{"id":404305,"date":"2022-09-14T08:41:04","date_gmt":"2022-09-14T06:41:04","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404305"},"modified":"2022-08-08T22:46:22","modified_gmt":"2022-08-08T20:46:22","slug":"santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-y-la-devocion-a-la-comunion-ultima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-y-la-devocion-a-la-comunion-ultima\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre la confianza en Dios y la devoci\u00f3n a la Comuni\u00f3n) (\u00daltima)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL DE LAS CONFERENCIAS EN MADRID: 11 de Febrero de 1883<\/p>\n<p>Reunidos los socios de las veinte Conferencias de Madrid y de Carabanchel en un sal\u00f3n de la Real Iglesia de San Isidro bajo la presidencia de los Hmmos. Sres. Cardenal Moreno, Arzobispo de Toledo, y Cardenal Bianchi, Pro-Nuncio de Su Santidad con asistencia de algunos Sres. Miembros de honor, se abri\u00f3 la sesi\u00f3n a las cuatro y cuarto de la tarde con las preces de Reglamento y la lectura de un cap\u00edtulo de la Imitaci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>Le\u00edda el acta de la sesi\u00f3n anterior, dio el Sr. Vicetesorero cuenta del estado de la caja del Consejo desde la \u00faltima Junta general, expresando al por menor los ingresos y gastos de dicho per\u00edodo y la existencia actual.<\/p>\n<p>Se dieron a conocer los nombres de los socios ingresados en las Conferencias de Madrid, que fueron once activos y tres aspirantes siendo uno de aquellos y otro de estos procedentes de Conferencias de provincias.<\/p>\n<p>Se particip\u00f3 haberse agregado a nuestra Sociedad, desde la \u00faltima Junta general, la Conferencia de San Antonio en Bilbao, que lo ha sido el 22 de Enero.<\/p>\n<p>El Sr. Presidente del Consejo superior dio gracias a los Eminent\u00edsimos Sres. Cardenales que presid\u00edan la Junta por el honor que le dispensaban con su asistencia, y pidi\u00f3 su venia para que se leyese un discurro que con este objeto se hab\u00eda escrito. Obtenida que fue, ley\u00f3 uno de los socios lo siguiente:<\/p>\n<p>Eminent\u00edsimos se\u00f1ores:<\/p>\n<p>El funesto acontecimiento que todos tem\u00edamos tiempo ha, y nuestras tristes previsiones no pod\u00edan ni han podido impedir retrasar, ha llegado ya, llenando de luto para mucho tiempo a la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, no solamente de Madrid, sino de toda Espa\u00f1a. \u00a1Don Santiago de Masarnau ha muerto!; y aunque ha entregado su alma a Dios con la muerte de los justos, con resignaci\u00f3n cristiana en medio de una enfermedad larga y angustiosa, con tranquila conformidad en la voluntad divina y en su infinita misericordia, despu\u00e9s de una larga vida, caritativa y ejemplar, recibidos todos los Sacramentos, que la Iglesia tiene para el \u00faltimo trance, y los consuelos de la Santa Religi\u00f3n para los moribundos, nuestro dolor tiene que ser duradero y profundo; tan duradero como la falta que nos hace, tan profundo como grande era su m\u00e9rito nunca tan apreciado como cuando se ve perdido; que tal es la triste condici\u00f3n humana en raz\u00f3n de la salud, la fortuna, el m\u00e9rito y la honra, que se aprecian m\u00e1s cuando se las pierde y echa de menos.<\/p>\n<p>Era frase corriente entre los socios de Madrid m\u00e1s allegados a m\u00e1s amantes de nuestra humilde Sociedad, que reunidos los seis mejores socios de Madrid con todas sus buenas cualidades, no daban un D. Santiago de Masarnau, con su integridad de costumbres, talento, laboriosidad, austeridad, humildad, conocimiento del coraz\u00f3n humano, amor a la pobreza, caridad con los pobres, devoci\u00f3n al Sant\u00edsimo Sacramento, y con la paz, tranquilidad inalterable e igualdad de \u00e1nimo en todos los casos pr\u00f3speros y adversos.<\/p>\n<p>Al morir el fundador de la Sociedad de San Vicente en Espa\u00f1a, que la ha regido durante 34 a\u00f1os, y a cuyo r\u00e9gimen cari\u00f1oso y sol\u00edcito est\u00e1bamos acostumbrados, nos hallamos como hu\u00e9rfanos. Es verdad que tenemos al Consejo general, que es nuestra cabeza y gu\u00eda, y qu\u00e9 no nos faltar\u00e1n los buenos oficios y consejos de nuestros dign\u00edsimos Prelados, que nos dispensan paternal cari\u00f1o; pero es costumbre de acudir a \u00e9l para todo, y que \u00e9l acudiese a los superiores, nos hizo fijar en \u00e9l casi exclusivamente nuestras miradas, con ese abandono con que los buenos hijos conf\u00edan para todo en sus padres, y no conciben que haya de llegar un d\u00eda en que les falten estos.<\/p>\n<p>Por ese motivo, en su alta prudencia, sabidur\u00eda y amor a nuestra Sociedad, quiso morir en vida, por decirlo as\u00ed, renunciando a su cargo de Presidente del Consejo superior de Espa\u00f1a haci\u00e9ndonos proceder a la elecci\u00f3n detenida de nuevo Presidente\u00a0 en vida suya y bajo su atinada direcci\u00f3n, cuya prudencia echamos de ver ahora, pues mientras el viviera, aunque anciano y achacoso hab\u00eda de ser nuestro superior, y superior inmediato del nuevo Presidente, por la fuerza de las cosas y de la costumbre; y \u00e9l hab\u00eda de dirigir sus primeros pasos, como los ha dirigido.<\/p>\n<p>Pero, en medio de todo, reprend\u00eda nuestra falta de fe; la grande humildad le hac\u00eda mirar esa misma deferencia y esa excesiva confianza en su persona, como una falta de confianza en Dios, como una desconfianza en la vitalidad de nuestra Asociaci\u00f3n como si \u00e9sta dependiera de los hombres y no tuviera m\u00e1s altos principios y m\u00e1s hondas ra\u00edces.<\/p>\n<p>\u00a1Pues qu\u00e9!\u2014dec\u00eda\u2014\u00a1He de vivir yo siempre! \u00a1Ha de hacer Dios una excepci\u00f3n para m\u00ed! \u00bfAl cabo de 34 a\u00f1os est\u00e1 todav\u00eda la Sociedad en su infancia? \u00bfLe ha de fallar Dios? \u00a1Triste cosa ser\u00eda que en vez de estar la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal en Espa\u00f1a y el Consejo superior fundados en Dios, nos hall\u00e1ramos con que estaba fundada sobre un hombre, y que, al caer ese hombre, ven\u00eda abajo el edificio, convertido en escombros por falta de ese s\u00f3lido cimiento que tienen las obras de Dios!<\/p>\n<p>Esto le oblig\u00f3 dos a\u00f1os ha, cuando ya comenz\u00f3 a presentir su muerte, a venir a este mismo sitio para darnos una reprensi\u00f3n tan sentida y cari\u00f1osa, cuanto severa y en\u00e9rgica, como todas las suyas. Trabajo le cost\u00f3 leerla, como nos cost\u00f3 el o\u00edrla sin l\u00e1grimas a los que sab\u00edamos lo que aquella despedida quer\u00eda decir, y que la reprensi\u00f3n iba m\u00e1s alta de lo que parec\u00eda; que iba contra aquellos a\u00a0 \u00a0quienes m\u00e1s quer\u00eda, y que procuraba evitar que la pusilanimidad y excesiva desconfianza de los que debi\u00e9ramos ser m\u00e1s fuertes, trajeran la postraci\u00f3n y el abatimiento de los dem\u00e1s, a quienes deb\u00edamos alentar en caso de apuro.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de reprender nuestra pusilanimidad, y exhortarnos a confiar en Dios y no en cosas de los hombres, encarga mucho la devoci\u00f3n al Sant\u00edsimo Sacramento, de cuyo culto y comuni\u00f3n fue gran propagador y devoto.<\/p>\n<p>No fue aquella despedida el pretendido canto del cisne; pero fue el <em>nunc dimittis<\/em> del anciano Sime\u00f3n; solo que aquel, en su breve c\u00e1ntico, rebosaba de confianza; y este procuraba inspirarla.<\/p>\n<p>Vais a o\u00edrle, Se\u00f1ores, pues nunca se pudo leer cosa mejor.<\/p>\n<p>Vais a o\u00edr lo que entonces dijo para que lo record\u00e1semos ahora.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n es solemne.<\/p>\n<p>Es nuestro D. Santiago el que todav\u00eda nos habla, el que todav\u00eda nos habla, el que todav\u00eda nos aconseja, el que todav\u00eda nos ense\u00f1a y corrige, como nos ense\u00f1aba en este mismo sitio.<\/p>\n<p>Haced cuenta que lo que vais a o\u00edr nos lo dice desde su tumba.<\/p>\n<p>Amados hermanos en J.C.: Antes de todo, creo deber hacer llegar a la Junta, que aun cuando hay varios, o por mejor de muchos consocios, que se hubieran podido encargar de este peque\u00f1o discurso, y que lo habr\u00edan escrito con mayor perfecci\u00f3n, he deseado yo, y as\u00ed lo manifest\u00e9 al Consejo en su \u00faltima sesi\u00f3n, dirigir la palabra, previa la venia del Exmo. Sr. Presidente, a mis muy amados consocios aqu\u00ed reunidos, y aun a los ausentes si se publica, como suele hacerse, en el Bolet\u00edn todo lo que aqu\u00ed se lee.<\/p>\n<p>S\u00ed: ten\u00eda gran deseo de cumplir lo que considero como un deber haciendo esta tarde una p\u00fablica manifestaci\u00f3n a todos mis consocios de mi viva gratitud por el inter\u00e9s que han manifestado saber mis padecimientos f\u00edsicos y morales, y por lo mucho que me han consolado con sus palabras y sus cartas. Nunca lo podre olvidar: pero al mismo tiempo tengo que hacerles una reconversi\u00f3n, por supuesto cari\u00f1osa, y dimanada solo del mucho amor que les profeso, como creo lo comprender\u00e1n f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p>Al verme padecer los consocios de Madrid, y al saber los de provincias y aun del extranjero, que hab\u00eda perdido todos, casi todos, se han apresurado a manifestar su vivo deseo de restablecimiento, y su gran temor de que yo llegue a faltar, considerando mi pobre persona como necesaria para la direcci\u00f3n de la Sociedad. En esto hay un error, sobre el cual debo llamar la atenci\u00f3n, venciendo la repugnancia que tengo a hablar de m\u00ed mismo; no solo porque es un error, sino m\u00e1s principalmente porque dimana, si no me enga\u00f1o, de mal origen: nada menos que de la falta de confianza en Dios, falta que, como todos sabemos, desagrada sobremanera a su Divina Majestad. Esto se ve claramente en varios pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. \u00bfA qui\u00e9n no le admira que todo el pueblo de Israel fuese condenado a morir en el desierto, solo porque no tuvieron la suficiente confianza en Dios? \u00bfA qui\u00e9n no le admira que el mismo Mois\u00e9s, tan favorecido del Se\u00f1or, fuese tambi\u00e9n castigado severamente por la misma falta en el Nuevo Testamento, \u00bfqui\u00e9n no ha reparado en aquella reconvenci\u00f3n del Salvador: \u00ab<em>Modicae fidei, \u00bfcur dubitasti? .<\/em><\/p>\n<p>Pues bien: por lo mismo que esta falta desagrada tanto a Dios Nuestro Se\u00f1or, el astuto Satan\u00e1s trabaja (y por desgracia con mucho fruto para \u00e9l) en hacernos ver las cosas bajo un punto de vista falso, con el p\u00e9rfido designio de inducirnos a ella.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, se organiza una obra que prospera, y en vez de atribuirlo y de agradecerlo solo a Dios, como debe ser, se dice y se repite con frecuencia, aun por personas religiosas: \u00absi no fuera por fulano (el que dirige la obra) nada se har\u00eda; el d\u00eda que \u00e9l falte\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Pero, Se\u00f1ores, \u00bfno se incurre, al discurrir as\u00ed, en un grav\u00edsimo error? \u00bfNo se olvida por completo que el hombre, sea cual fuere su capacidad y su posici\u00f3n, es un mero instrumento? \u00bfNo se falta al principio fundamental de la fe, la confianza en Dios? \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre creer que el cuchillo corta por s\u00ed solo, que el martillo clava, y que la escoba barre? Pues tan equivocado, y nada menos es atribuir al pobre hombre lo que Dios Nuestro Se\u00f1or hace por su medio.<\/p>\n<p>Aplicando ahora estas reflexiones a nuestra humilde Sociedad que tan admirablemente progres\u00f3 en Espa\u00f1a hasta que fue disuelta, y que tan admirablemente sigue progresando desde que fue autorizada de nuevo, \u00bfc\u00f3mo ha de atribuir su Presidente, ni consentir que sus amados consocios atribuyan o su humilde personajes el desarrollo que la Sociedad ha tenido y sigue teniendo? Supongamos que su celo, su inteligencia, su amor a la Obra, hayan contribuido mucho al sostenimiento y propagaci\u00f3n de las Conferencias; pero ese mismo celo, esa inteligencia, y ese amor a la Obra, \u00bfno los debe a Dios? \u00bfNo le debe la vida y la salud, que por tantos a\u00f1os han disfrutado, y sin las que poco o nada hubiera podido hacer? La propagaci\u00f3n de las Conferencias y su buena marcha no se ha limitado a Madrid. Se ha extendido por toda Espa\u00f1a y aun en Ultramar. Y las Conferencias y los Consejos que se han organizado en toda la Pen\u00ednsula, y aun en Am\u00e9rica, \u00bfhan necesitado para establecerse, funcionar y prosperar, de la presencia del Presidente del Consejo Superior? No seguramente: \u00bfy por qu\u00e9 se ha de creer que si \u00e9l falta, dejar\u00e1n de funcionar y prosperar lo mismo que cuando viv\u00eda? Es un error, repito, pero un error que conviene combatir con energ\u00eda, porque dimana de no mirar estas cosas bajo el punto de vista que deben mirarse, y atribuir a la criatura lo que es obra del Criador; y esto, no solo es imperfecto, sino que entre hombres de fe, como nos preciamos de serlo todos los que a esta Sociedad tenemos la dicha de pertenecer, es peor que imperfecto. El amor ya lo dije al principio, el amor que profeso a mis queridos consocios me obliga a llamar su atenci\u00f3n sobre este punto, y hasta reconvenirles en alg\u00fan modo con la franqueza que felizmente reina entre nosotros, esa franqueza propia de nuestro trato, no mundano, sino cristiano.<\/p>\n<p>No: no consiste en el Presidente del Consejo general, ni en el del Consejo Superior de Espa\u00f1a, ni en ning\u00fan otro socio, el progreso admirable de nuestra humilde Sociedad. Consiste en que Dios Nuestro Se\u00f1or la protege y la favorece visiblemente; y a nosotros nos toca reconocerlo as\u00ed, y agradecerlo con todo nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Agradezc\u00e1mosle mucho este progreso admirable que la Sociedad va haciendo en Espa\u00f1a, y que en los pa\u00edses extranjeros llama tanto la atenci\u00f3n. Se\u00f1ores, el mes pasado se han agregado diez Conferencias, y en lo que va de este se han pedido las agregaciones de otras cinco. Nunca ha crecido la Sociedad con tal rapidez en Espa\u00f1a, ni en ning\u00fan otro pa\u00eds del mundo, que yo sepa.<\/p>\n<p>Agradezcamos tambi\u00e9n mucho a Dios Nuestro Se\u00f1or el gran beneficio que nos dispens\u00f3 al llamarnos a esta Sociedad, reconociendo los bienes que de \u00e9l hemos reportado.<\/p>\n<p>Acaso no haya un solo socio que no recuerde con tristeza los a\u00f1os que vivi\u00f3 sin conocer esta Sociedad, ni aun saber que exist\u00eda; \u00bfD\u00f3nde se encuentra la confianza que reina entre nosotros, esa intimidad que el mundo no conoce ni puede conocer, eso afecto tan puro que nos profesamos, y en cuya comparaci\u00f3n todas las amistades de la tierra nada valen? \u00bfD\u00f3nde hay goces tan puros como los que aqu\u00ed disfrutamos? Cr\u00e9ese equivocadamente que nos mortificamos al visitar los pobres, subir a sus bohardillas y luchar con sus imperfecciones: pero \u00bfqu\u00e9 comparaci\u00f3n tienen esos peque\u00f1os padecimientos con los goces de la limosna, del consuelo, del afecto que les profesamos? \u00bfY qui\u00e9n de nosotros no ha vertido l\u00e1grimas de alegr\u00eda al observar los efectos de la visita a los pobres? Hay en el mundo mayor consuelo (y todos lo necesitamos m\u00e1s o menos) que el de consolar al afligido? \u00bfHay mayor goce que el de proporcionar al necesitado socorro, vestido, alimento y modo de ganarse la vida? \u00bfHay mayor satisfacci\u00f3n que la de reconciliar a parientes o amigos desavenidos, la de regularizar matrimonios, legitimar hijos mal habidos, etc.?<\/p>\n<p>Pues esas son nuestras mortificaciones y eso es lo que el mundo no ve ni quiere ver, porque el fr\u00edo ego\u00edsmo que en \u00e9l reina, no se lo permite.<\/p>\n<p>Pero nosotros, que disfrutamos de todos esos beneficios, seriamos muy culpables si no nos esmer\u00e1semos todo lo posible en agradecerlos, y esto no a hombre alguno, sino al que se vale del hombre para llevar a cabo sus adorables designios, y al que no pueden faltar hombres de quien valerse, a nuestro gran Dios, al Dios de las misericordias, al Dios de amor.<\/p>\n<p>Terminar\u00e9 con un consejo, ya que me he tomado la libertad de hacer una reconvenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dir\u00e1 alguno tal vez: \u201cYo bien quisiera tener esa fe viva, esa confianza ilimitada en la Divina Providencia, que me libertar\u00eda de todas mis dudas y de todos mis temores; pero \u00bfc\u00f3mo la adquiero? Hay un remedio muy seguro, como lo experimentar\u00eda el que lo emplee. Este medio es la frecuencia de Sacramentos, la Comuni\u00f3n frecuente. Es imposible comulgar con frecuencia y no crecer en amor, y al crecer en amor se crece igualmente en fe y en esperanza. Los disc\u00edpulos de Emaus no conocieron al Salvador hasta la fracci\u00f3n del pan; pero llegada \u00e9sta, se abrieron sus ojos, esto es, los de su fe, y le conocieron. Por eso nuestra humilde Sociedad ha trabajado, tanto en Espa\u00f1a, como en todos los pa\u00edses en que se ha ido introduciendo, para extender la Comuni\u00f3n frecuente por medio de sus publicaciones, con sus continuas exhortaciones, y sobre todo con su ejemplo; pues bien sabido es que aunque no tenemos m\u00e1s que cuatro Comuniones de Reglamento al a\u00f1o, la mayor\u00eda de los socios frecuenta todo lo posible la sagrada Mesa.<\/p>\n<p>Pero ser\u00eda de desear que esa mayor\u00eda se convirtiese en totalidad. A los que a ella no pertenecen podr\u00eda yo amonestar con elocuencia, si la tuviese; pero a falta de ella me limitar\u00e9 a decirles: <em>\u00abG\u00fastate el videte.\u00bb<\/em> Probad, gustad, experimentad las delicias de la Sagrada Comuni\u00f3n, y ver\u00e9is que son tan superiores a todas, las que podemos disfrutar en este valle de l\u00e1grimas, como el cielo es superior a la tierra.<\/p>\n<p>No se puede ni aun imaginar un goce comparable con el de recibir en nuestro pecho al objeto de todo nuestro amor, y unirnos \u00edntimamente con \u00e9l. Tampoco hay palabras que puedan expresarlo.<\/p>\n<p>Comulguemos, pues, comulguemos a menudo, y nuestra fe crecer\u00e1 admirablemente. Comulguemos con frecuencia, y nuestra confianza se aumentar\u00e1 cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s. Comulguemos todo lo m\u00e1s posible, y nosotros mismos nos admiraremos de los efectos de la Sagrada Comuni\u00f3n. Uno de ellos ser\u00e1 el hacernos referirlo todo a nuestro Dios, y nada a los hombres; esperarlo todo del Criador, &#8211; nada de la criatura; amarle cada d\u00eda con mayor ardor y hasta la muerte, para saciarnos despu\u00e9s por toda la eternidad en su visi\u00f3n beat\u00edfica, que de coraz\u00f3n deseo a todos mis amados consocios.<\/p>\n<p>Terminada la lectura de este discurso, el Emo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo dirigi\u00f3 la palabra a la Junta en una sentida alocuci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL DE LAS CONFERENCIAS EN MADRID: 11 de Febrero de 1883 Reunidos los socios de las veinte Conferencias de Madrid y de Carabanchel en un sal\u00f3n de la Real Iglesia de San Isidro bajo &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-y-la-devocion-a-la-comunion-ultima\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":403999,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[342],"tags":[],"class_list":["post-404305","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-santiago-masarnau"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Santiago Masarnau (sobre la confianza en Dios y la devoci\u00f3n a la Comuni\u00f3n) (\u00daltima) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-y-la-devocion-a-la-comunion-ultima\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Santiago Masarnau (sobre la confianza en Dios y la devoci\u00f3n a la Comuni\u00f3n) (\u00daltima) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"JUNTA GENERAL DE LAS CONFERENCIAS EN MADRID: 11 de Febrero de 1883 Reunidos los socios de las veinte Conferencias de Madrid y de Carabanchel en un sal\u00f3n de la Real Iglesia de San Isidro bajo ... 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