{"id":45083,"date":"2011-07-13T07:15:07","date_gmt":"2011-07-13T05:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/"},"modified":"2011-07-13T07:15:07","modified_gmt":"2011-07-13T05:15:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Trabajo"},"content":{"rendered":"<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/trabajo.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-45111\" title=\"trabajo\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/trabajo-230x300.jpg?resize=230%2C300\" alt=\"\" width=\"230\" height=\"300\" \/><\/a>Hasta hace unas d\u00e9cadas y bajo el influjo de la cultura dominante, ha abundado en la Iglesia una concepci\u00f3n pesimista del trabajo. La tendencia a poner en el trabajo humano la un\u00edvoca etiqueta de maldici\u00f3n y condenaci\u00f3n, como inevitable consecuencia del pecado, ha recorrido siglos de tradici\u00f3n cristiana. Adem\u00e1s, su frecuente consi\u00adderaci\u00f3n desde una perspectiva meramente as\u00adc\u00e9tica y desde una \u00e9tica individualista, ha marcado con fuerza una espiritualidad del trabajo desen\u00adcarnada del verdadero sentido de la actividad hu\u00admana (G. Piana, Trabajo humano: \u00bfbendici\u00f3n o maldici\u00f3n?, Concilium 180 (1982) 556).<\/p>\n<p>Frente a este modelo negativo reaccion\u00f3 jus\u00adtamente la llamada teolog\u00eda del trabajo en torno a 1950. Esta reflexi\u00f3n teol\u00f3gica postulaba una va\u00adloraci\u00f3n positiva de las \u00abrealidades terrenas\u00bb e inscrib\u00eda la \u00abactividad humana\u00bb en la construc\u00adci\u00f3n de un mundo nuevo\u00bb.<span id='easy-footnote-1-45083' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/#easy-footnote-bottom-1-45083' title='El texto cl\u00e1sico que ha intentado una primera y co\u00adherente  sistematizaci\u00f3n desde la teolog\u00eda y que ha abierto caminos nuevos a una  verdadera &lt;em&gt;teolog\u00eda del trabajo &lt;\/em&gt;es el de M. D. Chenu, &lt;em&gt;Hacia una teolog\u00eda del trabajo, &lt;\/em&gt;Estela,  Bar\u00adcelona 1965. No se puede entender, en toda su profundi\u00addad, la  visi\u00f3n teol\u00f3gica actual sobre el trabajo sin este libro b\u00e1sico y  fundamental de M. D. Chenu.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> El Concilio Vaticano II, a trav\u00e9s de la Constituci\u00f3n \u00abGaudium et Spes\u00bb, asumi\u00f3 e impuls\u00f3 oficialmente esta teolog\u00eda del trabajo. Y as\u00ed, enmarc\u00f3 el trabajo humano en una \u00abespiritualidad de encarnaci\u00f3n\u00bb, en una \u00ab\u00e9tica del compromiso social\u00bb y en una \u00edntima conexi\u00f3n con la \u00abcreaci\u00f3n y la redenci\u00f3n\u00bb(Concilio Vatica\u00adno II, Gaudium et Spes, c. III de la 1\u00aa parte; c. III, sec. II de la 2\u00aa parte, n. 67 y s).<\/p>\n<p>Esta \u00abvisi\u00f3n nueva\u00bb de la espiritualidad del trabajo se fue ampliando progresivamente _en las ense\u00f1anzas de Juan XXIII y de Pablo VI, y en\u00adcuentra su sistematizaci\u00f3n org\u00e1nica en la enc\u00edcli\u00adca \u00abLaborem exercens\u00bb de Juan Pablo II.<span id='easy-footnote-2-45083' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/#easy-footnote-bottom-2-45083' title='Cf Juan Pablo II, &lt;em&gt;Laborem exercens, &lt;\/em&gt;Paulinas, Madrid 1981. El Papa actual traza aqu\u00ed una &lt;em&gt;espiritualidad del trabajo &lt;\/em&gt;que  arranca de los datos b\u00edblicos y patr\u00edsticos m\u00e1s positi\u00advos. Las  coordenadas que la citada enc\u00edclica propone para un correcto tratamiento  teol\u00f3gico del &lt;em&gt;trabajo &lt;\/em&gt;son: \u00abEl tra\u00adbajo como participaci\u00f3n en  la obra del Creador; Cristo, el hombre del trabajo; el trabajo humano a  la luz de la Cruz y de la Resurrecci\u00f3n de Cristo\u00bb.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Sirva este sucinto panorama como punto de referencia para aproximarnos a la espiritualidad vi\u00adcenciana del trabajo. Porque, inmerso en las re\u00adalidades intramundanas, Vicente de Pa\u00fal es un hi\u00adpersensible a la obra de Dios y al trabajo de los hombres. Su teolog\u00eda y su espiritualidad del tra\u00adbajo ocupan un puesto de primera magnitud en su pensamiento y en su praxis. Su opci\u00f3n radical por la evangelizaci\u00f3n de los pobres tiene una constante sin fisuras: trabajar hasta la extenuaci\u00f3n. Evidentemente, en su obra abundan tanto los ele\u00admentos negativos como los aspectos positivos que sobre el trabajo subrayaban las corrientes te\u00adol\u00f3gicas de su tiempo. Pero es justo adelantar que el Santo de la acci\u00f3n potencia y valora con cre\u00adces estos \u00faltimos. Incluso, no ser\u00eda nada arries\u00adgado afirmar que el discurso vicenciano sobre es\u00adte tema tiene coincidencias muy significativas con la espiritualidad postconciliar.<\/p>\n<h2>I. \u00bfUna espiritualidad del trabajo, propia y espec\u00edfica?<\/h2>\n<p>De entrada, cualquier estudioso del vicencia\u00adnismo encontrar\u00eda fuera de lugar esta pregunta. Es cierto que nos hallamos ante un tema que, en el conjunto de la espiritualidad vicenciana, adquiere una categor\u00eda excepcional. A lo largo y a lo ancho de la palabra escrita y hablada de Vicente de Pa\u00fal hay m\u00faltiples alusiones al trabajo, a la activi\u00addad humana, a la acci\u00f3n, al deber de trabajar, a la colaboraci\u00f3n con el plan de Dios en el mundo, a la glorificaci\u00f3n del Creador\u2026 Incluso, en algunas conferencias a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y a las Hijas de la Caridad esas alusiones se convierten en una profunda reflexi\u00f3n b\u00edblico-teol\u00f3gica sobre la obligaci\u00f3n y el gozo de trabajar. No hay que ol\u00advidar que su conferencia del 28 de noviembre de 1649 a las Hijas de la Caridad sobre el amor al tra\u00adbajo (IX, 439-452) es un cap\u00edtulo digno de figurar en la m\u00e1s positiva teolog\u00eda del trabajo y en la m\u00e1s coherente espiritualidad de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede hablar, en rigor, de una espiritualidad del trabajo, propia y espe\u00adc\u00edfica, dentro de la genuina espiritualidad vicen\u00adciana. O, dicho de otro modo, la teolog\u00eda y la espiritualidad del trabajo que expone Vicente de Pa\u00fal y que lega a sus seguidores, no se puede catalogar como un \u00abcuerpo doctrinal\u00bb propia y especificamente vicenciano. Pretender atribuir al pensamiento vicenciano una reflexi\u00f3n original en este tema ser\u00eda una apropiaci\u00f3n indebida y una extrapolaci\u00f3n demasiado forzada. Su insistencia sobre los diversos \u00e1ngulos teol\u00f3gicos, cristol\u00f3gi\u00adcos y antropol\u00f3gicos del trabajo humano no sig\u00adnifica que Vicente de Pa\u00fal tenga una teolog\u00eda pro\u00adpia en este terreno. Y, por lo mismo, tampoco se puede deducir una espiritualidad espec\u00edfica del trabajo en la tradici\u00f3n vicenciana.<\/p>\n<h2>II. Claves iluminadoras<\/h2>\n<p>Siempre podemos tener la tentaci\u00f3n de re\u00adducir el pensamiento vicenciano sobre el trabajo a una mera repetici\u00f3n, m\u00e1s o menos adornada, de la teolog\u00eda tradicional. Siendo muy ben\u00e9volos, podemos otorgar a Vicente de Pa\u00fal una especie de eclecticismo inteligente y pragm\u00e1tico de las di\u00adversas corrientes teol\u00f3gicas de su tiempo. Pero nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Desde esta posici\u00f3n corremos el peligro de quedarnos en la superficie y no penetrar en lo m\u00e1s profundo de la espiritualidad vicenciana del trabajo. Porque, a pesar de no ser una espiritua\u00adlidad propia y espec\u00edfica, contiene unos matices y unas notas que la caracterizan como \u00abpeculiar\u00bb y, en cierta medida, \u00aboriginal\u00bb. Por eso, antes de traspasar los umbrales de este edificio vicencia\u00adno, es imprescindible descubrir algunas claves que iluminen correctamente su estructura. Es de todo punto necesario acercarse a los cimientos que lo sustentan. Ciertamente, este elenco de \u00abclaves iluminadoras\u00bb no es exhaustivo, pero nos puede resultar suficientemente esclarecedor.<\/p>\n<h3>1. Una s\u00edntesis con sello \u00abpropio\u00bb<\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no lleva a cabo ninguna es\u00adpeculaci\u00f3n teol\u00f3gica ni elabora ninguna doctrina sistem\u00e1tica sobre el trabajo. Es hijo y heredero te\u00adol\u00f3gico de su tiempo. Bebe en las corrientes te\u00adol\u00f3gicas y espirituales que sobre el trabajo flu\u00edan, sin demasiado entusiasmo, en el siglo XVII. Pe\u00adro su discurso teol\u00f3gico y su vivencia espiritual no pueden encorsetarse en una \u00fanica corriente de pensamiento.<\/p>\n<p>Ciertamente, podr\u00eda haberse identificado \u00fani\u00adca y exclusivamente con la tradici\u00f3n dualista de inspiraci\u00f3n plat\u00f3nica o cartesiana donde se des\u00adtacan los perfiles negativos y penosos del traba\u00adjo.<span id='easy-footnote-3-45083' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/#easy-footnote-bottom-3-45083' title='Cf G. Mattai, &lt;em&gt;Trabajo, &lt;\/em&gt;en &lt;em&gt;Diccionario Teol\u00f3gico In\u00adterdisciplinar, &lt;\/em&gt;S\u00edgueme, Salamanca 1983, t. IV, p. 511.- Id., &lt;em&gt;Trabajador, &lt;\/em&gt;en Stefano de Fiares y Tullo Goffi (eds.), &lt;em&gt;Nue\u00advo Diccionario de Espiritualidad, &lt;\/em&gt;Paulinas, Madrid 1983, p. 1371.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> Tambi\u00e9n podr\u00eda haber asumido solamente el pensamiento tomista seguido mayoritariamente por la teolog\u00eda tradicional. Tom\u00e1s de Aquino ve en el trabajo -principalmente en la obligaci\u00f3n del tra\u00adbajo manual para las \u00f3rdenes religiosas- una cu\u00e1\u00addruple finalidad: \u00abproducci\u00f3n de los bienes ne\u00adcesarios para la vida; remedio contra la pereza, fuente del mal; freno de la concupiscencia de la carne; y posibilidad de dar limosnas\u00bb(Sto. Tom\u00e1s de Aquino, Suma teol\u00f3gica, 2-2, q. 187, a. 3). Ob\u00adviamente, podr\u00eda haberse apuntado a la evoluci\u00f3n que, en el siglo XVII, se registra en torno a la va\u00adloraci\u00f3n religiosa del trabajo. Una valoraci\u00f3n que preludia la concepci\u00f3n del trabajo t\u00edpica de la bur\u00adgues\u00eda y de la clase media: el trabajo como \u00e9xi\u00adto, riqueza y prestigio social(Cf F. Sch\u00fcssler Fio\u00adrenza, <em>Fe y praxis: el trabajo en la teolog\u00eda cat\u00f3li\u00adca, <\/em>Concilium 151 (1980), pp. 99-101). Y, como no pod\u00eda ser menos, Vicente de Pa\u00fal tiene muy claro el \u00abhumus\u00bb fundamental de la teolog\u00eda del trabajo: la representaci\u00f3n b\u00edblica de Dios que tra\u00adbaja -tanto en la obra creadora como en la re\u00addenci\u00f3n- y del hombre a quien en el plan original de Dios se le conf\u00eda la noble tarea de llevar a cumplimiento la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La originalidad y la especificidad vicenciana est\u00e1 en saber seleccionar la diversidad de co\u00adrrientes y hacer una relectura personal sobre el trabajo y la acci\u00f3n con las mejores aguas de ca\u00adda corriente. Vicente de Pa\u00fal, buen alquimista de f\u00f3rmulas y doctrinas, hace una s\u00edntesis cuidado\u00adsa de las varias corrientes teol\u00f3gicas e imprime su sello \u00abpropio\u00bb. Por eso, no est\u00e1 fuera de tono decir que, sin pretensiones, y combinando los datos de la Sagrada Escritura con el saber teol\u00f3\u00adgico tradicional, Vicente de Pa\u00fal sent\u00f3, en su tiem\u00adpo, las bases de una teolog\u00eda del trabajo cohe\u00adrente, articulada y abierta(A. Orcajo, San Vicente de Pa\u00fal, espiritualidad, BAC, Madrid 1981, pp. 117-118).<\/p>\n<p>Ciertamente, esta s\u00edntesis vicenciana no es obra de un te\u00f3rico que mide las palabras y las ordena perfectamente. Tampoco es fruto de un intelectual fr\u00edo, as\u00e9ptico y distante de las vicisi\u00adtudes de la vida real. Es el reflejo de un coraz\u00f3n apasionado \u00abque transform\u00f3 su doctrina en algo profundamente vital, dando a ello la impronta inconfundible de su personalidad, de su pensa\u00admiento siempre orientado a la acci\u00f3n\u00bb (Cf G. L. Coluccia, Espiritualidad vicenciana, espiritualidad de la acci\u00f3n, CEME, Salamanca 1979, p. 72).<\/p>\n<h3>2. La historia como \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb<\/h3>\n<p>Como es l\u00f3gico, esta expresi\u00f3n no corres\u00adponde, en su literalidad, a Vicente de Pa\u00fal. Su formulaci\u00f3n pertenece a la corriente teol\u00f3gica de mediados del presente siglo conocida como \u00abte\u00adolog\u00eda de la historia(Cf E. Vilanova, Historia de la teolog\u00eda cristiana, Herder, Barcelona 1992, t. III, pp. 883-893. L. Gonz\u00e1lez-Carvajal, Los signos de los tiempos. El Reino de Dios est\u00e1 entre nosotros, Sal Terrae, Santander 1987, pp. 19-49). Sin em\u00adbargo, el mismo Vicente de Pa\u00fal no dudar\u00eda en em\u00adplearla para explicarnos uno de los presupuestos m\u00e1s importantes de su espiritualidad del trabajo.<\/p>\n<p>A diferencia de la mayor\u00eda de sus contempo\u00adr\u00e1neos, Vicente de Pa\u00fal descubre y repite que Dios obra en la historia y no al margen de ella. En consecuencia, tiene muy presente que la volun\u00adtad creadora, transformadora y salvadora de Dios se realiza en el acontecer concreto de cada d\u00eda y en los hombres de \u00abcarne y hueso\u00bb. Porque el Dios vicenciano, como el Dios b\u00edblico, no es un ser lejano y extra\u00f1o a las fluctuaciones del mun\u00addo, ausente y desentendido de las situaciones reales de los hombres. Dios, lo mismo que el hombre, est\u00e1 comprometido en el desarrollo de este mundo. La presencia activa de Dios atra\u00adviesa la historia. Los planes de Dios se realizan en la historia y en ella Dios se revela al hombre y se hace presente en el mundo. La conclusi\u00f3n vicenciana es sencilla: lo importante es que el hombre sepa descubrir esta presencia divina en la historia y llegue a actuar en conformidad con la capacidad creadora que Dios ha depositado en \u00e9l (Ib\u00e1\u00f1ez, <em>Vicente de Pa\u00fal, buscador y realizador incansable de la voluntad de Dios, <\/em>en <em>Vicente de Pa\u00fal, la inspiraci\u00f3n permanente, <\/em>CEME, Salaman\u00adca 1982, pp. 242-244).<\/p>\n<p>Es conveniente advertir que, en el lenguaje vi\u00adcenciano, la presencia \u00ablaboriosa\u00bb de Dios en la historia se describe con expresiones como: \u00abmis\u00adteriosa providencia de Dios\u00bb, \u00abadmirable volun\u00adtad de Dios\u00bb, \u00abquerer y no querer de Dios\u00bb, \u00abno cabalgar sobre la providencia\u00bb, \u00abseguir paso a pa\u00adso la providencia\u00bb\u2026<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n dec\u00eda monse\u00f1or Blanchet en N\u00f3tre\u00adDame el 15 de marzo de 1960: \u00abEl gran \u00e9xito de la obra de Vicente proviene de que en \u00e9l se ha\u00adllan indisolublemente unidos el sentido de lo re\u00adal, el sentido del hombre y el sentido de Dios\u00bb (Blanchet, <em>Sens de Dieu, sens du r\u00e9el, sens de l&#8217;homme, <\/em>en <em>M\u00e9morial du Tricentennaire, <\/em>Par\u00eds 1962, p. 170).<\/p>\n<h3>3. El dinamismo de la Encarnaci\u00f3n<\/h3>\n<p>En la misma l\u00ednea de pensamiento, Vicente de Pa\u00fal relaciona \u00edntimamente la Creaci\u00f3n y la En\u00adcarnaci\u00f3n para llegar a descubrir y a realizar las exigencias de la voluntad de Dios. Tiene muy pre\u00adsentes dos coordenadas esenciales, convergen\u00adtes y complementarias: que el acontecimiento que da sentido a la historia es la gesta amorosa de Dios encarnado en Jesucristo, y que la En\u00adcarnaci\u00f3n se inscribe en el plan creador (Ib\u00e1\u00f1ez, <em>Vicente de Pa\u00fal, buscador y realizador incansable de la voluntad de Dios\u2026, <\/em>p. 245).<\/p>\n<p>Desde esa convicci\u00f3n nuclear, Vicente de Pa\u00fal va tejiendo el dinamismo de la Encarnaci\u00f3n en su espiritualidad del trabajo. Porque Dios creador en\u00adv\u00eda a su Hijo para llevar a cabo la liberaci\u00f3n, la trans\u00adformaci\u00f3n, la salvaci\u00f3n de los hombres (cf Un; Rom 5, 6-11; 8, 32; 2Cor 5, 14-21); la Encarnaci\u00f3n se sit\u00faa en el interior de la Creaci\u00f3n (cf Col 1, 15- 17; 2Cor 3, 18; 4, 4; Rom 8, 29; ICor 15, 49; Col 3, 10); es la manifestaci\u00f3n del Verbo creador {cf Jn 1, 3); es una nueva creaci\u00f3n (cf 2Cor 5, 17; G\u00e1l 6, 15). De esta forma, el dinamismo de la Encar\u00adnaci\u00f3n da densidad a la Creaci\u00f3n y la intervenci\u00f3n de Cristo en la historia \u00abrevela\u00bb el destino de to\u00ad do el mundo realizando la voluntad creadora-sal\u00advadora del Padre en beneficio de los hombres: <em>\u00abEsperad un poco y ver\u00e9is los designios de Dios; como ha decidido que el mundo no se pierda, por eso, en su compasi\u00f3n, ese mismo Hijo dar\u00e1 su vida por ellos\u00bb <\/em>(XI, 263).<\/p>\n<h3>4. El hombre, administrador de este mundo y comprometido desde su nacimiento<\/h3>\n<p>El enfoque vicenciano de la Creaci\u00f3n no se detiene en \u00abcuestiones disputadas\u00bb o en plan\u00adteamientos de alta escuela teol\u00f3gica. Vicente de Pa\u00fal prefiere lo \u00abpr\u00e1ctico\u00bb e, inmediatamente, extrae una serie de consecuencias para la vida. En esta ocasi\u00f3n, a Vicente de Pa\u00fal le interesa po\u00adner de manifiesto que el trabajo es una exigen\u00adcia ineludible de la Creaci\u00f3n. Y as\u00ed se lo hace ver a sus \u00abhijos\u00bb e \u00abhijas\u00bb subrayando, especial\u00admente, dos razones imperativas {cf A. Dodin, <em>Lecciones sobre vicencianismo, <\/em>CEME, Salaman\u00adca 1978, pp. 60-61).<\/p>\n<p>En primer lugar, San Vicente insiste en que \u00abel hombre no es poseedor, sino administrador ins\u00adtrumental y secundario de su propia vida y de es\u00adte mundo\u00bb. En su extensa conferencia del 6 de diciembre de 1658 sobre la \u00abfinalidad de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb, les recuerda a sus Mi\u00adsioneros: <em>\u00abNosotros somos para \u00c9l <\/em>(Dios) y <em>no pa\u00adra nosotros\u00bb <\/em>(XI, 398). Y no duda en darles una f\u00f3rmula segura para vivir esta relaci\u00f3n intr\u00ednseca entre la \u00abespiritualidad del trabajo\u00bb y la \u00abespiri\u00adtualidad de la Creaci\u00f3n\u00bb: <em>\u00abCreedme, padres y her\u00admanos m\u00edos, es una m\u00e1xima infalible de Jesu\u00adcristo, que muchas veces os he recordado de parte suya, que cuando un coraz\u00f3n se vac\u00eda de s\u00ed mismo, Dios lo llena; Dios es el que entonces mora y act\u00faa en \u00e9l; y el deseo de la confusi\u00f3n es el que nos vac\u00eda de nosotros mismos; es la hu\u00admildad, la santa humildad; entonces no seremos nosotros los que obraremos, sino Dios en noso\u00adtros, y todo ir\u00e1 bien\u00bb <\/em>(XI, 207). El pensamiento vi\u00adcenciano quiere subrayar un principio b\u00e1sico: no puede haber \u00abespiritualidad del trabajo\u00bb sin una actitud de total dependencia de Dios en la crea\u00adci\u00f3n continua.<\/p>\n<p>En segundo lugar, Vicente de Pa\u00fal advierte que <em>\u00abel hombre, por su nacimiento y por su Bau\u00adtismo-segundo <\/em>nacimiento-, <em>est\u00e1 comprometido a la conclusi\u00f3n de la creaci\u00f3n\u00bb. <\/em>Bautismo y Cre\u00adaci\u00f3n est\u00e1n \u00edntimamente unidos y articulados en el pensamiento vicenciano sobre el trabajo, la ac\u00adci\u00f3n y el cumplimiento del plan de Dios. Sin es\u00adta convicci\u00f3n vivencial no tiene sentido ni el tra\u00adbajo ni la misma existencia. Cuando Vicente de Pa\u00fal despliega ante las Hijas de la Caridad el aba\u00adnico de razones que deben inducirles a trabajar, no les dice: \u00abTrabajen porque hay que hacer al\u00adgo, as\u00ed no se aburrir\u00e1n\u00bb; por el contrario, les recuerda que est\u00e1 en juego el sentido mismo de su ser humano y cristiano: \u00abDeb\u00e9is trabajar porque vuestra existencia no tiene sentido sino en el mo\u00advimiento perpetuamente creador de Dios\u00bb {cf IX, 439-452).<\/p>\n<h3>5. La responsabilidad con respecto a los pobres<\/h3>\n<p>A prop\u00f3sito del \u00abMisterio de Jes\u00fas\u00bb escribe B. Pascal: \u00abJes\u00fas est\u00e1 en agon\u00eda hasta el fin del mundo: durante este tiempo no se puede dor\u00ad<em>mir\u00bb(Pens\u00e9es, <\/em>Lafuma, Par\u00eds 1962, n\u00b0 919). A buen seguro que su contempor\u00e1neo Vicente de Pa\u00fal firmar\u00eda sin vacilaciones ese \u00abpensamien\u00adto\u00bb. Porque es consciente de que la marginaci\u00f3n y la miseria de los pobres contradicen la Creaci\u00f3n y desvirt\u00faan la Encarnaci\u00f3n. De ah\u00ed su constante insistencia en \u00abno dormirse\u00bb, en trabajar para res\u00adtablecer el plan amoroso de Dios y continuar la misi\u00f3n evangelizadora de Cristo a favor de los que sufren esa \u00abagon\u00eda\u00bb(Cf Ib\u00e1\u00f1ez, <em>Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo, <\/em>S\u00edgueme, Sala\u00admanca 1977, pp. 276; 288-297).<\/p>\n<p>Dos frases de entre las muchas que nos ha dejado Vicente de Paul, reflejan el grado m\u00e1ximo de su responsabilidad por la situaci\u00f3n espiritual y material de los pobres: \u00abTendr\u00edamos que ven\u00addernos a nosotros mismos para sacar a nuestros hermanos de la miseria\u00bb (IX, 451); \u00abSomos los cul\u00adpables de que ellos sufran por su ignorancia y sus pecados; nuestra es, pues, la culpa de que ellos sufran, si no sacrificamos toda nuestra vida por instruirlos\u00bb {Xl, 121). Se puede decir que to\u00addo su trabajo tiene un hilo conductor: el compro\u00admiso irreversible de proclamar, con obras y pala\u00adbras, la dignidad humana de todo pobre, de todo marginado y lograr, a todo precio, su liberaci\u00f3n in\u00adtegral. Para lo cual ni ahorra esfuerzos ni permi\u00adte que sus seguidores se \u00abduerman\u00bb. Son ya bien conocidas sus expresiones referentes a \u00abno ganarse el pan que come\u00bb (cf XI, 121), expresio\u00adnes que van m\u00e1s all\u00e1 de la simple met\u00e1fora o del ejercicio de humildad y guardan siempre una \u00edn\u00adtima relaci\u00f3n con su conciencia de responsabili\u00addad ante el abandono total en que se hallan los pobres. Incluso, su responsabilidad se convierte, con frecuencia, en aldabonazo amenazante para los Sacerdotes de la Misi\u00f3n tentados de \u00abme\u00addiocridad\u00bb en su trabajo evangelizador: \u00ab\u00a1Pobres de nosotros si somos remisos en cumplir con la obligaci\u00f3n que tenemos de socorrer a los pobres! Porque nos hemos dado a Dios para esto y Dios cuenta con nosotros\u2026\u00bb {XI, 56-57).<\/p>\n<p>Para Vicente de Pa\u00fal nadie puede desintere\u00adsarse de la miseria de los hombres. En la Iglesia y en la sociedad todos debemos vivir en \u00abcomu\u00adni\u00f3n corresponsable\u00bb. Olvidarlo ser\u00eda renunciar pr\u00e1cticamente a insertarse en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, a formar parte de la humanidad {cf. Ib\u00e1\u00ad\u00f1ez, <em>Vicente de Pa\u00fal y los pobres, o. c. <\/em>p. 293).<\/p>\n<h3>6. La experiencia personal<\/h3>\n<p>No ser\u00eda exagerado o anacr\u00f3nicamente apo\u00adlog\u00e9tico aplicar a Vicente de Pa\u00fal lo que los evan\u00adgelios sin\u00f3pticos dicen de Jes\u00fas de Nazaret: que \u00abhablaba como quien tiene autoridad\u00bb (Cf Mt 7, 29; Mc 1, 22; Lc 4, 32). Y es que Vicente de Paul habla del trabajo, exige trabajar, insiste en los males de la ociosidad desde su personal ex\u00adperiencia. En definitiva, sus obras y trabajos van por delante de sus palabras. Es un testigo cuali\u00adficado, coherente y cre\u00edble en este tema del tra\u00adbajo.<\/p>\n<p>En las biograf\u00edas sobre San Vicente siempre hay un apartado, m\u00e1s o menos amplio, dedica\u00addo a contabilizar la \u00abagenda\u00bb de este trabajador infatigable (cf Calvet, San Vicente de Pa\u00fal, CEME, Salamanca 1979, p. 205-219; Rom\u00e1n, San Vi\u00adcente de Pa\u00fal. Biograf\u00eda, BAC, Madrid 1981, p. 270-274; Corera, Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00ad\u00fal, CEME, Salamanca 1989, p. 164-169). Su jornada diaria de trabajo expreso est\u00e1 entre doce y ca\u00adtorce horas, con un objetivo invariable: dar vida a los pobres. Su obsesi\u00f3n no le permite un solo respiro: \u00abAmemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente\u00bb (XI, 733). Su celo laborioso no en\u00adcuentra l\u00edmites: \u00abLa muerte que nos encuentra con las armas en la mano es la m\u00e1s gloriosa y la m\u00e1s deseable\u00bb {VI II, 239). Y, por supuesto, siem\u00adpre tiene presente, como un aguij\u00f3n, el consejo de su maestro, el padre Duval: \u00abUn eclesi\u00e1stico tiene que tener m\u00e1s faena de la que pueda rea\u00adlizar\u00bb (XI, 121).<\/p>\n<p>Por otra parte, Vicente de Paul tambi\u00e9n vive la experiencia negativa del trabajo: la multitud de cl\u00e9rigos y religiosos que deambulaban por las ca\u00adlles de Par\u00eds en un estado de insultante y ver\u00adgonzante ociosidad. El espect\u00e1culo que ofrec\u00edan las antiguas \u00d3rdenes mendicantes era poco ha\u00adlag\u00fce\u00f1o en el siglo XVII. Aunque lentamente la re\u00adforma se iba introduciendo en los monasterios, sin embargo, todav\u00eda dejaba mucho que desear. La disposici\u00f3n de San Benito \u00abora et labora\u00bb su\u00adfr\u00eda un grav\u00edsimo quebranto. Y Vicente de Pa\u00fal se queja, con mucha delicadeza y finura, de esos frailes mendicantes que, aun cuando tengan que pedir por exigencias de su regla, no dejan de ha\u00adcerlo \u00aba costa del pueblo\u00bb (cf IX, 448). A\u00fan m\u00e1s, se subleva en\u00e9rgicamente contra algunos Misio\u00adneros que se quejaban de tantas obras como emprend\u00eda: \u00ab\u00bf<em>Qui\u00e9nes ser\u00e1n los que intenten di\u00adsuadirnos de estos bienes que hemos comenza\u00addo? Ser\u00e1n esp\u00edritus libertinos, libertinos, liberti\u00adnos, que s\u00f3lo piensan en divertirse y, con tal que haya de comer, no se preocupan de nada m\u00e1s. <\/em><\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s? Ser\u00e1n\u2026 M\u00e1s vale que no lo diga. Ser\u00e1n gentes comodonas (y dec\u00eda esto cruzando los brazos, imitando a los perezosos), personas que no viven m\u00e1s que en un peque\u00f1o c\u00edrculo, que limitan su visi\u00f3n y sus proyectos a una pe\u00adque\u00f1a circunferencia en la que se encierran co\u00admo en un punto, sin querer salir de all\u00ed; y si les ense\u00f1an algo fuera de ella y se acercan para ver\u00adla, enseguida se vuelven a su centro, lo mismo que los caracoles a su concha\u00bb (XI, 397).<\/p>\n<p>No hace falta insistir en la experiencia terrible y sangrante de Vicente de Pa\u00fal en lo que ata\u00f1e al mundo de los pobres. Corno apunta J. M\u00b0 Ib\u00e1\u00ad\u00f1ez <em>(Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo\u2026, <\/em>p. 274s), Vicente de Pa\u00fal se sit\u00faa ante los pobres bas\u00e1ndose en dos elementos: la fe y la expe\u00adriencia. \u00c9l conoce la miseria de los campesinos por experiencia personal: sus or\u00edgenes y sus mi\u00adsiones. Experimenta que esa miseria est\u00e1 pro\u00advocada por una serie de estructuras \u00abperversas\u00bb socio-econ\u00f3mico-pol\u00edticas. Experimenta tambi\u00e9n el deambular cotidiano de mendigos, vagabun\u00addos, damnificados por la guerra y hambrientos. Comprueba palpablemente el abandono espiri\u00adtual, cultural, moral y material que se extiende por toda Francia en progresi\u00f3n geom\u00e9trica. Pero su experiencia adquiere valor testimonial porque no se queda en la mera constataci\u00f3n sociol\u00f3gica, sino que penetra hasta lo m\u00e1s hondo de su ser: <em>\u00abHemos de entrar en sus sentimientos para su\u00adfrir con ellos\u2026, enternecer nuestros corazones y hacerlos capaces de sentir los sufrimientos y las miserias del pr\u00f3jimo\u2026\u00bb <\/em>(XI, 233).<\/p>\n<p>Una experiencia de estas caracter\u00edsticas es un argumento incontrovertible para entender en toda su amplitud y profundidad el sentido del tra\u00adbajo en el pensamiento y en la praxis de Vicente de Pa\u00fal y de sus seguidores.<\/p>\n<h2>III. L\u00edneas fundamentales<\/h2>\n<p>Como queda dicho, no encontraremos en el pensamiento vicenciano una teolog\u00eda del trabajo sistematizada y minuciosamente elaborada. Tam\u00adpoco encontraremos una espiritualidad del tra\u00adbajo original y espec\u00edfica. Sin embargo, podemos rastrear una serie de l\u00edneas-fuerza que vertebran, cohesionan y fundamentan esa teolog\u00eda y dina\u00admizan esa espiritualidad. Unas l\u00edneas-fuerza que, hasta cierto punto, tienen un tono de \u00abnovedad\u00bb y de \u00aboriginalidad\u00bb, en el contenido y en la ex\u00adposici\u00f3n, dentro del panorama teol\u00f3gico y espiri\u00adtual del siglo XVII.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos espigar muchas y variadas consi\u00adderaciones sobre el trabajo en las cartas y con\u00adferencias de Vicente de Pa\u00fal a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y a las Hijas de la Caridad. Y de ah\u00ed sa\u00adcar\u00edamos una especie de florilegio demasiado va\u00adriopinto y no siempre ce\u00f1ido estrictamente al tema del trabajo. Pero donde Vicente de Pa\u00fal se atiene de forma ordenada y estructurada al tema en cuesti\u00f3n, es en la famosa conferencia del 28 de noviembre de 1649 a las Hijas de la Caridad (IX, 439-452), una de las conferencias m\u00e1s largas y con una trama argumental m\u00e1s l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Su mismo t\u00edtulo, \u00abSobre el amor al trabajo\u00bb, ya nos indica que la intenci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal no es impartir una lecci\u00f3n magisterial sobre teolog\u00eda y espiritualidad. Su objetivo es mucho m\u00e1s sencillo y, sobre todo, pr\u00e1ctico: animar a todos al cumplimiento generoso y gozoso de la obligaci\u00f3n de trabajar. Pero Vicente de Pa\u00fal no se limita a lanzar una arenga o a perge\u00f1ar un cat\u00e1\u00adlogo de normas y recomendaciones. Entreteje una teolog\u00eda del trabajo s\u00f3lida y b\u00edblicamente fun\u00addamentada, y profundiza en una espiritualidad co\u00adherente y din\u00e1mica. Sus l\u00edneas fundamentales nos dan una visi\u00f3n completa de todo ello.<\/p>\n<h3>1. \u00abDios trabaja continuamente\u00bb<\/h3>\n<p>\u00abEl mismo Dios trabaja continuamente, con\u00adtinuamente ha trabajado y trabajar\u00e1. Trabaja des\u00adde toda la eternidad dentro de s\u00ed mismo por la ge\u00adneraci\u00f3n eterna de su Hijo, que jam\u00e1s dejar\u00e1 de engendrar. El Padre y el Hijo no han dejado nun\u00adca de dialogar, y ese amor mutuo ha producido eternamente al Esp\u00edritu Santo, por el que han si\u00addo, son y ser\u00e1n distribuidas todas las gracias a los hombres. Dios trabaja adem\u00e1s fuera de s\u00ed mismo, en la producci\u00f3n y conservaci\u00f3n de este gran uni\u00adverso, en los movimientos del cielo, en las in\u00adfluencias de los astros, en las producciones de la tierra y del mar, en la temperatura del aire, en la regulaci\u00f3n de las estaciones y en todo este orden tan hermoso que contemplamos en la naturale\u00adza, y que se ver\u00eda destruido y volver\u00eda a la nada, si Dios no pusiese en \u00e9l sin cesar su mano. Ade\u00adm\u00e1s de este trabajo general, trabaja con cada uno en particular; trabaja con el artesano en su taller, con la mujer en su tarea, con la hormiga, con la abeja, para que hagan su recolecci\u00f3n, y esto in\u00adcesantemente y sin parar jamas\u00bb (IX, 444).<\/p>\n<p>Es obvio que Vicente de Pa\u00fal no pretende dar\u00adnos, en esta breve explicaci\u00f3n, una lecci\u00f3n sobre las \u00abmisiones\u00bb y \u00aboperaciones\u00bb divinas tal como las aprender\u00eda en los manuales de Pedro Lombar\u00addo y de Tom\u00e1s de Aquino (cf Antonino Orcajo, <em>El seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, <\/em>La Milagrosa, Madrid 1990, p. 156-157). Tampoco en\u00adtra en discusiones filos\u00f3ficas sobre la creaci\u00f3n ni plantea cuestiones relacionadas con el problema \u00e9tico-social del ecosistema.<\/p>\n<p>Su intenci\u00f3n es m\u00e1s pr\u00e1ctica: \u00ab<em>Si un Dios, so\u00adberano de todo el mundo, no ha estado ni un solo momento sin trabajar por dentro y por fuera desde que el mundo es mundo, y hasta en las pro\u00adducciones m\u00e1s bajas de la tierra, a las que presta su concurso, \u00a1cu\u00e1n razonable es que nosotros, criaturas suyas, trabajemos, como se ha dicho, con el sudor de nuestras frentes! Un Dios trabaja incesantemente, \u00bfy podr\u00eda mantenerse ociosa una Hija de la Caridad?\u00bb <\/em>(IX, 444s). Es decir, a Vicente de Pa\u00fal le interesa extraer de la ciencia teol\u00f3gica una serie de principios b\u00e1sicos que regulen la ac\u00adci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><em>a) <\/em><em>\u00abDentro de s\u00ed mismo\u00bb : <\/em>Al presentar el \u00abtrabajo de Dios <em>dentro de s\u00ed mismo\u00bb, <\/em>Vicente de Pa\u00fal quiere insistir en el misterio trinitario como paradigma perfecto de trabajo y de comuni\u00f3n de vida. Paradigma que ya antes de Vicente de Pa\u00fal subrayaron otros fundadores de congrega\u00adciones religiosas. Precisamente la Trinidad es uno de los principios nucleares en la tradici\u00f3n vicen\u00adciana. Por ejemplo, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, a trav\u00e9s de sus Constituciones, \u00abdescubre en la Trinidad el principio supremo de su acci\u00f3n y de su vida\u00bb (II, 20); y la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, tambi\u00e9n a trav\u00e9s de sus Constituciones, quieren \u00abreproducir (en la vida fraterna) la imagen de la Sant\u00edsima Trinidad\u00bb (2. 17).<\/p>\n<p><em>b) <\/em><em>\u00abFuera de s\u00ed mismo\u00bb: <\/em>Cuando Vicente de Pa\u00fal explica que \u00abDios trabaja <em>fuera de s\u00ed mis\u00admo\u00bb, <\/em>nos recuerda algo fundamental: que Dios est\u00e1 presente en el mundo, en la historia, no con una lejan\u00eda contemplativa, sino manifestando su voluntad personal a trav\u00e9s de los acontecimientos, de los \u00absignos de los tiempos\u00bb. Porque \u00abDios se encuentra comprometido en el drama del mundo y en el riesgo que lleva consigo el desarrollo de la humanidad\u00bb( <em>Vicente de Pa\u00fal y los pobres\u2026o. c. <\/em>p. 265). En este apartado no puede pasar desa\u00adpercibida la expresi\u00f3n vicenciana <em>\u00absi Dios no pu\u00adsiese sin cesar su mano\u00bb. <\/em>Es curiosa su coinci\u00addencia con lo que nos dice el Concilio Vaticano II al hablar de la espiritualidad de la \u00abactividad hu\u00admana\u00bb: \u00abQuien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la reali\u00addad, est\u00e1 llevado, a\u00fan sin saberlo, como por la <em>mano <\/em>de Dios, quien, <em>sosteniendo <\/em>todas las co\u00adsas, da a todas ellas el ser\u00bb {G. et S. n\u00b0 36).<\/p>\n<p><em>c) <\/em><em>\u00abCon cada uno en particular\u00bb: <\/em>Vicente de Pa\u00fal, deja bien claro que Dios ha querido asociar al hombre al desarrollo de su obra creadora para que d\u00e9 los \u00faltimos toques a las cosas por \u00c9l cre\u00adadas. De esta forma, el hombre \u00abcrea\u00bb con Dios y Dios \u00abtrabaja\u00bb con el hombre. Y, por su traba\u00adjo, el hombre se convierte en un colaborador de Dios, en un \u00abcreador\u00bb en min\u00fascula y en senti\u00addo anal\u00f3gico (cf J. Mg Guix Ferreres, <em>Juan Pablo y el trabajo. De la \u00abRerum novarum\u00bb a la \u00abLa\u00adborem exercens\u00bb, <\/em>Corintios XIII 22 (1982) 82). Es la dimensi\u00f3n m\u00e1s positiva del trabajo como imi\u00adtaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n en la obra creadora de Dios. As\u00ed, el desarrollo de la creaci\u00f3n resulta de la con\u00adjunci\u00f3n de dos actividades: la de Dios y la del hombre. Por lo mismo, el trabajo realiza la voca\u00adci\u00f3n del hombre perfeccionando la obra de Dios.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil parangonar este pensamiento vi\u00adcenciano con una de las coordenadas m\u00e1s ac\u00adtuales de la \u00abespiritualidad del trabajo\u00bb, donde se subraya que los trabajos artesanales, modes\u00adtos y oscuros, prolongan la acci\u00f3n creadora de Dios, lo mismo que la t\u00e9cnica y el arte cooperan a la construcci\u00f3n de la ciudad terrestre. El Con\u00adcilio Vaticano II es expl\u00edcito a este respecto: \u00abLos hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para s\u00ed y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con raz\u00f3n pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia\u00bb (G. et S. n\u00b0 34). El Papa Juan Pablo II destaca que \u00aben la palabra de la divina Revela\u00adci\u00f3n est\u00e1 inscrita muy profundamente esta ver\u00addad fundamental, que <em>el hombre, <\/em>creado a ima\u00adgen de Dios, <em>mediante su trabajo participa en la obra del Creador, <\/em>y seg\u00fan la medida de sus pro\u00adpias posibilidades, en cierto sentido, contin\u00faa de\u00adsarroll\u00e1ndola y la completa, avanzando cada vez m\u00e1s en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado\u00bb <em>(La\u00adborem excercens, <\/em>n\u00b025).<\/p>\n<p>Y es significativo tambi\u00e9n c\u00f3mo el discurso vi\u00adcenciano, contra las corrientes negativas de su \u00e9poca, est\u00e1 en plena sinton\u00eda con un enfoque moderno del trabajo por parte de los cristianos que, \u00ablejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Crea\u00addor, est\u00e1n, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grande\u00adza de Dios y consecuencia de su inefable desig\u00adnio. Cuanto m\u00e1s se acrecienta el poder del hom\u00adbre, m\u00e1s amplia es su responsabilidad individual y colectiva. De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificaci\u00f3n del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo\u00bb (G. et. S. n\u00b0 34).<\/p>\n<h3>2. \u00abLa vida del Hijo de Dios en la tierra\u00bb<\/h3>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 hizo Nuestro Se\u00f1or mientras vivi\u00f3 en la tierra?\u2026\u00c91 llev\u00f3 dos vidas sobre la tierra. Una, desde su nacimiento hasta los treinta a\u00f1os, du\u00adrante los que trabaj\u00f3 con el sudor de su divino ros\u00adtro por ganarse la vida. Tuvo el oficio de carpin\u00adtero; se carg\u00f3 con el cesto y sirvi\u00f3 de jornalero y de alba\u00f1il. Desde la ma\u00f1ana hasta la noche es\u00adtuvo trabajando en su juventud, continu\u00f3 hasta la muerte. El cielo y la tierra se llenan de verg\u00fcen\u00adza a la vista de semejante espect\u00e1culo. . . El otro estado de la vida de Jesucristo en la tierra fue desde los treinta a\u00f1os hasta su muerte. Durante esos tres a\u00f1os \u00bfqu\u00e9 es lo que no trabaj\u00f3 de d\u00eda y de noche, predicando unas veces en el templo, otras en una aldea, sin descanso, para convertir al mundo y ganar las almas para Dios su Padre?\u2026\u00bb (IX, 446).<\/p>\n<p>Si hay una l\u00ednea que ha permanecido invaria\u00adble en este tema es la que se refiere a \u00abCristo, el hombre del trabajo\u00bb.<span id='easy-footnote-4-45083' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-trabajo\/#easy-footnote-bottom-4-45083' title='Esta expresi\u00f3n pertenece a Juan Pablo II en su en\u00adc\u00edclica &lt;em&gt;Laborem oxercens, &lt;\/em&gt;y   es, concretamente, la que sir\u00adve de t\u00edtulo al apartado 26.  Ciertamente,  es una expresi\u00f3n actual, pero recoge perfectamente toda \u00e1  tradici\u00f3n  escri\u00adtur\u00edstica, teol\u00f3gica y espiritual que se refiere a  Cristo como  modelo del trabajo humano. Esta expresi\u00f3n encaja  perfec\u00adtamente en el  pensamiento vicenciano.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> Desde la m\u00e1s elemen\u00adtal reflexi\u00f3n b\u00edblica, pasando por los Santos Pa\u00addres y la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, hasta la elabora\u00adci\u00f3n teol\u00f3gica de Santo Tom\u00e1s y el magisterio eclesi\u00e1stico actual, esta l\u00ednea ha seguido una tra\u00adyectoria inalterable. Vicente de Pa\u00fal se mueve aqu\u00ed con toda soltura. Incluso, sus expresiones no difieren excesivamente de las empleadas en tra\u00adtados cl\u00e1sicos y en alocuciones y enc\u00edclicas mo\u00addernas.<\/p>\n<p>Esta l\u00ednea tiene dos dimensiones comple\u00admentarias. Una m\u00e1s narrativa y catequ\u00e9tica, la otra, m\u00e1s teol\u00f3gica y soteriol\u00f3gica. Vicente de Pa\u00ad\u00fal se detiene mucho m\u00e1s, casi exclusivamente, en la primera, la que hace referencia al \u00abtrabajo cons\u00adtante y humilde del Hijo de Dios en esta tierra\u00bb y, por consiguiente, \u00abal trabajo humano como imitaci\u00f3n del trabajo de Cristo\u00bb. No se detiene de\u00admasiado en el \u00abtrabajo humano como colabora\u00adci\u00f3n a la obra redentora de Cristo\u00bb. Aunque alude a esta segunda dimensi\u00f3n y la tiene en cuenta, sin embargo, profundiza menos en ella. La raz\u00f3n puede estar en la sencillez de su audi\u00adtorio y, sobre todo, en la intenci\u00f3n pr\u00e1ctica de su conferencia: <em>\u00ab\u00c9sta es, mis queridas hermanas, la conducta de Dios, soberano de todo el mundo, al que todas las criaturas deben un honor infini\u00adto. Lo vemos vivir del trabajo de sus manos y en la ocupaci\u00f3n m\u00e1s baja y penosa del mundo. Y no\u00adsotros, ruines y miserables, \u00bfvamos a estar in\u00fa\u00adtiles? \u00bfY querr\u00e1 ahorrar sus esfuerzos una Hija de la Caridad?\u2026 Obrar de esta forma, mis queridas hermanas, es imitar la conducta de nuestro Se\u00ad\u00f1or en la tierra; y ganarse la vida de esta mane\u00adra, sin perder tiempo, es gan\u00e1rsela como nues\u00adtro Se\u00f1or se la gan\u00f3\u00bb <\/em>(IX, 446s).<\/p>\n<p><strong>a) El trabajo humano como imitaci\u00f3n del trabajo de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal insiste en una serie de verda\u00addes fundamentales: el Verbo se hizo carne para en\u00adse\u00f1ar y redimir a los hombres; Jesucristo ense\u00f1\u00f3 con sus palabras pero, sobre todo, con su ejem\u00adplo. Es bien elocuente que quisiera ocupar la casi totalidad de su vida adolescente y adulta en el  tra\u00adbajo an\u00f3nimo de un taller. Jesucristo conoce por experiencia qu\u00e9 es  el trabajo. Su trabajo, un ver\u00addadero trabajo f\u00edsico, ocup\u00f3 la mayor  parte de su vida en la tierra y, de esta forma, ha entrado en la obra de  la redenci\u00f3n del hombre y del mundo, lle\u00advada a cabo por \u00c9l, con la  misma vida terrena.<\/p>\n<p>A Vicente de Pa\u00fal le interesa, principalmente, poner de relieve la ejemplaridad de todo un Dios encarnado convertido en un sencillo trabajador. Y le interesa destacar, con fuerza e insistencia, que Cristo trabaj\u00f3 en las ocupaciones m\u00e1s humildes, sencillas, penosas y socialmente bajas. Es el me\u00adjor argumento para que las Hijas de la Caridad, sier\u00advas de los pobres, trabajadoras humildes y sen\u00adcillas, encuentren un acicate incontrovertible en el modelo de Cristo trabajador sin descanso.<\/p>\n<p><strong>b) El trabajo humano como colaboraci\u00f3n a la obra redentora de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Jesucristo es tan redentor clavado en la cruz como trabajando en Nazaret. Aunque considera\u00addo en s\u00ed mismo, el acto de morir en la cruz es superior al acto de trabajar en el taller, sin em\u00adbargo, los dos tienen una misma finalidad -la Re\u00addenci\u00f3n- y un mismo valor -infinito-, porque am\u00adbos proceden de una misma persona divina. En este sentido, el pensamiento vicenciano se orien\u00adta en la direcci\u00f3n de la actual \u00abespiritualidad del trabajo\u00bb: \u00abCristo uni\u00f3 la obra de su redenci\u00f3n al trabajo en el taller de Nazaret\u00bb (Juan Pablo II, <em>Ho\u00admil\u00eda, <\/em>Maguncia 16-XI-80 n\u00b0 2).<\/p>\n<p>Por supuesto, en Vicente de Pa\u00fal late la con\u00advicci\u00f3n de que el trabajo del hombre debe aso\u00adciarse a la obra redentora de Cristo. Y debe contribuir a extender a los dem\u00e1s los frutos de la Redenci\u00f3n y propagarlos por todas partes. Sin ninguna duda, Vicente de Pa\u00fal ratificar\u00eda lo que el Papa Juan Pablo II afirm\u00f3, en 1980, en su visita a Brasil: \u00abEl trabajo os asocia m\u00e1s estrechamen\u00adte a la Redenci\u00f3n que Cristo realiz\u00f3 mediante la Cruz, cuando os lleva a aceptar todo cuanto tie\u00adne de penoso, de fatigoso, de mortificante, de cru\u00adcificante en la monoton\u00eda cotidiana; cuando os lleva incluso a unir vuestros sufrimientos a los sufrimientos del Salvador, para completar <em>lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo que es la Iglesia <\/em>(Col 2, 24)\u00bb (Sao Paulo, Brasil, 3-VII-80, n\u00b0 7).<\/p>\n<h3>3. \u00abSan Pablo se gan\u00f3 la vida con el trabajo de sus manos\u00bb<\/h3>\n<p>\u00abSan Pablo, el gran ap\u00f3stol, el hombre lleno de Dios, el vaso de elecci\u00f3n, se gan\u00f3 la vida con el trabajo de sus manos; en medio de sus gran\u00addes trabajos, de sus graves ocupaciones, de sus predicaciones continuas, empleaba el tiempo de d\u00eda y de noche para poder bastarse a s\u00ed mismo, sin pedir nada a nadie\u2026\u00bb (IX, 447).<\/p>\n<p>En la espiritualidad vicenciana sobre el traba\u00adjo no pod\u00eda faltar el ejemplo de San Pablo. Es una constante referencial, casi un lugar com\u00fan, siem\u00adpre que se toca este tema. No hay reflexi\u00f3n te\u00adol\u00f3gica, espiritual o moral -cl\u00e1sica o moderna, tra\u00addicional o renovada- sobre el trabajo humano que no cite el ejemplo y las ense\u00f1anzas de San Pa\u00adblo. Much\u00edsimas veces, con las mismas expre\u00adsiones que emplea Vicente de Pa\u00fal. Por citar un documento actual sobresaliente, ah\u00ed est\u00e1 la en\u00adc\u00edclica <em>Laborem exercens <\/em>de Juan Pablo II: \u00abEs\u00adta ense\u00f1anza de Cristo acerca del trabajo, basa\u00adda en el ejemplo de su propia vida durante los a\u00f1os de Nazaret, encuentra un eco particular\u00admente vivo en las ense\u00f1anzas del Ap\u00f3stol Pablo. \u00c9ste se gloriaba de trabajar en su oficio (proba\u00adblemente fabricaba tiendas), y gracias a esto po\u00add\u00eda tambi\u00e9n, como ap\u00f3stol, ganarse por s\u00ed mismo el pan\u2026Las ense\u00f1anzas del Ap\u00f3stol de las Gen\u00adtes tienen, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo hu\u00admano\u00bb <em>(Laborem exercens <\/em>n\u00b0 26).<\/p>\n<p>Y, como en los dos apartados anteriores, tam\u00adbi\u00e9n en este caso Vicente de Pa\u00fal enfatiza imperiosamente el modelo de San Pablo con una intenci\u00f3n concreta: \u00ab\u00bfQui\u00e9n no se llenar\u00e1 de con\u00adfusi\u00f3n ante este ejemplo? No era una hermana la que hablaba ni era un hombre ordinario; era un hombre de elevada condici\u00f3n por su nacimiento, su ciencia y su virtud; y aquel hombre estimaba tanto la santa pobreza ense\u00f1ada por Jesucristo que hubiese sentido escr\u00fapulos de comer un tro\u00adzo de pan sin hab\u00e9rselo ganado\u2026\u00bb (IX, 447).<\/p>\n<h2>IV. Valoraci\u00f3n del trabajo<\/h2>\n<p>Como ya hemos se\u00f1alado, en el pensamien\u00adto y en las ense\u00f1anzas de Vicente de Pa\u00fal convi\u00adven elementos negativos y positivos sobre el tra\u00adbajo. Evidentemente, Vicente de Pa\u00fal no puede sustraerse a las corrientes teol\u00f3gicas de su \u00e9po\u00adca. Sin embargo, como tambi\u00e9n hemos apuntado, en la espiritualidad vicenciana abundan mucho m\u00e1s los elementos positivos. Es l\u00edcito afirmar que Vicente de Pa\u00fal -y toda la tradici\u00f3n vicenciana- ha\u00adce una valoraci\u00f3n altamente positiva del trabajo humano. Cuando Vicente de Pa\u00fal insiste en el de\u00adber de trabajar, siempre apoya su argumentaci\u00f3n en razones positivas y en aspectos creativos. Con\u00adjuga las exigencias que implica el trabajo con los valores humanos y cristianos inherentes al hecho de trabajar. Incluso se puede decir que su teolo\u00adg\u00eda y espiritualidad del trabajo llevan una gran car\u00adga de optimismo antropol\u00f3gico y teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>En la conferencia que venimos analizando, del 28 de noviembre de 1649 a las Hijas de la Cari\u00ad dad, encontramos una valoraci\u00f3n del trabajo bas\u00adtante estructurada. Vicente de Pa\u00fal arranca de la obligaci\u00f3n que Dios impone al hombre en el sen\u00adtido de <em>\u00abganarse la vida con el sudor de su fren\u00adte\u00bb <\/em>(IX, 442). Una obligaci\u00f3n que se convierte en <em>\u00abmandamiento tan expreso que no hay ning\u00fan hombre que pueda exceptuarse de \u00e9l\u00bb <\/em>(IX, 442). Ciertamente, despu\u00e9s del pecado, el trabajo se hace m\u00e1s duro y penoso, y <em>\u00abnos sirve de peni\u00adtencia por el esfuerzo que exige al cuerpo\u00bb <\/em>(IX, 442), pero no hay que considerarlo como un cas\u00adtigo ni puede ser en s\u00ed mismo un castigo (cf Ib\u00e1\u00ad\u00f1ez, <em>o. c. <\/em>p. 264; Orcajo, <em>El seguimiento\u2026 o. c. <\/em>p. 162). De todas formas, el trabajo implica una obediencia que <em>glorifica a Dios, autorrealiza al hombre y sirve de ayuda al necesitado. <\/em>En esta triple vertiente positiva fundamenta Vicente de Pa\u00fal su valoraci\u00f3n del trabajo.<em><\/em><\/p>\n<h3><em>1. <\/em>El trabajo, glorificaci\u00f3n de Dios<\/h3>\n<p>\u00abHay que trabajar primeramente para agradar a Dios, que pone su alegr\u00eda y sus delicias en ver\u00adnos ocupados en un mismo fin\u00bb (IX, 451).<\/p>\n<p>Esta primera valoraci\u00f3n del trabajo nos pone en guardia contra dos tentaciones: la primera con\u00adsiste en despreciar el trabajo, en aceptar con re\u00adsignaci\u00f3n y desgana el esfuerzo que exige el tra\u00adbajo. La segunda, hace referencia a la \u00abidolatr\u00eda\u00bb del trabajo, a la exaltaci\u00f3n de la competitividad, a la avaricia, a la esclavitud del hombre por el tra\u00adbajo y sus consecuencias de \u00e9xito y dinero.<\/p>\n<p>Frente a esos dos peligros, Vicente de Pa\u00fal profundiza en una doble direcci\u00f3n: las capacida\u00addes creadoras del hombre son un don de Dios; la actividad humana, en sus intenciones, en su re\u00adlaci\u00f3n y en sus resultados, est\u00e1 orientada al Cre\u00adador. Y la conclusi\u00f3n es obvia: \u00abHay que santifi\u00adcar esas ocupaciones buscando en ellas a Dios y hacerlas m\u00e1s por encontrarle a \u00e9l all\u00ed que por ver\u00adlas hechas. Nuestro Se\u00f1or quiere que ante todo busquemos su gloria, su reino, su justicia\u2026 Si por fin nos asentamos firmemente en la b\u00fasqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que lo dem\u00e1s vendr\u00e1 despu\u00e9s\u00bb (XI, 430). El mismo Concilio Vaticano II lo subraya: \u00abDeben, pues, los fieles conocer la naturaleza \u00edntima de todas las cria\u00adturas, su valor y su ordenaci\u00f3n a la gloria de Dios\u2026\u00bb (L. G. n\u00b036).<em><\/em><\/p>\n<h3><em>2. <\/em>El trabajo, autorrealizaci\u00f3n del hombre<\/h3>\n<p>\u00abDios al hablar al justo dice que vivir\u00e1 del tra\u00adbajo de sus manos, como si hubiese querido dar\u00adnos a entender que la mayor obligaci\u00f3n del hom\u00adbre, despu\u00e9s del servicio que tiene que hacer a Dios, consiste en trabajar para ganarse la vida, y que bendecir\u00e1 de tal forma el esfuerzo que haga, que no caer\u00e1 en necesidad, que no ser\u00e1 una car\u00adga para nadie, y que lo que \u00e9l haga servir\u00e1 para mantener a su familia, y todo le saldr\u00e1 bien. Dios mismo promete trabajar con \u00e9l, y mientras trabaja, bendecir\u00e1 a Dios\u00bb (IX, 4431-<\/p>\n<p>Transponi\u00e9ndolo al lenguaje de hoy, Vicente de Pa\u00fal nos quiere indicar que, trabajando, el hom\u00adbre perfecciona su propia naturaleza, se hace m\u00e1s hombre, perfecciona en si mismo la imagen de Dios. Con el trabajo, el hombre se convierte en artesano y demiurgo de s\u00ed mismo. Quien trabaja se siente \u00fatil, v\u00e1lido, comprometido en algo que da valor a su vida.<\/p>\n<p>La mejor ex\u00e9gesis de este valor vicenciano del trabajo, la encontramos en el pensamiento del Papa Juan Pablo II al reflexionar sobre \u00abel traba\u00adjo y la dignidad de la persona\u00bb: \u00abEl trabajo es un bien del hombre\u2026 no s\u00f3lo un bien &#8216;\u00fatil&#8217; o &#8216;para disfrutar&#8217;, sino un bien &#8216;digno&#8217;, es decir, que co\u00adrresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta\u2026 El trabajo es un bien del hombre -es un bien de su huma\u00adnidad-, porque mediante el trabajo el hombre no s\u00f3lo transforma la naturaleza adapt\u00e1ndola a las pro\u00adpias necesidades, sino que se realiza a s\u00ed mismo como hombre, es m\u00e1s, en un cierto sentido &#8216;se hace m\u00e1s hombre'\u00bb <em>(Laborem exercens <\/em>n\u00b0 9).<\/p>\n<h3>3. El trabajo, ayuda para el necesitado<\/h3>\n<p>\u00abEn tercer lugar, hay que hacerlo pensando que est\u00e1is trabajando en el servicio del pr\u00f3jimo, que es tan estimado por Dios que cree como he\u00adcho a s\u00ed mismo lo que se hace para consuelo de los dem\u00e1s\u00bb (IX, 451).<\/p>\n<p>Esta faceta del trabajo es la m\u00e1s subrayada por Vicente de Pa\u00fai y por toda la tradici\u00f3n vicencia\u00adna. Entre otras razones, porque es la que est\u00e1 m\u00e1s en coherencia con el carisma y la espiritualidad vicenciana: la evangelizaci\u00f3n y el servicio inte\u00adgral a los pobres. Pero, adem\u00e1s, Vicente de Pa\u00fal insiste especialmente en esta vertiente ca\u00adritativo-social del trabajo por razones pr\u00e1cticas y organizativas: <em>\u00abno ser carga para nadie\u00bb; \u00abpro\u00adveer a vuestras necesidades\u00bb; \u00abservir en lugares donde no tienen medios para sosteneros\u00bb; \u00abga\u00adnarse l\u00edcitamente la vida sirviendo al pr\u00f3jimo sin poseer nada\u00bb; \u00abcontribuir al sostenimiento de las comunidades para que otras Hermanas puedan servir a los pobres\u00bb (\u00abSi lo hacen las abejas\u2026, co\u00adgiendo la miel de las flores y llev\u00e1ndosela a la colmena para alimento de las dem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 vo\u00adsotras, que ten\u00e9is que ser como abejas celestia\u00adles, no lo vais a hacer?\u00bb); \u00abno ser como esos mendicantes que viven a costa del pueblo\u00bb <\/em>(IX, 448s).<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal viene a decirnos que, me\u00addiante el trabajo, la persona se injerta en la vida social y participa en ella, creando una comunidad de personas, de intereses y de vida; que el tra\u00adbajo es una verdadera vocaci\u00f3n de transformaci\u00f3n del mundo, en un esp\u00edritu de servicio y de amor a los hermanos. Sus palabras son un adelanto de lo que, siglos despu\u00e9s, dir\u00e1 el Concilio Vaticano II: \u00abPor el trabajo el hombre se une a sus her\u00admanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad\u00bb (G. et S. n\u00b0 67).<\/p>\n<h2>V. Sentido \u00faltimo del trabajo<\/h2>\n<p>En la vida y en la mentalidad de Vicente de Pa\u00fal, lo principal no es el trabajo como actividad aislada, sino la permeabilidad a la presencia de Dios en el hombre, la disponibilidad para permi\u00adtir que se realice la obra de Dios, que en Jesu\u00adcristo es obra de salvaci\u00f3n. El valor del trabajo es\u00adt\u00e1 en que sea mediaci\u00f3n que hace transparente a Dios Creador (Ib\u00e1\u00f1ez <em>o. c. <\/em>p. 269).<\/p>\n<p>Por eso, si queremos comprender el sentido \u00faltimo del trabajo en la teor\u00eda y en la praxis vi\u00adcenciana hay que recurrir al dato teol\u00f3gico de la caridad. No es la acci\u00f3n en s\u00ed misma el motivo de las actuaciones vicencianas, sino el amor que tiende a cubrir las necesidades propias y ajenas (Orcajo, <em>Seguimiento <\/em>p. 167). As\u00ed, el trabajo tiene que estar abierto a la \u00absolidaridad\u00bb con los pobres <em>(instrucci\u00f3n sobre los votos de las H. C. <\/em>p. III), a ponerse totalmente al \u00abservicio de los pobres\u00bb <em>(Constituciones de las HC, <\/em>2. 7), a \u00absometerse a la ley universal del trabajo\u00bb para compartir la suer\u00adte de los pobres <em>(Constituciones de la C.M. <\/em>32. 1; <em>Constituciones de las H. C. <\/em>2. 7), a la \u00abhumaniza\u00adci\u00f3n\u00bb de la t\u00e9cnica haciendo de ella el veh\u00edculo de la ternura de Cristo <em>(Const. HC <\/em>2. 9). En defi\u00adnitiva, el trabajo en la perspectiva vicenciana es\u00adt\u00e1 cimentado en el amor creador de Dios y debe expresarse y hacerse patente en el servicio amo\u00adroso, gratuito y oblativo a los pobres.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda fundamental<\/h2>\n<p>J. M\u00aa IB\u00c1\u00d1EZ, Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo, S\u00edgueme, Salamanca 1. 977.- J. M&#8217; IB\u00c1\u00d1EZ, Vicente de Pa\u00fal, buscador y realizador incansable de la voluntad de Dios, en X Se\u00admana de Estudios Vicencianos, Vicente de Pa\u00fal, la inspiraci\u00f3n permanente, CEME, Sala\u00admanca 1982, p. 217-276.- A. ORCAJO, San Vi\u00adcente de Pa\u00fal, espiritualidad, BAC, Madrid 1981.- A. ORCAJO, El seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, La Milagrosa, Madrid 1990.- Giuseppe L. Coluccia, Espiritualidad vi\u00adcenciana, espiritualidad de la acci\u00f3n, CEME, Salamanca 1979.- Vicente DE DIOS, Vicente de Pa\u00fal, biograf\u00eda y esp\u00edritu, Librer\u00eda Parroquial de Claver\u00eda, M\u00e9xico 1991.- CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et Spes, c. III <\/em>de la 1<sup>1<\/sup> parte; c. III, sec. II de la 2<sup>1<\/sup> parte.- JUAN PABLO II, <em>Laborem exercens, <\/em>Paulinas, Madrid 1981.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n Hasta hace unas d\u00e9cadas y bajo el influjo de la cultura dominante, ha abundado en la Iglesia una concepci\u00f3n pesimista del trabajo. 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