{"id":404168,"date":"2022-03-08T08:20:59","date_gmt":"2022-03-08T07:20:59","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=404168"},"modified":"2022-02-15T12:24:03","modified_gmt":"2022-02-15T11:24:03","slug":"santiago-masarnau-sobre-el-ejemplo-y-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-el-ejemplo-y-la-palabra\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (sobre el ejemplo y la palabra)"},"content":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00eda 3 DE MAYO DE 1867.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n el Sr. Presidente del Consejo Superior, obtenida la venia del Excmo. o Ilmo.Sr. Nuncio, ley\u00f3 el discurso siguiente.<\/p>\n<p>Excmo, e Ilmo. Se\u00f1or:<\/p>\n<p>Las hojas estad\u00edsticas del a\u00f1o pasado se han recibido en este con mayor puntualidad, y casi todas m\u00e1s correctas que otros a\u00f1os. El Consejo superior trabaja sin interrupci\u00f3n para terminar cuanto antes el cuadro general, cuyos resultados, que espera poder someter a la atenci\u00f3n de la Junta del mes de julio seg\u00fan costumbre, probar\u00e1n el buen estado y la marcha progresiva de la Sociedad en Espa\u00f1a. Entretanto, parece oportuno decir aqu\u00ed algo de lo que no hacemos, ya que en la Junta pr\u00f3xima se ha de examinar lo que hayamos hecho.<\/p>\n<p>Colocados, como lo estamos por la disposici\u00f3n de la divina Providencia, entre los pobres y los ricos, puesto que, seg\u00fan nuestro Reglamento, no podemos ser pobres m\u00e1s que de esp\u00edritu, ni podemos participar del de los llamados com\u00fanmente ricos; para llenar bien nuestra modesta misi\u00f3n, no bastar\u00e1 que procuremos dar al pobre cuanto podamos, sino que ser\u00e1 preciso tambi\u00e9n pedir al rico, o m\u00e1s bien, procurar que el rico de seg\u00fan sus facultades; y en el desempe\u00f1o de esta segunda parte de nuestro cometido, se advierte por desgracia bastante negligencia o descuido.<\/p>\n<p>Es muy de notar, Se\u00f1ores y amados hermanos en Jesucristo, que nuestro Santo Padre P\u00edo IX, que Dios Ntro. Se\u00f1or nos guarde, al dirigirse a todos nosotros en su inolvidable alocuci\u00f3n del 5 de enero de 1855, no se limit\u00f3 a recomendarnos la pr\u00e1ctica de la caridad cerca del pobre, sino que tambi\u00e9n nos dijo: \u00abacercaos al mundo, a ese mundo, que puede llamarse un cad\u00e1ver sepultado en las \u00absombras de la muerte; y despu\u00e9s de llorar por los pecados que cometen los que le aman, despu\u00e9s de orar para que Dios obre el mayor de los milagros, que es la conversi\u00f3n de todos los pecadores, \u00bbpenetrados de ardiente caridad, gritad a ese muerto con la voz de \u00abJesucristo: Sal de la tumba, y vuelve, de la muerte del pecado a la \u00abvida de la gracia; de las tinieblas del error, a la luz de la verdad; \u00bbdel lodazal del vicio, a la pura senda de la virtud;\u00bb pues es evidente que por la palabra <em>mundo<\/em> no designaba aqu\u00ed Su Santidad al conjunto de los pobres solamente, sino tambi\u00e9n, o mas bien al de los ricos, que es el que se denomina as\u00ed por lo com\u00fan.<\/p>\n<p>Autorizados por tan notables palabras, no se nos puede tachar con justicia de presumidos si gestionamos cerca, del rico con verdaderamente caritativas, sino que, por el contrario, pecaremos de omisos dejando de hacerlo.<\/p>\n<p>S\u00e9anos, pues, permitido llamar la atenci\u00f3n de nuestros queridos consocios aqu\u00ed presentes un breve rato sobre este punto, que no deja de ser del mayor inter\u00e9s, tanto para nosotros, cuanto para nuestros pobres.<\/p>\n<p>La mayor parte de los miembros de nuestra humilde Sociedad destina, no hay que dudarlo, a los pobres considerables limosnas, y lo prueban las sumas de las colectas ordinarias. Hay muchos que no se limitan a dar lo que ponen en la colecta sino que, por efecto de su buen coraz\u00f3n o de su escaso conocimiento de nuestra organizaci\u00f3n, dan tanto o m\u00e1s, por otros medios. El trato frecuente que mantenemos con el pobre no puede menos de producir esos resultados; pero \u00bfcu\u00e1les son para la caridad los del trato que tambi\u00e9n tenemos que mantener, por nuestra posici\u00f3n social, con el rico?<br \/>\nEn primer lugar \u00bftenemos ideas exactas acerca del rico y del pobre? Se suele llamar rico al que tiene mucho dinero, y pobre al que tiene poco: pero si se examina la cuesti\u00f3n a fondo, se ver\u00e1 que es muy posible ser pobre poseyendo mucho, y ser rico teniendo poco, porque lo que constituye la verdadera riqueza, es m\u00e1s bien el no necesitar que el poseer; y as\u00ed como podr\u00e1 ser pobre el que mucho tenga si necesita m\u00e1s de lo que tiene, as\u00ed tambi\u00e9n podr\u00e1 ser rico el de escas haber, si con \u00e9l descubre sus necesidades. \u201cVe\u00eda lo que tienen, dec\u00eda S. Ambrosio hablando de los ricos, veis lo que tienen y no veis lo que les falta\u201d. Para graduar por lo tanto la verdadera riqueza o la verdadera pobreza con probabilidad de acierto, habr\u00e1 que hacer respecto a los individuos, lo que hace respecto a las casas de comercio. Nadie calcula la fortuna de estas por el examen solo de las cuentas de las entradas, o sea el debe. Sabido es que hay que examinar tambi\u00e9n el haber, o sea la cuenta de las salidas; y si estas superan a aquellas, por muchas que sean, resultar\u00e1 d\u00e9ficit en el balance, y por consiguiente que la casa pierde en vez de ganar.<\/p>\n<p>Pues ahora bien, \u00bfqui\u00e9n de nosotros no conoce ricos, esto es, personas que tienen mucho, y que, sin embargo, necesitan m\u00e1s de lo que tienen?<\/p>\n<p>Las necesidades son las que hay que investigar, y se hallar\u00e1 al hacerlo grand\u00edsima dificultad para trazar la l\u00ednea que separa lo necesario de los superfluo, puesto que no hay acaso dos hombres para<\/p>\n<p>Los que esas dos palabras, <em>necesario y superfluo<\/em> tengan el mismo significado. Influye en variaci\u00f3n de este para cada uno de nosotros; adem\u00e1s de la posici\u00f3n social, la educaci\u00f3n, la instrucci\u00f3n, las facultades f\u00edsicas y morales, la edad, la salud o la capacidad intelectual y otras mil circunstancias que no dependen en su mayor parte de nosotros mismos.<\/p>\n<p>Por eso el lujo es tan temible, pues su tendencia natural consiste en convertir en necesario lo superfluo; y demasiado se est\u00e1 viendo c\u00f3mo a medida que el lujo crece, crecen tambi\u00e9n los verdaderos pobres, esto es, los que no tienen lo que necesitan; pues pobres son aunque vivan en magn\u00edficos palacios, y tanto m\u00e1s dignos de compasi\u00f3n, aunque el vulgo los crea dignos de envidia, cuanto que no son pobres de esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores, \u00bfa qui\u00e9n no llama la atenci\u00f3n lo que est\u00e1 hoy d\u00eda sucediendo en nuestra capital y en las ciudades principales de Espa\u00f1a? Nuestros consocios claman de todas partes que los pobres se aumentan y que no hay dinero. Que los pobres se aumentan es indudable; pero \u00bfc\u00f3mo hemos de admitir que no hay dinero, mientras vemos esa profusi\u00f3n de magn\u00edficos carruajes que por todas parles nos estorban el paso, esos espl\u00e9ndidos caf\u00e9s atestados de gente a todas horas, las diversiones p\u00fablicas tan multiplicadas y tan concurridas, y otras mil pruebas por este estilo de lo que cunde el lujo en nuestra pobre Espa\u00f1a?<\/p>\n<p>Su funesta influencia se entiende hasta las \u00faltimas clases de la sociedad, y demasiado observamos sus efectos en los pobres mismos que visitamos, y que ya no se contentan con los socorros en especie que tanto agradec\u00edan no ha muchos a\u00f1os, sino que nos piden socorros extraordinarios, y calzado, y ropas, y ba\u00f1os de mar, y pagos de viajes de ida y vuelta, y dinero para mantenerse durante su permanencia en los puntos que elige a veces su capricho para ba\u00f1arse.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tiene de extra\u00f1o que falte el dinero para las verdaderas limosnas, cuando tanto se gasta en la satisfacci\u00f3n de necesidades creadas por el lujo? Y los hombres de verdadera caridad, \u00bfno deben considerarse obligados a trabajar por todos los medios que est\u00e1n a su alcance para impedir tan grave mal, oponi\u00e9ndose varonilmente al torrente de ideas tan disparatadas como perniciosas, que lodo lo invade y que no puede menos de producir los m\u00e1s funestos resultados?<\/p>\n<p>As\u00ed es: pero debemos tener presente lo que nos recomienda el precioso Manual del Visitador del pobre, que con tanta frecuencia leemos. Nosotros no podemos, como miembros de nuestra humilde Sociedad, alzar la voz para acusar a nadie. Nuestra misi\u00f3n se reduce a ir por el camino que la caridad nos ordena: levantar al ca\u00eddo, consolar al triste, sin investigar hasta qu\u00e9 punto se pudieron o debieron evitar las l\u00e1grimas del uno y la ca\u00edda del otro: ver los males, sentirlos y consolarlos; hallar su origen en la imperfecci\u00f3n humana y buscar su remedio en Dios.<\/p>\n<p>S\u00ed\u2026en Dios\u2026o lo que es lo mismo en la oraci\u00f3n, y este es, el medio de los medios para todo; pero es preciso tambi\u00e9n corresponder a la gracia que por la oraci\u00f3n se alcanza, y cooperar con ella. Al efecto tenemos otros dos medios al alcance de todos nosotros; medios preciosos que debemos emplear con el mayor esmero, y que, bien empleados, no dejar\u00e1n seguramente de producirnos los m\u00e1s felices resultados. Esos medios son el <em>ejemplo<\/em> y la <em>palabra.<\/em> Reflexionemos un instante sobre ellos.!<\/p>\n<p>\u00bfHemos pensado alguna vez con la debida detenci\u00f3n en la eficacia verdaderamente prodigiosa del ejemplo? No hay duda que por efecto de nuestra inclinaci\u00f3n al mal, el ejemplo del pecado corrompe con mucha m\u00e1s facilidad que el de la virtud moraliza: pero sin embargo, \u00bfqui\u00e9n es capaz de calcular el bien producido por solo el ejemplo?<\/p>\n<p>S\u00a1 todos los individuos de nuestra humilde Sociedad, tan extendida hoy por el mundo entero, arregl\u00e1semos con esmero nuestra vida y costumbres a la santa moral del Evangelio; si todos profes\u00e1semos con la debida libertad la completa renuncia a las pompas y vanidades del mundo, que prometimos en la santa fuente del bautismo; si todos cuid\u00e1semos, no solo de ser cristianos de coraz\u00f3n, sino de aparecer tales en todos los actos de nuestra vida, conform\u00e1ndola completamente a la santa ense\u00f1anza de nuestra Santa Madre la Iglesia, \u00bfqui\u00e9n sabe el fruto que podr\u00edamos obtener?<\/p>\n<p>Porque nuestra debilidad o cobard\u00eda en esta parte es tan com\u00fan como deplorable. Creemos por la misericordia de Dios, nos ejercitamos en obras de caridad para mantener viva nuestra fe; y por una contradicci\u00f3n inexplicable, imitamos los gustos de los que no creen, sus costumbres y sus h\u00e1bitos, privando a los que nos observan del ejemplo edificante que debi\u00e9ramos darles con nuestra oposici\u00f3n franca, leal y constante a todas las m\u00e1ximas del mundo, para sacar as\u00ed un partido muy ventajoso de nuestra misma posici\u00f3n en \u00e9l.<\/p>\n<p>Recordemos, Se\u00f1ores, que el incomparable libro que siempre se ha le\u00eddo en nuestras Conferencias desde el origen de la Sociedad, se titula no solo <em>de la Imitaci\u00f3n de Cristo,<\/em> sino tambi\u00e9n <em>y del desprecio del mundo:<\/em> como si su inspirado autor nos hubiera querido resumir en el solo t\u00edtulo de la obra los dos grandes puntos a que puede referirse toda la perfecci\u00f3n cristiana. Y es de notar la importancia que dio al desprecio del mundo, mencion\u00e1ndole en la cabeza del libro, aunque en rigor no parec\u00eda necesario, pues no es posible imitar a Jes\u00fas sin despreciar al mundo. Sin embargo, \u00a1cu\u00e1ntos cristianos se descuidan en esta parte! \u00a1Cu\u00e1ntos viven como si fuera posible imitar a Jes\u00fas y no despreciar al mundo! \u00a1Cu\u00e1ntos procuran el imposible de amalgamar en su conducta el amor a Jes\u00fas con el amor al mundo!<\/p>\n<p>Reconozcamos este temible escollo, y separ\u00e9monos de \u00e9l con toda la energ\u00eda debida. Lejos de contristarnos las cr\u00edticas, las burlas, o las persecuciones del mundo, recib\u00e1moslas con alegr\u00eda; y \u00a1ay de nosotros si en algo buscamos su aprobaci\u00f3n o aplauso!<\/p>\n<p>Persuad\u00e1monos bien de que para llenar nuestros deberes sociales, sean los que fuesen, no necesitamos agradar al mundo, sino que, por el contrario, cuanto m\u00e1s le despreciemos tanto mejor los llenaremos, porque la divina moral del Evangelio no se ha escrito para anacoretas solo, sino para todos los hombres, a quienes Dios nuestro Se\u00f1or ha querido preservar del mal sin sacarlos precisamente del mundo.<\/p>\n<p>El otro medio eficac\u00edsimo de cooperar a la salvaci\u00f3n del rico como a la del pobre, es la <em>palabra;<\/em> medio precioso que, como el anterior, est\u00e1 al alcance de todos nosotros, y que si acert\u00e1semos a emplearle bien, es incalculable el fruto que nos reportar\u00eda.<\/p>\n<p>Todos comprendemos f\u00e1cilmente la importancia de dar a los pobres, y en particular a nuestros adoptados, buenos consejos; de aprovechar las ocasiones que nos ofrece su visita para inculcarles m\u00e1ximas de moral y religi\u00f3n, la pr\u00e1ctica de las virtudes, la conformidad y la paciencia en sus trabajos, etc\u2026 Pero \u00bflo hacemos as\u00ed tambi\u00e9n con los ricos que tratamos? \u00bfAprovechamos las oportunidades que se presentan, pues no dejan de presentarse, de aconsejarles las virtudes propias de su situaci\u00f3n, el buen uso de sus riquezas, la obligaci\u00f3n que tienen, y tan f\u00e1cilmente olvidan, de socorrer en proporci\u00f3n a ellas las necesidades de los pobres?<\/p>\n<p>A m\u00ed me parece que en esto hay mucha negligencia de nuestra parte, y temo que hemos de dar estrecha cuenta de ella en su d\u00eda. Pues qu\u00e9! \u00bflos ricos dejan de ser pr\u00f3jimos nuestros porque no necesitan de la limosna material? \u00bfAcaso no les hace falta la espiritual, reconocida siempre por nosotros como la principal, tanto o m\u00e1s que a los pobres?<\/p>\n<p>Equivocadas son, muy equivocadas, las ideas que generalmente se tienen de los ricos; y as\u00ed como por lo com\u00fan est\u00e1n muy lejos de ser felices porque no son pobres, as\u00ed tambi\u00e9n suelen estar muy lejos de ser lo que parecen en otros respectos. Dif\u00edcil es seguramente que el pobre se conforme con su suerte; sin lo que es de notar que no le comprende la primera de las bienaventuranzas, por pobre que sea: pero \u00bfes acaso menos dif\u00edcil que el rico haga el uso debido de la suya, cuando el Evangelio compara la dificultad a la de pasar un camello por el ojo de una aguja? \u00bfY no merece esto que nuestra caridad se avive en favor del rico?<\/p>\n<p>El beneficio que podemos hacer al rico con nuestras palabras, es verdaderamente inmenso y de incalculable trascendencia, pues no en vano nos tiene la divina Providencia colocados entre \u00e9l y el pobre.<\/p>\n<p>La mayor parte de sus desvar\u00edos y locas profusiones, dimana m\u00e1s bien de ignorancia y de falta de reflexi\u00f3n, que de verdadera depravaci\u00f3n o malicia. Si supiera lo que padecen muchos por falta de auxilio que est\u00e1 en su mano el prestar; si supiera que la limosna proporcionada al haber de cada cual no es una pr\u00e1ctica de consejo para un cristiano, sino una rigorosa obligaci\u00f3n; si supiera que hay medios seguros de cumplir esa obligaci\u00f3n, sin temor de ser enga\u00f1ado por la turba multa de impostores que siempre le est\u00e1n molestando con sus gestiones e importunidades, es bien seguro que obrar\u00eda de un modo muy diferente del que suele obrar, y con mucha ventaja para s\u00ed y para los pobres.<\/p>\n<p>Y \u00bfser\u00e1 por ventura poca caridad, informarle bien sobre todos esos puntos, hacerle conocer los peligros de su situaci\u00f3n, y ayudarle a librarse de ellos?<\/p>\n<p>Es muy com\u00fan quejarse de la dureza del rico, de su orgullo, de su falta de generosidad; pero \u00bfno ser\u00eda mejor investigar las causas de esas faltas, y procurar combatirlas, como podemos hacerlo nosotros que le tratamos?<\/p>\n<p>Dios Nuestro Se\u00f1or nos libre de las pasiones que produce la posesi\u00f3n de oro. Conocimos a un millonario que se muri\u00f3 de hambre, se puede decir, pues a fuerza de no comer por econom\u00eda, se lleg\u00f3 a extenuar hasta el extremo de no poder vivir, y falleci\u00f3. \u00bfQu\u00e9 limosnas har\u00eda aquel miserable, cuando ni a s\u00ed propio se daba el sustento necesario para vivir?<\/p>\n<p>Tan cierto es que las riquezas son como los pechos de la mujer, que se secan cuando no se descargan, y que reproducen tanto m\u00e1s su leche cuanto m\u00e1s saca de ellos el hijo que alimentan: \u00a1hermosa comparaci\u00f3n de S. Juan Cris\u00f3stomo!<\/p>\n<p>Pero falta el amor al rico, que lejos de estar excluido por el amor al pobre, lo completa; y se le mira por lo com\u00fan con cierta prevenci\u00f3n injusta, cierto orgullo solapado, que nos aleja de \u00e9l en vez de buscarle por caridad, que tambi\u00e9n lo es amar al rico, como se le ame de veras, esto es, por su alma y no por su oro.<\/p>\n<p>Resumiendo ya todo lo dicho por no molestar la atenci\u00f3n de los que escuchan, dir\u00e9 que en mi humilde opini\u00f3n no debemos contentarnos con amar al pobre solamente, sino que este mismo amor debe completarse con el verdadero amor al rico; y que si sacamos todo el partido posible de nuestra posici\u00f3n social para hacerle bien, as\u00ed como debemos sacarle de nuestra adhesi\u00f3n a la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal para beneficio del pobre, es inmenso el fruto que podemos reportar.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir en manera alguna que pidamos al rico sin la debida prudencia. Desde luego se comprende que si esta es necesaria para dar, tan necesaria al menos ser\u00e1 para pedir. No es esto lo que se quiere decir. Se recomienda solo la conveniencia de hacer conocer al rico, con nuestro ejemplo y con nuestra palabra, la vanidad de los deseos mundanos y de los goces que tan caro suele comprar; la dulzura incomparable de la limosna; el consuelo que se encuentra al aliviar las penas ajenas; la obligaci\u00f3n que tiene de dar en proporci\u00f3n a lo que posee; y el peligro grande en que est\u00e1 su salvaci\u00f3n eterna, si por desgracia suya olvida esa obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Persuadido el rico de todo eso, no necesita que le pidamos para darnos; y una experiencia de muchos a\u00f1os nos lo confirma completamente.<\/p>\n<p>El rico, no hay que dudarlo, es mucho m\u00e1s digno de compasi\u00f3n, por lo com\u00fan, que de envidia. \u00bfQu\u00e9 rico est\u00e1 seguro del afecto que le muestran los que le rodean? Y \u00bfpuede haber cosa m\u00e1s triste que el no estar seguro del amor de nadie?<\/p>\n<p>Por cierto que si se considera esto un poco, ya no se extra\u00f1ar\u00e1 que el semblante del lacayo sea por lo com\u00fan tan alegre y satisfecho, como triste y macilento suele ser el de su se\u00f1or que va dentro del carruaje; porque la tabla que los separa significa una distancia enorme en el campo de la felicidad, y no hay que preguntar qui\u00e9n de los dos est\u00e1 m\u00e1s avanzado en \u00e9l.<\/p>\n<p>Otra reflexi\u00f3n no m\u00e1s para concluir.<\/p>\n<p>Es muy com\u00fan considerar la pobreza como un mal, creer que la riqueza es un bien; y de aqu\u00ed la falta de conformidad en el pobre, que le priva desgraciadamente de las ventajas propias de su situaci\u00f3n para alcanzar la vida eterna, y la falla de desprendimiento en el rico, que le expone a todos los peligros de condenarse perpetuamente, propios de la suya.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 bien mayor se puede hacer a la vez al rico y al pobre que el de sacarles de esos funestos errores en que se hallan, vali\u00e9ndonos del ejemplo y de la palabra con la debida prudencia, pero con el celo queda el verdadero amor, para persuadirles de que la pobreza lejos de ser un mal, puede asegurarnos el mayor de todos los bienes, que es la salvaci\u00f3n eterna, con solo aceptarla de buena voluntad; al [jaso que la riqueza, lejos de ser un bien, nos expone al mayor de todos los males, que es el fuego eterno, con solo permitir que nuestro pobre coraz\u00f3n se apegue a ella?<\/p>\n<p>Ejerzamos, pues, la caridad verdadera con el pobre y con el rico. Observemos que la una completa la otra; y procuremos sacar todo el partido posible del trato con el pobre y con el rico, para la salvaci\u00f3n de sus almas y do la nuestra.<\/p>\n<p>Los mundanos esquivan el trato del pobre, porque los acibara sus falsos placeres; pero tambi\u00e9n hay muchos desenga\u00f1ados del mundo, que se creen obligados a esquivar con exageraci\u00f3n el trato del rico para vivir seg\u00fan el Evangelio; y al paso que reconocen los funestos extrav\u00edos a que suele conducir la riqueza, nada hacen por preservar de ellos a los que naturalmente se hallan expuestos a incurrir en ellos.<\/p>\n<p>Para nosotros todas las condiciones sociales deben ser respetables, pues todas dimanan de Dios; y es de notar que sin esa preciosa desigualdad que se advierte en las fortunas como en los dotes f\u00edsicos y morales de los hombres, fallar\u00edan los m\u00e1s poderosos est\u00edmulos de la caridad, y sin la caridad la vida ser\u00eda insoportable.<\/p>\n<p>Pero guard\u00e9monos bien de escudri\u00f1ar las disposiciones de la divina Providencia, en el orden moral como en el f\u00edsico, porque nos exponemos a blasfemar de lo que no conocemos. Cuando no nos parecen bien, o no las hemos meditado bastante, o no conviene que las comprendamos, lo m\u00e1s seguro es humillarnos mucho, reconocer nuestra ignorancia natural, nuestra peque\u00f1ez, y recordar que el gran Dios, el Omnipotente que todo lo rige y gobierna, no est\u00e1 sujeto a ninguna de las flaquezas del hombre, y por consiguiente no se puede equivocar en nada. Sus juicios est\u00e1n m\u00e1s elevados sobre los juicios nuestros, que las estrellas lo est\u00e1n sobre las lucecitas que encendemos ac\u00e1 en la tierra. \u00bfQu\u00e9 tiene pues de extra\u00f1o que muchas veces y en muchas cosas no acertemos a comprenderlos? Humillemos nuestra orgullosa raz\u00f3n: amemos y esperemos.<\/p>\n<p>\u00abEsperar debemos solo en Dios. Pero amar\u00e1 todos los hombres, y por consiguiente al pobre como al rico, al uno por el otro, al uno y al otro por Dios.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUNTA GENERAL CELEBRADA EN MADRID EL D\u00eda 3 DE MAYO DE 1867. A continuaci\u00f3n el Sr. Presidente del Consejo Superior, obtenida la venia del Excmo. o Ilmo.Sr. Nuncio, ley\u00f3 el discurso siguiente. 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