{"id":404356,"date":"2022-12-16T08:57:34","date_gmt":"2022-12-16T07:57:34","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404356"},"modified":"2022-08-09T13:58:40","modified_gmt":"2022-08-09T11:58:40","slug":"santiago-masarnau-sobre-la-visita-continuada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-visita-continuada\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre la visita continuada)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 30 DE ABRIL DE 1865.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n el Sr. Presidente del Consejo Superior pidi\u00f3 la venia del Excmo. Sr. Prelado Presidente para leer un discurso que tra\u00eda escrito: y obtenida ley\u00f3 el siguiente.<\/p>\n<p>Excmo. Sr.: Previa la venia de V. E. voy a someter a la atenci\u00f3n de mis queridos hermanos en Jesucristo, los socios activos presentes, algunas breves reflexiones sobre los errores en que m\u00e1s com\u00fanmente solemos incurrir al practicar las obras de caridad, propias de nuestra humilde Sociedad, las consecuencias que de ellos dimanan, y la necesidad de rectificar los juicios falsos que los producen. Mucho pudiera decirse sobre este punto, pues parece como que el enemigo de nuestra salvaci\u00f3n, irritado por la tendencia de nuestras obras caritativas, procura vengarse logrando con sus astucias, ya privarnos de una parte, acaso la mayor, de su verdadero m\u00e9rito, y a inducirnos a torcer la direcci\u00f3n que debemos darlas. Sabido es el medio que emplea para conseguir lo primero, que es el de bastardear nuestra intenci\u00f3n, pues que si esta no es pura, poco o ning\u00fan fruto reportaremos de todas nuestras obras, por buenas y santas que parezcan a los ojos de los hombres.<\/p>\n<p>Para lograr lo segundo, esto es, que se tuerza la direcci\u00f3n de estas mismas obras nuestras, procura sugerirnos ideas falsas que admitimos sin el suficiente examen, o que sujetemos a \u00e9l las que nos est\u00e1n recomendadas por nuestras reg\u00edas y la experiencia de nuestros hermanos mayores, en vez de concretarnos tranquilamente a su esmerado cumplimiento. De un modo o de otro consigue que hagamos mucho menos bien del que nos proponemos hacer, y a veces hasta que hagamos mal creyendo que estamos haciendo bien.<\/p>\n<p>Parece por lo tanto conveniente que nos fijemos un poco sobre este punto y consideremos la importancia de estar en guardia contra las dichas sugestiones, descubriendo los resultados que acarrean.<\/p>\n<p>Nuestra visita a domicilio; esta visita continuada, afectuosa, puramente caritativa, no puede menos de granjearnos la confianza del pobre al cabo de m\u00e1s <em>o<\/em> menos tiempo, y la experiencia lo est\u00e1 probando constantemente.<\/p>\n<p>M\u00e1s obtenida la confianza del pobre visitado, y lo mismo decimos del rico, pues podemos muy bien visitar a un rico por caridad, \u00bfcu\u00e1l no debe ser nuestro esmero y cuidado en hacer el mejor uso posible de esta confianza que se nos dispensa, no solo aconsejando bien, sino probando por todos los medios a nuestro alcance que la merecemos y que en verdad correspondemos a ella?<\/p>\n<p>Pues bien; para hacerlo as\u00ed, para poderlo hacer, necesitamos tener ideas muy exactas de las verdaderas necesidades de nuestro visitado y de los remedios m\u00e1s oportunos que se las puede aplicar; y aqu\u00ed empiezan ya los errores, las falsas apreciaciones, dimanadas casi siempre de olvidarnos del esp\u00edritu por atender a la materia, de mirar al necesitado y no al hombre, de atender al alivio de su cuerpo m\u00e1s bien que al de su alma con la debida preferencia.<\/p>\n<p>Decimos a menudo que nuestro verdadero objeto debe ser el bien espiritual de nosotros mismos en primer lugar, y en segundo el de nuestros queridos pobres. As\u00ed lo dice el Reglamento, y as\u00ed lo repetimos muchas veces: pero \u00bfprobamos con la pr\u00e1ctica que estamos bien penetrados de este principio? \u00bfEn qu\u00e9 consiste que ese suele dar tanta importancia al socorro material? \u00bfC\u00f3mo es que cuando no se encuentra al pobre en su casa, ocurre la tentaci\u00f3n (y ojal\u00e1 no hiciera m\u00e1s que ocurrir) de dejar los bonos que se le llevan, al vecino o al compa\u00f1ero de vivienda? \u00bfPor qu\u00e9 es tan com\u00fan entre nosotros la creencia, la persuasi\u00f3n de que habiendo llevado los bonos a la familia cuya visita nos est\u00e1 encomendada, ya no hay m\u00e1s que hacer, al menos por aquella semana?<\/p>\n<p>\u00bfPrueba todo esto que estamos bien persuadidos de que el objeto de nuestra visita no debe ser el socorro del cuerpo, y que el del alma es el que realmente merece llamar toda nuestra principal atenci\u00f3n?<\/p>\n<p>Ocurren casos en que el socorro material dificulta el espiritual, o en que si se atiende m\u00e1s de lo debido al primero, se expone al que lo recibe a carecer del segundo; y en tales caso e \u00bfqui\u00e9n duda la conducta que debe seguir un hombre de verdadera caridad?<\/p>\n<p>Vamos a hacerlo ver palpablemente, y acaso nos admiraremos al descubrir los errores en que hemos incurrido nosotros mismos, y visto incurrir con frecuencia a nuestros amados consocios.<\/p>\n<p>Sabemos de un pobre muy digno, muy necesitado, pero que la Conferencia del barrio en que habita no le adopta porque es solo, y decimos que es una injusticia no adoptar cabalmente al que m\u00e1s lo necesita, mientras se adoptan otros, que si bien tienen hijos, estos mismos les ayudan a ganar: nos figuramos que el Consejo al prevenir la no adopci\u00f3n de personas solas, obra con ligereza, y lo criticamos.<\/p>\n<p>Pero si atendi\u00e9semos al bien espiritual del pobre que conocemos o se nos ha recomendado, con la debida preferencia, comprender\u00edamos f\u00e1cilmente alguna de las razones que el Consejo puede tener para hacer la dicha prevenci\u00f3n, sin que debamos tampoco olvidarnos de que el Consejo merece nuestra confianza, y que por lo tanto, lo mejor es seguir fielmente sus indicaciones en esto como en todo, sin escudri\u00f1ar los motivos que las ocasionan.<\/p>\n<p>Pero vamos a ver lo que sucede adoptando y visitando a un pobre solo.<\/p>\n<p>Si no se le encuentra en casa, como es muy f\u00e1cil que suceda por lo mismo que es solo, la visita es enteramente perdida, y la tentaci\u00f3n de dejar sus bonos al vecino tanto m\u00e1s fuerte por consiguiente.<\/p>\n<p>Si se le encuentra, podemos, no hay duda, darle alg\u00fan consuelo, aconsejarle bien, proporcionarle ocupaci\u00f3n, etc.; pero \u00bfqui\u00e9n nos asegura de que al salir nosotros de all\u00ed no ser\u00e1 nuestro pobre atacado de un accidente, de una enfermedad m\u00e1s o menos grave, de la muerte misma, sin recibir auxilio alguno, ni espiritual ni corporal, a causa de su soledad, como tantas veces ha sucedido?<\/p>\n<p>Una de nuestras pobres, visitada con toda regularidad, se abras\u00f3 una noche por encender un f\u00f3sforo que prendi\u00f3 el fuego a la colcha de la, cama, y las llamas la envolvieron inmediatamente\u00bb chamuscando hasta las paredes y el \u2018techo de la buhardilla.<\/p>\n<p>Otra, visitada tambi\u00e9n con regularidad, muri\u00f3 sin saberse c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo, hasta que el hedor del cad\u00e1ver hizo conocer a la vecindad que hab\u00eda fallecido, y se acudi\u00f3 a la autoridad para descerrajar la puerta.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un ancianito que muchos quer\u00edamos en extremo, y que por m\u00e1s instancias que se le hab\u00edan hecho, nunca se logr\u00f3 accediese a retirarse al Hospicio, o a vivir con alguna familia. Se ide\u00f3 en su beneficio un plan que parec\u00eda al pronto muy acertado, pues consist\u00eda en que la portera de la casa, mujer muy buena y esmerada, le subiese lodos los d\u00edas un cocido a las doce, y se enterase de paso de su estado, etc. As\u00ed se verific\u00f3 por espacio de algunas semanas, con gran satisfacci\u00f3n de todos los que en ello entend\u00edan, hasta que un d\u00eda, cuando menos se pensaba, al subirla portera con su cocido, como de costumbre, se encontr\u00f3 con el pobre anciano muerto, y de mucho tiempo, porque estaba fr\u00edo y duro como una piedra. \u00a1Qu\u00e9 desenga\u00f1o, se\u00f1ores, para los socios, que con la mejor voluntad sin duda, pero atendiendo m\u00e1s a la necesidad material que a la espiritual, hab\u00edan ideado aquel plan y le hab\u00edan puesto en ejecuci\u00f3n!<\/p>\n<p>Siempre visitamos a personas solas, y no puede menos de suceder as\u00ed, porque cuando por ausencias o muertes queda solamente una persona en la familia adoptada, no la hemos de abandonar. Pero atendamos con la debida preferencia a su bien espiritual, y esto nos inducir\u00e1 a amonestarle para que procure ingresar en un establecimiento de caridad, si le hay, o al menos, vivir con otra familia, o con otro solitario; y no extra\u00f1emos que se nos prevenga la no adopci\u00f3n de personas solas, cuya visita ocupar\u00eda la atenci\u00f3n y el tiempo que, empleado en el cuidado de una familia, puede producir un bien incalculablemente mayor.<\/p>\n<p>Cuando encontramos ni\u00f1os en las familias que visitamos, se nos figura que todo est\u00e1 hecho con recomendarles la asistencia a la escuela o proporcionarles la admisi\u00f3n en ella. Bueno es en general hacerlo as\u00ed con tal que se procure que sean acompa\u00f1ados al ir y al volver, que tengan los padres o mayores con quienes viven, medios de asegurarse de que permanecen efectivamente en la escuela todo el tiempo debido; y en fin, que se vigile su conducta en ella. Pero nada de esto suele hacerse, y es muy posible que el ni\u00f1o o la ni\u00f1a, que con pretexto de ir a la escuela sale de su casa, se vaya a jugar con otros por las calles, como sucede desgraciadamente, y aprenda en un d\u00eda lo que acaso le perjudique m\u00e1s que le aproveche todo lo que en la escuela le ense\u00f1en en un a\u00f1o.<\/p>\n<p>Aun asistiendo con puntualidad es muy posible que pierda en la escuela un tiempo precioso, o que aprenda en ella a no hacer nada, si no se atiende con esmero a observar sus adelantos y a inquirir su modo de comportarse.<\/p>\n<p>Hay asilos en que los ni\u00f1os permanecen desde la ma\u00f1ana hasta la tarde, y dejan por lo tanto a sus padres libres para que puedan trabajar, o para que hagan otro uso de su libertad durante, casi todo el d\u00eda. Cuando se nos insta para que solicitemos el ingreso de un ni\u00f1o en alguno de estos establecimientos, debemos indagar con ma\u00f1a si su ausencia de la casa podr\u00e1 ser perjudicial al padre o a la madre o a los parientes con quienes vive, pues muchas veces lo es en gran manera, y haremos un mal verdadero, creyendo que hacemos un bien, con lograr que el ni\u00f1o sea admitido en el asilo, y falte por consiguiente de su casa todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>Para comprenderlo reflexionemos un poco sobre lo que es la familia, y la influencia incalculable que tiene su uni\u00f3n, en el bien, moral de los que la componen. Se conviene generalmente en que la mejor compa\u00f1\u00eda para un hijo es la de su padre, y para una hija la de su madre; pero no se advierte por lo com\u00fan que la mejor compa\u00f1\u00eda para un padre es la de su hijo, y para una madre la de su hija; y tanto es as\u00ed, que con dificultad se podr\u00e1 decidir si los padres hacen m\u00e1s bien a los hijos que los hijos a los padres con solo su presencia, porque en esto como en todo brilla la sabidur\u00eda al par que la bondad infinita de Dios N. Se\u00f1or, verdadero autor, de la familia.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os no suelen desmandarse en presencia de sus padres; pero \u00bfhay padre alguno, por desalmado que sea, que se atreva a faltar a ciertos deberes en presencia de su hijo, como se atrever\u00eda a hacerlo delante de personas que le son indiferentes, o estando solo? \u00bfHay alguna madre que se atreva a cometer ciertos desmanes en presencia de su hija?<\/p>\n<p>El bien espiritual de nuestros visitados nos obliga por lo tanto a investigar la verdadera causa que les mueve a pretender que sus ni\u00f1os se coloquen en asilos, y muchas veces descubriremos que no es en efecto el deseo de trabajar como suelen decirlo, sino otro objeto muy diferente, cuyo logro debemos esmerarnos por frustrar.<\/p>\n<p>Hallamos un enfermo o una enferma en la familia que visitamos, y al instante nos inclinamos a recomendar que se le lleve al hospital, porque all\u00ed, decimos, tendr\u00e1 asistencia facultativa y medicinas, de que en su miserable buhardilla carece. El consejo ser\u00eda muy acertado si el doliente estuviese solo; pero si no lo est\u00e1, \u00bfllama nuestra atenci\u00f3n el bien espiritual tanto del enfermo como de su familia, con la preferencia debida al darle? \u00bfConsideramos que los cuidados de una esposa, de una madre, de una hija, por pobres que sean, valen m\u00e1s que todos los hospitales del. mundo, y. que nada estrecha a veces los dulces v\u00ednculos de una familia como una enfermedad? \u00bfCu\u00e1ntos rencores y animosidades inveteradas ha hecho desaparecer una enfermedad, y cu\u00e1ntas reconciliaciones sinceras se han verificado en el lecho del dolor? \u00bfY no ser\u00e1 una l\u00e1stima que cuando la dolencia corporal de nuestro enfermo pueda conducir a la cura de la espiritual, mucho m\u00e1s peligrosa, nuestro celo indiscreto lo impida por atender al alivio de su cuerpo y olvidarnos del de su alma?<\/p>\n<p>Descubrimos que aquel matrimonio que visit\u00e1bamos hac\u00eda ya alg\u00fan tiempo no lo es realmente, que aquellos hijos que hemos acariciado no son leg\u00edtimos, y al momento buscamos el alivio de tan grave mal, y con la mejor intenci\u00f3n, pero sin el suficiente examen; \u00bfy qu\u00e9 resulta? Que hacemos mal, creyendo hacer bien, con acelerar todo lo posible la uni\u00f3n leg\u00edtima de aquellos pobres sin omitir medio alguno ni diligencia al efecto, pero olvid\u00e1ndonos de la verdadera importancia de lo que estamos procurando y de las consecuencias que podr\u00e1 tener. Porque aquellos que viven mal y cuya uni\u00f3n, es verdad, se puede legitimar por medio del matrimonio, \u00bfsabr\u00e1n lo que es este sacramento y las obligaciones que impone? \u00bfTendr\u00e1n la suficiente instrucci\u00f3n para contraerlo? \u00bfPodr\u00e1n ser buenos casados? Es muy com\u00fan el carecer de todos esos requisitos los que se hallan en tan desgraciada situaci\u00f3n, y no basta para sacarles de ella el conseguir que se casen, pues si bien es verdad que viven en pecado, tambi\u00e9n lo\u2019 es. que despu\u00e9s de casados podr\u00e1n vivir en pecado, y seg\u00fan nos lo ense\u00f1an los expositores de la doctrina de nuestra santa madre la Iglesia, de mayor gravedad. \u00a1Cu\u00e1ntos ejemplos se est\u00e1n viendo por desgracia, y qu\u00e9 f\u00e1cil es contribuir a que se aumenten, si no se procede en tan delicada materia con el tino y la mesura que requiere! Nosotros hemos tenido que entender en bastantes casos de esta naturaleza, y raro, muy raro, ha sido aquel en que los amancebados no carec\u00edan de la instrucci\u00f3n m\u00e1s indispensable para contraer matrimonio, y en qu\u00e9 para d\u00e1rsela, no nosotros, sino los Se\u00f1ores miembros de honor que caritativamente se han prestado al efecto, han tenido que trascurrir menos de dos o tres meses. Durante este tiempo ha habido que separarlos, por supuesto, y para lograr que se prestasen a ello y. a recibir la instrucci\u00f3n dicha se ha necesitado poner en juego lodos los resortes de nuestro ascendiente, y todos los esfuerzos de nuestra persuasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfy qu\u00e9 resulta cuando as\u00ed no se hace? Que se casan m\u00e1s o menos gustosos y faltan luego a los deberes sagrados del matrimonio con la mayor facilidad, incurriendo en los pecados m\u00e1s graves, y acaso maldiciendo la hora en que contrajeron aquel santo nudo.<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n se debe intentar casi siempre, y en muchos casos ser\u00e1 el remedio m\u00e1s seguro del mal que tratamos de combatir, aun cuando no lo parezca a primera vista.<\/p>\n<p>Referiremos solo un hecho por no molestar, entre los muchos que pudi\u00e9ramos citar aqu\u00ed en prueba de lo que venimos observando.<\/p>\n<p>A una de las Conferencias de esta Corle recomend\u00f3 un Se\u00f1or Sacerdote <em>un matrimonio<\/em> muy necesitado, y por el que se interesaba vivamente como confesor de la mujer. Ten\u00edan dos hijos, y en efecto su necesidad era extrema. Sus visitadores se esforzaron por procurarles socorros extraordinarios y ocupaci\u00f3n, logrando por fin colocarlos con bastantes ventajas y sin dejar por eso de visitarlos, con la mira de mantener en ellos la buena armon\u00eda, porque hab\u00edan observado que re\u00f1\u00edan a veces. Un d\u00eda, la ri\u00f1a pas\u00f3 a m\u00e1s de lo acostumbrado, y se descubri\u00f3 que no estaban casados con asombro de los visitadores, que nunca hab\u00edan tenido la menor sospecha de su triste situaci\u00f3n. Se trat\u00f3 inmediatamente, como era natural, de legitimar su uni\u00f3n, de darles la instrucci\u00f3n necesaria, de buscar los documentos, etc.; pero el futuro marido averigu\u00f3 la casa de uno de los visitadores, y present\u00e1ndose a \u00e9l le dijo poco mas\u00f3 menos las siguientes palabras. \u00abYo debo a ustedes tantos favores que nada les puedo negar. Ustedes quieren que me case, y estoy pronto a hacerlo: pero debo advertirles que me van a hacer el hombre m\u00e1s desgraciado del mundo, porque la mujer a la que me voy a unir para siempre es una verdadera arp\u00eda, y si hasta aqu\u00ed se ha conducido conmigo como tal (refiri\u00f3 algunos hechos que lo probaban demasiado), es evidente que cuando sea mujer propia se conducir\u00e1 peor si cabe. Sin embargo, har\u00e9 lo que ustedes me digan y ma\u00f1ana mismo, si as\u00ed lo quieren, voy a la vicar\u00eda.<\/p>\n<p>El socio, conmovido por la declaraci\u00f3n de este hombre, y asombrado a la vez de su deferencia y abnegaci\u00f3n, le dijo que esperase, que ten\u00eda que meditar y consultar antes de resolver una cosa tan delicada, y que entre tanto no pod\u00eda menos de agradecerle mucho la confianza que le dispensaba.<\/p>\n<p>Se medit\u00f3 el caso, se consult\u00f3, y pareci\u00f3 m\u00e1s acertada la separaci\u00f3n; pero se hall\u00f3 la dificultad de conseguirla por el pronto y fue preciso suspender la visita.<\/p>\n<p>A poco tiempo murieron los dos ni\u00f1os, ella le dej\u00f3 por otro y el hombre se encontr\u00f3 libre como por encanto, y no acaba de temblar al recordar el peligro en que se hall\u00f3 de verse unido para siempre con tan depravada mujer.<\/p>\n<p>Pero sigamos indicando otros errores en que solemos incurrir con frecuencia, pues nos interesa sobre manera reconocerlos.<\/p>\n<p>El Reglamento prescribe que nuestros socorros sean en especie y que se escaseen todo lo posible los en met\u00e1lico. Adem\u00e1s nos est\u00e1 tambi\u00e9n muy encargado que no demos dinero de nuestro bolsillo a las familias que visitamos. Se comprenden f\u00e1cilmente algunas sino todas las razones de estas prescripciones, dimanadas de la observaci\u00f3n y de la experiencia de muchos a\u00f1os; pero el amor propio, m\u00e1s o menos disfrazado para enga\u00f1arnos, se resiste a su fiel observancia, y llegan casos en que aprendemos de un modo demasiado terrible, que hemos obrado mal creyendo obrar bien al atrevernos a proceder de otro modo.<\/p>\n<p>Citaremos uno solo, pero que vale por diez, con la mira de fijar bien la importancia de atenernos en esto como en todo a nuestro Reglamento con escrupulosidad.<\/p>\n<p>\u00abVisitaba una de nuestras Conferencias de Madrid a un matrimonio model\u00f3, j\u00f3venes ambos, trabajadores, con hijos sanos y bien criados; en fin, una de aquellas familias que tanto se goza en visitar. Cay\u00f3 enfermo el marido, y por la mala disposici\u00f3n de la habitaci\u00f3n que ocupaban y otras causas fue preciso trasladarlo al santo hospital. Visitado all\u00ed de continuo por la esposa y por nosotros mismos, fue asistido con bastante esmero, y unido esto a su buena constituci\u00f3n, se logr\u00f3 pronto que entrase en la convalecencia. En este estado se hallaba cuando uno de los visitadores recibi\u00f3 el encargo de dar a aquella buena mujer un peque\u00f1o socorro en dinero (10 rs.), o tal vez se lo dio de su bolsillo y sin contar con la Conferencia. Las consecuencias no pudieron ser m\u00e1s fatales. Con aquellos 10 reales compr\u00f3 la mujer una empanada de ternera que logr\u00f3 introducir en el hospital y hacer comer al pobre marido, llevada de la idea, tan general entre las gentes necesitadas, de que los enfermos padecen de hambre, no considerando la dieta que se les impone como una medida higi\u00e9nica, sino figur\u00e1ndose que es por econom\u00eda que con ellos se usa. Se la comi\u00f3 sin gana, y cuando todav\u00eda estaba a media dieta, resultando que no la pudo digerir y muri\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente. Asombrado el m\u00e9dico de la sala al advertir el cambio tan repentino que el enfermo hab\u00eda experimentado, \u00e9l mismo declar\u00f3 lo que lo hab\u00eda ocasionado, y aun cuando se trat\u00f3 de evitar los efectos, no fue posible lograrlo.<\/p>\n<p>No hay regla sin excepcion, y ya se sabe que ocurren necesidades de tal naturaleza y tan perentorias que el socorro en met\u00e1lico es el \u00fanico que puede aliviarlas; pero estos casos son muy raros, y aun en ellos mismos hay que mirar mucho lo que se da, y c\u00f3mo se da, seg\u00fan nos lo encarga el Reglamento.<\/p>\n<p>Rep\u00e1rese que en el que se acaba de citar la cantidad no fue excesiva, ni dada a persona que no se conociese bien. Era una buena mujer, una buena madre de familia; y sin embargo mat\u00f3, se puede decir, a su marido, no por supuesto con intenci\u00f3n, pero por ignorancia que no hubiera producido semejante resultado si no hubiera sido por aquellos fatales 10 reales.<\/p>\n<p>La enumeraci\u00f3n de todos los errores en que incurrimos en la pr\u00e1ctica de las obras de caridad nos llevar\u00eda mucho m\u00e1s tiempo del que podemos emplear aqu\u00ed; y as\u00ed preciso ser\u00e1 suspenderla, se\u00f1alando para concluir el m\u00e1s grave tal vez; y al mismo tiempo el m\u00e1s com\u00fan que solemos padecer.<\/p>\n<p>Confundimos f\u00e1cilmente el <em>deber<\/em> de la caridad con el <em>consejo<\/em> de la misma virtud, esto es, nos figuramos que la limosna, tanto espiritual como material, es m\u00e1s bien de consejo que de precepto, y de esta equivocaci\u00f3n dimanan las m\u00e1s perniciosas consecuencias para nuestros pobres y para nosotros mismos, como se ve por desgracia con harta frecuencia.<\/p>\n<p>Todos sabemos que la santa Ley de Dios nos obliga a amarle sobre todas las cosas y a amar al pr\u00f3jimo como a nosotros mismos; pero no consideramos hasta d\u00f3nde nos debe llevar uno y otro amor, y es muy de temer que en el d\u00eda de la cuenta nos hallemos, aunque tarde, con el m\u00e1s cruel desenga\u00f1o en esta parte, que es cabalmente en la que se resume toda la ley.<\/p>\n<p>Porque, se\u00f1ores, el amor al pr\u00f3jimo bien entendido, \u00bfpermitir\u00e1 que el pr\u00f3jimo padezca, sea moral sea f\u00edsicamente, sin que se procure su consuelo y alivio con eficacia? \u00bfAman al pr\u00f3jimo los que no dan limosna, y aun los que no la dan en la debida proporci\u00f3n con su haber? \u00bfSe comprende que ame al pr\u00f3jimo el que gasta con profusi\u00f3n en procurar goces a su miserable cuerpo, o satisfacciones a su loco orgullo, mientras que sus hermanos padecen hambre, fr\u00edo, y todas las privaciones de la pobreza?<\/p>\n<p>Los pobres que tanto bien nos pueden hacer, los pobres que nos pueden salvar, \u00bfno es bien sensible que por nuestra falta de amor nos hayan de condenar? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 nuestro juicio cuando les volvemos la espalda, cuando los despreciamos, cuando no los socorremos con nuestro tiempo, con nuestro dinero, y sobre todo con nuestro coraz\u00f3n? \u00a1Ah, y cu\u00e1nto lo lloraremos alg\u00fan d\u00eda! \u00a1Cu\u00e1nto nos arrepentiremos de no habernos sabido aprovechar, durante nuestra peregrinaci\u00f3n por este valle de l\u00e1grimas, de las incomparables ventajas que el amor al pr\u00f3jimo nos ofrec\u00eda!<\/p>\n<p>Distingamos con cuidado el precepto del consejo.\u2014No todos seguramente estamos llamados a vender cuanto tenemos <em>y<\/em> a darlo de limosna. Pero \u00bfhay alguno que no est\u00e9 obligado a amar al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo? Pues si todos estamos Obligados a este amor, \u00bfqu\u00e9 hacemos de m\u00e1s cuando visitamos al pobre, cuando le consolamos, cuando asistimos a la Conferencia para tratar con nuestros consocios de su socorro y alivio, y en fin, cuando practicamos todas las obras propias de nuestra humilde Sociedad? \u00bfQu e derecho tenemos a la alabanza de los hombres, y por qu\u00e9 nos engr\u00eden sus elogios? \u00bfpor qu\u00e9 nos hieren sus calumnias o desprecios?\u00bfNo se est\u00e1 viendo aqu\u00ed claramente el efecto pernicioso del error en que incurrimos al persuadirnos, o m\u00e1s bien al dejarnos persuadir por el enemigo de nuestra salvaci\u00f3n, de que estamos haciendo grandes cosas, grandes actos de virtud, cuando solo somos en verdad siervos in\u00fatiles y llenos de imperfecciones, que nos hemos unido para cumplir m\u00e1s f\u00e1cilmente un deber y nada m\u00e1s?<\/p>\n<p>Se\u00f1ores y amados hermanos en Jesucristo. Reconocer el error es dar el primer paso hacia su correcci\u00f3n. Nos interesa por lo tanto sobremanera fijar bien nuestra atenci\u00f3n sobre las equivocaciones que padecemos, y animarnos a corregirlas. Las que se acabando indicar brevemente no son las \u00fanicas en que solemos incurrir. Otras hay que, como dijimos al principio, nos falta tiempo para hablar de ellas; pero de unas y de otras nos podemos librar con el auxilio de la divina gracia, que no nos faltar\u00e1 seguramente si le pedimos de coraz\u00f3n. Venimos, pues, a parar como siempre en la necesidad de la oraci\u00f3n, que es la principal de todas las que tenemos, y en que su importancia supera a todo encarecimiento. M\u00e1s como las obras buenas hechas con pureza de intenci\u00f3n, son por s\u00ed ya una especie de oraci\u00f3n, confiemos en que la misericordia del Se\u00f1or se nos conceder\u00e1 si practicamos fielmente y con verdadera humildad todo lo que nuestro reglamento nos prescribe. Esmer\u00e9monos particularmente en decir con el mayor fervor las oraciones que usamos al principiar y al terminar nuestras reuniones semanales, poniendo en ellas m\u00e1s confianza que en el n\u00famero de Socios que componen la Conferencia a que asistimos, o en el estado de su caja.<\/p>\n<p>Si la Conferencia es poco numerosa, acord\u00e9monos de que cuando se re\u00fanen dos o tres en el nombre de Jes\u00fas, all\u00ed est\u00e1 el mismo Jes\u00fas en medio de ellos para animarlos, iluminarlos y fortalecerlos.<\/p>\n<p>Si los recursos escasean, recordemos el dicho de Santa Teresa, en ocasi\u00f3n de no tener dinero para una obra que se proyectaba: \u00abTeresa y una moneda nada valen, pero no es calculable el valor de Dios, Teresa y una moneda.\u00bb<\/p>\n<p>Se\u00f1ores, estas reuniones de Reglamento que tenemos en los cuatro d\u00edas del a\u00f1o que en el mismo se fijan, no fueron seguramente establecidas para elogiarnos, ni para recibir en ellas encomios por a lo poco que hacemos en la pr\u00e1ctica de la santa caridad.<\/p>\n<p>Muchas veces, sin embargo, se dicen aqu\u00ed cosas que podr\u00edan halagar demasiado nuestro amor propio, siempre inclinado a recibir bien lo que le nutre, y es de temer que si examinamos concienzudamente nuestras faltas, nuestras debilidades y los errores en que incurrimos, hallemos que mientras nos figuramos que estamos sacrific\u00e1ndonos en el servicio del pobre, realmente hacemos muy poco por \u00e9l, y aun eso poco muy imperfectamente.<\/p>\n<p>Persuad\u00e1monos, pues, de que los elogios que se hacen de nosotros tanto en estas juntas como en cualquiera otra ocasi\u00f3n; estamos lejos de merecerlos, al paso que la cr\u00edtica m\u00e1s o menos amarga que de nuestros actos e intenciones se haga, podr\u00e1 no ser justa, pero siempre nos ser\u00e1 provechosa, si acertamos a recibirla bien y a aplicarla i a la cura de nuestro orgullo.<\/p>\n<p>La Sociedad hace alg\u00fan bien, gracias a la bondad de Dios que inspir\u00f3 a sus humildes fundadores su instalaci\u00f3n y su organizaci\u00f3n; y que la sostiene y protege visiblemente; pero guard\u00e9monos mucho de confundir la Sociedad con los socios, y de atribuirnos lo que a ella, pertenece. Admiremos m\u00e1s bien lo que hace Dios Nuestro Se\u00f1or por su medio, a pesar de nuestras muchas imperfecciones, y que esto mismo nos haga reconocer la verdadera mano que la conduce y gu\u00eda, repitiendo con el coraz\u00f3n m\u00e1s que con la boca: \u00abNo a nosotros, Se\u00f1or, no a nosotros, sino a tu santo nombre sea dada la gloria por todos los siglos de los siglos.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 30 DE ABRIL DE 1865. A continuaci\u00f3n el Sr. Presidente del Consejo Superior pidi\u00f3 la venia del Excmo. 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