{"id":46846,"date":"2011-08-05T09:10:05","date_gmt":"2011-08-05T07:10:05","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46846"},"modified":"2016-07-27T12:15:38","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:38","slug":"claude-de-luchet-1612-1688","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/claude-de-luchet-1612-1688\/","title":{"rendered":"Claude de Luchet (1612-1688)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40565\" title=\"bios_cm\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm-232x300.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El Sr Claude de Luchet naci\u00f3 en una tierra de la di\u00f3cesis de Saintes llamada Chay, de padres nobles. Su padre se llamaba Fran\u00e7ois de Luchet y su madre Cclaudia Dubois. Naci\u00f3 en el mes de mayo de 1612 y fue bautizado el 6 de ese mes, ya de edad, estudi\u00f3 un poco; pero se fue muy pronto a la guerra, a la edad de trece a\u00f1os tan s\u00f3lo y se hac\u00eda llamar \u00bb\u00a0el Se\u00f1or de San Sulpicio\u00bb. Fue a Flandes, donde permaneci\u00f3 un a\u00f1o con las tropas al servicio de su Rey; luego queriendo regresar a Francia, se embarc\u00f3 en un nav\u00edo extranjero, que de flandes se dirig\u00eda a su pa\u00eds. Le entr\u00f3 un mareo tal que le era imposible retener el menor alimento en el est\u00f3mago. Obligado a quedarse en su cabina, la falta de aire le resultaba insoportable; si trataba de arrastrarse hasta el puente, sus v\u00f3mitos aumentaban; la mayor parte de los pasajeros se quejaban de \u00e9l, y \u00e9l no encontraba compasi\u00f3n en nade, ya que estos pasajeros eran casi todos herejes sin caridad. Hab\u00edan llegado hasta el punto que quer\u00edan desembarazarse de \u00e9l arroj\u00e1ndole al mar. Su aversi\u00f3n contra Francia y la religi\u00f3n cat\u00f3lica les hab\u00eda inspirado esta crueldad y hecho tomar esta resoluci\u00f3n tan b\u00e1rbara. Un compa\u00f1ero y amigo del joven de Luchet, habiendo sabido de esta conspiraci\u00f3n vino a dec\u00edrselo. El pobre muchacho se asust\u00f3 ante esta noticia tan terrible y tan inesperada; se acord\u00f3 entonces de haber o\u00eddo hablar varias veces de la asistencia que la sant\u00edsima virgen\u00a0 da a los que\u00a0 recurren a ella, hizo un voto de ir en peregrinaci\u00f3n a la iglesia de Saumur, que le est\u00e1 dedicada. Cosa admirable, apenas hubo formulado este\u00a0 voto, cuando cesaron sus v\u00f3mitos; recobr\u00f3 el apetito y la salud tan bien que\u00a0 pudo llegar a la casa paterna perfectamente restablecido.<\/p>\n<p>De vuelta a casa, no pens\u00f3 m\u00e1s en la ejecuci\u00f3n de su voto, y poco despu\u00e9s, se alist\u00f3 con las tropas otra vez donde se destac\u00f3 por su valor. Se encontraba cerca del mariscal de la Meilleraie, cuando \u00e9ste orden\u00f3 el asalto a la ciudad de Burdeos; de sesenta gentilhombres que rodeaban entonces al mariscal, seis tan s\u00f3lo escaparon a la muerte, entre los cuales el Sr. de Luchet. Segu\u00eda entonces el malhadado ejemplo de los dem\u00e1s profiriendo juramentos u otras palabras indignas de un verdadero cristiano. No obstante, d\u00e1ndose cuenta que, para adquirir la estima de los jefes, hab\u00eda que moderar la lengua, el respeto humano le hizo corregir su lenguaje inconveniente, que pod\u00eda da\u00f1ar su reputaci\u00f3n. Tom\u00f3 a pecho tambi\u00e9n\u00a0 tener la reputaci\u00f3n de ser compasivo con el pr\u00f3jimo; se mostraba muy tratable con la gente del campo, y hallando una vez en un pueblo a muchos pobres, v\u00edctimas de la mayor miseria, les hizo distribuir, a sus expensas, los socorros que les eran necesarios. Este modo de tratar a la pobre gente le hac\u00eda pasar a los ojos de todos por un hombre de bien, pero en realidad no era tal, porque no cesaba de vivir lejos de Dios, y se entregaba incluso al libertinaje, descuidando todos los deberes de un caballero cristiano, y no rechazando ning\u00fan duelo cada vez que la punta de honor se presentaba; lo que es m\u00e1s espantoso es que no pensaba ofender a Dios con eso duelos y cre\u00eda que el pecado no era para m\u00e1s que para el que lo provocaba.<\/p>\n<p>Durante ese tiempo entraba en ascensos; fue primero lugarteniente de una compa\u00f1\u00eda del regimiento de Champa\u00f1a, y en \u00faltimo lugar obtuvo en rango de capit\u00e1n en el regimiento Mazarino. En este grado se dirigi\u00f3 a su regi\u00f3n para reclutar soldados. Fue entonces cuando su padre fue atacado por la enfermedad que le llev\u00f3 a la muerte. El Sr. de Luchet estuvo atento a tributarle todas las honras de la piedad filial; asimismo, su padre vi\u00e9ndole tan lleno de atenciones hacia \u00e9l y tan prudente, le manifestaba mucha estima y se encomendaba sus oraciones. Se puede imaginar qu\u00e9 motivo de confusi\u00f3n fue para nuestro capit\u00e1n que, desde hac\u00eda tres a\u00f1os no se hab\u00eda confesado. Sin embargo, para matar el aburrimiento durante el tiempo que pasaba al lado del lecho de su padre, se puso a leer la Introducci\u00f3n a la vida devota, por san Francisco de Sales que la divina Providencia hab\u00eda dejado caer en sus manos. Este libro hizo impresi\u00f3n en su esp\u00edritu y en su coraz\u00f3n; para seguir los buenos consejo que en \u00e9l da el santo obispo, as\u00ed como para calmar los remordimientos de su conciencia, que atormentaban violentamente su alma, tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de hacer una buena confesi\u00f3n general y, para este fin, se fue a hacer un retiro con los Padres del Oratorio de La Rochelle. Su confesor quiso conmutarle el voto que hab\u00eda hecho\u00a0; pero el Sr.de Luchet, que comenzaba ya a sentir en \u00e9l el deseo de darse al servicio de Dios, le respondi\u00f3\u00a0: \u00abPadre, no s\u00f3lo quiero cumplir enteramente mi voto sino que hago tambi\u00e9n el de permanecer tres meses en Saumur\u00bb. En estas, muri\u00f3 su padre, en 1638 y, despu\u00e9s de rendirle los \u00faltimos deberes, el capit\u00e1n de Luchet sin p\u00e9rdida de tiempo se dirigi\u00f3 a Saumur para cumplirlo; con anterioridad, renunci\u00f3 a su cargo de capit\u00e1n en las manos del coronel del regimiento y le hizo saber que no quer\u00eda ya servir a otro amo que a Dios; solamente ten\u00eda a la saz\u00f3n veintis\u00e9is a\u00f1os.<\/p>\n<p>Llegado a Saumur, comunic\u00f3 su plan al Superior de los Padres del Oratorio, quien le puso bajo la direcci\u00f3n de un virtuoso sacerdote de su Congregaci\u00f3n. El Sr. de Luchet, desde un principio, no hizo de \u00e9ste el caso que se merec\u00eda, porque le parec\u00eda muy simple; pero pronto tuvo de \u00e9l una gran estima y gran veneraci\u00f3n; era con raz\u00f3n, ya que este buen director se mostraba muy celoso en la direcci\u00f3n de las almas. Se impuso la tarea de adelantar a su disc\u00edpulo y le introdujo en la v\u00eda de una seria penitencia. Le hizo echar al fuego todas las cartas que hab\u00eda recibido de sus amigos, sin dejarle responder a ninguna. Despu\u00e9s de este generoso sacrificio, el nuevo penitente recibi\u00f3 de Dios, en recompensa, gracias extraordinarias, y se entreg\u00f3 desde entonces a una mortificaci\u00f3n heroica, hasta dejarse voluntariamente devorar de la miseria. Practic\u00f3 otras penitencias muy rigurosas, sin olvidar la mortificaci\u00f3n interior y todas las obras espirituales que acompa\u00f1an la vida de retiro. Sus austeridades de produjeron incluso una enfermedad que dur\u00f3 bastante tiempo. Algunos meses despu\u00e9s de terminar su retiro, su director le dijo que le conven\u00eda ponerse al estudio de la gram\u00e1tica para aprender bien el lat\u00edn. Obedeci\u00f3, y un Padre del Oratorio le dio lecciones. Fue as\u00ed como pas\u00f3 tres a\u00f1os en Saumur y, en gran parte, en la casa misma de los Padres del Oratorio.<\/p>\n<p>Es verdad que \u00e9stos no ten\u00edan costumbre de recibir a nadie en pensi\u00f3n en su casa, pero la recomendaci\u00f3n de los obispos de Saintes y de Angers y el m\u00e9rito personal de su hu\u00e9sped les hab\u00eda llevado a hacer una excepci\u00f3n en su favor. Durante esos tres a\u00f1os, avanz\u00f3 mucho en la piedad y en la pr\u00e1ctica de los actos de virtud y de las buenas obras; se dedic\u00f3 en particular a visitar y a consolar a los enfermos y a instruir a los pobres a los que daba y hac\u00eda llegar muchas limosnas. Adem\u00e1s llevado por el esp\u00edritu de penitencia, hizo un gran n\u00famero de peregrinaciones, sobre todo para impedir los des\u00f3rdenes que tiene costumbre de ocurrir debido a la cantidad de gente en los lugares de devoci\u00f3n. Su celo se manifest\u00f3 sobre todo en Saumur, remediando los des\u00f3rdenes que exist\u00edan entre los pobres, y que eran grandes. Era pues un sujeto de edificaci\u00f3n en toda la ciudad y al mismo tiempo hac\u00eda grandes progresos en las letras, pues hab\u00eda recibido de Dios un esp\u00edritu muy vivo y muy penetrante y un excelente juicio. Por eso, en dos a\u00f1os, aprendi\u00f3 la Teolog\u00eda moral y la explicaci\u00f3n de los santos Padres sobre la sagrada Escritura.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un t\u00edo can\u00f3nigo, arcediano y gran vicario en la di\u00f3cesis de Saintes, que quiso hacerle recibir la tonsura a fin de conferirle alg\u00fan beneficio eclesi\u00e1stico. La recibi\u00f3 en efecto y, por consejo de su director fue tambi\u00e9n el mes de mayo de 1660 a recibir las cuatro \u00f3rdenes menores de manos del obispo de Angers, Mons. Henri Arnauld. El a\u00f1o siguiente, el 4 de marzo de 1661, con el consentimiento de Mons. Louis de Bossompi\u00e8re, Obispo de Saintes, fue ordenado subdi\u00e1cono por el obispo de Angers. El 13 de junio del mismo a\u00f1o, fue ordenado di\u00e1cono, y \u00faltimo sacerdote, el 23 de septiembre de 1662. Con el fin de prepararse dignamente a recibir las \u00f3rdenes sagradas, hab\u00eda pasado seis meses en el seminario de la di\u00f3cesis de Poitiers, establecido entonces en nuestra casa de Richelieu. El Sr de Beaumont, que era el superior entonces y que fue m\u00e1s tarde el director del seminario interno de San L\u00e1zaro en Par\u00eds, distingui\u00f3 pronto la virtud del Sr. de Luchet, y ten\u00eda una estima tan alta de \u00e9l que siendo todav\u00eda un joven cl\u00e9rigo, el Sr. Jean Simon, llegado recientemente a Richelieu tras cuatro meses de seminario interno, le enviaba a pasar el recreo con el Sr. de Luchet para aprender de \u00e9l los principios de la vida espiritual y formarse en la pr\u00e1ctica de las virtudes. Era estimado y querido de toda la casa, ya que desde entonces se ve\u00eda en \u00e9l una gran humildad unida a una sencillez poco ordinaria; le\u00eda y serv\u00eda con gusto en la mesa, y acompa\u00f1aba al predicador a la parroquia para llevar el reloj y avisarle cuando era hora de terminar el serm\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante su estancia en nuestro seminario de Richelieu, su t\u00edo, gran vicario de Saintes, le ofreci\u00f3 la mejor parroquia de toda la di\u00f3cesis, que estaba entonces vacante, y le invit\u00f3 a venir a tomar posesi\u00f3n. Pero como ten\u00eda otras intenciones, dio las gracias a su t\u00edo y vino a hacer su retiro en nuestro seminario de Saintes, bajo la direcci\u00f3n del Sr. Louis Br\u00e9ant, que estaba entonces encargado de los ejercitantes. Durante este retiro, expuso a su director los motivos que le hac\u00edan creer que era llamado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; pero el Sr. Br\u00e9ant crey\u00f3 conveniente enviarle a consultar con este fin a su primer director de Saumur, a quien hab\u00eda hecho su confesi\u00f3n general. \u00c9ste le anim\u00f3 mucho a ir a estar con su hermano, que era p\u00e1rroco de Veaux en la misma di\u00f3cesis de Saintes quien, siendo muy sabio, le ayudar\u00eda a perfeccionarse en la ciencia y a formarse en las funciones propias de un verdadero eclesi\u00e1stico. Lo hizo, en efecto, y vino a ayudar durante alg\u00fan tiempo a su hermano en las funciones pastorales, predicando, catequizando y administrando los sacramentos, como lo hubiera hecho un vicario, todo para bien de los parroquianos.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l insist\u00eda en dejar el mundo por completo y consagrarse sin reserva al servicio de Dios. Hizo pues serias reflexiones para ver si le conven\u00eda abrazar la vida solitaria y penitente. Con esta intenci\u00f3n fue a consultar al c\u00e9lebre P, Qu\u00e9riolet, prior de la Cartuja y hombre de un raro m\u00e9rito. Se dirigi\u00f3 tambi\u00e9n a la abad\u00eda de Priaire, en Breta\u00f1a, para recibir consejo de un religioso de gran prudencia, y se cree que era el abad del monasterio, que hab\u00eda sido un amigo \u00edntimo de san Vicente de Pa\u00fal. Uno y otro le exhortaron a entrar en alguna comunidad donde se trabajara por la salvaci\u00f3n de las almas; pero la dificultad estaba en saber a qu\u00e9 comunidad le llamaba Dios. Habl\u00f3 pues con su director sobre las diferentes comunidades que le vinieron a la memoria para saber la que hab\u00eda que escoger. Despu\u00e9s de decirle que no pensara en las que hab\u00eda nombrado ya, acab\u00f3 hablando de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. \u00abEs \u00e9sa, dijo su director, \u00e9sa es a la que Dios os llama; id all\u00e1 y no pens\u00e9is en ninguna otra cosa\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una decisi\u00f3n tan tajante, el Sr. de Luchet no dud\u00f3 m\u00e1s que fuera Dios mismo el que le llamara a la Congregaci\u00f3n; m\u00e1s para no proceder a la ligera y con el fin de estar m\u00e1s seguro de la voluntad de Dios, quiso trabajar durante alg\u00fan tiempo con los misioneros en nuestra casa de Saintes. El Sr. Lehall, que se encontraba all\u00ed entonces, ha asegurado que el Sr. Luchet, en su conducta y en sus trabajos, mostraba la m\u00e1s entera abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo. En el momento de abandonar del todo el mundo fue a recibir la bendici\u00f3n de su obispo, quien le concedi\u00f3 el exeat de buenas maneras.<\/p>\n<p>Provisto de este documento, se dirigi\u00f3 a Saumur para terminar la serie de sus peregrinaciones all\u00e1 donde la hab\u00eda comenzado, y tambi\u00e9n para obtener de la sant\u00edsima Virgen, a la que hab\u00eda tomado por su abogada el feliz \u00e9xito de gran asunto de su vocaci\u00f3n a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Despu\u00e9s parti\u00f3 para San L\u00e1zaro, en el mes de julio y, tras el retiro, fue recibido en el seminario, el 24 del mismo mes en 1663, a la edad de cincuenta y un a\u00f1os. Le dieron por \u00e1ngel, durante los ocho primeros d\u00edas de seminario, a este mismo cl\u00e9rigo que hab\u00eda conocido en Richelieu y que hab\u00eda regresado a Par\u00eds para continuar su seminario. Al volver a verle, este cl\u00e9rigo le pregunt\u00f3, con cierta sorpresa, si era ya sacerdote. \u00c9l respondi\u00f3 \u00abAy s\u00ed, y verdaderamente es bien triste ver sacerdote a un hombre tan ignorante como yo\u00bb. Era la humildad la que le hac\u00eda responder as\u00ed;\u00a0 pues como se ha dicho anteriormente, pose\u00eda muy bien la teolog\u00eda moral y ten\u00eda aptitud para todas las funciones de nuestro Instituto.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 desde entonces a posesionarse bien del esp\u00edritu de un bien seminarista; aprendi\u00f3 y ejerci\u00f3 con mucha facilidad todas las pr\u00e1cticas m\u00e1s peque\u00f1as del seminario; como deb\u00eda cumplir en la ciudad varias visitas y comisiones que le hab\u00edan encargado antes de salir, se le permiti\u00f3 cumplir este deber; por la calle se cay\u00f3 por accidente en el barro y ensuciarse el abrigo. Sin hacer caso\u00a0 de este accidente, continu\u00f3 su marcha y fue a casa de un eclesi\u00e1stico de calidad a quien ten\u00eda que ver. Despu\u00e9s de saludarle con educaci\u00f3n y respeto en su habitaci\u00f3n, le pidi\u00f3 permiso de colgar el abrigo en lugar conveniente y, con toda sencillez, se puso a quitarle el barro de que estaba cubierto. Quer\u00eda as\u00ed aprovecharse de la confusi\u00f3n que le procuraba este accidente. El eclesi\u00e1stico en efecto no pudo por menos que re\u00edrse al ver a un hombre de esta calidad hacer un oficio tan opuesto a los usos del mundo y sobre todo de la\u00a0 nobleza. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s este mismo eclesi\u00e1stico llegando a San L\u00e1zaro a hacerle una visita, lleg\u00f3 mientras los seminaristas hac\u00edan los ejercicios corporales, el Sr. de Luchet fue a hablarle con toda alegr\u00eda vestido de su saco de tela, aunque supiera muy bien que este eclesi\u00e1stico se sorprender\u00eda, ya que no buscaba otra cosa que suscitar desprecio cuando pod\u00eda.<\/p>\n<p>El Sr. de Luchet, siendo ya un operario bien provisto de todas las virtudes y de los conocimientos necesarios para trabajar\u00a0 en nuestras funciones, no pudo gustar mucho tiempo la dulzura de la querida soledad del seminario. Los Superiores juzgaron conveniente emplearle en las misiones, y fue en efecto del n\u00famero de los que precedieron en sus visitas pastorales a Mons. de Per\u00e9fixe, arzobispo de Par\u00eds. No se debe omitir mencionar aqu\u00ed dos pruebas por las que tuvo que pasar durante su seminario. La primera fue de trabajar casi de continuo en las misiones o visitas pastorales y de tener que tratar con ciertos esp\u00edritus inquietos cuya conversaci\u00f3n le procuraba mucho aburrimiento, incluso disipaci\u00f3n, en vista de su situaci\u00f3n de seminarista. La segunda prueba fue de haber sido enviado por la obediencia a Nantes, con el fin de ayudar al hermano Duplessier, cl\u00e9rigo estudiante, hijo\u00a0 \u00fanico y heredero de una noble y rica familia de Breta\u00f1a, a dar la \u00faltima mano a sus asuntos temporales; semejante comisi\u00f3n y un viaje de seis semanas repugnaban mucho a su disposici\u00f3n natural. Dios le prest\u00f3 su ayuda y a pesar del desagrado que sent\u00eda al tratar con seculares y esp\u00edritus turbulentos en materia de asuntos temporales, \u00e9l no sinti\u00f3\u00a0 menoscabo en su vocaci\u00f3n. Se puede creer no obstante que fue consecuencia de estas dos pruebas el pedir al Sr. Alm\u00e9ras, entonces superior general, que le prometiera muchas cosas, que le parec\u00edan ventajosas para su adelanto espiritual: 1\u00ba De no obligarle nunca a vivir con esp\u00edritus\u00a0 relajados o inquietos;\u00a0\u00a0 2\u00ba no encomendarle asuntos temporales; y 3\u00ba no confiarle la direcci\u00f3n de los dem\u00e1s. El Sr. Alm\u00e9ras le respondi\u00f3 que la virtud s\u00f3lida no consist\u00eda en huir de las dificultades, sino en vencerlas, y que Dios exig\u00eda de nosotros una indiferencia total para todas las disposiciones de su providencia. Esta sabia respuesta de su Superior tranquiliz\u00f3 al Sr. de Luchet, y despu\u00e9s de acabar con mucha edificaci\u00f3n su seminario, fue admitido a los votos y los hizo con un fervor muy particular.<\/p>\n<p>El Sr. de Luchet era verdaderamente virtuoso, y se puede ver la solidez de su virtud en un resumen escrito por \u00e9l mismo, que hizo de su retiro preparatorio a los votos, y que se ha hallado despu\u00e9s de su muerte \u00abYo he tenido la felicidad, dice, de hacer los votos el 24 del mes de agosto, d\u00eda de San Bartolom\u00e9, despu\u00e9s de hacer el retiro. En \u00e9l he renovado las resoluciones tomadas en los retiros precedentes:<\/p>\n<p>1\u00ba De trabajar con gran desconfianza de m\u00ed mismo, y gran confianza en Dios, haciendo a menudo actos de estas dos virtudes, sobre todo entes de emprender nada; 2\u00ba de tener mucho cuidado para corregirme de mi precipitaci\u00f3n en hablar; 3\u00ba meditar sobre nuestras Reglas tres veces a la semana.<\/p>\n<p>\u00abLos actos particulares de mi pr\u00e1ctica son: 1\u00ba De hacer un acto de contricci\u00f3n cuando vea a alguien caer en alguna falta, y pensar delante de Dios en lo que yo quisiera que hiciera por m\u00ed, si yo estuviera en su lugar y \u00e9l en el m\u00edo y, despu\u00e9s de esto, hacer lo que dios me inspire en esta ocasi\u00f3n; 2\u00ba de no causar pena a nadie ni de palabra ni por mis acciones y no descubrir los defectos de otro sin necesidad; 3\u00ba de no juzgar temerariamente de nadie, y cuando me vea tentado de hacerlo, replegarme sobre mis propios pecados, excusar al pr\u00f3jimo sirvi\u00e9ndole en todo lo que pueda y viendo en \u00e9l a Nuestro Se\u00f1or. <em>Fili accedens ad servitutem Dei, sta in justicia el timore, et praepara animam tuam ad tentationem. <\/em>\u00a0<em>Homines vero<\/em> <em>receptibiles in camino humiliationis. <\/em><em>Debuit per omnia fratribus<\/em> <em>similari<\/em>. \u00abHijo m\u00edo, al acercarte\u00a0 al servicio de Dios, manteneos firme en la justicia y en el temor y preparad vuestra alma a la tentaci\u00f3n. Los hombres que Dios quiere recibir en el n\u00famero de los suyos pasan por el crisol de la humillaci\u00f3n. Jesucristo ha debido parecerse en todo a sus hermanos\u00a0\u00ab. -Un eclesi\u00e1stico le dijo un d\u00eda que los Misioneros hab\u00edan quitado de su apellido la part\u00edcula <em>de<\/em>; \u00e9l lo tom\u00f3 a la letra y en adelante no se llam\u00f3 m\u00e1s que Luchet, en lugar de <em>Luchet. <\/em>Sus padres se lo reprocharon, pero \u00e9l persisti\u00f3 con esa amable sencillez. (<em>Los Santos Sacerdotes franceses<\/em> <em>del siglo diecisiete<\/em>, ms. de Joseph Grandet publicado por el Sr. Letourneau, superior del seminario mayor de Angers).<\/p>\n<p>Con tales sentimientos y cuidados en llevar a la pr\u00e1ctica sus buenas resoluciones, el Sr de Luchet trabajaba en las misiones con mucho fruto y dejaba en todas partes los m\u00e1s bellos ejemplos de virtud. Por eso, el Sr, Alm\u00e9ras crey\u00f3 oportuno, el mes de diciembre de 1668, confiarle la direcci\u00f3n del seminario interno y mantuvo este empleo durante seis a\u00f1os. Pero sus mortificaciones y entrega continua acabaron por da\u00f1ar su salud; pues este oficio es uno de los m\u00e1s penosos a causa de la obligaci\u00f3n de seguir siempre la vida del seminarista para ser una Regla viva. Por esto el Sr. Jolly, quien hab\u00eda sucedido al Sr. Alm\u00e9ras, pens\u00f3 que se le deb\u00eda dar un empleo exterior, y el 20 de noviembre de 1674, le envi\u00f3, en calidad de superior, a nuestra casa de Toul la cual, por este tiempo, aparte de la direcci\u00f3n del seminario y del hospital del Esp\u00edritu Santo, se cuidaba tambi\u00e9n de la parroquia de Saint-Amant, y llevaba tambi\u00e9n la funci\u00f3n de las misiones. Ten\u00eda pues all\u00ed un vasto campo para ejercer todas las obras de nuestro Instituto. All\u00ed era muy exacto en cumplir bien su cargo observando con puntualidad sus Reglas, teniendo por m\u00e1xima que un superior debe preceder a los dem\u00e1s con sus ejemplos, y encontrarse el primero en todos los ejercicios. Se hallaba constantemente ocupado, y consideraba como perdido el tiempo que no empleaba en las cosas propias de su oficio y de su vocaci\u00f3n. Cuando dispon\u00eda de alg\u00fan tiempo libre, lo empleaba en el estudio y no perd\u00eda nunca el tiempo en hacer visitas in\u00fatiles. En cuanto a las de conveniencia, se deshac\u00eda pronto de ellas, sobre todo de las que deb\u00eda hacer a personas de otro sexo. Observando fielmente esta m\u00e1xima de san Jer\u00f3nimo: <em>Sermo austerus et brevis cum mulieribus.<\/em><\/p>\n<p>Sigui\u00f3 en Toul unos cuatro a\u00f1os, y entre los grandes bienes que obr\u00f3 se puede contar el de haber determinado a Mons. de Fieux, que sucedi\u00f3 a Mons. de Saussay, a perfeccionar y a restablecer el seminario episcopal, que es uno de los m\u00e1s hermosos y numerosos del reino, y del que han salido muchos sujetos \u00fatiles a la Iglesia, que han trabajado en bien de la di\u00f3cesis, con grandes bendiciones por parte de Dios. El Sr. de Luchet ten\u00eda un afecto particular por las misiones, y trabajaba en ellas, bien con las predicaciones, en las que desplegaba un gran celo, hablando con un estilo sencillo pero penetrante, que inspiraba a la compunci\u00f3n a los oyentes, bien por la asiduidad al confesonario, donde segu\u00eda en todo una sabia moral, mostrando firmeza con los que andaban en malas costumbres o en ocasiones pr\u00f3ximas. Se entregaba, adem\u00e1s, a poner fin a los procesos con arreglos amistosos, lo que le resultaba f\u00e1cil a causa de sus conocimientos en jurisprudencia y de la excelencia de su juicio que penetraba enseguida al fondo de la dificultad, no dejaba tampoco de establecer la cofrad\u00eda de la Caridad all\u00e1 donde se lo permit\u00edan, y la visitaba luego de vez en cuando para hacerla subsistir. En toda su conducta no hab\u00eda respeto humano, actuaba en la presencia de Dios y para su gloria, y dec\u00eda, con una santa libertad, la verdad a cada uno. Incluso con las personas m\u00e1s distinguidas conservaba esta sencillez, acompa\u00f1ada, no obstante, de la prudencia cristiana, lo que le hac\u00eda amable a todos y hac\u00eda estimar en mucho su virtud.<\/p>\n<p>Se ha advertido mientras resid\u00eda en Toul que casi siempre ten\u00eda a la vista en su habitaci\u00f3n las principales resoluciones de su retiro y los avisos que los Visitadores le hab\u00edan dado en la Visita, y en su <em>Imitaci\u00f3n<\/em> conservaba muchos peque\u00f1os papeles escritos de su mano, que conten\u00edan m\u00e1ximas tocante a las virtudes que se hab\u00eda propuesto practicar. Como ten\u00eda un talento particular para las misiones, el Sr. Jolly juzg\u00f3 oportuno colocarle en una casa especialmente dedicada a esta funci\u00f3n; por esta raz\u00f3n le envi\u00f3 a la de Lychon, hacia finales de septiembre de 1678. Esta casa estaba situada en un lugar muy malsano, y llevaban tiempo los Misioneros pensando [586] en trasladarse a un lugar m\u00e1s sano. La Providencia reservaba este favor a la gracia que acompa\u00f1aba al Sr. de Luchet a todas partes a donde iba. A las seis semanas m\u00e1s o menos de su llegada, el Sr. prior de Beaulieu ofreci\u00f3 a la Congregaci\u00f3n su priorato, alejado tan s\u00f3lo a dos horas de Lu\u00e7on y le hizo que se uniera a la Congregaci\u00f3n. All\u00ed se estableci\u00f3 pues la residencia de los Misioneros; era uno de los sitios m\u00e1s hermosos de toda la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>El Sr. de Luchet tom\u00f3 posesi\u00f3n el mes de noviembre; mas para disponer las habitaciones, hubo que levantar nuevas edificaciones. Un d\u00eda,\u00a0 que vigilaba los trabajos en medio de los carreteros y de los alba\u00f1iles, cansado de estar tanto tiempo en la obra, rog\u00f3 a uno de sus sacerdotes que fuera a reemplazarlo; \u00e9ste se excus\u00f3 diciendo que ten\u00eda cosas m\u00e1s importantes que hacer que hacer un oficio de hermano coadjutor. El Sr. de Luchet, sin conmoverse con esta respuesta, replic\u00f3 con mucha afabilidad que en la Iglesia de Dios hab\u00eda habido sacerdotes m\u00e1rtires que se hab\u00edan entregado a oficios m\u00e1s bajos todav\u00eda. El sacerdote respondi\u00f3 que era la fe la que daba a estos santos el valor de sufrir semejantes humillaciones. A estas palabras, el Sr. de Luchet suspir\u00f3, diciendo: Eh, no es acaso la fe la que me anima tambi\u00e9n a rebajarme, viendo en este empleo la voluntad de Dios; de otra manera, \u00bfc\u00f3mo iba yo a querer pasar toda mi ma\u00f1ana en este jaleo?\u00bb Estas palabras dan entender claramente\u00a0 la excelencia de la disposici\u00f3n de su alma y de su coraz\u00f3n, incluso en las cosas de menor importancia.<\/p>\n<p>Trabaj\u00f3 siete a\u00f1os en la di\u00f3cesis de Lu\u00e7on,\u00a0 con no menos \u00e9xito que en la de Toul, a pesar de que en este \u00faltimo lugar se hubiera visto incomodado por las enfermedades m\u00e1s que en ning\u00fan otro lugar, por residir demasiado pronto en el nuevo edificio de Beaulieu. Aumentando de d\u00eda en d\u00eda las enfermedades, el Sr. Jolly le llam\u00f3 a San L\u00e1zaro el mes de octubre de 1685 para tratar de llevar alg\u00fan alivio\u00a0 a su salud. Mejor\u00f3, en efecto, y le enviaron, en calidad de director de las misiones, a las di\u00f3cesis de Sens y de Orl\u00e9ans; all\u00e1, todas sus misiones tuvieron un feliz \u00e9xito. De regreso a Par\u00eds, ya repuesto, fue enviado el mes de febrero de 1686, para dirigir, en calidad de superior, nuestra casa de Dijon, donde se entreg\u00f3 a fondo al trabajo de las misiones. Se aplic\u00f3 al servicio de las almas con un celo infatigable, aunque con frecuencia tuviera accesos de gota, o catarros y la fiebre. Por eso, todo el mundo se sorprend\u00eda al verle ir a misiones con estas enfermedades.<\/p>\n<p>Durante el espacio de tres a\u00f1os y medio que trabaj\u00f3 en Breta\u00f1a, en Champa\u00f1a y en la di\u00f3cesis de Langres, sufriendo habitualmente, realiz\u00f3 mucho bien; y viendo la bendici\u00f3n que Dios conced\u00eda a sus trabajos, no pod\u00eda resolverse al descanso, a no ser cuando la violencia de mal le clavaba en el lecho. En la misi\u00f3n de Fay, que fue la pen\u00faltima en la que tom\u00f3 parte, se vio obligado a guardar cama durante cerca de quince d\u00edas; pero, viendo llegar el d\u00eda de la comuni\u00f3n general, como antes de meterse en cama hab\u00eda confesado ya a muchos hombres, hizo un esfuerzo para trasladarse a la iglesia, con el fin de reconciliar a cuantos lo desearan; despu\u00e9s hizo algunas reconciliaciones y, acabada la misi\u00f3n, al sentirse mejor, pas\u00f3 con sus compa\u00f1eros a la misi\u00f3n de Auges en Franco Condado, donde volvi\u00f3 a trabajar durante el espacio de quince d\u00edas, hasta la Pascua, es decir el 18 de abril de 1668. Ese d\u00eda parec\u00eda haber recobrado todas sus fuerzas; pero al d\u00eda siguiente fue presa de una peque\u00f1a fiebre que le hizo titubear si deb\u00eda predicar. Reflexionando luego que si no predicaba, el Sr. Garel, que estaba con \u00e9l se cansar\u00eda demasiado predicando varias veces en un d\u00eda, super\u00f3 los ardores de la fiebre, que le parecieron disminuir y, llevado por la caridad, subi\u00f3 al p\u00falpito y predic\u00f3 el serm\u00f3n, pero con tanta dificultad, que al regresar a casa fue atacado de un nuevo acceso de fiebre. Al domingo siguiente, sinti\u00e9ndose algo mejor, predic\u00f3 otra vez con gran fervor, pero fue el \u00faltimo serm\u00f3n de su vida; ya que, al bajarse del p\u00falpito, sinti\u00f3, aparte de la intensidad de la fiebre, un dolor en el costado que le oblig\u00f3 a guardar la habitaci\u00f3n, sin acostarse. Se prepar\u00f3 \u00e9l mismo un remedio, que le alivi\u00f3 un poco, pero no le quit\u00f3 el mal; hizo venir al m\u00e9dico quien, si bien h\u00e1bil, no pudo hacer otra cosa. Al verlo, el enfermo se dispuso a recibir el santo Vi\u00e1tico que le trajo el Sr. Jean Simon, su asistente, durante la noche del noveno d\u00eda de su enfermedad. Tras lo cual, la humildad le llev\u00f3 a hacer una revisi\u00f3n general de toda su vida con una gran piedad y devoci\u00f3n, y el mismo d\u00eda que la hizo recibi\u00f3 el sacramento de la Extremaunci\u00f3n con una perfecta resignaci\u00f3n a la voluntad de Dios. Dio tambi\u00e9n despu\u00e9s de est la absoluci\u00f3n a un penitente que se hab\u00eda confesado con \u00e9l, y que experimentaba pena en repetir su confesi\u00f3n con otro, y por cierto en situaci\u00f3n extrema, quiso hacer este acto de caridad, de manera que se puede decir que trabaj\u00f3 por la salvaci\u00f3n de las almas hasta el \u00faltimo suspiro. Al d\u00eda siguiente, hacia las tres de la ma\u00f1ana, perdi\u00f3 el habla y entr\u00f3 en agon\u00eda hasta las ocho de la tarde, en que entreg\u00f3 su hermosa alma al creador el 28 de abril de 1668. (<em>Archivos de la Misi\u00f3n en Par\u00eds. Noticias manuscritas<\/em>).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Sr Claude de Luchet naci\u00f3 en una tierra de la di\u00f3cesis de Saintes llamada Chay, de padres nobles. Su padre se llamaba Fran\u00e7ois de Luchet y su madre Cclaudia Dubois. 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