{"id":46867,"date":"2011-08-09T03:00:03","date_gmt":"2011-08-09T01:00:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46867"},"modified":"2016-07-27T12:15:36","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:36","slug":"jean-le-vacher-1619-1683-parte-segunda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-le-vacher-1619-1683-parte-segunda\/","title":{"rendered":"Jean Le Vacher (1619-1683) (Parte segunda)"},"content":{"rendered":"<h2>XIV. \u2014 El Sr. Le Vacher vuelve al consulado<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles14.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-46868 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/Biografias-Pa%C3%BAles14.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Antes de su partida, el C\u00f3nsul devolvi\u00f3 los sellos al Sr. Le Vacher. \u00c9ste los rechaz\u00f3 en primer lugar, esperando ser expulsado a su vez; pero el bey no odiaba por el momento m\u00e1s que al Sr. Husson y, solicitado adem\u00e1s por los comerciantes, le otorg\u00f3 la investidura del consulado hasta que Luis XIV tuviera a bien darle un sucesor. Luis XIV quer\u00eda ante todo una reparaci\u00f3n. Escribi\u00f3 al Gran Se\u00f1or para quejarse de la injuria que el bey de T\u00fanez le hab\u00eda hecho en la persona de su c\u00f3nsul. Las negociaciones se prolongaron y no se lleg\u00f3 a nada. El Sr. Le Vacher conserv\u00f3 as\u00ed el consulado diez a\u00f1os, y a su cargo de Misionero debi\u00f3 a\u00f1adir el de C\u00f3nsul de T\u00fanez. La primera hubiera bastado para abrumarle; ya que, desde hac\u00eda algunos a\u00f1os, se hab\u00eda complicado considerablemente.<\/p>\n<h2>XV.\u2014 Vicario apost\u00f3lico<\/h2>\n<p>En 1651 1652, hab\u00eda sido nombrado Vicario apost\u00f3lico de T\u00fanez. En esta calidad, aprobaba a todos los sacerdotes de esta ciudad, libres o esclavos, mientras que su hermano Philippe ejerc\u00eda los mismos derechos en Argel; daba a los simples fieles todos los permisos, todas las dispensas de matrimonio o las dem\u00e1s, todas las absoluciones reservadas; ten\u00eda derecho y deber de inspecci\u00f3n y de visita cuasi episcopal en toda la extensi\u00f3n de su jurisdicci\u00f3n, y pod\u00eda incluso conferir en ella el sacramento de la confirmaci\u00f3n, era el p\u00e1rroco o sacerdote propio de todos los cat\u00f3licos y el superior particular de la casa de los Misioneros.<\/p>\n<h2>XVI. \u2014 Apostolado con los sacerdotes y los religiosos cautivos.<\/h2>\n<p>Su primera atenci\u00f3n se dirigi\u00f3 a los sacerdotes y religiosos esclavos. Escogi\u00f3 a algunos de los de su casa, bajo su responsabilidad y les busc\u00f3 el vestido y el vivir; cuando no pod\u00eda soportar los cargos, al menos para librarlos de sus rudos y viles trabajos, pagaba a sus patrones la luna, es decir la tasa mensual, y los aprobaba para el servicio en las mazmorras. Los laicos esclavos le ayudaban ellos mismos a pagar esta contribuci\u00f3n con el fin de honrar a los ministros de Dios, y devolverles la libertad de oraci\u00f3n y de sus funciones espirituales. Pero ay, esta libertad los condujo a menudo al desorden y al esc\u00e1ndalo. M\u00e1s libres, en efecto, en el seno de la esclavitud que bajo los ojos de sus superiores religiosos o eclesi\u00e1sticos, ca\u00edan en un libertinaje tal, que los cristianos se desanimaban, que muchos incluso perdieron la fe, y se pasaron al islamismo. Por otro lado, los turcos triunfaban\u00a0 con estos des\u00f3rdenes, cuando ellos no estaban obligados a condenar a las cadenas a tal malhechor sacerdote cuyo desenfreno los espantaba a ellos mismos.<\/p>\n<p>Era hora de parar una licencia as\u00ed, odiosa en todas partes, fatal a la fe en esta tierra musulmana, y fue uno de los m\u00e1s importantes servicios que el Sr. Le Vacher y sucesores prestaron a la religi\u00f3n en estas regiones; en esto no ten\u00edan m\u00e1s que seguir las sabias instrucciones de san Vicente.<\/p>\n<p>El ejemplo de las virtudes apost\u00f3licas del Sr. Jean Le Vacher fue primero para estos sacerdotes y religiosos culpables una predicaci\u00f3n que los dispuso favorablemente; luego entr\u00f3 en relaci\u00f3n directa con ellos, les habl\u00f3 con la fuerza y la unci\u00f3n que hab\u00eda aprendido de san Vicente, hizo sabias ordenanzas que public\u00f3 en el nombre y por autoridad de la Santa Sede, hasta us\u00f3 a veces contra los m\u00e1s obstinados, pero con discreci\u00f3n y prudencia, censuras eclesi\u00e1sticas, y con este temperamento de severidad y de dulzura, logr\u00f3 establecer entre ellos la santa disciplina. Los ministros de Dios no fueron ya para los infieles una ocasi\u00f3n de blasfemar su santo nombre ni para los cristianos una piedra de esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<h2>XVII. \u2014 Apostolado en las macer\u00edas<\/h2>\n<p>Para conocer el mal y las necesidades m\u00e1s apremiantes, visitaba las mazmorras, recorr\u00eda las macer\u00edas o granjas de campo: las de la Cantara, de la Couromvaille, de la Tabourne, de la Gaudienne o de los Sept-Ruisseaux, de la Morlochia, y muchas m\u00e1s le ve\u00edan venir por turno. Distancias de diez y doce leguas que andar a pie, por un desierto \u00e1rido, montes que no parec\u00edan accesibles m\u00e1s que a los leones, y sobre los que estas granjas estaban a veces situadas como nidos de \u00e1guilas, un sol brillante, nada espantaba ni deten\u00eda su celo y su intrepidez. Qu\u00e9 necesidad, en efecto,\u00a0 no ten\u00edan de sus auxilios unos pobres que, excluidos la mayor parte de su vida del comercio de las ciudades, estaban privados desde hac\u00eda quince o veinte a\u00f1os de los divinos misterios, y a veces, lejos de toda predicaci\u00f3n y de todo culto, hab\u00edan perdido hasta el sentido religioso. Con algo de dinero entregado a los patronos o a los guardianes de los esclavos, compraba el permiso de reunirlos, de instruirlos, de consolarlos, de volverlos a la fe o de confirmarlos en ella. Acabada la misi\u00f3n adornaba lo m\u00e1s decente posible uno de sus establos, les dec\u00eda la santa misa, daba la comuni\u00f3n, empleaba lo que le quedaba de dinero en el \u00e1gape final y en limosnas hechas a los m\u00e1s necesitados; luego todos se abrazaban y si no volv\u00edan a verse m\u00e1s, se daban cita en el cielo.<\/p>\n<p>En ciertas ocasiones, no se comprende que haya podido con toda la tarea. Habi\u00e9ndose llevado una peste a todos los sacerdotes esclavos, se multiplic\u00f3 para decir el domingo tantas misas como mazmorras hab\u00eda, confes\u00f3 a los esclavos y a los mercaderes asustados, de suerte que de medianoche a la una de la tarde estuvo siempre en el altar o en el confesionario.\u00a0\u00a0 Fue \u00e9l quien estableci\u00f3 la costumbre tan conmovedora de reunir en la casa consular dos veces al a\u00f1o, en Navidad y en Pascua. [626] en una comida celebrada en com\u00fan, a todos los franceses esclavos. Esos d\u00edas al menos, estos infortunados se olvidaban de su triste condici\u00f3n en una tierra extranjera.<\/p>\n<p>En algunas circunstancias, se dedic\u00f3 eficazmente al intercambio de los esclavos contra los moros detenidos en Francia. Nos limitaremos al hecho siguiente. Un piloto de Provenza habiendo apresado a algunos turcos en el mar, los condujo a Marsella, donde fueron encerrados en prisiones. Entre ellos se hallaba un criado del bey de T\u00fanez, al\u00a0 que \u00e9l prefer\u00eda. El bey testigo del ascendiente que el Sr. Le Vacher hab\u00eda sabido captarse sobre todos los que se relacionaban con \u00e9l, no dud\u00f3 que si se empleaba en la liberaci\u00f3n de su criado, se le conceder\u00eda la libertad. Llam\u00f3 al Misionero y le rog\u00f3 que interviniera con sus buenos tratos, prometi\u00e9ndole en cambio muchos j\u00f3venes esclavos cristianos. Una propuesta m\u00e1s agradable no pod\u00eda hacerse a este digno sacerdote, y prometi\u00f3 al bey traerle al que reclamaba. Sin tardar m\u00e1s, escribi\u00f3 al Sr. Alm\u00e9ras, entonces superior general de la Congregaci\u00f3n, quien, feliz de secundar la caridad de su digno hijo, transmiti\u00f3 al superior de Marsella el aviso de comprar otro esclavo que pudiera sustituir en las galeras de Francia al dom\u00e9stico del bey. El Sr. Le Vacher, al entregar a su criado al bey, obtuvo en compensaci\u00f3n varios j\u00f3venes pertenecientes casi todos a familias muy estimables.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os de ambos sexos, como m\u00e1s expuestos a ser pervertidos por las promesas, las solicitaciones, los malos tratos de los turcos, fueron constantemente el objeto de una solicitud especial por su parte; se entregaba con un celo apost\u00f3lico a su pronta liberaci\u00f3n, solicitando el rescate a sus padres, y aplic\u00e1ndoles las limosnas que recib\u00eda de Francia, junto con una gran parte de cuanto estaba a su disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro objeto de su solicitud, en T\u00fanez y sobre todo en sus excursiones, era el bautizo de los ni\u00f1os en peligro de muerte; a este efecto ten\u00eda costumbre de llevar siempre consigo una peque\u00f1a botella llena de agua.<\/p>\n<p>Vicario apost\u00f3lico y Misionero, el Sr. Le Vacher no se olvidaba que se deb\u00eda a todos los esclavos cristianos, sin distinci\u00f3n de rango y de fortuna. Sin embargo, abraz\u00e1ndolos a todos en su caridad, sab\u00eda conciliar su deber con las consideraciones que merecen ciertas infortunadas excepcionales; de ah\u00ed, las atenciones y los procedimientos de los que ech\u00f3 mano respecto de varios nobles cautivos, entre otros frente a los Srs. de Tonerre, de Romilly, de Coulombi\u00e8res, de Ranz\u00e9, de Martin y otros gentilhombres franceses, caballeros de Malta, en n\u00famero de siete, sorprendidos por corsarios, a su regreso a la isla de Malta de un viaje que acababan de hacer.<\/p>\n<h2>XVIII. \u2014 Limosnas y buenas obras<\/h2>\n<p>No se puede explicar c\u00f3mo el Sr. Le Vacher, con los flacos auxilios que recib\u00eda de Francia (1.500 fr.) y las escasas rentas que le procuraba el consulado (2.000 a 3.000 libras) pod\u00eda ser suficiente para sus buenas obras y a las cargas inherentes a su posici\u00f3n. No ser\u00e1 in\u00fatil\u00a0 recordar las principales aqu\u00ed: limosnas individuales y colectivas a los esclavos; rescate frecuente de cautivos o complemento de su rescate; adelantos hechos para su liberaci\u00f3n sobre promesas de una liquidaci\u00f3n, sin efecto con bastante frecuencia; gastos de\u00a0 viajes\u00a0 emprendidos para el inter\u00e9s espiritual de los cautivos; presentes\u00a0 a sus patronos para tener libre acceso a estos desdichados; afrentas de toda clase experimentadas por parte de los turcos, y del gobierno del pa\u00eds; gratificaciones en met\u00e1lico y en natural, ofertas para obtener la protecci\u00f3n de sus encomendados y lograr la justicia que les era debida; presentes obligados a la entrada en cargo de los principales miembros del Div\u00e1n; gastos de canciller\u00eda, de representaci\u00f3n y de recepciones; socorros de toda especie entregados a los sacerdotes y a los religiosos cautivos. Los gastos del Sr. Le Vacher no se quedaron ah\u00ed. Al conocer la posici\u00f3n comprometida en que se hallaban su hermano Philippe y el hermano Barreau, en Argelia, se impuso el sacrificio de 1 200 escudos para socorrerlos. De ah\u00ed, la necesidad en que se vio de recurrir muchas veces a bolsas extranjeras mediante empr\u00e9stitos; pero tuvo el consuelo, antes de dejar el puesto, no s\u00f3lo de hacer frente a todas estas obligaciones con sus econom\u00edas la sabidur\u00eda que presid\u00eda toda su conducta, sino tambi\u00e9n de llevar a Francia\u00a0 a varios cautivos rescatados con sus gastos.<\/p>\n<h2>XIX.\u2014 Tratado con T\u00fanez.\u2014 Dificultades.\u2014 P\u00e9rdida del consulado<\/h2>\n<p>La negociaci\u00f3n abierta por el se\u00f1or de Bricard, con motivo de los esclavos e interrumpida por la muerte de Agi-Mohamed, fue recuperada, en 1665, bajo su sucesor Agi-Mustapha. Si bien el nuevo bey se asustaba por los \u00e9xitos del duque de Beaufort que acababa de vencer a la flota argelina a la vista de T\u00fanez, las bases del tratado pasaron por muchas dificultades, sobre todo en la cuesti\u00f3n de la liberaci\u00f3n de los esclavos. El Sr. Le Vecher sirvi\u00f3 de mediador entre el bey y el duque de Beaufort.<\/p>\n<p>Una nota, hallada en nuestros archivos, sobre el tratado, nos dice que el Sr. Jean Le Vacher \u00abtuvo el arte de sufrir durante esta negociaci\u00f3n, en la que trabaj\u00f3 mucho, fue preso y encadenado, milagrosamente liberado\u00bb.<\/p>\n<p>Fue en el curso de esta negociaci\u00f3n cuando el se\u00f1or Demollin, gentilhombre de la reina, encargado por la corte de Francia de llevar la ratificaci\u00f3n del tratado de paz, declar\u00f3 al Sr. Le Vacher que, por las \u00f3rdenes formales del misnistro, designaba para reemplazarle al se\u00f1or Durand. El buen sacerdote no continu\u00f3 por eso menos, leemos en su vida que fue escrita poico despu\u00e9s de su muerte, tener para el representante del rey todas las se\u00f1ales de deferencia que le demostraba anteriormente. No se le vio el menor\u00a0 resentimiento, ni siquiera la m\u00e1s ligera frialdad; al contrario, le asisti\u00f3 con sus consejos con respeto y cordialidad, dici\u00e9ndole con afabilidad y modestia lo que deb\u00eda hacer\u00a0 y el modo de tratar con los turcos. Por \u00faltimo, con su destreza y su acierto, le sac\u00f3 m\u00e1s de una vez de grandes peligros. De esta manera se despoj\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de un consulado que la Sra. duquesa de Aiguillon le hab\u00eda comprado a fin de procurar a los Misioneros m\u00e1s medios de socorrer a los pobres esclavos cristianos, sin que el precio se haya devuelto jam\u00e1s.<\/p>\n<h2>XX.\u2014 Regreso a Francia. \u2014 San-L\u00e1zaro<\/h2>\n<p>Antes de dirigirse a Marsella adonde le llamaba el Superior general, el Sr. Le Vacher, para no dejar sin socorro a los pobres esclavos, objeto de su solicitud constante, rescat\u00f3 a dos capuchinos para el servicio de las mazmorras\u00a0\u00a0 \u2013Los capuchinos hab\u00edan sido establecidos en 1638 en la isla de Tabarque para el servicio de la familia Cam\u00e9lin\u00e9e y despedidos\u00a0 en 1651. En 1666, el Sr. Le Vacher ocup\u00f3 el lugar de los Padres capuchinos. Fue en 1672 cuando la Sagrada Congregaci\u00f3n de la Propaganda los estableci\u00f3 en T\u00fanez con el t\u00edtulo de misioneros apost\u00f3licos. En 1683, lograron un prefecto apost\u00f3lico de su orden.-con las limosnas cuya libre disposici\u00f3n \u00e9l ten\u00eda y con el dinero que le pertenec\u00eda, liber\u00f3 tambi\u00e9n a cantidad de esclavos, hombres y ni\u00f1os a los que conduc\u00eda a Francia, como leemos en el relato del Sr. Dupuich, superior de la casa de Marsella. Dej\u00f3 tambi\u00e9n algunos auxilios a los esclavos de las mazmorras y a algunas personas de quienes sab\u00eda que se encontraban en necesidad. No conocemos el d\u00eda de su partida de T\u00fanez: sabemos nada m\u00e1s que no tard\u00f3 en conformarse a las \u00f3rdenes del Sr. Alm\u00e9ras y que lleg\u00f3 a Marsella el 6 de agosto de 1666. Pero se comprende mejor de lo que se pudiera decir lo que le cost\u00f3 a su coraz\u00f3n separarse de sus queridos maestros a los que quer\u00eda tiernamente, y a quienes hab\u00eda prodigado, durante cerca de veinte a\u00f1os, los desvelos m\u00e1s asiduos, en medio de las m\u00e1s rudas [630] pruebas, sin cesar renacientes. Estos queridos cautivos, que hab\u00edan apreciado tanto su tierna compasi\u00f3n y sentido los efectos de su caridad, se quedaron inconsolables en su partida. Dirigieron al Se\u00f1or las oraciones m\u00e1s fervientes por el pronto regreso de su padre, como lo hab\u00edan hecho cuando hab\u00edan sido amenazados de verle irse por la peste; esta vez, su bienhechor, su amigo,, su padre, les fue quitado para siempre.<\/p>\n<p>La noticia de su pr\u00f3xima llegada a Par\u00eds produjo en San L\u00e1zaro una viva emoci\u00f3n; todos los Misioneros se ten\u00edan por dichosos por estar a punto de ver a este hombre que acababa de pasar cerca de veinte a\u00f1os en las funciones m\u00e1s penosas del apostolado, y en medio de las mayores dificultades. El Sr. Le Vacher se present\u00f3 en San L\u00e1zaro como lo que hab\u00eda sido en T\u00fanez, <em>el hombre de Dios siempre dispuesto a toda clase de buenas obras, <\/em>listo para servir de modelo por la regularidad a los m\u00e1s fervientes Misioneros.<\/p>\n<p>No se habr\u00e1 encontrado raro que en raz\u00f3n de sus largas fatigas, se hubiera permitido, al menos en los primeros d\u00edas de su estancia en San L\u00e1zaro, algunas peque\u00f1as suavidades; nada de eso. Desde su entrada en la casa y hasta su salida,\u00a0 procur\u00f3\u00a0 no tomarse ninguna libertad por poco contraria a esta uniformidad que tan poderosamente contribuye al buen esp\u00edritu de una comunidad; tan s\u00f3lo, con la autorizaci\u00f3n de su superior, continu\u00f3 las pr\u00e1cticas de mortificaci\u00f3n cuya costumbre hab\u00eda contra\u00eddo en Berber\u00eda.<\/p>\n<h2>XXI. \u2014 Argelia<\/h2>\n<p>Este celoso misionero no pod\u00eda estar mucho tiempo en la soledad de San L\u00e1zaro. Las necesidades imperiosas de la Iglesia de Argel reclamaban a un hombre de una experiencia consumada, de una prudencia rara y de una caridad sin l\u00edmites; la divina Providencia parec\u00eda haberlo preparado en la persona del Sr. Jean Le Vacher. Aparte de su hermano, el Sr. Philippe Le Vacher, obligado por los asuntos de su misi\u00f3n a volver a Francia en 1667, y que hab\u00eda pasado cerca de nueve a\u00f1os en esta misi\u00f3n, todos los dem\u00e1s sacerdotes de la Misi\u00f3n , sacrificados en algunos meses por la peste, no hab\u00edan podido organizar casi nada; y desde la muerte del Sr. Huguier, en abril de 1663, el estado de hostilidad\u00a0 de la regencia de Argel con Francia no permit\u00eda al Sr. Alm\u00e9ras enviar a un sacerdote all\u00ed, Aunque la paz se hubiera concluido el 26 de mayo de 1666, exist\u00eda a\u00fan tanta incertidumbre sobre su mantenimiento que la prudencia obligaba a diferir por alg\u00fan tiempo la partida del Misionero.<\/p>\n<p>Hasta comienzos de 1668 no recibi\u00f3 el Sr. Jean Le Vacher del superior general de la Misi\u00f3n\u00a0 la orden de dirigirse a su nuevo puesto. A varios cohermanos,\u00a0 que le preguntaban si no sent\u00eda pena al volver entre esos b\u00e1rbaros, respondi\u00f3: Si viera por un lado el camino del cielo abierto y que to tuviese permiso de ir, y por otro el de Argel, tomar\u00eda m\u00e1s bien este \u00faltimo por la caridad que yo s\u00e9 que hay por ejercitar, entre estos infieles, hacia los pobres esclavos, siendo como cierto que es incluso el camino m\u00e1s seguro de ir al cielo\u00bb.<\/p>\n<p>Llegado a Toulon, al comienzo de mayo de 1668, el Sr. Le Vacher se embarc\u00f3, el 12, en el nav\u00edo del caballero de Tourville, que fonde\u00f3 en el puerto de Arge, a la vista del ca\u00f1\u00f3n de esta ciudad, el 23 del mismo mes.<\/p>\n<p>\u00abTan pronto como hubieron fondeado, escrib\u00eda el 9 de junio al Sr. Alm\u00e9ras, se envi\u00f3 la chalupa del barco a avisar al guarda de puerto, y nuestro hermano Dubourdieu que desempe\u00f1aba las funciones de c\u00f3nsul, de nuestra llegada, a fin de que uno y otro previniesen al pacha y a Agi Aga, jefe del Divan, y mandasen que, cuando nuestro nav\u00edo saludara a la ciudad con cinco ca\u00f1onazos, las fortalezas respondieran con tres disparos; lo que fue ejecutado, al d\u00eda siguiente de ma\u00f1ana, de esta manera, con un desagrado sensible del c\u00f3nsul ingl\u00e9s y de todos los mercaderes de esa naci\u00f3n que residen en esta ciudad. El jueves, nuestro hermano Dubourdieu habiendo llegado al barco con su int\u00e9rprete y el guarda puerto, se hizo acercar el barco a la ciudad y, despu\u00e9s de echar el ancla, saludado a la ciudad con cinco ca\u00f1onazos, la cual me respondi\u00f3 con tres, desembarqu\u00e9, acompa\u00f1ado de algunos oficiales del nav\u00edo, de nuestro hermano Dubourdieu y de su int\u00e9rprete. Una vez llegados a la ciudad, nos presentamos a ver al Agi Aga en el Divan, donde se hallaba con la mayor parte de sus oficiales, luego fuimos a visitar al Pacha, quien nos recibi\u00f3, nos invit\u00f3 a caf\u00e9 y sorbete, que es el manjar delicioso de los turcos; de all\u00ed nos dirigimos a la residencia donde v\u00ed a un buen religioso de la Merced, llamado Padre Audoir,\u00a0 -Este Padre, e1 18 de julio de 1666, hab\u00eda escrito al Sr. Alm\u00e9ras a prop\u00f3sito del Sr. Le Vacher.-\u00a0 que viv\u00eda desde hac\u00eda varios a\u00f1os con nuestro hermano Dubourdieu\u00bb.<\/p>\n<h2>XXII. \u2014 Vicario apost\u00f3lico de Argelia y T\u00fanez<\/h2>\n<p>El Sr. Le Vacher lleg\u00f3 a Argel con los t\u00edtulos de Vicario general de Cartago y de Vicario apost\u00f3lico de Argel y de T\u00fanez; los vemos mencionados en el mandamiento enviado a esta \u00faltima ciudad para el jubileo de 1677. Fue el primero cuya jurisdicci\u00f3n se extendi\u00f3 a las regencias de Argel y de T\u00fanez. Desde 1668, hasta finales del siglo dieciocho, el Superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n en Argel fue Vicario apost\u00f3lico de las dos regencias, y en esta calidad puesto bajo la protecci\u00f3n del rey de Francia.<\/p>\n<p>Cuando la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no tuvo ya miembros m\u00e1s que en Argel, el Misionero Vicario Apost\u00f3lico estableci\u00f3 un Pro-Vicario. As\u00ed en T\u00fanez, en 1676, el Sr. Jean Le Vacher nombr\u00f3 su Vicario al reverendo Padre Cris\u00f3stomo, de G\u00e9nova, capuchino, que hab\u00eda sido encargado por la Propaganda de la misi\u00f3n de T\u00fanez, a condici\u00f3n de recibir los poderes, como a su compa\u00f1ero, del Vicario apost\u00f3lico de Argel; esto se practic\u00f3 hasta el a\u00f1o 1705, en que la Sagrada Congregaci\u00f3n de la Propaganda otorg\u00f3 inmediatamente las facultades. Los capuchinos no tardaron en prevalecerse para sustraerse a la autoridad del Vicario apost\u00f3lico de Argel; por cierto, que fueron acusados en Roma; pero no se dej\u00f3 de otorgar los poderes que les eran necesarios, y no se ve que en lo sucesivo hayan vuelto a la pr\u00e1ctica anterior.<\/p>\n<h2>XXIII. \u2014 Apostolado con los sacerdotes.<\/h2>\n<p>La triste posici\u00f3n de los sacerdotes seculares y regulares fij\u00f3 en un principio la atenci\u00f3n del Vicario apost\u00f3lico, desde su entrada en Argel. Lleno de celo por el honor del sacerdocio, pens\u00f3 (9 de febrero de 1670) en interesar, a favor de los sacerdotes esclavos, a los eclesi\u00e1sticos miembros de la Conferencia de los martes de San L\u00e1zaro, persuadido que la exposici\u00f3n a sus miserias\u00a0 los llevar\u00eda a hacerles llegar alg\u00fan auxilio.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s que el Sr. Le Vacher pon\u00eda en los eclesi\u00e1sticos, su bondad en a cogerlos, la dulzura de su procedimientos le conciliaban por su parte el afecto y la confianza m\u00e1s completa; de manera que, habi\u00e9ndolos aliviado corporalmente, le resultaba m\u00e1s f\u00e1cil llevarlos a esta regularidad de vida que se tiene derecho a esperar de los ministros de Dios tres veces santo, y sin la que el nombre de Dios, como se expresa un profeta, es blasfemado con demasiada frecuencia entre las naciones. Les hizo aceptar un reglamento que contribuy\u00f3 poderosamente a renovarlos en el esp\u00edritu de su santa vocaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>XXIV. \u2014 Apostolado entre los esclavos<\/h2>\n<p>Proveyendo a los templos materiales del Se\u00f1or de todo lo que era necesario al ejercicio decente del culto divino, y llamando a los eclesi\u00e1sticos a la santidad de vida, el Vicario Apost\u00f3lico estaba lejos de descuidar a los pobres esclavos cristianos; ve\u00eda en ellos\u00a0 a miembros sufrientes de su divino Maestro, y se hac\u00eda el servidor de todos, para ganarlos a todos a Jesucristo. Todo lo que ten\u00eda estaba a su disposici\u00f3n; les sacrificaba su tiempo, sus recursos, sus fuerzas, su vida entera; su casa estaba siempre abierta a todo el mundo. Los pobres eran bienvenidos en ella; y, cuanto m\u00e1s desdichados eran, m\u00e1s tambi\u00e9n era objeto de su benevolencia y de su ternura, tratando de despedirlos contentos y fortalecidos; no habr\u00eda podido sufrir que un pobre se hubiera marchado sin recibir un alivio a su miseria. Por la noche, reconfortaba con una distribuci\u00f3n de pan y de vino a los que estaban abrumados por el cansancio en los trabajos excesivos a los que se los somet\u00eda. Esta sola distribuci\u00f3n cotidiana, hecha a numerosos necesitados, representaba, al fin de a\u00f1o, una suma muy considerable.<\/p>\n<p>Cuando las galeras iban de recorrido, lo que suced\u00eda con frecuencia, daba a los pobres esclavos biscuits, queso y otros v\u00edveres, porque los patronos de las barcas no les daban alimento ninguno los dos o tres primeros d\u00edas que segu\u00edan a su salida del puerto; a menudo tuvo tambi\u00e9n que darles en un d\u00eda las cosas m\u00e1s indispensables para la vida, a doscientas o trescientas personas. Era sobre todo en el periodo de la peste, tan frecuente en Berber\u00eda, cuando su tierna solicitud por los pobres enfermos redoblaba el cuidado y la previsi\u00f3n. Cuando la plaga comenzaba a manifestarse, alquilaba, como lo hab\u00eda hecho en T\u00fanez, una casa o dos, que amueblaba con todo lo que era necesario para recibir a los esclavos qu estaban infectados. Le sucedi\u00f3 recibir a herejes, y \u00e9stos, impresionados por su misericordiosa caridad, se mostraron a menudo d\u00f3ciles a la voz de la gracia y volvieron al seno de la Iglesia. Un\u00eda a esta ambulancia a un sacerdote celoso, a un cirujano y a un cristiano esclavo para servirlos. En los a\u00f1os en que no encontraba casa para alquilar para los apestados, establec\u00eda, como ocurri\u00f3 en 1682, en su casa un dispensario, donde ven\u00edan a cuidarse los pobres atacados de contagio. Para atender a tantas miserias, las rentas de la casa y del consulado andaban lejos de ser suficientes, y menos cuando el Sr. Le Vacher se hallaba frecuentemente en la necesidad de hacer rescates para sustraer a la apostas\u00eda y al libertinaje de los turcos a ni\u00f1os, mujeres y hasta hombres. Recurr\u00eda entonces a las Damas de la Caridad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Pagando constante y generosamente con su persona en los tiempos de la peste, el Vicario apost\u00f3lico cay\u00f3 muchas veces v\u00edctima de la plaga, y en los primeros tiempos de su estancia en Argel tuvo las piernas muy inflamadas y cubiertas de \u00falceras. Su amor al sufrimiento, que le hac\u00eda parecerse m\u00e1s a su divino Maestro, le hizo prohibir al c\u00f3nsul avisar a su superior de estas debilidades y de las dificultades que pon\u00edan en el ejercicio de sus funciones. El hermano Dubourdieu, d\u00f3cil a las indicaciones del Sr.Le Vacher, no dijo nada a Par\u00eds, sino que se limit\u00f3\u00a0 a avisar al superior de la casa de Marsella; no obstante, al cabo de alg\u00fan tiempo, le entraron remordimientos por su silencio respecto del Superior general, y se lo cont\u00f3 al Sr Alm\u00e9ras.<\/p>\n<p>Testigos de una entrega tan absoluta en todo lo que les interesaba, los pobres cautivos se esforzaban por su parte en corresponder\u00a0 a los cuidados caritativos del Vicario apost\u00f3lico, aprovechando los medios de santificaci\u00f3n que se les ofrec\u00edan tan liberalmente. Era en efecto un gran consuelo para el pastor ver la facilidad con que estos esclavos se entregaban a las instrucciones, frecuentaban los sacramentos y apreciaban el favor de o\u00edr con frecuencia la santa misa. Otro motivo de alegr\u00eda bien dulce para el vicario apost\u00f3lico, era\u00a0 el regreso a la verdadera fe de sus hermanos extraviados.<\/p>\n<p>La Cofrad\u00eda del Monte Carmelo fue establecida en la mazmorra de la Aduana, el 24 de marzo de1672 La de Saint-Roch., en la mazmorra del Serebin\u00a0 (Chilibi), el 31 de agosto de 1679. La de las almas del purgatorio se encontraba en la mazmorra del Serebin; fue aprobada el 2\u00ba de febrero de 1683, el a\u00f1o mismo del martirio del Sr. Le Vacher. La finalidad de esta asociaci\u00f3n era procurar alivio a las almas de los esclavos fallecidos en Berber\u00eda. Los cohermanos deb\u00edan hacer la santa comuni\u00f3n una vez al mes y en las principales fiestas. El d\u00eda delos Muertos, hab\u00eda misa mayor y serm\u00f3n. Sublime comercio entre los cautivos de la Iglesia militante y de la Iglesia sufriente, aspirando a la com\u00fan libertad de los hijos de Dios. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, la Cofrad\u00eda del Sagrado coraz\u00f3n fue erigida por una bulla de Benedicto XIV y establecida en todas las prisiones, como m\u00e1s apropiada que las otras a la posici\u00f3n de los esclavos, ya que los ejercicios propios de esta asociaci\u00f3n ten\u00edan lugar el viernes, el \u00fanico d\u00eda libre que ten\u00edan los cautivos.<\/p>\n<h2>XXV. \u2014 El consulado de Argel<\/h2>\n<p>La organizaci\u00f3n de esta pobre iglesia de Argel, los cuidados incesantes dados a los eclesi\u00e1sticos y a los esclavos, la direcci\u00f3n de las iglesias de T\u00fanez, de Sal\u00e9, de Tr\u00edpoli, no fueron solamente el objeto de la solicitud del Sr. Le Vacher; estaba tambi\u00e9n en el Consejo del C\u00f3nsul; y, en esta calidad hubo de ocuparse de un gran n\u00famero de asuntos civiles y comerciales que el defecto de entente entre los gobiernos de Francia y de Argel hac\u00edan m\u00e1s delicados de tratar todav\u00eda. A pesar de estas dificultades, el Sr. Le Vacher supo siempre imprimir al hermano\u00a0 Dubourdieu una direcci\u00f3n que, salvaguardando el honor y los intereses de Francia, le concili\u00f3 la estima y la confianza de las Potencias de Argel hasta el momento en que \u00e9stas, cediendo a un capricho desconsiderado le forzaron a retirarse a los barcos franceses en estaci\u00f3n en el puerto. El Dey y el Divan quisieron reparar la injusticia de sus procederes; era demasiado tarde. Las potencias echaron de menos siempre al hermano Dubourdieu formulando\u00a0 instancias, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, para verle de nuevo representar a Francia.<\/p>\n<h2>XXVI. \u2014 Bombardeo de Argel<\/h2>\n<p>Luis XIV, por entonces en el apogeo de su gloria, resolvi\u00f3 atacar a los argelinos con el fin de asegurar la libertad del comercio. La flota apareci\u00f3 ante esta ciudad hacia finales de agosto de 1682.<\/p>\n<p>Cediendo a los rumores y a la exasperaci\u00f3n de la multitud, el dey mand\u00f3 enarbolar la bandera blanca en la terraza de su palacio\u00a0 y envi\u00f3, el 4 por la tarde, al Sr. Le Vacher, Vicario apost\u00f3lico, c\u00f3nsul de Francia, a hacer propuestas de arreglo. Duquesne al saber que el c\u00f3nsul ven\u00eda para tratar de la paz, se neg\u00f3 a o\u00edrle y mand\u00f3 decir a los corsarios que le acompa\u00f1aban que si ten\u00edan alguna propuesta que someterle, deb\u00edan presentarse ellos mismos a bordo. Entonces el sr. Le Vacher le pidi\u00f3 que suspendiera al menos un bombardeo que hund\u00eda la ciudad en la consternaci\u00f3n; m\u00e1s de cincuenta casas hab\u00edan sido derribadas, se contaba ya con quinientos muertos. Duquesne no crey\u00f3 tener que cesar un ataque cuyos primeros resultados hab\u00edan sido tan afortunados, y a la noche siguiente sus galeotas ocuparon sus puestos. Esta vez, se lanzaron bombas al puerto, para destruir los nav\u00edos que encerraba.<\/p>\n<p>Pero hall\u00e1ndose avanzada la estaci\u00f3n y el mal tiempo amenazando cada vez m\u00e1s, Duquesne emprendi\u00f3 la ruta Toulon.<\/p>\n<p>El 20 de junio del a\u00f1o siguiente, Duquesne reapareci\u00f3 ante Argel. El 28 de junio, el bombardeo volvi\u00f3 a empezar. Un gran n\u00famero de mujeres desoladas fueron a ver al pacha, al dey y a los principales oficiales. La milicia y la poblaci\u00f3n se sublevaron contra Baba-Hassein y todos gritaron que hab\u00eda que pedir la paz al general de la flota del emperador de Francia. Se mand\u00f3 salir en una chalupa, con pabell\u00f3n blanco a un elegido, amigo particular de Baba-Hassein, y a un int\u00e9rprete, y obligaron al Sr. Le Vacher a acompa\u00f1arlos. Llegaron sobre las nueve de la ma\u00f1ana a bordo del nav\u00edo almirante. El marqu\u00e9s Duquesne les mando decir que no abordaran y que si ten\u00edan algo que decir que fueran a popa de su nav\u00edo y que se les hablar\u00eda desde la galer\u00eda. All\u00ed fueron y el Sr. Le Vacher dijo que era un enviado de Baba.Hassein,\u00a0 del Divan y de la milicia de Argel, que desear\u00edan hablar al general. Les pregunt\u00f3 qu\u00e9 quer\u00edan. El Deputado respondi\u00f3 que ven\u00eda para pedir la paz y para saber en qu\u00e9 condiciones la quer\u00eda otorgar. Duquesne, que sab\u00eda por una larga experiencia con qu\u00e9 poca fidelidad se comunican al Divan las respuestas molestas por sus deputados y sus int\u00e9rpretes, no quiso responder m\u00e1s que por escrito, y exigi\u00f3, ante todo, la libertad de todos los esclavos. Declar\u00f3 al int\u00e9rprete que no quer\u00eda otra respuesta sino la ejecuci\u00f3n\u00a0 de lo que ped\u00eda, sin lo cual no hab\u00eda paz que esperar.<\/p>\n<p>Dos horas despu\u00e9s, regres\u00f3 el deputado con el pabell\u00f3n blanco y trajo una carta del Sr. Le Vacher. Pero el marqu\u00e9s Duquesne no quiso recibirla y le respondi\u00f3 que pod\u00eda volverse ya que se trataba de ejecutar lo que le hab\u00eda sido declarado por escrito, y no de capitular.<\/p>\n<p>El mismo deputado volvi\u00f3 tambi\u00e9n hacia las siete de la tarde y suplic\u00f3 a Duquesne, de parte de Baba-Hassein y del Div\u00e1n, que no dejara caer bombas la noche siguiente; a\u00f1adi\u00f3 que se reun\u00eda a los esclavos franceses dispersos por varios lugares, para situarlos entre al alcance de los que ser\u00edan enviados para recibirlos. El marqu\u00e9s no acept\u00f3 esta condici\u00f3n, y el deputado debi\u00f3 prometerle que ser\u00edan tra\u00eddos\u00a0 al d\u00eda siguiente antes de mediod\u00eda. El marqu\u00e9s declar\u00f3 entonces que no lanzar\u00eda bombas la noche siguiente y, a petici\u00f3n del deputado, mand\u00f3 tirar un ca\u00f1onazo para hac\u00e9rselo saber a los de Argel.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente 29, los turcos trajeron ciento cuarenta y un esclavos a la hora que hab\u00edan prometido; el mismo deputado los acompa\u00f1aba y dio seguridad de que se reun\u00eda a todos los dem\u00e1s esclavos franceses y a todos los que hab\u00edan sido hechos prisioneros bajo la bandera de Francia, para enviarlos sin demora. Pidi\u00f3, de parte de Baba-Hassein, la libertad de los Reys y de los Argelinos que hab\u00edan sido presos en el buque que el caballero de Lh\u00e9ry hab\u00eda capturado en su ruta.<\/p>\n<p>El 30, trajeron a ciento veinticuatro esclavos m\u00e1s, y el 1\u00ba de julio a ciento cincuenta y dos. El deputado hizo nuevas instancias en el nombre de Baba-Hassein, para obtener al menos la libertad de los Reys; el marqu\u00e9s se la concedi\u00f3 al fin, declar\u00e1ndole que los soltaba en consideraci\u00f3n de Baba-Hassein a quien quer\u00eda hacer este presente sin consecuencia. En los primeros d\u00edas de julio, hubo entrega de rehenes rec\u00edprocos.<\/p>\n<p>El Sr. Le Vacher fue llamado por el dey a llevar a los rehenes; Duquesne recibi\u00f3 sin ninguna de las ceremonias debidas a sus funciones al c\u00f3nsul quien, no pudiendo sostenerse de pie, no tuvo otro asiento que la culata de un ca\u00f1\u00f3n; Duquesne ardi\u00f3 en c\u00f3lera hasta decirle: \u00abSois m\u00e1s turco que cristiano. \u2013Soy sacerdote\u00bb, respondi\u00f3 sencillamente el Sr. Le Vacher. El Misionero era sacerdote, es cierto, pero era tambi\u00e9n c\u00f3nsul, y Duquesne, aunque protestante, habr\u00eda debido tener m\u00e1s consideraciones para el representante del Rey. Una vez que el Sr. Le Vacher hubiera sido maltratado de esa guisa por el jefe, los oficiales, a su ejemplo, no se lo perdonaron.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes, los argelinos continuaron llevando a otros esclavos hasta nueve. No quedaba ya ning\u00fan esclavo franc\u00e9s en Argel; el n\u00famero de los esclavos liberados llegaba a quinientos cuarenta y seis. La paz parec\u00eda pues algo seguro, ya que la quer\u00edan una parte y otra; no se trataba ya m\u00e1s que de entenderse sobre los art\u00edculos del tratado. Sin embargo se llegaba a una ruptura clamorosa, y la guerra, por un instante suspendida, iba a volver a empezar con un furor nuevo.<\/p>\n<h2>XXVII. \u2014 Muerte del Sr. Le Vacher<\/h2>\n<p>El pueblo, tan ardiente por la paz cuando las bombas amenazaban la ciudad, se olvid\u00f3 pronto de todos sus terrores y, furioso al ver que le hab\u00edan quitado a sus esclavos sin darle siquiera la esperanza de una indemnizaci\u00f3n, pareci\u00f3 muy dispuesto a alzarse para la guerra, como acababa de hacerlo para la paz. Esta disposici\u00f3n puso a Baba-Hassein en un gran apuro por motivo de las 500 000 libras que Duquesne reclamaba, como compensaci\u00f3n de arresto realizado de sus compatriotas. Despu\u00e9s de varias conversaciones, que no llegaron a ning\u00fan resultado por la imposibilidad en que se hallaba Baba-Hassein de lograr convencer a la milicia en la indemnizaci\u00f3n, el almirante Mezzomorte, a quien el bey hab\u00eda liberado como reh\u00e9n, y que quer\u00eda a todo precio salir de la posici\u00f3n en que se hallaba, convenci\u00f3 a Duquesne para que le dejara ir a tierra. \u00abEn una hora, le dijo, yo har\u00e9 m\u00e1s que Baba-Hassein en quince d\u00edas. Duquesne, no comprendiendo el doble sentido de sus palabras, le concedi\u00f3 el favor que ped\u00eda. En el momento en que abandonaba el buque franc\u00e9s, toc\u00f3 la mano del almirante, prometi\u00e9ndole pronto sus noticias. Apenas de regreso a la ciudad, se fue a los caf\u00e9s, recorri\u00f3 los grupos de los Gen\u00edzaros, reanim\u00f3 su descontento y sopl\u00f3 por todas partes el fuego de la revuelta. Los Gen\u00edzaros se dividieron pronto en peque\u00f1os grupos por la ciudad, y por la noche a las diez, Baba-Hassein, que volv\u00eda a casa, ca\u00eda herido de cuatro disparos. Mezzomorte fue elegido con un\u00e1nime votaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Duquesne, creyendo todav\u00eda en las disposiciones favorables de Mezzomorte, le envi\u00f3 cumplidos y, a petici\u00f3n suya, tambi\u00e9n las condiciones de la paz.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas pasaron sin que el almirante franc\u00e9s recibiera respuesta, seguro entonces de que\u00a0 no hab\u00eda nada que esperar de las negociaciones, iz\u00f3 de nuevo el pabell\u00f3n rojo, lo que acompa\u00f1\u00f3 con dos ca\u00f1onazos con bala; los argelinos respondieron con un n\u00famero de disparos parecido y a su vez izaron el pabell\u00f3n de guerra. Al enviar al reh\u00e9n franc\u00e9s, Mezzomorte le declar\u00f3 que, si se continuaba bombardeando, mandar\u00eda poner en la boca del ca\u00f1\u00f3n a todos los franceses que se encontraban en Argel. Esta nueva apertura de las hostilidades al poder dar a la guerra un car\u00e1cter de encarnizamiento que no hab\u00eda tenido, Duquesne juzg\u00f3 prudente poner al abrigo de todo peligro a la poblaci\u00f3n que ocupaba los establecimientos de la Calle; envi\u00f3 pues all\u00ed cuatro galeras, que regresaron poco despu\u00e9s, cargadas de cuatrocientas veinte personas.<\/p>\n<p>La noche que sigui\u00f3 a esta declaraci\u00f3n de guerra, Duquesne mand\u00f3 volver al ataque, y fue con nuevo vigor: independientemente de las bombas ordinarias, orden\u00f3 esta vez lanzar sobre la ciudad carcasas incendiarias. Los morteros fueron servidos con la mayor actividad, y cada noche, se tiraban hasta trescientas bombas; pronto incluso, haciendo gala de una osad\u00eda extrema, los franceses acordelaron de d\u00eda\u00a0 la mitad de las galiotas bajo el ca\u00f1\u00f3n del enemigo y, tirando sin parar, no dejaron ning\u00fan descanso a los infieles. Les hicieron de esta manera experimentar p\u00e9rdidas tanto m\u00e1s crueles porque la poblaci\u00f3n, que se retiraba por la noche al campo, volv\u00eda por la ma\u00f1ana a la ciudad. Por su parte los cordarios continuaban dirigiendo sobre las galiotas un fuego de los m\u00e1s vivos, pero que causaba poco da\u00f1o.<\/p>\n<p>Sin embargo los corsarios adquir\u00edan un poco de experiencia; por la noche, encend\u00edan fuegos que serv\u00edan para dirigir sus tiros, y en cada ataque, los franceses experimentaban algunas p\u00e9rdidas en oficiales y en soldados. Pero pronto los medios ordinarios de defensa no les bastaron ya a los argelinos. Dejando por fin estallar este furor y esta barbarie, que pareci\u00f3 formar siempre el fondo de su car\u00e1cter, dieron a la guerra un rostro nuevo. Un renegado ingl\u00e9s viendo ropa que se pon\u00eda a secar en la plataforma de la casa del c\u00f3nsul, le denunci\u00f3 enseguida a Mezzomorte\u00a0 como dando una se\u00f1al al ej\u00e9rcito del Rey para tirar las bombas el dey mand\u00f3 al punto que fueran a prenderle y que le pusieran en la boca de un ca\u00f1\u00f3n, feliz de satisfacer as\u00ed una animosidad que guardaba desde hac\u00eda mucho tiempo contra el Vicario apost\u00f3lico. La ocasi\u00f3n de este rencor nos fue revelada por una carta que el Sr. Montmasson escribi\u00f3 de Argel, el 20 de octubre de 1686, a la hermana Mathurine Gu\u00e9rin, Superiora de las Hijas de la Caridad. Mezzomorte, en una de sus excursiones, antes de la guerra, hab\u00eda tomado a un joven de Mallorca de una gran belleza, y quiso abusar de ella varias veces a la fuerza; el Sr. Le Vacher, que se enter\u00f3 en secreto, traslad\u00e1ndose al momento a la casa de Baba-Hassein, entonces yerno del dey, le present\u00f3 sus quejas contra Mezzomorte. \u00c9ste recibi\u00f3 tal reprimenda que no quiso perdonar nunca esta denuncia al Sr. Le Vacher y, una vez que lleg\u00f3 a ser dey, aprovech\u00f3 enseguida la ocasi\u00f3n de hacerle experimentar todo su resentimiento. La orden dada de llevar al Sr. Le Vacher fue ejecutada en el mismo instante y su casa entregada al pillaje; pero como el c\u00f3nsul no pod\u00eda caminar, se le puso a hombros de un portador y le transportaron as\u00ed a la casa del bey (otro relato dice que fue llevado en su silla); no hall\u00e1ndolo, estos enloquecidos, conociendo las intenciones de su amo, condujeron, dice un escritor del tiempo, a esta v\u00edctima inocente a la muerte, que ellos quer\u00edan hacer sufrir sin ninguna formalidad; pues habi\u00e9ndole llevado al malec\u00f3n, de espaldas al mar, le pusieron en la boca de un ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abNo morir\u00e1s, le dijo el comandante del pelot\u00f3n, si quieres enarbolar el turbante. \u2013Gu\u00e1rdate el turbante, le replic\u00f3 el generoso Misionero, y que perezca contigo; s\u00e1bete que soy cristiano y que un papa como yo, no teme a la muerte. Aborrezco la falsa ley de Mahoma y no reconozco m\u00e1s que la religi\u00f3n cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana, la \u00fanica verdadera, de la que hago profesi\u00f3n y por cuya \u00a0defensa estoy preparado a derramar hasta la \u00faltima gota de mi sangre\u00bb. Como los turcos le ten\u00edan\u00a0 por hombre de piedad de una dulzura y de una caridad sin igual, ninguno de ellos quiso dar fuego al ca\u00f1\u00f3n. Un momento tan precioso no le fue in\u00fatil, aprovech\u00f3 para unirse m\u00e1s a su Se\u00f1or y a su Dios por actos de fe, de esperanza y de caridad, deseando de buena gana la disoluci\u00f3n de su cuerpo para entregar su alma en manos de su Creador. Como hab\u00eda varios jud\u00edos presentes en este triste espect\u00e1culo, quisieron forzarles a encender la mecha: todos se negaron constantemente. Un desdichado renegado m\u00e1s cruel que todos los dem\u00e1s se encarg\u00f3 de la ejecuci\u00f3n, y le dio fuego; pero en ese instante mismo, se le paraliz\u00f3 el brazo como castigo de la justicia divina; ; nunca volvi\u00f3 a usarlo y se convirti\u00f3 en f\u00e1bula y burla de todos estos b\u00e1rbaros. El ca\u00f1\u00f3n revent\u00f3 y ya no ha vuelto a estar en servicio. Le he visto, este ca\u00f1\u00f3n, dice el Sr. Poissant en sus Memorias, es una gruesa y larga culebrina, todav\u00eda est\u00e1 cerca del puerto. Un tel\u00f3n de alquitr\u00e1n, aplicado a la llama y atado por debajo, oculta a los ignorantes el revent\u00f3n y el porqu\u00e9. Una vez disparado, se vio salir del agua donde cayeron las partes del cuerpo del Sr. Le Vacher una columna de fuego que se elev\u00f3 en el aire, permiti\u00e9ndolo a s\u00ed Dios para glorificar a su servidor\u00bb. Los restos de su cuerpo y de sus h\u00e1bitos fueron recogidos por cristianos que los conservaron como preciosas reliquias; hubo incluso turcos que quisieron hacer lo mismo, para recordar al hombre cuyas virtudes y rara prudencia los hab\u00edan impresionado en su vida.<\/p>\n<p>As\u00ed vol\u00f3, el 1\u00ba de julio de 1683, al se\u00f1o del Se\u00f1or esta alma generosa y tan bienhechora, despu\u00e9s de pasar treinta y seis a\u00f1os aliviando a los pobres cristianos esclavos de T\u00fanez y de Argel, y cerca de veinte a\u00f1os en sostener el honor de su Rey, a quien representaba en esta tierra b\u00e1rbara. \u2013<em>Vida ms.; y Memorias de la Congr<\/em>. <em>de la Misi\u00f3n, Argelia<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XIV. \u2014 El Sr. Le Vacher vuelve al consulado Antes de su partida, el C\u00f3nsul devolvi\u00f3 los sellos al Sr. Le Vacher. \u00c9ste los rechaz\u00f3 en primer lugar, esperando ser expulsado a su vez; pero &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-le-vacher-1619-1683-parte-segunda\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[168,152,143,116],"class_list":["post-46867","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-argel","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-san-lazaro","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Jean Le Vacher (1619-1683) (Parte segunda) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/jean-le-vacher-1619-1683-parte-segunda\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Jean Le Vacher (1619-1683) (Parte segunda) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"XIV. \u2014 El Sr. Le Vacher vuelve al consulado Antes de su partida, el C\u00f3nsul devolvi\u00f3 los sellos al Sr. Le Vacher. \u00c9ste los rechaz\u00f3 en primer lugar, esperando ser expulsado a su vez; pero ... 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GLEICES, sacerdote de la misi\u00f3n, al Sr. FIAT, Superior general. Archivos del consulado de Juan Le-Vacher, encontrados en T\u00fanez. \u2014Aras con\u00adsagradas por el Sr. Le-Vacher. \u2014 Lugar del cautiverio de San Vicente en T\u00fanez. 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