{"id":42139,"date":"2014-12-18T09:35:31","date_gmt":"2014-12-18T08:35:31","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=42139"},"modified":"2016-07-27T12:06:37","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:37","slug":"toussaint-bourdaise-1618-1656-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/toussaint-bourdaise-1618-1656-primera-parte\/","title":{"rendered":"Toussaint Bourdaise (1618-1656) (Primera parte)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Biografias-Pa%C3%BAles4.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-42140 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/Biografias-Pa%C3%BAles4.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Nada m\u00e1s enterarse de la muerte del Sr. Gondr\u00e9e, san Vicente pens\u00f3 en socorrer, en la isla de Madagascar, al solitario Misionero que segu\u00eda all\u00ed, el Sr. Nacquart, que estaba expuesto a fatigas a las que no pod\u00eda dejar de sucumbir pronto. Con el Sr. Mounier, es al Sr. Bourdaise, originario de Blois, entonces de la di\u00f3cesis de Chartres,\u00a0 a quien design\u00f3 para esta lejana y gloriosa misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Tousaaint Bourdaise hab\u00eda sido recibido en Par\u00eds, en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, ya de edad de veintisiete a\u00f1os, el 6 de octubre de 1645;\u00a0 hab\u00eda sido ordenado sacerdote en 1651. \u00a1Transformaciones maravillosas operadas por la gracia, adorables juegos de la Providencia!<\/p>\n<p>Varias veces hab\u00eda estado a punto de ser expulsado de la Compa\u00f1\u00eda por escaso talento y ciencia (Rep. de oraci\u00f3n del 25 de nov. 1657), y es \u00e9l quien va a convertirse en el 1er verdadero ap\u00f3stol de Madagascar.<\/p>\n<h2>Llegada de Bourdaise y sus compa\u00f1eros \u00e0 Madagascar. \u00c9tat de la colonie (1654).<\/h2>\n<p>Los disturbios del reino, las rivalidades de compa\u00f1\u00edas coloniales no permitieron a los dos Misioneros hacerse a la mar hasta comenzar el a\u00f1o 1654, para llegar a Fort-Dauphin el 16 de agosto.<\/p>\n<p>Hac\u00eda m\u00e1s de tres a\u00f1os ya que la colonia estaba viuda de Nacquart, muerto a los treinta y cuatro a\u00f1os, el 29 de mayo de 1651, sin que, en este largo intervalo, llegara a Par\u00eds la noticia. En una carta del 6 de febrero de 1655 transmitieron a Vicente los reci\u00e9n llegados estos f\u00fanebres detalles.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Hicimos escala en Cabo Verde algunos d\u00edas, durante los cuales el Sr. Bourdaise evangeliz\u00f3 a los ind\u00edgenas, de los que habla muy bien en sus cartas; luego, el nav\u00edo, en el que hab\u00eda subido volvi\u00f3 al mar. Las tempestades le empujaron casi hasta las costas de Brasil, luego le hicieron volver. Por fin lanzamos el ancla en la bah\u00eda de Itapere, a cuatro leguas del Fort-Dauphin<\/em><\/p>\n<p>Las primeras noticias dadas por los ind\u00edgenas fueron trist\u00edsimas; se quejaban de los franceses, y anunciaron al Sr. Bourdaise qu el St Nacquart se hab\u00eda muerto hac\u00eda tres a\u00f1os. El Sr. Mounier, a bordo de otro nav\u00edo, no hab\u00eda llegado a\u00fan: \u00bfse habr\u00eda perdido este barco? Estos pensamientos llenaban de dolor el alma del Sr. Bourdaise.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Cuatro d\u00edas despu\u00e9s de nuestra llegada a la rada de Itapere<\/em>, escrib\u00eda a san Vicente de Pa\u00fal, <em>el Sr. de Laforest, nuestro almirante se decidi\u00f3 a partir para Fort-Dauphin, y me hizo el honor de pedirme que le acompa\u00f1ara. Partimos bien armados, a causa de las sorpresas a las que est\u00e1bamos expuestos y de las cuales nos hab\u00edan prevenido. El Sr de Flacourt, despu\u00e9s de saludarnos, nos recibi\u00f3 con los brazos abiertos; yo fui a la capilla, que encontr\u00e9 bien adornada y muy limpia; esta decencia me alegr\u00f3 mucho. Vimos un fuerte bien establecido y guardado por un buen n\u00famero de nuestros franceses. Al pie del fuerte hab\u00eda un pueblo bien poblado de negros; conocimos por ah\u00ed que las cosas no estaban tan desesperadas\u00a0 como nos hab\u00edan dicho.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Al d\u00eda siguiente, que era un domingo, dije la santa misa, con gran satisfacci\u00f3n del Sr de Flacourt y de todos los franceses, que la deseaban desde hac\u00eda mucho con una viva impaciencia. Avisado de que el Sant\u00edsimo estaba en el tabern\u00e1culo, ya que el Sr. Nacquart no hab\u00eda podido consumir las santas especies, yo no pod\u00eda creer que se hubieran conservado tanto tiempo, y me dec\u00eda que esta buena gente se ilusionaban; pero, al abrir el cop\u00f3n para depositar las que yo hab\u00eda consagrado, encontr\u00e9 cinco formas, a la verdad un poco pegadas unas a otras, pero con todos los aspectos\u00a0 de un perfecto estado de conservaci\u00f3n. Me sent\u00ed encantado y cre\u00ed que Dios les hab\u00eda concedido este favor\u00a0 por el honor que nuestros franceses le hab\u00edan rendido. Pues todos los d\u00edas por la ma\u00f1ana y por la tarde, iban a la capilla para hacer sus oraciones y, el d\u00eda de la fiesta del Sant\u00edsimo Sacramento, llevaban el tabern\u00e1culo en procesi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Pero, <\/em>a\u00f1ade el Sr. Bourdaise en su relato, <em>enseguida vemos a unos negros que llagan a toda prisa; se adivina que son portadores de alguna noticia; unos dicen que buenas, otros que son malas. No se celebra todav\u00eda, se espera. Por fin llegan hasta nosotros y nos dicen que el nav\u00edo del que nos hab\u00edamos separado y que est\u00e1bamos esperando est\u00e1 a poca distancia de aqu\u00ed, que todos est\u00e1n contentos y que mi hermano\u00a0 manda que nos digan las cosas m\u00e1s agradables. Esta buena noticia hace sobresaltarse a los franceses, y enseguida nos vamos a Itapere, a su encuentro. Qu\u00e9 emociones m\u00e1s dulces experimentamos, el Sr. Mounier y yo, cuando pudimos abrazarnos! Luego nos purificamos mutuamente en el sacramento de la penitencia del que nos hab\u00edamos visto privados por tanto tiempo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Como mi superior ha llegado ahora y va a quedarse en Fort-Dauphin con el hermano Ren\u00e9, -es un hermano coadjutor-\u00a0 le dejar\u00e9 contar lo que ha pasado hasta la fecha de esta carta, y yo me limitar\u00e9\u00a0 a haceros saber que me siento feliz de estar en este pa\u00eds, y que bendigo al Se\u00f1or todos los d\u00edas por mi felicidad.<\/em>\u00ab<\/p>\n<p>Privados de sacerdotes durante tan largo tiempo. Los franceses, Flacourt a la cabeza,\u00a0 recibieron a Bourdaise y a su compa\u00f1ero con mucho honor y cordialidad. Los instalaron primeramente en su peque\u00f1a choza.<\/p>\n<p>Por su parte, los negros bautizados por los primeros Misioneros acudieron a sus sucesores, llevando con ellos a una multitud de compatriotas venidos de todas las regiones vecinas para instruirse; de\u00a0 manera que la choza result\u00f3 muy pronto demasiado estrecha, y fue preciso construir una segunda mayor, destinada exclusivamente a los catecismos.<\/p>\n<p>Y es que todos, franceses y negros, ten\u00edan buenas razones para desear la llegada de los Misioneros. Flacourt ve\u00eda todos los d\u00edas a su colonia debilitarse bajo los golpes de las enfermedades y de los malgaches, y \u00e9l mismo estaba amenazado de asesinato. Los que enviaba a las compras no volv\u00edan; porque los malgaches infestaban los caminos, robaban los animales y mataban a los franceses extraviados. Se les impon\u00edan a veces a fuerza de valor, y estos b\u00e1rbaros dec\u00edan entonces: \u00abHemos o\u00eddo hablar de los portugueses; hemos conocido a los holandeses y a los ingleses pero ellos no son hombres como vosotros ya que no os cuid\u00e1is de vuestra vida, y aunque ve\u00e1is la muerte delante de vuestros ojos, no os amedrent\u00e1is. Sois otros que esos extranjeros; no sois hombres, sois leones. A pesar de todo, hab\u00eda treguas violadas sin cesar de una parte y de otra, y los franceses casi bloqueados en el Fort-Dauphin ten\u00edan que luchar a la vez contra la escasez, contra la desconfianza a menudo demasiado leg\u00edtima y a veces contra las armas de los malgaches.<\/p>\n<h2>Primeros trabajos del Sr. Bourdaise. La docilidad de los malgaches.<\/h2>\n<p>\u00c9stos hubieran sido f\u00e1ciles de ganar por procedimientos buenos. El Sr. Burdaise lo atestigua, y\u00a0 y se encuentra la prueba en sus cartas a san Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Desde hace diez a\u00f1os que estamos aqu\u00ed, <\/em>escrib\u00eda, <em>un buen n\u00famero de negros han venido a rezar al Se\u00f1or en nuestra casa, tres veces al d\u00eda, con una asiduidad de lo m\u00e1s edificante. Estas pobres almas no piden m\u00e1s que buenos obreros.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>La\u00a0 mayor parte de los malgaches comienzan a tener celo por la gloria de Dios. Al reza, su porte es bastante modesto, y se invitan unos a otros a venir a rezar. Un peque\u00f1o dec\u00eda a dos o tres camaradas: \u00abVosotros no val\u00e9is nada, no rez\u00e1is a Dios; sin embargo \u00e9l es el due\u00f1o de todo el mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Qu\u00e9 hermoso es ver a una o a varias docenas de estos nuevos bautizados y a los mayores asistir al oficio divino! Ellos llegan antes de la hora a la puerta de la iglesia esperando con una especie de impaciencia la se\u00f1al para entrar. Mientras digo el oficio en la iglesia, me asaltan a menudo una banda de peque\u00f1os que vienen a rodearme de rodillas para que les haga recitar el Pater. Cuando he podido condescender a sus deseos, se van encantados, dici\u00e9ndose unos a otros \u00abQue han rezado a Dios\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Preocupado por la decencia del culto y la celebraci\u00f3n del santo sacrificio, el Sr. Bourdaise a\u00f1ad\u00eda algunas noticias:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Pronto se terminar\u00e1 la iglesia de piedra que est\u00e1 en el Fuerte; la que hab\u00eda comenzado el Sr. Nacquart sirve de cementerio.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Nosotros estamos bien, gracias a Dios; no hace tanto calor aqu\u00ed como cre\u00edamos. En el interior, los calores son menos tolerables. Hemos encontrado algunos pies de vi\u00f1a plantados ha ce tres a\u00f1os; nos han dado unos sesenta racimos. Se ven en la regi\u00f3n vi\u00f1as silvestres. Si podemos cosechar trigo, tendremos demasiada suerte\u00bb<\/em>. (Carta del 8 de feb. 1855)<em>.<\/em><\/p>\n<p>Entretanto, Bourdaise y Mounier se hab\u00edan entregado sin demora al estudio de la lengua y al cabo de algunos meses, pod\u00edan ya catequizar a los negros, al mismo tiempo que hac\u00edan el servicio espiritual de los franceses. Todo marchaba bien, cuando una revoluci\u00f3n tuvo lugar en el gobierno de la colonia.<\/p>\n<h2>Partida del Sr. de Flacourt para Francia. Pronis le sucede en Madagascar.<\/h2>\n<p>Flacourt, sin poderes seguros, frente a las reclamaciones de sus colonos que \u00e9l no pod\u00eda satisfacer, amenazado por Pronis, el antiguo gobernador, y por el capit\u00e1n Laforest, llegados de uno y otro en nav\u00edos de La Meilleraye, dos competidores a la espera de poder suplantarle, resolvi\u00f3 irse a Francia, abandon\u00f3 el mando de Fort-Dauphin al Sr. de Laforest, que se lo entreg\u00f3 al Sr. de Pronis. Parti\u00f3 el 12 de febrero de 1655, llev\u00e1ndose consigo a cuatro peque\u00f1os negros a Francia.<\/p>\n<p>Durante ese tiempo, la colonia era presa de desdichas irreparables. Una parte del fuerte y de los comercios se hab\u00eda convertido en pasto de las llamas, en medio del regocijo destinado a celebrar la instalaci\u00f3n de Pronis. Algunos d\u00edas despu\u00e9s, otro incendio estallaba y devoraba el resto del fuerte, la capilla y la casi totalidad del pueblo: desastre del que Pronis, sin provisiones ni instrumentos de trabajo, no pudo volver a levantarse. Bourdaise ha dejado el relato de esta terrible escena.<\/p>\n<h2>Incendio en Fort-Dauphin.<\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abYo me preparaba, <\/em>dice, <em>para el viaje del mar Rojo, como se lo hab\u00eda prometido al Sr. de Laforest, que me hab\u00eda hecho el honor, el segundo s\u00e1bado de Cuaresma, de venir a nuestra casa hacia las nueve, para disfrutar conmigo de su futuro viaje, y proponerme aprender la lengua de Madagascar. Perro he aqu\u00ed que llegan a avisarnos que el fuego estaba otra vez en el Fuerte. Nos apresuramos, y no bien hubimos llegado cuando vimos una caba\u00f1a y la fachada de la iglesia todas en llamas. Voy corriendo a las ventanas, salto al interior, y arrojo cofres, ornamentos, libros, candeleros y todo lo dem\u00e1s. Por \u00faltimo viendo el torrente de fuego abrasar todo el edificio, recojo el santo tabern\u00e1culo que entrego a un franc\u00e9s; pero d\u00e1ndole respeto el miedo a dejarse caer esta preciosa prenda, yo le animo y con mano temblorosa se lo lleva.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Fuera de m\u00ed por completo, miro a ver si podr\u00eda salvar algo. Veo dos o tres cuadros que eran ornamento de nuestro altar, pero la violencia del fuego me obliga a huir. Tomo los ornamentos y un mantel con una mano y, reuniendo fuerzas, voy a saltar por la ventana, y me engancho en un clavo quedando suspendido en el aire. Me debato, y me rompo la sotana y los h\u00e1bitos. El fuego prende al mismo tiempo en dos tiendas y en la casa del gobernador. Todo el mundo se lleva lo que puede salvar; pero todos al ver esta furia, piensan en s\u00ed y tratan de sacarlo de la casa, Pero ya no hay tiempo, los tejados est\u00e1n ardiendo. El que cuida de un almac\u00e9n lleno de arroz, y en el que, y en el que arden tambi\u00e9n los postes, grita para que vengan a ayudarle y no se le oye, el ruido de la llama y los gritos confusos se lo impiden. Alguien le ve por casualidad, y me llama; voy corriendo, salvamos un barril de p\u00f3lvora, cuando el fuego, apoder\u00e1ndose\u00a0 de los que hab\u00edan quedado en el almac\u00e9n, hace un ruido\u00a0 de espanto, se lleva todo el tejado y separa los laterales del edificio. Entonces, todo es fuego y llamas; todos abandonan el fuerte y se salvan como pueden. Yo me lanzo hacia nuestra caba\u00f1a, que era la m\u00e1s cercana al Fuerte. El calor es tan grande que apenas se puede respirar. Colocamos a la gente\u00a0 al lado de las casas, con agua, para apagar las chispas que llevaba el viento por todas partes se tiran todas las ropas\u00a0 al patio. Cosa lamentable! En menos de media hora, todo el Fuerte y cuarenta o cincuenta cuerpos del refugio reducidas a ceniza. Qu\u00e9 espect\u00e1culo, Se\u00f1or, ver el sagrado tabern\u00e1culo en el suelo en medio de un patio. Bueno qu\u00e9, Nuestro Se\u00f1or es siempre adorable dondequiera que est\u00e9. Trabajamos hasta medianoche con gran miedo por el pueblo. Por \u00faltimo, habiendo cambiado el viento, comenzamos a respirar. El fuego continu\u00f3 cuatro d\u00edas m\u00e1s con braseros encendidos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>No me atrevo a pasar en silencio el piadoso celo de un marino, que entr\u00f3 en la iglesia en llamas, para salvar el retrato de la Virgen que rescat\u00f3\u00a0 a medio quemar.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Despu\u00e9s, se comenz\u00f3 a rehacer, o m\u00e1s bien a reconstruir, la fortaleza y, nosotros, una iglesia en la que instalar el Santo Sacramento. Emplea para ello una hermosa caba\u00f1a que hab\u00eda comprado para el rezo de los negros. Puse una balaustrada lateral y frontal, con el fin de que los que estuvieran fuera pudieran o\u00edr f\u00e1cilmente la misa; pero las incomodidades del tiempo molestaban a los que no pod\u00edan entrar y yo no pod\u00eda hablar en p\u00fablico. Nos pusimos a alargarla, dejando una balaustrada todo alrededor para separar el coro y haciendo un p\u00f3rtico delante, a fin de que los que pasaran (pues da a un gran camino) vinieran al menos a ver las ceremonias, en caso que les diera verg\u00fcenza entrar. Esto nos ha servido de mucho, ya que viene siempre una gran cantidad, los cuales, al ver a los dem\u00e1s rezar se familiarizan poco a poco y reconocen que no es imposible aprender, como se lo hacen o\u00edr los Rohandries \u00a0y como hay que procurar aprovecharlo todo, yo adorno lo mejor que puedo este peque\u00f1o santuario con im\u00e1genes que respet\u00f3 el fuego. Notando que sent\u00edan mucha\u00a0 curiosidad por ver mi reloj, le coloco bien a la vista en nuestra capilla, lo que me da siempre ocasi\u00f3n de hablarles de nuestros misterios. Se sorprenden al ver que eso vive y que eso habla; la llaman en su lengua bien ambos voulamenne, es decir perro de oro, -y es el nombre ordinario- bien maling\u00e8ne que significa \u00e1ngel. Pero yo les digo que los \u00e1ngeles son m\u00e1s hermosos que el sol y que todo lo que vemos, porque sirven a Dios y hacen todo lo que \u00e9l desea; que si ellos se hicieran bautizar y guardaran sus mandamientos, ser\u00edan tan hermosos como el sol y que su alma, que ha muerto, vivir\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Me escuchan de buen grado y confiesan que no hay nada mejor que bautizarse. Una casa de negra hall\u00e1ndose frente a la iglesia imped\u00eda a la gente ver rezar a Dios, yo le dije que su casa no estaba bien\u00a0 delante de la casa de Dios. Ella me respondi\u00f3: \u00abDices bien: Zanhare (Dios) es un gran se\u00f1or\u00bb; y, al mismo tiempo, se puso a quitarla, lo que me oblig\u00f3 a darle una honrosa recompensa<\/em>.\u00bb<\/p>\n<h2>Por la muerte del Sr Mounier, Bourdaise se queda como \u00fanico sacerdote de Madagascar. Conversiones.<\/h2>\n<p>Es en esta \u00e9poca (1655) cuando muri\u00f3 el compa\u00f1ero del Sr. Bourdaise, el Sr Mounier, durante la expedici\u00f3n emprendida a los Mahafales, como hemos contado. El Sr. Bouraise deposit\u00f3 su cuerpo al lado del de los de Nacquart y de Gondr\u00e9e.<\/p>\n<p>La muerte del Sr. Mounier impidi\u00f3 al Sr. Bourdaise seguir al Sr. de Laforest, que hab\u00eda suplicado al Misionero que le acompa\u00f1ara hasta el mar Rojo. Ejerci\u00f3 en Fort-Dauphin un fructuoso apostolado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>El Sr. de Pronis, <\/em>escrib\u00eda, <em>sigue reparando el Fuerte, y yo ense\u00f1ando a rezar a Dios e instruyendo a estos pobres ne\u00f3fitos. Todos los d\u00edas se bautizan algunos, ver\u00edais a veces a dos, tres, cuatro, ocho diez nuevos que vienen a aprender a rezar a Dios y a escuchar las oraciones. Habi\u00e9ndome encontrado tres o cuatro veces a uno\u00a0 que escuchaba de lejos, le pregunt\u00e9 qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed: \u00abYo, yo escucho solamente, respondi\u00f3; tengo viruelas, me da verg\u00fcenza entrar en la casa\u00a0 de Zanhare\u00bb. Yo le digo que Dios no miraba m\u00e1s que el alma y que no era como los hombres, que miran la belleza del cuerpo. Me interrumpe y me dice: \u00abH\u00e1game pues rezar\u00bb Lo hice enseguida y demostr\u00f3 alegr\u00eda. Lo mismo le ocurri\u00f3 a un\u00a0 a un pobre hombre que tiene rotas las dos piernas y camina sobre las dos manos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSu fervor crece d\u00eda a d\u00eda y aunque el Sr. de Pronis, que es hereje, nos haga un poco de sombra, no impidi\u00f3 que Dios recibiera gloria con ello. Invitado por \u00e9l a decir a los franceses que asistieran a las oraciones de la ma\u00f1ana y de la tarde y que, \u00e9l las har\u00eda al mismo tiempo en su habitaci\u00f3n, me di cuenta que era para atraer a los negros, como en efecto sucedi\u00f3. Ya que todos los que estaban a su servicio no iban a las oraciones m\u00e1s que a su casa, y me avisaron incluso que dos mujeres de los franceses estaban listas para asistir tambi\u00e9n. Yo las disuad\u00ed lo mejor que pude, sin por ello explicarles la diferencia de religi\u00f3n, cosa que siempre he ocultado.<\/em><\/p>\n<h2>Curaciones. Adivinos. Funerales.<\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHe bautizado a cuatro matrimonios de negros, es decir al hombre, la mujer y los hijos. El primero un buen anciano, de edad por lo menos de noventa a\u00f1os, se mor\u00eda. Entr\u00e9 en su choza, tan peque\u00f1a que un hombre apenas pod\u00eda estirarse cuan largo era, y tan baja, que estando de rodillas, la cabeza tocaba el techo. All\u00ed encontr\u00e9 a su mujer, de la misma edad, que hac\u00eda fuego de d\u00eda y de noche para calentar aquel cuerpo. Hablo al enfermo y me entero de su mal y le doy un poco de theriaque y buen alimento, y se cura. Al d\u00eda siguiente, me le encuentro llevando le\u00f1as. Me dice \u00abT\u00fa eres un Dios, y yo estoy curado; soy tu esclavo para siempre\u00bb. Le respond\u00ed que era Dios quien lo hab\u00eda hecho todo, quien hab\u00eda dado la fuerza de curar al medicamento; le dije que \u00e9l vino a ense\u00f1ar a rezarle a \u00e9l y a su mujer, lo que han hecho todo los d\u00edas con sus hijos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otra de sus cartas, el Sr. Bourdaise, que hab\u00eda adquirido la reputaci\u00f3n de un cirujano h\u00e1bil, cuenta que los nativos le llamaban de todas partes para curarse.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abUn buen adivino me vino \u00faltimamente a buscar para pedirme que fuera a curar, en su pueblo, a un hombre que, desde hac\u00eda m\u00e1s de tres meses, no dorm\u00eda y sufr\u00eda mucho de un absceso. El mal estaba en la pierna, hinchada, gorda como el cuerpo del hombre, toda llena de un pus que no pod\u00eda salir por su piel endurecida. Al verlo, tomo un bistur\u00ed y, yo solo le pinch\u00e9 este apostema, que dio m\u00e1s de un cubo de pus. Estas pobres gentes estaban maravilladas. Ten\u00eda tambi\u00e9n una hinchaz\u00f3n en la espalda, en la que hice la misma operaci\u00f3n, y el mal se pas\u00f3 por completo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLos nativos del pa\u00eds est\u00e1n sometidos a una especie de disenter\u00eda que se llama sorat, causada por la mala alimentaci\u00f3n que toman durante tres meses del a\u00f1o. Este mal les produce la muerte en ocho d\u00edas, y no tienen ning\u00fan remedio para defenderse. Yo les di un poco de theriaque, que ha curado a m\u00e1s de cien por la misericordia de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEstos pobres Indios, <\/em>dice el Sr Bourdaise en otra carta, <em>recurren a m\u00ed en sus enfermedades. Lo cual me sirve de mucho, porque es entonces cuando me escuchan mejor. Por esto he bautizado a cuatro peque\u00f1os, que se murieron despu\u00e9s y que, por consiguiente, subieron al cielo. Los hemos enterrado con las ceremonias de costumbre, llevando los peque\u00f1os de su misma edad cirios; hab\u00eda sobre el cuerpo un lienzo blanco y ramilletes.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Esto los impresion\u00f3 sobre manera, pero les expliqu\u00e9 estas ceremonias y lo agradecieron, sobre todo cuando les asegur\u00e9 que estos ni\u00f1os muertos despu\u00e9s del bautismo eran como \u00e1ngeles en el cielo. Un anciano, muy atrevido me interrumpi\u00f3 y dijo que hab\u00eda que llorar como de ordinario. Ahora bien, conviene saber que estos llantos consisten en matar animales, catar y saltar delante del cuerpo y en llevarle de beber y de comer. Les dije que sab\u00edan muy bien que el cuerpo se pudr\u00eda y que no pod\u00eda comer y que el alma, que no mor\u00eda, ni com\u00eda tampoco, viv\u00eda de otra manera en el cielo, donde rezaba por ellos; que por lo dem\u00e1s, yo imped\u00eda al padre que tratara a sus amigos. Por entonces,\u00a0 me dijeron que hab\u00eda hablado muy bien y que el anciano no era ning\u00fan sabio. Los padres y las madres despu\u00e9s de esto se cortaron las trenzas y dejaron sus composturas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abMe han dicho que cuando da a luz una mujer, debe declarar todo el mal que ha hecho; porque creen que, si ella no lo hubiera confesado todo, no podr\u00eda ser madre. Son avances en medio de los cuales se los podr\u00e1 llevar al sacramento de la penitencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Una vez solo Bourdaise prosigui\u00f3 con coraje su apostolado. Con la aprobaci\u00f3n del gobernador, recorr\u00eda las chozas, expulsaba a las mujeres de mala vida, y ten\u00eda bastante suerte para hacer de muchas de ellas Magdalenas arrepentidas.<\/p>\n<p>Como a la colonia le faltaban toda clase de provisiones, se resolvi\u00f3 una expedici\u00f3n nueva. Laforest se subi\u00f3 a una canoa que quer\u00eda dirigir hacia Galhemboule, Sainte-Marie y le mar Rojo. En Galhemboule, \u00e9l maltrat\u00f3 a los nativos que le masacraron. La canoa continu\u00f3 su ruta, pero s\u00f3lo trajo algunas toneladas de arroz.<\/p>\n<h2>Muerte del gobernador de Pronis. Imprudentes rigores de su sucesor des Perriers. Felices frutos de la mansedumbre del Misionero Bourdaise.<\/h2>\n<p>Durante esta expedici\u00f3n, Pronis, abrumado por tanto desastre, cay\u00f3 enfermo y estuvo pronto a punto de morir. Mand\u00f3 llamar a Bourdaise. El Misionero crey\u00f3 que quer\u00eda abjurar de su protestantismo, o m\u00e1s bien de su incredulidad; s\u00f3lo quer\u00eda confiarle a su hija; y el legado, caritativamente aceptado, expir\u00f3 en la impenitencia de los cr\u00edmenes con los que hab\u00eda llenado a la colonia naciente. La joven abjur\u00f3 de su herej\u00eda, arrastr\u00f3 con su ejemplo a tres de sus correligionarios, de manera que no quedaron m\u00e1s que dos protestantes en el Fort-Dauphin.<\/p>\n<p>Des Perriers sucedi\u00f3 a Pronis. A pesar de tantas experiencias fatales, inaugur\u00f3 su reinado con masacres, pillajes, ejecuciones tan torpes como injustas y crueles. Los jefes condenados a muerte pidieron el bautismo que Bourdaise, testigo impotente de estas abominables escenas, les administr\u00f3. Los otros jefes iban a ejercer terribles represalias, cuando dos de ellos, temiendo la c\u00f3lera de los franceses, vinieron a entregarse, con sus familias, a Des Perriers, como prenda de la fidelidad de sus padres. Otros jefes siguieron este ejemplo y entregaron a sus hijos. Durante su permanencia en el Fort-Dauphin, todos se hicieron instruir en la religi\u00f3n cristiana, asistieron\u00a0 a la oraci\u00f3n y a las ceremonias del culto cat\u00f3lico. Bourdaise se dispon\u00eda a bautizarlos; pero se concluy\u00f3 la paz, regresaron a sus regiones, invitando tan s\u00f3lo al Misionero a venir a instruir a sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p>Sin embargo el suelo devastado por el pillaje o devorado por la sequ\u00eda no produc\u00eda ya nada para comer. Los franceses estaban extenuados, los negros se mor\u00edan de hambre. Sin recursos \u00e9l tambi\u00e9n, Bourdaise va de puerta en puerta, recoge arroz, frutas, huesos, y distribuye as\u00ed cada d\u00eda una caldera llena de sopa a los m\u00e1s hambrientos, como se hac\u00eda en la misma \u00e9poca a la puerta de San L\u00e1zaro. Esta caridad conmueve a estas pobres gentes. Todos piden la se\u00f1al del cristiano, jefes y vasallos. \u00abOh, escrib\u00eda entonces a Vicente el Misionero, si hubiera aqu\u00ed dos o tres sacerdotes, en un a\u00f1o todo este gran pa\u00eds de Anos ser\u00eda bautizado. Yo procuro al menos inspirar el deseo, para que este bautismo <em>in voto<\/em> supla en la necesidad\u00bb.<\/p>\n<p>Heredero del odio de su padre Ramach, Dian Panolah\u00e9, quiso aprovecharse de estos desastres para exterminar a los franceses. Des Perriers le previno. Envi\u00f3 de noche a Fanshere un destacamento que se apoder\u00f3 de su persona y la trajo. Estuvo toda tendida con lienzo blanca en Fort-Dauphin. El jefe p\u00e9rfido iba a ser pasado por las armas, cuando Dian Machicore, su padre, vino a tratar de su liberaci\u00f3n con Dian Mananghe. Eran estos mismos jefes que ve\u00edamos hace un momento como rehenes. Esta vez, Bourdaise tuvo el consuelo de acabar su obra. Bautiz\u00f3 solemnemente a los cinco ni\u00f1os de Machicore, el mayor de los cuales fue un cristiano perfecto. Mananghe le confi\u00f3 la educaci\u00f3n cristiana de su hijo, y el padre de este jefe, anciano centenario, tocado por el ejemplo de estos j\u00f3venes quiso tambi\u00e9n hacerse cristiano. La fiesta de la Purificaci\u00f3n de 1656, celebrada con gran pompa, suscit\u00f3 buenos deseos en las almas, y las fiestas de Pascua y de Pentecost\u00e9s fueron solemnizadas por numerosos bautizos. El ruido de estas conversiones se difundi\u00f3 a lo lejos. Un anciano de setenta a\u00f1os, jefe de Imours, peligrosamente enfermo, despu\u00e9s de invocar vanamente a sus o\u00fblis o falsos dioses, pidi\u00f3 su curaci\u00f3n al bautismo, y la obtuvo; esta curaci\u00f3n maravillosa multiplic\u00f3 el n\u00famero de los cristianos.<\/p>\n<h2>Llegada de los nuevos misioneros, Dufour y Pr\u00e9vost (1656).<\/h2>\n<p>Mientras tanto Vicente de Pa\u00fal y la Meilleraye no se olvidaban de Madagascar, cuyo estado religioso hab\u00edan podido conocer por Flacourt. Cuatro nav\u00edos part\u00edan para esta isla desde el puerto de La Rochelle. Tres misioneros, Mathurin de Belleville, Claude Dufour y Nicolas Pr\u00e9vost, abordaron el 29 de octubre de 1655; el 29 de mayo de 1656 la escuadrilla ech\u00f3 amarras frente a Fort-Dauphin.El nav\u00edo que llev\u00f3 al Sr.Dufour arrib\u00f3 el primero. Era la v\u00edspera del Corpus Christi, 1656.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Pues bien, <\/em>escribe el Sr. Bourdaise, <em>fue un peque\u00f1o, que estaba en nuestra casa,\u00a0 quien vio a lo lejos un nav\u00edo. Fuimos corriendo a la iglesia a cantar el Te Deum. El barco entra en la rada; ero casi inmediatamente sale. Por fin, vuelve, vira en redondo y echa el ancla. Oh, ya no nos cab\u00eda la menor duda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Y nuestra felicidad y nuestro coraz\u00f3n se estremecieron en particular cuando se oy\u00f3 al ca\u00f1\u00f3n saludar y vimos descender al Sr, caballero de Sourdis y al se\u00f1or Gueston, los cuales nos aseguraron en primer lugar que el nav\u00edo era de Mons. el duque de la Meilleraye y que tra\u00eda al Sr. Dufour<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Retenidos uno por la gente del barco que le cuestionaban y le preguntaban\u00a0 por las noticias de la colonia, el otro por los colonos que se felicitaban por ver llegar a un nuevo misionero, los dos hijos de san Vicente de Pa\u00fal tuvieron grandes dificultades en juntarse. Por fin, el Sr. Bourdaise consigui\u00f3 del capit\u00e1n el permiso de llevarse a tierra al Sr. Dufour.<\/p>\n<h2>La fiesta del Corpus en Madagascar.<\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abMe parec\u00eda ver a un \u00e1ngel del cielo, era sonrosado como la rosa; pero ello no proced\u00eda m\u00e1s que del fuego interior de su celo, porque sent\u00eda en esos momentos el mal de tierra. Ten\u00eda las piernas hinchadas y ennegrecidas, a pesar de que lo ocultaba. Por la serenidad de su rostro parec\u00eda tener buena salud.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNos reunimos, desde esa misma tarde para ver lo deb\u00edamos hacer. Al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana, nuestro primer quehacer fue confesarnos uno con el otro. Y luego marcharnos, \u00e9l al barco para desembarcar a los enfermos, y yo a dar la orden de alojarlos y proporcionarles lo que necesitaban. Emple\u00e9 el resto del tiempo en preparar la iglesia para la procesi\u00f3n de la fiesta. Para ello, form\u00e9 una especie de arcadas, adornadas con festones de papel blanco entrelazados de nudos de cintas rojas. Nuestra capilla estuvo cubierta con lienzo blanco. A falta de otra tapicer\u00eda, las ramas y los follajes de los \u00e1rboles serv\u00edan para tapizar el camino por donde deb\u00eda pasar la procesi\u00f3n. Hice tender de esteras el suelo en algunos lugares.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPed\u00ed al Sr Dufour que fuera el celebrante en esta solemnidad y llevara el Sant\u00edsimo Sacramento, lo que hizo con mucha devoci\u00f3n y edificaci\u00f3n. El Sr. caballero de Sourd\u00eds ten\u00eda la casulla; el Sr. gobernador y su lugarteniente llevaban el dosel, y cuatro mosqueteros marchaban en las cuatro puntas con otros cuatro que llevaban antorchas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Cuatro peque\u00f1os indios, gentilmente vestidos, iban al frente, con una tinaja llena de flores con las que regaban el suelo, y otros dos incensaban con genuflexiones, seg\u00fan la costumbre en Francia. Revestido con sobrepelliz, yo me manten\u00eda al lado del Sr Dufour para servirle de di\u00e1cono y tambi\u00e9n por el buen orden.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Los fieles llevaban cirios encendidos. Fuimos as\u00ed hasta el Fuerte donde se levantaba un monumento tan rico como lo permit\u00eda nuestra pobreza.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Nuestros buenos ne\u00f3fitos, que eran en n\u00famero de trescientos, iban encantados y devotos fortaleci\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s en la fe. Comprend\u00edan que tales honores no se pod\u00edan hacer m\u00e1s que a un Dios. A la salida del Fuerte, dispararon todos los ca\u00f1ones y los soldados saludaron con disparos de mosquetes. Regresamos as\u00ed a la iglesia donde se cant\u00f3 la misa mayor. El Sr Dufour hizo una exhortaci\u00f3n de la que muchos quedaron entusiasmados.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abDespu\u00e9s de la misa, los franceses se quedaron por turno en adoraci\u00f3n ante el\u00a0 delante del Sant\u00edsimo. Nuestros ne\u00f3fitos no dejaron escapar la ocasi\u00f3n\u00a0 de manera que siempre hubo alguno mientras estuvo expuesto Nuestro Se\u00f1or. El Sr. Dufour y yo fuimos luego a ocuparnos de los enfermos<\/em>.<\/p>\n<h2>Dufour y Pr\u00e9vost van a la isla de Santa Mar\u00eda. All\u00ed sucumben. Bourdaise es el \u00fanico sacerdote de nuevo en Madagascar.<\/h2>\n<p>Breve fue la alegr\u00eda de Bourdaise. Despu\u00e9s de algunos d\u00edas pasados en el Fort-Dauphin donde, alcanzado \u00e9l tambi\u00e9n por el escorbuto, Dufour hizo de consolador, de enfermero y de m\u00e9dico de los enfermos. Este misionero tuvo que ir a buscar a su cohermano Pr\u00e9vost a Santa Mar\u00eda, lugar de su destino, y Bourdaise volvi\u00f3 a verse solo.<\/p>\n<p>Du Rivau, el nuevo gobernador, despu\u00e9s de instalar a cien colonos en Santa Mar\u00eda que acaba de ocupar en nombre de la Meilleraye, hizo una campa\u00f1a en el mar Rojo. A su regreso a ella, ya no encontr\u00f3 m\u00e1s que tumbas. El escorbuto hab\u00eda atacado a todos los franceses, reducidos ya a la extrema necesidad. Los dos misioneros se hab\u00edan compartido con ellos su escasa raci\u00f3n, luego se hab\u00edan condenado a un ayuno riguroso para dejarla entera. Enfermo, cansado por el clima, agotado por los trabajos de los cuerpos y de las almas, Dufour hab\u00eda pensado adem\u00e1s en consagrar Santa Mar\u00eda a los doce ap\u00f3stoles y, siguiendo el plan, hab\u00eda partido para ir a plantar una cruz en cada uno de los doce barrios de la isla, atravesando los r\u00edos, durmiendo en el santo suelo h\u00famedo, expuesto a la lluvia y a los aedores del sol de los tr\u00f3picos. En la d\u00e9cima estaci\u00f3n, se hab\u00eda ca\u00eddo. Llevado a donde sus compa\u00f1eros, hab\u00eda muerto a los ocho d\u00edas; un mes despu\u00e9s, Pr\u00e9vost le hab\u00eda seguido, expiraba el mes de septiembre de 1656 a bordo del nav\u00edo <em>La Duquesa<\/em> que le tra\u00eda de Santa Mar\u00eda a Fort-Dauphin.<\/p>\n<p>Por el momento, la soledad de Bourdaise amenazaba con ser eterna: \u00ab<em>Ah\u00ed estaba yo en la mayor de las desgracias, mi querido Padre, escrib\u00eda a Vicente, y en la situaci\u00f3n de\u00a0 no esperar nada en adelante ya que no tengo nada que perder, ni tal vez que esperar, a la vista de esta tierra ingrata que devora tan cruelmente, no ya a sus habitantes, sino a sus propios libertadores. Comprend\u00e9is bien, Se\u00f1or, lo que tengo que deciros, y lo que yo querr\u00eda poder callaros, para ahorrarnos a vos las l\u00e1grimas y a m\u00ed los suspiros. El Sr. de Belleville, de quien no he conocido m\u00e1s que el nombre y las virtudes, se ha muerto en el camino. El Sr. Pr\u00e9vost, despu\u00e9s de enjugar las fatigas del viaje, ha muerto. El Sr. Dufour, a quien no he visto aqu\u00ed m\u00e1s que para conocer el precio de lo que iba a perder, ha muerto. En fin, todos aquellos de vuestros hijos\u00a0 que hab\u00e9is enviado a Madagascar han muerto, y yo soy ese miserable siervo el \u00fanico para daros la noticia<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Para poner alg\u00fan consuelo junto al dolor, Bourdasie contaba luego sus trabajos y sus \u00e9xitos. De Santa Mar\u00eda, del Rivau hab\u00eda venido desesperado al Fort-Dauphin, luego se hab\u00eda embarcado para Francia tras una discusi\u00f3n inglesa, dejando a su lugarteniente Gueston el gobierno [200] de la colonia. Gueston hab\u00eda reconstruido el Fuerte, y Bourdaise hab\u00eda transportado su caba\u00f1a entre el pueblo de los negros y la habitaci\u00f3n de los franceses para estar m\u00e1s al alcance de unos y de otros, y poder atender su servicio. Hab\u00eda hecho tambi\u00e9n construir una iglesia m\u00e1s amplia para contener a los numerosos ne\u00f3fitos, una gran caba\u00f1a para los catecismos, y otra para servir de hospital, a la espera de las Hijas de la Caridad. Esperaba verlas un\u00a0 d\u00eda sustituirle con los enfermos, de quienes por el momento, \u00e9l deb\u00eda ser, como todos sus cohermanos, el m\u00e9dico, el enfermero as\u00ed como el director espiritual. Contando con nuevos misioneros, hab\u00eda comenzado un seminario con cinco j\u00f3venes que podr\u00edan ser un d\u00eda buenos sacerdotes, capaces de convertir a sus compatriotas. Mientras que Dufour y Pr\u00e9vost estaban con \u00e9l, hab\u00eda pensado dejar a uno en el Fort-Dauphin, y recorrer los pueblos, qued\u00e1ndole a cada uno ocho d\u00edas, hasta que un malgache supiera lo suficiente para rezar a Dios y ense\u00f1\u00e1rselo a los dem\u00e1s. Con esto hab\u00eda cumplido con urgencia y con los pobres negros que le llamaban de todas partes.<\/p>\n<h2>Los cuatro j\u00f3venes malgaches llevados por de Flancourt a Par\u00eds. Formados en San L\u00e1zaro. Sentimientos de san Vicente de Pa\u00fal.<\/h2>\n<p>Al mismo tiempo y siguiendo el mismo plan, los cuatro j\u00f3venes negros de Madagascar, llevados por Flancourt en 1655, eran formados en San L\u00e1zaro. Tres de ellos hab\u00edan sido bautizados de peque\u00f1os por Nacquart; pero, abandonados luego durante varios a\u00f1os, hab\u00edan perdido casi todo conocimiento de Dios y toda pr\u00e1ctica religiosa. El mayor de los cuatro no fue bautizado hasta Par\u00eds y tuvo por padrino a Luis XIV. Nada de emocionante y sublime como las recomendaciones de san Vicente de Pa\u00fal a prop\u00f3sito de estos cuatro j\u00f3venes malgaches. En estos discursos es donde hay que ver el respeto que la fe inspira por la dignidad humana, aun oculta bajo las sombras de la barbarie y degradada hasta una especie de brutalidad. \u00ab<em>Recomiendo a las oraciones de la Compa\u00f1\u00eda<\/em>, dec\u00eda a los suyos, <em>a estos cuatro peque\u00f1os negros que lo necesitan tanto, a fin de que Dios tenga a bien darse a conocer de ellos, y nos sugiera lo que hemos de hacer para su salvaci\u00f3n Si tuvi\u00e9ramos aqu\u00ed a un \u00e1ngel entre nosotros, habr\u00eda que emplearle en\u00a0 la instrucci\u00f3n de estos pobres negros que la Providencia de Dios nos ha enviado, y su tiempo estar\u00eda bien empleado\u2026 Cuatro personas del pa\u00eds bien educadas, con dos de nuestros se\u00f1ores, \u00bfqu\u00e9 no se podr\u00eda hacer? Cuatro son capaces de convertir las Indias; uno que tendr\u00eda en s\u00ed al Hijo de Dios, uno solo portador del esp\u00edritu de Dios\u2026Trat\u00e9moslos pues\u00a0 con el mayor respeto, dulzura y moderaci\u00f3n que podamos. Guard\u00e9monos mucho de burlarnos, que Dios no lo quiera! Instruy\u00e1moslos con nuestro ejemplo por doble raz\u00f3n, tratando de darles en la modestia que vean en nosotros buenos sentimientos, de Dios y de nuestra religi\u00f3n, para que, a imitaci\u00f3n nuestra,\u00a0 se vean llevados a servir a Dios y que, cuando est\u00e9n en su pa\u00eds puedan decir que es verdad lo que les han dicho sobre el cristianismo. Pero si ven otra cosa \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1n de nosotros? \u00bfQu\u00e9 opini\u00f3n sacar\u00e1n de nuestra religi\u00f3n, y qu\u00e9 podr\u00e1n decir a los suyos?&#8230;Pidamos a Dios por ellos. Se\u00f1ores sacerdotes, les ruego que se acuerden de ellos en su sacrificio, y ustedes, hermanos m\u00edos, comulguen por esta intenci\u00f3n, y digan todos los d\u00edas alguna oraci\u00f3n por ellos. Al verlos, elevemos nuestro esp\u00edritu a Dios y pid\u00e1mosle que bendiga a estas peque\u00f1as plantas para que crezcan en su amor. Hagamos algunos sacrificios, algunas mortificaciones, algunas disciplinas por esto; s\u00ed, algunas disciplinas, no podr\u00edamos tener mejores intenciones que la salvaci\u00f3n de un alma, y Dios ha sufrido tantos latigazos por esto. Y sufrir\u00eda tambi\u00e9n la muerte por el alma\u00a0 del menor de estos ni\u00f1os. Oh Se\u00f1ores, nuestras mortificaciones no podr\u00edan emplearse mejor que con este fin. Ofrezc\u00e1moselas a Dios. Se lo pido por la salvaci\u00f3n de estas pobres almas<\/em>\u00ab. (Rep. de oraci\u00f3n del 23 de agosto de 1655.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada m\u00e1s enterarse de la muerte del Sr. Gondr\u00e9e, san Vicente pens\u00f3 en socorrer, en la isla de Madagascar, al solitario Misionero que segu\u00eda all\u00ed, el Sr. Nacquart, que estaba expuesto a fatigas a las &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/toussaint-bourdaise-1618-1656-primera-parte\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[167,172,143],"class_list":["post-42139","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-lacour","tag-pobreza","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Toussaint Bourdaise (1618-1656) (Primera parte) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/toussaint-bourdaise-1618-1656-primera-parte\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Toussaint Bourdaise (1618-1656) (Primera parte) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Nada m\u00e1s enterarse de la muerte del Sr. Gondr\u00e9e, san Vicente pens\u00f3 en socorrer, en la isla de Madagascar, al solitario Misionero que segu\u00eda all\u00ed, el Sr. Nacquart, que estaba expuesto a fatigas a las ... 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