{"id":43179,"date":"2011-06-20T07:07:17","date_gmt":"2011-06-20T05:07:17","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=43179"},"modified":"2016-07-27T12:15:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:44","slug":"rene-almeras-1613-1672-capitulos-4-y-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/rene-almeras-1613-1672-capitulos-4-y-5\/","title":{"rendered":"Ren\u00e9 Alm\u00e9ras (1613-1672) (Cap\u00edtulos 4 y 5)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV<\/h2>\n<p><strong>De su elecci\u00f3n al cargo de Superior general, y de lo que ha hecho por la perfecci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<dl>\n<dt><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-43008\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Almeras-241x300.jpg?resize=241%2C300\" alt=\"Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.\" width=\"241\" height=\"300\" \/><\/a><\/dt>\n<dd>Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M.<\/dd>\n<\/dl>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte del Sr. Vicente, una vez que se supo que hab\u00eda sido nombrado el Sr. Alm\u00e9ras vicario general de la Congregaci\u00f3n, todos quedaron consolados; y la elecci\u00f3n de su persona, que todos honraban y estimaban particularmente, templ\u00f3 mucho el dolor que todos sintieron por la incomparable p\u00e9rdida de su venerable fundador. Se vio pues obligado en esta calidad a aceptar la direcci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n y a convocar la Asamblea general para la elecci\u00f3n de un segundo Superior general. En esto no tuvo poco trabajo que realizar, ya que como era la primera vez que se deb\u00edan reunir por un asunto tan importante, tuvo que dara los visitadores y a los superiores de las casas todos los avisos necesarios, tanto para las asambleas dom\u00e9sticas como para las de las provincias; lo que hizo con tanto cuidado y previsi\u00f3n, se\u00f1al\u00e1ndoles hasta las menores circunstancias, que todo sucedi\u00f3 con una paz y una tranquilidad maravillosas. Pero cuando este humilde siervo de Dios se vio elegido Superior general desde el primer escrutinio, se sorprendi\u00f3 y afligi\u00f3 tanto que cost\u00f3 mucho consolarle y hacerle consentir en su elecci\u00f3n; los esfuerzos extraordinarios que hizo en esta ocasi\u00f3n para persuadir a los diputados de su incapacidad y de su impotencia para ejercer este pesado cargo, le redujeron a una debilidad tan grande que, no logrando sostenerse, hubo que llevarle a su lecho enseguida.<\/p>\n<p>Esta elecci\u00f3n era, de verdad, bien capaz de sorprender y afligir a un hombre que ten\u00eda tan bajos sentimientos de s\u00ed mismo, y que estaba reducido a una debilidad tal que protest\u00f3 a la Asamblea que hab\u00eda comulgado ese d\u00eda en vi\u00e1tico con el pensamiento de su muerte cercana. Pero Dios, que por una providencia muy particular sobre la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hab\u00eda resuelto prolongar su vida en cerca de doce a\u00f1os, contra toda su apariencia humana, inspir\u00f3 en primer lugar al Sr. Vicente a designarle a la misma Compa\u00f1\u00eda como a aquel a quien cre\u00eda el m\u00e1s digno de este cargo; dispuso luego de tal manera el esp\u00edritu de los diputados en la elecci\u00f3n\u00a0 que, prescindiendo del estado presente de sus fuerzas corporales, de las que se hallaba privado casi por completo privado, le dieron sus sufragios.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 entonces algo digno de notar, y que nos hace ver que esta elecci\u00f3n hab\u00eda sido resuelta en el cielo antes de ser cumplida en la tierra: y es que Dios permiti\u00f3 que uno de los m\u00e1s antiguos superiores de entre los diputados se hallara en una perplejidad e irresoluci\u00f3n extraordinarias cuando se reuni\u00f3 con los dem\u00e1s para realizar la elecci\u00f3n. El motivo de su duda era que, por un lado, el Sr. Vicente ha dejado\u00a0 en sus Constituciones, entre las cualidades del que debe ser elegido Superior general, la salud y buena constituci\u00f3n del cuerpo: ahora bien, \u00e9l ve\u00eda al Sr Alm\u00e9ras desprovisto de ella, y hasta d\u00e9bil, sobre todo de unos meses ac\u00e1, que no hab\u00eda que esperar que pudiera recobrar la salud y las fuerzas suficientes para la direcci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Y por otra parte consideraba, no sin extra\u00f1eza, que este digno Fundador, a pesar del defecto de salud que \u00e9l conoc\u00eda en el Sr. Alm\u00e9ras, le hab\u00eda designado \u00e9l mismo a la Compa\u00f1\u00eda como el m\u00e1s apto para este cargo. \u00abEn estas consideraciones pues, dijo, en su declaraci\u00f3n, y sopesando el pro y el contra lo mejor que pod\u00eda, de repente se me dijo interiormente: Pero vamos a ver, \u00bfes que toda la Iglesia no fue, por elecci\u00f3n del cielo, puesta bajo la direcci\u00f3n del gran San Gregorio, y felizmente incrementada y gobernada, siendo como era un hombre lleno de debilidades corporales?\u00a0 La Compa\u00f1\u00eda es mucho menos que la Iglesia universal. Cuando se trat\u00f3 de escribir mi sufragio, contin\u00faa \u00e9l, pidiendo a Dios de nuevo socorro, levant\u00e9 mi esp\u00edritu al de nuestro muy honorable Padre el Sr. Vicente; y levantando al mismo tiempo los ojos al cielo hasta el fondo del piso, , se me apareci\u00f3 con el sombrero en la cabeza, con su abrigo, rostro grave y seguro, los mismos rasgos y l\u00edneas que ten\u00eda cuando disfrutaba de una salud perfecta, y no tan mayor\u00a0 como se le ve en su cuadro; con un toque blanquecino, proveniente de la luz que brotaba de su propio rostro, pero sin rayo alrededor que yo haya podido ver en aquel contorno, dici\u00e9ndome con una voz distinta e interior: No temas; <strong>in me sit ista maledictio, fili mi<\/strong>. Y al mismo tiempo Dios me hizo entrar\u00a0 por una visi\u00f3n intelectual en el interior del alma de este digno misionero, y se me present\u00f3 en una belleza y perfecci\u00f3n sin par, y de forma que yo viera que el Sr. Alm\u00e9ras ten\u00eda un alma vigorosa, un esp\u00edritu activo y apto para el gobierno, en un cuerpo d\u00e9bil. Por eso di mi voto con tanta seguridad como perplejidad hab\u00eda sentido anteriormente\u00bb.\u00a0 <strong>\u2013Noticias, t. II, p. 142. <\/strong><\/p>\n<p>Esto es lo que este antiguo sacerdote y superior de una de las casas de la Compa\u00f1\u00eda\u00a0 ha referido a este prop\u00f3sito, y de lo que ha dado declaraci\u00f3n fiel escrita y firmada de su mano, hecho seguramente digno de creer, no s\u00f3lo por la calidad de quien lo ha certificado, sino tambi\u00e9n por todas las circunstancias del tiempo, del lugar y del modo como pas\u00f3 todo, como se ver\u00e1 con facilidad si se le presta un rato de reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero aunque Dios no hubiera dado se\u00f1ales\u00a0 de su voluntad en la elecci\u00f3n del Sr. Alm\u00e9ras al oficio de Superior general, las bendiciones abundantes con las que le ha favorecido posteriormente en el ejercicio de este cargo, por el gran n\u00famero de obras buenas que le ha hecho ejecutar para la perfecci\u00f3n y afianzamiento de la Congregaci\u00f3n, y por la excelentes cualidades que se han visto en su direcci\u00f3n ser\u00edan pruebas m\u00e1s que suficientes de esta verdad.<\/p>\n<p>Reflejaremos aqu\u00ed algunos hechos tal como han sido redactados por los que los han conocido en particular. Pero antes de entrar en este detalle, es conveniente considerar los principios y fundamentos de la direcci\u00f3n de este digno superior. Podemos conocerlos por los sentimientos que ten\u00eda de la superioridad. As\u00ed es como escrib\u00eda a una de sus hermanas, muy digna religiosa de la Visitaci\u00f3n, en su caridad fraterna, que acababa de ser elegida al oficio de superiora de su comunidad: \u00abHe sabido estos d\u00edas pasados que os han elegido superiora. Me felicito por vuestra comunidad, tanto porque ella misma se alegra como porque vuestra direcci\u00f3n le ser\u00e1, Dios mediante, muy \u00fatil, como lo ha sido las otras veces que hab\u00e9is tenido este cargo. Digo que me alegro por vuestra comunidad, pero en cuanto a vos, querida hermana, no puedo deciros lo mismo, por causa del peligro que se encuentra en toda clase de elevaci\u00f3n, seg\u00fan estas palabras de Nuestro Se\u00f1or: \u00abQue el que parece grande y elevado es abominable ante Dios\u00bb;\u00a0 las hab\u00eda le\u00eddo quince d\u00edas antes de enterarme\u00a0 de esta noticia, y me detuve en ello un poco para sacarle el sentido, como tengo costumbre de hacerlo todas las veces que las leo, porque me impresionan. Recuerdo que el d\u00eda de vuestra elecci\u00f3n, encontr\u00e9 en un cap\u00edtulo de la Sabidur\u00eda que le\u00eda estas otras palabras espantosas: \u00abQue los superiores ser\u00e1n juzgados con un juicio muy duro y riguroso\u00bb, y ello porque estando encargados de los dem\u00e1s, deben responder por ellos si no los han llevado a la virtud y a la perfecci\u00f3n que Dios ped\u00eda de ellos seg\u00fan su condici\u00f3n. Tengo pues m\u00e1s motivos de afligirme que de alegrarme por vuestro estado presente, no s\u00f3lo por la razones ya dichas, sino tambi\u00e9n por ser un estado de preocupaciones para vos que deb\u00e9is ser la sirviente de las dem\u00e1s, ya que Nuestro Se\u00f1or ha dicho que no hab\u00eda venido a ser servido sino a servir, y que el que quer\u00eda ser el m\u00e1s grande deb\u00eda ser el m\u00e1s peque\u00f1o. En efecto, los superiores son los sirvientes de los dem\u00e1s, si quieren cumplir con sus deberes.\u00a0 Adem\u00e1s, sois mirada de m\u00e1s cerca, y vuestras acciones son m\u00e1s examinadas, est\u00e1is obligada a alumbrar a las dem\u00e1s y a calentarlas con vuestras palabras y ejemplos; y as\u00ed, vi\u00e9ndonos expuesta a los ojos de todos, est\u00e1is en un esfuerzo continuo. Pero tambi\u00e9n, querida hermana, hall\u00e1ndoos en una feliz necesidad\u00a0 de velar m\u00e1s sobre vos misma tanto como sobre las dem\u00e1s que os est\u00e1n encomendadas tendr\u00e9is m\u00e1s a menudo recurso a Dios y m\u00e1s uni\u00f3n a Nuestro Se\u00f1or, que ser\u00e1 vuestra fuerza y vuestra virtud. El m\u00e9rito del bien que vuestras hijas tengan os ser\u00e1 atribuido a vos, y no tendr\u00e9is la tristeza de ir al cielo sola, sino la felicidad de conducirlas a todas con vos. La experiencia del pasado me hace esperar la misma bendici\u00f3n del cielo sobre vuestra persona y sobre vuestros empleos. Con este objeto unir\u00e9 gustoso mis oraciones a las vuestras. Os suplico tambi\u00e9n que me encomend\u00e9is a nuestro buen Dios en quien soy, etc.\u00bb<\/p>\n<p>El Sr. Alm\u00e9ras sinti\u00e9ndose pues iluminada por estas luces de la fe y penetrado por estas terribles verdades, no miraba\u00a0 de su oficio de Superior general m\u00e1s que las grandes obligaciones\u00a0 que van unidas y la cuenta exacta que deb\u00eda dar a Dios por toda su direcci\u00f3n, es lo que le ten\u00eda en una continua atenci\u00f3n y vigilancia a todos sus deberes de su cargo. Que cumpl\u00eda con la misma fidelidad y la misma constancia en las ocasiones dif\u00edciles y molestas como en las f\u00e1ciles y agradables.<\/p>\n<p>Lo principal que se propuso en su papel de gu\u00eda fue conservar, con la ayuda de Dios, en la Congregaci\u00f3n el mismo esp\u00edritu que Dios le hab\u00eda dado por su venerable fundador, el Sr. Vicente y mantenerla a este efecto en la santa observancia de las reglas y de las pr\u00e1cticas que \u00e9l hab\u00eda establecido. Ha mostrado con su gran firmeza en rehusar a las personas externas de la m\u00e1s alta calidad todo lo que hubiera podido\u00a0 alg\u00fan perjuicio a la perfecci\u00f3n del instituto. En este sentido tambi\u00e9n, fue inflexible a las peticiones apremiantes que muchas personas de condici\u00f3n y de piedad que deseaban establecer su morada en la casa de San L\u00e1zaro o en algunas otras casas de la Compa\u00f1\u00eda, en lo cual no ten\u00eda preferencias\u00a0 ni a las ofertas considerables que se hac\u00edan\u00a0 a favor de las mismas casas, ni al da\u00f1o temporal que esta negaci\u00f3n pod\u00eda atraerles. Ha negado tambi\u00e9n, por el mismo principio,\u00a0 a muchos monasterios de religiosas los socorros y los servicios espirituales, por no estar conformes al Instituto de los Misioneros. En semejantes casos, preve\u00eda hasta las menores consecuencias que habr\u00edan podido ser\u00a0 perjudiciales al buen orden de su Compa\u00f1\u00eda; es lo que entre otros uno de sus sacerdotes experiment\u00f3, no sin sorpresa, en la ocasi\u00f3n siguiente. Habiendo sido enviado a otra provincia por este sabio superior, para tratar con un obispo de la condiciones de una fundaci\u00f3n de los misioneros que deseaba hacer en su di\u00f3cesis, dej\u00f3 pasa una\u00a0 que iba indirectamente contra el uso de la Misi\u00f3n; y como no le parec\u00eda tan importante, hizo esperar a este prelado hasta que volviera a Par\u00eds y obtuviera\u00a0 el consentimiento del Sr. Alm\u00e9ras. Pero se vio sorprendido cuando, al hacerle la propuesta, le encontr\u00f3 inflexible en la opini\u00f3n contra la suya, y m\u00e1s a\u00fan cuando le oblig\u00f3 a regresar a la provincia donde estaba este obispo para anunciarle que estaban dispuestos a renunciar antes a la fundaci\u00f3n propuesta que aceptarla con una cl\u00e1usula que podr\u00eda perturbar el buen nombre de la congregaci\u00f3n en aquel lugar; lo que aprobado por el prelado, \u00e9l suprimi\u00f3 esta condici\u00f3n y llev\u00f3 a cabo la fundaci\u00f3n que ha rendido y rinde todav\u00eda, por la gracia de Dios, servicios muy \u00fatiles a la di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>No se content\u00f3 con alejar as\u00ed de la Congregaci\u00f3n todas las ocasiones exteriores de relajaci\u00f3n, se dedic\u00f3 tambi\u00e9n con un cuidado particular\u00a0 suprimir las que podr\u00edan nacer\u00a0 por debilidad de la naturaleza\u00a0 y por la inclinaci\u00f3n que tiene de por s\u00ed al desorden. Por ello ha hecho la costumbre de las visitas\u00a0 de las casas m\u00e1s frecuente a\u00fan y con m\u00e1s orden del usado de lo que hab\u00eda sido hasta entonces. As\u00ed dec\u00eda que por el medio de las visitas las casas se recuperan de sus defectos y desempe\u00f1an con m\u00e1s exactitud sus obligaciones, lo mismo que por los retiros espirituales cada particular pone remedio\u00a0 a sus propias faltas y toma m\u00e1s fuerzas para avanzar en el camino de la virtud. A\u00f1ad\u00eda que mientras estos dos medios se observaran en la Congregaci\u00f3n se la ver\u00eda prosperar.<\/p>\n<p>Ha dado a su Congregaci\u00f3n otros dos medios muy propios para despertar en ella el fervor del esp\u00edritu primitivo de su instituci\u00f3n. El primero es la historia de la vida y de las santas obras de su venerable fundador, cuyas memorias ha hecho redactar con gran cuidado, para que el esp\u00edritu, las m\u00e1ximas y las virtudes de este digno padre de los Misioneros fuesen sencillamente representadas en el libro de su vida, como en efecto han sido fielmente expresadas\u00a0 por un prelado muy ilustre y muy\u00a0 virtuoso, Abelly, obispo de Rodez; de manera que se puede decir con verdad que esta obra no propone solamente a los lectores un modelo cumplido de las virtudes propias de los misioneros, sino que inspira tambi\u00e9n por la unci\u00f3n interior del esp\u00edritu de dios los sentimientos y afectos de que este venerable fundador estaba santamente animado.<\/p>\n<p>El otro medio del que se sirvi\u00f3 \u00fatilmente para el plan ha sido la costumbre de las cartas y memorias circulares que ha enviado de vez en cuando a las casas de la Congregaci\u00f3n, para renovar en ellas la exacta observancia de ciertas reglas y pr\u00e1cticas que tienen que ver con\u00a0 la perfecci\u00f3n del Instituto o el ejercicio de sus funciones, cuando preve\u00eda o tem\u00eda la decadencia. Entre estas memorias,\u00a0 hay una particularmente excelente, que ha elaborado\u00a0 seg\u00fan los deseos y los sentimientos de la \u00faltima Asamblea general. Contiene doce medios principales para conservar siempre en su vigor el esp\u00edritu primitivo de la Congregaci\u00f3n, para que todos, teni\u00e9ndolos a menudo a la vista, se puedan servir de ellos en las ocasiones como de remedios muy eficaces contra la relajaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como la perfecci\u00f3n de las casas as\u00ed como de los particulares que las componen dependen en particular de la buena direcci\u00f3n de los superiores\u00a0 y oficiales, se entreg\u00f3 con gran cuidado a repasar la reglas de todos los oficios principales con las Constituciones generales de la Congregaci\u00f3n. Habiendo mandado redactar estas reglasen el buen orden en que est\u00e1n ahora, las ha hecho adoptar y confirmar por la Asamblea general que convoc\u00f3 para este efecto, y luego ha obtenido de la Santa Sede todo lo que era necesario para el fortalecimiento y la entera perfecci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n. De suerte que, como \u00e9l mismo se lo escribi\u00f3 a las casas de la Compa\u00f1\u00eda, no queda nada por hacer para el cumplimiento del Instituto de los Misioneros, y ellos no tienen nada que temer, ni de dentro ni de fuera, con tal que sean fieles a la pr\u00e1ctica de sus reglas y al ejercicio de sus funciones.<\/p>\n<p>No hablamos aqu\u00ed de muchas fundaciones\u00a0 de la misma Compa\u00f1\u00eda que han sido hechas bajo su direcci\u00f3n desde la muerte del Sr. Vicente, ni de cantidad de otras cosas que ha hecho para la perfecci\u00f3n\u00a0 de todo el cuerpo en general, y de cada miembro en particular, sea para con Dios, por las santas ceremonias de la Iglesia, cuyo Manual muy exacto ha hecho componer, para mantener la decencia y la uniformidad del culto divino en todas sus casas bien para los hombres por el decoro y modestia cristiana y civil, con lo que ha mandado recoger en un op\u00fasculo las principales reglas como un medio muy conveniente a los Misioneros para atraer a los hombres, ejemplos vivos, a la virtud. Omitiremos tambi\u00e9n el gran cuidado que se tom\u00f3 en instruir y en animar a los superiores y a los inferiores de la Compa\u00f1\u00eda, a los que estaban ausentes con un gran n\u00famero de cartas con las que se podr\u00edan formar\u00a0 varios vol\u00famenes, y a\u00a0 los que estaban presentes de viva voz, en todas las ocasiones que se presentaron. Adem\u00e1s, la \u00faltima Asamblea general le hab\u00eda dejado la decisi\u00f3n de varios puntos importantes; \u00e9l dio las soluciones con mucha luz y solidez, y se las comunic\u00f3 luego a todas las casas de la Compa\u00f1\u00eda. As\u00ed que hay motivos para admirar que un hombre que estaba tan d\u00e9bil haya podido hacer y regular tantas cosas, y se puede decir con raz\u00f3n que habiendo as\u00ed, por un auxilio particular de Dios, aumentado el n\u00famero de las fundaciones de la Congregaci\u00f3n, m\u00e1s aun habiendo consolidado y perfeccionado todo el cuerpo, debe ser considerado como el segundo padre fundador.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo V<\/h2>\n<p><strong>Cualidades de su conducta<\/strong><\/p>\n<p>La direcci\u00f3n del Sr. Alm\u00e9ras no s\u00f3lo ha sido notable por el gran n\u00famero de santas obras que ha hecho para consolidar la Compa\u00f1\u00eda en su primer esp\u00edritu y para hacerla llegar a la perfecci\u00f3n de su Instituto, sino tambi\u00e9n por las excelentes cualidades de que iba acompa\u00f1ada, y que le han atra\u00eddo el amor y el respeto de sus inferiores. Se ve\u00eda en \u00e9l en efecto relampaguear una gran sencillez y pureza de intenci\u00f3n que le hac\u00edan \u00fanicamente buscar en todo la gloria de Dios y el cumplimiento de sus sant\u00edsima voluntad; una humilde desconfianza de s\u00ed mismo unida a una perfecta confianza en Dios; una vigilancia,\u00a0 una exactitud y una firmeza, una prudencia, una dulzura y una caridad que nunca quedaron desmentidas. Como haremos luego algunas observaciones particulares sobre la mayor parte de estas virtudes, diremos aqu\u00ed solamente algo en general de su caridad paternal, de su exacta vigilancia y de su prudencia verdaderamente cristiana, que son las tres principales cualidades de un gobierno.<\/p>\n<p>Su bondad y su caridad se han visto singularmente en la acogida afable y graciosa que hac\u00eda a todos sus inferiores hasta los menores hermanos de su casa, y en la paciencia con la que escuchaba a todo el mundo, como si no tuviera otra cosa que hacer, y hubiera gozado de una perfecta salud, aunque siempre estuvo ocupado y con grandes y continuos sufrimientos, \u00e9l mostraba este mismo amor para con sus inferiores en todas las ocasiones con algunas atenciones; conced\u00eda con gusto y de buen grado todo lo que no era contrario a la regla de la casa, y a menudo m\u00e1s de lo que se le ped\u00eda; prove\u00eda sin dilaci\u00f3n a las necesidades de cada uno al conocerlas y las preve\u00eda incluso, recomendando a los obreros celosos la moderaci\u00f3n en el trabajo y el cuidado razonable de su salud, exponiendo humildemente a los prelados, cuando no dejaban descanso a los misioneros que los hombres no est\u00e1n hechos de hierro, que el exceso en el trabajo arruina en poco tiempo, y que los buenos operarios siendo tan pocos en n\u00famero deben ser atendidos, a fin de que puedan continuar sus trabajos en el servicio de Dios. Ordenaba a los superiores que se mostraran liberales para con sus inferiores, y que se cuidaran de que tuvieran honradamente, seg\u00fan la regla, lo que se requer\u00eda para la alimentaci\u00f3n y la ropa, m\u00e1s que menos, a fin, dec\u00eda \u00e9l, de que entre los siervos de Dios no hubiera ning\u00fan motivo de queja o de murmuraci\u00f3n. Y por miedo a que los superiores faltasen en satisfacer por completo su intenci\u00f3n en este punto, recomend\u00f3 en una memoria particular a los Visitadores, que advirtieran nuevamente a todos los superiores\u00a0 de su Provincia que no fueran taca\u00f1os sino que dieran\u00a0 de buena gana a todo el mundo las cosas que necesitaba. Habi\u00e9ndose enterado de que en una casa de la Compa\u00f1\u00eda se hab\u00eda descuidado proveer a las necesidades de los hermanos no d\u00e1ndoles las ropas necesarias, mand\u00f3 al punto al superior que hiciera comprar, sin demora alguna, tela para vestir a todos los que lo necesitaran, y quiso tambi\u00e9n ser informado de la ejecuci\u00f3n de esta orden, como lo exig\u00eda en ocasiones semejantes. A\u00f1adi\u00f3 en la misma memoria otro aviso no menos caritativo e importante que el anterior, para ser comunicado a todos los superiores en todas las casas de la Compa\u00f1\u00eda, a saber: Que se tuviera mucho cuidado de los enfermos, fueran sacerdotes o hermanos, y que si los dem\u00e1s estaban demasiado ocupados en sus oficios para prestarles las asistencias necesarias, se contratara\u00a0 a algunos buenos servidores de fuera, que se quedaran junto a ellos d\u00eda y noche para servirles y asistirlos.<\/p>\n<p>Como sent\u00eda horror por la sequedad y la dureza de coraz\u00f3n en los superiores y dem\u00e1s oficiales que est\u00e1n obligados a mirar por las necesidades de sus hermanos, as\u00ed no pod\u00eda soportar que empleasen para con ellos amenazas, insultos o t\u00e9rminos demasiado terminantes, como hace la gente del mundo de ordinario con sus servidores; y aunque mantuviera\u00a0 cuidadosamente la autoridad de los superiores para con los inferiores y obligara a \u00e9stos a una entera sumisi\u00f3n, en la presencia de Dios a quien los superiores representan, quer\u00eda no obstante que \u00e9stos tratasen a todos su inferiores, incluso a los menores, con amor, como a sus propios hermanos y como a miembros que componen un mismo cuerpo con ellos. Es lo que \u00e9l mismo practicaba muy perfectamente, observando a la letra las palabras de san Pedro (I, 5); es tambi\u00e9n uno de los principales avisos que enviaba a los Visitadores\u00a0 para recomend\u00e1rselo cuidadosamente a todos los superiores y a los asistentes de las casas. Traeremos algunos ejemplos de esta bondad y de esta caridad paternal en uno de los cap\u00edtulos siguientes, donde hablaremos de esta excelente virtud.<\/p>\n<p>Conced\u00eda, como hemos visto, un gran cuidado en proveer a las necesidades del cuerpo de todos sus inferiores, pero se cuidaba sin comparaci\u00f3n mucho m\u00e1s de las de sus almas: lo demostraba en particular\u00a0 en sus correcciones paternales, que proced\u00edan todas de una gran caridad, si atendemos al fin que no era otro, que la perfecci\u00f3n de los que estaban bajo su direcci\u00f3n, o si miramos el modo igualmente dulce con el que sazonaba todos sus avisos. En este esp\u00edritu no dejaba ning\u00fan desorden sin remedio, empleando a este efecto las oraciones, las mortificaciones y otras buenas obras. A\u00f1adiendo luego sus correcciones y exhortaciones a las que de ordinario Dios daba buenos efectos.<\/p>\n<p>Su caridad no s\u00f3lo pon\u00eda remedio a las faltas contra las virtudes cristianas o contra las reglas y las pr\u00e1cticas de su Congregaci\u00f3n, trataba de recortar tambi\u00e9n aquellas en las que se cae por inadvertencia, e incluso los defectos naturales que se pueden evitar mediante una atenci\u00f3n particular sobre s\u00ed mismo. Por eso es que, desde sus grandes debilidades no le permit\u00edan ya celebrar la santa misa, advert\u00eda cuidadosamente a los sacerdotes cuya misa o\u00eda de las faltas m\u00e1s ligeras que les hab\u00eda visto cometer contra las r\u00fabricas; y como las conoc\u00eda bien, hac\u00eda notar, incluso a los m\u00e1s exactos y experimentados fallos de los que no se hab\u00edan dado cuenta. Si ve\u00eda luego que alguno se olvidaba de corregirse, le hac\u00eda repetir para recordarlo mejor. Practicaba tambi\u00e9n con frecuencia la misma caridad con los cl\u00e9rigos que ayudaban a misa ense\u00f1\u00e1ndoles \u00e9l mismo algunas ceremonias que ignoraban. Avisaba tambi\u00e9n de las m\u00e1s peque\u00f1as inmodestias y dem\u00e1s defectos contra el decoro y la honestidad que se debe guardar en p\u00fablico en la vida civil, no teniendo por indignas del cuidado paternal\u00a0 de un Superior general ninguna de estas cosas, pues pod\u00eda contribuir a la perfecci\u00f3n de sus hijos y a la edificaci\u00f3n\u00a0 que deben al pr\u00f3jimo. Pero, aunque su caridad le llevara a menudo a avisar a sus inferiores, lo hac\u00eda sin embargo tan oportunamente y con tanta dulzura y humildad, alegaba razones tan evidentes, que esto los animaba y daba fuerzas en lugar de abatirlos, y aumentaba incluso su confianza en un padre tan bueno, a quien ve\u00edan as\u00ed redoblar\u00a0 sus cuidados para el adelanto espiritual de ellos.<\/p>\n<p>La segunda cualidad que ha brillado de forma particular en su direcci\u00f3n es su vigilancia y la exactitud extraordinaria que observaba en todas las cosas y que exig\u00eda a todos sus inferiores. Se hab\u00eda entregado, desde su entrada en la Congregaci\u00f3n, a todas las reglas y santas pr\u00e1cticas\u00a0 que se observan con una fidelidad y una puntualidad tan grandes,\u00a0 que se hab\u00eda hecho en el como algo natural por la fuerza de la costumbre que hab\u00eda contra\u00eddo. En efecto, se ha advertido que era tan exacto y tan fiel en los trabajos y ejercicios de las misiones como en la vida ordinaria y tranquila de la casa. Desde que fue superior general\u00a0 y ocupado en este cargo en los m\u00e1s importantes asuntos de la Congregaci\u00f3n, no disminuy\u00f3 nada por ello de su vigilancia y de su atenci\u00f3n particular a las menores pr\u00e1cticas de la casa y hasta del seminario;\u00a0 ya que como pose\u00eda perfectamente todos los diversos reglamentos de los oficios dom\u00e9sticos y de los empleos de la Congregaci\u00f3n, se daba cuenta de los menores fallos que se comet\u00edan en ellos, y su celo le llevaba a querer saber la causa para ponerles remedio. Es lo que ha hecho en una infinidad de ocasiones, y eso hasta los \u00faltimos d\u00edas de su vida, como cuando no se llamaba a la hora acostumbrada alg\u00fan ejercicio de la casa,\u00a0 del seminario o de la ordenaci\u00f3n, o que ve\u00eda a alg\u00fan seminarista barrer fuera del tiempo destinado a este oficio, y en cantidad de otras ocasiones parecidas; cuanto m\u00e1s peque\u00f1as son estas circunstancias, m\u00e1s hacen ver su gran exactitud en todo. Practicaba tambi\u00e9n con frecuencia esta vigilancia en los encargos que daba a los suyos, por muy experimentados que fuesen; por ejemplo, si les ordenaba ir a la ciudad para hablar a alguien, les indicaba la hora en que deb\u00edan salir, ni antes ni despu\u00e9s, a fin de no perder la ocasi\u00f3n de encontrar a las personas; les se\u00f1alaba con claridad todo lo que ten\u00edan que decir, desde principio a fin, con las respuestas a las preguntas o r\u00e9plicas que preve\u00eda que les pod\u00edan hacer, y al regreso no dejaba de haberles dar cuenta de todo lo que hab\u00edan dicho; y si hab\u00edan\u00a0 olvidado algo\u00a0 de lo que les hab\u00eda mandado, les recomendaba ser en otra ocasi\u00f3n m\u00e1s exactos en cumplir recados semejantes. Mostraba la misma exactitud\u00a0 con respecto al que empleaba en escribir las cartas; pues, aunque tuviera una experiencia de m\u00e1s de veinticinco a\u00f1os en este empleo que \u00e9l hab\u00eda ejercido bajo el Sr. Vicente, \u00e9l no le dejaba sin embargo a\u00f1adir una apostilla de dos o tres l\u00edneas sin verla con anterioridad.<\/p>\n<p>Una de las pr\u00e1cticas m\u00e1s excelentes de la exactitud consiste en\u00a0 programar bien y regular bien el tiempo para s\u00ed y para los dem\u00e1s: cosa que el Sr. Almer\u00e1s ha tenido siempre en cuenta. Estaba continuamente ocupado de la ma\u00f1ana a la tarde bien con Dios en oraci\u00f3n, bien en dictar cartas, bien en hablar a los de casa o a los externos, bien en alguna otra funci\u00f3n de su cargo. No obstante organizaba tan bien todas las horas y todos los momentos del d\u00eda en las ocupaciones, que lo cumpl\u00eda todo sin dejarse agobiar ni sobrecargar de varios asuntos a la vez, y sin hacer perder el tiempo a los que deseaban hablarle, porque \u00e9l destinaba a cada cosa el tiempo que era neceario, y hac\u00eda saber a las personas de la casa la hora precisa en la que les deb\u00eda hablar sucesivamente. Cuando iba de su habitaci\u00f3n a otros lugares de la casa donde deb\u00eda detenerse, no dejaba, mientras sus fuerzas se lo permitieron, de ir \u00e9l mismo a decir al portero\u00a0 en qu\u00e9 lugar estar\u00eda, recomend\u00e1ndole al mismo tiempo que avisara a su ayudante, para que no se perdiera tiempo en buscarle; y cuando vio no poder hacerlo ya por s\u00ed mismo, pidi\u00f3 a alguien que lo hiciera por \u00e9l. Ya vemos hasta d\u00f3nde llegaba la exactitud de este digno Superior general; y como estaba convencido de su importancia, la recomendaba a menudo, sobre todo a los oficiales de la casa, y en particular al director del seminario,\u00a0 a causa del gran n\u00famero de personas que tienen con frecuencia asuntos con \u00e9l.<\/p>\n<p>La tercera cualidad de su direcci\u00f3n ha sido una prudencia muy cristiana y del todo fundada en las m\u00e1ximas del Evangelio. Desde el momento de ser nombrado Superior general, entre otras reglas de su direcci\u00f3n tom\u00f3 \u00e9sta, que puso por escrito para recordarla mejor: mirar a la Compa\u00f1\u00eda como cosa perteneciente a Dios, quien la gobierna con su Providencia paternal, y as\u00ed de pedir le provea a todas sus necesidades y de dejarle hacer, abandon\u00e1ndose a \u00e9l como un simple instrumento para seguirle sin jam\u00e1s adelantarse. Es esta gran m\u00e1xima verdaderamente evang\u00e9lica la que ha servido de fundamento a todos sus piadosos designios y a sus santas empresas. Ya que, si se quiere reflexionar sobre las obras importantes que ha hecho para la perfecci\u00f3n y afianzamiento de su Congregaci\u00f3n se ver\u00e1 que muchas se han hecho sin ninguna premeditaci\u00f3n por su parte y solamente por alguna ocasi\u00f3n\u00a0 de la que Dios se serv\u00eda para obligarle a dedicarse a ella. Lo que nos hace ver en esto el cuidado particular de la Providencia divina sobre la direcci\u00f3n de su servidor, es que estas mismas ocasiones eran con frecuencia, seg\u00fan las apariencias humanas, todas contrarias a los buenos efectos que luego resultaban, como lo ha demostrado la experiencia y como \u00e9l mismo lo ha dicho expresamente en algunas de las cartas circulares que ha enviado a las casas de la Compa\u00f1\u00eda, para invitarlas a agradecer a Dios en la oraci\u00f3n. En cuanto a las otras obras que ha emprendido para el bien de la Congregaci\u00f3n sin que se sepa tan claramente la ocasi\u00f3n y las circunstancias, es cierto que no se ha determinado a ello hasta consultar a Dios en la oraci\u00f3n, y\u00a0 seguir los consejos de las personas destinadas a ayudarle con sus consejos. Cuando el asunto era de consecuencia, rogaba a Dios mucho, se lo encomendaba a las oraciones de los dem\u00e1s, y hac\u00eda celebrar varias misas antes de resolverse a emprenderlo. De ah\u00ed ven\u00eda sin duda esa protecci\u00f3n y asistencia de Dios que se puede reconocer f\u00e1cilmente en todas sus empresas; lo que le hac\u00eda decir a veces, con un gran sentimiento de gratitud para con la divina bondad y una humilde desconfianza de s\u00ed mismo: \u00abEs Dios quien dirige la Compa\u00f1\u00eda, y no yo; es \u00e9l quien lo hace todo, y cuando yo dejo de rogarle todo se va\u00bb.<\/p>\n<p>Se puede reconocer tambi\u00e9n su gran prudencia por el justo temperamento de la dulzura y de la firmeza que ha conservado siempre en su direcci\u00f3n, como lo hemos expresado antes al hablar de estas dos excelentes cualidades, de las que depende todo el \u00e9xito de un buen gobierno. El principal medio de que se sirvi\u00f3 para ello, despu\u00e9s de la oraci\u00f3n y de su confianza en Dios, era entregarse con seriedad a ganarse los corazones de sus inferiores para llevarlos luego con mayor facilidad a Dios y a todas las cosas de su deber; ten\u00eda para atraerlos una gracia muy particular, pues sab\u00eda por d\u00f3nde hab\u00eda que acercarse a ellos, y trataba a cada uno seg\u00fan sus disposiciones; daba un giro tan justo a su discurso y a sus cartas que nadie pod\u00eda razonablemente\u00a0 recibirlas en mal sentido. Su acercamiento era tan gracioso y tan encantador que no se pod\u00eda tratar con \u00e9l por poco que fuera sin sentir respeto y amor por su persona; y habr\u00eda que ser de un car\u00e1cter muy arisco para no entregarse a la fuerza de su dulzura y de su caridad. De donde proced\u00eda que habi\u00e9ndose ganado as\u00ed el coraz\u00f3n de sus inferiores, dispon\u00eda de ellos de ordinario como quer\u00eda para el servicio de Dios sin ninguna resistencia. Es lo que \u00e9l declar\u00f3 un d\u00eda a una persona de confianza, dici\u00e9ndole con ocasi\u00f3n de un esp\u00edritu muy dif\u00edcil de manejar: \u00abSi puedo una vez meter la llave en su cerradura, espero, Dios mediante, que lo conseguir\u00e9\u00bb. Y es lo que pas\u00f3 efectivamente, habiendo hecho girar los resortes de este esp\u00edritu tenso a delicado como \u00e9l lo quer\u00eda.<\/p>\n<p>Como sucede a veces que los esp\u00edritus dif\u00edciles y descontentos no se hallan en estado de aprovecharse de los consejos que les dan, este sabio superior prestaba a esto una atenci\u00f3n particular; en ese caso \u00e9l no aplicaba desde un principio el remedio al mal, sino que esperaba por lo general\u00a0 a que Dios hubiera dispuesto los corazones por alg\u00fan sentimiento de humildad. Para hacer entender mejor esta pr\u00e1ctica tan \u00fatil para los que tienen la direcci\u00f3n de los otros, la traeremos aqu\u00ed en los t\u00e9rminos mismos que la propuso un d\u00eda al director del seminario interno de la Congregaci\u00f3n: \u00abCuando alguno, le dijo, viene a presentarme alguna queja o a descargar su coraz\u00f3n por las penas que siente, tengo por m\u00e1xima observar en su rostro o en sus palabras si no descubrir\u00e9 en ello nada de orgullo. Cuando lo descubro, le dejo hablar, y durante ese tiempo, me humillo delante de Dios por \u00e9l, reconociendo que yo no puedo nada. Despu\u00e9s que ha terminado, le digo: \u00abSe\u00f1or, o Hermano, yo no os puedo decir nada ahora, y os ruego que volv\u00e1is a tal hora\u00bb; y le despido as\u00ed varias veces hasta que le vea humillado, con tal que el pr\u00f3ximo no sufra con ello ni pena ni esc\u00e1ndalo, ya que entonces le pongo remedio lo antes que puedo. Mientras tanto, pido a dios no obstante que ilumine su ceguera, y le toque el coraz\u00f3n; ya que, ay, todo lo que podemos hacer y todas nuestras palabras no son capaces de cambiar los corazones si Dios no les da su santa bendici\u00f3n\u00bb. Esto es lo que hac\u00eda este superior iluminado y lo que aconsejaba hacer a los otros en semejantes ocasiones.<\/p>\n<p>Otro efecto particular de su prudencia era prever de lejos todo lo que hab\u00eda que hacer y echar mano pronto de los medios convenientes para cubrir los empleos y las obligaciones de la casa donde resid\u00eda y las necesidades de toda su Congregaci\u00f3n, previniendo as\u00ed prudentemente la multitud y el l\u00edo de los asuntos, y evitando la urgencia y la confusi\u00f3n que causan de ordinario. Algunos meses antes de comenzar el ejercicio de las misiones, se adelantaba en los diversos lugares donde deb\u00eda ir a trabajar en el transcurso del a\u00f1o, y las personas, tanto de su Congregaci\u00f3n como de fuera, que pod\u00edan ser empleados en ellas; lo mismo hac\u00eda para los ejercicios de los ordenandos, cuidando asegurarse mucho antes de las personas externas a quienes\u00a0 se pod\u00eda rogar que tuvieran las charlas, y fijando a aquellos de la Compa\u00f1\u00eda que se encargar\u00edan del mismo empleo. Preparaba tambi\u00e9n casi siempre los comunicados dos o tres d\u00edas antes de la salida de los correos, y preve\u00eda igualmente la ejecuci\u00f3n de las cosas que hab\u00eda resuelto. Con esta sabia direcci\u00f3n conservaba con facilidad la paz y la tranquilidad de su coraz\u00f3n en medio de sus grandes y continuas ocupaciones, y aliviaba maravillosamente a los que trabajaban bajo su mando.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda referir aqu\u00ed otros varios efectos de su prudente direcci\u00f3n; se podr\u00eda hacer ver tambi\u00e9n la estima que varias personas, incluso elevadas\u00a0 altas dignidades eclesi\u00e1sticas, han testificado en las cartas que le han escrito de diversos lugares para recibir sus consejos sobre asuntos importantes para la gloria de Dios. Mas para no exceder los l\u00edmites de un compendio, resumiremos las cualidades de su direcci\u00f3n mencionando la m\u00e1s importante de todas, y la que\u00a0 ha sido principalmente su fuerza y eficacia, a saber el buen ejemplo que ha dado siempre a los suyos. Realizaba as\u00ed la verdadera idea de un perfecto superior, tal y como se la propuso desde un comienzo, y tal como se la ha encontrado escrita de su pu\u00f1o y letra en estos t\u00e9rminos \u00abEl principal oficio de un superior es representar bien a Nuestro Se\u00f1or a sus inferiores, para ense\u00f1arles la virtud con sus ejemplos\u00bb. Veremos en los cap\u00edtulos siguientes c\u00f3mo ha expresado fielmente en s\u00ed mismo por sus actos virtuosos esta excelente idea de un verdadero superior, por una continua imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or; de modo que ha podido decir con verdad a todos sus inferiores lo que el ap\u00f3stol san Pablo dec\u00eda a los primeros cristianos: <strong>imitatores mei estote, sicut et ego Christi<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV De su elecci\u00f3n al cargo de Superior general, y de lo que ha hecho por la perfecci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n. Ren\u00e9 Almer\u00e1s, C.M. 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