{"id":42917,"date":"2016-07-18T08:25:26","date_gmt":"2016-07-18T06:25:26","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/ad-gentes\/"},"modified":"2016-07-18T08:25:26","modified_gmt":"2016-07-18T06:25:26","slug":"ad-gentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/","title":{"rendered":"Ad Gentes"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387583 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/asd-2-300x215.jpg?resize=300%2C215\" alt=\"asd\" width=\"300\" height=\"215\" \/>El Concilio Vaticano II ha dedicado un documento exclusivamente a la misi\u00f3n ad gentes. No pod\u00eda ser de otro modo, ya que como ha explicado el Papa Benedicto XVI respecto a la naturaleza misma de la Iglesia:<\/p>\n<p><i>\u00abLa Iglesia existe para evangelizar. Fieles al mandato del Se\u00f1or Jesucristo, sus disc\u00edpulos fueron por el mundo entero para anunciar la Buena Noticia, fundando por todas partes las comunidades cristianas.\u00bb<\/i><\/p>\n<p><i>\u00abTambi\u00e9n en nuestro tiempo el Esp\u00edritu Santo ha suscitado en la Iglesia un nuevo impulso para anunciar la Buena Noticia, un dinamismo espiritual y pastoral que ha encontrado su expresi\u00f3n m\u00e1s universal y su impulso m\u00e1s autorizado en el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II. Este renovado dinamismo de evangelizaci\u00f3n produce un influjo beneficioso sobre las dos \u00abramas\u00bb especificas que se desarrollan a partir de ella, es decir, por una parte, la missio ad gentes, esto es el anuncio del Evangelio a aquellos que aun no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvaci\u00f3n; y, por otra parte, la nueva evangelizaci\u00f3n, orientada principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-1-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-1-42917' title='Benedicto XVI,Homil\u00eda , 7-10-2012'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>De esta manera, el decreto establece las pautas, normas, deberes y derechos de los cristianos respecto a su actividad misionera.<\/p>\n<p><b>Composici\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Est\u00e1 formada por un proemio, seis cap\u00edtulos y su conclusi\u00f3n. En el cap\u00edtulo 1 se describe la acci\u00f3n misionera propiamente dicha, por el testimonio, la predicaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de la comunidad eclesial. Est\u00e1 ricamente fundamentado en la Escritura, y abunda en los textos b\u00edblicos sobre los cuales est\u00e1 basada la actividad misionera<span id='easy-footnote-2-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-2-42917' title='Mateo 10,1-42; 28,18; Marcos 3,13; 16,15-16; Juan 20,21; Hechos 1,4-8; Efesios 6,4-6, etc.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 2 se dedica completamente a la obra misionera de la Iglesia que incluye: el testimonio cristiano, la predicaci\u00f3n del evangelio, la reuni\u00f3n del pueblo de Dios y la formaci\u00f3n de la comunidad cristiana,<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 3 se se\u00f1ala la importancia y el proceso de construir o implantar las Iglesias particulares, las cuales deben representar lo mejor que puedan a la Iglesia universal, y tener siempre presente que han sido enviadas tambi\u00e9n a aquellos que no creen en Cristo y que viven en el mismo territorio, para servirles de orientaci\u00f3n con el testimonio de la vida de cada uno de los fieles y de toda la comunidad.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 4 se trata la vocaci\u00f3n y formaci\u00f3n de los misioneros. Se aborda su espiritualidad junto con su formaci\u00f3n espiritual y moral y de c\u00f3mo debe estar s\u00f3lidamente fundamentada en la Escritura, abarcar la universalidad de la Iglesia y la diversidad de los pueblos.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 5 se dan normas para una coordinaci\u00f3n de la actividad misionera de manera que se puedan conseguir los fines y los efectos propuestos, y tengan todos los misioneros <i>\u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-3-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-3-42917' title='Ad Gentes, 30'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 6 se insta a la cooperaci\u00f3n por parte de todas las vocaciones e instituciones eclesiales, as\u00ed como los deberes los obispos, sacerdotes, comunidades cristianas, institutos de perfecci\u00f3n y laicos en general.<\/p>\n<p><b>Contenido<\/b><\/p>\n<p>Entre algunos puntos del decreto que es oportuno analizar en m\u00e1s detalles est\u00e1 el recordarnos que a todos los cristianos sin excepci\u00f3n <i>\u00abincumbe el deber de propagar la fe seg\u00fan su condici\u00f3n\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-4-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-4-42917' title='Ibid., 23'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>, deber que tienen que cumplir primero los obispos, presididos por el Papa, con la oraci\u00f3n y cooperaci\u00f3n de toda la Iglesia, y que es \u00fanico e id\u00e9ntico en todas partes y en todas las condiciones, aunque no se realice del mismo modo seg\u00fan las circunstancias<span id='easy-footnote-5-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-5-42917' title='Ibid. 6'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Nos recuerda tambi\u00e9n la importancia del cumplimiento de este deber, ya que es la Iglesia la que contiene <i>\u00aben s\u00ed la totalidad o la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-6-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-6-42917' title='Ibid.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>. De esta manera, sin dejar de reconocer los elementos verdaderos que pueden encontrarse en otras religiones, desconoce su valor salv\u00edfico en cuanto a tales. Se trataba de una de las cuestiones que m\u00e1s hab\u00edan influido en las crisis de las misiones, y por lo cual el Concilio afirma que ello no disminuye la absoluta necesidad de la Iglesia y de su misi\u00f3n (tanto respecto a los individuos como respecto a las religiones). Todo cristiano debe tener claro que Iglesia no es superflua sino radicalmente necesaria.<\/p>\n<p>Todo esto lo hace por medio de una visi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00edfica y trinitaria tomando el planteamiento de la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, Lumen Gentium, en la que se sit\u00faa a la Iglesia en el coraz\u00f3n del plan salv\u00edfico del plan de Dios, de manera que si toda la Iglesia es misionera, todos los miembros del pueblo de Dios debemos asumir nuestra propia responsabilidad..<\/p>\n<p>El decreto tambi\u00e9n nos recuerda como elemento indispensable y fundamental para la evangelizaci\u00f3n, el testimonio de vida y de c\u00f3mo debe estar presente donde quiera que vivamos, de manera que todos los dem\u00e1s, al observar nuestra conducta y obras, glorifiquen a Dios y perciban, cabalmente, el sentido aut\u00e9ntico de la fe cristiana<span id='easy-footnote-7-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-7-42917' title='Ibid., 11'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>. Como dir\u00eda m\u00e1s adelante el Papa Juan Pablo II: <i>\u00abEl verdadero misionero es el santo\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-8-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-8-42917' title='Juan Pablo II, Redemptoris missio 89'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p><b>Continuidad del Magisterio Conciliar respecto a la Ad Gentes<\/b><\/p>\n<p>Un importante documento en plena continuidad con la declaraci\u00f3n Ad Gentes es la enc\u00edclica Redemptoris missio del Papa Juan Pablo II, en la cual, aunque se reconocen los frutos misioneros del Concilio<span id='easy-footnote-9-42917' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/ad-gentes\/#easy-footnote-bottom-9-42917' title='Ibid., 2'><sup>9<\/sup><\/a><\/span> se advierten tambi\u00e9n obst\u00e1culos que han debilitado el impulso de actividad misionera. En esta memorable enc\u00edclica nos invit\u00f3 a renovar el compromiso misionero, siempre en compa\u00f1\u00eda del Magisterio:<\/p>\n<p><i>\u00bb No obstante, en esta \u00bb nueva primaveras del cristianismo no se puede dejar oculta una tendencia negativa, que este Documento quiere contribuir a superar: la misi\u00f3n espec\u00edfica ad gentes parece que se va parando, no ciertamente en sinton\u00eda con las indicaciones del Concilio y del Magisterio posterior. Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo. En efecto, en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad , as\u00ed como su disminuci\u00f3n es signo de una crisis de fe.<\/i><\/p>\n<p><i>A los veinticinco a\u00f1os de la clausura del Concilio y de la publicaci\u00f3n del Decreto sobre la actividad misionera Ad gentes y a los quince de la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi, del Papa Pablo VI, quiero invitar a la Iglesia a un renovado compromiso misionero, siguiendo al respecto el Magisterio de mis predecesores&#8230; En efecto, la misi\u00f3n renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. \u00a1La fe se fortalece d\u00e1ndola! La nueva evangelizaci\u00f3n de los pueblos cristianos hallar\u00e1 inspiraci\u00f3n y apoyo en el compromiso por la misi\u00f3n universal.\u00bb<\/i><\/p>\n<p>El decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia fue aprobado definitivamente el 7 de diciembre de 1965 con 2394 placet y 5 non placet.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\"><strong>DECRETO \u00abAD GENTES \u00bb<br \/>\nSOBRE LA ACTIVIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA<\/strong><\/p>\n<h2><strong>Proemio<\/strong><\/h2>\n<p><strong>1<\/strong> La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser \u00abel sacramento universal de la salvaci\u00f3n\u00bb, obedeciendo el mandato de su Fundador (Cf. Mc., 16,15), por exigencias \u00edntimas de su misma catolicidad, se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres. Porque los Ap\u00f3stoles mismos, en quienes est\u00e1 fundada la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, \u00abpredicaron la palabra de la verdad y engendraron las Iglesias\u00bb. Obligaci\u00f3n de sus sucesores es dar perpetuidad a esta obra para que \u00abla palabra de Dios sea difundida y glorificada\u00bb (2 Tes., 3,1), y se anuncie y establezca el reino de Dios en toda la tierra. Mas en el presente orden de cosas, del que surge una nueva condici\u00f3n de la humanidad, la Iglesia, sal de la tierra y luz del mundo (Cf. Mt., 5,13-14), se siente llamada con m\u00e1s urgencia a salvar y renovar a toda criatura para que todo se instaure en Cristo y todos los hombres constituyan en El una \u00fanica familia y un solo Pueblo de Dios. Por lo cual este Santo Concilio, mientras da gracias a Dios por las obras realizadas por el generoso esfuerzo de toda la Iglesia, desea delinear los principios de la actividad misional y reunir las fuerzas de todos los fieles para que el Pueblo de Dios, caminando por la estrecha senda de la cruz, difunda por todas partes el reino de Cristo, Se\u00f1or que preside de los siglos (Cf. Eccli., 36,19), y prepara los caminos a su venida.<\/p>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo I: Principios doctrinales<\/strong><\/h2>\n<p><strong>Designio del Padre<\/strong><\/p>\n<p><strong>2<\/strong> La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan el designio de Dios Padre. pero este designio dimana del \u00abamor fontal\u00bb o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, engendra al Hijo, y a trav\u00e9s del Hijo procede el Esp\u00edritu Santo, por su excesiva y misericordiosa benignidad, cre\u00e1ndonos libremente y llam\u00e1ndonos adem\u00e1s sin inter\u00e9s alguno a participar con El en la vida y en la gloria, difundi\u00f3 con liberalidad la bondad divina y no cesa de difundirla, de forma que el que es Creador del universo, se haga por fin \u00abtodo en todas las cosas\u00bb (1 Cor., 15,28), procurando a un tiempo su gloria y nuestra felicidad. Pero plugo a Dios llamar a los hombres a la participaci\u00f3n de su vida no s\u00f3lo en particular, excluido cualquier g\u00e9nero de conexi\u00f3n mutua, sino constituirlos en pueblo, en el que sus hijos que estaban dispersos se congreguen en unidad (Cf.Jn., 11,52).<\/p>\n<p><strong>Misi\u00f3n del Hijo<\/strong><\/p>\n<p><strong>3<\/strong> Este designio universal de Dios en pro de la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano no se realiza solamente de un modo secreto en la mente de los hombres, o por los esfuerzos, incluso de tipo religioso, con los que los hombres buscan de muchas maneras a Dios, para ver si a tientas le pueden encontrar; aunque no est\u00e1 lejos de cada uno de nosotros (Cf. Act., 17,27), porque estos esfuerzos necesitan ser iluminados y sanados, aunque, por benigna determinaci\u00f3n del Dios providente, pueden tenerse alguna vez como pedagog\u00eda hacia el Dios verdadero o como preparaci\u00f3n evang\u00e9lica. Dios, para establecer la paz o comuni\u00f3n con El y armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, pecadores, decret\u00f3 entrar en la historia de la humanidad de un modo nuevo y definitivo enviando a su Hijo en nuestra carne para arrancar por su medio a los hombres del poder de las tinieblas y de Satan\u00e1s (Cf. Col., 1,13; Act., 10,38), y en El reconciliar consigo al mundo (Cf. 2 Cor., 5,19). A El, por quien hizo el mundo, lo constituy\u00f3 heredero de todo a fin de instaurarlo todo en El (Cf. Ef., 1,10). Cristo Jes\u00fas fue enviado al mundo como verdadero mediador entre Dios y los hombres. Por ser Dios habita en El corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Cf. Col., 2,9); seg\u00fan la naturaleza humana, nuevo Ad\u00e1n, lleno de gracia y de verdad (Cf. Jn., 1,14), es constituido cabeza de la humanidad renovada. As\u00ed, pues, el Hijo de Dios sigui\u00f3 los caminos de la Encarnaci\u00f3n verdadera para hacer a los hombres part\u00edcipes de la naturaleza divina; se hizo pobre por nosotros, siendo rico, para que nosotros fu\u00e9semos ricos por su pobreza (2 Cor., 8,9). El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redenci\u00f3n de muchos, es decir, de todos (Cf. Mc., 10,45). Los Santos Padres proclaman constantemente que no est\u00e1 sanado lo que no ha sido asumido por Cristo. Pero tom\u00f3 la naturaleza humana \u00edntegra, cual se encuentra en nosotros miserables y pobres, a excepci\u00f3n del pecado (Cf. Heb., 4,15); 9,28). De s\u00ed mismo afirm\u00f3 Cristo, a quien el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo (Cf. Jn., 10,36) \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ungi\u00f3, y me envi\u00f3 a evangelizar a los pobres, a sanar a los contritos de coraz\u00f3n, a predicar a los cautivos la libertad y a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista\u00bb (Lc., 4,18), y de nuevo \u00abEl Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido\u00bb (Lc., 19,10). Mas lo que el Se\u00f1or ha predicado una vez o lo que en El se ha obrado para la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano hay que proclamarlo y difundirlo hasta los confines de la tierra (Cf. Act., 1,8), comenzando por Jerusal\u00e9n (Cf. Lc., 24,47), de suerte que lo que ha efectuado una vez para la salvaci\u00f3n de todos consiga su efecto en la sucesi\u00f3n de los tiempos.<\/p>\n<p><strong>Misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo<\/strong><\/p>\n<p><strong>4<\/strong> Y para conseguir esto envi\u00f3 Cristo al Esp\u00edritu Santo de parte del Padre, para que realizara interiormente su obra salv\u00edfica e impulsara a la Iglesia hacia su propia dilataci\u00f3n. Sin duda, el Esp\u00edritu Santo obraba ya en el mundo antes de la glorificaci\u00f3n de Cristo. Sin embargo, descendi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, para permanecer con ellos eternamente (Cf. Jn., 14,16), la Iglesia se manifest\u00f3 p\u00fablicamente delante de la multitud, empez\u00f3 la difusi\u00f3n del Evangelio entre las gentes por la predicaci\u00f3n, y por fin qued\u00f3 prefigurada la uni\u00f3n de los pueblos en la catolicidad de la fe por la Iglesia de la Nueva Alianza, que en todas las lenguas se expresa, las entiende y abraza en la caridad y supera de esta forma la dispersi\u00f3n de Babel. Fue en Pentecost\u00e9s cuando empezaron \u00ablos hechos de los Ap\u00f3stoles\u00bb, como hab\u00eda sido concebido Cristo al venir al Esp\u00edritu Santo sobre la Virgen Mar\u00eda, y Cristo hab\u00eda sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Esp\u00edritu Santo sobre El mientras oraba. Mas el mismo Se\u00f1or Jes\u00fas, antes de entregar libremente su vida por el mundo, orden\u00f3 de tal suerte el ministerio apost\u00f3lico y prometi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo que hab\u00eda de enviar, que ambos quedaron asociados en la realizaci\u00f3n de la obra de la salud en todas partes y para siempre. El Esp\u00edritu Santo \u00abunifica en la comuni\u00f3n y en el servicio y provee de diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos\u00bb, a toda la Iglesia a trav\u00e9s de los tiempos, vivificando las instituciones eclesi\u00e1sticas como alma de ellas e infundiendo en los corazones de los fieles el mismo impulso de misi\u00f3n del que hab\u00eda sido llevado el mismo Cristo. Alguna vez tambi\u00e9n se anticipa visiblemente a la acci\u00f3n apost\u00f3lica, lo mismo que la acompa\u00f1a y dirige incesantemente de varios modos.<\/p>\n<p><strong>La Iglesia, enviada por Cristo<\/strong><\/p>\n<p><strong>5<\/strong> El Se\u00f1or Jes\u00fas, ya desde el principio \u00abllam\u00f3 a s\u00ed a los que El quiso, y design\u00f3 a doce para que lo acompa\u00f1aran y para enviarlos a predicar\u00bb (Mc., 3,13; Cf. Mt., 10,1-42). De esta forma los Ap\u00f3stoles fueron los g\u00e9rmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la sagrada Jerarqu\u00eda. Despu\u00e9s el Se\u00f1or, una vez que hubo completado en s\u00ed mismo con su muerte y resurrecci\u00f3n los misterios de nuestra salvaci\u00f3n y de la renovaci\u00f3n de todas las cosas, recibi\u00f3 todo poder en el cielo y en la tierra (Cf. Mt., 28,18), antes de subir al cielo (Cf. Act., 1,4-8), fund\u00f3 su Iglesia como sacramento de salvaci\u00f3n, y envi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles a todo el mundo, como El hab\u00eda sido enviado por el Padre (Cf. Jn., 20,21), orden\u00e1ndoles \u00abId, pues, ense\u00f1ad a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo ense\u00f1\u00e1ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado\u00bb (Mt., 28,19s). \u00abId por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvar\u00e1, mas el que no creyere se condenar\u00e1\u00bb (Mc., 16,15-16). Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvaci\u00f3n de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Ap\u00f3stoles hered\u00f3 el orden de los Obispos con la cooperaci\u00f3n de los presb\u00edteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundi\u00f3 en sus miembros \u00abde quien todo el cuerpo, coordinado y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, seg\u00fan la actividad propia de cada miembro y obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificaci\u00f3n en el amor\u00bb (Ef., 4,16). La misi\u00f3n, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Esp\u00edritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicaci\u00f3n, por los sacramentos y dem\u00e1s medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participaci\u00f3n del misterio de Cristo. Siendo as\u00ed que esta misi\u00f3n contin\u00faa y desarrolla a lo largo de la historia la misi\u00f3n del mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, por el mismo camino que Cristo sigui\u00f3, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolaci\u00f3n de s\u00ed mismo hasta la muerte, de la que sali\u00f3 victorioso por su resurrecci\u00f3n. pues as\u00ed caminaron en la esperanza todos los Ap\u00f3stoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia. Semilla fue tambi\u00e9n, muchas veces, la sangre de los cristianos.<\/p>\n<p><strong>Actividad misionera<\/strong><\/p>\n<p><strong>6<\/strong> Este deber que tiene que cumplir el Orden de los Obispos, presidio por el sucesor de Pedro, con la oraci\u00f3n y cooperaci\u00f3n de toda la Iglesia, es \u00fanico e id\u00e9ntico en todas partes y en todas las condiciones, aunque no se realice del mismo modo seg\u00fan las circunstancias. Por consiguiente, las diferencias que hay que reconocer en esta actividad de la Iglesia no proceden de la naturaleza misma de la misi\u00f3n, sino de las circunstancias en que esta misi\u00f3n se ejerce. Estas condiciones dependen, a veces, de la Iglesia, y a veces tambi\u00e9n, de los pueblos, de los grupos o de los hombres a los que la misi\u00f3n se dirige. Pues, aunque la Iglesia contenga en s\u00ed la totalidad o la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n, ni siempre ni en un momento obra ni puede obrar con todos sus recursos, sino que, partiendo de modestos comienzos, avanza gradualmente en su esforzada actividad por realizar el designio de Dios; m\u00e1s a\u00fan, en ocasiones, despu\u00e9s de haber incoado felizmente el avance, se ve obligada a deplorar de nuevo un regreso, o a lo menos se detiene en un estado de semiplenitud y de insuficiencia. pero en cuanto se refiere a los hombres, a los grupos y a los pueblos, tan s\u00f3lo gradualmente, establece contacto y se adentra en ellos, y de esta forma los trae a la plenitud cat\u00f3lica. Pero a cualquier condici\u00f3n o situaci\u00f3n deben corresponder acciones propias y medios adecuados. Las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia, yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia misma entre los pueblos o grupos que todav\u00eda no creen en Cristo, com\u00fanmente se llaman \u00abmisiones\u00bb, que se llevan a cabo por la actividad misional, y se desarrollan, de ordinario, en ciertos territorios reconocidos por la Santa Sede. El fin propio de esta actividad misional es la evangelizaci\u00f3n e implantaci\u00f3n de la Iglesia en los pueblos o grupos en que todav\u00eda no ha arraigado. De suerte que de la semilla de la palabra de Dios crezcan las Iglesias aut\u00f3ctonas particulares en todo el mundo suficientemente organizadas y dotadas de energ\u00edas propias y de madurez, las cuales, provistas convenientemente de su propia Jerarqu\u00eda unida al pueblo fiel y de medios connaturales al plano desarrollo de la vida cristiana, aportes su cooperaci\u00f3n al bien de toda la Iglesia. El medio principal de esta implantaci\u00f3n es la predicaci\u00f3n del Evangelio de Jesucristo, para cuyo anuncio envi\u00f3 el Se\u00f1or a sus disc\u00edpulos a todo el mundo, para que los hombres regenerados se agreguen por el Bautismo a la Iglesia que como Cuerpo del Verbo Encarnado se nutre y vive de la palabra de Dios y del pan eucar\u00edstico. Es esta actividad misional de la Iglesia se entrecruzan, a veces, diversas condiciones en primer lugar de comienzo y de plantaci\u00f3n, y luego de novedad o de juventud. La acci\u00f3n misional de la Iglesia no cesa despu\u00e9s de llenar esas etapas, sino que, constituidas ya las Iglesias particulares, pesa sobre ellas el deber de continuar y de predicar el Evangelio a cuantos permanecen fuera. Adem\u00e1s, los grupos en que vive la Iglesia cambian completamente con frecuencia por varias causas, de forma que pueden originarse condiciones enteramente nuevas. Entonces la Iglesia tiene que ponderar si estas condiciones exigen de nuevo su actividad misional. Adem\u00e1s en ocasiones, se dan tales circunstancias que no permiten, por alg\u00fan tiempo, proponer directa e inmediatamente el mensaje del Evangelio; entonces las misiones pueden y deben dar testimonio al menos de la caridad y bondad de Cristo con paciencia, prudencia y mucha confianza, preparando as\u00ed los caminos del Se\u00f1or y hacerlo presente de alg\u00fan modo. As\u00ed es manifiesto que la actividad misional fluye \u00edntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia, cuya fe salv\u00edfica propaga, cuya unidad cat\u00f3lica realiza dilat\u00e1ndola, sobre cuya apostolicidad se sostiene, cuyo afecto colegial de Jerarqu\u00eda ejercita, cuya santidad testifica, difunde y promueve. Por ello la actividad misional entre las gentes se diferencia tanto de la actividad pastoral que hay que desarrollar con los fieles, cuanto de los medios que hay que usar para conseguir la unidad de los cristianos. Ambas actividades, sin embargo, est\u00e1n muy estrechamente relacionadas con la acci\u00f3n misional de la Iglesia. Pero la divisi\u00f3n de los cristianos perjudica a la santa causa de la predicaci\u00f3n del Evangelio a toda criatura, y cierra a muchos la puerta de la fe. Por lo cual la causa de la actividad misional y la del restablecimiento de la unidad de los cristianos est\u00e1n estrechamente unidas la necesidad de la misi\u00f3n exige a todos los bautizados reunirse en una sola grey, para poder dar, de esta forma, testimonio un\u00e1nime de Cristo, su Se\u00f1or, delante de todas las gentes. pero si todav\u00eda no pudieron dar plenamente testimonio de una sola fe, es necesario, por lo menos, que se vean animados de mutuo aprecio y caridad.<\/p>\n<p><strong>Causas y necesidad de la actividad misionera<\/strong><\/p>\n<p><strong>7<\/strong> La raz\u00f3n de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios, que \u00abquiere que todos los hombres sean salvos y vengas al conocimiento de la verdad. porque uno es Dios, uno tambi\u00e9n el mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb, \u00aby en ning\u00fan otro hay salvaci\u00f3n\u00bb. Es, pues, necesario que todos se conviertan a El, una vez conocido por la predicaci\u00f3n del Evangelio, y a El y a la Iglesia, que es su Cuerpo, se incorporen por el bautismo. Porque Cristo mismo, \u00abinculcando expresamente por su palabra la necesidad de la fe y del bautismo, confirm\u00f3, al mismo tiempo, la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por la puerta del bautismo. Por lo cual no podr\u00edan salvarse aquellos que, no ignorando que Dios fund\u00f3, por medio de Jesucristo, la Iglesia Cat\u00f3lica como necesaria, con todo no hayan querido entrar o perseverar en ella\u00bb. Pues aunque el Se\u00f1or puede conducir por caminos que El sabe a los hombres, que ignoran el Evangelio inculpablemente, a la fe,sin la cual es imposible agradarle, la Iglesia tiene el deber, a la par que el derecho sagrado de evangelizar, y, por tanto, la actividad misional conserva \u00edntegra, hoy como siempre, su eficacia y su necesidad. Por ella el Cuerpo m\u00edstico de Cristo re\u00fane y ordena indefectiblemente sus energ\u00edas para su propio crecimiento. Los miembros de la Iglesia son impulsados para su consecuci\u00f3n por la caridad con que aman a Dios, y con la que desean comunicar con todos los hombres en los bienes espirituales propios, tanto de la vida presente como de la venidera. Y por fin, por esta actividad misional se glorifica a Dios plenamente, al recibir los hombres, deliberada y cumplidamente, su obra de salvaci\u00f3n, que complet\u00f3 en Cristo. As\u00ed se realiza por ella el designio de Dios, al que sirvi\u00f3 Cristo con obediencia y amor para gloria del Padre que lo envi\u00f3, para que todo el g\u00e9nero humano forme un solo Pueblo de Dios, se constituya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Esp\u00edritu Santo; lo cual, como expresi\u00f3n de la concordia fraterna, responde, ciertamente, al anhelo \u00edntimo de todos los hombres. Y as\u00ed por fin, se cumple verdaderamente el designio del Creador, al hacer al hombre a su imagen y semejanza, cuando todos los que participan de la naturaleza humana, regenerados en Cristo por el Esp\u00edritu Santo, contemplando un\u00e1nimes la gloria de Dios, puedan decir \u00abPadre nuestro\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Actividad misionera en la vida y en la historia humana<\/strong><\/p>\n<p><strong>8<\/strong> La actividad misional tiene tambi\u00e9n una conexi\u00f3n \u00edntima con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones. Porque manifestando a Cristo, la Iglesia descubre a los hombres la verdad genuina de su condici\u00f3n y de su vocaci\u00f3n total, porque Cristo es el principio y el modelo de esta humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de esp\u00edritu pac\u00edfico, a la que todos aspiran. Cristo y la Iglesia, que da testimonio de El por la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, trascienden toda particularidad de raza y de naci\u00f3n, y por tanto nadie y en ninguna parte puede ser tenido como extra\u00f1o. El mismo Cristo es la verdad y el camino manifiesto a todos por la predicci\u00f3n evang\u00e9lica, cuando hace resonar en todos los o\u00eddos estas palabras del mismo Cristo \u00abHaced penitencia y creed en el Evangelio\u00bb. Y como el que no cree ya est\u00e1 juzgado, las palabras de Cristo son, a un tiempo, palabras de condenaci\u00f3n y de gracia, de muerte y de vida. Pues s\u00f3lo podemos acercarnos a la novedad de la vida exterminando todo lo antiguo cosa que en primer lugar se aplica a las personas, pero tambi\u00e9n puede decirse de los diversos bienes de este mundo, marcados a un tiempo con el pecado del hombre y con la bendici\u00f3n de Dios \u00abPues todos pecaron y todos est\u00e1n privados de la gloria de Dios\u00bb. Nadie por s\u00ed y sus propias fuerzas se libra del pecado, ni se eleva sobre s\u00ed mismo; nadie se ve enteramente libre de su debilidad, de su soledad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo modelo, maestro, liberador, salvador y vivificador. En realidad, el Evangelio fue el fermento de la libertad y del progreso en la historia humana, incluso temporal, y se presenta constantemente como germen de fraternidad, de unidad y de paz. No carece, pues, de motivo el que los fieles celebren a Cristo como esperanza de las gentes y salvador de ellas\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la actividad misionera<\/strong><\/p>\n<p><strong>9<\/strong> El tiempo de la actividad misional discurre entre la primer ay la segunda venida del Se\u00f1or, en que la Iglesia, como la mies, ser\u00e1 recogida de los cuatro vientos en el Reino de Dios. Es, pues, necesario predicar el Evangelio a todas las gentes antes que venga el Se\u00f1or (Cf. Mc., 13,10). La actividad misional es nada m\u00e1s y nada menos que la manifestaci\u00f3n o epifan\u00eda del designio de Dios y su cumplimiento en el mundo y en su historia, en la que Dios realiza abiertamente, por la misi\u00f3n, la historia de la salud. Por la palabra de la predicaci\u00f3n y por la celebraci\u00f3n de los sacramentos, cuyo centro y cumbre es la Sagrada Eucarist\u00eda, la actividad misionera hace presente a Cristo autor de la salvaci\u00f3n. Libera de contactos malignos todo cuanto de verdad y de gracia se hallaba entre las gentes como presencia velada de Dios y lo restituye a su Autor, Cristo, que derroca el imperio del diablo y aparta la multiforme malicia de los pecadores. As\u00ed, pues, todo lo bueno que se halla sembrado en el coraz\u00f3n y en la mente de los hombres, en los propios ritos y en las culturas de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios, confusi\u00f3n del demonio y felicidad del hombre. As\u00ed la actividad misional tiende a la plenitud escatol\u00f3gica pues por ella se dilata el Pueblo de Dios, hasta la medida y el tiempo que el Padre ha fijado en virtud de su poder, pueblo al que se ha dicho prof\u00e9ticamente \u00abAmpl\u00eda el lugar de tu tiempo y extiende las pieles que te cubren. \u00a1No temas!\u00bb, se aumenta el Cuerpo m\u00edstico hasta la medida de la plenitud de Cristo, y el tiempo espiritual en que se adora a Dios en esp\u00edritu y en verdad, se ampl\u00eda y se edifica sobre el fundamento de los Ap\u00f3stoles y de los profetas siendo piedra angular el mismo Cristo Jes\u00fas (Cf. Ef., 2,20).<\/p>\n<h2><strong><strong><strong>Cap\u00edtulo<\/strong> II: La obra misionera<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>10<\/strong> La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, sabe que le queda por hacer todav\u00eda una obra misionera ingente. Pues los dos mil millones de hombre, cuyo n\u00famero aumenta sin cesar, que se re\u00fanen en grandes y determinados grupos con lazos estables de vida cultural, con las antiguas tradiciones religiosas, con los fuertes v\u00ednculos de las relaciones sociales, todav\u00eda nada o muy poco oyeron del Evangelio; de ellos unos siguen alguna de las grandes religiones, otras permanecen ajenos al conocimiento del mismo Dios, otros niegan expresamente su existencia e incluso a veces lo persiguen. La Iglesia, para poder ofrecer a todos el misterio de la salvaci\u00f3n y la vida tra\u00edda por Dios, debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se uni\u00f3 por su encarnaci\u00f3n a determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivi\u00f3.<\/p>\n<h3><strong>Art. 1\u00ba: El testimonio cristiano<\/strong><\/h3>\n<p><strong>Testimonio y di\u00e1logo<\/strong><\/p>\n<p><strong>11<\/strong> Es necesario que la Iglesia est\u00e9 presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos, que viven entre ellos o que a ellos son enviados. Porque todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, est\u00e1n obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el nombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Esp\u00edritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmaci\u00f3n, de tal forma que, todos los dem\u00e1s, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban, cabalmente, el sentido aut\u00e9ntico de la vid y el v\u00ednculo universal de la uni\u00f3n de los hombres. Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, re\u00fananse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, recon\u00f3zcanse como miembros del grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; est\u00e9n familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten; pero atiendan, al propio tiempo, a la profunda transformaci\u00f3n que se realiza entre las gentes y trabajen para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecnolog\u00eda del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, m\u00e1s todav\u00eda, para que despierten a un deseo m\u00e1s vehemente de la verdad y de la caridad revelada por Dios. Como el mismo Cristo escudri\u00f1\u00f3 el coraz\u00f3n de los hombres y los ha conducido con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, as\u00ed sus disc\u00edpulos, inundados profundamente por el esp\u00edritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven, y tratar con ellos, para advertir en di\u00e1logo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes; y, al mismo tiempo, esfu\u00e9rcense en examinar sus riquezas con la luz evang\u00e9lica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador.<\/p>\n<p><strong>Presencia de la caridad<\/strong><\/p>\n<p><strong>12<\/strong> La presencia de los fieles cristianos en los grupos humanos ha de estar animada por la caridad con que Dios nos am\u00f3, que quiere que tambi\u00e9n nosotros nos amemos unos a otros. En efecto, la caridad cristiana se extiende a todos sin distinci\u00f3n de raza, condici\u00f3n social o religi\u00f3n; no espera lucro o agradecimiento alguno; pues como Dios nos am\u00f3 con amor gratuito, as\u00ed los fieles han de vivir preocupados por el hombre mismo, am\u00e1ndolo con el mismo sentimiento con que Dios lo busc\u00f3. Pues como Cristo recorr\u00eda las ciudades y las aldeas curando todos los males y enfermedades, en prueba de la llegada del Reino de Dios, as\u00ed la Iglesia se une, por medio de sus hijos, a los hombres de cualquier condici\u00f3n, pero especialmente con los pobres y los afligidos, ya ellos se consagra gozosa. Participa en sus gozos y en sus dolores, conoce los anhelos y los enigmas de la vida, y sufre con ellos en las angustias de la muerte. A los que buscan la paz desea responderles en di\u00e1logo fraterno ofreci\u00e9ndoles la paz y la luz que brotan del Evangelio. Trabajen los cristianos y colaboren con los dem\u00e1s hombres en la recta ordenaci\u00f3n de los asuntos econ\u00f3micos y sociales. Entr\u00e9guense con especial cuidado a la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y de los adolescentes por medio de las escuelas de todo g\u00e9nero, que hay que considerar no s\u00f3lo como medio excelente para formar y atender a la juventud cristiana, sino como servicio de gran valor a los hombres, sobre todo de las naciones en v\u00edas de desarrollo, para elevar la dignidad humana y para preparar unas condiciones de vida m\u00e1s favorables. Tomen parte, adem\u00e1s, los fieles cristianos en los esfuerzos de aquellos pueblos que, luchando con el hambre, la ignorancia y las enfermedades, se esfuerzan en conseguir mejores condiciones de vida y en afirmar la paz en el mundo. Gusten los fieles de cooperar prudentemente a este respecto con los trabajos emprendidos por instituciones privadas y p\u00fablicas, por los gobiernos, por los organismos internacionales, por diversas comunidades cristianas y por las religiones no cristianas. La Iglesia, con todo, no pretende mezclarse de ninguna forma en el r\u00e9gimen de la comunidad terrena. No reivindica para s\u00ed otra autoridad que la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y fidelidad. Los disc\u00edpulos de Cristo, unidos \u00edntimamente en su vida y en su trabajo con los hombres, esperan poder ofrecerles el verdadero testimonio de Cristo, y trabajar por su salvaci\u00f3n, incluso donde no pueden anunciar a Cristo plenamente.<\/p>\n<p>Porque no buscan el progreso y la prosperidad meramente material de los hombres, sino que promueven su dignidad y uni\u00f3n fraterna, ense\u00f1ando las verdades religiosas y morales, que Cristo esclareci\u00f3 con su luz, y con ello preparan gradualmente un acceso m\u00e1s amplio hacia Dios. Con esto se ayuda a los hombres en la consecuci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por el amor a Dios y al pr\u00f3jimo y empieza a esclarecerse el misterio de Cristo, en quien apareci\u00f3 el hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios (Cf. Ef., 4,24), y en quien se revela el amor divino.<\/p>\n<h3><strong>Art. 2\u00ba: Predicaci\u00f3n del Evangelio y reuni\u00f3n del Pueblo de Dios<\/strong><\/h3>\n<p><strong>Evangelizaci\u00f3n y conversi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>13<\/strong> Dondequiera que Dios abre la puerta de la palabra para anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres, confiada y constantemente hay que anunciar al Dios vivo y a Jesucristo enviado por El para salvar a todos, a fin de que los no cristianos abri\u00e9ndoles el coraz\u00f3n el Esp\u00edritu Santo, creyendo se conviertan libremente al Se\u00f1or y se unan a El con sinceridad, quien por ser \u00abcamino, verdad y vida\u00bb satisface todas sus exigencias espirituales, m\u00e1s a\u00fan, las colma hasta el infinito. Esta conversi\u00f3n hay que considerarla ciertamente inicial, pero suficiente para que el hombre perciba que, arrancado del pecado, entra en el misterio del amor de Dios, que lo llama a iniciar una comunicaci\u00f3n personal consigo mismo en Cristo. Puesto que, por la gracia de Dios, el nuevo convertido emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la Muerte y de la Resurrecci\u00f3n, pasa del hombre viejo al nuevo hombre perfecto seg\u00fan Cristo. Trayendo consigo este tr\u00e1nsito un cambio progresivo de sentimientos y de costumbres, debe manifestarse con sus consecuencias sociales y desarrollarse poco a poco durante el catecumenado. Siendo el Se\u00f1or, al que se conf\u00eda, blanco de contradicci\u00f3n, el nuevo convertido sentir\u00e1 con frecuencia rupturas y separaciones, pero tambi\u00e9n gozos que Dios concede sin medida. La Iglesia prohibe severamente que a nadie se obligue, o se induzca o se atraiga por medios indiscretos a abrazar la fe, lo mismo que vindica en\u00e9rgicamente el derecho a que nadie sea apartado de ella con vejaciones inicuas. Invest\u00edguense los motivos de la conversi\u00f3n, y si es necesario purif\u00edquense, seg\u00fan la antiqu\u00edsima costumbre de la Iglesia.<\/p>\n<p><strong>Catecumenado e iniciaci\u00f3n cristiana<\/strong><\/p>\n<p><strong>14<\/strong> Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas al catecumenado; que no es una mera exposici\u00f3n de dogmas y preceptos, sino una formaci\u00f3n y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en que los disc\u00edpulos se unen con Cristo su Maestro. In\u00edciense, pues, los catec\u00famenos convenientemente en el misterio de la salvaci\u00f3n, en el ejercicio de las costumbres evang\u00e9licas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en los tiempos sucesivos, introd\u00fazcanse en la vida de fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios. Libres luego de los Sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Esp\u00edritu de hijos de adopci\u00f3n y asisten con todo el Pueblo de Dios al memorial de la muerte y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. Es de desear que la liturgia del tiempo cuaresmal y pascual se restaure de forma que prepare las almas de los catec\u00famenos para la celebraci\u00f3n del misterio pascual en cuyas solemnidades se regeneran para Cristo por medio del bautismo.<\/p>\n<p>Pero esta iniciaci\u00f3n cristiana durante el catecumenado no deben procurarla solamente los catequistas y sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y en modo especial los padrinos, de suerte que sientan los catec\u00famenos, ya desde el principio, que pertenecen al Pueblo de Dios. Y como la vida de la Iglesia es apost\u00f3lica, los catec\u00famenos han de aprender tambi\u00e9n a cooperar activamente en la evangelizaci\u00f3n y edificaci\u00f3n de la Iglesia con el testimonio de la vida y la profesi\u00f3n de la fe. Exp\u00f3ngase por fin, claramente, en el nuevo C\u00f3digo, el estado jur\u00eddico de los catec\u00famenos. Porque ya est\u00e1n vinculados a la Iglesia, ya son de la casa de Cristo y, con frecuencia, ya viven una vida de fe, de esperanza y de caridad.<\/p>\n<h3><strong>Art. 3\u00ba Formaci\u00f3n de la comunidad cristiana<\/strong><\/h3>\n<p><strong>La Comunidad cristiana<\/strong><\/p>\n<p><strong>15<\/strong> El Esp\u00edritu Santo, que llama a todos los hombres a Cristo, por la siembra de la palabra y proclamaci\u00f3n del Evangelio, y suscita el homenaje de la fe en los corazones, cuando engendra para una nueva vida en el seno de la fuente bautismal a los que creen en Cristo, los congrega en el \u00fanico Pueblo de Dios que es \u00ablinaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, pueblo de adquisici\u00f3n\u00bb. Los misioneros, por consiguiente, cooperadores de Dios, susciten tales comunidades de fieles que, viviendo conforme a la vocaci\u00f3n a la que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, prof\u00e9tica y real. De esta forma, la comunidad cristiana se hace signo de la presencia de Dios en el mundo; porque ella, por el sacrificio eucar\u00edstico, incesantemente pasa con Cristo al Padre, nutrida cuidadosamente con la palabra de Dios da testimonio de Cristo y, por fin, anda en la caridad y se inflama de esp\u00edritu apost\u00f3lico. La comunidad cristiana ha de establecerse, desde el principio de tal forma que, en lo posible, sea capaz de satisfacer por s\u00ed misma sus propias necesidades. Esta comunidad de fieles, dotada de las riquezas de la cultura de su naci\u00f3n, ha de arraigar profundamente en el pueblo; florezcan las familias henchidas de esp\u00edritu evang\u00e9lico y ay\u00fadeseles con escuelas convenientes; er\u00edjanse asociaciones y grupos por los que el apostolado seglar llene toda la sociedad de esp\u00edritu evang\u00e9lico. Brille, por fin, la caridad entre los cat\u00f3licos de los diversos ritos. Cult\u00edvese el esp\u00edritu ecum\u00e9nico entre los ne\u00f3fitos para que aprecien debidamente que los hermanos en la fe son disc\u00edpulos de Cristo, regenerados por el bautismo, part\u00edcipes con ellos de los innumerables bienes del Pueblo de Dios. En cuanto lo permitan las condiciones religiosas, promu\u00e9vase la acci\u00f3n ecum\u00e9nica de forma que, excluido todo indiferentismo y confusionismo como emulaci\u00f3n insensata, los cat\u00f3licos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, seg\u00fan las normas del Decreto sobre el Ecumenismo, en la com\u00fan profesi\u00f3n de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones -en cuanto sea posible- y en la cooperaci\u00f3n en asuntos sociales y t\u00e9cnicos, culturales y religiosos colaboren, por la causa de Cristo, su com\u00fan Se\u00f1or \u00a1que su nombre los junte! Esta colaboraci\u00f3n hay que establecerla no s\u00f3lo entre las personas privadas, sino tambi\u00e9n, a juicio del ordinario del lugar, entre las Iglesias o comunidades eclesiales y sus obras. Los fieles cristianos, congregados de entre todas las gentes en la Iglesia, \u00abno son distintos de los dem\u00e1s hombres ni por el r\u00e9gimen, ni por la lengua, ni por las instituciones pol\u00edticas de la vida, por tanto, vivan para Dios y para Cristo seg\u00fan las costumbres honestas de su pueblo; cultiven como buenos ciudadanos verdadera y eficazmente el amor a la Patria, evitando enteramente el desprecio de las otras razas y el nacionalismo exagerado, y promoviendo el amor universal de los hombres. Para conseguir todo esto son de grand\u00edsimo valor y dignos de especial atenci\u00f3n los laicos, es decir, los fieles cristianos que, incorporados a Cristo por el bautismo, viven en medio del mundo. Es muy propio de ellos, imbuidos del Esp\u00edritu Santo, el convertirse en constante fermento para animar y ordenar los asuntos temporales seg\u00fan el Evangelio de Cristo. Sin embargo, no basta que el pueblo cristiano est\u00e9 presente y establecido en un pueblo, ni que desarrolle el apostolado del ejemplo; se establece y est\u00e1 presente para anunciar con su palabra y con su trabajo a Cristo a sus conciudadanos no cristianos y ayudarles a la recepci\u00f3n plena de Cristo. Ahora bien, para la implantaci\u00f3n de la Iglesia y el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios que todos deben favorecer y cultivas diligentemente, con la vocaci\u00f3n de una suscitada de entre la misma congregaci\u00f3n de los fieles, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los di\u00e1conos y de los catequistas y la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. Prestan, asimismo, un servicio indispensable los religiosos y religiosas con su oraci\u00f3n y trabajo diligente, para enraizar y asegurar en las almas el Reino de Cristo y ensancharlo m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>Constituci\u00f3n del clero local<\/strong><\/p>\n<p><strong>16<\/strong> La Iglesia da gracias, con mucha alegr\u00eda, por la merced inestimable de la vocaci\u00f3n sacerdotal que Dios ha concedido a tantos j\u00f3venes de entre los pueblos convertidos recientemente a Cristo. Pues la Iglesia profundiza sus m\u00e1s firmes ra\u00edces en cada grupo humano, cuando las varias comunidades de fieles tienen de entre sus miembros los propios ministros de la salvaci\u00f3n en el Orden de los Obispos, de los presb\u00edteros y di\u00e1conos, que sirven a sus hermanos, de suerte que las nuevas Iglesias consigan, paso a paso con su clero la estructura diocesana.<\/p>\n<p>Todo lo que ha establecido este Concilio sobre la vocaci\u00f3n y formaci\u00f3n sacerdotal, obs\u00e9rvese cuidadosamente en donde la Iglesia se establece por primera vez y en las nuevas Iglesias. Hay que tener particularmente en cuenta lo que se dice sobre la necesidad de armonizar \u00edntimamente la formaci\u00f3n espiritual con la doctrinal y la pastoral, sobre la vida que hay que llevar seg\u00fan el modelo del Evangelio, sin consideraci\u00f3n del provecho propio o familiar, sobre el cultivo del sentimiento \u00edntimo del misterio de la Iglesia. Con ello aprender\u00e1n maravillosamente a entregarse por entero al servicio del Cuerpo de Cristo y a la obra del Evangelio, a unirse con su propio Obispo como fieles cooperadores y a colaborar con sus hermanos. Para lograr este fin general hay que ordenar toda la formaci\u00f3n de los alumnos a la luz del misterio de la salvaci\u00f3n como se presenta en la Escritura. Descubran y vivan este misterio de Cristo y de la Salvaci\u00f3n humana presente a la Liturgia. Armon\u00edcese, seg\u00fan las normas del Concilio, estas exigencias comunes de la formaci\u00f3n sacerdotal, incluso pastoral y pr\u00e1ctica, con el deseo de acomodarse al modo peculiar de pensar y de proceder del propio pa\u00eds. Abranse, pues, y av\u00edvense las mentes de los alumnos para que conozcan bien y puedan juzgar la cultura de su pueblo; conozcan claramente en las disciplinas filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas las diferencias y semejanzas que hay entre las tradiciones, la religi\u00f3n patria y la religi\u00f3n cristiana. Atienda tambi\u00e9n la formaci\u00f3n sacerdotal a las necesidades pastorales de la regi\u00f3n; aprendan los alumnos la historia, el fin y el m\u00e9todo, de la acci\u00f3n misional de la Iglesia, y las especiales condiciones sociales, econ\u00f3micas y culturales de su pueblo. Ed\u00faquense en el esp\u00edritu del ecumenismo y prep\u00e1rense convenientemente para el di\u00e1logo fraterno con los no cristianos. Todo esto exige que los estudios para el sacerdocio se hagan, en cuanto sea posible, en comunicaci\u00f3n y convivencia con su propio pueblo. Cu\u00eddense tambi\u00e9n la formaci\u00f3n en la buena administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica e incluso econ\u00f3mica. El\u00edjanse, adem\u00e1s, sacerdotes id\u00f3neos que, despu\u00e9s de alguna experiencia pastoral, realicen estudios superiores en las universidades incluso extranjeras, sobre todo de Roma, y otros Institutos cient\u00edficos, para que las Iglesias j\u00f3venes puedan contar con elementos del clero local dotados de ciencia y de experiencia convenientes para desempe\u00f1ar cargos eclesi\u00e1sticos de mayor responsabilidad. Rest\u00e1urese el Orden del Diaconado como estado permanente de vida seg\u00fan la norma de la Constituci\u00f3n \u00abDe Ecclesia\u00bb, donde lo crean oportuno las Conferencias episcopales. Pues parece bien que aquellos hombres que desempe\u00f1an un ministerio verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del p\u00e1rroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos m\u00e1s estrechamente al servicio del altar por la imposici\u00f3n de las manos, transmitida ya desde los Ap\u00f3stoles, para que cumplan m\u00e1s eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado.<\/p>\n<p><strong>Formaci\u00f3n de los catequistas<\/strong><\/p>\n<p><strong>17<\/strong> Digna de alabanza es tambi\u00e9n esa legi\u00f3n tan benem\u00e9rita de la obra de las misiones entre los gentiles, es decir, los catequistas, hombres y mujeres, que llenos de esp\u00edritu apost\u00f3lico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la propagaci\u00f3n de la fe y de la Iglesia. En nuestros d\u00edas, el oficio de los catequistas tiene una importancia extraordinaria porque resultan escasos los cl\u00e9rigos para evangelizar tantas multitudes y para ejercer el ministerio pastoral. Su educaci\u00f3n, por consiguiente debe efectuarse y acomodarse al progreso cultural de tal forma que puedan desarrollar lo mejor posible su cometido agravado con nuevas y mayores obligaciones, como cooperadores eficaces del orden sacerdotal. Multipl\u00edquense, pues, las escuelas diocesanas y regionales en que los futuros catequistas estudien la doctrina cat\u00f3lica, sobre todo en su aspecto b\u00edblico y lit\u00fargico, y el m\u00e9todo catequ\u00e9tico, con la pr\u00e1ctica pastoral, y se formen en la moral cristiana, procurando practicar sin cesar la piedad y la santidad de vida. Hay que tener, adem\u00e1s, reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Adem\u00e1s, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condici\u00f3n de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneraci\u00f3n. Es de desear que se provea de un modo congruo a la formaci\u00f3n y sustento de los catequistas con subsidios especiales de la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide. Si pareciere necesario y oportuno, f\u00fandese una Obra para los catequistas. Adem\u00e1s, las Iglesias reconocer\u00e1n, agradecidas, la obra generosa de los catequistas auxiliares, de cuya ayuda necesitar\u00e1n. Ellos presiden la oraci\u00f3n y ense\u00f1an en sus comunidades. Hay que atender convenientemente a su formaci\u00f3n doctrinal y espiritual. E incluso es de desear que, donde parezca oportuno, se confiere a los catequistas debidamente formados misi\u00f3n can\u00f3nica en la celebraci\u00f3n p\u00fablica de la acci\u00f3n lit\u00fargica, para que sirvan a la fe con m\u00e1s autoridad delante del pueblo.<\/p>\n<p><strong>Promoci\u00f3n de la vida religiosa<\/strong><\/p>\n<p><strong>18<\/strong> Promu\u00e9vase diligentemente la vida religiosa desde el momento de la implantaci\u00f3n de la Iglesia, que no solamente proporciona a la actividad misional ayudas preciosas y enteramente necesarias, sino que por una m\u00e1s \u00edntima consagraci\u00f3n a Dios, hecha en la Iglesia, indica claramente tambi\u00e9n la naturaleza \u00edntima de la vocaci\u00f3n cristiana. Esfu\u00e9rcense los Institutos religiosos, que trabajan en la implantaci\u00f3n de la Iglesia, en exponer y comunicar, seg\u00fan el car\u00e1cter y la idiosincrasia de cada pueblo, las riquezas m\u00edsticas de que est\u00e1n totalmente llenos, y que distinguen la tradici\u00f3n religiosa de la Iglesia. Consideren atentamente el modo de aplicar a la vida religiosa cristiana las tradiciones asc\u00e9ticas y contemplativas, cuyas semillas hab\u00eda Dios esparcido con frecuencia en las antiguas culturas antes de la proclamaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>En las iglesias j\u00f3venes hay que cultivar diversas formas de vida religiosa que presenten los diversos aspectos de la misi\u00f3n de Cristo y de la vida de la Iglesia, y se entreguen a variadas obras pastorales y preparen convenientemente a sus miembros para cumplirlas. Con todo, procuren los Obispos en la Conferencia que las Congregaciones, que tienen los mismos fines apost\u00f3licos, no se multipliquen, con detrimento de la vida religiosa y del apostolado. Son signos de especial menci\u00f3n los varios esfuerzos realizados para arraigar la vida contemplativa, por los que unos, reteniendo los elementos esenciales de la instituci\u00f3n mon\u00e1stica, se esfuerzan en implantar la riqu\u00edsima tradici\u00f3n de su Orden, y otros, vuelven a las formas m\u00e1s sencillas del antiguo monacato. Procuren todos, sin embargo, buscar la adaptaci\u00f3n oportuna a las condiciones locales. Conviene establecer por todas partes en las iglesias nuevas la vida contemplativa porque pertenece a la plenitud de la presencia de la Iglesia.<\/p>\n<h2><strong><strong><strong>Cap\u00edtulo<\/strong> III: Las Iglesias particulares<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p><strong>Incremento de las Iglesias j\u00f3venes<\/strong><\/p>\n<p><strong>19<\/strong> La obra de implantaci\u00f3n de la Iglesia en un determinado grupo de hombres consigue su objetivo determinado cuando la congregaci\u00f3n de los fieles, arraigada ya en la vida social y conformada de alguna manera a la cultura del ambiente, disfruta de cierta estabilidad y firmeza; es decir, est\u00e1 provista de cierto n\u00famero, aunque insuficiente, de sacerdotes nativos, de religiosos y seglares, se ve dotada de los ministerios e instituciones necesarias para vivir, y dilatar la vida del Pueblo de Dios bajo la gu\u00eda del Obispo propio. En estas Iglesias j\u00f3venes la vida del Pueblo de Dios debe ir madurando por todos los campos de la vida cristiana, que hay que renovar seg\u00fan las normas de este Concilio las congregaciones de fieles, con mayor conciencia cada d\u00eda, se hacen comunidades vivas de la fe, de la liturgia y de la caridad; los laicos, con su actuaci\u00f3n civil y apost\u00f3lica, se esfuerzan en establecer en la sociedad el orden de la caridad y de la justicia; se aplican oportuna y prudentemente los medios de comunicaci\u00f3n social; las familias, por su vida verdaderamente cristiana, se convierten en semilleros de apostolado seglar y de vocaciones sacerdotales y religiosas. Finalmente, la fe se ense\u00f1a mediante una catequesis apropiada, se manifiesta en la liturgia desarrollada conforme al car\u00e1cter del pueblo y por una legislaci\u00f3n can\u00f3nica oportuna se introduce en las buenas instituciones y costumbres locales. Los Obispos, juntamente con su presbiterio, imbuidos m\u00e1s y m\u00e1s del sentir de Cristo y de la Iglesia, procuran sentir y vivir con toda la Iglesia. Cons\u00e9rvese la \u00edntima uni\u00f3n de las Iglesias j\u00f3venes con toda la Iglesia, cuyos elementos tradicionales deben asociar a la propia cultura, para aumentar con efluvio mutuo de fuerzas de vida del Cuerpo m\u00edstico. Por ello, cult\u00edvense los elementos teol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos y humanos que puedan conducir al fomento de este sentido de comuni\u00f3n con la Iglesia universal. Pero estas Iglesias, situadas con frecuencia en las regiones m\u00e1s pobres del orbe, se ven todav\u00eda muchas veces en grav\u00edsima penuria de sacerdotes y en la escasez de recursos materiales. Por ello, tienen suma necesidad de que la continua acci\u00f3n misional de toda la Iglesia les suministre los socorros que sirvan, sobre todo, para el desarrollo de la Iglesia local y para la madurez de la vida cristiana. Ayude tambi\u00e9n la acci\u00f3n misional a las Iglesias, fundadas hace tiempo, que se encuentran en cierto estado de retroceso o debilitamiento. Estas Iglesias, con todo, organicen un plan com\u00fan de acci\u00f3n pastoral y las obras oportunas, para aumentar en n\u00famero, juzgar con mayor seguridad y cultivar con m\u00e1s eficacia las vocaciones para el clero diocesano y los institutos religiosos, de forma que puedan proveerse a s\u00ed mismas, poco a poco, y ayudar a otras.<\/p>\n<p><strong>Actividad misionera de las Iglesias particulares<\/strong><\/p>\n<p><strong>20<\/strong> Como la Iglesia particular debe representar lo mejor que pueda a la Iglesia universal, conozca muy bien que ha sido enviada tambi\u00e9n a aquellos que no creen en Cristo y que viven en el mismo territorio, para servirles de orientaci\u00f3n hacia Cristo con el testimonio de la vida de cada uno de los fieles y de toda la comunidad. Se requiere, adem\u00e1s, el ministerio de la palabra, para que llegue a todos el Evangelio, El Obispo, en primer lugar, debe ser el heraldo de la fe que lleve nuevos disc\u00edpulos a Cristo. para cumplir debidamente este sublime encargo, conozca \u00edntegramente las condiciones de su grey y las \u00edntimas opiniones de sus conciudadanos acerca de Dios, advirtiendo tambi\u00e9n cuidadosamente los cambios que han introducido las urbanizaciones, las migraciones y el indiferentismo religioso. Emprendan fervorosamente los sacerdotes nativos la obra de la evangelizaci\u00f3n en las Iglesias j\u00f3venes, trabajando a una son los misioneros extranjeros, con los que forman un presbiterio aunando bajo la autoridad del Obispo, no s\u00f3lo para apacentar a los fieles y celebrar el culto divino, sino tambi\u00e9n para predicar el Evangelio a los infieles. Est\u00e9n dispuestos y cuando se presente la ocasi\u00f3n ofr\u00e9zcanse con valent\u00eda a su Obispo para emprender la obra misionera en las regiones apartadas o abandonadas de la propia di\u00f3cesis o en otras di\u00f3cesis. Infl\u00e1mense en el mismo celo los religiosos y religiosas e incluso los laicos para con sus conciudadanos, sobre todo los m\u00e1s pobres. Preoc\u00fapense las Conferencias Episcopales de que en tiempos determinados se organicen cursos de renovaci\u00f3n b\u00edblica, teol\u00f3gica, espiritual y pastoral, para que el clero, entre las variedades y cambios de vida, adquiera un conocimiento m\u00e1s completo de la teolog\u00eda y de los m\u00e9todos pastorales. Por lo dem\u00e1s, obs\u00e9rvese reverentemente todo lo que ha establecido este Concilio, sobre todo en el Decreto del \u00abministerio y de la vida de los presb\u00edteros\u00bb. Para llevar a cabo esta obra misional de la Iglesia particular se requieren ministros id\u00f3neos, que hay que preparar a su tiempo de modo conveniente a las condiciones de cada Iglesia. pero como los hombres tienden, cada vez m\u00e1s, a reunirse en Episcopales establezcan las normas comunes para entablar di\u00e1logo con estos grupos. Y si en algunas regiones se hallan grupos de hombres que se resisten a abrazar la fe cat\u00f3lica porque no pueden acomodarse a la forma especial que haya tomado all\u00ed la Iglesia, se desea que se les atienda particularmente, hasta que puedan juntarse en una comunidad todos los cristianos. cada Obispo llame a su di\u00f3cesis a los misioneros que la Sede Apost\u00f3lica pueda tener preparados para este fin o rec\u00edbalos de buen grado y promueva eficazmente sus empresas. Para que este celo misional florezca entre los nativos del lugar es muy conveniente que las Iglesias j\u00f3venes participen cuanto antes activamente en la misi\u00f3n universal de la Iglesia, enviando tambi\u00e9n ellos misioneros que anuncien el Evangelio por toda la tierra, aunque sufran escasez de clero. Porque la comuni\u00f3n con la Iglesia universal se completar\u00e1 de alguna forma cuando tambi\u00e9n ellas participen activamente del esfuerzo misional para con otros pueblos.<\/p>\n<p><strong>Fomento del apostolado seglar<\/strong><\/p>\n<p><strong>21<\/strong> La Iglesia no est\u00e1 verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarqu\u00eda un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en la mentalidad, en la vida y en el trabajo de un pueblo sin la presencia activa de los laicos. Por tanto, desde la fundaci\u00f3n de la Iglesia hay que atender, sobre todo, a la constituci\u00f3n de un laicado cristiano maduro. Pues los fieles seglares pertenecen plenamente al mismo tiempo, al Pueblo de Dios y a la sociedad civil pertenecen al pueblo en que han nacido, de cuyos tesoros culturales empezaron a participar por la educaci\u00f3n, a cuya vida est\u00e1n unidos por variados v\u00ednculos sociales, a cuyo progreso cooperan con su esfuerzo en sus profesiones, cuyos problemas sienten ellos como propios y trabajan por solucionar, y pertenecen tambi\u00e9n a Cristo, porque han sido regenerados en la Iglesia por la fe y por el bautismo, para ser de Cristo por la renovaci\u00f3n de la vida y de las obras, para que todo se someta a Dios en Cristo y, por fin, sea Dios todo en todas las cosas. La obligaci\u00f3n principal de \u00e9stos, hombres y mujeres, es el testimonio de Cristo, que deben dar con la vida y con la palabra en la familia, en el grupo social y en el \u00e1mbito de su profesi\u00f3n. Debe manifestarse en ellos el hombre nuevo creado seg\u00fan Dios en justicia y santidad verdaderas. Han de reflejar esta renovaci\u00f3n de la vida en el ambiente de la sociedad y de la cultura patria, seg\u00fan las tradiciones de su naci\u00f3n. Ellos tienen que conocer esta cultura, restaurarla y conservarla, desarrollarla seg\u00fan las nuevas condiciones y, por fin perfeccionarla en Cristo, para que la fe de Cristo y la vida de la Iglesia no sea ya extra\u00f1a a la sociedad en que viven, sino que empiece a penetrarla y transformarla. Unanse a sus conciudadanos con verdadera caridad, a fin de que en su trato aparezca el nuevo v\u00ednculo de unidad y de solidaridad universal, que fluye del misterio de Cristo. Siembren tambi\u00e9n la fe de Cristo entre sus compa\u00f1eros de vida y de trabajo, obligaci\u00f3n que urge m\u00e1s, porque muchos hombres no pueden o\u00edr hablar del Evangelio ni conocer a Cristo m\u00e1s que por sus vecinos seglares.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, donde sea posible, est\u00e9n preparados los laicos a cumplir la misi\u00f3n especial de anunciar el Evangelio y de comunicar la doctrina cristiana, en una cooperaci\u00f3n m\u00e1s inmediata con la Jerarqu\u00eda para dar vigor a la Iglesia naciente. Los ministros de la Iglesia, por su parte, aprecien grandemente el laborioso apostolado activo de los laicos. F\u00f3rmenlos para que, como miembros de Cristo, sean conscientes de su responsabilidad en favor de todos los hombres; intr\u00fayanlos profundamente en el misterio de Cristo, in\u00edcienlos en m\u00e9todos pr\u00e1cticos y as\u00edstanles en las dificultades, seg\u00fan la constituci\u00f3n Lumen Gentium y el decreto Apostolicam actuositatem. Observando, pues, las funciones y responsabilidades propias de los pastores y de los laicos, toda Iglesia joven d\u00e9 testimonio vivo y firme de Cristo para convertirse en signo brillante de la salvaci\u00f3n, que nos vino a trav\u00e9s de El.<\/p>\n<p><strong>Diversidad en la unidad<\/strong><\/p>\n<p><strong>22<\/strong> La semilla, que es la palabra de Dios, al germinar absorbe el jugo de la tierra buena, regada con el roc\u00edo celestial, y lo transforma y lo asimila para dar al fin fruto abundante. Ciertamente, a semejanza del plan de la Encarnaci\u00f3n, las Iglesias j\u00f3venes, radicadas en Cristo y edificadas sobre el fundamento de los Ap\u00f3stoles, toman, en intercambio admirable, todas las riquezas de las naciones que han sido dadas a Cristo en herencia (Cf. Sal., 2,8). Ellas reciben de las costumbres y tradiciones, de la sabidur\u00eda y doctrina, de las artes e instituciones de los pueblos todo lo que puede servir para expresar la gloria del Creador, para explicar la gracia del Salvador y para ordenar debidamente la vida cristiana. Para conseguir este prop\u00f3sito es necesario que en cada gran territorio socio-cultural se promuevan los estudios teol\u00f3gicos por los que se sometan a nueva investigaci\u00f3n, a la luz de la tradici\u00f3n de la Iglesia universal, los hechos y las palabras reveladas por Dios, consignadas en las Sagradas Escrituras y explicadas por los Padres y el Magisterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>As\u00ed aparecer\u00e1 m\u00e1s claramente por qu\u00e9 caminos puede llegar la fe a la inteligencia, teniendo en cuenta la filosof\u00eda y la sabidur\u00eda de los pueblos, y de qu\u00e9 forma pueden compaginarse las costumbres, el sentido de la vida y el orden social con las costumbres manifestadas por la divina revelaci\u00f3n. Con ello se descubrir\u00e1n los caminos para una acomodaci\u00f3n m\u00e1s profunda en todo el \u00e1mbito de la vida cristiana. Con este modo de proceder se excluir\u00e1 toda clase de sincretismo y de falso particularismo, se acomodar\u00e1n la vida cristiana a la \u00edndole y al car\u00e1cter de cualquier cultura, y ser\u00e1n asumidas en la unidad cat\u00f3lica las tradiciones particulares, con las cualidades propias de cada raza, ilustradas con la luz del Evangelio. Por fin, las Iglesias particulares j\u00f3venes, adornadas con sus tradiciones, tendr\u00e1n su lugar en la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, permaneciendo \u00edntegro el primado de la c\u00e1tedra de Pedro, que preside a la asamblea universal de la caridad. Es, por tanto, conveniente que las Conferencias Episcopales se unan entre s\u00ed dentro de los l\u00edmites de cada uno de los grandes territorios socio-culturales, de suerte que puedan conseguir de com\u00fan cuerdo este objetivo de la adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong><strong><strong>Cap\u00edtulo<\/strong> IV: Los misioneros<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p><strong>La vocaci\u00f3n misionera<\/strong><\/p>\n<p><strong>23<\/strong> Aunque a todo disc\u00edpulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe seg\u00fan su condici\u00f3n, Cristo Se\u00f1or, de entre los disc\u00edpulos, llama siempre a los que quiere para que lo acompa\u00f1en y los env\u00eda a predicar a las gentes. Por lo cual, por medio del Esp\u00edritu Santo, que distribuye los carismas seg\u00fan quiere para com\u00fan utilidad, inspira la vocaci\u00f3n misionera en el coraz\u00f3n de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos, que reciben como misi\u00f3n propia el deber de la evangelizaci\u00f3n, que pertenece a toda la Iglesia. Porque son sellados con una vocaci\u00f3n especial los que, dotados de un car\u00e1cter natural conveniente, id\u00f3neos por sus buenas dotes e ingenio, est\u00e1n dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros sacerdotes, religiosos o laicos. Enviados por la autoridad leg\u00edtima, se dirigen con fe y obediencia a los que est\u00e1n lejos de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados (Cf. Act., 13,2), como ministros del Evangelio, \u00abpara que la oblaci\u00f3n de los gentiles sea aceptada y santificada por el Esp\u00edritu Santo\u00bb (Rom. 15,16).<\/p>\n<p><strong>Espiritualidad misionera<\/strong><\/p>\n<p><strong>24<\/strong> El hombre debe responder al llamamiento de Dios, de suerte que no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio. pero no puede dar esta respuesta, si no le mueve y fortalece el Esp\u00edritu Santo. El enviado entra en la vida y en la misi\u00f3n de Aquel que \u00abse anonad\u00f3 tomando la forma de siervo\u00bb. Por eso debe estar dispuesto a permanecer durante toda su vida en la vocaci\u00f3n, a renunciarse a s\u00ed mismo y a todo lo que pose\u00eda y a \u00abhacerse todo a todos\u00bb. El que anuncia el Evangelio entre los gentiles d\u00e9 a conocer con confianza el misterio de Cristo, cuyo legado es, de suerte que se atreva a hablar de El como conviene, no avergonz\u00e1ndose del esc\u00e1ndalo de la cruz. Siguiendo las huellas de su Maestro, manso y humilde de coraz\u00f3n, manifieste que su yugo es suave y su carga ligera. D\u00e9 testimonio de su Se\u00f1or con su vida enteramente evang\u00e9lica, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad, con caridad sincera, y si es necesario, hasta con la propia sangre. Dios le conceder\u00e1 valor y fortaleza para que vea la abundancia de gozo que se encierra en la experiencia intensa de la tribulaci\u00f3n y de la absoluta pobreza. Est\u00e9 convencido de que la obediencia es la virtud caracter\u00edstica del ministro de Cristo, que redimi\u00f3 al mundo con su obediencia. A fin de no descuidar la gracia que poseen, los heraldos del Evangelio han de renovar su esp\u00edritu constantemente. Los ordinarios y superiores re\u00fanan en tiempos determinados a los misioneros para que se tonifiquen en la esperanza de la vocaci\u00f3n y se renueven en el ministerio apost\u00f3lico, estableciendo incluso algunas casas apropiadas para ello.<\/p>\n<p><strong>Formaci\u00f3n espiritual y moral<\/strong><\/p>\n<p><strong>25<\/strong> El futuro misionero ha de prepararse con una especial formaci\u00f3n espiritual y moral para un empe\u00f1o tan elevado. Debe ser capaz de iniciativas constantes para continuar los trabajos hasta el fin, perseverante en las dificultades, paciente y fuerte en sobrellevar la soledad, el cansancio y el trabajo infructuoso. Se presentar\u00e1 a los hombres con mente abierta y coraz\u00f3n dilatado; recibir\u00e1n con gusto los cargos que se le conf\u00eden; se acomodar\u00e1 generosamente a las costumbres ajenas y a las cambiantes condiciones de los pueblos, ayudar\u00e1 a sus hermanos y a todos los que se dedican a la misma obra con esp\u00edritu de concordia y de caridad mutua, de suerte que imitando, juntamente con los fieles, la comunidad apost\u00f3lica, constituyan un solo coraz\u00f3n y una sola alma (Cf. Act., 2,42; 4,32). Ejerc\u00edtense, cult\u00edvense y n\u00fatranse cuidadosamente de vida espiritual estas disposiciones de alma ya desde el tiempo de la formaci\u00f3n. Lleno de fe viva y de esperanza firme, el misionero sea hombre de oraci\u00f3n infl\u00e1mese en el esp\u00edritu de fortaleza, de amor y de templanza; aprenda a contentarse con lo que tiene; lleve en s\u00ed mismo con esp\u00edritu de sacrificio la muerte de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas obre en aquellos a los que es enviado; llevado del celo por las almas g\u00e1stelo todo y sacrif\u00edquese a s\u00ed mismo por ellas, de forma que crezca \u00bb en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo con el cumplimiento diario de su ministerio\u00bb. Cumpliendo as\u00ed con Cristo la voluntad del Padre continuar\u00e1 su misi\u00f3n bajo la autoridad jer\u00e1rquica de la Iglesia y cooperar\u00e1 al misterio de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Formaci\u00f3n doctrinal y apost\u00f3lica<\/strong><\/p>\n<p><strong>26<\/strong> Los que hayan de ser enviados a los diversos pueblos como buenos ministros de Jesucristo, est\u00e9n nutridos \u00abcon las palabras de la fe y de la buena doctrina\u00bb, que tomar\u00e1n ante todo, de la Sagrada Escritura, estudiando a fondo el Misterio de Cristo, cuyos heraldos y testigos han de ser. por lo cual todos los misioneros -sacerdotes, hermanos, hermanas, laicos, cada uno seg\u00fan su condici\u00f3n- han de prepararse y formarse para que no se vean incapaces ante las exigencias de su labor futura. Disp\u00f3ngase ya desde el principio su formaci\u00f3n doctrinal de suerte que abarque la universalidad de la Iglesia y la diversidad de los pueblos. Esto se refiere a todas las disciplinas, con las que se preparan para el cumplimiento de su ministerio, y las otras ciencias, que aprenden \u00fatilmente para alcanzar los conocimientos ordinarios sobre pueblos, culturas y religiones, con miras no s\u00f3lo al pasado, sino tambi\u00e9n a la \u00e9poca actual. El que haya de ir a un pueblo extranjero aprecie debidamente su patrimonio, su lengua y sus costumbres. Es necesario, sobre todo, al futuro misionero dedicarse a los estudios misionol\u00f3gicos; es decir, conocer la doctrina y las disposiciones de la Iglesia sobre la actividad misional, saber qu\u00e9 cambios han recorrido los mensajeros. del Evangelio en el decurso de los siglos, la situaci\u00f3n actual de las misiones y tambi\u00e9n los m\u00e9todos considerados hoy como m\u00e1s eficaces. Aunque toda esta formaci\u00f3n ha de estar llena de solicitud pastoral, ha de darse, sin embargo, una especial y ordenada formaci\u00f3n apost\u00f3lica, te\u00f3rica y pr\u00e1ctica. Aprendan bien y prep\u00e1rense en catequ\u00e9tica el mayor n\u00famero posible de hermanos y de hermanas para que puedan colaborar mejor en el apostolado. Es necesario tambi\u00e9n que los que se dedican por un tiempo determinado a la actividad misionera adquieran una formaci\u00f3n apropiada a su condici\u00f3n. Pero esta diversa formaci\u00f3n ha de completarse en la regi\u00f3n a la que ser\u00e1n enviados, de suerte que los misioneros conozcan ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos, est\u00e9n bien enterados del orden moral, de los preceptos religiosos y de su mentalidad acerca de Dios, del mundo y del hombre, conforme a sus sagradas tradiciones. Aprendan las lenguas hasta el punto de poder usarlas con soltura y elegancia, y encontrar en ello una m\u00e1s f\u00e1cil penetraci\u00f3n en las mentes y en los corazones de los hombres. Han de ser iniciados, como es debido, en las necesidades pastorales caracter\u00edsticas de cada pueblo. Algunos han de prepararse tambi\u00e9n de un modo m\u00e1s profundo en los Institutos misionol\u00f3gicos u otras Facultades o Universidades para desempe\u00f1ar m\u00e1s eficazmente cargos especiales y poder ayudar con sus conocimientos a los dem\u00e1s misioneros en la realizaci\u00f3n de su labor, que presenta tantas dificultades y oportunidades, sobre todo en nuestro tiempo. Es muy de desear, adem\u00e1s que las Conferencias regionales de los Obispos tengan a su disposici\u00f3n buen n\u00famero de peritos y usen de su saber y experiencia en las necesidades de su cargo. Y no falten tampoco quienes sepan usar perfectamente los instrumentos t\u00e9cnicos y de comunicaci\u00f3n social, cuya importancia han de apreciar todos.<\/p>\n<p><strong>Institutos que trabajan en las misiones<\/strong><\/p>\n<p><strong>27<\/strong> Aunque todo esto es enteramente necesario para cada uno de los misioneros, sin embargo, es dif\u00edcil que puedan conseguirlo aisladamente. No pudi\u00e9ndose satisfacer la obra misional individualmente, como demuestra la experiencia, la vocaci\u00f3n com\u00fan congreg\u00f3 a los individuos en Institutos, en los que, reunidas las fuerzas, se formen convenientemente y cumplan esa obra en nombre de la Iglesia y a disposici\u00f3n de la autoridad jer\u00e1rquica. Estos Institutos sobrellevaron desde hace muchos siglos el peso del d\u00eda y del calor, entregados a la obra misional ya enteramente, ya s\u00f3lo en parte. Muchas veces la Santa Sede les ha confiado evangelizar vastos territorios en que reunieron un pueblo nuevo para Dios, una iglesia local unida y sus pastores. Fundadas las iglesias con su sudor y a veces con su sangre, servir\u00e1n con celo y experiencia, en fraterna cooperaci\u00f3n, o ejerciendo la cura de almas, o cumpliendo cargos especiales para el bien com\u00fan. A veces asumir\u00e1n trabajos m\u00e1s urgentes en todo el \u00e1mbito de alguna regi\u00f3n; por ejemplo, la evangelizaci\u00f3n de grupos o de pueblos que quiz\u00e1 no recibieron el mensaje del Evangelio por razones especiales o lo rechazaron hasta el momento. Si es necesario, est\u00e1n dispuestos a formar y a ayudar con su experiencia a los que se ofrecen por tiempo determinado a la labor misional. Por estas causas y porque a\u00fan hay que llevar muchas gentes a Cristo, contin\u00faan siendo muy necesarios los Institutos.<\/p>\n<h2><strong><strong><strong>Cap\u00edtulo<\/strong> V: Ordenaci\u00f3n de la actividad misional<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>28<\/strong> Puesto que los fieles cristianos tienen dones diferentes, deben colaborar en el Evangelio cada uno seg\u00fan su oportunidad, facultad, carisma y ministerio; todos, por consiguiente, los que siembran y los que siegan, los que plantan y los que riegan, es necesario que sean una sola cosa, a fin de que \u00abbuscando unidos el tiempo fin\u00bb dediquen sus esfuerzos un\u00e1nimes a la edificaci\u00f3n de la Iglesia. Por lo cual los trabajos de los heraldos del Evangelio y los auxilios de los dem\u00e1s cristianos hay que dirigirlos y aunarlos de forma que \u00abtodo se haga con orden\u00bb, en todos los campos de la actividad y de la cooperaci\u00f3n misional.<\/p>\n<p><strong>Ordenaci\u00f3n general<\/strong><\/p>\n<p><strong>29<\/strong> Perteneciendo, ante todo, al cuerpo de los Obispos la preocupaci\u00f3n de anunciar el Evangelio en todo el mundo, el s\u00ednodo de los Obispos, o sea \u00abel Consejo estable de Obispos para la Iglesia universal\u00bb, entre los negocios de importancia general, considere especialmente la actividad misional deber supremo y sant\u00edsimo de la Iglesia. Es necesario que haya un solo dicasterio competente, a saber \u00abDe propaganda Fide\u00bb, para todas las misiones y para toda la actividad misional, salvo, sin embargo, el derecho de las Iglesias orientales. Aunque el Esp\u00edritu Santo suscita de muchas maneras el esp\u00edritu misional en la Iglesia de Dios, y no pocas veces se anticipa a la acci\u00f3n de quienes gobiernan la vida de la Iglesia, con todo, este dicasterio, en cuanto le corresponde, promueva tambi\u00e9n la vocaci\u00f3n y la espiritualidad misionera, el celo y la oraci\u00f3n por las misiones y difunda las noticias aut\u00e9nticas y convenientes sobre las misiones; suscite y distribuya los misioneros seg\u00fan las necesidades m\u00e1s urgentes de los paises. A ella compete dictar normas directivas y principios acomodados a la evangelizaci\u00f3n y darles impulsos. Promueva y coordine eficazmente la colecta de ayudas materiales, que ha de distribuirse a raz\u00f3n de la necesidad o de la utilidad, y de la extensi\u00f3n del territorio, del n\u00famero de fieles y de infieles, de las obras y de las Instituciones, de los auxiliares y de los misioneros. Juntamente con el Secretario, para promover la uni\u00f3n de los cristianos, busque las formas y los medios de procurar y orientar la colaboraci\u00f3n fraterna y la pac\u00edfica convivencia con las empresas misionales de otras comunidades cristianas para evitar en lo posible el esc\u00e1ndalo de la divisi\u00f3n. As\u00ed, pues, es necesario que este dicasterio sea a la vez instrumento de administraci\u00f3n y \u00f3rgano de direcci\u00f3n din\u00e1mica que emplee medios cient\u00edficos e instrumentos acomodados a las condiciones de este tiempo, teniendo en cuenta las investigaciones actuales de la teolog\u00eda, de la metodolog\u00eda y de la pastoral misionera. Tengan parte activa y voto deliberativo en la direcci\u00f3n de este dicasterio representantes elegidos de entre todos los que colaboran en la Obra misional Obispos de todo el orbe, seg\u00fan el parecer de las Conferencias Episcopales, y superiores de los institutos y directores de las Obras Pontificias, seg\u00fan normas y criterios que tenga a bien establecer el Romano Pont\u00edfice. Todos ellos, que han de ser convocados peri\u00f3dicamente, ejerzan, bajo la autoridad del Sumo Pont\u00edfice, la direcci\u00f3n suprema de toda la obra misional. Tenga a su disposici\u00f3n este dicasterio un Cuerpo permanente de consultores peritos, de ciencia o experiencia comprobada, a los que competir\u00e1, entre otras cosas, el recoger la necesaria informaci\u00f3n, tanto sobre la situaci\u00f3n local de los diversos paises y de la mentalidad, modo de pensar de los diferentes grupos humanos, como sobre los m\u00e9todos de evangelizar que hay que emplear, y proponer conclusiones cient\u00edficamente documentadas para la obra y la cooperaci\u00f3n misional. Han de verse representados convenientemente los Institutos de religiosas, las obras regionales en favor de las misiones y las organizaciones de seglares, sobre todo internacionales.<\/p>\n<p><strong>Ordenaci\u00f3n local de las misiones<\/strong><\/p>\n<p><strong>30<\/strong> para que en el ejercicio de la obra misional se consigan los fines y los efectos propuestos, tengan todos los misioneros \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb. Es deber del Obispo, como rector y centro de unidad en el apostolado diocesano, promover, dirigir y coordinar la actividad misionera, pero de modo que se respete y favorezca la actividad espont\u00e1nea de quienes toman parte en la obra. Todos los misioneros, incluso los religiosos exentos, est\u00e1n sometidos al Obispo en las diversas obras que se refieren al ejercicio del sagrado apostolado.<\/p>\n<p>Para lograr una coordinaci\u00f3n mejor, establezca el Obispo, en cuanto le sea posible, un Consejo pastoral en que tomen parte cl\u00e9rigos, religiosos y seglares por medio de delegados escogidos. Procure, adem\u00e1s, que la actividad apost\u00f3lica no se limite tan s\u00f3lo a los convertidos, sino que ha de destinar una parte conveniente de operarios y de recursos a la evangelizaci\u00f3n de los no cristianos.<\/p>\n<p><strong>Coordinaci\u00f3n regional<\/strong><\/p>\n<p><strong>31<\/strong> Traten las Conferencias Episcopales de com\u00fan acuerdo los puntos y los problemas m\u00e1s urgentes, sin descuidar las diferencias locales. Para que no se malogren los escasos recursos de personas y de medios materiales, ni se multipliquen los trabajos sin necesidad, se recomiendo que, uniendo las fuerzas, establezcan obras que sirvan para el bien de todos, como, por ejemplo, seminarios, escuelas superiores y t\u00e9cnicas, centros pastorales, catequ\u00edsticos, lit\u00fargicos y de medios de comunicaci\u00f3n social. Establ\u00e9zcase tambi\u00e9n una cooperaci\u00f3n semejante, si es oportuno, entre las diversas Conferencias Episcopales.<\/p>\n<p><strong>Ordenaci\u00f3n de la actividad de los Institutos<\/strong><\/p>\n<p><strong>32<\/strong> Es tambi\u00e9n conveniente coordinar las actividades que desarrollan los Institutos o Asociaciones eclesi\u00e1sticas. Todos ellos, de cualquier condici\u00f3n que sean, secunden al ordinario del lugar en todo lo que se refiere a la actividad misional. Por lo cual ser\u00e1 muy provechoso establecer bases particulares que regulen las relaciones entre los ordinarios del lugar y el superior del Instituto. Cuando a un Instituto se le ha encomendado un territorio, el superior eclesi\u00e1stico y el Instituto procuren, de coraz\u00f3n, dirigirlo todo para que la comunidad cristiana se desarrolle en iglesia local, que a su debido tiempo sea dirigida por su propio pastor con su clero. Al cesar la encomienda del territorio se crea una nueva situaci\u00f3n. Establezcan entonces, de com\u00fan acuerdo, las Conferencias Episcopales y los Institutos, normas que regulen las relaciones entre los ordinarios del lugar y los Institutos. La Santa Sede establecer\u00e1 los principios generales que han de regular las bases de los contratos regionales o particulares. Si bien los Institutos est\u00e1n preparados para continuar la obra empezada, colaborando en el ministerio ordinario de la cura de las almas, sin embargo, al aumentar el clero nativo, habr\u00e1 que procurar que los mismos Institutos, de acuerdo con su propio fin, permanezcan fieles a la misma di\u00f3cesis encarg\u00e1ndose generosamente en obras particulares o de alguna regi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Coordinaci\u00f3n entre Institutos<\/strong><\/p>\n<p><strong>33<\/strong> Los Institutos que se dedican a la actividad misional en el mismo territorio conviene que encuentren un buen sistema de coordinar sus trabajos. para ello son muy \u00fatiles las Conferencias de religiosos y las reuniones de religiosas, en que tomen parte todos los Institutos de la misma naci\u00f3n o regi\u00f3n. Examinen estas Conferencias qu\u00e9 puede hacerse con el esfuerzo com\u00fan y mantengan estrechas relaciones con las Conferencias Episcopales. Todo lo cual, y por id\u00e9ntico motivo, conviene extenderlo a la colaboraci\u00f3n de los Institutos misioneros en la tierra patria, de suerte que puedan resolverse los problemas y empresas comunes con m\u00e1s facilidad y menores gastos, como, por ejemplo, la formaci\u00f3n doctrinal de los futuros misioneros, los cursos para los mismos, las relaciones con las autoridades p\u00fablicas o con los \u00f3rganos internacionales o supranacionales.<\/p>\n<p><strong>Coordinaci\u00f3n entre los Institutos cient\u00edficos<\/strong><\/p>\n<p><strong>34<\/strong> Requiriendo el recto y ordenado ejercicio de la actividad misionera que los operarios evang\u00e9licos se preparen cient\u00edficamente para su trabajos, sobre todo para el di\u00e1logo con las religiones y culturas no cristianas, y reciban ayuda eficaz en su ejecuci\u00f3n, se desea que colaboren entre s\u00ed fraternal y generosamente en favor de las misiones todos los Institutos cient\u00edficos que cultivan la misionolog\u00eda y otras ciencias o artes \u00fatiles a las misiones, como la etnolog\u00eda y la ling\u00fc\u00edstica, la historia y la ciencia de las religiones, la sociolog\u00eda, el arte pastoral y otras semejantes.<\/p>\n<h2><strong><strong><strong>Cap\u00edtulo<\/strong> VI: La cooperaci\u00f3n<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>35<\/strong> Puesto que toda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelizaci\u00f3n es deber fundamental del Pueblo de Dios, el Santo Concilio invita a todos a una profunda renovaci\u00f3n interior a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusi\u00f3n del Evangelio, acepten su cometido en la obra misional entre los gentiles.<\/p>\n<p><strong>Deber misionero de todo el Pueblo de Dios<\/strong><\/p>\n<p><strong>36<\/strong> Todos los fieles, como miembros de Cristo viviente, incorporados y asemejados a El por el bautismo, por la confirmaci\u00f3n y por la Eucarist\u00eda, tienen el deber de cooperar a la expansi\u00f3n y dilataci\u00f3n de su Cuerpo para llevarlo cuanto antes a la plenitud (Cf. Ef., 4,13). Por lo cual todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, han de fomentar en s\u00ed mismos el esp\u00edritu verdaderamente cat\u00f3lico y consagrar sus fuerzas a la obra de la evangelizaci\u00f3n. Conozcan todos, sin embargo, que su primera y principal obligaci\u00f3n por la difusi\u00f3n de la fe es vivir profundamente la vida cristiana. Pues su fervor en el servicio de Dios y su caridad para con los dem\u00e1s aportar\u00e1n nuevo aliento espiritual a toda la Iglesia, que aparecer\u00e1 como estandarte levantado entre las naciones (Cf. Is., 11,12) \u00abluz del mundo\u00bb (Mt. 5,14) y \u00absal de la tierra\u00bb (Mt., 5,13). Este testimonio de la vida producir\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cilmente su efecto si se da juntamente con otros grupos cristianos seg\u00fan las normas del decreto sobre el ecumenismo. De la renovaci\u00f3n de este esp\u00edritu se elevar\u00e1n espont\u00e1neamente hacia Dios plegarias y obras de penitencia para que fecunde con su gracia la obra de los misioneros, surgir\u00e1n vocaciones misioneras y brotar\u00e1n los recursos necesarios para las misiones. Pero para que todos y cada uno de los fieles cristianos conozcan puntualmente el estado actual de la Iglesia en el mundo y escuchen la voz de los que claman \u00abay\u00fadanos\u00bb (Cf. Act., 16,9), facil\u00edtense noticias misionales, incluso sirvi\u00e9ndose de los medios modernos de comunicaci\u00f3n social, que los cristianos, haci\u00e9ndose cargo de su responsabilidad en la actividad misional, abran los corazones a las inmensas y profundas necesidades de los hombres y puedan socorrerlos. Se impone tambi\u00e9n la coordinaci\u00f3n de noticias y la cooperaci\u00f3n con los \u00f3rganos nacionales e internacionales.<\/p>\n<p><strong>Deber misionero de las comunidades cristianas<\/strong><\/p>\n<p><strong>37<\/strong> Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de alg\u00fan modo se hace visible, a ellas pertenece tambi\u00e9n dar testimonio de Cristo delante de las gentes. La gracia de la renovaci\u00f3n en las comunidades no puede crecer si no expande cada una los campos de la caridad hasta los confines de la tierra, y no tiene, de los que est\u00e1n lejos, una preocupaci\u00f3n semejante a la que siente por sus propios miembros. De esta forma, toda la comunidad ruega, coopera y act\u00faa entre las gentes por medio de sus hijos, que Dios elige para esta empresa alt\u00edsima. Ser\u00e1 muy \u00fatil, a condici\u00f3n de no olvidar la obra misional universal, mantener comunicaci\u00f3n con los misioneros salidos de la misma comunidad, o con alguna parroquia o di\u00f3cesis de las misiones para que se haga visible la uni\u00f3n entre las comunidades y redunde en edificaci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p><strong>Deber misionero de los Obispos<\/strong><\/p>\n<p><strong>38<\/strong> Todos los Obispos, como miembros del cuerpo episcopal, sucesor del Colegio de los Ap\u00f3stoles, est\u00e1n consagrados no s\u00f3lo para una di\u00f3cesis, sino para la salvaci\u00f3n de todo el mundo. A ellos afecta primaria e inmediatamente, con Pedro y bajo la autoridad de Pedro, el mandato de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura. De ah\u00ed procede aquella comunicaci\u00f3n y cooperaci\u00f3n de las Iglesias, tan necesaria hoy para proseguir la obra de evangelizaci\u00f3n. En virtud de esta comuni\u00f3n, cada una de las Iglesias, siente la solicitud de todas las obras, se manifiestan mutuamente sus propias necesidades, se comunican entre si sus bienes, puesto que la dilataci\u00f3n del cuerpo de Cristo es deber de todo el Colegio episcopal. Suscitando, promoviendo y dirigiendo el Obispo la obra misional en su di\u00f3cesis, con la que forma una sola cosa, hace presente y como visible el esp\u00edritu y el celo misional del Pueblo de Dios, de suerte que toda la di\u00f3cesis se hace misionera. El Obispo deber\u00e1 suscitar en su pueblo, sobre todo entre los enfermos y oprimidos por las calamidades, almas que ofrezcan a Dios oraciones y penitencias con generosidad de coraz\u00f3n por la evangelizaci\u00f3n del mundo; fomentar gustosos las vocaciones de los j\u00f3venes y de los cl\u00e9rigos a los Institutos misioneros, complaci\u00e9ndose de que Dios elija algunos para que se consagren a la actividad misional de la Iglesia; exhortar y aconsejar a las congregaciones diocesanas para que asuman su parte en las misiones; promover entre sus fieles las obras de Institutos misioneros, de manera especial las obras pontificias misionales. Estas obras deben ocupar el primer lugar, ya que son los medios de infundir en los cat\u00f3licos, desde la infancia, el sentido verdaderamente universal y misionero, y de recoger eficazmente los subsidios para bien de todas las misiones, seg\u00fan las necesidades de cada una. Pero creciendo cada vez m\u00e1s la necesidad de operarios en la vi\u00f1a del Se\u00f1or y deseando los sacerdotes diocesanos, participar cada vez m\u00e1s en la evangelizaci\u00f3n del mundo, el Sagrado Concilio desea que los Obispos, considerando la grav\u00edsima penuria de sacerdotes que impide la evangelizaci\u00f3n de muchas regiones, env\u00eden algunos de sus mejores sacerdotes que se ofrezcan a la obra misional, debidamente preparados, a las di\u00f3cesis que carecen de clero, donde desarrollen, al menos temporalmente, el ministerio misional con esp\u00edritu de servicio. Y para que la actividad misional de los Obispos en bien de toda la Iglesia pueda ejercerse con m\u00e1s eficacia, conviene que las Conferencias Episcopales dirijan los asuntos referentes a la cooperaci\u00f3n organizada del propio pa\u00eds. Traten los Obispos en sus Conferencias; del clero diocesano que se ha de consagrar a la evangelizaci\u00f3n de los gentiles; de la tasa determinada que cada di\u00f3cesis debe entregar todos los a\u00f1os, seg\u00fan sus ingresos para la obra de las misiones; de dirigir y ordenar las formas y medios con que se ayude directamente a las mismas; de ayudar y, si es necesario, fundar Institutos misioneros y seminarios del clero diocesano para las misiones; de la manera de fomentar estrechas relaciones entre estos Institutos y las di\u00f3cesis. Es propio de las Conferencias Episcopales establecer y promover obras en que sean recibidos fraternalmente y ayudados con cuidado pastoral conveniente los que inmigran de tierras de misiones para trabajar y estudiar. Porque por ellos se acercan de alguna manera los pueblos lejanos y se ofrece a las comunidades ya cristianas desde tiempos remotos una ocasi\u00f3n magn\u00edfica de dialogar con los que no oyeron todav\u00eda el Evangelio y de manifestarles con servicio de amor y de asistencia la imagen aut\u00e9ntica de Cristo.<\/p>\n<p><strong>Deber misional de los sacerdotes<\/strong><\/p>\n<p><strong>39<\/strong> Los presb\u00edteros representan la persona de Cristo y son cooperadores del orden episcopal, en su triple funci\u00f3n sagrada que se ordena a las misiones por su propia naturaleza. Est\u00e9n profundamente convencidos que su vida fue consagrada tambi\u00e9n al servicio de las misiones. Y porque, comunicando con Cristo Cabeza, por su propio ministerio, centrado esencialmente en la Eucarist\u00eda -que perfecciona la Iglesia-, y conduciendo a otros a la misma comunicaci\u00f3n, no pueden dejar de sentir lo mucho que les falta para la plenitud del Cuerpo, y cu\u00e1nto por ende hay que trabajar para que vaya creciendo cada d\u00eda. Por consiguiente, organizar\u00e1n el cuidado pastoral de forma que sea \u00fatil a la dilataci\u00f3n de Evangelio entre los no cristianos. Los presb\u00edteros, en el cuidado pastoral, excitar\u00e1n y mantendr\u00e1n entre los fieles el celo por la evangelizaci\u00f3n del mundo, instruy\u00e9ndolos con la catequesis y la predicaci\u00f3n sobre el deber de la Iglesia de anunciar a Cristo a los gentiles; ense\u00f1ando a las familias cristianas la necesidad y el honor de cultivar las vocaciones misioneras entre los propios hijos; fomentando el fervor misionero en los j\u00f3venes de las escuelas y de las asociaciones cat\u00f3licas de forma que salgan de entre ellos futuros heraldos del Evangelio. Ense\u00f1en a los fieles a orar por las misiones y no se averg\u00fcencen de pedirles limosna, haci\u00e9ndose mendigos por Cristo y por la salvaci\u00f3n de las almas. Los profesores de los seminarios y de las universidades expondr\u00e1n a los j\u00f3venes la verdadera situaci\u00f3n del mundo y de la Iglesia para que comprendan claramente la necesidad de una m\u00e1s esforzada evangelizaci\u00f3n de los no cristianos. En las ense\u00f1anzas de las disciplinas dogm\u00e1ticas, b\u00edblicas, morales e hist\u00f3ricas hagan notar los motivos misionales, que en ellas se contienen, para ir formando de este modo la conciencia misionera en los futuros sacerdotes.<\/p>\n<p><strong>Deber misionero de los Institutos de perfecci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>40<\/strong> Los Institutos religiosos de vida contemplativa y activa tuvieron hasta ahora, y siguen teniendo, la mayor parte en la evangelizaci\u00f3n del mundo. El Sagrado Concilio reconoce gustoso sus m\u00e9ritos, y da gracias a Dios por tantos servicios prestados a la gloria de Dios y al bien de las almas, y les exhorta a que sigan sin desfallecer en la obra comenzada, sabiendo, como saben, que la virtud de la caridad, que deben cultivar perfectamente por exigencias de su vocaci\u00f3n, les impulsa y obliga al esp\u00edritu y al trabajo verdaderamente cat\u00f3lico. Los Institutos de vida contemplativa tienen una importancia singular en la conversi\u00f3n de las almas por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por medio de la oraci\u00f3n, env\u00eda obreros a su mies, abre las almas de los nos cristianos, para escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvaci\u00f3n en sus corazones. M\u00e1s a\u00fan se ruega a estos Institutos que funden casas en los paises de misiones, como ya lo han hecho algunos, para que, viviendo all\u00ed de una forma acomodada a las tradiciones genuinamente religiosas de los pueblos, den su precioso testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad de Dios, y de la uni\u00f3n en cristo. Los Institutos de vida activa, por su parte, persigan o no un fin estrictamente misional, preg\u00fantense sinceramente delante de Dios si pueden extender su actividad para la expansi\u00f3n del Reino de Dios entre los gentiles; si pueden dejar a otros algunos ministerios, de suerte que dediquen tambi\u00e9n sus fuerzas a las misiones; si pueden comenzar su actividad en las misiones, adaptando, si es preciso, sus Constituciones, fieles siempre a la mente del Fundador; si sus miembros participan seg\u00fan sus posibilidades, en la acci\u00f3n misional; si su g\u00e9nero de vida es un testimonio acomodado al esp\u00edritu del Evangelio y a la condici\u00f3n del pueblo. Creciendo cada d\u00eda en la Iglesia, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, los Institutos seculares, su trabajo, bajo la autoridad del Obispo, puede resultar fructuoso en las misiones de muchas maneras, como se\u00f1al de entrega plena a la evangelizaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p><strong>Deber misional de los laicos<\/strong><\/p>\n<p><strong>41<\/strong> Los laicos cooperan a la obra de evangelizaci\u00f3n de la Iglesia y participan de su misi\u00f3n salv\u00edfica a la vez como testigos y como instrumentos vivos, sobre todo si, llamados por Dios, son destinados por los Obispos a esta obra. En las tierras ya cristianas, los laicos cooperan a la obra de evangelizaci\u00f3n, fomentando en s\u00ed mismos y en los otros el conocimiento y el amor de las misiones, suscitando las vocaciones en la propia familia, en las asociaciones cat\u00f3licas y en las escuelas, ofreciendo ayudas de cualquier g\u00e9nero, para dar a otros el don de la fe, que ellos recibieron gratuitamente. En las tierras de misiones, los laicos, sean extranjeros o nativos, ense\u00f1en en las escuelas, administren los bienes temporales, colaboren en la actividad parroquial y diocesana, establezcan y promuevan diversas formas de apostolado seglar para que los fieles de las Iglesias j\u00f3venes puedan, cuanto antes, asumir su propio papel en la vida de la Iglesia. Los laicos, por fin, presten de buen grado su cooperaci\u00f3n econ\u00f3mico-social a los pueblos en v\u00edas de desarrollo; cooperaci\u00f3n que es tanto m\u00e1s de alabar, cuanto m\u00e1s se relacione con la creaci\u00f3n de aquellas instituciones que ata\u00f1en a las estructuras fundamentales de la vida social, y se ordenan a la formaci\u00f3n de quienes tienen la responsabilidad de la naci\u00f3n. Son signos de elogio especial los seglares que, con sus investigaciones hist\u00f3ricas o cient\u00edficas-religiosas promueven el conocimiento de los pueblos y de las religiones en las universidades o institutos cient\u00edficos, ayudando as\u00ed a los heraldos del Evangelio y preparando el di\u00e1logo con los no cristianos. Colaboren fraternalmente con otros cristianos, y con los no cristianos, sobre todo con los miembros de asociaciones internacionales, teniendo siempre presente que \u00abla edificaci\u00f3n de la ciudad terrena se funda en el Se\u00f1or y a El se dirige\u00bb. Para cumplir todos estos cometidos, los laicos necesitan preparaci\u00f3n t\u00e9cnica y espiritual, que debe darse en institutos destinados a este fin, para que su vida sea testimonio de Jesucristo entre los no cristianos seg\u00fan la frase del Ap\u00f3stol \u00abNo se\u00e1is objeto de esc\u00e1ndalo ni para Jud\u00edos, ni para Gentiles, ni para la Iglesia de Dios, lo mismo que yo procuro agradar a todos en todo, no buscando mi conveniencia, sino la de todos para que se salven\u00bb (1Cor., 10,32-33).<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p><strong>42<\/strong> Los Padres del Concilio, juntamente con el Romano Pont\u00edfice, sintiendo vivamente la obligaci\u00f3n de difundir en todas partes el Reino de Dios, saludan con gran amor a todos los heraldos del Evangelio, sobre todo a los que padecen persecuci\u00f3n por el nombre de Cristo, hechos part\u00edcipes de sus sufrimientos. Ellos se encienden en el mismo amor en que ard\u00eda Cristo por los hombres. Pero, sabedores de que es Dios quien hace que su Reino venga a la tierra, ruegan juntamente con todos los fieles cristianos que, por intercesi\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, Reina de los Ap\u00f3stoles, sean atra\u00eddos los gentiles cuanto antes al conocimiento de la verdad (Cf. 1 Tim., 2,4), y la claridad de Dios que resplandece en el rostro de Cristo Jes\u00fas, brille para todos por el Esp\u00edritu Santo (Cf. 2 Cor., 4,6). Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo, y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p>Roma, en San Pedro, 7 de diciembre de 1965. Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica (Siguen las firmas de los Padres conciliares.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Concilio Vaticano II ha dedicado un documento exclusivamente a la misi\u00f3n ad gentes. 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