{"id":45196,"date":"2011-07-06T05:43:46","date_gmt":"2011-07-06T03:43:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/vicencianismo-etica-y-politica\/"},"modified":"2016-07-26T19:24:55","modified_gmt":"2016-07-26T17:24:55","slug":"vicencianismo-etica-y-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicencianismo-etica-y-politica\/","title":{"rendered":"Vicencianismo, \u00e9tica y pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<h2>Referencias<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/etica.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45197\" title=\"etica\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/etica-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"\" width=\"268\" height=\"300\" \/><\/a>1. Para las noticias vicencianas necesarias se ha acudido m\u00e1s que a nadie a:<\/p>\n<p>Leuret-Dupanloup, M., <em>Le coeur de Saint Vincent de Paul, <\/em>Lethielleux 1971; M\u00e9nabr\u00e9a, A., <em>St. Vincent de Paul Le maitre des hommes d&#8217;Etat, <\/em>La Colombe, Editions du Vieux Colombier 1944; <em>La r\u00e9volution inapeNue, St. Vincent de Paul Le savant, <\/em>Ed. M. Daubin 1948; Purcell, M., <em>The World of Monsieur Vincent, <\/em>The Harvill Press, London 1963. <em>The Story of the Vincentians, <\/em>All Hallows College, Dublin 1973, Ch. I, pp. 7-27; Witzel, G., <em>&#8230;er sah die Not und half, <\/em>Cf. Anales, Madrid, t. 84, n. 5, mayo 1976, pp. 358-360.<\/p>\n<p>2. Los ponentes, que no son vicencianistas especializados, se atienen a hechos ya establecidos, sea que afecten al envolvi\u00admiento pol\u00edtico de San Vicente mismo, o bien que pongan un acento pol\u00edtico en la tradici\u00f3n vicenciana.<\/p>\n<p>3. Nos importa en particular el secularismo: de ah\u00ed una, seg\u00fan creemos, l\u00edcita parcialidad por <em>Antoine Redier <\/em>(\u00abLa vraie vie de Saint Vincent de Paul\u00bb, Grasset 1927), que hemos traducido con cari\u00f1o y cuidado. A esa biograf\u00eda nos atenemos para esta\u00adblecer los trazos esenciales de la fisonom\u00eda moral de San Vicente.<\/p>\n<p>4. Quisi\u00e9ramos interpretar a San Vicente en clave \u00e9tica, pues abrigamos la confianza de que la eticidad, gracias al secula\u00adrismo que encierra, hablar\u00e1 una vez m\u00e1s al coraz\u00f3n de nuestro tiempo. S\u00e9ale aqu\u00ed rendido un tributo al P. Dodin, C. M. En su art\u00edculo <em>Hagiograf\u00eda e instituci\u00f3n <\/em>(\u00abVicente de Pa\u00fal Evangeli\u00adzador de los pobres\u00bb, Sem. Vic. 1973, 29-41) mide \u00e9l lo que entre s\u00ed distan el sentir del siglo xvil y el que hoy nos sostiene y hace vibrar&#8230; (p. 30). Quiso el Se\u00f1or Vicente \u2014dice\u2014 que sus hijos \u2014sus adictos, digamos nosotros m\u00e1s generalmente\u2014 pudiesen, pasados tiempo y espacio, ser reconocidos por su original actitud&#8230; (p. 38). Actitud que el P. Dodin ha analizado <em>y <\/em>sintetizado, ya en los trabajos suyos que recoge la Semana Vicenciana de 1972 (\u00abPervivencia de un Fundador\u00bb), ya en su art\u00edculo sobre la <em>Es\u00adpiritualidad de San Vicente <\/em>(Mission et Charit\u00e9 1961, 54 ss, Divas Thomas 1960, 425 ss), del que hemos hecho una traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. Cita el P. Dodin en una ocasi\u00f3n (\u00abSan V. de P. M\u00edstico de la acci\u00f3n religiosa\u00bb, <em>Perviv. de un Fund., <\/em>71) un pasaje de Berg\u00adgson <em>(Las dos fuentes&#8230;, <\/em>Buenos Aires, 1962, 123-124) que res\u00adponde seg\u00fan \u00e9l, punto por punto, a la fisonom\u00eda moral de San Vicente. En esta ocasi\u00f3n menciona el P. Dodin a Marx (\u00abLo var. y lo invar. en la doctrina vicenc.\u00bb, ib., 50), el cual se\u00f1ala c\u00f3mo se crea una conciencia solidaria, cuando uno act\u00faa por todos y todos por uno. De nuevo, en \u00abHagiograf\u00eda e instituci\u00f3n\u00bb (p. 40 espec.), evoca el P. Dodin dos relevantes perfiles vicencianos: a los PP. Pouget y Portal. Quisi\u00e9ramos reforzar, aun modesta\u00admente, las tres l\u00edneas que el P. Dodin deja trazadas:<\/p>\n<ul>\n<li>secularizaci\u00f3n del perfil moral de San Vicente;<\/li>\n<li>horizonte de un socialismo que cunde m\u00e1s y m\u00e1s;<\/li>\n<li>vicencianismo a lo Pouget y Portal.<\/li>\n<\/ul>\n<p>6. La sociedad de San Vicente era teocr\u00e1tica, jer\u00e1rquica y absolutista. En ella se implicaban mutuamente Iglesia y Estado. La acci\u00f3n pastoral y ben\u00e9fica era all\u00ed mismo acci\u00f3n administra\u00adtiva que, dada la subordinaci\u00f3n de rangos y \u00f3rdenes, obedec\u00eda a una \u00fanica iniciativa: la del v\u00e9rtice de la pir\u00e1mide social. Fuera con motivo del robo que err\u00f3neamente le imput\u00f3 su compa\u00f1ero de albergue, Bertrand Dulon, juez de Sore, fuera por causa de aquella larga tentaci\u00f3n contra la fe, que se supone le sobrevino, al querer compartir la prueba del te\u00f3logo dom\u00e9stico de Mar\u00adgarita de Valois, o fuera, en fin, debido a la mundanidad que ex\u00adhalaba la corte de esta princesa, es lo cierto que, no antes de 1611,<\/p>\n<p>Vicente se apercibe de que es sacerdote, <em>nada m\u00e1s que eso, pero todo eso <\/em>(Redier 50). Apercepci\u00f3n que le llevar\u00e1 a asumir tres tipos de responsabilidad a la que se transcribir\u00e1 ese sacerdocio:<\/p>\n<ul>\n<li>El ministerio pastoral, individual y colectivo;<\/li>\n<li>la administraci\u00f3n de fondos y propiedades, el desempe\u00f1o de cargos;<\/li>\n<li>el ejercicio de la beneficiencia.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Helos aqu\u00ed caracterizados:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00abTrat\u00f3 de penetrar el misterio del sacerdocio\u00bb, \u00abcompren\u00addi\u00f3 a fondo el valor, el significado del sacerdocio\u00bb (G. Crosignani, C. M., Div. Thom. 1960, 580).<\/li>\n<li>\u00abUn hombre de negocios advertido, exacto, previsor: no deja al azar algo que pueda quitarle&#8230; Se impone estre\u00adchas reglas de administraci\u00f3n que no le dejan al descu\u00adbierto ante una dificultad, y nunca vacila ante decisiones que hayan de tomarse. Quiere cuentas de una claridad absoluta, examina \u00e9stas de cerca, sin consideraci\u00f3n por la persona de quienes se las someten; no admite el que, alegando distancia, se le ponga ante hechos consumados. Reh\u00fasa ser expeditivo, aventurero, no pierde el tiempo examinando vagos proyectos. In\u00fatil pensar en deslum\u00adbrarle, en tentarle con grandes esperanzas. Opone a ellas la respuesta que da a un manirroto un implacable usurero\u00bb <em>(La r\u00e9volution inaperQue, <\/em>102-103).<\/li>\n<li>\u00abIniciador del sentido social, en una \u00e9poca en la que ter\u00adminaba de romperse la solidaridad de la ciudad, del mu\u00adnicipio y del se\u00f1or\u00edo, los que en la Edad Media aliviaban las miserias, y cuando, con todo, las guerras y los des\u00f3r\u00addenes hac\u00edan una red de socorros m\u00e1s indispensable que nunca, supo \u00e9l aunar a todas las clases en un mismo es\u00adfuerzo y despertar tantas generosidades, que Francia cam\u00adbi\u00f3 de aspecto&#8230;\u00bb (Daniel-Rops, <em>L&#8217;Eglise des Temps Classi\u00adques, Le Grand Si\u00e9cle des Ames, <\/em>A. Fayard 1958, 60).<\/li>\n<\/ul>\n<p>7. Ya el 27 de noviembre de 1660 cantaba el poeta Loret <em>(La Muse Historique, <\/em>Par\u00eds, 187)<em>:<\/em><\/p>\n<p><em>En v\u00e9rit\u00e9, si c&#8217;\u00e9tait moi<br \/>\nQui fus le Pontife de Rome,<br \/>\nJe cannoniserais cet homme.<\/em><\/p>\n<p>(W. Leibrand, <em>Vicente de Pa\u00fal, El santo de la medicina, <\/em>trad. de M. Gonz\u00e1lez y R. L. Alcal\u00e1, Aspas (Madrid) 1944, 355, 391. Th. V. Cahill, C. M., <em>Vincent de Paul &#8211; The Saint <\/em>(1959), <em>Saint Vincent de Paul, a tercentenary Commemoration of his Death 1660-1960, <\/em>St. John&#8217;s University Press, Jamaica, New York 1960, 99-108). \u00abLa idea, el deseo de preparar la canonizaci\u00f3n del Se\u00f1or Vicente estaba en el ambiente&#8230; Pero contrariaban en apariencia a esa glorificaci\u00f3n la sencillez, la humildad por \u00e9l profesadas toda su vida\u00bb. El 13 de agosto de 1729 se firmaba el breve de beatifi\u00adcaci\u00f3n y el 21 de ese mismo mes y a\u00f1o ten\u00eda lugar en la bas\u00edlica vaticana la ceremonia que solemnizaba dicho evento. El decreto de canonizaci\u00f3n era a su vez firmado el 10 de agosto de 1736, celebr\u00e1ndose el correspondiente festejo el 16 de junio de 1737 en San Juan de Letr\u00e1n. Pont\u00edfices hab\u00edan sido Benedicto XIII (1724-1730) y Clemente mi (1730-1740). Preced\u00edan \u00abcuarenta a\u00f1os de esfuerzos, de procesos, de copiosas relaciones escritas y publicaciones diversas\u00bb (F. Combaluzier, C. M., <em>Le proc\u00e9s de b\u00e9atification de Vincent de Paul, <\/em>Div. Thom. 1960, 523 ss).<\/p>\n<p>8. \u00abVicente&#8230; reconoce una \u00e9tica&#8230; de la que derivan ideas b\u00e1sicas&#8230;\u00bb, W. L. Willigan, <em>Saint Vincent de Paul: The social Worker, <\/em>Thought Patterns, vol. 9 (1961), 36. No preferimos, pues, infundadamente el vocablo <em>\u00e9tica <\/em>al vocablo <em>moral. <\/em>\u00abCe mot de morale est une \u00e9tiquette deplaisante, il fait suspecter l&#8217;hypo\u00adcrisie; &#8230;ce mot de morale, si f\u00e1cheux pour d\u00e9signer le monde de la libert\u00e9\u00bb (J. Guitton, <em>Dialogues avec Monsieur Pouget, <\/em>Gras\u00adset 1954, 39-40). Es una denominaci\u00f3n que evita las reminiscen\u00adcias ya de una <em>moral de clase, <\/em>ya de una <em>moral casu\u00edstica. <\/em>\u00abEl mo\u00adralismo, por definici\u00f3n&#8230; consiste en una <em>sustituci\u00f3n de los resor\u00adtes por las apariencias, <\/em>y de los m\u00f3viles por las virtudes\u00bb. No fue el xvii un siglo subversivo. \u00abNacidos de la monarqu\u00eda, nu\u00adtridos por ella, completamente inmersos en ella, los escritores de aquel entonces se mostraban tan unidos para aprobar el poder como los de hoy para discutirlo\u00bb (R. Barthes, <em>Ensayos cr\u00edticos, <\/em>trad. de C. Pujol, Seix Barral 1967, <em>La Bruy\u00e9re, <\/em>274-275). \u00abNues\u00adtra \u00e9poca no est\u00e1 menos satisfecha de ver c\u00f3mo reemplaza a una moral filos\u00f3fica, fundada en las luces naturales, el buen sentido emp\u00edrico y la flor de la sabidur\u00eda pagana, un simple anuncio del Evangelio&#8230;\u00bb. Eso constituye tanta novedad como el \u00abpersona\u00adlismo que encara directamente al alma con la exigencia divina\u00bb (J. Orcibal, <em>Saint-Cyran et le Jansenisme, <\/em>Seuil, Maitres Spiri\u00adtuels 25, 1961, 163). \u00abLa morale ouverte de Bergson corresponde \u00e1 ce qu&#8217;on appelle dans l&#8217;Eglise les conseils\u00bb (Mt 19: 16-26; J. Chevalier, <em>Logia, <\/em>Grasset 1955, 270), mientras que el <em>doble stan\u00addard <\/em>de los preceptos y de los consejos hab\u00eda pretendido funda\u00admentar can\u00f3nicamente el laxismo de los casuistas.<\/p>\n<p>9. \u00abLa fe \u2014dice Kierkegaard\u2014 es una paradoja, de acuerdo con la cual, lo individual est\u00e1 por encima de lo general\u00bb. Pues lo general es capaz de revelarnos nuestro destino; pero s\u00f3lo lo in\u00addividual, o sea, la realizaci\u00f3n de nuestra existencia, es capaz de responder a nuestra vocaci\u00f3n. \u00abLa personalidad es \u00fanica, por eso hay una multiplicidad inagotable en la santidad; por eso tendr\u00e1n siempre los santos algo nuevo que ense\u00f1arnos, pues cada uno de ellos es nuevo, y nueva cada una de sus acciones con respecto a la anterior\u00bb (I. Gobry, <em>Le Mod\u00e9le en Morale, <\/em>PUF 1962, 410).<\/p>\n<p>10. San Vicente fue pr\u00e1ctico, lo que significa m\u00e1s que sen\u00adcillamente activo. Acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n fueron largo tiempo dos v\u00edas, dos clases de eticidad. Dualidad que descansa sobre base psicol\u00f3gica y tiende a consolidarse socioculturalmente. No tiene por qu\u00e9 redundar en corrupci\u00f3n individual e injusticia so\u00adcial. Contemplar con preferencia, o actuar con preferencia es, en puridad de origen, cuesti\u00f3n de aptitud, adecuaci\u00f3n y opci\u00f3n. Esa puridad es concebible, deseable, pero casi nunca real, al me\u00adnos del todo, como en la humanidad de Cristo. La vida no cesa de plantearnos el reparto, la funcionalidad, el cambio. Si hoy se estigmatiza la contemplaci\u00f3n, no es que s\u00f3lo ella haya degene\u00adrado, sino que hay quien le niega el derecho a existir. De eso no s\u00f3lo se abstuvo Vicente, antes reconoci\u00f3 ese derecho de manera expresa \u2014y no por falta de discernimiento\u2014, por activo que \u00e9l fuera y urgiera a ser. No es \u00e9l, en efecto, un contemplativo, pero existen acciones que recubren abismos de ociosidad. El en cambio trabaja, Cf. <em>Perviv. de un Fund., <\/em>46-47. Diagnostica la indigencia, la miseria de su sociedad y atina con su remedio. Pr\u00e1ctico se opone a especulativo, pero no equivale en absoluto e ignorante, teme\u00adrario o zafio. Inclin\u00e1base, sin embargo, Vicente a la treta, a la intriga: un leve fallo \u00e9tico, y le venerar\u00edamos en el firmamento del maquiavelismo. Y luego muestra tes\u00f3n: funda, inicia, y sus obras perduran pese a la inercia, no merced a ella. Son obras que fluyen pausadas, espont\u00e1neas, inconspicuas, como desbloqueo de los recursos m\u00e1s obvios, aprovechando, reconvirtiendo, ahorrando. Ni crea por prurito ni da casi sensaci\u00f3n de crear nada. Devuelve a lo material su sentido, sus posibilidades, su plasticidad como sustrato del esp\u00edritu, del impulso que lo compenetra, dinamiza y transforma, comenzando por la corporeidad humana, individual y colectiva. No es manejo, explotaci\u00f3n ni consumo: tr\u00e1tase aqu\u00ed a lo material con reverencia y reserva, se lo induce a servir, a pres\u00adtarse, a vehicular la conciencia de s\u00ed propio y del semejante, del pr\u00f3jimo, de ese pr\u00f3jimo que es pueblo, y no \u00e9lite.<\/p>\n<p>11. San Vicente fue por muchos conceptos un hombre p\u00fa\u00adblico: sobre \u00e9l descargaba su sociedad incumbencias tocantes al bien com\u00fan. \u00abHay quien se siente tentado a separar al Se\u00f1or Vicente del ambiente pol\u00edtico y religioso que da a sus empresas originalidad y significaci\u00f3n profunda&#8230; En el sector propiamente pol\u00edtico fue su actitud bastante m\u00e1s compleja que en el de la fe y la vida religiosa&#8230; Estando su verdadera misi\u00f3n en otra parte, obtuvo en pol\u00edtica solamente la mitad del \u00e9xito. Pese a que se pro\u00adhib\u00eda a s\u00ed mismo intervenir en las querellas de los pr\u00edncipes cris\u00adtianos, partido hubo de tomar, de grado o por fuerza, a tiempo o a destiempo. \u00bfC\u00f3mo mantener, empero, en la confusa refriega de la Fronda y de la Regencia, a un tiempo los derechos de la moral, salvaguardar su simpat\u00eda y reconocimiento hacia el Car\u00addenal de Retz y oponerse a los manejos de Mazarino ? Este, que secundaba a Vicente para neutralizar la influencia de Port-Royal y proteger la soberan\u00eda de Ana de Austria y del joven Luis XIV, no pod\u00eda perdonarle la influencia sobre la reina&#8230;\u00bb (A. Dodin, C. M., <em>Saint Vincent de Paul et la Charit\u00e9, <\/em>Seuil, Maitres Spiri\u00adtuels 21, 1960, 39, 54-55). Cf. C. W. Emanuel, O. F. M., <em>Fundaciones de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, <\/em>trad. B. Romero, C. M., Graf. Halar (Madrid) 1935, c. II: \u00abPoder y deberes del Estado\u00bb, 94-113; A. K. Ziegler, <em>St. Vincent de Paul at the Royal Court of France <\/em>(1958) <em>&#8230;A tercentenary&#8230;, <\/em>75-98. \u00bfCoincid\u00edan o discre\u00adpaban entre s\u00ed las posiciones pol\u00edticas de San Vicente y las de los jesuitas? Cf. J.-M.a Rom\u00e1n, F. C. M., <em>San Vicente de Pa\u00fal y la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, <\/em>Raz\u00f3n y Fe, 1960, t. 162, 301 ss, t. 163 (1961), 408, etc. Posiciones, las de los \u00faltimos, adversas al \u00abderecho di\u00advino de los reyes\u00bb: favorecidas \u00e9stas por la nobleza y el clero, combat\u00edalas el <em>Tercer Estado <\/em>(1614-1615), al igual que el Parla\u00admento de Par\u00eds (Cf. P. Blet, S. J., <em>Le Clerg\u00e9 de France et la Mo\u00adnarchie, <\/em>Analec. Gregor., Roma 1959, I, 44-45; L. Pere\u00f1a, <em>Fran\u00adcisco Su\u00e1rez, pionero de la democracia europea, <\/em>Arbor, t. XCIII, n. 363, marzo 1976, 28-31 (363-367).<\/p>\n<p>12. Vicente dirige \u00abcon una autoridad y una seguridad que desconciertan&#8230; Se ve en \u00e9l sobre todo y casi exclusivamente a un jefe que escucha los consejos, pone en buen orden los elementos de decisi\u00f3n y luego juzga. Ah\u00ed est\u00e1 su funci\u00f3n natural. Juzga como \u2022 si respirara\u00bb (Redier 143, cf. 38). Pero, como el m\u00edstico descrito por Bergson, est\u00e1 adem\u00e1s pose\u00eddo de tal amor por sus semejantes, que transporta a \u00e9stos a un tono vital y emocional por ellos des\u00adconocido (Cf. J. Corera, C. M., <em>La Comunidad en las Reglas Co\u00admunes, Ensayo de an\u00e1lisis sociol\u00f3gico, <\/em>Anales, Madrid, t. 84, n. 5, mayo 1976, 321: \u00ab1. Primer mecanismo institucional: la relaci\u00f3n superior-s\u00fabdito\u00bb). \u00abCon el progresivo desarrollo de su acci\u00f3n, Vicente comprendi\u00f3 mejor que los dem\u00e1s la realidad de su siglo. Sit\u00faase en el interior de las estructuras mundanas y observa a \u00e9stas pacientemente; entreg\u00e1ndoselas luego al hombre, como medio de su propia redenci\u00f3n, las redime\u00bb.<span id='easy-footnote-1-45196' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/vicencianismo-etica-y-politica\/#easy-footnote-bottom-1-45196' title='Cita de una obra de G. L. Coluccia, C. M. no publicada a\u00fan.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> No s\u00f3lo echa los fundamentos de la moderna laicidad (Daniel-Rops, ib.), sino que adem\u00e1s difunde una concepci\u00f3n democr\u00e1tica de la vida (G. Crosignani, ib., 580-581). \u00abHeredero e int\u00e9rprete de la escuela francesa de espiritualidad, lucha con todo empe\u00f1o y en todos los frentes contra la apropiaci\u00f3n, el esp\u00edritu de dominio\u00bb (Dodin, <em>Perviv. de un Fund., <\/em>45-46). Cf. J. Alonso, D., <em>T\u00e9rminos b\u00edblicos de justicia social&#8230;, <\/em>Est. Ecl., 51 (1976), 117-118: \u00abLa Biblia pa\u00adrece tener claramente subyacente la idea de que la <em>propiedad diferenciante <\/em>es gravemente vulneradora de la justicia&#8230; Los Pa\u00addres siguen en la misma l\u00ednea dura&#8230;\u00bb. Cf. J. Alonso D., <em>El Is\u00adrael de la fe y el Israel de la Historia&#8230;, <\/em>Est. Ecl., 46 (1971), 168, n. 26: \u00ab&#8230;el concepto que escogi\u00f3 la inspiraci\u00f3n b\u00edblica para ex\u00adpresar la relaci\u00f3n de Dios con su pueblo no era directamente religioso, sino social y pol\u00edtico&#8230;\u00bb. Cf. H. Bergson, <em>Les deux Sources&#8230;, <\/em>PUF 1955, 69-79.<\/p>\n<p>13. El contenido del t\u00e9rmino <em>justicia <\/em>en el lenguaje moderno \u2014demuestra Alonso D\u00edaz\u2014 adolece de moralismo: debe retra\u00adducirse equivalente y din\u00e1micamente: el exegeta que d\u00e9 el sentido cabal del mensaje b\u00edblico necesita conocer la lengua de su des\u00adtinatario, y hoy existe un signo en relaci\u00f3n con ese lenguaje: la presencia de cristianos, y en cuanto tales, en la edificaci\u00f3n del socialismo (G. Girardi, <em>La nueva opci\u00f3n fundamental del cris\u00adtianismo, <\/em>Selecc. de Teolog., 54 (1975) vol. 14, 179 ss). Con res\u00adpecto al socialismo, cual lo profesaba el normalista jud\u00edo Robert Hertz, hab\u00eda dicho el P. Pouget<span id='easy-footnote-2-45196' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/vicencianismo-etica-y-politica\/#easy-footnote-bottom-2-45196' title='Guillaume Pouget, C. M., 1847-1933.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> el 24 de febrero de 1908: \u00abEt pour le socialisme, que voulez-vous? c&#8217;est l&#8217;Evangile. A lui, cette croyance tient lieu d&#8217;Evangile\u00bb <em>(Logia, <\/em>20-21; Cf. J. Guitton, <em>Portrait de Monsieur Pouget, <\/em>Gallimard 1941, 406). Fernand Portal, C. M. (1855-1926), busc\u00f3 a su vez, \u00abseg\u00fan demuestran algunos papeles de su fichero, un posible puente entre socialismo y cristianismo\u00bb (Bull. des Lazar. de France, n. 55, juin 1976, 16-20). \u00abHay entre los socialistas y comunistas \u2014dijo el 10 de marzo de 1926\u2014 almas con un ideal, que tienen la sensaci\u00f3n de trabajar por el bien de la humanidad&#8230; pero que no emplean los mismos medios que nosotros\u00bb. En 1907 hab\u00eda dicho a las <em>Dames de 1&#8242; Union: &#8230; <\/em>\u00abno se trata de mendigos, sino de los pobres, que se oponen a los ricos, del pueblo&#8230; San Vicente se consagr\u00f3 al pueblo\u00bb.<\/p>\n<h2>Exposici\u00f3n<\/h2>\n<h3><em>Emplazamiento<\/em><\/h3>\n<p>Si nos situamos en el siglo xvii franc\u00e9s, descubrimos la \u00e9poca de San Vicente como un per\u00edodo en extremo b\u00e9lico, marcado por las Guerras de Religi\u00f3n, efecto de la Reforma y de la Contra\u00adrreforma, guerras a las que subyacen claros intereses pol\u00edticos, en concreto el enfrentamiento de los Borbones franceses a los Habsburgos espa\u00f1oles.<\/p>\n<ul>\n<li>Econ\u00f3micamente, nos hallamos en una sociedad preindus\u00adtrial de base agraria, en la que la tierra es la principal fuente de riqueza.<\/li>\n<li>Sociol\u00f3gicamente: en una sociedad estamental y jer\u00e1r\u00adquica, donde la fidelidad personal de signo feudal sigue estando en vigor.<\/li>\n<li>Pol\u00edticamente: en la \u00e9poca de mayor auge del absolutismo. La monarqu\u00eda ha logrado reunir en sus manos una soberan\u00eda que, durante la Edad Media, estaba repartida y dispersa, creando as\u00ed un Estado fuerte y centralizado.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Son los tiempos del Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n<h3><em>Un protagonista de la Reforma, no un revolucionario<\/em><\/h3>\n<p>Si nos permitimos un momento proyectar la cr\u00edtica del siglo xx sobre la \u00e9poca de San Vicente, podr\u00edamos preguntarnos:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfAparece San Vicente como revolucionario ?<\/li>\n<\/ul>\n<p>Desde luego que no, en el sentido actual de <em>revoluci\u00f3n, <\/em>como transformaci\u00f3n de estructuras. En ning\u00fan momento encontramos a un San Vicente cr\u00edtico de la monarqu\u00eda absoluta o de la socie\u00addad estamental. Si nos resulta convincente y plena de sentido su vida, es en raz\u00f3n de otros presupuestos, no de los de car\u00e1cter ideol\u00f3gico y te\u00f3rico.<\/p>\n<p>El rigor hist\u00f3rico nos obliga, pues, a desechar la posible ima\u00adgen, que tan prestigiosa resultar\u00eda hoy, de un Vicente de Pa\u00fal revolucionario: violentar\u00edamos de otro modo la verdad, y por consiguiente la \u00e9tica.<\/p>\n<p>Nos es in% iable semejante cr\u00edtica retrospectiva: entre los si\u00adglos xvn y xx median, no s\u00f3lo 300 a\u00f1os, sino adem\u00e1s un cambio cualitativo de conciencia en cuanto a la sensibilidad social.<\/p>\n<p>De hecho, si m\u00e1s all\u00e1 de San Vicente mismo, abarcamos con la mirada toda su \u00e9poca \u2014al margen de las teor\u00edas pol\u00edticas ce\u00adsaristas, y luego contractualistas (cr\u00edtica pol\u00edtica)\u2014 no hallamos cr\u00edtica social como hoy la concebimos.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo imaginar a un Vicente de Pa\u00fal cr\u00edtico de una sociedad de \u00f3rdenes y estados, la cual no est\u00e1 todav\u00eda puesta en tela de juicio? No existe a\u00fan una concepci\u00f3n igualitaria y democr\u00e1tica de la sociedad, no se cuestiona la subsistencia o desaparici\u00f3n de los estamentos privilegiados: lo que se espera de \u00e9stos es que cumplan cada uno con la funci\u00f3n que se le reconoce, que est\u00e9n a la altura de su rango. Se les critica tan s\u00f3lo en la medida en que defraudan esa ilusi\u00f3n, no se les niega el derecho a existir.<\/p>\n<p>Tampoco descubrimos en el perfil de Vicente de Pa\u00fal el de un te\u00f3rico. No encaja su personalidad en el contexto de la ciencia sociol\u00f3gica. Hasta tal punto se desinteresa por la aplicaci\u00f3n de un programa, que recomienda a los Padres especial reserva en las contiendas entre pr\u00edncipes cristianos, y asimismo respeto por cuanto compete a la autoridad civil. Ni se rige, pues, por una ideolog\u00eda, ni elabora \u00e9l mismo ideolog\u00eda alguna.<\/p>\n<p>De igual modo se distancia del <em>hombre de Estado, <\/em>como lo reconocemos en sus contempor\u00e1neos Mazarino y, mucho m\u00e1s, Richelieu. Su relaci\u00f3n con los m\u00e1s altos cargos de la pol\u00edtica francesa es en este sentido inequ\u00edvoca, y est\u00e1 de otro lado por completo exenta de servilismo.<\/p>\n<p>Ahora bien, si es cierto que no descubrimos en \u00e9l al revolu\u00adcionario, al te\u00f3rico y al estadista, no lo es menos que \u00e9l infunde a la sociedad en la que vive un nuevo esp\u00edritu, expresi\u00f3n de su carisma personal, el cual llega a ser carisma colectivo.<\/p>\n<p>Y en la medida en que ese esp\u00edritu se deja clasificar, pertenece al conjunto de impulsos que componen la Reforma Cat\u00f3lica.<\/p>\n<h3><em>Eticidad y fe en el Cristo viviente<\/em><\/h3>\n<p>Estamos ante el l\u00edmite a partir del cual, la comprensi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal habla s\u00f3lo de manera expresa al creyente. Eso no niega faceta alguna de su personalidad, como tampoco la validez de sus obras. La santidad, por el contrario, que se nos presenta como rasgo esencial de su persona, lleva esa validez todav\u00eda m\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>Desde el plano de la santidad, que es eticidad vivida en la historia, Vicente es hoy una figura que nos interpela, alguien vivo, no un car\u00e1cter del pasado. El origen de su eticidad no es\u00adt\u00e1 en \u00e9l mismo, sino en un Dios personal al que \u00e9l se conf\u00eda. Si s\u00f3lo descubri\u00e9ramos valores socioculturales en la persona de Vicente de Pa\u00fal, apenas tendr\u00eda inter\u00e9s estudiarlo en pleno siglo XX, excepto como erudici\u00f3n; no podr\u00edamos establecer un con\u00adtacto vital con \u00e9l. Si como creyentes, en cambio, reconocemos en \u00e9l una honda eticidad que arraiga en Cristo, entonces s\u00ed tiene sentido la expresi\u00f3n <em>esp\u00edritu primitivo: <\/em>un mismo esp\u00edritu es, en efecto, el que suscita el carisma de Vicente de Pa\u00fal y el que per\u00admite hoy al creyente recordarlo y vivirlo.<\/p>\n<p>La eticidad difiere de la \u00e9tica. Etica puede concebirse como sistema basado en principios abstractos. Esta \u00e9tica no resiste la prueba de la vida y se convierte pronto en etolog\u00eda. Etolog\u00eda es menos que \u00e9tica: se reduce a un cierto equilibrio de costumbres.<\/p>\n<p>La eticidad es esencial a la humanidad: no se da una huma\u00adnidad \u00e9ticamente neutra. Un ser humano sin sensibilidad \u00e9tica es un monstruo.<\/p>\n<p>Se aspira por consiguiente a que humanidad y eticidad coin\u00adcidan, coincidencia que solamente es plena en Cristo. La humani\u00addad de Cristo es s\u00f3lo real en cuanto que depende de Dios. Ahora, Cristo no est\u00e1 aislado, sino que se comunica con los hombres, que formamos una unidad \u2014no f\u00edsica, ni biol\u00f3gica\u2014 sino per\u00adsonal y de reciprocidad.<\/p>\n<p>Pues bien, ese Cristo es un viviente, aun habiendo muerto y por haber muerto \u2014pues asumi\u00f3 la condici\u00f3n humana hasta la muerte\u2014 y su vinculaci\u00f3n con nosotros \u2014vinculaci\u00f3n real\u2014 es lo que llamamos esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Ignorar esto no es definitivamente fatal, pero detiene los cam\u00adbios personales e hist\u00f3ricos m\u00e1s de lo que parece.<\/p>\n<p>Ese esp\u00edritu est\u00e1 por encima de las vigencias culturales de las diversas \u00e9pocas, y es el \u00fanico capaz de se\u00f1alar a esas vigencias sus l\u00edmites.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, aunque el no ser revolucionario parezca mermar im\u00adportancia a San Vicente, el ser santo le da una importancia to\u00addav\u00eda mayor.<\/p>\n<p>Ahora bien, tenemos a primera vista la impresi\u00f3n de una ima\u00adgen invertida, porque, sin apercibirnos de ello, esperar\u00edamos de un santo de esta especie que respondiera a las preguntas de hoy d\u00eda. Y podemos exigir eso al vicenciano de hoy, pero no al hom\u00adbre del siglo xvii. Ese hombre se dej\u00f3 interrogar por su \u00e9poca y contest\u00f3 de manera satisfactoria: esa es su ejemplaridad y su lecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n m\u00e1s inmediata que yo he recibido al acercarme a Vicente de Pa\u00fal, es la de una personalidad potente, la de un hombre lleno de vitalidad y sagacidad. Pero esa potencia es en su vida, inicialmente, bastante ambigua, y aqu\u00ed confieso que me convence m\u00e1s Redier que Calvet: con Redier emprende uno un camino que no da sin m\u00e1s por supuesta la santidad de Vicente. Pero a medida que uno avanza, la va viendo uno surgir y ponerse al servicio del pobre.<\/p>\n<p>Se nos va revelando la calidad de un hombre muy pr\u00e1ctico, en contraste con B\u00e9rulle, el fundador del Oratorio. No tendr\u00e1 Vicente primero una idea que luego ir\u00e1 experimentando, sino que se ver\u00e1 apremiado por la realidad y acudir\u00e1 a ella. No era te\u00f3rico: tampoco es especulativo. No conjetura, sino que observa: es despu\u00e9s su sensibilidad \u00e9tica la que le impulsa a obrar.<\/p>\n<p>Entre esas dos vertientes, que son la apertura a la realidad y la capacidad de acci\u00f3n, media ese esp\u00edritu que impide el que se dispersen sus fuerzas o cometa errores. Entre los galeotes, con los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, en la reconstrucci\u00f3n de las regiones de\u00advastadas por la guerra, la \u00e9tica de Vicente rebosa de dinamismo social y de buen sentido&#8230;<\/p>\n<p>En cuanto fundador merece un puesto especial. La Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, las Hijas de la Caridad no surgen casual\u00admente, sino como r\u00e9plica al clamor de la miseria del pueblo fran\u00adc\u00e9s. San Vicente redacta las Reglas Comunes cuando ya la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n existe: no vienen al comienzo, sino al fin, como expresi\u00f3n colectiva de su carisma individual.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s improvisa Vicente, aun cuando act\u00fae febrilmente. \u00bfC\u00f3mo llega a fundar la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad? No desperdiciando el experimento de Francisco de Sales con las Hermanas de la Visitaci\u00f3n. No los claustros, sino las calles re\u00adclamar\u00e1n a las Hermanas que Vicente funde, y eso no va a que\u00addarse en simples deseos.<\/p>\n<h3><em>Una eticidad de efectos pol\u00edticos y sociales<\/em><\/h3>\n<p>En Vicente de Pa\u00fal, en el esp\u00edritu vicenciano del siglo XVII, reconocemos una profunda dinamicidad social. Ahora bien, du\u00adrante los tres siglos que transcurren desde entonces, tienen lugar cambios socioculturales de gran envergadura. Aquel <em>esp\u00edritu pri\u00admitivo, <\/em>aquel carisma espec\u00edficamente <em>vicenciano <\/em>precisan se los traduzca a un lenguaje y a una acci\u00f3n propios de estos tiempos, pero de modo que equivalgan a los originarios. Ahora, la pre\u00adtensi\u00f3n de manetener una equivalencia que no sea dinkmica, por fuerza ha de producir mimetismo, o sea, imitaci\u00f3n servil, cosa que retendr\u00eda las obras vicencianas en el pasado: ser\u00edan anacr\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Casi todas las convenciones sociales y pol\u00edticas en vigor hace 300 a\u00f1os han caducado. Pero existe un esp\u00edritu que activa y cohe\u00adsiona la historia. Y ese esp\u00edritu nos empuja a atender a nuestras situaciones sociales y pol\u00edticas, que son siempre nuevas y se su\u00adceden r\u00e1pidamente. Tampoco San Vicente pudo prever su situa\u00adci\u00f3n hist\u00f3rica: busc\u00f3 a Dios en las situaciones dadas. Buscar a Dios fuera de la historia es rehuirle.<\/p>\n<p>Hay quienes consideran la historia materialmente. La histo\u00adria se rebaja entonces al nivel de un producto que uno utiliza y desecha. La historia es, por el contrario, un sacramento en el que se realiza la \u00e9tica.<\/p>\n<p>Dentro del carisma espec\u00edfico hay dos aspectos que son ahora tan urgentes como en otro tiempo, s\u00f3lo que necesitan adquirir un dinamismo nuevo. Esos aspectos son:<\/p>\n<ul>\n<li>El celo por la extirpaci\u00f3n de la miseria<\/li>\n<li>La identificaci\u00f3n con el pueblo.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Miseria <\/em>es una palabra m\u00e1s apropiada que pobreza, porque lo de pobreza resulta equ\u00edvoco. Por miseria entender\u00edamos esta\u00addos de privaci\u00f3n: pero no de simple privaci\u00f3n, sino cuando \u00e9sta imposibilita la dignidad humana y reduce a la impotencia.<\/p>\n<p>San Vicente escogi\u00f3 deliberadamente la miseria como campo de acci\u00f3n y se afan\u00f3 por promover a sus v\u00edctimas hasta que \u00e9stas no necesitaran ya de \u00e9l ni de sus obras. No basta consolar: hay que abrir una perspectiva de promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Al ver hoy amplios sectores humanos en la impotencia, en la marginaci\u00f3n, en la opresi\u00f3n, no s\u00f3lo reconocemos la actualidad del esp\u00edritu vicenciano: percibimos la urgencia de que hombres e instituciones, movidos de ese esp\u00edritu, se enfrenten de nue\u00advo a la miseria.<\/p>\n<p>Ahora bien, las instituciones vicencianas, como el organismo eclesi\u00e1stico en su conjunto, tienen que evitar dos peligros:<\/p>\n<ul>\n<li>el de pugnar m\u00e1s por sobrevivir ellas mismas, y hasta crearse un renombre, que por extirpar verdaderamente la miseria, y<\/li>\n<li>el de emplear medios inadecuados y anacr\u00f3nicos en la lucha contra la miseria.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Dos peligros que, de suyo, ha habido que evitar siempre, pe\u00adro hoy de un modo especial, pues muchas veces, por desgracia, en estos dos \u00faltimos siglos, la doctrina social de la Iglesia no ha supuesto para la colectividad una alternativa, como la ha su\u00adpuesto el marxismo.<\/p>\n<p><em>El pueblo. <\/em>Es importante se\u00f1alar la gran diferencia que exis\u00adte entre la conciencia de pueblo que tiene San Vicente y el con\u00adcepto de pueblo que era com\u00fan en la \u00e9poca. Este \u00faltimo se en\u00adcuentra reflejado tanto en la literatura como en la teor\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En un ensayo sobre <em>Los caracteres <\/em>de La Bruy\u00e9re, se\u00f1ala Roland Barthes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;la mundanidad descrita por La Bruy\u00e9re tiene forzosa\u00admente ra\u00edces sociales: lo que est\u00e1 dentro son las clases privilegiadas (nobleza y burgues\u00eda), y lo que est\u00e1 fuera son los hombres sin nacimiento y sin dinero, es el pueblo (obreros y campesinos). Todo lo que ocupa un lugar en el interior del cercado, es llamado a ser, por este mismo he\u00adcho; todo lo que permanece en el exterior, es rechazado a la nada. El pueblo en esta literatura s\u00f3lo tiene un valor puramente funcional: sigue siendo el objeto de una caridad, cuyo sujeto, que es el hombre caritativo, es el \u00fanico lla\u00admado a existir; para ejercer la compasi\u00f3n se necesita un objeto que la suscite: el pueblo tiene esta complacencia. En t\u00e9rminos formales, las clases pobres, que no est\u00e1n ilu\u00adminadas por ninguna mirada pol\u00edtica, son ese puro exte\u00adrior sin el cual la burgues\u00eda y la aristocracia no podr\u00edan sentir su ser propio; los pobres son aquello a partir de lo cual se existe: son el l\u00edmite constitutivo del cerramiento. Y naturalmente, en tanto que puras funciones, los hom\u00adbres del exterior no tienen ninguna esencia. Privado de definici\u00f3n, el pueblo no puede recibir ni adjetivo, ni ca\u00adr\u00e1cter: desaparece, pues, del discurso&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>De otra parte, cuando en la teor\u00eda pol\u00edtica de la \u00e9poca se ha\u00adbla de la magnitud <em>pueblo, <\/em>se entiende en t\u00e9rminos sociol\u00f3gi\u00adcos y de modo restringido, refiri\u00e9ndose a los estamentos (noble\u00adza, alto clero y burgues\u00eda). Y as\u00ed, cuando la monarqu\u00eda absoluta comience a ser sometida a cr\u00edtica, y se hable del <em>derecho de resis\u00adtencia <\/em>del pueblo a un gobierno tir\u00e1nico, ese derecho compete exclusivamente a los estamentos, que son los \u00fanicos a los que se reconoce una funcionalidad pol\u00edtica, y en este caso, por consi\u00adguiente, categor\u00eda pol\u00edtica de pueblo.<\/p>\n<p>La literatura y la teor\u00eda pol\u00edtica definen al pueblo en t\u00e9rminos sociol\u00f3gicos; todo lo contrario a Vicente de Pa\u00fal, que habla del pueblo y lo describe en t\u00e9rminos \u00e9ticos. Y parad\u00f3jicamente, pue\u00adblo es en San Vicente aquel sector que permanece ignorado tanto por la literatura como por la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo fue pueblo, y no elabor\u00f3 teor\u00eda alguna: dej\u00e1ndose interpletar por una realidad concreta, adquiri\u00f3 esa conciencia de pueblo de la que es expresi\u00f3n su vida y obra.<\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n ver c\u00f3mo San Vicente, a pesar de sus re\u00adlaciones con los grandes y con la realeza, no se enga\u00f1a acerca de ellos; conoce su artificio y presunci\u00f3n, y sabe mantenerse a distancia de ellos. Por otra parte les induce, en la medida de lo posible, a remediar la miseria.<\/p>\n<p>Pueblo son para San Vicente los campesinos, los galeotes, los enfermos, los ni\u00f1os abandonados, la colectividad v\u00edctima de la miseria y de la marginaci\u00f3n. Su conciencia \u00e9tica rebasa el nivel sociol\u00f3gico, y gu\u00eda su acci\u00f3n de modo que nunca traicione al pueblo.<\/p>\n<h3><em>Antes y despu\u00e9s de las revoluciones<\/em><\/h3>\n<p>As\u00ed <em>y <\/em>todo, San Vicente nos habla desde el lado de all\u00e1 de las revoluciones, mientras que nosotros nos encontramos del lado de ac\u00e1 de ellas.<\/p>\n<p>La liquidaci\u00f3n del Antiguo R\u00e9gimen y el ascenso de la bur\u00adgues\u00eda al poder marcan \u2014a partir de la Revoluci\u00f3n Francesa, tomada como modelo\u2014 el primer eslab\u00f3n de una cadena que llega hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>De forma muy esquem\u00e1tica, este paso del <em>Antiguo R\u00e9gimen <\/em>al <em>Nuevo R\u00e9gimen <\/em>implica:<\/p>\n<ul>\n<li>demogr\u00e1ficamente: el paso de una Demograf\u00eda Antigua a una Demograf\u00eda Moderna, definida como tal por la cons\u00adtancia en el aumento de poblaci\u00f3n;<\/li>\n<li>econ\u00f3micamente: paso de una econom\u00eda de base agraria a una econom\u00eda industrializada;<\/li>\n<li>sociol\u00f3gicamente: paso de una sociedad estamental a una sociedad de clases;<\/li>\n<li>pol\u00edticamente: paso de la monarqu\u00eda absoluta a la monar\u00adqu\u00eda liberal burguesa;<\/li>\n<li>culturalmente: paso de una sociedad teocr\u00e1tica a una so\u00adciedad secular de marcado signo positivista.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En el conjunto de todas estas transformaciones, la burgues\u00eda es la gran protagonista del orden nuevo. Una burgues\u00eda cuyo lema revolucionario ha sido el de: <em>libertad, igualdad y fraternidad. <\/em>Mas se trata de una declaraci\u00f3n puramente te\u00f3rica, pues no se menciona lo que es para la burgues\u00eda un dios: la propiedad.<\/p>\n<p>A partir de un sistema de producci\u00f3n y distribuci\u00f3n funda\u00admentalmente privadas, es inevitable la escisi\u00f3n del cuerpo social en dos clases antag\u00f3nicas: la dominante y la proletaria. De ese modo desarrolla la burgues\u00eda un complejo aparato de <em>apropia\u00adci\u00f3n. <\/em>Vali\u00e9ndose de la econom\u00eda, la clase burguesa comienza a prevalecer, blande el poder como un arma, se apropia de la cul\u00adtura y de la religi\u00f3n e impone una mentalidad al servicio de sus intereses. Erige en pol\u00edtica sus t\u00e1cticas de dominio, y obliga a la religi\u00f3n a jugar un papel dentro de esas t\u00e1cticas. La religi\u00f3n se comporta as\u00ed en gran parte como religi\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Este proceso de sucesivas apropiaciones dio lugar a que co\u00adlectividades cada vez mayores adquiriesen un car\u00e1cter especial y correlativo: el de los proletariados.<\/p>\n<p>Pues bien, el marxismo suministra una comprensi\u00f3n y una for\u00admulaci\u00f3n a estos fen\u00f3menos, y la fe b\u00edblica y cristiana reconoce en muchos contenidos del marxismo su propia voz. Hist\u00f3rica\u00admente corresponde al marxismo ese m\u00e9rito. Y si nos cuesta ad\u00admitirlo, se debe a que tambi\u00e9n la historia pesa sobre nosotros.<\/p>\n<p>El marxismo ha significado, no la cr\u00edtica de los abusos del ca\u00adpitalismo, sino la demolici\u00f3n de las bases sobre las que se asienta. De hecho, ha supuesto para gran parte de la humanidad la mayor alternativa contra la opresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como creyentes, pues, tenemos que contar con estos hechos socioculturales. Y como vicencianos, cuando decimos que per\u00advive la herencia del fundador, indicamos que esa herencia ha de incidir sobre aquellos hechos, y no sobre una realidad que nos finjamos.<\/p>\n<p>La pregunta, por supuesto, es: \u00bfc\u00f3mo?<\/p>\n<p>No existe una f\u00f3rmula dada que aplicar. Y yo olvidar\u00eda mis propios l\u00edmites, si pretendiese responder a esa pregunta ante un auditorio de vicencianos.<\/p>\n<p>Pero algo puede decirnos a todos una autoridad como la de <em>J. <\/em>Moltmann, que en su obra <em>El Dios Crucificado <\/em>(E. S\u00edgueme), aborda el problema de la funci\u00f3n pol\u00edtica de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Tenemos que partir de las consecuencias pol\u00edticas de la teolo\u00adg\u00eda de la Cruz, puesto que la libertad de la fe se vive en el espacio de los movimientos pol\u00edticos. En ese espacio cobran realidad el di\u00e1logo, la cooperaci\u00f3n o la oposici\u00f3n entre fe cristiana y po\u00adl\u00edtica.<\/p>\n<p>Moltmann distingue dos modelos en el planteamiento de la funci\u00f3n pol\u00edtica de la fe cristiana:<\/p>\n<p><em>1. Desentenderse. <\/em>Para ser fieles a la idea del autor, noso\u00adtros traducimos este t\u00e9rmino por <em>deslindamiento, <\/em>pues desenten\u00adderse significa para algunos permanecer neutral. Esa neutralidad es una pretensi\u00f3n, pues la Iglesia tiene que pronunciarse frente al acontecimiento pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Este modelo apuntar\u00eda, no a la defensa abstracta de la separa\u00adci\u00f3n entre fe y pol\u00edtica, sino a la distinci\u00f3n de esa doble realidad: en la pr\u00e1ctica, fe y pol\u00edtica se envuelven una a otra. Esa distinci\u00f3n cr\u00edtica de campos ha de hacerse en cada situaci\u00f3n, dial\u00e9cticamente, para conservar la parte de verdad que corresponda al deslinda\u00admiento, sin caer en el peligro \u2014siempre presente y real\u2014 de que la libertad de la fe coexista o legitime cualquier forma de opre\u00adsi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Peligro <\/em>de este modelo es:<\/p>\n<ul>\n<li>llegar a desentenderse de la necesidad de liberar al mundo en el orden pol\u00edtico;<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Verdad<\/em><\/p>\n<ul>\n<li>la recta distinci\u00f3n de lo que es cualitativamente diferente;<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Historia<\/em><\/p>\n<ul>\n<li>la consideraci\u00f3n de que ambas realidades coexisten en el mismo espacio.<\/li>\n<\/ul>\n<p>2. <em>Modelo de la correspondencia. <\/em>Este tiende un puente desde la fe liberadora a la pol\u00edtica. Toda liberaci\u00f3n tiene su origen en Dios, pero exige correspondencias en la vida pol\u00edtica \u2014la liberaci\u00f3n de la miseria, de la violencia de las estructuras, del capitalismo\u2014; y deben vivirse como semejanzas de la libertad de la fe, y a\u00fan m\u00e1s, como camino necesario para la libertad de la fe.<\/p>\n<p>Por otra parte, sin olvidar las diferencias cualitativas, estas correspondencias llevan la fe cristiana a descubrir la libertad de Cristo, no solamente en la Iglesia como comunidad de cre\u00adyentes, sino en otros movimientos de la historia. El socialismo, pongamos por caso, no es ya el Reino de Dios; pero el Reino de Dios puede ser socialismo.<\/p>\n<p>Como resumen de estos dos modelos, habr\u00eda que se\u00f1alar que el primero exige el segundo, pues quedarse en el campo del des\u00adlindamiento cr\u00edtico entre fe y pol\u00edtica, no buscar las correspon\u00addencias, la necesaria acci\u00f3n, la posible cooperaci\u00f3n, es verse re\u00adducido a la inefectividad, separar lo que un cristianismo vivido no puede separar: teor\u00eda y praxis.<\/p>\n<p>Ahora bien, al hablar de las consecuencias pol\u00edticas de la teolog\u00eda de la Cruz, y afirmar que fe y pol\u00edtica coexisten en un mismo espacio, el creyente no puede olvidar lo mucho que cual\u00adquier Estado cifra en la Religi\u00f3n, en una especie determinada de Religi\u00f3n que llamar\u00edamos religi\u00f3n pol\u00edtica:<\/p>\n<ul>\n<li>Religi\u00f3n en poder del grupo dominante, la cual act\u00faa como factor de integraci\u00f3n social, y que es funcional respecto a las estructuras de esa sociedad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>As\u00ed, hist\u00f3ricamente, encontramos una Religi\u00f3n Pol\u00edtica en Grecia al servicio de la Democracia, y una Religi\u00f3n Pol\u00edtica <em>en <\/em>Roma al servicio del poder imperial, antes de la aparici\u00f3n del cristianismo; y despu\u00e9s que aparece el cristianismo en el Cons\u00adtantinismo. Igualmente en los tiempos modernos: una Religi\u00f3n Pol\u00edtica del Nacionalismo, del Imperialismo, de la burgues\u00eda ca\u00adpitalista, al servicio de intereses nacionales, econ\u00f3micos y cla\u00adsistas.<\/p>\n<p>Esta religi\u00f3n pol\u00edtica conlleva prestigio, relevancia, reconoci\u00admiento oficial: poder, en \u00faltimo caso. Hist\u00f3ricamente, el cristia\u00adnismo se ha comportado m\u00e1s de una vez como Religi\u00f3n Pol\u00edtica, pero hay un abismo entre una cosa y otra. En el cristianismo son antit\u00e9ticas la <em>relevancia y la identidad: <\/em>su relaci\u00f3n es inversamente proporcional: a mayor relevancia, menor identidad; a mayor identidad, menor relevancia.<\/p>\n<p>Cito directamente a Moltmann, cuando se\u00f1ala:<\/p>\n<p>\u00abEntre identidad cristiana irrelevante y la importancia so\u00adcial sin identidad cristiana, discurre el camino de una teo\u00adlog\u00eda de la Cruz de cu\u00f1o cr\u00edtico social\u00bb <em>(01). cit., <\/em>p. 448).<\/p>\n<p>Con todo, es evidente que, al nivel de relaci\u00f3n <em>fe-pol\u00edtica, <\/em>la respuesta no puede ser sino personal, y al preguntarse por una respuesta colectiva, como miembros que siguen un mismo esp\u00ed\u00adritu, s\u00f3lo cabe se\u00f1alar que ah\u00ed siguen las obras vicencianas, y que los acontecimientos las convocan a una inspiraci\u00f3n m\u00e1s dial\u00e9c\u00adtica que las revoluciones; y eso es cuesti\u00f3n de vocaci\u00f3n, m\u00e1s que de poder\u00edo y fuerza: vocaci\u00f3n es exigencia \u00e9tica, como hemos visto en San Vicente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Referencias 1. 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