{"id":46089,"date":"2024-02-07T09:08:56","date_gmt":"2024-02-07T08:08:56","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46089"},"modified":"2024-02-07T09:06:58","modified_gmt":"2024-02-07T08:06:58","slug":"biografia-de-sor-rosalia-rendu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/","title":{"rendered":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa"},"content":{"rendered":"<p>En 1786 el matrimonio formado por Juan Antonio Rend\u00fa, labrador en la aldea de Confort, y Mar\u00eda Ana Laracine ven nacer su primer hijo. Era el d\u00eda siguiente de la fiesta de la Natividad de la Virgen. El hijo, una ni\u00f1a, bautizada el mismo d\u00eda de su nacimiento, el 9 de septiembre, por el sacerdote Genolin. <strong>Recibi\u00f3 el nombre de Juana Mar\u00eda. Un d\u00eda recibir\u00e1 el de sor Rosal\u00eda y hablar\u00e1 de ella todo Par\u00eds.<\/strong><\/p>\n<p>El registro del libro de bautizos indica que fue madrina Nicolasa Rend\u00fa y padrino Juan Jos\u00e9 Rend\u00fa; pero este \u00faltimo, el abuelo, no hacia m\u00e1s que representar a un amigo \u00edntimo, al que Juana Mar\u00eda consider\u00f3 siempre como su verdadero padrino, un compatriota, sacerdote de gran renombre y de mucha autoridad, el se\u00f1or Emery, a quien su cargo reten\u00eda en Paras. Superior general de los sacerdotes de san Sulpicio y superior del seminario, no pod\u00eda dejar su puesto, pero el padrinazgo ejercido por aquel eminente sacerdote era una bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda ten\u00eda s\u00f3lo dos a\u00f1os cuando le naci\u00f3 un\u00e1 hermanita, una mu\u00f1equita viva a la que pod\u00eda admirar, acariciar, mecer. Entretanto los d\u00edas sombr\u00edos de la revoluci\u00f3n se vislumbraban en el horizonte y en torno a aquellos ni\u00f1os inocentes y risue\u00f1os se ce\u00f1\u00eda de preocupaci\u00f3n la frente de los mayores. Pero Juana Mar\u00eda y Mar\u00eda Claudina viv\u00edan d\u00edas apacibles con la ingenuidad de sus pocos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pronto una nueva hermanita vino a completar la fiesta. Le pusieron por nombre Antonieta. Era el a\u00f1o 1793. Juana Mar\u00eda iba a cumplir siete a\u00f1os. Cuando se tiene siete a\u00f1os resulta f\u00e1cil jugar \u00a1era adem\u00e1s la mayor! a hacer el papel de reina en el tr\u00edo de las hermanas.<\/p>\n<p>En aquella familia nacer\u00eda pronto una cuarta ni\u00f1a, una peque\u00f1a Juana Francisca. Hubiera sido completa la alegr\u00eda si, pocos d\u00edas antes, el 12 de mayo de 1796, no hubiera entrado el luto en el hogar con la muerte del padre de familia, que se hab\u00eda ido demasiado pronto para conocer a su \u00faltima hija.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s la peque\u00f1a Juana Francisca, apenas cumplidos los dos meses, fue a encontrarse con su padre en el cielo. Habr\u00eda alegr\u00eda entre los \u00e1ngeles, pero en la casa de Confort volver\u00e1 a haber l\u00e1grimas, una gran tristeza en el coraz\u00f3n de la madre y una gran pena en el de las hermanitas.<\/p>\n<p>El derecho de primogenitura consistir\u00e1 para Juana Mar\u00eda en ayudar a su mam\u00e1 en sus austeras obligaciones. Tendr\u00e1 que seguir dirigiendo, pero para trasmitir a sus hermanas consignas m\u00e1s serias y para contribuir a su formaci\u00f3n. Despu\u00e9s de todo, aunque no tuviera m\u00e1s que siete a\u00f1os y no supiera todav\u00eda lo que era un pecado, sab\u00eda de todas formas, porque estaba bien educada, lo que era el orden, el recato, la educaci\u00f3n y el esp\u00edritu de cordialidad<\/p>\n<p>Por otra parte, si la muerte hab\u00eda pasado implacablemente por aquel hogar tan feliz, iban a ocurrir nuevos acontecimientos. \u00bfPor qu\u00e9 la mam\u00e1 tan cristiana, tan resignada a la voluntad de Dios, no volv\u00eda a mostrar a sus hijas aquel rostro resplandeciente que siempre hab\u00edan conocido? \u00bfQu\u00e9 es lo que ocurr\u00eda? Ocurr\u00eda que la revoluci\u00f3n, con sus ideas generosas pero que se hab\u00edan vuelto locas, sembraba por toda Francia el trastorno y la persecuci\u00f3n. Era el a\u00f1o IV de la Rep\u00fablica. \u00a1Ya no estaba permitido ser cristiano!<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Rend\u00fa gozaba de una fama de mujer prudente que hac\u00eda aceptar todas sus decisiones en los asuntos familiares, pero era tambi\u00e9n de una piedad ejemplar. Modelo en la parroquia, daba abundantes limosnas a los necesitados; cuando se presentaba la ocasi\u00f3n ense\u00f1aba el catecismo a los ignorantes; acud\u00eda espont\u00e1neamente al lado de los moribundos para consolarles, exhortarles y ayudarles a bien morir. Durante aquellos tremendos a\u00f1os de revoluci\u00f3n, contribuir\u00eda a mantener la fe en el pa\u00eds. Y ella misma estaba a punto de verse comprometida peligrosamente por su fe y expuesta a las represalias de los perseguidores. En aquella casona tan hospitalaria se desarrollaba todo un drama.<\/p>\n<p>Pero las tres hermanitas, Juana Mar\u00eda, Mar\u00eda Claudina y Antonieta, aquellas ni\u00f1as queridas de todos, rodeadas de afecto, de atenciones delicadas, de cuidados vigilantes, conscientes de ser las joyas de aquella madre tan cristiana y los verdaderos tesoros de la familia, no pod\u00edan en medio de su felicidad comprender las preocupaciones que pesaban sobre las almas. Iban creciendo risue\u00f1as y alegres; iban y ven\u00edan, se divert\u00edan corriendo por el huerto. \u00a1Eran felices!<\/p>\n<p>Pero era evidente que en Francia se estaba desarrollando un verdadero drama religioso. Y sobre todo -a pesar de que era la mayor y ten\u00eda ya siete a\u00f1os- la peque\u00f1a Juana Mar\u00eda era demasiado fr\u00e1gil para llevar el peso de terrible secreto que ocultaba su casa. En efecto, durante aquellos a\u00f1os sangrientos, que fusilaban y decapitaban a tantos hombres, la casa paterna ten\u00eda una funci\u00f3n en la batalla religiosa que todos los d\u00edas produc\u00eda nuevos m\u00e1rtires. Serv\u00eda de refugio a los sacerdotes proscritos, a pesar de que los que acog\u00edan a estos sacerdotes estaban sujetos a las m\u00e1s graves sanciones, incluso la muerte.<\/p>\n<p>La casa destacaba entre las dem\u00e1s; ten\u00eda un aspecto de limpieza y sencillez que inspiraba confianza. Pero por otra parte gozaba de buena fama entre las gentes del pa\u00eds; todos encaminaban hacia ella a los pobres viajeros fatigados. Era grande: pod\u00eda acoger a los reci\u00e9n llegados&#8230;, con tal que perteneciesen a una familia decidida que no tuviera miedo a la delaci\u00f3n. Es m\u00e1s, el abate Colliex, que hac\u00eda entonces las funciones de cura, ten\u00eda all\u00ed una habitaci\u00f3n provisional, y desde all\u00ed iba disfrazado a atender a los feligreses que reclamaban su presencia. El se\u00f1or obispo de Annecy, m\u00e1s conocido y f\u00e1cilmente reconocible, obligado a mayor vigilancia, se ocultaba habitualmente en la casa y por la noche, furtivamente, delante de algunos fieles conocedores del secreto, celebraba la santa misa; el Dios de la eucarist\u00eda bajaba a aquella casa de bendici\u00f3n. Por todo esto la casa iba tomando aires de santuario; la gente acud\u00eda all\u00e1 con aspecto de seriedad y devoci\u00f3n. Las tres ni\u00f1as, sin saberlo, estaban tambi\u00e9n respirando una atm\u00f3sfera de recogimiento. En esta atm\u00f3sfera de piedad heroica respiraban un aire vivificador de puro cristianismo que las convertir\u00eda m\u00e1s tarde en almas vigorosas, templadas para las grandes tareas de la vida.<\/p>\n<h2><strong><em>Primeros proyectos: La primera comuni\u00f3n de Juana Mar\u00eda<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Aquella ni\u00f1a que ten\u00eda un alma tan grande estaba dispuesta para hacer la primera comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or se complace en las almas rectas. Era tiempo de prepararla para la visita de Dios.<\/p>\n<p>El se\u00f1or p\u00e1rroco, aprovechando las horas de descanso que pasaba en la casa, hab\u00eda ido instruyendo a Juana Mar\u00eda sobre el misterio de la presencia real de Cristo en la eucarist\u00eda. Estas grandes verdades reciben buena acogida en las almas c\u00e1ndidas y se convierten para ellas en fuente esplendorosa de luz. Fue grande la alegr\u00eda de Juana Mar\u00eda al enterarse del d\u00eda en que iba a hacer la primera comuni\u00f3n. Ser\u00eda, sin embargo, una ceremonia clandestina, lejos de las miradas indiscretas, en la sombra; ni siquiera la har\u00eda en el sal\u00f3n grande, sino en una cueva&#8230; Era menester aumentar las precauciones para una ceremonia que iba a agrupar m\u00e1s gente que de ordinario.<\/p>\n<p>En la v\u00edspera se hicieron todos los preparativos. Juana Maria ayud\u00f3 en ello a su madre. Todas las ropas m\u00e1s finas y mejor bordadas se sacaron de los antiguos armarios para adornar el altar. Se bajaron los hermosos candelabros del sal\u00f3n, aunque no pudieron encenderlos, ya que su luz pod\u00eda resultar comprometedora.<\/p>\n<p>Por otra parte, la belleza deber\u00eda estar sobre todo en el interior de las almas, en la fe y en la santa audacia de los viejos criados y de los modestos aldeanos que hab\u00edan acudido, despreciando el peligro, para escoltar al Dios de la eucarist\u00eda perseguido en otros lugares, para honrar a la due\u00f1a de la casa que tanto se lo merec\u00eda, y para complacer a aquella ni\u00f1a tan buena, tan amable, tan viva, tan bien dispuesta, de car\u00e1cter tan jovial; deseaban suplir con su simpat\u00eda todo lo que por otra parte pudiera faltar a aquella fiesta.<\/p>\n<h2><strong><em>Gex: El pensionado de las Ursulinas<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Casi por todas partes, aprovechando la calma que hab\u00eda seguido a la tempestad revolucionaria, las religiosas hab\u00edan ido regresando a sus puestos consagr\u00e1ndose de nuevo a la educaci\u00f3n de la juventud. En Gex las ursulinas acababan de abrir su pensionado. La se\u00f1ora Rend\u00fa resolvi\u00f3 confiarles la educaci\u00f3n de su hija. Tendr\u00e1n que separarse. Gex estaba a unos treinta o cuarenta kil\u00f3metros. Y se trataba de uno o dos a\u00f1os de pensi\u00f3n en perspectiva. Juana Mar\u00eda, tan apegada al hogar paterno que nunca hab\u00eda abandonado y donde tanto la quer\u00edan, debi\u00f3 sufrir mucho con la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En Gex la esperaba una cordial acogida, que acabar\u00eda disipando toda melancol\u00eda. A una ni\u00f1a de diez a\u00f1os no le costar\u00eda acomodarse pronto a las exigencias de la vida del pensionado. Las necesarias imposiciones de la vida com\u00fan, si se aceptan con valent\u00eda, se convierten para las almas robustas en un saludable ejercicio de voluntad, en el placer del esfuerzo, en el gozo de la dificultad vencida. Juana Mar\u00eda, con su viva inteligencia y la viveza que pon\u00eda en todas las cosas se hizo pronto simp\u00e1tica a sus compa\u00f1eras y a las religiosas.<\/p>\n<p>Emprendi\u00f3 con coraje el trabajo escolar, que resultaba bastante nuevo para ella. Los dos a\u00f1os que pas\u00f3 all\u00ed la prepararon s\u00f3lidamente para la vida. Podr\u00e1 juzgarse de ello m\u00e1s tarde por los frutos de su trabajo, por la ductilidad y la agilidad de su talento, por el libre curso de su pluma en su correspondencia.<\/p>\n<p>Gracias a la gran piedad de Juana Mar\u00eda totalmente impregnada del esp\u00edritu de fe y que con toda sinceridad pon\u00eda ya los intereses de Dios y su gloria por encima de sus intereses personales, pronto dio la impresi\u00f3n a cuantos la rodeaban de que Dios se hab\u00eda hecho un santuario en su alma y que la reservaba para s\u00ed, habi\u00e9ndola adornado de dones tan brillantes, dotado de virtudes tan s\u00f3lidas, rodeado de los encantos de su gracia. Dec\u00edan de ella que se har\u00eda ciertamente ursulina. Y las religiosas sin duda alguna dar\u00edan buena acogida a una novicia tan bien dotada y de tan buenas intenciones.<\/p>\n<p>Pero la vocaci\u00f3n es un don de Dios. Y Dios, que distribuye sus dones con sabidur\u00eda y con una infinita variedad, tiene sus designios sobre cada una de las almas. Los caminos de la gracia en las almas son muy diversos. Dios obra a veces directamente por s\u00ed mismo. Otras veces les conf\u00eda a otros el mandato de dar a conocer su voluntad. Los pobres ten\u00edan muchas veces el privilegio de ser esos intermediarios de las gracias divinas.<\/p>\n<p>Los pobres -dice Bossuet- son los primeros hijos de la Iglesia, sus verdaderos hijos, a quienes les corresponde en derecho las gracias de nuestro Se\u00f1or y quienes son ante los ricos los intermediarios de su gracia.<\/p>\n<p>El contacto con el pobre est\u00e1 lleno de bendiciones. Juana Mar\u00eda hab\u00eda sentido pronto el beneficio de este trato. En su entrega cordial a los pobres que se presentaban en su casa de Confort hab\u00eda recibido muchos favores divinos, que tienen como portadores al pobre.<\/p>\n<h2><strong><em>El hospital de las Hijas de la Caridad<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Pero hab\u00eda en Gex otra casa en donde Juana Mar\u00eda hab\u00eda dejado un trozo de su coraz\u00f3n. La se\u00f1ora Rend\u00fa, en una de sus visitas a Gex, tuvo que dirigirse all\u00ed y fue acompa\u00f1ada de Juana. Era el hospital. Juana Mar\u00eda se encontr\u00f3 all\u00ed con la miseria humana, aquella miseria de la que siempre hab\u00eda sentido compasi\u00f3n su tierno coraz\u00f3n. El mal revest\u00eda all\u00ed una forma distinta, la de la enfermedad. Se trataba de algo nuevo, de algo que ten\u00eda por ello m\u00e1s inter\u00e9s para la muchacha, llena de compasi\u00f3n por todas las formas de sufrimiento que iba encontrando.<\/p>\n<p>Y all\u00ed encontr\u00f3 tambi\u00e9n, atentas a aliviar todos aquellos sufrimientos, a las generosas Hijas de la Caridad, cuya abnegaci\u00f3n y sencillez pon\u00edan un aire de belleza y elevaci\u00f3n sobre aquel reino de sufrimiento e iluminaban los rostros sombr\u00edos de los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Aquel espect\u00e1culo la impresion\u00f3. Y se despertaron entonces todos los instintos de su generosa naturaleza, atenta siempre a todas las miserias de los hombres. Ella hab\u00eda visto ante el desamparo de los refugiados, su rostro inquieto y temeroso, su cuerpo fatigado, sus pies sangrando, sus ojos agotados.<\/p>\n<p>El hospital estaba muy cerca del pensionado. Muchas veces durante el d\u00eda la campana del hospital recordaba a todos los vecinos que all\u00ed, muy cerca, estaba el dolor, la caridad, la oraci\u00f3n. Adem\u00e1s, el haber visto en el hospital al lado del sufrimiento a unas almas compasivas, que hab\u00edan consagrado su vida entera al servicio de los pobres enfermos, era algo que inundaba su coraz\u00f3n de santa alegr\u00eda, como si aquello fuera la realizaci\u00f3n de un sue\u00f1o, casi inconsciente, pero que tomaba cuerpo all\u00ed, delante de ella, en toda su belleza y que le parec\u00eda ser el ideal m\u00e1s hermoso, capaz de dar todo su valor a una vida.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l era, pues, aquella noble y santa voz que le hablaba desde el fondo de su alma? Una voz espont\u00e1nea de una bondad natural, pero empapada de la gracia divina y reforzada por el Esp\u00edritu Santo, que le inspiraba en el coraz\u00f3n la llamada de la vocaci\u00f3n. As\u00ed es como act\u00faa la gracia de Dios, abri\u00e9ndose lenta y discretamente el camino hacia el alma.<\/p>\n<p>Cuando Juana Mar\u00eda deje a las ursulinas de Gex se llevar\u00e1 consigo junto con los conocimientos escolares que le faltaban, la revelaci\u00f3n de su porvenir. Su vida ten\u00eda ya un sentido. Se hab\u00eda manifestado por completo al se\u00f1or p\u00e1rroco de Gex, que hab\u00eda aprobado plenamente su proyecto. Se marchar\u00eda a saborear durante alg\u00fan tiempo las alegr\u00edas del hogar familiar, ya que era todav\u00eda demasiado joven. Pero cuando llegara la hora, le ofrecer\u00eda generosamente a Dios el sacrificio de todo lo que amaba en su pa\u00eds natal y en el hogar familiar y responder\u00e1 a la llamada del Esp\u00edritu Santo que hab\u00eda depositado en su coraz\u00f3n su inmenso amor.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00daltimas alegr\u00edas en el pa\u00eds natal<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Su estancia en Gex, interrumpida por algunos d\u00edas de vacaciones, hab\u00eda durado dos a\u00f1os. Volvi\u00f3 a Confort. En el pensionado la vieron marchar con un poco de melancol\u00eda&#8230; Pero Juana Mar\u00eda, feliz de poder volver a ver a su familia, conservaba en su coraz\u00f3n un grato recuerdo de aquel pensionado en donde hab\u00eda recibido tan buena acogida, donde hab\u00eda hecho tan buenas amistades y donde hab\u00eda escuchado la voz de Dios en la paz y en el recogimiento.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a Confort con alegr\u00eda. Ve\u00eda de nuevo los lugares familiares que le eran tan queridos, la casona, las hermanitas que corrieron a su encuentro y que hab\u00edan crecido mucho: Mar\u00eda Claudina ten\u00eda once o doce a\u00f1os, Antonieta seis o siete&#8230; \u00a1Querido hogar de Confort! El porvenir se presentaba lleno de felicidad. La guerra civil hab\u00eda cesado. La religi\u00f3n, lo mismo que el estado, se iban levantando de las ruinas. Juana Mar\u00eda iba con frecuencia a la Iglesia de la aldea. Saboreaba la paz, la alegr\u00eda de ser cristiana.<\/p>\n<p>\u00a1La sangre de los m\u00e1rtires hac\u00eda esperar un siglo maravilloso!<\/p>\n<p>La vida transcurr\u00eda con tranquilidad. Pero Juana Mar\u00eda segu\u00eda con sus sue\u00f1os. En Gex, en su visita al hospital, hab\u00eda visto de cerca a los enfermos y a las hermanas abnegadas que les atend\u00edan. Deseaba volver a ver todo aquello, enfrentar nuevamente su coraz\u00f3n con las grandes decisiones. Por otra parte, podr\u00eda ver de nuevo al se\u00f1or de Varicourt, el p\u00e1rroco de Gex que hab\u00eda sido su director. Y un buen d\u00eda indic\u00f3 a su madre su deseo: ir\u00eda a pasar en Gex unos d\u00edas en el hospital, para aprender a curar a los enfermos, una cosa que siempre es \u00fatil en la vida. \u00bfNo era adem\u00e1s una buena ocasi\u00f3n para visitar a las buenas religiosas ursulinas y agradecerles sus atenciones?<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Rend\u00fa no se enga\u00f1\u00f3; no se hac\u00eda muchos proyectos sobre el porvenir de su hija, pues sab\u00eda que no pod\u00eda oponerse a sus deseos. Pero sobre todo no quer\u00eda contrariar a los designios de Dios, que ella comenzaba a vislumbrar.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda parti\u00f3 para Gex. Una de sus amigas la acompa\u00f1\u00f3 en el viaje. Las dos ten\u00edan el mismo deseo secreto de consagrar a Dios su porvenir. En Gex se hicieron mutuamente confidencias. Y sus esperanzas compartidas no hicieron m\u00e1s que reavivar sus deseos y aumentar su felicidad.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda volvi\u00f3 a Confort plenamente decidida a seguir la llamada divina. Y reanud\u00f3 la vida familiar, aguardando la llegada de la hora oportuna. Y he aqu\u00ed que un buen d\u00eda -un gran d\u00eda- la se\u00f1orita Jacquinot, su amiga, vino a anunciarle su marcha: dentro de poco se ir\u00e1 a Par\u00eds, con las Hijas de la Caridad. Juana Mar\u00eda no ten\u00eda costumbre de vacilar. \u00a1La vida caminaba a prisa en su alma! <em>\u00bfTe marchas t\u00fa? \u00a1Me voy contigo! <\/em>Le dijeron que era demasiado joven; pero ella no se aten\u00eda a razones <em>&#8211; \u00bfPero, <\/em><em>qu\u00e9 dir\u00e1 tu madre? -De eso me encargo yo. <\/em>Y acudi\u00f3 a los pies de su madre. <em>-Madre, la se\u00f1orita Jaquinot se va a Par\u00eds. Me voy con ella -\u00bfA qu\u00e9 va? -Va a entrar en el noviciado de las Hijas de la Caridad. Y yo quiero entrar con ella. <\/em>Pero las cosas hay que pensarlas un poco; una madre no puede dejar marcharse as\u00ed a su hija tan joven. Es verdad que ella sab\u00eda muy bien que nada ser\u00eda capaz de estorbar la decisi\u00f3n de su hija. Sab\u00eda que era piadosa, reflexiva, tenaz, que conoc\u00eda muy bien lo que quer\u00eda y lo quer\u00eda firmemente. Por otra parte sab\u00eda que aquella vocaci\u00f3n ten\u00eda todas las garant\u00edas que eran de desear. Pero a pesar de todo puso algunas reservas y se\u00f1al\u00f3 todas las objeciones que exige la prudencia humana: hab\u00eda que esperar. Hab\u00eda que pedir consejo al abuelo; y \u00e9ste se lo pidi\u00f3 al se\u00f1or Emery, su padrino. Se atendr\u00edan a lo que \u00e9l dijera. Era lo m\u00e1s prudente. Y esperaron. El se\u00f1or Emery escribi\u00f3 desde Par\u00eds que \u00e9l velar\u00eda por su ahijada, que las Hijas de la Caridad acababan de reconstruir su casa madre cerca de su residencia y que le ser\u00eda f\u00e1cil seguir a la novicia y velar por su salud. El abuelo dio tambi\u00e9n su consentimiento.<\/p>\n<p>A finales de mayo del a\u00f1o 1082 la diligencia de Par\u00eds se detuvo ante el portal de la casa familiar para recoger a Juana Mar\u00eda y a su compa\u00f1era, la se\u00f1orita Jacquinot. El conductor restallo el l\u00e1tigo. La diligencia parti\u00f3 al trote de los caballos. La mirada de Juana Mar\u00eda y la de su madre se cruzaron por \u00faltima vez, los ojos se llenaron de l\u00e1grimas, ya no volver\u00edan a verse la madre y la hija m\u00e1s que una sola vez en la tierra. Pero la Providencia preparaba para Juana Mar\u00eda un destino maravilloso del que su madre pod\u00eda sentirse ciertamente orgullosa. Y la mam\u00e1, por su parte, que hab\u00eda conservado para Dios el alma de su hija, se quedar\u00eda en su puesto para proseguir en el hogar su hermosa misi\u00f3n maternal.<\/p>\n<h2><strong><em>Al d\u00eda siguiente de la revoluci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Las dos viajeras llegaron a Par\u00eds el 25 de mayo de 1802. Se dirigieron a la casa madre, en la calle de Vieux-Colombier, a la sombra de san Sulpicio, en donde se estaba reconstruyendo la Compa\u00f1\u00eda despu\u00e9s de la tormenta revolucionaria.<\/p>\n<p>Por casi toda Francia las hermanas se hab\u00eda ingeniado en la medida de lo posible por permanecer en sus puestos sirviendo a los pobres, conservando su esp\u00edritu de Hijas de la Caridad sin el h\u00e1bito religioso que les estaba prohibido llevar; lo mismo que en Gex, hab\u00edan seguido entregadas a su misi\u00f3n. Pero la casa madre del barrio saint-Laurent hab\u00eda sido evacuada en tiempos de la revoluci\u00f3n. Al principio, en 1789, hab\u00eda recibido la visita de una banda dispuesta a todo, pero que se hab\u00eda visto subyugada por el espect\u00e1culo grandioso que se hab\u00eda ofrecido a sus ojos al entrar en la capilla: all\u00ed hab\u00eda un centenar de hermanas y novicias, inm\u00f3viles, en oraci\u00f3n, preocupadas como es l\u00f3gico por lo que pod\u00eda pasarles pero dispuestas al sacrificio de su vida.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde lleg\u00f3 una orden oficial de evacuaci\u00f3n y fue necesario dispersarse: las novicias hab\u00edan vuelto a su casa familiar y las hermanas se distribuyeron por distintos sitios para seguir realizando en la clandestinidad sus oficios de caridad. A finales del 1797, despu\u00e9s que pasaron los a\u00f1os m\u00e1s crudos y la muerte de Robespierre, la madre Deleau hab\u00eda regresado a Par\u00eds, procedente de Bray, en Picard\u00eda. Encontr\u00f3 en la calle de Macons\u00adSorbonne, una a una, centenares de hermanas que volv\u00edan felices del destierro. Con ellas y con algunas postulantes se empezaron a reorganizar las casi doscientas casas de Francia. Finalmente, en diciembre de 1802, un decreto de Bonaparte restablec\u00eda oficialmente la Compa\u00f1\u00eda y le asignaba como casa madre un inmueble de la calle del Vieux\u00adColombiere, el n\u00famero 15, dedicado anteriormente a hospicio de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos. Recibieron la orden de formar enfermeras para los hospitales, pero se les segu\u00eda prohibiendo usar la corneta.<\/p>\n<p>En efecto, todas las casas hab\u00edan ido pasando sus pruebas y algunas de ellas tuvieron tambi\u00e9n sus m\u00e1rtires: en Dax, Angers, Arras y Cambrai, varias Hijas de la Caridad hab\u00eda dado su vida en el cadalso o frente a los fusiles alineados frente a ellas. Volv\u00edan las supervivientes, ricas en piadosos y heroicos recuerdos, dichosas de encontrar de nuevo en aquella casa de Vieux-Colombier, bajo la magistral direcci\u00f3n de la reverenda madre Deleau, las piadosas costumbres y los ejercicios de la comunidad. Ten\u00edan adem\u00e1s la ventaja de vivir a la sombra de la parroquia de san Sulpicio. Aquello era una bendici\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong><em>En el seminario y su programa de formaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>La se\u00f1orita Juana Mar\u00eda Rend\u00fa solicitaba la admisi\u00f3n entre las Hijas de la Caridad. Habiendo hecho en Gex un tiempo de prueba que era una especie de postulantado, pod\u00edan entrar ya directamente en el noviciado, que las Hijas de la Caridad llaman m\u00e1s modestamente el seminario. Le dar\u00edan luego el h\u00e1bito de la Hijas de la Caridad -al menos el que entonces llevaban, ya que el traje tradicional, especialmente la corneta, hab\u00edan sido prohibidos por la ley revolucionaria-. M\u00e1s tarde tomar\u00e1 all\u00ed el impulso necesario para ir a ejercer sus funciones en el campo de acci\u00f3n que le hubiera preparado la Providencia.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda tendr\u00e1 que adaptarse a un nuevo g\u00e9nero de vida, tendr\u00e1 que entrar dentro del marco de usos y costumbres tradicionales de la Compa\u00f1\u00eda, tendr\u00e1 que forjar su alma en el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad y practicar sus virtudes caracter\u00edsticas. \u00bfTendr\u00eda esta joven generosa la humildad necesaria para doblegar e inclinar sus sentimientos personales ante el sentimiento de otro? \u00a1S\u00ed que la ten\u00eda! \u00bfPodr\u00eda costarle mucho la obediencia a aquella muchacha que en las \u00f3rdenes que se daban admiraba la autoridad prudente, recta y afectuosa de su madre tan querida? Juana Mar\u00eda tra\u00eda para el servicio de los pobres un alma ardiente, caritativa, compasiva, un car\u00e1cter en\u00e9rgico pero d\u00factil, un coraz\u00f3n generoso, una piedad simple y sencilla, notablemente deseosa de hacer algo grande y hermoso en la vida con los dones recibidos de Dios.<\/p>\n<p>A pesar del desgarr\u00f3n de las separaciones familiares, muy cruel para un esp\u00edritu tan sensible como el de Juana Mar\u00eda, se entreg\u00f3 con alegr\u00eda y entusiasmo a sus nuevas obligaciones. Su educaci\u00f3n hab\u00eda sido excelente; la formaci\u00f3n del seminario ser\u00eda f\u00e1cil. El trabajo se llevar\u00eda a cabo con toda normalidad.<\/p>\n<p>Caridad, humildad, sencillez: Juana Mar\u00eda lograr\u00eda pronto aprender el programa. Caridad ardiente, incansable, siempre dispuesta a servir, pero practicada con normalidad.<\/p>\n<p>Por esta gran causa de Dios, el se\u00f1or Emery hab\u00eda tenido que enfrentarse con los mayores peligros bas\u00e1ndose para ello en una caridad modesta, pero ardiente. Al mismo tiempo el alma del se\u00f1or Emery era tambi\u00e9n un reflejo vivo y brillante del alma de san Vicente de Pa\u00fal. Al contemplar este retrato de un gran sulpiciano se comprende f\u00e1cilmente el \u00edntimo parentesco espiritual que hab\u00eda entre los hijos del se\u00f1or Olier y los hijos del se\u00f1or Vicente. Realmente, las lecciones del se\u00f1or Emery no se apartaban en lo m\u00e1s m\u00ednimo a Juana Mar\u00eda del surco trazado por san Vicente de Pa\u00fal. Con el m\u00e1s vivo deseo de aprovecharse en su formaci\u00f3n, Juana Mar\u00eda se acomodaba de buena gana a todas las exigencias de su nueva vida. Iba creciendo en virtud. La fr\u00e1gil salud de Juana Mar\u00eda se sent\u00eda debilitar. Consultaron al m\u00e9dico y \u00e9ste orden\u00f3 un cambio de aires. Tendr\u00eda que dejar entonces la casa madre. La enviaron no muy lejos de all\u00ed, dentro del mismo Par\u00eds a la calle de Francs\u00adBourgeois-Marcel.<\/p>\n<h2><strong><em>En el barrio de Mouffetard<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Era aquel ciertamente un extra\u00f1o cambio de aires. Es verdad que cambiaba de ambiente, pero segu\u00eda siendo el mismo aire de Par\u00eds el que ten\u00eda que respirar. Y el aire de uno de los barrios m\u00e1s poblados y menos aireados. Se dice que fue el mismo se\u00f1or Emery quien recomend\u00f3 e inspir\u00f3 aquel extra\u00f1o movimiento. Su influencia era decisiva a la hora de tomar decisiones, ya que sus consejos se hab\u00edan comprobado que eran siempre acertados. Sea lo que fuere, la verdad es que el se\u00f1or Emery demostr\u00f3 que estaba muy satisfecho de aquella determinaci\u00f3n. Y le dijo a su ahijada: <em>Eso es precisamente lo que usted necesita. All\u00ed podr\u00e1 ser la sirvienta de todos aquellos pobres. <\/em>El consejo no era tan malo como pudiera pensarse a primera vista. Y el porvenir se encargar\u00eda de demostrarlo.<\/p>\n<p>El barrio Mouffetard ofrec\u00eda buenas ocasiones para calmar la ambici\u00f3n de aquel gran coraz\u00f3n; la enorme actividad que all\u00ed le esperaba reduc\u00eda en gran medida la tensi\u00f3n espiritual de aquel alma conquistada ya totalmente por Dios.<\/p>\n<p>Por otra parte, el se\u00f1or Emery le hab\u00eda prometido al abuelo Rend\u00fa tener cuidado de su nieta y hasta devolv\u00e9rsela si la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad no lograba volver a constituirse debidamente. La prueba de su salud creaba un problema nuevo, pero que segu\u00eda comprometiendo igualmente las promesas del padrino. El se\u00f1or Emery pens\u00f3 sin duda en el barrio Mouffetard por el hecho de no estar lejos de san Sulpicio, ni de la calle Saint-Jacques, ni de la calle de d&#8217;Enfer, con lo que pod\u00eda velar por la salud de su ahijada.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Juana Mar\u00eda parti\u00f3 para el barrio de Mouffetard con su peque\u00f1o ajuar, pero con toda la riqueza de su car\u00e1cter y todo el fervor de su fe. Su estancia en el seminario hab\u00eda sido muy corta, pero en su nueva casa, bajo la direcci\u00f3n de una excelente superiora, pod\u00eda muy bien continuar su formaci\u00f3n de Hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Al llegar all\u00ed fue cuando tom\u00f3 el nombre de sor Rosal\u00eda y que llevar\u00eda en adelante. No tuvo la dicha de recibir el tradicional h\u00e1bito azul y la corneta blanca. No hab\u00eda acabado todav\u00eda su noviciado y adem\u00e1s todav\u00eda segu\u00eda prohibido llevar el h\u00e1bito religioso. En aquel per\u00edodo de indecisi\u00f3n las Hijas de la Caridad llevaban un h\u00e1bito de circunstancias; una capa negra, de la que se quej\u00f3 un d\u00eda el Papa P\u00edo VII ante el emperador, manifest\u00e1ndole su desagrado de ver c\u00f3mo un traje de luto, unos vestidos de viudas -le dijo el Papa- segu\u00edan todav\u00eda sustituyendo el h\u00e1bito y la corneta de las Hijas de la Caridad. Y el sumo pont\u00edfice obtuvo de Napole\u00f3n que se retirase aquella prohibici\u00f3n tan odiosa. Bajo aquel pobre h\u00e1bito de circunstancias lat\u00eda un coraz\u00f3n vigoroso y en\u00e9rgico de Hija de la Caridad, que estaba muy por encima de todas las elegancias de este mundo y que se sent\u00eda llena hasta desbordar de un maravilloso ideal de esperanza y de amor a Dios y a los pobres de aquel nuevo lugar de encuentro con el crucificado. La calle Mouffetard, antes de llegar a la iglesia de Saint\u00adM\u00e9dar y de desembocar en la gran avenida de los Franc-Bourgeois, ofrec\u00eda un laberinto de callejuelas con nombres muy curiosos, que probablemente hicieron sonreir a su joven esp\u00edritu: calle de I&#8217;Ep\u00e9e\u00adde-Bois (espada de madera), calle de Fer-a-Moulin (hierro en el molino), etc. Todo aquello poblado por un extraordinario amasijo de tenderetes y barracas, que desembocaban en un mercado de oropeles, trapos, cachivaches, con el pomposo nombre de March\u00e9 des Patriarches (mercado de los patriarcas). Juana Mar\u00eda, con su alma c\u00e1ndida de ni\u00f1a grande, debi\u00f3 sonreir una vez m\u00e1s ante aquel nombre glorioso, que serv\u00eda para decorar cosas tan vulgares.<\/p>\n<p>\u00a1Que trabajo tan hermoso y tan duro se le ofrec\u00eda all\u00ed a un alma generosa, acostumbrada a amar a los pobres y trabajar por ellos! Llena de alegr\u00eda ante el pensamiento de todo el bien que pod\u00eda hacer con la ayuda de Dios en aquel barrio, Juana Mar\u00eda lleg\u00f3 a la casa donde las estaban esperando.<\/p>\n<h2><strong><em>La oficina de la Caridad<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>La casa a donde iba destinada sor Rosal\u00eda era una <em>oficina de la Caridad <\/em>o casa de Socorro. Se llamaban de esta manera los establecimientos caritativos creados por el gobierno del Consulado para la distribuci\u00f3n de socorros entre los necesitados del barrio. La direcci\u00f3n de las <em>oficinas de la Caridad <\/em>estaba encomendada a administradores civiles, que actuaban en nombre del estado o en nombre de la comunidad. Pero toda su vida estaba confiada a las religiosas: eran ellas las que atend\u00edan a los enfermos, las que distribu\u00edan las limosnas y las medicinas y las que dirig\u00edan las escuelas. Ten\u00edan en ellas plena confianza en aquellos tiempos tan turbulentos.<\/p>\n<p>Sor Tardy, que presid\u00eda la vida de aquella comunidad, era digna de gobernar aquel grupo tan fervoroso. Ten\u00edan mucha confianza en ella al enviarle a la nueva hermana, todav\u00eda novicia, fr\u00e1gil de salud, y que llegaba m\u00e1s bien para que la cuidaran m\u00e1s que para trabajar, mientras ultimaba su formaci\u00f3n de novicia.<\/p>\n<p>Sor Tardy acogi\u00f3 con cari\u00f1o a la reci\u00e9n llegada. Si sent\u00eda cierta inquietud al verse bajo el peso de la tarea tan delicada que le hab\u00edan encomendado, pronto pudo tranquilizarse; poco despu\u00e9s, una vez acabado el tiempo del noviciado de Juana Mar\u00eda, sor Tardy pudo escribir a la superiora general: Madre, conc\u00e9dale el h\u00e1bito y d\u00e9jemela a m\u00ed.<\/p>\n<p>En efecto, sor Rosal\u00eda hab\u00eda ca\u00eddo muy bien a la peque\u00f1a comunidad; era la felicidad de todas, de su superiora y de las dem\u00e1s. A pesar de su fragilidad y de la prueba de su salud que la hab\u00eda llevado a esta casa, hab\u00eda tra\u00eddo tambi\u00e9n, junto con sus diecis\u00e9is anos y el encanto de su juventud, el atractivo de su buen car\u00e1cter. Por lo que se refiere a ella misma, sor Rosal\u00eda se acostumbr\u00f3 enseguida a su nuevo ambiente; con su car\u00e1cter decidido se adaptaba f\u00e1cilmente a las nuevas situaciones.<\/p>\n<p>Le encargaron, en primer lugar, de la clase. Se trataba de una escuela para ni\u00f1os del barrio. Sus alumnos eran muy numerosos. Pero ella hab\u00eda aprendido a mandar. Aquella tarea le gustaba. Se entreg\u00f3 a ella de todo coraz\u00f3n, poniendo toda su abnegaci\u00f3n y capacidad. El encanto que por otra parte se desprend\u00eda de su persona, su esp\u00edritu generoso y firme, su mirada tierna y penetrante, su serenidad que engendraba paz lograron conquistar enseguida a todo aquel mundillo escolar. Todos los ni\u00f1os la quer\u00edan y la escuchaban con atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Puso todo el empe\u00f1o en la ense\u00f1anza del catecismo, ya que ten\u00eda que v\u00e9rselas con unos peque\u00f1os que ignoraban las verdades elementales de la religi\u00f3n: Pero no eran solamente los ni\u00f1os los que ten\u00edan necesidad de saber las nociones elementales del catecismo. Entre las familias del barrio, privadas durante casi diez a\u00f1os de toda ayuda religiosa, hab\u00eda gran n\u00famero de personas que no hab\u00edan hecho todav\u00eda su primera comuni\u00f3n. Sor Rosal\u00eda se convirti\u00f3 en su catequista. Por la tarde, despu\u00e9s de las faenas cotidianas, reun\u00eda en casa a las mujeres y a las muchachas del barrio y en aquellas clases vespertinas, que se parec\u00edan mucho a nuestros c\u00edrculos de estudio, con su intercambio de ideas y su atm\u00f3sfera de confianza, se convert\u00eda en ap\u00f3stol de aquellas mujeres.<\/p>\n<p>En sus horas de ocio, especialmente durante las vacaciones escolares, las otras hermanas invitaban a sor Rosal\u00eda a visitar a los pobres. En aquellas visitas llevaba bonos de pan, bonos de carne, ropa y tela para hacer vestidos, ayudas de todas clases, pero sobre todo llevaba un alma ben\u00e9vola y compasiva, un rostro sonriente. Hac\u00eda todo el bien que le era posible y confiaba a Dios lo dem\u00e1s. Volv\u00eda a casa fatigada, pero no cansada, bendiciendo a Dios por el bien que hubiera podido hacer y d\u00e1ndole gracias por la confianza que en ella hab\u00eda puesto la Providencia. Por todo esto: el cari\u00f1o de sus compa\u00f1eras, de los ni\u00f1os y pobres del barrio, siguieron estimulando su esfuerzo y abnegaci\u00f3n. Hizo los votos en el a\u00f1o 1807. Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1815, tuvieron necesidad de una superiora para la obra importante de M\u00e9nages o de las petites maison. Y escogieron a sor Tardy. Hab\u00eda que buscarle sustituta para la casa de la calle de Franc-Bourgeois. La elecci\u00f3n recay\u00f3 sobre sor Rosal\u00eda. Seguramente inspir\u00f3 aquella elecci\u00f3n la misma sor Tardy, que conoc\u00eda bien a sus compa\u00f1eras. Todos se felicitaron por tan acertado nombramiento. Realmente la popularidad de que gozaba sor Rosal\u00eda era el reconocimiento de sus m\u00e9ritos y de las virtudes que adornaban aquella humilde obrera de Dios.<\/p>\n<h2><strong><em>En el cargo de superiora: comienzos felices<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Sor Rosal\u00eda ten\u00eda solamente veintiocho a\u00f1os. Pero no era persona capaz de acobardarse ante las responsabilidades. Se ofreci\u00f3 a Dios para su servicio en aquel nuevo trabajo. Preocupada por asegurar en su casa una s\u00f3lida uni\u00f3n entre todas las hermanas y de entusiasmarlas a todas por las obras de la casa, se entreg\u00f3 a su misi\u00f3n con la misma sencillez y el mismo ardor de siempre. Y obtuvo el mayor de los \u00e9xitos. Su impulso daba confianza a cuantos la rodeaban. A su alrededor las cosas marchaban estupendamente.<\/p>\n<h2><strong><em>La prueba<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Y entonces tuvo que enfrentar sor Rosal\u00eda una prueba dif\u00edcil, de esas que siempre les toca atravesar a todas las personas que se entregan a Dios. Fue tin d\u00eda de verano. La hermana asistenta la mand\u00f3 llamar a la casa central. En el consejo hab\u00edan decidido hacer algunos cambios. El suyo estaba casi decidido. Sor Rosal\u00eda parti\u00f3 sin decir nada a sus compa\u00f1eras. Cuando lleg\u00f3 a la casa madre, la hermana asistenta le dijo sin pre\u00e1mbulos: <em>Sor Rend\u00fa haga el favor de quedarse aqu\u00ed. <\/em>Aquello fue todo. As\u00ed pues, de momento, sin transici\u00f3n alguna, sor Rosal\u00eda tuvo que quedarse en la casa central en espera de un nuevo destino. Seg\u00fan la costumbre, se dirigi\u00f3 al sal\u00f3n de la comunidad de los trabajos de costura. Al d\u00eda siguiente pidieron algunas voluntarias para que fueran a trabajar al huerto; sor Rosal\u00eda se present\u00f3 y estuvo trabajando all\u00ed ocho o nueve d\u00edas, desplegando su actividad y una animaci\u00f3n que dejaba encantada a todas las de la casa.<\/p>\n<p>Entre tanto los administradores de la casa de Franc-Boougeois, los pobres, los mayores y los peque\u00f1os, todos acud\u00edan a la casa madre para solicitar su regreso. La hermana asistenta acab\u00f3 pregunt\u00e1ndose si no estar\u00eda sor Rosal\u00eda con ganas de pedir una explicaci\u00f3n a la hermana Superiora. Ella le contest\u00f3 sencillamente: <em>La ver\u00e9 cuando me llame para darme un destino. No tengo nada que decirle. De momento, lo \u00fanico que tengo que hacer es ser obediente.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente se decidi\u00f3 que volviera a la parroquia de Saint-M\u00e9dard. La superiora general mand\u00f3 llamarla y sin volver siquiera la cabeza hacia donde ella estaba, continuando con lo que estaba escribiendo, le dijo estas simples palabras: <em>Sor Rend\u00fa, haga el favor de volver a su casa. <\/em>Y a\u00f1adi\u00f3 estas otras palabras, capaces de mortificar a un alma menos robusta y serena: <em>hermana vuelva a casa. Aqu\u00ed no tiene nada que hacer. <\/em>Dicen que, inspirada por Dios, la superiora de santa Bernardita Soubirous se sent\u00eda inclinada de tratar con severidad a su compa\u00f1era. Sor Rosal\u00eda tuvo que pasar aquel d\u00eda por la misma prueba. Y tuvo que apelar a todas las reservas de mansedumbre y buen car\u00e1cter que hab\u00eda en ella, a todo el respeto religioso que siempre hab\u00eda profesado por su superiores, representantes de Dios.<\/p>\n<p>Y sonriendo regres\u00f3 a su querido barrio de Mouffetard.<\/p>\n<h2><strong><em>En <\/em><\/strong><strong><em>busca <\/em><\/strong><strong><em>de Dios<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Su regreso llen\u00f3 a todos de alegr\u00eda. Y volvi\u00f3 a poner manos a la obra. Sor Rosal\u00eda como superiora, ten\u00eda ante todo que infundir vida a toda la casa, dar vida a todas las obras y para ello mantener en sus compa\u00f1eras el celo y las virtudes de su estado, asegur\u00e1ndoles las bendiciones de Dios como premio a su fidelidad. Aquella era su primera obligaci\u00f3n y garant\u00eda de su \u00e9xito.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda le dijo con gran bondad sor Rosal\u00eda a una joven compa\u00f1era que le hab\u00edan enviado del noviciado: la llamaremos Ang\u00e9lica en recuerdo a una pobre muchacha que estaba muy aficionada a nosotras y que, despu\u00e9s de haber estado cuidando a su madre enferma, ha ido a morir a la Salp\u00e9tri\u00e9re. Era un ejemplo del humilde agradecimiento que sent\u00eda por todos aquellos buenos servidores que merec\u00edan perpetuar su recuerdo en la casa. Y a continuaci\u00f3n le dio un consejo de mucha enjundia: <em>Se dedicar\u00e1 usted a atender a los ni\u00f1os en la escuela&#8230; Y como no podr\u00e1 entonces tener la dicha de ir a ver a los pobres, procuraremos complacerle haciendo que limpie los zapatos de aquellas que vayan a visitarles y que no tienen tiempo para ello. Por otra parte, podr\u00e1 usted sentirse muy honrada de hacer este servicio a las esposas de nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/em><\/p>\n<p>Y sor Ang\u00e9lica fue enviada a dar clases. Lo estuvo haciendo durante seis a\u00f1os. Pero sor Rosal\u00eda, en un nuevo impulso genial, logr\u00f3 elevar muy alto el esp\u00edritu de la nueva maestra de escuela: <em>Su misi\u00f3n es tan hermosa que no debe usted perder ni un minuto; piense que solamente usted es la que puede ense\u00f1ar a esos ni\u00f1os a conocer y a amar a Dios. Sus madres no lo har\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p>Un d\u00eda la marcha de una hermana, enviada a otra casa para tomar la direcci\u00f3n de la misma, dej\u00f3 vacantes dos cargos de importancia, especialmente el cuidado de los enfermos en una calle bastante lejana del barrio. Sor Ang\u00e9lica, sana y robusta, fue escogida para sustituir en aquellas correr\u00edas un poco largas. Sor Rosal\u00eda, al asignarle aquel rinc\u00f3n lejano y bastante poblado, le dirigi\u00f3 un peque\u00f1o discurso. Y un nuevo impulso de \u00e1guila hacia las alturas de lo sobrenatural: <em>Tendr\u00e1 Usted el mejor sitio -le dijo-: la Ciudad Dorada.<\/em><\/p>\n<p>La Ciudad Dorada \u00bfQu\u00e9 significaba aquello? Un triste amontonamiento de barracas de todo tipo, de las construcciones m\u00e1s absurdas y arregladas de cualquier manera, en donde viv\u00edan una doscientas personas. Se encontraron all\u00ed chozas de un franco semanal de alquiler, hechas con cuatro tablas y un mont\u00f3n de trapos. Hab\u00eda gente all\u00ed que estaba sin casar, personas sin trabajo, sin ropa con que vestirse, durmiendo sobre un mont\u00f3n de paja. \u00a1Revoltijo de todas las miserias! Un barrio de pordioseros, de revendedores, de esta\u00f1adores, de comerciantes de cueros de conejo y vinateros, de mendigos&#8230; En el barrio Saint-Marceau \u2014se dec\u00eda- la gente bebe, pero no siempre come.<\/p>\n<p>La verdad es que sor Rosal\u00eda sin exagerar en lo m\u00e1s m\u00ednimo, pod\u00eda a\u00f1adir en sus consejos a la compa\u00f1era que enviaba a aquel rinc\u00f3n miserable: <em>En esa Ciudad Dorada se refugia lo m\u00e1s mediocre que hay en Par\u00eds. Se encontrar\u00e1 usted con muchos borrachos. Vaya modestamente, con diligencia. Pregunte a todos los ni\u00f1os que vea si van a la escuela. Hay mucho bien que hacer all\u00ed. Es un buen sitio para una Hija de la Caridad. <\/em>Era entonces imposible andar con regateos en esp\u00edritus de abnegaci\u00f3n. Lo \u00fanico que pod\u00eda hacerse era declararse uno feliz y procurar serlo de verdad a base de entregarse por completo.<\/p>\n<h2><strong><em>El a\u00f1o 1830<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Era grande la efervescencia de los esp\u00edritus que reinaba despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. El mundo se sent\u00eda agitado por todo un bullir de nuevas ideas. La revoluci\u00f3n, a pesar de haber atacado a la Iglesia, de haber diezmado las filas del clero, de haber abierto grandes brechas en la masa de los fieles, hab\u00eda sin embargo lanzado a trav\u00e9s de todo el mundo algunas ideas generosas. Pero sus vuelos entusiastas, rodeados de tantas y tantas esperanzas, se hab\u00edan visto acompa\u00f1ados de tan grandes excesos que la alegre y triunfal canci\u00f3n de la libertad acab\u00f3 tomando tonos falsos y sombr\u00edos que la desfiguraron <em>y <\/em>desacreditaron ante un gran n\u00famero de esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Pero en el terreno de las ideas todav\u00eda quedaba mucho por hacer. Pues bien, en la Sorbona se daba cita todo un mundo juvenil, estudioso y lleno de generosidad, abierto a las nuevas ideas; una juventud muy heterog\u00e9nea, ciertamente, pero que compart\u00edan un mismo ideal, el de colocar definitivamente en un buen camino a una sociedad que andaba desorientada, el de proyectar un poco de luz, el de fijar un objetivo, el de inyectar en aquella sociedad enferma una savia de vida nueva que le devolviera la salud y el vigor necesario para emprender de nuevo el camino.<\/p>\n<p>Esta diversidad de opiniones hab\u00eda hecho surgir en el seno de la juventud universitaria diversos partidos, muy distintos unos de los otros pero entre los que la camarader\u00eda tradicional de los estudiantes manten\u00edan cierto contacto. Y la buena voluntad, el deseo sincero de encontrar en las ideas un terreno de concordia hab\u00eda asociado a algunos de ellos en lo que se llamaba la \u00abconferencia de la historia\u00bb, una especie de c\u00edrculo de estudio en donde se hablaba de historia, pero sobre todo de historia religiosa. Las reuniones se celebraban en casa del distinguido se\u00f1or Bailly, profesor de filosof\u00eda, hombre de coraz\u00f3n generoso, que hab\u00eda tomado algunas iniciativas muy afortunadas a favor de los estudiantes. Era natural que la hermosa historia de la Iglesia cat\u00f3lica gozara de especial atenci\u00f3n y simpat\u00eda entre sus defensores. Defendida por Federico Ozanam, por Lamache, Letaillandier y otras nobles figuras de temple y de erudici\u00f3n, la Iglesia encontr\u00f3 en muchos de ellos, sabios y elocuentes apologistas.<\/p>\n<p>Ozanam desplegaba por aquella \u00e9poca sus mejores cualidades de genio y de talento. Empezaba ya a distinguirse por aquella brillante y c\u00e1lida elocuencia que, sostenida por robustas convicciones, resonar\u00eda pronto en las aulas de la Sorbona de Par\u00eds, haciendo entrar en ellas despu\u00e9s de una larga ausencia el genio cristiano, ilustrado por un arte consumado y una ciencia que era el fruto de un pujante esfuerzo de erudici\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero sucedi\u00f3 un d\u00eda que, despu\u00e9s de aquellos sublimes discursos en la conferencia de la historia, un camarada le dirigi\u00f3 este duro ap\u00f3strofe: \u00a1 <em>Vuestra Iglesia! \u00a1Mu\u00e9stranos qu\u00e9 es lo que hace vuestra Iglesia! Es verdad que en el pasado el cristianismo ha realizado cosas prodigiosas. \u00a1Pero hoy el cristianismo ha muerto.! Ustedes que se glor\u00edan de ser cat\u00f3licos, \u00bfqu\u00e9 es lo que hacen?<\/em><\/p>\n<p>Ciertamente, una mirada imparcial y profunda habr\u00eda encontrado, incluso en aquellos a\u00f1os imbuidos todav\u00eda de esp\u00edritu volteriano, no pocos milagros de fe y de caridad en el seno de las masas agitadas de aquella \u00e9poca desventurada. En el mismo Par\u00eds no faltaban obras perfectamente organizadas, que se esforzaban por aliviar las miserias que se cern\u00edan sobre la capital: se visitaban las c\u00e1rceles, se acud\u00eda a los hospitales, se recog\u00eda a los ni\u00f1os peque\u00f1os perdidos en Par\u00eds. En estas obras caritativas los estudiantes se encontraban con los miembros de la m\u00e1s alta aristocracia. A s\u00f3lo dos pasos de la Sorbona, muy cerca de aquellos estudiantes que discut\u00edan, el propio se\u00f1or Bailly les ofrec\u00eda generosamente la hospitalidad de su sal\u00f3n que se hab\u00eda convertido en una especie de c\u00edrculo de estudiantes en donde \u00e9stos encontraban siempre acceso y refugio. Y hab\u00eda fundado muy cerca de la facultad de Derecho, en la calle de I&#8217;Estrapade, <em>la Sociedad de Buenos Estudios, <\/em>una especie de casino literario, en donde hab\u00eda, biblioteca, peri\u00f3dicos, una sala de estudio bien iluminada y con calefacci\u00f3n, un sal\u00f3n para reuniones y conferencias. All\u00ed era precisamente donde se reun\u00edan para la conferencia de la historia.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la caridad cristiana era verdaderamente activa en aquellos tiempos tan turbulentos. Pero el bien no hace ruido; se difunde silenciosamente. De todas formas aquel ap\u00f3strofe conmovi\u00f3 profundamente a Ozanam. Al salir de la conferencia, se encontr\u00f3 con Lataillandier: <em>es verdad <\/em><em>-se <\/em><em>dijeron uno a otro-, no hablemos tanto de caridad, hag\u00e1mosla. <\/em>Sent\u00edan la necesidad de a\u00f1adir a los bonitos discursos y a la apolog\u00e9tica m\u00e1s h\u00e1bil el ejemplo de las grandes virtudes y el espect\u00e1culo de los grandes servicios sociales.<\/p>\n<p>Aquella misma tarde Ozanam y su amigo fueron a llevar aunas familias necesitadas una provisi\u00f3n de le\u00f1a para finales de invierno. Pero aquello no era m\u00e1s que un rasgo de hero\u00edsmo individual. Era preciso ir m\u00e1s all\u00e1. En aquellos d\u00edas de agitaci\u00f3n y de fiebre, los amigos se buscaban y se reun\u00edan. Durante una reuni\u00f3n, uno de ellos exclam\u00f3: <em>Fundemos una conferencia de caridad. <\/em>La idea hizo fortuna. Todos la aceptaron con entusiasmo. Y tambi\u00e9n le alegr\u00f3 al se\u00f1or Bailly. Y el se\u00f1or Bailly los envi\u00f3 a sor Rosal\u00eda. En efecto, no hab\u00eda nadie que fuera m\u00e1s apropiado que sor Rosal\u00eda para guiarlos en el aprendizaje de la caridad.<\/p>\n<p>El barrio latino no estaba lejos del barrio Mouffetard. Y en \u00e9ste llevaba ya treinta a\u00f1os sor Rosal\u00eda entreg\u00e1ndose a las tareas caritativas con un \u00e9xito que atra\u00eda a todo Par\u00eds.<\/p>\n<h2><strong><em>El beato Ozanam<\/em><\/strong><strong><em> y la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Ozanam sab\u00eda el camino de la casa de sor Rosal\u00eda. Un d\u00eda, conociendo \u00e9sta la delicadeza de su hermoso esp\u00edritu compasivo que se ve\u00eda inclinado a una excesiva liberalidad, le hab\u00eda dicho: <em>Hijo m\u00edo, lo que les digo a sus amigos, no tengo necesidad de dec\u00edrselo a usted. Gracias a Dios, usted conoce bien a los pobres, como es debido. <\/em>Ozanam acud\u00eda de buena gana a la calle de I&#8217;Ep\u00e9e, a aquel santuario de la caridad. Cuando sali\u00f3 de la casa del se\u00f1or Bailly, preocupado por las \u00faltimas discusiones que hab\u00edan tenido en la Conferencia, no vacil\u00f3 en dirigir enseguida sus pasos para ir a buscar en casa de sor Rosal\u00eda las consignas que impon\u00edan las circunstancias.<\/p>\n<p>Fue all\u00e1 acompa\u00f1ado de Letaillandier. Y decidieron que, para responder al reto que les hab\u00edan lanzado en la conferencia, ten\u00edan que emprender alguna obra, de las que m\u00e1s agradan a nuestro Se\u00f1or, una obra de caridad. As\u00ed qued\u00f3 disuelta la conferencia de la historia y se convirti\u00f3 en conferencia de caridad: La Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal<\/p>\n<p>El camino de la Sorbona a la calle de I&#8217;Ep\u00e9e\u00adde-Bois fue m\u00e1s que nunca conocido y recorrido. Y sor Rosal\u00eda tuvo la dicha de ver reunirse varias veces en su casa a los primeros miembros de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, de ver entre ellos a un joven que tambi\u00e9n llevaba el apellido Rend\u00fa, y de sentir c\u00f3mo se avivaba y propagaba el hermoso fuego de la caridad. Los j\u00f3venes ven\u00edan en grupo a su casa; pero a veces tambi\u00e9n ven\u00edan individualmente a buscar consejos, recomendaciones y aliento. Se llevaban consigna y \u00f3rdenes de servicio y se derramaban por las calles del barrio como mensajeros de la caridad.<\/p>\n<p>Al principio, la Conferencia de san Vicente de Pa\u00fal estaba destinada a funcionar entre los compa\u00f1eros de la escuela; se limitar\u00eda a ejercer sus tareas en el c\u00edrculo \u00edntimo en que hab\u00eda sido fundada. As\u00ed es como funcion\u00f3 durante dos a\u00f1os. Pero un d\u00eda, uno de aquellos j\u00f3venes estudiantes, el se\u00f1or Le Pr\u00e9vost, llevado de su celo apost\u00f3lico, propuso en una reuni\u00f3n desdoblar la conferencia para poder extender sus obras de caridad. Se trataba de establecer una en san Sulpicio; quiz\u00e1 m\u00e1s tarde podr\u00edan fundarse otras&#8230; Se alborotaron los \u00e1nimos de aquellos buenos ap\u00f3stoles, celosos de su intimidad. La cosa lleg\u00f3 a calentarse tanto que el prudente se\u00f1or Bailly crey\u00f3 oportuno cerrar la discusi\u00f3n. Finalmente \u00e9l, el autor de la propuesta, como punto final de sus argumentos, hizo observar que la idea no era suya, sino que proced\u00eda de sor Rosal\u00eda, deseosa de extender cada vez m\u00e1s lejos el reino de Dios. Sus palabras fueron decisivas; el nombre de sor Rosal\u00eda hizo callar todas las oposiciones. Y se adopt\u00f3 la decisi\u00f3n de dividir la conferencia.<\/p>\n<p>Pronto habr\u00eda de verse c\u00f3mo, gracias a sor Rosal\u00eda, se iban extendiendo las Conferencias de san Vicente de Pa\u00fal, como un reguero de p\u00f3lvora, por toda la superficie del globo. <em>Llegando a encerrar al mundo <\/em>-dec\u00eda Ozanam- <em>dentro de una red de caridad.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, San Sulpicio tuvo tambi\u00e9n su conferencia. La c\u00e9lula madre se desdobl\u00f3. Antes de separarse, los miembros oyeron del se\u00f1or Bailly estas graves palabras: <em>Se\u00f1ores, amemos nuestras reglas; si las guardamos con fidelidad, estemos seguros de que ellas nos guardar\u00e1n a nosotros y guardar\u00e1n nuestra obra.<\/em><\/p>\n<p>Por la <em>Regla, <\/em>indicar\u00e1 m\u00e1s tarde, en 1841, el se\u00f1or Bailly, entendemos sobre todo las consideraciones generales que proceden a nuestro reglamento propiamente dicho, donde se expresa el esp\u00edritu que debe llenarnos a todos y que vivificar\u00e1 para siempre nuestros d\u00e9biles esfuerzos. Porque estas consideraciones son la Palabra de Dios, son las m\u00e1ximas de los santos, son principalmente el pensamiento de san Vicente de Pa\u00fal, que nosotros no hemos hecho m\u00e1s que aplicar a las tareas de nuestra obra. En estas expresiones, \u00bfqui\u00e9n no ve la sombra discreta de sor Rosal\u00eda?<\/p>\n<p>San Vicente pod\u00eda estar contento de sor Rosal\u00eda. Ella hac\u00eda pasar el alma generosa de todos aquellos j\u00f3venes que gravitaban alrededor de la casa de I&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois un poco el alma de su santo fundador, tan humilde y tan sencillo en el seno de los m\u00e1s espl\u00e9ndidos ardores de su caridad. Sor Rosal\u00eda continuaba influyendo tanto en el pensamiento de la conferencia como en el \u00e1nimo de aquellos j\u00f3venes que le ten\u00edan en tan alto aprecio.<\/p>\n<h2><strong><em>La correspondencia de sor Rosal\u00eda<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Los ecos de esta amistad pueden escucharse a trav\u00e9s de la correspondencia de la Hermana. Porque estos j\u00f3venes, una vez establecidos en las diversas provincias o en los alrededores de Par\u00eds, deseaban seguir aprovech\u00e1ndose del patrocinio de aquella que les hab\u00eda protegido y guiado maternalmente durante sus estudios en la capital. Sor Rosal\u00eda se prestaba de buena gana a este apostolado. Sus cartas podr\u00edan llevar lejos sus consejos y sus alientos. Habiendo adquirido sobre ellos una especie de autoridad maternal, usaba de gran libertad con ellos en sus avisos, en sus recomendaciones. Sus cartas est\u00e1n llenas de testimonios de afectuoso inter\u00e9s. Aparece con frecuencia la palabra amistad. Estas p\u00e1ginas est\u00e1n esmaltadas de t\u00e9rminos delicados, casi cari\u00f1osos, que le permiten a su autoridad derramar a raudales los beneficios de su caridad.<\/p>\n<p>Se conserva toda una serie de cartas, llenas de encanto, dirigidas a un joven notario, que durante el tiempo de sus estudios de Derecho en Par\u00eds hab\u00eda disfrutado de los consejos y de la vigilancia de sor Rosal\u00eda. Aquel joven le comunica su esperanza de matrimonio, m\u00e1s tarde le habla de su boda y de todos los acontecimientos de su vida familiar. Y sor Rosal\u00eda le contesta por urbanidad, pero tambi\u00e9n por sincera amistad y, en los comienzos, por verdadera vigilancia sobre aquel joven que se lanzaba a la vida con verdadera ilusi\u00f3n. Se conservan unas treinta cartas, escalonadas en dos per\u00edodos, de cinco a\u00f1os cada uno. Del a\u00f1o 1835 al 13 de febrero de 1840 se intercambiaron treinta y cuatro; del 5 de enero de 1845 al 28 de diciembre de 1849 se cuentan solamente diez. Hay una interrupci\u00f3n de cinco a\u00f1os, perfectamente explicables por los acontecimientos, tr\u00e1gicos a veces, de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<h2><strong><em>El vizconde de Melun y la escuela de caridad de la calle I&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>El acercamiento fraterno y la amistad de sor Rosal\u00eda iban haciendo penetrar insensiblemente, d\u00eda tras d\u00eda, en todas aquellas almas lo mejor de su propia alma, con las certeras m\u00e1ximas que ella misma hab\u00eda aprendido en la escuela de san Vicente. Y a una vez, su apostolado entre estos j\u00f3venes se convert\u00eda, casi espont\u00e1neamente, en una pujante y fecunda <em>escuela de caridad.<\/em><\/p>\n<p>El vizconde de Melun, que ya desde la primer visita que le hizo qued\u00f3 conquistado para la obra de sor Rosal\u00eda y que fue uno de los alumnos m\u00e1s asiduos de esta escuela bienhechora, nos ha revelado los secretos de la preciosa iniciaci\u00f3n que se daba en ella.<\/p>\n<p>Era durante el invierno de 1837-1838, el joven vizconde, despu\u00e9s de atravesar las pobres calles del barrio y el s\u00f3rdido mercado de los patriarcas, se encontr\u00f3 ante la casa de sor Rosal\u00eda en compa\u00f1\u00eda de los pobres que asediaban su puerta. La se\u00f1ora Swetchine que lo enviaba, era para \u00e9l la mejor de las recomendaciones. Y ciertamente no result\u00f3 in\u00fatil. Es verdad que sor Rosal\u00eda lo recibi\u00f3 muy bien, casi tan bien -nos dice \u00e9l mismo- como si hubiera sido uno de sus pobres&#8230;, pero ella misma le confes\u00f3 m\u00e1s tarde, con una sonrisa maliciosa, que se hab\u00eda preguntado al ver aquel joven tan apuesto si no ser\u00eda \u00e9l tambi\u00e9n uno de esos ap\u00f3stoles aficionados, a los que atra\u00eda a su casa m\u00e1s la curiosidad que la caridad, y que muchas veces no pod\u00edan resistir la visi\u00f3n poco atractiva de la miseria y dejaban despu\u00e9s de la primera visita todo aquel desconcertante apostolado.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el joven ap\u00f3stol tuvo que sufrir la prueba com\u00fan de una visita a los pobres. Sor Rosal\u00eda le entrego unos pocos bonos de pan, algunos bonos de carne y alguna ropa, que ten\u00eda que llevar a alguna familia del barrio, acompa\u00f1ando a dicha limosna con algunas palabras de cari\u00f1o. El joven vizconde se sinti\u00f3 ya desde entonces ganado para la obra de la caridad . Y cuando sor Rosal\u00eda le dio a leer <em>la Vida de san Vicente de Pa\u00fal, <\/em>a quien venerar\u00e1 desde entonces y que fue para \u00e9l una verdadera revelaci\u00f3n, escibi\u00f3 a la se\u00f1ora Swetchine: <em>Dios es muy bueno. <\/em>Me env\u00eda sus consejos, a sor Rosal\u00eda y a san Vicente.<\/p>\n<p>De esta forma Armando de Melun se hizo miembro de la conferencia de san Vicente de Pa\u00fal y pronto fue invitado a tomar parte del consejo general de la Sociedad. Desde el primer momento fue uno de sus miembros m\u00e1s activos. Desde 1833 hasta la muerte de sor Rosal\u00eda en 1856, no pas\u00f3 una sola semana sin que el vizconde de Melun se dirigiera a la calle de I&#8217;Ep\u00e9e-deBois para buscar all\u00ed consignas, direcciones para visitar a los pobres y tambi\u00e9n consejos para las empresas que ten\u00eda en mente poner al servicio de los marginados como lo hab\u00eda aprendido de sor Rosal\u00eda. Pero adem\u00e1s encontraba en sor Rosal\u00eda, junto con el beneficio de sus ejemplos, la agradable sorpresa de su experiencia y de sus piadosas artima\u00f1as para aficionarlo al bien. Y como nuevo aliciente iba recogiendo de vez en cuando, en el curso de sus recomendaciones maternales, algunas de aquellas frases tajantes, de aquellas expresiones lapidarias heredadas de san Vicente, que sal\u00edan como lava ardiente de aquel rico fondo de alma de fuego del santo de la caridad.<\/p>\n<p>Escuchemos algunos ecos de aquellas valientes palabras. Cualquier que se haya familiarizado un poco con las Obras de san Vicente de Pa\u00fal reconocer\u00e1 pronto en ellas un aire familiar. Son conocidos los t\u00e9rminos con los que san Vicente hac\u00eda el elogio de sus queridos pobres: <em>Los pobres son otro Jesucristo&#8230;; son nuestros se\u00f1ores y nuestros amos&#8230;; son los predilectos de Dios&#8230; <\/em>Son ellos los que nos atraen las recompensas de Dios. Escuchemos ahora a Ozanam hacerse eco de estas ideas y revestirlas con bella prosa tan armoniosa: <em>La bendici\u00f3n de los pobres es la bendici\u00f3n de Dios. Los pobres est\u00e1n ah\u00ed&#8230;, y podemos meter nuestros dedos y nuestras manos en sus llagas. Y las huellas de la corona de espinas son visibles en su frente&#8230; Deber\u00edamos caer a sus pies y decirles con el ap\u00f3stol: Tu es dominus meus et deus meus. Vosotros sois nuestros se\u00f1ores y nosotros somos vuestros servidores. Sois para nosotros las im\u00e1genes sagradas de ese Dios al que no vemos; y como no sabemos amarle de otra manera, lo amamos en vuestras personas.<\/em><\/p>\n<p>En 1835 aparec\u00eda el texto del manual destinado a los miembros de las conferencias. Est\u00e1 lleno de inter\u00e9s. Pero escuchemos c\u00f3mo empieza. Podr\u00edamos decir que su comienzo est\u00e1 sacado directamente, casi al pie de la letra, del comienzo de las Reglas o Instituciones que san Vicente hab\u00eda dejado a sus misioneros. He aqu\u00ed las primera l\u00edneas sacadas de la carta de env\u00edo:<\/p>\n<p><em>He aqu\u00ed finalmente el comienzo de aquella organizaci\u00f3n escrita que llam\u00e1bamos nuestros votos. Se ha hecho esperar durante mucho tiempo, pues hace ya varios a\u00f1os que existe nuestra asociaci\u00f3n. Pero, \u00bfno hab\u00eda que estar seguros de que Dios quer\u00eda que tuviese vida antes de imprimirle una forma de existencia? \u00bfNo era preciso que ella pudiera juzgar de sus posibilidades bas\u00e1ndose en lo que ya hab\u00eda hecho, antes de imponerse algunas reglas y fijarse algunos deberes? Hoy ya no tenemos en cierto modo nada que hacer m\u00e1s que traducir a un reglamento las pr\u00e1cticas que hemos seguido con cari\u00f1o. Esto es una garant\u00eda segura de que nuestras reglas ser\u00e1n bien acogidas y de que no quedar\u00e1n en el olvido.<\/em><\/p>\n<p>A su vez, el se\u00f1or Bailly, en el a\u00f1o 1841, ante el maravilloso desarrollo que la Providencia daba a la Sociedad de san Vicente de Pa\u00fal, recordaba la designaci\u00f3n de peque\u00f1a sociedad que los miembros de las conferencias sol\u00edan darse en la humildad de los comienzos. Pero a\u00f1ade: En estos momentos esta designaci\u00f3n ya no es verdadera a no ser por lo poco que hacemos en comparaci\u00f3n con todo lo que habr\u00eda que hacer. Pidamos a Dios con fervor que haga crecer nuestras obras en la misma medida con que crece el n\u00famero de los que se alistan bajo la santa y caritativa bandera de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Hacia 1850 la sociedad de las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal llevaba entonces unos veinte a\u00f1os de existencia. Pero durante esos veinte a\u00f1os algunos de sus miembros m\u00e1s influyentes acud\u00edan regularmente a la calle I&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois a buscar la inspiraci\u00f3n al lado de sor Rosal\u00eda, cuya presencia en el barrio Mouffetard iluminaba toda su vida, a fin de renovar all\u00ed continuamente su contacto con el esp\u00edritu y el alma de san Vicente.<\/p>\n<h2><strong><em>Preparaci\u00f3n para una buena muerte<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Al paso de sus sesenta o setenta a\u00f1os, pero con el coraz\u00f3n ligero, podr\u00eda presentarse ante san Pedro llevando un copioso tesoro. San Vicente y santa Luisa de Marillac estar\u00edan all\u00ed para sonre\u00edrle y para acompa\u00f1arla ante su Se\u00f1or. Hab\u00eda servido bien; hab\u00eda trabajado mucho; hab\u00eda amado mucho a los pobres, pod\u00eda esperar una buena acogida en el cielo. Pero todas las grandes vidas tienen tambi\u00e9n su lote de pruebas purificadoras y santificantes.<\/p>\n<h2><strong><em>Pruebas familiares<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Por aquellos tiempos llegaron de Confort noticias alarmantes: la salud de su madre dejaba mucho que desear y a veces inspiraba serias preocupaciones, pero por otro lado le reconfortaba los cuidados que le prodigaban algunas buenas personas a su madre.<\/p>\n<p><em>Le doy gracias de todo coraz\u00f3n <\/em>-escribe a la se\u00f1orita Melania Rend\u00fa- <em>por las atenciones que tiene con mi querida y buena madre. Le agradezco mucho las cartas tan afectuosas que me ha escrito. Le ruego que vele para que no cometa ninguna imprudencia. Que no siga con su celo, con su fervor, con su empe\u00f1o en querer ir a la iglesia, en donde necesariamente tiene que coger fr\u00edo.<\/em><\/p>\n<p>Gracias a los cuidados que le rodeaban la se\u00f1ora Rend\u00fa, despu\u00e9s de algunas alarmas, volvi\u00f3 a recuperar la salud. La muerte no vendr\u00e1 a buscarla hasta el a\u00f1o 1856, el mismo a\u00f1o que a sor Rosal\u00eda. Sin embargo, en 1851 una nueva enfermedad volvi\u00f3 a preocupar a sus hijas. De nuevo, nuestra hermana vuelve a sus recomendaciones y declara que renuncia a todos sus bienes, si son necesarios para la preciosa salud de su madre. Es tambi\u00e9n al vicario de Lacrans a quien escribe: <em>Me he enterado de que se encuentra peor mi querida madre. Estoy muy preocupada por ella. Le renuevo mis s\u00faplicas de que vaya a darle el consuelo de sus visitas lo m\u00e1s frecuente que pueda. Haga el favor de indicarme c\u00f3mo se le atiende y que tome todo lo que necesite. <\/em>Sor Rosal\u00eda sabe muy bien que su hermana de Confort, con su marido y sus hijos, rodean sol\u00edcitos a su madre. Pero de su coraz\u00f3n se escapa este grito doloroso, muy explicable en una hija: <em>\u00a1Cu\u00e1nto me cuesta no poder atenderla yo misma!<\/em><\/p>\n<h2><strong><em>Pruebas de salud<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>La enfermedad no era ninguna novedad para su vida. Sor Rosal\u00eda, a pesar de su actividad, hab\u00eda sido siempre muy fr\u00e1gil de salud. Con frecuencia pasaba algunos d\u00edas de fiebre y a veces se ve\u00eda obligada a aceptar sus golpes. Guardaba entonces alg\u00fan d\u00eda de cama. Desde all\u00ed dirig\u00eda la faena de la casa e incluso escrib\u00eda alguna carta. Ya en 1838 hab\u00eda sufrido en dos ocasiones fuertes ataques de fiebre: la primera vez hab\u00eda pasado doce d\u00edas en cama, la hab\u00edan puesto a dieta y la hab\u00edan sangrado en abundancia. Al caer por segunda vez aquel mismo a\u00f1o, tuvo que guardar cama durante algunos meses. A finales de a\u00f1o, empez\u00f3 a levantarse s\u00f3lo algunas horas durante el d\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo, iba y ven\u00eda de un lado para otro. En septiembre de 1853 la encontraron en peregrinaci\u00f3n a Nuestra se\u00f1ora de las Victorias con dos de sus compa\u00f1eras; mand\u00f3 decir all\u00ed algunas misas el d\u00eda de Navidad por su madre, ya que hab\u00eda recibido malas noticias de Confort. La se\u00f1ora Rend\u00fa parec\u00eda estar muy enferma.<\/p>\n<h2><strong><em>Los \u00faltimos momentos. La muerte<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Durante aquel a\u00f1o de 1853 muri\u00f3 en Par\u00eds la venerable superiora del convento de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, la madre Fournier. Las hermanas de la Visitaci\u00f3n de san Francisco de Sales y las Hijas de la Caridad de san Vicente estaban ligadas, lo mismo que sus fundadores, con una santa amistad. La madre Fournier hizo llamar a su cabecera a la superiora de las Hijas de la Caridad de la calle I&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Quer\u00eda tenerla a su lado en el momento de morir. <em>Me gustar\u00eda tener un \u00e1ngel junto a m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>San Vicente le hab\u00eda dicho un d\u00eda a la se\u00f1orita Le Gras: <em>Usted va por delante. Pronto la alcanzar\u00e9. <\/em>Tambi\u00e9n la madre Fournier le dijo a sor Rosal\u00eda: Yo <em>me voy por delante, \u00e1nimo, hermana, usted me seguir\u00e1 muy de cerca. <\/em>E indic\u00f3 la fecha, ya muy cercana, de su propia muerte.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el a\u00f1o 1856. Por consiguiente, la aurora del a\u00f1o nuevo se mostraba feliz y llena de grandes esperanzas. Pero de pronto, a comienzos de febrero, cay\u00f3 gravemente enferma. Se hab\u00eda resfriado. La noche del 4 de febrero tiritaba de fr\u00edo en la cama. Ten\u00eda una fiebre muy alta. Cuando llamaron al m\u00e9dico, dictamin\u00f3 enseguida la gravedad del mal: pleures\u00eda. Pero no estaba todo perdido todav\u00eda. Se aplicaron los remedios en\u00e9rgicos de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>Durante su vida, sor Rosal\u00eda hab\u00eda demostrado tener miedo a la muerte. La meditaci\u00f3n de las grandes verdades causaba una honda impresi\u00f3n en su alma. Su devoci\u00f3n que siempre hab\u00eda sido muy sencilla, se hab\u00eda alimentado con esas sencillas verdades que hab\u00edan sostenido su firmeza y su virtud toda su vida. Pero la verdad es que su devoci\u00f3n, siempre sencilla, se alimentaba de ordinario con verdades austeras. La justicia de Dios, dec\u00eda con frecuencia. Y aunque templada con su santo entusiasmo de la gloria de Dios, esa justicia divina era para ella un aguij\u00f3n en la carne, como dec\u00eda san Pablo. Sor Rosal\u00eda ten\u00eda miedo de la muerte y del juicio divino.<\/p>\n<p>No obstante, cuando lleg\u00f3 su \u00faltima enfermedad, y a pesar de aquellas palabras de la venerable madre Fournier, que le hab\u00eda dejado vislumbrar su muerte cercana, sor Rosal\u00eda estaba tranquila y serena. \u00bfAcaso no hab\u00eda dicho san Vicente que <em>los que hayan amado mucho a los pobres no tendr\u00e1n miedo a la muerte?<\/em><\/p>\n<p>Por alg\u00fan momento creyeron que iban a vencer el mal. La muerte va muchas veces precedida de cierto bienestar ficticio y pasajero. Todav\u00eda el d\u00eda anterior a su muerte sor Rosal\u00eda daba a sus hermanas la ilusi\u00f3n de que iba a curarse. Pero aquel mismo d\u00eda volvi\u00f3 la fiebre. Reapareci\u00f3 la pleures\u00eda. La enferma comenz\u00f3 a amodorrarse. De vez en cuando balbuc\u00eda algunas palabras. Sus \u00faltimas frases fueron para sus pobres: <em>Hijos m\u00edos, mis queridos hijos, mis pobres. Cuando yo les falte, Dios m\u00edo, no los abandones. <\/em>Las palabras se extinguieron en sus labios.<\/p>\n<p>Avisaron al se\u00f1or p\u00e1rroco de saint-M\u00e9dard que lleg\u00f3 corriendo y le administr\u00f3 la extremaunci\u00f3n. Sor Rosal\u00eda hizo la se\u00f1al de la santa cruz. Fue su \u00faltimo gesto. Con aquel acto de fe y aquel signo salvador entr\u00f3 definitivamente en sopor. El d\u00eda siguiente, 7 de febrero, a las 11 de la ma\u00f1ana, entreg\u00f3 su alma a Dios, sin agon\u00eda.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda ten\u00eda 70 a\u00f1os. Aquella buena obrera de Dios, agotada por tanto trabajo, pod\u00eda ir a descansar al para\u00edso. All\u00ed volver\u00eda a encontrarse con su madre, que hab\u00eda muerto en Confort tres d\u00edas antes. Antes sus restos mortales se organiz\u00f3 un continuo desfile: se suced\u00edan uno tras otro la gente humilde y los grandes personajes para contemplar por \u00faltima vez aquellos rasgos tan bondadosos. El d\u00eda de las exequias, hubo un paro general en todo el barrio, como si se tratara del domingo. Al toque de \u00e1nimas de la iglesia de Saint-M\u00e9dard, todo el mundo se puso en movimiento para acompa\u00f1ar a su bienhechora.<\/p>\n<p>Los funerales fueron grandiosos, conmovedores. Por delante del coche f\u00fanebre caminaba una ola silenciosa, en la que fraternalmente se confund\u00edan todas las clases. Los partidos hicieron una tregua aquel d\u00eda. Los odios enmudecieron bajo el peso de la admiraci\u00f3n del m\u00e1s raro de los dones.<\/p>\n<p>El cotejo se dirigi\u00f3 al cementerio de Montparnasse, en donde se deposit\u00f3 el ata\u00fad en la cripta de las Hijas de la Caridad. Unos meses m\u00e1s tarde, la fidelidad del recuerdo inspir\u00f3 a algunos amigos de sor Rosal\u00eda el deseo de proporcionarle una tumba especial, donde pudieran ir a testimoniarle a ella personalmente su gratitud. Se concedi\u00f3 la autorizaci\u00f3n en virtud \u2014dice el registro del cementerio- de los servicios hechos al pueblo franc\u00e9s.<\/p>\n<p><strong><em>En la nueva tumba se coloc\u00f3 una l\u00e1pida con la siguiente inscripci\u00f3n: A sor Rosal\u00eda, sus amigos agradecidos, los pobres y los ricos.<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1786 el matrimonio formado por Juan Antonio Rend\u00fa, labrador en la aldea de Confort, y Mar\u00eda Ana Laracine ven nacer su primer hijo. Era el d\u00eda siguiente de la fiesta de la Natividad de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400140,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[245],"tags":[164,140],"class_list":["post-46089","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-rosalia-rendu","tag-bailly","tag-san-sulpicio"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En 1786 el matrimonio formado por Juan Antonio Rend\u00fa, labrador en la aldea de Confort, y Mar\u00eda Ana Laracine ven nacer su primer hijo. Era el d\u00eda siguiente de la fiesta de la Natividad de ... Read More\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\" \/>\n<meta property=\"article:author\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2024-02-07T08:08:56+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1771\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"886\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@https:\/\/twitter.com\/javierchento\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@WeVincentians\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"51 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\"},\"headline\":\"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa\",\"datePublished\":\"2024-02-07T08:08:56+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/\"},\"wordCount\":12113,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/i0.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2011\\\/11\\\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1\",\"keywords\":[\"Bailly\",\"San Sulpicio\"],\"articleSection\":[\"Rosal\u00eda Rendu\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/\",\"name\":\"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/i0.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2011\\\/11\\\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1\",\"datePublished\":\"2024-02-07T08:08:56+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/i0.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2011\\\/11\\\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/i0.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2011\\\/11\\\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1\",\"width\":1771,\"height\":886},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/\",\"name\":\"Somos Vicencianos\",\"description\":\"Know more to serve more\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#organization\",\"name\":\"The Vincentian Network\",\"url\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/i1.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2016\\\/06\\\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/i1.wp.com\\\/vincentians.com\\\/es\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/11\\\/2016\\\/06\\\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"width\":778,\"height\":778,\"caption\":\"The Vincentian Network\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/WeAreVincentians\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/WeVincentians\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\",\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\"},\"description\":\"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\\\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.\",\"sameAs\":[\"http:\\\/\\\/chento.org\",\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/JavierChento\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/https:\\\/\\\/twitter.com\\\/javierchento\"],\"url\":\"https:\\\/\\\/vincentians.com\\\/es\\\/author\\\/chento\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos","og_description":"En 1786 el matrimonio formado por Juan Antonio Rend\u00fa, labrador en la aldea de Confort, y Mar\u00eda Ana Laracine ven nacer su primer hijo. Era el d\u00eda siguiente de la fiesta de la Natividad de ... Read More","og_url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/","og_site_name":"Somos Vicencianos","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","article_published_time":"2024-02-07T08:08:56+00:00","og_image":[{"width":1771,"height":886,"url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","type":"image\/jpeg"}],"author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@https:\/\/twitter.com\/javierchento","twitter_site":"@WeVincentians","twitter_misc":{"Escrito por":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","Tiempo de lectura":"51 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/"},"author":{"name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2"},"headline":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa","datePublished":"2024-02-07T08:08:56+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/"},"wordCount":12113,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","keywords":["Bailly","San Sulpicio"],"articleSection":["Rosal\u00eda Rendu"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/","name":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa - Somos Vicencianos","isPartOf":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","datePublished":"2024-02-07T08:08:56+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#primaryimage","url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","contentUrl":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","width":1771,"height":886},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/vincentians.com\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Biograf\u00eda de sor Rosal\u00eda Rend\u00fa"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#website","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","name":"Somos Vicencianos","description":"Know more to serve more","publisher":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#organization","name":"The Vincentian Network","url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","contentUrl":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","width":778,"height":778,"caption":"The Vincentian Network"},"image":{"@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","https:\/\/x.com\/WeVincentians"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2","name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","caption":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento"},"description":"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.","sameAs":["http:\/\/chento.org","https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento"],"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/"}]}},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886&ssl=1","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7ETMF-bZn","jetpack-related-posts":[{"id":25015,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-01\/","url_meta":{"origin":46089,"position":0},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 01","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"05\/02\/2015","format":false,"excerpt":"1. Los or\u00edgenes El pa\u00eds A finales del siglo XVIII el pa\u00eds de Gex, as\u00ed como sus vecinos, los pa\u00edses de Bugey y de la Bresse, peque\u00f1as aldeas burgui\u00f1onas, que durante muchos a\u00f1os hab\u00edan sido tributarias del ducado de Saboya, llevaban ya dos siglos unidas a la corona de Francia.\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":24729,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/tal-dia-como-hoy-9-de-septiembre\/","url_meta":{"origin":46089,"position":1},"title":"Tal d\u00eda como hoy: 9 de septiembre","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/09\/2016","format":false,"excerpt":"1674. En Fort-Dauphin, todos los franceses del sur de Madagascar se embarcan en el Blanc-Pignon para retornar a la metr\u00f3poli. El abandono de la isla por la Compa\u00f1\u00eda de las Indias y el menor inter\u00e9s del Gobierno del rey Luis XIV en la colonia han alentado el esp\u00edritu de rebeli\u00f3n\u2026","rel":"","context":"En \u00abEfem\u00e9rides Vicencianas\u00bb","block_context":{"text":"Efem\u00e9rides Vicencianas","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/efemerides-vicencianas\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/ephemerides-fb.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/ephemerides-fb.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/ephemerides-fb.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/ephemerides-fb.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/ephemerides-fb.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":29030,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-el-fuego-de-la-caridad\/","url_meta":{"origin":46089,"position":2},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu, el fuego de la caridad","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"07\/02\/2024","format":false,"excerpt":"Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, fundadas en 1633 en Par\u00eds, gozamos de un gran privilegio al tener en los altares a nuestros fundadores San Vicente de Pa\u00fal, canonizado por el Papa Clemente XIII en 1737, Santa Luisa de Marillac, canonizada por P\u00edo XI en 1920,\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/36.jpg?fit=1200%2C795&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/36.jpg?fit=1200%2C795&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/36.jpg?fit=1200%2C795&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/36.jpg?fit=1200%2C795&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/36.jpg?fit=1200%2C795&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":25874,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/formacion-para-la-excelencia-modulo-02-3%c2%ba-federico-ozanam-su-espiritualidad-rosalia-rendu\/","url_meta":{"origin":46089,"position":3},"title":"Formaci\u00f3n para la excelencia (M\u00f3dulo 02): 3\u00ba. Federico Ozanam, su espiritualidad. Rosal\u00eda Rendu.","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"08\/09\/2013","format":false,"excerpt":"Federico Ozanam Fue hijo de Juan Antonio Ozanam y Mar\u00eda Nantes, naci\u00f3 en Mil\u00e1n (ciudad entonces de influencia francesa) el 23 de abril de 1813. Ozanam fue profesor universitario, seglar, escritor y apologista, uno de los fundadores de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal. March\u00f3 a Par\u00eds en noviembre\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/ozanam1-260x300.png?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":1315,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu-desmet-en-descarga-directa\/","url_meta":{"origin":46089,"position":4},"title":"Biograf\u00eda de Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) en descarga directa","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"22\/02\/2015","format":false,"excerpt":"Juana Mar\u00eda ten\u00eda s\u00f3lo dos a\u00f1os cuando le naci\u00f3 una hermanita, una mu\u00f1equita viva a la que podr\u00eda admirar, acariciar, mecer, con la que podr\u00eda compartir las delicadezas de su coraz\u00f3n. Entretanto los d\u00edas sombr\u00edos de la revoluci\u00f3n se vislumbraban en el horizonte y en torno a aquellos ni\u00f1os inocentes\u2026","rel":"","context":"En \u00abHijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":89962,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-y-sor-rosalia-rendu\/","url_meta":{"origin":46089,"position":5},"title":"Ozanam y Sor Rosalia Rendu","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"07\/02\/2019","format":false,"excerpt":"No se concibe describir o narrar la vida y obra de Federico Oza\u00adnam, como se est\u00e1 haciendo este a\u00f1o, sin evocar el recuerdo de Sor Rosal\u00eda Rendu ya que tan estrecha fue su colaboraci\u00f3n en el servicio de los pobres. La convergencia providencial de estos dos destinos deber\u00e1 marcar la\u2026","rel":"","context":"En \u00abFederico Ozanam\u00bb","block_context":{"text":"Federico Ozanam","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/federico-ozanam\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/hijas-caridad.jpg?fit=1195%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46089","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=46089"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46089\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":402152,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46089\/revisions\/402152"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/400140"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=46089"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=46089"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=46089"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}