{"id":404350,"date":"2023-07-08T08:53:10","date_gmt":"2023-07-08T06:53:10","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404350"},"modified":"2023-01-18T11:48:19","modified_gmt":"2023-01-18T10:48:19","slug":"santiago-masarnau-sobre-la-sencillez-humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-sencillez-humildad\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre la sencillez, humildad\u2026)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00eda 8 DE DICIEMBRE DE 1881<\/p>\n<p>Uno de los Vicepresidentes del Consejo Superior en representaci\u00f3n del Sr. Presidente que se hallaba enfermo, dio gracias al Excmo. Sr. Obispo Auxiliar, en nombre de la Junta, por el honor que nos dispensaba con su asistencia, y solicit\u00f3 su permiso para dar lectura al discurso que, seg\u00fan costumbre, se hab\u00eda escrito para este acto. Obtenida la venia de S. E., uno de nuestros consocios ley\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>Excmo. Se\u00f1or:<\/p>\n<p>Sres. Miembros de honor;<\/p>\n<p>Queridos hermanos en Nuestro Se\u00f1or Jesucristo: Fortalecidos con el Sacramento eucar\u00edstico, que enciende el fuego santo de la caridad, y reunidos hoy en la hermosa y solemne festividad de la Inmaculada Concepci\u00f3n, formando un solo coraz\u00f3n y una sola alma, bajo la paternal presidencia del Excmo. o Illmo. Prelado que se ha dignado asistir a esta Junta, y a cuya bondad correspondemos con el homenaje de nuestra gratitud, el santo esp\u00edritu de fraternidad, virtud que tanto se nos recomienda en el Reglamento, y como su natural consecuencia, el amor o nuestra humilde Sociedad, surgen en la mente, que sin quererlo, recuerda el puro afecto, la \u00edntima amistad de los cristianos de los primeros siglos, tan opuestos al ego\u00edsmo, al odio y a la indiferencia de los actuales tiempos.<\/p>\n[\u2026] para el que pide vuestra ben\u00e9vola atenci\u00f3n v reconocida indulgencia, siquiera en justa correspondencia del acendrado afecto que os profesa, el m\u00e1s indigno de vuestros consocios.<\/p>\n<p>La amistad, dulce sentimiento que multiplica nuestra existencia, fusi\u00f3n de las almas que constituye la felicidad de la vida, y no se debilita con la ausencia o el infortunio, es verdaderamente un don dol cielo. Sostenida por m\u00fatuas atenciones, y por un sentimiento de \u00edntima confianza, vive en la comuni\u00f3n de afectos y de gustos, y en caso necesario infunde valor y fortaleza. Y si se funda en la virtud, es inquebrantable y noble, porque todo lo bueno y lo santo proviene de Dios. Entonces pasa a ser, en grado m\u00e1s eminente, amor fraternal, v\u00ednculo m\u00e1s fuerte y s\u00f3lido, y se propone un mismo fin, y emplea su tiempo y sus fuerzas en unificar los mismos intereses y los mismos goces, para adquirir mayor suma de felicidad y ofrecer al mundo el hermoso espect\u00e1culo de muchas voluntades (por s\u00ed mismas tan inconstantes y diversas), reunidas en una sola para amarse, como la prueba m\u00e1s evidente de su amor a Dios.<\/p>\n<p>\u00bfNo es esto un verdadero milagro? \u00bfY c\u00f3mo podr\u00e1 hoy realizarse? \u00bfAcaso el ego\u00edsmo, la indiferencia, la falta de caridad y de piedad permitir\u00e1n que se produzca este singular fen\u00f3meno? \u00bfDe d\u00f3nde podr\u00e1 surgir un hecho que infunde por si solo tan halag\u00fce\u00f1as esperanzas de regeneraci\u00f3n social, que resucito el elevado car\u00e1cter cristiano que hoy casi no existe, y de como resultado las m\u00e1s excelentes virtudes? Perdonadme, si ofendiendo tal vez vuestra modestia, aunque sin el temor de engre\u00edros, y consignando solo un hecho cierto, os digo con toda sinceridad que en nuestra humilde Asociaci\u00f3n es donde pueden los esc\u00e9pticos y los incr\u00e9dulos hallar vivo y palpitante este para ellos dulce ensue\u00f1o, realidad imposible, vana utop\u00eda. Unidad de miras para hacer el bien en todas partes; perseverancia, acompa\u00f1ada del sacrificio del tiempo, de los intereses, quiz\u00e1 de la vida, para socorrer al pr\u00f3jimo necesitado y desvalido; mutuo y fraternal afecto, sostenido por una Religi\u00f3n sublime y santa, he aqu\u00ed lo que en ella se encuentra, y por lo que le debemos, como dice muy bien nuestro Reglamento, sumo amor, como hijos bien criados, que quieren m\u00e1s a su madre, por humilde que sea, que a todas las dem\u00e1s mujeres, por notables que las hagan sus riquezas o sus gracias. \u00a1Cu\u00e1nto no le debemos! Si examinamos los motivos que la hacen acreedora a nuestra gratitud, veremos que consisten principalmente en el mucho bien que nos hace, y en el que por mediaci\u00f3n nuestra hace a los pobres y al mundo \u00bf???<\/p>\n<p>Comencemos por el beneficio personal\u00edsimo que nos otorga. Recordad, amados consocios, la \u00e9poca de vuestro ingreso en la Sociedad, y qu\u00e9 m\u00f3vil, ya fuese la dulce insinuaci\u00f3n de un buen amigo, ya la bondad que m\u00e1s o menos puso Dios en todos los corazones, ya el placer que tiene en dar aquel a quien le sobra, ya alg\u00fan dolor que busca para su alivio el remediar m\u00e1s graves dolores, o la noble ambici\u00f3n de practicar el bien en mayor escala, uniendo los esfuerzos y los recursos individuales, d\u00e9biles de suyo, a la poderosa palanca de una asociaci\u00f3n ben\u00e9fica; qu\u00e9 m\u00f3vil, repito, os impuls\u00f3, o cu\u00e1l de estas inspiraciones obedecisteis. Y considerad despu\u00e9s con qu\u00e9 benevolencia y franco j\u00fabilo, con qu\u00e9 expansi\u00f3n y cordialidad, cual si de antiguo os conociera, os acogi\u00f3 en su amante seno. Y os hallasteis entre hermanos, constituyendo una sola familia, participando de los mismos bienes, un\u00e1nimes en los prop\u00f3sitos caritativos, guiados dulcemente hacia la perfecci\u00f3n cristiana, con grandes ejemplos que imitar, y eficaces consuelos en las amarguras de la vida o en las horas penosas de la enfermedad, con fervorosas oraciones que imploraban y alcanzaban para vosotros las misericordias del Alt\u00edsimo. Y cuando la buena fe va desapareciendo, y la mentira, bajo todas sus formas, se ostenta en nuestras costumbres, y la duda o la desconfianza dominan tanto en nuestras relaciones sociales, \u00bfes peque\u00f1o favor hallar un hermoso centro, una Asociaci\u00f3n bendita, que cual tabla de salvaci\u00f3n en el mar proceloso de nuestras pasiones, nos pone en comunicaci\u00f3n con la verdad, la sencillez, la ingenuidad, la merecida confianza y el puro afecto de la fraternidad cristiana?<\/p>\n<p>Para apreciar mejor tantas ventajas, examinemos lo que son algunas de estas buenas cualidades. La veracidad es una virtud moral, que consiste en la conformidad de nuestras palabras con nuestros pensamientos. Todos convienen en que la mentira (vicio opuesto a esta virtud) es odiosa, y en que el hombre debe manifestarse siempre veraz y sincero; pero es lo cierto que vivimos entre afectaci\u00f3n y disimulo. Apenas es posible ser siempre veraz hablando en sociedad; y solo un hombre muy virtuoso e independiente puede emitir con santa libertad sus ideas. A todos agrada la verdad; pero nadie quiere o\u00edrla a propia costa. He aqu\u00ed por qu\u00e9 a la franqueza se la mira como defecto; y se emplea el disimulo para captarse la confianza y la benevolencia ajena. Y, sin embargo, la verdad es indispensable en todas partes, lo mismo en el trato social que en la intimidad de la familia; y el hombre veraz es respetado, solicitado y amado por todos los que profesan la honradez y conocen lo que vale.<\/p>\n<p>La sencillez de coraz\u00f3n es una virtud que excluye toda duplicidad y mentira, y que en todo busca la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Resultado de la inocencia y la bondad, es un bien necesario, y viene a ser para el mundo espiritual como la luz para el mundo de la naturaleza. Indispensable entre las almas que se aman, constituye el m\u00e1s fuerte v\u00ednculo de sus afectos. Va unida casi siempre a un bu en car\u00e1cter, a una conciencia recta y a una verdadera modestia. El que la tiene es siempre el mismo en todo y ante toda clase de personas, en p\u00fablico y en privado; practica la caridad sin acepci\u00f3n de personas, con ricos o con pobres, con grandes o con peque\u00f1os; manifiesta siempre la alegr\u00eda que produce el testimonio de una buena conciencia; confiesa la verdad sin disimulo, aunque sea en contra suya, soportando tranquilamente el desprecio de s\u00ed mismo; y aborrece la doblez, obrando siempre con pureza de intenci\u00f3n,<\/p>\n<p>La ingenuidad es una preciosa cualidad del alma que se manifiesta sin velos ni rodeos, porque no tiene mancha o deformidad que la averg\u00fcence. Muy agradable es la conversaci\u00f3n y trato con los que poseen una virtud tan preciosa, porque su alma viene sin esfuerzo a reflejarse en sus ojos, en sus palabras y ademanes; y en todas circunstancias se captan el aprecio general.<\/p>\n<p>Todas estas virtudes granjean a las personas que las tienen la estimaci\u00f3n de las otras; y si adem\u00e1s son prudentes y circunspectas, consiguen esa confianza tan indispensable en esta vida al pobre coraz\u00f3n humano, que anda siempre en busca de verdad y de consuelos.<\/p>\n<p>No faltan en el mundo cosas bellas y que ofrezcan atractivo: el talento, la riqueza, la belleza, las elevadas posiciones, tienen sus encantos; pero precisamente en eso est\u00e1 el peligro, porque son sobremanera temibles la seducci\u00f3n y el halago que ocultan con p\u00e9rfida sonrisa, hasta que con la adversidad o la muerte reve\u00edan lo que son.<\/p>\n<p>En nuestra humilde Sociedad se evitan estos inconvenientes en gran parte: hay en nuestras Conferencias una atm\u00f3sfera m\u00e1s pura, donde se respira con m\u00e1s libertad; y siente el \u00e1nimo una impresi\u00f3n semejante a la que experimenta el desgraciado cuando se le acoge en mi santo asilo. La cordialidad, la tranquilidad y la uniformidad de sentimientos y de ideas, forman extra\u00f1o contraste con el desasosiego, el bullicio, el ardor febril y la actividad incesante que se observa en el mundo. Parece que un especial favor divino libra a nuestra Sociedad de la corriente que hoy lo arrastra todo a los abismos de la contradicci\u00f3n y de los errores modernos. Y, sin embargo, no podemos permanecer indiferentes a las tristezas y a las alegr\u00edas del mundo, porque nos unen con \u00e9l simp\u00e1ticas influencias, aunque neutralizadas por el odio y las terribles divisiones de los hombres. Mientras que a todas horas muchos sufren o mueren v\u00edctimas de la pobreza, de la injusticia y de la Opresi\u00f3n, hay otros que nada sienten, y que r\u00eden y apuran hasta las heces de la copa del placer. As\u00ed es el siglo actual, que a\u00edsla a la humanidad con abismos insondables de ego\u00edsmo y de rencores. En noche tan oscura, hace falta que resplandezca la luz divina que desvanezca las tinieblas, disipe la tristeza tan generalizada por todas partes, junte los corazones satisfechos con los corazones hambrientos, destierre las preocupaciones, la desconfianza, la incredulidad y la ignorancia que abundan en las ciudades, y combata sobre todo la fuerza disolvente del mal, que separa a estas pobres almas de las almas que las buscan y quieren sacrificarse por ellas. Vivimos entre l\u00e1grimas y suspiros; apenas hay quien no sienta en su seno Ia aguda punta del dolor que se reconcentra en lo profundo del alma, porque no hay quien lo remedie. Aun los pobres, m\u00e1s que la pobreza misma, sienten el abandono de sus 22 hermanos los ricos. Ahora bien; si todos los hombres se amasen, la tierra no ser\u00eda un valle de l\u00e1grimas; y esta es la noble misi\u00f3n de las asociaciones caritativas. Acercarse a los desgraciados, consolarles, tenderles una mano amiga que los levante de su penoso abatimiento, multiplicar el n\u00famero de sus individuos, haciendo un llamamiento a todos los corazones generosos para que les ayuden y extiendan la esfera de su acci\u00f3n; ved aqu\u00ed lo que hacen nuestras amadas Conferencias, en las que tanto se goza porque se ama, y donde reina la alegr\u00eda que produce el deseo de hacer todo el bien posible.<\/p>\n<p>Nuestras reuniones semanales, gratos momentos de placer y de reposo entre los negocios, empleos u ocupaciones de todos los d\u00edas; las pac\u00edficas y breves discusiones que tenemos para aliviar la suerte de nuestros queridos pobres; el celo de los que solicitan y exponen conmovedoras necesidades, piden remedios urgentes o refieren actos heroicos; la resignaci\u00f3n y conformidad del que no logra lo que pide; la visita <em>a secas,<\/em> seg\u00fan la califica uno de nuestros m\u00e1s joviales presidentes, o sea sin bonos, por no cubrirse con la colecta el d\u00e9ficit; visita que ensalza la humildad y mortifica el amor propio, y que si no lleva pan al hambriento, le proporciona la limosna espiritual, objeto principal de ella; los socorros extraordinarios que en dif\u00edciles circunstancias parecen como bajados del cielo y causan inmensa alegr\u00eda, porque enjugan muchas l\u00e1grimas y remedian muchos males; todos estos beneficios debemos a nuestra querida Sociedad; y como la limosna en el orden de la Providencia enriquece al que la da, si lo calculamos bien, recibimos m\u00e1s que damos, siendo nuestra Asociaci\u00f3n y los pobres nuestros principales bienhechores. Al mundo le parece esto extra\u00f1o; habituado a dar para recibir, a contar y comerciar en lo moral y en lo material, a realizar lo que llama ganancias positivas, no comprende qu\u00e9 resorte mueve estos esfuerzos caritativos; y ni aun se le ocurre pensar en las recompensas de la otra vida, porque le falta la fe. Tiene la desdicha de mirar las cosas bajo falsos prismas, y no ve por eso que el pobre es un tesoro, y que la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal dispone, como San Lorenzo, de tesoros inmensos. Somos verdaderamente afortunados los que, gracias a Dios, vivimos de la fe, y vemos en el menesteroso, no el ser in\u00fatil y asqueroso cuya presencia mortifica al mundo, sino al mismo Jesucristo, que cubierto de harapos, hambriento y menospreciado, se digna admitir nuestras peque\u00f1as ofrendas.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed por qu\u00e9 el respetable anciano agobiado por el peso de los a\u00f1os, sube tr\u00e9mulo y contento a un quinto piso, cerca del cielo, donde nos dijo la Verdad Eterna que coloquemos nuestros tesoros para que no los consuman el or\u00edn y la polilla; y en aquella pobre vivienda descansa y goza, besa a los cinco o seis ni\u00f1os que le rodean, unidades de la pobreza que el \u00e1ngel de su guarda agrega a los millones de sus actos caritativos, y se va tranquilo y con alegr\u00eda en el coraz\u00f3n, bien persuadido de que nadie le robar\u00e1 aquellas riquezas que tiene en sus amados pobres. Y el joven que milita en nuestras filas, al ver semejante ejemplo, siente en su coraz\u00f3n, abierto siempre al amor y a la compasi\u00f3n, un nuevo ardor, un santo entusiasmo por unos hechos que verdaderamente engrandecen, y renuncia a l\u00edcitos placeres, a leg\u00edtimas recreaciones, para ir a los hospitales o a las buhardillas a recibir bendiciones, a aprender las tristes eventualidades de la vida, a adquirirla solidez de juicio que forma los grandes caracteres, y sobresalir en la admirable ciencia de ser \u00fatil a sus pr\u00f3jimos.<\/p>\n<p>De esta manera el socio de San Vicente de Pa\u00fal se mejora, se hace bien a s\u00ed mismo, que esto tiene de particular la caridad, beneficio incalculable que se debe, no lo olvidemos; al ingreso en la Sociedad. Conocernos y amarnos mutuamente; servir y amar a los pobres; he aqu\u00ed los principales objetos de nuestra Asociaci\u00f3n: caridad entre nosotros en primer t\u00e9rmino; caridad despu\u00e9s con los pobres, porque si nos falta la primera, no podremos practicar la segunda, y nuestras obras ser\u00e1n est\u00e9riles, como lo es el \u00e1rbol al que no alimenta vigorosa savia.<\/p>\n<p>A estas evidentes ventajas puede a\u00f1adir el socio una important\u00edsima, de un valor infinito, la de alcanzar la perseverancia final, y con ella una buena muerte. Dec\u00eda nuestro Santo Patrono que el hombre caritativo mor\u00eda contento, con la conciencia tranquila, en paz y santa resignaci\u00f3n, puesta experiencia de su larga vida le hab\u00eda ense\u00f1ado cu\u00e1n exactamente se cumpl\u00edan aquellas palabras del Salmo: \u00abBienaventurado el que alivia y socorre al pobre, porque en el d\u00eda malo lo librar\u00e1 el Se\u00f1or.\u00bb Y aun la muerte que llama el P. Faber triunfante, se ha visto alguna vez entre nosotros. No hace muchos a\u00f1os pasaba de esta vida un consocio nuestro, [\u2026] la que es consuelo de moribundos, cual cisne que reserva para su muerte las notas m\u00e1s armoniosas y los acentos m\u00e1s suaves de su canto.<\/p>\n<p>En aquella hora solemne, en que se conoce la vanidad de las cosas y se van a descubrir los misteriosos arcanos de otro mundo, en que ya todo nos falla, salud, tiempo y vida, y los afectos puros y ardientes de la familia luchan con los deberes de la conciencia,<\/p>\n<p>necesita, as\u00ed para empezar como para sostenerse, buena voluntad \\ mucha fe.<\/p>\n<p>Si la Divina Providencia hubiera decretado qu\u00e9 pase nuestra Sociedad por duras pruebas; si le cupiese la dicha de merecer esa gracia eminent\u00edsima de la tribulaci\u00f3n, no dejemos las fuertes armas de la paciencia y la mansedumbre, con que la defenderemos y haremos invencible. \u00abNunca tenemos, dec\u00eda nuestro Santo Patrono, tantos motivos para consolarnos como cuando nos agobian los sufrimientos y los trabajos que nos asemejan a Jesucristo. Si conoci\u00e9semos el tesoro precioso que encierra la tribulaci\u00f3n, la recibir\u00edamos con la misma alegr\u00eda que un suceso favorable y ventajoso.\u00bb Un d\u00eda en que su Congregaci\u00f3n sufri\u00f3 una p\u00e9rdida cuantiosa de intereses, le dijo estas palabras: \u00abHace tiempo que todo iba a medida de nuestros deseos, y comenzaba a temer las consecuencias de esta prosperidad; ahora bendigamos a Dios, que se ha dignado visitarnos con esta prueba de su bondad.\u00bb<\/p>\n<p>Escasear\u00e1n quiz\u00e1 los recursos pecuniarios en las Conferencias mientras soplen contrarios vientos; prodiguemos entonces la limosna espiritual del aviso, del consuelo, del saludable consejo o de la \u00fatil ense\u00f1anza que previene y ahoga en germen la ociosidad, la imprevisi\u00f3n y la mala conducta, causas muchas veces de la pobreza. La tempestad pasar\u00e1; algunas ramas desgajadas del \u00e1rbol de la caridad yacer\u00e1n por tierra; pero el tronco permanecer\u00e1 firme para reto\u00f1ar despu\u00e9s m\u00e1s fuerte y vigoroso.<\/p>\n<p>Creyendo interpretar bien vuestros sentimientos, terminar\u00e9 estas breves reflexiones implorando humildemente con fervoroso ruego la intercesi\u00f3n de la Virgen Inmaculada, siempre clemente y propicia, para que, pues nos fue concedido pertenecer a tan amable Asociaci\u00f3n, nos alcance de su Sant\u00edsimo Hijo la gracia de perseverar en ella y bendecirla en los postreros momentos de nuestra vida, consider\u00e1ndola como un \u00e1ngel de consuelo que nos abrir\u00e1 el camino de una eternidad venturosa.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00eda 8 DE DICIEMBRE DE 1881 Uno de los Vicepresidentes del Consejo Superior en representaci\u00f3n del Sr. Presidente que se hallaba enfermo, dio gracias al Excmo. 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