{"id":45508,"date":"2013-11-29T05:20:58","date_gmt":"2013-11-29T04:20:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=45508"},"modified":"2016-07-27T12:10:59","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:59","slug":"una-flor-llamada-margarita-naseau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/una-flor-llamada-margarita-naseau\/","title":{"rendered":"Una flor llamada Margarita Naseau"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><em>\u00abTodos la amaban, pues nada hab\u00eda en ella que no fuera amable\u00bb (S. Vicente de Pa\u00fal).<\/em><\/p>\n<h2><strong><em>Una mujer para los dem\u00e1s<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/margarita_naseau.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45512\" title=\"margarita_naseau\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/margarita_naseau-210x300.jpg?resize=210%2C300\" width=\"210\" height=\"300\" \/><\/a>Una y otra vez asegura Kierkegaard en el \u00abDiario de un seductor\u00bb que \u00abla mujer es un ser que existe para otros seres\u00bb, \u00abuna especie de ser cuya finalidad est\u00e1 fuera de s\u00ed\u00bb. Sospecho que cierto feminismo leer\u00e1 estos juicios con alguna desconfianza. Tambi\u00e9n sospecho que toda persona humana es alguien que \u00abexiste para los otros\u00bb. Jesucristo fue el hombre \u00abpara los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Al margen de sectoriales cotilleos, es claro que Margarita Naseau fue una mujer que se resolvi\u00f3 a vivir para los dem\u00e1s. Esta es su desnuda verdad, su secreto vital, su amable misterio, y este es el dif\u00edcil, gozoso y decidido poema de su vida. Ella es una \u00abperla preciosa\u00bb y quien la encuentra se llena de alegr\u00eda y de gratitud a Dios por habernos dado a esta joven llamada Margarita. <em>\u00abTodo el mundo la amaba porque no hab\u00eda nada en ella que no fuera amable \u00ab, <\/em>nos dir\u00e1 San Vicente. Y el perfume de esta humilde margarita contin\u00faa esparci\u00e9ndose por los siglos. Tan humilde que no ha sido oficialmente canonizada, aunque yo, confiada y alegremente, me encomiendo a ella con piadosa devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>La historia no siempre es generosa con los mejores. En este caso nos oculta muchos datos sobre Margarita que nos gustar\u00eda conocer. Pero la historia no es, gracias a Dios, el tribunal definitivo. Es m\u00e1s un cementerio que una resurrecci\u00f3n, y Margarita pertenece al \u00abtiempo\u00bb vivo y perdurable del coraz\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>En la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, en Par\u00eds, hay un cuadro idealizado de Margarita Naseau. Pero, el real y aut\u00e9ntico nos lo dej\u00f3 san Vicente de Pa\u00fal en sus comentarios, y a \u00e9se nos vamos a atener.<\/p>\n<h2><strong><em>A pocas leguas de Par\u00eds<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Margarita Naseau, hija de Leufroy y de Denise, fue bautizada en Suresnes el 6 de julio de 1594. Era la primog\u00e9nita. Hab\u00eda nacido, seguramente, el d\u00eda anterior. El bautismo, seg\u00fan la costumbre del tiempo, se celebraba tan pronto como fuera posible. El sacerdote oficiante, y al mismo tiempo padrino, era Guillermo Gloria, hermano de su madre y t\u00edo de Margarita.<\/p>\n<p>Los historiadores se mesan las cejas mientras discuten si el apellido paterno era Naseau o Nezot. Nosotros, despu\u00e9s de darles las gracias, podemos pasar de estas precisiones. A San Vicente, cuando ella le dijo su apellido, le son\u00f3 simplemente Naseau y as\u00ed se qued\u00f3 para la historia.<\/p>\n<p>Suresnes, entre el monte Valeriano y el r\u00edo Sena, se acerca hoy a los 40 mil habitantes; cuando naci\u00f3 Margarita no pasaba del millar. Hoy es un populoso barrio lindante con Par\u00eds; entonces era una aldea rodeada de vi\u00f1edos, de tierras de sembrar y de campos de pasto para el ganado.<\/p>\n<p>Margarita se qued\u00f3 pronto hu\u00e9rfana de madre y tuvo que hacerse cargo, juntamente con el se\u00f1or Leufroy, de sacar adelante a su familia. No tenemos, sin embargo, datos concretos sobre esta etapa de su vida. No era una princesa, con escribanos al lado, sino una humilde campesina.<\/p>\n<p>En su ni\u00f1ez, no pudo ir a la escuela y se qued\u00f3 sin aprender a leer, escribir y a multiplicar 9,40 por 365. Estaba en compa\u00f1\u00eda de 18 millones de franceses contempor\u00e1neos suyos. De unos 20 millones de habitantes que entonces ten\u00eda el pa\u00eds, s\u00f3lo dos millones estaban alfabetizados. Margarita era una m\u00e1s entre la gran masa de los \u00absin-escuela\u00bb, y as\u00ed lleg\u00f3 a su juventud.<\/p>\n<p>Discuten algunos si Margarita se encontr\u00f3 primero con Vicente de Pa\u00fal o con la Se\u00f1orita Le Gras. Todo est\u00e1 a favor del encuentro con Vicente. Sea de ello lo que fuere, no vamos a gastar demasiadas l\u00edneas en el tema. Es de escasa importancia para la historia de Margarita que aqu\u00ed nos interesa.<\/p>\n<h2><strong><em>Las circunstancias y los signos<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>El retrato real de Margarita \u2014dec\u00edamos- nos lo dej\u00f3 San Vicente en sus comentarios. Sus pinceladas no se entretienen en los detalles o s\u00f3lo en aquellos que van a lo esencial del alma y del car\u00e1cter. San Vicente am\u00f3 a Margarita como un padre ama a su hija predilecta o como se ama el agua porque es pura y servicial, y porque refleja el cielo. Y as\u00ed era Margarita: un riachuelo campesino que levanta flores y cosechas por donde pasa, un fino reflejo de la bondad del buen Dios.<\/p>\n<p>Para mejor comprender esos comentarios vicencianos necesitamos situarnos en los trabajos que entonces tra\u00edan entre manos Vicente de Pa\u00fal y la se\u00f1orita Le Gras o Luisa de. Marillac. Estaban metidos, entre otras cosas, en la creaci\u00f3n y la animaci\u00f3n de las Caridades y estaban avistando la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Los pobres, que son \u00abnuestros amos y se\u00f1ores\u00bb, los interpelaban y los urg\u00edan.<\/p>\n<p>El 23 agosto de 1617, en Chatillon-les\u00adDombes (di\u00f3cesis de Lyon), Vicente de Pa\u00fal re\u00fane a un grupo de doce se\u00f1oras y las entusiasma con un proyecto nuevo. Se trata de crear una Asociaci\u00f3n para servir a los pobres de la poblaci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente, y por turno, iban a comenzar su trabajo. Muy pronto tendr\u00edan un reglamento de c\u00f3mo servirlos \u00abpor pura caridad y no por respeto humano\u00bb. San Vicente lo escribe desde la ternura, el realismo y con mil detalles pr\u00e1cticos. Era la primera de las Caridades. A\u00f1os despu\u00e9s fundar\u00e1 la de Villepreux y, al poco tiempo, las primeras de Par\u00eds. Y las Caridades se pondr\u00e1n de moda entre las damas parisinas. \u00bfNo es, acaso, hermoso que el amor se ponga de moda? Pero hay cuidados que los pobres necesitan y que s\u00f3lo pueden prest\u00e1rselos personas de heroico amor y mucha libertad. \u00bfPermitir\u00e1 este importante marido \u2014en un mundo de sustantivos machistas- que su esposa o su hija \u00abse rebaje\u00bb a prestar esos servicios? El \u00ablavatorio de los pies\u00bb de la \u00daltima Cena no es una asignatura de f\u00e1cil aprendizaje. Y su pr\u00e1ctica supone antes una revoluci\u00f3n mental y del coraz\u00f3n. Es seguro que no tenemos derecho a culpar a aquellas damas por lo que \u00abno pod\u00edan\u00bb hacer; son admirables por lo que hicieron. Pero es claro, pronto fue claro para Vicente y Luisa, que las damas necesitaban de unas ayudantes especiales para el \u00abtrabajo sucio\u00bb. Esas ser\u00edan, con el tiempo, las Hijas de la Caridad. Libres \u2014sin marido que las atara-, liberadas de los propios intereses y con un apasionado amor por el Jesucristo que se apasiona por los pobres. Y en estas circunstancias y signos y trabajos de Vicente y Luisa, una joven se acerca, toca la puerta y entre en escena. Se llama Margarita Naseau.<\/p>\n<h2><strong><em>La vaquerita de Suresnes<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Esta joven <em>\u00abno era m\u00e1s que una pobre vaquera sin instrucci\u00f3n. Movida por una fuerte inspiraci\u00f3n del cielo, tuvo el pensamiento de instruir a la juventud; compr\u00f3 un alfabeto y, como no pod\u00eda ir a la escuela para aprender, fue a pedir al se\u00f1or p\u00e1rroco o al vicario que le dijese qu\u00e9 letras eran las cuatro primeras; otra vez les pregunt\u00f3 sobre las cuatro siguientes, y as\u00ed con las dem\u00e1s. Luego, mientras segu\u00eda guardando sus vacas, estudiaba la lecci\u00f3n. Ve\u00eda pasar a alguno que daba la impresi\u00f3n de que sab\u00eda leer y le preguntaba: \u00abSe\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo hay que pronunciar esta palabra? \u00ab. Y as\u00ed, poco a poco, aprendi\u00f3 a leer. Luego instruy\u00f3 a otras muchachas de su aldea&#8230;\u00bb <\/em>(IX, 88).<\/p>\n<h2><strong><em>El amor es inventivo<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>De esta forma lo trasmite el testimonio de San Vicente, en julio de 1642. Vicente ya sab\u00eda para entonces que \u00abel amor es infinitamente inventivo\u00bb. En la experiencia de Margarita lo aprendi\u00f3 de nuevo. Y nos comenta, primero y de forma sumaria, la realidad social de Margarita: <em>\u00abno era m\u00e1s que una pobre vaquera sin instrucci\u00f3n\u00bb. <\/em>\u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer una joven semejante ocupada en guardar el ganado y sin instrucci\u00f3n? Desde luego pod\u00eda refugiarse en el \u00abno s\u00e9\u00bb, \u00abno puedo\u00bb y \u00abno tengo tiempo\u00bb. Ella -que no sab\u00eda leer- hab\u00eda le\u00eddo, sin embargo, la realidad de sus vecinos m\u00e1s j\u00f3venes. Hab\u00eda palpado en su propia experiencia y en la de ellos la necesidad de formarse. Y, entonces, <em>\u00abmovida por una fuerte inspiraci\u00f3n del cielo, tuvo el pensamiento de instruir a la juventud\u00bb. <\/em>Dios tiene, como siempre, la iniciativa. Llama. Podemos aceptar su llamada o negarnos bajo el pretexto de que ese trabajo es para otros mejor preparados. El bien-humorado amor de Dios convoca a los d\u00e9biles, a los que no son, a los pobres para evangelizar y enriquecer a los pobres. A quien no sabe leer, a Margarita, la llama para que ense\u00f1e a otros a leer. Y la joven vaquerita de Suresnes se abre a esa iniciativa de Dios, se f\u00eda de \u00e9l y la acepta. Pero, \u00bfpor d\u00f3nde comenzar? \u00bfC\u00f3mo hacer para realizar lo que parece imposible? \u00bfTendr\u00e1 que cambiar de ocupaci\u00f3n y liberarse del cuidado de las vacas?<\/p>\n<p>Quien ama, inventa y se divierte; quien no ama se aburre y sestea en las dificultades. Y Margarita ama. E inventa la sencilla manera de ir aprendiendo. Un d\u00eda, unas letras; otro d\u00eda, otras, mientras sus vacas pastan. No ambiciona brillar: se habr\u00eda desesperado con la lentitud del m\u00e9todo. Ambiciona servir. \u00c9ste es su \u00fanico prop\u00f3sito. Y se atiene al ritmo de Dios, no al del \u00e1vido orgullo. Busca los intereses de Jesucristo en los m\u00e1s pobres, no los suyos propios. Es una joven liberada de s\u00ed y dada a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Por eso, en cuanto ella aprendi\u00f3, <em>\u00abinstruy\u00f3 a otras muchachas de su aldea \u00ab. <\/em>No era f\u00e1cil. Hab\u00eda que ganarlas primero, convencerlas, ayudarlas a superar las dificultades que surg\u00edan en las familias y contagiarlas de entusiasmo. \u00bfC\u00f3mo amar a los pobres de verdad sin la pasi\u00f3n por involucrar a otros en su servicio? Y Margarita sab\u00eda convencer: dispon\u00eda del argumento transparente de su vida.<\/p>\n<h2><strong><em>Misiones culturales<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abY entonces se resolvi\u00f3 a ir de aldea en aldea para ense\u00f1ar a la juventud con dos o tres j\u00f3venes que hab\u00eda formado. Una se dirig\u00eda a una aldea y otra, a otra \u00ab. <\/em>El amor cristiano, en cuanto lo es, busca ser eficaz. \u00abNo me basta amar a Dios si mi pr\u00f3jimo no lo ama\u00bb, dir\u00e1 tambi\u00e9n San Vicente. No me basta amar y servir a los pobres si los dem\u00e1s no lo hacen. Y as\u00ed, y por eso, comienzan, en equipo, las misiones culturales de Margarita y de sus amigas. Parecen un milagro de creatividad. \u00bfAcaso no lo son? Alfabetizan y evangelizan. Los instrumentos escolares de la \u00e9poca un\u00edan con naturalidad ambas cosas. Y estas maestras misioneras y misioneras maestras lo hac\u00edan, adem\u00e1s, por \u00edntimo convencimiento. Los resultados no dejan lugar para las dudas. Pero todo esto requiere de medios. Hacen falta para viajes, para vivienda, para alimentaci\u00f3n, para todo. \u00bfComenzar\u00eda Margarita buscando medios para realizar la misi\u00f3n o comenzar\u00eda primero la misi\u00f3n fi\u00e1ndose del Dios que la hab\u00eda llamado?<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abS\u00e9 de quien me f\u00edo\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abCosa admirable, emprendi\u00f3 ` todo esto sin dinero y sin m\u00e1s provisi\u00f3n que la Providencia. Ayun\u00f3 muchos d\u00edas enteros, habit\u00f3 en sitios en donde no hab\u00eda m\u00e1s que paredes. Sin embargo, se dedicaba a veces de d\u00eda y de noche en la instrucci\u00f3n, no s\u00f3lo de las ni\u00f1as, sino tambi\u00e9n de las personas mayores, y esto sin ning\u00fan motivo de vanidad o de inter\u00e9s, sin otro plan que el de la gloria de Dios, el cual atend\u00eda a sus necesidades sin que ella se diese cuenta \u00ab. <\/em>Yo, Se\u00f1or, parece decir Margarita, hago lo que t\u00fa me pides, y no s\u00e9 c\u00f3mo, pero s\u00e9 que t\u00fa me dar\u00e1s los medios para llevarlo a cabo. S\u00e9 de quien me f\u00edo, s\u00e9 de quien es la mano que me lleva y, por eso, camino confiada&#8230;<\/p>\n<p>Pero Margarita ser\u00e1 probada y purificada. La confianza en la Providencia no pertenece al mundo de la magia. Hay d\u00edas enteros que carece de lo m\u00ednimo y tiene que ayunar. No ayuna para hacer penitencia, ayuna porque ama su misi\u00f3n y no puede dejarla aunque tenga que ayunar. A veces no tiene donde cobijarse. Se arrima a unas viejas paredes y \u00e9sa es su casa. Pero nada la detiene. Atiende a los ni\u00f1os y atiende a los mayores. Y esto <em>\u00absin ning\u00fan motivo de vanidad o de inter\u00e9s \u00ab. <\/em>La vanidad o el inter\u00e9s propio no aguantan el ayuno, la escasez o las risas burlonas de los dem\u00e1s. Cuando \u00e9se es el caso, uno coge su morral y se va entre una letan\u00eda de quejas sobre la ingratitud ajena. Y, en medio de la noche, Margarita vislumbra los signos de la luz. <em>\u00abElla misma cont\u00f3 a la se\u00f1orita Le Gras que una vez, despu\u00e9s de haber estado privada de pan durante varios d\u00edas, al volver de misa, se encontr\u00f3 con qu\u00e9 poder alimentarse por bastante tiempo \u00ab. <\/em>Son signos, peque\u00f1os y maravillosos signos. La Providencia, Margarita, te prueba, pero no te abandona; mueve corazones an\u00f3nimos para que te ayuden. Y es importante ese alimento que te proporcionan para el hambre, pero es a\u00fan m\u00e1s importante el signo que conlleva para la confianza. La Providencia est\u00e1 contigo; has confiado en ella y ella no sabe defraudar.<\/p>\n<p><em>\u00abAl volver de misa\u00bb <\/em>sucedi\u00f3 ese signo. San Vicente, en su comentario, no se detiene en la vida sacramental de Margarita. La da por conocida. Es su alimento seguro, su acci\u00f3n de gracias, su escuela diaria, su h\u00e1bito. All\u00ed calienta su esp\u00edritu, all\u00ed bebe su entusiasmo, all\u00ed recibe a Jesucristo para servirlo con finura durante el d\u00eda. El es su amigo y ella es su amiga. El la espera en la eucarist\u00eda del sagrario y en la eucarist\u00eda de los pobres y bajo las especies de sus necesidades. Y Margarita lo comulga. Primero a \u00e9l, al amigo resucitado \u00abque me am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed a la muerte\u00bb, y despu\u00e9s tambi\u00e9n a \u00e9l, al comulgarlos a ellos como son, como est\u00e1n de crucificados, y servirlos.<\/p>\n<h2><strong><em>La prueba de las calumnias<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Pero, <em>\u00abcuanto m\u00e1s trabajaba en la instrucci\u00f3n de la juventud, m\u00e1s se re\u00edan de ella y la calumniaban los aldeanos \u00ab. <\/em>\u00bfQui\u00e9n se ha cre\u00eddo que es esta vaquerita? \u00bfQu\u00e9 busca? \u00bfNo la hemos vistc crecer entre nosotros y guardar las vacas como otra cualquiera? Algo as\u00ed le dijeron tambi\u00e9n a Jes\u00fas sus paisanos (Mc 6, 1-5). No fueron suficientes las pruebas primeras de un proyecto humanamente descabellado. Tampoco las siguientes de pobreza y desamparo. Ahora a Margarita la esperan las peores. Est\u00e1n hechas de machismo, discriminaci\u00f3n social, envidias, recelo y chismes calumniosos de los que pueden herir a una muchacha sola.<\/p>\n<p>El amor desestabiliza los intereses creados. Y si los ni\u00f1os, ni\u00f1as y j\u00f3venes no se instruyen y forman, ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil tenerlos de sumisos y baratos criados. Adem\u00e1s, \u00bfno es una se\u00f1al peligrosa que las mujeres tengan ante s\u00ed un modelo de mujer liberada, capaz de iniciativas riesgosas y ajena al dominio masculino? Margarita, sin propon\u00e9rselo, rompe costumbres, mentalidades, inercias y ancestrales sumisiones. \u00bfC\u00f3mo no van a protestar los afectados? Ella, que <em>\u00abno ten\u00eda otro plan que la gloria de Dios \u00ab, <\/em>no sab\u00eda darse por derrotada. Vivir el evangelio es impregnarse de fuerza radioactiva y contagiosa. La persecuci\u00f3n acrecienta el amor verdadero. \u00abLadran, luego cabalgamos\u00bb dec\u00eda el famoso Hidalgo. \u00bfNos persigue la envidia, el machismo, los intereses ego\u00edstas? \u00a1Es se\u00f1al de que vamos bien, de que se hace la obra de Dios! Y Margarita se crece ante las dificultades. La pisan y esta flor humilde suelta gratuitamente m\u00e1s olor de Cristo. Santa Luisa, despu\u00e9s maestra de Margarita, dir\u00e1 que \u00ablas dificultades\u00bb son \u00abparte de la comunidad de bienes\u00bb con el esposo Jesucristo (Pensamientos, 124), y Margarita as\u00ed las vive.<\/p>\n<h2><strong><em>Frente al desamor, m\u00e1s amor<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abSu celo iba creciendo cada vez m\u00e1s ardiente. Ten\u00eda un despego tan grande que daba cuanto ten\u00eda, a\u00fan a costa de carecer ella de lo necesario \u00ab. <\/em>Ante la persecuci\u00f3n&#8230;, m\u00e1s celo, mayor desprendimiento, creciente pobreza de la que nace del compartir. No es la pobreza que uno decide, es la pobreza que a uno le imponen las necesidades ajenas hechas propias. No se trata de un adorno del que se puede presumir; se trata del amor que tiene hambre de m\u00e1s amor. <em>\u00abDaba cuanto ten\u00eda, a\u00fan a costa de carecer ella de lo necesario\u00bb<\/em><em>.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p>Ante los calumniadores no se enreda Margarita en razonamientos que los contradigan o que dejen en mal lugar a los chismosos; a ellos tambi\u00e9n los ama y s\u00f3lo quiere que se sumen al \u00abplan de Dios\u00bb y, por eso, hay que redoblar el celo y el desprendimiento a fin de que tambi\u00e9n ellos sean alcanzados por la misericordia. Las estrategias de Dios no se parecen a las defensas de nuestros pobres intereses. Y Margarita est\u00e1 metida en las estrategias de Dios. Y \u00e9sas las dicta el amor, no el orgullo herido que revuelve su cabeza viperina dispuesta al mordisco.<\/p>\n<h2><strong><em>Ensayos de seminario menor<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abHizo estudiar a algunos j\u00f3venes que carec\u00edan de medios, los aliment\u00f3 por alg\u00fan tiempo y los anim\u00f3 al servicio de Dios. Y esos j\u00f3venes son ahora buenos sacerdotes\u00bb. \u00a1Cuantas <\/em>cosas en tres l\u00edneas de comentario vicenciano! En otro pasaje de su comentario, San Vicente dice tambi\u00e9n de ella: <em>\u00abAtrajo a otras j\u00f3venes, a las que hab\u00eda ayudado a desprenderse de todas las vanidades y a abrazar la vida devota\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto celo, cu\u00e1nta creatividad, cu\u00e1nto trabajo por formar y por encontrar los medios! He aqu\u00ed a Margarita creando una especie de seminario menor, siendo maestra llena de celo, buscando alimentos y administr\u00e1ndolos, animando a sus alumnos al servicio de Dios. <em>\u00abY esos j\u00f3venes son ahora buenos sacerdotes \u00ab. <\/em>La que no ten\u00eda nada, alimentaba material y espiritualmente a \u00e9stos que carec\u00edan de casi todo. No sab\u00eda decir \u00abno puedo m\u00e1s\u00bb, \u00abya hice todo lo que pod\u00eda\u00bb. Ella, porque amaba mucho, siempre pod\u00eda m\u00e1s. Ese era su secreto y por \u00e9l caminaba cada d\u00eda con m\u00e1s garbo. Y como el amor evang\u00e9lico busca ser eficaz, atrae a otros y forma agentes multiplicadores. Ella no era miembro de alg\u00fan equipo de \u00abpromoci\u00f3n vocacional\u00bb; era fuego de Dios que atrae, calienta, ilumina y enciende la llama en otros y en otras que tambi\u00e9n quieran arder. No daba din\u00e1micas, daba llamaradas. Ten\u00eda la pedagog\u00eda irresistible que nace del amor m\u00e1s desinteresado, del m\u00e1s generoso, sacrificado y transparente. As\u00ed era esta joven amiga de Jesucristo llamada Margarita.<\/p>\n<h2><strong><em>Los <\/em><\/strong><strong><em>inicios <\/em><\/strong><strong><em>de <\/em><\/strong><strong><em>un encuentro<\/em><\/strong><strong><em><\/em><\/strong><\/h2>\n<p>El domingo anterior al 19 de febrero de 1630, Margarita hab\u00eda ido a Par\u00eds a ver a San Vicente (I, 138). Hac\u00eda ya algunos a\u00f1os que se conoc\u00edan. Ella se hab\u00eda dedicado a la ense\u00f1anza de ni\u00f1os y mayores desde su juventud. Ya lleva muchos a\u00f1os en esa tarea. Ahora ten\u00eda ya 35 a\u00f1os. Y segu\u00eda a\u00fan, en Villepreux, dedicada a la ense\u00f1anza. Pero, pronto iba a cambiar de rumbo, aunque no de amor. La esperaban otros pobres, llagados y hambrientos, en las calles y en los tugurios de Par\u00eds. M\u00e1s de cincuenta mil mendigos extend\u00edan sus manos y sus miserias ante los vecinos de la ciudad.<\/p>\n<p>San Vicente hab\u00eda dado, hac\u00eda tiempo, una misi\u00f3n en la aldea de Villepreux. All\u00ed funda la segunda de las Caridades. La primera hab\u00eda sido la de Chatill\u00f3n. \u00abDespu\u00e9s de alg\u00fan tiempo (IX, 233) al ir a una misi\u00f3n en Villepreux, tuvimos ocasi\u00f3n de fundar all\u00ed la Caridad, la segunda. Luego pudimos establecerla en Par\u00eds, y San Salvador fue la primera parroquia que la tuvo; siguieron luego todas las principales parroquias\u00bb. En las misiones <em>\u00abme encontr\u00e9 con una buena joven aldeana que se hab\u00eda entregado a Dios para instruir a las ni\u00f1as de aquellos lugares\u00bb <\/em>(IX, 202). Esta joven era Margarita.<\/p>\n<p>El encuentro de Margarita con Vicente tuvo lugar en esta aldea de Villepreux donde Margarita ejerc\u00eda su trabajo de misionera-maestra y donde Vicente daba la misi\u00f3n. Esta misi\u00f3n, en que se funda la segunda de las Caridades, es, desde luego, bastante anterior a 1629, y Luisa no era a\u00fan supervisora de las Caridades. <em>\u00abCuando <\/em>(Margarita) <em>aprendi\u00f3 a leer, vino a vivir a cinco o seis leguas de Par\u00eds, <\/em>(a Villepreux). <em>Fuimos all\u00ed a tener una misi\u00f3n; se confes\u00f3 conmigo y me expuso sus ideas. Cuando fundamos all\u00ed la Caridad, se aficion\u00f3 tanto a ella que me dijo: \u00abMe gustar\u00eda servir a los pobres de esta manera\u00bb <\/em>(IX, 542). Entre las diversas alusiones que San Vicente hace, en sus Conferencias, sobre Margarita Naseau, \u00e9sta es, sin duda, la m\u00e1s precisa en sentido hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>San Vicente pudo haber dado otra misi\u00f3n posterior en esa aldea. De hecho, mientras permaneci\u00f3 en la casa de \u00abBons Enfans\u00bb, \u00e9l <em>y <\/em>sus compa\u00f1eros dieron, en diversos lugares cercanos, 140 misiones entre 1625 y 1632. Esto explicar\u00eda los diversos tiempos que usa en sus Conferencias. La otra explicaci\u00f3n ser\u00eda el posible olvido de los detalles a causa del tiempo pasado. Pero algunos de sus comentarios se sit\u00faan antes de la fundaci\u00f3n de la primera Caridad de Par\u00eds -como hemos visto- y otros despu\u00e9s, como se puede ver en IX, 202; 233, etc.<\/p>\n<p>Parece lo m\u00e1s probable que fuera en la primera o \u00fanica misi\u00f3n dada en Villepreux cuando Margarita se encontr\u00f3 con San Vicente. Acababan de fundar all\u00ed la segunda de las Caridades. Margarita se confes\u00f3 con San Vicente y hablaron largamente. <em>\u00abMe expuso sus ideas \u00ab, <\/em>dice Vicente. Margarita se sinti\u00f3 atra\u00edda por la forma como serv\u00edan a los pobres desde la Caridad reci\u00e9n fundada. Pero ella sigui\u00f3 ejerciendo por un tiempo m\u00e1s el amor a los pobres a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza. Posiblemente hasta 1631. Es lo que expresa otro de los comentarios de Vicente: <em>\u00abCuando tuvo ya algunos conocimientos, sinti\u00f3 devoci\u00f3n de ense\u00f1\u00e1rselos a los dem\u00e1s, y vino a buscarme, en donde yo estaba misionando. \u00abPadre, me dijo, yo he aprendido a leer de esta manera. Tengo muchas ganas de ense\u00f1ar a otras j\u00f3venes del campo que no saben. \u00bfLe parece bien? Desde luego, hija m\u00eda \u2014le dije-, yo le aconsejo que lo haga\u00bb Entonces se fue a vivir a Villepreux, en donde estuvo ense\u00f1ando durante alg\u00fan tiempo\u00bb <\/em>(IX,416-417). Entretanto fueron surgiendo las Caridades en Par\u00eds y surgi\u00f3 la necesidad de alguien que ayudara a las damas. Margarita, a veces, iba a Par\u00eds a verse con San Vicente.<\/p>\n<p>Luisa se encarga de la animaci\u00f3n de las Caridades en mayo de 1629. En una de sus visitas a la Caridad de Villepreux conocer\u00eda a Margarita \u2014de quien ya le habr\u00eda hablado San Vicente- y luego siguieron relacion\u00e1ndose. La carta de San Vicente a Luisa (19, febrero, 1630; I, 137-138) habr\u00eda que situarla en este contexto. En ella le habla de si <em>\u00abesa buena muchacha de Suresnes, que otras veces la ha visitado y se dedica a la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as, la ha ido a ver, como ella me lo prometi\u00f3 el \u00faltimo domingo, cuando estuvo aqu\u00ed\u00bb&#8230; <\/em>Y este prolongado encuentro con Vicente y Luisa iba a cambiar radicalmente el campo de trabajo de Margarita.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abY Dios lo quer\u00eda de esta manera\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abFinalmente, cuando se enter\u00f3 de que hab\u00eda en Par\u00eds una cofrad\u00eda de la Caridad para los pobres enfermos, fue all\u00e1, impulsada por el deseo de trabajar en ella; y, aunque segu\u00eda con gran deseo de continuar la instrucci\u00f3n de la juventud, abandon\u00f3 sin embargo este ejercicio de caridad para abrazar el otro, que ella juzgaba m\u00e1s perfecto y necesario; y Dios lo quer\u00eda de esta manera, para que fuera ella la primera Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos de la ciudad de Par\u00eds. Atrajo a otras j\u00f3venes, a las que hab\u00eda ayudado a desprenderse de todas las vanidades y a abrazar la vida devota\u00bb <\/em>(IX, 90).<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abAquello no iba bien\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Los pobres y enfermos eran cada d\u00eda m\u00e1s numerosos. Par\u00eds parec\u00eda una ciudad de peque\u00f1as islas de opulencia rodeadas de miseria. San Vicente y los suyos se multiplicaban para buscar remedios. Fueron apareciendo, entre otras obras, las Caridades.<\/p>\n<p>Esforzadas damas parisinas se dejaron contagiar del amor vicenciano a los pobres. Y pon\u00edan, para servirlos, trabajo, cuidados, sacrificios, alhajas y dineros. \u00abPero, como hay gran n\u00famero de enfermos en Par\u00eds, estaban mal servidos, porque las damas no pod\u00edan sujetarse a ellos: la esposa por causa de su marido y de su casa, la hija por causa de su padre y de su madre. En fin, que aquello no iba bien, porque Dios quer\u00eda que hubiera una Compa\u00f1\u00eda de Hermanas que se dedicase expresamente a servir a los enfermos bajo aquellas damas\u00bb (IX, 233) Las damas \u00abserv\u00edan ellas mismas a los pobres, les llevaban el puchero, los remedios y todo lo dem\u00e1s; y, como la mayor parte eran distinguidas y ten\u00edan marido y familia, muchas veces les resultaba molesto llevar aquella olla, de forma que esto les repugnaba, y hablaban entre s\u00ed de buscar algunas criadas que lo hiciesen en su lugar\u00bb (IX, 416). \u00abAlgunas se\u00f1oras tuvieron este deseo de asistir a los pobres de la parroquia, pero, cuando llegaron a la ejecuci\u00f3n, se vieron impedidas de hacerles los servicios m\u00e1s bajos y penosos\u00bb (IX, 203). As\u00ed expone San Vicente la problem\u00e1tica realidad &#8211; maravillosa, pero escasa- del servicio que prestaban las damas de las Caridades.<\/p>\n<p>Y Margarita ser\u00e1 la \u00abcriada\u00bb que har\u00e1 \u00aben su lugar\u00bb \u00ablos servicios m\u00e1s bajos y penosos\u00bb. Cuando ella oy\u00f3 hablar de este proyecto de criadas ayudantes, <em>\u00abdese\u00f3 que la ocupasen en \u00e9l y que las damas la recibieran \u00ab. <\/em>Hac\u00eda a\u00f1os que Margarita conversaba, de cuando en cuando, con San Vicente: era su \u00abdirigida\u00bb. Y, si fue Vicente quien le habl\u00f3 de este proyecto, fue ella quien acept\u00f3 muy libremente el hacerlo suyo. Las referencias vicencianas basculan, una y otra vez, entre esta iniciativa como propia de Margarita y como sugerida e indicada por \u00e9l. No hay contradicci\u00f3n. Por una parte, Margarita era una mujer muy libre, arriesgada en sus decisiones, due\u00f1a de su destino seg\u00fan el Se\u00f1or se lo iba mostrando. Por otra parte, San Vicente sab\u00eda exponer las urgencias de los enfermos y las dolorosas deficiencias de los servicios que recib\u00edan. Margarita ten\u00eda un coraz\u00f3n para los dem\u00e1s y no estaba atada a lo que hac\u00eda, sino al Se\u00f1or por quien lo hac\u00eda.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abSierva de los pobres enfermos\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Luisa se Marillac <em>\u00abse encarg\u00f3 de tomarla bajo su direcci\u00f3n\u00bb <\/em>y de formarla <em>\u00aben la manera de servir a los pobres\u00bb <\/em>enfermos. Le ense\u00f1\u00f3 <em>\u00aba utilizar remedios y a hacer todos los servicios necesarios, y lo aprendi\u00f3 todo muy bien\u00bb <\/em>(IX, 416; 542) Algunas otras j\u00f3venes su sumaron al mismo proyecto. Y Luisa form\u00f3, con ellas, la primera germinal \u00abescuela de enfermeras\u00bb de la historia moderna. Margarita, la inteligente autodidacta, la que <em>\u00abno hab\u00eda tenido otro maestro o maestra m\u00e1s que <\/em><em>Dios\u00bb, <\/em>ahora ten\u00eda, por disposici\u00f3n del Se\u00f1or, una directora culta, delicada y especialmente amorosa. Y la arraigada entrega de Margarita, la pr\u00e1ctica diaria y las ense\u00f1anzas de Luisa hicieron de ella una consumada \u00absierva de los pobres enfermos de la ciudad de Par\u00eds\u00bb. Pues <em>\u00abaunque segu\u00eda con gran deseo de continuar la instrucci\u00f3n de la juventud, abandon\u00f3 este ejercicio de caridad para abrazar el otro, que ella juzgaba m\u00e1s perfecto y necesario \u00ab.<\/em><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil dejar lo que se ama, lo que se ha comprobado necesario y eficaz y aquello que ha constituido una hermosa parte de la propia vida. Margarita, para esta \u00e9poca, era ya una joven mujer con prestigio en Villepreux. La amaban los alumnos y la respetaban y amaban los dem\u00e1s. Ya hab\u00edan pasado las risas y las burlas y las calumnias. Y, ahora, el Se\u00f1or parece pedirle, como a Abrah\u00e1n, que deje su pasado y que camine \u00abal pa\u00eds que yo te indicar\u00e9\u00bb. Que peregrine a los \u00absantos lugares\u00bb de las heridas de los pobres enfermos. Y esta peregrinaci\u00f3n requiere no poco desprendimiento. Abandonar rentas de prestigio, de caminos conocidos, de relaciones hechas, para internarse hac\u00eda un pa\u00eds desconocido y dificil. San Vicente ya le hab\u00eda ense\u00f1ado, y lo hab\u00eda visto en ella, que hemos de hacer nuestras obras, m\u00e1s que por verlas hechas, para encontrarnos con el Se\u00f1or y servirlo. Y que el Se\u00f1or no necesita de nuestras obras ni de nuestras listuras, sino de nuestro coraz\u00f3n \u00aby \u00e9ste no lo quiere sino donde nos lo pide\u00bb. Margarita estaba preparada. Hab\u00eda realizado un largo proceso de entrega amorosa en manos de la. Providencia. Fuera de casos especiales, nada grande se improvisa. El perseverante \u00abs\u00ed\u00bb de ayer y el \u00abs\u00ed\u00bb de hoy son el abono natural del \u00abS\u00ed\u00bb grande de ma\u00f1ana. Y Margarita hab\u00eda sido un perenne \u00abfiat\u00bb al llamado de Dios. Estaba preparada para dar el salto y embarcarse en las apestosas bodegas de los m\u00e1s abandonados. Cuidarlos ser\u00e1, en adelante, su residencia.<\/p>\n<p>Ella, que hab\u00eda gastado sus anos en obras de promoci\u00f3n de la juventud, ahora se internaba en obras de asistencia a los enfermos. Pero no organiz\u00f3 ning\u00fan congreso para discutir qu\u00e9 era m\u00e1s importante o m\u00e1s urgente. Ella sab\u00eda que lo m\u00e1s urgente y lo m\u00e1s importante y eficaz es aquello donde Dios nos quiere. Lo dem\u00e1s, todo lo dem\u00e1s, es fiarse de nuestro peque\u00f1o y adiposo ego antes que de Dios. Y Margarita hab\u00eda hecho un prolongado ejercicio de adelgazamiento. Estaba, humilde y d\u00f3cil, en las c\u00e1lidas manos del Se\u00f1or <em>\u00aby no ten\u00eda otro plan que el de la gloria de Dios \u00ab.<\/em><\/p>\n<h2><strong><em>\u00abLo acept\u00f3 en seguida con agrado\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>As\u00ed lo dice San Vicente: <em>\u00abLe propuse el servicio de los enfermos. Lo acept\u00f3 en seguida con agrado, y la envi\u00e9 a San Salvador, que es la primera parroquia de Par\u00eds donde se ha establecido la Caridad\u00bb <\/em>(IX, 203). <em>\u00abAquella buena mujer, al o\u00edr que atend\u00edan a los enfermos en Par\u00eds, tuvo deseos de ir a servirlos. Hicimos que viniese, y la pusimos bajo la direcci\u00f3n de la se\u00f1orita Le Gras y al servicio de los pobres enfermos\u00bb <\/em>(IX, 234). <em>\u00abEntonces vino aquella pobre muchacha a ver a la se\u00f1orita Le Gras. Esta le pregunt\u00f3&#8230; si quer\u00eda servir a los pobres. Ella acept\u00f3 de buena gana\u00bb <\/em>(IX, 542). \u00bfIniciativa de San Vicente o de Margarita o de Luisa? Primero, \u00a1iniciativa de Dios! Despu\u00e9s, y por eso, no hay contradicci\u00f3n en que los tres tuvieran iniciativas consonantes y coincidentes. Margarita se internaba m\u00e1s adentro y m\u00e1s abajo en el cuidado de los pobres. \u00bfHasta d\u00f3nde se dejar\u00e1 llevar de la mano que la gu\u00eda?<\/p>\n<h2><strong><em>A las \u00f3rdenes de las damas<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Y Margarita fue a la parroquia de San Salvador a servir a los enfermos \u00abbajo las damas\u00bb y en obediencia a sus disposiciones. \u00a1Cu\u00e1ntas dif\u00edciles y simult\u00e1neas obediencias! Obediencia a las necesidades de los pobres, a San Vicente, a Santa Luisa, a la presidenta de la Caridad y a \u00e9sta y a la otra dama. Casi me recuerda el humor\u00edstico inicio de la novela \u00abEstupor y temblores\u00bb de Am\u00e9lie Nothomb: \u00abEl se\u00f1or Haneda era el superior del se\u00f1or Omochi, que era el superior del se\u00f1or Saito, que era el superior de la se\u00f1orita Mori, que era mi superiora\u00bb. Es seguro y normal que una dama quisiera las cosas de esta manera, la otra las exigiera de forma distinta y una tercera las pretendiera al rev\u00e9s. Pero no debemos equivocarnos: Margarita ten\u00eda una sola y unificada obediencia porque no ten\u00eda m\u00e1s que un Se\u00f1or y ning\u00fan \u00abotro plan que el de la gloria de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la gloria del hombre no puede consistir en otra cosa que en unirse a la gloria de Dios y, por lo tanto y ahora, en esforzarse para que el hombre tenga vida y vida en abundancia. Y este es el trabajo de Margarita: procurar la gloria de Dios procurando la vida de los enfermos. Esa es su sola obediencia. Y cuando obedece a este enfermo, a Vicente o a Luisa o a esta o la otra dama, s\u00f3lo obedece a Dios. Y no es porque la voz de los superiores sea por naturaleza la voz de Dios, sino porque la voz de Dios se le muestra en los ecos de la voz de los superiores. Pero no cualquiera la percibe, pues es siempre oscura y crucificada. Hace falta un radar especial que s\u00f3lo la fe vivida proporciona. Sin \u00e9l, la propia raz\u00f3n se convierte en la diosa dictadora que pone a Dios a su servicio.<\/p>\n<p>A Margarita le toc\u00f3 vivir el misterio de la fe en el trenzado y dif\u00edcil nudo de la obediencia. No es f\u00e1cil descubrir en el crucificado al Hijo de Dios y, por eso mismo, no es f\u00e1cil descubrir, en las disposiciones de los superiores, las indicaciones de Dios. Cuando asoma la ensangrentada cruz, la raz\u00f3n padece daltonismo y se inventa sabios colores m\u00e1s c\u00f3modos, y los defiende. Pero Margarita estaba lista; el Se\u00f1or la hab\u00eda preparado -con su decidido consentimiento- para obedecerle s\u00f3lo a \u00e9l en las diversas obediencias a los dem\u00e1s. \u00a1No ten\u00eda m\u00e1s que un Se\u00f1or y ella era su criada para servirlo en su miembros m\u00e1s dolientes y necesitados! Y Ellos, los crucificados por el hambre, la enfermedad y el abandono, eran los se\u00f1ores vicarios de su Se\u00f1or.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abDe buen grado y con pena\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Y la obediencia a su Se\u00f1or la llev\u00f3 de aqu\u00ed para all\u00e1 como a criada ante la indicaci\u00f3n de sus due\u00f1os. <em>\u00abEra tan poco apegada a las cosas que cambi\u00f3 de buen grado, en poco tiempo, de tres parroquias, a pesar de que sal\u00eda de cada una de ellas con gran pena \u00ab. <\/em>Iba con gozo hacia los pobres que la esperaban, <em>y <\/em>le dol\u00edan los que dejaba. Dios quer\u00eda su dulzura y su testimonio para alentar, aqu\u00ed y all\u00e1, la esperanza de los necesitados. Y ella estaba dispuesta y obediente, como quien deja inmediatamente las redes para seguir a su Se\u00f1or por donde \u00e9l lo disponga&#8230; La gente \u00abintentaba retenerlo para que no se les fuera. Pero \u00e9l les dijo: Tambi\u00e9n tengo que ir a los otros pueblos para anunciarles el Reino de Dios; para eso fui enviado\u00bb (Lc 4, 43). As\u00ed le sucedi\u00f3 a Jes\u00fas de Nazaret y as\u00ed a esta su fiel seguidora llamada Margarita.<\/p>\n<p>Primero fueron los enfermos de la parroquia de San Salvador, despu\u00e9s, \u00a1y de nuevo!, hubo de volver a la ense\u00f1anza de la juventud en Villepreux, despu\u00e9s, \u00a1y de nuevo!, a servir a los enfermos, pero ahora en las parroquias de San Nicol\u00e1s du Chardonet y San Benito. Y todo, en el corto lapso de tres a\u00f1os. El Se\u00f1or, \u00bfjugaba caprichosamente con su amiga Margarita o la quer\u00eda preparar para la obediencia mayor de dar la vida?<\/p>\n<p>En Villepreux, quienes se ocuparon de su trabajo -Germana, Laurent, Belin- hubieron de irse por distintas causas. Y San Vicente no tuvo otro remedio que pedirle a Margarita que regresara hasta que dispusieran de otra maestra. El 12 de octubre de 1631 Vicente la env\u00eda de nuevo a Villepreux. Con el gozo del reencuentro se mezclaban los misterios dolorosos de la obediencia realizada \u00abde buen grado\u00bb. Y as\u00ed, en cada cambio.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abNo pod\u00eda rehusar nada\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abEn las parroquias se mostr\u00f3 siempre tan caritativa como en el campo, dando siempre, cuando se presentaba la ocasi\u00f3n, todo lo que pod\u00eda tener; no pod\u00eda rehusar nada, y le hubiera gustado tener a todo el mundo en su casa\u00bb. <\/em>Su oficio permanente consist\u00eda en compartir lo que era y lo que ten\u00eda. El amor se muestra en lo que das, se vive en lo que te das, se mide por lo que te reservas. Y ella, como la viuda de los dos \u00ablepta\u00bb (Lc 21, 1-4), no se reservaba nada. Y, porque todos ten\u00edan posada en su coraz\u00f3n, <em>\u00able hubiera gustado tenerlos a todos en su casa\u00bb. <\/em>As\u00ed era Margarita: amor gratuito, alegre servicio y acogedor hospedaje.<\/p>\n<p><em>\u00abTen\u00eda gran humildad y sumisi\u00f3n&#8230;, mucha paciencia y no murmuraba jam\u00e1s\u00bb. <\/em>Es otra forma, con palabras de San Vicente, de decir lo mismo. Sin la humildad, la sumisi\u00f3n y la paciencia no podr\u00eda desear \u00abtener a todo el mundo en su casa\u00bb, -\u00abtodo el mundo\u00bb significaba: todos los pobres- y ella no hubiera podido servirlos. Aparecer\u00edan la murmuraci\u00f3n y las quejas, pues unos u otros eran desagradecidos o ineducados o faltos de det\u00e2lle o voraces. Les das la mano y te arrebatan el brazo. Margarita no ten\u00eda tiempo para fijarse en lo que los dem\u00e1s le hac\u00edan o dejaban de hacerle de negativo, s\u00f3lo ten\u00eda tiempo para lo que ella quer\u00eda hacerles por el amor de Dios y seg\u00fan sus necesidades. Ese era su secreto. No se preguntaba, \u00bfqu\u00e9 pueden o deben hacer los otros por m\u00ed?, \u00bfqu\u00e9 muestras de agradecimiento deber\u00edan darme? S\u00f3lo sab\u00eda preguntarse, \u00bfqu\u00e9 quiere mi Se\u00f1or que haga por los dem\u00e1s?, \u00bfqu\u00e9 necesitan? Y la humildad, la sumisi\u00f3n y la paciencia fueron las alegres compa\u00f1eras de su amor encarnado en servicios.<\/p>\n<h2><strong><em>Como un pan para todos<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abTodo el mundo la amaba, porque nada hab\u00eda en ella que no fuera amable \u00ab, <\/em>dice San Vicente. Mas, \u00bfes acaso posible que alguien tan amable, humana y servicial no suscitara en algunos el deseo de tenerla para s\u00ed? En cualquier caso, ella, que amaba y serv\u00eda a los muchos, no tuvo tiempo de enamorarse de ninguno. Lo mismo que daba a los necesitados lo que ten\u00eda, aunque ella padeciera necesidad, as\u00ed hac\u00eda con su mundo afectivo. Porque ten\u00eda una gran pasi\u00f3n por su Se\u00f1or y por los pobres, no le qued\u00f3 tiempo para entretener las peque\u00f1as<\/p>\n<p>pasiones. Se deb\u00eda a los dem\u00e1s y a su \u00fanico plan de la gloria de Dios. Y no pod\u00eda distraerse consigo misma. Le hubiera parecido un robo hecho a los pobres que la necesitaban m\u00e1s que nadie. Su gran amor la liber\u00f3, entre las predecibles luchas, de los peque\u00f1os enamoramientos, y la empuj\u00f3 al amor concreto a los menesterosos concretos. Dios le dio ese don de ser don para todos y -por eso- de no dejarse apropiar en la apropiaci\u00f3n de alguien. \u00abSi no fuese Dios el que realiza lo que se ve en vuestra vocaci\u00f3n \u2014explicaba San Vicente, \u00bfpodr\u00eda suceder que una mujer abandonase su pa\u00eds, sus padres y los placeres del matrimonio&#8230;, sus peque\u00f1as comodidades, las diversiones con sus amigas&#8230;, para entregarse, en medio de la pobreza voluntaria, al servicio de los ni\u00f1os abandonados por sus parientes, de los pobres enfermos que se pudren en la suciedad?\u00bb (IX, 235). S\u00f3lo el amor de Dios pudo liberarla para el total servicio de los pobres. Y ella consinti\u00f3 poniendo su activa participaci\u00f3n. En los testimonios que nos quedan, siempre la vemos libre, decidida, due\u00f1a de s\u00ed, emprendedora, servicial y unificada en la entrega radical a Dios para el servicio de los necesitados. Era una mujer de una pieza. Y \u00abtodos la amaban, porque nada hab\u00eda en ella que no fuera amable\u00bb.<\/p>\n<h2><strong><em>El Se\u00f1or llam\u00f3, disfrazado, a su puerta<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Margarita regres\u00f3 de Villepreux y fue enviada a servir a los pobres a la parroquia parisina de San Nicol\u00e1s; y lo hizo con el mismo celo que ya hab\u00eda mostrado antes en San Salvador. Pero, en esos d\u00edas \u2014estamos ya a principios de 1633- no pocos fueron alcanzados por la peste. Una joven mujer toc\u00f3 su puerta. Estaba contagiada. Margarita la introdujo y la acost\u00f3 en su cama o, como lo dice un texto. de San Vicente <em>\u00abse acost\u00f3 con una mujer apestada y se contagi\u00f3 tambi\u00e9n ella\u00bb <\/em>(IX, 542). As\u00ed de sencillo. El amor, a veces, no conoce la prudencia. Es posible que la pobre se\u00f1ora viniera tiritando de fr\u00edo. Era el invierno sobre Par\u00eds. Margarita quiso arroparla. Y qued\u00f3 contagiada. Al final, seremos examinados en el amor, no en si fuimos muy prudentes.<\/p>\n<p>Los diversos testimonios de San Vicente sobre Margarita pueden producirnos sospechas de paneg\u00edrico o de exagerada admiraci\u00f3n. Pero, esta \u00faltima entrega de Margarita confirma su autenticidad y su exactitud. No hay paneg\u00edrico, hay verdad desnuda. \u00abNo hay amor m\u00e1s grande que el de dar la vida por sus amigos\u00bb, dijo Jes\u00fas. Pero, \u00a1una entrega as\u00ed no se improvisa! Supone una vida de continuo consentimiento y docilidad al amor de Dios. Ese amor llen\u00f3 a Margarita y con \u00e9l am\u00f3 a Dios y los pobres. No le puso obst\u00e1culos. Y Dios am\u00f3 a Dios desde la libertad de Margarita y Dios ejerci\u00f3 su gloria dando vida a los pobres a trav\u00e9s de Margarita. Ella estaba preparada. Lleg\u00f3 el Se\u00f1or, en aquella se\u00f1ora enferma de peste, y Margarita le dio posada y calor y cuidados. La am\u00f3 con el amor de Dios que calentaba el hogar de su coraz\u00f3n. Y pag\u00f3 el precio. Am\u00f3 a los pobres \u00abcon el esfuerzo de sus brazos y el sudor de su frente\u00bb. \u00abNo importa que muramos antes con tal de que muramos con las armas en la mano\u00bb, dec\u00eda su amigo y maestro Vicente. Nos gustar\u00eda amar as\u00ed sin los costos que conlleva. Pero, no es posible. Y supone adem\u00e1s, como nos lo ense\u00f1a Margarita, una vida de largo entrenamiento.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abCon el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p><em>\u00abContagiada de aquel mal, dio adi\u00f3s a la hermana que estaba con ella, como si hubiese previsto su muerte, y se march\u00f3 a San Luis, con el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda y de conformidad con la voluntad de Dios \u00ab. <\/em>All\u00ed falleci\u00f3, a finales de febrero de 1633, en el hospital de San Luis. Ten\u00eda a\u00fan 38 a\u00f1os. Todos la lloraron, pues todos la amaban. Pero ella, \u00abcon el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda y de conformidad con la voluntad de Dios\u00bb, se fue al Hogar de la dicha, el que est\u00e1 hecho del amor del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu. \u00ab\u00bfAcaso es una desgracia para una esposa desterrada ir a reunirse con su esposo? \u00bfEs una desgracia para un viajero acercarse a la patria o para el navegante llegar al puerto?\u00bb (XI, 58).<\/p>\n<p>Y los pobres, estoy seguro, la recibieron con especial fiesta. Y algo as\u00ed le dec\u00edan al buen Dios: \u00e9sta es la que nos mostr\u00f3 cu\u00e1nto nos amas con el amor que nos ten\u00eda, y la que nos ense\u00f1\u00f3 a amarte viendo cu\u00e1nto te amaba ella. Y, gracias a ella, cre\u00edmos que la Iglesia es la casa de los pobres y nos llenamos de esperanza.<\/p>\n<h2><strong><em>\u00abLa que muestra el camino\u00bb<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Y Dios la quiso de esta manera <em>`para que fuese ella la primera Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos \u00ab, \u00abla que tuvo la dicha de mostrar el camino a las dem\u00e1s, tanto para ense\u00f1ar a las j\u00f3venes, como para asistir a los pobres enfermos, aunque no tuvo casi ning\u00fan maestro o maestra m\u00e1s que Dios\u00bb <\/em>(IX, 88).<\/p>\n<p>Ella, con su vida y su entrega, \u00abmuestra el camino a las dem\u00e1s\u00bb. Nos lo muestra a todos. Ese camino que es Jesucristo y que se anda amando y sirviendo a los pobres como \u00e9l. La que nos ense\u00f1a a meternos en la escuela de Jes\u00fas y a aprender del \u00fanico Maestro. A la luz de su vida, me parece tan pobre la m\u00eda que le pido disculpas por oscurecer a su familia.<\/p>\n<p>Y le digo en plural: Margarita Naseau, vaquera de Suresnes, hija del pueblo, amante de los pobres, virgen y m\u00e1rtir por amor a ellos, liberada y d\u00f3cil, disc\u00edpula de Dios, \u00a1ruega por nosotros!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abTodos la amaban, pues nada hab\u00eda en ella que no fuera amable\u00bb (S. Vicente de Pa\u00fal). 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