{"id":44110,"date":"2011-07-21T01:00:24","date_gmt":"2011-07-20T23:00:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/vicente-de-paul-carta-0660-a-pedro-du-chesne\/"},"modified":"2016-07-26T11:18:48","modified_gmt":"2016-07-26T09:18:48","slug":"vicente-de-paul-carta-0660-a-pedro-du-chesne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-carta-0660-a-pedro-du-chesne\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Carta 0660: A Pedro Du Chesne"},"content":{"rendered":"<p>Padre:<\/p>\n<p>\u00a1La gracia de nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotros!<\/p>\n<p>Estoy seguro de que el motivo de la presente le producir\u00e1 al principio cierta pena y tristeza, ya que se trata de comunicarle la p\u00e9rdida que hemos sufrido de nuestro buen padre Pill\u00e9, p\u00e9rdida que yo he sentido tan vivamente como no creo que lo haya hecho ninguno de los que conozco, ya que lo miraba como la dicha y la bendici\u00f3n de la Misi\u00f3n. Sin embargo, tenemos razones para consolar nos con la seguridad de que no lo hemos perdido m\u00e1s que de vista ya que la santa vida que ha llevado y la muerte feliz que ha tenido son el mejor testimonio de que est\u00e1 ahora en el cielo, y por tanto est\u00e1 en disposici\u00f3n y es capaz de favorecer a la compa\u00f1\u00eda m\u00e1s que lo que anteriormente hizo. Las dos conferencias que hemos tenido sobre el tema de sus virtudes dan un testimonio suficiente de ello, tal como podr\u00e1 usted observar en el resumen que le enviamos.<\/p>\n<p>Pero antes de entrar en el asunto, le ruego que considere que, aunque yo pusiese aqu\u00ed por extenso todo lo que se ha referido, sea de viva voz, sea por escrito, no podr\u00eda usted con todo ello conocer toda la vida de este gran hombre, ya que todav\u00eda no nos hemos podido informar de innumerables cosas importantes que se podr\u00edan decir de \u00e9l, especialmente de lo que ocurri\u00f3 antes de que perteneciera a nuestra compa\u00f1\u00eda. Todas sus acciones son otras tantas piedras preciosas que merecen ser cuidadosamente recogidas y conservadas; es lo que esperamos hacer, Dios mediante, con el tiempo y con la asistencia divina. Por ahora me contentar\u00e9 con mostrarle algunas de ellas, a fin de que por ellas pueda usted juzgar de las restantes.<\/p>\n<p>Y para proceder con orden y con la sencillez habitual en la Misi\u00f3n, empezar\u00e9 dici\u00e9ndole que el padre Pill\u00e9 se llamaba Juan y que hab\u00eda nacido en Ferrieres, di\u00f3cesis de Sens. Su padre y su madre eran virtuosos y temerosos de Dios, lo cual se comprob\u00f3 en el cuidado especial\u00edsimo que tuvieron de educarlo en la virtud y en el temor de Dios. Desde su infancia, dio pruebas de la elecci\u00f3n que Dios quer\u00eda hacer de \u00e9l, pues sintiendo ya entonces abrasado su coraz\u00f3n en el deseo de consagrarse a su servicio de una manera especial, se puso a buscar los medios para ello, y viendo que la ciencia era una gran ayuda para la virtud, quiso hacer buen acopio de ella. Como sus padres no quer\u00edan que estudiase, se decidi\u00f3 a ir a vivir a Par\u00eds para encontrar una ocasi\u00f3n m\u00e1s oportuna. Y viendo que su padre se marchaba un d\u00eda con un carro lleno de mercanc\u00eda, se meti\u00f3 astutamente debajo y se ocult\u00f3 bajo el heno, por miedo a que su padre lo notase y lo devolviese a casa; as\u00ed se dirigi\u00f3 a Par\u00eds, donde encontr\u00f3 medios para dedicarse al estudio. Ocup\u00f3 all\u00ed fielmente e! tiempo que se le conced\u00eda, creciendo en ciencia y en virtud. Frecuentaba los sacramentos, hu\u00eda de las malas compa\u00f1\u00edas y s\u00f3lo se complac\u00eda en darle gusto a Dios, que le destinaba a ser su ministro y que le dio muchos deseos del estado eclesi\u00e1stico, en donde entr\u00f3, ardiendo en ansias de trabajar por la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Se orden\u00f3 de sacerdote adscrito a Saint-Nicolas-des-Champs, donde llev\u00f3 una vida muy edificante. El se\u00f1or Gallemant, doctor de la Sorbona y persona muy virtuosa, al ver el celo con que aquel buen siervo de Dios se entregaba a la salvaci\u00f3n de las almas y que lo \u00fanico que ped\u00eda era trabajar m\u00e1s en ello, lo hizo vicario suyo en Nuestra Se\u00f1ora de las Virtudes, donde sigui\u00f3 trabajando como antes, desempe\u00f1ando las funciones de p\u00e1rroco. Esto hizo que el mismo se\u00f1or Gallemant, que por justos motivos no pod\u00eda residir siempre all\u00ed, confiase en \u00e9l por completo. Entretanto quiso Dios disponer de su t\u00edo, p\u00e1rroco de Ferrieres, a quien sucedi\u00f3. All\u00ed fue donde este buen siervo de Dios supo conocer la obligaci\u00f3n que tiene un pastor de procurar la salvaci\u00f3n de las almas que le est\u00e1n encomendadas. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir la devoci\u00f3n y el fervor con que desempe\u00f1aba las funciones de p\u00e1rroco? No ahorraba esfuerzo alguno, tanto en el p\u00falpito, como en el confesionario, como en los dem\u00e1s sitios, y en todas partes Dios le daba su gracia y su bendici\u00f3n, especialmente en la direcci\u00f3n de las conciencias. Y cuando su enfermedad, que empez\u00f3 a manifestarse desde entonces, le imped\u00eda predicar o tener el catecismo, lo mandaba hacer por medio de los buenos padres recoletos u otros religiosos, a los que informaba discretamente de todo lo que hab\u00eda que hacer con sus feligreses. Todo su cuidado paternal y su extraordinario buen ejemplo no impidieron que durante los primeros a\u00f1os se viera calumniado, probado y perseguido por sus propias ovejas, especialmente por un juez del lugar y por los mismos religiosos, que intentaron un pro ceso en contra suya por haber fundado la cofrad\u00eda del Rosario; no se puede explicar cu\u00e1nto tuvo que sufrir y cu\u00e1nta paciencia demostr\u00f3 al propio tiempo. Cualquiera que no hubiera tenido su virtud. Lo hubiera dejado todo; pero \u00e9l, como buen pastor, se mostr\u00f3 constante y acab\u00f3 venciendo a sus propios enemigos, y lo que es m\u00e1s, conquistando su mismo coraz\u00f3n, ya que luego no hab\u00eda nadie que no lo quisiese y estimase como a un hombre de Dios. Es cierto que esta victoria fue a costa de su salud, ya que tambi\u00e9n se gan\u00f3 una enfermedad corporal que le hizo sufrir e ir debilit\u00e1ndose hasta la muerte. En recompensa, fue m\u00e1s sano y m\u00e1s fuerte en el alma, como se ha visto claramente en las raras virtudes que se le ha visto practicar cada vez con mayor perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre otras cosas, le gustaba mucho la limpieza en la Iglesia y no pod\u00eda soportar en ella nada que estuviera sucio. Se le ve\u00eda pasar los recreos despu\u00e9s de comer arreglando la iglesia y los ornamentos. Tambi\u00e9n se preocupaba mucho de que el servicio divino se hiciese con la debida decencia. El mismo se encargaba de ense\u00f1ar el canto. No pod\u00eda sufrir ninguna falta de modestia en la iglesia. Tan pronto se le ve\u00eda venir, todos arreglaban su compostura. En una palabra, pod\u00eda decir con todo derecho: <em>Zelus domus Dei comedit me<\/em>.<\/p>\n<p>Su casa era un albergue para los pobres transe\u00fantes, a quienes acog\u00eda. Le gustaba mucho recibir all\u00ed a los religiosos, especialmente a los recoletos, a quienes recib\u00eda como \u00e1ngeles que le enviaba Dios. Daba gusto ver c\u00f3mo sal\u00eda a su encuentro, recibi\u00e9ndolos con los brazos abiertos y con tanta efusi\u00f3n de su coraz\u00f3n que podr\u00eda decirse que los llevaba en palmitas. Cumpl\u00eda con ellos con todas las obligaciones del hospedero m\u00e1s cort\u00e9s y m\u00e1s caritativo. Les daba de ordinario a un hombre que los condujese por las casas para hacer la colecta. Luego les enviaba las provisiones a sus casas, haci\u00e9ndoles de verdadero padre.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or le concedi\u00f3 un especial cari\u00f1o para con los pobres. Les daba la limosna colectiva dos veces por semana; pero nunca les entregaba la limosna corporal sin darles al propio tiempo la espiritual con algunas buenas palabras de edificaci\u00f3n. Apenas se enteraba de que alguno se pon\u00eda enfermo, se ve\u00eda a este caritativo pastor dejar todos sus asuntos, y hasta su propia comida, para ir a socorrerlo. Y como su salud tan d\u00e9bil le inspiraba el temor de que no podr\u00eda cumplir debidamente con su cargo, ya que s\u00f3lo ten\u00eda un vicario, tom\u00f3 uno m\u00e1s, aunque no estaba obligado a ello y le bastaba uno solo, ya que no dejaba de trabajar en todo lo que pod\u00eda hacer por s\u00ed mismo. En fin, si por la obra se conoce la excelencia del obrero, no hay que considerar m\u00e1s que el hecho de que la parroquia de Ferrieres era al principio como una tierra de abrojos; y cuando la dej\u00f3, se encontraba tan cultivada que no s\u00e9 si entonces habr\u00eda otra que lo estuviese mejor. En una palabra, podemos decir que era un pastor bonus.<\/p>\n<p>Me alargar\u00eda demasiado si quisiera explicar aqu\u00ed detalladamente la santa vida que llev\u00f3 siendo p\u00e1rroco; sin embargo, se juzgaba siempre a s\u00ed mismo como un siervo in\u00fatil, creyendo que ten\u00eda las espaldas demasiado d\u00e9biles para soportar una carga tan pesada como la de una parroquia, de forma que al final se deshizo de ella, temiendo los juicios de Dios. Pero antes de abandonarla hizo dos cosas: la primera que aunque pod\u00eda decir: <em>quid potui facere vineae meae et non feci<\/em>?, sin embargo hizo dar una misi\u00f3n, en la que todos los parroquianos hicieron confesi\u00f3n general. Se estableci\u00f3 all\u00ed la cofrad\u00eda de la Caridad y se apaciguaron todas las diferencias, e incluso la mayor parte de los religiosos antiguos hicieron una confesi\u00f3n general. En segundo lugar, busc\u00f3 a un buen p\u00e1rroco para que le sucediera: era un hermano suyo que hab\u00eda educado \u00e9l mismo y hecho estudiar para e]lo; de forma que ten\u00eda motivos para vivir tranquilo, ya que en efecto su hermano fue y es todav\u00eda uno de los mejores p\u00e1rrocos que conozco.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber provisto de este modo a su parroquia se decidi\u00f3 a entrar en nuestra compa\u00f1\u00eda; y aunque era ya de edad y estaba enfermo, y aunque yo mismo sent\u00eda escr\u00fapulos por recibir en nuestra casa a los p\u00e1rrocos que llevaban bien sus parroquias, su virtud y su santidad junto con su insistencia y perseverancia en solicitarlo tuvieron tanto poder sobre m\u00ed que, despu\u00e9s de haberlo hecho esperar alg\u00fan tiempo, lo recib\u00ed finalmente en el n\u00famero de nuestros misioneros. Entr\u00f3 en nuestra compa\u00f1\u00eda en el mes de septiembre, el a\u00f1o 1630, con el deseo de gastar el resto de sus d\u00edas en los ejercicios de la Misi\u00f3n. Pero quiso la divina sabidur\u00eda, que prefiri\u00f3 que nos predicase a nosotros con su paciencia, detener el curso impetuoso de su celo por medio de su enfermedad, que continu\u00f3 en aumento y que le impidi\u00f3 realizar sus funciones, tal como hubiera deseado. Sin embargo, trabaj\u00f3 en algunas misiones, tal como diremos al hablar de las virtudes que le hemos visto practicar desde que tuvimos la dicha de verlo con nosotros, que eran extraordinarias y eminentes. Entre otras hemos advertido las siguientes.<\/p>\n<p>La primera es el amor que ten\u00eda a Dios y que era tan grande que le hacia palpitar continuamente, llegando casi a faltarle el aliento, aspirando por \u00e9l noche y d\u00eda. No hac\u00eda m\u00e1s que hablar de su grandeza y de los privilegios que acompa\u00f1an a los que le sirven, de su fidelidad con los que s\u00f3lo se preocupan de darle gusto, del amor que tiene a los que le aman y de c\u00f3mo glorifica a los que le glorifican. El que quisiera alegrarle, no ten\u00eda que hacer m\u00e1s que hablarle de Dios. Ese amor le daba mucha afici\u00f3n a todas las cosas que se refieren al servicio divino, ya que ten\u00eda un sentimiento muy elevado de todas las normas de la Iglesia, deleit\u00e1ndose singularmente en las ceremonias, las r\u00fabricas, el canto llano, la m\u00fasica, etc. No acababa de deplorar nunca la ignorancia y el esc\u00e1ndalo de los sacerdotes y su negligencia en guardar las r\u00fabricas, en practicar las ceremonias y en mantener limpias las iglesias. Dec\u00eda con frecuencia: \u00abCreo que ya no hay fe en el mundo; los predicadores no predican la verdad evang\u00e9lica el pobre pueblo est\u00e1 hambriento de la palabra de Dios y lo dejan morir de hambre, falto de socorros. <em>Parvuli petierunt panem, et non est qui frangat eis<\/em>.<\/p>\n<p>Era muy fiel en recitar el breviario, de forma que, incluso cuando estaba enfermo, no pod\u00eda vivir contento si no lo rezaba; y aunque su enfermedad era tal que hubiera podido dispensarse del mismo. Sin embargo lo rezaba muchas veces en perjuicio de su salud, y con tanta devoci\u00f3n que lloraba con frecuencia. Siempre ten\u00eda en los labios alg\u00fan vers\u00edculo de David, principalmente \u00e9ste, que se le o\u00eda decir con frecuencia: <em>Domine, dilexi decorem domus tuae<\/em>, demostrando con ello ampliamente c\u00f3mo le llegaban al coraz\u00f3n las cosas de la religi\u00f3n. Cuando celebraba la santa misa, lo hac\u00eda con tanta devoci\u00f3n que inspiraba amor de Dios a todos cuantos lo trataban Se le ve\u00eda tambi\u00e9n muchas veces llorar de devoci\u00f3n al celebrarla. No dejaba de decirla m\u00e1s que cuando se lo imped\u00eda la enfermedad alguna vez lo han visto en el altar tan d\u00e9bil y con tal opresi\u00f3n de est\u00f3mago, que creyeron que iba a morir. Su mayor preocupaci\u00f3n al tomar las medicinas era que no le dejar\u00edan celebrar. Un mes antes de morir, le vieron ayudando a misa casi sin poder sostenerse. Sent\u00eda mucha devoci\u00f3n al sant\u00edsimo Sacramento del altar, haciendo casi continuamente actos de fe en estos misterios y fervientes jaculatorias, diciendo a veces con l\u00e1grimas en los ojos: \u00abSalvador m\u00edo, no te conocen, no tienen fe, etc.\u00bb<\/p>\n<p>De esta inmensa caridad brotaba un deseo tan grande por la salvaci\u00f3n de las almas que estaba dispuesto a dejarse despedazar por una sola de ellas. En efecto, cuando se trataba de ir a alguna misi\u00f3n y su enfermedad se lo permit\u00eda, Dios sabe que no ahorr\u00f3 ning\u00fan es fuerzo. Y aunque tuviese m\u00e1s necesidad de descanso que de trabajo, sin embargo trabajaba por encima de sus fuerzas. Dio tres o cuatro misiones, en las que sus compa\u00f1eros dijeron que no hab\u00edan visto jam\u00e1s a un misionero trabajar de ese modo. Era el primero en el confesonario. Se habr\u00eda quedado muy contento pasando la jornada entera sin comer, si la obediencia no hubiera moderado su celo. En la cuarta misi\u00f3n, le fallaron por completo las fuerzas del cuerpo, de modo que fue necesario mandarlo a casa. Entonces fue cuando empez\u00f3 a quejarse, diciendo que era un in\u00fatil y que no nos hab\u00eda tra\u00eddo m\u00e1s que molestias. Tal era su expresi\u00f3n ordinaria. \u00ab\u00a1Ay!, le dijo un d\u00eda llorando a uno de los hermanos, ah\u00ed est\u00e1n las almas de nuestros hermanos que se hunden en el infierno, mientras que yo estoy sin hacer nada!\u00bb<\/p>\n<p>Por la que se refiere a su devoci\u00f3n y a la firmeza en su vocaci\u00f3n, no se pueden expresar, y tendr\u00eda que decirnos sus sentimientos \u00e9l mismo. Estaba como fuera de s\u00ed siempre que se le hablaba de ella; eso puede verse muy bien en una respuesta que le dio a uno de nuestros hermanos cl\u00e9rigos que, al preguntarle c\u00f3mo se encontraba, el padre Pill\u00e9 le dijo que era un in\u00fatil, que no era m\u00e1s que una carga para la casa. El otro, sin pensarlo mucho, le pregunt\u00f3: \u00abEntonces, padre, \u00bfes que quiere usted salirse?\u00bb. Fue como si le hubiesen dado un pu\u00f1etazo; no le pod\u00edan haber tocado en un sitio m\u00e1s doloroso: \u00abHermano, le dijo con l\u00e1grimas en los ojos, \u00bfDios no quiera que tenga nunca esa idea! Si me echan fuera de casa por una puerta, entrar\u00e9 por la otra, y antes morir\u00e9 en el dintel de la puerta\u00bb. Amaba y apreciaba todo lo que pertenec\u00eda a la Misi\u00f3n, grande o peque\u00f1o; pero sent\u00eda una devoci\u00f3n sensible por el seminario y se alegraba cuando pod\u00eda hacerle alg\u00fan servicio, como escribir con letras grandes los nombres de los hermanos, copiar escritos, pagar estampas en alg\u00fan cart\u00f3n, etc. Y cuando el difunto padre de la Salle, entonces director del seminario, lo utilizaba como confesor de los seminaristas, lo hac\u00eda con una alegr\u00eda inexplicable. Se le ha o\u00eddo decir con frecuencia: \u00abSi tuviera un poco de salud, solicitar\u00eda que me admitieran en el n\u00famero de seminaristas, para servir y obedecer all\u00ed como el m\u00e1s peque\u00f1o de todos; como desgraciadamente no puedo hacerlo, procuro suplir este defecto con mis humildes servicios\u00bb. Les dec\u00eda muchas veces a los hermanos del seminario: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 felices sois al tener una ocasi\u00f3n tan hermosa para perfeccionaros! \u00a1Nosotros no la tuvimos en nuestros tiempos! \u00a1Animo, pues, hermanos m\u00edos! Todo depende de vosotros\u00bb. Un d\u00eda, como uno de los hermanos se encomendase a sus oraciones, le dijo que todos los d\u00edas hac\u00eda la ronda, queriendo decir que rezaba por todos en particular, empezando por el m\u00e1s antiguo de la compa\u00f1\u00eda hasta el m\u00e1s nuevo. El que quisiera alegrar al padre Pill\u00e9 ten\u00eda que hablarle de los frutos que se consiguen en las misiones y de los buenos obreros de la compa\u00f1\u00eda; pero el que quisiera entristecerlo, que le hablara de la salida de alguno. \u00ab\u00a1Ay!, exclam\u00f3 un d\u00eda a este prop\u00f3sito, en \u00bfqu\u00e9 piensan esos desgraciados? A m\u00ed me parece que est\u00e1n ciegos. Se enga\u00f1an, si creen que en otra parte van a tener m\u00e1s \u00e9xito que en la Misi\u00f3n. \u00bfNo saben que, al salir, se ver\u00e1n como los peces fuera del agua y como los miembros separados del cuerpo, sin poder participar de la influencia de la cabeza? \u00bfQu\u00e9 dignos son de compasi\u00f3n!\u00bb. Pero cuando le dec\u00edan que alguno acababa de ser recibido en la compa\u00f1\u00eda, su coraz\u00f3n se quedaba tan lleno y tan trasportado de gozo que, por muy enfermo que estuviera, ten\u00eda que trasparentarlo por fuera: en su cuerpo, que se conmov\u00eda, en su rostro que se iluminaba, en sus manos que se alzaban y se juntaban, en sus brazos que se tend\u00edan cordialmente al nuevo hermano, en sus ojos que derramaban l\u00e1grimas de alegr\u00eda, y sobre todo en su lengua que, al no poder moderar la abundancia del coraz\u00f3n, profer\u00eda palabras tan fervorosas y tan llenas de vehemencia y de vivacidad que parec\u00eda como si el Esp\u00edritu Santo estuviera en su boca en forma de lenguas de fuego. \u00abLa Misi\u00f3n, dec\u00eda, es el esp\u00edritu de los primeros cristianos; es una vida plenamente apost\u00f3lica; es el medio supremo y m\u00e1s excelso que Dios ha encontrado para reformar a la Iglesia; y parece como si su bondad, su sabidur\u00eda y su omnipotencia se hubieran volcado por entero en esta obra maestra de sus manos. \u00a1Qu\u00e9 grandes proyectos tiene su providencia sobre la Misi\u00f3n! \u00a1qu\u00e9 cosas tan maravillosas veremos! \u00a1qu\u00e9 dicha ser misionero! \u00a1Qu\u00e9 feliz me siento al ser uno de ellos! \u00a1qu\u00e9 desgraciado por ser una carga in\u00fatil para ellos!\u00bb. As\u00ed hablaba siempre que sal\u00eda a relucir este tema, pero sobre todo en su lecho de muerte, ya que no pod\u00eda menos de hablar as\u00ed a todos los que iban a verlo, pero con m\u00e1s ardor y vehemencia que nunca, de forma que parec\u00eda que s\u00f3lo ten\u00eda fuerzas y palabras para hablar de esto. Y lo mejor de todo era que lo dec\u00eda todo como si le saliera del coraz\u00f3n, ya que hubiera sido en contra de su conciencia decir la m\u00e1s m\u00ednima cosa contra la sencillez y por exageraci\u00f3n. En fin, ya sabe usted que no me gusta exagerar las cosas, pero puedo asegurarle que me ser\u00eda imposible poder expresar los elevados sentimientos que ten\u00eda de la Misi\u00f3n y que todo lo que he dicho no es nada en comparaci\u00f3n con lo que se podr\u00eda decir; de forma que por ahora m\u00e1s vale que me contente con admirarle y que le deje a usted pensar en ello. Le dir\u00e9 \u00fanicamente que, cuanto m\u00e1s realzaba la grandeza de nuestro Instituto y m\u00e1s exageraba el bajo concepto que ten\u00eda de s\u00ed mismo, m\u00e1s grande me parec\u00eda en santidad y m\u00e1s \u00fatil a toda nuestra comunidad, de forma que no pod\u00eda menos de decir a veces en voz alta: \u00abPadre Pill\u00e9. solamente con su inutilidad y sus padecimientos hace m\u00e1s por Dios y por la casa que yo y toda nuestra compa\u00f1\u00eda trabajando sin cesar\u00bb.<\/p>\n<p>Su humildad era muy grande y profunda. Lo que acabamos de decir de la baja estima que ten\u00eda de su persona es una se\u00f1al bastante cierta de ello; pues llegaba hasta el punto de que, aunque le dije en varias ocasiones que consideraba como una gran bendici\u00f3n tenerlo en nuestra compa\u00f1\u00eda, no pod\u00eda convencerse de ello, as\u00ed ha vivido siempre con ese bajo sentimiento de s\u00ed, diciendo siempre que pod\u00eda que era in\u00fatil en la casa, que se consideraba indigno de estar aqu\u00ed, que era una carga para todos y que no merec\u00eda ni el servicio m\u00e1s m\u00ednimo que se le hiciera, incluso en sus enfermedades. No se contentaba con tener esta humildad en el coraz\u00f3n y en la boca; procuraba con todos los medios posibles practicarla, ofreci\u00e9ndose para ello a servir en las cosas m\u00e1s bajas y a las \u00f3rdenes del m\u00e1s peque\u00f1o de todos. Entre otras cosas se ha recordado que un d\u00eda le mandaron a ayudar al hermano Alejandro, que estaba por entonces encargado de la despensa; lo hizo con tanto gusto que el propio hermano nos dijo que nunca hab\u00eda visto semejante sumisi\u00f3n de voluntad y de juicio, obedeci\u00e9ndole como si hubiera sido un muchacho, a pesar de que era sacerdote y de mucha edad. Otro d\u00eda le pidi\u00f3 insistentemente a uno de los hermanos de la cocina que le avisase de sus faltas. Ayudaba con frecuencia al cocinero en todo lo que pod\u00eda y en los servicios m\u00e1s bajos y vulgares. Se tomaba la molestia de ense\u00f1ar el canto a los alumnos, a pesar de los achaques que sufr\u00eda. Su humildad se dio a conocer tambi\u00e9n en que nunca se pon\u00eda a dar su juicio en ning\u00fan asunto que se tratase, sobre todo en lo referente a la ciencia, crey\u00e9ndose un ignorante. Un d\u00eda le dijo a un hermano que no serv\u00eda para realizar ninguna funci\u00f3n en la Misi\u00f3n, por causa de su insuficiencia, y que ni siquiera era capaz de llevar un grupo de ordenandos, cosa que por entonces hac\u00edan nuestros hermanos cl\u00e9rigos. Se contentaba con arreglar las sillas de los se\u00f1ores ordenandos, diciendo que \u00e9se era todo el servicio que les pod\u00eda hacer, aunque la verdad es que era bastante capaz y ten\u00eda mucha experiencia en estas materias. Y lo m\u00e1s digno de inter\u00e9s es que, al decir eso con los labios, guardaba los mismos sentimientos en el coraz\u00f3n, que es en lo que consiste la verdadera humildad.<\/p>\n<p>Su obediencia corr\u00eda parejas con su humildad. No hac\u00eda nunca nada sin permiso, a pesar de ser ya mayor de edad, queriendo recibir \u00f3rdenes del superior en las cosas m\u00e1s peque\u00f1as. Tomaba indiferentemente lo que le daban, aunque no estuviese bien preparado y aunque \u00e9l mismo estuviera desganado y le repugnase. Cuando los alumnos le ped\u00edan alguna cosa, les preguntaba ante todo si ten\u00edan permiso para ello.<\/p>\n<p>Esta obediencia tan grande hac\u00eda que se mostrase muy condescendiente con sus iguales e incluso con sus inferiores. Nunca contradijo a nadie. Se le hac\u00eda hablar de lo que uno quisiera, con tal que fuese de cosas edificantes, y dejaba con facilidad y prontitud lo que estaba haciendo para dedicarse a cualquier otra cosa que se le pidiera. Y lo m\u00e1s perfecto de todo es que obedec\u00eda siempre con sumisi\u00f3n de juicio, y esto durante toda su vida, pero sobre todo en su muerte; testigo de ello son los actos heroicos de que luego hablaremos, de forma que se puede decir de \u00e9l: <em>factus est obediens usque ad mortem<\/em>.<\/p>\n<p>Su paciencia ha sido heroica. Nunca jam\u00e1s dio la menor se\u00f1al de impaciencia. Bendijo siempre a Dios en sus sufrimientos, que con frecuencia eran tan intensos que daban l\u00e1stima a todos; a cada instante parec\u00eda que iba a dar ya el \u00faltimo suspiro; a pesar de todo, no dej\u00f3 nunca de estar alegre y ecu\u00e1nime. Aquel pobre hombre no se pod\u00eda levantar por la ma\u00f1ana sin aumentar su debilidad, ni vestirse \u00e9l s\u00f3lo m\u00e1s que a duras penas; no dejaba por ello de acudir a la oraci\u00f3n siempre que pod\u00eda, aunque tuviese mucha necesidad de descanso, ya que apenas pod\u00eda dormir por la noche a causa de su tos. Su celo le obligaba a hacer m\u00e1s de lo que pod\u00eda Por eso le he visto a veces caer al subir las escaleras, sin poderse sostener ni levantar. Y no se contentaba con las cruces que Dios le enviaba; \u00e9l mismo se impon\u00eda penitencias disciplinando sus carnes, a pesar de sus grandes enfermedades, unas veces con ayunos, otras con diversos castigos, como puede presumirse por una disciplina llena de sangre que encontraron en su cama despu\u00e9s de su muerte. En una palabra, era un hombre de dolor y al mismo tiempo un espejo de paciencia. Y aunque siempre nos lo pareci\u00f3 a todos, hay que confesar que en su lecho de muerte lo fue de una forma especial\u00edsima. Parece como si la paciencia estuviera en su trono, triunfando de todas sus penas y dolores. Sus males iban en aumento y sus fuerzas se debilitaban cada vez m\u00e1s; pero tambi\u00e9n crec\u00eda su paciencia, de forma que no s\u00f3lo soportaba con \u00e1nimos y con resignaci\u00f3n sus sufrimientos, sino que incluso se gozaba en ellos y deseaba sufrir m\u00e1s por nuestro Se\u00f1or y por el pr\u00f3jimo. Esto es lo que le obligaba a decir y repetir con mucho afecto: \u00abDomine, bonum mihi quia humiliasti me. \u00a1Bendito seas, Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 bueno eres! <em>Absit mihi gloriari nisi in cruce domini nostri Jesu Christi<\/em>!, etc.\u00bb.<\/p>\n<p>Ten\u00eda la virtud de la pobreza en sumo grado. No sent\u00eda ning\u00fan apego por las cosas de la tierra. Se alegraba de ser tratado como pobre y de utilizar las cosas m\u00e1s pobres, hasta el punto de que recog\u00eda todo lo que encontraba que pudiera servir para algo, como los pedazos de papel, de madera, las agujas, etc. En lo que se refiere a las cosas que eran de su uso, ten\u00eda mucho cuidado de conservarlas en buen estado, arreglando \u00e9l mismo sus ropas y su breviario, en el que siempre encontraba alguna cosa que reparar. Usaba lentes, y se le hab\u00eda roto uno de los cristales; nunca lograron convencerle de que tomase otros. Hab\u00eda renunciado a la propiedad de las cosas que usaba, hasta el punto de que hac\u00eda problema de conciencia el regalar alguna de ellas, por muy peque\u00f1as que fuesen, aunque por otra parte era muy generoso, y siempre ped\u00eda permiso para darlas. Un sobrino suyo, el hermano Bonichon, le pidi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n algunos peque\u00f1os manuscritos de devoci\u00f3n para aprender a perfeccionarse, pero \u00e9l se los neg\u00f3 dici\u00e9ndole que fuera a presentarse al superior y que se los pidiese luego. Este mismo cuidado era el que ten\u00eda para recibir lo que se le daba. Quer\u00eda tener permiso para aceptar un librito, una estampa de papel o cosa semejantes. Y aunque estas cosas parecen insignificantes a juicio de los hombres, el esp\u00edritu con que las hac\u00eda las agrandaba a los ojos de Dios y de los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>Era grande su sencillez, no una sencillez boba o r\u00fastica, sino la sencillez santa de las palomas; una sencillez que serv\u00eda para perfeccionar sus otras virtudes. Su caridad era sencilla, su humildad sencilla, su obediencia sencilla, su paciencia sencilla, y as\u00ed en todo lo dem\u00e1s; porque nunca hab\u00eda en ellas mezcla alguna de respeto humano, de disimulo, de artificio o hipocres\u00eda. Por eso, aunque era muy juicioso, se dejaba llevar como un ni\u00f1o; se cre\u00eda casi todo lo que le dec\u00edan, aunque s\u00f3lo fuera en broma, y se pon\u00eda a hacer todo lo que le ped\u00edan. Incluso a veces iba al recreo con los alumnos m\u00e1s peque\u00f1os y conversaba sencillamente con ellos, como si hubiera sido un muchacho m\u00e1s. Esta sencillez lo hac\u00eda amable a todos, pero principalmente a Dios, que sin duda se le comunicaba de ordinario de una forma especial, ya que <em>cum simplicibus est sermocinatio ejus<\/em>; de modo que no hay que extra\u00f1arse que siempre se le viera recogido, fervoroso y sin aspirar a nada m\u00e1s que a Dios.<\/p>\n<p>Era maravillosa su diligencia. Aunque sus indisposiciones le debilitaban y le hac\u00eda da\u00f1o el trabajo, nunca se le ve\u00eda ocioso; siempre estaba haciendo algo, pues ten\u00eda como uno de sus principios que la ociosidad es la madre de todos los vicios, como le dijo un d\u00eda a uno de nuestros hermanos que le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 trabajaba tanto. Se&#8217; encargaba ordinariamente de arreglar los misales y los breviarios, escrib\u00eda, las ceremonias y las otras cosas de la casa. Iba a veces a trabajar al jard\u00edn y, ech\u00e1ndose por tierra, arrancaba las malas hierbas, llevaba le\u00f1a y agua a la cocina, lavaba los platos, y todo esto de tan buen humor que quedaban edificados todos los que lo ve\u00edan; y cuando su enfermedad le obligaba a guardar cama, todav\u00eda buscaba la forma de trabajar, leyendo, escribiendo o cosiendo, y sobre todo rezando, especialmente diciendo oraciones jaculatorias con tanta frecuencia y tanto ardor que impresionaba e inflamaba a los que lo o\u00edan.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la castidad, la tuvo en grado muy eminente y creo que us\u00f3 todas las precauciones posibles para conservarla por entero. Los apuntes espirituales que sobre este tema se han encontrado despu\u00e9s de su muerte en su carpeta, dan buen testimonio de ello; al parecer practicaba con toda puntualidad ciertos medios muy poderosos para conservar la castidad, aunque resultasen dif\u00edciles. Esto demuestra que ten\u00eda mucha raz\u00f3n el hermano Alejandro, enfermero, al decir en plena conferencia que hab\u00eda observado en su cuerpo se\u00f1ales de una castidad virginal. Sin embargo, su temperamento natural parec\u00eda muy contrario a ello; de aqu\u00ed se deduce que tuvo que sufrir duros combates y obtener grandes victorias para impedir que fuera violado ese tesoro.<\/p>\n<p>Su mortificaci\u00f3n no s\u00f3lo se ech\u00f3 de ver en relaci\u00f3n con los movimentos carnales, que tan bien reprim\u00eda, sino tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con todo lo dem\u00e1s, tanto en lo interior como en lo exterior \u00bfSe ha visto alguna vez a un hombre tan mortificado como \u00e9l en la vista, el o\u00eddo, el gusto y los dem\u00e1s sentidos, y sobre todo en la lengua, en su juicio y en su voluntad? Pi\u00e9nselo usted. Pero para conocer mejor la excelencia de esa virtud en \u00e9l, hay que tener en cuenta que era naturalmente impetuoso, vivo, col\u00e9rico, \u00e1vido de o\u00edr y de saber, etc.; sin embargo, dominaba tan bien todas sus inclinaciones y pasiones que siempre dio la impresi\u00f3n de ser naturalmente reposado, tranquilo, indiferente y bonach\u00f3n. Sin embargo, lo era solamente por virtud y por gracia, que \u00e9l consegu\u00eda a fuerza de mortificarse. En una palabra, se puede decir que su vida no ha sido m\u00e1s que una mortificaci\u00f3n perpetua, como si Dios se hubiese complacido en verlo usar tan bien de las mortificaciones, como un segundo Job. Y no se content\u00f3 con las ordinarias; sino que Dios le concedi\u00f3 tambi\u00e9n algunas extraordinarias. Especialmente cuando, despu\u00e9s de haberle dado, por una parte, un gran conocimiento del valor y de la hermosura de]as almas y de lo mucho que necesitan la ayuda de las misiones, y por otra, un deseo insaciable e incre\u00edble de trabajar incesantemente por ganarlas, le quit\u00f3 casi al mismo tiempo los medios para ejecutar estos santos deseos, d\u00e1ndole una enfermedad corporal que lo atorment\u00f3 casi continuamente, y otra mayor a\u00fan en el esp\u00edritu, que era el convencimiento que ten\u00eda de ser un in\u00fatil y una carga para la casa, que proven\u00eda de su gran humildad, como hemos dicho. Para que de alguna manera comprenda usted esta mortificaci\u00f3n heroica, no tiene m\u00e1s que imaginarse a un hombre hambriento a quien se le hace ver continuamente una mesa cubierta de toda clase de sabrosos manjares, sin poder tocarlos, por estar encadenado. Su mortificaci\u00f3n era as\u00ed de grande y mucho mayor, al menos por causa de su larga duraci\u00f3n. Sin embargo, aunque su humildad le oblig\u00f3 a dar algunas quejas amorosas de sus penas, podemos decir de \u00e9l lo que el Esp\u00edritu Santo dice de Job: <em>In his omnibus non peccavit<\/em>, sino que se purific\u00f3 en todo ello, como el oro en el crisol, ya que en todas esas ocasiones se resignaba por completo con la voluntad de Dios, sin poder disimularlo, por los actos frecuentes que se le ve\u00eda hacer con tanto fervor.<\/p>\n<p>Aunque ya he mencionado su gran devoci\u00f3n, no puedo menos de a\u00f1adir unas palabras. No puede uno imaginarse cu\u00e1nta devoci\u00f3n sent\u00eda con las cosas santas que la Iglesia aconseja o aprueba, como el agua bendita, el agnus Dei, el rosario, las reliquias, las indulgencias y cosas semejantes, as\u00ed como tambi\u00e9n su devoci\u00f3n a los santos y a los \u00e1ngeles, pero especialmente a tres: 1.\u00b0 a su \u00e1ngel de la guarda. a quien honraba todos los d\u00edas de una forma especial y con quien ten\u00eda mucha confianza por haber conseguido muchas veces por su intercesi\u00f3n el efecto de las oraciones que ordinariamente le dirig\u00eda. probablemente lo ve\u00eda con los ojos de su esp\u00edritu, lo mismo que hac\u00eda Santa Francisca al ver al suyo con los ojos del cuerpo, y hablaba familiarmente y con mucha reverencia con \u00e9l; 2.\u00b0 a la sant\u00edsima Virgen, mucho m\u00e1s todav\u00eda que al \u00e1ngel de la guarda; pero me ser\u00eda imposible expresarlo; habr\u00eda que o\u00edrle a \u00e9l mismo hablar de ella; sus palabras eran capaces de inspirar esta devoci\u00f3n a los dem\u00e1s, especialmente cuando hablaba de su inmaculada concepci\u00f3n. del gran poder que tiene ante su Hijo y de los grandes milagros que ha hecho en favor de muchas personas. Pero lo principal era que imitaba sus virtudes y exhortaba a los dem\u00e1s a hacer lo mismo. Creo que esta devoci\u00f3n ha sido una de las causas principales de su castidad, de la que ya hemos hablado, y que la Virgen le conced\u00eda todo lo que ped\u00eda. Ten\u00eda mucha confianza en ella, especialmente en su lecho de muerte, tal como yo mismo lo pude observar con frecuencia, por ejemplo cuando pronunciaba aquellas palabras: In te, Domine, speravi; non confundar in aeternum, quia non solum sperantem, sed etiam desperantem adjuvas.<\/p>\n<p>Pero su devoci\u00f3n principal era a la pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or; pensaba en ella todos los d\u00edas y casi todas las horas, y siempre con sentimientos de compasi\u00f3n, de admiraci\u00f3n y de gratitud; muchas veces no pod\u00eda impedir que se notase por fuera en sus jaculatorias, sus suspiros y sus l\u00e1grimas. Esto le hac\u00eda decir de ordinario que el que no le agradece todos los d\u00edas a nuestro Se\u00f1or Jesucristo su pasi\u00f3n y su muerte, ha perdido la jornada. Por eso precisamente, en su \u00faltima enfermedad, besaba y volv\u00eda a besar con mucha devoci\u00f3n y hasta con l\u00e1grimas, el crucifijo que ten\u00eda junto a su cama. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda contar el sentimiento con que dec\u00eda: <em>O bone Jesu, qui mortuus es pro me, quis mihi tribuat ut moriar pro te! Salve, crux pretiosa, suscipe discipulum Christi, ac per te me recipiat qui per te moriens me redemit!<\/em><\/p>\n<p>Nunca pondr\u00edamos fin a la narraci\u00f3n de sus virtudes. Bastar\u00e1 con decir solamente que no me acuerdo haber observado nunca en \u00e9l ning\u00fan vicio, ni he o\u00eddo decir que tuviera alguno; m\u00e1s a\u00fan, en \u00e9l he observado \u00fanicamente mucha virtud y todos lo han considerado, lo mismo que yo, como un espejo de devoci\u00f3n, de paciencia, de humildad de obediencia, de caridad y de toda clase de virtudes. No puedo dejar de recordar el aprecio que le ten\u00eda el se\u00f1or Parmentier, p\u00e1rroco de La Queue, hombre de rara virtud, que lo conoci\u00f3 muy \u00edntimamente, y que s\u00f3lo hablaba de \u00e9l con admiraci\u00f3n, diciendo muchas veces lleno de entusiasmo: \u00abEl padre Pill\u00e9 es un hombre de Dios, es un tesoro oculto, es un santo\u00bb.<\/p>\n<p>Parece que con esto bastar\u00eda para poder elevar el edificio de las virtudes de este gran hombre; pero todav\u00eda no hemos puesto los fundamentos. Queda todav\u00eda una virtud eminente, que era en \u00e9l tan viva y que sobresal\u00eda tanto por encima de las dem\u00e1s, que las llenaba de vida y las hac\u00eda brillar maravillosamente: le fe tan viva y tan grande que siempre tuvo en el m\u00e1s alto grado, de forma que parec\u00eda, cuando se le ve\u00eda y se le o\u00eda actuar, como si tocase y palpase los misterios de la fe. No ten\u00eda ninguna dificultad en creer las cosas, incluso aunque no tuviese obligaci\u00f3n de creer en ellas, como las historias de los santos, sus milagros y todo lo que contienen los libros de devoci\u00f3n. Era aquella fe tan viva y tan grande en la majestad y en la bondad de Dios, la que le hac\u00eda sufrir con tanta alegr\u00eda y obrar con tanto fervor. Era aquella fe tan intensa en la justicia divina la que le hac\u00eda temer tanto sus juicios y castigos. Era esta fe la que le hac\u00eda sentir tanto horror al pecado y tener tanto celo por la salvaci\u00f3n de las almas. Era ella la que le met\u00eda tanto miedo de tener que rendir cuentas a Dios, especialmente por las almas que se le hab\u00edan confiado. Era ella la que le obligaba a decir frecuentermente, en medio de l\u00e1grimas y suspiros: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 espantosos son los juicios de Dios! \u00a1Qu\u00e9 feliz ser\u00eda si no hubiera sido nunca p\u00e1rroco!\u00bb. En fin, era esta fe la que le hac\u00eda practicar tan eminentemente todas las virtudes que hemos observado en \u00e9l. Y lo que me parece m\u00e1s admirable es que esta fe obraba incluso en el alma de los dem\u00e1s, tal como lo han experimentado algunos de nuestros hermanos recurriendo a \u00e9l en medio de sus tentaciones, cuando \u00e9l les dec\u00eda: \u00abHaga usted esto o aquello, y quedar\u00e1 libre\uf02b. Y ocurr\u00eda tal como hab\u00eda dicho. Yo mismo lo he reconocido tambi\u00e9n en varias ocasiones, especialmente una vez en que estaba muy preocupado por el proceso que los padres de san V\u00edctor hab\u00edan entablado contra nosotros a prop\u00f3sito de nuestro establecimiento en san L\u00e1zaro; ya estaba a punto de abandonar por completo esta casa para no tener que litigar; consult\u00e9 sobre ello a varios personajes ilustres por diversos conceptos, que con todas sus razones no pudieron convencerme para que resistiese y defendiese nuestra causa; pero apenas le ped\u00ed al padre Pill\u00e9 su parecer. no hizo m\u00e1s que decirme tranquila y serenamente: \u00abPadre, eso no es nada; h\u00e1galo; no se preocupe usted; se trata de la voluntad de Dios\u00bb. Apenas me dijo estas palabras, no puede usted creer cu\u00e1n consolado me qued\u00e9 y resuelto a emprender inmediatamente este asunto, de forma que luego ya no tuve ninguna pena ni dificultad en ello. como si Dios mismo me lo hubiese revelado y ordenado. \u00a1Tan viva y tan eficaz era su fe!<\/p>\n<p>Esta fe tan grande no impidi\u00f3 que a la hora de su muerte sintiese una peque\u00f1a tentaci\u00f3n de infidelidad. Pero esta tentaci\u00f3n la permiti\u00f3 Dios para darle mayor firmeza en sus creencias, lo mismo que cuando se echa un poco de agua sobre un fuego bien encendido, que s\u00f3lo sirve para alumbrarlo m\u00e1s. El acto que hizo luego es una prueba muy valiosa y aut\u00e9ntica de el]o, ya que, un poco antes de perder el uso de la palabra, cuando fui a verlo y me dijo su tentaci\u00f3n, le pregunt\u00e9 si cre\u00eda en todo lo que Dios hab\u00eda revelado a su Iglesia, y espont\u00e1neamente y con mucho vigor de esp\u00edritu exclam\u00f3: \u00abRenuncio a todas las sugestiones del esp\u00edritu maligno; quiero morir como un cristiano verdadero\u00bb, y con todas sus fuerzas pronunci\u00f3 este acto de fe: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! Yo creo en todas las verdades que has revelado a tu Iglesia; renuevo todos los actos de fe que he hecho durante toda mi vida y, como quiz\u00e1s no tuvieron todas las condiciones requeridas, renuevo todos los de los ap\u00f3stoles, los confesores, los m\u00e1rtires, etc.\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando dije que esta fe tan grande le causaba mucho temor de la justicia divina, no se imagine usted que falt\u00f3 a la virtud de la esperanza, ya que tambi\u00e9n la tuvo en alto grado. No hay que extra\u00f1arse de ello, ya que la misma fe, cuyos actos hac\u00eda con tanta frecuencia, le serv\u00eda siempre de escudo para resistir los asaltos de las tentaciones, y al mismo tiempo de antorcha para ver claramente la inmensidad de las misericordias de Dios, el valor infinito de la muerte y la pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or y la verdad infalible de las promesas que hizo a los pecadores arrepentidos, aparte de que su gran caridad, unida con -..na fe tan intensa, era la se\u00f1al infalible de que su esperanza era igualmente muy grande, lo mismo que cuando por la noche se ve una gran claridad y se siente un gran calor, es se\u00f1al evidente de que tambi\u00e9n la llama es muy grande. Del mismo modo despu\u00e9s de haber percibido la inmensa luz de su fe y el admirable ardor de su caridad, se puede deducir infaliblemente que la llama de su esperanza ard\u00eda en la misma proporci\u00f3n. Y aunque no hubiera m\u00e1s pruebas que la experiencia que tenemos de las continuas victorias que consigui\u00f3 combatiendo contra el temor hasta la muerte ser\u00eda suficiente para que vi\u00e9ramos la grandeza de su esperanza, porque si no, no hubiera podido subsistir esta virtud como lo hizo. Y no s\u00f3lo se mantuvo, sino que fue aumentando sin duda alguna a medida que recib\u00eda contrariedades, lo mismo que la llama de un fuego bien encendido crece cuando la agitan los vientos. Por eso sin duda alguna quiso probarlo Dios, para que ganase una corona m\u00e1s rica. Y aunque esta gran esperanza perdur\u00f3 en \u00e9l durante toda su vida. sin embargo brill\u00f3 m\u00e1s y resplandeci\u00f3 sobre todo al final por medio de varios actos notables que hizo, especialmente cuando le habl\u00e1bamos del cielo, adonde ir\u00eda pronto, y nos encomend\u00e1bamos a sus oraciones cuando estuviese all\u00ed; entonces nos respond\u00eda con decisi\u00f3n y sencillez que no dejar\u00eda de rezarle a Dios por nosotros y por toda la Misi\u00f3n, y nos lo promet\u00eda como si hubiera tenido una revelaci\u00f3n de que entrar\u00eda en el cielo inmediatamente despu\u00e9s de morir: \u00a1Qu\u00e9 hermosas peticiones promet\u00eda presentarle a la divina Majestad por toda la compa\u00f1\u00eda! En fin, de este modo nos demostraba que su esperanza iba creciendo a medida que ve\u00eda acercarse la recompensa. Lo mismo que crece el movimiento de una piedra cuanto m\u00e1s se acerca al suelo.<\/p>\n<p>Este es, padre, el resumen de la vida del padre Pill\u00e9, que sin duda le parecer\u00e1 muy hermoso; sin embargo, a m\u00ed me parece peque\u00f1o, tanto porque no he logrado hacerle ver todas sus virtudes, lo cual ser\u00eda imposible, como porque lo mayor y lo m\u00e1s excelente queda oculto por su profunda humildad, aparte de que s\u00f3lo Dios lo puede conocer; nosotros lo conoceremos \u00fanicamente en el cielo, especialmente aquella plenitud de gracia y el esp\u00edritu con que hac\u00eda todos esos actos de virtud. Sea lo que fuere, eso no es m\u00e1s que una parte de lo que hemos podido observar en su vida.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s espere usted que le ofrezca tambi\u00e9n una narraci\u00f3n de su muerte; pero no puedo decirle m\u00e1s que lo que ya ha visto usted en el espejo de su vida, pues su muerte fue lo que hab\u00eda sido su vida; si hay alguna diferencia, est\u00e1 en que su vida fue como un gran cuadro, mientras que su muerte fue solamente un resumen. Puedo decirle que en los diez o doce \u00faltimos d\u00edas de su vida, hizo y renov\u00f3 los actos interiores y exteriores de todas las virtudes que hemos comentado, especialmente de fe, temor de Dios, esperanza, caridad. contrici\u00f3n, humildad, obediencia, paciencia, resignaci\u00f3n y conformidad con la voluntad de Dios, y que hizo<em> intensive<\/em> en su muerte lo que hab\u00eda hecho <em>extensive<\/em> en su vida: quiero decir que, si hizo en su vida muchos actos de virtud, verbigracia a tres grados, los pocos que hizo en su muerte fueron a seis grados. Pero para referir algo m\u00e1s detalladamente el final de este hombre de Dios, conviene que sepa usted, padre, que unas tres semanas antes de morir le trajeron de Bons-Enfants a San L\u00e1zaro, debido a un continuo sopor que se advirti\u00f3 en \u00e9l, adem\u00e1s de su enfermedad ordinaria del pecho y de los pulmones. Tres o cuatro d\u00edas despu\u00e9s de su llegada, empez\u00f3 a guardar cama, y luego fueron fall\u00e1ndole cada vez m\u00e1s las fuerzas y teniendo cada vez m\u00e1s fatiga, dado que su enfermedad del pecho le oprim\u00eda m\u00e1s que nunca y de tal forma que, al cabo de pocos d\u00edas, ni siquiera pod\u00eda tenerse en pie ni servirse de sus miembros; m\u00e1s a\u00fan, empez\u00f3 pronto con expectoraciones pulmonares. Ten\u00eda sin embargo todav\u00eda el \u00e1nimo despejado, mucho coraje y libre el uso de la palabra; y lo m\u00e1s admirable es que hablaba y rezaba muchas veces con m\u00e1s vivacidad y vigor que antes, especialmente cuando le anunciaron que era entonces cuando Dios quer\u00eda poner fin a sus penas temporales para que fuera a gozar de las alegr\u00edas eternas. Fue entonces cuando empez\u00f3, como un cisne, a cantar m\u00e1s suavemente que antes. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 expresar los sentimientos que ten\u00eda en su coraz\u00f3n mentras pronunciaba con sus labios aquel vers\u00edculo de David:<em> Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: in donum Domini ibimus!<\/em>. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 expresar con qu\u00e9 esp\u00edritu hizo todos esos actos de virtud, tanto exteriores como interiores, que pronunci\u00f3 en aquellos \u00faltimos momentos de su vida, sobre todo cuando le dieron el santo vi\u00e1tico y la extremaunci\u00f3n? Porque todos los actos que hac\u00eda de fe, de esperanza, de caridad, de contrici\u00f3n, de humildad, de sencillez, de obediencia y de conformidad con la voluntad de Dios eran otros tantos dardos inflamados que her\u00edan el coraz\u00f3n de los asistentes y les hac\u00edan derramar l\u00e1grimas. Era un segundo san Andr\u00e9s; pues, lo mismo que aquel gran ap\u00f3stol muri\u00f3 en la cruz donde estuvo durante dos d\u00edas enteros clavado sin morir, predicando a los pueblos y rog\u00e1ndole a Dios por la salvaci\u00f3n de las almas, tambi\u00e9n el padre Pill\u00e9 muri\u00f3 en su cruz, quiero decir en medio de los agudos dolores de su enfermedad, y en medio de esos sufrimientos edific\u00f3 a todos los misioneros con los buenos discursos que les ech\u00f3 y con los extraordinarios ejemplos de paciencia y de otras virtudes que les dio. Yo iba ordinariamente dos veces al d\u00eda a visitarle, especialmente la \u00faltima semana de su vida; pero he de confesarle que no era tanto para consolarle, animarle y disponerle a bien morir, como para consolarme a m\u00ed mismo, animarme y disponerme a bien vivir. En efecto, no sal\u00eda nunca de su habitaci\u00f3n sin llevar el coraz\u00f3n totalmente derretido y embalsamado de devoci\u00f3n. Me sent\u00eda lleno de admiraci\u00f3n al ver en \u00e9l cosas tan contrarias y tan extremas en un mismo sujeto y en el mismo instante; al ver tan gran paciencia junto con tan grandes sufrimientos, tanta fuerza de esp\u00edritu junto con tan gran debilidad de cuerpo, una voz tan fuerte (sobre todo cuando hablaba de Dios) junto con tan graves molestias de pulm\u00f3n, tanta vigilancia y atenci\u00f3n a lo que se le dec\u00eda junto con tan extraordinario sopor; pues, a la primera palabra que se pronunciaba para disponerle a morir, enseguida abr\u00eda los ojos y la boca para demostrar que su coraz\u00f3n no dorm\u00eda, aunque su cuerpo estuviera adormecido, sino que vigilaba siempre con la l\u00e1mpara bien dispuesta para recibir al Esposo, a quien esperaba con tantos deseos. Me impresionaba m\u00e1s todav\u00eda al ver en \u00e9l una humildad tan profunda con una caridad tan elevada, un temor tan grande con una esperanza tan perfecta, una fe tan firme con una tentaci\u00f3n tan fuerte, tanta contrici\u00f3n con tanta inocencia, tanta devoci\u00f3n con tanta desolaci\u00f3n, tanta paciencia en medio de los dolores y finalmente tanta resignaci\u00f3n con la voluntad de Dios al mismo tiempo que tantos motivos de mortificaci\u00f3n interior y exterior.<\/p>\n<p>Pero lo que todav\u00eda me enternec\u00eda m\u00e1s el coraz\u00f3n era verlo y o\u00edrlo cuando nos encomend\u00e1bamos a sus oraciones y le ped\u00edamos la bendici\u00f3n, especialmente cuando se la ped\u00eda yo mismo. Al principio se excusaba, dici\u00e9ndome que le correspond\u00eda a \u00e9l hacerme esa petici\u00f3n, pero luego obedec\u00eda con toda sencillez diciendo: \u00abVoy a hacerlo por obediencia y para confusi\u00f3n m\u00eda\u00bb. Y entonces empezaba a decir unas plegarias admirables y nos deseaba tantas bendiciones y nos daba tan buenos consejos y nos hablaba tan bien de la Misi\u00f3n y nos preconizaba tantas gracias, y esto con tanto fervor, sencillez y humildad que nos parec\u00eda o\u00edr a un santo del para\u00edso, de forma que no pod\u00edamos contener las l\u00e1grimas, especialmente cuando, como conclusi\u00f3n, elevaba sus manos y hac\u00eda la se\u00f1al de la cruz para darme su bendici\u00f3n, que yo recib\u00eda de \u00e9l como si nuestro Se\u00f1or me la hubiera dado personalmente; y me parec\u00eda que recib\u00eda al instante sus efectos en mi alma.<\/p>\n<p>Esto es lo que puedo decirle de su enfermedad, que dur\u00f3 unos quince d\u00edas, al cabo de los cuales, despu\u00e9s de haber cumplido con los deberes de un perfecto cristiano y haber rendido su homenaje de coraz\u00f3n, de palabra y de obra al soberano Se\u00f1or, empez\u00f3 a perder la palabra y finalmente entr\u00f3 en la agon\u00eda, aunque con bastante tranquilidad y sosiego, con lo que termin\u00f3 su vida y exhal\u00f3 su \u00faltimo suspiro todav\u00eda m\u00e1s tranquilamente, casi sin que nos di\u00e9ramos cuenta. a no ser por una devota aspiraci\u00f3n que hizo diciendo: \u00ab\u00a1Ay, Dios m\u00edo!\u00bb, palabras cortas, pero llenas de \u00e9nfasis y de energ\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 cosas tan hermosas iban comprendidas en esas palabras! \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda explicarlas? Estas \u00faltimas palabras le parecieron a alguno de los nuestros tan admirables que dijo que hab\u00eda motivos para creer que en aquel \u00faltimo instante ese hombre apost\u00f3lico ve\u00eda ya a nuestro Se\u00f1or y casi lo tocaba, con lo que se llen\u00f3 tanto de gozo que se vio obligado a exclamar como otro santo Tom\u00e1s: <em>Dominus meus et Deus meus!<\/em>, As\u00ed es como entreg\u00f3 su alma, que sin duda vol\u00f3 hacia el cielo, ya que no tuvo seguramente necesidad de purgatorio despu\u00e9s de su muerte, por haberlo sufrido durante su vida. Muri\u00f3 en el mes de octubre, la vigilia de san Dionisio, un martes, d\u00eda dedicado a los santos \u00e1ngeles a los que hab\u00eda tenido tanta devoci\u00f3n, y fue sepultado en el coro de San L\u00e1zaro, con una misa solemne que yo tuve la felicidad de celebrar. A parte de eso, no hemos dejado de decir cada uno tres misas por el descanso de su alma, y todos los hermanos han recibido la comuni\u00f3n y han dicho tres rosarios. Le ruego que mande usted tambi\u00e9n lo mismo en su comunidad.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, padre, la vida y la muerte de este buen misionero, o mejor dicho de este santo, que ruega ahora por nosotros, tal como podemos creer piadosamente. Hay mucho que aprender en su vida para el provecho de todo g\u00e9nero de personas que componen nuestra congregaci\u00f3n. Los antiguos aprender\u00e1n a no dispensarse de la regla, los j\u00f3venes a someterse a ella, los enfermos a tener \u00e1nimos y paciencia, los sanos a trabajar sin descanso, los espirituales a perfeccionarse y los sensuales a sentir confusi\u00f3n al ver c\u00f3mo se mortificaba un hombre anciano y enfermo. Los que no est\u00e1n firmes en su vocaci\u00f3n, o los que a la primera tentaci\u00f3n o descontento se ponen a pensar en salirse, ver\u00e1n aqu\u00ed cu\u00e1nto caso hay que hacer de la gracia que Dios les ha concedido de ser misioneros. Los que murmuran diciendo que no valen para predicar, para confesar o para las dem\u00e1s funciones de la Misi\u00f3n debido a su enfermedad o a sus molestias de cuerpo o de esp\u00edritu, o porque se les deja en la casa para dedicarse a algo que no les va, aprender\u00e1n aqu\u00ed que es una gran presunci\u00f3n imaginarse que Dios tiene necesidad de su talento, como si no pudiese convertir a las almas por otro camino, y que la obediencia, la mortificaci\u00f3n, la oraci\u00f3n, la paciencia y otras virtudes semejantes conquistan mejor a las almas que la mucha ciencia y toda la industria de los hombres. Todo esto se ha visto claramente en el padre Pill\u00e9. Como ya he dicho, que hizo m\u00e1s \u00e9l solo padeciendo que todos nos otros haciendo cosas. Lo que hemos de hacer es imitarle en estas virtudes y rezar por \u00e9l, o mejor rezarle a \u00e9l, al menos en particular, ya que la Iglesia no nos permite todav\u00eda obrar de otra manera. Al hacer esto, hemos de esperar por su intercesi\u00f3n grandes favores del cielo en esta vida para poder luego gozar con \u00e9l de la gloria en la otra. Dios nos conceda esa gracia, por los m\u00e9ritos de nuestro Se\u00f1or y de su santa Madre, en cuyo amor soy su muy humilde y muy obediente servidor.<\/p>\n<p>VICENTE DEPAUL<\/p>\n<p>indigno sacerdote de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p>San L\u00e1zaro, primer d\u00eda del a\u00f1o 1643.<\/p>\n<p>Direcci\u00f3n: Al padre du Chesne, superior de los sacerdotes de la Misi\u00f3n de Cr\u00e9cy, en Cr\u00e9cy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Padre: \u00a1La gracia de nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotros! 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