{"id":45673,"date":"2011-07-12T05:45:58","date_gmt":"2011-07-12T03:45:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=45673"},"modified":"2016-07-26T18:55:24","modified_gmt":"2016-07-26T16:55:24","slug":"fenomenologia-de-la-religiosidad-popular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fenomenologia-de-la-religiosidad-popular\/","title":{"rendered":"Fenomenolog\u00eda de la religiosidad popular"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/religiosidad_popular_nostalgia_de_lo_magico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45677\" title=\"religiosidad_popular_nostalgia_de_lo_magico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/religiosidad_popular_nostalgia_de_lo_magico-175x300.jpg?resize=175%2C300\" alt=\"\" width=\"175\" height=\"300\" \/><\/a>Conviene empezar con algunas observaciones preliminares y concretamente con algunas distinciones.<\/p>\n<p>Dentro de la religiosidad popular se puede distinguir entre sus actos, sus diversas actividades (fiestas, devociones, peregrinaciones, actos sacramentales, etc.) y las caracter\u00edsticas o rasgos comunes a dichos actos. Es lo que vamos nosotros a analizar principalmente para poder tener una visi\u00f3n de conjunto.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se puede hacer otra distinci\u00f3n. La religiosidad popu\u00adlar se compone fundamentalmente de tres estratos: el cultural, el religioso y el cristiano. Los tres est\u00e1n muy imbricados pero siem\u00adpre es posible y conveniente distinguirlos. Como paso previo es conveniente fijarse en los dos primeros. A partir de ah\u00ed se har\u00e1 el estudio del tercero con m\u00e1s garant\u00eda y realismo.<\/p>\n<p>En fin, pienso fijarme sobre todo en los aspectos positivos de la religiosidad popular. Los negativos son suficientemente cono\u00adcidos o, mejor, son los que m\u00e1s se han considerado y resaltado en los \u00faltimos a\u00f1os. Hora es de echar una mirada ben\u00e9vola a la otra cara de la medalla.<\/p>\n<p>Las cualidades, o dimensiones de la religiosidad popular que vamos analizar son \u00e9stas: lo m\u00e1gico, lo simb\u00f3lico, lo imaginario, lo m\u00edstico, lo festivo, lo farsesco, lo teatral, lo comunal y lo po\u00adl\u00edtico.<\/p>\n<h2>1. Lo m\u00e1gico<\/h2>\n<p>Hoy se entiende cada vez m\u00e1s este t\u00e9rmino en un sentido distinto del habitual que era negativo o peyorativo. Aqu\u00ed lo en\u00adtendemos positivamente. El sentido de lo m\u00e1gico supone un pensamiento previo y anterior (no en sentido temporal) al pensa\u00admiento cient\u00edfico. Es el pensamiento \u00absalvaje\u00bb o, mejor, \u00absilves\u00adtre\u00bb seg\u00fan la expresi\u00f3n de Levi-Strauss; es decir, no disciplinado ni controlado.<\/p>\n<p>Es la liberaci\u00f3n del ultraracionalismo heredero de Descartes del que nace la sociedad tecnificada actual, asfixiante en su uni\u00addimensionalidad de ideas claras y distintas. La vuelta a lo m\u00e1\u00adgico quiere decir hoy la evasi\u00f3n de lo abstracto y lo dividido. El pensamiento m\u00e1gico opera al nivel de la sensibilidad. Es glo\u00adbal, totalizarte pues act\u00faa con la totalidad de seres u objetos del universo sin detenerse, como la ciencia, a diferentes niveles o campos objetivos.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de \u00e9l tenemos acceso a algunas de las dimensiones m\u00e1s f\u00e9rtiles de la realidad (que sin \u00e9l se nos escapan). Es la dimen\u00adsi\u00f3n de su riqueza, de su pl\u00e9tora fontanar, de su densidad espesa y compleja.<\/p>\n<p>El pensamiento m\u00e1gico nos permite percibir las epifan\u00edas de lo extraordinario, lo desconocido, lo nuevo. Nos proporciona la posibilidad de penetrar por los resquicios de sentido que se abren en un mundo cerrado. Nos hacen receptivos frente a lo que se sale de lo com\u00fan. Constituye la forma de apropiaci\u00f3n de una zo\u00adna de misterio que un pensamiento terrorista, en su af\u00e1n de cono\u00adcer, no puede tolerar. As\u00ed libera de un pensamiento, de una cultu\u00adra cient\u00edfico-positivista. Poseer un sentido de lo m\u00e1gico es poseer una cultura abierta, no represiva.<\/p>\n<p>Es conocida la famosa distinci\u00f3n que establece Levy-Bruhl entre mentalidad prel\u00f3gica y l\u00f3gica. Puede ayudarnos a esclare\u00adcer lo que queremos decir.<\/p>\n<p>La mentalidad prel\u00f3gica, dice nuestro autor, es la propia del primitivo; la l\u00f3gica es la civilizada. Como veremos despu\u00e9s, m\u00e1s que hablar de lo primitivo habr\u00eda que hablar de lo popular.<\/p>\n<p>Para lo primitivo (para lo popular), los objetos y los seres se encuentran imbricados en un entramado de participaciones y exclusiones m\u00edsticas. V\u00e9 los fen\u00f3menos como manifestaciones de poderes invisibles y ocultos.<\/p>\n<p>V. Pareto ha mostrado que esta dimensi\u00f3n prel\u00f3gica no es un estadio cronol\u00f3gico de la humanidad, superado tras la larga evoluci\u00f3n hist\u00f3rica, sino m\u00e1s bien un estrato presente en cada \u00e9poca, por tanto tambi\u00e9n hoy. (Algunos prefieren adjetivar la di\u00admensi\u00f3n como supral\u00f3gica, transracional, supraracional, no).<\/p>\n<p>Otros autores utilizan otro t\u00e9rmino para adjetivar esta dimen\u00adsi\u00f3n m\u00e1gica de la realidad. Emplean el adjetivo fascinante. Quiz\u00e1 lo fascinante es un buen sin\u00f3nimo de lo m\u00e1gico. En el lenguaje hodierno se emplean ambos vocablos casi indistintamente. Quiz\u00e1 es una manera que tiene el hombre actual de explicar lo que en\u00adtiende por m\u00e1gico y viceversa.<\/p>\n<p>Podemos recordar que \u00abfascinante\u00bb es el famoso adjetivo que ha popularizado R. Otto al ofrecernos la mejor descripci\u00f3n fe\u00adnomenol\u00f3gica de lo sagrado. Lo sagrado es el \u00abmysterium tre\u00admendum et fascinans\u00bb, el misterio tremendo y fascinante. Por tanto, el sentido de lo religioso, de lo trascendente, de lo miste\u00adrioso, es ante todo un sentido de lo fascinante; una capacidad receptiva de esa fascinaci\u00f3n que ejerce el misterio; una actitud abierta al maravillamiento como respuesta a lo \u00abmaravilloso\u00bb.<\/p>\n<p>Si lo m\u00e1gico, entendido en su significado m\u00e1s amplio, es si\u00adn\u00f3nimo de lo fascinante, entonces el sentido de lo m\u00e1gico es el s\u00edntoma de un sentido religioso o de un presentimiento de lo re\u00adligioso. Por el contrario, su ausencia denotar\u00e1 una mutilaci\u00f3n grave en la disposici\u00f3n hacia la vivencia de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Podemos recordar ahora que el t\u00e9rmino pueblo designa aquel grupo de la sociedad que mantiene patente e \u00edntegra su abertura al maravillamiento, a lo fascinante, a lo m\u00e1gico; que pone en mo\u00advimiento esa admirable capacidad humana a lo largo de sus fies\u00adtas, sus reuniones, sus celebraciones estelares, sus festejos. De ese modo, el pueblo es uno de los \u00f3rganos privilegiados del sen\u00adtimiento religioso de la sociedad.<\/p>\n<p>Nada de eso tiene que ver con la superstici\u00f3n, por m\u00e1s que en la realidad se mezcle con elementos supersticiosos. Hasta ahora, al hablar de la religiosidad popular se hablaba casi exclusiva\u00admente de superstici\u00f3n. Es el tributo obligado que hay que pagar al prejuicio racionalista.<\/p>\n<p>Este sentido de lo m\u00e1gico se concentra en ciertas creaciones que ha descrito Frazer (\u00abLa rama dorada\u00bb). El espect\u00e1culo de los grandes cambios, dice Frazer, que anualmente sufre la super\u00adficie de la tierra, ha impresionado profundamente a los hombres incit\u00e1ndoles a meditar sobre ellos. El hombre m\u00e1gico, el hombre primitivo, piensa que las alternancias de las estaciones son de\u00adbidas a alguna causa profunda, a alg\u00fan inmenso poder. Enton\u00adces imagina el crecimiento y el decaimiento de la vegetaci\u00f3n como efecto del incremento o amenguamiento de las fuerzas de ciertos seres divinos, de dioses, y diosas que nacen y mueren, se casan y tienen hijos seg\u00fan el modelo de la vida humana.<\/p>\n<p>Cree que ejecutando ciertos ritos ayuda al dios, origen de la vida, en su lucha contra el adversario de la vida, la muerte. Pien\u00adsa que puede restablecer sus fuerzas decaidas y liberarle de la muerte. Las ceremonias que hace a este prop\u00f3sito son, en sus\u00adtancia, una representaci\u00f3n dram\u00e1tica del suceso natural que se desea facilitar. Pues el principio fundamental de la magia es este: se puede producir un efecto imit\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Al explicar las fluctuaciones de la subida ascendente y el de\u00adcaimiento, de la reproducci\u00f3n y disoluci\u00f3n de la naturaleza me\u00addiante el renacer o el morir de los dioses, crea sus dramas reli\u00adgiosos girando en torno a estos temas. Mediante ellos representa la uni\u00f3n prol\u00edfica de los padres de la fertilidad, su fenecer, su re\u00adnacer.<\/p>\n<p>Bajo los nombres de Tamuz o Adonis, Osiris, Atis etc., los pueblos de Egipto y Asia Menor representaron el declinar y el despertar anual de la vida, especialmente la vegetal, personifi\u00adc\u00e1ndola en la hip\u00f3stasis de un dios que anualmente muere y re\u00advive y de una pareja divina que hace de mediadora para la fe\u00adcundaci\u00f3n; todo a trav\u00e9s de unos ritos fundamentalmente simi\u00adlares. Aqu\u00ed tenemos uno de los arquetipos fundamentales de la Antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>M\u00e1s concretamente conviene recordar que las grandes fiestas de todas las culturas y \u00e9pocas, tambi\u00e9n las cristianas giran en tor\u00adno a los equinocios y solsticios del a\u00f1o, es decir, en torno a los momentos de m\u00e1xima y m\u00ednima duraci\u00f3n de la luz solar o de equilibrio de fuerzas (igual duraci\u00f3n del d\u00eda y la noche).<\/p>\n<h2>2. Lo Simb\u00f3lico<\/h2>\n<p>No habr\u00e1 pasado desapercibido que algunas de las caracte\u00adr\u00edsticas atribuidas en el apartado anterior al discurso m\u00e1gico coinciden con las que corresponden al discurso simb\u00f3lico. Lo m\u00e1gico, tal como aqu\u00ed lo entendemos y lo simb\u00f3lico remiten al mis\u00admo fen\u00f3meno desde perspectivas muy vecinas, ese fen\u00f3meno que subyace a las principales manifestaciones de la religiosidad po\u00adpular.<\/p>\n<p>Salta a la vista que tanto la atm\u00f3sfera general de la religiosi\u00addad, como sus ingredientes principales pueden subsumirse bajo la categor\u00eda de lo m\u00edtico-simb\u00f3lico. Efectivamente, los actos prin\u00adcipales que dicha religiosidad realiza, los objetos que maneja o con los que tiene que ver, las leyendas que entreteje&#8230; son en el fondo un conjunto des\u00edmbolos y mitos. Pi\u00e9nsese que la religiosidad popular es, en definitiva, una abigarrada constelaci\u00f3n de ritos, ce\u00adremonias, cultos, dramaturgias, representaciones, escenificaciones, danzas, mimos A su vez, tales acciones, tienen que ver con diver\u00adsos objetivos, animales, fechas, calendarios, lugares, contextos que no poseen tampoco un significado en s\u00ed mismo sino que remiten a otro distinto. Todos estos son rasgos caracter\u00edsticos de la rea\u00adlidad simb\u00f3lica. Quien no tenga una percepci\u00f3n de tal realidad, se ve desprovisto de una llave capital para penetrar en la com\u00adprensi\u00f3n de la religiosidad popular. A su vez, la religiosidad po\u00adpular es una buena pedagog\u00eda para suscitar y depurar un talante simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>No resulta pues extra\u00f1o que uno de los principales promoto\u00adres de la fenomenolog\u00eda religiosa, Mircea Eliade, sea un autor en el que predominan \u00abex aequo\u00bb el tema de la religiosidad po\u00adpular dentro del cristianismo y el del elemento m\u00edtico-simb\u00f3lico dentro de la religi\u00f3n (lo que \u00e9l llama la \u00abhierofan\u00eda\u00bb o mani\u00adfestaci\u00f3n de lo sagrado a trav\u00e9s de las realidades naturales o na\u00adturaleza). A lo largo de su obra reaparece siempre el tema de la religiosidad popular de los pa\u00edses europeos, especialmente de la Europa oriental. Y va describiendo sus caracter\u00edsticas.<\/p>\n<p>Se trata de una religiosidad rural, que, por lo tanto, mantie\u00adne una relaci\u00f3n absolutamente intr\u00ednseca con la naturaleza. De ah\u00ed su calificativo de religiosidad c\u00f3smica. Por eso conecta con las capas m\u00e1s primitivas y antiguas de la religiosidad de estas poblaciones, una religi\u00f3n inspirada en las hierofan\u00edas del cosmos. De ah\u00ed que la denomine religiosidad primordial y pagana.<\/p>\n<p>Por aqu\u00ed reaparece o se conserva sedimentado el paganismo en las poblaciones europeas tras su cristianizaci\u00f3n; y adem\u00e1s se trata del paganismo m\u00e1s antiguo y resistente a cualquier cambio, a cualquier estrato religioso a\u00f1adido por el paso del tiempo. (N\u00f3tese que paganismo aqu\u00ed no tiene ning\u00fan sentido peyorativo).<\/p>\n<p>Ser\u00eda inexacto creer que, por esta raz\u00f3n, los campesinos euro\u00adpeos no son cristianos. Pero hay que reconocer que su religiosi\u00addad no se reduce a las formas hist\u00f3ricas del cristianismo y que conserva una estructura c\u00f3smica ausente casi por completo de la experiencia de los cristianos de las ciudades. Se puede hablar de un cristianismo primordial, ahist\u00f3rico. Al cristianizarse, los agri\u00adcultores europeos han integrado en su nueva fe la religi\u00f3n c\u00f3s\u00admica que conservaban desde la prehistoria.<\/p>\n<p>Los campesinos de las poblaciones rurales, cuando acogen el cristianismo, proyectan sobre \u00e9l su modo propio de vivir en el cosmos. Su experiencia religiosa descubre lo que bien puede llamarse un cristianismo c\u00f3smico, \u00abinventa\u00bb una hagiograf\u00eda y una liturgia c\u00f3smicas. Los dioses de la tormenta se trasforman en san El\u00edas. Las innumerables diosas de la fertilidad se asimilan a la Virgen o a las Santas. Un gran n\u00famero de dioses o de h\u00e9roes matadores de dragones o de monstruos se convierten en san Jorge.<\/p>\n<p>Parte de las fiestas precristianas sobreviven, disfrazadas o transformadas en las fiestas del calendario del a\u00f1o lit\u00fargico. El misterio cristol\u00f3gico es considerado en relaci\u00f3n con el destino del Cosmos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es preciso tambi\u00e9n concretar. Dentro de este cristianismo c\u00f3smico se convierten en s\u00edmbolos fundamentales el sol, la tierra, la lluvia, el rayo, las fases lunares&#8230;<\/p>\n<p>Desde, por lo menos, el neol\u00edtico, al descubrirse la agricultura, aparece un simbolismo que vincula entre s\u00ed la luna, las aguas, la lluvia, la fecundidad de la mujer y de los animales, la vegeta\u00adci\u00f3n, el destino de los hombres tras la muerte. El descubrimiento del ritmo lunar hizo posible esas s\u00edntesis mentales (ese discurso m\u00e1gico-simb\u00f3lico) que ponen en relaci\u00f3n y unifican realidades heterog\u00e9neas.<\/p>\n<p>En la conciencia del hombre arcaico (del hombre popular) la intuici\u00f3n del destino c\u00f3smico, concretamente el de la luna, el de la tierra f\u00e9rtil, etc., supone la creaci\u00f3n de una antropolog\u00eda. El hombre primitivo se ve a s\u00ed mismo en la vida del cosmos, particularmente en la vida del sat\u00e9lite lunar o de los ciclos agr\u00edcolas. Y eso no s\u00f3lo porque su vida tiene un final sino porque el fen\u00f3\u00admeno de la \u00abluna nueva\u00bb o de la primavera legitima su sed de regeneraci\u00f3n, su esperanza de \u00abrenacer\u00bb.<\/p>\n<p>No es que el hombre adore la luna ni los ciclos c\u00f3smicos. Los considera sagrados no porque los adore sino porque revelan la realidad \u00faltima. Para el hombre arcaico, todo lo que posee un significado y se refiere a la realidad absoluta tiene un valor sa\u00adgrado.<\/p>\n<p>Este hombre tiene la primera intuici\u00f3n de la salvaci\u00f3n gracias a la experiencia de la regeneraci\u00f3n agraria. La visi\u00f3n y vivencia de la regeneraci\u00f3n peri\u00f3dica revela al hombre la esperanza de una regeneraci\u00f3n obtenida tras la muerte y por la muerte. As\u00ed se llega a las religiones mist\u00e9ricas; es decir, partiendo de una religi\u00f3n agraria, de una prehistoria de m\u00edtica agraria. La agricultura cambia la historia de la humanidad, no s\u00f3lo por razones econ\u00f3\u00admicas en cuanto que asegura comida abundante y permite as\u00ed un prodigioso aumento de poblaci\u00f3n sino porque al descubrir el hombre la agricultura, elabora una interpretaci\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>La agricultura le revela al hombre la unidad fundamental de la vida org\u00e1nica, la analog\u00eda mujer-campo, acto generador-siembra, ritmo natural org\u00e1nico-humano. En la m\u00edstica agraria est\u00e1 anclada una de las principales ra\u00edces del optimismo sote\u00adriol\u00f3gico; es decir, la confianza en que el muerto, al igual que la semilla sepultada en la tierra, puede esperar la vuelta a la vida bajo una nueva forma.<\/p>\n<p>Seg\u00fan algunos, el descubrimiento de la agricultura se debe a la mujer que proyecta sobre su entorno c\u00f3smico su propio destino femenino y lo reviste del simbolismo de su propio ser. El arado, el azad\u00f3n es investido de un significado f\u00e1lico y el surco de un sentido vaginal. El grano es el esperma masculino; la siembra, la uni\u00f3n sexual, etc.<\/p>\n<p>En fin, nunca el hombre ha sentido, ha cre\u00eddo a la divinidad tan cercana a su mundo humano con en estas religiones c\u00f3smicas. Porque no se debe olvidar que la hierofan\u00eda de las religiones agra\u00adrias engendra un Hijo. Y ese Hijo triunfa all\u00ed donde otros dioses hab\u00edan fracasado. Di\u00f3nisos, por ejemplo, es el hijo de Zeus y Semele. Su aparici\u00f3n en la historia de Grecia supone una revoluci\u00f3n espiritual. D\u00edgase lo mismo de Osiris, hijo del cielo \u2014dios uraniano\u2014 y de la tierra \u2014diosa tel\u00farica\u2014. Todas estas divi\u00adnidades filiales est\u00e1n \u00edntimamente relacionadas con el sufri\u00admiento, la muerte, la resurrecci\u00f3n, la iniciaci\u00f3n a una nueva vida. Todas son din\u00e1micas, pat\u00e9ticas, sot\u00e9ricas. Nunca se habr\u00e1 acer\u00adcado tanto la divinidad a los hombres como aqu\u00ed. Otros dioses eran considerados como protectores de la humanidad. Pero las divinidades sot\u00e9rico-filiales comparten los sufrimientos de esa humanidad, mueren y resucitan para rescatarla. Aqu\u00ed ha actuado la \u00absed de lo concreto\u00bb que no ces\u00f3 de relegar hacia una segunda fila a las divinidades celestes \u2014distantes, impasibles, indiferentes al drama cotidiano.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil percibir c\u00f3mo aqu\u00ed tenemos una preparaci\u00f3n del Cristianismo. A su vez el Cristianismo supera las innegables la\u00adgunas de esta religiosidad. Por ejemplo: es claro que una visi\u00f3n melanc\u00f3lica y esc\u00e9ptica de la vida humana puede tener aqu\u00ed su fundamento. El hombre es visto como la flor de los campos que hoy es y ma\u00f1ana fenece. Es imposible escapar a una ambi\u00adg\u00fcedad a no ser que se descubra tambi\u00e9n el sentido de la historia.<\/p>\n<p>A la vista de lo anterior se puede percibir lo equ\u00edvoco de la tesis hoy tan en boga que condena a muerte a la religiosidad po\u00adpular. Una religiosidad que ha sobrevivido tantos, quiz\u00e1 todos los cambios hist\u00f3ricos \u00bfno va resistir el actual?<\/p>\n<p>Es verdad que la religiosidad popular es rural, es c\u00f3smica. Y lo caracter\u00edstico de nuestro tiempo es la desaparici\u00f3n del mundo rural as\u00ed como la aparici\u00f3n del mundo urbano-industrial. Efec\u00adtivamente en esta nueva situaci\u00f3n parece que el hombre pierde su contacto diario con la naturaleza. Entonces se ve privado de la base de todo lo que ha suscitado la experiencia hierof\u00e1nico\u00adsimb\u00f3lica, a saber, el cosmos vivido como gran significante, re\u00advelador de lo sagrado.<\/p>\n<p>Todo lo anterior es verdad. De ah\u00ed la amenaza indudable de extinci\u00f3n que pesa sobre la religiosidad popular. Pero no menos cierto es que al llegar a este punto del \u00abstatus quaestionis\u00bb es preciso tambi\u00e9n tener en cuenta otro dato del problema: se inicia un cambio de situaci\u00f3n y, por tanto, del planteamiento de la cuesti\u00f3n. El hombre se apercibe de que no puede vivir sin un contacto directo con el cosmos, con la naturaleza en cuanto tales, es decir, en su inmediatez directa (no en cuanto objetos de con\u00adquista t\u00e9cnica). Lo necesita porque necesita visceralmente de su efluvio y su hierofan\u00eda que s\u00f3lo se pueden dar a ese nivel. Lo necesita vitalmente porque necesita de lo simb\u00f3lico, lo m\u00e1gico, lo religioso. De lo contrario siente que se asfixia, que enferma.<\/p>\n<p>Dos son los s\u00edntomas de esta nueva conciencia: el movimiento ecol\u00f3gico y el movimiento contracultural. Ambos movimientos no son corrientes determinadas simplemente por la t\u00e9cnica ni por la sociolog\u00eda. Tienen un contenido claramente cultural-m\u00edstico.<\/p>\n<h2>3. Lo imaginario<\/h2>\n<p>El mundo religioso popular es un mundo poblado de crea\u00adciones de la imaginaci\u00f3n. Su abigarramiento y colorido, que va de los grandes logros art\u00edsticos al pintoresquismo, evoca una atm\u00f3s\u00adfera de fantas\u00eda. Ya en las p\u00e1ginas anteriores hemos constatado el car\u00e1cter simb\u00f3lico de esta religiosidad, es decir, su dimensi\u00f3n claramente imaginaria, dado que s\u00edmbolo es equivalente de imagen.<\/p>\n<p>Las grandes im\u00e1genes tienen su fundamento o su ra\u00edz af\u00edn en los arquetipos. Estos son las im\u00e1genes primordiales. Concreta\u00admente son cuatro: el agua, el fuego, la tierra y el aire. Forman la cu\u00e1druple orientaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n creadora. Son los \u00abaprio\u00adri\u00bb imaginarios, su estructura. Constituyen la realidad ps\u00edquica primera. De ah\u00ed brotan las im\u00e1genes concretas, m\u00e1s particulares del hombre y de ah\u00ed reciben su sello.<\/p>\n<p>Reencontramos aqu\u00ed la estructura del hombre en cuanto ser vinculado al cosmos e integrado en \u00e9l. En el cosmos reconoce una similitud de s\u00ed mismo, pues participa de su totalidad y de sus elementos. Las im\u00e1genes c\u00f3smicas nos revelan una especie de cos\u00admicidad \u00edntima. Unen el cosmos de fuera con el de dentro, el del hombre (microcosmos).<\/p>\n<p>La actividad imaginativa tiene, por tanto, sus cauces, sus iti\u00adnerarios, su normativa, de acuerdo con su propia naturaleza.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed podemos comprender un rasgo importante de la religiosidad popular y de su expresividad imaginaria. Si bien es verdad que una de las manifestaciones de esa expresividad es el ritual, tambi\u00e9n es verdad que los ritos, por ejemplo, de las fiestas populares, tienen una uniformidad, una continuidad, una cons\u00adtancia bien claras. Ahora bien, ello no resta nada a su abigarra\u00admiento, su colorido, su fuerte capacidad de incitaci\u00f3n o sugesti\u00f3n. Y es que el rito, precisamente por ser una concreci\u00f3n de la imagen de la fantas\u00eda, es decir, un s\u00edmbolo en acci\u00f3n, verifica esas leyes suyas que acabamos de insinuar.<\/p>\n<p>El cambio s\u00f3lo tiene valor dentro de ciertas constantes. Es la \u00fanica manera de ahondar en el significado de una acci\u00f3n, de un gesto, y en su resonancia subjetiva; es decir, en la propia ex\u00adperiencia personal. S\u00f3lo la repetici\u00f3n permanente permite conec\u00adtar con vivencias pasadas, reasumirlas, integrarlas y de ese modo ir forjando una identidad en expansi\u00f3n, en maduraci\u00f3n continua, tanto individual como grupal.<\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese c\u00f3mo nuestros emigrantes vuelven a las fiestas de su pueblo, el d\u00eda del patr\u00f3n o en la Semana Santa y participan en las procesiones, en la romer\u00eda con un nuevo fervor. Para ellos y su familia es algo vital. As\u00ed reencuentran sus ra\u00edces identifi\u00adcadoras.<\/p>\n<p>El tino de un rito popular que mantiene su lozan\u00eda y su vigor a trav\u00e9s de los tiempos consiste en que sabe combinar lo nuevo de la creatividad y lo viejo del arquetipo.<\/p>\n<h2>4. Lo <strong>m\u00edstico<\/strong><\/h2>\n<p>La religiosidad popular constituye un lugar privilegiado de afloraci\u00f3n y exploraci\u00f3n de lo que es la experiencia religiosa. Por eso aqu\u00ed hay otra clave importante para penetrar dicha re\u00adligiosidad popular. Y otra antorcha que podr\u00eda trasmitir a la religiosidad actual tan ayuna de vibraci\u00f3n subjetiva, tan encallada en el estiaje de lo racional-pragm\u00e1tico.<\/p>\n<p>Entendemos aqu\u00ed lo m\u00edstico en un sentido muy alto, es decir, en el sentido de una profundizaci\u00f3n en la experiencia religiosa.<\/p>\n<p>Recordemos primeramente c\u00f3mo el pueblo ha sido siempre un caldo de cultivo apropiado para el surgimiento de videntes, magos, brujos, curanderos, chamanes&#8230;, personajes todos ellos que fa\u00admiliarizan con el mundo singular de la subjetividad y de lo ex\u00adtraordinario.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed se intenta entrar en contacto con las fuerzas ocul\u00adtas del universo cultivando estados ex\u00f3ticos de conciencia en los que un aspecto profundo de la personalidad se libera de la per\u00adcepci\u00f3n superficial.<\/p>\n<p>Ninguna cultura o civilizaci\u00f3n transracional es imaginable sin buena provisi\u00f3n m\u00edstica. Todas han estado bien surtidas de or\u00e1cu\u00adlos, visionarios, chamanes&#8230;, que viven en \u00edntimo contacto con el pueblo. San Antonio el Ermita\u00f1o retirado en el desierto, estaba siempre rodeado de campesinos que ven\u00edan a alimentarlo y de j\u00f3venes que quer\u00edan seguir su ejemplo. Tal es la paradoja de la tradici\u00f3n m\u00edstica. Ha conseguido ser a la vez marginal y central, minoritaria y masiva.<\/p>\n<p>Las t\u00e9cnicas para llegar a experiencias singulares de estados de \u00e1nimo o de conciencia son muy diversas, tales la danza, la recitaci\u00f3n de mantras o f\u00f3rmulas religiosas repetidas, los ritos o actos penitenciales, la consumici\u00f3n de drogas, de bebidas&#8230;, en fin y, sobre todo, la celebraci\u00f3n festiva considerada global\u00admente.<\/p>\n<p>La fiesta propiamente dicha produce un estado casi ext\u00e1tico, como de rapto y aun frenes\u00ed. Es un fen\u00f3meno parecido a lo que los m\u00edsticos llaman arrobo, abandono. Todo esto no es necesa\u00adriamente equiparable al desenfreno aunque muchas veces se llega a tal distorsi\u00f3n cuando se parte de situaciones de represi\u00f3n o decadencia.<\/p>\n<p>La experiencia m\u00edstica supone un sentimiento, dir\u00edamos, no s\u00f3lo vertical, de comuni\u00f3n con lo profundo de uno mismo y de su inserci\u00f3n en el entorno natural, sino tambi\u00e9n horizontal, de enlace con el tiempo pret\u00e9rito y, en cierto modo, futuro.<\/p>\n<p>Las vivencias pasadas se a\u00fanan y anudan en el presente. La l\u00ednea del tiempo se curva y se comba trasform\u00e1ndose, siquiera fugazmente, en ciclo de plenitud, en instante de posesi\u00f3n. La vida se experimenta como totalidad&#8230; Tal es la \u00abm\u00edstica\u00bb de las fiestas populares. A\u00f1o tras a\u00f1o, tiempo tras tiempo, las gentes se con\u00adgregan a celebrar \u00abuna vez m\u00e1s\u00bb la misma festividad, el mismo ritual, la misma procesi\u00f3n o romer\u00eda. En el trance de la experien\u00adcia festiva, se reavivan los recuerdos, resucita la memoria y se evocan los viejos tiempos, los viejos personajes, lo antepasados, familiares, amigos que en el mismo lugar y fecha realizaron id\u00e9nticos gestos, gozaron de las mismas alegr\u00edas&#8230;<\/p>\n<p>Insensiblemente y tambi\u00e9n instant\u00e1neamente se llega a esa vivencia profunda de comulgar con un pasado aparentemente fenecido pero que ahora se hace presente.<\/p>\n<p>La importancia y raigambre de la devoci\u00f3n a las \u00e1nimas en medio del pueblo es exponente claro y confirmaci\u00f3n de nuestra observaci\u00f3n. A trav\u00e9s de esos cauces devocionales, el hombre rural ha mantenido una relaci\u00f3n compleja, multidimensional con sus allegados y su pasado personal, que hoy s\u00f3lo nos es posible a trav\u00e9s del cauce estrecho del psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<h2>5. Lo festivo<\/h2>\n<p>La dimensi\u00f3n festiva es una de las m\u00e1s patentes de la reli\u00adgiosidad popular. No hay que demostrarla ni siquiera mostrarla. Est\u00e1 ah\u00ed bien a la vista. La religiosidad popular del pueblo consiste, ante todo, en un interminable girar la rueda de sus fiestas, festi\u00advidades y festejos recurrentes, sus celebraciones, solemnidades, funciones, ceremonias, regocijos, romer\u00edas, procesiones&#8230;<\/p>\n<p>No nos vamos a detener mucho en la descripci\u00f3n de esta dimensi\u00f3n ya que la m\u00e1s reciente teolog\u00eda llamada precisamente festiva se ha ocupado ampliamente de ello (Recu\u00e9rdese el libro de Cox, <em>Las fiestas de locos). <\/em>S\u00f3lo insistir\u00e9 en un rasgo fundamental: el sentido de gratuidad e inutilidad propio a toda fiesta. Es tam\u00adbi\u00e9n el rasgo de toda liturgia. La liturgia no es propiamente un medio para&#8230;, sino un fin en s\u00ed. Es lo propio de la fiesta. El pueblo tiene muy arraigado este sentido de prodigalidad, de derroche de vida, de energ\u00edas&#8230; para nada. El utilitarismo de la sociedad capitalista es algo que no comprende.<\/p>\n<h2>6. Lo farsesco<\/h2>\n<p>La fiesta popular va siempre condimentada, y a base de dosis fuertes, con la pimienta de la burla, la broma, la jocosa hilaridad, la parodia mordaz, la algazara, el donaire, el humor, la s\u00e1tira, la chanza. Es lo que llamamos lo farsesco.<\/p>\n<p>Lo farsesco puede llamarse tambi\u00e9n lo carnavalesco. Es un ingrediente importante del a\u00f1o natural pero tambi\u00e9n del a\u00f1o lit\u00fargico, que en los \u00faltimos tiempos hab\u00eda quedado ignorado en la conciencia de la teolog\u00eda, quiz\u00e1 por una manipulaci\u00f3n m\u00e1s o menos represiva de la autoridad.<\/p>\n<p>Una manifestaci\u00f3n t\u00edpica de lo anterior son las fiestas de locos tan importantes a lo largo de toda la Edad Media y que a su vez son herencia de las antiguas fiestas saturnales romanas.<\/p>\n<p>Si la fiesta es yuxtaposici\u00f3n, es decir, si uno de los constituti\u00advos de la fiesta es la afirmaci\u00f3n exuberante y pr\u00f3diga de la vida, marcar\u00e1 \u00abeo ipso\u00bb un contraste con lo cotidiano. Pondr\u00e1 en evi\u00addencia una contradicci\u00f3n y una confrontaci\u00f3n con lo no-festivo. Si es una expansi\u00f3n de la conciencia, revelar\u00e1 todo lo que no sea festivo como estrecho y raqu\u00edtico, como carente de forma plena (deforme). De ah\u00ed a la cr\u00edtica, la s\u00e1tira, el esperpento, no hay m\u00e1s que un paso. O diciendo lo mismo pero al rev\u00e9s: podemos sos\u00adpechar que hay una afinidad entre las actitudes que desde el hu\u00admor critican la realidad ordinaria y aquellas otras que nos la muestran como mutilada, reprimida y encerrada en los conven\u00adcionalismos de lo cotidiano.<\/p>\n<h2>7. Lo teatral<\/h2>\n<p>La religiosidad popular cuando entra en ebullici\u00f3n, lanza al aire toda la coheter\u00eda de sus fiestas, sus ceremonias y sus rituales poblando el espacio de un espect\u00e1culo \u00fanico. La religiosidad del pueblo, eminentemente festiva, deviene espect\u00e1culo, es es\u00adpect\u00e1culo. Consiste en un conjunto de acciones y gestos que realiza a la vista de todos, precisamente para que se vean y se con\u00adtemplen. Es una visualizaci\u00f3n intensa de la vivencia religiosa.<\/p>\n<p>En ese sentido muy general se puede decir tambi\u00e9n que es una teatralizaci\u00f3n de la experiencia de lo religioso.<\/p>\n<p>Naturalmente, el hacer \u00abespectacular\u00bb, es decir, el visualizar y convertir en contemplable esa experiencia religiosa tiene como fin, entre otros, el intensificarla y ahondarla mediante la fuerza potenciadora que posee todo acto expresivo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed nos encontramos con una herencia proveniente, al menos en parte, de la \u00e9poca medieval y conservada, trasmitida soterra\u00f1amente a trav\u00e9s de la cultura rural. El rasgo fundamental del esp\u00edritu de la \u00faltima Edad Media, se ha dicho, es su car\u00e1cter preponderantemente visual. Todo lo que se quiere expresar, es recogido en una imagen \u00f3ptica. Se piensa s\u00f3lo en representaciones visuales.<\/p>\n<p>El pueblo encuentra su regocijo y su placer a la vista de los mil puestos y tenderetes de sus ferias y en la contemplaci\u00f3n ansiosa de la talla policromada de sus santos, de sus V\u00edrgenes, ante los frondosos \u00abpasos\u00bb procesionales con sus andas recargadas de figuras pl\u00e1sticas y ornamentaci\u00f3n (flores, guirnaldas, palio, va\u00adrales, faldones, candelabros, farolillos, \u00e1nforas&#8230;).<\/p>\n<p>En algunas ocasiones la religiosidad popular ha llegado a conseguir un aut\u00e9ntico espect\u00e1culo total. Su maestr\u00eda ha sabido incorporar y combinar todos los medios expresivos, no s\u00f3lo vi\u00adsuales, a este empe\u00f1o imperioso de expresar su fe de modo com\u00adplexivo y englobante. Nos encontramos ante un aut\u00e9ntico logro de \u00abteatro total\u00bb. Pienso que un ejemplo caracter\u00edstico es la Se\u00admana Santa sevillana.<\/p>\n<p>Pero lo teatral no es s\u00f3lo lo \u00abespectacular\u00bb (visual). Por tea\u00adtro se entiende una realidad mucho m\u00e1s concreta y espec\u00edfica. Pues bien, esa realidad espec\u00edfica de lo teatral constituye tambi\u00e9n un aspecto importante de las fiestas nacidas del aliento religioso-popular.<\/p>\n<p>Es sabido que muchas de las fiestas populares incluyen repre\u00adsentaciones teatrales. Dichas representaciones pueden tener ca\u00adracteres diversos, seg\u00fan los casos. En realidad, con frecuencia sucede que es dif\u00edcil decir en qu\u00e9 se distinguen muchos de los rituales, ceremonias o representaciones propias a las festividades populares y la escenificaci\u00f3n de una obra propiamente teatral. Por lo dem\u00e1s, es claro el dato del nacimiento del teatro a partir de la liturgia.<\/p>\n<h2>8. Lo comunal<\/h2>\n<p>Para comprender el sentido de lo comunal como ingrediente de la religiosidad popular y su arraiganiento inmemorial, es buena la categor\u00eda de \u00abpotlach\u00bb, muy en boga dentro de la fenomeno\u00adlog\u00eda religiosa.<\/p>\n<p>El \u00abpotlach\u00bb consiste <em>en <\/em>una serie de intercambios de dones que se realizan no entre individualidades sino entre grupos, entre colectividades, entre personas morales como son, por ejemplo, los clanes, las tribus, las familias&#8230; Lo que se intercambia no son s\u00f3lo bienes, riquezas, cosas \u00fatiles sino ante todo ceremonias, cor\u00adtes\u00edas, ritos, festines, danzas, fiestas, desfiles&#8230; Son ferias en las que el mercado es solamente un aspecto; es decir, la circulaci\u00f3n de la riqueza \u00fatil es s\u00f3lo una faceta de un intercambio m\u00e1s amplio y profundo. Mauss llama a toda esta realidad \u00absistema de presta\u00adciones totales\u00bb.<\/p>\n<p>Otra caracter\u00edstica de este sistema de prestaciones es la riva\u00adlidad, el antagonismo. Se trata de eclipsar al otro grupo, con lo que se da pero tambi\u00e9n con la destrucci\u00f3n puramente suntuaria de las riquezas recibidas en don. Todo tiene aqu\u00ed un aire ago\u00adn\u00edstico. A trav\u00e9s de las prestaciones, las cabezas de cada clan luchan por asegurar dentro de la tribu la jerarqu\u00eda de sus grupos respectivos.<\/p>\n<p>Una excepcional riqueza, dice Duvignaud, de la reuni\u00f3n po\u00adpular es la amplitud del intercambio que muchas veces supone.<\/p>\n<p>Se le puede llamar mercado. Pero lo que determina la aparici\u00f3n no es la ley de la oferta y la demanda sino la fuerza interna del don y el contra-don. Existe un sistema m\u00e1s universal que el de la econom\u00eda de mercado y ese sistema es el de las sociedades que no han entrado en el universo del capital. En ese sistema todo est\u00e1 organizado en torno al intercambio y el don; es decir, a la circula\u00adci\u00f3n de cosas, hombres, acciones, palabras, que obedece a las exigencias de una reciprocidad continua.<\/p>\n<p>Se puede decir que toda fiesta, de por s\u00ed, es un \u00abpotlach\u00bb, pues es un dispendio in\u00fatil, un derroche que se hace en el grupo y para el grupo. Es la destrucci\u00f3n de una serie de bienes con vistas a fines distintos de la utilidad. Evidentemente esa dilapi\u00addaci\u00f3n se hace en medio del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.<\/p>\n<p>Hay una corriente de fruici\u00f3n y de donaci\u00f3n rec\u00edprocas que corre entre todos los grupos y los individuos. Pi\u00e9nsese en lo que supone de gasto in\u00fatil la construcci\u00f3n de unas \u00abfallas\u00bb que se queman, la ornamentaci\u00f3n de unos \u00abpasos\u00bb, unas im\u00e1genes, unas carrozas que simplemente se exhiben y pasean en procesi\u00f3n.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de ciertos sacramentos en ambientes populares habr\u00eda que verla tambi\u00e9n bajo esta perspectiva&#8230;<\/p>\n<p>Un segundo ingrediente fundamental de lo comunal es, seg\u00fan tambi\u00e9n la fenomenolog\u00eda y sociolog\u00edas religiosas, la \u00abfratr\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Las tribus, las agrupaciones de los pueblos de las viejas civi\u00adlizaciones estaban frecuentemente estructuradas \u00abpor fratr\u00edas\u00bb, es decir, por fraternidades o unidades menores, por comunidades m\u00e1s reducidas.<\/p>\n<p>El sentido de la \u00abfratr\u00eda\u00bb ha desaparecido en nuestra estruc\u00adtura social&#8230; Pero hay una excepci\u00f3n. En las celebraciones po\u00adpulares reaparece, se conserva la \u00abfratr\u00eda\u00bb. Baste recordar las cofrad\u00edas andaluzas, las \u00abfallas\u00bb valencianas, las pe\u00f1as y cuadri\u00adllas navarras o del Norte. Son agrupaciones en que se convive intensamente para preparar la fiesta y para celebrarla. Ah\u00ed est\u00e1 el cuadro o medida humana para la comunicaci\u00f3n y la comuni\u00f3n del \u00abpotlach\u00bb; ni demasiado vasto como la masa de la ciudad donde uno se pierde ni demasiado reducido como la familia donde uno, al final, se empobrece, se ahoga.<\/p>\n<h2>9. Lo <strong>Pol\u00edtico<\/strong><\/h2>\n<p>No se puede terminar el an\u00e1lisis de la religiosidad popular sin considerar un aspecto que, en cierto sentido, es el m\u00e1s pol\u00e9mico o el que ha convertido a la religiosidad popular en debate muchas veces acalorado. Sobre todo entre ambientes clericales no es po\u00adsible hablar de la cuesti\u00f3n sin discutir. La raz\u00f3n es clara. Se con\u00adsidera que la religiosidad popular tradicional aliena al pueblo, le aleja de sus responsabilidades pol\u00edticas y revolucionarias.<\/p>\n<p>Efectivamente, la religiosidad popular, como otros tipos de religiosidad, ha sido objeto de manipulaci\u00f3n. Pero esa realidad hist\u00f3rica, \u00bfha sido tan general como se dice? \u00bfSe trata no ya de un fen\u00f3meno hist\u00f3rico sino esencial y sustancial ? Si es as\u00ed, la conclusi\u00f3n se impone. No hay sino comenzar la arremetida contra la religiosidad popular con vistas a liquidarla.<\/p>\n<p>La historia eclesi\u00e1stica es una disciplina que deber\u00eda volver a ser estudiada desde esta perspectiva. Entonces se ver\u00eda que el pueblo cristiano, con sus Cristos, sus V\u00edrgenes y sus Santos, con sus estandartes y medallas, ha sido el actor principal de m\u00falti\u00adples procesos liberadores. La historia espa\u00f1ola, cuidadosamente analizada, podr\u00eda ofrecer una luz especial sobre el tema. Es ver\u00addad que se ha convertido en t\u00f3pico y en t\u00f3pico oscuramente ex\u00adplotado el que la fe del pueblo fue la palanca principal de la Reconquista. Pero no cabe duda que dentro de todo t\u00f3pico hay un fondo de verdad y que, en este caso, la religiosidad del pueblo muestra en\u00e9rgicamente un vigor liberador.<\/p>\n<p>Pienso que la historia de nuestras V\u00edrgenes, por ejemplo, de sus santuarios, de sus apariciones arcaicas al comienzo de sus cultos, podr\u00eda aparecer bajo una luz nueva, muy distinta, de la que hasta ahora se le ha proyectado, si se ahondara esa relaci\u00f3n que frecuentemente ofrecen, como una pista sugestiva con la Reconquista, con la lucha contra el \u00abmoro\u00bb, poder ocupante.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que recorrer tambi\u00e9n diversas regiones espa\u00f1olas y recordar la fuerza integradora, identificadora que han tenido algunos de sus santuarios frente a las intromisiones niveladoras y despersonalizadoras de un sentido reduccionista, abusivo, opresor, de la unidad.<\/p>\n<p>En fin, ser\u00eda necesario inventariar todo lo que la fe est\u00e1 ayu\u00addando al pueblo hoy en su lucha pol\u00edtica-liberadora en toda Latinoam\u00e9rica, en el mundo obrero espa\u00f1ol, etc.<\/p>\n<p>Pero es a\u00fan pronto para ello. Falta la perspectiva suficiente y carecemos de estudios previos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conviene empezar con algunas observaciones preliminares y concretamente con algunas distinciones. 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