete de la naci\u00f3n francesa seg\u00fan el uso,\u00a0 y le present\u00f3 la carta de Su Majestad Cristian\u00edsima, con el favor de la cual fue recibido muy cumplidamente. Luego hizo los presentes ordinarios de piezas de escarlata para el atuendo ordinario del dey, del escribano o secretario de estado, del aga o jefe de la milicia, y del pacha o gobernador de Argel para el Gran-Se\u00f1or, al que dedic\u00f3 tambi\u00e9n las visitas convenientes, haci\u00e9ndole presentes muy estimados en el pa\u00eds, como son relojes de pared y ordinarios de Inglaterra, que se\u00f1alan y suenan, y hermosos y grandes anteojos para cerca, que satisfacen su curiosidad, a causa de la necesidad que tienen para percibir de lejos las embarcaciones que hacen escala en Argel.<\/p>\n<p>Tras estos preliminares y ceremonias de entrada, se dedic\u00f3 ya a reconocer las necesidades de la Iglesia que le hab\u00eda sido confiada, la encontr\u00f3 en un triste estado, habiendo ca\u00eddo desde la muerte del Sr. Le Vacher, su predecesor, en manos de algunos mercedarios que la hab\u00edan cuidado muy poco. No ahorr\u00f3 ni fatigas ni desvelos para restablecerla a su antiguo esplendor desempe\u00f1ando por su parte los deberes de un bueno y fiel pastor.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 por publicar una orden al clero secular y regular del reino de Argel, de T\u00fanez y de Bicerta sometidos a su autoridad, traz\u00e1ndoles reglas de una sabia y edificante conducta, y sugiri\u00e9ndoles los mejores medios de hacerse \u00fatiles a los pobres esclavos cristianos, y hasta de trabajar\u00a0 por la salvaci\u00f3n de los herejes de diferentes sectas. En cuanto a los mahometanos, estaba prohibido bajo pena de muerte anunciarles el santo Evangelio, ni en secreto, ni en p\u00fablico. Si se aventuraban a hacerlo, se expon\u00edan imprudentemente a la muerte sin esperanza de ning\u00fan provecho, y la Santa Sede no aprobaba este celo. El ermita\u00f1o Pierre de la Concepci\u00f3n, espa\u00f1ol, fundador del hospital de los Pobres Esclavos, del que ha declarado por testamento administrador al C\u00f3nsul franc\u00e9s, habi\u00e9ndose atrevido a hacerlo, por la sola notoriedad y evidencia del hecho, sin otro procedimiento, fue quemado vivo;\u00a0 sus huesos fueron llevados a San L\u00e1zaro, poco despu\u00e9s de su suplicio, por el hermano Dubourdieu, cuando pas\u00f3 a Francia.<\/p>\n<p>La residencia ordinaria del Sr. Montmasson estaba en Argel, all\u00ed desempe\u00f1aba las funciones curiales en las mazmorras, es decir en los lugares en los que los pobres esclavos se retiran durante la noche y donde se los cierra todos los viernes, que es el d\u00eda de feposo para los turcos.<\/p>\n<p>Aparte de estas mazmorras, donde se ten\u00edan las funciones curiales, los Misioneros ten\u00edan en su casa una bonita capilla en la que se hac\u00edan todas las ceremionias acostumbradas en las iglesias m\u00e1s libres de la cristiandad. Se dec\u00eda la santa misa en esta capilla, y todos los cristianos libres pod\u00edan asistir. Se ten\u00edan las procesiones del Jueves santo y del Corpus Christi en el patio con plena libertad, y durante todo el curso del a\u00f1o se ten\u00eda la libertad de conformarse en todo a los ritos de la santa Iglesia romana, madre y maestra de todas las iglesias.<\/p>\n<p>Mientras que el Vicario apost\u00f3lico se ocupaba de restablecer la regularidad en su clero y asegurar la asistencia espiritual de los fieles, estaba igualmente preocupado en el alivio corporal de los pobres esclavos; aparte de las visitas frecuentes y de la acogida compasiva que\u00a0 les hac\u00eda siempre, les distribu\u00eda abundantes limosnas, hasta privarse de lo necesario. Supo sacar provecho de la benevolencia con la que le hab\u00edan distinguido algunas personas de la corte de Versalles y les transmiti\u00f3 varias veces s\u00faplicas a favor de su Iglesia sufriente.<\/p>\n<p>\u00abEstos d\u00edas pasados, escrib\u00eda, dos cristianos que se salvaron por tierra, y siendo apresados y llevados a las manos de sus patronos, los conden\u00f3 a ser cortados en trozos, o a darle al punto una suma de dinero. Todo cuanto pudieron hacer fue obtener el permiso de venir a buscarme para tener dicha suma. El miedo que ten\u00eda de que renegasen\u00a0 de la fe no me dej\u00f3 dudar en dar pronto satisfacci\u00f3n a su patr\u00f3n, que incluso quer\u00eda asar su carne y hac\u00e9rsela comer. Traigo este ejemplo porque es reciente; pues cosas as\u00ed suceden con harta frecuencia; es lo que hace que un n\u00famero tan grande hayan renunciado a la fe. Hace ya mucho tiempo sin embargo, gracias a Dios que no ha sucedido esto. Esto es, monse\u00f1or lo que producen vuestras limosnas, salv\u00e1is el cuerpo y el alma. Cu\u00e1ntas coronas os est\u00e1n preparadas en el cielo!\u00bb<\/p>\n<p>Las necesidades sin cesar en aumento de estos pobre desafortunados, la necesidad en que se hallaba de socorrer todos los d\u00edas a un mayor n\u00famero de esclavos a causa de las nuevas capturas que hac\u00edan los corsarios le llev\u00f3, el 17 de julio de ese mismo a\u00f1o, a hacer llegar estas quejas al mismo ministro: \u00abOs ruego, monse\u00f1or, me permit\u00e1is que con toda humildad, os pida algunas nuevas gracias. 1\u00ba Que teng\u00e1is a bien obtenerme del rey una limosna anual para los pobres esclavos. Las necesidades son tan grandes entre ellos, que s\u00f3lo los que est\u00e1n en los lugares lo puedan creer; Dios ser\u00e1 vuestra recompensa, yo no dejo de pedir todos los d\u00edas en la santa misa por la salud del rey, por la santificaci\u00f3n de su alma y por la vuestra.<\/p>\n<p>\u00ab2\u00ba Que os plazca conseguir de Su majestad un edicto por el que se proh\u00edba a todos los franceses que trafican en los reinos de Argel y de T\u00fanez (de los que estoy encargado en lo espiritual) que trabajen las fiestas y domingos sin necesidad y sin el permiso del vicario apost\u00f3lico o de aquellos a quienes \u00e9l comisione en todos los lugares de su jurisdicci\u00f3n, y ello bajo la pena que os parezca, aplicable a los m\u00e1s pobres esclavos\u00bb.<\/p>\n<p>De esta forma el Sr. Montmasson continu\u00f3 ocup\u00e1ndose de todo cuanto pod\u00eda interesar el honor de la religi\u00f3n y el alivio de los pobres cautivos hasta la aparici\u00f3n, en las aguas de Argel, de la flota del mariscal de Estr\u00e9es, a primeros de julio de 1688. Debi\u00f3 tambi\u00e9n incluir en estas funciones espirituales, durante alg\u00fan tiempo, la solicitud del Consulado durante el encarcelamiento del c\u00f3nsul Piole.<\/p>\n<h2>8. \u2014 Bombardeo de Alger. \u2014 Muerte del Sr. Montmasson.<\/h2>\n<p>Luis XIV, habiendo tenido numerosos motivos de descontento por parte de los argelinos, envi\u00f3 una flota a bombardear su ciudad. Los habitantes de argel, ante la noticia de la inminencia de la guerra, se apresuraron a llevar al campo todos sus efectos, de suerte que no qued\u00f3 m\u00e1s que muy poca gente en la ciudad con la milicia. El Sr. Montmasson, al ver a su ministro casi in\u00fatil, pues los esclavos hab\u00edan sido trasladados tambi\u00e9n, pidi\u00f3 igualmente permiso para transportar los muebles de la casa al campo. Mezzomorte, gobernador de Argel, se opuso a ello primero por odio contra el Vicario apost\u00f3lico, por haberse negado a recibir en su casa de Argel al pariente de un renegado franc\u00e9s, su cazenadar y su favorito, que se hab\u00eda escapado de la ciudadela de Marsella, donde hab\u00eda sido encerrado por malversaci\u00f3n de fondos reales. Sin embargo, por medio de algunos presentes, el Sr. Montmasson obtuvo del pacha que le consintiera salir de la ciudad. No tuvo mucho tiempo de descanso; despu\u00e9s de seis d\u00edas pasados en la residencia nueva, el 25 de junio, ante la identificaci\u00f3n que se dio de tres embarcaciones francesas, el pacha hizo volver a la ciudad al Vicario apost\u00f3lico con los dos hermanos, y poner los precintos en todos sus muebles.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente 26, todo el ej\u00e9rcito naval comandado por el mariscal de Estr\u00e9es, habi\u00e9ndose reunido en las aguas de Argel, el pacha envi\u00f3 a buscar al Sr. Montmasson y al hermano Jacques Leclerc y los hizo encerrar en la mazmorra del Beylic, donde se encontraban todos los esclavos cristianos pertenecientes al Divan. Dejaron tambi\u00e9n al hermano Fran\u00e7ois Francillon, que era muy conocido de los habitantes, para guardar la casa. El Sr. Momntmasson hab\u00eda tenido la precauci\u00f3n antes de su salida de Argelde poner el dinero que ten\u00eda en dep\u00f3sito en manos del P. Spiniosa, administrador del hospital.<\/p>\n<p>Llegado delante de Argel, hacia finales de junio de 1688, el mariscal de Estr\u00e9es se ocup\u00f3 de mandar colocar, cuando le dej\u00f3 el tiempo, las galeras con bombas y, el 26, nueve ocupaban su posici\u00f3n, sostenidas por nueve nav\u00edos. El 29, se llev\u00f3 a bordo del nav\u00edo almirante, <em>le Magnifique, <\/em>a dos esclavos, que se hab\u00edan salvado a nado; contaron que hab\u00eda en la ciudad tres partidos:\u00a0 el del dey que se hallaba en el campo delante de Otan, el de Mezzomorte pacha que estaba en la ciudad, y el de los indiferentes que no era favorable ni a uno ni al otro de los primeros y que quer\u00eda tal vez arruinarlos a los dos; que Mezzomorte se inclinaba por la paz, pero que hall\u00e1ndose vigilado por los amigos del dey que no la quer\u00eda, se acomodaba sus asentimientos, y amenazaba con bien claro con mandar colocar a los franceses en el ca\u00f1\u00f3n, si las bombas eran lanzadas a la ciudad.<\/p>\n<p>Este aviso determin\u00f3 al almirante a mandar llevar en una m\u00e1quina la que se conduc\u00eda casi hasta tierra, la declaraci\u00f3n siguiente atada a una plancha en un pergamino: \u00abEl mariscal d\u2019Estr\u00e9es, vice-almirante de Francia, virrey de Am\u00e9rica, comandando el ej\u00e9rcito naval del emperador de Francia, declara a las potencias y milicias del reino de Argel que si, en el curso de esta guerra, se ejecutan las mismas crueldades que han tenido lugar hasta ahora contra los s\u00fabditos del emperador su se\u00f1or, se ejecutar\u00e1n de la misma manera con los de Argel, comenzando por los m\u00e1s considerables que tiene bajo su poder, y que ha recibido orden de llevarse para este efecto con \u00e9l. Este 29 de junio de 1688\u00bb.<\/p>\n<p>El capit\u00e1n de un barco ingl\u00e9s, fondeado cerca de la ciudad, fue encargado de traerle la respuesta en el rev\u00e9s del escrito del almirante franc\u00e9s, con una carta del pacha para los turcos embarcados en los nav\u00edos y en las galeras. Mezzomorte dec\u00eda al mariscal: \u00abDec\u00eds que si nosotros ponemos a los cristianos en la boca del ca\u00f1\u00f3n, vos pondr\u00e9is a los nuestros en la bomba; bueno pues, si arroj\u00e1is bombas, nosotros pondremos al rey de los vuestros en el ca\u00f1\u00f3n; y si me dec\u00eds \u00bfQui\u00e9n es el rey? Es el consul. No es porque tenemos la guerra es porque arroj\u00e1is bombas. Si sois bastante fuertes, venid a tierra o tirad el ca\u00f1\u00f3n con los barcos\u00bb.<\/p>\n<p>El 6 de junio, el guardi\u00e1n Bachi, habiendo hecho pasar revista a todos los pobres prisioneros, comenz\u00f3 por nombrar a Piole, c\u00f3nsul franc\u00e9s, y a otros diez, a quienes mand\u00f3 se\u00f1alar para ser puestos los primeros en la boca del\u00a0 ca\u00f1\u00f3n. Luego llam\u00f3 al Sr. Montmasson, a quien se\u00f1al\u00f3 tambi\u00e9n como a los otros diez franceses, y as\u00ed a los otros, teniendo cada capit\u00e1n a diez franceses para ir en compa\u00f1\u00eda\u00a0 con \u00e9l a la muerte. Se los puso a todos en cadena, tambi\u00e9n al c\u00f3nsul; no se puso sin embargo al Sr. Montmasson, ni a los dos hermanos que estaban en su compa\u00f1\u00eda: se quedaron\u00a0 los dos en la mazmorra unos cuatro d\u00edas Mientras que el Sr. mariscal d\u2019Estr\u00e9es hac\u00eda los preparativos para bombardear la ciudad, el Sr. Montmasson por su parte hac\u00eda todos sus esfuerzos para preparar a estas pobres v\u00edctimas a la muerte: casi todos se acercaron a los sacramentos, el propio Sr. c\u00f3nsul comulg\u00f3 de su mano con los dos hermanos. El 1 de julio, desde las cinco de la ma\u00f1ana hasta las seis de la tarde, las bombas no dejaron de caer en la ciudad con un gran ruido y haciendo grandes da\u00f1os. Hacia las 2 de la ma\u00f1ana de ese d\u00eda, se traslad\u00f3 a los cristianos esclavos, destinados a la muerte, de la mazmorra del Beylic a un fonduc, que es una especie de parque alejado de la ciudad a un tiro de mosquete, donde se encerraban de ordinario toda clase de animales. Hacia las 11 de la misma ma\u00f1ana, el guardi\u00e1n del puerto vino a llevarse al c\u00f3nsul\u00a0 a la Marine, acompa\u00f1ado de otros cuatro franceses, de los que tres pasaron a la boca del ca\u00f1\u00f3n, quedando suspendidos por los pies, a la vista del c\u00f3nsul a quien colocaron con el cuarto en el lugar de donde se los hab\u00eda sacado. No se pueden expresar los insultos que dirigieron al c\u00f3nsul, despu\u00e9s de machacarle a bastonazos.<\/p>\n<p>El 2 de julio, el tiempo no permiti\u00f3 bombardear. Por la ma\u00f1ana del 3 de dicho mes se arrojaron bombas con gran estr\u00e9pito por todas partes; hacia las once de la ma\u00f1ana, el guardi\u00e1n del puerto vino a llevarse al c\u00f3nsul por segunda vez y a otros cuatro franceses con \u00e9l; Piole fue tan maltratado a bastonazos y navajazos que le daban por las calles, que expir\u00f3 antes de ser puesto en el ca\u00f1\u00f3n. Muri\u00f3 fiel a Dios y al rey; sus cuatro compa\u00f1eros fueron puestos en el ca\u00f1\u00f3n despu\u00e9s de \u00e9l.<\/p>\n<p>El 4 de julio, las bombas hicieron fuego como de ordinario, pero no se puso a nadie en el ca\u00f1\u00f3n. Los capitanes que se hab\u00edan quedado en el finduc con el Sr. Montmasson, advirtieron algo de\u00a0 tristeza en su rostro; ante eso les respondi\u00f3 que no se pod\u00eda impedir los primeros movimientos de la naturaleza. Le dijeron para consolarle que no deb\u00eda tener miedo, que el guardi\u00e1n Bachi hab\u00eda jurado salvarle, aunque debiera poner a otra persona en el ca\u00f1\u00f3n en su lugar revisti\u00e9ndole con su h\u00e1bito o con otro parecido; ante lo cual \u00e9l replic\u00f3 con coraje: \u00abNo quiera Dios que nadie muera para salvarme la vida, si hay que morir, yo estoy preparado\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Montmasson super\u00f3 todas las debilidades de la naturaleza por el poder de la gracia con el que Nuestro Se\u00f1or le fortaleci\u00f3. Desde la ma\u00f1ana siguiente, 5 de julio, el capit\u00e1n del puerto vino a buscarle, pidiendo al Papas franc\u00e9s; y, dirigi\u00e9ndose al Sr. Montmasson que se paseaba por el fonduc, rezando el rosario, le pregunt\u00f3 primero si no era franc\u00e9s; a lo que respondi\u00f3 que no, que era saboyano y enviado por el Papa de Roma; a lo cual el capit\u00e1n le dej\u00f3 por un momento buscando en el fonduc al papa franc\u00e9s. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s se vio llegar a un renegado del pacha acompa\u00f1ado de otros m\u00e1s, quien abordando al Sr. Montmasson le pregunt\u00f3 si \u00e9l no era el Vicario; le respondi\u00f3 que s\u00ed; entonces le dijo que era al que buscaba; se apoder\u00f3 de \u00e9l r\u00e1pido y de los otros cuatro franceses, para llevarlos a la boca del ca\u00f1\u00f3n. Fue aqu\u00ed donde el Vicario apost\u00f3lico necesit\u00f3 de toda la fe, de todo el valor y de toda la generosidad de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Cuando el Vicario apost\u00f3lico hubo llegado al lugar del suplicio lleg\u00f3 al lugar del suplicio, no le despacharon inmediatamente, le dejaron languidecer largo tiempo, y fue espectador del suplicio de los dem\u00e1s y de la crueldad con la que se los hab\u00eda tratado, antes de ser expuesto \u00e9l mismo a los \u00faltimos excesos de su furor que no ejercieron del todo a la vez, sino poco a poco y progresando. Una de estas malas personas le cort\u00f3 una oreja y la nariz, otra le revent\u00f3 un ojo y le dio un corte en la garganta.<\/p>\n<p>\u00abPero un hombre que sufre por Dios, como habla un Padre de la Iglesia, no mide los peligros; s\u00f3lo ve las coronas que le preparan: <em>Pericula non respicit martyr, coronas respicit. <\/em>No ve ya a los verdugos que le flagelan en la tierra, est\u00e1 todo absorto en la contemplaci\u00f3n de Dios y de sus \u00e1ngeles que le esperan en el cielo\u00bb. Tales eran las disposiciones del h\u00e9roe cristiano cuya vida estamos contando.<\/p>\n<p>Estos b\u00e1rbaros mismos se maravillaron de su gran valor, y de ese silencio admirable con el que soport\u00f3 tanta injuria, sin dar ninguna se\u00f1al de debilidad o de turbaci\u00f3n y sin proferir ninguna palabra de c\u00f3lera o de indignaci\u00f3n. Por \u00faltimo se le coloc\u00f3 en el ca\u00f1\u00f3n, el 5 de julio de 1688,\u00a0 despu\u00e9s de atar sus miembros en forma de cruz de san Andr\u00e9s, amigo y esposo de la Cruz: <em>O bona crux, tam diu desiderata, securus et gaudens venio ad te, suscip<\/em>e <em>me discipulum ejus qui pependit in te, magister meus Christus<\/em>. &#8211; <em>Vie ms<\/em>.; et <em>M\u00e9moires de la Congr. de la Mission.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.\u2014 Nacimiento. \u2014 Primeros a\u00f1os. \u2014 Ordenaciones. \u2014 Vicariato El Sr. Michel Montmasson naci\u00f3 en el pueblo de Montmasson, parroquia de Marcola, di\u00f3cesis de Ginebra, el 15 de enero de 1640. 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