{"id":46508,"date":"2011-07-29T07:44:09","date_gmt":"2011-07-29T05:44:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46508"},"modified":"2011-07-29T07:44:09","modified_gmt":"2011-07-29T05:44:09","slug":"las-constituciones-fuente-de-la-vida-espiritual-del-misionero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-constituciones-fuente-de-la-vida-espiritual-del-misionero\/","title":{"rendered":"Las Constituciones, fuente de la vida espiritual del misionero"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/logocm.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-34848\" title=\"logocm\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/logocm-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>Las Constituciones definen las l\u00edneas dentro de las que la vida espiritual del misionero vicenciano est\u00e1 llamada a modelarse. Al releerlas, despu\u00e9s de veinte a\u00f1os de su escritura, se tiene la impresi\u00f3n semejante a la de un pintor que debe continuar con sus pinceladas para acabar de definir la figura que est\u00e1 pintando. El cuadro delineado por las Constituciones es la <em>figura interior <\/em>del misionero vicenciano.<\/p>\n<p>Este movimiento de continua redefinici\u00f3n se debe al material mismo. La vida espiritual, propiamente por ser \u00abvida\u00bb, no puede ser adecuadamente contenida en normas, porque el protagonista que gu\u00eda toda vida espiritual es el Esp\u00edritu Santo. Y el Esp\u00edritu sopla donde quiere y como quiere. No obstante, las \u00abnormas\u00bb, comprendidas como horizonte dentro del cual la vida se mueve, constituyen la estructura que la sostienen. En este sentido, la relectura de estas normas, a veinte a\u00f1os de distancia, tiene la finalidad <em>de resaltar su sentido espiritual, siempre por profundizar,<\/em> pues ellas<em>, <\/em>en su formulaci\u00f3n sint\u00e9tica, corren el riesgo de esconderse a los ojos presurosos.<\/p>\n<p>Si la norma constitucional no puede decir todo, puede decir mucho. De hecho, si se entiende correctamente, cumple dos preciosas funciones. Primeramente, se\u00f1ala el camino dentro del cual el carisma alcanza a una determinada persona y la orienta en la madurez de su identidad, con el fin de prepararla para la misi\u00f3n a la cual la vocaci\u00f3n la destina. En tal sentido la normativa es una ayuda para evitar que la libertad se aleje del carisma. En segundo lugar, tiende a construir una comunidad homog\u00e9nea. La norma, en efecto, asumida con conocimiento y con amor, se convierte en el criterio que sostiene una comunidad y la mantiene en la fidelidad al carisma.<\/p>\n<h2><strong>El horizonte espiritual del misionero seg\u00fan las Constituciones<\/strong><\/h2>\n<p><strong> <\/strong>La orientaci\u00f3n de fondo de las Constituciones, en la parte en que trata de la vida espiritual del misionero, est\u00e1 guiada por dos coordenadas: la consagraci\u00f3n a Cristo mediante la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos (Const. cap. III, art. 28-39) y la vida de oraci\u00f3n (Const. cap. IV, art. 40-50). Estos dos \u00e1mbitos aparecen en las Constituciones como las piedras angulares de la vida interior del misionero.<\/p>\n<p>Consagraci\u00f3n y oraci\u00f3n, sin embargo, no son descritas seg\u00fan cualquier l\u00ednea de espiritualidad, sino que, coherentemente con la vocaci\u00f3n, vienen interpretadas en la <em>perspectiva de la misi\u00f3n. <\/em>En efecto, la vida espiritual del misionero, llamado a <em>\u00abcontinuar la misi\u00f3n de Cristo\u00bb <\/em>al proclamar y testimoniar el Evangelio a los pobres (C 28), se vigoriza en la <em>conciencia de la \u00abmisionariedad\u00bb.<\/em> De la asunci\u00f3n consciente de esta vocaci\u00f3n misionera emerge ya sea el personal empe\u00f1o en el \u00abseguimiento de Jes\u00fas\u00bb, ya sea la vida de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos plasma la figura del misionero seg\u00fan la humanidad de Jes\u00fas: asimilaci\u00f3n que &#8211; \u00fanica &#8211; puede dar testimonio aut\u00e9ntico de Cristo entre los pobres. Pero, ya que \u00abasimilaci\u00f3n\u00bb significa interiorizaci\u00f3n de la din\u00e1mica espiritual propia del Maestro, consigue que la fuerza de la misi\u00f3n nazca de un estar paciente en relaci\u00f3n afectiva con Cristo, y por consiguiente, en una vida de oraci\u00f3n continuamente renovada. Como la oraci\u00f3n y la unidad con el Padre constitu\u00edan la atm\u00f3sfera interior que generaba la misi\u00f3n de Jes\u00fas, as\u00ed debe suceder al misionero:<\/p>\n<p><em>\u00abCristo el Se\u00f1or <\/em>-se lee en las Constituciones- <em>permanec\u00eda en \u00edntima uni\u00f3n con el Padre, cuya voluntad buscaba en la oraci\u00f3n. Esa voluntad fue la raz\u00f3n suprema de su vida, de su misi\u00f3n y de su oblaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n del mundo&#8230; Tambi\u00e9n nosotros, santificados en Cristo y enviados al mundo, intentaremos buscar en la oraci\u00f3n los signos de la voluntad divina e imitar la disponibilidad de Cristo, juzgando en todo conforme a su sentir. As\u00ed el Esp\u00edritu Santo convierte nuestra vida en oblaci\u00f3n espiritual y nos hacemos m\u00e1s aptos para participar en la misi\u00f3n de Cristo\u00bb <\/em>(C 40).<\/p>\n<p>Podremos decir que la l\u00f3gica del dictado constitucional al proponer la vida espiritual del misionero se puede resumir en la f\u00f3rmula: \u00abser <strong><em>de <\/em><\/strong>Cristo\u00bb para poder \u00abser <strong><em>como<\/em><\/strong> Cristo\u00bb. Lo que significa que el misionero para poder imitar la \u00abmisionariedad\u00bb de Jes\u00fas debe entrar espiritualmente en unidad con \u00c9l.<\/p>\n<h2><strong>Consagraci\u00f3n y misi\u00f3n: espiritualidad misionera<\/strong><\/h2>\n<p>En este sentido, en el carisma vicenciano, <em>la consagraci\u00f3n no puede separarse de la misi\u00f3n ni la misi\u00f3n puede darse sin consagraci\u00f3n. <\/em>La relaci\u00f3n consagraci\u00f3n &#8211; misi\u00f3n no es de yuxtaposici\u00f3n ni de simple aproximaci\u00f3n: <em>es el acto mismo de pertenencia a Cristo que pone al vicenciano en estado de misi\u00f3n. <\/em>De la misma manera que Cristo, el enviado del Padre, era tambi\u00e9n el consagrado del Padre y no hac\u00eda nada por s\u00ed mismo <em>\u00absi no aquello que ve\u00eda hacer al Padre\u00bb <\/em>(Jn 5,19; 1 Tm 6,16), as\u00ed la experiencia del misionero vicenciano adquiere vigor en la experiencia de una mayor pertenencia a Cristo.<\/p>\n<p>En efecto, no se da misi\u00f3n sin v\u00ednculo previo con Quien se anuncia. La misi\u00f3n, en nuestro carisma, incluye la consagraci\u00f3n a Cristo como propio fundamento. <em>Consagraci\u00f3n y misi\u00f3n no se relacionan por tanto de manera extr\u00ednseca. <\/em>La raz\u00f3n reside en el hecho de que no se puede dar anuncio de Cristo si no perteneciendo a Cristo. Y as\u00ed, entre consagraci\u00f3n y misi\u00f3n, se evita una posible rec\u00edproca \u00abextraneidad\u00bb (estraneit\u00e0) y se corta de ra\u00edz el riesgo de una subordinaci\u00f3n de una a la otra.<\/p>\n<p>Se deber\u00eda, a este respecto, ser m\u00e1s precavido en el uso del lenguaje. Un cierto modo de hablar como: \u00abla consagraci\u00f3n est\u00e1 en funci\u00f3n de la misi\u00f3n\u00bb, comporta ambig\u00fcedad pues se inclina a subordinar la consagraci\u00f3n a la misi\u00f3n, reduci\u00e9ndola al orden de medios en vez de reconocerla como parte integral del fin. Semejante subordinaci\u00f3n, a nivel de fundaci\u00f3n, resulta defectuosa e imprecisa y, para fines pr\u00e1cticos, da\u00f1ina y enga\u00f1osa.<\/p>\n<p>La correlaci\u00f3n entre consagraci\u00f3n y misi\u00f3n asume particular importancia en el tiempo presente, en que el pueblo no llega ya al cristianismo a trav\u00e9s de la tradici\u00f3n o mediante la explicaci\u00f3n te\u00f3rica de su contenido. La tradici\u00f3n desarrolla al m\u00e1ximo una devoci\u00f3n. La teor\u00eda sola no conviene. Aquello que hoy todav\u00eda se puede convertir en persuasivo en la evangelizaci\u00f3n es el testimonio.<\/p>\n<p>Asoma por tanto, con renovada actualidad el pensamiento \u00abantiguo y nuevo\u00bb de S. Vicente, seg\u00fan el cual la eficacia de la evangelizaci\u00f3n dimana de la intimidad establecida con Jesucristo, esto es, de la santidad:<\/p>\n<p><em>\u00abNi la filosof\u00eda, ni la teolog\u00eda, ni los discursos -escrib\u00eda al joven superior Antonio Durand- logran nada en las almas; es preciso que Jesucristo trabaje con nosotros, o nosotros con \u00e9l; que obremos en \u00e9l, y \u00e9l en nosotros; que hablemos como \u00e9l y con su esp\u00edritu, lo mismo que \u00e9l estaba en su padre y predicaba la doctrina que le hab\u00eda ense\u00f1ado: tal es el lenguaje de la Escritura. Por consiguiente, padre, debe vaciarse de s\u00ed mismo para revestirse de Jesucristo. Ya sabe usted que las causas ordinarias producen los efectos propios de su naturaleza: los corderos engendran corderos, etc., y el hombre engendra otro hombre; del mismo modo, si el que gu\u00eda a otros, el que los forma, el que les habla, est\u00e1 animado solamente del esp\u00edritu humano, quienes le vean, escuchen y quieran imitarle se convertir\u00e1n en meros hombres; cualquier cosa que diga o que haga, s\u00f3lo les inspirar\u00e1 una mera apariencia de virtud, y no el fondo de la misma; &#8230; Pues lo mismo que vemos c\u00f3mo un arbolillo silvestre, en el que se ha injertado una rama buena, produce frutos de la misma naturaleza que esa rama, tambi\u00e9n nosotros, miserables criaturas, a pesar de que no somos m\u00e1s que carne, ramas secas y espinas, cuando nuestro Se\u00f1or imprime en nosotros su car\u00e1cter y nos da, por as\u00ed decirlo, la savia de su esp\u00edritu y de su gracia, estando unidos a \u00e9l como los sarmientos de la vi\u00f1a a la cepa, hacemos lo mismo que \u00e9l hizo en la tierra, esto es, realizamos obras divinas y engendramos lo mismo que san Pablo, tan lleno de su esp\u00edritu, nuevos hijos de nuestro Se\u00f1or\u00bb. <\/em>(Coste, SV XI, 343-344 \/ ES XI, 236-237).<\/p>\n<p>Entrar en relaci\u00f3n con la humanidad de Cristo, o bien el personal camino de santidad, -en el pensamiento de San Vicente- es la v\u00eda maestra de la evangelizaci\u00f3n. En la persona del misionero, transformada por la pertenencia a Cristo, los pobres pueden encontrarse con la misericordia de Dios. Asemejarse a Cristo es, por tanto el principio vital que, interiorizado en la gracia del Esp\u00edritu Santo, realiza en el misionero \u00ab<em>la eficacia<\/em>\u00bb (C 28; RC II,18) de sus mismas acciones de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El encuentro de verdad tiene lugar en la pr\u00e1ctica. En efecto, \u00bfqu\u00e9 comprende un pobre? Comprende una posici\u00f3n humana misericordiosa y caritativa hacia \u00e9l. Y cuando esta posici\u00f3n no nace s\u00f3lo de la compasi\u00f3n humana, sino rociada por el Evangelio vivido, entonces el pobre es tocado por la acci\u00f3n de salvaci\u00f3n que se muestra en el rostro bueno de aquel hombre que lo encuentra. <em>No se da misi\u00f3n sin mediaci\u00f3n humana.<\/em> De aqu\u00ed nace la urgencia de la vida espiritual para el misionero: la vida que <em> es relaci\u00f3n con Cristo<\/em>, afectivamente encontrado y cr\u00edticamente asumido, en el paciente trabajo de un camino espiritual sin parada, que tiene como base el esp\u00edritu de oraci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abUna cosa importante, a la que usted debe atender de manera especial, es tener mucho trato con nuestro Se\u00f1or en la oraci\u00f3n; all\u00ed est\u00e1 la despensa de donde podr\u00e1 sacar las instrucciones que necesite para cumplir debidamente con las obligaciones que va a tener -escribe siempre San Vicente en la misma carta a Antonio Durand- &#8230;Adem\u00e1s, debe usted recurrir a Dios por medio de la oraci\u00f3n para conservar su alma en su temor y en su amor; pues tengo la obligaci\u00f3n de decirle, y lo debe usted saber, que muchas veces nos perdemos mientras contribuimos a la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s\u00bb. <\/em>(Coste, SV XI, 344-345 \/ XI, 237)<\/p>\n<p>Consagraci\u00f3n a Cristo en la tensi\u00f3n misionera, reavivada en la oraci\u00f3n, constituyen por tanto los elementos que caracterizan la vida espiritual del misionero.<\/p>\n<h2><strong>En los consejos evang\u00e9licos, la predisposici\u00f3n al anuncio misionero<\/strong><\/h2>\n<p><strong> <\/strong>De la vida espiritual del misionero el primer elemento caracter\u00edstico es la consagraci\u00f3n mediante los consejos evang\u00e9licos. Pero, \u00bfcu\u00e1l es su funci\u00f3n en la estructura misionera de su vida? En la intenci\u00f3n originaria de S. Vicente, los consejos evang\u00e9licos deben plasmar la humanidad del misionero seg\u00fan la l\u00f3gica del Evangelio. M\u00e1s que a la \u00abprofesi\u00f3n religiosa\u00bb en cuanto b\u00fasqueda de perfecci\u00f3n en s\u00ed misma seg\u00fan la cultura espiritual y religiosa de aquel tiempo, San Vicente miraba al \u00abestilo de renuncia\u00bb profesada con los votos religiosos, para hacer del misionero libre de <em>\u00abpara ser misioneros y trabajar por la conversi\u00f3n de las almas\u00bb<\/em> (Coste, SV XII, 370 \/ XI, 641). \u00c9l, por tanto, seg\u00fan su toque pr\u00e1ctico, apuntaba a la substancia de la cuesti\u00f3n: \u00ab<em>No basta con estar en un estado de perfecci\u00f3n, si uno no tiende a ella ni se esfuerza por ella\u00bb<\/em> (Coste, SV XII, 371 \/ XI, 642). Quer\u00eda huir del formalismo religioso, reteniendo del estado religioso la \u00abforma interior\u00bb m\u00e1s que la \u00abforma exterior\u00bb. Por esto, en su visi\u00f3n, la consagraci\u00f3n en la misi\u00f3n mediante los consejos evang\u00e9licos habr\u00eda debido conducir a vivir el<em> seguimiento de Cristo <\/em>buscado a trav\u00e9s de la renuncia de aquello que \u00ab<em>domina en el mundo: el deseo de tener bienes, de construir, de darse gusto, de ser estimado, para poder decir: Soy yo el que he hecho esto y aquello, el que gozo de este placer, el que tengo este cargo\u00bb. <\/em>(Coste SV XII, 370\/ XI, 642).<\/p>\n<p>Actualizando su pensamiento, podemos decir que los consejos evang\u00e9licos tienen la funci\u00f3n de descentrar al misionero del amor propio, para centrarlo con relaci\u00f3n a otro distinto de s\u00ed. En la vida espiritual cristiana <em>el hombre no vive m\u00e1s para s\u00ed mismo<\/em> (Rom 14,7), sino que vive en relaci\u00f3n hacia Otro.<\/p>\n<p>En la consagraci\u00f3n el misionero dice: Otro merece mi consideraci\u00f3n, en este Otro yo pongo mi confianza, este Otro se convierte en la \u00abnorma\u00bb de mi existencia; por eso lo sigo, en la misma condici\u00f3n que \u00c9l ha elegido para s\u00ed, con el fin de que se testimonie la transcendencia del Reino y su misteriosa Presencia salvadora dentro de este mundo. Los consejos evang\u00e9licos en efecto expresan una correlaci\u00f3n substancial con Cristo. A \u00e9l se refieren. Le testimonian. Sin \u00c9l se convertir\u00edan en insoportables. El resultado antropol\u00f3gico de esta conexi\u00f3n es que, viviendo la relaci\u00f3n con \u00c9l, crece <em>la conciencia de s\u00ed como comuni\u00f3n, o sea como experiencia de s\u00ed en relaci\u00f3n con el otro. <\/em>Y, en consecuencia, la experiencia de los consejos evang\u00e9licos tiende a introducir<em> en el misionero <\/em> <em> \u00abel principio de la comuni\u00f3n\u00bb como criterio de existencia. <\/em>De esta renovaci\u00f3n de la conciencia nace tambi\u00e9n el comportamiento misionero, que tiene lugar en la alteridad, que en primer lugar es el Otro por excelencia, Cristo, el Samaritano, el Extranjero; y despu\u00e9s el otro que es \u00absacramento\u00bb, el hermano y el pobre.<\/p>\n<p>La experiencia del amor de caridad, deducido y aprendido de la proximidad a Cristo, seguido en los consejos evang\u00e9licos, constituye el coraz\u00f3n de la <em>espiritualidad del misionero. <\/em>La pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos vividos vicencianamente educan al misionero en conseguir un alejamiento de s\u00ed mismo para poder ser veh\u00edculo transparente de la Presencia de Cristo entre los pobres.<\/p>\n<h2><strong>Un misionero que, en la virginidad, testimonia la se\u00f1or\u00eda de Cristo<\/strong><em><\/em><\/h2>\n<p title=\"\"><em> <\/em>La humanidad del misionero, que brota de la experiencia de Cristo, realiza mediante la vida virginal<span id='easy-footnote-1-46508' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/las-constituciones-fuente-de-la-vida-espiritual-del-misionero\/#easy-footnote-bottom-1-46508' title='Nota del traductor: la expresi\u00f3n en castellano: \u00abvirginidad por el Reino de los Cielos\u00bb es muchas veces traducida como: \u00abc\u00e9libe por el Reino de los Cielos\u00bb. En efecto, en nuestras Constituciones encontramos: \u00abcastidad perfecta en celibato por el Reino de los Cielos\u00bb (C 29). En esta traducci\u00f3n mantenemos la palabra \u00abvirgen\u00bb \u00f3 \u00abvirginidad\u00bb para ser fieles al vocablo italiano, aunque bien se podr\u00eda traducir como: \u00abcastidad perfecta en celibato\u00bb.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> una apertura de coraz\u00f3n tal que abraza a todos y todo en la disponibilidad y gratuidad propia del amor.<\/p>\n<p>La virginidad viene justamente definida en las Constituciones en t\u00e9rminos de \u00abdon\u00bb. \u00c9ste es realmente una gracia, o bien una inspiraci\u00f3n y una fuerza del Esp\u00edritu que lleva a la realizaci\u00f3n de una persona en t\u00e9rminos diversos de la necesidad biol\u00f3gica y del impulso sexual. Configura por tanto una \u00abplenitud humana\u00bb en t\u00e9rminos de gratuidad y de don de s\u00ed (C 30).<\/p>\n<p><em>\u00abImitadores de Cristo en su amor universal a los hombres, abrazamos, en virtud del voto, la <strong>castidad<\/strong> perfecta en celibato por el reino de los cielos y recibimos como un don que se nos ha concedido generosamente por la personal e infinita benevolencia de Dios. De este modo, abrimos m\u00e1s ampliamente el coraz\u00f3n a Dios y al pr\u00f3jimo, y todo nuestro obrar se convierte en gozosa expresi\u00f3n del amor entre Cristo y la Iglesia, que se manifestar\u00e1 plenamente en la vida futura\u00bb <\/em>(C 29).<\/p>\n<p>La belleza transcendente que la virginidad consagrada introduce en el mundo es la apertura al otro en la absoluta gratuidad. \u00c9ste es un \u00abrompimiento\u00bb del mundo trinitario derramado en nuestra fr\u00e1gil humanidad: revela la apertura a la humanidad propia de la Trinidad que se complace en relacionarse amorosamente con su criatura trayendo al mundo humano el amor rec\u00edproco de absoluta gratuidad que constituye la substancia trinitaria. En un mundo dominado por lo \u00fatil y por lo eficiente, la virginidad muestra la fecundidad espiritual de la relaci\u00f3n en el amor virginal, que en la aparente inutilidad evidencia el amor de caridad. La virginidad del consagrado es un don para todos: es llamada a la trasparencia de la vida despojada de la obsesi\u00f3n del ego\u00edsmo que reduce el otro a objeto del propio placer o a instrumento del propio dominio. La virginidad introduce un nuevo modo de mirar la realidad, pues desmiente la ilusi\u00f3n del hombre que cree poder construirse a trav\u00e9s del dominio sobre el otro. La fuerza del celibato virginal, para nosotros misioneros, est\u00e1 en el hecho de afinar nuestra sensibilidad, abri\u00e9ndola hacia el pobre en la ternura que acerca y respeta.<\/p>\n<p>El dictado constitucional se detiene, despu\u00e9s, e indica los medios necesarios para realizar el don virginal en la propia existencia con cuatro indicaciones:<\/p>\n<p><em>\u00abLa \u00edntima uni\u00f3n con Cristo, la comuni\u00f3n verdaderamente fraterna, la afanosa labor en el apostolado y la asc\u00e9tica aprobada por la experiencia de la Iglesia har\u00e1n vigorosa nuestra castidad\u00bb <\/em>(C30).<\/p>\n<p>El estado de virginidad constituye para el misionero un testimonio a s\u00ed mismo en primer lugar, ya que lo lleva continuamente al amor fundamental de la existencia. Constituye, as\u00ed pues, el env\u00edo permanente a la fuente del propio seguimiento, pues si el Se\u00f1or no es el compa\u00f1ero existencialmente activo en la propia existencia la virginidad no puede ser vivida como factor integrante de una humanidad viva. La virginidad, a\u00fan nutri\u00e9ndose de la ascesis que protege, no es jam\u00e1s una fuga del mundo. Lo puede llegar a ser: y, cuando lo llega a ser, se cambia en resignaci\u00f3n o deber mal soportado, que producen una acritud humana que aleja. Por esto la virginidad est\u00e1 protegida por la comuni\u00f3n fraterna. Y, cuando la fraternidad es vivida plenamente, entonces la virginidad transfiere al mundo la diversidad radical del Evangelio, embelleci\u00e9ndolo. Tambi\u00e9n el mundo de la pobreza y del sufrimiento, iluminado por la ternura virginal, llega a ser humanamente m\u00e1s bello.<\/p>\n<h2><strong>Un misionero que, en la pobreza, comparte los bienes en fraternidad<\/strong><\/h2>\n<p>La caracter\u00edstica de la pobreza del misionero est\u00e1 en la dependencia sincera y sometida a la ley del amor, que sabe renunciar a retener para s\u00ed y sabe compartir. La pobreza consagrada no se alimenta de la ideolog\u00eda que exalta la pobreza en s\u00ed misma. Los misioneros con su acci\u00f3n intentan de levantar a los pobres de la miseria. Jes\u00fas se ha empe\u00f1ado vigorosamente con su obra evangelizadora en vencer la pobreza. Y \u00e9l mismo ha vivido pobremente sin ser pobre, viviendo de un digno trabajo. La pobreza no es por tanto un bien en s\u00ed mismo. Puede llegar a serlo en la medida en que impulsa a converger el afecto del coraz\u00f3n hacia el verdadero bien. Del mismo modo, la posesi\u00f3n de bienes no es un mal en s\u00ed mismo, pero puede llegar a serlo mediante la avaricia que tiende ha tener siempre m\u00e1s, haciendo de la posesi\u00f3n de cosas el propio \u00eddolo. La pobreza del misionero quiere contrastar \u00ab<em>aquella codicia que es la ruina de casi todo el mundo\u00bb <\/em>(RC III, 1).<\/p>\n<p>As\u00ed, los misioneros, en el seguimiento de Cristo mediante la pobreza, deben presentarse ante los bienes de la vida respetando su valor: los bienes son para la vida, no la vida para los bienes. Por tanto poseen bienes, pero su posesi\u00f3n est\u00e1 ordenada a la comuni\u00f3n y est\u00e1 sostenida por la fraternidad. La existencia humana, en efecto, se realiza s\u00f3lo en la relaci\u00f3n de fraternidad: y, por consiguiente, el valor de los bienes est\u00e1 en ser instrumento para alimentar la vida fraterna:<\/p>\n<p><em>\u00abTodo misionero&#8230; ha de sentirse sujeto a la ley universal del trabajo. Los frutos del trabajo&#8230; son bienes de la Congregaci\u00f3n, de suerte que, a ejemplo de los primeros cristianos, vivamos una verdadera comuni\u00f3n de bienes y nos ayudemos fraternalmente\u00bb <\/em>(C 32). <em>\u00abLo que es necesario para el sustento y formaci\u00f3n de los misioneros y para el desarrollo de las obras ha de proceder, sobre todo, del esfuerzo com\u00fan\u00bb<\/em> (C 33).<\/p>\n<p>Realizar la comuni\u00f3n mediante la pobreza es un sendero estrecho que conduce a tener \u00ab<em>un estilo de vida sencillo y sobrio\u00bb <\/em>de tal modo que \u00ab<em>tambi\u00e9n en los medios de apostolado se evite toda apariencia de ostentaci\u00f3n\u00bb <\/em>(C 33). Esta ley que ordena los bienes a la comuni\u00f3n no se refiere s\u00f3lo a los particulares, sino tambi\u00e9n a la comunidad en su conjunto: hay una pobreza de la comunidad, que <em>\u00abevitar\u00e1 toda acumulaci\u00f3n de bienes y procurar\u00e1 gastar de lo propio en favor de los pobres\u00bb <\/em>(C 33).<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n de los bienes a la comuni\u00f3n contrasta con el ego\u00edsmo, por tanto va protegido y salvaguardado mediante la educaci\u00f3n. La dependencia del superior mediante el permiso es un instrumento que educa mediante una verificaci\u00f3n constante de la propia actitud de pobreza. En la l\u00f3gica de la Constituciones el \u00abpermiso\u00bb no es una simple autorizaci\u00f3n a gestionar los bienes, sino un verdadero acto de comuni\u00f3n, mediante el cual se ejercita una forma de autocr\u00edtica a trav\u00e9s del di\u00e1logo con el superior acerca de la posesi\u00f3n y el uso de los bienes: <em>\u00ab\u2026no basta con el permiso del Superior, sino que es necesario que cada uno pondere qu\u00e9 es lo m\u00e1s propio y m\u00e1s conforme a nuestra vida y ministerio, seg\u00fan el esp\u00edritu de nuestro Fundador\u00bb <\/em>( C 34).<\/p>\n<p>El valor espiritual que persigue el misionero mediante la pobreza est\u00e1 por tanto en el conseguir el desapego del coraz\u00f3n, que predispone \u00ab<em> a depender totalmente de Dios, y la misma evangelizaci\u00f3n de los pobres resultar\u00e1 m\u00e1s eficaz\u00bb<\/em> (C 31).<\/p>\n<h2><strong>Un misionero que, en la obediencia, busca la Voluntad de Dios<\/strong><\/h2>\n<p><em> <\/em>El camino del abandono de s\u00ed encuentra su v\u00e9rtice en el sometimiento de la propia voluntad al Designio de Dios sobre la propia vida. Si esto en t\u00e9rminos te\u00f3ricos encuentra inmediato consenso, es m\u00e1s dif\u00edcil en la vida concreta, cuando se pide el sometimiento de la propia voluntad a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de otra persona. Es conocido que la obediencia al superior no es jam\u00e1s un sometimiento de s\u00ed mismo a la otra persona en cuanto tal, sino que expresa la donaci\u00f3n de s\u00ed a Dios. Es aqu\u00ed donde se vigoriza la espiritualidad de la obediencia. Hay que decir que no necesariamente los mandatos del Superior coinciden con la Voluntad de Dios, puesto que son solamente una mediaci\u00f3n hist\u00f3rica. As\u00ed todo es cierto que la sumisi\u00f3n al superior coloca siempre en la Voluntad de Dios. Y es precisamente esta pertenencia lo que, seg\u00fan la espiritualidad vicenciana, debe desear vivamente el misionero.<\/p>\n<p>Dicen las Constituciones que la obediencia es <em>\u00abparticipaci\u00f3n en el misterio de Cristo obediente\u00bb<\/em> (C 37). Jes\u00fas, obedeciendo al Padre y a las mediaciones hist\u00f3ricas como Mar\u00eda y Jos\u00e9, ha introducido en la historia el misterio \u00edntimo de Dios cuya substancia es la comuni\u00f3n en el amor. La obediencia por tanto est\u00e1 enraizada en la l\u00f3gica de la comuni\u00f3n. Por esto justamente hay que observar que la obediencia tiene lugar en un clima de \u00ab<em>b\u00fasqueda comunitaria de la voluntad del Padre, mediante la mutua comunicaci\u00f3n de experiencias y el di\u00e1logo abierto y responsable. En \u00e9ste concurren las diversas edades y temperamentos\u00bb<\/em> (C 37 \u00a7 1). La obediencia responsable se adquiere por tanto mediante un camino que prepara al acto decisorio, el cual sin embargo pertenece \u00abin proprio\u00bb a la responsabilidad de la autoridad.<\/p>\n<p>El acto de obediencia por tanto es considerado como un proceso que no llega s\u00f3lo a trav\u00e9s de decisiones de lo alto, sino que madura a trav\u00e9s del di\u00e1logo y la participaci\u00f3n de la comunidad. Considerada espiritualmente, la obediencia cristiana en el fondo es un gesto de rec\u00edproca caridad mediante la cual la comunidad vive y se fortalece en la misi\u00f3n. Sin caridad ser\u00eda dif\u00edcil tanto mandar como obedecer. Pero, sobre todo, la din\u00e1mica misionera perder\u00eda toda fuerza, puesto que no puede existir anuncio misionero si no hay un mandato, y por tanto sin una obediencia hecha \u00ab<em>con prontitud, alegr\u00eda y perseverancia<\/em>\u00bb (C 37, \u00a7 2). Si la obediencia se limitase a algo mec\u00e1nico y no fuese una participaci\u00f3n de coraz\u00f3n no ser\u00eda un acto de amor, y por tanto tampoco un acto plenamente humano, tanto menos misionero. Este aspecto misionero de la obediencia ha sido olvidado en este punto de las Constituciones, pero es un horizonte fundamental que deber\u00eda ser repensado.<\/p>\n<p>Dicho esto, nos queda la dificultad de obedecer los mandatos del superior que se puede superar solamente como virtud acogida en la fe: \u00ab<em>A la luz de la fe, los misioneros se esforzar\u00e1n en secundar las decisiones de los Superiores, por m\u00e1s que estimen que el proprio parecer es el mejor<\/em>\u00bb (C 37 \u00a7 2).<\/p>\n<p>La actuaci\u00f3n del consejo de la obediencia, as\u00ed pues, tiende a educar la voluntad del misionero en dos direcciones. La primera es la que le conduce a formar su esp\u00edritu en la b\u00fasqueda de la Voluntad de Dios en la propia vida. La segunda, en cambio, conduce a sentirse a s\u00ed mismo dentro de la comuni\u00f3n misionera de la Compa\u00f1\u00eda, contra el individualismo de pensamiento y de acci\u00f3n. En otras palabras, la obediencia lleva al misionero a concebir la existencia como determinada por la relaci\u00f3n con Otro distinto de s\u00ed: en aquella expropiaci\u00f3n, que hace mal al amor propio y al ego\u00edsmo, pero que educa en concebirse en la l\u00f3gica del dialogo, de la participaci\u00f3n y de la caridad misionera.<\/p>\n<p>La obediencia as\u00ed pues no es reducible a un mecanismo que crea \u00abconsenso\u00bb; es mas bien un acto espiritual, identific\u00e1ndose con el cual se construye la comunidad en t\u00e9rminos evang\u00e9licos y misioneros, colocando la propia acci\u00f3n en la fidelidad al amor con el cual Dios conduce la historia.<\/p>\n<p>El voto de obediencia se extiende despu\u00e9s en el \u00ab<em>voto espec\u00edfico de estabilidad<\/em>\u00bb (C39), que pretende frustrar la ligereza de la propia libertad, ancl\u00e1ndola en la fidelidad de la Compa\u00f1\u00eda a su misi\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>\u00abDadme un hombre de oraci\u00f3n y ser\u00e1 capaz de todo\u00bb <\/strong>(SV XI, 83 \/ XI, 778)<\/h2>\n<p><strong> <\/strong>El Otro, en referencia al cual el misionero, mediante los consejos evang\u00e9licos, plasma la propia persona, no es un principio abstracto, sino un rostro viviente con el cual dialoga en la intimidad de aquel gesto human\u00edsimo que es la oraci\u00f3n. La oraci\u00f3n, en la estructura de las Constituciones y seg\u00fan el pensamiento de San Vicente, representa el quicio sobre el que la vida espiritual del misionero se apoya y sobre el que encuentra de nuevo la vitalidad originaria de su misi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Seg\u00fan el pensamiento de San Vicente, la oraci\u00f3n es fuente de la vida espiritual del misionero. Mediante ella se reviste de Cristo, se imbuye de la doctrina evang\u00e9lica, discierne la realidad y los acontecimientos en la presencia de Dios y permanece en su amor y en su misericordia. De esta suerte el Esp\u00edritu de Cristo presta siempre eficacia a nuestras palabras y acciones <\/em>\u00bb (C 41).<\/p>\n<p>El texto constitucional presenta de modo armonioso la oraci\u00f3n bajo tres aspectos: a) como alimento para la interioridad del misionero estructurada sobre la \u00abforma\u00bb de Cristo, b) como factor de construcci\u00f3n de la vida comunitaria, c) como elemento unificante y vivificante de la actividad misionera. Estos tres aspectos, sin embargo, vienen presentados en su interacci\u00f3n intr\u00ednseca, de modo que se ve en el texto la preocupaci\u00f3n de mostrar la \u00edntima conexi\u00f3n: <em>\u00abEn la oraci\u00f3n, la fe, el amor fraterno y el celo apost\u00f3lico se renuevan de continuo, mientras que en la acci\u00f3n se manifiesta de un modo pr\u00e1ctico el amor a Dios y al pr\u00f3jimo\u00bb <\/em>(C 42).<\/p>\n<p>En primer lugar, la oraci\u00f3n es alimento espiritual del misionero como lo fue para Cristo: \u00ab<em>Cristo el Se\u00f1or permanec\u00eda en \u00edntima uni\u00f3n con el Padre, cuya voluntad buscaba en la oraci\u00f3n. Esa voluntad fue la raz\u00f3n suprema de su vida, de su misi\u00f3n\u00bb <\/em>(C 40, \u00a7 1). Mediante ella, la libertad del misionero entra en un fecundo di\u00e1logo con el Se\u00f1or, reconoci\u00e9ndolo como compa\u00f1ero inseparable en la propia existencia y en la propia actividad. La esquizofrenia entre fe y acci\u00f3n es la peor de las enfermedades para un misionero, puesto que rompe la unidad interior que es la fuerza del testimonio. La oraci\u00f3n, siendo memoria de Cristo, se convierte en el espacio de la s\u00edntesis espiritual que compone de nuevo en unidad todo lo que tiende a disgregarse a trav\u00e9s de la acci\u00f3n. Y, por esto, es el lugar de la curaci\u00f3n interior contra la disipaci\u00f3n del esp\u00edritu, dado que continuamente une la fragmentaci\u00f3n de la existencia con el Eterno y cicatriza las heridas.<\/p>\n<p>El clima interior de esta oraci\u00f3n serena, propia del misionero, es presentado en la perspectiva de la espiritualidad de los \u00abpobres en esp\u00edritu\u00bb. Y as\u00ed es una oraci\u00f3n que debe nutrirse del sentimiento de pobreza: \u00ab<em>La oraci\u00f3n del misionero debe estar informada de esp\u00edritu filial, de humildad, de confianza en la Providencia y de amor a la bondad de Dios\u00bb <\/em>(C 43). De este modo el clima interior de la oraci\u00f3n debe estar formado del deseo, de la espera, de la solicitud y, en fin, del reconocimiento de la Presencia del Se\u00f1or, que cauteriza el mal que se condensa en el fondo de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En segundo lugar, un coraz\u00f3n purificado e iluminado por la oraci\u00f3n abre de par en par la v\u00eda de las relaciones fraternas. La oraci\u00f3n personal y comunitaria construye la comunidad y \u00ab<em>el amor fraterno se renueva\u00bb <\/em>(C 42). Particularmente la oraci\u00f3n lit\u00fargica e, \u00abin primis\u00bb, la Eucarist\u00eda, es <em>\u00abla fuente de nuestra actividad y de la comuni\u00f3n fraterna<\/em>\u00bb (C 45, \u00a7 1). Orando juntos, los misioneros, mediante \u00ab<em>la hora diaria de meditaci\u00f3n\u00bb <\/em>(C 47 \u00a7 1), la \u00ab<em>participaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n de la Palabra de Dios\u00bb, <\/em>y \u00ab<em>en un di\u00e1logo fraterno, donde nos comunicamos mutuamente los frutos de nuestra experiencia espiritual y apost\u00f3lica\u00bb, <\/em>encontramos \u00ab<em>la mejor forma de animar y renovar nuestra vida<\/em>\u00bb (C 46). La fidelidad a la oraci\u00f3n genuina transforma lentamente la consciencia de s\u00ed, haci\u00e9ndola elevarse hacia una ben\u00e9fica relaci\u00f3n con el Otro, con el Misterio, con Cristo; y, en consecuencia, con los hermanos. La oraci\u00f3n por tanto libera de la obsesiva cerraz\u00f3n sobre s\u00ed, que es el obst\u00e1culo en la vida de fraternidad.<\/p>\n<p>Finalmente, la oraci\u00f3n del misionero est\u00e1 estrechamente unida a su actividad misionera. Lo est\u00e1 en el hecho mismo del gesto evangelizador, puesto que misi\u00f3n y oraci\u00f3n deben sostenerse una a otra para ser ambas aut\u00e9nticos. Una evangelizaci\u00f3n sin piedad se parece m\u00e1s a una promoci\u00f3n propagand\u00edstica. Una piedad sin misi\u00f3n cae en el devocionalismo est\u00e9ril. Por esto, justamente, las constituciones subrayan que el misionero debe convertir en oraci\u00f3n su misi\u00f3n, a trav\u00e9s de la f\u00f3rmula que est\u00e1 hoy de moda, pero en el 1980 original: \u00ab<em>El misionero se hace contemplativo en la acci\u00f3n y ap\u00f3stol en la oraci\u00f3n <\/em>\u00bb (C 42). Semejante correlaci\u00f3n fecunda de misi\u00f3n y oraci\u00f3n, seg\u00fan las constituciones, no es s\u00f3lo un principio, sino tambi\u00e9n un m\u00e9todo de vida:<\/p>\n<p><em>Es necesario que el ministerio de la palabra, el de los sacramentos y el de la caridad, as\u00ed como los acontecimientos de la vida, sean para nosotros<\/em><\/p>\n<p><em>una particular experiencia de oraci\u00f3n. Al evangelizar a los pobres debemos descubrir y contemplar a Cristo en ellos. Al ejercer la pastoral del pueblo al que hemos sido enviados, no s\u00f3lo hemos de orar por \u00e9l, sino tambi\u00e9n con \u00e9l y participar de una manera casi espont\u00e1nea de su fe y devoci\u00f3n. <\/em>(cf C 44).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n del misionero debe por tanto estar entrelazada con su ministerio: y la asimilaci\u00f3n de este principio da raz\u00f3n de toda el entramado espiritual caracter\u00edstico del misionero vicenciano.<\/p>\n<p>Todo en \u00e9l: esp\u00edritu de la vocaci\u00f3n, pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, oraci\u00f3n personal y comunitaria, debe conducir a transformar su personalidad en un ser \u00abin Cristo\u00bb, con el fin de ser como \u00c9l, \u00abpara\u00bb los hermanos m\u00e1s pobres.<\/p>\n<h2><strong>La vida espiritual del misionero es una vida \u00abhumanizada\u00bb por el Evangelio<\/strong><\/h2>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abvida espiritual\u00bb hasta aqu\u00ed utilizada, est\u00e1 entre las palabras que, a fuerza de ser pronunciada con demasiada desenvuelta \u00abobviedad\u00bb, se pierden d\u00e9bilmente en automatismos verbales. Cuando la \u00abvida espiritual\u00bb cae en automatismo, la misi\u00f3n enseguida lo sufre, puesto que el anuncio de Cristo a los pobres sin vida espiritual se queda confundido en un sentimiento personal o en cualquier forma de ideolog\u00eda religiosa. La misi\u00f3n no nace ni por la fuerza de una idea, ni de un valor, ni de un deber, la misi\u00f3n nace solamente de una experiencia vivida. Por esto se puede decir que no existe \u00abla misi\u00f3n\u00bb en cuanto tal, sino \u00abla persona que es misionera o que no lo es\u00bb. No puede ocurrir ning\u00fan acontecimiento de liberaci\u00f3n en los pobres si no encuentran hombres liberados por el Evangelio. Es el encuentro con personas que, sorprendidas por la admiraci\u00f3n ante la Presencia fascinante de Cristo, contin\u00faan revivi\u00e9ndola en la conciencia, al generar una red de anuncio persuasivo. Ser\u00eda simplemente rid\u00edculo dejar en el anonimato de internet la idea del anuncio cristiano, y lo es, por el hecho de que Cristo no un mensaje promocional, sino un acontecimiento de vida y, por tanto, condici\u00f3n de posibilidad para que la \u00abmisionariedad\u00bb viva produzca el cambio de la persona. <em>S\u00f3lo quien experimenta la propia humanidad realizada en Cristo es espont\u00e1neamente misionero,<\/em> lo cual est\u00e1 asegurado por un seguimiento humilde y generoso y por una oraci\u00f3n que actualizan la propia uni\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>Todo esto no se da tan serenamente como cuando se escribe de ello. El seguimiento de Cristo es en la pr\u00e1ctica una realidad problem\u00e1tica, al menos porque tiende a decaer como tensi\u00f3n. Un misionero que procura ser fiel a la vocaci\u00f3n de realizar en la propia vida la voz y el gesto de Cristo mediante el anuncio no puede dejar de sufrir una cierta problematicidad en su relaci\u00f3n con Cristo. No, desde luego, en el sentido de alguna inestabilidad emotiva, sino en el de acoger desde el coraz\u00f3n el llamado apremiante del Se\u00f1or, de corresponder sin restricciones a su exigencia de vivir aut\u00e9nticamente la humanidad. No se trata ciertamente de un tranquilizante. La relaci\u00f3n de verdad con Cristo es siempre inquietante, puesto que pone en contracorriente respecto a la l\u00f3gica del mundo.<\/p>\n<p>Es precisamente esta contraposici\u00f3n la que San Vicente tiene cuidado de se\u00f1alar en las Reglas como premisa de todo camino espiritual:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Ante todo cada uno de nosotros se esforzar\u00e1 por convencerse de esta verdad: que la ense\u00f1anza de Cristo no puede enga\u00f1ar nunca, mientras que la del mundo es siempre falaz. El mismo Cristo afirma que \u00e9sta es como una casa construida sobre arena, mientras que su propia doctrina es como un edificio fundamentado sobre roca s\u00f3lida. Por eso la Congregaci\u00f3n profesar\u00e1 el obrar siempre seg\u00fan las ense\u00f1anzas de Cristo, nunca seg\u00fan las ense\u00f1anzas del mundo<\/em>\u00bb (RC II, 1).<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n es perentoria. Traza la imagen de un hombre transformado por el Evangelio. Es propiamente esta humanidad del misionero, evang\u00e9licamente transfigurada, la que se convertir\u00e1 en fuente de encuentro misionero con los hermanos m\u00e1s pobres. \u00c9sta de hecho se presenta como novedad que sorprende y atrae en una relaci\u00f3n humana con los pobres que tienen necesidad de humanidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Constituciones definen las l\u00edneas dentro de las que la vida espiritual del misionero vicenciano est\u00e1 llamada a modelarse. 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