{"id":405175,"date":"2024-04-18T08:02:09","date_gmt":"2024-04-18T06:02:09","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=405175"},"modified":"2023-08-13T22:03:22","modified_gmt":"2023-08-13T20:03:22","slug":"ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-xi\/","title":{"rendered":"OZANAM: UN SABIO ENTRE LOS POBRES (XI)"},"content":{"rendered":"<p>XI.- ALREDEDOR DE MAR\u00cdA (1845-1847)<\/p>\n<p>El Consejo general de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, previsto en la refundici\u00f3n de los reglamentos de 1839, no se constituy\u00f3 en realidad hasta enero de 1841. Bailly hab\u00eda sido nombrado presidente general, pero se hab\u00eda con\u00adfiado a Ozanam la redacci\u00f3n del informe, enviado a conti\u00adnuaci\u00f3n a todas las conferencias.<\/p>\n<p>Con el mes de abril de 1844, en mala situaci\u00f3n finan\u00adciera y abrumado por toda clase de obligaciones, Bailly decide retirarse de la presidencia y su deseo m\u00e1s ardiente es que Ozanam ocupe su lugar. Federico se encuentra en ese momento agobiado de trabajo y tiene que ocuparse adem\u00e1s del nombramiento de su suegro en Par\u00eds, motivos superiores que le impiden aceptar y a los que se puede a\u00f1adir ese miedo instintivo a los honores. Se conf\u00eda a Foissett:<\/p>\n<p>No podr\u00edais creer, sin perjuicio del amor propio, cu\u00e1nto pre\u00adfiero la sombra de alguien que est\u00e9 delante de m\u00ed; soldado de segunda fila, es necesario que la primera l\u00ednea me proteja para sentirme seguro.<\/p>\n<p>Ozanam, a instancias de Bailly, aceptar\u00e1 no obstante el puesto de vicepresidente general vacante por la partida del vizconde Villeneuve Bargemont. Bailly nombrar\u00e1 un segun\u00addo vicepresidente en la persona de L\u00e9on Cornudet. Le Pr\u00e9vost ser\u00e1 quien proponga el nombre de Luis Gossin para presidente general. Este entrar\u00e1 en funciones el 25 de julio de 1844 y ocupar\u00e1 el puesto hasta 1848.<\/p>\n<p>Ozanam piensa hace tiempo en la aprobaci\u00f3n por Roma de la existencia de la Sociedad y sobre todo en que se le con\u00adcedan indulgencias. Desde 1838 se lo recuerda en cartas a Bailly. Los pasos en este sentido llegan a buen t\u00e9rmino: el 10 de enero de 1845, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal obtie\u00adne por un breve de Gregorio XVI la consagraci\u00f3n oficial de Roma y el beneficio de las indulgencias tan deseadas.<\/p>\n<p>La joven generaci\u00f3n cat\u00f3lica de nuestros contempor\u00e1\u00adneos concede escasa importancia a la doctrina de las indul\u00adgencias; pero no es menos cierto que ten\u00eda mucho peso en el siglo pasado. Toda cofrad\u00eda o sociedad respetable trataba de obtener este privilegio, v\u00e1lido a\u00fan en nuestros d\u00edas, y que, subyacente a la oraci\u00f3n, a la penitencia y al m\u00e9rito personal, reduce la pena expiatoria temporal debida por el pecado.<\/p>\n<p>La noticia del reconocimiento es recibida con entusias\u00admo por Federico y todos los miembros de la Sociedad, que suman ya m\u00e1s de mil en todo el mundo.<\/p>\n<p>Otra buena nueva viene a alegrar el embarazo de Amelia, confinada por los m\u00e9dicos a la tumbona. El 11 de febrero, el rector Soulacroix es nombrado jefe de la divisi\u00f3n ter\u00adcera (contabilidad general y contencioso) en el ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica.<\/p>\n<p>En el mes de abril, la familia Soulacroix se muda a Par\u00eds, a la calle Vaugirard, a dos pasos de los Ozanam. Amelia se siente revivir de satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>En carta a Jean-Jacques Amp\u00e9re que viaja por Egipto, Ozanam traza el balance de este invierno de 1845. Ha publi\u00adcado una segunda edici\u00f3n del libro sobre Dante (el primer volumen se ha traducido al alem\u00e1n y al italiano, y ha visto cuatro ediciones italianas); ha escrito una nota sobre Fauriel aparecida en <em>le Correspondant; <\/em>tiene el esquema de un libro titulado: <em>Les Germains avant le christianisme, <\/em>y sigue redac\u00adtando los <em>Annales <\/em>de la Propagaci\u00f3n de la fe. Esto nos lleva a hablar de la correspondencia de Ozanam.<\/p>\n<p>No hay nada tan conmovedor como estas cartas escritas muchas veces a la carrera \u2014se sabe c\u00f3mo emplea el tiempo Federico\u2014, pero dictadas por la amistad y sobre todo por el ansia de prestar servicio. Se trata en primer lugar de cartas dirigidas a sus amigos de infancia y a sus padres, a sus con\u00adsocios vicencianos en provincias, luego a Amelia, a quien escribir\u00e1 sin falta siempre que se encuentre lejos.<\/p>\n<p>Siguen luego las cartas a sus hermanos, a sus suegros, a su cu\u00f1ado Te\u00f3filo, joven enfermo condenado a la silla de ruedas, a quien tambi\u00e9n mandar\u00e1 libros para distraerlo.<\/p>\n<p>Se relacionar\u00e1 as\u00ed mismo con Dominique Meynis, alma de la Propagaci\u00f3n de la fe en Lyon, con sus primos, sus primas, y con toda una pl\u00e9yade de gente importante desde los ministros Cousin, Villemain, de Salvandi, hasta los personajes m\u00e1s ilustres: Lacordaire, Lamartine, Mon-talembert, Jean-Jacques Amp\u00e9re en Francia, L\u00e9on Bor\u00e9 y Dollinger en Alemania, Tommaseo y el pr\u00edncipe Caetani en Italia.<\/p>\n<p>La caligraf\u00eda de Ozanam es fina y apretada, un tanto irregular. Las florituras de las \u00abd\u00bb reflejan el estilo florido de Federico, estilo que ganar\u00e1 en sencillez con los a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ozanam pretende no componer con facilidad; sus borradores llenos de tachones nos lo permiten creer, pero todas sus cartas, sus lecciones, sus art\u00edculos dan testimonio de una l\u00f3gica luminosa y un vocabulario refinado. \u00abTrabaja como un benedictino\u00bb, dec\u00eda Amp\u00e9re. El uso frecuente y siempre juicioso de las citas en lat\u00edn demuestra hasta qu\u00e9 punto dominaba esta lengua. Estas cartas constituyen por s\u00ed solas un verdadero itinerario de adelanto espiritual que comienza en las puertas de la duda para abrirse a una fe viva y terminar en la claridad de la certeza.<\/p>\n<p>Pero volvamos a la vida diaria, en la calle Garanci\u00e9re. Al principio del octavo mes de embarazo, el m\u00e9dico autori\u00adza a Amelia a levantarse y dar un paseo por el jard\u00edn de Luxembourg. Ozanam, encantado por este permiso, acom\u00adpa\u00f1a a su joven mujer y redobla sus cuidados y atenciones. Es entonces cuando pide a Lallier que sea el padrino de su hijo; la madrina ya se sabe que ser\u00e1 la Sra. Soulacroix. Se adivina que Lallier acepta este honor al momento.<\/p>\n<p>Federico ruega sin cesar, suplica al cielo que se incline y bendiga este nacimiento tan esperado y previsto para los primeros d\u00edas de agosto.<\/p>\n<p>Por fin, la noche del 23 al 24 de julio, hacia las dos de la ma\u00f1ana, Amelia comienza a sentir dolores. \u00bfNo se trata verdaderamente de los primeros s\u00edntomas? No se atreve a despertar a Federico, tendido en el catre de al lado.<\/p>\n<p>Hacia las tres, Ozanam se despierta tambi\u00e9n; a la luz de la l\u00e1mpara, se da cuenta del rostro crispado de Amelia y salta de la cama. Durante los breves momentos que la deja el ritmo acelerado de sus sufrimientos, Amelia sonr\u00ede y tran\u00adquiliza a su marido; de rodillas a su lado,\u00a0 Federico no logra\u00a0 ocultar su nerviosismo. Se viste de prisa, avisa a Guigui, a Mariana, y se precipita a donde Carlos, en el quinto piso. Cuando todos rodean a la futura mam\u00e1, Ozanam abraza a su joven mujer, baja la escalera, corre a avisar al m\u00e9dico y, al volver, trae a la Sra. Soulacroix. El doctor Gouraud llega hacia las cuatro. Despu\u00e9s de una hora de dolores intensos y de esfuerzos continuos, Amelia da a luz una ni\u00f1a. Federico no se ha marchado del pie de la cama, oye el primer llanto de su hija, y su coraz\u00f3n se siente transportado de gozo.<\/p>\n<p>Amelia, cansada, con el cabello suelto y pegado al ros\u00adtro por el sudor, no aparta los ojos de su hija, este peque\u00f1o personaje todav\u00eda desfigurado por el viaje interior.<\/p>\n<p>Guigui, que cuenta ya su cuarta generaci\u00f3n de Ozanam, procede con sus manos todav\u00eda \u00e1giles a la limpieza del beb\u00e9 mientras el m\u00e9dico y Carlos acaban el parto.<\/p>\n<p>Una vez instalada la joven mam\u00e1, la vieja criada vuel\u00adve y coloca delicadamente al reci\u00e9n nacido en el hueco del brazo de Amelia. Esta peque\u00f1a cosa rosa que trata ya de chuparse los dedos, esta carita redonda de nariz aplastada, de ojos como almendritas, es Mar\u00eda, es el regalo del cielo. Amelia levanta los ojos hacia Federico, arrodillado cerca de la cama: \u00abEs nuestra, dice, mira qu\u00e9 bonita es, t\u00f3mala en los brazos\u00bb. Y el pap\u00e1 con gesto prudente pero algo torpe, levan\u00adta al beb\u00e9 bajo la mirada enternecida del m\u00e9dico, presenta oficialmente a su hija a la abuela, a Carlos, a Guigui, a Mariana. Cada uno hace exclamaciones y se divierte encon\u00adtr\u00e1ndole parecidos. Un sol fuerte penetra en la habitaci\u00f3n como para tomar parte en la feliz celebraci\u00f3n. El doctor Gouraud teme el calor y cierra discretamente las contraven\u00adtanas. \u00abAhora, creo que Amelia necesita un buen descanso\u00bb, dice con voz firme.<\/p>\n<p>Con mil precauciones Federico deposita a la ni\u00f1a en la cuna azul. Todos se retiran; Amelia acaba de dormirse. Federico se queda un rato mirando y, sin ruido, se sienta en su escritorio, extrae una hoja de papel, humedece la pluma en el tintero y escribe a su t\u00eda Haraneder:<\/p>\n<p>\u00a1Yo, mi querida t\u00eda, yo soy padre! Amelia me ha dado esta querida ni\u00f1a a la que llamaremos Mar\u00eda. Yo soy depositario y guardi\u00e1n de una criatura inmortal. Ans\u00edo ver su bautismo que va a tener lugar ma\u00f1ana; luego, seguir\u00e9 uno a uno todos sus pasos, ver\u00e9 nacer todas las gracias de su infancia y cuando la tenga en brazos, pensar\u00e9 que en ella hay un alma hecha para Dios y para la eternidad. Estas reflexiones me conmueven hasta las l\u00e1grimas y me dejan confuso. \u00a1Ah! \u00a1Qu\u00e9 momento cuando, arrodillado al pie de mi Amelia, he visto su \u00faltimo esfuerzo y al mismo tiempo a mi hija aparecer a la luz!<\/p>\n<p>Y Federico escribir\u00e1 tambi\u00e9n a Lallier, a Dufieux, a Pessonneaux, a Genin, a todo el mundo, orgulloso de tras\u00admitir su dicha.<\/p>\n<p>Un mes m\u00e1s tarde, Amelia se encuentra repuesta del todo; amamanta incluso a su beb\u00e9, hecho poco com\u00fan en Francia por entonces; en el ambiente burgu\u00e9s, se confiaba el ni\u00f1o a una nodriza.<\/p>\n<p>Con el fin de evitar los inconvenientes de los grandes calores, Ozanam alquila, para el resto del verano, una boni\u00adta casa en Nogent sur Mame; Mar\u00eda se abre all\u00ed como una flor. \u00abLlora m\u00e1s de lo esperado, exclama Federico, pero cada lloro me recuerda que soy padre y que tengo a un angelito prisionero en mi casa\u00bb.<\/p>\n<p>En diciembre, Ozanam reanuda sus lecciones en la Sor-bona; el clima es tenso. De rechazo, la Universidad se con\u00advierte en el punto de mira del descontento popular contra el gobierno. El curso del profesor Lenormant, suplente de Guizot, el hombre del rey, conoce des\u00f3rdenes que inquietan a Federico. Por solidaridad, toma la iniciativa de asistir a las clases de su colega y trata de llevar el mayor n\u00famero posi\u00adble de estudiantes cristianos para hacer frente a los j\u00f3venes liberales. Estos, incitados por los peri\u00f3dicos revolucionarios, invaden la sala a los gritos de: <em>\u00abAbajo Guizot, abajo los Jesuitas, abajo la monarqu\u00eda<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>En el mes de enero, el jaleo vuelve a comenzar. El deca\u00adno Le Clerc, consejero de Federico hace cuatro a\u00f1os, se niega a defender al profesor en problemas. Lenormant, aco\u00adsado y deshecho, presenta la dimisi\u00f3n y explica las razones en <em>l&#8217;Univers. <\/em>El asunto Lenormant hace correr mucha tinta. En varios peri\u00f3dicos, en t\u00e9rminos apenas velados, se acusa a Ozanam de no haber apoyado a su colega lo suficiente. Esta pol\u00e9mica le aflige profundamente ya que profesa estima y admiraci\u00f3n hacia su ex-profesor. No parece que la marcha de los sucesos haya afectado las relaciones amistosas entre los dos hombres; desde el mes de febrero Lenormant es redac\u00adtor jefe de <em>Correspondant.<\/em><\/p>\n<p>El 23 de junio, la joven pareja celebra en Br\u00e9court, en casa de unos amigos, el quinto aniversario de su matrimonio. En carta a su suegro, ese d\u00eda, Federico le dice reiteradamen\u00adte qu\u00e9 feliz le hace Amelia: \u00abEstoy m\u00e1s prendado, m\u00e1s apasionado, m\u00e1s infantil que nunca, no puedo bendecir bas\u00adtante a los buenos padres a quienes debo este tesoro\u00bb.<\/p>\n<p>Durante este mismo verano el mundo cat\u00f3lico se ente\u00adra de la muerte de Gregorio XVI. El cardenal Mastai Ferretti es elegido Papa y toma el nombre de P\u00edo IX. Oza-nam con todos los partidarios del catolicismo social se ale\u00adgra de este suceso, ya que el nuevo Papa mostraba ya, siendo Obispo de Imola, tendencias liberales. Todas las espe\u00adranzas tienen cabida.<\/p>\n<p>Italia desgarrada y dividida tiende a la unidad nacional. Anexionadas Lombard\u00eda y Venecia a Austria desde 1815, el resto del pa\u00eds se compone entonces del reino de Cerde\u00f1a, de los Estados pontificios y del reino de las dos Sicilias.<\/p>\n<p>El clima huele a p\u00f3lvora; el papel de P\u00edo IX, soberano temporal en esta era conmocionada, se ver\u00e1 por necesidad ligado a la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En Francia, se celebran elecciones generales el 1 de agosto. Los conservadores, partido del ministerio, alcanzan los 289 diputados; los liberales, 168.<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1 claro que la gran masa de los electores quiere a toda costa la paz\u00bb, declara Lallier en una carta a Federico. Ozanam y su amigo deploran el fracaso de muchos candida\u00adtos cat\u00f3licos que habr\u00edan podido aportar una visi\u00f3n nueva y sensibilizar a las C\u00e1maras ante la extensi\u00f3n de la miseria. Durante el mismo mes, Federico sufre una fiebre perniciosa con hemorragias de ves\u00edcula que preocupan no s\u00f3lo a sus parientes sino incluso a sus m\u00e9dicos. Estos, despu\u00e9s de serios ex\u00e1menes, temen la tisis y recomiendan un descan\u00adso prolongado en un pa\u00eds m\u00e1s clemente. Ozanam y Amelia piensan en Italia. Federico proyecta hace mucho tiempo una estancia en Italia y en Alemania con intenci\u00f3n de proseguir los estudios necesarios a sus trabajos. El ministro de Ins\u00adtrucci\u00f3n P\u00fablica le concede un suplente y le encarga de una misi\u00f3n literaria en el extranjero, de seis meses de duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 17 de noviembre, el peque\u00f1o cortejo, formado por Federico, Amelia, Mar\u00eda (que cuenta ahora diecis\u00e9is meses) y Mariana, la joven criada, parte de Par\u00eds con direcci\u00f3n a Lyon.<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n resulta m\u00e1s emotiva porque la salud de Te\u00f3filo, por quien Amelia siente un afecto maternal, se ha visto considerablemente alterada desde los primeros d\u00edas del oto\u00f1o.<\/p>\n<p>La acogida en Lyon es calurosa y llena de entusiasmo. Amelia vuelve a ver a sus primos, a sus amigos, y Federico presenta con orgullo a su hija a los antiguos compa\u00f1eros: Arthaud, Chaurand, La Perri\u00e9re, Accarias.<\/p>\n<p>Cinco d\u00edas m\u00e1s tarde los viajeros se embarcan para Avignon y Nimes. Ozanam visita a L\u00e9once Curnier y asiste a una reuni\u00f3n de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal. \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda y qu\u00e9 honor para los miembros al encontrarse con su fundador!<\/p>\n<p>De Nimes pasan a Marsella y se quedan alg\u00fan tiempo con la abuela Magnanos antes de salir para G\u00e9nova. La peque\u00f1a Mar\u00eda se adapta admirablemente a estos desplaza\u00admientos. Federico, de camino para Florencia, se detiene en Pisa y Lucca para hacer unos estudios bien concretos, y as\u00ed llegan por fin a Florencia donde los espera con impaciencia la familia Haraneder.<\/p>\n<p>En enero de 1847, los Ozanam se dirigen a Roma, en coche. Los caballos, para el gusto de Mar\u00eda, van muy despa\u00adcio. \u00abImpaciente por llegar para las comidas, cuenta Federi\u00adco, acaba por ensordecernos a fuerza de gritar, <em>\u00a1dulces!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Anda y corre la peque\u00f1a Nini, que incluso ha a\u00f1adido a su vocabulario alguna palabra italiana.<\/p>\n<p>Federico y Amelia se detienen en Siena y en Orvieto, fascinados por la belleza de estas ciudades sin edad, por los\u00a0 museos, las riquezas pict\u00f3ricas y literarias que encierran; all\u00ed descubre documentos del mayor inter\u00e9s. Cuesta trabajo desasirse de estas obras maestras para reemprender el cami\u00adno a Roma. El tiempo es luminoso, pasa ante sus ojos la campi\u00f1a italiana, tierna y dulce, con medios tonos envuelta en la paz y el encanto de la primavera cercana.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s de llegar a Roma, el joven matrimo\u00adnio alquila un apartamento en la v\u00eda Fontanella Borghese. Despu\u00e9s de estos traslados continuos se agradece volver a la vida normal. Por la ma\u00f1ana Federico y Amelia vuelven a ver todas las maravillas que hab\u00edan descubierto juntos, seis a\u00f1os antes; van, vuelven, visitan; por la tarde, Ozanam se zambulle en las bibliotecas para continuar sus investigaciones.<\/p>\n<p>A primeros de marzo, Federico consigue una audiencia con el Soberano Pont\u00edfice. Amelia y la peque\u00f1a le acompa\u00ad\u00f1an. P\u00edo IX los recibe con afabilidad. Ozanam se queda impresionado por la prestancia del nuevo Papa, por su talan\u00adte joven (tiene 54 a\u00f1os) y su sonrisa ben\u00e9vola. Federico le habla de los progresos de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal y del impulso notable de la Obra de la Propagaci\u00f3n de la fe. La personalidad del Papa, sus palabras encarnan de verdad el esp\u00edritu de renovaci\u00f3n al que aspiran todos los cristianos comprometidos.<\/p>\n<p>P\u00edo IX escucha atentamente, luego habla de Francia, de la juventud, de las escuelas, de los deberes de la ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>En el momento de bendecirlos, Amelia y Federico se arrodillan y \u00abentonces la peque\u00f1a Mar\u00eda se pone de rodillas ella sola (s\u00f3lo tiene dieciocho meses) juntando las manos con airecillo de veneraci\u00f3n\u00bb. El Papa qued\u00f3 tan encanta\u00addo, cuenta Ozanam, que tres o cuatro d\u00edas despu\u00e9s tuvo la bondad de acordarse y decir a un sacerdote franc\u00e9s, hablan\u00addo de nosotros:<\/p>\n<p>Me trajeron a su hija peque\u00f1a que fue todo un encanto; esta pobre ni\u00f1a se puso sola de rodillas delante de m\u00ed y me mira\u00adba como si yo fuera el buen Dios.<\/p>\n<p>Una noticia triste les llega desde Par\u00eds el 19 de marzo. Te\u00f3filo, cuyo estado se ha agravado estas \u00faltimas semanas, acaba de morir a la edad de veintitr\u00e9s a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para Amelia es un golpe terrible. Federico est\u00e1 tambi\u00e9n muy afectado; Te\u00f3filo ten\u00eda un buen esp\u00edritu; era un interlo\u00adcutor curioso, cultivado y afectuoso. \u00a1Qu\u00e9 lejos se sienten de los que aman y quisieran consolar!<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de Federico que deb\u00eda concluir en abril acaba de ser prolongada dos meses m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Durante este tiempo, en Roma y en toda Italia se orga\u00adnizaba un fuerte movimiento de libertad en el que la llegada del nuevo Papa tiene tambi\u00e9n que ver. P\u00edo IX causa la admi\u00adraci\u00f3n de todos; viaja de inc\u00f3gnito, visita las escuelas y los hospitales, va a ver a los pobres a pie, dice la misa rezada en las iglesias m\u00e1s humildes, repartiendo \u00e9l mismo la sagrada comuni\u00f3n. La gente ve en el Pont\u00edfice a un padre espiritual, pero le mira como <em>reformador, <\/em>como el <em>instrumento de su libertad en marcha.<\/em><\/p>\n<p>En carta a Amp\u00e9re, Ozanam lo indica:<\/p>\n<p>\u00c9l ha resucitado en Italia este amor a la Santa Sede que ha constituido el poder de la antigua Italia y que sola puede lograr a la larga la emancipaci\u00f3n de la Italia moderna.<\/p>\n<p>Antes de salir de Roma, Ozanam visita, cerca de N\u00e1poles, el monasterio de Monte Casino donde tiene la suerte de descubrir unos manuscritos de gran valor, luego es recibido otra vez por P\u00edo IX. Federico hace entrega al Sumo Pont\u00edfice de un ejemplar de su libro sobre Dante y de las cartas de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. El Papa presenta esta vez un aspecto m\u00e1s ben\u00e9volo, pero preocupa\u00addo y cansado.<\/p>\n<p>La v\u00edspera de partir, Federico y Amelia asisten a una gran manifestaci\u00f3n de antorchas cuyo fin es agradecer al Papa un nuevo edicto que reforma las instituciones municipales.<\/p>\n<p>\u00a1Roma est\u00e1 resplandeciente! Todas las ventanas est\u00e1n iluminadas y gritos entusiasmados salen de todas partes: <em>\u00a1Viva P\u00edo Nono! <\/em>Las mujeres agitan los pa\u00f1uelos, los hom\u00adbres los sombreros.<\/p>\n<p>El Papa se asoma al balc\u00f3n:<\/p>\n<p>Entonces pudimos o\u00edr la voz del Pont\u00edfice que se elevaba para bendecir a su pueblo y cuando extendiendo la mano y hacien\u00addo la se\u00f1al de la cruz, hubo pronunciado las palabras solem\u00adnes un gran grito de Am\u00e9n se levant\u00f3 de un extremo al otro de la plaza. Nada tan bello como esta ciudad entera rezando con su obispo, a esta hora avanzada de la noche, bajo la claridad de las estrellas, en un cielo soberbio.<\/p>\n<p>Los Ozanam salen a disgusto de Roma y llegan a Florencia cinco d\u00edas m\u00e1s tarde despu\u00e9s de visitar As\u00eds y Perugia. As\u00eds inspirar\u00e1 a Ozanam su libro sobre los poetas franciscanos.<\/p>\n<p>A primeros de junio, volvemos a encontrar a la familia en Ferney, cerca de Ginebra. All\u00ed llega la Sra. Soulacroix para tratar de calmar la angustia que aflige a su querida Amelia desde la muerte de Te\u00f3filo. <em>Ni <\/em>el amor de Federico ni las palabras graciosas de la peque\u00f1a Mar\u00eda logran disipar el dolor profundo que siente.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, hojeando el peri\u00f3dico de Ginebra, Federico se entera de la muerte de Pierre Simon Ballanche, el fil\u00f3sofo, el amigo de Chateaubriand, de Amp\u00e9re y de Madame R\u00e9camier, el que hace ya casi cinco a\u00f1os ha sido consejero y hu\u00e9sped asiduo del joven matrimonio. Este suceso les llega al alma, y Amelia recuerda con emoci\u00f3n con qu\u00e9 constancia sub\u00eda el anciano se\u00f1or los cuatro pisos para tener noticias y abrazarla con ternura.<\/p>\n<p>A mediados de julio, despu\u00e9s de unos pocos d\u00edas en Alemania y B\u00e9lgica, Federico y Amelia vuelven a Par\u00eds. Fiel y concienzudo, Ozanam da cuentas al ministro de su misi\u00f3n y le entrega un gran n\u00famero de preciosos documentos in\u00e9di\u00adtos. Los acontecimientos no le han permitido recoger para s\u00ed toda la documentaci\u00f3n necesaria para sus investigaciones, pero al menos ha entablado en Italia relaciones interesantes con los literatos e historiadores m\u00e1s reputados.<\/p>\n<p>Una vez en Par\u00eds donde todo le recuerda a Te\u00f3filo, a Amelia le cuesta a\u00fan varias semanas recobrar la serenidad.<\/p>\n<p>El apartamento de la calle Garanci\u00e9re resulta demasia\u00addo estrecho; Federico anima en serio a su mujer a encontrar una vivienda m\u00e1s espaciosa.<\/p>\n<p>En noviembre, la familia se cambia al 8 de la calle Fleurus, junto al Luxembourg.<\/p>\n<p>Es en esta \u00e9poca cuando por razones de salud el presi\u00addente general de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, Jules Gossin, se ve obligado a abandonar sus funciones, tras una misi\u00f3n fructuosa y bien cumplida. En efecto, en los tres a\u00f1os de su presidencia, los consejos han pasado de cinco a vein\u00adtis\u00e9is y las conferencias de ciento cuarenta y cuatro a tres\u00adcientas sesenta y nueve. La Sociedad cuenta con noventa y cuatro conferencias en el extranjero de las que dos est\u00e1n en Am\u00e9rica: una en M\u00e9xico y la otra en Qu\u00e9bec. La conferencia de Qu\u00e9bec fue fundada en 1846 por el doctor Joseph Painchaud; otra nacer\u00e1 en Montr\u00e9al dos a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Ozanam, en circular dirigida a los miembros el 25 de noviembre de 1847, hace un elogio brillante del se\u00f1or Gossin. El Consejo general, de acuerdo con los reglamentos de la obra, nombra a Adolfo Baudon, presidente general. El joven no tiene m\u00e1s que veintiocho a\u00f1os; es auditor en el Consejo de Estado y miembro de la Sociedad desde 1839.<\/p>\n<p>La noticia se recibe con alegr\u00eda, salvo en algunos bas\u00adtiones conservadores donde la juventud de Baudon hace fruncir m\u00e1s de un ce\u00f1o.<\/p>\n<p>Federico reanuda, a la vez que sus lecciones, sus acti\u00advidades caritativas entre los indigentes.<\/p>\n<p>En Navidad, la peque\u00f1a Mar\u00eda, que tiene ahora dos a\u00f1os y medio, acompa\u00f1a a sus padres a la misa. \u00abElla estuvo encan\u00adtada por la iluminaci\u00f3n, cuenta Federico, y de la m\u00fasica, cantando a grito pelado: <em>Peque\u00f1o Jes\u00fas yo os doy mi cora\u00adz\u00f3n\u00bb. <\/em>Al d\u00eda siguiente, Federico y Amelia la llevan consigo a visitar a los pobres de la calle Mouffetard; ella misma distri\u00adbuye dulces y cantidad de juguetes salidos de sus armarios.<\/p>\n<p>Federico cumplir\u00e1 pronto treinta y cinco a\u00f1os, y cada vez es m\u00e1s conocido en Francia, en Italia y en Alemania. En la Sorbona, el auditorio que asiste a sus lecciones no cesa de crecer. Despu\u00e9s de contar la historia literaria de Alemania, de Italia y de Inglaterra, en la Edad Media, Ozanam piensa ahora en la de los tiempos b\u00e1rbaros, en la historia de las letras y en la de la civilizaci\u00f3n desde la decadencia latina y los primeros comienzos del genio cristiano hasta el fin del siglo XIII. Quiere hacer de ello el objeto de su ense\u00f1anza durante diez a\u00f1os con la intenci\u00f3n de reunir estas lecciones en un volumen al final de cada a\u00f1o. \u00abEl tema ser\u00eda admira\u00adble, conf\u00eda a Foisset, pues se trata de dar a conocer esta educaci\u00f3n larga y laboriosa que dio la Iglesia a los pueblos modernos\u00bb. Estos pueblos modernos, de los que habla Ozanam, est\u00e1n en plena fermentaci\u00f3n. Alemania e Italia trabajan en rehacer su unidad; Austria, amenazada, se apresta a defender con fiereza los territorios conquistados.<\/p>\n<p>En Francia, Guizot, ministro de Asuntos exteriores, resulta cada vez m\u00e1s impopular, y el rey sigue neg\u00e1ndose a conceder el sufragio universal.<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n organiza, bajo la forma de banquetes, una campa\u00f1a en favor de la reforma constitucional en la que los burgueses denuncian y critican abiertamente la actitud del rey. El ministro del Interior comienza a inquietarse; el sobe\u00adrano, siempre optimista, no ve en estos \u00e1gapes m\u00e1s que \u00abbra\u00advatas\u00bb y \u00abfanfarronadas\u00bb.<\/p>\n<p>Luis Felipe est\u00e1 lejos de sospechar que los d\u00edas de su reinado est\u00e1n contados.<\/p>\n<p>Madeleine Des Rivi\u00e9res<\/p>\n<p>EDITORIAL CEME<\/p>\n<p>SALAMANCA 1997<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XI.- ALREDEDOR DE MAR\u00cdA (1845-1847) El Consejo general de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, previsto en la refundici\u00f3n de los reglamentos de 1839, no se constituy\u00f3 en realidad hasta enero de 1841. 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