{"id":404358,"date":"2022-12-18T08:58:49","date_gmt":"2022-12-18T07:58:49","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404358"},"modified":"2022-08-09T13:59:57","modified_gmt":"2022-08-09T11:59:57","slug":"santiago-masarnau-sobre-las-causas-de-las-que-depende-la-visita-domiciliaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-las-causas-de-las-que-depende-la-visita-domiciliaria\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre las causas de las que depende la visita domiciliaria)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00cdA 8 DE DICIEMBRE DE 1866.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el Sr. Presidente del Consejo superior, obtenida la venia del Excmo. e Ilmo. Sr. Nuncio, pas\u00f3 a leer lo siguiente.<\/p>\n<p>Excmo. Sr.: Favorecidos con la presencia de V. E., que agradecemos de todo coraz\u00f3n, y previa su venia, vamos a dar lectura a un breve discurso que hemos preparado sobre la visita a domicilio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber manifestado las ventajas que la visita a domicilio lleva a las obras especiales de nuestra humilde Sociedad, como se procur\u00f3 hacer en el discurso le\u00eddo en la Junta general de 15 de abril del presente a\u00f1o, falta ahora, en nuestro concepto, llamar la<sup>1 <\/sup>atenci\u00f3n particularmente sobre la visita misma, las condiciones que m\u00e1s influyen en los grandes resultados que de ella se pueden esperar, y las verdaderas causas de que no produzca muchas veces esos mismos resultados.<\/p>\n<p>Por otra parte, el estudio de la correspondencia nos obliga a hablar de este punto, cuyo gran inter\u00e9s se oculta tal vez a los socios en general, que no ven la Sociedad m\u00e1s que desde el puesto que ocupan en la Conferencia a que asisten, pero que seguramente reconocer\u00edan todos si la viesen bajo el punto de vista que la ve el Consejo superior.<\/p>\n<p>La visita no siempre produce los efectos deseados; y es f\u00e1cil atribuir su poco resultado a lo que no influye tanto en \u00e9l, como en otras cosas que no se reparan, y que son, sin embargo, las verdaderas causas,<\/p>\n<p>Es muy com\u00fan quejarse de la inconstancia de los socios, de su habitual distracci\u00f3n, de su falta de celo, achacando a esos defectos el de los buenos resultados de la visita. Pero \u00bfen qu\u00e9 consiste que estos resultados dar\u00edan tanto en unas Conferencias respecto de otras que funcionan en el mismo pa\u00eds, y muchas veces hasta en el mismo pueblo?<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es que en unas se proporciona trabajo a los pobres adoptados, se les saca de grandes apuros, se les ayuda a educar a sus hijos, y lo que es m\u00e1s, se logran conversiones edificantes, mientras que en otras permanecen las familias adoptadas en \u00e9l mismo estado material y moral, por espacio de meses y aun de a\u00f1os?<\/p>\n<p>Por ventura \u00bfes posible que los socios de una Conferencia est\u00e9n dotados de virtudes particulares, o exentos de las flaquezas comunes por pertenecer a ella, y que los de otra, establecida tal vez a su mismo lado, carezcan de aquellas virtudes o abunden en las debilidades opuestas? No, esto no puede ser; y hay por lo tanto que investigar las verdaderas causas de tan notables diferencias en los resultados de la visita, de otro modo, esto es, con mayor observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Materia es esta que nos ha ocupado particularmente, y a cuyo estudio hemos dedicado el esmero posible por espacio de mucho tiempo.<\/p>\n<p>De tres causas diferentes creemos haber descubierto que depende el que la visita produzca los mejores resultados, presupuesta la buena voluntad de los visitadores, de la cual no debemos dudar. Estas son: la adopci\u00f3n, o m\u00e1s bien <em>la manera de adoptar las familias,: el modo de visitarlas<\/em> y <em>la suspensi\u00f3n de la visita.<\/em> Vamos por lo tanto a exponer sencillamente lo que nos ha sugerido la observaci\u00f3n sobre esos tres puntos.<\/p>\n<p><em>La manera de adoptar las familias,<\/em> o sea el modo en que se suelen adoptar m\u00e1s com\u00fanmente, no nos parece acertado. Procuran las Conferencias adoptar las familias que los socios las recomiendan; pero los socios creen que est\u00e1n obligados a recomendar a la Conferencia cuantas necesidades llegan a su noticia, y en esto, como en todo, hay que estar constantemente en guardia, para no dejarse enga\u00f1ar por el amor propio disfrazado de caridad. No solo las necesidades que conocen por s\u00ed, sino las que acuden en busca de alivio a todos sus amigos, suelen recomendar los socios a la Conferencia para su adopci\u00f3n; y resulta necesariamente que la Conferencia, por numerosa que sea, carece del personal suficiente para visitar con fruto a tantas familias como se la obliga a adoptar; y de aqu\u00ed las consecuencias f\u00e1ciles de proveer, la falta de atenci\u00f3n y de detenci\u00f3n suficientes en la visita, el disgusto consiguiente a hacerla mal y a no poderla hacer de otro modo, la desanimaci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>Observemos que la mayor parte de las recomendaciones que se nos hacen, no tienen otro objeto que el de proporcionar socorro material a la familia recomendada, y que cuando se ve que nuestro socorro material no es lo que se cre\u00eda equivocadamente, lejos de agradecer a la Conferencia el esfuerzo que tal vez ha hecho para adoptar una familia m\u00e1s, se la moteja de mezquina o in\u00fatil, etc.<\/p>\n<p>Esto prueba que los que recomiendan conocen poco la Sociedad, y al acceder a sus recomendaciones, se les mantiene en los errores en que est\u00e1n imbuidos respecto a nosotros, lejos de sacarlos de ellos.<\/p>\n<p>Si en la adopci\u00f3n de familias se guardasen ciertas precauciones, que el estudio de nuestro Reglamento ense\u00f1a y la experiencia confirma admirablemente, es indudable que se evitar\u00edan muchos y graves inconvenientes, asegurando adem\u00e1s, en lo posible, el buen resultado de la visita. As\u00ed, por ejemplo, \u00bfes justo que las recomendaciones se atiendan indistintamente, sin mirar, y mirar bien, de qu\u00e9 personas proceden? \u00bfEs justo, ni aun razonable, que una persona opulenta, y que nada da, se valga de la Sociedad para que socorra a familias que debiera ella socorrer? \u00bfEs justo que un socio o una persona a la cual debe la Sociedad favores, recomiende a una familia, y no se la pueda atender por estar la Conferencia a que pertenece sobrecargada de familias, que se recomendaron en su d\u00eda por personas indiferentes o enemigas de la Sociedad?<\/p>\n<p>Pues todo esto est\u00e1 sucediendo con frecuencia, y todo se evitar\u00eda si se distinguiesen convenientemente las personas que recomiendan al tratarse de la adopci\u00f3n, para atender o no a las recomendaciones. Por regla general, las de los Sres. miembros de honor debieran preferirse a todas; despu\u00e9s las de los socios activos, aspirantes y honorarios; y por \u00faltimo, las de los suscriptores y bienhechores. Decimos por regla general, pues ya se sabe que pueden ocurrir casos extraordinarios, en los que convenga adoptar inmediatamente una familia, sea quien fuere el que la recomienda. Pero estos casos son raros. Si despu\u00e9s de atender a todas las recomendaciones dichas, fallasen todav\u00eda familias, lo que debe ser muy raro, particularmente en las grandes poblaciones, bueno fuera atender tambi\u00e9n a las de personas extra\u00f1as a la Sociedad; pero despu\u00e9s \u2014 n\u00f3tese bien \u2014 despu\u00e9s, y no antes, ni al mismo tiempo que se atiende a las de las que pertenecen a la Sociedad.<\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 se hace (tal vez se dir\u00e1) cuando una persona extra\u00f1a a la Sociedad le ruega a un socio que recomiende a su Conferencia tal o cual familia, sumamente necesitada y digna? Se contesta sencillamente que la Conferencia tiene ya sus familias a que atender, y que una vez que la familia de que se trata es tan digna y se ve en tan grao apuro, lo mejor que puede hacer el que la recomienda, es socorrerla por s\u00ed mismo. Esta contestaci\u00f3n puede hacer mucho bien al que la da y al que la recibe; porque el que la da ejerce la preciosa virtud de la humildad, y el que la recibe recuerda forzosamente la obligaci\u00f3n en que est\u00e1 de socorrer al pobre, obligaci\u00f3n que no ten\u00eda o no quer\u00eda tener presente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de distinguir bien las recomendaciones, conviene observar las circunstancias peculiares do las familias recomendadas; y esto puedo hacerse, o bien por medio de una pareja de socios activos que se dediquen a ello con afici\u00f3n e inteligencia, o bien por medio del Presidente mismo de la Conferencia, acompa\u00f1ado de cualquier socio. Se repara si el lugar en que vive la familia recomendada, o la compa\u00f1\u00eda con que vive, podr\u00e1n dificultar o impedir el buen efecto de la visita; se repara tambi\u00e9n si la ocupaci\u00f3n o el modo de vivir que tienen permite que la visita se pueda hacer con fruto; en una palabra, se observa, no precisamente si hay mayor o menor necesidad (que es en lo que com\u00fanmente se repara), sino todo lo que tenga relaci\u00f3n con la mayor o menor probabilidad de que la visita podr\u00e1 hacerse del modo necesario para que produzca los efectos que principalmente nos debemos proponer. Este examen dar\u00e1 a conocer si se deben o no adoptar las familias recomendadas\u00bb y hasta qu\u00e9 punto puede serles \u00fatil la visita.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, adoptada la familia se debe encargar su visita, no a una pareja cualquiera de socios, sino a aquella que haya razones para creer que ser\u00e1 la que pueda visitarla mejor. Al efecto es muy conveniente que el Presidente se encargue de su visita por espacio de algunas semanas, pues de ese modo conocer\u00e1 f\u00e1cilmente cu\u00e1l es la pareja que podr\u00e1 encargarse definitivamente de aquella visita, con esperanza m\u00e1s fundada de buen resultado.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, que hemos dicho ser <em>el modo de visitar, <\/em>hay que tener presente: l.\u00b0 la gran conveniencia de no cambiar con facilidad los socios que visitan, pues nada se opone m\u00e1s al logro de la confianza que debemos granjearnos de nuestras familias adoptadas, que el advertir estas que los socios que las visitan dejan de hacerlo sin saber por qu\u00e9 y cuando menos se piensa, present\u00e1ndose en su lugar otros desconocidos. Hay casos en que esto es inevitable, como cuando llega la estaci\u00f3n en que la mayor parte de los socios pagan su tributo a la moda de viajar, ya voluntaria ya forzosamente, en casos de enfermedades, etc.; pero por lo com\u00fan no se tiene el suficiente cuidado para no variar en lo posible los visitadores de las familias adoptadas, y de aqu\u00ed muchas veces el que estas no se franqueen nunca con los socios, ni por consiguiente se obtenga en la visita resultado alguno de importancia moral.\u20142\u00ba. Hay socios m\u00e1s o menos negligentes, que hacen la visita de modo que no es posible que produzca resultado alguno. Los bonos que se les dan vuelven puntualmente al poder del tesorero, y prueban que han ido a visitar sus familias, pero nada m\u00e1s. Falla saber lo principal, esto es, si lo han hecho del modo debido, y corresponde al Presidente averiguarlo. Para eso es la visita de turno que recomienda el Reglamento y en ella puede el Presidente descubrir con prudencia, y aun necesidad de preguntarlo directamente, si la visita se hace o no como se debe hacer.\u20143.\u00b0 Hay tambi\u00e9n socios naturalmente veleidosos, que nunca est\u00e1n contentos con las familias que tienen a su cuidado, y que para enga\u00f1arse a s\u00ed mismos dicen, al parecer de muy buena fe: \u00abNada consigo con tal familia. \u00bfNo ser\u00eda mejor que la visitase otro?\u00bb Y el Presidente se la cambia con sobrada condescendencia. A estos conviene amonestarlos para que contin\u00faen visitando a las familias que visitan. Al reconocer que nada consiguen, muestran estar ya m\u00e1s pr\u00f3ximos a conseguir, que uno nuevo que tiene que empezar por estudiar la familia, y que tal vez crea que consigne o va a conseguir mucho cuando m\u00e1s distante se encuentra de ello.,<\/p>\n<p>Sobre el tercer punto, que hemos dicho ser <em>la suspensi\u00f3n de la visita,<\/em> tambi\u00e9n hay mucho que advertir. No basta para dejar de visitar a una familia el que la visita parezca in\u00fatil, pues puede suceder, y muchas veces ha sucedido, que cuando la visita parece m\u00e1s in\u00fatil, produzca de repente resultados inesperados y que compensan sobradamente lodo el trabajo que all\u00ed se ha empleado. Las familias que nosotros adoptamos se componen com\u00fanmente de varias personas; y ya se sabe que en igualdad de circunstancias, preferimos para la adopci\u00f3n a las m\u00e1s numerosas. Ahora bien, \u00bfqui\u00e9n es capaz de calcular el efecto que nuestras visitas, nuestras palabras y nuestras exhortaciones pueden producir en todos los individuos de una familia que visitamos? \u00bfNo es com\u00fan que un hombre vicioso y desalmado est\u00e9 unido a una mujer paciente y virtuosa; que padres honrados y morigerados tengan hijos perversos, y aun tambi\u00e9n lo contrario, esto es, que los tengan buenos y sumisos, siendo ellos depravados? Pues en todos estos casos hay que considerar que si abandonamos una familia dejando de visitarla, sea por lo que fuere, abandonamos a todos los individuos de que se compone, y tal vez el menor de ellos en apariencia estaba reportando mucho bien de nuestras visitas sin que nosotros mismos lo advirti\u00e9semos.<\/p>\n<p>Pero se cree a veces que convendr\u00e1 dejar una familia para adoptar en su lugar otra m\u00e1s digna o m\u00e1s necesitada. Desconfiemos mucho de la conveniencia de estos cambios; porque \u00bfqui\u00e9n es capaz de medir con exactitud los grados de necesidad o de bondad de una familia que no se ha visitado todav\u00eda, para compararla con acierto a otra que se visita, y decidir cu\u00e1l de las dos merece m\u00e1s, o necesita m\u00e1s la visita?<\/p>\n<p>No, no conviene dejar con facilidad las familias adoptadas, excepto cuando no se puede evitar, como sucede en las estaciones en que los socios se ausentan; pero entonces la suspensi\u00f3n es solo temporal, y va mucha diferencia de esta suspensi\u00f3n a la definitiva. Es mejor concretarse a un n\u00famero determinado de familias, el que permita el n\u00famero de socios que las han de visitar y prescindir de las dem\u00e1s que se recomienden; pues de lo contrario nos espoliemos o no hacer nada por aparentar que hacemos mucho, que ser\u00edan dos males a la vez.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed volvemos naturalmente al primer punto, que es la adopci\u00f3n. Algunos extra\u00f1an y aun sienten que nuestra Sociedad no atienda inmediatamente a cuantas necesidades se la recomiendan, sin considerar que, seg\u00fan nuestra organizaci\u00f3n, esto ser\u00e1 siempre de lodo punto imposible, hablando en general. Hay localidades en que escasean bastante tas familias pobres, particularmente en las estaciones de la recolecci\u00f3n de frutos, y tienen que dedicarse las Conferencias a otras obras, como instrucci\u00f3n de ni\u00f1os, visita de hospitales, de c\u00e1rceles, etc. Pero esto sucede solo en ciertas Conferencias rurales. La mayor\u00eda no puede-adoptar m\u00e1s que una parle m\u00e1s o menos limitada de las familias pobres de la localidad en que funcionan.<\/p>\n<p>Decimos que nuestra organizaci\u00f3n nos obliga a ello; y en efecto, \u00bfc\u00f3mo hemos de admitir en el concepto de socios a cuantos muestran deseo de ingresar en nuestras humildes filas? De hacerlo as\u00ed, la Sociedad se convertirla muy pronto en otra cosa sumamente diferente de lo que es y de exigir, como se hace, que los que se admitan en su seno re\u00fanan circunstancias que no son comunes, resulta necesariamente que el n\u00famero de socios activos tiene que ser bastante limitado. El de los pobres, por el contrario, se aumenta todos los d\u00edas, porque crecen las causas del pauperismo con la mal entendida civilizaci\u00f3n que de algunos a\u00f1os a esta parte tanto cunde en Europa. No es posible, por consiguiente, que estos dos n\u00fameros, el de socios activos y el de familias pobres, guarden entre s\u00ed la proporci\u00f3n necesaria para que se pudiesen adoptar todas. Y en esta imposibilidad, \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer? Adoptar las que podamos, y llevar con paciencia la mortificaci\u00f3n que padecemos al no poder adoptar m\u00e1s; sin hacer caso alguno de las interpretaciones que, en esto como en todo, puedan dar a nuestra conducta la ignorancia o la malicia.<\/p>\n<p>Como para resumir todo lo dicho, convendr\u00e1 fijarse bien en lo que resulta ser la base principal de la visita fructuosa, que es la humildad. Si esta virtud es necesaria para visitar, como generalmente se reconoce, no lo es menos para obtener de la visita los frutos que debemos esperar de ella; y a poco que se reflexione, se ver\u00e1 claramente que es as\u00ed.<\/p>\n<p>La humildad, esa incomparable virtud, de la cual estamos hablando siempre y que sin embargo practicamos tan poco, es bien seguro que si la tuvi\u00e9ramos en el coraz\u00f3n como la tenemos en los labios, nuestras visitas a los pobres dar\u00edan un resultado muy diferente del que suelen dar por lo com\u00fan. Pero parece imposible lo que nos sucede con esta preciosa virtud, y nada prueba mejor acaso nuestra flaqueza y miseria. Convenimos todos en la importancia, en la necesidad de ser humildes, y de serlo de veras; lo deseamos hasta con ardor; pero \u00bflo somos en efecto? \u00bfC\u00f3mo es que todo lo que halaga directa o indirectamente nuestro amor propio, tiene para nosotros un atractivo irresistible, al paso que rechazamos casi instintivamente lo que nos humilla, de cualquier modo que sea?<\/p>\n<p>\u00abQueremos ser humildes de coraz\u00f3n, y la mera exposici\u00f3n de los actos mismos de nuestra Sociedad nos engr\u00ede, mirando con vana complacencia lo poco que hacemos, y olvid\u00e1ndonos de lo mucho que nos queda por hacer. Queremos ser humildes de coraz\u00f3n, y la menor muestra de desprecio de parte de cualquiera, y aunque sea uno de nuestros pobres m\u00e1s queridos, nos hiere. Queremos ser humildes de coraz\u00f3n, y hablamos y obramos precisamente como si quisi\u00e9ramos todo lo contrario. \u00bfC\u00f3mo se explica esto? Y a\u00f1adiremos: \u00bfc\u00f3mo se corrige? que es lo que m\u00e1s nos importa.<\/p>\n<p>Si las ocasiones preciosas que la infinita bondad de Dios nos depara con frecuencia de ejercitar la humildad, se aprovechasen bien; si las apreci\u00e1semos en su verdadero valor y las agradeci\u00e9semos como merecen serlo, \u00a1Qu\u00e9 diferente ser\u00eda nuestra conducta en el trato del pobre, y aun en todo lo dem\u00e1s!<\/p>\n<p>A m\u00ed me parece que siendo la humildad tan opuesta al natural del hombre, como vemos que lo es, para adquirirla y conservarla, para practicarla con constancia, se ha de necesitar de un esfuerzo no interrumpido, de una continua vigilancia, de un esmero de todos los instantes de la vida, y que por consiguiente a esto debemos atender, procurando acostumbrarnos a ello.<\/p>\n<p>La visita de los pobres nos ofrece ocasiones frecuentes y preciosas de adquirir y ejercitar ese h\u00e1bito. Unas veces nos reciben mal. Otras veces no hacen caso de nuestros consejos y amonestaciones. Otras veces nos enga\u00f1an. Otras veces corresponden a nuestro cari\u00f1o con una mala partida, etc. \u00bfQui\u00e9n no ve aqu\u00ed un vasto campo para practicar la santa humildad? \u00bfY qui\u00e9n ser\u00e1, tan inconsiderado que advirtiendo el mucho fruto que de \u00e9l puede reportar con el auxilio de la gracia, se atreva a quejarse de lo mismo que m\u00e1s debe excitar su gratitud y su amor, de lo que m\u00e1s le conviene, de lo que puede hacerle mayor bien?<\/p>\n<p>Seamos, pues, humildes de coraz\u00f3n, y no nos contentemos con serlo de palabra. Consideremos el valor de esa gran virtud, sin la cual todas las dem\u00e1s dejan de serlo; de esa virtud que todo lo aprovecha, y hasta el pecado mismo, sacando bien del mal; de esa virtud que suele Dios premiar con el don de pureza; y no podremos menos de prendarnos de ella, y de desear vivamente que crezca en nosotros. Entonces aprovecharemos con particular esmero todo lo que directa o indirectamente pueda contribuir a ese santo objeto. Procuraremos adquirir la costumbre de rechazar en lodo y por lodo al maldito amor propio, y de abrazar constantemente lo que nos parezca que nos rebaja o humilla en cualquier sentido, como no sea pecando: y es indudable que reportaremos grandes frutos de la visita a los pobres, contribuyendo eficazmente a su salvaci\u00f3n, y al mismo tiempo a la nuestra, que son los dos objetos principales de esta humilde Sociedad.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores: terminados hoy los santos ejercicios del retiro que empezamos el 29 del mes pr\u00f3ximo pasado, no puedo menos de manifestar aqu\u00ed, en nombre de todos los socios de Madrid, la m\u00e1s viva gratitud al dign\u00edsimo sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, el Sr. D. Ram\u00f3n Sauz, que ha tenido la bondad de dirigirlos, prodig\u00e1ndonos las m\u00e1s preciosas instrucciones, admirablemente adaptadas a nosotros, todos los d\u00edas por ma\u00f1ana y tarde; y al Sr. Rector del oratorio de S. Ignacio, que tan bondadosamente nos ha franqueado su iglesia para el objeto.<\/p>\n<p>La concurrencia ha sido mayor que otros a\u00f1os. Es de esperar que siga aument\u00e1ndose en los venideros, y que los socios todos acaben de convencerse de que los santos ejercicios del retiro anual nos son indispensables para el buen cumplimiento de nuestras reglas y pr\u00e1cticas y la conservaci\u00f3n del verdadero esp\u00edritu de nuestra querida Sociedad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00cdA 8 DE DICIEMBRE DE 1866. A continuaci\u00f3n, el Sr. Presidente del Consejo superior, obtenida la venia del Excmo. e Ilmo. Sr. Nuncio, pas\u00f3 a leer lo siguiente. 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