{"id":41260,"date":"2014-11-05T08:52:07","date_gmt":"2014-11-05T07:52:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/06\/espiritualidad-vicenciana-mansedumbre\/"},"modified":"2014-11-05T08:52:07","modified_gmt":"2014-11-05T07:52:07","slug":"espiritualidad-vicenciana-mansedumbre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-mansedumbre\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Mansedumbre"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/jesus_washing_feet_disciples_hi.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-41266\" title=\"SNM128510\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/jesus_washing_feet_disciples_hi-240x300.jpg?resize=240%2C300\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"300\" \/><\/a>La mansedumbre es la tercera de las cinco vir\u00adtudes caracter\u00edsticas de un misionero (Para algu\u00adnas consideraciones generales sobre las virtudes caracter\u00edsticas, lo mismo que para la Bibliograf\u00eda, cf. el art\u00edculo sobre la sencillez). Es tambi\u00e9n una de las virtudes muy recalcadas en las conferen\u00adcias de S. Vicente a las Hijas de la Caridad. <em>\u00abPor\u00adque, \u00bfqu\u00e9 es caridad, <\/em>nos dice \u00e9l, <em>sino amor y mansedumbre?\u00bb(IX, 253). <\/em><\/p>\n<p>Este art\u00edculo se divide en tres partes: 1. un es\u00adtudio breve de la mansedumbre como la enten\u00addi\u00f3 S. Vicente; 2. una descripci\u00f3n del cambio de horizonte que ha tenido lugar en la teolog\u00eda y en la espiritualidad entre los siglos XVII y XX y lo que afecta nuestro modo de considerar la manse\u00addumbre hoy; 3. un intento por recuperar la man\u00adsedumbre en formas modernas.<\/p>\n<h2>I. La mansedumbre como la entendi\u00f3 san Vicente<\/h2>\n<p>Lo que nos ense\u00f1a S. Vicente acerca de la mansedumbre est\u00e1 delineado m\u00e1s claramente en una conferencia dada en marzo de 1659, el d\u00eda 28. Tambi\u00e9n debemos mucho a sus cartas a Lui\u00adsa de Marillac, a quien habla frecuentemente de c\u00f3mo combinar la mansedumbre con la fortale\u00adza. Consideraba la mansedumbre como muy uni\u00adda a la humildad; de hecho, como la prudencia y la sencillez, ellas son \u00abhermanas gemelas\u00bb (XI, 473).<\/p>\n<p>a) Mansedumbre es la habilidad para mane\u00adjar la ira (XI, 475). Se puede hacer esto o supri\u00admi\u00e9ndola (XII, 475) o manifest\u00e1ndola (XI, 476) go\u00adbernada por el amor (XI, 477).<\/p>\n<p>b) Mansedumbre es tambi\u00e9n la acogida, la dulzura, la afabilidad, y la serenidad del rostro ha\u00adcia aquellos que se acercan a nosotros (XI, 477).<\/p>\n<p>c) Lleva consigo tolerar las ofensas con per\u00add\u00f3n y coraje. Debemos tratar con delicadeza in\u00adcluso a aquellos que nos injurian (XI, 479). <em>\u00abLa mansedumbre no solamente nos hace excusar las afrentas e injurias que recibimos, sino que inclu\u00adso pide que tratemos mansamente a quienes nos maltratan, con palabras amigables y, si llegasen incluso a darnos un bofet\u00f3n, que lo suframos por Dios; es esta virtud la que produce este efecto. S\u00ed, un siervo de Dios que la posea, cuando se sienta ultrajado por alguien, ofrecer\u00e1 a su divina bondad este rudo trato y se quedar\u00e1 en paz\u00bb <\/em>(XI, 480).<\/p>\n<p>d) Se basa en el respeto a la persona (IX, 255).<\/p>\n<p>e) Lleva consigo combinar dulzura y firmeza. Escribe a Luisa de Marillac el d\u00eda 1 de noviembre de 1637: \u00abSi la dulzura de su esp\u00edritu necesita un poquito de vinagre, p\u00eddale prestado un poco de su esp\u00edritu a nuestro Se\u00f1or. Oh, Se\u00f1orita, qu\u00e9 bien sab\u00eda \u00e9l buscar el agridulce cuando era necesario\u00bb (1, 408). A Denis Laudin, superior en Marsella, es\u00adcribe en 7 de agosto de 1658: \u00abSop\u00f3rtele, pues, padre, pero h\u00e1gale guardar el reglamento todo lo que pueda, seg\u00fan el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or, que es al mismo tiempo suave y firme. Si no se gana a una persona por la mansedumbre y la pacien\u00adcia, ser\u00e1 dif\u00edcil gan\u00e1rsela de otro modo\u00bb (VI1, 197).<\/p>\n<p>f) S. Vicente ofrece muchos motivos a la do\u00adble familia para practicar la mansedumbre:<\/p>\n<ul>\n<li>Les dice que nuestro Se\u00f1or es eterna\u00admente manso hacia nosotros (IV, 54;1, 242; IX, 253).<\/li>\n<li>\u00abNo hay personas m\u00e1s constantes y m\u00e1s firmes en el bien que los que son mansos y apa\u00adcibles; por el contrario, los que se dejan llevar de la c\u00f3lera y de las pasiones del apetito irascible, son ordinariamente muy inconstantes, porque no obran m\u00e1s que por arranques y por impulsos. Son co\u00admo los torrentes, que s\u00f3lo tienen fuerza e impe\u00adtuosidad en las riadas, pero se secan apenas ha pasado el temporal; mientras que los r\u00edos, que re\u00adpresentan a las personas apacibles, caminan sin ruido, con tranquilidad, sin secarse jam\u00e1s\u00bb (XI, 752).<\/li>\n<li>El manso posee el don del discernimien\u00adto (XI, 478): \u00abCreo que s\u00f3lo a las almas que tie\u00adnen mansedumbre se les concede poder discer\u00adnir las cosas\u00bb.<\/li>\n<li>Mientras las Hijas de la Caridad vivan en respeto y mansedumbre, ser\u00e1 un para\u00edso; ser\u00e1 un infierno cuando no vivan as\u00ed (IX, 254).<\/li>\n<li>La caridad consiste en el amor y la man\u00adsedumbre (IX, 253); si una hermana no es mansa, entonces no es una Hija de la Caridad (IX, 254).<\/li>\n<li>La mansedumbre dispone a la gente para volver al Se\u00f1or (PC II, 6).<\/li>\n<li>Los herejes, los condenados a galeras, y los que han apostatado son ganados por la pa\u00adciencia y la cordialidad (IV, 54. 420. 497; XI, 754; 1, 366). La discusi\u00f3n no busca la verdad sino re\u00adsistir los argumentos de los otros, mientras que la mansedumbre tiende a la verdad (XI, 65).<\/li>\n<li>Un misionero necesita mansedumbre si quiere poder aguantar la rudeza de la gente po\u00adbre (XI, 588).<\/li>\n<\/ul>\n<p>g) S. Vicente sugiere muchos medios para adquirir la mansedumbre:<\/p>\n<ul>\n<li>Dice a la Compa\u00f1\u00eda que el vicio contrario puede ser vencido si uno trabaja en ello, como \u00e9l mismo ten\u00eda que hacer (!X, 77).<\/li>\n<li>Antes de hablar o decidir u obrar, la per\u00adsona irascible deber\u00eda sujetar su lengua y cal\u00admarse (XI, 754).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos aguantarnos la invectiva, el reproche y las palabras \u00e1speras (IV, 54).<\/li>\n<li>No deber\u00edamos hablar demasiado alto, si\u00adno modesta y educadamente (IX, 259).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos pedir perd\u00f3n con prontitud (IX, 260s).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos aprender, como S. Agust\u00edn, cu\u00e1ndo tolerar el mal m\u00e1s bien que intentar abo\u00adlir todas las pr\u00e1cticas del mal (IV, 498).<\/li>\n<li>Deber\u00edamos aprender a someter nuestro juicio al de los dem\u00e1s (XI, 599).<\/li>\n<\/ul>\n<p>h) A todo esto, debemos a\u00f1adir algo que es evidente especialmente en la pr\u00e1ctica de S. Vi\u00adcente: construir la . paz. Esto aparece particular\u00admente, en dos niveles.<\/p>\n<ol>\n<li>Resta\u00f1ando las relaciones rotas. Uno de los objetivos de la \u00abmisi\u00f3n\u00bb era la reconciliaci\u00f3n (RC XI, 8). Los misioneros estaban atentos a pacificar ri\u00f1as y disputas durante las misiones. De hecho, con frecuencia hablan a S. Vicente de sus \u00e9xitos en este terreno.<\/li>\n<li>Intentando acabar con la guerra. A una es\u00adcala mayor, S. Vicente mismo estaba preocupa\u00addo profundamente por los estragos de la guerra y el dolor causado particularmente a los pobres. En dos ocasiones intervino personalmente en un intento por llevar la paz a su pa\u00eds.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Una vez, entre el 1639 y 1642, durante la gue\u00adrra en Lorena, fue al Cardenal Richelieu, se arro\u00addill\u00f3 delante de \u00e9l, describi\u00f3 los horrores de la gue\u00adrra, y abog\u00f3 por la paz: \u00abMonse\u00f1or, d\u00e9nos la paz, tenga piedad de nosotros, d\u00e9 la paz a Francia\u00bb. Ri\u00adchelieu rehus\u00f3, contestando que la paz no depen\u00add\u00eda de \u00e9l solo. (Cf. P. Coste, El gran santo del gran siglo, teme, Salamanca 1991, II, 351. Cf. tambi\u00e9n Abelly, Vida del venerable siervo de Dios Vicente de Paul, teme, Salamanca 1994, I, XXXV, 168).<\/p>\n<p>Collet cuenta un episodio a\u00fan m\u00e1s chocante., que<sup>&#8211;<\/sup>toma de una narraci\u00f3n escrita por el Herma\u00adno Ducournau (P. Collet, <em>La <\/em>1\/le <em>de <\/em>St. Vincent de Paul, Nancy 1748, I, 468; cf. SV III, 368n1; tambi\u00e9n Coste o. c. II, 404). En 1649, durante la guerra civil, S. Vicente abandon\u00f3 Par\u00eds secreta\u00admente, cruz\u00f3 las l\u00edneas del frente y vade\u00f3 un r\u00edo caudaloso (a la edad de casi 70 a\u00f1os) para ver a la reina y pedirle que destituyera a Mazarino. Ha\u00adbl\u00f3 tambi\u00e9n directamente a Mazarino. Pero otra vez sus ruegos no fueron escuchados.<\/p>\n<h2>II. Un cambio de horizonte significativo<\/h2>\n<p>Con la creciente conciencia de la interdepen\u00addencia descrita en el art\u00edculo sobre la humildad {cf. tambi\u00e9n el art. sobre la sencillez), ha llega\u00addo, en ambas esferas secular y religiosa, :un sen\u00adtido m\u00e1s avivado de la comunidad universal y de las implicaciones de la carrera de armamentos. La venta de armas sigue siendo uno de los factores m\u00e1s importantes en la econom\u00eda del mundo. Si\u00admult\u00e1neamente, una serie de conflictos locales (Ir\u00e1n\/Irak, Israel\/Libano, Etiop\u00eda\/Somalia, la invasi\u00f3n sovi\u00e9tica de Afganistan, la invasi\u00f3n de Panam\u00e1 por los Estados Unidos, los movimientos revolucio\u00adnarios en Am\u00e9rica Central, la invasi\u00f3n de Kuwait por Irak, etc.) convierte el escenario internacional en algo completamente vol\u00e1til, con el peligro siempre presente de que estos conflictos de\u00adsemboquen en una guerra universal (como \u00falti\u00admo remedio). La gente joven afirma la incerti\u00addumbre acerca de su futuro por la posibilidad del aniquilamiento nuclear.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los documentos papales van condenando constantemente la carrera de arma\u00admento (cf. Gaudium et Spes, 81). En los \u00faltimos a\u00f1os, los obispos de Estados Unidos en su pas\u00adtoral sobre la Paz han suscitado entre las confe\u00adrencias episcopales del mundo una amplia serie de discusiones sobre la cuesti\u00f3n de la guerra y la paz. Numerosos pronunciamientos papales se han :referido igualmente a este tema.<\/p>\n<p>La psicolog\u00eda moderna, adem\u00e1s, se ha cen\u00adtrado m\u00e1s profundamente sobre la ira, esclare\u00adci\u00e9ndola en su aspecto positivo y negativo. Los superiores y los responsables de los programas de formaci\u00f3n, est\u00e1n muy informados de que hay mucha \u00abgente iracunda\u00bb en las comunidades (co\u00admo en otras profesiones) con resultados poten\u00adcialmente explosivos.<\/p>\n<p>Tanto a nivel global como personal, este cam\u00adbio de horizonte tiene implicaciones para la ma\u00adnera de entender la mansedumbre en la \u00e9poca moderna.<\/p>\n<h2>III. La mansedumbre hoy<\/h2>\n<p>La ense\u00f1anza de S. Vicente acerca de esta tercera \u00abpiedra lisa\u00bb es quiz\u00e1s la que se puede tras\u00adladar m\u00e1s f\u00e1cilmente al uso moderno. Su confe\u00adrencia del 28 de marzo de 1659, lo mismo que va\u00adrias de sus cartas a Luisa de Mardlac, contiene una sabidur\u00eda pr\u00e1ctica que es muy importante hoy.<\/p>\n<p>a) La mansedumbre implica la habilidad de controlar positivamente la ira.<\/p>\n<p>La ira es natural. Es una energ\u00eda que surge espont\u00e1neamente dentro de nosotros cuando percibimos algo como malo. Nos ayuda a com\u00adportarnos con el mal; pero, como con todas las emociones espont\u00e1neas, puede usarse bien o mal. Concretamente, todo el mundo tiene que luchar para controlarla bien. Como se dijo arriba, hay mucha \u00abgente iracunda\u00bb en el mundo.<\/p>\n<p>Como S. Vicente observaba, controlar bien la ira implica muchas veces expresada. \u00c9l mismo se sent\u00eda escandalizado por la situaci\u00f3n del enfer\u00admo y del hambriento, por eso fund\u00f3 la Caridades, las Se\u00f1oras de la Caridad, los Pa\u00fales, y las Hijas de la Caridad. La ira le capacit\u00f3 para reaccionar con vigor y creatividad cuando se enfrentaba con las necesidades de los pobres de su tiempo. Ex\u00adpresaba tambi\u00e9n la ira directamente cuando per\u00adcib\u00eda el mal en sus comunidades, pero aprendi\u00f3 a combinar la ira con la dulzura. Supo mezclar lo amargo y lo dulce, como dec\u00eda a Luisa de MariIlac (I, 408). Intentaba imitar a . Jes\u00fas que era al mismo tiempo \u00abdulce y firme\u00bb (VI1, 197). El testi\u00admonio de Jes\u00fas a este respecto es el m\u00e1s evi\u00addente hoy a la luz de la cristolog\u00eda \u00abascendente\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, si la ira es mal utilizada, puede ser terri\u00adblemente destructiva. Una vez desatada, puede desembocar en violencia e injusticia. Reprimida, puede desembocar en resentimiento, sarcasmo, cinismo, amargura, depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La. ira, a veces, debe ser controlada, modera\u00adda, incluso suprimida por un per\u00edodo de tiempo, o sublimada. S. Vicente de nuevo apela al ejemplo de Jes\u00fas que supo c\u00f3mo moderar su frustaci\u00f3n res\u00adpecto a los ap\u00f3stoles, pero supo-ser muy directo al expresar su ira contra los fariseos, que andaban imponiendo cargas injustas sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>b) La mansedumbre implica cercan\u00eda, dulzu\u00adra. Estas cualidades son especialmente importan\u00adtes en los ministros. A este respecto, S. Vicente nos anima a saber que nosotros realmente pode\u00admos cambiar. Nos dice que cuando era joven te\u00adn\u00eda un temparemento col\u00e9rico, muy inclinado a la ira. Dice que era de humor muy variable durante largos per\u00edodos sombr\u00edos. Pero, cambi\u00f3 tanto en el curso de su vida que todos los que le conocieron m\u00e1s tarde dec\u00edan que era uno de los hombres m\u00e1s acogedores que hab\u00edan encontrado (cf. Abelly, o. c. III, 667ss).<\/p>\n<p>Dec\u00eda a su comunidad que a la gente se la convence mucho m\u00e1s con la dulzura que con los argumentos. Este aviso es especialmente im\u00adportante para cuando ofrecemos el regalo de la correcci\u00f3n (cf. Mt. 18, 15-18), sea hecha la co\u00adrrecci\u00f3n por los compa\u00f1eros o por los superiores. Los corregidos son mucho m\u00e1s capaces de es\u00adcuchar palabras dichas con dulzura que palabras hirientes de acusaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) La mansedumbre implica la habilidad de tolerar las ofensas con perd\u00f3n y coraje. S. Vi\u00adcente basaba su ense\u00f1anza en el respeto a la persona. Aun aquellos que cometen injusticia, dec\u00eda a la doble familia, merecen respeto como personas. Los escritos de Juan Pablo II reiteran este tema en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Naturalmente, respetar la persona del ofensor no nos impide encauzar nuestra ira con coraje con\u00adtra el da\u00f1o que el ofensor comete. Pero nos pro\u00adh\u00edbe hacer injusticia en nombre de la justicia. S. Vi\u00adcente reconoc\u00eda tambi\u00e9n claramente (y le recordaba a Felipe Le Vacher la ense\u00f1anza de S. Agust\u00edn a este respecto) que hay algunos males que deben ser tolerados, ya que no hay posibilidad pr\u00e1ctica de corregirlos. El hombre sabio aprende a vivir con ellos, y el hombre manso trata dulcemente a aqu\u00e9\u00adllos cuyas vidas est\u00e1n tan enraizadas en el mal que \u00e9ste no puede ser extirpado.<\/p>\n<p>Hay un delicado equilibrio en esta visi\u00f3n. Unas veces se debe sufrir con coraje. Hay males que no se pueden evitar y hay que aguantarlos. Pero por otra parte, se debe evitar una falsa dulzura, como Adri\u00e1n Van. Kaan dice. A veces hay que gri\u00adtar contra la injusticia y canalizar todas las ener\u00adg\u00edas para vencerla. Conocer la diferencia entre ambos casos exige una gran prudencia .<\/p>\n<p>En este tiempo de transici\u00f3n en la Iglesia y en la sociedad civil (cf. los cambios de horizonte des\u00adcritos arriba) la combinaci\u00f3n de la dulzura y la fir\u00admeza es especialmente necesaria. Esto es parti\u00adcularmente as\u00ed al tomar decisiones. Cuando las comunidades valoran su apostolado con vistas al futuro, deben tener el coraje de elegir y actuar. Al mismo tiempo, deben mostrar dulzura hacia aquellos que tienen dificultades en adaptarse. Del mismo modo, los individuos deben tener coraje en ponerse metas de crecimiento, pero deben ser generosos consigo mismos reconociendo que los cambios personales no se hacen en una no\u00adche sino gradualmente.<\/p>\n<p>Los ministros tambi\u00e9n deben saber que no importa lo bien que hagan sus trabajos; tendr\u00e1n que sufrir, con coraje y dulzura, sus propias limi\u00adtaciones y las esperanzas conflictivas de los otros. Los superiores religiosos experimentar\u00e1n que al\u00adgunos en sus comunidades ven todas las cosas en blanco y negro, mientras que a otros les gus\u00adta solamente lo que es gris. Algunos usar\u00e1n el pa\u00adsado como norma para tomar las decisiones, mientras que otros mirar\u00e1n solamente a un futu\u00adro inexplorado. Los superiores nunca dar\u00e1n sa\u00adtisfacci\u00f3n completa a todas, o incluso ni siquiera a algunas, de estas personalidades diferentes. Deben tomar las decisiones con valent\u00eda y tratar con dulzura a los que no est\u00e9n de acuerdo. De\u00adben combinar en sus vidas los dos dichos del N. T. :\u00bbCon la fuerza que viene del Se\u00f1or, lleva tu parte de las privaciones que el evangelio ocasio\u00adna\u00bb (2Tm 1, 8), y \u00abaprended de m\u00ed que soy man\u00adso y humilde de coraz\u00f3n y encontrar\u00e9is descan\u00adso para vuestras almas\u00bb (Mt II, 29).<\/p>\n<p>d) Construir la paz. Especialmente hoy, tes\u00adtimoniar la dulzura de Jes\u00fas y la proclamaci\u00f3n del reino de la paz juega una parte eminente en la predicaci\u00f3n eclesial de la buena noticia, y la educaci\u00f3n para la paz es una funci\u00f3n vital del mi\u00adnisterio. Esto est\u00e1 \u00edntimamente unido con la pro\u00admoci\u00f3n de la justicia y la educaci\u00f3n para ella. Cen\u00adtesimus Annus habla elocuentemente sobre el tema: \u00abYo mismo, durante la reciente tr\u00e1gica gue\u00adrra del Golfo P\u00e9rsico, repet\u00ed el grito: \u00bb \u00a1Nunca m\u00e1s guerra!\u00bb No, nunca la guerra de nuevo, que des\u00adtruye las vidas de gente inocente, ense\u00f1a a ma\u00adtar, arroja a la sublevaci\u00f3n aun las vidas de aque\u00adllos que hacen la muerte y deja detr\u00e1s una cola de resentimiento y odio, haciendo todo m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil para encontrar una soluci\u00f3n justa a los verda\u00adderos problemas que provocaron la guerra\u2026 Por esta raz\u00f3n, se ha extendido otro nombre para la paz. Precisamente como hay una responsabilidad colectiva de evitar la guerra, tambi\u00e9n debe haber una responsabilidad colectiva de promover el de\u00adsarrollo\u00bb (52; cf. tambi\u00e9n 14. 54).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La mansedumbre es la tercera de las cinco vir\u00adtudes caracter\u00edsticas de un misionero (Para algu\u00adnas consideraciones generales sobre las virtudes caracter\u00edsticas, lo mismo que para la Bibliograf\u00eda, cf. el art\u00edculo sobre la sencillez). 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En el cultivo y la pr\u00e1ctica de estas virtudes, la Congregaci\u00f3n ha de empe\u00ad\u00f1arse muy cuidadosamente, pues estas cinco virtudes son como las poten\u00adcias del alma de la Congregaci\u00f3n entera, y deben animar las acciones de todos nosotros (RC II, 14). 1) En la historia de\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/vicente-y-eucaristia.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/vicente-y-eucaristia.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/vicente-y-eucaristia.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/vicente-y-eucaristia.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/04\/vicente-y-eucaristia.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":387824,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/aprender-de-mi-que-soy-manso-y-humilde-corazon\/","url_meta":{"origin":41260,"position":4},"title":"Aprender de m\u00ed que soy manso y humilde coraz\u00f3n","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"20\/09\/2016","format":false,"excerpt":"La humildad y la mansedumbre \u00abson dos hermanas ge\u00admelas que van siempre unidas, lo mismo que la sencillez y la pru\u00addencia, que no se pueden separar\u00bb. 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