{"id":46493,"date":"2011-07-28T09:08:31","date_gmt":"2011-07-28T07:08:31","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46493"},"modified":"2016-07-27T12:15:40","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:40","slug":"edme-jolly-tercer-superior-general-de-la-cm-y-de-las-hh-de-la-c-parte-octava","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/edme-jolly-tercer-superior-general-de-la-cm-y-de-las-hh-de-la-c-parte-octava\/","title":{"rendered":"Edme Jolly, tercer Superior General de la C.M. y de las HH.C. (Parte octava)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VI: <em>De su prudencia y de la ecuanimidad en su conducta.<\/em><\/h2>\n<div id=\"attachment_46293\" style=\"width: 251px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jolly.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-46293\" class=\"size-medium wp-image-46293\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jolly-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Edme Jolly, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-46293\" class=\"wp-caption-text\">Edme Jolly, C.M.<\/p><\/div>\n<p>La prudencia cristiana es la virtud de los buenos Superiores, como la humildad y la sumisi\u00f3n lo son de los s\u00fabditos excelentes. Los Superiores son los jefes de los cuerpos que conducen; el ojo de los jefes, es la prudencia que los ilumina. Esta virtud es tan necesaria a un Superior que nada en \u00e9l puede compensarle de su ausencia, ni siquiera la posesi\u00f3n de todas las dem\u00e1s virtudes.<\/p>\n<p>El Sr. Jolly sobresal\u00eda en esta virtud m\u00e1s que en todos las dem\u00e1s, de manera que es verdad decir que si igualaba a los m\u00e1s santos personajes\u00a0 de nuestro tiempo en devoci\u00f3n, humildad, en caridad y en todas las otras virtudes cristianas, se superaba as\u00ed mismo por la rara prudencia que ha mostrado, tanto en las menores ocasiones como en las mayores. Pose\u00eda un esp\u00edritu muy amplio, que le hac\u00eda capaz de juzgar con claridad de todas las cosas, ya espirituales ya temporales, en particular en materia de devoci\u00f3n, de piedad y de gracias, ordinarias y extraordinarias. Entraba en materia y no se dejaba enga\u00f1ar por las apariencias y lo exterior de la virtud, la hac\u00eda siempre consistir en el desprendimiento de los afectos humanos, en el apego inviolable a Dios y la abundancia de las buenas obras para su gloria.<\/p>\n<p>Uno de nuestros sacerdotes, llevando las cosa demasiado lejos, debilitaba su cuerpo por las molestias que daba a su esp\u00edritu, para tenerle siempre unido a Dios. El Sr Jolly le allan\u00f3 el camino y le hizo entrar por la v\u00eda de los Santos, de una manera s\u00f3lida y muy prudente: \u00abNe informan con dolor, Se\u00f1or, le dijo, que continu\u00e1is siendo incomodado, y que hay raz\u00f3n para creer que vuestro mal viene de la excesiva aplicaci\u00f3n de esp\u00edritu, os ruego tan\u00a0 encarecidamente como puedo que os content\u00e9is con ofreceros por la ma\u00f1ana a Nuestro Se\u00f1or y pens\u00e9is en \u00e9l suavemente, para prepararos a la oraci\u00f3n. Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, entregaos, por favor, al estudio y a los otros empleos que teng\u00e1is, sin querer tener siempre vuestro esp\u00edritu atenazado en seguir en la presencia de Dios;\u00a0 lo estar\u00e9is suficientemente\u00a0 cuando hag\u00e1is lo que quiere de vos, despu\u00e9s de haberle ofrecido todas vuestras acciones.<\/p>\n<p>\u00abEn el cumplimiento de su santa voluntad est\u00e1 toda nuestra perfecci\u00f3n, como sab\u00e9is; no quiere que por una aplicaci\u00f3n de esp\u00edritu no necesaria, nos convirtamos en in\u00fatiles para servirle. Leemos de los ap\u00f3stoles y de los hombres apost\u00f3licos, que se han dedicado a lo que Dios deseaba de ellos, es decir a desempe\u00f1ar bien sus\u00a0 empleos, buscando agradar a Dios, por el cumplimiento de su sant\u00edsima voluntad; os suplico que hag\u00e1is lo mismo y no perjudiqu\u00e9is la salud que os es tan necesaria para el servicio de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Otro le dec\u00eda la repugnancia que sent\u00eda en hacer la comunicaci\u00f3n a su Superior, le anim\u00f3 y quit\u00f3 prudentemente todas las dificultades de esta manera: \u00abNo s\u00e9 si, despu\u00e9s de este cambio, quedar\u00e9is m\u00e1s contento y si ser\u00e1 un buen medio para vuestro provecho espiritual. Es dios quien nos da los Superiores; y as\u00ed, lo que viene de su parte, mientras no nos aconsejen nada malo, es seguramente para nosotros; y, al contrario, hay motivos para temer, cuando se ha elegido a su director, que no diga siempre lo que es mejor para nosotros. Vos sab\u00e9is de sobra lo que ten\u00e9is que hacer, para practicar la virtud en vuestro caso. Existen a veces algunas dificultades que se encuentran, en las que no nos conviene\u00a0 que decidamos por nosotros mismos lo que debemos hacer. En esos casos no hay nada m\u00e1s seguro que recurrir al Superior, en quien la gracia de Dios suple la falta de experiencia que pueda no tener. Hab\u00e9is o\u00eddo decir lo que se cuenta de san Francisco, que reconoc\u00eda como una singular gracia de Dios estar dispuesto a obedecer con tanta facilidad a un novicio como a un Guard\u00edan de mucha sabidur\u00eda y experiencia. Pues bien, este santo era muy h\u00e1bil en el camino de la perfecci\u00f3n, y as\u00ed a eso me atengo, y si estuviera en vuestro lugar, tratar\u00eda de superar la peque\u00f1a dificultad que ten\u00e9is, y me comunicar\u00eda con mi Superior, as\u00ed de sencillo, esperando que Dios bendijera mi obediencia. Es el camino ordinario. No obstante, como no hay regla tan general que no tenga su excepci\u00f3n, si lo encontrarais tan dif\u00edcil, que no creyeseis poder sacar provecho de esta conducta, dec\u00eddmelo, y yo estar\u00e9 siempre dispuesto a aliviaros\u00a0 en lo que pueda.<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a lo que me\u00a0 pregunt\u00e1is de qu\u00e9 medio os servir\u00e9is para sacar tanto provecho de la conducta de vuestro superior como de la de otro, no conozco otro medio que os comport\u00e9is con \u00e9l\u00a0 con toda sencillez, que ve\u00e1is a Nuestro Se\u00f1or en si persona y que recib\u00e1is de buena gana sus consejos, poni\u00e9ndolos luego en pr\u00e1ctica con humildad. No dudo en absoluto que haci\u00e9ndolo nos os aproveche para la perfecci\u00f3n a la que Dios quiere llevaros\u00bb.<\/p>\n<p>Una Hija de la Caridad que ped\u00eda permiso de dirigirse como confesos extraordinario a un sacerdote\u00a0 que ella le nombr\u00f3, recibi\u00f3 esta sabia respuesta: \u00abMe cuesta trabajo responderos sobre la petici\u00f3n que me hac\u00e9is de confesaros con el Sr. N. una sola vez. Hay ciertas ocasiones en las que se da f\u00e1cilmente este permiso, y es cuando no se tiene confianza en los confesores ordinarios; se confiesa uno entonces para acusarse de sus pecados y recibir su absoluci\u00f3n. Pero cuando se va a pedir alg\u00fan consejo para su conducta, incluso interior, no es necesario que sea en confesi\u00f3n; y para decir verdad, lo que nos falta para llegar a la perfecci\u00f3n cristiana, no son tanto los consejos e instrucciones como una verdadera voluntad de mortificar bien nuestras pasiones, nuestro juicio y nuestra voluntad; y las personas que han adquirido a sus expensas una verdadera humildad y una verdadera mortificaci\u00f3n, como las hay entre vosotras, son muy id\u00f3neas para ense\u00f1ar estas virtudes. Sin embargo, si despu\u00e9s de lo que os acabo de decir dese\u00e1is un confesor particular, dec\u00eddmelo\u00bb. Otra se quejaba a \u00e9l porque en el curso de los viajes que hac\u00eda en las visitas de las casas de su Compa\u00f1\u00eda, no pod\u00eda o\u00edr todos los d\u00edas la santa misa. Le quit\u00f3 el escr\u00fapulo de una manera igualmente prudente y f\u00e1cil: \u00abCuando no se puede, hermana m\u00eda, o\u00edr la misa realmente, se la puede o\u00edr en esp\u00edritu; lo mismo que se comulga espiritualmente cuando no se puede comulgar realmente. Se va en esp\u00edritu a los santos altares donde se dice la misa, y se hace interiormente lo que se har\u00eda si se estuviera delante de estos altares\u00bb.<\/p>\n<p>A una tercera, que ped\u00eda permiso para hacer grandes penitencias, la consuela y la instruye as\u00ed: \u00abEn cuanto a las grandes penitencias corporales que dese\u00e1is hacer, no creo que sea ahora el tiempo; hemos de esperar a que vuestra salud se robustezca. Observad bien vuestras Reglas; continuad soportando a vuestras hermanas que est\u00e1n con vos; esforzaos en renunciar\u00a0 a vuestras inclinaciones naturales: no teng\u00e1is trato con los externos m\u00e1s que en la necesidad del servicio de los pobres, y sobre todo, y sobre todo no permit\u00e1is que se gasten ninguna familiaridad con vos; pero manteneos encerrada para vuestros ejercicios, cuando hay\u00e1is satisfecho el servicio de los pobres enfermos. Este retiro y este alejamiento son una mortificaci\u00f3n que no interesa a la salud\u00a0 y os ser\u00e1 m\u00e1s \u00fatil que llevar el cintur\u00f3n\u00bb. Se ve por estas cartas y por infinidad de otras que ha escrito sobre materias de espiritualidad que ten\u00eda un gran conocimiento de todo lo que pertenece a la vida espiritual e interior, que no se dejaba enga\u00f1ar en estas ocasiones y que nunca se apartaba de los fundamentos de la virtud.<\/p>\n<p>Gestionaba lo temporal con tal destreza como si no hubiera hecho otra cosa.\u00a0 Desde el primer viaje que hizo a Roma, se vio que era buen ec\u00f3nomo, hombre de buen orden y atento en el mantenimiento de una importante familia. Desde que ha sido Superior general y ha fijado su residencia ordinaria en la casa de San L\u00e1zaro, se ha comportado con tanta sabidur\u00eda en este particular que, sin recortar nada de lo necesario para el vivir y la ropa de las personas de la Compa\u00f1\u00eda, sin disminuir los gastos ordinarios para los retiros y otras funciones, y sin pedir prestado, ha pagado fuertes deudas y reembolsado grandes sumas a algunas de nuestras casas. Adem\u00e1s, ha mandado hacer por m\u00e1s trescientas mil libras construcciones necesarias, ha adquirido algunas rentas y liquidado otros derechos muy importantes\u00a0 para esta casa, sin hacer a pesar de todo nada indigno de un alma grande, y de un coraz\u00f3n generoso. Pero Dios, el due\u00f1o de toda la tierra, que dirige los corazones de los hombres a su gusto, y que enriquece y empobrece como le place a sus criaturas, ha bendecido la direcci\u00f3n y la econom\u00eda de este sabio Superior, \u00e9l ha hecho que personas caritativas y poderosas arrimaran el hombro en nuestras necesidades m\u00e1s urgentes; le han ayudado a cobrar legados considerables, de los que no esperaba ya nada.<\/p>\n<p>Su Majestad, a quien no hab\u00eda importunado nunca, se ha adelantado a sus necesidades y ha tenido la bondad de liberarle de la mayor parte de esa tasa molesta de amortizaci\u00f3n que ha arruinado a tantas pobres comunidades. Por \u00faltimo, como estaba atento a todo, y no hac\u00eda gastos a lo loco y hab\u00eda puesto su confianza en Dios, su esperanza no se vio confundida. Ha vivido con los suyos honradamente y ha muerto dej\u00e1ndoles una habitaci\u00f3n c\u00f3moda y lo necesario para mantenerse.<\/p>\n<p>Su prudencia ha brillado en los asuntos p\u00fablicos. Nunca se le ha visto tomar partido en las intrigas del Estado que dividen los sentimientos\u00a0 de casi todos los hombres. Nunca ha dicho nada ni en contra del Papa, ni contra el Rey; y cierta persona de condici\u00f3n oblig\u00e1ndole un d\u00eda a expresarse sobre el particular un poco abiertamente, \u00e9l respondi\u00f3: \u00abNo presto atenci\u00f3n a todas esas desavenencias, que son nuestros pecados; porque nosotros tenemos un santo Papa y un Rey lleno de religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Se sabe que en la permanencia\u00a0 que el difunto Mons. cardenal Ranuzzi ha hecho los a\u00f1os pasados en la casa de San L\u00e1zaro, nuestro sabio Superior de condujo de tal forma que el Santo Padre y Su Majestad cristian\u00edsima han tenido ocasi\u00f3n de quedar satisfechos de su conducta. Se vio obligado a tomar partido inmediatamente, ya que este buen se\u00f1or habi\u00e9ndole hecho llamar a la huerta, le declar\u00f3 de repente la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado de quedarse alg\u00fan tiempo en San L\u00e1zaro, hasta que sus asuntos estuviesen en mejor estado. El Sr. Jolly puso en primer lugar sus excusas ordinarias, pero el cardenal una vez tomado su partido, \u00e9l tom\u00f3 el suyo. Consinti\u00f3, a condici\u00f3n de que Su Majestad lo aprobara; pues se obtuvo en poco tiempo el consentimiento del rey, teniendo \u00e9ste plena confianza\u00a0 en la prudencia y la fidelidad del Sr. Jolly.<\/p>\n<p>Ha adquirido una alta reputaci\u00f3n de prudencia en las arengas que se ha visto obligado a hacer a los reyes, a los pr\u00edncipes, a NN. Srs. los Obispos y dem\u00e1s personas de condici\u00f3n. Las primeras veces que intent\u00f3 los cambios\u00a0 de los superiores de nuestras casas de fundaciones reales, \u00e9l dijo al rey: \u00abSire, forma parte del bien de vuestro reino cambiar de vez en cuando a los intendentes y gobernadores de las provincias; hemos pensado cambiar al Sr. N., de tal casa, si Vuestra Majestad tiene la bondad de aceptarlo, como se lo suplico muy humildemente\u00bb. Escuchaba luego las r\u00e9plicas de Su Majestad, y con ello quedaba satisfecho modestamente. Lograba as\u00ed, de ordinario, alcanzar lo que ten\u00eda en vista.<\/p>\n<p>Mons. cardenal de Retz ha asegurado muchas veces que en Roma se ten\u00eda una estima especial del Sr. Jolly, por su prudencia y su inteligencia en los asuntos eclesi\u00e1sticos sobre los que daba su parecer en pocas palabras, sn tener en cuenta ning\u00fan inter\u00e9s m\u00e1s que el de la justicia y de la equidad.<\/p>\n<p>Asistiendo a la Sra. duquesa de Aiguillon a la muerte, la exhort\u00f3 con\u00a0 palabras tan devotas y tan eficaces, aunque breves, que ella dio muestras de estar sensiblemente impresionada; y se uni\u00f3 de tal manera a la voluntad de Dios con sus consejos, que no se oy\u00f3 salir la menor queja de su boca, aunque su enfermedad fuera muy dolorosa y muy infecta. Y aqu\u00ed dijo el Sr. Jolly: \u00abAs\u00ed se acaban las grandezas del mundo\u00bb. \u2013Su prudencia se ha visto en los sabios consejos que ha dado a la difunta Sra. de Miramion, tanto por su conducta particular\u00a0 como por la de su comunidad naciente.<\/p>\n<p>En la asamblea de las Damas de la Caridad, consegu\u00eda maravillosamente que hicieran todo el bien que pod\u00edan. Las dejaba de ordinario opinar a unas tras otras y, cuando todas hab\u00edan expresado sus sentimientos, conclu\u00eda por lo com\u00fan aceptando el sentir m\u00e1s com\u00fan. Dec\u00eda entonces: \u00abNos quedaremos con esto, Se\u00f1oras, si as\u00ed les place, o, si ustedes lo prefieren, propondremos en la pr\u00f3xima asamblea\u00a0 los mismos asuntos\u00bb. Pero, por lo com\u00fan,\u00a0 conclu\u00edan in\u00e1nimemente ateni\u00e9ndose un\u00e1nimemente a sus consejos, a pesar de las dificultades que se ve\u00edan algunas veces.<\/p>\n<p>No era inoportuno a las personas de calidad con sus visitas ni a las otras. No las hac\u00eda a no ser que el buen tono o el deber de su cargo le obligaran; no faltaba sin embargo a ninguna de las que los grandes quieren que se les rinda.<\/p>\n<p>Visitaba a todos NN. Srs. Obispos\u00a0 en las di\u00f3cesis donde est\u00e1bamos establecidos, una vez que se enteraba de su llegada a Par\u00eds, y visitaba tambi\u00e9n a sus pr\u00f3ximos parientes en las ocasiones que se presentaban de tiempo en tiempo. No se olvidaba de escribirles para felicitarlos por sus buenos \u00e9xitos, y consolarlos en las desventuras que hab\u00edan tenido.<\/p>\n<p>A Mons. el mariscal\u00a0 duque de Noailles, que hab\u00eda tomado algunas ciudades en la guerra, le escribi\u00f3 para significarle su gozo y el cuidado que ten\u00eda de dar gracias a Dios por ello. Escribi\u00f3 al mismo tiempo a la Sra. duquesa, su madre, y a Mons, de Par\u00eds, su hermano, quien era a la saz\u00f3n obispo de Ch\u00e2lons para tomar parte en la felicidad que sent\u00edan. Este ejemplo ocupar\u00e1 aqu\u00ed el lugar de una infinidad de otros que se podr\u00edan contar.<\/p>\n<p>Esperaba a veces las audiencias de las personas de condici\u00f3n \u00a0en las antec\u00e1maras sin hablar, sin mostrar ninguna impaciencia, ocult\u00e1ndose, por decirlo as\u00ed, hasta que le rogaran pasar, o vinieran a buscarle; y, cuando le dec\u00edan que era algo fastidioso, respond\u00eda con un proverbio italiano. <em>Chi vuole, vada; e chi non vuole, manda.<\/em><\/p>\n<p><em><\/em>En las conversaciones de los seglares de toda condici\u00f3n, hac\u00eda uso de lo que ellos dec\u00edan de m\u00e1s oportuno, para elevarlos\u00a0 suavemente a Dios. Por ejemplo, si le hablaban de la guerra, despu\u00e9s de escuchar pacientemente lo que le dec\u00edan, \u00e9l les respond\u00eda: \u00abEsta plaga es grande y son nuestros pecados los que nos la atraen\u00bb. Si era cuesti\u00f3n de propuestas de paz: \u00abEs Dios dec\u00eda \u00e9l, quien nos la puede dar y de quien se ha de esperar\u00bb. Viendo bellos cuadros y ricos muebles \u00abEso es hermoso, dec\u00eda, ser\u00eda\u00a0 bueno si no hubiera que morir; pero esto pasa, <em>praeterit gigura huius mundi\u00bb.\u00a0\u00a0 <\/em>\u00abEn los bonitos jardines, las praderas y los campos, admiraba a Dios que se divierte en sus obras, <em>ludens un orbe terrarum. <\/em>En los grandes accidentes y en las revoluciones considerables, recurr\u00eda a la profundidad de los juicios de Dios: <em>Justus es, Domine, et rectum judicium tuum<\/em>.<\/p>\n<p>Sus cartas les han parecido a las personas de la compa\u00f1\u00eda y a las del exterior, obras maestras de prudencia. Discern\u00eda y apuntaba todas las circunstancias, hasta en los asuntos m\u00e1s embarullados y, de ordinario, no quedaba nada por decir ni que replicar, despu\u00e9s que hab\u00eda respondido sobre un asunto. Se puede decir que sus cartas eran, cada una en su g\u00e9nero, un modelo muy perfecto.<\/p>\n<p>La prudencia de los superiores debe de sacar principalmente en la elecci\u00f3n que hacen de las personas para los empleos y para los oficio de la comunidad. El Sr. Jolly ten\u00eda frecuentes conversaciones con los prefectos de los estudios para reconocer\u00a0 el talento de los j\u00f3venes. Asist\u00eda con mucho gusto a sus tesis p\u00fablicas a fin de escucharles, y los juzgaba tan acertadamente que los regentes y el prefecto de los estudios, que los hab\u00edan conducido en las pr\u00e1cticas durante uno o dos a\u00f1os, no hubieran podido formarse una idea m\u00e1s justa.<\/p>\n<p>En cuanto a la elecci\u00f3n de los superiores, ten\u00eda por norma no tomar\u00a0 a los que hubieran demostrado inclinaci\u00f3n, y cuya vida no hubiera sido ejemplar en los diversos estados por los que hab\u00edan pasado; si hab\u00edan faltado a la regularidad, tardaba largo tiempo antes de elegirlos. Cuando cre\u00eda que un s\u00fabdito era id\u00f3neo para dirigir una casa, se lo propon\u00eda a sus asistentes, o\u00eda sus consejos y de ordinario se pon\u00eda de acuerdo con ellos. Despu\u00e9s de muchas oraciones, tomaba por fin su partido, y Dios bendec\u00eda por lo general una decisi\u00f3n tan prudente.<\/p>\n<p>Al final su prudencia ya resultado maravillosa en los cuidados que ten\u00eda en apaciguar y suavizar a las personas de calidad que [480] cre\u00edan\u00a0 haber recibido alg\u00fan disgusto de los s\u00fabditos de la Compa\u00f1\u00eda; los contentaba sin por ello prometer o conceder nada contra su deber.<\/p>\n<p>Un gran prelado se hab\u00eda irritado contra el superior de un de nuestros seminarios, que hab\u00eda recurrido por el bien del seminario que dirig\u00eda, contra una de su sentencias. El Sr. Jolly debi\u00f3 intervenir con su humildad y su prudencia ordinarias. Hizo que algunos obispos a quienes ten\u00eda en consideraci\u00f3n hablaran a este gran prelado;\u00a0 luego, crey\u00e9ndole un poco convencido, se fue en persona a pedirle perd\u00f3n. Y, como una persona le preguntaba si cargaba as\u00ed con la iniquidad de otro, respondi\u00f3: \u00abEs prudencia; se ha obrado bien al hacerlo as\u00ed. Yo habr\u00eda podido enviarle a nuestro cohermano, pero no s\u00e9 c\u00f3mo hubiera sido recibido. Y como la humildad\u00a0 es el medio de vivir en paz con todo el mundo, una vez que se humilla y se reconocen sus faltas, estos se\u00f1ores\u00a0 no saben ya qu\u00e9 decir ni qu\u00e9 hacer, y se apaciguan con todo facilidad\u00bb. Este mismo se\u00f1or pidi\u00e9ndole en particular a uno de nuestros sacerdotes\u00a0 para dirigir una parroquia importante que tenemos en su di\u00f3cesis, nunca quiso comprometerse a ello absolutamente. \u00abNosotros haremos. Monse\u00f1or, le dijo, todo lo que podamos para contentar a Vuestra Ilustr\u00edsima. Pero promet\u00e9dmelo, dijo este prelado. Espero. Monse\u00f1or, que Vuestra Ilustr\u00edsima quedar\u00e1 satisfecha de nosotros. \u2013Pero por qu\u00e9 no promet\u00e9rmelo. \u00c9l no respondi\u00f3 m\u00e1s que con profundas reverencias y esper\u00f3 un tiempo m\u00e1s favorable para hacer este cambio.<\/p>\n<p>Como la prudencia es la regla de toda buena direcci\u00f3n, es tambi\u00e9n la fuente de la ecuanimidad, ya que las gentes virtuosas habiendo tomado todas las medidas que la prudencia cristiana les puede ofrecer para vencer en\u00a0 sus empresas, se quedan contentos y resignados; pase lo que pase, no pierden nunca la paz y la tranquilidad de su esp\u00edritu. Esta ha sido tambi\u00e9n una de las grandes cualidades del Sr, Jolly. Ha sido siempre el mismo, en el seminario, en los estudios, simple misionero, visitador, superior general; siempre se le ha visto igual, siempre pac\u00edfico.<\/p>\n<p>No es sorprendente que un hombre tan prudente y tan sabio como lo era el Sr. Jolly fuera en efecto siempre el mismo. Ten\u00eda una larga experiencia de los acontecimientos a los que\u00a0 est\u00e1 sujeta nuestra vida de aqu\u00ed abajo. Por principio de fe, era indiferente para todo y ten\u00eda una fidelidad inviolable a conformarse\u00a0 en todas las cosas con el benepl\u00e1cito de Dios; pues bueno, lo mismo que la hiedra, tan d\u00e9bil como es, se hace firme enroll\u00e1ndose a un \u00e1rbol fuerte, as\u00ed la criatura que se acomoda a las voluntades de Dios participa, a su modo, en su inmutabilidad: \u00ab<em>Qui adhaeret immobili non movetur. <\/em>\u00abNosotros no estamos, dec\u00eda, en las manos de Dios m\u00e1s que como instrumentos en las del alfarero; debemos dejarnos llevar, como a \u00e9l le plazca. Que nos ponga arriba, que nos ponga abajo, que nos emplee, que nos deje ah\u00ed, todo eso nos debe dar igual. Es Dios quien conduce y hace llegar las cosas a buen fin; Lo ve todo, lo puede todo. Nos desea el bien, no nos ocurrir\u00e1n m\u00e1s males que los que \u00e9 quiera permitir. Es \u00e9l quien gobierna la Compa\u00f1\u00eda; nosotros debemos adorar su direcci\u00f3n y poner toda nuestra felicidad en hacer sus voluntades\u00bb.<\/p>\n<p>Las persecuciones, las calumnias, las p\u00e9rdidas de bienes, los procesos, las deserciones, los esc\u00e1ndalos y todos los dem\u00e1s accidentes molestos que han sucedido a la Compa\u00f1\u00eda, no le han hecho cambiar de rostro y no han podido alterar la paz de su coraz\u00f3n. Dec\u00eda ordinariamente en esas ocasiones: \u00abAqu\u00ed se est\u00e1 bien, aquello est\u00e1 bien as\u00ed; es preciso besar la mano de Dios cuando nos castiga\u00bb. Nunca se ha podido conocer, por su rostro, el estado de los asuntos de la Compa\u00f1\u00eda, porque, como los accidentes desagradables no la abat\u00edan, los buenos \u00e9xitos no le hench\u00edan el coraz\u00f3n y no dejaban nunca en su exterior ninguna huella de alegr\u00eda humana y de disipaci\u00f3n; gozaba siempre ce una gravedad amable y modesta.\u00a0\u00a0 Los accidentes, incluso los m\u00e1s inesperados, no eran capaces de cambiar la piedad de su coraz\u00f3n. \u00c9l abri\u00f3 un d\u00eda, en pleno consejo con sus asistentes, un carta por la cual se enter\u00f3 de la deserci\u00f3n de un obrero muy \u00fatil; levant\u00f3 un momento los ojos al cielo, ador\u00f3 a la Providencia, y continu\u00f3 tratando los asuntos, como si no se hubiera enterado de nada sorprendente. \u2013Por imprudencia, un joven seminarista se dej\u00f3 caer una chispa en un lugar de la casa donde estaban las velas y otras materias muy combustibles; el fuego tom\u00f3 cuerpo, hacia las seis de la tarde, con tanta vehemencia que hab\u00eda gran peligro de que llegara al granero y se incendiara toda la casa. El Sr. Jolly lleg\u00f3, no llevando m\u00e1s que un abrigo largo sobre la camiseta, se present\u00f3 con semejante tranquilidad y presencia de esp\u00edritu, que apenas se percib\u00eda que estuviera all\u00ed, aunque diera todas las \u00f3rdenes necesarias para apagar el fuego y poner la casa fuera de peligro.<\/p>\n<p>La ecuanimidad y la constancia de los m\u00e1s grandes hombres han podido sostener algunos accidentes, pero muchos han sido d\u00e9biles en la muerte. Han gemido, han palidecido ante la separaci\u00f3n de su alma del cuerpo. Muchos grandes santos han temblado como los dem\u00e1s; la gracia y la naturaleza concurr\u00edan en acrecentar su espanto. Pero, en cuanto a nuestro muy honorable Padre, ha recibido a la muerte con una tranquilidad parecida a aqu\u00e9lla con la que recib\u00eda las buenas y las malas noticias durante su vida. A fuerza de meditar estos fines \u00faltimos, se los hab\u00eda hecho tan familiares, que esperando a cada hora el momento de su liberaci\u00f3n, escuch\u00f3 fr\u00edamente el anuncio de una muerte pr\u00f3xima que le trajeron, y acept\u00f3 la ejecuci\u00f3n de la orden con una perfecta sumisi\u00f3n. Recibi\u00f3 de buena gana los \u00faltimos sacramentos y se muri\u00f3, como Mois\u00e9s,\u00a0 <em>jubente<\/em> <em>Domino<\/em>,\u00a0 \u00abpor orden de Dios\u00bb; y como \u00e9l hab\u00eda vivido siempre en una gran dependencia de la voluntad del Se\u00f1or, se vio presto a responderle cuando le llam\u00f3: <em>Vocabis me et ego respondebo tibi.<\/em>\u00a0 Dichosos aquellos a quienes la muerte y la vida les resultan indiferentes y que est\u00e1n siempre preparados a cambiar la una por la otra, cuando tal es el benepl\u00e1cito de Dios. Esta igualdad es el car\u00e1cter m\u00e1s seguro de una virtud bien experimentada y, por lo com\u00fan,\u00a0 una de las grandes recompensas de los siervos de Dios en esta vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI: De su prudencia y de la ecuanimidad en su conducta. La prudencia cristiana es la virtud de los buenos Superiores, como la humildad y la sumisi\u00f3n lo son de los s\u00fabditos excelentes. 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