{"id":406353,"date":"2026-10-06T08:17:32","date_gmt":"2026-10-06T06:17:32","guid":{"rendered":"https:\/\/vincentians.com\/es\/?p=406353"},"modified":"2026-08-11T21:18:34","modified_gmt":"2026-08-11T19:18:34","slug":"vicente-de-paul-un-corazon-si-medida-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-un-corazon-si-medida-vi\/","title":{"rendered":"VICENTE DE PAUL (Un coraz\u00f3n si medida) (VI)"},"content":{"rendered":"<p>VICENTE DE PAUL (Un coraz\u00f3n si medida) (VI)<\/p>\n<p>RELANZAMIENTO DEL LAICADO VICENCIANO A LA LUZ DEL CONCILIO VATICANO II<\/p>\n<p>De entrada, quiero dejar sincera constancia de mi rubor y de mi atrevimiento. Porque soy consciente de que puedo caer en la sempiterna tentaci\u00f3n del t\u00edpico cl\u00e9rigo que, desde las alambradas del dogmatismo, se permite adoctrinar a los \u00abpobrecitos\u00bb laicos, como si ellos no fueran mayores de edad y protagonistas de su compromiso vital. Sin embargo, l\u00edbreme Dios y el sentido com\u00fan de caer en semejante tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tampoco pretendo hacer un estudio sobre la teolog\u00eda del laicado en los documentos del Concilio Vaticano ll o en documentos magisteriales posteriores. Ni es el momento ni soy yo el m\u00e1s experto e indicado. Mi intenci\u00f3n es mucho m\u00e1s modesta: hacer una sencilla reflexi\u00f3n para colaborar al impulso y a la revitalizaci\u00f3n del laicado vicenciano en un momento necesario y oportuno. Y enmarcar esta reflexi\u00f3n en el acontecimiento eclesial m\u00e1s importante del siglo anterior y del presente: el Concilio Vaticano ll, del cual estamos conmemorando su cincuenta aniversario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>UNA ANOTACI\u00d3N PREVIA<\/strong><\/p>\n<p>En el t\u00edtulo de este cap\u00edtulo hay dos palabras que tienen todo el protagonismo: laicado y vicenciano. Esto quiere decir que el cap\u00edtulo va a estar basculando constantemente en torno a estos dos vocablos. Por una parte, vamos a reflexionar sobre el laicado y su ser y su misi\u00f3n, Pero, a la vez, no vamos a perder de vista que estamos hablando de un laicado espec\u00edfico que apellidamos \u00abvicenciano\u00bb. Un laicado que tiene muchas caracter\u00edsticas comunes con todos los laicados, pero que tambi\u00e9n tiene sus propias peculiaridades y su misi\u00f3n propia.<\/p>\n<p>dem\u00e1s, dentro de ese \u00ablaicado vicenciano\u00bb nos centramos, un poco m\u00e1s, en el que funda, estructura y organiza el mismo Vicente de Pa\u00fal, ayudado por Luisa de Marillac. Me refiero, por supuesto, a la primera Instituci\u00f3n vicenciana tanto en la cronolog\u00eda como en su importancia y significatividad. Me refiero a las antiguas Cofrad\u00edas de la Caridad, que, precisamente a partir del Concilio Vaticano ll se rebautizaron con el nombre actual de \u00abAsociaci\u00f3n Internacional de Caridades de San Vicente de Pa\u00fal\u00bb (AIC).<\/p>\n<p>Por eso, es bueno no perder de vista que nos movemos entre estas dos columnas del edificio laical: laico y vicenciano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>PUNTO DE PARTIDA UNIVERSAL<\/strong><\/p>\n<p>Hace ya casi setenta a\u00f1os, el Papa P\u00edo XII lanz\u00f3 una especie de grito program\u00e1tico: \u00abiLos laicos son tambi\u00e9n Iglesia!\u00bb <sup>I <\/sup>En realidad, nadie hab\u00eda dicho lo contrario, pero alguna duda existir\u00eda cuando los Papas esperaron casi veinte siglos para confirmarlo oficialmente. Se podr\u00eda decir que este balbuceo papal fue la primera semilla sembrada en el campo de la conciencia eclesial respecto del laicado.<\/p>\n<p>Sin embargo, unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Concilio Vaticano II se encarg\u00f3 de multiplicar esa peque\u00f1a semilla y de dar un giro de 180 grados a la doctrina oficial sobre el laicado. Lo m\u00e1s sorprendente fue que la mentalidad de la mayor\u00eda de los Padres Conciliares no hac\u00eda presagiar ni esperar un cambio de tal magnitud. Por eso, pienso que el gran protagonista de este cambio fue, sin duda, el Esp\u00edritu Santo empe\u00f1ado en devolver a los laicos la parte que les corresponde en la vida y en la misi\u00f3n de la Iglesia, y que el persistente viento clerical les hab\u00eda arrebatado.<\/p>\n<p>Pero no se trata de una acci\u00f3n fulminante y directa del Esp\u00edritu Santo ni de un cambio improvisado. El Concilio Vaticano II, en este campo como en otros, recogi\u00f3 el trabajo de pensadores y te\u00f3logos que -paradojas del destino- fueron vetados y prohibidos por la autoridad competente unos a\u00f1os antes del Vaticano ll.<\/p>\n<p>En este tema del laicado es necesario citar a un te\u00f3logo dominico y a un laico, ambos franceses: Ives Marie Congar y Jacques Maritain. El libro de Ives Marie Congar, \u00abJalones para una teolog\u00eda del laicado\u00bb, del a\u00f1o 1953, sigue conservando su audacia y su frescura a\u00fan hoy. La reflexi\u00f3n de Maritain como intelectual cat\u00f3lico, influy\u00f3 en muchos intelectuales de su tiempo y le convirtieron en el m\u00e1s grande maestro del laicado de los tiempos modernos. Es proverbial su afirmaci\u00f3n de que la \u00ablaicidad es una nota esencial de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Para situar mejor este punto de partida que es el Concilio Vaticano ll, ser\u00e1 bueno recordar, aunque sea muy sucintamente, los documentos donde el Concilio habla, subraya, profundiza e impulsa la conciencia, el ser y el quehacer de los laicos. Son cuatro documentos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014 La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia (\u00abLumen Gentium\u00bb) en su cap\u00edtulo 4 <sup>2<\/sup>, n\u00fameros 30-38, describe el ser y la misi\u00f3n del laico en la Iglesia. En el cap\u00edtulo 2 <sup>2 <\/sup>habla del Pueblo de Dios; y en el cap\u00edtulo 5 <sup>2 <\/sup>habla de la vocaci\u00f3n de todos a la santidad.<\/p>\n<p>\u2014 La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo actual (\u00abGaudium et Spes\u00bb) nos habla del di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo. Y, l\u00f3gicamente, abre a los laicos inmensos espacios de acci\u00f3n en todos los campos de la vida.<\/p>\n<p>\u2014 El Decreto sobre el apostolado de los laicos (\u00abApostolicam Actuositatem\u00bb) est\u00e1 absolutamente dedicado a los laicos.<\/p>\n<p>\u2014 El Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia (\u00abAd Gentes\u00bb) insiste en el compromiso ineludible que tienen los laicos en la evangelizaci\u00f3n, tanto en la proclamaci\u00f3n del mensaje como, sobre todo, en la promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Para ser honestos, hay que admitir que algunos textos del Concilio Vaticano ll sobre los laicos adolecen de ambig\u00fcedad y todav\u00eda conservan muchas reminiscencias del pensamiento y de la teolog\u00eda preconciliar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>ENTRE LA DESOLACI\u00d3N Y LAS CONTRADICCIONES<\/strong><\/p>\n<p>Tal vez, nos har\u00edamos una idea m\u00e1s exacta del cambio espectacular que inaugur\u00f3 el Concilio Vaticano ll respecto del laicado, si repas\u00e1ramos el panorama desolador que hab\u00eda antes del Concilio. Voy a espigar una serie de ejemplos, sin meterme en complicadas disquisiciones teol\u00f3gicas o en interminables vericuetos hist\u00f3ricos, que de todo hay en esta vi\u00f1a del laicado.<\/p>\n<p>Comencemos, para hacernos una somera aproximaci\u00f3n, con dos botones de muestra muy ilustrativos y significativos. Por ejemplo, el obispo de Rouen dec\u00eda: \u00abLos seglares no tienen la misi\u00f3n de ocuparse de los asuntos de la Iglesia; lo mejor que pueden hacer es rezar\u00bb. Por su parte, el cardenal Gasquet cuenta una an\u00e9cdota, a prop\u00f3sito de la conversaci\u00f3n de un misionero con un catec\u00fameno; el misionero dice que la misi\u00f3n del laico en la Iglesia es doble: \u00abPonerse de rodillas delante del altar y sentarse delante del p\u00falpito\u00bb; el cardenal Gasquet remata la faena a\u00f1adiendo: \u00abSe le olvidaba una tercera: echar mano de la cartera\u00bb.<\/p>\n<p>Es cierto que, en pleno siglo XIX, van surgiendo laicos luchadores y comprometidos con la Iglesia, por ejemplo, un miembro ilustre de la Familia vicenciana llamado Federico Ozanam. Ives Marie Congar les describe como \u00abap\u00f3stoles en una Iglesia todav\u00eda clerical que se defiende en un mundo en v\u00edas de secularizaci\u00f3n. Y no es menos cierto tambi\u00e9n que alguna jerarqu\u00eda y alguna parte del clero apoyan las acciones de todos esos cristianos laicos ejemplares. Pero, en la mayor\u00eda de las veces, es un apoyo mezclado con grandes dosis de desconfianza, y record\u00e1ndoles constantemente la plena sumisi\u00f3n a la jerarqu\u00eda. Tambi\u00e9n est\u00e1 siempre patente la contradicci\u00f3n entre las iniciativas y compromisos apost\u00f3licos que van tomando algunos seglares, individualmente o en Asociaciones, y la mentalidad del clero y de la jerarqu\u00eda sobre el papel del laicado. Incluso hay una gran contradicci\u00f3n entre la doctrina y la praxis de la misma jerarqu\u00eda sobre los laicos en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>Tampoco faltan afirmaciones curiosas en los documentos oficiales. Ah\u00ed est\u00e1 lo que dice el esquema \u00abSupremi Pastoris\u00bb del Concilio Vaticano l: \u00abNadie ignora que la Iglesia es una sociedad distinta, en la que Dios ha destinado a algunos a mandar y a otros a obedecer. Estos son los seglares, los otros son los cl\u00e9rigos\u00bb<\/p>\n<p>P\u00edo IX repiti\u00f3 afirmaciones del mismo estilo en 1876 a los obispos de Brasil. Y Le\u00f3n XIII en su carta al cardenal Guibert (1885) dec\u00eda que \u00abes incontestable y absolutamente claro que en la Iglesia, por exigencia de su misma naturaleza, hay dos estados bien distintos: los pastores y la grey, esto es, los jefes y el pueblo. El primero tiene la funci\u00f3n de ense\u00f1ar, de gobernar y de dar a los hombres las leyes necesarias; el otro tiene el deber de someterse al primero, de obedecer, de cumplir sus \u00f3rdenes, de demostrarle respeto\u00bb<\/p>\n<p>Continuando en esta misma l\u00ednea, P\u00edo X, ya en 1906, dice que \u00abs\u00f3lo en el cuerpo pastoral residen el derecho y la autoridad&#8230; En cuanto a los fieles no tienen otro deber sino dejarse conducir y seguir, como reba\u00f1o d\u00f3cil, a sus pastores\u00bb<\/p>\n<p>Sin embargo, es de justicia destacar a un gran converso ingl\u00e9s como John Henry Newman, que se convertir\u00eda del anglicanismo al catolicismo, que ser\u00eda, despu\u00e9s, nombrado cardenal por Le\u00f3n XIII, y que, finalmente, fue beatificado por Benedicto XVI el 19 de septiembre de 2010. Porque en aquellos tiempos de negatividad y de cerraz\u00f3n hacia el laicado, Newman reivindicaba, a tiempo y a destiempo, el papel activo de los laicos en la Iglesia y en la sociedad civil, y consideraba que el clericalismo era uno de los grandes males de la Iglesia cat\u00f3lica en Inglaterra. Merece la pena transcribir un amplio p\u00e1rrafo de su \u00faltima conferencia a sus amigos laicos del Oratorio de Birmingham: <sup>l<\/sup>&#8216;He aqu\u00ed que ha llegado el tiempo de hablar&#8230;Es necesario no ocultar vuestros talentos bajo un velo, ni vuestra luz bajo el celem\u00edn. Yo quisiera contar con laicos preparados, no arrogantes, ni impacientes ni querellantes, sino hombres que profesan sinceramente su religi\u00f3n, que se identifican con ella, que saben justificar su punto de vista, que conocen bien las verdades de su fe de las que pueden dar cuenta, que est\u00e9n bien informados de la historia, que puedan defender estas verdades. Yo quisiera laicos inteligentes, bien formados&#8230; Yo espero que vosotros sabr\u00e9is ampliar vuestros conocimientos, desarrollar vuestra raz\u00f3n y que aprender\u00e9is a discernir la relaci\u00f3n de una verdad con otra, a ver las cosas tal como ellas son, y a percibir los fundamentos y los principios del catolicismo\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco hay que olvidarse de alg\u00fan obispo destacado en este tema, como Mons. G. Bobomelli que, en los primeros a\u00f1os del siglo XX, se atrev\u00eda a escribir al cardenal Rampolla en estos t\u00e9rminos nada diplom\u00e1ticos: \u00abHay laicos m\u00e1s instruidos en religi\u00f3n que muchos obispos y sacerdotes \u00bfPor qu\u00e9 no servirse tambi\u00e9n de ellos? \u00bfPor qu\u00e9 no o\u00edrles? \u00bfPor qu\u00e9 decirles: vosotros a callar y a obedecer?\u00bb<\/p>\n<p>Esta brev\u00edsima y sint\u00e9tica incursi\u00f3n nos pone en la pista de lo que se respiraba antes del Vaticano ll respecto del laicado. Y lo traigo a colaci\u00f3n no tanto para subrayar las evidentes y absolutas sombras, sino para darnos cuenta con m\u00e1s claridad del espectacular cambio y de la nueva etapa eclesial que el Concilio Vaticano II posibilit\u00f3, a pesar de todas las dificultades.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>TRES CONVICCIONES B\u00c1SICAS<\/strong><\/p>\n<p>El Concilio Vaticano ll subray\u00f3 con fuerza tres convicciones b\u00e1sicas y elementales sin las cuales no podemos dar un paso adelante. Es m\u00e1s, sin estas convicciones todo el edificio te\u00f3rico y pr\u00e1ctico del laicado -y, naturalmente, del laicado vicenciano- quedar\u00eda en el aire o en los paisajes de las buenas intenciones.<\/p>\n<p>Toma de conciencia de la vocaci\u00f3n laical<\/p>\n<p>El S\u00ednodo de los obispos de 1987 fue dedicado a \u00abLa vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de los laicos en la Iglesia y en el mundo a los veinte a\u00f1os del Concilio Vaticano ll\u00bb. Este S\u00ednodo profundiz\u00f3 y actualiz\u00f3 lo dicho en el Concilio sobre los laicos.<\/p>\n<p>Y fruto l\u00f3gico de dicho S\u00ednodo fue la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abChristifideles laici\u00bb de Juan Pablo ll, donde se pone en marcha el laicado \u00abmilitante\u00bb y se clausura el viejo estereotipo de un laicado inoperante y meramente receptivo, consumidor de servicios religiosos y acomplejado en sus responsabilidades.<\/p>\n<p>Urge, pues, una toma de conciencia verdadera, realista y pr\u00e1ctica de que, evidentemente, los laicos son Iglesia, de que hay que descender de los papeles a la vida, de que no podemos estar citando constantemente documentos excelentes y actuando con clich\u00e9s de otros tiempos y otras teolog\u00edas. Aunque mucho me temo que no terminamos de creernos lo que proclaman los documentos oficiales y lo que nosotros mismos decimos. Ciertamente, no cabe duda de que el problema est\u00e1 en la pr\u00e1ctica, en el aterrizaje diario.<\/p>\n<p>Ni agregados ni de segunda categor\u00eda<\/p>\n<p>Subsisten todav\u00eda dos maneras err\u00f3neas de contemplar y de vivir la vocaci\u00f3n cristiana del laico. La primera ser\u00eda aqu\u00e9lla en que los laicos, a pesar de ser-tambi\u00e9n-lglesia, est\u00e1n en ella como agregados. El laico se sabe miembro de la Iglesia, pero se encuentra en ella como un visitante, como un invitado.<\/p>\n<p>Lo sagrado tiende a reducirse a lo intraeclesial, a lo espiritual. Todo aquello que es realizado extra muros de la Iglesia tiende a considerarse como profano o, al menos, como no eclesial. Se \u00abest\u00e1\u00bb en la Iglesia y se siguen sus instrucciones, porque de ellas depende \u00abnuestra\u00bb salvaci\u00f3n eterna&#8230; Se es cat\u00f3lico y se intenta ser buena persona. Pero poco m\u00e1s. El Concilio Vaticano ll ya denunci\u00f3 este nivel de pertenencia como \u00abuno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u00bb.<\/p>\n<p>La segunda es aqu\u00e9lla en que, a\u00fan entregado de alma y cuerpo a la Iglesia, el laico se percibe a s\u00ed mismo como cristiano de segunda categor\u00eda. Piensa que vocaci\u00f3n, en sentido estricto, \u00fanicamente la tienen los presb\u00edteros y los consagrados. Y est\u00e1 convencido de que \u00e9l es un \u00abcristiano residual\u00bb.<\/p>\n<p>Hace referencia no tanto al \u00abestar\u00bb como al \u00abser\u00bb del cristiano. Se es eclesial, bautizado, pero de menos categor\u00eda. Porque lo eclesial tiende a confundirse con lo eclesi\u00e1stico, con lo clerical. Esta posici\u00f3n no suele ser hoy tan frecuente como la anterior. Pero existe el peligro de que la recuperemos con algunas variables. A\u00fan la viven personas de la tercera edad y comienza a surgir entre los j\u00f3venes,<\/p>\n<p>Convicci\u00f3n profunda de laicos activos<\/p>\n<p>Ciertamente, las anteriores lagunas s\u00f3lo pueden ser rellenadas desde aquello que ya subrayaba el Concilio Vaticano ll: \u00abLos laicos est\u00e1n llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a trav\u00e9s de ellos\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y es que, como indicaba Pablo VI en su Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEvangelii nuntiandi\u00bb, \u00absu tarea primera e inmediata no es la instituci\u00f3n y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la funci\u00f3n espec\u00edfica de los Pastores- sino el poner en pr\u00e1ctica todas las posibilidades cristianas y evang\u00e9licas, escondidas pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la pol\u00edtica, de lo social, de la econom\u00eda, y tambi\u00e9n de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicaci\u00f3n de masas, as\u00ed como otras realidades abiertas a la evangelizaci\u00f3n&#8230;De lo cual se deduce algo tan obvio como olvidado: que el puesto de los laicos debe ser reconocido y promovido incansablemente, que la Iglesia entera debe propiciar la vitalidad y la actuaci\u00f3n de los laicos sin clericalismos directos o soterrados, sin forcejeos de poder en un sentido o en otro, que el reconocimiento de la misi\u00f3n de los laicos obedece a razones de identidad eclesial, no a concesiones de la jerarqu\u00eda, a motivos estrat\u00e9gicos o a disminuci\u00f3n de los cl\u00e9rigos.<\/p>\n<p>Y, por supuesto, para conseguir la efectiva incorporaci\u00f3n de los laicos a la vida y a la misi\u00f3n de la Iglesia no bastan altisonantes proclamaciones de principios. Se requiere abrir cauces de preparaci\u00f3n, de corresponsabilidad y de colegialidad. Pero, sobre todo, hace falta que todos nos convenzamos seria, \u00edntima y profundamente de que los laicos no son meros espectadores simp\u00e1ticos o simples y buenos \u00abayudadores\u00bb, sino que tienen su propia e intransferible carta de ciudadan\u00eda activa eclesial. Sin esta convicci\u00f3n, de nada servir\u00e1n los discursos y los m\u00e1s avanzados planteamientos teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>DOS CLAVES ECLESIOL\u00d3GICAS<\/strong><\/p>\n<p>El Concilio Vaticano ll fue un Concilio fundamentalmente eclesiol\u00f3gico, es decir, respondi\u00f3 a aquella famosa frase que pronunci\u00f3 el Papa Juan XXIII cuando lanz\u00f3 la idea de convocarlo: \u00abQuiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y para que desde afuera pueda verse el interior de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>En todos sus Documentos, Decretos y Constituciones late una visi\u00f3n nueva y renovada de la Iglesia. Y, evidentemente, da un paso decisivo: pasa de una jerarcolog\u00eda (eclesiolog\u00eda de tipo &#8216;mon\u00e1rquico\u00bb) a una verdadera eclesiolog\u00eda. Donde m\u00e1s se ve este paso es en todo lo referente al laicado.<\/p>\n<p>Por eso, hay dos claves eclesiol\u00f3gicas que el Concilio Vaticano ll subray\u00f3 con fuerza y que sostienen su eclesiolog\u00eda y sus consecuencias para una teolog\u00eda y una praxis del laicado. Hay que advertir que estas dos claves son inseparables:<\/p>\n<p>La Iglesia es comuni\u00f3n<\/p>\n<p>Es decir, comunidad, fraternidad de unos hombres y mujeres que han recibido el mismo bautismo y viven animados por el mismo Esp\u00edritu. Durante much\u00edsimo tiempo, la Iglesia se asemej\u00f3 a una pir\u00e1mide. En la c\u00faspide estaba el Papa; bajo \u00e9l, el cuerpo de los obispos; m\u00e1s abajo, el clero presbiteral, los religiosos y las religiosas; por \u00faltimo los laicos y, por fin, las laicas. Todo funcionaba como si la acci\u00f3n del Esp\u00edritu actuara en cascada. No todos ser\u00edan de la misma dignidad. Unos pastores y un reba\u00f1o. Una jerarqu\u00eda y un pueblo fiel, de laicos.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano ll transforma esa pir\u00e1mide en una circunferencia, signo de comuni\u00f3n y de igual dignidad dada por el bautismo. San Agust\u00edn lo expresaba muy bien cuando dec\u00eda a sus feligreses: \u00abCon vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo\u00bb<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el Concilio, para expresar todo el significado trascendental de esta Iglesia de comuni\u00f3n, llam\u00f3 a la Iglesia \u00abPueblo de Dios\u00bb, una expresi\u00f3n totalmente nueva. S\u00f3lo hay que pensar y reflexionar en todo lo que significa la palabra \u00abpueblo\u00bb y, a la vez, darnos cuenta de que la palabra \u00ablaico\u00bb viene del vocablo griego \u00ablaos\u00bb que significa eso mismo: pueblo.<\/p>\n<p>Y esta Iglesia-comuni\u00f3n nos lleva a la corresponsabilidad, a la colaboraci\u00f3n, a la participaci\u00f3n, a la igualdad del Esp\u00edritu, al convencimiento de que todos los miembros de la Iglesia son total y absolutamente necesarios.<\/p>\n<p>A veces, se ha olvidado que la comuni\u00f3n la crea el Esp\u00edritu de Cristo, presente en toda la Iglesia y en cada uno de sus miembros. Por tanto, lo primero que hemos de recordar es que el Esp\u00edritu no es privilegio de un grupo o estamento. El Esp\u00edritu se da a toda la comunidad eclesial: \u00abEn un solo Esp\u00edritu hemos sido todos bautizados, y todos hemos bebido de un solo Esp\u00edritu\u00bb (1 Co 12, 13). El mismo Esp\u00edritu est\u00e1 actuando en todos nosotros. No hay en la Iglesia sectores que gozan de la garant\u00eda del Esp\u00edritu y sectores privados de Esp\u00edritu. Todo el Pueblo de Dios posee el Esp\u00edritu. El Esp\u00edritu es para todos. \u00abY si alguno no tiene el Esp\u00edritu de Cristo, \u00e9se no es de Cristo\u00bb (Rm 8, 9).<\/p>\n<p>Por ello, nadie puede pretender acaparar al Esp\u00edritu y menospreciar o ignorar la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en los dem\u00e1s. Esa ha sido casi siempre la gran tentaci\u00f3n de la jerarqu\u00eda: creer que el Esp\u00edritu tiene que pasar necesariamente por ella para actuar, dinamizar y dirigir a su Iglesia. Al contrario, la comuni\u00f3n exige sentido de complementariedad, di\u00e1logo, colaboraci\u00f3n, correcci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>La Iglesia es misi\u00f3n<\/p>\n<p>O, lo que es lo mismo, que la Iglesia no es para s\u00ed misma, est\u00e1 llamada a abrirse a la misi\u00f3n, es urgida a ser fermento liberador y transformador de la vida en medio del mundo. Est\u00e1 al servicio del Reino de Dios. Pablo VI recoge perfectamente esta segunda clave eclesiol\u00f3gica en su ya citada Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEvangelii nuntiandi\u00bb: \u00abEvangelizar constituye la dicha y la vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda. Ella existe para evangelizar\u00bb Albert Schweizer dec\u00eda que \u00abuna comunidad que no act\u00faa en forma misionera, no es una comunidad dirigida por el Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed es donde tenemos que subrayar las consecuencias laicales de que \u00abla Iglesia es misi\u00f3n\u00bb: que la evangelizaci\u00f3n, la misi\u00f3n, es tarea de todo el Pueblo de Dios, no s\u00f3lo de unos cuantos ordenados o consagrados; que la misi\u00f3n de la Iglesia ha de estar en medio de la sociedad y as\u00ed debe ser una Iglesia \u00absecular\u00bb, y, por tanto, aqu\u00ed est\u00e1 la actividad social, cultural, laboral, pol\u00edtica, familiar&#8230; de los seglares; que el car\u00e1cter secular es propio de los seglares, y la construcci\u00f3n del Reino de Dios en el \u00absiglo\u00bb es muy propio de ellos; que una evangelizaci\u00f3n sin los laicos no ser\u00eda evangelizaci\u00f3n, sino propaganda clerical. En resumen, hay un tel\u00f3n de fondo que no se puede pasar por alto: que \u00abtoda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelizaci\u00f3n es deber fundamental del Pueblo de Dios<\/p>\n<p>Si la Iglesia quiere cumplir su misi\u00f3n ha de estar en medio del mundo. Es lo que nos ha recordado, con machacona insistencia, el Concilio Vaticano ll: \u00abLa Iglesia existe en este mundo y vive y act\u00faa con el, Es la condici\u00f3n normal de la Iglesia. Estar en el mundo sin ser del mundo, sin identificarse totalmente con \u00e9l. Pero no hemos de entender a la Iglesia como una comunidad que vive su propia vida \u00abjunto a\u00bb o \u00abpor encima de\u00bb la sociedad, sino \u00abdentro de\u00bb ella.<\/p>\n<p>Esta inserci\u00f3n de la Iglesia en el mundo se realiza, se concreta y se asegura, sobre todo, por la vida y la acci\u00f3n de los laicos que son, al mismo tiempo, miembros vivos de la Iglesia y ciudadanos de la sociedad civil. Toda la Iglesia es secular y est\u00e1 en el mundo, pero son los laicos los que viven en las condiciones ordinarias de la vida familiar, laboral, social y pol\u00edtica. Son ellos, sobre todo, quienes enra\u00edzan y encarnan a la Iglesia en el mundo<\/p>\n<p>PASOS URGENTES QUE DEBE DAR EL LAICO<\/p>\n<p>Al hilo de todo lo dicho hasta ahora y como una deducci\u00f3n l\u00f3gica de la doctrina conciliar sobre el laicado, me atrevo a proponer una serie de pasos, de tr\u00e1nsitos, de recorrido que debe llevar a cabo hoy y aqu\u00ed el laico cristiano, tanto personal como colectivamente.<\/p>\n<p>Y digo que debe llevar a cabo hoy, porque todav\u00eda no lo ha hecho del todo, y much\u00edsimos laicos y Asociaciones laicales ni siquiera han comenzado a dar esos pasos que subyacen en el esp\u00edritu del Concilio Vaticano ll. Evidentemente, no puede haber un relanzamiento serio del laicado sin dar estos pasos.<\/p>\n<p>No har\u00eda falta decir que tambi\u00e9n el laicado vicenciano tiene que dar urgentemente estos pasos. Porque aquella intuici\u00f3n revolucionaria y prof\u00e9tica de Vicente de Pa\u00fal en 1617, en Ch\u00e2tillon-lesDombes, puede caer en la rutina, en la mediocridad o en el olvido con el paso de los siglos por nuestra pereza y nuestra falta de audacia. El laicado vicenciano no est\u00e1 libre de una serie de tentaciones espiritualistas que van minando la espiritualidad m\u00e1s genuina y espec\u00edfica vicenciana. Y, por otra parte, tampoco est\u00e1 en primera l\u00ednea de renovaci\u00f3n y puesta al d\u00eda. Alguien ha dicho que es muy f\u00e1cil ser revolucionario en tiempo de la revoluci\u00f3n, pero que lo dif\u00edcil y necesario es ser revolucionario una vez pasada la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasar de la \u00abburbuja piadosa o devocional\u00bb al compromiso militante La tentaci\u00f3n constante es dormirnos en la comodidad piadosa. Siempre habr\u00e1 buenas excusas para ello. Pero si el laicado se queda en lo simple devocional, en \u00abser buena y piadosa persona&#8217; est\u00e1 traicionando totalmente la letra y el esp\u00edritu de Concilio. Y, por supuesto, nunca ser\u00e1 sal y luz de esta sociedad. Consciente o inconscientemente, estar\u00e1 enquistado en la prehistoria.<\/p>\n<p>Pasar de la sacrist\u00eda a los are\u00f3pagos actuales<\/p>\n<p>Muchos laicos -y muchas Asociaciones laicales- creen que se han puesto en l\u00ednea con el Concilio Vaticano ll porque, al menos, ya est\u00e1n en la sacrist\u00eda, es decir, porque ya hacen algunas tareas de ayuda y colaboraci\u00f3n cultual y lit\u00fargica. Pero se olvidan de que el Concilio Vaticano ll -e infinidad de documentos pontificios y episcopales posteriores- se\u00f1alan un lugar ineludible al laico cristiano: los actuales are\u00f3pagos para la misi\u00f3n o la evangelizaci\u00f3n, es decir, las plazas p\u00fablicas donde se juega el presente y el futuro de la persona (la pol\u00edtica, la econom\u00eda, el trabajo, la cultura, los medios de comunicaci\u00f3n, la educaci\u00f3n&#8230;).<\/p>\n<p>Pasar de lo eclesi\u00e1stico a lo eclesial<\/p>\n<p>Uno de los peligros que ha tenido y contin\u00faa teniendo el laicado cristiano es la dependencia casi absoluta del eclesi\u00e1stico o del cl\u00e9rigo de turno. Cuando una Asociaci\u00f3n laical, por ejemplo, no sabe caminar sin las apoyaturas eclesi\u00e1sticas o clericales, algo muy grave est\u00e1 ocurriendo en su seno. Por poner un ejemplo vicenciano, todos conocemos c\u00f3mo ha ido languideciendo alg\u00fan grupo de la AIC al faltarle la apoyatura de la Hija de la Caridad o del sacerdote de la Misi\u00f3n. Esta dependencia de lo eclesi\u00e1stico es un \u00edndice de la falta de madurez del laicado. Es, en definitiva, una negaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la glesia-comuni\u00f3n y de la Iglesia-misi\u00f3n que puso de relieve el Concilio Vaticano ll.<\/p>\n<p>Pasar de la mera suplencia a la misi\u00f3n compartida<\/p>\n<p>En muchos ambientes clericales y congregacionales se suele ensalzar mucho a los laicos porque solucionan tareas, trabajos y faenas a las que no llegan los cl\u00e9rigos por ser mayores de edad, por escasez o por falta de vocaciones. Este es un planteamiento demag\u00f3gico y equivocado. Es una manipulaci\u00f3n descarada que se hace a los laicos de buena fe y de buena voluntad. El laico cristiano no es una fuerza de suplencia ni tiene vocaci\u00f3n de \u00abchico o chica de los recados\u00bb. Hay que posibilitarle su entrada, con todo el derecho que le da el bautismo, en la misi\u00f3n de la Iglesia. Misi\u00f3n que comparte con el cl\u00e9rigo en t\u00e9rminos totalmente alejados de superioridad o inferioridad. Llevar a cabo la misi\u00f3n compartida es un signo de que la comunidad eclesial vive de verdad como Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>PEDAGOG\u00edA DEL CONCILIO VATICANO ll: RELANZAMIENTO DESDE LAS RA\u00cdCES<\/strong><\/p>\n<p>Cuando el Concilio Vaticano ll habl\u00f3 de la renovaci\u00f3n, de la puesta al d\u00eda, del relanzamiento de las Congregaciones, \u00d3rdenes religiosas o grupos eclesiales, nos dej\u00f3 un principio infalible que, a la vez, es un manual b\u00e1sico de pedagog\u00eda renovadora. Nos indic\u00f3 que hay que afirmarse en las ra\u00edces para encarnarse m\u00e1s profundamente en el mundo de hoy. Es decir, volver a la inspiraci\u00f3n originaria del Fundador y encarnar esa inspiraci\u00f3n en la sociedad que nos toca vivir<\/p>\n<p>Por eso, no est\u00e1 de sobra que un laicado vicenciano o, concretamente, una Asociaci\u00f3n como la AIC retorne, de vez en cuando, a sus ra\u00edces para revitalizarse en una direcci\u00f3n correcta. Pero no se trata de una vuelta a las ra\u00edces como mera y simple documentaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino como inspiraci\u00f3n din\u00e1mica, prof\u00e9tica y creativa.<\/p>\n<p>Y esta pedagog\u00eda del Concilio Vaticano ll tiene que estar en la base del relanzamiento del laicado vicenciano, del laicado de la AIC, en pleno siglo XXI, a trav\u00e9s del \u00abcompromiso vicenciano\u00bb, con la recuperaci\u00f3n de una espiritualidad espec\u00edfica y con una serie de urgencias netamente vicencianas.<\/p>\n<p>El compromiso espec\u00edficamente vicenciano<\/p>\n<p>La palabra que define la praxis y la misi\u00f3n de los laicos es el vocablo \u00abcompromiso\u00bb. Esto vale para todos los laicos, para todos los bautizados. Sin embargo, es conveniente especificar el car\u00e1cter y la naturaleza de dicho compromiso al referirlo al laicado vicenciano. No se trata de un compromiso gen\u00e9rico, no tiene nada que ver con un caj\u00f3n de sastre donde todo cabe, tampoco se puede identificar con una serie de tareas m\u00e1s o menos intraeclesiales.<\/p>\n<p>Pienso que cualquiera que est\u00e9 m\u00ednimamente en contacto con el carisma vicenciano, debe tener muy claro que el \u00abcompromiso vicenciano\u00bb se refiere, \u00fanica y exclusivamente, a todo lo que tenga que ver con los pobres y marginados, a todo lo que afecte al amplio y terrible mundo de la pobreza y de la miseria, a todo Io que incida en la falta de dignidad humana en las varias y diversas dimensiones. Ser\u00eda demasiado prolijo el traer a colaci\u00f3n todo el cat\u00e1logo de frases de Vicente de Pa\u00fal en este sentido, desde aqu\u00e9lla que tanto citamos: \u00abLos pobres que no saben ni qu\u00e9 hacer ni a donde ir, que se multiplican y sufren cada d\u00eda, constituyen mi peso y mi dolor pasando por aqu\u00e9lla otra de que \u00abnuestro lote son los pobres hasta alguna tan interpelante como \u00abtendr\u00edamos que vendernos a nosotros mismos para sacar a nuestros hermanos de la miseria<\/p>\n<p>En definitiva, hablar de \u00abcompromiso vicenciano\u00bb es hablar de tres dimensiones conjuntas y complementarias como son: el servicio a los pobres, la pr\u00e1ctica de la solidaridad y la lucha por la justicia. Y las tres, vertebradas por un denominador com\u00fan: el amor afectivo y efectivo.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n de una espiritualidad espec\u00edfica<\/p>\n<p>En la Iglesia conviven diversas y distintas espiritualidades, como conviven distintos carismas. Es como un arco\u00edris con muchos y variados colores. De esa variedad de colores proviene la belleza del arco\u00edris. O sea, que la variedad de espiritualidades enriquecen y embellecen a la comunidad eclesial. Esto quiere decir que cada grupo, en la Iglesia, debe vivir su propia y espec\u00edfica espiritualidad.<\/p>\n<p>Si los miembros de una Asociaci\u00f3n vicenciana, como es la AIC, no recuperan la verdadera espiritualidad vicenciana -que el mismo Esp\u00edritu del Se\u00f1or dio a Vicente de Pa\u00fal para llevar a cabo su misi\u00f3n y para infundirla a sus colaboradores y colaboradoras estar\u00e1n siendo infieles a su ser y a su quehacer, y estar\u00e1n muy alejados de la pedagog\u00eda que indic\u00f3 el Vaticano ll. Y todos sabemos que los miembros de un grupo o Asociaci\u00f3n, con el paso de los a\u00f1os, tienen, al menos, dos tentaciones en este campo: la primera es la b\u00fasqueda de espiritualidades de moda o de espiritualidades tranquilizantes; la segunda, tener una espiritualidad para una temporada y otra distinta para otra temporada, como el que tiene una ropa para el invierno, otra para la primavera y otra para el verano.<\/p>\n<p>Recordemos que la espiritualidad espec\u00edficamente vicenciana -y, por tanto, del laicado vicenciano- es una \u00abespiritualidad de encarnaci\u00f3n\u00bb, una \u00abespiritualidad ken\u00f3tica\u00bb, una &#8216;(espiritualidad samaritana\u00bb, una \u00abespiritualidad del principio-misericordia\u00bb, una &#8216;espiritualidad del misterio pascual\u00bb. Esta es la espiritualidad que el laico vicenciano tiene que recuperar en fidelidad y coherencia a su origen y a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>INTERPELACIONES NETAMENTE VICENCIANAS<\/strong><\/p>\n<p>Ciertamente, la lista de interpelaciones que podemos poner delante del laico vicenciano ser\u00eda kilom\u00e9trica. Voy a se\u00f1alar solamente algunas, teniendo en cuenta las que m\u00e1s podemos deducir de la letra y el esp\u00edritu del Concilio Vaticano ll. O sea, interpelaciones propias de la misi\u00f3n vicenciana y subrayadas por el Vaticano ll.<\/p>\n<p>La caridad reestructuradora de la realidad social<\/p>\n<p>Es obligado arrancar del Decreto conciliar \u00abApostolicam actuositatem\u00bb, el Decreto del Vaticano ll especialmente dedicado al apostolado seglar, a la misi\u00f3n del laicado cristiano. Despu\u00e9s de urgir al laico cristiano a \u00abordenar todo el universo hacia Cristo\u00bb a \u00abrestaurar todo el orden temporal y a \u00abperfeccionarlo sin cesar el Concilio le exige una caridad de tipo \u00abreestructurador\u00bb. El siguiente p\u00e1rrafo es taxativo: \u00abCumplir antes que nada las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por raz\u00f3n de justicia; suprimir las causas, y no s\u00f3lo los efectos, de los males, y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se vayan bastando por s\u00ed mismos\u00bb<\/p>\n<p>Salir a la plaza p\u00fablica<\/p>\n<p>La Constituci\u00f3n conciliar \u00abGaudium et Spes\u00bb est\u00e1 vertebrada por un principio: la Iglesia -por tanto, los cristianos- tiene que estar metida en el mundo, en el \u00absaeculum\u00bb. Sin embargo, todav\u00eda hay infinidad de laicos cristianos muy remisos a sacar su voz y su presencia en la plaza p\u00fablica. Prefieren lo intraeclesial.<\/p>\n<p>La tercera ponencia del Congreso de \u00abEvangelizaci\u00f3n y hombre de hoy\u00bb, celebrado en Madrid del 9 al 14 de septiembre de 1985, llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre el hecho de que el mayor movimiento seglar en Espa\u00f1a no es el del compromiso temporal, sino el de los catequistas (200.000). La ponencia, en su primera redacci\u00f3n, calificaba el hecho como \u00abs\u00edntoma enfermizo\u00bb. M\u00e1s tarde, por obra y gracia del cedazo de la censura y de los vig\u00edas de la ortodoxia, lo suaviz\u00f3 con la expresi\u00f3n de \u00abs\u00edntoma de una desproporci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nadie pone en duda que el Concilio Vaticano ll pide a los laicos cristianos que su presencia sea m\u00e1s efectiva y no simplemente testimonial, que su fe sea realmente \u00abconfesante\u00bb por el compromiso socio-pol\u00edtico, que participen en la vida asociativa, que asuman p\u00fablicamente la responsabilidad en los diversos campos de la sociedad, haciendo hincapi\u00e9 en el compromiso a favor de la justicia, que ejerzan la \u00abcaridad pol\u00edtica\u00bb.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil deducir las exigencias y consecuencias que todo esto conlleva para unos laicos vicencianos cuyos &#8216;<sup>t<\/sup>amos y maestros\u00bb son los pobres.<\/p>\n<p>Sin compromiso con la justicia no hay santidad<\/p>\n<p>No quisiera olvidarme de lo que dijeron los obispos en el mensaje final del S\u00ednodo sobre los laicos, en octubre de 1987. Es una resonancia viva del Concilio Vaticano ll: \u00abEl Esp\u00edritu nos lleva a descubrir m\u00e1s claramente que hoy la santidad no es posible sin un compromiso con la justicia, sin una solidaridad con los pobres y oprimidos. El modelo de santidad de los fieles laicos tiene que incorporar la dimensi\u00f3n social en la transformaci\u00f3n del mundo seg\u00fan el plan de Dios Lo curioso de esta afirmaci\u00f3n fue la reacci\u00f3n de algunos grupos laicales: llegaron a decir que los obispos de todo el mundo se hab\u00edan \u00abdesviado de su pastoreo espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>iCu\u00e1ntas resonancias espec\u00edficamente vicencianas contiene ese breve y conciso texto! Quiero suponer que no habr\u00e1 constituido ninguna sorpresa para el laico vicenciano. Y, por supuesto, a partir de este imperativo de santidad, ya no hay lugar para coartadas maniqueas o para disculpas rebuscadas.<\/p>\n<p>Dos meses despu\u00e9s de que el S\u00ednodo de los obispos hiciera esa atrevida llamada a la santidad, el Papa Juan Pablo ll lanzaba a la luz p\u00fablica, el 30 de diciembre de 1987, su enc\u00edclica social \u00abSollicitudo rei socialis\u00bb. No quiero pasar por alto un extenso p\u00e1rrafo de este documento, donde Juan Pablo II urge a todos los cristianos -y especialmente a los laicos- a un compromiso solidario por y con la justicia. Ciertamente, es tambi\u00e9n todo un programa de verdadera santidad: \u00abQuiero dirigirme a todos, hombres y mujeres sin excepci\u00f3n, para que, convencidos de la gravedad del momento presente y de la respectiva responsabilidad individual, pongamos por obra -con el estilo personal y familiar de vida, con el uso de los bienes, con la participaci\u00f3n como ciudadanos, con la colaboraci\u00f3n en las decisiones econ\u00f3micas y pol\u00edticas y con la propia actuaci\u00f3n a nivel nacional e internacional- las medidas inspiradas en la solidaridad y en el amor preferencial por los pobres&#8230; En este empe\u00f1o deben ser ejemplo y gu\u00eda los hijos de la Iglesia, llamados, seg\u00fan el programa enunciado por el mismo Jes\u00fas en la sinagoga de Nazaret, a &#8216;anunciar a los pobres la Buena Nueva&#8230;&#8217;. Y en esto conviene subrayar el papel preponderante que cabe a los laicos&#8230; A ellos compete animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia<\/p>\n<p>Nuestro ser y nuestro actuar se juegan en el mundo de los pobres Hay un documento muy importante, de febrero de 1994, que nos recuerda algo fundamental y plenamente vicenciano: el \u00abjuicio de los pobres\u00bb. El documento se titula \u00abLa Iglesia y los pobres\u00bb, y fue trabajado, elaborado y redactado por la Comisi\u00f3n Episcopal de Pastoral Social. Todo el documento, adem\u00e1s de resonancias conciliares, tiene un sabor inequ\u00edvocamente vicenciano y, l\u00f3gicamente, constituye para el laico vicenciano un examen de conciencia serio y un revulsivo vital.<\/p>\n<p>El siguiente p\u00e1rrafo es absolutamente fundamental para discernir el compromiso de una Asociaci\u00f3n que quiere respirar el carisma vicenciano: \u00abLa Iglesia sabe que ese encuentro con los pobres tiene para ella un valor de justificaci\u00f3n o de condena, seg\u00fan nos hayamos comprometido o inhibido ante los pobres. Los pobres son sacramento de Cristo. M\u00e1s a\u00fan: ese juicio y esa justificaci\u00f3n no solamente debemos pasarlos alg\u00fan d\u00eda ante Dios, sino tambi\u00e9n ahora mismo ante los hombres. S\u00f3lo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberaci\u00f3n, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evang\u00e9lico. Bien puede afirmarse que el ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la marginaci\u00f3n y de la opresi\u00f3n, de la debilidad y del sufrimiento\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VIEJAS Y NUEVAS TENTACIONES<\/strong><\/p>\n<p>Como modesto complemento de todo lo dicho, me atrevo a sugerir una serie de peligros o tentaciones que pueden acechar -y que, de hecho, acechan- a todo grupo, movimiento o asociaci\u00f3n de laicos. Algunas de estas tentaciones pueden haberse enquistado desde hace mucho tiempo, otras pueden ser m\u00e1s recientes o incluso de ahora mismo.<\/p>\n<p>El espiritualismo<\/p>\n<p>Es curioso que, en una hora como la actual, en la que los grupos laicales son urgidos a un serio compromiso social, tambi\u00e9n reciben constantes reclamos a un intimismo espiritual desencarnado. Parece como si, para muchos, la experiencia de lucha por la justicia y la solidaridad fuese un camino acabado en su identidad cristiana. Y, naturalmente, tienden a evadirse de los conflictos y de las tareas esforzadas por la construcci\u00f3n del Reino, y se refugian en una privatizaci\u00f3n de su fe. En ellos abunda la espiritualidad de hu\u00edda del mundo (\u00abfuga mundi\u00bb) m\u00e1s o menos convenientemente maquillada para que no se note demasiado.<\/p>\n<p>Hoy vuelven a sonar, en los grupos laicales, conceptos de santificaci\u00f3n, impregnaci\u00f3n transcendente de la sociedad, salvaci\u00f3n, etc., que, en realidad, no son nada m\u00e1s que invernaderos de espiritualismo, rodeos para no complicarse la vida con el herido en el camino, una especie de \u00abespiritualidad-estufa\u00bb donde se cultiva, sobre todo, lo afectivo y lo emocional. Y denotan un divorcio entre la fe y la vida, una vieja dicotom\u00eda entre la fe y el amor solidario.<\/p>\n<p>El autoaislamiento<\/p>\n<p>No son pocos los grupos que, en el nuevo contexto social, tienen miedo a perder su identidad. Entonces, surge la tentaci\u00f3n de replegarse a los \u00abcuarteles de invierno\u00bb, de encerrarse en posiciones o reservas de mayor comodidad, ignorando la nueva sociedad y cayendo en el aislamiento. Y con ello se fomenta la atm\u00f3sfera de gueto, la negativa a la colaboraci\u00f3n con quienes son distintos. Es, en realidad, el camino m\u00e1s f\u00e1cil para el espiritualismo.<\/p>\n<p>El narcisismo<\/p>\n<p>Nos cuenta el primer bi\u00f3grafo de Vicente de Pa\u00fal, Luis Abelly, que, en cierta ocasi\u00f3n y ante las penurias econ\u00f3micas y la miseria que se avecinaba, y que iba a afectar a la naciente Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por \u00e9l fundada, el santo revel\u00f3 a uno de los suyos: \u00abEstoy triste por nuestra Compa\u00f1\u00eda, pero ella no me preocupa tanto como los pobres. Nosotros nos libraremos yendo a pedir pan a las otras casas nuestras, si ellas tienen, o a servir de vicarios en las parroquias. Pero, en cuanto a los pobres, \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n? \u00bfpodr\u00e1n irse? Confieso que ellos son mi peso y mi dolor&#8230;<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n que puede rondar a cualquier grupo o asociaci\u00f3n laical en la Iglesia, incluyendo tambi\u00e9n al laicado vicenciano, es justo al rev\u00e9s de lo que le pasaba a Vicente de Pa\u00fal: que le preocupe mucho m\u00e1s la cantidad de miembros, el ser los mejores o los m\u00e1s influyentes, el lustre y el halago de la Instituci\u00f3n por parte de los mandatarios, el \u00e9xito apost\u00f3lico a costa de lo que sea, la buena imagen&#8230; Y, naturalmente, las fuerzas se gastan no en la lucha por la justicia y la solidaridad, sino en tener un gran andamiaje institucional que, a la larga, se vuelve totalmente est\u00e9ril, antievang\u00e9lico y antivicenciano.<\/p>\n<p>La \u00abprudencia\u00bb<\/p>\n<p>Por supuesto, entre comillas para no ser demasiado imprudente. S\u00f3lo me voy a fijar en la clasificaci\u00f3n que hace J. Espeja de los movimientos apost\u00f3licos y comunidades de vida cristiana en Espa\u00f1a, tomando como baremo indicador la recepci\u00f3n del nuevo aire conciliar y su consiguiente puesta al d\u00eda.<\/p>\n<p>El autor habla de movimientos o grupos que se centran, sobre todo, en un compromiso vital de tipo religioso, movimientos que se centran de modo especial en lo carism\u00e1tico-contemplativo y movimientos que se centran en un compromiso religioso formulado en l\u00edneas generales. Y este \u00faltimo apartado lo subdivide, a su vez, en tres grupos: los del trabajo bien hecho (Hermandades, Opus Dei, Acci\u00f3n Empresarial&#8230;), los de espiritualidad familiar y promoci\u00f3n de la familia, y los de caridad (C\u00e1ritas, Frater, AIC o Voluntariado de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, Sociedad de San Vicente&#8230;).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, se\u00f1ala que hay un cuarto grupo compuesto por los laicos comprometidos en la lucha por la justicia y la solidaridad. Y el autor apunta: \u00abA este cuarto grupo, aut\u00e9ntico protagonista de la recepci\u00f3n del Concilio y acompa\u00f1ante, como poco, del nuevo sujeto colectivo en gestaci\u00f3n, se le incorporar\u00e1n progresivamente algunos movimientos del anterior sector: C\u00e1ritas, con apasionados altibajos, Hermandades y Frater, con cierta lentitud, Voluntariado de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal y Sociedad de San Vicente con demasiada y excesiva lentitud y prudencia&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Es decir, que en dicho estudio, no se apunta el paso valiente, decidido y decisivo de los laicos vicencianos. Ciertamente, el an\u00e1lisis citado puede ser todo lo subjetivo y arbitrario que se quiera, pero \u00e9sa es la visi\u00f3n de un observador externo.<\/p>\n<p>\u00bfNo le habr\u00e1n dado pie a dicho juicio bastante negativo los mismos movimientos laicales vicencianos con el excesivo culto a una \u00abprudencia\u00bb mal entendida y peor practicada? \u00bfEs que todav\u00eda sigue en vigor aquel chascarrillo antiguo y mal\u00e9volo que proclamaba algo as\u00ed como \u00abpara ser dama de beneficencia, hay que ser buena pero con prudencia\u00bb?<\/p>\n<p>La falta de organizaci\u00f3n, coordinaci\u00f3n, colaboraci\u00f3n e inserci\u00f3n Nadie puede negar que dos de las notas caracter\u00edsticas de la caridad vicenciana son la organizaci\u00f3n y la coordinaci\u00f3n. Y nadie puede negar tampoco que la colaboraci\u00f3n en la lucha contra la pobreza y la inserci\u00f3n en los planes o programaciones de pastoral social nacional, diocesana o parroquial es casi un dogma entendido y aceptado, al menos te\u00f3ricamente, por todos.<\/p>\n<p>La evidente tentaci\u00f3n es querer funcionar al margen de esos planes de pastoral caritativo-social y recluirse, con cierta dosis de altaner\u00eda o despiste, en \u00abnuestros planes\u00bb. La tentaci\u00f3n es querer actuar por lo libre. Los obispos espa\u00f1oles, en su excelente documento \u00abTestigos del Dios Vivo\u00bb, advierten: \u00abA pesar del reconocimiento de la acci\u00f3n generosa de tantos cristianos, a nadie debe extra\u00f1ar si decimos que el momento actual de nuestra Iglesia requiere intensificar y coordinar mejor las formas organizadas de ejercer la caridad en favor de los pobres y de los necesitados. Lo requiere la misma naturaleza de la evangelizaci\u00f3n lo requiere tambi\u00e9n el sufrimiento de tantos hermanos nuestros&#8230;, Lo requieren los &#8216;nuevos pobres&#8217; de la sociedad moderna<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>RECORDATORIO AGRADECIDO<\/strong><\/p>\n<p>Se ha dicho que todav\u00eda un buen n\u00famero de laicos, hombres y mujeres, constituyen, dentro de la comunidad eclesial, la &#8216;mayor\u00eda silenciosa\u00bb. Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que cada vez hay m\u00e1s laicos y laicas, grupos y Asociaciones laicales, que viven su fe adulta y est\u00e1n convencidos de su vocaci\u00f3n y de su misi\u00f3n en la comunidad eclesial y en la sociedad civil. Y, por supuesto, el Concilio Vaticano ll ha marcado en este tema del laicado -como en otros temas fundamentales- un antes y un despu\u00e9s. Habr\u00e1 que esculpir en letras de oro algo tan sencillo y tan superlativo, tan normal y tan extraordinario, como que Concilio Vaticano II ha sido el primer Concilio que se ha ocupado de los laicos directa y expl\u00edcitamente. Estoy seguro de que las generaciones venideras agradecer\u00e1n este recordatorio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Celestino Fern\u00e1ndez<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VICENTE DE PAUL (Un coraz\u00f3n si medida) (VI) RELANZAMIENTO DEL LAICADO VICENCIANO A LA LUZ DEL CONCILIO VATICANO II De entrada, quiero dejar sincera constancia de mi rubor y de mi atrevimiento. 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