{"id":46803,"date":"2011-07-30T10:18:25","date_gmt":"2011-07-30T08:18:25","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46803"},"modified":"2016-07-27T12:15:40","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:40","slug":"edme-jolly-tercer-superior-general-de-la-c-m-y-de-las-hh-c-ultima-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/edme-jolly-tercer-superior-general-de-la-c-m-y-de-las-hh-c-ultima-parte\/","title":{"rendered":"Edme Jolly, tercer Superior General de la C.M. y de las HH.C. (\u00faltima parte)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\">Cap\u00edtulo VIII:<\/h2>\n<p style=\"text-align: center\"><em>De su vigilancia y cuidados que ha tenido para oponerse a los menores defectos que habr\u00edan podido introducirse en la Compa\u00f1\u00eda.<\/em><\/p>\n<div id=\"attachment_46293\" style=\"width: 251px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jolly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-46293\" class=\"size-medium wp-image-46293\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jolly-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Edme Jolly, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-46293\" class=\"wp-caption-text\">Edme Jolly, C.M.<\/p><\/div>\n<p>Nadie pone en duda que la vigilancia no sea una de las principales cualidades requeridas en las personas a quienes llama Dio a la direcci\u00f3n de las almas. San Pablo la recomienda con insistencia a su disc\u00edpulo Timoteo: \u00ab<em>Tu vero vigila; in omnibus labora<\/em>; Vigilad sin cesar y tomad todos los cuidados posibles\u00a0 por la salvaci\u00f3n de las personas\u00a0 que os son confiadas\u00bb. (I Tim. IV, 5.)\u00a0 El \u00e1ngel de Dios da el mismo consejo en el Apocalipsis al obispo de Sardes: \u00ab<em>Esto vigilans et confirma coetera quae moritura eran<\/em>; Estad vigilante y fortaleced en la gracia\u00a0 y caridad de Jesucristo a las personas, que sin vuestro auxilio estar\u00edan en peligro de perderse\u00bb. (III, 2.)<\/p>\n<p>Los Superiores son los jefes de las comodidades. Deben tener los ojos siempre abiertos para percibir los menores males que las amenazan. Deben ser como los animales de los que se habla en Ezequiel, que estaban todos llenos de ojos para\u00a0 que nada se les escape; o como esos serafines que vigilan sin cesar y no se dan ning\u00fan reposo ni de d\u00eda ni de noche. El difunto Sr. Jolly pose\u00eda esta virtud en un grado alto de perfecci\u00f3n. Ten\u00eda por naturaleza el ojo vivo y penetrante; era dif\u00edcil que nada se le escapara.<\/p>\n<p>Por no poder estar en todas partes, nombraba a unos oficiales vigilantes para ocupar su lugar. Cuando algunos sacerdotes regresaban de las dem\u00e1s casas donde hab\u00edan permanecido alg\u00fan tiempo, les preguntaba si no ve\u00edan alguna decadencia\u00a0 en la regularidad de la casa de San L\u00e1zaro desde que la hab\u00edan dejado, y no dejaba de remediar\u00a0 lo antes posible los defectos que le se\u00f1alaban y constataba que se hab\u00edan deslizado algunos.<\/p>\n<p>Ten\u00eda una o dos veces al mes todos los a\u00f1os conferencias sobre los defectos m\u00e1s ordinarios que se comet\u00edan en la casa. Mandaba hablar en estas clases de conferencias\u00a0 a personas sencillas\u00a0 y sinceras que descubr\u00edan sin disfraz los defectos se\u00f1alados; y despu\u00e9s de esta conferencia general las ten\u00eda tambi\u00e9n particulares sobre las principales faltas que se hab\u00edan referido. Si era necesario reprender a los particulares que eran los m\u00e1s culpables, lo hac\u00eda tambi\u00e9n con gran fuerza y celo para el buen orden.<\/p>\n<p>Se informaba con cuidado ante los visitadores, los superiores\u00a0 y hasta los particulares juiciosos y regulares,\u00a0 de la situaci\u00f3n de cada casa. Pon\u00eda de ordinario a un asistente firme y diligente con un superior algo blando o menos entregado a las funciones de su cargo, para que de la combinaci\u00f3n prudente de sus cualidades contrarias resultara una buena direcci\u00f3n. Hac\u00eda mucho caso de los Superiores entregados a conservar el buen orden, la paz y la regularidad en sus familias, como por el contrario no ve\u00eda con buen ojo a los que, despreciando lo principal, que es el cuidado de su casa, se disipaban en el exterior, y se cargaban en demas\u00eda de asuntos del mundo, o incluso en asuntos de piedad\u00b8 los reprend\u00eda duramente y, si no se correg\u00edan, no tardaba en cambiarlos.<\/p>\n<p>Estaba ocupado sin cesar de los medios para prevenir la relajaci\u00f3n o de corregir los defectos que trataban de deslizarse en la comunidad. \u00abNo se puede estar en esta vida sin defectos, dec\u00eda, y las m\u00e1s santas comunidades no se ven exentas; todos nos vemos sujetos a fallar. Es pues necesario protegerse de vez en cuando con buenos consejos contra la relajaci\u00f3n y salir de sus faltas. Uno de los mejores medios es valorar el silencio ya que, dec\u00eda \u00e9l, advirti\u00e9ndonos el Esp\u00edritu Santo que ser perfecto es no ofender a Dios con la lengua y que no se puede evitar el pecado cuando se toma la libertad de hablar mucho, se ha de dar al silencio tanta importancia como a su propia perfecci\u00f3n. El silencio es el padre de la oraci\u00f3n y facilita el adelanto en la virtud. Ha sido siempre considerado como un medio absolutamente\u00a0 necesario para conservar la regularidad y el esp\u00edritu de piedad y de devoci\u00f3n en las comunidades. Cuando se guarda esta regla en ellas exactamente, todas las dem\u00e1s se observan fielmente; se lleva una vida interior; el esp\u00edritu de recogimiento y de oraci\u00f3n reina en ellas; cada uno trabaja en su santificaci\u00f3n y en su perfecci\u00f3n. Al contrario, all\u00e1 donde no se observa el silencio no se ven otras cosas que infracciones de las otras reglas, y se cometen una gran cantidad de faltas con ocasi\u00f3n de las charlas in\u00fatiles; no existe ni recogimiento interior ni oraci\u00f3n y, por consiguiente, no hay\u00a0 virtud ni santidad. Por eso se ha de huir del demasiado hablar con tanto cuidado como del pecado; se ha de vigilar la lengua e imponerse un silencio exacto, fuera del tiempo y de las ocasiones en que est\u00e1 permitido hablar, sobre todo en los lugares en los que el silencio est\u00e1 m\u00e1s recomendado. Que las conversaciones sean de las cosas convenientes a nuestro estado, y nunca de lo que respecta a la direcci\u00f3n de la casa para murmurar; que no sean tampoco en un tono de voz demasiado alto. Este amor del silencio no contribuir\u00e1 poco al recogimiento del esp\u00edritu. Los otros medios de evitar la relajaci\u00f3n eran, seg\u00fan \u00e9l, el afecto a la oraci\u00f3n, el esp\u00edritu de humildad y de pobreza, la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n. Recomendaba tambi\u00e9n en particular la obediencia perfecta y la caridad mutua.<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or, dec\u00eda \u00e9l, habi\u00e9ndose sometido muy particularmente a todas las voluntades de su Padre, incluso hasta en las menores cosas por nuestra salvaci\u00f3n, es justo que nosotros le testimoniemos rec\u00edprocamente nuestra obediencia. Se lo mostraremos con esta renuncia que \u00e9l tanto ha exaltado, haciendo exactamente y amorosamente lo que nos ordenar\u00e1, siendo fieles a la observancia de las reglas, o constituciones\u00a0 que nos ha dado, siendo puntuales\u00a0 en guardar el orden del d\u00eda que nos est\u00e1 prescrito y obedientes al toque de campana como a su voz.<\/p>\n<p>\u00abLa caridad mutua, a\u00f1ad\u00eda, es la de todas las virtudes\u00a0 que Nuestro Se\u00f1or\u00a0 nos recomendado m\u00e1s, reiter\u00e1ndonos el mandamiento por tres veces en el \u00faltimo serm\u00f3n que tuvo antes de su pasi\u00f3n. Toda la comunidad se debe pues persuadir que es en particular en la pr\u00e1ctica de esta virtud como debe manifestar su amor a su Salvador; y como no se puede practicar debidamente sin ejercitarla en el orden, y que el buen orden pide que los que est\u00e1n m\u00e1s unidos sean tambi\u00e9n los m\u00e1s amados, se necesita a los que Dios ha unido tan estrechamente en una comunidad vivan juntos de una manera abierta y muy cordial y no obstante muy civil y respetuosa. Deben evitar cuidadosamente todo lo que podr\u00eda\u00a0 por poco que fuera alterar su uni\u00f3n, sin mostrar ninguna desconfianza mutua, no reprendiendo los defectos m\u00e1s que a aquellos que lo piden, soport\u00e1ndose y asisti\u00e9ndose mutuamente, demostrando gran compasi\u00f3n con los sufrimientos los unos de los otros, no diciendo ninguna palabra que vaya contra la dulzura por poco que sea, contra la afabilidad y el respeto que se deben.<\/p>\n<p>\u00abEsta manera de obrar, adem\u00e1s de otras cosas alimenta y sostiene la caridad; pues se ama naturalmente ser tratado por los dem\u00e1s honrosamente, y se crea f\u00e1cilmente afecto por las personas que nos dan testimonios\u00a0 de honor y de respeto. Es pues de suma importancia que nos tratemos unos a otros, seg\u00fan el consejo del ap\u00f3stol san Pablo, con este honor y este respeto, y que vivamos juntos de una manera muy honrosa y cordial\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly estimaba \u00fatil que las virtudes aqu\u00ed expuestas fueran tomadas de vez en cuando, una tras otra, como sujeto de conferencia. Sab\u00eda muy bien que la relajaci\u00f3n en las comunidades no viene tanto de la ignorancia de los deberes del estado, como del temor por la pena\u00a0 y las dificultades que acompa\u00f1an la pr\u00e1ctica de la virtud. Por eso hac\u00eda todos los esfuerzos posibles para quitar este funesto obst\u00e1culo que impide a tantas personas dotar a su carrera y corresponder como deben a los planes que Dios tiene sobre ellos. \u00abTenemos raz\u00f3n, dec\u00eda con un fervor admirable, nosotros tenemos raz\u00f3n para alegrarnos\u00a0 y dar gracias a Dios por los grandes beneficios que recibimos todos los d\u00edas como consecuencia de nuestra vocaci\u00f3n; pero tambi\u00e9n tenemos mucha raz\u00f3n de temer abusar de ellos y hacernos indignos de ellos no correspondiendo. Un misionero que descuida tan grandes gracias y medios tan f\u00e1ciles que Dios le ha dado para perfeccionarse y perfeccionar a los dem\u00e1s, no merece sino de sobra ser rechazado y abandonado de Dios y de la Compa\u00f1\u00eda para ser el juguete del mundo [499] y del diablo; se burlar\u00e1n\u00a0 f\u00e1cilmente de \u00e9l, ya que Dios le abandona a causa del abuso de sus divinos favores. Tememos la pena; pero no hay tantas dificultades en aspirar a la perfecci\u00f3n co,o se imagina, y vemos por experiencia que nadie sufre menos que los que los que buscan esta misma pena. Aqu\u00e9llos, por ejemplo, que est\u00e1, convencidos de la necesidad que tenemos de ser s\u00f3lida y absolutamente obedientes, no tienen ninguna pena, no sufren ya dificultades; al contrario, reciben gran placer en obedecer. Sucede lo mismo con las dem\u00e1s virtudes. En el camino de la santificaci\u00f3n, el trabajo y la pena son para los que no quieren trabajar para adquirirla y que huyen del trabajo y de la pena; y, por el contrario, la dulzura y el contento son para los que quieren llegar a la perfecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Sosten\u00eda con tan poderosas exhortaciones por sus fervientes s\u00faplicas\u00a0 y sus ejemplos todav\u00eda m\u00e1s poderosos que las palabras. Cuando las exhortaciones no bastaban para detener el curso de un desorden naciente, se serv\u00eda de toda la autoridad que Dios le hab\u00eda dado para castigar y hasta para suprimir a los incorregibles, si era necesario, como se ha hecho ver en el cap\u00edtulo de su dulzura y de la firmeza de su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si se hubiera dormido, el hombre, el enemigo no habr\u00eda dejado de sembrar en el campo del padre de familia la ciza\u00f1a de los errores e ilusiones del quietismo entre el buen grano de la humilde meditaci\u00f3n y de una contemplaci\u00f3n verdaderamente digna de Dios que \u00e9l ha proporcionado a la debilidad y al estado mortal de la criatura que la recibe.<\/p>\n<p>El pretexto de este error era especioso; se trataba de unirse estrechamente a Dios; \u00bfc\u00f3mo alejarse de un goce que es el objeto de todos nuestros deseos y que constituye nuestra felicidad, en esta vida, como lo debe ser en la otra? Por eso, la confusi\u00f3n era grande; ya que, no es f\u00e1cil de separar en materia de contemplaci\u00f3n, la operaci\u00f3n de Dios de la de la criatura. No obstante, nuestro vigilante superior, despu\u00e9s de [500] reflexionar largo tiempo sobre las molestas consecuencias del abuso que se pod\u00eda hacer del santo ejercicio de la oraci\u00f3n, afectando a estas v\u00edas de luz y avanzando por caminos separados, despu\u00e9s de pedir por largo tiempo y recibir consejo de sus Srs. Asistentes y tambi\u00e9n de algunas personas m\u00e1s de la congregaci\u00f3n que ten\u00eda por prudentes y virtuosas, habl\u00f3 a uno de los primeros contra el quietismo. Se adelant\u00f3, por la prohibici\u00f3n que impuso a sus inferiores de ingerirse en estas v\u00edas de oraci\u00f3n, la condena que la Santa Sede ha hecho despu\u00e9s. Y toda nuestra Congregaci\u00f3n ha recibido con tanto respeto y veneraci\u00f3n su sentimiento sobre este asunto que ha redactado un decreto expresamente, en la Asamblea general de 1685.<\/p>\n<p>La lectura de los malos libros, o tambi\u00e9n de los que no son her\u00e9ticos ni corrompidos, sino que contienen demasiada novedad y en los que se insertan sentimientos de irreligi\u00f3n o de desobediencia, es muy peligrosa. Toca el deber de los superiores no dejar esta clase de libros en las manos de todos sus inferiores; por eso el Sr. Jolly recomendaba ser fieles en encerrar aparte en todas las bibliotecas de nuestras casas los libros her\u00e9ticos, irreligiosos, o tambi\u00e9n aquellos en cuya\u00a0 lectura se necesita un gran examen y un descernimiento dif\u00edcil. Escribi\u00f3 en 1693 una carta circular para mandar encerrar un libro nuevo de este tercer car\u00e1cter, que andaba en las manos de casi todo el mundo porque, dec\u00eda \u00e9l, no hay nada de lo que debamos huir con m\u00e1s cuidado como de la curiosidad y del gusto de las novedades sospechosas, tanto en lo que se refiere a la doctrina como lo que concierne a las costumbres.<\/p>\n<p>No basta que un superior preserve el esp\u00edritu de sus s\u00fabditos de todo error, debe tambi\u00e9n guardar su coraz\u00f3n\u00a0 de la corrupci\u00f3n\u00a0 de las pasiones a las que se inclinan la carne y la sangre.<\/p>\n<p>El amor excesivo de esta vida y el apego desarreglado a los parientes son dos pasiones particularmente capaces de arruinar toda la virtud y la regularidad de las personas que sirven a Dios en las comunidades. Hemos dicho en otra parte c\u00f3mo quer\u00eda el Sr. Jolly que se tuviera cuidado de los enfermos; pero es necesario decir aqu\u00ed que estaba atento a que los enfermos no tuviesen un cuidado tal de su salud corporal que descuidasen la santificaci\u00f3n de sus almas. Ten\u00eda costumbre de citar a este prop\u00f3sito la palabra de la imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or: <em>Pauci ex infirmitate meliorantur. <\/em>\u00a0Es preciso, dec\u00eda a los enfermos y a los convalecientes, tener mucho cuidado de que la enfermedad del cuerpo no pase hasta el alma; es preciso que nuestra virtud se perfeccione mientras languidece nuestro cuerpo, y decir con san Pablo: <em>Cum infirmor, tunc potens sum<\/em>\u00ab.<em> <\/em><\/p>\n<p>Tem\u00eda mucho que el esp\u00edritu de delicadeza y de inmortificaci\u00f3n llegara a deslizarse en la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto al amor desarreglado de los padres, \u00e9stos son los sentimientos que \u00e9l ten\u00eda, los ejemplos que nos ha dado de un santo desprendimiento y los consejos que ha escrito para curar a algunos particulares, que estaban en peligro. \u00abUn hombre pose\u00eddo del afecto a sus padres, dec\u00eda \u00e9l, no es capaz de nada. Las palabras de Nuestro Se\u00f1or son tan expresas en esta materia que no se puede m\u00e1s, y \u00e9l mismo nos ha dado ejemplo en toda su conducta; \u00e9l nos dice en san Marcos: <em>Non est Propheta sine honore, nisi in patria sua et domo sua et in cognatione sua\u00bb; <\/em>Un profeta no est\u00e1 sin honor m\u00e1s que en su pa\u00eds, en su casa y entre sus parientes\u00bb; si est\u00e1\u00a0 sin honor, ser\u00e1 despreciado, y as\u00ed ser\u00e1 in\u00fatil. Digan lo que digan los parientes, se sienten edificados al ver a\u00a0 alguno de los suyos que est\u00e1 comprometido en una congregaci\u00f3n entregado a las cosas de su deber y de su profesi\u00f3n; si, por el contrario, le ven mezclarse en sus asuntos, no le considerar\u00e1n\u00a0 m\u00e1s que como a un hombre que no est\u00e1 m\u00e1s que de cuerpo y a medias en su estado. No son en el fondo las gentes de comunidad las que hacen la fortuna de sus padres.<\/p>\n<p>\u00abNo nos debemos encargar de las comisiones de nuestros padres ni mezclarnos en sus asuntos y, cuando nos vemos obligados a hablarles, hay que ser breves. Es necesario a veces tener esta crueldad; pues, a menos que se supere, no se puede prevenir\u00bb.<\/p>\n<p>Parece que sea llevar las cosas demasiado lejos, pero es verdad que la conducta del Sr. Jolly ha sido todav\u00eda m\u00e1s dura y santamente m\u00e1s cruel que sus palabras.<\/p>\n<p>Uno de sus sobrinos segundos, habi\u00e9ndose presentado para ser recibido en la Compa\u00f1\u00eda, mand\u00f3 que fuese rechazado en cuanto supo que no era excelentemente capaz, aunque hubiera entonces\u00a0 varios j\u00f3venes en el seminario, que no eran m\u00e1s fuertes que \u00e9l en la filosof\u00eda\u00a0 y en las humanidades.<\/p>\n<p>El superior de nuestra casa de Saint-Cloud hab\u00eda tomado afecto a otro de sus segundos sobrinos y deseaba ayudarle para su establecimiento. El Sr. Jolly se enter\u00f3 por algunas cartas que se escrib\u00edan a nuestro caritativo sacerdote; las retuvo y, por ello, le escribi\u00f3 \u00e9sta:<\/p>\n<p>\u00abCay\u00f3 en mis manos anteayer una carta que una de mis sobrinas, religiosa en Montmirail, os escrib\u00eda, y que era por su sobrino, que por consiguiente es mi segundo sobrino. Esta buena joven se mezcla mucho m\u00e1s de lo debido con sus parientes. Ella os pide muchas cosas que me obligan a pediros que no os ocup\u00e9is de \u00e9l, como yo me he negado a hacerlo. No es suficiente que yo me niegue, es tambi\u00e9n conveniente que nadie de la compa\u00f1\u00eda se mezcle en ello; ya que nos volver\u00edamos odiosos si nos ocup\u00e1ramos en cuidar de nuestros parientes; este joven tiene un hermano en Laon, que ense\u00f1a las humanidades; tiene otro que es sacerdote; tiene parientes en Charleville. Sin embargo, parece que creen que yo me deba encargar de \u00e9l, de su hermana y de todos sus dem\u00e1s hermanos; tratar\u00e9 de no hacerlo, y de impedirle, si puedo, que sea importuno con nadie en mi nombre, ya que esto no conviene a las personas de nuestra profesi\u00f3n\u00bb. \u00c9l prohibi\u00f3 adem\u00e1s\u00a0 a uno de nuestros sacerdotes de Versalles as\u00ed como a la Hijas de la\u00a0 Caridad de Par\u00eds y de Versalles que se comprometieran nunca a favor de los suyos.<\/p>\n<p>\u00c9l no omiti\u00f3 nada, en una palabra, de lo que pod\u00eda hacer para vivir en la tierra, como otro Melquisedech, sin padre, sin madre, sin genealog\u00eda, ni parientes; se content\u00f3 con pedir a Dios por sus padres y repartirles las peque\u00f1as rentas anuales que recib\u00eda de su patrimonio. No se sirvi\u00f3 nunca\u00a0 en favor de los suyos del derecho que ten\u00eda de nombrar para ciertas parroquias de importancia; enviaba normalmente el nombramiento en blanco al superior del seminario para que pusiera a uno de los m\u00e1s dignos sujetos de la di\u00f3cesis. Ha nombrado dos veces a una parroquia muy importante mil libras de rentas; escogi\u00f3 a \u00e9stos que los\u00a0 Srs. de San Sulpicio y un virtuoso p\u00e1rroco y doctor de Sorbona le aseguraban que eran los m\u00e1s dignos, sin mirar a sus padres, entre los cuales se hallaban quienes hubieran cumplido muy bien este puesto.<\/p>\n<p>Quer\u00eda que todos los misioneros entraran en estos sentimientos y siguieran sus ejemplos, en esta pr\u00e1ctica del desprendimiento apost\u00f3lico. Escribi\u00f3 a uno de nuestros sacerdotes que quer\u00eda que se acercara a \u00e9l uno de sus parientes en estos t\u00e9rminos: \u00abSe\u00f1or, es dif\u00edcil creer qu\u00e9 distracci\u00f3n producen los parientes a un sacerdote que los acerca a \u00e9l, y qu\u00e9 perjuicio causan en su ministerio, haga lo que haga, por desinteresados que sean. Solo los que no est\u00e1n interesados pueden juzgarlo con acierto. Cuando nuestros parientes no tienen esperanza en nosotros, se aprovechan lo mejor que pueden; es lo que veo todos los d\u00edas en los m\u00edos\u00bb. Otro sacerdote, habi\u00e9ndole escrito que estaba por fin cansado de las importunidades\u00a0 de sus parientes, recibi\u00f3 esta respuesta: \u00abBendigo a Dios porque os ha dado a conocer en vuestro retiro el l\u00edo en que os hab\u00e9is metido a causa de vuestros parientes. Cuanto m\u00e1s se entrega uno a ellos, m\u00e1s nos importunan; y, despu\u00e9s de todo, no les va mejor en sus asuntos, ya que Dios no bendice las asistencias que se les prestan contra sus \u00f3rdenes. Permaneced pues firme en vuestra resoluci\u00f3n, vivir\u00e9is contento, servir\u00e9is a Dios y vuestros parientes no se sentir\u00e1n menos c\u00f3modos\u00bb.<\/p>\n<p>Neg\u00f3 por carta a uno de nuestros sacerdotes el permiso que le ped\u00eda de venir a Par\u00eds para asistir a la ceremonia de la toma de h\u00e1bito de su hermana, que estaba en religi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abNo tenemos, le escrib\u00eda \u00e9l, casi mortificaci\u00f3n exterior; en recompensa, tomamos \u00e9sta, de no ir a nuestros parientes m\u00e1s que en necesidad, y de no asistir a estas clases de ceremonias donde no tenemos que hacer. Creo que ver\u00e9is bien que hagamos\u00a0 con vos como lo hac\u00edamos con todos los dem\u00e1s. Os ver\u00e1n con mayor alegr\u00eda en la casa en que est\u00e1is, cuando se sepa que os priv\u00e1is de esta satisfacci\u00f3n humana, para observar las costumbres de nuestra congregaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Como \u00e9l no negaba a sus propios parientes los socorros de las rentas temporales de su patrimonio, permit\u00eda con facilidad a los dem\u00e1s hacer lo mismo, suponiendo la necesidad, fuera de la cual deseaba que se prefirieran los pobres. Le sucedi\u00f3 varias veces que, impresionado por el gran desprendimiento que algunos de los nuestros demostraban para con sus parientes pobres y abandonados, \u00e9l mismo ha tenido cuidado de sus asuntos y los ha sacado del mal paso en que, sea por maldad de otros, sea por su propia falta, se hab\u00edan metido.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly tem\u00eda las menores alteraciones del esp\u00edritu de nuestro muy honorable padre el Sr. Vicente. Siempre entregado a Dios en la oraci\u00f3n, le serv\u00eda de boca para ense\u00f1arnos sus divinas voluntades; siempre fiel en las cosas menores que nos recomendaba, nos serv\u00eda de antorcha para ir a \u00e9l por el camino que nos hab\u00eda trazado. Cumpl\u00eda as\u00ed, en el recibo entero de sus deberes, toda la extensi\u00f3n del anagrama que se ha hecho de su nombre (Edmundus Ioly): <em>Os Dei, <\/em>Lux Mundi: Es la boca de Dios y la luz del mundo<em>\u00ab.<\/em><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center\">Cap\u00edtulo IX:<\/h2>\n<p style=\"text-align: center\"><em>Algunas m\u00e1ximas o sentencias que le eran m\u00e1s familiares.<\/em><\/p>\n<p>Aunque se vea bastante por lo que se ha dicho hasta ahora de la vida y de las virtudes de nuestro muy honorable Padre el Sr. Jolly cu\u00e1les eran los principio y las reglas de sus actos y de su conducta, se ha cre\u00eddo no obstante que no ser\u00eda\u00a0 dem\u00e1s a\u00f1adir un breve compendio de las sentencias y m\u00e1ximas de buena conducta que le eran m\u00e1s familiares. Los antiguos, para prestarnos servicio, han llenado vol\u00famenes enteros con los pensamientos ingeniosos y proverbios de los fil\u00f3sofos que no eran todo lo m\u00e1s otra cosa que producciones y ocurrencias de la raz\u00f3n humana bien cultivada. No hay pues lugar a temer que sea superfluo si recogemos en pocas p\u00e1ginas algunas sentencias de nuestro sapient\u00edsimo Padre, en vista de que son principalmente, en su mayor parte, , m\u00e1ximas sacadas del fondo de la religi\u00f3n y que las otras son muy juiciosas y fundadas en una larga experiencia que hab\u00eda adquirido. Comenzaremos por las que son muy espirituales o sobrenaturales; seguir\u00e1n las que se refieren m\u00e1s a los asuntos humanos.<\/p>\n<p>Algunas m\u00e1ximas o sentencias le eran m\u00e1s familiares.<\/p>\n<ol>\n<li>Tendr\u00e9 por modelo la vida y las m\u00e1ximas de Nuestro Se\u00f1or y, por medio de esta imitaci\u00f3n, las de los Srs.\u00a0\u00a0\u00a0 Vicente y Alm\u00e9ras.<\/li>\n<li>Obrar sin respeto humano, buscando la gloria de Dios y confiando que \u00e9l har\u00e1 nuestros asuntos, si buscamos puramente hacer los suyos.<\/li>\n<li>Hacer las cosas de Dios sin urgencias, siguiendo paso a paso a la Providencia, apresur\u00e1ndonos lentamente y caminando al estilo italiano, <em>piano<\/em>, <em>piano, <\/em>porque quien se agobia recula, en las cosas de Dios.<\/li>\n<li>Hagamos su parte en la acci\u00f3n de la divina Providencia es Dios quien gobierna. \u00c9l lo ve todo, y lo puede impedir; si no lo hace, debemos someternos.<\/li>\n<li>Es preciso suplir el defecto de los talentos con su humildad y reconocimiento de su pobreza; la humildad suple lo que nos falta.<\/li>\n<li>Para ganar el coraz\u00f3n y obrar \u00fatilmente es preciso tener mucha dulzura y auxilio, estando conforme al esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or y a la pr\u00e1ctica de los Srs. Vicente y Alm\u00e9ras.<\/li>\n<li>Firme e inviolable en cuanto al fin, dec\u00eda, seg\u00fan el Sr. Vicente, manso y humilde en cuanto a los medios.<\/li>\n<li>No se han de perdonar las desobediencias formales, mucho menos las faltas que han sido escandalosas en la comunidad.<\/li>\n<li>No sorprenderse nunca por las dificultades, ni abandonarse al miedo, creyendo firmemente que no nos suceder\u00e1 m\u00e1s mal de los que la bondad divina quiera permitir.<\/li>\n<li>La sant\u00edsima y adorable voluntad de Dios sea nuestra regla y nuestra divisa, como ella es nuestra salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n.<\/li>\n<li>Para que los nuevos no se disgusten en la pr\u00e1ctica de la virtud, es preciso que los antiguos les den el ejemplo.<\/li>\n<li>No admitir en el oficio a aqu\u00e9llos que manifiesten desearlo por poco que sea; y no conceder a los particulares lo que desean\u00a0 con ardor, ni lo que piden con amenazas, aunque pueda ocurrir alg\u00fan inconveniente.<\/li>\n<li>Prestarse de buena gana a los arreglos de nuestros procesos, tanto para dar ejemplo al p\u00fablico como porque la paz vale m\u00e1s que lo que nos puedan quitar en un arreglo desventajoso.<\/li>\n<li>Los empleos honrosos, brillantes y estimados por las gentes del mundo no nos convienen; y si alguna vez en esto los Misioneros se salen de la sencillez, de la humildad y de las dem\u00e1s virtudes\u00a0 que componen el esp\u00edritu de la congregaci\u00f3n, perder\u00e1n la gracia de su estado y no encontrar\u00e1n ninguna en las acciones brillantes.<\/li>\n<li>De ordinario los Superiores\u00a0 que est\u00e1n considerados por los seculares no lo est\u00e1n apenas por las personas de la congregaci\u00f3n; y, por el contrario, los que est\u00e1n bien considerados dentro no lo est\u00e1n tanto afuera, porque se entregan a la observancia de las reglas y no a los negocios seculares.<\/li>\n<li>Avisar a menudo y seriamente a los superiores que, descuidando el cuidado de su casa, se dedican a los asuntos de fuera; y si no se corrigen, desposeerlos.<\/li>\n<li>Los enfermos virtuosos son la bendici\u00f3n de la congregaci\u00f3n, los superiores deben tener gran cuidado de ellos; y ellos mismos no deben\u00a0 agobiarse por los remedios: ser\u00eda mostrar con ello que les falta virtud.<\/li>\n<li>Nosotros somos instrumentos de Dios, no debemos nunca afligirnos por los malos sucesos, ni aplaudirnos por los \u00e9xitos en los asuntos, porque es Dios quien lo conduce todo; es suficiente que le prestemos nuestras manos para sus obras, nosotros no estanos encargados del \u00e9xito.<\/li>\n<li>Hemos de acudir a nuestras reglas en materia de perfecci\u00f3n: toda la que Dios pide de nosotros est\u00e1 comprendida en esto. La regularidad es m\u00e1s estimable en un s\u00fabdito, incluso en un superior, que todos los dem\u00e1s talentos.<\/li>\n<li>En cuanto al cabello aunque no se vea apenas blancos, dec\u00eda: \u00abCuando hay mezcla de blancos y de negros, no se suele corregir\u00bb; y a\u00f1ad\u00eda con m\u00e1s seriedad: \u00abEs cosa rara ver a hombres cambiar, sobre todo cuando han cogido su costumbre y formado sus h\u00e1bitos\u00bb.<\/li>\n<li>En las desgracias es preciso, dec\u00eda \u00e9l, humillarse y someterse a Dios y, aun cuando fuera de su agrado destruirnos en el momento, no debemos tener el menor pensamiento de oponernos. <em>Dominus est; quod<\/em> <em>bonum est inoculis suis faciat. <\/em><\/li>\n<li>Los superiores deben ser tan devotos, tan fervientes y tan amigos de Dios, que sostengan a su familia, como Mois\u00e9s, levantando las manos al cielo, hac\u00eda por el pueblo de Dios.<\/li>\n<li>Para convertir a las almas, es necesario que los hombres apost\u00f3licos ante y por m\u00e1s tiempo a Dios de los pecadores, que de Dios a los pecadores. Esta m\u00e1xima es de San Agust\u00edn.<\/li>\n<li>Recogerse antes de hablar y no decir nada que no sea oportuno y que no venga a cuento.<\/li>\n<li>Permanecer siempre en los principios de nuestro Instituto que son el desprendimiento, la humildad y a la caridad.<\/li>\n<li>Formar bien a los j\u00f3venes, porque un seminarista no devoto, vago y tibio, no ser\u00e1 nunca buen misionero. El vicio de la primera formaci\u00f3n corrompe todo el resto de la vida.<\/li>\n<li>Huir toda duplicidad, mentira y equ\u00edvoco en las palabras, y nunca decir nada que sea contrario a las obligaciones de la caridad y a las reglas de la prudencia.<\/li>\n<li>No son siempre los m\u00e1s sabios los que producen m\u00e1s fruto, los que tienen m\u00e1s gracias lo hacen mejor, porque dios los favorece, en lugar de que se opone siempre a los orgullosos.<\/li>\n<li>No escuchar los deseos de los eclesi\u00e1sticos de la congregaci\u00f3n que querr\u00edan ser hermanos, ni de los hermanos que querr\u00edan ser eclesi\u00e1sticos; porque, si se los [509] escuchara en la pendiente natural que los hombres tienen al cambio, no habr\u00eda ya nada seguro m\u00e1s que la mutaci\u00f3n y el desorden.<\/li>\n<li>Respond\u00eda a los superiores que se quejaban de los obreros que les enviaban, que cuando Dios no nos da excelentes s\u00fabditos, le resulta muy agradable que nos sirvamos de los que tenemos, aunque pobrecitos, mientras no sean incapaces del todo.<\/li>\n<li>Una buena direcci\u00f3n debe ser humilde, caritativa, prudente\u00a0 y circunspecta, porque con estas virtudes tiene consejos suficientes; <em>Et erit salus ubi multa consilia, <\/em>dice el Esp\u00edritu Santo en los Proverbios.<\/li>\n<li>Dec\u00eda ordinariamente en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del d\u00eda de Pascua: \u00bb\u00a0Ya ha pasado la Cuaresma, pero el tiempo de mortificarnos, de hacer penitencia, y de llevar una vida santa y edificante, no ha pasado, hay que combatir hasta la muerte y resistir hasta la sangre\u00bb.<\/li>\n<li>Hay que caminar con mucha sencillez, mirar a Dios en las personas que nos dirigen, confiar su alma a los cuidados de sus superiores, porque hay muchas gracias por seguir as\u00ed en el mandato de dios.<\/li>\n<li>No querer hacer nada m\u00e1s que la obediencia, es estar seguros que se ama sobre todas las cosas la voluntad de Dios; y perseverar en este estado es ir a grandes pasos a su salvaci\u00f3n y a su perfecci\u00f3n.<\/li>\n<li>Si algunas cosas pueden da\u00f1ar a las personas que sirven a Dios es sin duda la elecci\u00f3n que hacen a veces de sus empleos, de los lugares y de las personas con las que quieren servirle.<\/li>\n<li>El alimento de Nuestro Se\u00f1or era hacer la voluntad de su Padre celestial, nosotros debemos aspirar sin cesar a esta santa disposici\u00f3n.<\/li>\n<li>Se han de respetar mucho los consejos de NN. Srs. los Obispos, pues son los primeros gu\u00edas de sus di\u00f3cesis, sobre todo si son virtuosos y que no est\u00e9n interesados en el asunto de que se trata.<\/li>\n<li>Un misionero no mortificado no sirve para nada<\/li>\n<li>No se puede contar con un hombre que titubea sobre el estado de vida que debe abrazar y que tiene a\u00fan\u00a0 afectos tiernos y humanos para sus pr\u00f3jimos, cuando no los mortifica.<\/li>\n<li>La oraci\u00f3n y la mortificaci\u00f3n son dos medios absolutamente necesarios para la adquisici\u00f3n de todas las virtudes.<\/li>\n<li>El secreto es el alma de los buenos asuntos que se ven casi siempre patas arriba\u00a0 por la charlataner\u00eda. Se ha de guardar el secreto en las cosas menores para no violarle en las m\u00e1s importantes.<\/li>\n<li>No innovar nada, a menos que el camino resulte evidentemente necesario para el bien com\u00fan, porque si una pr\u00e1ctica nueva es de alguna utilidad, su novedad aporta siempre una confusi\u00f3n; <em>Si utilitate juvat, novitate perturbat. (<\/em>Aug. Ep. 18.)<\/li>\n<li>Para cambiar del mal al bien\u00a0 en la direcci\u00f3n, primero deliberar poco; pero para cambiar el bien por el mejor, hay que pens\u00e1rselo dos veces, reflexionar largo tiempo y casi siempre no hacer nada.<\/li>\n<li>Para mantener a los inferiores en regla conviene que los superiores les atiendan en sus necesidades porque <em>tibi non est abundantia, non est observantia. <\/em><\/li>\n<li>No se ha de contestar contra los prelados; pero, cuando lo que se les pide est\u00e1 lleno de raz\u00f3n, se ha de perseverar en record\u00e1rselo sin ceder, y unir, en caso de resistencia, la firmeza con la dulzura, sin inquietarse.<\/li>\n<li>\u00bb\u00a0Guardaos mucho de un hombre que no tiene m\u00e1s que un libro, y de un litigante que s\u00f3lo tiene un asunto\u00bb; esto para ense\u00f1ar a los j\u00f3venes a no dividirse demasiado en su estudio.<\/li>\n<li>Sed muy reservado en recibir en la compa\u00f1\u00eda a los que se han marchado y en no permitir que los nuestros los vean y traten con ellos a escondidas.<\/li>\n<li>Las personas que se van de la lengua no valen para ser superiores ni procuradores.<\/li>\n<li>Las personas enfermas por lo general no son propias para ser superiores porque, estando necesitadas de tomar algunos remedios necesarios, les cuesta negar incluso lo superfluo a los que est\u00e1n bajo su direcci\u00f3n<\/li>\n<li>Hacer de suerte que las personas de fuera no se mezclen en nuestros asuntos dom\u00e9sticos y cuidar de que no se les hable temerariamente y sin fruto.<\/li>\n<li>Cuando le apuraban\u00a0 por algo que no pod\u00eda conceder o negar en el instante, respond\u00eda como sonriendo estas palabras italianas: <em>\u00ablo vero<\/em> <em>et\u00a0 faro quel che potro<\/em> \u2013Ver\u00e9 y har\u00e9 lo que pueda\u00bb. Hab\u00eda aprendido esta respuesta, que no compromete a nada, de Mons. el cardenal Corrado, datario, que se serv\u00eda de ella casi siempre para darse un tiempo de deliberaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Ten\u00eda m\u00e1s refranes italianos de los que se serv\u00eda muy oportunamente con los que sab\u00edan esta lengua: <em>\u00abAssai domanda chi serve bene e tace;<\/em>\u00a0 -Mucho pide quien sirve bien y se calla\u00bb \u2013<em>Chi ti (fa) carrezze pi\u00f9 que non suole, t\u2019ha ingannato o inganar ti vuole:<\/em> -Quien te acaricia m\u00e1s que de costumbre, o te ha enga\u00f1ado,\u00a0 o te quiere enga\u00f1ar\u00bb. \u2013<em>Chi sa non fa non sa, et cosi, il mondo se ne va: &#8211;<\/em>Quien puede no quiere; quien quiere no puede. Quien sabe no hace, y quien hace no sabe; as\u00ed anda el mundo\u00bb. \u2013\u00bb<em>Col tempo e colla paglia si maturano le nespole: <\/em>Con el tiempo y con la paja, los n\u00edsperos maduran; es decir que con el tiempo y paciencia todo se alcanza.<br \/>\nHa repetido muchas veces al difunto Sr. Alm\u00e9ras este poroverbio: \u00ab<em>Chi labora meno, labora pi\u00f9<\/em> \u2013Quien trabaja menos trabaja m\u00e1s\u00bb.<br \/>\nLo que traduc\u00eda para nosotros FrancesesHay que hacer vida que dure, y no gastarnos en un d\u00eda.<\/li>\n<li>En los asuntos un poco espinosos \u00bb\u00a0Ya veremos, dec\u00eda, lo que el tiempo nos dice\u00bb, prefiriendo perder un poco de tiempo en la deliberaci\u00f3n, con tal de ganarlo en el vigor de la acci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Esto es cuanto hemos podido recoger de la vida, de las virtudes y de las m\u00e1ximas del difunto Sr. Edme Jolly, nuestro muy honorable Padre y tercer Superior general.<\/p>\n<p>Quiera Nuestro Se\u00f1or hacernos la gracia de conservar para siempre la memoria, seguir cada vez m\u00e1s las virtudes de las que \u00e9l nos ha dado tan grandes ejemplos y de vivir y de morir como \u00e9l en una completa fidelidad a los deberes del estado al que \u00e9l ha querido llamarnos para su gloria y la salvaci\u00f3n de nuestras almas. <em>\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VIII: De su vigilancia y cuidados que ha tenido para oponerse a los menores defectos que habr\u00edan podido introducirse en la Compa\u00f1\u00eda. 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