{"id":46828,"date":"2011-08-02T09:04:10","date_gmt":"2011-08-02T07:04:10","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46828"},"modified":"2016-07-27T12:15:38","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:38","slug":"alexandre-verone-1610-1686","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/alexandre-verone-1610-1686\/","title":{"rendered":"Alexandre V\u00e9rone (1610-1686)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40565\" title=\"bios_cm\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm-232x300.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El Sr. Jolly, escribiendo a los superiores\u00a0 de las casas para darles noticias de la muerte del hermano Alexandre Verone,\u00a0 hizo de \u00e9l el hermoso elogio que se va a leer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Paris, 19 noviembre 1676.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00bb\u00a0Se\u00f1or,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con vosotros!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa persona de nuestro buen hermano Alexandre, que falleci\u00f3 ayer por la noche, a los setenta a\u00f1os y cincuenta y siete de vocaci\u00f3n, es uno de los primeros hermanos de nuestra Congregaci\u00f3n, en la que ha sido un gran ejemplo, en la pr\u00e1ctica de todas las virtudes que pueden hacer a un Misionero perfecto. Apenas hay alguien en la Compa\u00f1\u00eda que no haya sentido los efectos de su caridad en el cuidado que ha tenido durante tan largo tiempo de los enfermos. Donde se le ha visto hacerse todo a todos, edificando, alegrando y consolando a todos. Ha sobresalido en la virtud de la humildad, hall\u00e1ndose siempre dispuesto a prestar los m\u00e1s humildes servicios; y aunque haya estado empleado durante mucho tiempo de la distribuci\u00f3n de las limosnas en las provincias arruinadas. Y fuese dotado de destreza para todo en lo que se le quer\u00eda ocupar, \u00e9l permanec\u00eda siempre el mismo, humilde, respetuoso y dispuesto a todo lo que le ped\u00eda la obediencia, estim\u00e1ndose siempre in\u00fatil y malo. Era exacto en la observancia de las reglas, siempre el primero en los ejercicios comunes, y nunca se le ha visto perder el tiempo, ni hablar in\u00fatilmente; pero se ha ocupado siempre en lo que pod\u00eda hacer en su oficio de enfermero, mientras ha podido sostenerse de pie, es decir desde hace unos quince d\u00edas, que segu\u00eda a\u00fan a la Comunidad, viniendo a la oraci\u00f3n, al cap\u00edtulo y al refectorio, aunque le costara arrastrarse. Todos aqu\u00ed tienen una estima singular por su gran virtud hacia la santa vida que ha llevado. Ha vivido de la vida de los justos, y se ha muerto con la muerte de los justos, con todas las disposiciones que se puede desear; hay motivos para creer que ha recibido la recompensa\u00a0 por tantas obras buenas que ha hecho. No obstante les ruego, Se\u00f1or, que le rindan los deberes acostumbrados\u00bb.<\/p>\n<p>Para completar estas informaciones edificantes, tomaremos algunos detalles de la Vida del hermano V\u00e9rone escrita por su compa\u00f1ero, el hermano Chollier, a quien se debe tambi\u00e9n la noticia del hermano Ducournau,\u00a0 ya publicada, y la del Sr, Guillaume Cornier, sacerdote de la Misi\u00f3n. Esta \u00faltima noticia se ha perdido por desgracia.<\/p>\n<p>Nuestro hermano Alexandre V\u00e9rone naci\u00f3 en la ciudad de Avignon, en Provenza, el 15 de mayo de 1610. Qued\u00f3 hu\u00e9rfano de padre desde muy joven, y su madre se volvi\u00f3 a casar con el m\u00e9dico de Chamb\u00e9ry, en Saboya. \u00c9ste le dio los primeros elementos de la farmacia y de la medicina que deb\u00edan constituir en adelante su principal ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era de una talla media y bien proporcionada. En su juventud, dicen, era hermoso como un \u00e1ngel y, en su ancianidad, venerable como un santo.<\/p>\n<p>Dios le hab\u00eda dotado de un natural extremadamente agradable, de un esp\u00edritu vivo y proclive a la alegr\u00eda. A\u00f1ad\u00eda al fuego y al resplandor de la imaginaci\u00f3n un juicio muy s\u00f3lido. Habiendo resuelto revestirse de la condici\u00f3n m\u00e1s opuesta al esp\u00edritu del mundo, que es la de servidor, escogi\u00f3 el colegio de los Bons-Enfants, cerca de la puerta de San Victor, en Par\u00eds, donde, hasta entonces, en el espacio de cinco a\u00f1os, se hab\u00edan retirado quince sacerdotes para entregarse a las misiones\u00a0 del campo, bajo la direcci\u00f3n\u00a0 del gran siervo de Dios Vicente de Pa\u00fal. No era a\u00fan conocidos como una Congregaci\u00f3n, y el mundo, por consiguiente, no ten\u00eda a los dos o tres laicos que estaban con ellos m\u00e1s que como criados.<\/p>\n<p>El hermano Alexandre fue recibido el 22 de julio de 1630, a la edad de veinte a\u00f1os; habiendo fallecido, en esta casa de San L\u00e1zaro, el 18 de noviembre de 1686, ha sido pues hermano de la misi\u00f3n durante cincuenta y seis a\u00f1os. Estim\u00f3 siempre el beneficio de su vocaci\u00f3n como una de las gracias m\u00e1s grandes que hubiera recibido de la bondad divina, y como el camino m\u00e1s seguro y m\u00e1s corto para negociar su salvaci\u00f3n y llegar a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde el principio de su vocaci\u00f3n, el hermano Alexandre se dedic\u00f3 al cuidado de los enfermos. Apenas con veinte a\u00f1os todav\u00eda, de un humor alegre y agradable, siempre listo para complacer a todo el mundo, y al mismo tiempo muy humilde y respetuoso. No se pod\u00eda por menos que amarle y a la vez respetarle.<\/p>\n<p>El orden lleva a Dios, hsa dicho un dicho un santo doctor. Nuestro hermano Alexandre estaba convencido. Por eso tuvo cuidado de prescribirse ciertas reglas para actuar con orden en todo cuanto deb\u00eda hacer. Por este medio caminaba siempre con paso igual, firme y constante por los caminos de la perfecci\u00f3n, sin apartarse jam\u00e1s, de forma que, cuando se le hab\u00eda visto hacer un d\u00eda, se sab\u00eda lo que iba a hacer todo el a\u00f1o.<\/p>\n<p>Hab\u00eda obtenido el permiso de levantarse antes que la comunidad, hacia las tres y media. Despu\u00e9s de los actos de adoraci\u00f3n, de agradecimiento, de ofrecimiento y de petici\u00f3n, que est\u00e1n en uso en nosotros, no dejaba cuando ten\u00eda lugar de visitar a sus enfermos, y si no se dirig\u00eda inmediatamente a la iglesia, que encontraba de ordinario cerrada. Se pon\u00eda de rodillas\u00a0 en la puerta y, una vez abierta, iba a colocarse invariablemente en el mismo lugar, al lado derecho del \u00e1guila, y se ha visto que ha conservado exactamente el mismo lugar desde el a\u00f1o 1632 a 1676, cuando se termin\u00f3 de hacer la oraci\u00f3n en la iglesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, o\u00eda devotamente la santa misa con nuestros otros hermanos, pues le gustaba\u00a0 mucho hallarse en comunidad con ellos. Durante el santo sacrificio, ten\u00eda la costumbre de recitar oraciones vocales, bien el rosario, bien algunas letan\u00edas como las de la Preciosa Sangre, del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, de todos los Santos o de cualquier santo particular.<\/p>\n<p>Nuestro querido hermano era muy industrioso en todo; esto permit\u00eda emplearle con ventaja en los oficios m\u00e1s variados, de esta manera ha sido encargado, durante varios a\u00f1os, y a veces simult\u00e1neamente, de la procura de San L\u00e1zaro, del \u00f3rgano, de la farmacia, de las enfermer\u00edas, de la cocina, de la ropa y de las provisiones de los muebles; algo que resulta incre\u00edble.<\/p>\n<p>\u00c9stas son algunas de la ocupaciones de nuestro devoto hermano Alexandre, sin hablar de los servicios que rend\u00eda a los pobres en la puerta de San L\u00e1zaro y en los barrios, y algo que sorprende a\u00fan m\u00e1s, a pesar de todos estos empleos exteriores y absorbentes, ha sabido unir el de Mar\u00eda y el de Marta, y mantenerse siempre a los pies de su Salvador en el secreto de su alma; y es que pod\u00eda decir con san Pablo \u00abYo lo puedo todo en aqu\u00e9l que me conforta\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de nuestros antiguos sacerdotes ha dicho que la sola vista de nuestro hermano Alexandre le tra\u00eda a la memoria estas palabras de san Pablo a Timoteo: \u00abEn cuanto a vos, oh hombre de Dios, entregaos a la pr\u00e1ctica de la justicia, de la piedad, de la caridad, de la paciencia, de la dulzura; combatid el buen combate, ganaos la vida eterna\u00bb. Qu\u00e9 suerte la de una comunidad que tiene as\u00ed a hombres de Dios.<\/p>\n<p>Digamos unas palabras de las virtudes del hermano Alexandre y de los principios que le llevaban a estas acciones.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>No pensaba m\u00e1s que en Dios, no le perd\u00eda casi nunca de vista; de suerte que el Sr. Vicente, en una conferencia a los antiguos sacerdotes de la casa de San L\u00e1zaro, les puso al hermano Alezandre como ejemplo de virtud, y les asegur\u00f3 que este buen hermano no dejaba nunca la presencia de Dios. Imitaba de esta forma a los santos, y es tos es lo que le hac\u00eda caminar a grandes pasos por los caminos de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Recib\u00eda los acontecimientos de la vida, buenos y malos, como venidos de la mano de Dios, persuadido como estaba de que todas las cosas suceden en este mundo por la orden de la Providencia, ya que no se cae una hoja de \u00e1rbol sin su permiso. Con frecuencia, cuando le anunciaban una triste noticia, se le o\u00eda decir, levantando un poco los ojos al cielo \u00abDios sea bendito! Dios se alabado!\u00bb y eso con una paz y una tranquilidad que nada era capaz de alterar.<\/p>\n<p>Dios ama a todos los hombres ya que, seg\u00fan el Ap\u00f3stol, quiere salvarlos a todos; no excluye a ninguno de los cuidados amorosos de su providencia; hace levantarse el sol sobre los imp\u00edos y sobre los justos, y concede gracias a los santos y a los pecadores. Igualmente las almas que est\u00e1n llenas\u00a0 del esp\u00edritu de Dios extienden su caridad sobre todos los hombres y no hacen acepci\u00f3n de personas.<\/p>\n<p>Esto es lo que se ha visto en nuestro querido hermano Alexandre de una manera admirable, ya que era extraordinariamente sensible a los males y a las necesidades de sus semejantes. Ten\u00eda entra\u00f1as de misericordia para todo el mundo, sobre todo para los desdichados. Escribiendo desde una provincia en la que asist\u00eda a los pobres, dijo: \u00abMe sent\u00ed tan impresionado por su extrema miseria, que se me cayeron las l\u00e1grimas de los ojos; ten\u00eda el coraz\u00f3n tan conmovido, que no pod\u00eda pensar en otra cosa, y escribo esto todav\u00eda con l\u00e1grimas\u00bb.<\/p>\n<p>Los enfermos, los pobres vergonzantes, las familias arruinadas acud\u00edan a \u00e9l como hijos a su padre, con la esperanza que los recibir\u00eda bien. A unos daba pan, a otros dinero, a \u00e9stos ropas, a aqu\u00e9llos sopa, a unos remedios, a otros \u00fatiles para ganarse la vida; y todos volv\u00edan no menos consolados por sus palabras\u00a0 que socorridos por las limosnas que les distribu\u00eda, con un coraz\u00f3n abrasado en caridad.<\/p>\n<p>Solicitaba por sus fervientes cartas las limosnas de las personas caritativas\u00a0 de Par\u00eds, y eso de una manera tan sentida que hac\u00eda abrirse, como por encanto, las bolsas de los ricos.<\/p>\n<p>Escrib\u00eda una vez de Blois\u00a0: \u00bb\u00a0Me impresionan tanto todas las miserias a las que se ven reducidos\u00a0 los pobres, que no pienso m\u00e1s que en pedir a Dios asistencias para ellos, y todas mis oraciones apenas son por otra cosa\u00bb etc.<\/p>\n<p>\u00abHemos hecho, dice en otra parte, algunas medicinas para los pobres. Nuestro buen Dios lo ha bendecido, de suerte que estos pobres han recibido tan de buena gana los remedios como el pan\u00bb.<\/p>\n<p>Como el piadoso hermano Alexandre ten\u00eda mucha experiencia en farmacia, ha realizado curas maravillosas en miles de personas del campo, en la Picard\u00eda, sobre todo en las fronteras, en Berry y en la di\u00f3cesis de Blois, en particular tratando disenter\u00edas que causaban por todas partes la miseria y la mala alimentaci\u00f3n de los pobres.\u00a0 Se ha dicho incluso, en estas regiones, que este buen hermano ha realizado curas maravillosas y que le han hecho ser considerado como un santo; esto se ha sabido por eclesi\u00e1sticos de las parroquias donde hab\u00eda ejercido su caridad.<\/p>\n<p>No prestaba menos atenci\u00f3n para servir a todos aqu\u00e9llos entre lo cuales viv\u00eda en San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>En invierno, cuando hab\u00eda nevado o helado, ten\u00eda la previsi\u00f3n, antes de que la comunidad se levantara, de ir\u00a0 a barrer y poner ceniza y arena en los lugares descubiertos, entonces m\u00e1s numerosos que los de hoy, por donde sab\u00eda que se deb\u00eda pasar; era para prevenir las ca\u00eddas y los accidentes. Una vez estuvo a punto de morir de un fr\u00edo muy vivo, que le hab\u00eda pillado en este ejercicio tan caritativo, y que le caus\u00f3 un flujo tan grande de pecho que se vieron en la obligaci\u00f3n de administrarle la extremaunci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante casi cincuenta a\u00f1os, su ocupaci\u00f3n ha sido el cuidado de los enfermos. Es en esto sobre todo donde su conducta ha sido admirable; pues, teniendo por m\u00e1xima fundamental la de servir a Nuestro Se\u00f1or en su persona, cuando le ped\u00edan alguna ayuda en sus necesidades, nunca les hac\u00eda esperar; se esforzaba en contentarlos en todos sus deseos y hasta adelantarse, nunca les pon\u00eda mala cara, sino al contrario, no present\u00e1ndose ante ellos\u00a0 sino con un porte humilde, dulce, sencillo y alegre; de manera que su vista los alegraba como la de un \u00e1ngel consolador.<\/p>\n<p>Les cambiaba la ropa con una limpieza extrema, no profiriendo nunca una palabra dura o seca, sino m\u00e1s bien algunas palabras alegres para consolarlos y edificarlos. Iba de una enfermer\u00eda a la otra a visitar y\u00a0 asistir de todos modos a estos queridos enfermos, consolando a \u00e9ste, alegrando a aqu\u00e9l, cosa que no le resultaba dif\u00edcil; porque, seg\u00fan su bi\u00f3grafo, sab\u00eda tantas y tan hermosas historias que hubiera sido capaz de entretener a un papa y a un rey.<\/p>\n<p>Sus remedios se aplicaban siempre con tal acierto, que ha logrado prolongar la vida de algunos de los nuestros varios a\u00f1os, condenados por los m\u00e9dicos a una muerte pr\u00f3xima. Tales han sido, entre otros, Los Srs. Alm\u00e9ras, de l`\u00c9tang, Charles y Bordet. Todos los cuales han rendido muy grandes servicios a la Compa\u00f1\u00eda, bien a pesar de su estado de debilidad, sea por sus trabajos, sea por el ejemplo de su santa vida.<\/p>\n<p>Lo que le hac\u00eda a veces reservado y dif\u00edcil en la prescripci\u00f3n de los remedios juzgados poco necesarios, era su temor de abrir as\u00ed la puerta a la delicadeza y a la sensualidad y de favorecer por poco que fuera una cierta ternura cobarde y perezosa pronta a pretextar enfermedades\u00a0 con frecuencia imaginarias y falsas. Podr\u00edamos dar un gran n\u00famero de ejemplos de esto; para evitar ser prolijos, bastar\u00e1 con citar uno s\u00f3lo. En una de nuestras misiones de Par\u00eds se hallaba uno de nuestros hermanos, un poco tierno consigo mismo, y pensando estar gravemente enfermo. Logr\u00f3 ser llevado en silla a San L\u00e1zaro, para ponerse medicinas, alegando que no pod\u00eda curarse donde estaba. Despu\u00e9s de despachar a los porteadores, cont\u00f3 todas sus enfermedades a nuestro buen hermano Alexandre, quien le escuch\u00f3 pacientemente, pero \u00e9ste habi\u00e9ndole examinado cuidadosamente, y dado cuenta que dormitaba, y que su pretendido mal no ten\u00eda nada de serio, le habl\u00f3 un rato, dulce y suavemente, seg\u00fan su costumbre, despu\u00e9s le dio a entender que lo que la inquietaba y le afectaba no era nada en absoluto. Le dio el desayuno, y le devolvi\u00f3 muy contento al lugar de donde hab\u00eda venido, pero con esta diferencia, que en lugar de regresar en su silla de porteadores, hizo el trayecto solo y a pie, y se a\u00f1ade que desde entonces el enfermo se encontr\u00f3 curado.<\/p>\n<p>El que durante varios a\u00f1os le ha suplido en la enfermer\u00eda ha dejado por escrito este testimonio: \u00abNuestro hermano Alexandre ten\u00eda un coraz\u00f3n de madre para los enfermos; hac\u00eda todo lo que pod\u00eda para aliviarlos, y no sab\u00eda con qu\u00e9 t\u00e9rminos de ternura dirigirse a no ahorrar nada para su alivio. Un d\u00eda que yo le hablaba de uno de los que deseaba\u00a0 algo un poco costoso, me dijo que el difunto honorable Padre, el Sr. Vicente le hab\u00eda dicho en una ocasi\u00f3n semejante que no hab\u00eda que reparar en los precios, y que si no hab\u00eda dinero, se deb\u00eda antes, sin dudarlo, vender la plater\u00eda, incluso hasta los c\u00e1lices\u00bb.<\/p>\n<p>No aprobaba que se tomaran, sin raz\u00f3n, los domingos y fiestas, las medicinas que pudieran esperar. Por eso aconsejaba agradablemente dejarlo para otro d\u00eda, y eso siguiendo el parecer de cada uno. Un estudiante deseando tomar alg\u00fan remedio el domingo para no interrumpir los estudios: Dejadlo para un d\u00eda laborable, mi querido hermano, le dijo buenamente el hermano Alexandre, sabr\u00e9is siempre m\u00e1s de lo que necesit\u00e1is\u00bb, moderando as\u00ed con dulzura su ardor por el estudio.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>Lo mismo que sus deberes particulares, las obligaciones comunes de su vocaci\u00f3n le eran cosa sagrada.<\/p>\n<p>No se puede conocer mejor la alta estima que ten\u00eda de su vocaci\u00f3n que leyendo los razonamientos que se hac\u00eda a s\u00ed mismo para animarse a perseverar en ella.<\/p>\n<p>\u00ab1\u00ba Ser\u00eda, dice \u00e9l, una gran infidelidad e ingratitud para con Dios dejar su vocaci\u00f3n, despu\u00e9s de recibir de \u00e9l el favor de ser llamado a un estado y a un g\u00e9nero de vida tan elevado y tan excelente.<\/p>\n<p>\u00ab2\u00ba Perseverar en ella es una se\u00f1al de predestinaci\u00f3n; ya que no es cre\u00edbleque un misionero que vive bien seg\u00fan sus reglas, es decir lejos del pecado, practicando la virtud y dedic\u00e1ndose a tan buenas obras, pueda condenarse.<\/p>\n<p>\u00ab3\u00ba Dejar la vocaci\u00f3n es se\u00f1al de reprobaci\u00f3n, porque es preferir su propia voluntad a la voluntad de Dios, y por decirlo as\u00ed privarse o hacerse indigno de las gracias necesarias para salvarse en el mundo, donde \u00e9l no os llama.<\/p>\n<p>\u00ab4\u00ba El que vuelve al mundo vive en \u00e9l de ordinario peor todav\u00eda que anteriormente: la experiencia lo demuestra en los ap\u00f3statas, que se vuelven entonces m\u00e1s imp\u00edos\u00bb.<\/p>\n<p>El amor de nuestro hermano Alexandre por su vocaci\u00f3n\u00a0 le alejaba de los que, seg\u00fan su expresi\u00f3n,\u00a0 hab\u00edan hecho bancarrota; y no quer\u00eda ya tener relaci\u00f3n con ellos. El hermano que le asist\u00eda en el servicio de la enfermer\u00eda confesaba haber sido muy afectado por este distanciamiento del hermano Alexandre para con los que eran infieles a su vocaci\u00f3n.\u00a0 Un cirujano, antiguo hermano y su disc\u00edpulo, luego al servicio de un pr\u00edncipe extranjero, le escribi\u00f3 algunos meses antes de su muerte. Su carta hablaba de la prosperidad de su estado; pese a todo esto, no estaba contento, y le ped\u00eda que le escribiera dos l\u00edneas de su pu\u00f1o y letra para su consuelo. El hermano Alexandre declar\u00f3 que no quer\u00eda leer la carta y que no la contestar\u00eda.<\/p>\n<p>El mayor amor que se pueda manifestar de su vocaci\u00f3n es esmerarse por obtener de Dios las virtudes que componen su esp\u00edritu, con el fin de que quien las posea sea para ejemplo y edificaci\u00f3n en el interior y en el exterior de la Congregaci\u00f3n; son los buenos ejemplos los que atraen a los individuos a las comunidades.<\/p>\n<p>Nuestro hermano Alexandre ha sido siempre tan ejemplar que el Sr. Vicente, nuestro muy honorable Padre, le propon\u00eda como modelo a los sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda, cuando les hablaba en alguna conferencia en particular.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly, Superior general, en una carta del 26 de septiembre de 1686,\u00a0 es decir tres semanas antes de la muerte de nuestro querido hermano, se expresaba en estos t\u00e9rminos: Nuestro anciano y buen hermano Alexandre est\u00e1 muy delicado, no obstante quiere librar a la Compa\u00f1\u00eda en lo que puede: viene al cap\u00edtulo, ha comido alg\u00fan tiempo en la enfermer\u00eda por necesidad, y ahora ha querido venir al refectorio. Sigue trabajando y es un gran ejemplo en esta casa.<\/p>\n<p>Hermoso elogio de un Misionero quien, despu\u00e9s de cincuenta a\u00f1os de vocaci\u00f3n, no quer\u00eda sin embargo ni privilegio ni exenci\u00f3n para \u00e9l, y se mostraba infatigable en el trabajo.<\/p>\n<p>De hecho, el hermano Alexandre se mostr\u00f3 siempre como un modelo en la observancia de las virtudes de pobreza, de obediencia y de humildad.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or Jesucristo ha dicho: \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00edritu, porque el reino de los cielos les pertenece\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, profundamente convencido de esta m\u00e1xima, nuestro hermano Alexandre ambicionaba\u00a0 m\u00e1s ardientemente la pobreza que los mundanos las riquezas.<\/p>\n<p>No obstante, si iba pobremente vestido, se manten\u00eda siempre con decencia aunque sin afectaci\u00f3n, pues reprobaba un aire de pobreza rebuscado.<\/p>\n<p>Aunque fuera ligeramente vestido, no se calentaba a pesar de ello; se contentaba con caminar un poco, despu\u00e9s de la comida para calentarse; y, cuando se vio obligado por la edad y la enfermedad a arrastrarse con dificultad, iba a sentarse en una piedra exponiendo al sol sus pobres miembros temblorosos y resecados. Por \u00faltimo todas las cosas del mundo eran para \u00e9l como si no existieran; no dec\u00eda nunca: nuestras granjas, nuestras tierras, nuestras casas, etc., sino las granjas de la casa, las casas de la Compa\u00f1\u00eda, etc.<\/p>\n<p>Sab\u00eda muy bien que la ociosidad es la almohada sobre la que\u00a0 el demonio Asmod\u00e9e descansa a sus anchas, y que ella es la madrastra de las virtudes, en particular de la castidad. Tambi\u00e9n evitaba con cuidado este vicio. Siempre se le encontraba \u00fatilmente ocupado, sea en los diversos oficios de los que hab\u00eda sido encargado, un gran n\u00famero de a\u00f1os, sea en alguna lectura u oraci\u00f3n que continuaba incluso durante el trabajo, ya que, seg\u00fan las propias palabras del Sr. Vicente, nuestro muy honorable Padre, <em>no dejaba nunca m\u00e1s la presencia de Dios as\u00ed como no se quitaba la camisa.<\/em><\/p>\n<p>Citaremos dos circunstancias que manifiestan la perfecci\u00f3n de su obediencia. Amaba tiernamente a los pobres: pero, durante alg\u00fan tiempo, los Superiores recomendaron no dar ya nada en la puerta, sino enviarlos a las Hijas de la Caridad. Comentando esta recomendaci\u00f3n con un Hermano, le dijo: \u00abY qu\u00e9 quiere usted, los Superiores ven m\u00e1s claro que nosotros, siempre tienen raz\u00f3n, y yo me someto de todo coraz\u00f3n a sus \u00f3rdenes, sabemos que la obediencia vale m\u00e1s que el sacrificio\u00bb. Desde entonces fue muy exacto en no dar nada sin permiso expreso.<\/p>\n<p>El otro hecho que \u00edbamos a citar, es que habiendo sido descargado del oficio de los enfermos y remplazado por un hermano de la farmacia, quien por cierto sab\u00eda mucho menos que \u00e9l, no manifest\u00f3 ning\u00fan desagrado ni problema, ni en sus palabras ni en sus actos.<\/p>\n<p>Aprovechaba, en efecto, toda ocasi\u00f3n de humillarse. Toda esta casa, escribe su bi\u00f3grafo, puede dar testimonio de esto. Me acuerdo, entre otras cosas, que en nuestro retiro de 1669, al final de la oraci\u00f3n sobre la preparaci\u00f3n a la comuni\u00f3n, nos dijo, de rodillas y muy inclinado: \u00abSe\u00f1ores m\u00edos, les pido humildemente perd\u00f3n por todos los malos ejemplos que les he dado, siendo el m\u00e1s escandaloso de todos los que han entrado y que entren jam\u00e1s en la Congregaci\u00f3n; por ello, me encomiendo a sus santas oraciones, para que emplee bien el resto de mi miserable vida. Les ruego pues que me permitan besar humildemente sus pies, aunque no me lo merezca\u00bb.<\/p>\n<p>Humill\u00e1ndose un d\u00eda, despu\u00e9s de la reedici\u00f3n de una de sus oraciones, en el retiro de 1677, \u00e9l dijo: \u00abHuyo de la humillaci\u00f3n, y lo dir\u00e9, como el demonio huye de la cruz; y sin embargo no soy m\u00e1s que un pobre pordiosero, a quien el Sr. Vicente, nuestro muy honorable Padre, ha comprado satisfaciendo alguna deuda contra\u00edda por m\u00ed en el siglo\u00bb.<\/p>\n<p>En su \u00faltima ancianidad, hac\u00eda las cosas m\u00e1s bajas con un afecto y fervor tan grandes, que produc\u00eda confusi\u00f3n en los m\u00e1s j\u00f3venes. Hacia el final de sus d\u00edas, se le ha visto guante cerca de un a\u00f1o lavar todos los d\u00edas la vajilla en la cocina; y antes de esto, durante varios a\u00f1os m\u00e1s, , no dejaba de ayudar en el mismo trabajo, los domingos y los d\u00edas de fiesta. Asist\u00eda en el mismo servicio\u00a0 a los hermanos empleados en el oficio de los pensionistas, cuando encontraba all\u00ed la vajilla sucia, despu\u00e9s la ordenaba, lo que era una gran edificaci\u00f3n para todos, y mostraba su humilde caridad.<\/p>\n<p>Habr\u00eda podido, al parecer, ser honrado con el sacerdocio; pero su gran humildad le hab\u00eda hecho preferir la condici\u00f3n de hermano coadjutor la cual, aunque baja a los ojos del mundo, no deja de ser, seg\u00fan la fe, una de las m\u00e1s honrosas y favorables a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El amor a los padres enga\u00f1a mucho a personas consagradas a Dios, no disponiendo el demonio de otro expediente mejor para arrebatarles el amor de Dios y de su santa vocaci\u00f3n. El hermano Alexandre se defendi\u00f3 en todo tiempo contra este defecto. Citaremos a prop\u00f3sito algunas notas de su sobrino admitido a su vez en la comunidad.<\/p>\n<p>\u00abCuando Dios, dice \u00e9l, me inspir\u00f3 entrar en la Congregaci\u00f3n, fui a verle, con tal seguridad que yo cre\u00eda no necesitar de nadie m\u00e1s, para el \u00e9xito de mi plan. Pero, apenas le hube manifestado mi intenci\u00f3n, cuando me declar\u00f3 que no poderme satisfacer en esto, porque la Compa\u00f1\u00eda ten\u00eda por pr\u00e1ctica no atraer a nadie a su seno, y que siendo su pariente, yo podr\u00eda parecer haber sido atra\u00eddo a ella por \u00e9l. En resumen que no quiso tomar parte en mi asunto; fue cuando me vio dentro \u00e9l demostr\u00f3 la parte de alegr\u00eda que ten\u00eda en la gracia que Dios me hab\u00eda dado; y a\u00f1adi\u00f3: \u2018Hasta el presente he sido tu t\u00edo pero en adelante ser\u00e9 tu hermano y t\u00fa no debes llamarme otra cosa\u2019\u00bb.<\/p>\n<p>El hermano Alexandre era muy mortificado. Iba siempre modestamente con los ojos bajos, no volviendo la cabeza para mirar las cosas curiosas o a las personas que pasaban. Cuando estuvo algunos meses en Versalles para cuidar de los enfermos, que eran muchos en nuestra casa, nunca se pudo comprometerle visitar las curiosidades de la ciudad.<\/p>\n<p>Maceraba su carne con instrumentos de penitencia, que llevaba con frecuencia, entre otros, un cintur\u00f3n de crines provisto de puntas muy agudas, que hubiera asustado a una persona menos mortificada. Ten\u00eda tambi\u00e9n una disciplina con cuatro o cinco ramas y cadenillas de cuero muy dolorosas lo que s\u00f3lo conoc\u00edan sus directores; y era tan obediente que ten\u00eda mucho cuidado de no usarlas sin su permiso.<\/p>\n<p>Perfectamente due\u00f1o de s\u00ed mismo, el hermano Alexandre estaba lleno de afabilidad respecto del pr\u00f3jimo. Su dulzura era tan encantadora, y su fisionom\u00eda se parec\u00eda tanto a la de los santos y de los predestinados, que despu\u00e9s de verle o hablarle, era bien dif\u00edcil negarle su afecto.<\/p>\n<p>Para con Dios, su piedad era tierna y ardiente. Cada d\u00eda o\u00eda todas las misas que pod\u00eda, sin por ello descuidar los oficios que se le encargaban, y en el buen cumplimiento de los cuales refer\u00eda\u00a0 todas sus dem\u00e1s devociones. Cifraba sus delicias en el honor de servir a los sacerdotes en el altar, y lo hac\u00eda de manera que daba devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante el d\u00eda, en sus momentos libres, iba all\u00ed donde estaba su tesoro, es decir a la iglesia, abrigado para conversar coraz\u00f3n a coraz\u00f3n con Jesucristo en el tabern\u00e1culo. Habr\u00eda deseado pasar la vida a los pies de este amable Salvador. Se manten\u00eda como abismado e inm\u00f3vil delante de su alta Majestad, y todo el tiempo que permanec\u00eda all\u00ed le parec\u00eda siempre demasiado corto. Por otra parte, como la noche le parec\u00eda tambi\u00e9n demasiado larga, hab\u00eda pedido permiso para levantarse antes que los dem\u00e1s. Durante los siete a\u00f1os que he levantado a los ejercitantes, declara su bi\u00f3grafo, le encontraba, antes de que sonara la campana, o en la iglesia, o arrodillado delante de la puerta, cuando no estaba a\u00fan abierta. Era as\u00ed el primero de la Comunidad en rendir sus homenajes y sus adoraciones a Nuestro Se\u00f1or, en el Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n<p>Sent\u00eda una profunda veneraci\u00f3n\u00a0 por la Virgen Mar\u00eda, por sus im\u00e1genes y por su santo nombre. Todas las veces que sal\u00eda de la farmacia o entraba, hac\u00eda una genuflexi\u00f3n ante la imagen del ni\u00f1o Jes\u00fas; conced\u00eda el mismo tributo de amor u de respeto a la imagen de la sant\u00edsima Virgen. En sus oraciones, difund\u00eda por decirlo as\u00ed su coraz\u00f3n por su buena Madre. La invocaba con frecuencia y recitaba en su honor un gran n\u00famero de oraciones, de letan\u00edas, rosarios, etc. Si iba a la ciudad, era para \u00e9l un consuelo recitar, adem\u00e1s del ordinarios, las letan\u00edas. Conclu\u00eda a menudo sus cartas con esta f\u00f3rmula: \u00abSoy en el amor de Nuestro Se\u00f1or y de su santa Madre\u00bb, etc. Ella fue su refugio en la vida y en la muerte.<\/p>\n<p>Una de sus particulares devociones era la que ten\u00eda para los santos \u00c1ngeles y en particular para el \u00c1ngel de la guarda. El hermano que ha servido m\u00e1s tiempo con \u00e9l en las enfermer\u00edas ha comunicado la observaci\u00f3n siguiente:<\/p>\n<p>\u00abNo dejaba pasar ni un d\u00eda sin decir el oficio de los Santos \u00c1ngeles; hizo lo imposible por ense\u00f1\u00e1rmelo, y me lo hizo recitar con \u00e9l todas las ma\u00f1anas antes de la oraci\u00f3n. Era sobre todo cuando \u00edbamos juntos a los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, al nombre de Jes\u00fas, a la casa de las Hijas de la Caridad, cuando quer\u00eda que yo aprendiera de memoria este oficio y, adem\u00e1s, el Itinerario, para recitarlo juntos. Nunca le he visto faltar a esta pr\u00e1ctica, aunque no fuera m\u00e1s que para ir a la comunidad de nuestras hermanas, muy vecina a\u00a0 la\u00a0 nuestra\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly habi\u00e9ndole obligado hac\u00eda algunos a\u00f1os a comer en primera mesa, ten\u00eda costumbre, despu\u00e9s de la comida, de pasar sus recreos en la capilla de los Santos \u00c1ngeles, donde la piedad de Mons. Abelly, obispo de Rodez, muy devoto de estos bienaventurados esp\u00edritus, hab\u00eda mandado colocar un hermoso cuadro de los nueve coros ang\u00e9licos. Sin la menor duda el buen hermano, al contemplarlo, se elevaba en esp\u00edritu con ellos hasta Dios, su monarca y modelo supremo, ya que pod\u00eda decir con el santo ap\u00f3stol: Mi conversaci\u00f3n o mi recreo est\u00e1 en los cielos.<\/p>\n<p>Algunos le han atribuido curaciones maravillosas. En algunas circunstancias, pareci\u00f3 tambi\u00e9n conocer el futuro. Uno de nuestros hermanos se hallaba en nuestra granja de Rougemont, y una violenta enfermad le atormentaba mucho. Otro hermano, su compa\u00f1ero,\u00a0 lleg\u00f3 en diligencia a cont\u00e1rselo a nuestro hermano Alexandre, que le respondi\u00f3: <em>V\u00e1yase, hermano m\u00edo, nuestro hermano Guillermo ya est\u00e1 mejor, no necesita remedios. <\/em>\u00a0El hermano se volvi\u00f3 y se qued\u00f3 sorprendi\u00f3 al ver sano a quien hab\u00eda dejado tan enfermo. Pues habi\u00e9ndose informado de la hora de su curaci\u00f3n, descubri\u00f3 que hab\u00eda tenido lugar a la hora en que nuestro hermano Alexandre hab\u00eda dicho que estaba mejor.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos, contin\u00faa su historiador, que nuestro hermano Alexandre V\u00e9rone, habiendo sido uno de los m\u00e1s fieles sirvientes de nuestra Padre el fundador Sr. Vicente, le ha prestado excelentemente todos los deberes de un hijo bien nacido a su padre. Admiraba en \u00e9l\u00a0 el brillo de tantas y\u00a0 tan perfectas virtudes, y se regocijaba\u00a0 por las grandes bendiciones otorgadas a todas sus santas obras.<\/p>\n<p>Hab\u00eda examinado y estudiado de tal manera las virtudes heroicas de este hombre de Dios, que ha puesto m\u00e1s que ning\u00fan otro en manos de nuestro querido hermano Ducournau los documentos que han servido para componer la vida de nuestro venerable Fundador.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly hab\u00eda comenzado, hace unos ocho a\u00f1os, a tener una conferencia, el 27 de septiembre, sobre la vida y las virtudes de nuestro venerable Padre, y entonces escuchamos hablar una vez o dos al hermano Alexandre, tan bien, que nos maravill\u00f3.<\/p>\n<p>Dios iba a recompensar los trabajos de su fiel servidor. \u00c9ste se prepar\u00f3 piadosa y confiadamente a la muerte.<\/p>\n<p>En el momento de recibir el santo vi\u00e1tico y la extremaunci\u00f3n, apenas el Sr. Cabel le hubo exhortado, y al propio tiempo congratulado, dici\u00e9ndole que hac\u00eda m\u00e1s de medio siglo que serv\u00eda en su vocaci\u00f3n al mismo Se\u00f1or que iba a recibir, que la humildad de nuestro hermano dej\u00f3 de lado esta alabanza; y pidi\u00f3 perd\u00f3n a toda la Compa\u00f1\u00eda por el esc\u00e1ndalo que cre\u00eda haberle dado.<\/p>\n<p>Se apag\u00f3 pac\u00edficamente el 18 de noviembre de 1676.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Nuestro Hermano Alexandre V\u00e9rone fue siempre tan estimado y honrado que cuantos le han conocido le ten\u00edan por santo, comenzando por el Sr. Vicente. Este digno Fundador le propon\u00eda como modelo a los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n, en las conferencias particulares que les hac\u00eda sobre los deberes de su estado, y les aseguraba que este buen hermano estar\u00eda un d\u00eda colocado muy alto en el cielo. Ya hemos tenido ocasi\u00f3n de citar su testimonio cuando anunci\u00f3 la muerte del Sr. Jean de La Salle, primer director del seminario interno: \u00bb\u00a0Nuestro Se\u00f1or, dijo, no parece querer quedarse ah\u00ed; ya que, a la hora en que os escribo, tenemos a dos de nuestros hermanos que han recibido la extrema unci\u00f3n, y uno de ellos es nuestro querido y admirable hermano Alexandre. Es de notar que este buen Hermano no ten\u00eda por entonces m\u00e1s que veintinueve a\u00f1os; Y, qu\u00e9 no habr\u00eda dicho este venerable Padre, si hubiera vivido hasta la muerte de este admirable hermano quien, bien lejos de desmerecer, ha embellecido su carrera como un gigante elev\u00e1ndose de virtud en virtud. El Sr. Vicente prob\u00f3 tambi\u00e9n, por sus actos la estima en que le ten\u00eda, pues le nombr\u00f3 procurador de la casa y le encarg\u00f3 de la\u00a0\u00a0\u00a0 y de la despensa, sin hablar de los oficios de provisor, de enfermero y de farmac\u00e9utico, y de la dignidad de c\u00f3nsul de Argel que logr\u00f3 se lo confiriera S. M. el Rey, con el poder sin embargo de nombrarse un delegado o sustituto. Esta misma estima del Sr. Vicente le llev\u00f3 por dos veces a pedrr perd\u00f3n a este querido hermano por haberle acogido con un poco de frialdad, como cuando fue enviado a Richelieu para cuidarle en su enfermedad; el Sr. Vicente se humill\u00f3 ante \u00e9l, y, al volver aqu\u00ed, se lo hizo tambi\u00e9n al asistente de la casa, diciendo: \u00ab\u00bfSab\u00e9is que este buen Hermano habiendo ido a Richelieu por m\u00ed, yo no le trat\u00e9 como de costumbre\u00a0? Yo le pido perd\u00f3n muy humildemente en vuestra presencia y os suplico que rogu\u00e9is a Dios por m\u00ed, para que me conceda la gracia de no volver a cometer m\u00e1s faltas parecidas hacia \u00e9l\u00a0\u00bb<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras, y el Sr. Jolly, sucesor del Sr. Alm\u00e9ras, estaban llenos para con \u00e9l de respeto\u00a0\u00a0 que no se pueden atribuir sino a la veneraci\u00f3n que ten\u00edan por su m\u00e9rito y por su vida ejemplar.<\/p>\n<p>El difunto Sr. Fournier, hombre de una virtud eminente, cuya vida es conocida, y que muri\u00f3 siendo segundo asistentes de la Congregaci\u00f3n y director del Seminario, ten\u00eda un respeto particular por nuestro querido Hermano. Le gustaba enviarle a veces a j\u00f3venes seminaristas un poco tiernos consigo mismos, que sacaban mucho provecho de sus palabras edificantes y de sus buenos ejemplos<\/p>\n<p>El difunto Sr. Bajoue, que hab\u00eda sido tambi\u00e9n director del seminario interno y que muri\u00f3 siendo director de nuestros Hermanos mayores, no admiraba menos a nuestro hermano Alexandre; repiti\u00f3 varias veces que era un gran siervo de Dios, y que sus comunicaciones espirituales respiraban un amor ardiente de Dios.<\/p>\n<p>Nunca le vi calentarse m\u00e1s que una vez, estando enfermo por entonces, pero estaba en el calentador en un riguroso silencio, y en el mismo recogimiento que en la oraci\u00f3n. Era siempre el primero o uno de los primeros en todos los ejercicios de la comunidad, oraci\u00f3n, misa, confesi\u00f3n a la hora se\u00f1alada, y por lo general en todo lo que prescrib\u00eda la regla. No pasaba por delante de la iglesia sin entrar en ella, para hacer sus respetos a Nuestro Se\u00f1or. Ten\u00eda la devoci\u00f3n de ayudar a misa cada d\u00eda y no faltaba nunca. Una vez que yo le ve\u00eda d\u00e9bil sufriendo del pecho, le dije: \u00bb\u00a0Si tomara alguna cosa para ayudaros a arrojar estas flemas que os ahogan, sentir\u00edais alivio. \u2013Oh, se\u00f1or, me respondi\u00f3, no nos queda otro remedio que acabar de alguna manera, hay que abandonarse a la voluntad divina\u00bb.<\/p>\n<p>No iba a la puerta m\u00e1s que para asistir al pr\u00f3jimo y procurar a los pobres todos los alivios posibles; tambi\u00e9n estos pobres le quer\u00edan y ten\u00edan en \u00e9l una confianza maravillosa.<\/p>\n<p>Mons. de Rodez (Abelly), a\u00f1ade el bi\u00f3grafo,\u00a0 me ha dicho que hab\u00eda admirado c\u00f3mo nuestro hermano Alexandre, habiendo sido cambiado de oficio, no se rebajaba ni se enaltec\u00eda, sino que iba siempre a su paso con una admirable igualdad de esp\u00edritu, no destac\u00e1ndose por nada, no inquiet\u00e1ndose por nada, y cumpliendo tranquilamente su deber; y, a sus muchos a\u00f1os, habi\u00e9ndole encargado por segunda vez el mismo oficio, no lo rechaz\u00f3, aunque hubiera podido encontrar alguna excusa, en raz\u00f3n de su avanzada edad, pero \u00e9l acept\u00f3 con la misma igualdad de esp\u00edritu y su sencillez ordinaria: por eso este gran prelado ten\u00eda su virtud en gran estima.<\/p>\n<p>Nuestro buen hermano era un tesoro escondido; los dem\u00e1s hermanos que le han conocido sent\u00edan por \u00e9l veneraci\u00f3n y respeto. Quer\u00edan hacerle peque\u00f1os servicios, y despu\u00e9s de recibirlos, los abrumaba, por as\u00ed decirlo, con acciones de gracias. Por ejemplo, por un vaso de agua, levantaba los ojos al cielo y, uniendo las manos, exclamaba: \u00bb\u00a0Pido a Dios de todo coraz\u00f3n que os d\u00e9 tantas gracias como gotas de agua me hab\u00e9is tra\u00eddo\u00a0\u00ab. Se trataba de fuego, volv\u00eda a la carga: Que el Esp\u00edritu Santo os consuma m\u00e1s y m\u00e1s con su amor divino, y as\u00ed a todos los dem\u00e1s; rebaj\u00e1ndose\u00a0 de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n por debajo de todos, aprovechaba para hacer alguna aspiraci\u00f3n propia para levantar el esp\u00edritu de los hermanos a las cosas del cielo.<\/p>\n<p>Los externos le ten\u00edan en veneraci\u00f3n, sin exceptuar a muchos obispos que frecuentaban San L\u00e1zaro, en tiempos de nuestro venerable Padre el Sr. Vicente.<\/p>\n<p>Cuando los pobres del barrio se lo encontraban en sus caminatas a los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, al Nombre de Jes\u00fas y a las Hijas de la Caridad, le prodigaban las mayores se\u00f1ales de respeto.<\/p>\n<p>El hijo de la Srta. Le Gras, consejero en la corte de las Monedas, sent\u00eda por este querido hermano tal estima que, a la noticia de su muerte, quiso tener alg\u00fan objeto que le hubiera pertenecido para guardarlo como una reliquia.<\/p>\n<p>El hermano Chollier, autor de esta noticia, la termina as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0Omito todo lo que se pudiera a\u00f1adir sobre este bueno y fiel siervo de Dios. Yo en particular le invoco en secreto como a un santo, ya que no me est\u00e1 permitido invocarle en p\u00fablico, como tal, antes del juicio de nuestra santa Madre la iglesia.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0M\u00e1s de un a\u00f1o antes de mi admisi\u00f3n en le Congregaci\u00f3n, viniendo de ordinario los domingos y fiestas a San L\u00e1zaro, a o\u00edr las v\u00edsperas, yo distingu\u00ed enseguida a este buen hermano sin saber su nombre. Pero cuando la suerte de compartir la misma vocaci\u00f3n me permiti\u00f3 conocerle mejor, mi estima por \u00e9l aument\u00f3 con su edificante conversaci\u00f3n y la intimidad de nuestras relaciones. Es lo que me ha hecho tomar la pluma, con la venia de mi superior, para elevar a su memoria este peque\u00f1o monumento, por imperfecto que sea\u00a0\u00ab. \u2013Cf. 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Obediencia. Su ense\u00f1anza Como hac\u00eda siempre, san Vicente apela al ejemplo de Nuestro Se\u00f1or como el motivo primero cuando habla a padres y hermanos sobre la obediencia. Jes\u00fas, les dice, obedeci\u00f3 no s\u00f3lo a Mar\u00eda y a Jos\u00e9, sino a todos los que ten\u00edan autoridad, fueran buenos y malos.\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"voca","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/06\/voca.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":141160,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/adalberto-micaleuski-1683-1737\/","url_meta":{"origin":46828,"position":4},"title":"Adalberto Micaleuski (1683-1737)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"13\/03\/2015","format":false,"excerpt":"Desde que el se\u00f1or Jolly puso al P. 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