{"id":404307,"date":"2022-09-22T08:46:29","date_gmt":"2022-09-22T06:46:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404307"},"modified":"2022-08-08T22:47:54","modified_gmt":"2022-08-08T20:47:54","slug":"santiago-masarnau-sobre-la-conservacion-de-la-salud-del-cuerpo-y-del-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-conservacion-de-la-salud-del-cuerpo-y-del-alma\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre la conservaci\u00f3n de la salud del cuerpo y del alma)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 8 DE DICIEMBRE DE 1863.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el-Sr. presidente del Consejo superior, previa la venia del Excmo. Sr. Nuncio de S. S., ley\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>Excmo. Se\u00f1or: Se\u00f1ores: amados hermanos en Jesucristo: Al reunirnos el 23 de julio con motivo de la festividad de nuestro santo Patrono, est\u00e1bamos muy ngenos do la prueba que la divina Providencia nos reservaba en la \u00e9poca que deb\u00eda trascurrir desde aquella Junta general a esta, y do que algunos de nuestros m\u00e1s queridos <sub>v <\/sub>consocios, entonces aqu\u00ed presentes, no volver\u00edan m\u00e1s a asistir a nuestras modestas reuniones de familia.<\/p>\n<p>Acatemos los juicios siempre adorables de nuestro Dios, y mitiguemos el dolor de la p\u00e9rdida de tan caros hermanos con el recuerdo de sus virtudes y la fundada esperanza de que no quedar\u00e1n sin premio en el mundo de la verdad.<\/p>\n<p>Excmo. Se\u00f1or: previa la venia de V. E., vamos a someter a la atenci\u00f3n de nuestros queridos consocios, aqu\u00ed presentes, algunas breves reflexiones sobre lo que hemos observado, tanto en Madrid directamente como en las provincias por medio, de la correspondencia, con motivo de la aparici\u00f3n del c\u00f3lera. Tal vez puedan ser, de alguna utilidad para lo futuro.<\/p>\n<p>Cuando se nos recomienda el esmero en la fiel observancia de nuestras pr\u00e1cticas religiosas, nuestras Comuniones de Reglamento, nuestros retiros anuales, etc., dicen algunos (y acaso muchos de los que no lo dicen, lo piensan), que todas esas pr\u00e1cticas, buenas en s\u00ed, no son necesarias, y que nuestra Sociedad podr\u00eda muy bien seguir funcionando en un todo como lo hace hoy, aun cuando prescindiese m\u00e1s o menos de ellas. Pero llega la ocasi\u00f3n de poner a prueba el verdadero esp\u00edritu de la Sociedad, y entonces se ve claramente, no solo la utilidad, sinovia absoluta necesidad de todos los medios que e se nos recomiendan para mantenernos en \u00e9l. \u00abNo somos frailes, dicen ni hemos dejado el mundo.\u00bb Cabalmente por eso mismo estamos mucho m\u00e1s expuestos a la corrupci\u00f3n del mundo, y obligados por lo tanto a valernos de los medios que pueden preservarnos de ella. Al religioso le defienden sus votos, su regla, su claustro; su h\u00e1bito mismo, y sobre todo la gracia de su vocaci\u00f3n; pero a nosotros, completamente sumergidos en la atm\u00f3sfera emponzo\u00f1ada del mundo, \u00bfqui\u00e9n nos preserva de su funesta corrupci\u00f3n? Solo el amor a Jes\u00fas, que no se puede conservar sin la oraci\u00f3n, sin la frecuencia de sacramentos, y sin todo el retiro del mundo compatible con el cumplimiento de nuestros deberes;<\/p>\n<p>Terrible impresi\u00f3n es la que causa la aparici\u00f3n de una epidemia en el \u00e1nimo de los mundanos, y no puede menos de ser as\u00ed. Ella les impone la idea de la muerte, esa idea severa que el mundo rechaza con toda la energ\u00eda de que es capaz, por lo mismo que es incompatible con la mayor parte de sus enga\u00f1os y alucinaciones. Ella pone de manifiesto la vanidad y la mentira de todo lo que pasa, al mismo tiempo que muestra que todo pasa. Ella ataca por la base a todas las ilusiones con que el mundo procura mantenerse en sus enga\u00f1os y enga\u00f1ar a sus adeptos. \u00bfQu\u00e9 mucho que la deteste a la par que el hombre verdaderamente religioso debe detestar la idea del pecado?<\/p>\n<p>Ahora bien; nosotros, constituidos en medio de ese mismo mundo, unidos a \u00e9l con todos los v\u00ednculos de la afecci\u00f3n y de la familia, \u00bfc\u00f3mo no hemos de participar de su constante y funesta influencia, y c\u00f3mo, habiendo necesariamente de participar de ella, nos podremos preservar de sus efectos?<\/p>\n<p>Desde el modo general de considerar la muerte (que solo por temor a ella se teme a la epidemia) hasta el modo en que nosotros debemos considerarla, va una distancia tan grande como es la que separa a lo blanco de lo negro, puesto que por lo com\u00fan se la mira como el mayor mal y nosotros la miramos o debemos mirar como el solo t\u00e9rmino de todos los males: y solo para mantenernos en esta persuasi\u00f3n y no admitir la persuasi\u00f3n opuesta, en que est\u00e1n la mayor parte de los que nos rodean, \u00bfqu\u00e9 esfuerzo constante no necesitamos emplear, y qu\u00e9 auxilio tan eficaz de la gracia no nos es necesario al efecto?<\/p>\n<p>A pesar de uno y otro, el mundo nos arrastra m\u00e1s o menos; y no puede ser de otro modo. As\u00ed hemos visto a consocios nuestros huir de los pueblos invadidos por, la enfermedad, con la mira acaso no tanto de ponerse a s\u00ed mismos a salvo de ella, cuanto de salvar a sus hijos, a sus padres o a sus esposas; otros obligados por los ruegos de sus familias y amigos; otros en fin, cediendo a insinuaciones que no pod\u00edan menos de respetar, o a \u00f3rdenes que ten\u00edan que obedecer.<\/p>\n<p>Todo esto prueba evidentemente la dificultad para todos nosotros, y aun la imposibilidad para muchos, de obrar siempre en armon\u00eda con nuestros principios y convicciones, precisamente porque no hemos dejado el mundo al ingresar en nuestra humilde Sociedad; y que sin el eficaz auxilio de la gracia obtenido y conservado por medio de las pr\u00e1cticas religiosas, poco <em>o <\/em>nada podremos adelantar en la propia mejora de nuestra vida y en el servicio de los pobres, que son los dos \u00fanicos objetos que aquella se propone.<\/p>\n<p>Pero pasando a otra consideraci\u00f3n que nos ha sugerido la observaci\u00f3n de lo que hemos presenciado o sabido en esta \u00e9poca de prueba, como ya la hemos llamado, no podemos menos de advertir el contraste tan grande que forma en esas circunstancias el miedo de los sabios y de los amigos del mundo, con el valor de los sacerdotes y de las humildes hijas de la Caridad. Estas, no contentas con el cuidado de los hospitales, se han prestado a la asistencia de los col\u00e9ricos a domicilio de d\u00eda y de noche; y hemos visto a parientes y a amigos y hasta a alg\u00fan facultativo no atreverse a acercarse a. las camas de los enfermos, pero no hemos visto a ning\u00fan sacerdote que haya esquivado poco ni mucho el abrazarse con ellos para o\u00edrlos en confesi\u00f3n, fuese cual fuese el estado en que se hallasen. \u00a1Qu\u00e9 diferencia, se\u00f1ores, tan notable, y c\u00f3mo est\u00e1 probando claramente la fuerza de la fe a la par que la debilidad de la ciencia y del afecto puramente humano!<\/p>\n<p>Otra consideraci\u00f3n que tambi\u00e9n nos parece digna de atenci\u00f3n, es la importancia tan exagerada que suele darse a la conservaci\u00f3n o recuperaci\u00f3n de la salud del cuerpo, y la escasa que se da a la con- servacion o recuperaci\u00f3n de la salud del alma, infinitamente mayor en inter\u00e9s para todo el que profesa los primeros elementos de nuestra fe. \u00a1Qu\u00e9 actividad para llamar al m\u00e9dico, y qu\u00e9 negligencia para llamar al confesor! \u00a1Qu\u00e9 esmero para procurarse medicamentos y preservativos de la enfermedad del cuerpo, y qu\u00e9 olvido de practicar todo lo que sirve para recuperar o conservar la salud del alma! \u00a1Qu\u00e9 empe\u00f1o, en fin, en obrar hasta en estos casos como si no hubiera otra vida, y como si en esta solo pudieran cifrarse todas nuestras esperanzas y aspiraciones! \u00bfNo est\u00e1 probando todo eso claramente la falta de fe, o cuando menos, que la mayor parte la tienen como la espada en la vaina, seg\u00fan dice nuestro venerable Granada, que mientras all\u00ed se tenga, es claro que para nada sirve?<\/p>\n<p>Otra consideraci\u00f3n igualmente digna de atenci\u00f3n, en nuestro sentir, es el errado concepto, en que se suelen tomar las defunciones de amigos y deudos. Seg\u00fan el lenguaje general del mundo, que tambi\u00e9n adoptan personas de creencias y pr\u00e1cticas religiosas, el muerto es siempre digno de compasi\u00f3n. Siempre se llora, seg\u00fan se dice, por \u00e9l. Siempre se le llama pobre. Como si mereciese tal dictado el que tiene la incomparable dicha de morir bien. Pues qu\u00e9 \u00bfno es realmente mucho m\u00e1s digno de envidia que de. compasi\u00f3n? Sujetos todos irremisiblemente a la ley de la muerte \u00bfqu e cosa mejor podemos desear para nuestros mayores amigos y para nosotros mismos que una buena y santa muerte? \u00bfHay acaso alg\u00fan bien en este- valle de dolor comparable con ese? Y sin embargo, lo mismo se llora la muerte del justo que la del imp\u00edo, la de\u2019 virtuoso que la del vicioso. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 probando esa funesta tergiversaci\u00f3n de ideas sino que no se piensa, que no se reflexiona, que no se medita como se debiera antes de admitir las err\u00f3neas apreciaciones de las cosas que el mundo nos sugiere?<\/p>\n<p>Para terminar este punto se\u00f1alaremos otra sola consideraci\u00f3n a la atenci\u00f3n de nuestros queridos consocios, a fin de no prolongar demasiado este discurso.<\/p>\n<p>\u00bfNo es de notar la separaci\u00f3n que el mundo y sus locos secuaces han logrado verificar entre el sacerdote y la familia, que tanto le necesita, de modo, que ya no se le ve cerca de ella m\u00e1s que en ocasiones extraordinarias, y como si su presencia y su consejo no fuesen de la mayor utilidad, por no decir de necesidad, en todas las ordinarias de la vida? Es singular: en la casa del pobre, y m\u00e1s aun en la del rico, gusta el trato y la amistad con sujetos de todas las profesiones posibles; \u00fanicamente no se procura atraer a ella al ministro del Se\u00f1or. As\u00ed la familia carece por completo de su conversaci\u00f3n y trato; y \u00bfqu\u00e9 resulta? Que cuando llega el caso de necesitarse su presencia, parece un acontecimiento extraordinario, y se le interpreta o se teme que se le den interpretaciones m\u00e1s o menos, funestas, sobre todo por el mismo que necesita de su auxilio.<\/p>\n<p>A m\u00ed me parece, tal vez me enga\u00f1e, que todos tenemos algo de culpa en esto. La observaci\u00f3n me ha inducido a creerlo as\u00ed. Es indudable que si las familias conociesen todo el bien que para la conservaci\u00f3n de las buenas costumbres, les reportar\u00eda el trato continuo, con los se\u00f1ores sacerdotes, no se mantendr\u00edan tan alejadas de ellos como lo est\u00e1n hoy, y no perdonar\u00edan medio ni diligencia para fomentar este trato, considerando las ventajas que del mismo podr\u00edan dimanar.<\/p>\n<p>Los se\u00f1ores eclesi\u00e1sticos por su parte, al advertir el mucho bien que con el trato de las familias podr\u00edan hacer a las mismas, no dejar\u00edan de prestarse a \u00e9l, y su condescendencia en esta parte ser\u00eda, nos parece, debidamente apreciada. Por de contado en las familias religiosas dicho se est\u00e1. Pero.aun en aquellas que fio merecen llamarse as\u00ed; se respetar\u00eda, cuando menos, la presencia del sacerdote, a la vez que producir\u00eda muchos frutos pues siempre ser\u00eda un freno para actos y palabras que no se deben cometer y proferir. Siempre ser\u00eda un auxilio eficaz para el d\u00e9bil, el tentado, el afligido; y cuando llega la enfermedad, que no puede menos de llegar, en lugar de echarse a inventar pretextos y aun mentiras para introducir en la alcoba del enfermo al ministro del Se\u00f1or sin alarmarle, o como sucede todav\u00eda con m\u00e1s frecuencia, sin alarmar a los que le rodean, habituados todos como lo estar\u00edan a su trato, no llamar\u00eda la atenci\u00f3n de nadie su visita, y podr\u00eda utilizarse el tiempo, no solo para la confesi\u00f3n del paciente sino tambi\u00e9n para el consejo y el consuelo de los que le asistieran.<\/p>\n<p>Esto en general. Respecto a los pobres y aun a los que no si\u00e9ndolo visitamos con franqueza, no se ve raz\u00f3n fundada para creernos obligados a preparar la visita del sacerdote como si fuera la de una persona sospechosa o cuando menos de poca confianza. \u00bfNo vamos a la casa de los que tratamos con frecuencia con un amigo, sin que nadie lo extra\u00f1e? Pues \u00bfpor qu\u00e9, si este amigo est\u00e1 revestido de un car\u00e1cter m\u00e1s respetable que el de la profesi\u00f3n o posici\u00f3n m\u00e1s elevada, no hemos de poder presentarle sin necesidad de permiso ni anuncio previo a la familia cuyo trato frecuentamos? As\u00ed pues, yo creo que podr\u00edamos hacerlo con los se\u00f1ores miembros de honor cuando hallamos alg\u00fan pobre enfermo, sobre todo si est\u00e1 algo grave, y tambi\u00e9n en general con los se\u00f1ores sacerdotes que nos honran con su amistad cuando hallamos alg\u00fan enfermo en las casas que visitamos con frecuencia, las de nuestros amigos y parientes, contribuyendo de ese modo por nuestra parte a la introducci\u00f3n del ministro del Se\u00f1or en la familia, que interesa por tantos t\u00edtulos, y que por lo mismo el mundo procura impedir e dificultar todo lo que puede.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores: al reunirnos aqu\u00ed en la noche que celebramos nuestra \u00faltima Junta general no ten\u00edamos idea; como hemos dicho antes, de la prueba por qu\u00e9 \u00edbamos a pasar en el intervalo que separa aquella Junta de esta. Tampoco esta noche la tenemos de lo que nos espera entre esta Junta y la del primer domingo de Cuaresma, que es la inmediata futura; pero no faltan motivos para prever mucha penuria, en las clases pobres y mucha dificultad para poderles proporcionar auxilio que reclamar\u00e1 su extraordinaria necesidad. No desmayemos nunca, sin embargo; hagamos lo que podamos, pero hag\u00e1moslo con fe y con energ\u00eda. Busquemos recursos para nuestros pobres, como los buscar\u00edamos para nosotros mismos. Atendidas las vicisitudes de los tiempos que estamos atravesando, \u00bfqui\u00e9n de nosotros est\u00e1 seguro de no verse cuando menos lo piense en la pobreza? \u00bfNo hemos encontrado en la visita de familias vergonzantes algunas que se hab\u00edan visto en la opulencia, y hasta con carruajes y muchos criados, reducidas a dormir sobre una estera sin m\u00e1s ropa que la puesta? Pues \u00bfqui\u00e9n nos asegura que nuestra suerte no variar\u00e1 nunca, como ha variado la suya?<\/p>\n<p>Para recomendar el celo y el esmero en la visita se le ocurri\u00f3 a un consocio nuestro de una Conferencia de provincia una reflexi\u00f3n basada en esa misma idea, que introdujo en el discurso de una Junta general y que no podemos menos de recomendar.<\/p>\n<p>El pobre, dijo, tiene hijos, y el socio tambi\u00e9n los tiene. Es muy posible que los hijos del pobre se vean un d\u00eda en la prosperidad: y que los del socio se vean en la necesidad. Pues bien; yo solo quisiera que al visitar al pobre pensase el socio en esa posibilidad, <em>e <\/em>hiciese por \u00e9l lo que desear\u00eda que hiciese por su hijo, si llegaba a ser pobre, el hijo de su visitado, si llegaba a ser rico.<\/p>\n<p>Mucha eficacia, sin duda, tiene esa reflexi\u00f3n para excitar al esmero en la visita; y sin embargo, no lo olvidemos, para nosotros debe haberlas todav\u00eda mucho m\u00e1s eficaces, pues que tenemos la suerte de ver al pobre con los ojos de la fe, y vi\u00e9ndole as\u00ed debemos amarle de coraz\u00f3n como a nuestros propios hijos, y a\u00fan m\u00e1s todav\u00eda, mucho m\u00e1s, porque representa al mismo Redentor nuestro y de nuestros hijos.<\/p>\n<p>EI amor y la humildad nos han de sacar con bien de todo. Si amamos al pobre como debemos, no nos faltar\u00e1n recursos para aliviarle, pues nada hay m\u00e1s ingenioso que el verdadero amor. Si somos humildes de coraz\u00f3n, sabremos abstenernos de la satisfacci\u00f3n propia que produce la limosna directa, y preferiremos a ella la de nuestra colecta secreta, sosteniendo as\u00ed la caja de nuestra Conferencia. Si amamos al pobre de coraz\u00f3n, no veremos sus imperfecciones exageradamente, ni nos arredrar\u00e1n sus ingratitudes y miserias. Si somos humildes de veras, no extra\u00f1aremos que nuestras Conferencias <em>no <\/em>puedan adoptar a todas las familias que les recomendamos, ni sentiremos con exceso el no poder complacer a todos los que nos recomiendan pobres para que la Sociedad los adopte. En fin, si amamos al pobre por Jes\u00fas y solo para Jes\u00fas, buscaremos sobre todo el alivio i. de sus necesidades morales, que son casi siempre la causa de las f\u00edsicas que padece, dando al socorro del alma la preferencia que los llamados fil\u00e1ntropos dan al socorro del cuerpo.<\/p>\n<p>Sobre todo pongamos nuestra confianza entera en Dios y no en los hombres. Confiemos en la protecci\u00f3n de nuestra dulc\u00edsima patrona la siempre Virgen Mar\u00eda y en la intercesi\u00f3n del gran Santo cuyo nombre lleva nuestra Sociedad, y cuanto m\u00e1s adversas parezcan, las circunstancias que atravesamos, tanto m\u00e1s creceremos en verdaderas virtudes, que es lo que debemos desear, pues ya se sabe que estas no pueden robustecerse sin el ejercicio, y que la prosperidad no es a prop\u00f3sito para \u00e9l.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores: voy a terminar y acaso he molestado ya vuestra atenci\u00f3n. Me falla solo hacer a todos mis queridos consocios aqu\u00ed presentes una recomendaci\u00f3n. El c\u00f3lera pasa, como todo, y luego se olvida. Pero la influencia contagiosa del mundo no pasa, y a sus efectos estamos por lo tanto siempre espuestos. Observemos lo que sucede ahora. Los \u00e1nimos est\u00e1n preocupados con cuestiones pol\u00edticas mas\u00f3 menos graves, pero cuya soluci\u00f3n no pende poco ni mucho de nosotros, al menos como socios de S. Vicente de Pa\u00fal. Yo no puedo menos de rogar encarecidamente a todos mis hermanos en Jesu- cristo que procuren preservarse de esa especie de contagio que todo lo invade, de esa funesta pol\u00edtico-man\u00eda que introduce las cuestiones m\u00e1s reservadas de todos los gabinetes del mundo hasta en los m\u00e1s oscuros figones, a cuyo efecto pueden valerse de un medio infalible que todos podemos emplear. Este medio precioso es el trabajo o sea ocupaci\u00f3n \u00fatil. Rep\u00e1rese que el ocio es la base principal de todas las interminables habladur\u00edas que promueven publicaciones que no debieran leerse, que no se leer\u00edan seguramente si se apreciase el tiempo en su justo valor, y que ning\u00fan g\u00e9nero de bien producen.<\/p>\n<p>Las personas religiosas, no hay que hacerse ilusiones, estamos en minor\u00eda, somos una fracci\u00f3n peque\u00f1a en el mundo; pero si esta fracci\u00f3n, aunque peque\u00f1a, conociese bien el valor de la oraci\u00f3n y del trabajo, y los emplease debidamente, bastar\u00eda para sazonarle, porque ser\u00edamos verdaderos disc\u00edpulos de Jes\u00fas, que llam\u00f3 a los suyos sal de la tierra.<\/p>\n<p>Que el mundano pierda el tiempo, que le malgaste lastimosamente, se comprende, pues no sabe o no quiere saber lo que vale; pero que lo perdamos nosotros, que conocemos su valor \u00bfno tiene explicaci\u00f3n posible. Y \u00bfa qu\u00e9 conducen en \u00faltimo resultado las interminables conversaciones sobre pol\u00edtica y las lecturas que solo sirven para sostenerlas? Exceptuando los. pocos que tienen obligaci\u00f3n de ocuparse en esa materia, para la inmensa mayor\u00eda solo producen p\u00e9rdida lamentable de tiempo precioso, que bien empleado es incalculable io que podr\u00eda producir. Adem\u00e1s los \u00e1nimos se exaltan, las malas pasiones se excitan, la caridad se resfr\u00eda necesariamente, y lo pagamos todos, y m\u00e1s que todos lo pagan los pobres.<\/p>\n<p>Prescindamos todo lo posible de la cuesti\u00f3n pol\u00edtica, no solo porque as\u00ed nos lo recomiendan nuestras reglas, sino m\u00e1s todav\u00eda, si cabe, por la \u00edntima persuasi\u00f3n de que solo as\u00ed podremos ser hombres de caridad. Es verdad que siempre lo hacemos y siempre lo hemos hecho en nuestras reuniones; pero no basta: es preciso que procuremos inculcar en el \u00e1nimo de lodos nuestros amigos y personas que tratamos con alguna confianza, la necesidad de estar en guardia contra esa mala tendencia de estos tiempos. A ella se debe tambi\u00e9n que muchos se aflijan sin motivo fundado, ya porque ven los males con exageraci\u00f3n, ya porque no ven los bienes de la \u00e9poca presente. Se fijan en los pecados, en los cr\u00edmenes, en las maldades p\u00fablicas y privadas; y no paran mientes en las virtudes, en los ejemplos admirables de abnegaci\u00f3n que ofrece tambi\u00e9n nuestra \u00e9poca. Reparan que nunca ha habido m\u00e1s ego\u00edsmo, y no observan que tampoco ha habido m\u00e1s caridad. Cuentan los asesinatos, los robos y los cr\u00edmenes de todas clases que se cometen; y no cuentan las hijas de la Caridad y los trapenses, que nunca han llegado al n\u00famero que hoy tienen. En fin, no ven que en los dos campos se trabaja; y que si bien es cierto que en el de Belial permite Dios por sus altos juicios que alcance la maldad alg\u00fan triunfo, no fallan tampoco victorias muy consoladoras en el campo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Reasumiendo, se\u00f1ores, entiendo que la oraci\u00f3n y el trabajo son los dos principales preservativos de ese contagio de los esp\u00edritus, mucho m\u00e1s temible por su generalidad y duraci\u00f3n que el del mismo c\u00f3lera; y como tambi\u00e9n son los m\u00e1s eficaces para preservarse de los funestos efectos de esa enfermedad y de cualquiera otra, no se pueden recomendar nunca demasiado.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores: hemos terminado hoy los santos ejercicios del retiro, y debemos agradecer mucho a Dios nuestro Se\u00f1or el gran beneficio que nos ha dispensado con ellos. Yo no puedo menos de manifestar aqu\u00ed tambi\u00e9n el m\u00e1s vivo agradecimiento en nombre de mis consocios de Madrid al Se\u00f1or Superior de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que tan bondadosamente nos ha proporcionado un director tan digno bajo todos conceptos como el Sr. D. Laureano Esteban; a este mismo Se\u00f1or por el esmero y el acierto con que ha tenido la caridad de dirigirnos la palabra todos los d\u00edas del retiro por la ma\u00f1ana y por la tarde; y tambi\u00e9n al Sr. Rector de la iglesia de San Juan de Dios, que nos ha permitido tener los ejercicios en un local tan recogido y a prop\u00f3sito como la capilla de Bel\u00e9n en que han tenido lugar. Reconozcamos todos estos favores y procuremos agradecerlo, en cuanto nos sea posible.<\/p>\n<p>Desgraciadamente no todos han tenido la buena suerte de asistir a los ejercicios, y parece por lo tanto que no a todos se debe hablar de ellos en los mismos t\u00e9rminos. A los que han asistido me atrever\u00e9 a recomendar la fidelidad en el cumplimiento de los buenos prop\u00f3sitos que en el retiro hayan formado a cuyo efecto les podr\u00e1 ayudar mucho el apuntar, si no lo han hecho ya, esos prop\u00f3sitos o resoluciones, y pasar la vista por ellos de vez en cuando para no olvidarlos, como es muy f\u00e1cil que suceda, hasta los ejercicios del a\u00f1o pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>A los que no han asistido les dir\u00e9 que la caridad me obliga a creer que no Ies ha faltado la voluntad sino la posibilidad de asistir a ellos. Y por si hubiese alguno que no se hubiese formado una idea exacta de la utilidad o por mejor decir necesidad de esos santos ejercicios, de esa admirable obra de los retiros, obra eminentemente espa\u00f1ola, puesto que fue inspirada por Dios a nuestro gran San Ignacio de Loyola, le llamar\u00e9 la atenci\u00f3n sobre la gran importancia, que nuestro Santo patrono les da. Es tal, que tanto los se\u00f1ores sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n como las hermanas de la Caridad, que fueron las dos principales creaciones del Santo, jam\u00e1s omiten el retiro anual ni pueden omitirle, porque le tienen establecido en sus reglas como una de sus primeras obligaciones. Y s\u00ed esto es as\u00ed trat\u00e1ndose de ministros del Se\u00f1or y de mujeres consagradas toda su vida al servicio de Jes\u00fas en la persona de sus pobres, nosotros, meros seglares, que solo les consagramos algunas horas por semana y aun creemos hacer mucho con esto, \u00bfc\u00f3mo deberemos considerar los santos ejercicios del retiro anual? Como una verdadera necesidad, y nada menos. La experiencia lo ha demostrado, y yo estoy en la convicci\u00f3n de que si en el origen de nuestra humilde Sociedad se hubiera podido prever el desarrollo que iba a tener, lo que entonces era totalmente imposible, el retiro anual se hubiera establecido en el Reglamento mismo. Pero en el d\u00eda ya se puede considerar como, si lo estuviese, puesto que el Consejo general lo ha recomendado con toda la eficacia posible, el uso lo ha introducido, y sobre todo el Sumo Pont\u00edfice, no solo lo ha aprobado, sino que lo ha enriquecido con preciosas indulgencias, tanto para los socios que asisten a los ejercicios del retiro, como tambi\u00e9n, que es de notar, para los pobres adoptados por la Sociedad, en su Breve de 13 de setiembre de 1859.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed se vuelve a ocurrir naturalmente la idea expresada al principio de este mismo discurso. El retiro anual, como la frecuencia de Sacramentos, como la pr\u00e1ctica de la meditaci\u00f3n, como la lectura espiritual, nos son necesarios, enteramente necesarios para mantenernos en el verdadero esp\u00edritu de nuestra humilde Sociedad, y es bien seguro que sin el esmero constante por nuestra parte en la conservaci\u00f3n de esas pr\u00e1cticas, pronto se convertir\u00e1, lo que el Se\u00f1or no permita, en una instituci\u00f3n muy diferente de lo que hasta ahora ha sido y lo que nuestra madre la Iglesia quiere que sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 8 DE DICIEMBRE DE 1863. A continuaci\u00f3n, el-Sr. presidente del Consejo superior, previa la venia del Excmo. Sr. Nuncio de S. S., ley\u00f3 lo siguiente: Excmo. 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