{"id":404584,"date":"2023-02-18T08:22:26","date_gmt":"2023-02-18T07:22:26","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404584"},"modified":"2023-01-07T12:24:32","modified_gmt":"2023-01-07T11:24:32","slug":"hijas-de-la-caridad-y-revolucion-francesa-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-de-la-caridad-y-revolucion-francesa-i\/","title":{"rendered":"HIJAS DE LA CARIDAD Y REVOLUCI\u00d3N FRANCESA (I)"},"content":{"rendered":"<p>No se trata de un estudio hist\u00f3rico en el riguroso sentido de la palabra. Estos re\u00adcuerdos salieron a la luz en los <em>Annales <\/em>franceses durante el a\u00f1o 1893. Son unas senci\u00adllas notas recogidas de entre testigos y en los archivos municipales y de la comunidad. Quien los redact\u00f3 no estamp\u00f3 su firma, pero pretend\u00eda conservar los recuerdos porque, con el paso del tiempo, animan y pueden ser una lecci\u00f3n de conducta en circunstancias parecidas.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 \u00fatil hoy leer estas notas? Nos ayudan a conocer nuestra historia de familia. Provocar\u00e1n en quien las lea con inter\u00e9s no s\u00f3lo reflexiones hist\u00f3ricas, sino tambi\u00e9n vo\u00adcacionales. Ser\u00e1 necesario injertar los datos en la historia civil y en la mentalidad de la \u00e9poca; pero que la lectura sirva tambi\u00e9n para compartir convicciones, para leer des\u00adde la fe y para sacar conclusiones en el vivir de cada cual.<\/p>\n<ol>\n<li>SITUACION DE LA COMPA\u00d1IA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD EN 1789<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cuando estall\u00f3 en Francia la Revoluci\u00f3n, en 1789, el Superior General de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad era el P. F\u00e9lix Cayla de la Garde, elegido el 2 de junio de 1788 durante la XVI Asamblea General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Al frente de la Compa\u00f1\u00eda estaba Sor Renata Dubois desde el 31 de mayo de 1784, y el DirectorGeneral era un misionero enfermo y de avanzada edad, el P. Bourgeat, que dada su situaci\u00f3n no pod\u00eda dedicarse con eficacia a la misi\u00f3n que ten\u00eda encomendada entre las Hermanas.<\/p>\n<p>El nuevo Superior capt\u00f3 pronto la situaci\u00f3n de la comunidad y quiso remediarla. Estaba convencido de que, seg\u00fan se deduce de las vicisitudes por las que ha pasado la Compa\u00f1\u00eda desde su fundaci\u00f3n, su prosperidad y, por consiguiente, el bien que ha podido hacer est\u00e1 siempre en relaci\u00f3n con la dedicaci\u00f3n y cuidados que le prestan sus superiores.<\/p>\n<p>El 1 de enero de 1789 dirigi\u00f3 a todas las casas de Hijas de la Caridad una circular de las m\u00e1s importantes. Entre otras cosas, dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Desde los primeros d\u00edas de mi elecci\u00f3n me preocup\u00f3 vuestra dicha. Si mis muchas ocupaciones no me lo hubieran impedido, desde ese mismo momento os habr\u00eda hecho llegar mi voz y os habr\u00eda enviado palabras de paz y de consuelo. Ahora que gozo de un poco m\u00e1s de tranquilidad, aprovecho para cumplir un deber tan grato a mi coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Os debo los sentimientos de un padre, pero no ser\u00edan dignos de vosotras si no uniera yo a las efusiones de una tierna caridad, la urgencia del celo y la solici\u00adtud que \u00e9l inspira<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n expon\u00eda algunos avisos llenos de prudencia para encender en las Her\u00admanas sentimientos de una verdadera piedad, para restablecer la uniformidad, que ha\u00adb\u00eda sufrido alguna alteraci\u00f3n, mantener la paz y uni\u00f3n de corazones y estimular una entrega cada vez m\u00e1s generosa a las diferentes funciones que tienen que desempe\u00f1ar junto a los pobres.<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o 1789 nombr\u00f3 al P. Sicardi, su asistente italiano, Director de las Hijas de la Caridad, en sustituci\u00f3n del P. Bourgeat. Quer\u00eda presidir \u00e9l mismo los consejos de la comunidad y estar al comente de los asuntos y del personal de las casas.<\/p>\n<p>Pero desgraciadamente la Revoluci\u00f3n estall\u00f3 y sus primeros furores se cebaron en San L\u00e1zaro. La incertidumbre de que la Compa\u00f1\u00eda se conservara o no, su supresi\u00f3n definitiva el 18 de agosto de 1792 y la necesidad en que se vio de huir al destierro, no le permitieron llevar a cabo su proyecto de contribuir a renovar el esp\u00edritu en las dos compa\u00f1\u00edas. Aun en el exilio, nunca perdi\u00f3 el inter\u00e9s por las Hijas de la Caridad, y re\u00addact\u00f3 una especie de \u00abDirectorio espiritual para uso del Seminario\u00bb con el fin de conse\u00adguir aquellos cambios que cre\u00eda necesarios.<\/p>\n<ol>\n<li>EL 13 DE JULIO DE 1789<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cuando el 13 de julio de 1789 algunos grupos de pobres hambrientos saquearon San L\u00e1zaro, las Hermanas vivieron una jornada de aut\u00e9ntico terror, pues su casa esta\u00adba situada en la misma ralle y enfrente de San L\u00e1zaro Lo que ocurri\u00f3 aquel d\u00eda nos lo cuenta con detalle monse\u00f1or Jauffret, obispo de Metz:<\/p>\n<p>Mientras los bandidos entraban en San L\u00e1zaro, lanzaban gritos e insultos contra las Hijas de la Caridad, acus\u00e1ndolas de estar en connivencia con los misioneros. Tam\u00adbi\u00e9n se o\u00edan amenazas de que pronto entrar\u00edan en su casa. Como era la Casa Madre, viv\u00edan all\u00ed unas 150 Hermanas, 50 de ellas inv\u00e1lidas y ancianas. La comunidad las acog\u00eda en esta casa cuando ya no pod\u00edan servir a los pobres. Hab\u00eda unas 98 postulantes entre diecis\u00e9is y veinte a\u00f1os. Pod\u00eda temerse lo peor si aquella multitud furiosa, que s\u00f3lo esperaba una se\u00f1al para derribar todas las puertas, entraba en la casa. Las Hermanas invocaban incesantemente al Se\u00f1or como su \u00fanica protecci\u00f3n ante el peligro tan inmi\u00adnente que preve\u00edan.<\/p>\n<p>A las cinco y media de la ma\u00f1ana, uno de los directores pudo escapar de San L\u00e1za\u00adro para decirles la misa. Ya no sali\u00f3 de all\u00ed. A las siete, tres o cuatro de aquellos hom\u00adbres llamaron a la puerta porque tra\u00edan sin conocimiento en su sill\u00f3n al P. Bourgeat. Cuando entraron en su habitaci\u00f3n y le vieron totalmente paral\u00edtico accedieron a la su\u00adgerencia del Hermano enfermero y lo llevaban para que lo cuidaran las Hermanas. \u00abMi-radio \u2014dec\u00edan a sus compa\u00f1eros\u2014, ah\u00ed va el padre de las Hijas de la Caridad; dejadlo en paz\u00bb. Y cuando se lo entregaron a las directoras del Seminario les dijeron: \u00abAh\u00ed ten\u00e9is a vuestro padre, cuidarlo bien. Traemos todo su mobiliario, su sombrero, su bol\u00adsa&#8230;\u00bb. Al salir dijeron a las Hermanas que no tuvieran miedo: \u00abNo nos han pagado para vosotras, sino para saquear San. L\u00e1zaro\u00bb. Todo esto lo han contado las mismas directoras del seminario. Cuando llamaron los bandidos, cre\u00edan que ven\u00edan a prender al P. Sicardi, que estaba escondido en el confesonario. Pero sin detenerse un minuto, corrieron para continuar destrozando San L\u00e1zaro, sin interesarse de lo que pudiera su\u00adceder en la casa de las Hermanas.<\/p>\n<p>Otro grupo de unos 15 hombres se present\u00f3 a las once de la ma\u00f1ana. Quer\u00edan entrar y hacer una visita de inspecci\u00f3n, creyendo que iban a encontrar all\u00ed el tesoro de San L\u00e1zaro, trigo y harina. La Superiora General, Sor Dubois, y la Directora del seminario les acompa\u00f1aron durante la visita. Las 98 seminaristas estaban reunidas en ese momen\u00adto en la sala del seminario, pero aquellos hombres no pensaron siquiera entrar all\u00ed. Pa\u00adsaron igualmente de largo por la sala de archivos y por el ropero, donde se guardaba durante diez a\u00f1os la ropa y vestidos de las postulantes. Esta visita dur\u00f3 hora y media, y mientras tanto continuaban oy\u00e9ndose fuera gritos contra las Hermanas que a interva\u00adlos parec\u00edan m\u00e1s alarmantes.<\/p>\n<p>Cuando esos 15 hombres salieron, la comunidad fue al refectorio. Rezaron all\u00ed las oraciones de antes de comer, pero ni las Hermanas ni las postulantes pudieron tomar nada.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, en ese estado de terror, permanecieron hasta las cinco de la tarde, momento en que volvieron los bandidos, unos 200 hombres y mujeres; a estas \u00faltimas las despa\u00adch\u00f3 el jefe de la tropa. La mayor parte ven\u00edan armados con picas, cachiporras, barras de hierro, pistolas, sables, espadas y otras armas antiguas; unos jefes les dirig\u00edan. En medio de tal peligro, la Superiora General y las directoras del seminario creyeron que ser\u00eda mejor dejar a las seminaristas y postulantes en la capilla con las puertas cerradas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan contaron tres directoras del seminario, 20 de esos hombres, haciendo retro\u00adceder a los dem\u00e1s, se dirigieron a la capilla y amenazaron con derribar las puertas si no se les abr\u00eda inmediatamente. Entraron y vieron ante ellos aquellas pobres j\u00f3venes arrodilladas al pie del altar, invocando la protecci\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada y de su bienaventurado padre San Vicente. El ruido de las armas y los juramentos de aquellos hombres furiosos las llenaron de estupor y comenzaron a lanzar quejidos y gritos de dolor. Tamo que los mismos bandidos se sintieron impresionados por un sobrecogimiento extraordinario y se detuvieron. Uno de los jefes se quit\u00f3 el sombrero; los otros le imitaron. Parec\u00eda como si la santidad del lugar, la imagen de Nuestro Se\u00f1or y las de los santos les impusieran respeto. Se acercaron con paso t\u00edmido hacia el presbiterio y como si ya no fueran las mismas personas que hac\u00eda poco estaban ebrias de vino y de furor, uno de ellos les dice: \u00abSe\u00f1oritas, no tem\u00e1is nada; no venimos a haceros nin\u00adg\u00fan da\u00f1o. \u00a1Desgraciado quien se atreva a intentarlo!\u00bb. Varias seminaristas se encon\u00adtraban mal y cayeron desmayadas al o\u00edr esto. Entonces, el que parec\u00eda ser el jefe de la tropa, un joven fuerte, cuyos rasgos muy pronunciados reflejaban un car\u00e1cter en\u00e9r\u00adgico y decidido tanto para lo bueno como para lo malo, lleg\u00f3 hasta el altar rodeado de sus secuaces, y todos juntos hicieron la genuflexi\u00f3n ante el Sant\u00edsimo Sacramento. Pero viendo que varias seminaristas estaban todav\u00eda desmayadas en el suelo, dijo a su tropa: \u00ab\u00a1V\u00e1monos! Salgamos de este lugar; no asustemos con nuestra presencia a estas se\u00f1oritas\u00bb. Y salieron todos, admirados sin duda de retirarse con sentimientos tan contrarios a los que les hab\u00edan hecho entrar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s visitaron la casa y quisieron ver la enfermer\u00eda de las ancianas. All\u00ed eran cuidadas y atendidas las Hermanas enfermas que ya no pod\u00edan servir a los pobres. Pe\u00adro como la pobreza debe caracterizar a sus servidoras, todo era sencillo y modesto en la enfermer\u00eda. Los bandidos, a pesar de las ganas que ten\u00edan de encontrar algo de que acusar a las Hermanas, admiraron la sobriedad del lugar. Quisieron probar el caldo de las enfermas y lo encontraron soso, as\u00ed como los dem\u00e1s alimentos preparados para ellas. Y no pod\u00edan comprender c\u00f3mo no condimentaban mejor las cosas para esas Her\u00admanas de la casa cuando ellas mismas son tan atentas con los pobres a quienes no co\u00adnocen de nada. Es que no sab\u00edan que el cristianismo une a los hombres en un mismo esp\u00edritu y en un solo coraz\u00f3n; y que para las Hijas de la Caridad el pobre m\u00e1s descono\u00adcido tiene el mismo derecho a recibir sus cuidados que un hermano o un hijo.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima visita dur\u00f3 alrededor de tres cuartos de hora. Parec\u00eda que el pretexto era ver si estaba encerrado all\u00ed alg\u00fan hombre. Los dos directores estaban en sus confesonarios, pero no los descubrieron. Ya en la puerta, cuando iban a salir, se detuvieron unos momentos. Un muchacho pidi\u00f3 dinero a una de las directoras, pero cuando lo oy\u00f3 el jefe le amenaz\u00f3 con matarlo si se atrev\u00eda a pedirlo otra vez.<\/p>\n<p>A dos Hermanas algunos hombres les obligaron a acompa\u00f1arles y las quer\u00edan llevar a un cabaret. Llegaron hasta la mitad de la calle Saint-Denis, desde donde pudieron escapar ofreciendo a sus acompa\u00f1antes algunas monedas. Cuando llegaron a casa en\u00adcontraron a los mismos hombres que hab\u00edan entrado antes como guardianes de la casa. Les hicieron sitio ante la puerta y entraron sin recibir un solo insulto.<\/p>\n<p>Ninguna de las veces que los bandidos entraron en la Casa Madre ocurri\u00f3 nada deshonesto; incluso en la misma manera de hablar se mostraron cort\u00e9smente. Cuando sa\u00adlieron definitivamente, el populacho quer\u00eda entrar pero se opusieron con fuerza cerran\u00addo la puerta tras ellos. El jefe de pie, fuera ya, les dijo: \u00abMuchachos, yo os avisar\u00e9 cuando llegue el momento oportuno\u00bb, y amenaz\u00f3 con matar a quien violara la con\u00adsigna.<\/p>\n<p>De esta manera la comunidad se sinti\u00f3 salvada del pillaje como por gracia especial del Se\u00f1or, pero vivi\u00f3 presa del miedo durante los diez d\u00edas que siguieron esperando que en cualquier momento pudiera suceder algo parecido.<\/p>\n<p>Esa misma tarde del 13 de julio las Hermanas solicitaron un piquete de la Guardia Nacional para que les protegiera. El distrito les envi\u00f3 unos 40 hombres de esa Guardia que acababa de formarse y que llevaban la escarapela tricolor. Estos guardias fueron m\u00e1s molestos para las Hermanas por sus palabras que los mismos bandidos. pero no les hicieron ning\u00fan da\u00f1o.<\/p>\n<p>El d\u00eda 1 de enero de 1790, la Superiora, Sor Dubois. dec\u00eda en su primera circular: \u00abDesde el 12 de julio \u00faltimo nuestros d\u00edas han transcurrido entre ansiedades y sobre\u00adsaltos continuos que han afectado a nuestra salud&#8230; Bendigamos al Se\u00f1or en todo tiempo y supliqu\u00e9mosle con insistencia que nos conceda d\u00edas m\u00e1s serenos si esa es su voluntad.\u00bb<\/p>\n<p>III. SOR DELEAU ELEGIDA SUPERIORA GENERAL DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD<\/p>\n<p>Sor M. Antonieta Deleau fue elegida Superiora General en Pentecost\u00e9s de 1790 para reemplazar a Sor Dubois. Era oriunda de Bray, cerca de Amiens, e hizo su postulantado en un peque\u00f1o hospicio que all\u00ed ten\u00edan las Hijas de la Caridad. Entr\u00f3 en el seminario de Par\u00eds a los dieciocho o diecinueve arios, en 1745. Acabado su tiempo de formaci\u00f3n, fue enviada a la Misericordia de Montpellier. De all\u00ed sali\u00f3 m\u00e1s tarde para ser Hermana Sirviente de la casa de San Hip\u00f3lito, peque\u00f1a ciudad a ocho leguas de Montpellier. En aquella casa atend\u00edan las Hermanas un hospital militar y una miseri\u00adcordia. Ha llegado hasta nosotros una frase que repet\u00eda con frecuencia: \u00ab<em>No cesemos nunca de ofrecer a todo el mundo, y especialmente a los pobres que nos rodean, el ejem\u00adplo de las virtudes evang\u00e9licas. Present\u00e9moslas atractivas con nuestros servicios conti\u00adnuos; hag\u00e1mosles desear la fe cat\u00f3lica como el medio m\u00e1s seguro para llegar a la vida feliz practicando el bien<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>De San Hip\u00f3lito fue destinada a Bordeaux como Hermana Sirviente de la Manufac\u00adtura, en donde estuvo tres a\u00f1os, ya que, elegida Asistenta de la Superiora General, fue a Par\u00eds. Ese tiempo fue suficiente para que en su oficio se ganara la estima y confianza de todas las Hermanas de la Casa Madre. De nuevo es destinada para ser Hermana Sirviente de una comunidad que serv\u00eda a los pobres del barrio de San Antonio en Par\u00eds. All\u00ed estaba en el dif\u00edcil momento de las primeras revueltas y de la toma de la Bastilla. El respeto que supo inspirar por sus virtudes y su entrega a los pobres preserv\u00f3 a esta casa de todo ataque revolucionario. Por fin, el 24 de mayo de 1790 sustituye a Sor Dubois y vuelve de nuevo a la Casa Madre.<\/p>\n<p>Las circunstancias en que Sor Deleau fue elegida Superiora General eran tanto m\u00e1s cr\u00edticas cuanto que, en medio de tales dificultades y cuando la dispersi\u00f3n de la comuni\u00addad, no pudo acudir a sus superiores para pedir consejo y ayuda, ya que, intentando escapar al cadalso, hab\u00edan tomado la ruta del exilio.<\/p>\n<p>IV.- LEGISLACION DE 1790<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o del pillaje de San L\u00e1zaro y de la invasi\u00f3n de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad por las bandas revolucionarias, se present\u00f3 una moci\u00f3n ante la Asam\u00adblea Nacional para la supresi\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas. Fue el 17 de diciembre de 1789. Poco despu\u00e9s, el d\u00eda 13 de febrero de 1790, fue presentado a voto el Decreto que abol\u00eda los votos mon\u00e1sticos. Sus disposiciones eran las siguientes:<\/p>\n<p>\u00abLa Asamblea Nacional decreta \u2014como art\u00edculo constitucional\u2014 que la Ley no reconocer\u00e1 los votos mon\u00e1sticos solemnes de uno y otro sexo. Declara por consi\u00adguiente que las \u00f3rdenes en las que se emitan tales votos son y seguir\u00e1n siendo suprimi\u00addas en Francia, sin que nadie pueda fundar otras parecidas en lo sucesivo.<\/p>\n<p>Todos los individuos de uno y otro sexo que vivan en casas religiosas podr\u00e1n salir de ellas prestando declaraci\u00f3n ante la municipalidad del lugar, y se les conceder\u00e1 inmediatamente a su salida una pensi\u00f3n adecuada. A quienes no quieran acogerse a las disposiciones de este Decreto, se les indicar\u00e1 en qu\u00e9 casas pueden quedar retirados. La Asamblea declara adem\u00e1s que no afecta a las casas encargadas de la educaci\u00f3n y de la caridad mientras dicha Asamblea no tome otra determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Asamblea except\u00faa a las religiosas del art\u00edculo que obliga a los religiosos a unirse los de varias casas en una.\u00bb<\/p>\n<p>Esta legislaci\u00f3n no concern\u00eda a las Hijas de la Caridad y continuaron ejerciendo su ministerio de servicio con normalidad. Pero el 12 de julio de 1790 la Asamblea Cons\u00adtituyente dio un nuevo paso en su intento de persecuci\u00f3n, y esta vez se abr\u00eda un abismo infranqueable entre los fieles hijos de la Iglesia y los ap\u00f3statas. Ese d\u00eda fue votada la Constituci\u00f3n Civil del Clero. Esta Constituci\u00f3n sustra\u00eda al clero de la autoridad espiri\u00adtual del Papa y lo somet\u00eda al poder civil. En efecto, se atribu\u00eda al Gobierno civil el dere\u00adcho de nombrar pastores y crear parroquias y di\u00f3cesis. Era un cisma: aceptar esta legis\u00adlaci\u00f3n era una apostas\u00eda. Comunicarse en asuntos espirituales con sacerdotes ap\u00f3statas era participar en su falta y ser c\u00f3mplice con ellos.<\/p>\n<p>El 27 de noviembre siguiente la Asamblea prescribi\u00f3 el juramento de esta Constitu\u00adci\u00f3n a todos los eclesi\u00e1sticos que ejerc\u00edan alguna funci\u00f3n p\u00fablica, bajo pena de ser con\u00adsiderados como perturbadores del orden p\u00fablico, sancionados con la no percepci\u00f3n de su sueldo y privados de sus derechos de ciudadanos.<\/p>\n<p>El 4 de enero de 1971 fue un d\u00eda de gloria para toda la Iglesia de Francia. Era la fecha fijada para prestar el juramento y la mayor parte de sus representantes permane\u00adcieron fieles a la Iglesia cat\u00f3lica, burlando toda astucia y desafiando las amenazas. El domingo 3 de abril, los sacerdotes que antepusieron su ambici\u00f3n a su conciencia o que se hab\u00edan dejado intimidar por las amenazas de los revolucionarios, fueron instalados en sus iglesias por la autoridad civil sustituyendo a los sacerdotes fieles. Desde ese d\u00eda estos \u00faltimos no pudieron celebrar la eucarist\u00eda m\u00e1s que en capillas u oratorios pri\u00advados.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad y las dem\u00e1s comunidades todav\u00eda no suprimidas ofrecieron enseguida sus capillas y las pusieron a disposici\u00f3n de los sacerdotes fieles.<\/p>\n<p>Sor Carmen URRIZBURU, H.C.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se trata de un estudio hist\u00f3rico en el riguroso sentido de la palabra. Estos re\u00adcuerdos salieron a la luz en los Annales franceses durante el a\u00f1o 1893. 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