{"id":404170,"date":"2022-03-10T08:24:10","date_gmt":"2022-03-10T07:24:10","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404170"},"modified":"2022-02-15T12:25:33","modified_gmt":"2022-02-15T11:25:33","slug":"santiago-masarnau-sobre-el-objeto-de-la-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-el-objeto-de-la-sociedad\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre el objeto de la Sociedad)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 8 DICIEMBRE 1861.<\/p>\n<p>En seguida el Sr. Presidente del Consejo superior dio gracias en nombre de sus consocios al Ilimo. Sr. D. Manuel Obesso, que ten\u00eda la bondad de presidirnos, por el favor que nos dispensaba en el neto con su asistencia, y los que continuamente nos est\u00e1 dispensando. \u2014 Manifest\u00f3 igualmente que ten\u00eda encargo del Emmo. Sr. Arzobispo de Toledo de hacer presente a la Junta su particular afecto, y que siempre est\u00e1 dispuesto a dispensar a la Sociedad su apoyo y protecci\u00f3n: que el Excmo. Sr. Obispo de Ja\u00e9n hab\u00eda tenido la bondad de hacer presente que le era sensible no poder asistir a la reuni\u00f3n a causa de una ocupaci\u00f3n que ten\u00eda a la misma hora; y en fin, que los Excmos. Sres. Nuncio de Su Santidad y Arzobispo Claret acababan de mandar aviso de que no pod\u00edan asistir: notando que estas atenciones de parte de personas de tan elevado car\u00e1cter hacia nosotros, que en todos conceptos tan poco valemos y merecemos, deben excitar nuestra m\u00e1s viva gratitud.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, obtenida la venia del Ilimo. Sr. Obesso, ley\u00f3 el siguiente discurso:<\/p>\n<p>Ilimo. Se\u00f1or; Se\u00f1ores miembros de honor: queridos hermanos en Jesucristo:<\/p>\n<p>\u00abObligado como lo est\u00e1 el Consejo superior a vigilar de continuo por la conservaci\u00f3n del verdadero esp\u00edritu, del esp\u00edritu primitivo de nuestra humilde Sociedad, no puede menos de aprovechar las ocasiones que se le ofrecen para dar a conocer el resultado de sus observaciones constantes, y sobre todo, advertir los peligros que descubre, y que m\u00e1s o menos amenazan desviarnos de la recta senda que debemos seguir, sin apartarnos un \u00e1pice de ella ni a un lado ni a otro.<\/p>\n<p>Por eso esta noche, contando con la bondad de todos los presentes, me propongo se\u00f1alar a su atenci\u00f3n, en nombre de dicho Consejo superior, una tendencia equivocada, torcida, que de un tiempo a esta parle se nota en muchas de las Conferencias de Espa\u00f1a, y, cosa de advertir, m\u00e1s todav\u00eda en las modernas, en las nuevamente organizadas, que en las que llevan algunos a\u00f1os de funcionar.<\/p>\n<p>Esta tendencia ha producido ya y est\u00e1 produciendo resultados que, si bien en la apariencia son insignificantes, en la realidad est\u00e1n muy lejos de serlo; y que si no se atajan del \u00fanico modo posible, que es cortando la ra\u00edz de que brotan, a saber, la falta de inteligencia de una de nuestras principales bases de organizaci\u00f3n que los ha producido, no sabemos hasta qu\u00e9 extremo pudieran conducirnos, Justo ser\u00e1, pues, que hablemos aqu\u00ed de esto, y que recomendemos todo lo posible a los que nos oyen y a los que nos lean la importancia de fijar bien la atenci\u00f3n sobre el punto.<\/p>\n<p>El objeto de nuestra Sociedad es, como todos debemos saber, puramente espiritual. Nos hemos reunido, dice el Reglamento en una de sus primeras p\u00e1ginas, por un impulso de piedad cristiana, y por eso \u00abo buscamos las reglas de nuestra conducta en otra parle m\u00e1s que en el esp\u00edritu de la religi\u00f3n, en los ejemplos y palabras de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, en la doctrina de la Iglesia, y en la vida de los santos: por eso nos hemos puesto desde un principio bajo el patrocinio de la Sant\u00edsima Virgen y de San Vicente de Pa\u00fal, consagr\u00e1ndoles un culto particular, y esmer\u00e1ndonos en seguir tus huellas. Y pocas l\u00edneas despu\u00e9s, viniendo al verdadero objeto de la Conferencia que luego se convirti\u00f3 en Sociedad, dice: El fin de la Conferencia es: 1\u00ba Observar los socios una vida cristiana, ayud\u00e1ndose mutuamente con sus ejemplos y consejos; 2. visitar a los pobres, llev\u00e1ndolos socorros en especies, y consol\u00e1ndolos piadosamente, etc,<\/p>\n<p>Si estas palabras, amados hermanos en Jesucristo, que todos hemos le\u00eddo, acaso muchas veces, hubiesen sido meditadas una sola por cada uno de nosotros, imposible fuera que la tendencia equivocada que se advierte hoy en un gran n\u00famero de nuestras Conferencias hubiera aparecido, pues que dimana solo de no entender el verdadero objeto de nuestra humilde Sociedad, tan claramente expresado por ellas. Con efecto, Se\u00f1ores, \u00bfpara qu\u00e9 nos hemos reunido? \u00bfQu\u00e9 hemos venido a buscar aqu\u00ed? Natural es que el que sufre busque alivio a sus dolencias. Todos las padecemos f\u00edsicas y morales. Pero \u00bfes el alivio do las dolencias f\u00edsicas el que tratamos de hallar y procurar en esta Sociedad, o es el alivio de las dolencias morales? Conviene que lo consideremos despacio, porque si no, mal podremos, ni llenar nuestros deberes en la Sociedad, ni aun comprender su organizaci\u00f3n. Esta, consignada en el reglamento al cabo de a\u00f1os de pr\u00e1ctica, de observaciones, de consultas, etc., y que ha resultado tan sencilla como acertada en el concepto de los muchos varones ilustres por su virtud y ciencia que la han tributado los mayores elogios, ser\u00eda (no vacilamos en decirlo), ser\u00eda enteramente disparatada si la Sociedad se propusiera, como lo entienden muchos por equivocaci\u00f3n, el bien temporal de sus asociados y de sus pobres, el alivio de las necesidades f\u00edsicas, en una palabra, la limosna material, no la espiritual; la filantrop\u00eda, no la caridad.<\/p>\n<p>Para verlo claramente examinemos con un poco de atenci\u00f3n sus principales bases. La limosna material exige recursos materiales; y \u00bfcon qu\u00e9 recursos materiales contamos seg\u00fan nuestra organizaci\u00f3n? Si bien se mira, se advertir\u00e1 que no contamos con nada, absolutamente nada que pueda llamarse recurso lijo y determinado; pues el principal, el \u00fanico acaso en la mayor parte de nuestras Conferencias, quo es la colecta secreta, \u00bfqu\u00e9 tiene de seguro? Dejado el socio, como lo est\u00e1, en plena libertad para dar poco, mucho o nada, con seguridad de que no se ha de saber lo que ha dado, y ni aun si ha dado, \u00bfqu\u00e9 certidumbre podemos tener en este recurso? Algunas Conferencias reciben donativos; otras tienen suscritores; los socios honorarios, no los de honor (cuidado, Se\u00f1ores, con no confundir dos ciases tan diferentes para nosotros, aunque semejantes en su denominaci\u00f3n), los socios honorarios se comprometen a dar algo, lo que quieren, con m\u00e1s o menos regularidad; pero todo esto ya se ve que es muy incierto, que por lo com\u00fan debe ser escaso, y sobre todo que no ofrece la seguridad necesaria para recursos destinados al alivio de necesidades grandes y constantes. Y sin embargo, no tenemos m\u00e1s en punto a medios materiales, y con estos hemos vivido hasta aqu\u00ed, gracias a Dios, bastante bien, sin acudir a otros muchos arbitrios autorizados por la pr\u00e1ctica de asociaciones superiores a la nuestra, y cuyos resultados no desconocemos. \u00bfQu\u00e9 significa esto? \u00bfQu\u00e9 es lo que prueba claramente?<\/p>\n<p>Por otra parte, la santa amistad que nos profesamos, y que tan superior hallamos a las amistades ordinarias del mundo, lejos de autorizarnos el reglamento para valernos de ella con el fin de adelantar en nuestros negocios temporales, en nuestros intereses, en nuestra posici\u00f3n social, etc., nos previene expresamente que no lo hagamos \u00a0en ning\u00fan caso: que nuestro afecto, este santo cari\u00f1o que nace y crece en el seno de nuestras Conferencias, tiende a objeto m\u00e1s a alto, muy supe\u00adrior a todos los intereses de la tierra, como que es nada menos que el logro del cielo, y que ser\u00eda desvirtuarle, corromperle en alg\u00fan modo, hacer de \u00e9l otro uso.<\/p>\n<p>Por otra parte tambi\u00e9n, esta separaci\u00f3n absoluta en que se esta\u00adbleci\u00f3 la Sociedad desde su origen, de toda mira, de toda tendencia y hasta de la sombra de toda aspiraci\u00f3n pol\u00edtica; separaci\u00f3n cuya importancia suma para nosotros no comprenden algunos, y otros no quieren comprender (Dios se lo perdone); separaci\u00f3n determinada, no a la ligera o por capricho de nuestros j\u00f3venes fundadores, sino basada en aquellas palabras de nuestro San Vicente: \u00ablos que se quie decir ministros de la caridad no deben ni aun hablar entre s\u00ed de los intereses de la tierra, que traen divididas a las potencias del mundo, recomendada luego por nuestro primer Presidente general en su circular de 11 de junio de 1844, que dice, hablando de ella, que desde el principio la hemos adoptado con particular esmero, y que en ella est\u00e1n resumidos para nosotros todos los esfuerzos del pasado \u00bby todos los intereses del futuro; vuelta a recomendar por el segun\u00addo Presidente general en su circular de 15 de agosto del mismo a\u00f1o, que dice, hablando de la pol\u00edtica: \u00abmientras la misericordia de Dios mantenga lejos de nosotros a este incesante foco de discordia, la \u00bbSociedad prosperar\u00e1 y los pobres la bendecir\u00e1n, el d\u00eda que, por el contrario, le fuese dado a la pol\u00edtica hacer oir uno solo de sus acentos entre nosotros, el pedazo de pan que damos al pobre se convertir\u00eda en piedra, y la Sociedad se destruir\u00eda; recomendada, en fin, por el tercero y actual Presidente general en iguales t\u00e9rminos en varias de sus circulares; esta separaci\u00f3n absoluta de toda mira pol\u00edtica, tan fundada y recomendada en nuestras reglas, \u00bfqu\u00e9 es lo que est\u00e1 probando con evidencia?<\/p>\n<p>Pero volvamos a la tendencia equivocada de que est\u00e1bamos ha\u00adblando, y que no es ni se parece a tendencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Decimos: una Sociedad en cuyo reglamento nada hay consignado para asegurarle recurso alguno material, para proporcionar a sus socios ventaja alguna mundana, para que en ning\u00fan caso ni tiempo pueda ejercer influencia alguna pol\u00edtica, \u00bfpodr\u00e1 tener por objeto el bien material de sus socios y de las familias pobres que adopte? \u00bfNo se ve claro que su objeto principal no est\u00e1 en el cuerpo, en la materia, en la tierra, sino que es el alma, el esp\u00edritu, el cielo? \u00bfNo es evi\u00addente que su organizaci\u00f3n, aprobada por la Santa Sede, colmada de indulgencias y de elogios por tantos y tan eminentes Prelados, ser\u00eda del todo equivocada si el objeto de la Sociedad fuera de este mundo? Pues bien, a pesar de todo eso, no solo se desconoce fuera de la Sociedad su verdadero fin y objeto (lo que no debemos extra\u00f1ar ni aun sentir); sino que en el seno mismo de ella, en muchas de sus Con\u00adferencias, se aplica toda la atenci\u00f3n a la parte material, a la accesoria; resultando de aqu\u00ed forzosamente el descuido de la parte espiritual, de la principal, y otros varios inconvenientes de m\u00e1s o me\u00adnos trascendencia. As\u00ed, v. gr., se desea sobre todo dar mucho a las familias adoptadas, y no se repara que en este deseo puede tener tanta o mayor parte la vanidad o la propia satisfacci\u00f3n como la verdadera caridad. Se teme que falten recursos, y no se advierte que este temor puede acaso dimanar mas bien de falta de fe y de confianza que de verdadero amor al pobre.\u2014Se piensa demasiado en la adquisici\u00f3n y destino de la limosna material, y no se piensa bas\u00adtante en la importancia infinitamente superior de la limosna espiri\u00adtual; y estos deseos, estos temores y estos pensamientos vanos en\u00adtorpecen con frecuencia la buena marcha de las Conferencias , y las privan a veces de mucha parte de su car\u00e1cter primitivo, ese car\u00e1cter sencillo, humilde y confiado, que con el mayor esmero debed siempre conservar, y conforme al cual todo entre nosotros se puede enten\u00adder y explicar. As\u00ed, por ejemplo, si un socio, por ignorancia u otra causa, pregunta: \u00bfde d\u00f3nde nos han de venir los recursos? Se le responde sencillamente: \u201cde donde nos han venido siempre; esto es, de la misericordia de Dios por medio de nuestra organizaci\u00f3n&#8230;\u2014Y \u00bfsi nos faltan?\u2014Los pedimos a Dios y a nuestra organizaci\u00f3n, que hasta ahora nunca ha dejado de proporcion\u00e1rnoslos. \u2014Y \u00bfqu\u00e9 destino se da a los ingresos?\u2014 El consignado en la cuenta que todos los a\u00f1os se imprime en el Bolet\u00edn. \u2014Y \u00a1qu\u00e9 cantidades se remiten al extranjero!: \u2014Ninguna Conferencia de Espa\u00f1a remite poco ni mucho al extranjero. El Consejo superior, al cabo de siete a\u00f1os de oca\u00adsionar gastos al general, no solo ya los ordinarios de la correspon\u00addencia, sino otros muchos de impresos, hojas de agregaci\u00f3n, cua\u00addros estad\u00edsticos, etc., que intent\u00f3 pagar sin que se accediese a ello, crey\u00f3 deber destinar mil francos anuales como donativo compensaci\u00f3n de los gastos, cada vez mayores, que ocasionaba el general; y as\u00ed se verific\u00f3 desde entonces, con mucho agradecimiento de\u00a0 este y no sin sorpresa el primer a\u00f1o, pues nada esperaba, nada ped\u00eda, y nada absolutamente hab\u00eda recibido en los siete a\u00f1os an\u00adteriores, durante los cuales diferentes veces ofreci\u00f3 sus auxilios y aun remiti\u00f3 alg\u00fan donativo.\u2014Y \u00bfc\u00f3mo se mantiene la caja del Consejo superior de Espa\u00f1a? \u2014Con los donativos que recibe de bienhechores y de los Consejos particulares, las colectas de las cuatro Jun\u00adtas generales que se celebran en Madrid, el producto del Boletin y sus dem\u00e1s publicaciones, y la d\u00e9cima de las colectas ordinarias, que la ceden la mayor parte de las Conferencias de Espa\u00f1a establecidas en pueblos en que no hay Consejo particular, voluntariamente, pues no tienen obligaci\u00f3n alguna de hacerlo as\u00ed: pero es de notar que esta caja socorre a los Consejos particulares y a todas las Conferencias necesitadas, y que hasta ahora siempre ha superado en mucho, en seis mil duros alg\u00fan a\u00f1o, lo que ha dado a las provincias a lo que de ellas ha recibido, como consta en las cuentas impresas en el Bolet\u00edn.<\/p>\n<p>Triste es, Se\u00f1ores, tener que entrar en estas aclaraciones para hacer ver en alg\u00fan modo la vanidad de los deseos, de los temores y de las cavilaciones que se han introducido m\u00e1s o menos en algunas de nuestras queridas Conferencias. Pero \u00bfc\u00f3mo se ha de remediar? No se puede podar el \u00e1rbol sin tocar a la rama seca y convencerse de que lo est\u00e1.<\/p>\n<p>Pasemos cuanto antes a la verdadera savia de nuestro \u00e1rbol siguiendo la comparaci\u00f3n; a la parte espiritual de nuestra Sociedad, a su santo objeto, que no es otro que el de la pr\u00e1ctica de la verdadera caridad. \u00a1Qu\u00e9 objeto, amados hermanos m\u00edos, qu\u00e9 objeto en todos tiempos, y muy particularmente en el presente! \u00a1Que objeto, queridos consocios, si bien lo pensamos en presencia de Dios! Parece el mundo un vasto campo de batalla, en el que por todas partes atruenan el estr\u00e9pito, la confusi\u00f3n, el ruido de la pelea, los ayos y gemidos de los heridos, el movimiento continuo y precipitado de grandes masas en todas direcciones, y\u2026. \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo c\u00f3mo decirlo! Una barab\u00fanda general que no se puede explicar con palabras.<\/p>\n<p>Y nosotros, llamados por la misericordia de Dios a calmar, a consolar, a aliviar todo g\u00e9nero de penalidades y aflicciones con la dulce pr\u00e1ctica de la santa caridad en medio de toda esta lucha, \u00bfc\u00f3mo hemos de tener tiempo ni atenci\u00f3n para pensar en otra cosa m\u00e1s que en este nuestro grande objeto? No vemos m\u00e1s que desastres, heridas y muertes en derredor nuestro. Todo se ataca. Nada se respeta. La pluma y la lengua, causando mayores estragos que en la edad media el hierro y el fuego, amenazan la completa disoluci\u00f3n de la Sociedad cristiana; \u00bfy tendremos la frialdad de \u00e1nimo necesaria para distraernos ni un solo instante de nuestro cometido? Los tiros se cruzan en todos sentidos, y algunos tienen que tocarnos tambi\u00e9n forzosamente a nosotros mismos; no puede menos de ser as\u00ed. Pero si permanecemos heles a la doctrina de nuestro santo patrono, constantes en la pr\u00e1ctica de la verdadera caridad, \u00bfcu\u00e1nto partido podemos sacar hasta de nuestras mismas heridas para curar las ajenas? En esto, en esto s\u00ed que debemos poner lodo nuestro esmero y cuidado; y no en n\u00fameros, m en c\u00e1lculos, ni en ninguna de las cosas a que el mundo da gran importancia, pero que para nosotros no pueden tenerla.<\/p>\n<p>Mostremos que somos hombres de caridad, pues que se nos permite aspirar a tan hermoso t\u00edtulo, procurando con incansable celo aliviar toda dolencia, cicatrizar toda llaga, cerrar toda herida, ajenas y propias, por medio del \u00fanico b\u00e1lsamo que nos es dado usar, que es el amor.\u2014Aprovechemos las ocasiones que la bondad de Dios nuestro Se\u00f1or nos depare para ense\u00f1ar del modo m\u00e1s eficaz, que es con el ejemplo, c\u00f3mo entendemos nosotros la ley santa del amor, y c\u00f3mo la aplicamos pr\u00e1cticamente. Amemos de coraz\u00f3n a nuestros enemigos, reconociendo que en esto consiste el mandamiento nuevo de que nos habla el evangelista San Juan, para distinguirlo del amor a los amigos, tan viejo como el hombre. No nos se\u00e1a dif\u00edcil con el auxilio de la divina gracia, si reflexionamos que as\u00ed como las perfecciones de la criatura se deben siempre referir al Criador para que su consideraci\u00f3n no nos da\u00f1e, as\u00ed tambi\u00e9n las imperfecciones de la criatura, todas sus miserias y aun maldades, se deben referir al maligno esp\u00edritu que, para da\u00f1o suyo m\u00e1s que para el nuestro, ha logrado seducirla y hacerla pecar; y de este modo no conseguir\u00e1 con su astucia que confundamos el crimen con el criminal en nuestros juicios, y que el odio que solo merece la infernal serpiente se cambie en nuestro coraz\u00f3n en odio a la fr\u00e1gil criatura, tambi\u00e9n representada por la madre Eva en la primera tentaci\u00f3n del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>Rectificado el juicio, no ser\u00e1 dif\u00edcil que nuestra lengua y nuestra pluma se mantengan siempre heles a la santa ley del amor, porque estas no se deslizan sin haberse primero deslizado el pensamiento; y de este modo ganaremos m\u00e1s almas para Dios, \u00fanico objeto final de todos nuestros esfuerzos, que de ning\u00fan otro; conservando de paso el incomparable bien de la paz interior.<\/p>\n<p>F\u00edjense pues en esto las Conferencias todas, y particularmente los Presidentes que las dirigen.\u2014Comprendan la importancia de dar a la parle espiritual de nuestras obras \u00a1a preferencia que la da c! reglamento; y no se dejen alucinar por ideas, planes, deseos que no tienden m\u00e1s que a la adquisici\u00f3n de recursos materiales. Que teman el peligro de desear lo que tal vez no conviene, y sobre lodo el de distraer la atenci\u00f3n y el cuidado del objeto esencial de nuestra humilde Sociedad a los que son en ella puramente accesorios. A\u00f1adiremos solo para concluir, que la lectura atenta del Bolet\u00edn nos parece el mejor preservativo para que las Conferencias se mantengan en el esp\u00edritu verdadero de la Sociedad, y por lo tanto no podemos menos de recomendarla mucho. Lo hacemos con tanta mayor confianza, cuanto que todos saben el destino que se da a su producto Integro, pues que los socios que trabajan en su redacci\u00f3n y administraci\u00f3n, lejos de recibir por ello retribuci\u00f3n alguna, pagan sus suscripciones como todos los dem\u00e1s. Si la lectura del Bolet\u00edn se generalizase m\u00e1s, creernos que la tendencia equivocada de que hemos hablado no se podr\u00eda presentar, ni otra alguna parecida, porque se advierte que las Conferencias que tienen muchos suscritores (que son muy pocas) son las que mejor se mantienen en el verdadero esp\u00edritu de la Sociedad; al paso que las que no cuentan m\u00e1s que con una o dos suscriciones, que son las m\u00e1s, tropiezan a menudo con dudas y dificultades que en el Bolet\u00edn se han resuello; y lo que es a\u00fan peor, incurren en errores.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ores: estamos en la noche del 8 de diciembre, noche de d\u00eda tan grande en el cristianismo, y rodeados, no solo de la oscuridad y de las tinieblas propias de la noche, sino tambi\u00e9n de las de la ignorancia, del error y de la maldad, propias de esta existencia. Las luces que nos alumbran no se parecen nada a la clara y hermosa luz del sol,<\/p>\n<p>\u00abClamemos a Mar\u00eda; clamemos a nuestra tan dulce como poderosa protectora; invoquemos su amparo y protecci\u00f3n; y nada temamos. Dentro de pocos instantes nos entregaremos tranquilamente al descanso, confiados en volver a disfrutar de la alegre luz del d\u00eda en la aurora de ma\u00f1ana. As\u00ed tambi\u00e9n nuestras almas, en medio de las sombras y oscuridades de esta existencia terrenal, deben confiar animosas, no solo en disfrutar de la luz inmarcesible del sol de justicia en la aurora de la felicidad eterna, sino en el triunfo final de la virtud aun aqu\u00ed mismo en la tierra, en la reaparici\u00f3n de la luz despu\u00e9s de las tinieblas, de la verdad despu\u00e9s del error, del d\u00eda despu\u00e9s de la noche.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL 8 DICIEMBRE 1861. 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