{"id":45075,"date":"2011-07-05T06:15:07","date_gmt":"2011-07-05T04:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/espiritualidad-vicenciana-seguimiento-de-jesus\/"},"modified":"2011-07-05T06:15:07","modified_gmt":"2011-07-05T04:15:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-seguimiento-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-seguimiento-de-jesus\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Seguimiento de Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<h2>1. Jes\u00fas de Nazaret, centro de vida<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jesus_invitando.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-45091\" title=\"jesus_invitando\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/jesus_invitando.jpg?resize=243%2C300\" alt=\"\" width=\"243\" height=\"300\" \/><\/a>La persona de Jes\u00fas y su seguimiento son te\u00admas nucleares y envolventes de la narraci\u00f3n evan\u00adg\u00e9lica. Lo son tambi\u00e9n de la vida, obra y ense\u00ad\u00f1anzas de Vicente de Paul, quien afirma de s\u00ed mismo: \u00abNada me agrada que no sea en Jesu\u00adcristo\u00bb (Abelly, L. La vie du v\u00e9n\u00e9rable serviteur de Dieu\u2026, 1. 1, p. 78). Toda la actividad interior y ex\u00adterior del Santo responde a la llamada que le di\u00adrigiera Jes\u00fas como evangelizador de los pobres. En \u00e9l cifra su \u00abfe y experiencia\u00bb. Tanto la pala\u00adbra como el trabajo apost\u00f3lico por \u00e9l desarrolla\u00addos atestiguan que nada hay comparable a la vocaci\u00f3n cristiana, que consiste en ir tras las hue\u00adllas de Jes\u00fas, haciendo el bien con los senti\u00admientos y afectos del mismo Salvador. Vicente de Pa\u00fal reinterpreta, sin reduccionismos, el mensa\u00adje evang\u00e9lico para integrarlo en la propia vida y en la de sus compa\u00f1eros de comunidad. Para \u00e9l y pa\u00adra su comunidad \u00abJesucristo es nuestro padre, nuestra madre y nuestro todo\u00bb (V, 511). La f\u00f3r\u00admula que mejor condensa su moral y adhesi\u00f3n a Cristo est\u00e1 dictada en estos t\u00e9rminos: \u00abJesucristo es la regla de la Misi\u00f3n\u00bb (XI, 429). La tradici\u00f3n vi\u00adcenciana ha ratificado siempre su espiritualidad eminentemente cristoc\u00e9ntrica, espiritualidad acen\u00adtuada en el s. XVII, aunque el retorno a Jes\u00fas co\u00admo principio y fin de la vida cristiana ha sido una constante vital de la Iglesia en momentos de reforma o de novaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como recuerda el C. Vaticano II, \u00abya desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mu\u00adjeres que se propusieron seguir a Cristo con m\u00e1s libertad e imitarlo m\u00e1s de cerca, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios\u00bb (PC 1). No han faltado a lo largo de los siglos ejem\u00adplos maravillosos de adhesi\u00f3n incondicional a Je\u00ads\u00fas. Una nota com\u00fan une a todas las vocaciones espec\u00edficas: el ideal de seguir a Cristo, seg\u00fan los dones recibidos. Desde la conocida \u00abvida apos\u00adt\u00f3lica\u00bb de los primeros tiempos de la Iglesia has\u00adta la \u00faltima expresi\u00f3n del compromiso cristiano, todas las formas de seguimiento buscan la \u00abcon\u00adfiguraci\u00f3n con Cristo\u00bb. Pero la vocaci\u00f3n parti\u00adcular de cada creyente hace que el seguimiento de Jes\u00fas adquiera distintas expresiones en la his\u00adtoria y que se diferencien unas de otras en el mo\u00addo de plasmar el ideal evang\u00e9lico. La orientaci\u00f3n dada por la Escuela francesa de espiritualidad contribuy\u00f3 a centrar a muchos cristianos en la persona del Verbo encarnado. El mismo san Vi\u00adcente lo reconoce; sin embargo, el Jes\u00fas que \u00e9l descubre en el evangelio difiere del presentado por Pedro de B\u00e9rulle, m\u00e1ximo representante de esa Escuela. B\u00e9rulle tiene el m\u00e9rito de haber da\u00addo a la espiritualidad sobre todo sacerdotal un gi\u00adro \u00abcopernicano\u00bb del que se aprovecharon mu\u00adchos cl\u00e9rigos y comunidades.<\/p>\n<p>Jes\u00fas de Nazaret, el Enviado del Padre, el mi\u00adsionero por antonomasia, el evangelizador de los pobres -encarnaci\u00f3n de la caridad compasiva y misericordiosa del Padre, es el Jes\u00fas que sedu\u00adce a san Vicente. \u00c9l no se cuestiona plantea\u00admientos sobre la recuperaci\u00f3n del Jes\u00fas hist\u00f3ri\u00adco tal y como la ex\u00e9gesis los formula actualmente: cree y ense\u00f1a, sin rigorismo acad\u00e9mico, que Jes\u00fas es \u00abSe\u00f1or y Cristo\u00bb (Hch 2, 26), usa indis\u00adtintamente los t\u00edtulos majestuosos con que la comunidad cristiana confiesa la divinidad y hu\u00admanidad de Jes\u00fas, a quien llama \u00abMes\u00edas\u00bb, \u00abSal\u00advador\u00bb, \u00abHijo de Dios\u00bb, \u00abHijo de hombre\u00bb y \u00abEn\u00adviado del Padre\u00bb para salvar-liberar a los hombres del pecado y concederles la eterna bienaventu\u00adranza. La insistencia en presentar a Jes\u00fas como evangelizador, por pueblos y aldeas, manifiesta su pasi\u00f3n por la persona de Jes\u00fas descrita en los Evangelios sin\u00f3pticos. Ello no le priva de la re\u00adflexi\u00f3n teol\u00f3gica que hacen san Juan y san Pablo sobre el se\u00f1or\u00edo de Cristo, por el contrario le sirve de base para formular sus compromisos apost\u00f3lico-espirituales. Para san Vicente, el Je\u00ads\u00fas hist\u00f3rico es el mismo Cristo de la fe, sin des\u00advinculaci\u00f3n con el acontecimiento salv\u00edfico. Su entrega se basa en la historia de Jes\u00fas Nazare\u00adno, que naci\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 \u00abdej\u00e1ndonos ejem\u00adplo para que sigamos sus huellas\u00bb (IP 2, 21).<\/p>\n<p>San Vicente hace destacar los hechos hist\u00f3\u00adricos de Jes\u00fas, que \u00abprimero practic\u00f3 y luego ense\u00f1\u00f3\u00bb. Podr\u00eda haber hecho suya la siguiente for\u00admulaci\u00f3n de fe en Jes\u00fas, hombre perfecto, del Va- ticano II: \u00abEl Hijo de Dios con su encarnaci\u00f3n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Tra\u00adbaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con inteli\u00adgencia de hombre, obr\u00f3 con voluntad de hombre, am\u00f3 con voluntad de hombre. Nacido de la Vir\u00adgen Mar\u00eda, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excep\u00adto en el pecado\u00bb (GS 22). Jes\u00fas revela sobre to\u00addo la compasi\u00f3n misericordiosa de Dios Padre con los hombres acosados por el pecado y por la pobreza material. Sus dos grandes virtudes: <em>\u00abla religi\u00f3n para con el Padre y la caridad con los hombres\u00bb <\/em>N1, 370) indican su actitud \u00edntima, su psi\u00adcolog\u00eda m\u00e1s profunda y su experiencia m\u00e1s en\u00adtra\u00f1able. De este \u00abmanantial de caridad\u00bb fluyen corrientes de caridad infinita desde su encarna\u00adci\u00f3n en el seno de Mar\u00eda hasta el suplicio de la cruz. Exclama Vicente, seducido por el amor de Cristo: <em>\u00abMiremos al Hijo de Dios. \u00a1Qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1Qu\u00e9 llama de amor!\u2026 \u00a1Fuente de amor humillado hasta nosotros y hasta un supli\u00adcio infame!\u2026 S\u00f3lo nuestro Se\u00f1or ha podido de\u00adjarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre, para venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades. \u00bfY para qu\u00e9? Pa\u00adra establecer entre nosotros, por su ejemplo y su palabra, la caridad con el pr\u00f3jimo. Este amor fue el que lo crucific\u00f3 y el que hizo esta obra admi\u00adrable de nuestra redenci\u00f3n\u00bb <\/em>(XI, 555). La encar\u00adnaci\u00f3n y la redenci\u00f3n son los dos grandes mis\u00adterios que encierran de \u00abforma supereminente\u00bb el amor de Jes\u00fas, imagen visible de la caridad compasiva y misericordiosa del Padre. Precisa\u00admente, demuestra su mesianidad practicando la caridad con los oprimidos: da vista a los ciegos, o\u00eddo a los sordos, salud a los leprosos\u2026, y anun\u00adcia a los pobres la buena noticia (cf. Le 7, 22). El evangelio de la misericordia es sin duda el pre\u00adferido de Vicente de Pa\u00fal, porque encarna el ros\u00adtro del Hijo de Dios que le ha llamado a continuar su obra de salvaci\u00f3n en el mundo.<\/p>\n<p>Por esto, el papa Juan Pablo II, al presentar a san Vicente como \u00abheraldo de la misericordia y de la ternura de Dios\u00bb, afirma: \u00abA trav\u00e9s de las generaciones, san Vicente habla no s\u00f3lo a su si\u00adglo, sino a toda la \u00e9poca moderna, inscribiendo de nuevo en \u00e9sta, con toda la radicalidad del evan\u00adgelio, las palabras del serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00abBienaventurados los misericordiosos, porque al\u00adcanzar\u00e1n misericordia\u00bb. \u00c9l est\u00e1 al comienzo de una larga fila de personas que, siguiendo sus huellas, realizaron en su vida las palabras del salmista: \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1ame tus caminos, instr\u00fayeme en tus sendas\u00bb (Sal 25, 4)\u2026 Todos los hijos e hijas de san Vicente han aprendido de Cristo, con su ayu\u00adda, a recorrer la senda evang\u00e9lica que pasa a tra\u00adv\u00e9s del serm\u00f3n de la monta\u00f1a: \u00abBienaventurados los misericordiosos\u00bb\u00bb (Juan Pablo II, <em>homil\u00eda pro\u00adnunciada el 27 de septiembre de 1987, en el 200 aniversario de la canonizaci\u00f3n de san Vicente). <\/em><\/p>\n<p>Consecuentemente, el seguimiento lo conci\u00adbe como vida centrada en el Mes\u00edas lleno de ca\u00adridad, no como teor\u00eda desvinculada de su misi\u00f3n salvadora, como imitaci\u00f3n del Hombre nuevo que es exaltado por el Padre despu\u00e9s de sufrir el ano\u00adnadamiento de la cruz. Siendo esto as\u00ed: \u00ab<em>Vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y nues\u00adtra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y lle\u00adna de Jesucristo, y para morir como Jesucristo hay que vivir como Jesucristo\u00bb <\/em>(1, 320). Tal consejo inspirado en la doctrina jo\u00e1nica-paulina se\u00f1ala bien a las claras el puesto central que ocupa Jes\u00fas en la vida de sus seguidores. La muerte y la vida ra\u00addicalmente centradas en Cristo Jes\u00fas explican la autenticidad de la vocaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Temas tan fundamentales en el evangelio co\u00admo el Reino de Dios, la conversi\u00f3n, la evange\u00adlizaci\u00f3n de los pobres, la oraci\u00f3n, la docilidad a la Providencia, la tolerancia intracomunitaria y la alegr\u00eda en el servicio est\u00e1n \u00edntimamente co\u00adnexionados con Jes\u00fas y su seguimiento. Por otra parte, no encontramos exhortaciones vicencianas que no inviten a seguir a Jes\u00fas si no es con los medios antedichos: anunciando el Reino de Dios, practicando la oraci\u00f3n y permaneciendo en actitud constante de conversi\u00f3n a los valores del Evan\u00adgelio, primera y \u00faltima norma del seguidor de Jes\u00fas.<\/p>\n<h2>2. Vocaci\u00f3n universal a seguir a Jes\u00fas<\/h2>\n<p>Jes\u00fas llama a todos los hombres para que le sigan si quieren caminar a \u00abla luz de la vida\u00bb (Jn 8, 12), lejos de las tinieblas. Nadie est\u00e1 excluido de la invitaci\u00f3n del divino Maestro; a todos al\u00adcanza su voz: \u00aba hombres de toda raza, lengua, pueblo y naci\u00f3n\u00bb (Ap 5, 9). Cualesquiera que se\u00adan su condici\u00f3n y estado, a todos dirige el Se\u00f1or la llamada: \u00abVen y s\u00edgueme\u00bb (Mt 19, 21; Mc 10, 21; Lc 18, 22). En ning\u00fan caso Jes\u00fas coacciona la vo\u00adluntad de los invitados; pero tampoco llama for\u00admul\u00edsticamente, sino con amor preferencial hacia aquellos a quienes dirige la invitaci\u00f3n. \u00c9stos han de dar una respuesta firme y confiada, descan\u00adsando en los cuidados de la providencia. Al de\u00adclararse Jes\u00fas \u00abel camino, la verdad y la vida\u00bb (Jn 14, 6), est\u00e1 concentrando en s\u00ed mismo las aspira\u00adciones totales y m\u00e1s altas de los hombres.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, los disc\u00edpulos se llamaron por primera vez \u00abcristianos\u00bb, es decir seguidores de Cristo (Hch II, 26). De muchas ma\u00adneras testimoniaban su fe y amor al Mes\u00edas. En\u00adtre ellos, los hab\u00eda hombres y mujeres, ni\u00f1os y an\u00adcianos, ricos y pobres, casados y solteros, gente de cultura y de escasa formaci\u00f3n. Todos forma\u00adban un grupo unido, una comunidad compacta por la fe y la caridad, aunque se dieran algunas excepciones. Mediante el sacramento del agua y del Esp\u00edritu, los nuevos cristianos ingresaban en la comunidad. Los Hechos de los Ap\u00f3stoles dan cuenta de c\u00f3mo cund\u00eda por todas partes la Pala\u00adbra de Dios y c\u00f3mo \u00ablos creyentes cada vez en mayor n\u00famero se adher\u00edan al Se\u00f1or, una multitud de hombres y mujeres\u00bb (Hch 5, 14).<\/p>\n<p>En el transcurso de la historia han ido apare\u00adciendo expresiones distintas del seguimiento de Jes\u00fas, seg\u00fan las culturas y necesidades de cada \u00e9poca. Hombres evang\u00e9licos, dotados de caris\u00admas particulares, encarnaron el ideal de Cristo, arrastrando en pos de s\u00ed a otros muchos simpa\u00adtizantes que se entregaban a la soledad o a la predicaci\u00f3n de la Palabra. Todos se consideraron seguidores de Jes\u00fas, aunque la misi\u00f3n espec\u00edfi\u00adca de cada uno, en la Iglesia y en el mundo, fue\u00adra distinta. Todos aspiraban a ser \u00absal de la tierra y luz del mundo\u00bb (Mt 5, 13-16).<\/p>\n<h3>Clases de seguidores<\/h3>\n<p>Seg\u00fan el esquema tradicional, Vicente de Pa\u00fal distingue tres clases de seguidores de Jes\u00fas den\u00adtro de la com\u00fan vocaci\u00f3n cristiana. Los ap\u00f3sto\u00adles, los disc\u00edpulos y la masa del pueblo repre\u00adsentan a la multitud de creyentes que ponen su ideal en Cristo Jes\u00fas (cf. X, 957). A semejanza de su grupo representativo, los misioneros, las Hi\u00adjas de la Caridad y los dem\u00e1s laicos comprome\u00adtidos en la Iglesia han de responder a las exi\u00adgencias de su vocaci\u00f3n particular y a la misi\u00f3n que se les ha encomendado dentro de la gran familia humana y eclesial. Seguir a Jes\u00fas no significa despreocuparse de las tareas humanas, sino re\u00adalizarlas con la mayor responsabilidad, sabiendo que \u00abtodos los fieles, de cualquier estado y con\u00addici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cris\u00adtiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, y que esta santidad suscita un nivel de vida m\u00e1s humano in\u00adcluso en la sociedad terrena\u00bb (LG n\u00b0 40).<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles fueron los primeros llamados y escogidos por Jes\u00fas para formar comunidad con \u00e9l y para ser enviados a predicar (Mc 3, 13). El Se\u00ad\u00f1or escogi\u00f3 a los que \u00e9l quiso, sin que nadie fue\u00adra agregado al grupo de los \u00abDoce\u00bb sino por lla\u00admamiento y elecci\u00f3n particular: \u00abNo me hab\u00e9is elegido vosotros a mf, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado a que vay\u00e1is y deis fruto, y un fruto que permanezca\u00bb (Jn 15, 16). Mientras estuvo al lado de sus ap\u00f3stoles, Jes\u00fas instru\u00eda a todos y a cada uno, prepar\u00e1ndoles pa\u00adra la misi\u00f3n que les iba a encomendar de \u00abir por el mundo entero y de predicar la Buena Noticia a toda la creaci\u00f3n\u00bb (Mc 16, 15). Los ap\u00f3stoles, efec\u00adtivamente, despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, se repar\u00adtieron por el mundo como enviados de Jes\u00fas, dando testimonio de la vida, muerte y resurrec\u00adci\u00f3n del Mes\u00edas. El env\u00edo es inseparable del se\u00adguimiento. Por eso, quien no est\u00e1 dispuesto, como los ap\u00f3stoles, a ser enviado, se niega asi\u00admismo a ser aut\u00e9ntico seguidor del Resucitado.<\/p>\n<p>San Vicente deduce de la lectura del Evan\u00adgelio que se requiere llamamiento de Dios para entrar en una comunidad misionera que tiende a reproducir la \u00abcomunidad apost\u00f3lica\u00bb formada por Jes\u00fas. A\u00f1ade, adem\u00e1s, que nadie debe abra\u00adzar el \u00abestado eclesi\u00e1stico\u00bb sin una pura intenci\u00f3n de agradar a Dios en el desempe\u00f1o de los mi\u00adnisterios sacerdotales. El misionero que ha deja\u00addo familia, padre y madre, hijos y hacienda, pa\u00adtria y pueblo, vive disponible para \u00abir y venir\u00bb de un sitio a otro, predicando la Buena y Alegre No\u00adticia de la salvaci\u00f3n \u00aben el nombre del Se\u00f1or\u00bb. De esta forma, el \u00abven y s\u00edgueme\u00bb lo completa y re\u00adaliza con el \u00abid y predicad a todas las gentes\u00bb. Concluye diciendo: <em>\u00abEl estado de los misioneros es un estado conforme con las m\u00e1ximas evan\u00adg\u00e9licas, que consiste en dejarlo todo y abandonarlo todo, como los ap\u00f3stoles, para seguir a Jesu\u00adcristo y para hacer lo que conviene, a imitaci\u00f3n suya\u00bb <\/em>(XI, 697). El grupo de los \u00abDoce\u00bb resulta siempre paradigm\u00e1tico para cualquiera de los se\u00adguidores de Jes\u00fas y es punto de referencia cons\u00adtante.<\/p>\n<p>La segunda clase de seguidores, compuesta por los disc\u00edpulos, comprende una secci\u00f3n m\u00e1s amplia que la de los ap\u00f3stoles. Estos escuchaban a diario las ense\u00f1anzas del Maestro; aqu\u00e9llos, m\u00e1s distanciadamente (cf. Mc 6, 1). El Evangelio narra la misi\u00f3n de los Setenta y dos disc\u00edpulos, cuya tarea principal consist\u00eda en recorrer los pue\u00adblos por donde hab\u00eda de pasar m\u00e1s tarde Jes\u00fas de Nazaret (cf. Lc 10, 1). Iban por las aldeas co\u00admo enviados del Maestro, y, en su nombre, lo mis\u00admo que los ap\u00f3stoles, realizaban signos y cura\u00adciones. Entre los disc\u00edpulos, no todos acataron con la misma generosidad la invitaci\u00f3n divina a for\u00admar parte del grupo de Jes\u00fas. El joven rico, por ejemplo, no acept\u00f3 las condiciones del segui\u00admiento \u00abporque ten\u00eda muchas riquezas\u00bb (Mt 19, 22). Otros, en cambio, desearon sumarse a la compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, pero fueron disuadidos por el mismo Se\u00f1or (cf. Lc 8, 38-39).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n seguimiento-discipulado ha dado origen a discusiones entre exegetas. Seg\u00fan \u00e9s\u00adtos, Jes\u00fas no es un \u00abrabbi\u00bb m\u00e1s entre los mu\u00adchos doctores de la ley, sino un maestro nuevo y \u00fanico, lleno de autoridad, como lo demuestran las palabras y el poder con que act\u00faa (cf. Mc 1, 22. 24. 27; Lc II, 32;10, 23;16, 16). \u00c9l es m\u00e1s que un profeta del Antiguo Testamento: m\u00e1s que Sa\u00adlom\u00f3n y que Jon\u00e1s (cf. Lc II, 31-32). La cl\u00e1usula \u00abpero yo os digo\u2026\u00bb descubre la personalidad his\u00adt\u00f3rica de Jes\u00fas, superior en gracia y poder a to\u00addos los maestros anteriores y contempor\u00e1neos su\u00adyos. San Vicente no se detiene a estudiar, ex\u00adpresamente, la ense\u00f1anza de un Jes\u00fas que sien\u00adta c\u00e1tedra ante sus disc\u00edpulos, si bien acepta, de todo coraz\u00f3n, la doctrina de su divino Maestro: <em>\u00abQuien dice doctrina de Jesucristo, dice roca in\u00adquebrantable, dice verdades eternas que son se\u00adguidas infaliblemente de sus efectos, de modo que el cielo se derrumbar\u00eda antes de que fallase la doctrina de Jesucristo\u00bb <\/em>(XI, 417). Por decirlo con la misma sentencia de Jes\u00fas, sus palabras \u00abson esp\u00edritu y vida\u00bb (Jn 6, 63).<\/p>\n<p>Atendida la evoluci\u00f3n del \u00abdiscipulado\u00bb, san Vicente incluye dentro de este grupo a todos los laicos comprometidos en la acci\u00f3n caritativo so\u00adcial. Las Hijas de la Caridad, los hombres y mu\u00adjeres de las Cofrad\u00edas de la Caridad han recibido la gracia particular de seguir a Jes\u00fas en la pr\u00e1cti\u00adca de la caridad y de la justicia. A todos exhorta y anima a vivir con ah\u00ednco su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n cristiana. A las Hijas de la Caridad les dice: <em>\u00abLa Providencia os ha reunido aqu\u00ed, al parecer, con el designio de que honr\u00e9is su vida humana en la tierra\u00bb <\/em>(IX, 21). El t\u00e9rmino \u00abhonrar\u00bb tiene, entre otras acepciones, el significado de \u00abseguir\u00bb. En este caso, \u00abhonrar su vida humana\u00bb equivale a se\u00adguir o imitar a Jes\u00fas, que, mientras estuvo en la tierra, sirvi\u00f3 corporal y espiritualmente a los po\u00adbres. Y a las Damas de la Caridad, conocidas hoy com\u00fanmente con el nombre de Voluntarias: <em>\u00abEn\u00adtre los que se mantuvieron firmes en seguir a nuestro Se\u00f1or, hab\u00eda tanto hombres como muje\u00adres, que le siguieron hasta la cruz. Ellas no eran ap\u00f3stoles, pero compon\u00edan un estado medio, cu\u00adyo oficio consisti\u00f3 luego en administrar a los ap\u00f3s\u00adtoles los medios de vida y en contribuir a su san\u00adto ministerio\u2026 No hay ninguna condici\u00f3n en el mundo que se acerque tanto a ese estado como la vuestra. Ellas iban de un lugar a otro para aten\u00adder a las necesidades no solamente de los obre\u00adros del Evangelio, sino a los fieles necesitados\u00bb <\/em>(X, 957).<\/p>\n<p>Finalmente, la masa del pueblo fiel forma la parte m\u00e1s numerosa de los seguidores de Jes\u00fas. Existe gran variedad entre los creyentes an\u00f3ni\u00admos, muchos de ellos pacientes de profundas lacras espirituales y materiales, pero tambi\u00e9n ejemplos vivos de fe y de trabajo; con su esfuerzo diario se convierten en \u00abmaestros\u00bb de sumisi\u00f3n a la Providencia. En tiempo de Jes\u00fas, una gran multitud de gente acud\u00eda ocasionalmente \u00abpara o\u00edrle y ser curados de sus enfermedades, no por\u00adque han visto se\u00f1ales, sino porque han comido de los panes y se han saciado\u00bb (Jn 6, 17-18. 26). No obstante sus ego\u00edsmos y su falta de fe ver\u00addadera, ellos son los destinatarios principales de la Buena Noticia, a ellos se dirige el Reino de Dios, ellos encarnan la presencia viva de Cristo doliente. Aunque hijos del Padre com\u00fan de los cie\u00adlos, andan extraviados y \u00abcomo un reba\u00f1o sin pastor\u00bb (Mc 6, 34). Pese a las limitaciones reales del \u00abpobre pueblo\u00bb, san Vicente descubre en \u00e9l ejemplos que imitar: <em>\u00abEs entre ellos, es entre esa pobre gente donde se conserva la verdadera re\u00adligi\u00f3n, la fe viva; creen sencillamente, sin hurgar; sumisi\u00f3n a las \u00f3rdenes, paciencia en las miserias que hay que sufrir mientras Dios quiera\u00bb <\/em>(X1, 120). Siguen a Jes\u00fas a su manera, a la medida de su escasa o nula formaci\u00f3n humana y espiritual. Por lo dem\u00e1s, la evangelizaci\u00f3n o servicio al pobre es la prueba del seguimiento de Jes\u00fas y el testi\u00admonio m\u00e1s convincente de que el Esp\u00edritu Santo conduce a su Iglesia (cf. X1, 730). El servicio a los pobres, en efecto, garantiza si nuestra fe est\u00e1 viva o muerta, si el seguimiento es aut\u00e9ntico o, por el contrario, se pierde en bellas teor\u00edas. S\u00f3lo Jes\u00fas tiene poder para llamar y derecho a ser servido por sus seguidores. Sin embargo, ha que\u00adrido identificarse con los necesitados. Por eso cualquier cosa que se haga con uno de esos her\u00admanos suyos m\u00e1s peque\u00f1os, con \u00e9l se hace (cf. Mt 25, 40). En resumen, seguimiento y caridad caminan juntos.<\/p>\n<h2>3. Seguimiento de Jes\u00fas evangelizador de los pobres<\/h2>\n<p>Aunque la llamada de Jes\u00fas presenta en la his\u00adtoria de la Iglesia un abanico variopinto por la ri\u00adqueza de formas con que aparece en la vida de los hombres, san Vicente concibe el seguimien\u00adto como una continuaci\u00f3n de la obra emprendi\u00adda en la tierra por el Ungido del Esp\u00edritu para evan\u00adgelizar a los pobres. Indiscutiblemente, el Cristo de Vicente de Pa\u00fal, como ya hemos indicado m\u00e1s arriba, es Jes\u00fas de Nazaret, que recorre ciudades y aldeas, ense\u00f1ando en sus sinagogas, procla\u00admando la Buena Noticia del Reino y sanando to\u00adda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 9, 35-36; Lc 4, 16-21). Si es cierto que ning\u00fan cristiano ago\u00adta todas las formas de vivir el misterio de Cristo, no es menos seguro que los evangelizadores de los pobres siguen al Se\u00f1or m\u00e1s acordes con lo que \u00e9l \u00abhizo y ense\u00f1\u00f3\u00bb (Hch 1, 1). Por eso, aunque todos los cristianos tengan que esforzarse en practicar los consejos evang\u00e9licos, ninguno se asemeja tanto al Enviado del Padre como el que prolonga en la tierra la misi\u00f3n salvadora del Hijo de Dios: <em>\u00abCada bautizado tiene que tender a ase\u00admejarse a nuestro Se\u00f1or, a apartarse de las m\u00e1\u00adximas del mundo, a seguir con afecto y en la pr\u00e1c\u00adtica los ejemplos del Hijo de Dios, que se hizo hombre como nosotros, para que nosotros no s\u00f3\u00adlo fu\u00e9ramos salvados, sino tambi\u00e9n salvadores como \u00e9l; a saber, cooperando con \u00e9l en la salva\u00adci\u00f3n de las almas\u00bb <\/em>(XI, 414-415). Dicho de otra manera, con palabras del C. Vaticano II: \u00abEn el lo\u00adgro de la perfecci\u00f3n empe\u00f1en los fieles las fuer\u00adzas recibidas seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y he\u00adchos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con to\u00adda su alma a la gloria de Dios y al servicio del pr\u00f3\u00adjimo\u00bb (LG 40).<\/p>\n<h3>Seguimiento y evangelizaci\u00f3n, tarea unitaria<\/h3>\n<p>El problema planteado por algunos te\u00f3logos actuales sobre el uso acertado o no de los t\u00e9r\u00adminos \u00abseguimiento\u00bb o \u00abimitaci\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas no tiene incidencia capital en las ense\u00f1anzas vicen\u00adcienes. El Santo usa indistintamente un vocablo u otro sin entrar en pol\u00e9mica verbal ni doctrinal. En todo caso, si predomina uno de los dos t\u00e9r\u00adminos en el lenguaje vicenciano, es sin duda el de seguimiento. As\u00ed lo demuestran el conjunto de sus palabras y, sobre todo, el contexto de su vi\u00adda inspirada en la misi\u00f3n de Jes\u00fas en la tierra. Si hubiera que componer una cristolog\u00eda a base de las ense\u00f1anzas vicencianas, el seguimiento tal como lo describen los Sin\u00f3pticos dar\u00eda unidad a todo el tratado. No s\u00f3lo no ignora san Vicente el t\u00e9rmino \u00abseguimiento\u00bb, sino que contribuye a darle el verdadero sentido que tiene en el Evan\u00adgelio.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes que aplica a Jes\u00fas: \u00abregla\u00bb, \u00abmodelo\u00bb, \u00abmaestro\u00bb, \u00abejemplo\u00bb, \u00abespejo\u00bb, \u00abcuadro\u00bb y \u00abescuela\u00bb, sugieren una espiritualidad de imitaci\u00f3n, seg\u00fan las perspectivas espirituales de la \u00e9poca. Pero, frente a este modo de hablar, se impone este otro m\u00e1s iterativo e incisivo de \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb, \u00abdisponibilidad\u00bb, \u00abmisi\u00f3n\u00bb, \u00abca\u00admino\u00bb, \u00abmovimiento\u00bb, \u00abacci\u00f3n\u00bb, \u00abtrabajo\u00bb, \u00abser\u00advicio\u00bb y \u00abseguimiento\u00bb. A\u00fan m\u00e1s, la imitaci\u00f3n de Cristo a la que se refiere san Vicente no signifi\u00adca jam\u00e1s algo est\u00e1tico, repetitivo y mim\u00e9tico, sino, por el contrario, algo creativo, din\u00e1mico y nuevo. El Santo parte de las lecturas evang\u00e9licas para presentarnos a Jes\u00fas en movimiento conti\u00adnuo de caridad para con su Padre y con los hom\u00adbres. Nada tiene de extra\u00f1o que, seg\u00fan esta visi\u00f3n, el seguimiento sea entendido como pro\u00adlongaci\u00f3n de la obra salvadora. El heraldo del Evangelio ha de estar dispuesto a continuar la misi\u00f3n de Cristo, <em>\u00abmisi\u00f3n que se vive sobre to\u00addo evangelizando a los pobres, llen\u00e1ndose de los sentimientos y afectos de Cristo, m\u00e1s a\u00fan, ha de llenarse de su mismo esp\u00edritu y seguir fielmente sus huellas\u00bb <\/em>(Prol. Reg. o Const. C.M.).<\/p>\n<p>Seguir fielmente las huellas de Jes\u00fas supone participar en la obra evangelizadora o de servicio a los pobres, pues para esto vino, precisamente, el Enviado del Padre. Con todos los respetos ha\u00adcia la vida mon\u00e1stica, cuya funci\u00f3n en la Iglesia ser\u00e1 siempre muy estimable, san Vicente escri\u00adbe a un misionero: <em>\u00abLo que necesita la iglesia es tener hombres evang\u00e9licos, que se esfuercen en purgarla, en iluminarla y en unirla a su Esposo\u00bb <\/em>(III, 181). Y poco m\u00e1s tarde a\u00f1ade: <em>\u00abExiste una gran diferencia entre la vida apost\u00f3lica y la sole\u00addad de los cartujos. \u00c9sta es muy santa, cierta\u00admente, pero no conviene a los que Dios ha lla\u00admado a la primera, que es en s\u00ed m\u00e1s excelente. Si no lo fuera, san Juan Bautista y Jesucristo no la hubiesen preferido a la otra, como as\u00ed lo hicieron al dejar el desierto para predicar a las gentes\u00bb <\/em>(III, 320).<\/p>\n<p>Entendido as\u00ed el seguimiento, \u00e9ste espera una cercan\u00eda y experiencia cada vez m\u00e1s plena de la misi\u00f3n de Jes\u00fas, que escogi\u00f3 \u00abcomo principal quehacer el de asistir y cuidar a los pobres\u2026 Si se le pregunta a nuestro Se\u00f1or: \u00bfQu\u00e9 es lo que has venido a hacer en la tierra? &#8211; A asistir a los pobres.- \u00bfA algo m\u00e1s? &#8211; A asistir a los pobres\u2026 Y si se le preguntase a un misionero, \u00bfno ser\u00eda un honor para \u00e9l decir como nuestro Se\u00f1or: mi\u00adsit me evangelizare pauperibus?\u00bb (XI, 33-34).<\/p>\n<p>En resumen, seguimiento, evangelizaci\u00f3n y misi\u00f3n son conceptos y compromisos que se exi\u00adgen y complementan en la experiencia vicencia\u00adna. Las obras de caridad corporales y espirituales en favor del pobre autentican, por una parte, la vocaci\u00f3n cristiana y, por otra, garantizan la fideli\u00addad al llamamiento recibido.<\/p>\n<p>Pero el seguidor de Jes\u00fas no ser\u00e1 capaz de mantenerse fiel si abandona la oraci\u00f3n. Tanto la evangelizaci\u00f3n como el seguimiento mismo, en lo que tienen de sacrificio, someten al creyente a grandes pruebas, de las que no saldr\u00e1 airoso si no media una intimidad con Jes\u00fas por medio de la oraci\u00f3n. La experiencia ense\u00f1a que \u00abno hay nada tan conforme con el Evangelio como reunir, por un lado, luz y fuerzas para el alma en la ora\u00adci\u00f3n. . . y, por otro, ir luego a hacer part\u00edcipes a los hombres de este alimento espiritual\u00bb (XI, 734).<\/p>\n<h2>4. Renuncias del seguimiento<\/h2>\n<p>La llamada de Jes\u00fas a seguirle comporta mu\u00adchas y radicales renuncias. Todas tienden a de\u00adsinstalar al cristiano de su proyecto ego\u00edsta, para situarlo en el cumplimiento de la voluntad de Dios y en la comuni\u00f3n del designio de amor con Cris\u00adto. La invitaci\u00f3n evang\u00e9lica no puede ser m\u00e1s exi\u00adgente, pero tampoco menos liberadora, pues ter\u00admina en la configuraci\u00f3n con Jes\u00fas, el hombre m\u00e1s libre para hacer siempre la voluntad del que le ha enviado. Jes\u00fas proclama abiertamente a sus disc\u00edpulos: \u00abEl que quiera venirse conmigo, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue cada d\u00eda con su cruz y me siga; porque si uno quiere sal\u00advar su vida, la perder\u00e1; en cambio, el que pierda su vida por m\u00ed, la salvar\u00e1\u00bb (Lc 9, 23-24). En ning\u00fan caso, las renuncias han de entenderse como algo negativo que destruye a la persona, sino co\u00admo medios liberadores que aseguran el segui\u00admiento. Existe una relaci\u00f3n \u00edntima entre la propuesta de Jes\u00fas y la negaci\u00f3n de s\u00ed mismo has\u00adta participar en el destino del Salvador del mun\u00addo, que muri\u00f3 en cruz para darnos la vida. Su pasi\u00f3n es coronada con la resurrecci\u00f3n. As\u00ed tam\u00adbi\u00e9n, el cristiano muere cada d\u00eda en Cristo cruci\u00adficado para resucitar con \u00e9l \u00abviviendo una vida nueva\u00bb (Rm 6, 5). El sentido positivo de las re\u00ad nuncias evang\u00e9licas viene dado por los bienes que ellas producen: la libertad de los hijos de Dios, la disponibilidad en el servicio y el gozo en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>San Vicente interpreta la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas con la m\u00e1xima radicalidad, sin otorgar a la natu\u00adraleza f\u00e1ciles concesiones. A todo el conjunto de sacrificios impuestos por el seguimiento los lla\u00adma lisa y llanamente \u00abmortificaci\u00f3n\u00bb, como se dec\u00eda en su tiempo, y hoy prefiere llamarse as\u00adcesis. \u00abSe trata, dice \u00e9l, de un consejo que les da nuestro Se\u00f1or a quienes desean seguirle, a quienes se presentan a \u00e9l para eso: \u00bfQuer\u00e9is ve\u00adnir en pos de m\u00ed? &#8211; Muy bien.- \u00bfQuer\u00e9is confor\u00admar vuestra vida a la m\u00eda? &#8211; Perfectamente.- Pe\u00adro \u00bfsab\u00e9is que hay que comenzar por renunciar a vosotros mismos y seguir llevando vuestra cruz?\u00bb (XI, 512). Y poco m\u00e1s abajo a\u00f1ade: \u00abCon la hoz de la mortificaci\u00f3n hemos de cortar conti\u00adnuamente todas las malas hierbas de nuestra na\u00adturaleza envenenada\u2026, para que no impidan que Jesucristo nos haga fructificar abundantemente en la pr\u00e1ctica de las virtudes. . . La se\u00f1al para co\u00adnocer si uno sigue a nuestro Se\u00f1or es ver si se mortifica continuamente\u00bb (XI, 522-523).<\/p>\n<p>La renuncia primera y m\u00e1s dif\u00edcil se llama \u00abne\u00adgarse a s\u00ed mismo\u00bb. Cada uno conoce los propios fallos y debilidades que le dificultan la marcha en pos de las huellas de Jes\u00fas. Los deseos de co\u00admodidad, de abundancia en bienes materiales, de dominio sobre las personas y las cosas, son obst\u00e1culos reales que impiden avanzar por el ca\u00admino del Evangelio. Tales aspiraciones se con\u00advierten en tiran\u00eda y esclavitud para todo hombre, pero, en particular, para el seguidor de Jes\u00fas su\u00adponen un estancamiento en la carrera. Como re\u00adpite machaconamente san Vicente, <em>\u00ab\u00e9sos no tie\u00adnen libertad para seguir a Jesucristo\u00bb <\/em>(X1, 521). La persona particular encuentra dentro de s\u00ed mis\u00adma el mayor impedimento para obrar libre de to\u00adda atadura esclavizante.<\/p>\n<p>La negaci\u00f3n de s\u00ed mismo facilita el ejercicio de otras renuncias exigidas por el Reino, como de\u00adjar a los seres queridos. Jes\u00fas, en efecto, exclu\u00adye del n\u00famero de sus disc\u00edpulos a los que pre\u00adfieren \u00aba su padre, a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a s\u00ed mismos m\u00e1s que a \u00e9l\u00bb (Lc 14, 26). La tentaci\u00f3n de conseguir un \u00abhonesto retiro\u00bb junto a sus fa\u00admiliares, con peligro de abandonar la misi\u00f3n, cons\u00adtituy\u00f3 una seria amenaza para el joven Vicente de Pa\u00fal; le cost\u00f3 copiosas l\u00e1grimas el desprendi\u00admiento real de sus parientes, pero tal sacrificio en nombre del Evangelio oper\u00f3 en \u00e9l la conversi\u00f3n, liber\u00e1ndole de las ataduras que le oprim\u00edan y le encerraban en s\u00ed mismo anul\u00e1ndole para la evan\u00adgelizaci\u00f3n de los pobres. A partir de aquella de\u00adcisi\u00f3n tajante de dejar lo m\u00e1s querido que ten\u00eda en la tierra, un camino expedito se le abri\u00f3 para seguir a Jes\u00fas ejerciendo la caridad.<\/p>\n<p>Sin embargo, a\u00f1ade \u00e9l mismo: \u00abHemos de amar a nuestros parientes en nuestro Se\u00f1or\u2026, por\u00adque se despegan de nosotros para que seamos mejores siguiendo a nuestro com\u00fan Salvador\u00bb (X1, 513). Recuerda tambi\u00e9n c\u00f3mo, en algunas ocasiones, la decisi\u00f3n a seguir a Jes\u00fas puede sembrar desconcierto y divisi\u00f3n entre los mis\u00admos familiares, de acuerdo con lo que dice el Evangelio (cf. Mt 10, 34-37; Lc 12, 51-53). En to\u00addo caso, los que permanecen fieles a la llamada del Se\u00f1or, \u00e9sos son aptos para el Reino de Dios. En cambio, \u00abel que echa la mano al arado y si\u00adgue mirando atr\u00e1s, no vale para el Reino de Dios\u00bb (Lc 9, 62).<\/p>\n<p>Sigue comentando el Santo a prop\u00f3sito de la mortificaci\u00f3n de las \u00abpasiones\u00bb, que las renuncias a toda ambici\u00f3n personal sumergen al disc\u00edpulo de Jes\u00fas en la muerte misma del Redentor. Si la conversi\u00f3n al Evangelio exige romper con mu\u00adchas inclinaciones pecaminosas, ayuda, por otro lado, a vivir la m\u00edstica del bautismo, seg\u00fan la cual el cristiano ha de morir con Cristo al mundo, pa\u00adra resucitar con \u00e9l a una \u00abvida nueva\u00bb. De esta forma, situamos en nosotros a Jesucristo y po\u00addemos decir con san Pablo: \u00abYa no vivo yo, vive en m\u00ed Cristo\u00bb (Gal 2, 20). Con otros t\u00e9rminos igual\u00admente paulinos, es preciso \u00abdespojarse del hom\u00adbre viejo para revestirse del nuevo\u00bb (Col 3, 10). Sin esta disposici\u00f3n de lucha consigo mismo y con las concupiscencias del mundo (cf. 1 Jn 2, 16) no cabe esperar la debida fidelidad al don de la lla\u00admada. El seguimiento de Jes\u00fas y la entrada en el Reino son f\u00f3rmulas equivalentes que no admi\u00adten divorcio real, sino \u00fanicamente distici\u00f3n ra\u00adcional basada en el lenguaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>La ruptura con el mundo se entiende en el mis\u00admo sentido con que san Pablo exhorta a los cris\u00adtianos: \u00abno os amold\u00e9is a este mundo\u00bb (Rm 12, 2). No critica el Ap\u00f3stol la solidaridad con los hom\u00adbres que buscan angustiosos la soluci\u00f3n a sus pro\u00adblemas, sino el esp\u00edritu del mundo contrario al de Dios. Tampoco san Vicente se despreocupa de los ambientes socio-pol\u00edticos, culturales y reli\u00adgiosos de su tiempo que trata de mejorar; pero reprocha las ambiciones del mundo, su prop\u00f3si- t, o de independencia de Dios y su ansia de poder. El no quiso salir de la compa\u00f1\u00eda de los hombres, pero constata las dificultades que conlleva la pre\u00adsencia en medio del mundo, sin ser del mundo (cf. Jn 17, 9-18). La actitud de Jes\u00fas frente a los poderes abusivos del mundo comunica a sus se\u00adguidores la misma libertad para obrar como \u00c9l an\u00adte los ataques y persecuciones que vengan de los enemigos del Reino.<\/p>\n<p>\u00abCargar cada d\u00eda con la cruz\u00bb es otra condi\u00adci\u00f3n impuesta por el Se\u00f1or. El aut\u00e9ntico seguidor no tiene otra alternativa que abrazarse con la cruz del Redentor: \u00abEl que no coge su cruz y me si\u00adgue, no es digno de m\u00ed\u00bb (Mt 10, 38). Cargar con la cruz significa aceptar toda clase de adversida\u00ad des que provienen de la enfermedad, del traba\u00adjo, de la convivencia humana y del hecho mismo de acercarse al Dios abrasador que no soporta el pecado en sus hijos. Como siempre, el medio para superar esas pruebas es la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n cristiana, activa o pasiva, que de no entenderla rectamente, se ignora el sentido de la vocaci\u00f3n cristiana y, en definitiva, del seguimiento: \u00abNo podr\u00edamos vivir sin ella; lo repito, no podr\u00eda\u00admos vivir unos con otros. Y no s\u00f3lo es necesaria entre nosotros, sino tambi\u00e9n con el pueblo, con el que hay tanto que sufrir. Cuando vamos a una misi\u00f3n, no sabemos d\u00f3nde nos alojaremos, ni qu\u00e9 es lo que haremos; nos encontramos con cosas muy distintas de las que esper\u00e1bamos, y la Providencia echa por tierra todos nuestros pla\u00adnes\u00bb (Xl, 590). La cruz presenta muchas caras, al\u00adgunas muy toscas y pesadas. Entre ellas hay que destacar la persecuci\u00f3n, aunque vaya acompa\u00ad\u00f1ada de recompensa: \u00abDichosos vosotros cuan\u00addo os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, que Dios os va a dar una gran re\u00adcompensa\u00bb (Mt 5, 11).<\/p>\n<p>Las renuncias hechas en nombre del Evange\u00adlio conducen al cristiano a la comuni\u00f3n e identifi\u00adcaci\u00f3n con Cristo. El seguidor se pregunta mu\u00adchas veces qu\u00e9 har\u00eda, qu\u00e9 pensar\u00eda o c\u00f3mo hablar\u00eda Jes\u00fas en tal o cual circunstancia. La conclusi\u00f3n a que llega es la de adherirse m\u00e1s firmemente a la persona de Jes\u00fas que mantuvo relaciones filiales con el Padre y de entrega amistosa con los hom\u00adbres.<\/p>\n<h2>5. Esp\u00edritu del seguimiento<\/h2>\n<p>La comuni\u00f3n con Jes\u00fas no es s\u00f3lo participa\u00adci\u00f3n en su cruz, lo es tambi\u00e9n en su gloria, a la que se llega viviendo los consejos evang\u00e9licos. Cristo Jes\u00fas encarna el esp\u00edritu de las bienaven\u00adturanzas -coraz\u00f3n del Evangelio- proclamadas en el Serm\u00f3n del monte. El esp\u00edritu que recogen es el propio y distintivo de los ap\u00f3stoles o enviados del Se\u00f1or. Se trata de un \u00abesp\u00edritu nuevo\u00bb, con\u00adtrario al orden social establecido, enemigo de Dios, que obra siempre con altaner\u00eda, doblez y am\u00adbici\u00f3n. Por el contrario, el esp\u00edritu de las biena\u00adventuranzas ofrece armas contrarias al esp\u00edritu del mundo y facilita la extensi\u00f3n del Reino. Sus nombres son: pobreza de esp\u00edritu, mansedum\u00adbre, hambre y sed de justicia, misericordia, lim\u00adpieza de coraz\u00f3n, construcci\u00f3n de la paz, perse\u00adcuci\u00f3n a causa de la justicia (cf. Mt 5, 1-12; Lc 6, 20-23).<\/p>\n<p>San Vicente afirma que \u00absin estas virtudes no seremos m\u00e1s que misioneros en pintura\u00bb (XI, 602). A\u00fan m\u00e1s: \u00ab<em>Entre las m\u00e1ximas evang\u00e9li\u00adcas, ya que son muchas en n\u00famero, he escogi\u00addo especialmente las que son m\u00e1s propias del misionero. \u00bfCu\u00e1les son? Siempre he cre\u00eddo y pen\u00adsado que eran la sencillez, la humildad, la man\u00adsedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo\u00bb <\/em>(X1, 586). No es raro que san Vicente llame a estas virtudes \u00abbienaventuranzas\u00bb por el estado en que sit\u00faan al seguidor de Jes\u00fas y por las obras que se deri\u00advan de su pr\u00e1ctica. El humanismo vicenciano alcanza su madurez en el ejercicio de las biena\u00adventuranzas, autorretrato del Se\u00f1or \u00abmanso y hu\u00admilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt II, 29).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la teolog\u00eda tradicional, las bienaven\u00adturanzas son \u00abactos\u00bb que proceden de las vir\u00adtudes y de los dones del Esp\u00edritu Santo. Se di\u00adferencian de las unas y de los otros. Contienen una recompensa eterna, cuyo anticipo en la tie\u00adrra est\u00e1 asegurado por la promesa del Se\u00f1or. En el lenguaje vicenciano, cada virtud tiene su bie\u00adnaventuranza correspondiente, con la que se confunde frecuentemente: la sencillez es pro\u00adpia de \u00ablos limpios de coraz\u00f3n\u00bb; la humildad se encuentra en \u00ablos pobres de esp\u00edritu\u00bb; la mansedumbre en \u00ablos no violentos\u00bb; la mor\u00adtificaci\u00f3n en \u00ablos que tienen hambre y sed de justicia\u00bb; el celo en \u00ablos constructores de la paz\u00bb. Esta correspondencia entre virtudes y bie\u00adnaventuranzas no es tan simple como aparece. Con frecuencia, una misma virtud implica va\u00adrias bienaventuranzas. La mortificaci\u00f3n, por ejemplo, engloba, adem\u00e1s del \u00abhambre y sed de justicia\u00bb, \u00abel llanto\u00bb y \u00abla persecuci\u00f3n por causa de la justicia\u00bb. La caridad, que es virtud propia del esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad y de los laicos vicencianos, est\u00e1 repartida en to\u00addas las bienaventuranzas sobre todo en la \u00abmi\u00adsericordia\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque sea el Se\u00f1or quien se encargue de de\u00adrramar su esp\u00edritu sobre los disc\u00edpulos, \u00e9stos han de esmerarse en el revestimiento de los senti\u00admientos y afectos de quien les ha llamado para continuar su obra. Sin la participaci\u00f3n de este es\u00adp\u00edritu no es posible agradar a Dios ni extender su Reino de amor y de misericordia, de justicia y de paz. Otro talante distinto del propuesto por el Ser\u00adm\u00f3n del monte no identifica al seguidor de Jes\u00fas. Por el contrario, vivir en dependencia del Evan\u00adgelizador de Nazaret asegura su configuraci\u00f3n en la tierra. A fuerza de preguntarse el imitador de Cristo: <em>\u00abSe\u00f1or, si t\u00fa estuvieras en mi lugar, \u00bfqu\u00e9 har\u00edas en esta ocasi\u00f3n? \u00bfc\u00f3mo instruir\u00edas a este pueblo? \u00bfc\u00f3mo consolar\u00edas a este enfermo de esp\u00edritu o de cuerpo?\u00bb <\/em>(XI, 240), termina adqui\u00adriendo el esp\u00edritu mismo que contienen las bie\u00adnaventuranzas.<\/p>\n<p>Si las formas de seguir a Jes\u00fas son variadas en la historia de la Iglesia, los estilos que expre\u00adsan el esp\u00edritu evang\u00e9lico son igualmente abun\u00addantes. La familia vicenciana tiene el suyo propio, dado por Dios para el fiel cumplimiento de la mi\u00adsi\u00f3n encomendada, lo mismo que las dem\u00e1s fa\u00admilias religiosas recibieron el suyo espec\u00edfico en orden al desempe\u00f1o de la obra para la cual na\u00adcieron en la Iglesia y en el mundo. Es tan impor\u00adtante el cultivo del esp\u00edritu evang\u00e9lico que de \u00e9l depende la vida o la muerte de la comunidad cris\u00adtiana en general y de la vicenciana en particular. San Pablo asegura que \u00abel que no tiene el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, no le pertenece\u00bb (Rm 8, 9). El Esp\u00edritu Santo conduce al seguidor de Jes\u00fas, im\u00adprimiendo en \u00e9l la semejanza con el Maestro man\u00adso y humilde.<\/p>\n<h2>6. Seguimiento y Providencia<\/h2>\n<p>San Vicente descubre una estrecha relaci\u00f3n entre el seguimiento de Jes\u00fas y la docilidad a la Providencia, entre \u00abseguir los pasos de la ado\u00adrable Providencia\u00bb y \u00abseguir fielmente las huellas de Jesucristo\u00bb. La pura necesidad, los signos de los tiempos y la obediencia a las \u00f3rdenes de la jerarqu\u00eda son otras muestras de la voluntad divi\u00adna, manifestada de forma paulatina y esclarece\u00addora (cf. XI, 396). Tales manifestaciones del be\u00adnepl\u00e1cito divino cuajan en obras o compromisos de caridad con los necesitados, a imitaci\u00f3n del Hi\u00adjo de Dios que hizo de la voluntad del Padre su alimento cotidiano (cf. Jn 4, 34).<\/p>\n<p>El paso del tiempo se encarga de hacer ma\u00adnifiesto el designio divino sobre Vicente de Pa\u00fal, que dice: <em>\u00abSiento una devoci\u00f3n especial en ir si\u00adguiendo paso a paso la adorable Providencia de Dios\u00bb <\/em>(II, 176). La conexi\u00f3n que establece entre seguimiento y Providencia queda regulada al po\u00adco tiempo de su conversi\u00f3n o encuentro con Je\u00ads\u00fas evangelizador de los pobres. Enseguida des\u00adcubre que <em>\u00abla Providencia tiene grandes tesoros ocultos, y los que la siguen y no se adelantan a ella honran maravillosamente a nuestro Se\u00f1or\u00bb <\/em>(1, 131).<\/p>\n<p>El empleo indistinto del verbo \u00abseguir\u00bb, para designar los dos consejos evang\u00e9licos, la docili\u00addad a la Providencia y el seguimiento de Jes\u00fas, denota ya una misma actitud frente a la vocaci\u00f3n misionera. La referencia a los \u00abtesoros ocultos\u00bb patentiza la confianza en el poder de Dios, que cui\u00adda m\u00e1s de sus hijos que de las aves del cielo y de los lirios del campo (cf. Mt 6, 25-34). En esta confianza cifra su ilusi\u00f3n misionera: <em>\u00abNo pode\u00admos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renun\u00adcia actual a nosotros mismos, para seguir a Je\u00ads\u00fas\u00bb (III, 359). <\/em><\/p>\n<p>Tal vez ninguna ense\u00f1anza como la reci\u00e9n le\u00ed\u00adda condense mejor la \u00abfe y experiencia\u00bb de Vi\u00adcente de Pa\u00fal acerca de su confianza en Dios. En ella encontramos los elementos b\u00e1sicos que componen su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n cristiana. Este ap\u00f3stol de la caridad no se detiene en proyec\u00adtos personales, ajenos al seguimiento de Jes\u00fas y al designio divino. Todo le parece poco con tal de asegurarse en el gobierno de Dios, que rige los destinos de la historia. En la misma l\u00ednea de docilidad a la Providencia concluye: <em>\u00abNada sor\u00adprende al indiferente: aguarda, camina, sufre, trabaja d\u00eda y noche, dispuesto a seguir las \u00f3r\u00addenes de Dios m\u00e1s extra\u00f1as y m\u00e1s inespera\u00addas\u00bb <\/em>(Xl, 534).<\/p>\n<p>En resumen, el seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan san Vicente representa una interpretaci\u00f3n v\u00e1lida entre otras muchas que se han dado en la histo\u00adria del cristianismo. Su originalidad consiste en se\u00adguir las huellas de Jes\u00fas, el Enviado del Padre, que vino al mundo para evangelizar a los pobres con palabras y obras. Nada hay, por consiguien\u00adte, comparable a la vocaci\u00f3n del cristiano que se esfuerza en continuar la tarea salvadora del Hijo de Dios en la tierra.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>E. BIANCHI, <em>Seguir a Jes\u00fas el Se\u00f1or. Radicalismo cristiano, <\/em>Narcea, Madrid 1982.- J. M. CASTI\u00adLLO, <em>El seguimiento de Jes\u00fas, <\/em>S\u00edgueme, Sa\u00adlamanca 1986.- V. CODINA, <em>Seguir a Jes\u00fas hoy, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1988.- P. DEFRENNES, <em>La vocation de saint Vincent de Paul, <\/em>en <em>Revue d&#8217;Ascetique et de Mystique <\/em>13(1932), pp. 60- 86, 164-183, 294-321, 389-411.- A. Dodin, <em>San Vicente de Pa\u00fal, forjador de ap\u00f3stoles de la caridad, <\/em>Madrid 1968.- S. GALILEA, <em>El segui\u00admiento de Cristo, <\/em>Paulinas, Bogot\u00e1 1984.- M. HENGEL, <em>Seguimiento y carisma, <\/em>Sal terrae, Santander 1981.- Ch. Lubich, <em>Seguir a Jes\u00fas, <\/em>Ciudad Nueva, Madrid 1977.- D. MONGILLO, <em>Seguimiento, <\/em>en <em>Nuevo Diccionario de espiri\u00adtualidad, <\/em>Paulinas. Madrid 1983.- A. Orcajo, <em>El seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, <\/em>La Milagrosa, Madrid 1990.- J. P. RENOUARD, <em>Le Christ de Monsieur Vincent, <\/em>en <em>Vincentiana <\/em>1984, p. 565-577.- A. TAMAYO, <em>Continuar la mis\u00adma misi\u00f3n de Cristo, <\/em>en <em>Vincentiana <\/em>1984, p. 587-598.- G. TOSCANI, <em>II Christo di s. Vincen\u00adzo, <\/em>en <em>Vincentiana <\/em>1986, p. 357-405.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Jes\u00fas de Nazaret, centro de vida La persona de Jes\u00fas y su seguimiento son te\u00admas nucleares y envolventes de la narraci\u00f3n evan\u00adg\u00e9lica. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.\",\"sameAs\":[\"http:\/\/chento.org\",\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\",\"https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento\"],\"url\":\"https:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Espiritualidad vicenciana: Seguimiento de Jes\u00fas - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-seguimiento-de-jesus\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Espiritualidad vicenciana: Seguimiento de Jes\u00fas - Somos Vicencianos","og_description":"1. 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