{"id":43357,"date":"2011-06-24T07:09:14","date_gmt":"2011-06-24T05:09:14","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43357"},"modified":"2016-07-27T12:15:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:44","slug":"rene-almeras-1613-1672-capitulo-12-y-final","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulo-12-y-final\/","title":{"rendered":"Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulo 12 y Final)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cap\u00edtulo XII<\/strong><\/p>\n<p><strong>De su candor y simplicidad.<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_43008\" style=\"width: 251px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-43008\" class=\"size-medium wp-image-43008\" title=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-43008\" class=\"wp-caption-text\">Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.<\/p><\/div>\n<p>Al que la humildad ha hecho entrar en un verdadero conocimiento de s\u00ed mismo, y que sabe hacer un justo discernimiento de lo que pertenece a Dios y lo que es suyo, llega a ser como la boca de Dios, para no decir nada sino con candor y sencillez; es lo que los que han conocido al Sr. Alm\u00e9ras han visto en particular en \u00e9l. Su rostro, su porte y sus palabras transmit\u00edan un evidente testimonio de esta virtud; se la ve\u00eda en su aire y en sus movimientos, en sus discursos y en sus escritos. No solamente era desterrada de su boca la mentira, sino tambi\u00e9n todo cuanto se le parezca\u00a0 o lleve su imagen, como son los equ\u00edvocos, los fingimientos, los t\u00e9rminos ambiguos, oscuros, enf\u00e1ticos, las hip\u00e9rboles, las figuras y cosas parecidas. Ten\u00eda el coraz\u00f3n en los labios; hablaba y escrib\u00eda con tal claridad que no dejaba ni duda ni oscuridad, sobre todo en las cartas que escrib\u00eda de su propia mano, o que dictaba palabra por palabra: Son esta conducta y esta sencillez las que le hac\u00eda parecido a a la paloma, es decir benigno y buena persona para con su pr\u00f3jimo, sin hiel ni acritud. Cre\u00eda con facilidad el bien\u00a0 que o\u00eda, interpretaba por el lado bueno las acciones, no sospechaba ni juzgaba a nadie sin fundamento, no pod\u00eda permitir ni la maledicencia ni a los maldicientes; se olvidaba f\u00e1cilmente de las faltas de los dem\u00e1s, recib\u00eda sus excusas y era el primero en excusarlos a todos; pero\u00a0 si su falta era evidente, no dejaba de convencerles, para humillarlos y abrirles los ojos, no pudiendo soportar a los esp\u00edritus dobles y disimulados. No s\u00f3lo sobresal\u00eda en la sencillez de palabra y de acci\u00f3n, pose\u00eda tambi\u00e9n muy perfectamente la del coraz\u00f3n, que consiste en una rectitud de esp\u00edritu que busca \u00fanicamente a Dios, y en una pureza\u00a0 de alma despose\u00edda de todo afecto desordenado; ya que, seg\u00fan el pensamiento de san Agust\u00edn, <em>hoc est mundum cor quod simplex cor. <\/em>Nosotros vemos que las cosas puras son simples porque son sin mezcla, ce donde se deduce que el coraz\u00f3n del hombre es puro cuando est\u00e1 \u00fanicamente pose\u00eddo por el amor de Dios, sin reparto y sin mezcla de ning\u00fan afecto mal reglado.\u00a0 \u00c9sta es la verdadera idea que debemos concebir de la sencillez del Sr. Alm\u00e9ras: no ha tenido pr\u00e1ctica m\u00e1s en el coraz\u00f3n que la de buscar a Dios \u00fanicamente, y de buscar en todo su santa voluntad por las v\u00edas que \u00e9l conoc\u00eda m\u00e1s rectas, sin desviarse ni buscar rodeos, sin dejarse detener\u00a0 por el respeto humano o por la vista de alguna ventaja particular; \u00e9se era su atractivo especial; ah\u00ed estaba su punto de mira; \u00e9sa era la v\u00eda que Dios le mostraba, y por la que \u00e9l le hac\u00eda caminar, sin que se desviara ni a derecha ni a izquierda.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n esta misma virtud la que le ha llevado sin cesar a pisotear con un vigor sin par lo que le tocaba de m\u00e1s seg\u00fan la naturaleza, para estar m\u00e1s sumiso al benepl\u00e1cito de Dios, y a cumplir con m\u00e1s fidelidad su santa voluntad; sus comodidades, sus parientes, su salud y la vida no le eran nada, pues s\u00f3lo le importaba Dios. No era sensible m\u00e1s que a los intereses de su divina Majestad; era insensible a todo lo dem\u00e1s. El grande y maravilloso desprendimiento de todas las cosas de la tierra, y esta \u00fanica y sencilla entrega a la voluntad de Dios, transformaban su alma en singularmente bella; esta hermosura resplandec\u00eda en su exterior, cuyos movimientos estaban todos bien ordenados y en una rectitud que no ten\u00eda nada del hombre viejo.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras conoc\u00eda por su propia experiencia los tesoros encerrados en esta sencillez y esta pureza de coraz\u00f3n, cuyos frutos le parec\u00edan tan dulces. Se tom\u00f3 un cuidado extraordinario en recomendar a sus hijos esta querida virtud; esta recomendaci\u00f3n ha sido como su testamento y el sello de tantas santas instrucciones que les hab\u00eda dado durante su vida: \u00abYo recomiendo a todo el mundo, dice un poco antes de morir, que viva en la Compa\u00f1\u00eda con la sencillez y la humildad que el difunto nuestro muy honorable padre el Sr. Vicentinos ha ense\u00f1ado en palabras y en ejemplos;\u00a0\u00a0 haci\u00e9ndolo les aseguro que no tendr\u00e1n nada que temer sobre la Compa\u00f1\u00eda; , ni por dentro ni por fuera, y que Dios la bendecir\u00e1\u00bb. Estas \u00faltimas palabras merecen ser grabadas\u00a0 en el coraz\u00f3n de todos los Misioneros, ya que son la preciosa herencia de su padre, y que las virtudes que recomiendan son las columnas y los firmes apoyos de la Congregaci\u00f3n, as\u00ed como los canales de gracias y de bendiciones para ellos y para los pueblos en cuya salvaci\u00f3n trabajan; y, por decirlo en una palabra, son esp\u00edritu y vida, ellas son verdaderamente palabras de la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p><strong>Cap\u00edtulo\u00a0 XIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>De sa paciencia.<\/strong><\/p>\n<p>Con mucha raz\u00f3n se da a la paciencia la gloria de acabar y de consumar el edificio espiritual; ya que sufrir voluntariamente por Dios, sacrificarle la vida, es el mayor de todos los sacrificios, y nada se parece tanto a la muerte como el sufrimiento. Veamos c\u00f3mo el Sr. Alm\u00e9ras\u00a0 ha puesto el \u00faltimo rasgo de la perfecci\u00f3n en sus virtudes coron\u00e1ndolos\u00a0 con una paciencia heroica. Es constante que se debe medir la perfecci\u00f3n de esta virtud por la grandeza de los males que se sufren, y por el buen recibimiento que se les hace. Pues bien, siguiendo esta regla, el Sr. Alm\u00e9ras ha pose\u00eddo esta virtud en un grado eminente, pues sus penas y sus dolores han sido extremos, y su sumisi\u00f3n y su resignaci\u00f3n a la voluntad de Dios han sido del todo admirables. Veamos lo uno y lo otro brevemente.<\/p>\n<p>Sus dolores tienen tres cualidades que los han hecho extraordinarios: han sido muy extendidos, muy sensibles y muy largos. Su longitud\u00a0 se percibe en lo que \u00e9l mismo ha confesado a una persona de confianza que no hab\u00eda gozado de salud m\u00e1s que tres o cuatro a\u00f1os desde su entrada en la Congregaci\u00f3n, de lo que se puede concluir que los treinta \u00faltimos a\u00f1os de su vida han sido para \u00e9l a\u00f1os de languidez y de dolores. Aunque se diga de ordinario que la languidez no concuerda con la violencia, Dios no obstante ha querido hacer del Sr. Alm\u00e9ras un hombre de dolor y una copia fiel de Nuestro Se\u00f1or durante toda su vida que no ha sido m\u00e1s que un tejido de cruces y de aflicciones; ha estado durante todo ese tiempo sujeto a la migra\u00f1a; se ha visto que con frecuencia era atacado todas las semanas, uno o dos d\u00edas completos; los que padecen de este mal\u00a0 conocen bastante por propia experiencia qu\u00e9 doloroso es. Adem\u00e1s, se ha visto atormentado de vapores de bilis que, al subir al cerebro le reduc\u00edan a una especie de agon\u00eda, como \u00e9l mismo ha confesado. Aunque tuviera las entra\u00f1as ardiendo y muy recalentadas, no ten\u00eda la libertad de refrescarse respirando un aire fresco que habr\u00eda templado este calentamiento; pues todos saben que ha estado mortificado por un asma muy molesta que no le permit\u00eda tomar aliento sin dificultad. A este mal se a\u00f1adieron escupir sangre y opresiones que le obligaron\u00a0 durante largo tiempo a guardar cama, sin dejarle ir al campo ni a la ciudad, ni siquiera a la huerta. As\u00ed que sufr\u00eda horriblemente sin poder tomar ning\u00fan alivio; sus sentidos no s\u00f3lo estaban privados de los objetos\u00a0 que habr\u00edan podido darle alguna satisfacci\u00f3n, sino que estaban reducidos a sufrir lo que les era contrario; su olfato, que era muy sensible a los olores menos fuertes, le ha proporcionado mucho ejercicio, como el gusto que difund\u00eda amarguras por todas las viandas que tomaba; de manera que las ocasiones m\u00e1s agradables a la naturaleza se convert\u00edan para \u00e9l en una cruz y en un tormento.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir a todos estos males una tos que proven\u00eda de una fluxi\u00f3n en el pecho, y que era tan violenta que no le daba ning\u00fan reposo ni de d\u00eda ni de noche y no le permit\u00eda siquiera pronunciar m\u00e1s de cuatro palabras seguidas; a los seis meses antes de su muerte, le redujo a no acostarse ya, vi\u00e9ndose as\u00ed obligado a mantenerse incorporado en su lecho y a no apoyarse en el respaldo de su silla cuando estaba sentado; esta tos le hac\u00eda hacer tan grandes esfuerzos que parec\u00eda dispuesto a entregar el alma. Como a los tres meses antes de su muerte, la hidropes\u00eda se form\u00f3 en su cuerpo ya agotado; aumentando la hinchaz\u00f3n poco a poco, tuvo que permanecer d\u00eda y noche en su silla con dolores que no se podr\u00edan expresar, sobre todo cuando las llagas de sus piernas se abrieron; esta abertura era tan sensible que le oblig\u00f3 a hacerse tratar en el lecho, donde permaneci\u00f3 varios d\u00edas sin poder hallar reposo en ninguna postura. Sent\u00eda dolor en varias partes de su cuerpo muchas de las cuales estaban desolladas, las dem\u00e1s afectadas de erisipelas; todas ard\u00edan con un fuego causado por una fiebre violenta que le consum\u00eda por dentro. As\u00ed pues los dolores del Sr Alm\u00e9ras han sido muy agudos, y adem\u00e1s muy extendidos; al examinarlo de los pies a la cabeza, se pod\u00eda decir de \u00e9l: <em>Non erat in eo sanitas.<\/em> Pues si se necesita toda la virtud para aguantar como se debe una sola incomodidad en la menor parte del cuerpo, qu\u00e9 grande ha debido de ser la paciencia del Sr. Alm\u00e9ras para sufrir dolores tan agudos, tan extendidos, y sufrirlos durante tan largo tiempo con una admirable conformidad con la voluntad de Dios, como \u00e9l lo ha hecho.<\/p>\n<p>Los que han pasado la mayor parte del tiempo a su lado y le han asistido durante sus enfermedades todos han declarado que, lejos de manifestar este dolor que escapa a los m\u00e1s virtuosos, \u00e9l parec\u00eda que su alma sacaba fuerzas de la flaqueza de su cuerpo; triunfaba de sus dolores con una entera resignaci\u00f3n al benepl\u00e1cito de Dios que le sosten\u00eda maravillosamente. Se le ve\u00eda lleno de sentimientos tan santos y tan edificantes, que encantaba a todo el mundo; parec\u00eda que no sufriera m\u00e1s que en un cuerpo prestado, y que su alma no tuviera parte en los dolores. Se puede f\u00e1cilmente creer que su esp\u00edritu estaba m\u00e1s en las llagas de Jesucristo crucificado cuya imagen ten\u00eda de ordinario en las manos, que en el cuerpo que le animaba; ah\u00ed es donde se retiraba y se ocultaba en el \u00e1pice de sus dolores, que encontraba muy ligeros, compar\u00e1ndolos con los de su Salvador y con los que \u00e9l cre\u00eda haber merecido. En esta disposici\u00f3n se le o\u00eda decir: \u00abEs justo que un miserable pecador como yo sufra y sea castigado\u00bb.\u00a0 O tambi\u00e9n dec\u00eda cuando le mostraban compasi\u00f3n: \u00abLos de mi Salvador fueron otros, \u00e9l fue crucificado, y yo, yo estoy en un lecho\u00bb. Otras veces exclamaba con san Agust\u00edn: \u00abSe\u00f1or, cortad, sajad, castigad, hacedme sufrir cuanto quer\u00e1is\u00bb; y a\u00f1ad\u00eda: \u00abYo me he abandonado a Dios, dejadme all\u00ed; Dios tiene sus planes\u00bb.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas antes de su muerte dice al hermano que le cuidaba: \u00abEl Sr. m\u00e9dico me ha ordenado usar perifollo y achicoria, pero decidle que conozco bien dos hierbas mejores, que son la paciencia y la conformidad con la voluntad de Dios\u00bb. No contento con los males que padec\u00eda, el amor de Dios que le consum\u00eda le hac\u00eda pedir y desear los mayores.\u00a0 \u00abSe\u00f1or, Vos veis lo que sufro, pero no es suficiente: pero al mismo tiempo aumentad mi paciencia aumentad mis males, si es vuestro benepl\u00e1cito; pero al mismo tiempo aumentad mi paciencia\u00bb. Y para alimentar estos sentimientos en su alma, hac\u00eda leer en voz alta y despacio cerca de su cama, varias veces cada d\u00eda, alg\u00fan pasaje de\u00a0 la vida y de la pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, para conformarse siempre cada vez m\u00e1s. Con este mismo fin ten\u00eda su crucifijo a menudo y le besaba tres o cuatro veces seguidas con mucha ternura y devoci\u00f3n; de all\u00ed sacaba esta sed de los sufrimientos, que muestra que \u00e9l hab\u00eda llegado al m\u00e1s alto grado de la paciencia cristiana, que consiste en hacer de sus propios sufrimientos, por grandes y extremos que sean, un motivo de gozo y de consuelo. En efecto, no se pod\u00eda admirar bastante qu\u00e9 gracioso resultaba su acceso, entre tantos dolores, dulces sus palabras y calmado y tranquilo su porte. Sin duda esta dulzura exterior proced\u00eda de la de su esp\u00edritu que gozaba de la tranquilidad en medio de los dolores de los cuales su cuerpo era presa. De este reposo interior proced\u00eda la fidelidad de sus oraciones, la elevaci\u00f3n de su esp\u00edritu a Dios, y la libertad misma de actuar en el exterior por el gobierno de la Congregaci\u00f3n, al que se ha dedicado\u00a0 con tanto cuidado como si hubiera gozado de perfecta salud. Parec\u00eda que olvid\u00e1ndose del todo de s\u00ed mismo, las necesidades de los dem\u00e1s le ocupaban esencialmente; estaba lleno de compasi\u00f3n por sus hijos y en particular de aquellos de los Hermanos que estaban a su alrededor, para velarle d\u00eda y noche; les preguntaba a veces: \u00abHermano, \u00bfqu\u00e9 hora es?\u00bb y enterado, les dec\u00eda: \u00abTodav\u00eda le queda mucho que aguantar, falta mucho para las cuatro\u00bb. No esperaba\u00a0 sin embargo ese tiempo para hacerles descansar; les hac\u00eda acostarse la mitad de la noche, a uno tras otro, y para animarlos: \u00abYa acaba pronto usted, les dec\u00eda, tenga buen \u00e1nimo\u00bb. Por \u00faltimo, la \u00faltima noche de su vida, un Hermano quiso presionarle para que se tomara alg\u00fan alimento; \u00e9l respondi\u00f3: \u00abMe encuentro demasiado bien\u00bb. El estado en que se encontraba, abrumado de males y de dolores, era a sus ojos como\u00a0 un centro en el que gustaba el reposo y consuelo, o como una felicidad que hab\u00eda deseado hac\u00eda largo tiempo; estaba persuadido en efecto que no hab\u00eda que esperar otra cosa en este bajo mundo sino sufrir; se le ha o\u00eddo decir que era el medio de estar siempre en paz. Iluminado as\u00ed con estas luces, no es de extra\u00f1ar que haya dado tan buena acogida a las cruces y a las tribulaciones de esta vida, si las llevado todas\u00a0 con un valor tan magn\u00e1nimo, y si ha perseverado en esta pr\u00e1ctica hasta el \u00faltimo suspiro que, habiendo echado el sello a una vida tan penosa y tan dolorosa, ha sido, como tenemos motivos de creerlo, el comienzo del descanso de una vida eterna.<\/p>\n<p>Falleci\u00f3 en la casa de San L\u00e1zaro, en Par\u00eds, el 2 de septiembre de 1672, a las nueve y media de la ma\u00f1ana, a la edad de sesenta a\u00f1os, despu\u00e9s de llevar a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en calidad de Superior general once a\u00f1os siete meses, con una singular edificaci\u00f3n. Notemos que el d\u00eda de su muerte y aqu\u00e9l en que se celebra en Par\u00eds la fiesta del gran san L\u00e1zaro, insigne patr\u00f3n y protector de los Misioneros, que cantaban muy solemnemente en su honor la misa mayor en el momento de esta bienaventurada muerte. As\u00ed el Sr. Alm\u00e9ras pudo celebrar en un mismo d\u00eda con los buenos Misioneros vivos y difuntos. \u2013Manuscrito. Archivos de la Misi\u00f3n, en Par\u00eds.<\/p>\n<p>En la Vida del Sr. Alm\u00e9ras que se acaba de leer, se ha podido remarcar por varios rasgos que se trata de un misionero contempor\u00e1neo y un testigo quien la ha escrito. Nosotros ignoramos su nombre. Veamos la Introducci\u00f3n que \u00e9l hab\u00eda puesto a la cabecera de esta biograf\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abEste colecci\u00f3n no es m\u00e1s que un compendio imperfecto de la vida del Sr. Alm\u00e9ras desde su entrada en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y como un dibujo torpe de sus principales virtudes. Se ha trazado sobre las Memorias\u00a0 que han aportado algunas personas de esta casa (San L\u00e1zaro) que le han conocido muy particularmente. Nos hemos contentado con contar simple y sucintamente las cosas seg\u00fan nos las tra\u00edan estos fieles testigos que las han visto y o\u00eddo en persona, y tan s\u00f3lo hemos tratado de poner alg\u00fan orden distinguiendo las diferentes materias que se han tratado. Se ha dividido pues este compendio en dos partes. La primera encierra las principales acciones de la vida de este siervo de Dios en calidad de misionero, seg\u00fan el orden de los tiempos que las ha realizado, y la segunda contiene un relato sucinto de sus principales virtudes. Se podr\u00e1 argumentar y perfeccionar\u00a0 la una y la otra en el correr de los tiempos, cuando se hayan recibido las Memorias de varias personas alejadas que le conocieron. Este compendio servir\u00e1 mientras tanto para dar satisfacci\u00f3n al afecto de sus hijos espirituales que as\u00ed lo han pedido\u00bb.<\/p>\n<p>Esta vida se hab\u00eda impreso en 1839, siguiendo a la de san Vicente de Pa\u00fal. Nosotros hemos reproducido exactamente el manuscrito, content\u00e1ndonos con modificar la puntuaci\u00f3n y algunas expresiones fuera de uso ya.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XII De su candor y simplicidad. 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