{"id":43279,"date":"2011-06-22T07:09:28","date_gmt":"2011-06-22T05:09:28","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43279"},"modified":"2016-07-27T12:15:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:44","slug":"rene-almeras-1613-1672-capitulos-7-y-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulos-7-y-8\/","title":{"rendered":"Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulos 7 y 8)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cap\u00edtulo VII<\/strong><\/p>\n<p><strong><em>De su bondad y caridad para con los de la Compa\u00f1\u00eda<\/em>.<\/strong><\/p>\n<dl id=\"attachment_43008\" class=\"wp-caption alignright\" style=\"width: 251px\">\n<dt class=\"wp-caption-dt\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-43008\" title=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><\/dt>\n<dd class=\"wp-caption-dd\">Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.<\/dd>\n<\/dl>\n<p>Todos los miembros de la Congregaci\u00f3n que han conocido al Sr. Alm\u00e9ras han advertido la caridad muy paternal que ten\u00eda para sus inferiores. Era particularmente edificante la buena acogida que les hac\u00eda; los recib\u00eda con rostro sonriente y con una dulzura muy cordial, incluso en lo m\u00e1s fuerte de sus incomodidades, cuando parec\u00eda que el exceso del mal debiera abatirle y no dejarle reflexionar sobre otras cosas; los escuchaba por lo com\u00fan muy pacientemente, y conversaba con ellos sin reservas, d\u00e1ndole libertad de declararle todo lo que necesitaban o que pod\u00eda darles problemas; sus deseos, se adelantaba a ellos, cuando quer\u00eda serles agradable.<\/p>\n<p>Un hermano de la Congregaci\u00f3n present\u00e1ndose a verle al final de su seminario para pedirle su bendici\u00f3n y agradecerle por admitirle en el n\u00famero de sus hijos, este caritativo superior le recibi\u00f3 con tanta bondad que este hermano qued\u00f3 muy edificado y muy animado a perseverar en su vocaci\u00f3n: \u00abOh, mi querido hermano, le dijo el Sr. Alm\u00e9ras, sed bien venido, tengo un gozo muy grande en recibiros; bien venido se\u00e1is. Es cuanto puedo deciros\u00bb. Luego le dio su bendici\u00f3n, le abraz\u00f3 tiernamente, aunque se sintiera inc\u00f3modo, habiendo tenido que dar sangre ese d\u00eda, y le rog\u00f3 que se cubriera y se sentara a su lado: Esto es, hermano nuestro, le dijo, por qu\u00e9 nos conviene vivir como verdaderos hermanos de la Misi\u00f3n. Ya est\u00e1is muerto al mundo, no deb\u00e9is pensar m\u00e1s en sus placeres que pasan y se desvanecen como el humo, sino entregaros a la pr\u00e1ctica de las virtudes qye dan satisfacciones duraderas. Hay razones de esperar que Dios os dar\u00e1 la gracia de pasar vuestra vida en la Compa\u00f1\u00eda con edificaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Le propuso despu\u00e9s el ejemplo de algunos hermanos de los m\u00e1s virtuosos de la Congregaci\u00f3n para inducirle a imitarlos. Observando al final que este hermano no ten\u00eda aun el collete que llevan de ordinario los que se han agregado a la Compa\u00f1\u00eda, le hizo tomar uno blanco que le hab\u00edan tra\u00eddo para ponerlo ese d\u00eda; este acto de caridad gan\u00f3 de tal manera el coraz\u00f3n de este buen hermano, \u00abque le pareci\u00f3, dijo \u00e9l m\u00e1s tarde, que Dios le hab\u00eda colocado en el cuello un lazo feliz por la mano del Sr. Alm\u00e9ras, para atarle a su servicio por el resto de su vida en su querida vocaci\u00f3n.\u00bb.<\/p>\n<p>Esta ternura y esta cordialidad eran todav\u00eda mayores y m\u00e1s sensibles con aquellos de sus hijos que le hab\u00edan prestado alg\u00fan servicio, por peque\u00f1o que fuera; les mostraba su agradecimiento y les hac\u00eda saber que no se olvidar\u00eda nunca de la caridad que hab\u00edan tenido con \u00e9l. Cuando fue elegido Superior general, se lo cont\u00f3 a un hermano, que estaba en una provincia distante, adonde le hab\u00eda enviado para la asistencia de los pobres; le dirigi\u00f3 la carta circular que envi\u00f3 a todas las casas de la Congregaci\u00f3n, crey\u00e9ndose en la obligaci\u00f3n de mostrarle este testimonio de afecto y de agradecimiento por la asistencia que \u00e9l hab\u00eda recibido en una enfermedad.<\/p>\n<p>El cuidado extraordinario con el que vigilaba las necesidades de sus inferiores y la conservaci\u00f3n de su salud era tambi\u00e9n una se\u00f1al de su afecto paternal con ellos. Nada escapaba a su vigilancia: viendo que uno de sus sacerdotes pod\u00eda molestarse por el fr\u00edo de una peque\u00f1a abertura en su habitaci\u00f3n, \u00e9l mismo llev\u00f3 a los alba\u00f1iles al sitio, y se qued\u00f3 por un rato vi\u00e9ndoles trabajar.<\/p>\n<p>Sus indisposiciones en aumento los \u00faltimos a\u00f1os de su vida dieron pie a que un hermano durmiera en su habitaci\u00f3n para servirle y darle lo que pod\u00eda necesitar por la noche. El Sr. Alm\u00e9ras se fij\u00f3 que al toser despertaba a este hermano; le oblig\u00f3 a ir a costarse en una habitaci\u00f3n contigua para dormir mejor; de vez en cuando le preguntaba si no le dejaba descansar bien todav\u00eda; prefer\u00eda sufrir que interrumpir su sue\u00f1o, y no le llamaban nunca si no se trataba de una necesidad urgente.<\/p>\n<p>Veamos otro ejemplo de la caridad que le llevaba a molestarse por aliviar a los dem\u00e1s. Mientras fue Asistente de la casa de San L\u00e1zaro, fue enviado a caballo a doce o quince leguas de Par\u00eds con un hermano que le serv\u00eda de acompa\u00f1ante; \u00e9ste habr\u00eda podido f\u00e1cilmente hacer el camino a pie; pero el Sr. Alm\u00e9ras no lo pudo aguantar; le hizo montar en la grupa, y atraves\u00f3 as\u00ed las aldeas y los pueblos sin preocuparse de lo que pod\u00edan decir.<\/p>\n<p>Se entregaba sobre todo a tratar bien a los enfermos; los visitaba, aun a los hermanos menores; y cuando no pod\u00eda ir, enviaba a alguien de su parte. Pero se mostraba particularmente atento en visitar a los m\u00e1s afligidos y a los que estaban atacados de enfermedades contagiosas. Hall\u00e1ndose uno de sus sacerdotes contagiado de una enfermedad que pod\u00eda hacer peligrar su vida y que pod\u00eda incluso comunicarse a los que le visitaban, el Sr. Alm\u00e9ras quiso ir a verle; el enfermero le disuadi\u00f3 como pudo; le explic\u00f3 que el peligro era mayor para \u00e9l, a causa de sus debilidades. Como el enfermero insist\u00eda mucho, le respondi\u00f3 con dulzura y firmeza: \u00abVenga, hermano m\u00edo, no tem\u00e1is nada; tengo un buen ant\u00eddoto\u00bb y se fue a ver a este enfermo, habl\u00f3 con \u00e9l un buen rato, y no experiment\u00f3 ning\u00fan mal. Lo cual hizo decir a este sacerdote enfermo, que el ant\u00eddoto del Sr. Alm\u00e9ras era su gran fe y su ardiente caridad.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed va otro rasgo de su solicitud paternal. Un hermano estaba tan enfermo del esp\u00edritu como del cuerpo; ten\u00eda esta fantas\u00eda en el esp\u00edritu que, para hacer penitencia por sus pecados deb\u00eda practicar una abstinencia extraordinaria, as\u00ed que no quer\u00eda ya comer y se expon\u00eda a morir de hambre. El caritativo padre le hizo venir a su habitaci\u00f3n durante varios d\u00edas, aunque le resultara entonces muy molesto; despu\u00e9s de reprenderle por caridad por su obstinaci\u00f3n, y haberle dicho la ilusi\u00f3n en que hab\u00eda ca\u00eddo, le oblig\u00f3 a trabajar en su presencia para distraerle de su humor melanc\u00f3lico; le hizo comer y cenar a su mesa, le oblig\u00f3 a comer seg\u00fan su necesidad, y a tomar todas las ma\u00f1anas un caldo o alguna otra cosa. Ha obrado casi siempre de la misma forma en otras ocasiones con tanta bondad, que los que lo conocieron se sintieron edificados.<\/p>\n<p>El ejemplo siguiente dar\u00e1 claramente a conocer que su solicitud era continua por las necesidades de los enfermos, y que el pensamiento de conservar la salud de aquellos cuya direcci\u00f3n Dios le hab\u00eda dado no abandonaba su esp\u00edritu. Lo contaremos con los mismos t\u00e9rminos que uno de los cl\u00e9rigos de la compa\u00f1\u00eda ha puesto por escrito: \u00abHe advertido, dice, que el Sr. Almer\u00e1s ten\u00eda un gran cuidado y una gran caridad con todos, se enteraba c\u00f3mo estaba todo el mundo; se informaba incluso de las menores enfermedades de los seminaristas, de suerte que sab\u00eda que me hab\u00edan sacado una muela mientras estaba en el seminario; pero su caridad me pareci\u00f3 excesiva cuando , pocos d\u00edas despu\u00e9s de salir yo, habiendo sabido que yo estaba indispuesto, al d\u00eda siguiente de saberlo, me envi\u00f3 al m\u00e9dico; a la vuelta quiso saber todo lo que me hab\u00eda recetado para hacerlo cumplir pronto, y alg\u00fan tiempo despu\u00e9s envi\u00f3 a buscarme para saber de m\u00ed si se hab\u00eda observado todo.<\/p>\n<p>\u00abSu caridad fue tan lejos que quiso ser mi m\u00e9dico ; en efecto, me orden\u00f3 hacer todo lo que \u00e9l cre\u00eda conveniente para alcanzar la completa salud; as\u00ed que, aunque se sintiera indispuesto y le costara mucho hablar, hasta el punto que se paraba a cada palabra para recobrar el aliento, teniendo una tos continua que no le permit\u00eda decir cuatro palabras seguidas, no obstante me hizo ir varias veces a su habitaci\u00f3n para decirme que deb\u00eda descansar, y c\u00f3mo deb\u00eda o\u00edr la santa misa, hacer mi oraci\u00f3n, mi lectura espiritual y estudiar, para que ello no me incomodara. Rog\u00f3 a uno de los oficiales de la casa que me cuidara; luego preguntaba de vez en cuando c\u00f3mo me encontraba. Al final, como ya estaba restablecido, me envi\u00f3 a buscar, y con un rostro sonriente, a pesar de sus sufrimientos, se alegr\u00f3 conmigo por la salud que Dios me hab\u00eda devuelto. Como yo le agradec\u00eda por el cuidado que se hab\u00eda tomado conmigo y yo le declaraba que despu\u00e9s de a Dios era a \u00e9l a quien deb\u00eda la salud, \u00e9l respondi\u00f3 que no era a \u00e9l, sino al sacerdote a quien \u00e9l hab\u00eda encomendado , atribuyendo as\u00ed por humildad el bien que hac\u00eda a los m\u00e9ritos de los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Se comportaba poco m\u00e1s o menos de la misma manera con todos los inferiores, una vez que se enteraba de sus menores indisposiciones; ten\u00eda un cuidado grande de hacer ejecutar las ordenanzas de los m\u00e9dicos, se informaba por el hermano enfermero de todo lo que se hab\u00eda hecho o de lo que faltaba por hacer para el alivio de los enfermos, y recomendaba mucho que no se escatimaran gastos al tratarse de su alivio.<\/p>\n<p>Ya hemos dicho que cuando no pod\u00eda ir a visitar a los enfermos, les enviaba a visitar de su parte; y era tan exacto en esta pr\u00e1ctica que, incluso unos d\u00edas antes de su muerte, aunque se viera abrumado de dolores, y en un estado que daba compasi\u00f3n a todo el mundo, envi\u00f3 a visitar a un hermano paral\u00edtico hac\u00eda varios a\u00f1os; le mand\u00f3 decir entre otras cosas que tuviera muchos \u00e1nimos, que en cuanto a \u00e9l se iba el primero; pero que si Dios le conced\u00eda la gracia de ir al cielo, como lo esperaba de su divina bondad, tratar\u00eda de obtenerle un hermoso sitio entre los bienaventurados.<\/p>\n<p>Si el cuidado que el Sr. Alm\u00e9ras ten\u00eda de los enfermos es una se\u00f1al evidente de su gran caridad, el que ten\u00eda del adelanto espiritual es todav\u00eda m\u00e1s claro; ya que la perfecta caridad nos lleva a procurar al pr\u00f3jimo verdaderos bienes, que son los de la gracia. Era principalmente a lo que se entregaba con una maravillosa exactitud; advert\u00eda con caridad a todos los de la Compa\u00f1\u00eda en quienes ve\u00eda alg\u00fan defecto; les proporcionaba los medios de corregirse, como ya se ha visto; ten\u00eda tambi\u00e9n gran cuidado de animar y de instruir a aquellos en los que ve\u00eda un ardiente deseo de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Habiendo ido un hermano a su habitaci\u00f3n para pedirle penitencia de las faltas cometidas contra las reglas y contra algunas pr\u00e1cticas, y para dar gracias a Dios por el beneficio de su vocaci\u00f3n, este caritativo padre le demostr\u00f3 una gran satisfacci\u00f3n y ternura por el fervor que ve\u00eda en \u00e9l; luego le dijo estas palabras: \u00abS\u00ed, hermano m\u00edo, me complace daros una pr\u00e1ctica respecto del beneficio de vuestra vocaci\u00f3n; todos los meses, a la hora en fuisteis recibido, dir\u00e9is el <em>Te Deum laudamus<\/em>, para dar gracias a Dios; el salmo <em>Miserere <\/em>para pedirle perd\u00f3n de las faltas cometidas contra las reglas, y el <em>Veni creator Spiritus<\/em>, para pedirle cada vez m\u00e1s el esp\u00edritu de esta querida vocaci\u00f3n para vos y para los dem\u00e1s. Este hermano se volvi\u00f3 muy satisfecho por la pr\u00e1ctica tan buena; el Sr. Alm\u00e9ras le llam\u00f3 seguidamente para advertirle que no le obligaba bajo pena de pecado, habi\u00e9ndole prevenido su caridad que este buen hermano habr\u00eda podido tener escr\u00fapulos en esta materia si no se lo hubiera advertido. Este celo del Sr. Alm\u00e9ras por la perfecci\u00f3n de sus inferiores le urg\u00eda tan fuerte que dijo varias veces a un sacerdote de la Congregaci\u00f3n que le dol\u00eda vivamente su miseria espiritual y que se sent\u00eda como afligido; ten\u00eda una compasi\u00f3n tan grande por sus penas que le quitaba el sue\u00f1o, y no ten\u00eda descanso hasta hacer lo que pod\u00eda para remediarlo. Asimismo todos sus hijos estaban de tal manera persuadidos del ardor de su caridad y de la ternura de su coraz\u00f3n que, si ten\u00edan alguna pena, o hab\u00edan ca\u00eddo en alguna falta, acud\u00edan enseguida a \u00e9l como a un padre; en efecto, \u00e9l los recib\u00eda con entra\u00f1as de misericordia; despu\u00e9s de escucharlos con mucha atenci\u00f3n, les dec\u00eda con una bondad y una caridad sin par los consejos de los que ten\u00edan necesidad; y se estaba obligado a corregirlos por algunas faltas, sobre todo por las que hab\u00edan cometido por fragilidad o por negligencia, lo hac\u00eda con tanta ayuda y de una manera tan agradable, que se volv\u00edan muy consolados.<\/p>\n<p>Un hermano fue un d\u00eda a verle a su habitaci\u00f3n para pedirle muy humildemente perd\u00f3n y recibir una buena penitencia por una falta bastante considerable contra las reglas de su oficio; apenas se arrodill\u00f3, cuando el Sr. Alm\u00e9ras, al verle tan humilde, le hizo levantarse enseguida, le consol\u00f3 y le anim\u00f3 a ser bueno; sin imponerle ninguna penitencia, le despidi\u00f3 con estas dulces palabras: \u00abVenga, hermano m\u00edo, enmi\u00e9ndese y sea fiel\u00bb.<\/p>\n<p>Pero si suced\u00eda que alguno cometiera una falta que se\u00f1alara desorden en el interior, su caridad le llevaba a hablarle con m\u00e1s vigor; y como un prudente m\u00e9dico, sab\u00eda aplicar remedios m\u00e1s fuertes a las enfermedades m\u00e1s peligrosas; los usaba sin embargo con mucha circunspecci\u00f3n y perdonaba en cuanto pod\u00eda, sobre todo a los ausentes, cuyas faltas no daba a conocer m\u00e1s que en la estricta necesidad, disminuy\u00e9ndolas siempre mientras se lo permit\u00eda la pura verdad; es lo que observaba incluso con respecto a aquellos que parec\u00edan haberse hecho indignos por el perjuicio que causaban a la Compa\u00f1\u00eda. Veamos un ejemplo: Se vio obligado a desenga\u00f1ar a un hermano que era tentado contra su vocaci\u00f3n porque otros se hab\u00edan retirado o hab\u00edan sido despedidos; algunos incluso por una ingratitud y una ceguera bastante extraordinarias, hab\u00edan intentado proceso contra la congregaci\u00f3n, que se vio obligada a hacerles desestimar sus pretensiones injustas por un decreto del Consejo de Estado del rey y a cubierto para siempre de semejantes vejaciones. El Sr. Alm\u00e9ras mand\u00f3 venir a este hermano a su habitaci\u00f3n, y le hizo sentarse a su lado; le oblig\u00f3, por algunas palabras ben\u00e9volas y cordiales, a descubrirle su tentaci\u00f3n y sus penas, con lo cual este caritativo padre le consol\u00f3 y le anim\u00f3 mucho, dici\u00e9ndole: \u00abHermano m\u00edo, no me sorprende que teng\u00e1is penas de esta naturaleza, os confieso que si yo estuviera en vuestro lugar estar\u00eda m\u00e1s confuso que vos. No hay que sorprenderse si la Congregaci\u00f3n est\u00e1 en este momento siendo cribada. El Sr. Vicente, nuestro muy honorable padre, nos ha dicho muchas veces que lo ser\u00eda un d\u00eda; pero en esta ocasi\u00f3n, son mis pecados la causa de ello. No obstante es necesario que os diga, para vuestro bien, c\u00f3mo sucedi\u00f3 todo; si no quer\u00e9is creerme, pregunt\u00e1dselo a fulano ya mengano que son los m\u00e1s virtuosos de entre nuestros hermanos\u00bb. Le cont\u00f3 entonces el desastre de estas personas, pero con tanta dulzura y compasi\u00f3n, y por decirlo as\u00ed respeto, que parec\u00eda hablar de alguna persona de grandes m\u00e9ritos o de condici\u00f3n muy elevada; eso dio a entender a este hermano que no s\u00f3lo no sent\u00eda el Sr. Alm\u00e9ras ninguna amargura contra aquellas personas, sino que, no obstante su ceguera, conservaba siempre hacia ellas un coraz\u00f3n de padre, lleno de ternura y de compasi\u00f3n. Tambi\u00e9n la caridad del Sr. Alm\u00e9ras se gan\u00f3 de tal manera el coraz\u00f3n de este hermano y calm\u00f3 tan perfectamente las inquietudes que se hab\u00edan levantado en su esp\u00edritu, que resolvi\u00f3 perseverar en su vocaci\u00f3n, como lo ha hecho desde entonces, viviendo en ella bien contento y con la intenci\u00f3n de en ella morir.<\/p>\n<p>No debemos omitir aqu\u00ed algo que dijo a este hermano en esta ocasi\u00f3n, aunque no sea tanto una se\u00f1al de su caridad como del discernimiento que ten\u00eda para conocer los esp\u00edritus, y es que hablando de dos hermanos que hab\u00edan salido de la Congregaci\u00f3n, so pretexto y hasta con el plan de hacerse religiosos, le declar\u00f3 que ni lo uno ni lo otro lo ser\u00edan, pero que \u00e9l, que era tentado contra su vocaci\u00f3n, perseverar\u00eda; lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s. Se podr\u00eda hacer algunas reflexiones bastante \u00fatiles sobre este ejemplo, si la brevedad del relato no nos obligara a pasar a otro muy parecido.<\/p>\n<p>Un hermano de la Compa\u00f1\u00eda, de los m\u00e1s virtuosos, de los m\u00e1s sensatos y de los m\u00e1s capaces, frecuentaba otra comunidad de la misma ciudad, para prestarle alg\u00fan servicio, con el consentimiento de su superior, que cre\u00eda que eso pod\u00eda contribuir a mantener a las dos comunidades en buen entendimiento. El hermano se sinti\u00f3 vivamente inclinado a dejar su vocaci\u00f3n para entrar en esta otra comunidad; el demonio, agarr\u00e1ndole por su lado d\u00e9bil, le dec\u00eda que ser\u00eda m\u00e1s honrado, m\u00e1s estimado en esta comunidad, y que su condici\u00f3n no ser\u00eda tan abyecta a los ojos de los hombres; y como los superiores de esta casa religiosa le atra\u00edan bastante abiertamente y le expresaban su deseo de recibirle, estaba a punto de tomar su h\u00e1bito. Pero el Sr. Alm\u00e9ras enterado le escribi\u00f3 una carta muy urgente y muy tierna que le oblig\u00f3 a abrir los ojos; lo que m\u00e1s le impresion\u00f3, como lo ha declarado m\u00e1s tarde, fueron estas palabras cordiales del final: \u00abPor lo dem\u00e1s, si os hablo con resoluci\u00f3n, es tambi\u00e9n con afecto por las asistencias que me hab\u00e9is dado en diferentes enfermedades; conservo sentimientos de estima y de gratitud hacia vuestra persona, que no puedo expresar. Hab\u00e9is contribuido a conservarme la vida; no adelant\u00e9is mi muerte por el disgusto que yo recibir\u00eda de vuestra separaci\u00f3n, pero ante todo huid del peligro, venid aqu\u00ed!\u00bb Esta carta caus\u00f3 tal impresi\u00f3n en el esp\u00edritu de este hermano que le hizo cambiar de resoluci\u00f3n al instante; se ech\u00f3 a llorar y, dando respuesta a su caritativo padre: \u00abConfieso, le dijo con l\u00e1grimas en los ojos, que he sentido el coraz\u00f3n atravesado de un flechazo leyendo vuestra muy afectuosa carta; yo no sab\u00eda d\u00f3nde estaba, viendo por un lado mi infidelidad y por otro vuestra gran bondad para conmigo que, tras una cobard\u00eda parecida a aquella merec\u00eda ser expulsado por estas personas que me han dado muestras de una bondad tan particular; pero, Se\u00f1or, si yo pudiera adelantar vuestra muerte con esta acci\u00f3n, preferir\u00eda morir yo mismo; os puedo asegurar que ante estas palabras que he le\u00eddo en vuestra carta, he cre\u00eddo caerme de espaldas ; y volviendo en m\u00ed todo confuso, he visto mi inconstancia y mi miseria en el amor extraordinario que ten\u00e9is por m\u00ed. No, Se\u00f1or, no lo har\u00e9 con toda seguridad, y estoy preparado a partir cuando os plazca, y marchar a donde teng\u00e1is a bien enviarme; me entrego totalmente en vuestras manos\u00bb. Y este buen hermano se ech\u00f3 de tal forma en los brazos del Sr. Alm\u00e9ras, que \u00e9ste crey\u00f3 oportuno dejarle en la misma casa.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras ha practicado tambi\u00e9n la misma caridad con otros que estaban tentados contra su vocaci\u00f3n, dici\u00e9ndoles todo lo que cre\u00eda ser lo m\u00e1s fuerte para retenerlos: el temor, el amor, y el inter\u00e9s por la gloria de Dios y por su propio bien, pero en particular el testimonio de un afecto paternal que era de ordinario la cadena m\u00e1s fuerte que los ataba al servicio de Dios en la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de acabar este cap\u00edtulo, conviene destacar que esta bondad paternal del Sr. Alm\u00e9ras para con todos los s\u00fabditos de la Congregaci\u00f3n se extend\u00eda hasta sus padres y dem\u00e1s personas que les pertenec\u00edan; trataba de prestarles todos los servicios que estaban en su mano les procuraba las asistencias corporales que necesitaban, y mandaba hacer por ellos oraciones durante su vida y despu\u00e9s de la muerte. Tuvo incluso la bondad de mandar celebrar misiones en una provincia muy distante, en la regi\u00f3n de un hermano de la Congregaci\u00f3n, para darle el contento que deseaba. Esto es digno de notar, pues, como \u00e9l lo ha dicho, estaba totalmente desprendido de sus propios parientes; lo que da a entender que no ordenaba sus afectos por los sentimientos de la naturaleza, sino por la consideraci\u00f3n del bien de la Compa\u00f1\u00eda, que depende principalmente de una estrecha uni\u00f3n entre el jefe y sus miembros. Tambi\u00e9n hab\u00eda encontrado verdaderamente el secreto de ganarse el coraz\u00f3n y el afecto de cada uno, y se ten\u00eda la persuasi\u00f3n de la verdad y de la sinceridad de estas buenas palabras que ten\u00eda la costumbre de decir cuando se separaba de sus hijos despu\u00e9s de hablarles por alg\u00fan tiempo: \u00abLes dejo mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Cap\u00edtulo VIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>De su pobreza y de su amor por los pobres.<\/strong><\/p>\n<p>La pobreza evang\u00e9lica es una virtud muy necesaria a los que son llamados a una vida apost\u00f3lica y que tienen por fin trabajar por la salvaci\u00f3n de los pobres del campo. El Sr. Alm\u00e9ras la ha practicado excelentemente a ejemplo del Hijo de Dios, el primero de todos los misioneros, y del Sr. Vicente, su muy honorable padre. Fue en este esp\u00edritu cuando habiendo dejado las ventajas temporales de las que gozaba en su casa, se priv\u00f3 una vez entrado en la Congregaci\u00f3n de toda clase de delicadezas, y pas\u00f3 de una gran abundancia a una pobreza rigurosa. Su se\u00f1or padre, durante algunos a\u00f1os le tuvo una pensi\u00f3n; \u00e9l no quiso verla ni tocarla, y la dej\u00f3 en manos del procurador de la casa, a la disposici\u00f3n de los superiores. Habr\u00eda podido bien, sin lesionar el deber de su profesi\u00f3n, disponer de esta renta con permiso del superior, bien para comprar libros o hacer otras obras buenas; pero esta conducta no le parec\u00eda bastante pura y bastante desprendida, y tem\u00eda no usar de las cosas que hubiera comprado as\u00ed, con la misma indiferencia que las dem\u00e1s cosas de la comunidad. Y as\u00ed quiso no s\u00f3lo ser pobre, sino alejarse lo m\u00e1s posible de las ocasiones y de los peligros capaces de dar la m\u00e1s ligera mancha a esta virtud. Era maravillosamente circunspecto para no tolerar nada en s\u00ed ni fuera de s\u00ed que no llevara las marcas de su amor a la pobreza. Su alimentaci\u00f3n era muy frugal; durante varios a\u00f1os no com\u00eda casi m\u00e1s que una sola clase de carne; pero le obligaron, a causa de sus grandes debilidades, a seguir un r\u00e9gimen especial; consinti\u00f3 que se tomara en consideraci\u00f3n sus debilidades graves, pero quiso tomar menos que los dem\u00e1s, en la bebida, en el alimento y las otras necesidades. No cambiaba de h\u00e1bito sino lo m\u00e1s tarde que pod\u00eda, siendo Superior de la Congregaci\u00f3n, se le han visto agujeros y remiendos; hab\u00eda que emplear muchos ruegos para ponerse una sotana nueva.<\/p>\n<p>Se ve\u00eda brillar la pobreza de este siervo de Dios en todas las cosas destinadas a su uso. Cuando era Asistente de la casa de San L\u00e1zaro, no ten\u00eda de ordinario m\u00e1s que un libro o dos para estudiar; no se serv\u00eda m\u00e1s que de una silla de paja, de un viejo candelero, de una mala escriban\u00eda, de pobre lentes con un estuche de madera que muchos de sus inferiores hubieran rechazado. Su cama a la verdad estaba rodeada de cortinas, a causa de su debilidad; pero eran muy sencillas, de una tela ordinaria y sin adorno; se hab\u00eda colocado alrededor una peque\u00f1a orla, pero su esp\u00edritu de pobreza no la pudo aguantar; no aguant\u00f3 m\u00e1s un despacho adornado que le hab\u00edan llevado a la habitaci\u00f3n, hubo que quitarlo para tenerle contento; se hab\u00edan colocado simples tablillas de planchas actuales, como tienen los pobres del campo para colocar la vajilla. No quer\u00eda permitir siquiera un peque\u00f1o par de morillos de hierro muy sencillos en su chimenea, porque eran nuevos y un tanto bonitos; mand\u00f3 colocar otros m\u00e1s ordinarios y m\u00e1s conformes a este esp\u00edritu de pobreza que le animaba y que aparec\u00eda hasta en el bast\u00f3n que se ve\u00eda obligado a llevar.<\/p>\n<p>Podemos con raz\u00f3n llamar a la pobreza la querida compa\u00f1era del Sr. Alm\u00e9ras, pues le acompa\u00f1aba a todas partes, al refectorio, en su habitaci\u00f3n, hasta en el altar; prefer\u00eda en efecto celebrar con ornamentos pobres que magn\u00edficos, porque pensaba que su Salvador habiendo ofrecido el sacrificio de la cruz en una extrema pobreza, \u00e9l deb\u00eda ser animado de este esp\u00edritu y llevar las se\u00f1ales al exterior.<\/p>\n<p>Con estos sentimientos el Sr. Alm\u00e9ras no quiso servirse de una casulla nueva que le regalaron sus se\u00f1oras hermanas para decir su primera misa. Hac\u00eda aparecer tambi\u00e9n este mismo amor por la pobreza en las iglesias de la Congregaci\u00f3n de las que desterraba estos magn\u00edficos ornamentos que parecen m\u00e1s propios para halagar la curiosidad que para contentar la devoci\u00f3n. Citaremos nada m\u00e1s un ejemplo. Un procurador de la casa San L\u00e1zaro le pidi\u00f3 permiso para mandar restaurar los \u00f3rganos que eran muy peque\u00f1os; se lo permiti\u00f3 creyendo que no hab\u00eda gran cosa que hacer; el procurador prevali\u00e9ndose de este permiso mal entendido, mand\u00f3 hacer hermosos \u00f3rganos con revestimientos de maderas esculpidas; al comenzar a instalarlos en la iglesia, el Sr. Alm\u00e9ras qued\u00f3 tan sorprendido que no quiso permitir que se acabara de elevarlos, y no descans\u00f3 hasta que los hubo devuelto, si bien con p\u00e9rdidas; le produjo tanta pena esta cuesti\u00f3n que la hizo asunto de una conferencia en la que humill\u00f3 mucho al procurador.<\/p>\n<p>Si el Sr. Alm\u00e9ras no pod\u00eda ver nada, ni siquiera en la iglesia de San L\u00e1zaro, que no estuviera conforme totalmente al esp\u00edritu de pobreza, estaba m\u00e1s lejos de todo vano ornamento en los edificios de esta casa; como deseaba ante todo que Nuestro Se\u00f1or se complaciera m\u00e1s en estas clases de casas. Vi\u00e9ndose en la situaci\u00f3n de mandar construir desde el suelo un gran cuerpo de residencia, para suplir los viejos edificios que amenazaban ruina, deseaba fuerte que se guardara una gran sencillez; por eso al enterarse que se quer\u00eda hacer con piedra sillar, se opuso a ello; explic\u00f3 al que era el principal promotor y que quer\u00eda hacerse notar contribuyendo al gasto, que este edificio ser\u00eda demasiado hermoso para unos misioneros, que deben ser alojados sencilla y pobremente. Le suplic\u00f3 que hiciera murallas en morrillo y no en piedras talladas. Pero no pudo conseguir nada de este bienhechor.; este le respondi\u00f3 que hab\u00eda que construir s\u00f3lidamente y para mucho tiempo, que hoy se constru\u00edan la mayor parte de las casas de esta manera, de manera que se le dejara hacer, de otra forma lo abandonar\u00eda todo y no se volver\u00eda a meter en m\u00e1s l\u00edos. As\u00ed, para no contristar a este bienhechor, el Sr. Alm\u00e9ras se vio obligado a dejar continuar las obras como hab\u00edan sido comenzadas; pero le dio pena que esta residencia tuviera por fuera alguna apariencia que no le parec\u00eda bastante conforme con la sencillez y la pobreza que deseaba ver en todas las casas de su Congregaci\u00f3n. Hizo no obstante aparecer este esp\u00edritu de pobreza, privando a la casa de varios adornos que son bastante comunes y ordinarios, content\u00e1ndose con una estructura y madera muy ordinarias.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, no hay lugar a sorprenderse que haya tenido tanto amor por los pobres, que son de alg\u00fan modo una personificaci\u00f3n viva de la pobreza. Su coraz\u00f3n estaba lleno de ternura y de afecto por ellos; todos saben la gran p\u00e9rdida que supuso para la casa de San L\u00e1zaro de la mayor parte de sus rentas, pero nadie ha visto que por ello se haya disminuido la caridad del Sr. Alm\u00e9ras; recib\u00eda siempre al mismo n\u00famero de ejercitantes y hac\u00eda las mismas limosnas. Continuaba muy fielmente la pr\u00e1ctica que el difunto Sr. Vicente hab\u00eda introducido traer a comer todos los d\u00edas a dos pobres al refectorio, cuid\u00e1ndose de instruirlos al mismo tiempo en las verdades de la religi\u00f3n. Iba incluso a verlos a sus casas cuando ca\u00edan enfermos, aunque estuviera d\u00e9bil y necesitara hacer un camino bastante largo con mucho trabajo, vi\u00e9ndose obligado a hacer una paradita de vez en cuando. Los discursos que hac\u00eda a esta buena gente no respiraban m\u00e1s que amor de Dios; les hablaba de la abundancia de su coraz\u00f3n; varios pobres del hospital del nombre de Jes\u00fas, a los que hab\u00eda tratado antes de admitirlos, han declarado todos estar encantados y gozosos por los testimonios exteriores de su bondad.<\/p>\n<p>De las palabras pasaba a los hechos; hac\u00eda dar todos los a\u00f1os doscientos francos a la tesorer\u00eda de la caridad de Saint-Laurent, para el alivio de los pobres de la parroquia. Cuando los inviernos eran duros para la pobre gente y el pan estaba caro, enviaba a un oficial de la casa por los barrios de San L\u00e1zaro y de San Lorenzo, con hermanos, para conocer la necesidad de los pobres, a quienes mandaba dar un pan a uno, medio pan a otro, y as\u00ed a los dem\u00e1s seg\u00fan la necesidad de cada uno; en un solo invierno\u00b8 les hizo distribuir seiscientos o setecientos haces de le\u00f1a de la provisi\u00f3n de la casa, mandaba tambi\u00e9n en la puerta a todos los pobres de paso; les hac\u00eda veces que hicieran fuego para calentarse. A los pobres vergonzantes, les daba dinero, le costaba trabajo despedir a un pobre sin limosna; los porteros han dicho que no se han dirigido casi nunca a \u00e9l sin obtener algo. Por eso la confianza que ten\u00edan en su caridad los llevaba a dirigirse directamente a \u00e9l para obtener socorros; estaban convencidos que ten\u00eda un coraz\u00f3n capaz de alojar a todos los miserables, y manos tan generosas para socorrerlos. Su caridad no estaba rodeada y limitaba a un cierto n\u00famero de pobres; si la limosna ordinaria no bastaba para dar a todos los necesitados que ped\u00edan, la hac\u00eda aumentar seg\u00fan el n\u00famero. Es la declaraci\u00f3n que ha hecho un hermano portero; al declarar que el pan que se daba de ordinario a los pobres no bastaba ya para la mitad de los que lo ped\u00edan, el Sr. Alm\u00e9ras le orden\u00f3 que diera otro tanto una vez m\u00e1s: \u00abS\u00ed, hermano, dijo, yo lo quiero; no s\u00f3lo dar\u00e1s dos, tres o cuatro panes, sino tantos como haga falta\u00bb. As\u00ed anchaba el coraz\u00f3n a medida que el n\u00famero de los miserables aumentaba, y \u00e9l regulaba las limosnas m\u00e1s bien por la cantidad de los pobres que por los haberes de la casa, pues estaba convencido que no se pod\u00eda hacer mejor uso de los bienes de la Comunidad que poni\u00e9ndolos en las manos de Dios, de donde proceden, por las de los pobres, que las reciben en su nombre.<\/p>\n<p>Entre las obras de misericordia que llev\u00f3 a cabo el Sr. Alm\u00e9ras tan dignamente, la vista a los presos ocupa uno de los primeros lugares; su estado le conmov\u00eda de una viva compasi\u00f3n, que no era est\u00e9ril en \u00e9l; pasaba en efecto del coraz\u00f3n al exterior; iba a visitarlos a menudo; se ha visto que fue a menudo cuatro o cinco veces al d\u00eda. Sin duda que no iba con las manos vac\u00edas; acompa\u00f1aba la limosna corporal con la espiritual, habl\u00e1ndoles de la salvaci\u00f3n y exhort\u00e1ndoles a hacer confesiones generales. Su caridad se vio de manera especial para con uno de estos pobres miserables: era un joven que hab\u00eda dejado los estudios y se hab\u00eda enrolado en una compa\u00f1\u00eda de gente de guerra; desert\u00f3 alg\u00fan tiempo despu\u00e9s y, vi\u00e9ndose obligado por la necesidad realiz\u00f3 algunos robos, por los que fue encarcelado por el juzgado de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Habiendo ido el Sr. Alm\u00e9ras a verle, le impresion\u00f3 sus desdicha, considerando que el prisionero no pod\u00eda evitar pasar por las armas, y deseando salvarle la vida, se inform\u00f3 del nombre de su capit\u00e1n quien, por suerte era sobrino de uno de los amigos de la Congregaci\u00f3n; aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para enviar a rogar a este amigo obtener la gracia del joven lo que en efecto obtuvo ; pero no contento con este favor se\u00f1alado, hizo llevar al prisionero a comer y a cenar durante ocho d\u00edas, hasta el momento de su salida: luego le hizo hacer una confesi\u00f3n general. Un sargento vino a llev\u00e1rselo para acudir a la cita, a fin de hacer all\u00ed una especie de reparaci\u00f3n, y luego el capit\u00e1n le dio el despido por escrito. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el joven vino a dar gracias a su bienhechor, confesando que le deb\u00eda la vida.<\/p>\n<p>Si el Sr. Alm\u00e9ras se ha mostrado tan misericordioso y bienhechor con los miserables que, por sus cr\u00edmenes, se hab\u00edan atra\u00eddo sus miserias, cu\u00e1nto m\u00e1s ha hecho aparecer su caridad respecto de los pobres voluntarios, cuya pobreza no es un castigo por sus cr\u00edmenes, sino un efecto y como una recompensa de su virtud; oigo hablar a religiosos, para quienes este servidor de Dios conservaba sentimientos de estima y de amor muy particulares. Tenemos de ello un ejemplo notable entre otros en la persona de tres reverendos padres Recoletos, vecinos de San L\u00e1zaro. El Sr. Vicente les hab\u00eda dicho en otro tiempo, cuando tuvieran necesidad de algo, ir a buscarle; y no dejaba pasar ninguna ocasi\u00f3n de prestarles servicio. El Sr. Alm\u00e9ras ha seguido en esto el ejemplo de su caritativo padre, y hasta de alg\u00fan modo le ha sobrepasado; ya que no s\u00f3lo no les ha negado nunca lo que le han pedido, sino que les ha dado en abundancia. As\u00ed, cuando ped\u00edan media docena de huevos, les mandaba dar una docena, y a veces en el transcurso del a\u00f1o, les enviaba provisiones, sobre todo en la cuaresma, como mantequilla y pescado, y otras veces pan y vino. Se puede concluir de toda lo que acabamos de decir, que el Sr. Alm\u00e9ras ha sido un gran servidor de los pobres y de la pobreza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VII De su bondad y caridad para con los de la Compa\u00f1\u00eda. Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M. 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