{"id":43737,"date":"2011-10-05T07:10:27","date_gmt":"2011-10-05T05:10:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/los-marginados\/"},"modified":"2016-07-26T19:24:50","modified_gmt":"2016-07-26T17:24:50","slug":"qui-ad-margines-societatis-sunt-reiecti-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/qui-ad-margines-societatis-sunt-reiecti-2\/","title":{"rendered":"Qui ad margines societatis sunt reiecti"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/marginados.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-43741\" title=\"marginados\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/marginados-300x181.jpg?resize=300%2C181\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"181\" \/><\/a>Con ocasi\u00f3n de la declaraci\u00f3n conciliar sobre la Iglesia como <em>Iglesia de los pobres, <\/em>y en parte motivada por ella, hubo hace unos a\u00f1os una especie de moda, que result\u00f3 ser pasajera, para tratar de saber qui\u00e9nes eran los pobres por los que hab\u00eda que optar. La moda dur\u00f3 poco, pues pareci\u00f3 que conduc\u00eda a discusiones sin fin y a distin\u00adciones bizantinas. No perdamos el tiempo en definir los perfiles del pobre, se dec\u00eda; lo que hay que hacer es traba\u00adjar por \u00e9l.<\/p>\n<p>No estamos muy seguros de que haya sido buena idea el interrumpir la discusi\u00f3n. Hay discusiones y distinciones que, aunque parezcan pesadas e in\u00fatiles, son no s\u00f3lo nece\u00adsarias sino vitales. Si, por ejemplo, la fe cristiana asegura que Jes\u00fas, hijo de Mar\u00eda, es verdadero Dios y verdadero hombre, es fundamental para esa fe el saber en qu\u00e9 con\u00adsiste ser Dios y ser hombre, pues si se define mal a Dios o al hombre puede dar el creyente en la adoraci\u00f3n no de un Dios encarnado, sino de alg\u00fan tipo de \u00eddolo extra\u00f1o. Jus\u00adtamente para evitar eso la teolog\u00eda no ha dejado de hablar sobre ese tema desde san Pablo a Schillebeekx.<\/p>\n<p>Se pueden dar por supuestas las cosas triviales de la vi\u00adda, pero no las fundamentales. Fundamental es, para los que se dicen seguidores de san Vicente de Pa\u00fal, saber de qui\u00e9n hablan cuando hablan de los pobres. Tan fundamental que si, por hip\u00f3tesis muy poco probable (Jn 12,8), dejara de ha\u00adber pobres en la tierra, desaparecer\u00eda para las instituciones vicencianas la raz\u00f3n fundamental de su existencia.<\/p>\n<p>Este trabajo se ofrece como una contribuci\u00f3n para con\u00adtinuar la discusi\u00f3n interrumpida. No pretende en manera alguna llegar a una delimitaci\u00f3n definitiva de la figura del pobre en el mundo actual. S\u00f3lo quiere ser un intento de provocar la reflexi\u00f3n sobre esta cuesti\u00f3n vital para vivir hoy una vida espiritual inspirada en el estilo vicenciano.<\/p>\n<p>Hace siglo y medio una cabeza poderosa, la de Karl Marx, analiz\u00f3 la sociedad de su tiempo y crey\u00f3 encontrar que estaba estructurada fundamentalmente sobre dos clases sociales: la de los poseedores de los medios de producci\u00f3n, los capitalistas, y la de los proletarios, due\u00f1os s\u00f3lo de su fuerza de trabajo. El presente hist\u00f3rico de entonces estaba en manos de los primeros. Pero el futuro pertenec\u00eda a los otros, los proletarios, los que vend\u00edan su fuerza de trabajo a los capitalistas para poder sobrevivir.<\/p>\n<p>Hab\u00eda ciertamente otras clases de gentes en la sociedad de su tiempo, pero poco importantes y llamadas a desapa\u00adrecer como clases: peque\u00f1os comerciantes, miembros de profesiones liberales, intelectuales de varios tipos; en su\u00adma, la peque\u00f1a y mediana burgues\u00eda. Tambi\u00e9n los peque\u00ad\u00f1os y medianos agricultores, llamados igualmente a desa\u00adparecer con la prevista y anunciada colectivizaci\u00f3n de la propiedad de la tierra.<\/p>\n<p>A\u00fan hab\u00eda otras gentes no incluidas en ninguna de las categor\u00edas anteriores. Marx lo sab\u00eda, y las despreciaba cor\u00addialmente como insignificantes para la historia futura de la humanidad, gentes que \u00e9l calificaba despectivamente co\u00admo <em>lumpen<\/em><em>&#8211;<\/em><em>proletariat, <\/em>el subproletariado: los in\u00fatiles pa\u00adra el trabajo, los mendigos, las gentes pertenecientes a los bajos fondos de la sociedad; en suma, los que no eran ne\u00adcesarios para que funcionara la sociedad industrial del momento.<\/p>\n<p>Los pobres a los que se dedic\u00f3 Vicente de Pa\u00fal y a los que dedica sus instituciones caer\u00edan de lleno seg\u00fan esta terminolog\u00eda (que hoy est\u00e1 en desuso) en la categor\u00eda so\u00adcial de subproletariado, las gentes que no significaban na\u00adda socialmente, los marginados con los que la sociedad no contaba como no fuera para explotarlos: campesinos, ga\u00adleotes, esclavos, ni\u00f1os abandonados, artesanos jubilados por la edad o por la incapacidad laboral, mendigos, enfer\u00admos pobres, soldados mercenarios mutilados o sin mutilar.<\/p>\n<p>La naturaleza de subproletariado de todos los dem\u00e1s grupos parece evidente, pero tal vez no sea tan evidente en relaci\u00f3n a los campesinos. Pero acerca de ellos observa Burkhardt que eran a\u00fan en ese tiempo el \u00fanico estamento social no liberado de los lazos feudales. Ni siquiera entra\u00adban los campesinos en tiempos de san Vicente en el lla\u00admado \u00abtercer estado\u00bb, formado por burgueses de diversos tipos y por la poblaci\u00f3n laboral de las ciudades, los artesa\u00adnos, estado que aunque no ten\u00eda plenos derechos pol\u00edticos, empezaba entonces a luchar por ellos. A la poblaci\u00f3n campesina califica despectivamente el primer ministro Ri\u00adchelieu como \u00abmulos\u00bb que tienen que trabajar callada\u00admente para que la sociedad, la buena, la que manda y ex\u00adplota, pueda vivir decentemente.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica marginaba a los que marginaba la sociedad civil. Par\u00eds estaba rebosante de curas, de religiosos, de monjas; <em>&#8216;puede que haya hasta diez mil\u00bb, <\/em>le dice a san Vicente el hereje de Marchais (XI 727). Pero para ense\u00f1ar el catecismo a los campesinos de sus tierras y para confesarles no pudo la se\u00f1ora de Gondi encontrar a nadie que estuviera dispuesto a hacerlo. Incluso \u00f3rdenes celosas y ejemplares se negaron a ello. La oferta de la se\u00f1o\u00adra de Gondi, respaldada generosamente con dinero, fue re\u00adchazada expl\u00edcitamente, entre otros, por el Oratorio. La au\u00adtoridad de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas respondi\u00f3 a la oferta que un tal trabajo no era compatible con sus fines (XI 96).<\/p>\n<p>El campesinado era una clase social a la que fuerzas muy importantes de la Iglesia no pod\u00edan atender. Los campesinos se ten\u00edan que conformar con la atenci\u00f3n de un bajo clero muy mal formado y muy poco dedicado. Esta marginaci\u00f3n por parte de las instituciones eclesi\u00e1sticas fue lo que llev\u00f3 a san Vicente a fundar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n precisamente para evangelizar a la marginada po\u00adblaci\u00f3n campesina; y a los condenados a galeras, otro gru\u00adpo marginado y explotado.<\/p>\n<p>Por ello no habr\u00eda que tomar s\u00f3lo en un sentido espiri\u00adtual de humildad aquella gr\u00e1fica expresi\u00f3n de san Vicente que ve a su \u00abpeque\u00f1a compa\u00f1\u00eda\u00bb (la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n) como la espigadora que va humildemente detr\u00e1s de las grandes \u00f3rdenes cosechadoras. Hay que tomarla tambi\u00e9n en un sentido descriptivo-social. Los seguidores de san Vicente de Pa\u00fal tienen como cosecha propia y hu\u00admilde las gentes peque\u00f1as e insignificantes de las que no se suelen ocupar las grandes \u00f3rdenes. Estas tienen cosas m\u00e1s importantes que llevar a cabo: la cristianizaci\u00f3n de la alta cultura, por ejemplo, o el servir de gu\u00edas espirituales a los gobernantes y a las clases dominantes, o bien, como el Oratorio, la formaci\u00f3n de un clero culto, refinado y muy espiritual.<\/p>\n<p>A los dos grupos mencionados, campesinos y galeotes, se fueron a\u00f1adiendo con los a\u00f1os otros varios como objeto del trabajo evangelizador de las instituciones fundadas por san Vicente. La mayor parte de ellos se mencionan expl\u00edci\u00adtamente en la conferencia sobre el fin de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de 6 de diciembre de 1658 (XI 381-398). To\u00addos ellos, y los que no se mencionan, son grupos margina\u00addos. El trabajo con los eclesi\u00e1sticos, no marginados cierta\u00admente en la sociedad de su tiempo, se justifica en cuanto con ello se contribuye a preparar un clero mejor que trabaje entre los pobres. Esto vale incluso, seg\u00fan se especifica en el reglamento correspondiente, para los sacerdotes de las Con\u00adferencias de los Martes, que reun\u00edan a lo mejor del clero de Par\u00eds <em>(\u00abtiene como fin honrar la vida de Nuestro Se\u00f1or Je\u00adsucristo&#8230; <\/em>y <em>su amor a los pobres \u00bb <\/em>X 143).<\/p>\n<p>Si todo esto es as\u00ed, hoy tambi\u00e9n es de vital importancia para las instituciones de inspiraci\u00f3n vicenciana saber a qu\u00e9 clases de gentes deben dedicar su actividad. Hay que saber qui\u00e9nes son los verdaderos marginados de este tiempo y en las diversas sociedades actuales. Sobre esta base en\u00adcontrar\u00edan los movimientos vicencianos la verdadera uni\u00addad de esp\u00edritu en todo el mundo, y a la vez la necesaria adaptaci\u00f3n a las caracter\u00edsticas locales. Un minero alem\u00e1n, por ejemplo, puede que no s\u00f3lo no est\u00e9 marginado sino que pertenezca a un poderoso sindicato que contribuye fuertemente, aunque \u00e9l mismo no sea consciente de ello, a mantener las estructuras de poder y de privilegio econ\u00f3mico dentro y fuera de su pa\u00eds. Pero evidentemente no se puede decir lo mismo de un minero boliviano. Tambi\u00e9n \u00e9ste contribuye ciertamente con su trabajo a mantener es\u00adtructuras de dominaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica, pero en cuanto es explotado y marginado por el poder dominante, no en cuanto se beneficia de \u00e9l, pues lo \u00fanico que recibe de ese poder dominante es un salario que le impida morir\u00adse de hambre. Desde el punto de vista de la marginaci\u00f3n tampoco es la misma la situaci\u00f3n de un pr\u00f3spero <em>`farmer\u00bb <\/em>de Idaho que la de un campesino paria de Orissa.<\/p>\n<p>De manera que las categor\u00edas propias que se deber\u00edan utilizar para definir el tipo de pobre que les corresponde a los movimientos vicencianos no son las clasificaciones so\u00adciales tales como campesino, soldado, joven, enfermo, estudiante, obrero industrial, etc., sino la situaci\u00f3n relativa de la persona en la sociedad en que vive. En nuestro caso, la marginaci\u00f3n. Es pobre para los que se dejan inspirar por san Vicente de Pa\u00fal el que est\u00e1 marginado o abandonado socialmente, sea cual sea la categor\u00eda a la que pertenece por clasificaci\u00f3n social. El mismo san Vicente no crey\u00f3 que se sal\u00eda, y no se sali\u00f3, del fin que \u00e9l mismo hab\u00eda dado a su congregaci\u00f3n, o a las hijas de la caridad, o a las co\u00adfrad\u00edas y damas de la caridad, cuando asist\u00eda o hac\u00eda que se asistiera a nobles irlandeses emigrados y arruinados, o a los sacerdotes y religiosas v\u00edctimas de las guerras de la Lorena. Por clasificaci\u00f3n social pertenec\u00edan a las clase dominantes; por su situaci\u00f3n real, al grupo de los explota\u00addos y marginados (en el caso de los nobles irlandeses, es\u00adtos lo eran por parte de los invasores ingleses), abandona\u00addos y realmente pobres.<\/p>\n<p>Veamos un ejemplo de hace unos a\u00f1os que se refiere a Espa\u00f1a directamente, pero cuyos datos podr\u00edan aplicarse a cualquier pa\u00eds del mundo variando los porcentajes. Nos basamos en un trabajo de L. Gonz\u00e1lez Carvajal, expresi\u00addente de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola en una conferencia le\u00edda en 1984 ante los consejos reunidos de las nueve provincias espa\u00f1olas de las Hijas de la Caridad. Se encuentra publi\u00adcado en <em>\u00abEn fidelidad siempre renovada\u00bb <\/em>(Ed. Ceme, Sa\u00adlamanca, 1985).<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n marxista de clases se basaba en el criterio objetivo y f\u00e1cilmente comprobable de posesi\u00f3n o carencia de los medios de producci\u00f3n. Hoy esa distinci\u00f3n ya no nos vale por dos razones. Primera: porque es muy dif\u00edcil, si no imposible, saber qui\u00e9nes son hoy los verdaderos due\u00f1os de los medios de producci\u00f3n. La propiedad por acciones de las grandes y medianas empresas an\u00f3nimas ha acabado con la posibilidad de saber qui\u00e9n es el verdadero due\u00f1o de los me\u00addios de producci\u00f3n importantes, incluyendo en muchos lu\u00adgares la posesi\u00f3n de la tierra. Podr\u00eda incluso darse el caso, y se da, de que una pobre viuda, poseedora de un peque\u00f1o paquete de acciones (hecho que le convertir\u00eda te\u00f3ricamente en \u00abdue\u00f1a de los medios de producci\u00f3n\u00bb), estuviera al borde de la mendicidad, e incluso dentro de ella.<\/p>\n<p>Segunda raz\u00f3n. La clase industrial proletaria de los tiempos de Marx, aunque sigue siendo a\u00fan explotada por el capital, lejos de haber ca\u00eddo en la creciente pauperiza\u00adci\u00f3n que anticip\u00f3 Marx, ha sabido, sobre todo a trav\u00e9s de la presi\u00f3n sindical, incrustarse en las entra\u00f1as mismas del sistema capitalista y participar de sus beneficios, consi\u00adguiendo de paso excluir de ellos en buena parte a quienes perdieron el tren de la sindicaci\u00f3n: peque\u00f1os agricultores, trabajadores sin cualificar, poblaci\u00f3n no laboral (inv\u00e1lidos, deficientes mentales), emigrantes, la mayor parte de la fuerza femenina de trabajo.<\/p>\n<p>De modo que habr\u00eda que revisar el criterio de Marx pa\u00adra saber qui\u00e9n se beneficia en el mundo moderno de la or\u00adganizaci\u00f3n social, y qui\u00e9n queda al margen de ella. El au\u00adtor citado ofrece este criterio alternativo: <em>\u00ablos que econ\u00f3\u00admicamente son necesarios para que funcione el sistema (capitalistas y trabajadores) quedan todos a un lado, y los que no son necesarios (parados e inactivos) quedan al otro\u00bb <\/em>(p. 164).<\/p>\n<p>Los que quedan al otro lado son los marginados. Cita el autor a algunos de \u00e9stos, a quienes \u00e9l califica con obvia iron\u00eda como <em>\u00ablos que no hacen falta\u00bb: <\/em>parados (cerca del 20 por ciento de la fuerza de trabajo), en particular los j\u00f3\u00advenes (casi uno de cada dos), ancianos no atendidos por la Seguridad Social (unos 300.000 en la fecha), deficientes mentales (la mayor parte sin atenci\u00f3n p\u00fablica), minusv\u00e1li\u00addos f\u00edsicos (de los que hay m\u00e1s de un mill\u00f3n).<\/p>\n<p>Si le enumeraci\u00f3n de gentes marginadas le parece al lector aterradora, le a\u00f1adiremos por nuestra cuenta unas cuantas gentes m\u00e1s que ha olvidado nuestro autor, pero que tambi\u00e9n existen: trabajadores agr\u00edcolas temporeros, trabajadores industriales temporeros, peque\u00f1os agriculto\u00adres, emigrantes e inmigrantes, peones del campo, peque\u00ad\u00f1os pescadores, y no se olvide a los gitanos y a los presos. Todos ellos juntos componen una cifra que se acerca cier\u00adtamente a los ocho millones de personas (o tal vez diez, \u00bfqui\u00e9n lo sabe con certeza?) en un total de poblaci\u00f3n como la de Espa\u00f1a, que est\u00e1 alrededor de los cuarenta.<\/p>\n<p>De manera que, si se mira con cuidado, tambi\u00e9n el mundo de la sociedad \u00abafluente\u00bb (como la denomin\u00f3 Gal\u00adbraith) tiene <em>\u00abpobres por todas partes\u00bb, <\/em>como dice el can\u00adciller Seguier a san Vicente en la pel\u00edcula <em>Monsieur Vin\u00adcent. <\/em>S\u00f3lo que hay que saber mirar, pues el mismo canci\u00adller confiesa al se\u00f1or Vicente que no los ve\u00eda hasta que se los hizo ver Vicente de Pa\u00fal. Pero \u00e9ste s\u00ed los ve\u00eda, y sab\u00eda muy bien qu\u00e9 lugar ocupaban en la sociedad de su tiempo. No ocupaban lugar alguno como no fuera para ser explo\u00adtados: campesinos, forzados a galeras. Los que no pod\u00edan ser explotados ni ocupaban lugar, pues se mor\u00edan en <em>la Couche <\/em>al poco de nacer, o se ten\u00edan que refugiar en su ancianidad en el asilo del Nombre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil descubrir a los marginados en la sociedad m\u00e1s afluente, pero si uno se empe\u00f1a en no verlos, lo con\u00adsigue. De hecho una tal sociedad consigue con bastante eficacia que los pobres no estropeen con su presencia de\u00adsagradable la imagen brillante qu\u00e9-hermoso-es-el-mundo que esa sociedad proyecta en la pantalla de la televisi\u00f3n y en los lujosos escaparates de sus avenidas.<\/p>\n<p>Por supuesto, a\u00fan es m\u00e1s dif\u00edcil verlos si se encuentran en alg\u00fan pa\u00eds remoto, digamos Burundi, del que tal vez ni siquiera se sepa la existencia a no ser que se encuentren en las entra\u00f1as de sus montes materiales estrat\u00e9gicos en can\u00adtidades que merezcan la pena. Si para la sociedad afluente los pobres no existen realmente ni dentro de sus propias fronteras, a\u00fan menos si se encuentran en lugares inh\u00f3spi\u00adtos y tropicales. Excepto por Kuwait, Arabia Saud\u00ed y No\u00adruega, no hay pa\u00eds en el mundo que sepa desprenderse de ni siquiera el uno por ciento de su PIB para ayudar a los pa\u00edses subdesarrollados. Si a alguno le puede consolar el dato: Espa\u00f1a dedica el 0,09 por cien (datos de 1987).<\/p>\n<p>No se les ayuda pero, llegado el caso, tampoco se tie\u00adnen excesivos escr\u00fapulos en explotarlos. No insistiremos m\u00e1s en este punto, pues a mucha gente el o\u00edr hablar de es\u00adtas cosas les empieza a resultar fatigoso. No hay cosa m\u00e1s desagradable que o\u00edr hablar de la pobreza para mucha gente que no es pobre, sobre todo si el que oye tiene algu\u00adna participaci\u00f3n, reconocida o no, en el hecho de que la pobreza exista.<\/p>\n<p>Recordaremos simplemente que desde hace ya unos treinta a\u00f1os la ense\u00f1anza social de la Iglesia ha tomado nota y gritado al mundo el hecho de que no es que sim\u00adplemente haya pa\u00edses ricos y pobres, pa\u00edses importantes y pa\u00edses marginados y explotados, sino que en buena parte la pobreza de los pobres es un subproducto de la riqueza de los ricos. Un subproducto desagradable, ciertamente, y que por ello mismo se procura que no estropee el confortable bienestar de la mansi\u00f3n del afluente.<\/p>\n<p>Pero el conocimiento de lo que el organismo expulsa \u00bfno es necesario para conocer el estado de buena o mala salud, para diagnosticar sin equivocarse y encontrar los remedios necesarios para la propia sanaci\u00f3n y salvaci\u00f3n? Desde una perspectiva propia de la teolog\u00eda de la libera\u00adci\u00f3n pensada para Europa propon\u00eda hace unos a\u00f1os Igna\u00adcio Ellacur\u00eda con toda crudeza un <em>\u00abcoproan\u00e1lisis hist\u00f3rico que investiga la historia de las heces que van dejando las acciones hist\u00f3ricas. As\u00ed como a enfermos y a sanos para conocer su estado de salud los m\u00e9dicos les ordenan con toda normalidad an\u00e1lisis de heces, lo mismo cabe ordenar para quien de verdad quiere conocer el estado social de quien se cree sano hist\u00f3ricamente, pero que puede estar profundamente enfermo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>De modo que para conocer en profundidad y en verdad el estado de salud de la sociedad en que se vive, y para po\u00adder encontrar para ella la medicina y salvaci\u00f3n adecuada, ser\u00eda imprescindible moverse entre las gentes que esa so\u00adciedad segrega y margina como in\u00fatiles despu\u00e9s o antes de exprimirlas. San Vicente encontr\u00f3 \u00e9l mismo entre los po\u00adbres, y no en otra clase social, lo que significaba el evange\u00adlio y la salvaci\u00f3n <em>(\u00ablos pobres me han evangelizado&#8217;) <\/em>y ex\u00adperiment\u00f3 tambi\u00e9n de primera mano que <em>\u00ablos grandes s\u00f3lo piensan en honores y riquezas\u00bb <\/em>(XI 25).<\/p>\n<p>Pero aparte de la propia sociedad tambi\u00e9n existe (\u00bfhace falta record\u00e1rselo a nadie?) el tercer mundo. Ah\u00ed se en\u00adcuentran las gentes que ni hacen ni escriben la historia, las gentes sin futuro; las que producen a cambio de un jornal de supervivencia el caf\u00e9 de la sobremesa de la sociedad afluente y los metales raros de sus cazas mort\u00edferos.<\/p>\n<p>Lo que nos parece ser la mejor definici\u00f3n, ya en el siglo XIX, de cu\u00e1l deber\u00eda ser para los tiempos modernos la op\u00adci\u00f3n de las instituciones fundadas por san Vicente de Pa\u00fal no vino de ninguna de ellas, sino de un gran cristiano, se\u00adglar, casado y santo canonizable, el beato Federico Oza\u00adnam. Su vigorosa f\u00f3rmula <em>\u00abpas\u00e9monos a los b\u00e1rbaros \u00ab, <\/em>que tanto escandaliz\u00f3 a las gentes cat\u00f3licas bienpensantes, defin\u00eda muy bien lo que \u00e9l propon\u00eda al conjunto de la Igle\u00adsia como opci\u00f3n necesaria exigida por la fe en Jesucristo. Los <em>b\u00e1rbaros <\/em>son <em>\u00abesas masas tiernamente amadas por la Iglesia&#8230; porque representan la pobreza que Dios ama y el trabajo que Dios bendice\u00bb <\/em>(art\u00edculo publicado en <em>Le Co\u00adrrespondant, 10 <\/em>de febrero de 1848). Explica en una carta a un amigo, el 22 de febrero del mismo a\u00f1o:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abAl decir &#8216;pas\u00e9monos a los b\u00e1rbaros&#8217;, pido que en lu\u00adgar de desposar los intereses de una burgues\u00eda ego\u00edsta, nos ocupemos del pueblo. Es en el pueblo donde yo veo suficientes\u00a0 restos de fe y de moralidad para salvar a una sociedad que las clases altas ya han perdido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese la idea citada arriba de san Vicente sobre los ricos de su tiempo; y sobre los pobres, aquello de <em>\u00aben\u00adtre esas pobres gentes se encuentra la verdadera religi\u00f3n, una fe viva\u00bb <\/em>(XI 200).<\/p>\n<p>Pero una opci\u00f3n de este tipo no se puede hacer cuando no se vive cerca de o entre los <em>\u00abb\u00e1rbaros\u00bb. <\/em>Menos a\u00fan cuando se les mira con desconfianza, y puede que hasta con miedo. El mismo Ozanam, nacido y educado en un hogar de burgues\u00eda media, escribe en el art\u00edculo citado arriba: <em>\u00abSacrifiquemos nuestras repugnancias y nuestros resentimientos, y vayamos hacia ese pueblo que no nos conoce\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Tampoco conoc\u00eda \u00e9l al pueblo por su educaci\u00f3n, pero acab\u00f3 conoci\u00e9ndolo por opci\u00f3n, es decir, por conversi\u00f3n. No hay otra manera de hacerlo. No naci\u00f3 burgu\u00e9s san Vi\u00adcente de Pa\u00fal, pero se pas\u00f3 los treinta primeros a\u00f1os de su vida apeteciendo un lugar c\u00f3modo y estimado en la socie\u00addad respetable de su tiempo. Tambi\u00e9n tuvo que convertirse para llegar a adoptar, para s\u00ed mismo y para sus fundacio\u00adnes, un modo de vida, una dedicaci\u00f3n que Ozanam expre\u00adsa as\u00ed, y que san Vicente de Pa\u00fal hubiera sin duda suscrito sin temblarle el pulso:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEn vez de buscar la alianza de la burgues\u00eda, apoy\u00e9\u00admonos en el pueblo, que es el verdadero aliado de la Iglesia. Pobre como ella, abnegado como ella, bende\u00adcido con todas las bendiciones del Salvador\u00bb <\/em>(carta a su hermano sacerdote, 23 de mayo de 1848).<\/p>\n<p>Tres meses antes de escrita esta carta, en febrero de 1848 se publicaba en Londres el Manifiesto Comunista. Ozanam no lo hab\u00eda le\u00eddo, ni ten\u00eda ninguna necesidad de leerlo para escribir lo que acabamos de citar. 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