{"id":46540,"date":"2011-07-30T01:30:00","date_gmt":"2011-07-29T23:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46540"},"modified":"2016-07-28T22:26:42","modified_gmt":"2016-07-28T20:26:42","slug":"san-justino-de-jacobis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-justino-de-jacobis\/","title":{"rendered":"San Justino de Jacobis"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00abAbuna Jacob, el obispo de Lucana, hijo ilustre de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Justino de Jacobis, fue, a mediados del siglo pasado, misionero con gran coraje en la evangelizaci\u00f3n de las lejanas tierras de Etiop\u00eda. Desde ayer ha entrado en el cat\u00e1logo de los santos de la Iglesia de Dios. La canonizaci\u00f3n se celebr\u00f3 en la plaza de San Pedro, ante una gran multitud&#8230;, a las diez de lo ma\u00f1ana del 26 de octubre \u00ab. <\/em>(ANALES 83, nov.-dic. 1975, p. 718). As\u00ed comienza la cr\u00f3nica de la ceremonia de canonizaci\u00f3n de Justino de Jacobis. Era el final de una larga carrera: la carrera de un misionero que dej\u00f3 su vida por los caminos de Etiop\u00eda, y de una Iglesia que, edificada por el testimonio de ese hombre, lo declara santo, para animaci\u00f3n y ejemplo de todos los cristianos.<\/p>\n<h2><strong><em>La preparaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Justino naci\u00f3 el 9 de octubre de 1800 en San Fele, Basilicata, centro-sur de Italia. Sus padres, Giovanni Battista y Maria Giuseppa Muccia tuvieron 14 hijos (nueve murieron peque\u00f1os), de los cuales Justino fue el s\u00e9ptimo. Bautizado al d\u00eda siguiente de su nacimiento, le pusieron tres nombres: Giustino Pasquale Sebastiano.<\/p>\n<p>La familia Battista Muccia era sencilla pero con un nombre y prestigio, y de fuerte tradici\u00f3n cat\u00f3lica, por lo que Justino fue educado en la piedad sobre todo por su madre. Fue confirmado a los siete a\u00f1os y a los catorce su familia, no sabemos las causas, se traslad\u00f3 a la ciudad de N\u00e1poles. En N\u00e1poles sigui\u00f3 form\u00e1ndose, all\u00ed conoci\u00f3 a un sacerdote carmelita, Mariano Cacace, quien se convierte en su director espiritual y acompa\u00f1ante vocacional. Este sacerdote orient\u00f3 a Justino, despu\u00e9s de haber discernido sus inclinaciones vocacionales, a buscar una comunidad de vida esencialmente activa, que era lo que respond\u00eda a las inquietudes vocacionales del joven. Es as\u00ed como el 17 de octubre de 1818 ingres\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Justino era de car\u00e1cter impulsivo, pero al mismo tiempo reflexivo, lo cual moderaba lo que hubiera de defecto en \u00e9l. Ya en las misiones, le servir\u00eda el esp\u00edritu arrojado, emprendedor, combinado con una gran capacidad reflexiva y conciliadora.<\/p>\n<p>Estudi\u00f3 su noviciado en N\u00e1poles; emiti\u00f3 los votos en 1820, y continu\u00f3 con los estudios de teolog\u00eda. En 1823 es trasladado a Oria, donde recibe en poco tiempo las \u00f3rdenes menores, el subdiaconado y el diaconado y es ordenado sacerdote el 12 de junio de 1824.<\/p>\n<p>Una vez ordenado, pas\u00f3 15 a\u00f1os de ministerio antes de partir a la misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb. Quince a\u00f1os \u00abhaciendo su equipaje\u00bb. \u00bfEn d\u00f3nde estuvo?: En Oria hasta 1829, en Monopoli hasta 1834, superior en Leche hasta 1836, en N\u00e1poles como Director del Seminario Interno hasta 1837, asistente y luego superior de \u00abdei Vergini\u00bb hasta 1838, donde lo encuentra el destino.<\/p>\n<p>Y durante este tiempo \u00bfqu\u00e9 hizo? Hizo lo que cualquier misionero vicentino: Predicar misiones, acompa\u00f1ar espiritualmente a los fieles, ejercicios espirituales, promoci\u00f3n de las obras vicentinas. Particip\u00f3 en unas 50 misiones. Trabaj\u00f3 mucho dando ejercicios espirituales y en la atenci\u00f3n a enfermos y pobres, fundando y dirigiendo asociaciones de caridad.<\/p>\n<p>Fueron quince a\u00f1os que, sin saberlo, le sirvieron como preparaci\u00f3n para su gran empresa; a\u00f1os en los que fue viviendo y profundizando los principios de la espiritualidad vicentina, centrada en la figura de Cristo evangelizador de los pobres, la docilidad a la Divina Providencia, el cultivo de las virtudes del misionero: humildad, sencillez, mansedumbre, mortificaci\u00f3n y celo apost\u00f3lico. Estos ser\u00e1n aspectos que configuren como misionero a Justino, son parte del equipaje que llevar\u00e1 a la misi\u00f3n y desde las cuales vivir\u00e1 su entrega misionera. Otros aspectos de su espiritualidad que desarrolla personalmente son: la devoci\u00f3n a la Virgen, fue gran propagador de la \u00abMedalla Milagrosa\u00bb, acu\u00f1ada apenas unos a\u00f1os antes de su partida a Etiop\u00eda (Justino fue el primero en llevar la medalla a Africa). Y otro aspecto: su apertura a los dem\u00e1s, el \u00abhacerse todo a todos\u00bb, abisinio con los abisinios, con una capacidad de adaptaci\u00f3n y comprensi\u00f3n extraordinarias.<\/p>\n<p>En su predicaci\u00f3n desarroll\u00f3 el \u00abpeque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb vicentino, que consiste en hablar con sencillez, persuasi\u00f3n, familiaridad, m\u00e1s que con gran elocuencia y erudici\u00f3n. Durante su ministerio en Italia fue un gran predicador de misiones. Fue tambi\u00e9n intenso en la vivencia de la caridad, fundando cofrad\u00edas de caridad y buscando recursos para sostener obras de asistencia. Fue asombroso su comportamiento en la epidemia de c\u00f3lera de 1836, en la que se desvivi\u00f3, junto con otros misioneros, en la atenci\u00f3n y cuidado de los enfermos.<\/p>\n<p>En este tiempo de \u00abpreparaci\u00f3n\u00bb murieron sus padres: su pap\u00e1 en 1837 y su mam\u00e1 en 1838. Un hermano suyo, Vincenzo, se hab\u00eda hecho cartujo y otro, Filippo, misionero vicentino tambi\u00e9n. De sus otros hermanos uno (Nicola) lleg\u00f3 a ser literato y el otro (Donato) abogado.<\/p>\n<p>Un misionero de la Congregaci\u00f3n, el P. Sapeto, hab\u00eda iniciado los trabajos de una misi\u00f3n en Etiop\u00eda. Cuando \u00abPropaganda Fide\u00bb pens\u00f3 que era necesario formalizar dichos trabajos, pens\u00f3 en el P. Justino de Jacobis. En un viaje a N\u00e1poles el Prefecto de \u00abPropaganda Fide\u00bb se entrevist\u00f3 con Justino, con quien habl\u00f3 de la misi\u00f3n de Etiop\u00eda y sus necesidades, proponi\u00e9ndole que tomara la direcci\u00f3n de la misi\u00f3n como Prefecto Apost\u00f3lico. Los superiores mayores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n aceptaron la encomienda un poquito forzados por los hechos y tal vez sin mucho entusiasmo. Despu\u00e9s, ya con Justin al frente, ir\u00edan asumiendo de mejor modo la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La propuesta-elecci\u00f3n para la misi\u00f3n de Etiop\u00eda le entusiasm\u00f3 grandemente, ten\u00eda el coraz\u00f3n de misionero. Emprendi\u00f3 pronto un viaje a Roma para hablar m\u00e1s claramente de los detalles de la misi\u00f3n, y a Paris, para hablar de ello con el Superior General y rezar en la tumba de San Vicente. El viaje a Par\u00eds lo hizo en compa\u00f1\u00eda de un personaje franc\u00e9s, estudioso de la geograf\u00eda e historia et\u00edopes, y de dos sacerdotes abisinios y su criado que iban a Francia como embajada diplom\u00e1tica. A trav\u00e9s de ellos tuvo el primer contacto con Etiop\u00eda y se inform\u00f3 de muchos detalles de la vida en aquellas tierras.<\/p>\n<p>Llegado a Par\u00eds, en san L\u00e1zaro, se encontr\u00f3 primeramente con el P. Etienne, ec\u00f3nomo general, luego con el P. Nozo. Los superiores mostraron aprecio por el detalle de De Jacobis de ir a Par\u00eds a consultar con ellos personalmente; apreciaron su bondad y su entusiasmo por la misi\u00f3n. Tal vez los superiores hab\u00edan tenido alguna reticencia para aceptar el proyecto de la delegaci\u00f3n apost\u00f3lica, pero toda duda qued\u00f3 disipada al conocer a De Jacobis y se comprometieron a apoyar su trabajo.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 por tierra a Roma, donde recibe el decreto de Propaganda Fide en el que se creaba la \u00abPrefectura Apost\u00f3lica de Abisinia, Alta Etiop\u00eda y regiones lim\u00edtrofes, sin l\u00edmites al occidente ni al mediod\u00eda\u00bb, y nombraba prefecto apost\u00f3lico de la misma a Justin de Jacobis. Se le asignaban como compa\u00f1eros a sus cohermanos Luigi Montuori y Giuseppe Sapeto (\u00e9ste ya en Etiop\u00eda). En Roma se prepar\u00f3 con pasaportes, cartas de recomendaci\u00f3n, dinero, libros. Y as\u00ed, con la bendici\u00f3n del papa Gregorio XVI, salieron de Roma el 24 de mayo de 1839.<\/p>\n<h2><em>La Misi\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>Llegaron a Alejandr\u00eda el 4 de Julio y se hospedaron en el Convento de Tierra Santa, donde se dedicaron a ordenar el equipaje, recoger herramientas, semillas y preparar todo para la misi\u00f3n. Ah\u00ed tuvieron ya que despojarse de los h\u00e1bitos eclesi\u00e1sticos para vestir de civil, lo cual era lo m\u00e1s conveniente.<\/p>\n<p>De Alejandr\u00eda viajaron a El Cairo. Ah\u00ed permanecieron varios meses esperando a D&#8217;Abbadie, que deb\u00eda conducirlos a Etiop\u00eda. Pero, al recibir una carta del P. Sapeto comunicando que estaba solo y enfermo, y diciendo tambi\u00e9n que las rutas de Abisinia estaban libres, a De Jacobis ya no le fue posible esperar y se decidi\u00f3 a emprender la marcha. Atravesaron parte del desierto y el Mar Rojo, lo cual les result\u00f3 sumamente penoso y peligroso. Finalmente llegaron el 13 de octubre a Massaua, sede de los consulados extranjeros y puerto general del imperio et\u00edope, a\u00fan cuando no depend\u00eda pol\u00edticamente de \u00e9l.<\/p>\n<p>Ah\u00ed prepararon la caravana para ir al interior, a Etiop\u00eda. Anteriormente se llamaba Etiop\u00eda a toda la regi\u00f3n al sur de Egipto, que comprend\u00eda el Sud\u00e1n y Somalia actuales. El nombre deriva del griego aithios: negro.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pa\u00eds encontr\u00f3 De Jacobis? <em>\u00abUn imperio sin emperador; una iglesia sin jefe; un pueblo con mezcla de todas las razas que se disputaron este territorio; un pa\u00eds con tres lenguas y unos cuarenta dialectos; donde los libros sagrados y la \u00fanica fuente del derecho estaban a\u00fan escritos en una lengua muerta que ni siquiera sus sacerdotes entend\u00edan; un clero corrompido y venal que dominaba sobre jefes y pueblo, administrando una religi\u00f3n en el fondo ahogada por las herej\u00edas, el Islam y por el paganismo; una poblaci\u00f3n orgullosa de sus tradiciones guerreras que miraba con desprecio a cualquier otro pueblo\u00bb <\/em>(Lucatello\u00adBetta, \u00abJustin de Jacobis\u00bb, Cerne, Salamanca, 1976, pp. 45-46).<\/p>\n<p>Era un pueblo de 8 a 10 millones de habitantes, y eran los \u00fanicos que en todo Africa cre\u00edan en Cristo, veneraban a la Virgen, los \u00e1ngeles y los santos y ten\u00edan una aparente jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Y una vez tocado el tema, hablemos de la Iglesia en Etiop\u00eda: La historia de la Iglesia en Etiop\u00eda est\u00e1 vinculada a la de los albores del cristianismo; recordemos aquel di\u00e1logo del di\u00e1cono Felipe con el et\u00edope, que culmina con el bautismo de \u00e9ste, el primer hombre de una raza distinta a la jud\u00eda que recibe el Evangelio (Hech. 8,26-39). \u00c9sta fue una semilla que se olvidar\u00eda, hasta que en el siglo IV, el Patriarca de Alejandr\u00eda, san Atanasio, consagr\u00f3 primer obispo de Etiop\u00eda a san Frumencio, muerto en el a\u00f1o 380 en Aksum, despu\u00e9s de haber evangelizado gran parte del pa\u00eds, convirtiendo incluso al rey y a su familia. En el siglo V llegaron a Etiop\u00eda monjes expulsados del Sina\u00ed, quienes fundaron en los montes del norte numerosos monasterios y tradujeron las Santas Escrituras a la lengua ghez.<\/p>\n<p>Pero la iglesia de Etiop\u00eda sigui\u00f3 las huellas de la iglesia-madre de Alejandr\u00eda rechazando la doctrina del Concilio de Calcedonia en lo que se refiere a las naturalezas de Cristo, separ\u00e1ndose de Roma. La iglesia tiene per\u00edodos de florecimiento, pero despu\u00e9s va decayendo lentamente. Por el siglo XVI, ante la amenaza de los musulmanes, los reyes abisinios acudieron al Papa y a Portugal, pidiendo ayuda, a lo que se respondi\u00f3 enviando misioneros de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Los esfuerzos llevados a cabo por 56 misioneros jesuitas portugueses del 1555 al 1633 para restablecer la fe cat\u00f3lica se frustraron. Desde Egipto hubo intentos de trabajos misioneros en Etiop\u00eda, pero siempre fueron rechazados. Hubo un posterior esfuerzo por parte de los capuchinos en el siglo XVII que acab\u00f3 con el asesinato de dos misioneros, despu\u00e9s beatificados: Agat\u00e1ngelo de Vendome y Casiano de Nates, en 1638.<\/p>\n<p>El cristianismo abisinio en el siglo XIX era una mezcla de creencias, tradiciones, supersticiones y errores, con infiltraciones paganas, jud\u00edas y musulmanas. El reto del misionero era restituir esa confusi\u00f3n a la fe cat\u00f3lica original. La iglesia et\u00edope, como dijimos antes, se adhiri\u00f3 a la iglesia copta de Egipto y con ella camin\u00f3 a la herej\u00eda y separaci\u00f3n de Roma. Pero el Islam, al conquistar la costa mediterr\u00e1nea, cort\u00f3 la comunicaci\u00f3n con Europa y Asia, aislando a la Iglesia de Etiop\u00eda, que se encerr\u00f3, teniendo s\u00f3lo un escaso contacto con el patriarcado de Alejandr\u00eda. Aceptan la Sagrada Escritura y la Tradici\u00f3n como fuentes de la Revelaci\u00f3n. En tiempos de Justino lo que m\u00e1s preocupa es la vida moral y la vida religiosa en general. La vida sacramental est\u00e1 muy descuidada. Aunque aceptan los siete sacramentos, algunos est\u00e1n en desuso, como la unci\u00f3n de los enfermos; la confirmaci\u00f3n aparece como mero ap\u00e9ndice del bautismo (en el cual se practica la circuncisi\u00f3n). La reconciliaci\u00f3n se practica s\u00f3lo en el lecho de muerte y en base a una moral muy permisiva. El matrimonio casi no se practica como sacramento, y existe el divorcio. Al orden sacerdotal era admitido cualquiera, casi sin preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La lucha de la iglesia abisinia contra el catolicismo no part\u00eda s\u00f3lo de diferencias teol\u00f3gicas, pesaban m\u00e1s bien, los celos frente a los misioneros cultos, bien preparados, con una vida recta y edificante. Tambi\u00e9n ve\u00edan en ellos la amenaza de una invasi\u00f3n extranjera y esto creaba un clima de hostilidad, siempre a punto de desencadenar la persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta manera Etiop\u00eda parec\u00eda impenetrable para la fe cat\u00f3lica romana, pero el nacimiento de una nueva misi\u00f3n y duradera fue posible gracias a un joven misionero vicentino, Giuseppe Sapeto, que desde la misi\u00f3n de Siria, donde trabajaba, vino al norte de Africa para intentar penetrar en Etiop\u00eda, a donde logr\u00f3 entrar a finales de 1837. El trabajo de este misionero comenz\u00f3 a rendir frutos; logr\u00f3 estrechar lazos con algunos y sembrar la fe cat\u00f3lica. Enviaba muchos informes a Roma hablando de la posibilidad de establecer una misi\u00f3n, y finalmente convence a Propaganda Fide de establecer oficialmente una misi\u00f3n. Es cuando ponen manos a la obra y fijan sus ojos en Justino, que es enviado como prefecto apost\u00f3lico. La prefectura era el primer paso que daba la Iglesia en el establecimiento de una iglesia local. As\u00ed, pues, la actividad de los misioneros cat\u00f3licos volvi\u00f3 a hacerse presente en Etiop\u00eda en el siglo XIX, con los trabajos apost\u00f3licos de Justino de Jacobis, primer vicario apost\u00f3lico de Abisinia.<\/p>\n<p>Una vez en Etiop\u00eda y ante esta historia de dificultades misioneras \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer un misionero? <em>\u00abAmar aquel pueblo, hacerse abisinio con los abisinios para hacer renacer la verdad sin imponerla desde fuera, sino suscit\u00e1ndola desde dentro, recuperando las fuentes m\u00e1s antiguas del cristianismo et\u00edope, que es de id\u00e9ntica antig\u00fcedad que el romano; emplear lo poco que hab\u00eda quedado, para hacer renacer lo mucho que era necesario\u00bb <\/em>(Ibid. p. 46). \u00c9sta fue la estrategia adoptada por el nuevo misionero.<\/p>\n<p>De Massaua tuvieron que atravesar las monta\u00f1as y bajar a la planicie para llegar a Adua, donde resid\u00eda Sapeto. Fue muy emotivo el encuentro de los dos misioneros, y muy esperanzador para el florecimiento de la Iglesia en aquellas tierras.<\/p>\n<p>Instalados en Adua prepararon la audiencia con el \u00abras\u00bb Ubi\u00e9, jefe de aquella regi\u00f3n, ante quien se presentaron llevando sendos regalos. La presentaci\u00f3n fue exitosa y el ras se mostr\u00f3 satisfecho con los regalos. De hecho este jefe pol\u00edtico permanecer\u00e1 en muchas ocasiones como uno de los aliados de Justino.<\/p>\n<h2><strong><em>Los <\/em><\/strong><strong><em>inicios<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se comienza una misi\u00f3n prevista para largo plazo? Justino organiz\u00f3 la misi\u00f3n en tres centros: \u00e9l permanecer\u00eda en Adua; Sapeto ir\u00eda a Scho\u00e1 y Montuori a G\u00f3ndar. Los misioneros se guiaban por una serie de principios: -Mantener buenas relaciones con los jefes locales, pero permaneciendo alejados para conservar cierta independencia. \u2014No involucrarse en asuntos pol\u00edticos. -Cultivar la simpat\u00eda del clero, sacerdotes y monjes locales; -Rehuir las controversias apasionadas, content\u00e1ndose con exponer pura y sencillamente la doctrina cat\u00f3lica (no era urgente discutir sobre las dos naturalezas de Cristo, sino llevar a la gente a una vivencia religiosa m\u00e1s cercana al evangelio); -Evitar fundaciones ostentosas, no gastar excesivamente en ello, preferir la modesta vida del misionero itinerante.<\/p>\n<p>Una vez instalado Justino en el centro de misi\u00f3n, comenz\u00f3 su tarea. Vest\u00eda el h\u00e1bito de los monjes abisinios; para dar ejemplo al clero local, manten\u00eda su casa como una clausura. Lo urgente era aprender la lengua. Hab\u00eda una lengua antigua, usada en la liturgia, el gue&#8217;ez, pero muy pocos la hablaban y le\u00edan. Tres lenguas eran las que se hablaban en la regi\u00f3n una de las cuales, la amhari\u00f1\u00e1, era la m\u00e1s com\u00fan, y \u00e9sta fue la que se empe\u00f1\u00f3 De Jacobis en aprender. Tambi\u00e9n trat\u00f3 de entrar en contacto con la gente, cosa dif\u00edcil, ya que en general los et\u00edopes eran altaneros y desconfiados. No pod\u00eda hacer proselitismo abierto, ni rezar ni celebrar misa, corr\u00eda peligro de muerte si lo hac\u00eda en p\u00fablico. Todo lo ten\u00eda que realizar en secreto, muy de madrugada.<\/p>\n<p>Con trabajos, mucha paciencia y bondad fue gan\u00e1ndose un c\u00edrculo de conocidos y con el tiempo se atrevi\u00f3 a invitarlos para una instrucci\u00f3n religiosa. La cita fue para el 25 de enero, conversi\u00f3n de San Pablo y aniversario de la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Acudieron diez personas y les habl\u00f3 sencillamente de temas del catecismo. Las reuniones se hicieron peri\u00f3dicas, los domingos, y poco a poco fueron siendo m\u00e1s nutridas. Un d\u00eda los abisinios le pidieron predicar para ellos en la Iglesia del Salvador. Se reunieron sacerdotes y monjes en gran n\u00famero; Justino les habl\u00f3 abiertamente de su catolicismo, les habl\u00f3 de la Iglesia, unida en un principio, ahora dividida. Les hablaba con dulzura, expres\u00e1ndoles su amor por Etiop\u00eda y su disposici\u00f3n a entregar su vida por la fe de los abisinios. Estas predicaciones se repitieron y poco a poco se los fue ganando y la relaci\u00f3n fue siendo \u00f3ptima. Le ped\u00edan, sobre todo la sagrada medalla, que repart\u00eda a todos. Por este hecho, la gente lo empez\u00f3 a llamar \u00ababba Yakob Mariam\u00bb o \u00abpadre Jacob de Mar\u00eda\u00bb. En esto pas\u00f3 su primer ano en Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>Por estos tiempos la iglesia copta de Etiop\u00eda no ten\u00eda obispo o abuna desde hac\u00eda 10 a\u00f1os; el abuna era nombrado por el patriarca copto ortodoxo de Alejandr\u00eda mediante el pago de una gran suma de dinero que deb\u00eda ofrecer la iglesia local. Una vez reunido el dinero, se decidi\u00f3 que una delegaci\u00f3n acudiera a El Cairo a apurar el nombramiento del nuevo abuna; al frente de dicha delegaci\u00f3n deb\u00eda ir un extranjero para encabezarla y darle protecci\u00f3n con la bandera de su pa\u00eds. El ras eligi\u00f3 a De Jacobis; lo cual le planteaba a \u00e9ste un problema: \u00bfc\u00f3mo encabezar un grupo no cat\u00f3lico, para ir a pedir un obispo no cat\u00f3lico? Por otro lado si rechazaba la propuesta perder\u00eda la oportunidad de adquirir cierta influencia en los abisinios y dejar\u00eda el lugar y los posibles frutos a alg\u00fan protestante. Finalmente se decidi\u00f3 Justino y le present\u00f3 al ras las siguientes consideraciones: <em>\u00abYo soy cat\u00f3lico y no puedo en conciencia cooperar al nombramiento de un obispo que no reconozca la autoridad del Papa. Ser\u00eda un acto contrario a mi fe y a mi disciplina. Pero si es necesario que acompa\u00f1e vuestra misi\u00f3n a Egipto, ir\u00e9 bajo estas condiciones: que se intente convencer al patriarca copto para que se una; que se permita la construcci\u00f3n de iglesias cat\u00f3licas en Abisinia; en fin, que la embajada entera vaya conmigo a Roma a hacer acto de homenaje al sucesor de san Pedro y a pedir al menos su amistad\u00bb. <\/em>(Ibid. p. 58)<\/p>\n<p>Aceptadas las condiciones, sali\u00f3 la embajada compuesta por unas cincuenta personas, entre sacerdotes, monjes, defteras (entre ellos Guebra Miguel) y otros funcionarios. A la cabeza De Jacobis. El viaje estuvo lleno de contratiempos y problemas. Justino llevaba unas cartas del ras Ubi\u00e9 para pedir al Patriarca la construcci\u00f3n de iglesias cat\u00f3licas en Abisinia y la protecci\u00f3n para ir a Tierra Santa y a Roma con toda la delegaci\u00f3n. Despu\u00e9s de salvar muchas dificultades, llegaron a Alejandr\u00eda y el patriarca nombr\u00f3 obispo a un sacerdote ambicioso e ignorante; pero Justino, por su parte, logra el anhelado viaje a Roma.<\/p>\n<p>Llegaron en agosto de 1841. En Roma su llegada fue una gran noticia. Estuvieron un mes y fueron recibidos en todas partes, comenzando por el Papa Gregorio XVI. Justino estaba feliz, quer\u00eda que los abisinios se llevaran una buena impresi\u00f3n de la Iglesia Romana, pensando en una futura conversi\u00f3n y cooperaci\u00f3n en la obra misionera. La visita fue buena: cuatro abisinios convertidos se quedaron para prepararse en el colegio de Propaganda, y a Justino la Congregaci\u00f3n le da dos refuerzos: P. Lorenzo Biancheri y el hermano Giuseppe Abbatini.<\/p>\n<p>De Roma fueron a Jerusal\u00e9n y regresaron de nuevo a casa. El viaje dur\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o y fue, en general, positivo: Justino consigui\u00f3 refuerzos para la misi\u00f3n y aument\u00f3 su prestigio entre los abisinios.<\/p>\n<h2><strong><em>La consolidaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Al regresar Justino de su viaje encontr\u00f3 dos situaciones adversas: el ras Ubi\u00e9 estaba en guerra contra otro rey, luchando por el predominio en la regi\u00f3n sur de Etiop\u00eda (y la guerra complica siempre las cosas) y el nuevo abuna, autonombrado Salama, reci\u00e9n nombrado en Alejandr\u00eda, se manifestaba abiertamente hostil a la Iglesia Cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>A\u00fan con ello, poco a poco fueron d\u00e1ndose las conversiones. Tal vez la m\u00e1s grande conversi\u00f3n fue la del deftera o monje Guebra Miguel, un caso raro de monje instruido de vida recta y b\u00fasqueda sincera de la verdad. Estuvo en el viaje a Roma con Justino y al regresar, movido por las experiencias vividas y siguiendo un camino sincero de reflexi\u00f3n, lleg\u00f3 a desear abrazar la fe cat\u00f3lica. Justino le pidi\u00f3 esperar y junto con \u00e9l repasaron toda la doctrina, llev\u00e1ndolo a mayor claridad. Finalmente abjur\u00f3 el 2 de mayo de 1844, adhiri\u00e9ndose a la fe cat\u00f3lica. Guebra era conocido y ten\u00eda ascendiente entre la clase eclesi\u00e1stica abisinia, por lo que, al conocer la noticia, muchos monjes lo siguieron. Dos de ellos se unieron inmediatamente a los misioneros, lo mismo que Guebra, quien se convirti\u00f3 en compa\u00f1ero inseparable de Justin.<\/p>\n<p>De Jacobis hab\u00eda ganado mucho prestigio, las conversiones fueron aumentando, pero necesitaba un espacio, un templo donde pudiera crecer la Iglesia. Con un grupo de conversos se dio a la tarea de buscar un lugar; con este grupo form\u00f3 una especie de comunidad itinerante. Instru\u00eda a los j\u00f3venes, insistiendo en que no deb\u00edan renunciar a su identidad abisinia, sino desde ella vivir la fe cat\u00f3lica. Tal vez los, anteriores misioneros hab\u00edan fracasado por querer desarraigar a los abisinios (tan orgullosos y celosos de sus ra\u00edces) de su mundo, de su contexto nacional. <em>Un sacerdote cat\u00f3lico abisinio puede hacer mucho m\u00e1s que varios europeos, <\/em>dec\u00eda Justino, adelant\u00e1ndose en el tiempo a la preocupaci\u00f3n por el clero nativo y el establecimiento de las iglesias locales, que desarroll\u00f3 la Iglesia ya en nuestro siglo.<\/p>\n<p>El centro elegido fue Guala, ah\u00ed construyen el primer colegio o seminario llamado de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Fue inaugurado en 1844 e inici\u00f3 con unos 20 j\u00f3venes form\u00e1ndose para el sacerdocio. Este colegio fue un centro que comenz\u00f3 a irradiar devoci\u00f3n; se difundi\u00f3 sobre todo la devoci\u00f3n a la Medalla Milagrosa, muy bien acogida por los abisinios. Al mismo tiempo Justino comenz\u00f3 a fundar casas que eran como estaciones de descanso y centros de operaci\u00f3n para sus viajes apost\u00f3licos. Nadie le imped\u00eda fundar casas, lo que s\u00ed estaba prohibido era que celebrara o que abiertamente hiciera proselitismo. La hostilidad del abuna Salama comenz\u00f3 a hacerse presente: en 1845 declar\u00f3 excomulgado a todo el que se relacionara con el abba Yakob.<\/p>\n<p>En 1846 Propaganda Fide dividi\u00f3 el territorio de misi\u00f3n en dos partes, nombrando al capuchino Giuglielmo Masaia, obispo, a cargo de la parte sur de Etiop\u00eda. Justino lo fue a recibir a la costa y lo introdujo hasta Guala, donde la peque\u00f1a comunidad le dio una cordial bienvenida. Etiop\u00eda ten\u00eda ya obispo cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>De Jacobis era flaco; siempre lo hab\u00eda sido, pero las privaciones le hab\u00edan hecho enjuto como un abisinio: la piel del rostro, ya de color aceitunado, se hab\u00eda tornado oscura, casi tanto como la de los ind\u00edgenas; llevaba una barba negra, poblada, pero muy recortada. Sus negros y vivos ojos estaban ordinariamente velados como por una sombra de tristeza que deten\u00eda el arrojo natural a su car\u00e1cter de italiano del sur; raramente se acaloraba al hablar, y todo su modo de obrar estaba marcado por una gran dulzura y calma. Vest\u00eda el h\u00e1bito de los monjes del lugar: pantalones y t\u00fanica, y encima el schamm\u00e1; en la cabeza un trozo de tela o el cob\u00e9 de los monjes; al cuello llevaba el mateh, cordoncito azul que distingue a los cristianos en Etiop\u00eda, en la mano bast\u00f3n y sandalias a los pies.<\/p>\n<p>El 6 de julio de 1847 fue expedida la bula de nombramiento para Justino como obispo titular de Nil\u00f3polis y vicario apost\u00f3lico de Abisinia. Justino escondi\u00f3 dicho nombramiento cuando le fue entregado; s\u00f3lo le dio la noticia al obispo Masaya, a quien le correspond\u00eda consagrar al nuevo obispo. Justino le pidi\u00f3 encarecidamente no hacerlo por el momento.<\/p>\n<p>Por lo pronto la estrategia de la misi\u00f3n era mantener en secreto la presencia del obispo Masaia, hacer las ordenaciones sacerdotales en privado. Pero pronto se supo del obispo y se recrudeci\u00f3 la hostilidad contra la misi\u00f3n. El abuna Salama lanz\u00f3 una excomuni\u00f3n contra todos los cat\u00f3licos y el ras Ubi\u00e9, aunque favorable a Justino, le pidi\u00f3 se retirara a la costa, fuera de su jurisdicci\u00f3n, esperando que se calmaran los \u00e1nimos, para no entrar en conflicto con el abuna. Justino acept\u00f3 s\u00f3lo despu\u00e9s de recibir la promesa de que no tocar\u00edan a los fieles conversos.<\/p>\n<p><em>\u00abDe otra manera volver\u00e9 para morir con ellos \u00ab, <\/em>le dijo al ras. Dej\u00f3 Guala en octubre de 1848. Sali\u00f3 no para ponerse a salvo, sino para calmar los \u00e1nimos y poder poner a salvo a todos. No quer\u00eda poner en peligro in\u00fatilmente lo que hab\u00eda construido.<\/p>\n<p>Apenas sali\u00f3 Justino, los oficiales amenazaron a todos los conversos para que abandonaran la fe cat\u00f3lica, lo cual hizo la mayor\u00eda, seguramente por miedo. En poco tiempo estuvo desarticulada la misi\u00f3n cat\u00f3lica. Justino se reuni\u00f3 en Massaua con el obispo, que le record\u00f3 lo de la ordenaci\u00f3n episcopal pendiente. Despu\u00e9s de mucha insistencia, la gran humildad de Justino cedi\u00f3 y fue ordenado en una casa, frente a unos cuantos asistentes, en una ceremonia sencilla pero emotiva, llena de devoci\u00f3n y amor a la Iglesia..<\/p>\n<p>Estuvo esperando unos meses, hasta que, recibiendo noticias de la persecuci\u00f3n de los fieles y las discordias que hab\u00eda entre ellos, decidi\u00f3 regresar a Guala. Por su parte Guebra Miguel hab\u00eda seguido instruy\u00e9ndose y Justino decidi\u00f3 conferirle el sacramento del orden sacerdotal en 1851.<\/p>\n<p>Ese mismo a\u00f1o el abuna Salama atac\u00f3 directa y abiertamente a los cat\u00f3licos; sus guardias arrasaron las misiones de Guala y Alitiene, arrestando a los fieles. Justino logr\u00f3 escapar con algunos hasta el campamento del ras Ubi\u00e9, con quien tuvo una audiencia. El ras, favorable a Justino, orden\u00f3 la liberaci\u00f3n de los presos. Fue una derrota del abuna Salama, quien esper\u00f3 una mejor ocasi\u00f3n para volver a atacar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este conflicto, Justin fund\u00f3 otra casa, su refugio episcopal en Halai, a donde se traslad\u00f3 junto con algunos sacerdotes y fieles convertidos.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n, mientras tanto, crec\u00eda; se fundaban nuevos centros y aumentaban las conversiones; se contaban alrededor de cinco mil cat\u00f3licos, quince sacerdotes ordenados y diez j\u00f3venes prepar\u00e1ndose para el sacerdocio. Y esto a pesar de las persecuciones. Tambi\u00e9n orden\u00f3 obispo al P. Lorenzo Biancheri, nombrado por P\u00edo IX obispo auxiliar con derecho a sucesi\u00f3n del vicariato apost\u00f3lico de Abisinia.<\/p>\n<h2><strong><em>La prueba<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Etiop\u00eda no ten\u00eda una unidad nacional; el pa\u00eds estaba constituido por una serie de reinos que poco a poco hab\u00edan perdido toda integraci\u00f3n. Exist\u00eda la figura del \u00abrey de reyes\u00bb, que en un tiempo hab\u00eda aglutinado los peque\u00f1os reinos configurando una especie de alianza nacional, pero ahora la figura era s\u00f3lo formal, en realidad cada regi\u00f3n era independiente. Alrededor de 1840 comenz\u00f3 a destacar la figura de un guerrillero, Cass\u00e1, que uno a uno fue dominando a todos los reyes, hasta que en 1854 lleg\u00f3 a dominar toda Etiop\u00eda., uni\u00e9ndosele el abuna Salama, para conjuntar poder pol\u00edtico y religioso. Nada bueno traer\u00eda esto, ya que ten\u00edan la intenci\u00f3n de unir tambi\u00e9n religiosamente a Etiop\u00eda.<\/p>\n<p>A\u00fan sabiendo de la hostilidad y hasta odio con que era visto por Cass\u00e1 y Salama, Justino no abandon\u00f3 G\u00f3ndar, esperando lo peor. Ambos jefes quisieron convencer a Justino de abandonar el pa\u00eds; pero nadie pudo hacer que dejara su misi\u00f3n. Cass\u00e1 no se atrev\u00eda a ejecutarlo por ser extranjero, su muerte podr\u00eda traer problemas para su proyecto pol\u00edtico, no se pod\u00eda permitir enemistarse con alguna potencia europea. A Salama tampoco le conven\u00eda, ya que sab\u00eda del desprecio que merec\u00eda de muchos y del ascendiente que ten\u00eda Justino entre el clero abisinio. Finalmente determinaron expulsarlo de Etiop\u00eda, esperando que muriera por el camino. El 15 de julio de 1854 fue apresado Justino junto con todos sus compa\u00f1eros. Todos fueron maltratados y torturados, buscando que los abisinos abjurasen la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>La captura de Justino fue conocida a\u00fan fuera de Etiop\u00eda. El obispo Masaia, puesto a resguardo en una regi\u00f3n externa, escribi\u00f3 a Roma comunicando la noticia y sugiriendo la intervenci\u00f3n de Francia o Inglaterra para liberar al Obispo. Las potencias no se quisieron inmiscuir, sus intereses eran colonialistas solamente. Pero el misionero recibi\u00f3 un Breve del Papa P\u00edo IX, bendiciendo a los prisioneros y anim\u00e1ndolos a permanecer firmes. Tambi\u00e9n recibi\u00f3 una carta parecida del P. Etienne, Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Justino escrib\u00eda, rogaba, ped\u00eda audiencias, pero nada, su expulsi\u00f3n estaba decretada y en breve se le acompa\u00f1ar\u00eda a la frontera de Egipto. Escribi\u00f3 a muchos fieles, anim\u00e1ndolos y consol\u00e1ndolos; ellos, a su vez le enviaban cartas de aliento.<\/p>\n<p>La prisi\u00f3n dur\u00f3 cuatro meses; pero Justino ya desde antes estaba preparado para el martirio. Hab\u00eda meditado mucho sobre el martirologio; incluso antes de ser apresado hab\u00eda escrito: <em>\u00ab&#8230;declaro que muero \u00fanicamente para dar testimonio de la fe cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana&#8230; \u00ab. <\/em>En noviembre se hizo efectiva la expulsi\u00f3n; fue enviado con una escolta y una carta para un gobernador egipcio de la frontera pidi\u00e9ndole que, de llegar vivo, ultimara al prisionero. Pero esta carta no fue entregada e incluso Justino, ya en la frontera de Egipto fue liberado por quienes lo cuidaban.<\/p>\n<p>Una vez libre, por un momento pens\u00f3 ir a Europa y tratar de hacer algo por los cristianos de Etiop\u00eda, pero decidi\u00f3 que era mejor regresar a G\u00f3ndar. Permaneci\u00f3 all\u00e1 alg\u00fan tiempo escondi\u00e9ndose, pero finalmente decidi\u00f3 que lo m\u00e1s prudente para todos era irse a Massaua, y ponerse bajo el abrigo de los consulados europeos. Los fieles cat\u00f3licos segu\u00edan siendo perseguidos, y esto atormentaba grandemente al obispo. V\u00edctima de la tortura, muri\u00f3 Guebra Miguel el 13 de julio de 1855. Muri\u00f3 antes de cumplir su deseo de incorporarse a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. De hecho Justino lo llama \u00abnovicio\u00bb de la C.M.. Fue beatificado por P\u00edo XI el 3 de octubre de 1926.<\/p>\n<p>Justino sigui\u00f3 en la costa, visitaba algunas comunidades, pensando si deb\u00eda regresar al interior; incluso afront\u00f3 con su caridad y capacidad organizativa una epidemia de c\u00f3lera que se desat\u00f3 en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante este per\u00edodo termin\u00f3 sus largos estudios sobre la compleja y antiqu\u00edsima liturgia abisinia, que envi\u00f3 a Roma. \u00c9l mismo hab\u00eda adoptado elementos para algunos sacramentos y hab\u00eda hecho traducciones, as\u00ed como el catecismo, en lengua nativa. Ped\u00eda a Roma la publicaci\u00f3n de obras peque\u00f1as, piadosas y sencillas que ayudaran a los fieles, muchos de los cuales se hab\u00edan dispersado, regresando a la anterior fe, en parte por el acoso, pero en parte tambi\u00e9n porque la evangelizaci\u00f3n no hab\u00eda tenido tiempo para asentarse, ni hab\u00eda tenido los medios necesarios para madurar y profundizar en la conciencia de los nuevos fieles.<\/p>\n<p>Decidido a entregar la vida por los abisinios, lo demostr\u00f3 con ocasi\u00f3n de aquel homicida condenado a muerte. La ley abisinia permit\u00eda al reo rescatar su vida por dos medios: pagando cierta cantidad, o encontrando a otro que muriera en su lugar. A Justino le caus\u00f3 tal compasi\u00f3n la situaci\u00f3n del condenado, que ofreci\u00f3 a la familia agraviada pagar la suma, lo cual no aceptaron. Entonces ofreci\u00f3 morir \u00e9l en lugar del otro, esto s\u00ed lo aceptaron inmediatamente, tal vez por aversi\u00f3n al mismo Justino. Fue tal el asombro y conmoci\u00f3n que el trato caus\u00f3 en el pueblo, que al momento fue liberado por una multitud, impidiendo su muerte.<\/p>\n<h2><strong><em>El triunfo<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>En 1860 lleg\u00f3 un nuevo misionero, el P. Delmonte. En verano, Justino decidi\u00f3 viajar a Halai, un lugar m\u00e1s alto con un clima m\u00e1s ben\u00e9fico que le mitigara la disenter\u00eda que padec\u00eda. Sali\u00f3 el 29 de julio, con algunos sacerdotes y fieles. Aquella peregrinaci\u00f3n ser\u00eda la \u00faltima de su vida. Por el camino muchos salieron a saludarlo, \u00e9l bendec\u00eda a todos. Poco a poco el viaje fue fatigando al obispo, tuvo una alta fiebre, de d\u00eda el calor era muy alto y el fr\u00edo por la noche insoportable. La caravana se detuvo en el valle de Aligued\u00e9. Justino se sent\u00f3 a descansar y estuvo rezando. Se ve\u00eda realmente agotado. Ah\u00ed reuni\u00f3 a los m\u00e1s cercanos y les dirigi\u00f3 las siguientes palabras: <em>-Por una disposici\u00f3n divina, que los hombres no pueden cambiar, me quedan solamente tres horas de vida. <\/em>Todos pensaron que desvariaba. Durante la comida les dio su \u00faltimo mensaje: <em>\u00abComo el Se\u00f1or a los ap\u00f3stoles, os digo adi\u00f3s. Quiero que recib\u00e1is en herencia mi deseo de que permanezc\u00e1is unidos&#8230; Alejad de vosotros la calumnia y la maledicencia, amaos mutuamente, apoyaos en la fe y anteponed a todo la caridad.. Sed la luz de Etiop\u00eda&#8230; Olvidad el mal que he hecho, el mal ejemplo que os he dado y perdonadme \u00ab. <\/em>Todos se arrodillaron y \u00e9l los bendijo. Hicieron que se recostara y pidi\u00f3 la unci\u00f3n, la cual le fue administrada. Estuvo momentos en desvar\u00edos por la fiebre, hasta que en un momento pregunt\u00f3 si hab\u00edan pasado las tres horas. Le dijeron que s\u00ed. <em>\u00abEl Se\u00f1or est\u00e1 para llegar\u00bb <\/em>dijo y cruz\u00f3 sus brazos, mirando al cielo, luego se recost\u00f3. Al poco tiempo comenz\u00f3 a sudar fuertemente y todos los presentes se dieron cuenta que era el final. Los sacerdotes juntos le dieron la absoluci\u00f3n y luego se vio que el rostro se le iluminaba, como ante una visi\u00f3n, y entreg\u00f3 su alma a Dios. Era el 31 de julio de 1860, a las tres de la tarde.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 extenuado y quebrantado por tantos anos de entregar la vida. P\u00edo XII dijo que hab\u00eda \u00abmuerto caminando, como un h\u00e9roe que cae en su propio rastro, como mueren los m\u00e1rtires sin martirio, heraldos del evangelio y, a\u00fan sin martirio, es su sangre semilla de cristianos\u00bb.<\/p>\n<p>Se calcula que logr\u00f3 m\u00e1s de doce mil conversiones al catolicismo \u00abpoca cosa en comparaci\u00f3n de aquella vasta siembra de verdad y caridad, que hab\u00eda dejado por doquier tras s\u00ed, con sus sufrimiento, hasta la c\u00e1rcel, hasta la sangre.\u00bb Son palabras de P\u00edo XI.<\/p>\n<p>\u00abLos 21 a\u00f1os (1839-1860) de Justino de Jacobis como misionero en Etiop\u00eda son una de las m\u00e1s brillantes p\u00e1ginas de la historia misionera de la Iglesia: historia vivida en los trabajos apost\u00f3licos, en el martirio de confesores invictos, en las persecuciones sufridas, en las almas llevadas al conocimiento de la fe verdadera, en el clero cat\u00f3lico ind\u00edgena y reestablecido, en las iglesias y nuevas comunidades fundadas, en sus relaciones con la misi\u00f3n protestante, en las intrigas de los Ras contempor\u00e1neos, en el dificil juego de la penetraci\u00f3n pol\u00edtica de las grandes potencias en Etiop\u00eda\u00bb. (Betta, Anales 83, nov.-dic. 1975, p. 720)<\/p>\n<p>La fama de la vida y el trabajo de Justino dura todav\u00eda entre los cristianos et\u00edopes y a\u00fan entre los musulmanes. En 1904 fue introducida su causa de beatificaci\u00f3n. El 25 de junio de 1939 fue beatificado por P\u00edo XII y finalmente canonizado el 26 de octubre de 1975.<\/p>\n<p>Los escritos de Justino de Jacobis a\u00fan no han sido compilados ni publicados en su totalidad. Entre ellos podr\u00edamos mencionar:<\/p>\n<ul>\n<li>Diario: seis vol\u00famenes manuscritos con noticias cotidianas, borradores de cartas, textos de discursos, documentos, borradores de traducciones de ritos lit\u00fargicos&#8230;<\/li>\n<li>Epistolario. Con varios vol\u00famenes de cartas aut\u00f3grafas de Justino.<\/li>\n<li>Obras, casi todas in\u00e9ditas: -Catecismo en lengua et\u00edope. \u2014Misal et\u00edope con traducci\u00f3n y comentarios. \u2014Ritual et\u00edope. \u2014Teolog\u00eda moral, en lengua ghez, para los alumnos del seminario. &#8211; Historia de las herej\u00edas, en lengua et\u00edope.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n fue Justino de Jacobis? Fue ap\u00f3stol de Etiop\u00eda&#8230; fue sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, fue un hombre que coron\u00f3 en una regi\u00f3n tan lejana de su tierra natal sus sue\u00f1os juveniles y varoniles de mensajero del evangelio de Cristo. Pero todo esto no es suficiente: \u00bfno vale todo esto, quiz\u00e1, para otros tantos religiosos y misioneros cat\u00f3licos? \u00bfQui\u00e9n fue, pues, nuestro santo y cu\u00e1les son sus caracter\u00edsticas peculiares, o m\u00e1s exactamente, las virtudes que caracterizan su caminar evang\u00e9lico?\u00bb <\/em>(Paulo VI, homil\u00eda en la ceremonia de canonizaci\u00f3n, \u00abL&#8217;Observattore Romano, 27-28 oct., 1975)<\/p>\n<p><em>\u00abFue el siervo bueno y fiel (Mt 25,21) quien enviado a la vi\u00f1a del Se\u00f1or trabaj\u00f3 sin descanso entre ininterrumpidas tribulaciones, para desbrozarla, cultivarla y fecundarla. A esta tan gran misi\u00f3n se hab\u00eda preparado con esmero y, por as\u00ed decirlo, ya estaba en forma. A este prop\u00f3sito recordamos el apostolado que desempe\u00f1\u00f3 en su patria, primero en Puglia, despu\u00e9s en N\u00e1poles, en donde vivi\u00f3 su celo durante una luctuosa epidemia \u00ab. <\/em>(Ibid.)<\/p>\n<p><em>\u00abHoy tenemos un nuevo santo: Justino de Jacobis, un gran hijo de Lucana, Ap\u00f3stol de Abisinia. Fue beatificado en 1939 por nuestro venerado predecesor P\u00edo XII. Naci\u00f3 en 1800 y muri\u00f3 en Abisinia en 1860. Era hijo de san Vicente de Pa\u00fal, esto es, misionero Pa\u00fal. Pertenec\u00eda a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y fue misionero en el sentido propio de la palabra. Tiene un fallo, el que es poco conocido\u00bb <\/em>(Paulo VI, en el Angelus, el 26 de octubre de 1975).<\/p>\n<p><em>\u00abEl beato Justino de Jacobis ha sido el Padre de la Iglesia de Etiop\u00eda, ha regenerado, de hecho, la Etiop\u00eda cristiana, dando plenitud a aquella fe que hab\u00eda recibido de su primer ap\u00f3stol, San Frumencio\u00bb <\/em>(del Presidente de la Conferencia Episcopal de Abisinia al Papa, con motivo de la canonizaci\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abAbuna Jacob, el obispo de Lucana, hijo ilustre de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Justino de Jacobis, fue, a mediados del siglo pasado, misionero con gran coraje en la evangelizaci\u00f3n de las lejanas tierras de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-justino-de-jacobis\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":46788,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[283],"tags":[233,161,143],"class_list":["post-46540","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-justino-de-jacobis","tag-abisinia","tag-etienne","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Justino de Jacobis - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-justino-de-jacobis\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Justino de Jacobis - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u00abAbuna Jacob, el obispo de Lucana, hijo ilustre de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Justino de Jacobis, fue, a mediados del siglo pasado, misionero con gran coraje en la evangelizaci\u00f3n de las lejanas tierras de ... 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