{"id":45200,"date":"2011-07-07T05:30:46","date_gmt":"2011-07-07T03:30:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/espiritualidad-de-san-vicente-de-paul\/"},"modified":"2011-07-07T05:30:46","modified_gmt":"2011-07-07T03:30:46","slug":"espiritualidad-de-san-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-de-san-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Espiritualidad de San Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<h3><em>\u00bfEspiritualidad o Esp\u00edritu?<\/em><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/vincent_de_maurin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45201\" title=\"vincent_de_maurin\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/vincent_de_maurin-235x300.jpg?resize=235%2C300\" alt=\"\" width=\"235\" height=\"300\" \/><\/a>No le hubiese gustado a \u00e9l este vocablo, un tanto duro y t\u00e9c\u00adnico, de \u00abespiritualidad\u00bb. No lo emple\u00f3, pues era extra\u00f1o a su mundo, y asimismo&#8230; a su tiempo. El Se\u00f1or Vicente hablaba en cambio con frecuencia del esp\u00edritu, no en el sentido de las siempre <em>rid\u00edculas preciosas, <\/em>sino en un sentido complejo, que evocaba una realidad psicol\u00f3gica y religiosa singularmente viva. El esp\u00edritu es a la vez resorte y movimiento, intenci\u00f3n y expresi\u00f3n. No se deja fijar, y nadie puede aprisionarlo. Se inventa y revela sin ce\u00adsar a trav\u00e9s de formas nuevas. No vive sino transform\u00e1ndose para permanecer \u00e9l mismo. Se da a luz y alumbra misteriosamente para sobrevivir.<\/p>\n<h3><em>Esp\u00edritu<\/em><\/h3>\n<p>Esta sencilla palabra, <em>esp\u00edritu, <\/em>permit\u00eda que el Se\u00f1or Vicente alcanzara sin trabajo y designara sin equ\u00edvoco realidades impal\u00adpables y huidizas. A estas invisibles fugitivas hac\u00edalas \u00e9l jugar en la luz, y nadie pod\u00eda ya olvidarlas. El esp\u00edritu, para \u00e9l y para sus oyentes, es unas veces el esp\u00edritu de Dios que sopla donde quiere, como creador o como destructor. El <em>esp\u00edritu, <\/em>cuando es el del Hijo de Dios, es la caridad perfecta, una esencial actitud de adoraci\u00f3n, un anonadamiento de amor misericordioso. El <em>esp\u00edritu <\/em>de la misi\u00f3n es a la vez un esfuerzo y un ideal que evoca y presentiza la divina misi\u00f3n de Jes\u00fas. Merced a \u00e9l recoge y depura el buen misionero sus intenciones, se explica a s\u00ed mismo, halla de nuevo su alma, capta y utiliza sus energ\u00edas sobrenaturalizadas. El <em>esp\u00edritu <\/em>del mundo es una realidad oscura y letal como una infernal oleada. En su torbellino amalgama \u00e9sta el orgullo que infat\u00faa, la sensua\u00adlidad que embrutece, la curiosidad, esa peste que diseca y calcina como un fuego en circulaci\u00f3n por las venas. Pero si se quiere com\u00adprender a los transalpinos, hay que tener en cuenta la inclinaci\u00f3n de su alma, el sesgo de su esp\u00edritu: \u00abel esp\u00edritu italiano teme la fatiga\u00bb. \u00bfNo hay que hablar de <em>esp\u00edritu <\/em>para designar la actitud y comportamientos que se imponen para con los d\u00edscolos, los en\u00adfadosos, los amargados, los inquietos? Estos esp\u00edritus requieren un esp\u00edritu de dulzura. Finalmente, para no extra\u00f1arse de las alteraciones humanas, de los s\u00fabitos nerviosismos, hay que re\u00adcordar, ya lo creo, que la buena de la naturaleza oculta <em>esp\u00edritus, <\/em>animales. Estos la acucian y bregan solapadamente. Est\u00e1 visto, el Se\u00f1or Vicente no sent\u00eda embarazo ante el movimiento de cosas esquivas, ante lo invisible e inmaterial, ante la espiritualidad.<\/p>\n<h3><em>Un alma secreta<\/em><\/h3>\n<p>Aparte la cuesti\u00f3n de palabras y preferencias, hay que reco\u00adnocerlo abiertamente: el Se\u00f1or Vicente carece de benevolencia cuando le interrogamos acerca de su \u00abesp\u00edritu\u00bb. Tal vez pudor instintivo. Humildad y sentido del rid\u00edculo sin duda alguna. Creer\u00edamos, no obstante, que se hubiera definido de grado en dos palabras, que hubiera trazado su curva interior y nos hubiera entregado su esp\u00edritu, la quintaesencia de su ense\u00f1anza. Cuantos se han propuesto alcanzar el pliegue secreto de este alma, sufrie\u00adron pronto por su audacia, al medir la escabrosa vanidad de su empresa. Sin duda flotan como oropeles sobre esta gran existen\u00adcia las im\u00e1genes tradicionales. Pero \u00bfc\u00f3mo apresar aqu\u00e9lla o, m\u00e1s modestamente, describirla y explicarla? No se deja desgarrar este fil\u00e1ntropo por los incisivos del m\u00e9todo cient\u00edfico de Taine. <em>Raza, ambiente, momento <\/em>son causas generadoras que no nos informan m\u00e1s que sobre la complejidad de su situaci\u00f3n hist\u00f3rica. El alma escapa a las disecciones. Estamos seguros de que no est\u00e1 del todo en esa biograf\u00eda cuidada que nos cuenta minuciosamente la crea\u00adci\u00f3n de unas obras magn\u00edficas y el dolor de una energ\u00eda encade\u00adnada, sujeta a las humildes tareas cotidianas. No est\u00e1 del todo en una experiencia guerrera, en la que la gracia hace frente y humilla a la naturaleza, deseosa de responder a las exigencias de un Dios siempre insatisfecho. No se ausenta por cierto el esp\u00edritu de la doctrina religiosa presentada. Pero \u00bfno es rid\u00edculo y arbitrario reducir este esp\u00edritu a las dimensiones de una ense\u00f1anza parcial y fragmentaria? No ignoramos que el Se\u00f1or Vicente se neg\u00f3 a poner punto final y dar a las prensas m\u00e1s que un \u00fanico librito: las Reglas de la Misi\u00f3n. Al fijar \u2014\u00bfy en virtud de qu\u00e9 decreto ?\u2014 el esp\u00edritu ora en la vida, ora en la experiencia, ora en la doctrina, se cede a la tentaci\u00f3n de separar para mejor entender, a la ilusi\u00f3n de inmovilizar para observar. Tan s\u00f3lo a muertos conserva la embalsamaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><em>Allende las acciones<\/em><\/h3>\n<p>Los lamentables resultados de esas torpes incisiones no son sino demasiado visibles. Reducida a las acciones, la existencia de Vicente se adelgaza hasta el espesor de un fresco. El recuento hist\u00f3rico de sus obras se torna nomenclatura o estad\u00edstica. Se puede intentar reavivar la historia ilustr\u00e1ndola. Con demasiada frecuencia, esas im\u00e1genes y esos recortes, prestados por nuestro universo mec\u00e1nico y pintoresco, tienen la apariencia de cromos abigarrados o de infantiles pantomimas.<\/p>\n<h3><em>Allende la psicolog\u00eda<\/em><\/h3>\n<p>El estudio del caso psicol\u00f3gico del Se\u00f1or Vicente seduce a los aficionados a las almas. La dotaci\u00f3n del mozo gasc\u00f3n que con\u00adcluye su carrera en la gris compa\u00f1\u00eda de los santos caritativos es una metamorfosis original e imprevista. Compensa la atenci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 gozo romper la estatua para hallar al hombre! \u00a1Qu\u00e9 contento tan malicioso hacer saltar en trizas este santo de vidriera que ador\u00admec\u00eda la oraci\u00f3n burguesa! L\u00e1stima, sin embargo, que olviden estos trazos psicol\u00f3gicos la humilde tierra que se removi\u00f3. Los acontecimientos pueden ser evangelio y profec\u00eda. Traspasan las existencias o las protegen con agraciamiento. Y luego \u00bfqui\u00e9n dir\u00e1 la ayuda que allega una doctrina que esclarece los sinuosos rumbos de la gracia?<\/p>\n<h3><em>Allende la doctrina<\/em><\/h3>\n<p>La sorpresa y el chasco de los te\u00f3logos, al analizar la doc\u00adtrina del Se\u00f1or Vicente no fueron menos dolorosos. Fue en rea\u00adlidad preciso echar cuentas. Poseemos tan s\u00f3lo un d\u00e9cimo de la ense\u00f1anza vicenciana, y esa ense\u00f1anza fue siempre ocasional. Las exposiciones objetivas no son m\u00e1s que res\u00famenes para la alocu\u00adci\u00f3n y reflejan el pensamiento de un autor que, sin burlarse de la teolog\u00eda, confesaba a cada instante su ignorancia y su rusticidad. El an\u00e1lisis espectral de esas palabras extinguidas no permit\u00eda siquiera sospechar el magnetismo oratorio del Padre Vicente. El examen fue breve: el candidato Vicente sab\u00eda la lecci\u00f3n: no hab\u00eda originalidad alguna.<\/p>\n<p>El descalabro que el Se\u00f1or Vicente inflige a unas disciplinas tan diversas como apresuradas puede desconcertar a los esp\u00edritus simplificadores o primarios. Es tan f\u00e1cil encapsular a un hombre en una definici\u00f3n, encuadrar su existencia en el tiempo, rotular su ficha psicol\u00f3gica y sus notas caracteriol\u00f3gicas, que nos deja algo decepcionados. Los muertos se prestan de ordinario con bastante complacencia a las manipulaciones y a las disecciones. Pero \u00bfno es porque no se puede imaginar al Se\u00f1or Vicente, en\u00adcontrarle, amarle igual que a un viviente, por lo que se resiste \u00e9l a la autopsia cient\u00edfica o piadosa? Serenamente y para nuestro mayor bien, nos invita a que nos acerquemos con m\u00e1s respeto y atenci\u00f3n. Oblig\u00e1ndonos a dejarle toda su existencia, toda su in\u00adtensidad, toda su luz, es ya su esp\u00edritu lo que nos descubre. Pone discretamente en evidencia la tentaci\u00f3n a reducir<\/p>\n<ul>\n<li>una existencia a un esquema material;<\/li>\n<li>una psicolog\u00eda a un equilibrio de tendencias;<\/li>\n<li>una doctrina a un envasado de definiciones y principios.<\/li>\n<\/ul>\n<p>El esp\u00edritu de un viviente est\u00e1 all\u00ed donde uno se topa, en s\u00ednte\u00adsis, con una existencia, con un alma orientada, con una doctrina coherente. Lo que hallamos al t\u00e9rmino de este esfuerzo de reagru\u00adpaci\u00f3n es, m\u00e1s que un retrato, un dinamismo y un concepto, es una mirada, una fuente, un manantial de vida.<\/p>\n<h2>I. La espiritualidad de una historia<\/h2>\n<p>En el a\u00f1o del tricentenario, los exploradores \u2014\u00bfse les puede calificar de otro modo?\u2014 que probaron a aderezar la nomencla\u00adtura y a describir las obras vicencianas, han ido prudentemente reduciendo, en el decurso de su trabajo, el campo de sus pros\u00adpecciones. \u00bfNo ser\u00eda mejor iluminar debidamente un distrito o un cant\u00f3n de este vasto reino? Los fogonazos hist\u00f3ricos, por otro lado, contentaron f\u00e1cilmente la curiosidad que suscitaba este personaje familiar, que volv\u00eda bruscamente al primer plano de la actualidad. No faltaron los calificativos generales, para llenar los vac\u00edos dejados en las perspectivas.<\/p>\n<h3><em>Or\u00edgenes<\/em><\/h3>\n<p>Fue indefectiblemente el prestigioso aspecto de esta existencia lo que retuvo <em>la <\/em>atenci\u00f3n. Surge y alza el vuelo en las llanas are\u00adnas de las Landas. Tras quince a\u00f1os de inmovilidad y de proyec\u00adtos, un joven Depaul, nacido en 1581, gira durante trece a\u00f1os en busca de un honroso retiro. Los lugares donde se detiene le pro\u00adporcionan s\u00f3lo una pausa y un trampol\u00edn para lanzarse de nuevo. El infortunio le impide instalarse y la suerte parece llamarle siem\u00adpre a otra parte. Se le ve de ese modo en Tolosa, en Roma, en Burdeos, en Marsella, en las costas del Mediterr\u00e1neo berberisco y hechicero. Helo ah\u00ed de nuevo en Aigues-Mortes, en Avi\u00f1\u00f3n, en Roma. Este caballero gasc\u00f3n quema sus relevos, sue\u00f1a perdida\u00admente con un horizonte de dicha que se retira ante su avance. En septiembre de 1608 penetra en Par\u00eds por la puerta de Italia. Este \u00abbazar de maravillas\u00bb le retiene. La providencia le ha preparado discretamente educadores y maestros. El Padre de B\u00e9rulle se in\u00adteresa por \u00e9l. La Se\u00f1ora de Gondi se revela como admiradora suya y asimismo su bienhechora comprensiva. Andr\u00e9 Duval, doctor de la Sorbona y real preceptor, estima al joven Vicente y, lo que es m\u00e1s, le sostiene. Durante varios a\u00f1os \u2014entre 1624 y 1628\u2014 Jean Du Vergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, tendr\u00e1 sus fondos en com\u00fan con el Se\u00f1or Vicente. Apoyos pre\u00adciosos permiten que su carrera se defina ejerci\u00e9ndose. Abrese para \u00e9l una era de confianza en el a\u00f1o 1618. Halla a Monse\u00f1or Francisco de Sales y \u00e9ste no dudar\u00e1 en confiarle, en 1622, no sola\u00admente la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds, sino tambi\u00e9n el alma vibrante y dolorida de la Madre Chantal.<\/p>\n<h3><em>Extensi\u00f3n de la actividad<\/em><\/h3>\n<p>Debe decirse que, para estas fechas, el campo de acci\u00f3n del Se\u00f1or Vicente es ya considerable. Su ministerio, casi inexistente durante doce a\u00f1os (1600-1612), ha ido enriqueci\u00e9ndose con diez a\u00f1os de experiencias diversas y muy fruct\u00edferas:<\/p>\n<ul>\n<li>En 1612 hab\u00eda desempe\u00f1ado funciones de curato en la peque\u00f1a parroquia de Clichy-la-Garenne.<\/li>\n<li>En septiembre de 1613 hab\u00eda aceptado una preceptor\u00eda en casa de los Gondi, oficio ejercido ya por \u00e9l en Dax y en Buzet.<\/li>\n<li>Ha inaugurado, en 1617, una larga carrera de misionero parroquial.<\/li>\n<li>En 1618, tras haber despertado la so\u00f1olienta parroquia de Ch\u00e1tillon-les-Dombes, ha vuelto a Par\u00eds y ha querido atender a los forzados.<\/li>\n<li>Desde 1619 quedar\u00e1 promovido a Capell\u00e1n General de las Galeras.<\/li>\n<li>As\u00ed tambi\u00e9n cuando, en 1625, despu\u00e9s de completada la obra de las misiones mediante la fundaci\u00f3n de las Caridades, se ponga, con algo de vacilaci\u00f3n, a la cabeza de un pu\u00f1ado de mi\u00adsioneros. La Se\u00f1ora de Gondi podr\u00e1 confiar en su experiencia y en su notable ingeniosidad.<\/li>\n<li>El a\u00f1o 1628 se\u00f1ala un cambio de sentido en su existencia y una nueva orientaci\u00f3n de sus obras. De com\u00fan acuerdo con el obispo de Beauvais, Monse\u00f1or Pottier, comienza la obra de los ordenandos.<\/li>\n<li>Sabemos que en 1630 tiene ya la confianza del Cardenal de la Rochefoucauld, quien no duda en confiarle el caso, algo espinoso, de los Iluminados de Picard\u00eda.<\/li>\n<li>En 1632 entra en San L\u00e1zaro y transforma este antiguo priorato en una encrucijada de la caridad.<\/li>\n<li>El a\u00f1o siguiente \u20141633\u2014 est\u00e1 doblemente se\u00f1alado por la organizaci\u00f3n de las Conferencias de los Martes, que a\u00fanan a los sacerdotes en el ministerio, y por la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, que gobernar\u00e1 Luisa de Marillac en nombre del Se\u00f1or Vicente. Luisa de Marillac, viuda de An\u00adtonio Legras, era aquella mujeruca enfermiza y ansiosa de la que el Se\u00f1or Vicente se hab\u00eda ocupado en 1625. Cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde hab\u00eda podido enviarla como inspectora de las Caridades del Beauvaisado, de Campa\u00f1a y de la Isla de Francia.<\/li>\n<li>En 1635 crea Vicente un centro misionero en Toul. Conoce de este modo la oleada de miserias que cunde por Lorena. Asi\u00admismo, despu\u00e9s de enviar diez misioneros con las tropas durante la invasi\u00f3n de Corbie (1636), organiza el socorro de Lorena (1639). El a\u00f1o precedente (1638) no hab\u00eda dudado en ocuparse de los ni\u00f1os abandonados.<\/li>\n<li>Pasan dos a\u00f1os, estamos en 1641, y he aqu\u00ed que la Misi\u00f3n abre un seminario en Par\u00eds. Se emplazan organizaciones misio\u00adneras y sacerdotales en Italia. Cuando muere Luis xm, Vicente ocupa un lugar en el Consejo de Conciencia y ampl\u00eda a\u00fan el sec\u00adtor de sus actividades. Los misioneros salen rumbo a T\u00fanez, Argel, las H\u00e9bridas, Madagascar, Polonia. En todos estos sitios, Vicente est\u00e1 presente para sufrir con los que sufren, para iluminar, reconfortar, revelar la inefable bondad de Dios. Sue\u00f1a con las misiones de China, pero esta preocupaci\u00f3n no le impide proseguir la evangelizaci\u00f3n de los pobres, emprender la obra tan delicada de la reforma de las \u00f3rdenes religiosas y la renovaci\u00f3n del epis\u00adcopado. Honrando a la providencia divina, que no deja morir a mi microbio, el Se\u00f1or Vicente vela al mismo tiempo por los refugiados, las v\u00edctimas de la guerra: Campa\u00f1a, Picard\u00eda, la Isla de Francia le miran como a su salvador.<\/li>\n<li>En 1655, este viejo campesino, de carne ajada por la fatiga, tira de s\u00ed mismo como una cabalgadura hostigada. Se acusa de pereza y sin embargo, para todos sus contempor\u00e1neos, honra soberanamente la omnipresencia divina, llevando sin cesar su esfuerzo, su consejo a todos los puntos neur\u00e1lgicos de la Reforma Cat\u00f3lica. Sin proclamarlo, cambia la faz de la Iglesia. En la luz espiritual en que \u00e9l evoluciona, aparece bien pronto, como inesperad\u00e1 encarnaci\u00f3n, la providencia divina. En la madrugada del 27 de septiembre de 1660 dice adi\u00f3s a la humanidad. Se desva\u00adnece para inscribirse con mayor discreci\u00f3n como vig\u00eda a la cabe\u00adcera del sufrimiento. All\u00ed es donde los amigos del hombre y los hijos de Dios le han hallado siempre.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Desde ese lugar, donde se recoge en laborioso descanso, es posible medir la extensi\u00f3n y duraci\u00f3n de su esfuerzo y asimismo la energ\u00eda casi sobrehumana que despleg\u00f3. He ah\u00ed el primer rasgo, la primera se\u00f1al de su esp\u00edritu. En todo es el Se\u00f1or Vicente \u2014exis\u00adtencia, resorte psicol\u00f3gico, afirmaci\u00f3n doctrinal, organizaci\u00f3n de la acci\u00f3n\u2014 una excepcional potencia vital que se manifiesta. Se\u00adrenamente, la gracia le secunda para que lleve a cabo con fuerza, y a la vez con toda suavidad, las haza\u00f1as de Dios.<\/p>\n<h2>II. La experiencia religiosa<\/h2>\n<h3><em>Se\u00f1ales de gracia<\/em><\/h3>\n<p>Al enumerar las actividades, el historiador establece la topo\u00adgraf\u00eda de las instituciones, sit\u00faa holgadamente los cambios de sentido y las etapas de la trayectoria visible. De todos modos, el car\u00e1cter inesperado de ciertas emergencias, la maestr\u00eda con la que se organizan y difunden algunas obras, cuales son las Cari\u00addades, delatan transformaciones interiores que la cronolog\u00eda no llega a circunscribir; las articulaciones y mecanismos de la natu\u00adraleza bajo el influjo de la gracia, el consentimiento o repulsa para con las mociones divinas, escapan a las mediciones exte\u00adriores, pues son de la calidad y orden de la caridad. Las captare\u00admos tan s\u00f3lo en relaci\u00f3n con fen\u00f3menos de opacidad y trans\u00adparencia.<\/p>\n<p>En el caso del Se\u00f1or Vicente, el acontecimiento interior de una nueva gracia se traduce exteriormente de manera doble. Su visi\u00f3n de las cosas y de las personas se transforma: ve m\u00e1s profunda\u00admente y m\u00e1s r\u00e1pidamente allende las apariencias sensibles; se ensancha, adem\u00e1s el campo de su conciencia, la acogida de lo que le resulta extra\u00f1o se torna m\u00e1s frecuente y m\u00e1s profunda.<\/p>\n<h3><em>Un estilo<\/em><\/h3>\n<p>Hay, sin duda, en la vida del Se\u00f1or Vicente una irrupci\u00f3n particularmente decisiva de la gracia. Se duda, sin embargo, en<\/p>\n<p>hablar de conversi\u00f3n. Ese t\u00e9rmino designa habitualmente un mo\u00advimiento brusco, y definitivo por sus intenciones. El alma parece cambiar de ruta. Renuncia a ciertos valores, retrocede, se dir\u00eda. Quema lo que hab\u00eda adorado y adora lo que hab\u00eda querido que\u00admar. Muchos indicios nos invitan a situar en los a\u00f1os 1613-1616 una recreaci\u00f3n interior del Se\u00f1or Depaul. Esa no se efectu\u00f3 en el decurso de una noche de tormenta, o en medio de una visi\u00f3n fulgurante. En el Se\u00f1or Vicente, la gracia va habitualmente al paso de la naturaleza. Remeda su estilo y utiliza sus procedi\u00admientos de avance. Sabemos que se ilumin\u00f3 su noche interior, que experiment\u00f3 una paz profunda desde el momento en que se resolvi\u00f3 definitivamente a consagrar toda su vida al servicio de los pobres. Este acto supremo no fue ni imprevisto ni improvisa\u00addo. Vicente se hab\u00eda alzado hasta esta cima mediante actos, visi\u00adtas a los pobres, peque\u00f1as donaciones de su tiempo, de sus cui\u00addados, de s\u00ed mismo. Su alma hab\u00eda quedado imantada por la gra\u00adcia. Discretamente, Dios le tocaba el coraz\u00f3n. Le entrenaba en un noviciado por el que le impulsaba a tomar sobre s\u00ed alguna cosa, y especialmente la pena, la humillaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<h3><em>El ejercicio de la humildad<\/em><\/h3>\n<p>Sufre primero durante seis meses una prueba depuradora, sobrellevando valerosamente una calumnia. El juez de Sore, quien hab\u00eda acogido a Vicente, reci\u00e9n llegado \u00e9ste a Par\u00eds, acusole de haberle robado los escudos&#8230; y le trat\u00f3 naturalmente como a ladr\u00f3n al que se expulsa y persigue por doquier. Esta humilla\u00adci\u00f3n p\u00fablica, a\u00f1adida a las llagas pecuniarias que ro\u00edan la existen\u00adcia del jovencito gasc\u00f3n, curti\u00f3 al novicio en el sufrimiento y padecimiento. Le descubri\u00f3 con dolor lo que separa la apariencia de la realidad. H\u00edzole discretamente entrar en la comunidad de los pobres, que saben apelar por encima de todas las sentencias y estimaciones de los hombres.<\/p>\n<h3><em>La compasi\u00f3n depuradora<\/em><\/h3>\n<p>Apenas acabado este ejercicio o prueba \u2014el desenga\u00f1ado juez hab\u00eda presentado excusas y pedido perd\u00f3n\u2014 cuando ya Dios preparaba al Se\u00f1or Vicente una <em>demostraci\u00f3n <\/em>m\u00e1s delicada e interior. Empuj\u00f3 hacia el Se\u00f1or Depaul, convertido en capell\u00e1n de la reina Margarita de Valois, a un controversista tentado con\u00adtra la fe y minado hasta la desesperaci\u00f3n. Vicente intenta aliviar este sufrimiento ambulante. Se esfuerza por compadecer, por compartir algo su pena. Agotadas las palabras y los consejos, se ofrece a Dios para tomar sobre s\u00ed todas las tentaciones del des\u00addichado. \u00bfHa sobreestimado sus fuerzas ? \u00bfSab\u00eda en qu\u00e9 desierto iba a entrar? \u00a1Qu\u00e9 importa! \u00a1Basta a cada d\u00eda su labor! Para todo acto, y especialmente para toda caridad, Dios da tambi\u00e9n su gra\u00adcia. Vicente, postrado, se arrastra ante Dios, quien parece rehuirle. Su \u00fanico consuelo es ver y saber que su ofrecimiento ha liberado a un alma: su cliente comenzaba de nuevo a vivir. Una convicci\u00f3n se instala en el alma de Vicente y, dolorosamente, la modela. La bondad no es una efusi\u00f3n de palabras. M\u00e1s que un acto transito\u00adrio, es una manera de ser. S\u00f3lo ella calma, consuela y fortalece, pues es transfusi\u00f3n de vida. Cuando uno se da a los dem\u00e1s, uno atrae la vida y el amor de Cristo y los imprime en las profundidades de su ser.<\/p>\n<p>Estas convicciones, adquiridas y comprobadas merced a la profesi\u00f3n del servicio de Dios en los pobres, permitir\u00e1n al Se\u00f1or Vicente captar las invitaciones que Dios le transmite a trav\u00e9s de dos acontecimientos que pudieron pasar roz\u00e1ndole sin enri\u00adquecerle.<\/p>\n<h3><em>La revelaci\u00f3n de Gannes<\/em><\/h3>\n<p>El primero es la asistencia a un moribundo en Gannes, cerca de Folleville, en Picard\u00eda. Desde la cima de este desdichado ve Vicente que las almas se pierden por no hacer buenas confesiones y asimismo por no poderse apoyar en las verdades elementales de la fe. El segundo es la asistencia a los pobres enfermos. En este mismo a\u00f1o de 1617 comprende, no que existen pobres \u2014hab\u00edalos visto por millares\u2014, sino que \u00e9l, Vicente y toda la parroquia, cuyo curato ejerce, son responsables de ellos ante Dios. No sola\u00admente hay que socorrerles, sino organizar toda la parroquia para la caridad y de ese modo hacer que la caridad viva. No se posee sino lo que se da, no se adquiere sino lo que se quiere dar. Estas dos revelaciones del a\u00f1o 1617 servir\u00e1n de eje a todas las grandes obras y de cebo a todas las creaciones.<\/p>\n<p>Es apoy\u00e1ndose en la experiencia de Gannes como se organi\u00adzar\u00e1n las misiones, la obra de los ordenandos, la triple reforma del clero, de los religiosos y religiosas, del episcopado. El hori\u00adzonte interior de Vicente se desplegar\u00e1 progresivamente. La in\u00adteracci\u00f3n de todos los miembros y de todas las funciones del cuerpo m\u00edstico se tornar\u00e1 para \u00e9l en evidencia. Al limitado horizonte del \u00abhonroso retiro\u00bb de aquellos primeros d\u00edas ha sucedido la visi\u00f3n de una realidad viva: la Iglesia.<\/p>\n<h3><em>La experiencia de Ch\u00e1tillon<\/em><\/h3>\n<p>Dir\u00edase que es el cuerpo mismo de la caridad de la Iglesia lo que Vicente descubre a partir de la experiencia de Ch\u00e1tillon. Muy pronto, las Caridades, las Damas, las Hijas de la Caridad, el socorro a los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, a los refugiados, a los siniestrados manifestar\u00e1n al exterior los progresos y expansi\u00f3n de este aper\u00adcibimiento. Queda todav\u00eda hoy para nuestro mundo occidental como acuciante y acusador. \u00bfQu\u00e9 es lo que repite? Nadie puede desentenderse de la miseria. Quien no siente en s\u00ed la Haga causada por la desolaci\u00f3n de un miembro doliente de Cristo es el m\u00e1s miserable. En la Humanidad y en la Iglesia, todo ser vive de los dem\u00e1s y en los dem\u00e1s. Ning\u00fan acto es solitario, ning\u00fan camino es individual. Este alma de su alma traspasar\u00e1 el ser de Vicente y hablar\u00e1 en su vida m\u00e1s que sus palabras y sus actos.<\/p>\n<p>A medida que vaya caminando, im\u00e1genes, aplicaciones y pro\u00adyecciones ir\u00e1n engrosando la convicci\u00f3n primordial; los temas parecer\u00e1n entonces revolucionarios&#8230; como el Evangelio. Lo que separa a las almas, separa de Dios. La detracci\u00f3n hiere el coraz\u00f3n de Dios antes de rozar el del pr\u00f3jimo. Dios no sufre que se le una quien tolera la desuni\u00f3n de sus miembros. Quien se une al pr\u00f3\u00adjimo se une a Dios. No basta que yo ame a Dios&#8230;, si mi pr\u00f3jimo no le ama.<\/p>\n<p>Seg\u00fan otra dimensi\u00f3n, la convicci\u00f3n progresa y se comprueba por la experiencia. Hay que juntar el cuerpo al alma. Hay que cuidar el cuerpo para llegar al alma. Nadie puede contentarse con ser bueno, caritativo, mortificado, humilde de esp\u00edritu: se atiborrar\u00eda de palabras e imaginaciones. El amor afectivo no es solamente est\u00e9ril, es culpable si reh\u00fasa madurar en actos. Extre\u00admando incluso las consecuencias de sus principios, Vicente de Pa\u00fal presenta la humildad, la mortificaci\u00f3n, como dos exigencias de la vida comunitaria.<\/p>\n<h2>III. La doctrina espiritual del Se\u00f1or Vicente<\/h2>\n<p>No expon\u00eda sino cosas comunes, se nos dice, pero realz\u00e1ndo\u00adlas tanto en la pr\u00e1ctica cuanto en la expresi\u00f3n (Testimonio del Hermano Bertrand Ducournau, secretario suyo). De no verse muy forzado a ello, nadie creer\u00eda que \u00fanicamente el tono y la acci\u00f3n oratoria imprimieran un cu\u00f1o original a la ense\u00f1anza del Se\u00f1or Vicente. \u00abLo que la realzaba\u00bb, distingu\u00eda tambi\u00e9n su pala\u00adbra de la de cualquier otro predicador, y consist\u00eda en una expe\u00adriencia interior. Esta discreta llamada a la gram\u00e1tica, y en parti\u00adcular a la sintaxis de las concordancias profundas, no es tan in\u00adoportuna. El alma vibra en la palabra. D\u00factil y fluido, brega el esp\u00edritu todo el ser. Obra sin que el cuerpo entre en acci\u00f3n. \u00abNo dir\u00edais una palabra, si estuvierais bien pose\u00eddos de Dios, y toca\u00adr\u00edais los corazones con vuestra sola presencia\u00bb (Abelly, <em>La vie du v\u00e9n\u00e9rable serviteur de Dieu Vincent de Paul, <\/em>II, 231).<\/p>\n<h3><em>Itinerario<\/em><\/h3>\n<p>Parejas afirmaciones, y muchas otras que halagan extra\u00f1a\u00admente nuestra pasividad, moderan con discreci\u00f3n nuestros pe\u00adsares. Muchos curiosos han merodeado, sin osar tocarlo, en torno al bloque petrificado de los trece vol\u00famenes de cartas, con\u00adferencias, documentos. \u00a1Providencial resguardo, tal vez! \u00a1Hu\u00adbiera sido tan f\u00e1cil disponer la ense\u00f1anza de Vicente de Pa\u00fal sobre tres o cuatro esquemas escolares! Densidad, matices, sen\u00adtido de unos extremos que se tocan, en suma, toda la originalidad de este alma profunda se hubiera expurgado elegantemente.<\/p>\n<p>A decir verdad, estas palabras y estos escritos no se dejan despachar f\u00e1cilmente en proposiciones simples y sim\u00e9tricas. De\u00admasiado cercanas a su esp\u00edritu, soldadas a las circunstancias que reflejan, disuaden del esfuerzo de cortarlas a escuadra, el cual aparece de inmediato como primario y muy mal\u00e9fico. Para des\u00adcifrar, para o\u00edr la voz es preciso estar dentro. La llave de esta ciudad inexpugnable existe, est\u00e1 incluso puesta en la cerradura. Basta volverla y abrir por dentro.<\/p>\n<p>Esta precauci\u00f3n y este itinerario de abordaje se inscribe a la inversa del encaminamiento habitual del lector. Va \u00e9ste por cos\u00adtumbre a la obra del hombre, al cual se esfuerza por resucitar. Pareja empresa multiplica los errores y sintetiza los contrasen\u00adtidos. Todos cuantos escritos poseemos son ocasionales: aislan un fragmento del pensamiento de Vicente. Por clara que sea una carta, por comprensible que nos parezca una conferencia, no per\u00adcibimos m\u00e1s que una se\u00f1al, un esbozo, un rasgo y un aspecto del esp\u00edritu. El desorden que cataliza el pensamiento del autor, confunde al lector. Evoca, como todas las se\u00f1ales, sin descubrir. Sugiere y recuerda. \u00a1Humilde, paciente serenidad! Saint-Beuve ped\u00eda vivir con un autor para tener uno tiempo de grab\u00e1rselo. No se nos podr\u00eda dar un consejo mejor.<\/p>\n<h3><em>Registros de expresi\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Una primera familiarizaci\u00f3n con la obra del Se\u00f1or Vicente hace r\u00e1pidamente que comprobemos una gran variedad expre\u00adsiva. M\u00e1s que al g\u00e9nero literario \u2014carta o conferencia\u2014 \u00e9sa se atiene a los destinatarios y a los oyentes. Siempre directo y vivo, el Se\u00f1or Depaul se expresa, dir\u00edase, con registros y juegos dife\u00adrentes. Seg\u00fan que hable a los misioneros, a las Hijas de la Caridad, escriba a la Madre de la Trinidad o a santa Juana de Chantal, son los oyentes y los corresponsales quienes le prestan la manera de hablar. Estos son responsables, no solamente del tono, sino muy precisamente, dir\u00edase, de la particular expresi\u00f3n del pensa\u00admiento y del revestimiento de la doctrina. El cotejo de los temas espirituales que son comunes a los misioneros y a las Hijas de la Caridad descubren este singular poder de adaptaci\u00f3n. Prudente, modesta, siempre sincera, esta conversi\u00f3n al pr\u00f3jimo se torna remedo. En la expresi\u00f3n oral, no duda en recurrir al gesto.<\/p>\n<p>La obra que poseemos nos invita a distinguir tres registros de expresi\u00f3n. Representan tres niveles del pensamiento:<\/p>\n<ul>\n<li>la direcci\u00f3n de los misioneros;<\/li>\n<li>la catequizaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad;<\/li>\n<li>las respuestas escritas a consultores de diversas categor\u00edas.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Podemos considerar la doctrina impartida a los misioneros como el pensamiento fundamental del Se\u00f1or Vicente. Las otras dos categor\u00edas de escritos calcan, reflejan, prolongan y matizan lo que de manera m\u00e1s sobria se daba a los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los primeros esfuerzos por caracterizar el esp\u00edtitu del Se\u00f1or Vicente consiguen precisar ya en 1664 \u2014cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte\u2014 que se aten\u00eda especialmente a la imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or y luego a la conformidad de su voluntad con la de Dios. Indicaciones breves, pero preciosas. Una lectura, incluso superficial, de las grandes p\u00e1ginas del Se\u00f1or Vicente nos hace presentir, en efecto, dos preocupaciones fundamentales:<\/p>\n<ul>\n<li>vivir en Cristo, por \u00e9l, para propagarlo;<\/li>\n<li>organizar con la mayor seguridad posible la vida y la ac\u00adci\u00f3n sobrenaturales.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>a) <em>La vida en Cristo<\/em><\/h2>\n<h3><em>Visi\u00f3n de fe<\/em><\/h3>\n<p>Vicente no es especulativo, ni un intelectual que se mueve con garbo por el mundo de los conceptos. Sus exposiciones doc\u00adtrinales no son ni construcciones cuidadosamente equilibradas, ni s\u00edntesis racionales. Sin despreciar la raz\u00f3n, este <em>buen Padre <\/em>desconf\u00eda de las trampas de <em>la buena de la naturaleza. <\/em>Vana es la doctrina que no revierte en amor, dir\u00e1 algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde un buen disc\u00edpulo de Vicente, Jacques B\u00e9nigne Bossuet, obispo de Meaux. Vigila tambi\u00e9n Vicente la curiosidad, esa \u00abpeste de la vida espiritual\u00bb. In\u00fatil extenuarse en razonamientos: hay que amar, y sobre todo obrar, entregarse a Dios para darse a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Impulsa sus palabras un movimiento. El resorte de esa vita\u00adlidad, not\u00e9moslo, no est\u00e1 ni en su temperamento, que pudo ha\u00adberse probado en chanzas, ni en la voluntad de vivir y desple\u00adgarse. El polo que atrae y orienta es invisible y magn\u00e9tico. De \u00e9l es de donde hay que partir para topar con un Se\u00f1or Vicente que indaga, cuida, busca el reino de Dios. Algunos instantes de lec\u00adtura y de observaci\u00f3n pueden, de otro lado, bastar para descu\u00adbrir las fuentes en que bebe. \u00a1Escuch\u00e9mosle! \u00abHay que comen\u00adzar por la fe\u00bb. \u00abNada hay capaz de llenarnos el coraz\u00f3n y guiar\u00adnos con seguridad fuera de las verdades eternas. Las luces de la fe van siempre acompa\u00f1adas de una cierta unci\u00f3n del todo ce\u00adlestial que se extiende secretamente en los corazones de los oyen\u00adtes\u00bb. \u00abRuego a Nuestro Se\u00f1or os d\u00e9 la gracia de considerar esas cosas como est\u00e1n en Dios, y no como aparecen fuera de \u00e9l. Pues de otra suerte podr\u00edamos equivocarnos y obrar de manera dis\u00adtinta a como \u00e9l quiere\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras que Pascal declaraba: \u00ablas cosas visibles son ima\u00adgen de las invisibles\u00bb, Vicente se apoya en una realidad que es a la vez compleja, viva, personal: \u00abNuestro Se\u00f1or es la regla de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h3><em>Cristo Jes\u00fas<\/em><\/h3>\n<p>El misterio de Jes\u00fas, al que se acerca con humildad y que se muestra a los ojos de la fe, es una regla que modela y esclarece.<\/p>\n<p>El principio de la <em>imitaci\u00f3n <\/em>de Jes\u00fas se inscribe en el coraz\u00f3n mismo de la Encarnaci\u00f3n, en la carne de Jes\u00fas. \u00abS\u00ed, eterna Sa\u00adbidur\u00eda, vos quisisteis tomar sobre vuestra persona inocente to\u00addas nuestras privaciones. Sab\u00e9is que hizo eso para santificar todas las aflicciones a las que estamos sujetos y para ser el prototipo y original de todos los estados y condiciones humanas\u00bb. \u00abCuan\u00adtas acciones realiz\u00f3 eran otras tantas virtudes que conven\u00edan a un Dios que se hab\u00eda hecho hombre para servir de ejemplo a los dem\u00e1s&#8230; No solamente es <em>Deus virtutum, <\/em>sino que vino a prac\u00adticar todas las virtudes\u00bb.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de lo invisible interpreta lo visible, pero de una manera desconcertante. \u00abNo debo considerar a un pobre campesino o a una pobre mujer seg\u00fan su exterior, ni seg\u00fan lo que su esp\u00edritu aparenta alcanzar, tanto m\u00e1s, cuanto que, con mucha frecuencia, no tienen casi la figura ni el esp\u00edritu de personas ra\u00adzonables, tan rudos y terrestres son. Pero volved la medalla y ver\u00e9is a las primeras luces de la fe que el Hijo de Dios, el cual quiso ser pobre, se nos representa a trav\u00e9s de esos pobres&#8230; \u00a1Oh, Dios! El bien que a uno hace ver a los pobres, si los considera en Dios y seg\u00fan el aprecio que Jesucristo hizo de ellos\u00bb. Cristo es la clave, la clave luminosa y transformadora que permite ver y comprender de otro modo la realidad visible.<\/p>\n<p>La fisonom\u00eda de este Cristo revelador que se perfila progre\u00adsivamente y adquiere ante nosotros una consistencia y una den\u00adsidad inolvidables es la de un Cristo popular, dulce, sencillo, amable. La humildad es su primera y \u00faltima palabra, una humil\u00addad llena de ternura, que se entrega en el sufrimiento y en la muer\u00adte para mendigar los corazones de los pobres humanos, que ne\u00adciamente se zafan.<\/p>\n<p>En su m\u00e1s profunda vida interior, Cristo es religi\u00f3n y caridad. Vicente nos presenta una teolog\u00eda y una psicolog\u00eda del Verbo Encarnado descubiertas al leer a san Juan en compa\u00f1\u00eda del P. de B\u00e9rulle.<\/p>\n<p>Lo que caracteriza al Hijo de Dios, es la estima y el amor del Padre. Jes\u00fas ofrec\u00eda al Padre en homenaje cuanto hab\u00eda en su persona sagrada. Se lo atribu\u00eda todo. No quer\u00eda decir que fuese suya su doctrina. Reconoc\u00eda que el Padre era el \u00fanico autor y principio de todo el bien que hab\u00eda en \u00e9l. El amor del Hijo de Dios se manifiesta de dos maneras: a trav\u00e9s del anonadamiento de la Encarnaci\u00f3n y la muerte redentora, y a trav\u00e9s de todas las actividades de la vida terrestre: humillaciones, trabajos, sufri\u00admientos, oraciones, actos interiores y exteriores. De este amor procede la oposici\u00f3n al mundo, el desprecio de los bienes, de los placeres, de los honores. Hallamos aqu\u00ed el rastro de la influencia berullana, pero la doctrina del fundador del Oratorio se des\u00adarroll\u00f3 en otro clima espiritual.<\/p>\n<h3><em>Aspecto sacerdotal<\/em><\/h3>\n<p>Dirigi\u00e9ndose a los sacerdotes de la Misi\u00f3n, el Se\u00f1or Vicente les invita a contemplar la religi\u00f3n del <em>Verbo Encarnado, <\/em>\u00abel cual dirig\u00eda todos sus pensamientos a la salvaci\u00f3n de los hombres\u00bb (Abelly, III, 90). Cristo no est\u00e1 inactivo. Contin\u00faa ejerciendo su sacerdocio a trav\u00e9s de los sacerdotes. \u00abSe sirve de nosotros, si nos damos a \u00e9l\u00bb (XI, 74). \u00abA trav\u00e9s de nosotros prolonga desde lo alto del cielo lo que por s\u00ed mismo hizo durante su vida en la tierra\u00bb (XII, 80-85). El sacerdote es, pues, el instrumento del sa\u00adcerdocio eterno de Jes\u00fas; es el continuador de su misi\u00f3n mucho m\u00e1s que cada cristiano que se une a Cristo. Vicente de Pa\u00fal se apoya, para afirmarlo, en la participaci\u00f3n, en la vida de Cristo por el bautismo. \u00abVivimos en Jesucristo y debemos morir en Je\u00adsucristo, a trav\u00e9s de la vida de Jesucristo&#8230; Nuestra vida debe estar escondida en Jesucristo y llena de Jesucristo&#8230; Para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo\u00bb (I, 295).<\/p>\n<p>Pero las Hijas de la Caridad deben asimismo, de acuerdo con la condici\u00f3n y vocaci\u00f3n que les son propias, hacer lo que Nues\u00adtro Se\u00f1or hizo, proseguir su obra de amor (VII, 382; VIII, 162; IX, 14-15; 19-22; 61-63; 252; 583; X, 115; 122; 124; 126; 141, 222-223).<\/p>\n<h3><em>Cristo en todos<\/em><\/h3>\n<p>Prolongando, ampliando, por as\u00ed decirlo, su visi\u00f3n del Cristo m\u00edstico, el Se\u00f1or Vicente busca y reconoce a Jes\u00fas en todos los estados. \u00abLa segunda m\u00e1xima de este fiel servidor de Dios \u2014nos asegura Abelly\u2014 era que ve\u00eda siempre a Nuestro Se\u00f1or Jesu\u00adcristo en los dem\u00e1s, para excitar m\u00e1s eficazmente su coraz\u00f3n a prestarles todos los servicios de la caridad. Consideraba a este divino Salvador como pont\u00edfice y jefe de la Iglesia en nuestro Santo Padre el Papa, como obispo y pr\u00edncipe de los pastores en los obispos, doctor en los doctores, sacerdote en los sacerdotes, religioso en los religiosos, soberano y poderoso en los reyes, noble en los gentiles hombres, juez e instruid\u00edsimo pol\u00edtico en los magistrados, gobernadores y otros cargos\u00bb (I, 83). Hallamos la actitud y las disposiciones religiosas de Pascal: \u00abConsidero a Jesucristo en todas las personas y en nosotros mismos; a Jesucristo como padre en su Padre, a Jesucristo como hermano en sus her\u00admanos, a Jesucristo como pobre en los pobres, a Jesucristo como rico en los ricos, a Jesucristo como maestro y sacerdote en los sacerdotes, a Jesucristo como soberano en los pr\u00edncipes, etc&#8230; Pues es para gloria suya cuanto de grande, siendo Dios, y por su vida mortal asume cuanto hay de abyecto y adverso. Para eso tom\u00f3 esta desdichada condici\u00f3n, para poder estar en cada uno y ser modelo de todas las condiciones\u00bb <em>(Pens\u00e9es, <\/em>785, Brunsch\u00advicg).<\/p>\n<h3><em>Principio de la acci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Esta visi\u00f3n de Cristo y de su obra proclama al mismo tiempo un principio que rige toda la actividad moral, las actuaciones y los quehaceres, la pol\u00edtica y la m\u00edstica. La misi\u00f3n de Jes\u00fas no se logra m\u00e1s que con los medios que Cristo mismo emple\u00f3. La na\u00adturaleza de la empresa pide las mismas manos, el mismo cora\u00adz\u00f3n. Hay que imitar, pues, a Cristo en virtud del principio de aso\u00adciaci\u00f3n, revestirse de su esp\u00edritu. Aunque en muchos pasajes de sus obras alude Vicente a la causalidad f\u00edsica de los <em>estados <\/em>del Hijo de Dios, no habla, sin embargo, habitualmente, sino de la simple imitaci\u00f3n de Jes\u00fas: Cristo es modelo de todas las virtudes y m\u00e1s especialmente de las virtudes misioneras.<\/p>\n<p>Todo el esfuerzo asc\u00e9tico gravita hacia esta fisonom\u00eda de Nues\u00adtro Se\u00f1or: \u00abnada me agrada, si no es en Jesucristo\u00bb, dec\u00eda. Para mejor imitar a Cristo, le copiaba, le remedaba, recog\u00eda las expre\u00adsiones mismas del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Las bases dogm\u00e1ticas de la espiritualidad de san Vicente de Pa\u00fal se nos presentan, pues, como netamente cristoc\u00e9ntricas. Un Cristo misionero, dulce y humilde polariza todas las verdades de la fe.<\/p>\n<h2>b) <em>Organizaci\u00f3n de la vida interior<\/em><\/h2>\n<p>\u00abHace falta vida interior, hay que tender a ella; si se falta a ella, se falta a todo\u00bb (XI, 131). \u00abTengamos como m\u00e1xima in\u00addudable, que en la medida en que trabajemos en la perfecci\u00f3n de nuestro interior, tanto m\u00e1s capaces nos haremos de producir fruto para nuestro pr\u00f3jimo\u00bb (Abelly, HL 342). \u00abHemos de tra\u00adbajar para que Dios reine soberanamente en nosotros y luego en los dem\u00e1s. Y mi mal es que cuido m\u00e1s de hacerlo reinar en los dem\u00e1s, que en m\u00ed mismo\u00bb (II, 97).<\/p>\n<p>Estas preocupaciones describen el clima de la ascesis. La preo\u00adcupaci\u00f3n de Dios y el amor al pr\u00f3jimo sostienen su esfuerzo. Determinan sus intenciones.<\/p>\n<h3><em>La ense\u00f1anza paulina<\/em><\/h3>\n<p>\u00abPara continuar la misi\u00f3n de Jesucristo, hay que revestirse de su esp\u00edritu\u00bb (XII, 107). Vicente describe este esp\u00edritu y este re\u00advestimiento inspir\u00e1ndose en la doctrina de san Pablo sobre la vida y la muerte misteriosa del cristiano.<\/p>\n<p>El hombre no llega a ser cristiano, hijo adoptivo de Dios y hermano de Cristo, m\u00e1s que en el momento en que se realizan en \u00e9l por el bautismo la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (G\u00e1l HI, 26-27; Rom VI, 3-4; Col II, 12). Se identifica entonces misterio\u00adsamente con Jes\u00fas, consagr\u00e1ndose al Esp\u00edritu Santo, en uni\u00f3n de todos los dem\u00e1s miembros de la familia sobrenatural. Revestido de Cristo como de una forma vital, se suelda a la vida moral de Jes\u00fas y se pone bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, que dirigir\u00e1 su alma, como lo hizo con el Verbo Encarnado.<\/p>\n<p>El bautismo inicia de otro lado por su simbolismo en una nue\u00adva vida moral, de la cual da las condiciones y dise\u00f1a el desarro\u00adllo. El sumergirse en el agua, que representa la muerte y la sepul\u00adtura, simboliza la ruptura moral con el pecado en inscribe en el alma un programa de renuncia. La acci\u00f3n de <em>emerger, <\/em>s\u00edmbolo de resurrecci\u00f3n y de vida, manifiesta la ascensi\u00f3n a una vida nue\u00adva, trascendente, que desaf\u00eda la muerte corporal.<\/p>\n<p>Esta nueva vida pide al hombre libre una adhesi\u00f3n de todo su ser. Hay que realizar, verificar en el tiempo la adopci\u00f3n divina, y unirse a Dios vaci\u00e1ndose de s\u00ed mismos (Rom VI, 12). M\u00edstica\u00admente revestido de Cristo en el bautismo, debe al cristiano, me\u00addiante una labor de purificaci\u00f3n y de amor, revestirse todav\u00eda m\u00e1s, despoj\u00e1ndose del hombre viejo (G\u00e1l III, 27; Rom XIII, 14; Eph IV, 22).<\/p>\n<h3><em>La doctrina vicenciana<\/em><\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal capta en la ense\u00f1anza paulina el doble as\u00adpecto est\u00e1tico y din\u00e1mico de la vida cristiana. Ahonda, ampl\u00eda, acu\u00f1a esta doctrina. Merced a este retorno a las fuentes, adopta su ense\u00f1anza un valor del todo particular. Establece \u00e9l de este modo la teolog\u00eda y la m\u00edstica de la Misi\u00f3n, no sobre una teolo\u00adg\u00eda del sacerdocio, sino sobre una profunda doctrina de la iden\u00adtificaci\u00f3n con Cristo por el bautismo. La obra de Cristo, su pro\u00adlongaci\u00f3n hist\u00f3rica a trav\u00e9s de los sacerdotes y bautizados re\u00adquiere, no solamente el estado de gracia, sino tambi\u00e9n la volun\u00adtad de imitar a Cristo y de obrar bajo la moci\u00f3n del esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n<h3><em>La parte de Dios y la parte del hombre<\/em><\/h3>\n<p>Este trabajo, esta larga y paciente empresa, que es el revestirse de Cristo, no se persigue a lo estoico. La santidad no es una con\u00adquista solitaria. Dios y el hombre son solidarios. En planos y bajo influjos diferentes, trabajan juntos.<\/p>\n<p>Por el bautismo, Cristo imprime su car\u00e1cter y da, por as\u00ed de\u00adcirlo, la <em>savia de su esp\u00edritu <\/em>y de su gracia. \u00abDa el poder de reali\u00adzar acciones divinas\u00bb. Vicente pone de ordinario la gracia habi\u00adtual, el car\u00e1cter bautismal, el car\u00e1cter sacerdotal, en relaci\u00f3n con la actividad de una gracia excitante de Dios que vive en el hom\u00adbre. \u00abCuando se dice que el Esp\u00edritu Santo obra en alguien, quiere con ello decirse que ese esp\u00edritu, al morar en esa persona, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que Jesucristo ten\u00eda en la tierra, y que \u00e9stas le impulsan a obrar lo mismo, no digo con igual perfecci\u00f3n, sino seg\u00fan la medida de los dones de este divino Esp\u00edritu\u00bb (XI, 243-244; I, 295).<\/p>\n<p>Por su parte el hombre debe obrar. \u00abD\u00edcese, pues, que se bus\u00adque el reino de Dios. Que se busque: eso no es m\u00e1s que una pa\u00adlabra, pero creo que dice much\u00edsimo; nos da a entender que nos dispongamos a aspirar siempre a lo que se nos recomienda, tra\u00adbajar sin descanso por el reino de Dios, y no permanecer en un estado de laxitud y paro; que atendamos a nuestro interior para ponerlo en buen orden, y no al exterior para distraernos. Buscad, buscad: eso indica cuidado, eso indica acci\u00f3n&#8230; Busquemos, se\u00ad\u00f1ores, el hacernos interiores, hacer que Jes\u00fas reine en nosotros; busquemos, no permanezcamos en un estado de languidez o di\u00adsipaci\u00f3n, en un estado secular y profano, el cual hace que se ocu\u00adpe uno de objetos que los sentidos muestran, sin considerar al Creador que los hizo; sin hacer oraci\u00f3n para despegarse de los bienes de la tierra y sin buscar el soberano bien\u00bb (XII, 131-132). Una expresi\u00f3n vuelve una y otra vez a los labios del Se\u00f1or Vi\u00adcente: \u00abHay que darse a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando una <em>verdad, <\/em>una virtud, una acci\u00f3n del Hijo de Dios, una empresa caritativa se presenta al esp\u00edritu, hay que esforzarse por comprenderla bien, para que llene la inteligencia y conmueva el afecto. Es gracias a la admiraci\u00f3n, como el hombre sale de s\u00ed mismo, se adhiere a un bien superior. Admirando, elevando su esp\u00edritu para reconocer la <em>verdad <\/em>tal cual es en Dios, el alma se desprende de s\u00ed, comienza a vaciarse de s\u00ed misma, a unirse a Dios.<\/p>\n<p>Actos propios de una actitud humilde acompa\u00f1an este movi\u00admiento hacia Dios. El inventario y la confesi\u00f3n de la nulidad de las fuerzas humanas empujan a pedir a Dios la gracia de pasar a la acci\u00f3n, de obrar, no a partir de s\u00ed mismo, sino partiendo de Jes\u00fas. Es \u00aben \u00e9l y por \u00e9l como hay que obrar\u00bb.<\/p>\n<p>La gracia excitante, los movimientos del Esp\u00edritu Santo se\u00adcundan aqu\u00ed discretamente el esfuerzo humano, regalando un gusto interior, un atractivo divino por el bien sobrenatural. Com\u00adplicado trabajo de cooperaci\u00f3n que conjuga una iniciativa cons\u00adtante y una docilidad muy humilde.<\/p>\n<h3><em>Programa<\/em><\/h3>\n<p>El esp\u00edritu de Jes\u00fas inclinar\u00e1 a oponerse a las tres concupis\u00adcencias que las tres virtudes evang\u00e9licas, pobreza, castidad, obe\u00addiencia, consagradas por los tres votos, tratan de reducir a la impotencia.<\/p>\n<p>Psicol\u00f3gicamente, hay que luchar contra \u00abla buena de la na\u00adturaleza\u00bb, contra sus intenciones insidiosas, su mentalidad, su esp\u00edritu. De ah\u00ed la pugna:<\/p>\n<ul>\n<li>contra <em>el propio esp\u00edritu,<br \/>\n<\/em>mediante la sencillez, la pureza de intenci\u00f3n, la humildad;<\/li>\n<li>contra <em>la propia voluntad,<\/em><br \/>\nmediante la obediencia, la indiferencia, la pr\u00e1ctica de no pedir ni rehusar nada.<\/li>\n<\/ul>\n<p>San Vicente insiste extraordinariamente en la virtud de la humildad. El mismo llev\u00f3 su pr\u00e1ctica hasta un grado que sor\u00adprendi\u00f3 a sus contempor\u00e1neos (Abelly, I, 75-77). Ve c\u00f3mo se prolonga y expresa en detalles a primera vista desde\u00f1ables. As\u00ed es como exigir\u00e1 en ciertos casos hacer menos, para no compla\u00adcerse en una acci\u00f3n, <em>guardar <\/em>los pensamientos m\u00e1s hermosos, cultivar la humildad del cuerpo, etc&#8230; Es que est\u00e1 persuadido de que la humildad es la fuente directa de todas las virtudes, que est\u00e1 en el origen inmediato de todos los bienes (IX, 674; XII, 363). Por la pr\u00e1ctica de humillaciones frecuentes se ofrec\u00eda a las ins\u00adpiraciones y, por as\u00ed decirlo, sensibilizaba sus miembros a la acci\u00f3n de la gracia.<\/p>\n<p>Como Cristo est\u00e1 en el centro de su perspectiva dogm\u00e1tica, as\u00ed es la humildad el esfuerzo preferido de su ascesis.<\/p>\n<h2>c) <em>Santificaci\u00f3n y ordenamiento de la acci\u00f3n apost\u00f3lica<\/em><\/h2>\n<p>El misionero no es un ser inm\u00f3vil, hipnotizado por la contem\u00adplaci\u00f3n de Dios en Cristo. \u00abCartujo en casa\u00bb, su vocaci\u00f3n es tam\u00adbi\u00e9n obrar y entregarse fuera. El ministerio sacerdotal y la acci\u00f3n caritativa absorben la mayor parte de su tiempo. Se le plantea en\u00adtonces una cuesti\u00f3n primordial. \u00bfC\u00f3mo no perderse en la acci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo ordenar sus actividades para hacerse a la vez santo ante Dios y sobrenaturalmente eficaz en este mundo? El Se\u00f1or Vicente responde proponiendo unir todas las fuerzas, someter todas las diversidades y el empuje vital a un solo fin: buscar y realizar el reino de Dios.<\/p>\n<h3><em>Sentido de la acci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>La acci\u00f3n sostenida por el esp\u00edritu de Dios ser\u00e1 la verdadera y sin duda la \u00fanica prueba del amor. Ella ha de ser el t\u00e9rmino normal de los pensamientos, afectos, imaginaciones que atraviesan la oraci\u00f3n (XI, 40). Si es de otra manera, puede asegurarse que to\u00addos esos sentimientos no son m\u00e1s que ilusiones. <em>Totum opus nostrum in operatione consistit. <\/em>Vicente llega a extremar su des\u00adconfianza con respecto a todo lo que no sea m\u00e1s que interior. \u00abQuien da poca importancia a las mortificaciones externas, con achaque de que las internas son mucho m\u00e1s perfectas, da tambi\u00e9n a entender que no es mortificado, ni interior ni exteriormente\u00bb (XI, 71). La acci\u00f3n, prueba infalible de la verdad, ser\u00e1 al mismo tiempo una expresi\u00f3n viviente y concreta del dogma.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo sobrenaturalizar la acci\u00f3n, hacerla meritoria, hasta el punto de que pueda moralmente asumirla Cristo? Es suficiente cumplir la ley que rige la actividad de Cristo y no hacer, como \u00e9l, sino una \u00fanica voluntad en todas sus ocupaciones. La acci\u00f3n ma\u00adterial no tiene valor en s\u00ed misma. Cuenta lo que queda, el desig\u00adnio divino que ella permite realizar. \u00abHay que santificar las ocu\u00adpaciones, buscando en ellas a Dios, y hacerlas para encontrarle en ellas, m\u00e1s que para verlas hechas\u00bb (XII, 132). La imitaci\u00f3n de Cristo no es copia material, mimetismo; mira al hallazgo de sus intenciones, a su alma, al movimiento profundo que le lleva hacia el pr\u00f3jimo y hasta el Padre. La identificaci\u00f3n psicol\u00f3gica com\u00adpleta, en cierto sentido, la identificaci\u00f3n m\u00edstica por la gracia.<\/p>\n<p>Lo mismo que Vicente de Pa\u00fal prolonga y traduce la consi\u00adderaci\u00f3n de Dios a imitaci\u00f3n de Jes\u00fas, as\u00ed tambi\u00e9n reduce y hace desembocar esta imitaci\u00f3n en una comuni\u00f3n \u00edntima con la vo\u00adluntad divina.<\/p>\n<h3><em>Discernimiento de la voluntad de Dios<\/em><\/h3>\n<p>En todo caso, como si temiera ver esta regla de la voluntad divina plegarse a todas las exigencias de la insidiosa <em>buena de la naturaleza, <\/em>Vicente de Pa\u00fal modifica y arregla la doctrina de su maestro Benolt de Canfield. Ha le\u00eddo la c\u00e9lebre obra del capu\u00adchino ingl\u00e9s, la <em>Regla de perfecci\u00f3n, reducida al \u00fanico punto de la voluntad de Dios, <\/em>obra compuesta antes de 1593, pero que no se imprimi\u00f3 en Francia y Par\u00eds m\u00e1s que en 1609. Vicente la lleg\u00f3 a conocer probablemente en una edici\u00f3n semejante a la que tenemos en la Biblioteca de Troyes (n. 5.539).<\/p>\n<p>No adopta toda la doctrina del maestro capuchino y, en par\u00adticular, apenas si concede algo de cr\u00e9dito a las inspiraciones in\u00adteriores, ni da a los requisitos objetivos de la raz\u00f3n natural m\u00e1s que una adhesi\u00f3n reticente. Clasifica las expresiones de la volun\u00adtad de Dios seg\u00fan tres criterios objetivos, que apelan a tres dis\u00adposiciones:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Cosas prescritas. Principio de obediencia. <\/em>Uno se une a la voluntad divina ejecutando debidamente las cosas que se nos mandan, y rehuyendo con cuidado las que se nos prohiben. Y eso siempre que nos apercibamos de que tal mandamiento, o tal prohi\u00adbici\u00f3n, provienen de Dios, de la Iglesia, de nuestros superiores, de nuestras reglas y constituciones.<\/li>\n<li><em>Cosas indiferentes. Principio de mortificaci\u00f3n. <\/em>Entre las cosas indiferentes que se brindan a la acci\u00f3n, escogiendo m\u00e1s bien aquellas que repugnan a nuestra naturaleza, y no las que la sa\u00adtisfacen; de no ser que las que agraden, sean necesarias, pues en\u00adtonces hay que preferirlas a las otras, mir\u00e1ndolas sin embargo, no por el lado que deleita los sentidos, sino tan solo por el que es m\u00e1s agradable a Dios.<\/li>\n<li><em>Cosas indiferentes, ni agradables ni desagradables, y cosas inesperadas. Principio de abandono a la providencia. <\/em>Que diversas cosas, indiferentes por naturaleza, igualmente agradables o des\u00adagradables, se brindan simult\u00e1neamente a la acci\u00f3n, conviene entonces comportarse indiferentemente, como ante lo que pro\u00adviene de la divina providencia. Y en cuanto a lo que nos sobre\u00adviene inesperadamente, como son aflicciones o consuelos, ya cor\u00adporales, ya espirituales, recibi\u00e9ndolos todos con igualdad de es\u00adp\u00edritu, como provenientes de la mano paternal de Nuestro Se\u00f1or.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Vicente de Pa\u00fal fija luego el motivo que debe sostener esa actividad de uni\u00f3n con Dios. \u00abHaciendo todas estas cosas por la raz\u00f3n de que ese es el benepl\u00e1cito divino, y para imitar en ello cuanto nos sea posible a Nuestro Se\u00f1or Jesucritso, que hizo siempre lo mismo con el mismo fin, como \u00e9l mismo lo testimonia \u2014Hago siempre, dice, lo que se conforma a la voluntad de mi Padre\u2014 <em>(Reg. o <\/em><a href=\"http:\/\/const.com\/\"><em>Const. Com<\/em><\/a><em>. de la Cong. de la Misi\u00f3n, <\/em>c. II, p\u00e1\u00adrrafo 32).<\/p>\n<p>\u00bfDebe recordarse que el Se\u00f1or Vicente se destacaba en el ejercicio de esta sabidur\u00eda pr\u00e1ctica? \u00abEra como el resorte que pon\u00eda en marcha todas las facultades de su alma y todos los \u00f3r\u00adganos de su cuerpo. Era el primer m\u00f3vil de todos sus ejercicios de piedad, de sus pr\u00e1cticas m\u00e1s santas y, en general, de todas sus acciones\u00bb (Abelly, III, 32).<\/p>\n<h3><em>Felices resultados de la uni\u00f3n con la voluntad divina<\/em><\/h3>\n<p>Esa pr\u00e1ctica de la conformidad con la voluntad de Dios pro\u00adduce un descanso psicol\u00f3gico, una tranquilidad de esp\u00edritu que sorprende mucho a las personas enmara\u00f1adas en los movimientos de la naturaleza an\u00e1rquica. Los misioneros unidos a la voluntad de Dios \u00abno se atienen sino a Dios, y Dios les gu\u00eda. Les ver\u00e9is ma\u00f1ana, esta semana, todo el a\u00f1o y toda su vida en paz, en ardor y tendencia continua hacia Dios y siempre difundiendo en las al\u00admas los dulces y saludables efectos de las obras de Dios en ellos\u00bb (XII, 235).<\/p>\n<p>El alma goza de una <em>felicidad del todo divina. <\/em>\u00abHacer la vo\u00adluntad de Dios es comenzar el para\u00edso en este mundo. Dadme una persona, dadme una muchacha que haga toda su vida la volun\u00adtad de Dios; comienza a hacer en la tierra lo que los bienaventura\u00addos hacen en el cielo; comienza su para\u00edso aqu\u00ed en este mundo; pues no tiene m\u00e1s voluntad que la de Dios; y eso es participar en la dicha de los bienaventurados&#8230; Dadnos la gracia, Se\u00f1or, de comenzar desde ahora esta dichosa vida que poseen los santos en el cielo, consistente en tener un mismo querer y no querer que Dios\u00bb (IX, 645; 285; IV, 340; X, 280).<\/p>\n<p>La <em>eficacia apost\u00f3lica <\/em>llega al m\u00e1ximo. No es preciso hacer mucho. Lo esencial es unirse a Dios de una manera u otra, activa o pasivamente. \u00abNuestro Se\u00f1or y los santos hicieron m\u00e1s su\u00adfriendo que actuando, y as\u00ed es como el bienaventurado obispo de Ginebra, y el difunto Se\u00f1or de Comminges a ejemplo de \u00e9l, se santificaron y fueron causa de santificaci\u00f3n para tantos miles de almas\u00bb (II, 4).<\/p>\n<p>La uni\u00f3n con la voluntad divina <em>llena a uno de Dios y <\/em>le re\u00adviste del esp\u00edritu de Jes\u00fas, el cual se transparenta en todas las acciones. \u00abVer\u00e9is sus directivas resplandecer del todo y llenarse de luz, y siempre fecundas en frutos: no hay sino progreso en su persona, fuerza en sus palabras, bendici\u00f3n en sus empresas, gracia en sus consejos y aroma en sus acciones\u00bb (XII, 235).<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica de la voluntad de Dios alcanza Vicente de Pa\u00fal la clave de b\u00f3veda de su s\u00edntesis espiritual. Une en ella sus dos preocupaciones: terminar la obra de Jes\u00fas, revisti\u00e9ndose de su esp\u00edritu, y ajustar la prudencia que gu\u00eda la acci\u00f3n a las directivas de una providencia admirable.<\/p>\n<h2><em>Conclusi\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>Dos se\u00f1ales, dos presencias caracterizan con toda claridad, y se creer\u00eda que inolvidablemente, la espiritualidad del Se\u00f1or Vicente: Cristo pobre y evangelizador de los pobres, y las reali\u00addades terrestres, exigentes y complejas, que evangelizan, en nom\u00adbre de Dios, nuestra vida en la tierra.<\/p>\n<p>Por raz\u00f3n de estas dos presencias sigue el Se\u00f1or Vicente es\u00adt\u00e1ndonos muy pr\u00f3ximo, en un mundo que jam\u00e1s quiso abandonar, m\u00e1s que para estarle espiritualmente m\u00e1s al lado. Por su amor, su humilde silencio, nos recuerda que no hay vida sino en Jesu\u00adcristo, en ese Cristo de los pobres que es \u00abla suavidad eterna de \u00e1ngeles y hombres\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfEspiritualidad o Esp\u00edritu? No le hubiese gustado a \u00e9l este vocablo, un tanto duro y t\u00e9c\u00adnico, de \u00abespiritualidad\u00bb. No lo emple\u00f3, pues era extra\u00f1o a su mundo, y asimismo&#8230; a su tiempo. 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Jes\u00fas\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana sin categorizar\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana sin categorizar","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/formacion-vicenciana-sin-categorizar\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/espiritu-de-jesus.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":131669,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/edificad-sobre-roca-firme\/","url_meta":{"origin":45200,"position":5},"title":"Edificad sobre roca firme","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/11\/2014","format":false,"excerpt":"\"Todo aquel que escucha estas palabras m\u00edas y las pone por obra se parece al hombre sensato que edific\u00f3 su casa sobre roca. 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