{"id":43231,"date":"2011-06-21T07:18:49","date_gmt":"2011-06-21T05:18:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43231"},"modified":"2016-07-27T12:15:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:44","slug":"rene-almeras-1613-1672-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulo-6\/","title":{"rendered":"Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulo 6)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VI<\/h2>\n<p><em><strong>De su piedad<\/strong><\/em><\/p>\n<div id=\"attachment_43008\" style=\"width: 251px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-43008\" class=\"size-medium wp-image-43008\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-43008\" class=\"wp-caption-text\">Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.<\/p><\/div>\n<p>Comprendemos bajo el nombre de piedad, seg\u00fan san Agust\u00edn, todas las virtudes que regulan nuestros deberes para con Dios, como la fe, la confianza y la caridad, y diremos en pocas palabras c\u00f3mo las ha practicado el Sr. Alm\u00e9ras. \u00c9l sab\u00eda que el hombre no es nada en s\u00ed mismo, y que solamente la piedad le hace encontrar en Dios a un ser verdadero y la vida sobrenatural de la gracia,\u00a0 seg\u00fan estas palabras del profeta: <em>Substantia mea apud te<\/em><strong> <\/strong><em>est<\/em>. Por eso se entreg\u00f3 de manera especial al ejercicio de las las virtudes que tienen a Dios mismo como objeto, y \u00e9l las ha preferido a todas las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La primera es la fe; esta virtud le hab\u00eda llevado en materia de religi\u00f3n a la docilidad de los ni\u00f1os; ya que si bien no ten\u00eda por naturaleza el esp\u00edritu penetrante y proclive a razonar, no obstante los que le han conocido saben que en materia de fe abrazaba con una admirable sencillez todas las verdades de la religi\u00f3n, y que estaba de tal manera persuadido de ellas como si las hubiera visto con sus propios ojos. Por eso las razones que ten\u00eda para practicar las virtudes eran de ordinario visiones sencillas o de los divinos misterios, o de las m\u00e1ximas del Evangelio, como se ve en algunos cortos escritos donde ha subrayado las luces y los sentimientos que Dios le daba durante sus retiros; pero estas vistas eran tanto m\u00e1s eficaces cuanto m\u00e1s sobrenaturales, y es a este principio al que se ha de atribuir la firmeza de sus resoluciones en el bien que se hab\u00eda propuesto una vez. En efecto, las almas que se dirigen por esta ley de la fe sencilla son de ordinario constantes, imitando la verdad que adoran, que es siempre la misma y no cambia nunca. Sab\u00eda que el glorioso nombre de Disc\u00edpulo es el primero que hayan llevado los cristianos, y \u00e9l comprend\u00eda su sentido. En este mismo esp\u00edritu ha escrito san Agust\u00edn que no nos hemos llamado razonables, sino fieles: <em>non rationabiles, sed fideles<\/em><strong>.<\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong>Dec\u00eda estas hermosas palabras, que expresaban perfectamente lo que era: \u00abYo quiero ser disc\u00edpulo de Nuestro Se\u00f1or y ser\u00e9 feliz cuando pueda decir: <em>Jam incipio esse Christi discipulus<\/em><strong>, <\/strong>es ahora cuando comienzo a ser disc\u00edpulo de Jesucristo, aunque me vea en los sufrimientos y en las humillaciones\u00bb. Seg\u00fan esta luz,\u00a0 \u00e9l hac\u00eda consistir la verdadera piedad en llenarse del esp\u00edritu del cristianismo, y en ese deseo se propon\u00eda vivir como cristiano, comprendiendo en esta sola palabra m\u00e1s de lo que podemos decir: \u00abDebo esforzarme, dec\u00eda \u00e9l,\u00a0 por expresar en mis acciones y en mis palabras\u00a0\u00a0 la idea de un verdadero cristiano\u00a0 o incluso\u00a0 de otro Jesucristo\u00bb. Lo que a\u00f1ad\u00eda sin duda en el pensamiento del Ap\u00f3stol que Jesucristo deb\u00eda estar todo en todos, y que se hizo nuestra sabidur\u00eda y nuestra santificaci\u00f3n, es decir, como lo explica san Jer\u00f3nimo, que \u00e9l se hizo no una sola virtud, sino todas las virtudes, para ense\u00f1arnos a imitarlas todas, a fin de adquirir la perfecci\u00f3n del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Cuando ve\u00eda a personas pobres, miserables y abandonadas: \u00abSon, dec\u00eda, estas personas las que, seg\u00fan el cristianismo, son felices, y su estado es digno de envidia\u00bb. Y si los grandes y los ricos ten\u00edan parte en este esp\u00edritu cristiano, es \u00fanicamente lo que estimaba en ellos. Un d\u00eda cont\u00e1ndole alguien lo que hab\u00eda pasado en una visita que hab\u00eda hecho\u00a0 a un consejero de Estado: \u00abHab\u00e9is visto, le respondi\u00f3 \u00e9l,\u00a0 a un buen cristiano\u00bb, olvid\u00e1ndose de las dem\u00e1s cualidades de este personaje, porque no le parec\u00edan nada en comparaci\u00f3n de aqu\u00e9lla. \u00abNo converso nunca con \u00e9l, a\u00f1adi\u00f3,\u00a0 sin sentirme abrasado por el ardor con que anima sus palabras, y humillado al mismo tiempo, ya que el profundo desprecio que hace del mundo y la alta estima que tiene de las virtudes me hacen ver mi poca fe y que yo no soy cristiano m\u00e1s que a medias\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras que ten\u00eda un alma muy cristiana en sus pensamientos, en sus sentimientos y en sus acciones, deseaba tambi\u00e9n que aquellos a quienes se admite en la congregaci\u00f3n se establecieran primero en la pr\u00e1ctica\u00a0 s\u00f3lida de las virtudes cristianas, y que se los educara en el amor a la abyecci\u00f3n, en la mortificaci\u00f3n de las pasiones y de los sentidos y en la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismos. Estaba persuadido, con mucha raz\u00f3n, que este fundamento era necesario, y que las virtudes brillantes que tienen por objeto la salvaci\u00f3n de las almas presuponen otras secretas de las que nosotros mismos somos el objeto, que el celo de la salvaci\u00f3n de las almas debe ir precedido del celo de nuestra propia perfecci\u00f3n, y que Nuestro Se\u00f1or habi\u00e9ndose retirado al desierto para ayunar, era, como dice santo Tom\u00e1s, para ense\u00f1arnos con este ejemplo que no se pod\u00eda entregarse uno mismo a las funciones apost\u00f3licas sino despu\u00e9s de someter la carne al esp\u00edritu, despu\u00e9s de domar las pasiones<em>, post subactam carnem<\/em><strong> <\/strong><em>et domitas passiones<\/em><strong>. <\/strong>\u00abEs dec\u00eda \u00e9l, el defecto de este esp\u00edritu cristiano el que causar\u00eda la ruina de nuestra Congregaci\u00f3n\u00bb;\u00a0 y tan convencido estaba de ello que dec\u00eda frecuentemente al director del seminario: \u00abSe\u00f1or, que tengamos cristianos, que seamos buenos cristianos!\u00bb Recomendaba lo mismo a los directores\u00a0 de los seminarios externos, porque no cre\u00eda que pudieran inspirar a los eclesi\u00e1sticos el esp\u00edritu de su santa profesi\u00f3n si no estuvieran llenos del esp\u00edritu cristiano.<\/p>\n<p>Ahora bien, el esp\u00edritu cristiano siendo el de los hijos, porque \u00abno hemos recibido el esp\u00edritu de los esclavos para servir a Dios en el temor, sino el esp\u00edritu de los hijos por el cual invocamos a Dios, que nos ha adoptado y le llamamos nuestro padre\u00bb, no sorprender\u00e1 pues que el Sr. Alm\u00e9ras haya tenido una confianza filial en Nuestro Se\u00f1or, y que haya dejado estas bellas palabras escritas de su mano en medio de la multitud ce sus sufrimientos y de sus asuntos: \u00abYo estoy en las manos de mi Dios, y en todo momento estoy en \u00e9l, que es mi vida y mi fuerza; mi confianza est\u00e1 en \u00e9l, que es muy bueno, muy sabio y omnipotente padre\u00bb. Esta confianza produc\u00eda la santa alegr\u00eda y la paz que conservaba en sus debilidades y en las situaciones m\u00e1s molestas. Nunca dese\u00f3 verse libre de sus males. Cuando suced\u00eda alguna p\u00e9rdida o alg\u00fan otro accidente, o cuando alguna dificultad extraordinaria hac\u00eda dudar del \u00e9xito de un asunto importante, entraba en un santo recogimiento al que estaba acostumbrado; recomendaba pac\u00edficamente la cosa a Dios, y permanec\u00eda en reposo. \u00abEn cuanto a m\u00ed, dec\u00eda \u00e9l, me conf\u00edo en Nuestro Se\u00f1or; es \u00e9l quien ha formado nuestra Congregaci\u00f3n, \u00e9l la conservar\u00e1. Y aunque yo deba mis cuidados y toda mi dedicaci\u00f3n a mantener esta obra, Dios m\u00edo,\u00a0 sois vos quien nos proteger\u00e9is\u00bb. Y, en efecto,\u00a0 Dios protegi\u00f3 y bendijo a la Congregaci\u00f3n bajo su gobierno en muchas ocasiones. Cuando las debilidades le ten\u00edan atado al lecho o en su habitaci\u00f3n sin poder salir para atender los asuntos de gran importancia para los cuales parec\u00edan necesarias su dedicaci\u00f3n y su presencia, la Providencia interven\u00eda, y el Sr. Alm\u00e9ras, abrumado de enfermedades, ha obtenido por su confianza lo que tal vez no habr\u00eda podido hacer en su mejor estado de salud con mucho cuidado y trabajo. Sin esta confianza no le habr\u00edan decidido nunca\u00a0 como as\u00ed sucedi\u00f3 a encargarse\u00a0 de la direcci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n; pero despu\u00e9s de todas las resistencias, las l\u00e1grimas y las oraciones que emple\u00f3 para rechazar esta carga, que cre\u00eda que era demasiado pesada, , viendo que \u00e9l ofender\u00eda a Dios si se opon\u00eda a sus designios, espero de alguna manera contra toda esperanza; y nuestro Se\u00f1or que le ha llevado por un camino perfecto, ha dirigido tan bien las fuerzas que le daba para gobernar bien la Congregaci\u00f3n, que \u00e9l le ha dejado siempre, con grandes ocasiones de paciencia, poderosos motivos de confianza.<\/p>\n<p>Las grandes p\u00e9rdidas que la Compa\u00f1\u00eda ha sufrido durante doce a\u00f1os han contribuido tambi\u00e9n a aumentar su confianza. La casa de San L\u00e1zaro se hallaba en apuros, pero \u00e9l no quiso que se recortara nada de los grandes gastos que se han de hacer para sostener las misiones del campo, los ejercicios de los ordenandos, los retiros frecuentes de los externos y todas las dem\u00e1s obras que la Congregaci\u00f3n ha emprendido por la salvaci\u00f3n de las almas. Orden\u00f3 tambi\u00e9n que se continuaran las limosnas ordinarias a los pobres vergonzantes; y como alguno le dijera que hab\u00eda que poner m\u00e1s moderaci\u00f3n: \u00abNo, no, respondi\u00f3 con celo, es preciso o que renunciemos al cristianismo, o que asistamos a los pobres\u00bb. Oh, qu\u00e9 raz\u00f3n ten\u00eda este digno superior al hablar as\u00ed, ya que la piedad cristiana es un tesoro inagotable, y que yendo animada de una santa confianza, en cuanto a recursos no tiene m\u00e1s el fondo que el de la Providencia, que no le falta en sus necesidades. Por eso a\u00f1ad\u00eda estas palabras muy dignas de un disc\u00edpulo fiel de Nuestro Se\u00f1or y de un sucesor del Sr. Vicente, \u00abque Dios, cuya bondad se extiende a hacer bien a los malvados, tendr\u00eda un cuidado particular de esta casa mientras que los misioneros que la habitan aliviaran a los pobres en su miseria, y consumieran sus bienes y su vida\u00a0 por la conversi\u00f3n de los pecadores\u00bb.<\/p>\n<p>Paso de la confianza al amor, el gran amor que el Sr. Alm\u00e9ras ten\u00eda a Dios se vio principalmente en cuatro cosas que no haremos m\u00e1s que tocar en este cap\u00edtulo. La primera es el fervor con el que abrazaba la virtud; la segunda era la pureza de intenci\u00f3n que le llev\u00f3 a buscar a dios en todas las cosas; la tercera, su entrega a conservar el recuerdo de la presencia divina; la cuarta, la conformidad de su voluntad con la voluntad divina.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que el Sr. Alm\u00e9ras\u00a0 hubo seguido el consejo del Evangelio, de dejar a su padre, a su madre, sus bienes y generalmente todas las cosas, para ser disc\u00edpulo de Jesucristo; despu\u00e9s que se hubo despojado de su cargo y revestido de la abyecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or en la Congregaci\u00f3n, como a un viajero a quien se le ha quitado una carga pesada, comenz\u00f3 a caminar a grandes pasos por la v\u00eda de la perfecci\u00f3n, y en esto pronto adelant\u00f3 a todos los dem\u00e1s. Nunca se ha advertido en ning\u00fan otro m\u00e1s urgencia por todos los ejercicios, por lo que m\u00e1s que caminar parec\u00eda volar, nunca se vio m\u00e1s fidelidad en las cosas peque\u00f1as; pues si el que teme a Dios no descuida nada, con mayor raz\u00f3n quien le ama. Es cierto que su exactitud es casi inimitable y que ten\u00eda tanto respeto por todas las reglas y por todas las costumbres de la Congregaci\u00f3n, que no quiso omitir ni \u00abuna iota ni un punto\u00bb en lo cual no se sabe qu\u00e9 admirar m\u00e1s\u00a0 de su amor, que no quer\u00eda descuidar nada, o de su humildad\u00a0 que someti\u00f3 tan f\u00e1cilmente su esp\u00edritu a tantas cosas tan poco estimadas por las gentes del gran mundo del que apenas acababa de salir. Se mantuvo hasta la muerte en esta fidelidad inviolable en sus reglas y en sus pr\u00e1cticas de pobreza, de abyecci\u00f3n, de oraci\u00f3n, de modestia, sin dejar nada m\u00e1s que lo que le prohib\u00edan sus debilidades. No puedo omitir una pena que sufri\u00f3 en los comienzos y que \u00e9l mismo cont\u00f3 un d\u00eda a quien escribe esto: no fue la de domar sus pasiones, porque la victoria que conquist\u00f3 primeramente sobre s\u00ed mismo, al dejar el mundo, le dio una ventaja grande para someterlas pronto al esp\u00edritu; no fue tampoco, como \u00e9l mismo dec\u00eda,\u00a0 superar los escr\u00fapulos que atacan con frecuencia a los principiantes, porque su alma elevada, pose\u00edda desde el principio y como dilatada por el amor de Nuestro Se\u00f1or, no estuvo sometida a estas angustias que proceden de ordinario de la delicadeza de coraz\u00f3n, que no es otra que la del amor. Pero esta pena procedi\u00f3 del amor ferviente que ten\u00eda de Dios. So sabiendo bien a\u00fan la condici\u00f3n en la que el hombre est\u00e1 sometido mientras es peregrino en la tierra, \u00e9l se imaginaba que los efectos seguir\u00edan inmediatamente a sus deseos, y que \u00e9l no cometer\u00eda ya faltas, por las que sent\u00eda horror, aun por las m\u00e1s peque\u00f1as; por eso, las sorpresas de la naturaleza le eran inevitables, como lo han sido a los mayores santos, \u00e9l no pod\u00eda llorarlas lo suficiente ni humillarse bastante; de manera que,\u00a0 en la duda en que se hallaba a veces sobre lo que pod\u00eda ser contrario a la perfecci\u00f3n, no sabiendo qu\u00e9 hacer, porque estaba resuelto a abrazar en todas las cosas lo que hay de m\u00e1s perfecto para el amor de Nuestro Se\u00f1or, sufr\u00eda una pena tan grande que le causaba una especie de martirio.<\/p>\n<p>Hemos llegado sin darnos cuenta a hablar de la pureza de coraz\u00f3n con la que comenz\u00f3 a servir a Dios. Sabiendo pues lo que dice el Ap\u00f3stol, que \u00abla v\u00eda m\u00e1s excelente es la de la caridad\u00bb, \u00e9l se esforzaba por hacer todas sus acciones bajo el imperio y por el movimiento de esta divina virtud, y gustaba de repetir estas escasas palabras , que expresan perfectamente la disposici\u00f3n en que se ha visto siempre a su alma: \u00abTodo por amor\u00bb. Que si \u00abla caridad expulsa el temor\u00bb del coraz\u00f3n donde reina, hay razones para creer\u00a0 que el amor de Nuestro Se\u00f1or ha sido el \u00fanico en poseer el del Sr. Alm\u00e9ras. Era poco sensible a los movimientos\u00a0 de este temor servil del que ya no ten\u00eda casi necesidad, y que le parec\u00eda demasiado imperfecto para servir a un Dios tan digno de ser amado. La pureza de su alma era tan grande que no quer\u00eda ni siquiera amar la virtud con este regreso a s\u00ed mismo, que es permitido y laudable; por ejemplo, para ser virtuoso o para gozar del consuelo de una buena conciencia. \u00abEs preciso, dec\u00eda, desear corregirse y perfeccionarse para no desagradar a Dios, por el amor de \u00e9l solo y no para no desagradarse a s\u00ed mismo \u00ab. Por este principio del puro amor de Dios estaba siempre en su santa presencia sin dejarse apartar por sus debilidades, aunque ellas atraen f\u00e1cilmente todos los pensamientos del esp\u00edritu a las necesidades del cuerpo; practicaba este santo ejercicio menos por la consideraci\u00f3n que por el afecto, ya que , como dice san Agust\u00edn, es el amor el que busca y el que halla, es el amor el que pide y el que recibe, es por fin el amor el que golpea en la puerta y es el amor al que se abre. No obstante su amor\u00a0 no era impetuoso y no se dirig\u00eda a Dios a bruscos impulsos, sino por un dulce asentimiento a su santa voluntad, haciendo siempre todo lo que Dios ped\u00eda de \u00e9l, y uniendo en todas las cosas su voluntad a la voluntad divina, lo que encierra sin duda una muy grande perfecci\u00f3n . Con el fin de no interrumpir una ocupaci\u00f3n tan \u00fatil, debiendo conversar con el pr\u00f3jimo, miraba a dios en \u00e9l y, muy penetrado de la impresi\u00f3n divina, que reside en las almas, dec\u00eda con admiraci\u00f3n: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 grande es Dios y qu\u00e9 grande es servir todo lo que es de \u00e9l!\u00bb En todos los asuntos y hasta en las menores dificultades, recurr\u00eda a Dios y le ped\u00eda sus luces: los que le ve\u00edan todos los d\u00edas pueden ser testigos fieles de ello. Por \u00faltimo, para no perder nunca el recuerdo de la presencia divina, aun en el agobio de sus males, ten\u00eda de ordinario el crucifijo en las manos, contempl\u00e1ndole al mismo tiempo que se le hablaba de asuntos; besaba de vez en cuando las llagas de los pies y de las manos, testimoniando de esta manera, sin pensarlo, la uni\u00f3n que ten\u00eda con Nuestro Se\u00f1or crucificado.<\/p>\n<p>Fue en esta escuela de Jesucristo crucificado y en la cruz misma\u00a0 donde el Sr. Alm\u00e9ras aprendi\u00f3 a no tener voluntad que no estuviera conforme con la de Dios y a sacrificar no s\u00f3lo los deseos de la carne, sino a veces los del esp\u00edritu; no s\u00f3lo aquellos cuya codicia es una fuente fecunda y que tienden\u00a0 hacia la tierra, sino los que produce la gracia y que se dirigen hacia el cielo. Se ha o\u00eddo a veces al Sr, Alm\u00e9ras\u00a0 pedir a Dios la disoluci\u00f3n de su cuerpo y la entera libertad de su alma; era dif\u00edcil, en efecto, que, vi\u00e9ndose en la v\u00edspera de su felicidad, sintiera estos ardores que se han notado en todas las almas que tienen un gran amor; pero en el momento que se le escapaba su expresi\u00f3n, como si hubiera habido en ello alguna imperfecci\u00f3n, se recuperaba y dec\u00eda a Dios: No, no, Se\u00f1or, y si quer\u00e9is que yo sufra todav\u00eda diez a\u00f1os, quince y veinte a\u00f1os, yo lo quiero; por \u00faltimo, quiero sufrir por todo el tiempo que os plazca, y me someto en todo\u00a0 a vuestra adorable voluntad\u00bb.<\/p>\n<p>Este sacrificio que el Sr. Alm\u00e9ras hac\u00eda a Dios de s\u00ed mismo para vivir y para morir, y todos los dem\u00e1s sentimientos de amor y de confianza que ten\u00eda, estaban acompa\u00f1ados de una fidelidad inviolable a estos ejercicios de piedad, en particular a los que estaban se\u00f1alados por las reglas, observando lo que el Ap\u00f3stol recomienda a Timoteo: <em>Exerce temetipsum ad pietatem<\/em><strong>.<\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong>Mientras que Dios le conserv\u00f3 las fuerzas, no pas\u00f3 ni un solo d\u00eda sin celebrar el santo sacrificio de la\u00a0 misa. No se contentaba con llevar a \u00e9l\u00a0 las preparaciones ordinarias y a\u00f1adir las acciones de gracias que la Iglesia ordena, sino que celebraba estos divinos misterios con disposiciones tanto m\u00e1s santas cuanto m\u00e1s conforme le hac\u00edan a Nuestro Se\u00f1or crucificado. Una es que no sub\u00eda al altar m\u00e1s que como Nuestro Se\u00f1or subi\u00f3 al calvario, quiero decir cargado con la pesada cruz de sus debilidades; ellas le reduc\u00edan al estado en que no pod\u00eda hacer\u00a0 esta acci\u00f3n sin grandes dolores, hasta el punto que era necesario que le sostuviesen unas personas\u00a0 por miedo a que se cayera, y que se encontrara a veces tan d\u00e9bil y tan despose\u00eddo de fuerza, que estaba en alg\u00fan peligro de morir en el altar. La otra disposici\u00f3n era puramente interior, pero la conocemos por sus palabras: es que despu\u00e9s de consagrar el cuerpo y la sangre de Nuestro Se\u00f1or, \u00e9l se un\u00eda \u00e9l mismo a esta hostia adorable, renovando la alianza que hab\u00eda hecho con Dios\u00a0 y las promesas por las cuales\u00a0 hab\u00eda muerto al mundo para vivir\u00a0 en Dios solo y servirle en la Congregaci\u00f3n, pudiendo as\u00ed decir con el profeta:\u00a0 <em>\u00abImmolor super sacrificium<\/em>.<\/p>\n<p>La circunstancia del momento en que hac\u00eda esta renovaci\u00f3n de sus promesas es todav\u00eda muy notable; \u00e9l hab\u00eda elegido para ello el Memento en el que el sacerdote pide por los muertos, como protestando a Nuestro Se\u00f1or\u00a0 que estaba muerto totalmente a las criaturas, a fin de vivir de esta vida que est\u00e1 oculta en Dios, con Jesucristo. Adem\u00e1s el m\u00e9rito que ten\u00eda en una pr\u00e1ctica tan santa, sacaba de ella grandes frutos y sobre todo ese amor ardiente que ten\u00eda por su vocaci\u00f3n, y esta voluntad constante de permanecer en \u00e9l hasta la muerte en la obediencia a la voluntad de Dios. Cre\u00eda que si la sangre de las v\u00edctimas hab\u00eda podido afianzar el Antiguo Testamento y que si la sangre del Hijo de Dios ha hecho al Nuevo Testamento eterna <em>Sanguis novi et aeterni Testamenti<\/em>, esta misma sangre de un Dios extendida por nuestros altares deb\u00eda tambi\u00e9n hacer como inmutable el pacto o la alianza que hemos hecho con \u00e9l; sobre todo si esta alianza renovada a menudo en la acci\u00f3n del Sacrificio por las promesas que nos han comprometido felizmente en el servicio de Dios.<\/p>\n<p>Antes del agobio de sus debilidades, ten\u00eda esta santa costumbre, despu\u00e9s de decir la santa misa, servir en otra, aun siendo uno de los principales oficiales de la casa y que el rango que ten\u00eda en ella, unido a sus ocupaciones, pareciera dispensarle de este deber de piedad, al que se dedica por lo general a los m\u00e1s j\u00f3venes y a los principiantes. Quer\u00eda de alguna manera imitar a Nuestro Se\u00f1or que, al instituir la santa Eucarist\u00eda, uni\u00f3 a la gloria de su divino sacerdocio una humildad profunda, y se abaj\u00f3 hasta verter agua en una jofaina y lavar los pies de sus ap\u00f3stoles, para que nosotros sigui\u00e9ramos este ejemplo. Pero cuando el Sr. Alm\u00e9ras se vio obligado por sus necesidades a abstenerse de decir la santa misa, su consuelo fue de o\u00edrla todos los d\u00edas y comulgar en ella, uni\u00e9ndose as\u00ed lo m\u00e1s frecuentemente que pod\u00eda a Nuestro Se\u00f1or en este sacramento, como para estar atado a una misma cruz. Ha expresado en los pocos escritos que tenemos de \u00e9l que miraba el sacrificio de la misa como la felicidad de las almas que aman a dios en la tierra, porque s\u00f3lo por este sacrificio pueden ellas rendir a Dios toda la gloria que desean y que le es debida; por ello fue para \u00e9l siempre un motivo de aflicci\u00f3n cuando se vio privado de este medio de honrar a Dios tan perfectamente en el estado de perfecci\u00f3n en que vivimos. Lo declar\u00f3 alguna vez con palabras que indicaban igualmente su humildad y su resignaci\u00f3n al benepl\u00e1cito de Dios.<\/p>\n<p>No es tan s\u00f3lo de esta manera como hizo ver su devoci\u00f3n hacia el sant\u00edsimo sacramento del altar, \u00e9l a\u00f1ad\u00eda frecuentes visitas\u00a0 que ha continuado por tan largo tiempo como ha podido sostener su cuerpo l\u00e1nguido. Como aquellos hebreos celosos que, cuando la cautividad les imped\u00eda trasladarse al templo de Jerusal\u00e9n, se volv\u00eda hacia este\u00a0 lugar santo para hacer su oraci\u00f3n, de esta forma, hall\u00e1ndose retenido en su habitaci\u00f3n por sus enfermedades, se le encontraba con frecuencia vuelto hacia el altar donde reposa el Santo Sacramento y teniendo su crucifijo en las manos. Se satisfac\u00eda, de alguna manera, con la imagen de Aquel cuya presencia amable no pod\u00eda poseer. Deseaba con ardor que todos los cristianos rindieran a Nuestro Se\u00f1or semejantes deberes; y cuando estaba empleado en la direcci\u00f3n de las Misiones, se opon\u00eda con un gran celo a las irreverencias que se cometen en las iglesias. No pod\u00eda tolerar este abandono en que se ve a veces al Hijo de Dios cuando se le lleva a los enfermos; y \u00e9l hablaba con tal ardor en sus predicaciones, y reprend\u00eda tan eficazmente a sus oyentes por esta falta de devoci\u00f3n que, en los lugares donde de ordinario nadie segu\u00eda al al Sant\u00edsimo Sacramento, se ve\u00edan despu\u00e9s de esto hasta sesenta\u00a0 y aun a cien personas; se ha constatado en particular en la misi\u00f3n\u00a0 que dio en Fontainebleau.<\/p>\n<p>Se pueden referir a esta devoci\u00f3n\u00a0 que ten\u00eda por el Sant\u00edsimo Sacramento las precauciones que tom\u00f3 el Sr. Alm\u00e9ras de regular las ceremonias\u00a0 de la santa misa\u00a0 y de los dem\u00e1s oficios divinos en todas las iglesias de su Congregaci\u00f3n. Sab\u00eda que san Pablo, despu\u00e9s de hablar sobre la santa Eucarist\u00eda y se\u00f1alar las cosas que se han de observar para comulgar, a\u00f1ade estas palabras: <em>Coetera cum venero disponam<\/em><strong>: <\/strong>Por lo dem\u00e1s, yo lo arreglar\u00e9 cuando llegue\u00bb, palabras que san Agust\u00edn explica de las ceremonias, diciendo que cuando el Hijo de Dios instituy\u00f3 la Eucarist\u00eda, no orden\u00f3 a los ap\u00f3stoles el modo como se la honrar\u00eda, sino que les reserv\u00f3 esta autoridad habi\u00e9ndoles destinado al gobierno de la Iglesia; y en ese mismo lugar este gran santo reconoce que esta autoridad de los ap\u00f3stoles y de los concilios es muy \u00fatil a los fieles. Por estas razones el Sr. Alm\u00e9ras no olvid\u00f3 nada para hacer observar estas santas ceremonias instituidas\u00a0 por la Iglesia en virtud del poder que ella ha recibido de su Esposo. Mand\u00f3 componer sobre esta materia un libro en el que se recogen fielmente y se explican con claridad. Despu\u00e9s de mandar celebrar cantidad de conferencias por personas capaces e inteligentes en esta materia, a las que asist\u00eda \u00e9l mismo siempre que pod\u00eda, hizo luego consultar a Roma sobre las dificultades que no se hab\u00edan podido resolver. Despu\u00e9s de\u00a0 hacer ejecutar estas mismas ceremonias para confirmar en la pr\u00e1ctica lo que se hab\u00eda podido omitir, procur\u00f3 una segunda edici\u00f3n de este libro m\u00e1s amplia y m\u00e1s exacta que la primera, para ponerlas en toda la perfecci\u00f3n posible. As\u00ed fue como el Sr. Alm\u00e9ras, que admiraba a Dios\u00a0 en tantos ejercicios interiores\u00a0 que hemos referido, hizo consistir tambi\u00e9n su piedad\u00a0 en el cuidado de las santas ceremonias de la Iglesia, era conformarse a las palabras\u00a0 que el Esp\u00edritu santo ha proferido por la boca de Salom\u00f3n: <em>Virtutis meditator pietatem exercebit et parato sacerdotio, curam sacrorum locorum et coeremoniarum geret<\/em><strong>.\u00a0 &#8211;<\/strong>\u00abEl que busca la virtud debe<strong> <\/strong>entregarse a la piedad; sacerdote, \u00e9l tendr\u00e1 cuidado de los lugares sagrados y de las ceremonias santas\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras ten\u00eda tambi\u00e9n una singular devoci\u00f3n para con la santa Virgen y una gran confianza en su intercesi\u00f3n. De ello ha dejado se\u00f1ales eternas, cuando quiso que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n le hiciera una oblaci\u00f3n irrevocable de s\u00ed misma y que se dedicara por entero a su servicio. Es lo que ella hizo con gran gozo en un acto p\u00fablico que los Misioneros hicieron en todas sus casas el d\u00eda de la Asunci\u00f3n de esta incomparable Madre de Dios; ellos la escogieron por su reina y soberana, proponi\u00e9ndose tributarle por siempre un respeto singular y publicar la gloria de su nombre por toda la tierra, y pidi\u00e9ndole amorosamente que les concediera la gracia de imitar sus virtudes y las de su adorable Hijo, emplearse siempre eficazmente en la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo y en la santificaci\u00f3n del estado eclesi\u00e1stico, por \u00faltimo conservar para siempre el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n. Con este acto, instituido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, para ser renovado cada a\u00f1o, el Sr. Alm\u00e9ras ha dado a la sant\u00edsima Virgen tantos siervos celosos de su honor como s\u00fabditos tendr\u00e1\u00a0 esta Congregaci\u00f3n. El d\u00eda solemne de la Asunci\u00f3n era el m\u00e1s apropiado que pudiera elegir para este acto, porque es justo que los hombres honren a esta gloriosa Madre en la tierra mientras que Dios la corona en el cielo; y por otra parte, siendo este d\u00eda el de su elevaci\u00f3n, ella imita, seg\u00fan dice san Bernardo, las liberalidades que su Hijo ejeci\u00f3 con los hombres el d\u00eda de su Ascensi\u00f3n triunfante, y como \u00e9l ella les concede sus larguezas y colma de sus dones<strong>: <\/strong><em>Dabit et ipsa quoque dona hominibus<\/em>.<\/p>\n<p>Su devoci\u00f3n para con la Virgen no era menos grande en su particular como lo parec\u00eda en p\u00fablico; la amaba y honraba con todo su coraz\u00f3n, y como dice san Bernardo<strong>: <\/strong><em>Totis, medullis cordis, totis praecordiorum<\/em><strong> <\/strong><em>affectibus et votis omnibus<\/em>;\u00a0\u00a0 y por dar alguna se\u00f1al de este respeto, llevaba el rosario a la cintura y le recitaba con frecuencia, incluso durante sus debilidades, en las que le costaba tanto entregar su esp\u00edritu. Invocaba a Mar\u00eda con confianza en todas sus necesidades, y las oraciones que rezaba de ordinario para implorar sus socorro eran estas palabras de la misma Iglesia: <em>Maria mater gratiae<\/em><strong>: &#8211;<\/strong>Mar\u00eda, madre de gracia, madre de misericordia, defi\u00e9ndenos contra nuestros enemigos y rec\u00edbenos en vuestros brazos a la hora de nuestra muerte\u00bb;\u00a0 o estas otras palabras de la misma Iglesia: <em>Memento salutis auctor<\/em> :\u00a0 \u00abAcordaos, oh Jes\u00fas,\u00a0 autor de nuestra salvaci\u00f3n, que naciendo en el mundo os hab\u00e9is revestido de un cuerpo mortal como nosotros\u00bb . Por una de estas plegaria , el Sr. Alm\u00e9ras marcaba la necesidad que ten\u00eda del auxilio<strong> <\/strong>de la sant\u00edsima Virgen, y por la otra la confianza filial que ten\u00eda en su protecci\u00f3n, creyendo que era suficiente hacer recordar a Nuestro Se\u00f1or que era hijo de esta madre para obtener de \u00e9l todo lo que se le pide por su intercesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero en todos los ejercicios de piedad que el Sr. Alm\u00e9ras ha practicado, nada es m\u00e1s digno de admiraci\u00f3n que su perseverancia en la oraci\u00f3n, nunca la ha dejado en sus enfermedades, por muy agotado que se sintiera temiendo que la menor ocupaci\u00f3n fuera capaz de adelantar su muerte. Parece que Dios le hab\u00eda otorgado la gracia de la oraci\u00f3n de recogimiento, seg\u00fan lo explicaba \u00e9l mismo; ya que apenas se hab\u00eda puesto en la presencia de Dios para poder rezar, cuando toda su atenci\u00f3n se volv\u00eda hacia Nuestro Se\u00f1or: disfrutaba de un dulce reposo y practicaba esta meditaci\u00f3n que san Agust\u00edn, despu\u00e9s del profeta David, llama \u00abla meditaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb ; puesto que consiste m\u00e1s en un amor tranquilo de la voluntad unida a Dios que en los razonamientos del esp\u00edritu , que le busca y no le posee nunca en esta vida, la hac\u00eda dos veces al d\u00eda, permaneciendo largo tiempo en la capilla de la enfermer\u00eda en este santo ejercicio; y si, haci\u00e9ndola a veces en la enfermer\u00eda misma, era interrumpido, deten\u00eda la arena\u00a0 que ten\u00eda cerca, para no disminuir nada del tiempo que hab\u00eda destinado a ello. Con la misma fidelidad lo cumpl\u00eda en los ex\u00e1menes particulares y el examen general; y aunque sufriera mucho en todo\u00a0 tiempo, sus sufrimientos no eran capaces de impedirle seguir\u00a0 los reglamentos, hacer casi cada cosa a su hora como con mejor salud. Ha continuado as\u00ed hasta el fin. Poco antes de su muerte, hall\u00e1ndose atado a su lecho como a una dura cruz donde deb\u00eda expirar pronto, se ha observado que guardaba\u00a0 todav\u00eda\u00a0 casi el mismo orden de la jornada, tomando sus horas acostumbradas para callar y recogerse, o para tratar y hablar con los de la casa y con los externos que le visitaban. As\u00ed este siervo fiel ha unido la obediencia al sacrificio. Siguiendo hasta la muerte los ejercicios de piedad que nuestras santas reglas nos prescriben, ha dejado a todos los misioneros y gran ejemplo de no aflojar: mostrando a los enfermos que pueden m\u00e1s de lo que con frecuencia creen, y a los que gozan de salud que ser\u00edan inexcusables\u00a0 si no hicieran en la salud\u00a0 al menos lo que \u00e9l ha hecho tanto tiempo en sus enfermedades continuas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI De su piedad Comprendemos bajo el nombre de piedad, seg\u00fan san Agust\u00edn, todas las virtudes que regulan nuestros deberes para con Dios, como la fe, la confianza y la caridad, y diremos en &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulo-6\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[230,143],"class_list":["post-43231","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-almeras","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulo 6) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulo-6\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulo 6) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo VI De su piedad Comprendemos bajo el nombre de piedad, seg\u00fan san Agust\u00edn, todas las virtudes que regulan nuestros deberes para con Dios, como la fe, la confianza y la caridad, y diremos en ... 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