{"id":405183,"date":"2024-04-26T08:07:49","date_gmt":"2024-04-26T06:07:49","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405183"},"modified":"2023-08-13T22:09:08","modified_gmt":"2023-08-13T20:09:08","slug":"ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xv\/","title":{"rendered":"OZANAM: UN SABIO ENTRE LOS POBRES (XV)"},"content":{"rendered":"<p>XV.- EL SACRIFICIO (1853)<\/p>\n<p>Lejos de su pa\u00eds, Ozanam, con su lucidez habitual, ve\u00eda, no sin cierta tristeza, lo que pasaba en Francia. \u00abEl noviazgo del trono y del altar\u00bb, que el \u00faltimo escrutinio hab\u00eda sellado, creaba lazos que tarde o temprano, seg\u00fan \u00e9l, ahogar\u00edan la libertad.<\/p>\n<p>Por el momento reinaba el orden, pero \u00bfhasta cu\u00e1ndo? \u00bfNo ser\u00e1 la prensa sometida otra vez? \u00bfSe le permitir\u00e1 ense\u00ad\u00f1ar de la misma forma?<\/p>\n<p>Por otra parte, la unidad italiana iba a realizarse en torno a la casa de Saboya, y este logro supon\u00eda la supresi\u00f3n del Estado pontificio. El papa se opon\u00eda con todas sus fuer\u00adzas a esta soluci\u00f3n; si era el padre de la cristiandad, era igualmente el guardi\u00e1n del poder temporal de la Iglesia. La paz era precaria, y los cat\u00f3licos de Italia sufr\u00edan a su vez las penosas consecuencias de la divisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ozanam, cuyo estado de salud, desde hac\u00eda unas semanas, segu\u00eda relativamente estable, pensaba dirigirse a Roma por Semana Santa y deseaba ardientemente volver a ver al Soberano Pont\u00edfice a quien continuaba admirando y venerando.<\/p>\n<p>Una reca\u00edda grave no obstante se lo impidi\u00f3 y debi\u00f3 renunciar a este viaje.<\/p>\n<p>La enfermedad pasaba por periodos de recuperaci\u00f3n, seguidos de otros de intensos sufrimientos, que tra\u00edan a Federico sin cesar la esperanza y la resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Amelia lo rodeaba de amor, de ternura y escond\u00eda en el fondo de su coraz\u00f3n una certeza que cada vez era m\u00e1s pesada de soportar.<\/p>\n<p>Cada ma\u00f1ana, Federico se aislaba para leer la Sagrada Escritura, en una vieja biblia griega que llevaba consigo. Anotaba con su peque\u00f1a escritura fina los pasajes m\u00e1s con-soladores. El 23 de abril de 1853, fecha de sus cuarenta a\u00f1os, sin saberlo Amelia, escribi\u00f3 su testamento:<\/p>\n<p>\u00abDije: en medio de mis d\u00edas, me acercar\u00e9 a las puertas de la muerte.<\/p>\n<p>\u00abBusqu\u00e9 el resto de mis a\u00f1os. Dije: no ver\u00e9 m\u00e1s al Se\u00f1or mi Dios en la tierra de los vivos.<\/p>\n<p>\u00abMi vida es arrebatada lejos de m\u00ed, como se pliega la tienda de los pastores.<\/p>\n<p>\u00abEl hilo que yo urd\u00eda a\u00fan est\u00e1 cortado como por tije\u00adras del tejedor: entre la ma\u00f1ana y la tarde, me hab\u00e9is con\u00adducido a mi fin.<\/p>\n<p>\u00abMis ojos est\u00e1n cansados de tanto elevarse al cielo.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or, padezco violencia: respondedme. Pero \u00bfqu\u00e9 dir\u00e9 y qu\u00e9 me responder\u00e1 quien me ha dado los dolores?<\/p>\n<p>\u00abRepasar\u00e9 ante vos todos mis a\u00f1os en el dolor de mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Es el comienzo del C\u00e1ntico de Ezequiel: Yo no s\u00e9 si Dios permitir\u00e1 que yo pueda aplicarme su fin. Yo s\u00e9 que hoy cumplo mis cuarenta a\u00f1os, m\u00e1s de la mitad del camino de la vida. Yo s\u00e9 que tengo una mujer joven y muy queri\u00adda, una hija encantadora, excelentes hermanos, una segun\u00adda madre, muchos amigos, una carrera honrosa, trabajos llevados con precisi\u00f3n hasta el punto en que podr\u00edan servir de fundamento a una obra hace tiempo so\u00f1ada. Y aqu\u00ed estoy presa de un mal grave, tenaz y tanto m\u00e1s peligroso cuanto comporta un agotamiento completo. \u00bfEs preciso dejar todos estos bienes que vos mismo, Dios m\u00edo, me hab\u00e9is dado? \u00bfNo quer\u00e9is, Se\u00f1or, contentaros con una parte del sacrificio? \u00bfCu\u00e1l de mis apegos desreglados quer\u00e9is que os inmole? \u00bfNo aceptar\u00e9is el holocausto de mi amor propio literario, de mis ambiciones acad\u00e9micas, incluso de mis proyectos de estudio donde se mezclaba quiz\u00e1 m\u00e1s orgullo que celo por la verdad? Si yo vendiera la mitad de mis libros para entregar el importe a los pobres, y, limit\u00e1n\u00addome a cumplir los deberes de mi empleo, consagrara el resto de mi vida a visitar a los indigentes, a instruir a los aprendices y a los soldados, Se\u00f1or, \u00bfestar\u00edais satisfecho, y me permitir\u00edais la dulzura de envejecer al lado de mi mujer y acabar la educaci\u00f3n de mi hija? Por ventura, Dios m\u00edo, \u00bfno lo quer\u00e9is? Vos no acept\u00e1is estas ofrendas interesadas: rechaz\u00e1is mis holocaustos y mis sacrificios. Es a m\u00ed a quien vos ped\u00eds. Est\u00e1 escrito, en el principio del libro, que debo hacer vuestra voluntad. Dije: \u00abYa voy, Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfHay algo tan bello como esta \u00faltima petici\u00f3n, tan profundamente humana, tan humilde, tan sincera en los labios de un hombre que tenemos por fuerte y sin tacha? \u00bfNo nos resulta Ozanam tan cautivador en su s\u00faplica como en su admirable resignaci\u00f3n?<\/p>\n<p>A comienzos de mayo de 1853, los m\u00e9dicos aconsejan a Federico un lugar m\u00e1s c\u00e1lido y m\u00e1s soleado. Ozanam acude a sus consocios vicencianos. Uno de ellos descubre una bonita villa, situada a orillas del mar, en San Jacopo cerca de Livorno. La estancia en este pueblecito le da fuer\u00adzas; se recobra y puede dar, sin cansarse, largos paseos, sen\u00adtarse en las rocas y contemplar a la peque\u00f1a Nini construir en la playa castillos de arena.<\/p>\n<p>Amelia no le deja: trata de estar presente sin dar la impresi\u00f3n de vigilarle o de retenerle los d\u00edas en que, a su parecer, Federico se pasa de la raya&#8230;<\/p>\n<p>Mientras se halla en este refugio encantador le llega una buena noticia: despu\u00e9s de aparecer el libro tan aprecia\u00addo sobre los poetas franciscanos de Italia, la Academia de la Crusca (o de la Criba), fundada en Florencia en 1582, le admite en sus filas. Ozanam se siente conmovido por este honor que no esperaba; este homenaje, junto con el tiempo clemente, el cielo siempre azul, le da nuevas alas; se siente revivir una vez m\u00e1s. Ha llegado, sin embargo, la hora de dejar este rinc\u00f3n paradis\u00edaco, pues la casa est\u00e1 contratada para el verano. Ahora son los hermanos Bevilacqua, vicencianos de Livorno, quienes buscar\u00e1n y encontrar\u00e1n para Federico, en Antignano, una agradable casa, con un sal\u00f3n espacioso, dos habitaciones y una cocina. Antes de instalar\u00adse en esta villa que no quedar\u00e1 libre hasta el quince de julio y cuya situaci\u00f3n ofrece, al parecer, mayores ventajas todav\u00eda que la de San Jacopo, Federico decide ir a Siena con la idea bien planeada de fundar all\u00ed una conferencia. Una parte de la Universidad de Pisa acaba de ser trasladada a esta ciudad, y Ozanam piensa en toda esta juventud bien provista que no conoce la obra de la Sociedad y que vive \u00a1ay! como si los pobres no existieran.<\/p>\n<p>Los religiosos del Colegio Tolomei reciben a la peque\u00f1a familia con atenciones y solicitud, pero Ozanam sale con el profundo dolor de no haber logrado de las auto\u00adridades una Conferencia de caridad.<\/p>\n<p>Consciente de su fracaso, Ozanam dir\u00e1 con tristeza; \u00abDios no quiere ya bendecir mis esfuerzos\u00bb.<\/p>\n<p>A mediados de julio, encontramos a Federico y a los suyos en su nueva mansi\u00f3n, al pie de Montenero, a unos minutos del Mediterr\u00e1neo, donde, cada d\u00eda, Amelia y Mar\u00eda toman ba\u00f1os de mar bajo la mirada divertida de Federico. Se hace llevar en coche hasta un peque\u00f1o promontorio, frente al mar. Se le coloca con mil cuidados, ya que, desgraciada\u00admente, ha vuelto el dolor, paciente y constante como el flujo y reflujo del mar. Los m\u00e9dicos de Livorno vienen con regu\u00adlaridad a visitar al enfermo sin conseguir por desgracia ali\u00adviarle. Sus amigos, los vicencianos, traen tambi\u00e9n golosinas, provisiones y el aliento de sus oraciones.<\/p>\n<p>Federico atraviesa crueles momentos de angustia y llora con frecuencia solo, para no inquietar a Amelia o contristar a la peque\u00f1a Mar\u00eda; \u00e9sta no pierde ocasi\u00f3n de echarse en sus brazos y apretarle muy fuerte como si adi\u00advinara el combate interior que aflige a quien ella m\u00e1s ama en el mundo.<\/p>\n<p>\u00a1Oh! Dios no le escatima los consuelos, pero la debili\u00addad que aumenta cada d\u00eda este sufrimiento que le consume, el edema que hace sus piernas pesadas como el plomo, todo ello \u00bfno son signos precursores del final?<\/p>\n<p>El pensamiento de su fracaso en Siena no cesa de ator\u00admentarle. No resisti\u00e9ndolo por m\u00e1s tiempo, el 19 de julio, el mismo d\u00eda de la fiesta de san Vicente de Pa\u00fal, Ozanam se decide a escribir al P. Pendola, el que le recibi\u00f3 con tanta amistad y solicitud, sin por ello ceder a sus deseos. Federico le cuenta primero en cu\u00e1nta estima le tiene la Sociedad y c\u00f3mo le ayud\u00f3 a conservarse bueno durante sus estudios en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Tenemos conferencias en Qu\u00e9bec y en M\u00e9xico, tene\u00admos en Jerusal\u00e9n; tenemos bien seguro una conferencia hasta en el Para\u00edso, pues m\u00e1s de mil de los nuestros, en estos veinte a\u00f1os de existencia, han tomado el camino de una mejor vida. \u00bfC\u00f3mo no tendr\u00edamos una conferencia en Siena, a la que se llamaba la antec\u00e1mara del para\u00edso? \u00bfC\u00f3mo no ver\u00edamos triunfar, en la ciudad de la Sant\u00edsima Virgen, una obra que la tiene como primera patrona?<\/p>\n<p>Luego alude Ozanam a los ni\u00f1os ricos de este colegio, quienes, al igual sin duda que los de la nobleza de Francia, siguen prisioneros de cierto ego\u00edsmo. \u00abPronto, contin\u00faa, vuestros mejores j\u00f3venes, divididos en peque\u00f1as escuadri\u00adllas de tres, de cuatro, van a subir la escalera del necesita\u00addo; vos los ver\u00e9is regresar a la vez tristes y felices; tristes por el mal que habr\u00e1n visto, felices por el bien que habr\u00e1n hecho&#8230; y de todas las buenas obras, concluye Federico, una parte ir\u00e1 a a\u00f1adirse a la corona que Dios prepara al padre Pendola, pero que se la dar\u00e1, espero, lo m\u00e1s tarde posible\u00bb. \u00bfQui\u00e9n se puede resistir a este sutil alegato?<\/p>\n<p>Dos semanas m\u00e1s tarde, Ozanam recibe una respuesta de Siena: \u00abAmigo m\u00edo, he fundado dos conferencias, una en mi colegio, la otra en la ciudad, el mismo d\u00eda de la fies\u00adta de san Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 consuelo para Federico, cuando el sufrimiento resulta tan intenso y que tan s\u00f3lo los hechos de alcance sobrenatural, s\u00f3lo los que alcanzan a tocar la linde del cielo, tienen de verdad alguna importancia!<\/p>\n<p>\u00a1Lejos, y qu\u00e9 lejos, las aspiraciones a la Academia para que su c\u00e1tedra en la Sorbona ganara en notoriedad y presti\u00adgio, lejos la presentaci\u00f3n de su \u00faltima obra al concurso del Premio Gobert!<\/p>\n<p>Amelia avisa a los hermanos sobre los avances de la enfermedad. Alfonso, debido a compromisos mayores, no se puede ver libre, pero algunos d\u00edas m\u00e1s tarde, como si hubie\u00adra volado en su auxilio, Carlos se encuentra al lado de Fede\u00adrico. Esta presencia inesperada y tranquilizadora parece hacerle cobrar fuerzas. Ante la extra\u00f1eza de Amelia, Ozanam saca sus apuntes de viaje, se instala en la gran mesa y comienza a redactar su \u00abodisea\u00bb, es decir, el viaje a Burgos que hab\u00edan realizado juntos, saliendo de Bayona, el oto\u00f1o anterior. Las monta\u00f1as accidentadas pasadas en carruaje, a veces en carreta de bueyes, las posadas dudosas, la lluvia, los vientos, en una palabra todos los incidentes que ten\u00edan algo de milagroso cuando la salud de Federico estaba ya muy quebrantada. Con alguna oposici\u00f3n, Amelia y Carlos cierran los ojos.<\/p>\n<p>Ozanam dio a este relato el t\u00edtulo de <em>Viaje al pa\u00eds del Cid; <\/em>fue su \u00faltima obra.<\/p>\n<p>Extra\u00f1os sobresaltos de energ\u00eda aparecen a veces en los enfermos a quienes creemos que est\u00e1n al cabo de sus fuer\u00adzas, pero, para Federico, el esfuerzo es sobrehumano. Escri\u00adbe una p\u00e1gina, luego, agotado, se echa en el canap\u00e9, de cara al mar; con gran esfuerzo se levanta, lee esta p\u00e1gina a su mujer como queriendo asegurarse de que la memoria es buena, de que la prosa es conveniente. Redacta otra p\u00e1gina y siente de nuevo la necesidad de descansar.<\/p>\n<p>Amelia se separa un momento para ocultar las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Ozanam acabar\u00e1 sin embargo esta obra de su predilec\u00adci\u00f3n, y Jean-Jacques Amp\u00e9re la revisar\u00e1 y mandar\u00e1 publi\u00adcar unos meses m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>El 23 de agosto, Federico encarga a Mariana, la criada, y a la peque\u00f1a Nini que vayan a recoger en las rocas una rama de mirto cuya belleza ha admirado desde la ven\u00adtana. Esa misma tarde, se la ofrece a Amelia con un peque\u00ad\u00f1o poema escrito de su propio pu\u00f1o en el que le vuelve a decir todo su amor y toda su gratitud.<\/p>\n<p>Es entonces cuando llega Alfonso, por sorpresa, al pueblecito. Se adivina la emoci\u00f3n de Federico al volver a ver a este hermano, compa\u00f1ero de sus alegr\u00edas como de sus infortunios. A pesar de todos estos cuidados, de los trata\u00admientos a prueba y luego abandonados, de los nuevos esfuerzos para detener el paso de la enfermedad, el sufri\u00admiento est\u00e1 omnipresente.<\/p>\n<p>Federico se desplaza con dolor, apoyado en un bast\u00f3n, con las piernas inflamadas y viol\u00e1ceas, cada vez m\u00e1s dolo\u00adrosas y pesadas. La regi\u00f3n lumbar resulta extremadamente sensible y le obliga a guardar cama casi todo el d\u00eda. Su \u00fanico alivio es el saquito de hielo que se aplica a los ri\u00f1o\u00adnes y que se ha de renovar&#8230;<\/p>\n<p>Pero, \u00bfd\u00f3nde encontrar hielo en este lugar perdido, abrasado por el sol meridional? Nadie dir\u00e1 que a su herma\u00adno paciente le va a faltar de nada. Se sabe que Livorno est\u00e1 a una hora de camino de Antignano. Los hermanos Bevi-lacqua han encontrado un dep\u00f3sito donde se puede conse\u00adguir hielo. Cortan trozos que cubren de serr\u00edn, los colocan en una caja de madera y luego, en carreta, pero lo m\u00e1s com\u00fan a pie, se los llevar\u00e1n a su querido Ozanam. Al d\u00eda siguiente, vuelven a empezar. Otros consocios est\u00e1n a dis\u00adposici\u00f3n de la familia. El doctor Prato y el se\u00f1or Mazzuco, el abnegado pa\u00fal de Livorno, vienen todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>A la vista de la gravedad de su estado, los hermanos y Amelia piensan en llevarse a Federico a Francia. Ozanam, en el fondo, desea volver a Par\u00eds, pero Par\u00eds est\u00e1 muy lejos. Le proponen Marsella, como primera etapa, y acepta. Los m\u00e9dicos creen que el plan es arriesgado, si no temerario; un enfermo en semejante estado, el transporte, el barco, el can\u00adsancio del viaje.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, el 30 de agosto, antes de dejar la casa, testigo de sus dolores, Ozanam, desde la entrada se vuelve por \u00faltima vez y recorre con la mirada esta habita\u00adci\u00f3n que ha amado. \u00abDios m\u00edo, exclama, os doy gracias por los sufrimientos y aflicciones que me hab\u00e9is dado en esta casa; aceptadlos como expiaci\u00f3n de mis pecados\u00bb. Luego, volvi\u00e9ndose a Amelia: \u00abquiero que conmigo bendi\u00adgas a Dios por mis dolores\u00bb. Estrechando a su mujer contra su coraz\u00f3n, a\u00f1ade: \u00abLe bendigo tambi\u00e9n por los consuelos que me ha dado\u00bb.<\/p>\n<p>A bordo, una multitud de amigos rodean a Federico; quieren verle, saludarle, estrecharle la mano por \u00faltima vez. Para ahorrarle emociones y fatigas, fue preciso, contra su voluntad, transportarle a su cabina. La noche fue agitada; Alfonso, que le velaba, advirti\u00f3 que a veces se volv\u00eda hacia la pared para sollozar.<\/p>\n<p>Una vez en Bastia, cuando el sol centelleaba en las olas, instalaron de nuevo al enfermo en el puente; la emoci\u00f3n le embarg\u00f3 al ver perderse a lo lejos \u00ablas costas de Italia que hab\u00eda amado con pasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Al atracar en Marsella, pudo ver a su suegra y a toda la familia de su mujer, que hab\u00edan venido a recibirle. \u00abY ahora que he devuelto a Amelia a las manos de quien debe ser. Dios har\u00e1 conmigo lo que le plazca\u00bb, les dijo, resignado.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes fueron tranquilos y casi sin sufri\u00admientos. Le administraron el sacramento de los enfermos, y al sacerdote que le animaba a no temer al Se\u00f1or, Federi\u00adco responde: \u00abPor qu\u00e9 le iba a temer, \u00a1le amo tanto\u00bb!<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s entr\u00f3 en un coma del que rara vez se despertaba, cuenta su hermano. Cuando abr\u00eda los ojos, era para pronunciar una breve oraci\u00f3n, estrechar la mano de Amelia o dar las gracias a los que le cuidaban.<\/p>\n<p>El 8 de septiembre, el d\u00eda de la natividad de la Sant\u00ed\u00adsima Virgen, pas\u00f3 un d\u00eda tranquilo; sus rasgos reflejaban una serenidad desacostumbrada. Al atardecer, en la gran sala silenciosa, su respiraci\u00f3n se hizo laboriosa y sonora. Abri\u00f3 los ojos, rode\u00f3 con la mirada a todos los presentes y exclam\u00f3 con voz fuerte: \u00abDios m\u00edo, Dos m\u00edo, tened com\u00adpasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb, luego sus manos cayeron inertes, como ofrecidas al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u00abEnseguida recitamos las oraciones de la recomenda\u00adci\u00f3n del alma, a las que cada uno respond\u00eda como le era posible, en medio de los suspiros&#8230; eran las ocho menos diez cuando Federico exhal\u00f3 un largo suspiro\u00bb.<\/p>\n<p>Era el fin, o m\u00e1s bien no, era el principio; Federico acababa de entrar en la luz de Dios, en el \u00absin-misterio\u00bb, en la luz de verdad, en esta luz por la que hab\u00eda combatido toda su vida hasta desgastarse, hasta el sacrificio.<\/p>\n<p>Madeleine Des Rivi\u00e9res<\/p>\n<p>EDITORIAL CEME<\/p>\n<p>SALAMANCA 1997<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XV.- EL SACRIFICIO (1853) Lejos de su pa\u00eds, Ozanam, con su lucidez habitual, ve\u00eda, no sin cierta tristeza, lo que pasaba en Francia. \u00abEl noviazgo del trono y del altar\u00bb, que el \u00faltimo escrutinio hab\u00eda &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":405155,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11,87],"tags":[],"class_list":["post-405183","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","category-fundadores"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>OZANAM: UN SABIO ENTRE LOS POBRES (XV) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xv\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"OZANAM: UN SABIO ENTRE LOS POBRES (XV) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"XV.- EL SACRIFICIO (1853) Lejos de su pa\u00eds, Ozanam, con su lucidez habitual, ve\u00eda, no sin cierta tristeza, lo que pasaba en Francia. \u00abEl noviazgo del trono y del altar\u00bb, que el \u00faltimo escrutinio hab\u00eda ... 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