{"id":43090,"date":"2014-12-29T07:50:07","date_gmt":"2014-12-29T06:50:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/espiritualidad-vicenciana-pecado\/"},"modified":"2014-12-29T07:50:07","modified_gmt":"2014-12-29T06:50:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-pecado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-pecado\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Pecado"},"content":{"rendered":"<h2>1.- Reconocerse pecador es reconocerse hombre.<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Pecado_capital.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-43091\" title=\"Pecado_capital\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Pecado_capital-262x300.jpg?resize=262%2C300\" alt=\"\" width=\"262\" height=\"300\" \/><\/a>No resulta f\u00e1cil abordar hoy el tema del pecado desde una perspectiva vicenciana. De una parte, el sentido del pecado es tenue en la sociedad ac\u00adtual, aun en el cristiano. Ya indicaba P\u00edo XII: \u00abQui\u00adz\u00e1 el mayor pecado del mundo de hoy consista en el hecho de que los hombres han empezado a perder el sentido del pecado\u00bb. <em>(Radiomensaje al VIII Congreso Catequ\u00e9tico de los EE. UU, <\/em>26 de octubre de 1946). Con el pasar de los a\u00f1os este sentido del pecado se ha hecho m\u00e1s leve e in\u00adsignificante todav\u00eda. La culpa y el pecado no es\u00adt\u00e1n de moda.<\/p>\n<p>De otra parte, San Vicente es un hombre me\u00adtido de cabeza y coraz\u00f3n en el siglo XVII, encar\u00adnado plena y fatalmente, para bien y para mal, en el medio social y cristiano de su tiempo. Ser\u00e1 un hombre excepcional y santo, pero hombre y san\u00adto de su siglo. Su teolog\u00eda sobre el pecado ser\u00e1 la de su \u00e9poca, y su correspondiente pastoral, la de su tiempo. El salto que hay que dar no es pe\u00adque\u00f1o.<\/p>\n<p>Sin embargo, el pecado, a\u00fan aceptando su misterio y complejidad, es una realidad perenne, inseparable del hombre. \u00abReconocerse pecador es reconocerse hombre\u00bb. (M. Adam, <em>Le senti\u00adment du p\u00e9ch\u00e9, Etude de psycologie, <\/em>Centurion, Par\u00eds 1967, 345). Pablo VI dir\u00e1 en la catequesis durante la audiencia general del 17 de marzo de 1971: \u00abLa Iglesia no deja jam\u00e1s de hacer uso de esta terrible palabra, -el pecado-, que afecta, co\u00admo una herencia desgraciada, a la misma natu\u00adraleza humana\u00bb (Ecclesia 31(1971)390).<\/p>\n<p>San Vicente palpar\u00e1 esa realidad del pecado en s\u00ed mismo y a su alrededor, y, aunque comparta ideas y mentalidad con sus contempor\u00e1neos, las mitigar\u00e1, y sus sentimientos se revestir\u00e1n siem\u00adpre de la misericordia de Cristo el Se\u00f1or y del amor a los pobres. La experiencia de esa mise\u00adricordia del Se\u00f1or en su vida y en la de los dem\u00e1s, especialmente en la de los m\u00e1s abandonados, le llevar\u00e1 siempre a una actitud amplia y generosa, y as\u00ed, mitigar\u00e1 la dureza de las opiniones, y en la pr\u00e1ctica pastoral su coraz\u00f3n pleno de la miseri\u00adcordia del Se\u00f1or se impondr\u00e1 a sus ideas, o me\u00adjor, a las ideas de su tiempo. Su obra en favor de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos es una prueba particular y muy significativa en este sentido, cuando con la infancia en general se ten\u00eda una actitud de in\u00adcomprensi\u00f3n, cuando la muerte de los ni\u00f1os, en m\u00faltiples ocasiones relacionada con el pecado, a causa de la alta mortalidad infantil adquir\u00eda tintes de banalidad, cuando a los ni\u00f1os abandonados se les consideraba hijos de pecado y, por lo tan\u00adto, no merecedores de atenci\u00f3n.<\/p>\n<h2>2.- El pecado y el miedo.<\/h2>\n<p>\u00abLa P\u00e9ch\u00e9 et la Peur\u00bb, El Pecado y el Miedo, es el t\u00edtulo de un libro de J. Delumeau, publicado en Par\u00eds en 1984. Tiene por subt\u00edtulo \u00abLa culpa\u00adbilizaci\u00f3n en Occidente: siglos XIII -XVIII\u00bb. En las 741 p\u00e1ginas, densas de menuda letra y pat\u00e9tico contenido, el autor presenta la cara sombr\u00eda del hombre, en esos siglos, que se siente malvado, abyecto y despreciable en un mundo que es po\u00addredumbre e iniquidad al que hay que odiar, al que hay que aborrecer, del que hay que huir. En los sermones que en el s. XVII predicaban en Fran\u00adcia los misioneros pa\u00fales figura esta sentencia: \u00abEl mundo es una prisi\u00f3n de la que no salimos sino a trav\u00e9s de la muerte\u00bb (Jeanmaire, Sermons de Saint Vincent de Paul, des ses cooperateurs et successeurs immediats pour les Missions des Campagnes, Ph. Baldeveck, editeur, Paris 1859, I, 224). No solamente hay que odiar al mundo, sino que el hombre debe odiarse a s\u00ed mismo. Tanto en la literatura profana como religiosa se hablar\u00e1 del \u00abodio santo a s\u00ed mismo\u00bb, del \u00abdesprecio de uno mismo\u00bb. El hombre no solamente es malo, sino que su inteligencia, a pesar de las apariencias, es impotente. Se sospecha de la inteligencia, del sa\u00adber. Surge, en consecuencia, una realidad de am\u00adplia dimensi\u00f3n: un pesimismo dominante. En la ra\u00edz de esa atm\u00f3sfera de pesimismo, de miedo, de inseguridad, como un elemento de extrema importancia, est\u00e1 el pecado en sus diversas ra\u00admificaciones. Hay un texto de Bossuet que, refi\u00adri\u00e9ndose al pecado original, dice: \u00abHijo de Ad\u00e1n, \u00e9se es su crimen. Eso es lo que le ha hecho na\u00adcer en la ignorancia y en la debilidad, eso es lo que ha puesto en su coraz\u00f3n la fuente de toda suerte de malos deseos\u00bb (Bossuet, Elevations sur les Myst\u00e9res: Oeuvres, ed. Rennes, 1863, IX, 54). Y Pascal en el pensamiento 434 dice: \u00abHay dos verdades de fe igualmente constantes: una, que el hombre en el estado de la creaci\u00f3n o en el de la gracia est\u00e1 levantado por encima de to\u00adda la naturaleza, hecho como semejante a Dios y participando de su divinidad; la otra, que en el estado de corrupci\u00f3n y de pecado, es un ser ca\u00ad\u00eddo de este estado y hecho semejante a los ani\u00admales\u00bb (Pascal, Pensamientos, Espasa-Calpe, Ma\u00addrid 1976). \u00abLo que hay de grande en el hombre es un resto de su primera instituci\u00f3n\u2026, pero por su voluntad depravada ha ca\u00eddo en ruinas\u00bb (Bos\u00adsuet, Sermon sur la profession de Mme de la Va-Hiere, Oeuvres completes, ed. Rennes 1863, III, 35). El pecado, la ignorancia y la debilidad moral en el discurso religioso en el s. XVII eran tres re\u00adalidades negativas inseparables (J. Delumeau, Le P\u00e9che o. c. p. 300-301).<\/p>\n<p>San Vicente respira este ambiente intelectual y religioso, vive totalmente inserto en su siglo, que es el del agustinismo por antonomasia, agusti\u00adnismo que consiste, sobre todo, en una actitud de esp\u00edritu o disposici\u00f3n de alma respecto a un n\u00famero de problemas, pero cuyas ideas predo\u00adminantes son: la afirmaci\u00f3n de que el bien su\u00adpremo no es la ciencia sino la \u00abbeatitud\u00bb que es\u00adt\u00e1 en el amor de Dios; la corrupci\u00f3n profunda de la naturaleza humana, contra Pelagio, a causa del pecado original; la inclinaci\u00f3n invencible del hom\u00adbre al pecado y su impotencia para realizar el bien; de donde la necesidad de la gracia, sin la cual no hay salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De todas estas ideas y mentalidad nace una pastoral en la que descuella imponente el miedo a un Dios \u00abcon ojos de lince\u00bb, exigente y casti\u00adgador, infinitamente bueno, sin duda, que, sin embargo, castiga terriblemente por necesidad de justicia. En esta pastoral se mezclaban dos len\u00adguajes: uno de consuelo y otro amenazador (Je\u00adanmaire, o. c., passim).<\/p>\n<p>Lo admirable en San Vicente es que ni esas ideas, ni esa mentalidad encorsetar\u00e1n su sentido de Dios como Padre, ni su coraz\u00f3n compasivo y humano. Ser\u00e1 siempre \u00abun hombre lleno de misericordia\u00bb (XI, 234).<\/p>\n<h2>3.- Antropolog\u00eda vicenciana<\/h2>\n<p>La antropolog\u00eda vicenciana (humanismo), y si se quiere, por lo menos en gran parte, su teolo\u00adg\u00eda, gira alrededor de tres ideas centrales: el hom\u00adbre es criatura de Dios, hecho a su imagen y se\u00admejanza; el pecado del hombre rompe su relaci\u00f3n con Dios y borra en \u00e9l la imagen divina; finalmente, la reconciliaci\u00f3n-salvaci\u00f3n por medio de Jesucristo.<\/p>\n<p>Dios \u00abpara que lo am\u00e1ramos, nos ha hecho a su imagen y semejanza, dado que uno no ama m\u00e1s que lo que es semejante a \u00e9l\u2026 Al ver que, por desgracia el pecado hab\u00eda estropeado y bo\u00adrrado esa semejanza, quiso romper todas las le\u00adyes de la naturaleza para reparar ese da\u00f1o, pero con la ventaja maravillosa de que no se conten\u00adt\u00f3 con devolvernos la semejanza y el car\u00e1cter de su divinidad, sino que quiso, con el mismo pro\u00adyecto de que lo am\u00e1ramos, hacerse semejante a nosotros y revestirse de nuestra misma humani\u00addad\u00bb (XI, 65).<\/p>\n<p>Este pasaje, admirable porque San Vicente lo vive para s\u00ed y para los dem\u00e1s, nos permite pene\u00adtrar en la experiencia profunda que el santo tie\u00adne de Dios, que es amor y todo lo ha creado y sigue creando o conservando en un continuo y actual acto de amor, orden\u00e1ndolo todo a que lo amemos; nos permite penetrar en su experien\u00adcia profunda del pecado que es \u00abdar la espalda a Dios\u00bb, cerrarse a su amor, destruir su semejan\u00adza en nosotros; y finalmente en su experiencia \u00edntima de Cristo el Se\u00f1or que nos salva haci\u00e9n\u00addose uno de nosotros para asumir todas nuestras situaciones y estados y hacerlos santos y adora\u00adbles, destruyendo el pecado y la muerte (IX, 833).<\/p>\n<h3>1. El hombre creado por Dios por amor y para amar<\/h3>\n<p>Por su condici\u00f3n de criatura, el hombre de\u00adpende totalmente de Dios y ello no s\u00f3lo al inicio de su existencia sino en todo momento. Es una dependencia de amor. Dios se preocupa de ca\u00adda persona concreta con amor eterno y continuo, lo que confiere a la persona humana un valor su\u00adpremo y una dignidad divina. Todos los instantes de la vida del hombre, en consecuencia, son don de Dios, renovado acto suyo de amor, pues <em>\u00abnos ama incesantemente de una forma tan tierna co\u00admo si comenzase ahora a amarnos\u00bb, <\/em>escribe San Vicente a Santa Luisa. (I, 430). La existencia del hombre es don de Dios: ser creado significa al mis\u00admo tiempo ser querido por Dios, ser regalado por \u00e9l, ser pensado por su bondad (L. Scheffczyk, <em>El hombre actual ante la imagen b\u00edblica del hombre, <\/em>Herder, Barcelona 1967, 41).<\/p>\n<p>En otro pasaje dir\u00e1 el santo: \u00abDios trabaja ade\u00adm\u00e1s fuera de s\u00ed mismo, en la producci\u00f3n y con\u00adservaci\u00f3n de este gran universo\u2026 que se ver\u00eda destruido y volver\u00eda a la nada si Dios no pusiera en \u00e9l sin cesar su mano. Adem\u00e1s de este traba\u00adjo general, trabaja con cada uno en particular, tra\u00adbaja con el artesano en su taller, con la mujer en su tarea, con la hormiga, con la abeja, para que hagan su recolecci\u00f3n, y esto incesantemente y sin parar jam\u00e1s\u00bb (IX, 444-445).<\/p>\n<p>Y en otro lugar: \u00abEl es el que nos hace mo\u00adver, el que nos hace o\u00edr y el que concurre con no\u00adsotros en todas las acciones naturales y sobre\u00adnaturales que hacemos\u00bb (IX, III9).<\/p>\n<p>De su contemplaci\u00f3n extasiada de Dios Cre\u00adador, descender\u00e1 el santo a conclusiones pr\u00e1cti\u00adcas transidas de tierno amor, de veneraci\u00f3n, y de operosa servicialidad: \u00abDios se complace en un alma, al ver en ella las huellas de sus divinas per\u00adfecciones\u00bb (IX, 1083). \u00abLe debemos todos nues\u00adtros pensamientos, todas nuestras acciones y todo lo que somos\u00bb (IX, 1083). San Vicente con\u00adtinuar\u00e1 diciendo que cuando no nos damos as\u00ed a Dios, y no le damos lo que de \u00e9l hemos recibido, faltamos, hacemos un robo, una apropiaci\u00f3n in\u00addebida.<\/p>\n<p>En la conferencia \u00absobre el amor de Dios\u00bb del 19 de septiembre de 1649, comentando San Vicente lo que ha dicho una Hermana como mo\u00adtivo para amar a Dios, a saber, \u00abporque nos ha creado y nos ha redimido\u00bb, a\u00f1ade: \u00abSe trata de dos poderosos motivos que podemos reducir a uno solo, es decir, que nos ha creado, que su bondad infinita nos ha sacado de la nada para ha\u00adcernos criaturas racionales, capaces de conocer\u00adlo, de amarlo y de poseer eternamente su gloria. \u00a1Qu\u00e9 motivo tan poderoso! Yo amar\u00e9 a Dios, s\u00ed, lo amar\u00e9 y estoy obligada a hacerlo, puesto que soy su criatura y \u00e9l es mi creador y mi redentor\u00bb (IX, 428). Y m\u00e1s adelante contin\u00faa: \u00abUn padre, que tiene un hijo mayor y de buen aspecto, se complace en contemplar la apostura de su hijo desde la ventana que da a la calle, y experimen\u00adta una alegr\u00eda inimaginable. De la misma forma, hijas m\u00edas, Dios os ve, no ya por una ventana, si\u00adno por todas partes donde vais, y observa de qu\u00e9 manera vais a hacer un servicio a sus pobres miembros, y siente un gozo indecible, cuando ve que vais de buena manera y deseando solamen\u00adte hacerle ese servicio. \u00a1Ese es su gran gozo, su alegr\u00eda, sus delicias! \u00a1Que felicidad el poder lle\u00adnar de alegr\u00eda a nuestro Creador!\u00bb (IX, 428-429).<\/p>\n<h3>2. Por el pecado el hombre rechaza el proyecto de Dios<\/h3>\n<p>Lo rechaza porque no acepta parecerse a Dios como criatura y como hijo, ni depender de \u00e9l, o porque aspira a parecerse, pero cerr\u00e1ndose en su ser limitado al mismo tiempo que quiere divini\u00adzarlo. Con ello rompe su relaci\u00f3n con Dios y bo\u00adrra en s\u00ed mismo la imagen divina. \u00abCuando Eva sinti\u00f3 la tentaci\u00f3n de comer la fruta prohibida, si se hubiera dirigido a Dios, seguramente no habr\u00eda pecado, pero en vez de descubrirse a Dios, se fue a Ad\u00e1n, su marido, que inmediatamente apeteci\u00f3 la fruta, y comieron los dos. De all\u00ed ha venido to\u00addo el mal que vemos ha producido el pecado\u00bb (IX, 1006).<\/p>\n<p>Para San Vicente, como para San Pablo, la ig\u00adnorancia de Dios, el olvido de Dios de parte del hombre abre el camino al pecado. \u00abIgnorancia de Dios es lo que algunos tienen, -dice San Pablo-por eso pecan\u00bb. (1Cor 15, 34).<\/p>\n<p>Al proyecto de Dios se opone la voluntad pro\u00adpia, que San Vicente llama, \u00abvoluntad de la car\u00adne\u00bb, \u00abvoluntad de pecado\u00bb: \u00abCuando Ad\u00e1n pec\u00f3, que fue por seguir la voluntad de la carne, perdi\u00f3 la gracia. Dios le hab\u00eda dado una inclinaci\u00f3n hacia su amor, pero por seguir la voluntad de la carne se dej\u00f3 caer en el mal\u00bb. (1X, 1206). \u00abDespu\u00e9s que Dios hubo creado todas las cosas, el cielo, la tie\u00adrra y los animales, form\u00f3 al hombre y sopl\u00f3 so\u00adbre \u00e9l, y con ese soplo le inspir\u00f3 en el cuerpo un alma racional, justa, capaz de gozar eternamente de Dios\u00bb. (1X, 693).<\/p>\n<p>El hombre, para San Vicente, ha sido creado por Dios para una relaci\u00f3n gozosa de amistad con \u00e9l; Dios quer\u00eda ser el t\u00fa del hombre. \u00abPero Ad\u00e1n, contin\u00faa el santo, desobedeci\u00f3 a Dios mordien\u00addo la manzana; de all\u00ed brotaron dos males, pues as\u00ed como el hombre no quiso sujetarse ya a su Creador, tambi\u00e9n el alma perdi\u00f3 su dominio; y no s\u00f3lo Ad\u00e1n experiment\u00f3 esa miseria, sino todos sus hijos con \u00e9l, ya que despu\u00e9s de que \u00e9l pec\u00f3, la voluntad humana no ha sido absoluta: unas veces la parte inferior quiere sus placeres, otras quiere honor y reputaci\u00f3n; y, a veces, la parte superior quiere lo contrario\u00bb (IX, 693).<\/p>\n<p>En otro pasaje se expresa de esta manera: \u00abEstamos compuestos de dos hombres: Ad\u00e1n, que de justo que era se convirti\u00f3 en pecador por su desobediencia y fue despojado de todos los dones de la gracia que Dios le hab\u00eda concedido, y de Jesucristo, que vino a salvar a los que se ha\u00adb\u00edan perdido por su propia voluntad. Lo repito, en nosotros hay dos esp\u00edritus, el del hombre viejo y el del hombre nuevo. El primero quiso hacer su propia voluntad y hacerse independiente del mis\u00admo Dios; por eso le dijo la serpiente: \u00abSer\u00e9is co\u00admo dioses\u00bb; y al obrar de aquel modo nos perdi\u00f3 a todos con \u00e9l. El nuevo Adan, Jesucristo, vino del cielo a la tierra para hacerse obediente y con\u00adtrario en todo al primero. El nuevo busca hacer la voluntad de su Padre, y el viejo la suya propia; el nuevo se somete hasta a sus inferiores, el viejo no quiere someterse a su Creador; en fin, el nue\u00advo no intenta m\u00e1s que quebrantar su propia vo\u00adluntad, como nos lo ense\u00f1\u00f3 en el huerto de los olivos, mientras que el Ad\u00e1n viejo s\u00f3lo ans\u00eda ha\u00adcer su propio gusto\u00bb (IX, 713-714).<\/p>\n<h3>3. Dios rehace su proyecto en Cristo reconci\u00adliando al hombre consigo<\/h3>\n<p><em>\u00abNuestro Se\u00f1or vino a reparar lo que Ad\u00e1n hab\u00eda destruido\u00bb <\/em>(IX, 652). Dios no abandona al hombre. Quiere recuperarlo para el amor y la amistad con \u00e9l, y lo hace por Jesucristo.<\/p>\n<p>\u00abAd\u00e1n hab\u00eda dado muerte al cuerpo y hab\u00eda causado la del alma por el pecado. Nuestro Se\u00ad\u00f1or nos ha librado de esas dos muertes, no ya pa\u00adra que pudi\u00e9ramos vernos libres de morir, lo que nos es imposible, pero nos libra de la muerte eterna por su gracia, y por su resurrecci\u00f3n da la vida a nuestros cuerpos. He aqu\u00ed c\u00f3mo nuestro Se\u00f1or hace lo contrario de lo que hab\u00eda hecho nuestro primer padre\u00bb (IX, 652; 713-714).<\/p>\n<p>San Vicente, que hace teolog\u00eda para vivirla, continuar\u00e1 su discurso a las Hijas de la Caridad con una profunda y hermosa reflexi\u00f3n: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 ten\u00e9is que ira ese sitio?-Ese sitio era un hos\u00adpital de guerra en Sed\u00e1n- Para hacer lo que Nues\u00adtro Se\u00f1or hizo en la tierra. \u00c9l vino a reparar lo que Ad\u00e1n hab\u00eda destruido, y vosotras vais, poco m\u00e1s o menos, con ese mismo designio\u2026 Para imitar\u00adle, vosotras devolver\u00e9is la vida a las almas de esos pobres heridos con la instrucci\u00f3n, con vues\u00adtros buenos ejemplos, con las exhortaciones que les dirigir\u00e9is para ayudarles a bien morir, o a re\u00adcobrar la salud, si Dios quiere devolv\u00e9rsela. En el cuerpo les devolver\u00e9is la salud con vuestros re\u00admedios, cuidados y atenciones. Y as\u00ed har\u00e9is lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra\u00bb (IX, 652).<\/p>\n<p>Quien sigue a Ad\u00e1n en su pecado mata, des\u00adtruye; quien imita a Cristo el Se\u00f1or en su amor vivifica, construye: \u00e9sta es la conclusi\u00f3n de un con\u00adtemplativo en la acci\u00f3n y para la acci\u00f3n como San Vicente. Jesucristo \u00abse hizo hombre para que no\u00adsotros no s\u00f3lo fu\u00e9ramos salvados, sino tambi\u00e9n salvadores como \u00e9l, a saber, cooperadores con \u00e9l en la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb (XI, 415).<\/p>\n<p>Jesucristo, \u00abresplandor de la gloria\u00bb del Padre e \u00abimpronta de su sustancia\u00bb es la verdadera \u00abimagen de Dios invisible\u00bb. En \u00e9l recobra el hom\u00adbre su perdida semejanza con Dios y su filiaci\u00f3n divina. S\u00f3lo por Jesucristo se hace realidad el ver\u00addadero destino del hombre, y s\u00f3lo el pecado ha\u00adce fracasar o entorpece ese destino. \u00abPor los m\u00e9\u00adritos de la sangre del Hijo de Dios\u2026 volvemos a entrar en el derecho de los hijos de Dios, en la posesi\u00f3n de su reino, de manera que \u00e9l nos mi\u00adra con amor y nos trata como a hijos muy ama\u00addos\u00bb (IX, 833).<\/p>\n<p>Por ello, San Vicente insistir\u00e1 en que tene\u00admos que \u00abvaciarnos de nosotros mismos y re-vestirnos de Jesucristo\u00bb (XI, 236 y 410); y en \u00abque hemos de vivir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo\u00bb (1, 320).<\/p>\n<h3>4. Una naturaleza proclive al pecado que hemos heredado de Adan<\/h3>\n<p>Para San Vicente, el hombre, por s\u00ed mismo, es proclive al pecado y ello \u00abprocede de una na\u00adturaleza hecha de ese modo, que hemos heredado de Ad\u00e1n\u00bb (IX, 1020).<\/p>\n<p>Hablando de la humildad a los misioneros, les dice: \u00abDespu\u00e9s de que nos hayamos exami\u00adnado sobre la corrupci\u00f3n de nuestra naturaleza, la ligereza de nuestro entendimiento, el desorden de nuestra voluntad y la impureza de nuestros afectos; y despu\u00e9s de que hayamos pesado con el peso del santuario nuestras obras y nuestros frutos, veremos que todo eso es digno de des\u00adprecio\u2026 \u00bfQu\u00e9 puede esperarse de la debilidad del hombre? La nada, \u00bfqu\u00e9 es lo que puede produ\u00adcir? \u00bfQu\u00e9 puede hacer el pecado? \u00bfY qu\u00e9 es lo que somos nosotros?\u2026 Tengamos por cierto que somos despreciables en todo y siempre, debido a la oposici\u00f3n que llevamos dentro de nosotros mismos contra el ser y la santidad de Dios, y lo muy alejados que estamos de la vida y de las obras de Jesucristo. Y de lo que nos persuade esta virtud es de la inclinaci\u00f3n natural y continua que tenemos al mal, de nuestra impotencia pa\u00adra el bien\u00bb. {XI, 492).<\/p>\n<p>En medio de esta visi\u00f3n pesimista, puro agus\u00adtinismo condensado, en medio de esta descrip\u00adci\u00f3n nada halagadora de la naturaleza humana, surge la benignidad de San Vicente: \u00abNo hay que extra\u00f1arse de que los dem\u00e1s cometan algunas faltas, pues lo mismo que es propio de los car\u00addos y de las zarzas tener espinas, as\u00ed en el es\u00adtado de la naturaleza ca\u00edda lo propio del hombre es faltar, pues ha sido concebido y ha nacido en pecado\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abEl esp\u00edritu del hombre tie\u00adne tambi\u00e9n sus achaques y sus enfermedades como el cuerpo, y en vez de turbarse y desco\u00adrazonarse, lo que tiene que hacer es reconocer su condici\u00f3n miserable y humillarse dici\u00e9ndole a Dios, como David despu\u00e9s de su pecado: Bo\u00adnum mihi quia humiliasti me ut discam justifica\u00adciones tuas: est\u00e1 bien que me hayas humillado, para que as\u00ed aprenda tu justicia. Hemos de so\u00adportarnos a nosotros mismos en nuestras debi\u00adlidades e imperfecciones, aunque trabajando por levantarnos de ellas\u00bb. (XI, 770).<\/p>\n<p>De ah\u00ed la consecuencia que el santo saca: na\u00adda podemos sin la gracia de Dios, a quien hay que atribuir todo lo bueno en nosotros y en nues\u00adtras acciones: \u00abNo podemos nada sin la gracia, y por eso toda la gloria se le debe a \u00c9l, lo mis\u00admo que al maestro que toma y dirige la mano del ni\u00f1o para hacerle escribir\u00bb. (X, 197).<\/p>\n<p>Y a cuatro Hijas de la Caridad enviadas a Metz, les dir\u00e1: \u00abNada pod\u00e9is por vosotras mismas; to\u00addo lo que puede hacer el hombre es pecar; en cuanto al bien, no podemos hacerlo si no nos ayuda la gracia de Dios\u2026 Por tanto, hab\u00e9is de pe\u00addirle a Nuestro Se\u00f1or que os d\u00e9 las disposicio\u00adnes que es preciso teng\u00e1is, y que \u00e9l haga bon\u00addadosamente en vosotras, por vosotras y con vosotras, todo lo que quiere que hag\u00e1is\u00bb (IX, 1095). 5 \u00abBendita libertad la de los hijos de Dios\u00bb (XI, 585)<\/p>\n<p>Dios cre\u00f3 al hombre libre y responsable, que\u00adriendo, al mismo tiempo, que entrara en sus de\u00adsignios de amistad con \u00e9l y de fraternidad con los dem\u00e1s, y que con \u00e9l colaborara en el cultivo de la creaci\u00f3n. Es el proyecto de Dios enraizado en el ser del hombre.<\/p>\n<p>A esta luz hay que leer a San Vicente cuando dice: \u00ab\u00bfHay alguna cosa tan \u00fatil como la libertad? Dice el refr\u00e1n que hay que comprar la libertad a precio de oro y plata, que hay que perderlo todo por poseerla\u2026 \u00bfQui\u00e9n ignora que el que se deja gobernar por sus pasiones se convierte en esclavo de las mismas? El que sirve al pecado, dice la Escritura, es esclavo del pecado; y quien es es\u00adclavo del pecado es esclavo del demonio: Una persona que se queda ah\u00ed, esto es, que no logra hacerse due\u00f1o de sus pasiones, puede y debe cre\u00aderse hija del diablo. Por el contrario, los que se alejan del afecto a los bienes de la tierra, del an\u00adsia de placeres y de su propia voluntad, se con\u00advierten en hijos de Dios y gozan de una perfecta libertad porque la libertad s\u00f3lo se encuentra en el amor de Dios. Esas personas son libres, care\u00adcen de leyes, vuelan libres por doquier, sin poder detenerse, sin ser esclavas del demonio, ni de sus placeres\u00bb (X1, 585).<\/p>\n<p>Algunas expresiones, y hasta ideas, de este pasaje pueden resultar duras para nuestra sensi\u00adbilidad actual; es el lenguaje del tiempo. Pero si, a trav\u00e9s de ese lenguaje, penetramos en el n\u00fa\u00adcleo de la verdad que se quiere expresar, tene\u00admos que admitir que lo expuesto por San Vicen\u00adte responde a una realidad perenne, de nuestra \u00e9poca tambi\u00e9n: la realidad de que el pecado es la causa de nuestras esclavitudes, de las propias y de las que se generan en el mundo para los de\u00adm\u00e1s. De otra parte es un lenguaje que encontra\u00admos en el cap\u00edtulo 8 del Evangelio de San Juan.<\/p>\n<p>San Vicente volver\u00e1 sobre esta idea en otros pasajes: \u00abEl pecador se ve atado por el pecado y se convierte en esclavo del pecado. S\u00ed, el peca\u00addo es un lazo que ata a los que se dejan atrapar y los hace esclavos y miserables\u00bb. (IX, 779). \u00abHer\u00admanos m\u00edos, Dios al enviar su Hijo al mundo para redimirnos, nos ha hecho hijos suyos; el hombre cobarde, que se deja subyugar por las cria\u00adturas, se convierte en esclavo y, al perder esa li\u00adbertad de los hijos de Dios, parece como si dije\u00adse una blasfemia eterna, como si dijese que Dios no es su padre o que es menos digno de amor que la cosa que ama y que ese placer que lo cau\u00adtiva\u00bb (X1, 530). \u00abDe hijos de Dios que \u00e9ramos nos hacemos esclavos del pecado\u00bb (IX, 833).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, para San Vicente, el pecado con\u00adtradice el ser esencial del hombre, su potenciali\u00addad de bondad; contradice su estructura de interdependencia con Dios, con los dem\u00e1s, con todo el universo creado, y lo lleva a la autodestrucci\u00f3n profunda, lo deshumaniza, cerr\u00e1ndolo so\u00adbre s\u00ed mismo en abrumadora soledad, porque el pecado, que es ego\u00edsmo, nos aparta de Dios, que es comuni\u00f3n.<\/p>\n<h3>6. Dimensi\u00f3n eclesial del pecado<\/h3>\n<p>Para San Vicente el hombre es solidario en el bien y en el mal: \u00abTodos los hombres componen un cuerpo m\u00edstico; todos somos miembros unos de otros\u2026 Todos nuestros miembros est\u00e1n tan unidos y trabados que el mal de uno es mal de los otros\u00bb (XI, 560-561).<\/p>\n<p>Partiendo de esta convicci\u00f3n, el santo habla\u00adr\u00e1 con viveza y emoci\u00f3n del buen ejemplo, del es\u00adc\u00e1ndalo y del pecado en su dimensi\u00f3n eclesial y comunitaria: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nta cuenta he darle yo a Dios, por no dar a la Compa\u00f1\u00eda el ejemplo debido! Y lo que digo de m\u00ed, hay que decirlo tambi\u00e9n de los que son primeros en la Compa\u00f1\u00eda; pues no sola\u00admente seremos culpables del mal que hagamos personalmente, sino tambi\u00e9n del mal que come\u00adtan por culpa nuestra los que vengan luego\u00bb (XI, 131). \u00abLo que m\u00e1s desanima a los nuevos es ver que los mayores no les dan buen ejemplo\u00bb (VI1, 150 y 265).<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Cu\u00e1nta fuerza tiene el buen ejemplo y cu\u00e1n\u00adto bien hace! Por el contrario, el que empieza a relajarse, bien sea en la pr\u00e1ctica de las virtudes, bien sea en la observancia de las reglas, \u00a1qu\u00e9 pe\u00adligro hay de que haga mucho mal, si no se apar\u00adta cuanto antes de ese estado!\u2026 Los que se van relajando van bajando de grado en grado y llegan finalmente a caer, al no ser capaces de soste\u00adnerse en pie\u00bb (XI, 271).<\/p>\n<p>A los Superiores les har\u00e1 ver su responsabi\u00adlidad corporativa del mal y pecado que puedan surgir en sus comunidades y en las personas de las mismas: \u00abTodo el bien y todo el mal de la casa depende de la superiora y de las oficiales. Si cumplen bien con su deber, hay motivos pa\u00adra esperar que la Compa\u00f1\u00eda se conserve y vaya aumentando de virtud en virtud; y lo contrario, si va decayendo en lugar de perfeccionarse. Cuan\u00addo los miembros de un cuerpo y la propia cabe\u00adza est\u00e1n enfermos, ese cuerpo no puede ir bien\u00bb (IX, 858 ss). \u00abLas faltas que se cometen en una comunidad se le imputan al Superior si, por no poner remedio a ellas, se las sigue cometiendo\u00bb (XI, 125).<\/p>\n<p>El mismo principio lo aplica a la Iglesia a la que ama profundamente: \u00abTengo mucho miedo de que Dios permita la aniquilaci\u00f3n de la Iglesia en Europa, por culpa de nuestras costumbres co\u00adrrompidas, de tantas y tan diversas opiniones que vemos surgir por todas partes y del escaso pro\u00adgreso que realizan los que se esfuerzan por re\u00admediar estos males\u00bb. (III, 1 65 y 37).<\/p>\n<p>Al P. Pedro de Beaumont, Superior en Riche\u00adlieu, le escribe: \u00abSi entre nosotros reina la deso\u00adbediencia, \u00bfno habremos de temer consecuencias desagradables y perjudiciales para la Iglesia?\u00bb (VII, 146). Y al P. Antonio Fleury, misionero en Saintes: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios por la gracia que le ha concedido de escogerle entre mil para contri\u00adbuir a destruir la ignorancia y el pecado que es\u00adt\u00e1n desolando a la Iglesia!\u00bb(VII, 293).<\/p>\n<p>Esta dimensi\u00f3n eclesial del pecado, que San Vicente vive con angustia y amor, le hace escri\u00adbir a la Priora de las Carmelitas de Troyes, con profunda humildad: \u00abPara que los pecados y mi\u00adserias de esta pobre y ruin Compa\u00f1\u00eda, y espe\u00adcialmente los m\u00edos, no sirvan de obst\u00e1culo a la obra de Nuestro Se\u00f1or, le suplico, mi querida Ma\u00addre, que le pida o que nos quite del mundo, o que nos haga tales que podamos cumplir los servicios que su divina bondad espera de nosotros\u00bb (I, 437).<\/p>\n<h3>7. El pecado del mundo<\/h3>\n<p>Actualmente se habla de \u00abun mundo someti\u00addo a estructuras de pecado\u00bb, de \u00abpecado es\u00adtructural\u00bb.<span id='easy-footnote-1-43090' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-pecado\/#easy-footnote-bottom-1-43090' title='&lt;em&gt;Sollicitudo Rei Socialis n&lt;\/em&gt;\u00ba 36; Jos\u00e9 I. Gonz\u00e1lez Faus, Proyecto Hermano, Sal Terrae, 1987, 248ss; Ignacio Ellacuria, Jon Sobrino, &lt;em&gt;Mysterium Liberationis: Conceptos Fun\u00addamentales de la Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n, &lt;\/em&gt;Editorial Trot\u00adta, Madrid 1990, 98-102.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>San Vicente nunca habl\u00f3 de \u00abpecado estruc\u00adtural\u00bb o de \u00abestructuras de pecado\u00bb. No estaban en uso ni el concepto, ni la expresi\u00f3n, pero hom\u00adbre de ojos bien abiertos para descubrir, de ma\u00adnera especial, la miseria de los pobres, capt\u00f3 las consecuencias de un mundo de pecado. Las des\u00adcribe con pat\u00e9tico realismo al Papa Inocencio X: \u00abLa casa real dividida por las disensiones, las ciu\u00addades y provincias desoladas por las guerras civiles, los pueblos divididos en facciones, las al\u00addeas, las villas, los m\u00e1s peque\u00f1os rincones des\u00adtruidos, arruinados e incendiados, los labradores sin poder recoger lo que sembraron y sin poder sembrar nada para los a\u00f1os siguientes. Los sol\u00addados se entregan impunemente a toda clase de desmanes. Los pueblos, por su parte, no s\u00f3lo se ven expuestos a las rapi\u00f1as y a los actos de ban\u00addolerismo, sino incluso a los asesinatos y a toda clase de torturas. Los habitantes del campo que no han sido matados por la espada tienen que mo\u00adrir de hambre\u2026 Es poca cosa o\u00edr y leer estas co\u00adsas; ser\u00eda menester verlas y comprobarlas con los propios ojos\u00bb (IV, 427).<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n, para San Vicente, es una si\u00adtuaci\u00f3n de pecado, de la que los hombres eran, a la vez, responsables y v\u00edctimas, una situaci\u00f3n de pecado por ser una situaci\u00f3n que Dios no quiere, ni puede querer, sino rechazar, y una situaci\u00f3n en la que se aplasta al hombre, se le humilla, se le hace sufrir, especialmente a los pobres.<\/p>\n<p>El pecado del mundo, de la sociedad, en tiem\u00adpos de San Vicente, como ahora, es una realidad cotidiana, patente a nuestros ojos: rechazo de Dios, vilipendio del hombre, violencias flagrantes o disimuladas, injusticias contra los m\u00e1s d\u00e9biles e indefensos, desprecio de todo valor humano y de la misma vida, ego\u00edsmos feroces y falta de solidaridad de las naciones ricas del Norte para con las pobres del Sur, millones de hombres, espe\u00adcialmente, ni\u00f1os y ancianos, que mueren de hambre. Se quebranta as\u00ed el proyecto divino del amor a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<h3>8. Pecado mortal y pecado venial.- Actitudes pa\u00adra con el pecado<\/h3>\n<p>San Vicente habla del pecado venial y del pecado mortal, sin m\u00e1s, como se hac\u00eda en su en\u00adtorno eclesial. No son de su tiempo los concep\u00adtos de \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb<em>, (Diccionario de Espiritualidad, <\/em>Herder, Barcelona 1987, t. 11l, 7; <em>Dic\u00adcionario Enciclop\u00e9dico de Teolog\u00eda Moral, <\/em>Edi\u00adciones Paulinas, Madrid 1974, 731), ni la triple distinci\u00f3n de pecado venial o leve, pecado grave o mortal, y pecado para la muerte, seg\u00fan la ex\u00adpresi\u00f3n de unos, ni tampoco la de pecado venial, pecado serio o grave, y pecado mortal, como quie\u00adren otros. (Jos\u00e9 Ramos Regidor, <em>El Sacramento de la Penitencia, <\/em>S\u00edgueme, Salamanca 1982, 117).<\/p>\n<p>Como el santo se dirige en los textos que de \u00e9l tenemos a personas, que, sin duda, saben lo que es el pecado, el pecado venial y el mortal, sus reflexiones son de car\u00e1cter asc\u00e9tico exhortativo. As\u00ed: \u00abAnte todo hemos de pensar que todo pe\u00adcado mortal nos separa de Dios y, en esta medi\u00adda, nos quita el amor a nuestra vocaci\u00f3n\u00bb (IX, 420). \u00abQueridas Hermanas, sabed que en el pecado hay dos males: el mal de culpa y el mal de pena. La culpa es la injuria que cometemos contra Dios, d\u00e1ndole la espalda; nos hace indignos de ver nun\u00adca a Dios. La pena nos obliga a sufrir en el pur\u00adgatorio o en este mundo\u00bb (IX, 551). \u00abHay que excitarse mucho para detestar y dolerse del pecado y tener un firme prop\u00f3sito de no come\u00adterlo\u2026 Hay que desprenderse de todo pecado mortal y venial. .\u00bb.-El santo est\u00e1 hablando de las condiciones para ganar el jubileo y da a entender que para ello hay que desprenderse tambi\u00e9n del afecto al pecado venial-. \u00abOtra cosa -contin\u00faa- es caer en los defectos por debilidad o por costum\u00adbre, ya que uno puede cometerlos algunas veces por sorpresa, por pasi\u00f3n, o de otra manera, sin tener afecto alguno\u00bb (IX, 839).<\/p>\n<p>No somos due\u00f1os \u00abde los primeros movi\u00admientos de la naturaleza. Aun cuando fu\u00e9ramos santos como San Pablo, no podr\u00edamos impedir\u00ad lo, ya que son efectos de la naturaleza llena de amor propio, y en los que ni siquiera hay pecado. Pero, si despu\u00e9s de haber pasado esto, el esp\u00ed\u00adritu entra dentro de s\u00ed mismo, entonces es cuan\u00addo peca, si no se reprime y no se decide al bien\u00bb (XI, 231).<\/p>\n<p>El cuidado por vivir en la amistad de Dios, el odio al pecado y huida del mismo, el esfuerzo por corregirse, la confesi\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n mu\u00adtua pidiendo perd\u00f3n a quien se haya ofendido son actitudes que San Vicente recomienda con\u00adtinuamente: \u00abPondr\u00e1n un cuidado especial\u00edsimo en mantenerse siempre en estado de gracia; pa\u00adra ello, detestar\u00e1n y huir\u00e1n del pecado mortal m\u00e1s que del demonio y se guardar\u00e1n incluso de co\u00admeter ning\u00fan pecado venial conscientemen\u00adte\u00bb. (X, 702; X1, 308; 1X, 839. 745. 1022).<\/p>\n<p>San Vicente dar\u00e1 un paso m\u00e1s. El apego o afecto desordenado a \u00abalgo que no es Dios\u00bb, es ya pecado o camino del pecado, es decir, del de\u00adsamor a Dios, de la ruptura con \u00e9l y con los de\u00adm\u00e1s. Por eso hay que purificar el alma y el cora\u00adz\u00f3n de esos apegos. Sobre ello se extender\u00e1 San Vicente con su estilo vivo y concreto en la con\u00adferencia del 6 de junio de 1656 a las Hijas de la Caridad sobre la indiferencia: \u00abNo tendr\u00e1n apego a cosa alguna\u2026 El apego es el afecto desordenado a alguna cosa que no es Dios, pues, propiamen\u00adte hablando, apego quiere decir un afecto conti\u00adnuo de coraz\u00f3n hacia alguna criatura, que hace que le neguemos a Dios el amor que le debemos y que apartemos de \u00e9l lo que le hab\u00edamos prome\u00adtido voluntariamente\u2026 Hay otros apegos que no son pecado mortal, sin embargo ten\u00e9is que huir del apego a esas cosas indiferentes, aunque no sea pecado mortal, si quer\u00e9is llegar a la santi\u00addad\u00bb. (IX, 773. 775. 782).<\/p>\n<p>A San Vicente, que pide siempre huir de to\u00adda sombra de pecado, le aflorar\u00e1, una vez m\u00e1s la inmensa benignidad, comprensi\u00f3n y misericordia de su coraz\u00f3n: \u00abFijaos, es preciso que lo diga por algunas almas escrupulosas: Hay algunas faltas en las que es imposible evitar que caigamos. Los mismos santos, seg\u00fan dice el Esp\u00edritu Santo, ca\u00ad\u00edan siete veces al d\u00eda; eran ciertas distracciones de esp\u00edritu, pensamientos ligeros, incluso en sus plegarias, y otras faltas semejantes\u00bb (IX, 509).<\/p>\n<h3>9. Consecuencias del pecado<\/h3>\n<p>\u00abHay dos penas del pecado: una eterna, que se sufre en el infierno, y otra temporal, relativa a la doble malicia que hay en el pecado; la prime\u00adra que nos hace volver las espaldas a Dios, y la otra que nos hace dar el rostro a las criaturas\u2026 Ahora bien, como todo pecado mortal produce esos dos malos efectos, tiene que haber tam\u00adbi\u00e9n dos castigos. Uno, por haber dejado a Dios. Ese acto de volver la espalda a Dios merece el castigo de no verlo jam\u00e1s, y esa pena se llama condenaci\u00f3n. Esto en cuanto al primer efecto: nos priva del cielo y de la visi\u00f3n bienaventurada de Dios. Y como, al apartar nuestro rostro de Dios, lo volvemos hacia las criaturas, eso nos ha\u00adce dignos de las penas eternas\u00bb (IX, 833-834).<\/p>\n<p>Esto en cuanto al pecado mortal, porque los veniales \u00abnos retrasar\u00e1n la entrada en el cielo y nos obligan a hacer penitencia\u00bb (IX, 835).<\/p>\n<p>Para San Vicente, sin embargo, no es lo rela\u00adtivo a la pena y aun a la salvaci\u00f3n su punto cen\u00adtral de mira, cuando reflexiona sobre el pecado, sino, como ya hemos ido viendo, el punto de re\u00adferencia es siempre Dios, que nos ama, que quie\u00adre vivir en amistad con nosotros y que nosotros le correspondamos. El pecado rompe o enfr\u00eda esa relaci\u00f3n. Esto lo dir\u00e1 en una y otra ocasi\u00f3n, por ejemplo, hablando de la observancia de las re\u00adglas, de la voluntad de Dios: <em>\u00abEl cuarto y \u00falti\u00admo medio es que pens\u00e9is en las preocupaciones que tiene un alma que no observa las reglas. Ella sabe que Dios quiere que las observe; y como no cumple su voluntad, tiene miedo de no ser vista con agrado por Dios. \u00c9sta es la preocupaci\u00f3n de que os hablo, y que sigue siempre al pecado; de modo que no se tiene descanso, no se encuen\u00adtra paz ni sosiego\u00bb; <\/em>se \u00abendurece el coraz\u00f3n\u00bb, se pierde \u00abel gusto que se sent\u00eda al realizar actos de virtud\u00bb, y \u00abel entusiasmo en el servicio de Dios\u00bb; \u00absi miran para arriba, descubren una nube entre ellos y Dios, que les hace decir con pena: \u00abDios sigue siendo mi Dios, pero mi infidelidad me qui\u00adta el placer de gozar de \u00e9l\u00bb; se puede llegar a un estado en el que \u00abse carece de caridad y confianza en Dios\u00bb, de ser \u00abcomo un paral\u00edtico, incapaz de hacer el m\u00e1s peque\u00f1o movimiento\u00bb (IX, 890-891).<\/p>\n<h3>10. \u00bfPecado o pecadores?<\/h3>\n<p>San Vicente, buen conocedor de la Sagrada Es\u00adcritura, sabe muy bien que en la historia de la sal\u00advaci\u00f3n el pecado no existe como una posibilidad abstracta, sino como hechos concretos, como pecados de alguien, que ofenden a Dios, destru\u00adyen al hombre y lo hacen infeliz. De ah\u00ed, por amor a Dios y al hombre pecador, su empe\u00f1o en llevar a los pobres, por Cristo el Se\u00f1or, la liberaci\u00f3n del pecado y de todas su negativas consecuencias.<\/p>\n<p>Este ser\u00e1 uno de los quehaceres que se\u00f1ala a sus Fundaciones: Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Hijas de la Caridad, Cofrad\u00edas de la Caridad.<\/p>\n<p>Establecer\u00e1 para los Misioneros Paules en el cap\u00edtulo primero de las Reglas Comunes: \u00abLa fun\u00adci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos es recorrer, a ejemplo de Cristo mismo y de los ap\u00f3stoles, los pueblos y las aldeas, y repartir en ellos a los humildes el pan de la palabra divina con la predicaci\u00f3n y la cate\u00adquesis; animar a hacer confesiones generales de la vida pasada, y o\u00edrlas; arreglar las disputas y de\u00ad savenencias\u2026\u00bb (X, 464-465). Es decir, el Misio\u00adnero ha de tratar de dejar a los pueblos y aldeas plenamente reconciliados con Dios y entre s\u00ed, ins\u00adtaurando una verdadera koinon\u00eda cristiana o co\u00admuni\u00f3n.<\/p>\n<p>En el primer reglamento de la Caridad de Mu\u00adjeres de Ch\u00e2tillon-les-Dombes, en noviembre-di\u00adciembre de 1917, se\u00f1alar\u00e1 para las Damas de la Caridad: \u00abY como la finalidad de este instituto no consiste solamente en asistir a los pobres en lo corporal, sino tambi\u00e9n en lo espiritual\u2026 les har\u00e1n hacer algunos actos de contrici\u00f3n, que consiste en tener pesar de haber ofendido a Dios por amor a \u00e9l mismo, pidi\u00e9ndole perd\u00f3n y haciendo el fir\u00adme prop\u00f3sito de no volver a ofenderle nunca; y en el caso de que se agravase su enfermedad, procurar\u00e1n que se confiesen lo antes posible\u00bb (X, 579-580).<\/p>\n<p>En el documento de Erecci\u00f3n de la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, firmado por Juan Francisco Pablo de Gondy, arzobispo de Par\u00eds, el 20 de noviembre de 1646, se dice: Las Hijas de la Caridad \u00abpondr\u00e1n especial cuidado en servir bien a los pobres enfermos, trat\u00e1ndolos con com\u00adpasi\u00f3n y cordialidad\u2026, induci\u00e9ndolos a hacer una buena confesi\u00f3n general y, sobre todo, invit\u00e1n\u00addoles a recibir todos los sacramentos\u00bb (X, 702).<\/p>\n<h3>11. \u00abLa masa de perdici\u00f3n\u00bb<\/h3>\n<p>Para los jansenistas, Jesucristo hab\u00eda muer\u00adto s\u00f3lo por los \u00abelegidos\u00bb. Los dem\u00e1s eran par\u00adte de \u00abla masa de perdici\u00f3n\u00bb. San Vicente no pod\u00eda ni o\u00edr hablar de ello. \u00bfD\u00f3nde quedaban sus pobres? \u00bfD\u00f3nde quedaba la infinita bondad y mi\u00adsericordia del Padre y de Cristo el Se\u00f1or? \u00abLe ruego, padre, que acepte lo que le digo: que me parece es de gran importancia que todos los cris\u00adtianos sepan y crean que Dios es tan bueno que todos los cristianos pueden, con la gracia de Je\u00adsucristo, realizar su salvaci\u00f3n, que \u00e9l les da los me\u00addios para ello por Jesucristo y que con esto ma\u00adnifiesta y ensalza mucho su infinita bondad\u00bb (III, 301-302). As\u00ed escribe el 25 de junio de 1648 al P. Juan Dehorgny, atra\u00eddo por las doctrinas de Jansenio.<\/p>\n<h3>12. Dios es misericordia: \u00abla misericordia es el es\u00adp\u00edritu propio de Dios\u00bb (XI, 233-234)<\/h3>\n<p>Dios es amor. Cuando ese amor revierte so\u00adbre el hombre, ese amor se hace misericordia, por\u00adque el hombre es siempre limitado, pobre, ne\u00adcesitado. Pero despu\u00e9s del pecado, el amor de Dios se convirti\u00f3 m\u00e1s propiamente todav\u00eda en mi\u00adsericordia, porque el pecado representa la ver\u00addadera y m\u00e1s profunda miseria del hombre.<\/p>\n<p>San Vicente, m\u00edstico de la misericordia de Dios, dir\u00e1: \u00abUno de los mayores honores y la ma\u00adyor gloria que es usted capaz de darle -a Dios-, es esperar con toda la extensi\u00f3n de su coraz\u00f3n en su bondad, a pesar de esas infidelidades co\u00admetidas en el pasado; porque el trono de su mi\u00adsericordia es la grandeza de las faltas que per\u00addonan\u00bb (XI, 64).<\/p>\n<p>No s\u00f3lo eso, sino que la misericordia de Dios es tan poderosa, y tan amplia su voluntad de sal\u00advaci\u00f3n que \u00abDios se sirve incluso de los pecados para la justificaci\u00f3n de una persona; s\u00ed, los peca\u00addos entran en el orden de nuestra predestina\u00adci\u00f3n, y Dios obtiene de ello que hagamos actos de penitencia, de humildad, s\u00ed, de humildad que es la virtud propia de su Hijo, Nuestro Se\u00f1or Je\u00adsucristo\u00bb (XI 277).<\/p>\n<h3>13. Referencia al Vaticano II<\/h3>\n<p>Con suma complacencia y gozo espiritual hu\u00adbiera le\u00eddo San Vicente el n\u00famero 13 de la Cons\u00adtituci\u00f3n \u00abGaudium et Spes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCreado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci\u00f3n del demonio, en el propio exordio de la historia, abus\u00f3 de su libertad, levant\u00e1ndose contra Dios y pretendiendo alcan\u00adzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no lo glorificaron como a Dios. Os\u00adcurecieron su insensato coraz\u00f3n y prefirieron ser\u00advir a la criatura, no al Creador. Lo que la Revela\u00adci\u00f3n divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su cora\u00adz\u00f3n, comprueba su inclinaci\u00f3n al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden te\u00adner origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinaci\u00f3n a su fin \u00faltimo, y tambi\u00e9n toda su ordenaci\u00f3n tanto por lo que toca a su propia persona como a las relacio\u00adnes con los dem\u00e1s y con el resto de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es esto lo que explica la divisi\u00f3n \u00edntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la co\u00adlectiva, se presenta como lucha, y por cierto dra\u00adm\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las ti\u00adnieblas. M\u00e1s todav\u00eda, el hombre se nota incapaz de dome\u00f1ar con eficacia por s\u00ed solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherro\u00adjado entre cadenas. Pero el Se\u00f1or vino en persona a liberar y vigorizar al hombre, renov\u00e1ndolo inte\u00adriormente y expulsando al pr\u00edncipe de este mun\u00addo (cf. lo 12, 31), que le reten\u00eda en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndo\u00adle lograr su propia plenitud.<\/p>\n<p>A la luz de esta Revelaci\u00f3n, la sublime voca\u00adci\u00f3n y miseria profunda que el hombre experi\u00admenta hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima expli\u00adcaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>M. ADAM, Le sentiment du p\u00e9ch\u00e9. Etude de psy\u00adcologie, Centurion, Paris 1967.- O. BERNASCO\u00adNI, Pecador\/Pecado en Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Paulinas, Madrid 1983.- J. DE\u00adLUMEAU, Le p\u00e9ch\u00e9 et la peur: La culpabilisation en Occident XIII-XVIII si\u00e9cles, Fayard, Paris 1983.- I. ELLACURIA y J. SOBRINO, Mysterium Li\u00adberationis, Conceptos de la Teolog\u00eda de la Li\u00adberaci\u00f3n, 1-II, Trotta, Madrid 1990.- A. F. DIAz NAVA, Pecado, en Diccionario enciclop\u00e9dico de teolog\u00eda moral, Paulinas, Madrid 1974.- J. I. GONZ\u00c1LEZ FAUS, Proyecto de hermano, Sal Te\u00adrrae, Santander 1987.- V. HAAG, Pecado, en Diccionario de la Biblia, Herder, Barcelona 1963.- B. H\u00c1RING, La Ley de Cristo, Herder, Bar\u00adcelona 1968.- B. H\u00c1RING, Shalom, paz. El sa\u00adcramento de la reconciliaci\u00f3n, Herder, Barce\u00adlona 1970.- Abb\u00e9 JEANMAIRE, Sermons de Saint Vincent de Paul et des ses cooperateurs et successeurs immediats pour les missions des campagnes, Ph. Baldeveck Ed., Paris 1859.- L. MEZZADRI, Fra giansenisti e antigiansenisti: Vincent Depaul e la Congregazione della Mis\u00adsione (1624-1737), La Nuova Italia, Firenze 1977.- A. PETEIRO, Pecado y hombre actual, Verbo Divino, Estella (Navarra) 1972.- K. RAH\u00adNER, Verdades olvidadas sobre el sacramento de la penitencia, en Escritos de Teolog\u00eda, 2, Taurus, Madrid 1961, 141-180.- ID., Culpa -responsabilidad- castigo en la visi\u00f3n de la te\u00adolog\u00eda cat\u00f3lica, ibid., 6, 233-255.- ID., A la par justo y pecador, ibid., 6, 256-270.- ID., Iglesia de los pecadores, ibid., 6, 295-313.- J. RAMOS-REGIDOR, El Sacramento de la Penitencia, S\u00edgueme, Salamanca 1982.- J. RATZINGER, Cre\u00adaci\u00f3n y pecado, Eunsa, Pamplona 1992.- P. TI\u00adLLICH, Teolog\u00eda Sistem\u00e1tica, II: La existencia y Cristo, S\u00edgueme, Salamanca 1981.- M. VIDAL, C\u00f3mo hablar del pecado hoy. Hacia una mo\u00adral cr\u00edtica del pecado, PPC, Madrid 1977.- B. ZOMPARELLI, Pecado en Diccionario de Espiri\u00adtualidad, Herder, Barcelona 1987.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.- Reconocerse pecador es reconocerse hombre. No resulta f\u00e1cil abordar hoy el tema del pecado desde una perspectiva vicenciana. 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