{"id":403865,"date":"2021-12-18T08:27:21","date_gmt":"2021-12-18T07:27:21","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403865"},"modified":"2022-01-05T10:41:25","modified_gmt":"2022-01-05T09:41:25","slug":"santiago-masarnau-sobre-el-espiritu-de-sacrificio-y-mortificacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-el-espiritu-de-sacrificio-y-mortificacion\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (Sobre el esp\u00edritu de sacrificio y mortificaci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<p>Junta general celebrada en Madrid en el d\u00eda 19 de julio de 1857, fiesta de nuestro santo patrono.<\/p>\n<p><em>Se<\/em><em>\u00f1<\/em><em>ores y Hermanos en J. C.<\/em><\/p>\n<p>La visita del pobre, que es la obra fundamental de nuestra Asociaci\u00f3n, es tan fecunda en ense\u00f1anzas y aplicaciones a la pr\u00e1ctica de la virtud y a la fuga del vicio, que nos parece inagotable. Y aunque tanto y tan bueno se ha dicho ya aqu\u00ed sobre ella, y tanto y tan bueno se ha escrito y publicado, nos parece que es del mayor inter\u00e9s para nosotros el estudio y escudri\u00f1amiento de \u00e9sta preciosa mina, y que siempre podemos descubrir en ella, nuevas y mayores riquezas. Perm\u00edtasenos, por lo tanto, decir algo esta noche del <em>esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n que<\/em> podemos adquirir en la visita del pobre, y de sus inmensas ventajas, de los grandes bienes que podemos reportar de este esp\u00edritu para nuestros queridos pobres y para nosotros mismos.<\/p>\n<p>Del esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n suele haber escaso conocimiento <em>y <\/em>aun m\u00e1s escasa pr\u00e1ctica. Se habla de \u00e9l como de otras muchas cosas que nuestra santa Religi\u00f3n nos recomienda, con respeto y con elogio, y nada m\u00e1s. Nada de pr\u00e1ctica, nada de aplicaci\u00f3n. Puede dimanar este mal (pues indudablemente lo es, y grande) de la falta de conocimiento, de la falta de meditaci\u00f3n; y la visita al pobre sirve para suplir esas dos faltas, o puede, en cierto modo, compensarlas. Veamos c\u00f3mo.<\/p>\n<p>El pobre carece de lo m\u00e1s indispensable para cubrir sus primeras necesidades. Carece no s\u00f3lo de alimento abundante, de vestido suficiente y de habitaci\u00f3n c\u00f3moda, sino que hasta del aire y de la luz necesarias para la conservaci\u00f3n de la salud le vemos carecer a veces. \u00bfY qu\u00e9 le decimos nosotros al visitarle y hallarla en eso estado? \u00bfqu\u00e9 nos sugiere nuestra caridad para, sino aliviar del todo, mitigar en alg\u00fan tanto los padecimientos propios de su situaci\u00f3n? Le decimos que hay otra vida, en que se premiar\u00e1 infaliblemente al justo y se castigar\u00e1 infaliblemente al malvado. Le decimos que las penas como los placeres de este tiempo enga\u00f1oso y pasajero son todos falsos y despreciables. Le decimos que la resignaci\u00f3n, sobre todo, es su grande tabla de salvaci\u00f3n, puesto que cuanto m\u00e1s padezca m\u00e1s podr\u00e1 merecer si padece con resignaci\u00f3n; esto le decimos todos, y con esto venimos a recomendarle el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, que tanto necesita para no perder el mucho bien que puede reportar de los padecimientos mismos a que le condena, no su suerte, como se dice vulgarmente, sino un Dios infinitamente sabio, justo y misericordioso. Esto es bueno. Pero falta lo mejor. Falta demostrarle con el ejemplo la sinceridad de nuestros consejos y palabras. Falta hacerle ver que el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n que tanto le recomendamos, es en efecto apreciado por nosotros en todo su justo valor. Falta ense\u00f1arle del modo m\u00e1s eficaz, esto es, haci\u00e9ndolo nosotros mismos, a abrazar de coraz\u00f3n el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La visita del pobre nos trae por lo tanto al aprecio del esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n \u00a0y a la necesidad de cultivar en nosotros mismos ese esp\u00edritu y de practicarle. Tambi\u00e9n nos ense\u00f1a el modo de verificarlo, esto es, de poner en pr\u00e1ctica ese esp\u00edritu y de sacar de \u00e9l innumerables ventajas. Veamos c\u00f3mo.<\/p>\n<p>No es posible volver de la visita del pobre a nuestra c\u00f3moda habitaci\u00f3n, a nuestra abundante mesa y a todas nuestras delicadezas habituales, sin recordar la suerte tan diferente en quede hemos visto y dejado. \u00bfA qui\u00e9n de nosotros no le ha asaltado mil veces el recuerdo de alg\u00fan ancianito querido, de alg\u00fan ni\u00f1ito inocente, de alg\u00fan padre de familia luchando con todas las dificultades de la miseria en medio de nuestras ocupaciones habituales y en medio de nuestros goces materiales? \u00bfy qui\u00e9n no ha observado al mismo tiempo los efectos de aquel recuerdo y el contraste que las ideas,\u00a0 todas provechosas, en que viene <em>como envuelto,<\/em> forma con las ideas de las cosas y de los hombres que nos rodean? Pues bien! aprovech\u00e9monos de los sentimientos que ese contraste mismo no puede menos de despertar en nuestro coraz\u00f3n. Fomentemos un poco esos sentimientos por medio de la consideraci\u00f3n, y nos parecer\u00e1 oir una voz dulce, pero severa, que nos dice: \u00bfY t\u00fa qu\u00e9 padeces por aquel? \u00bfa qu\u00e9 privaciones, a qu\u00e9 mortificaciones <em>voluntarias<\/em> te sujetas para ense\u00f1arle a sufrir las mortificaciones y privaciones <em>forzosas<\/em> que padece? Si tanto le quieres, como parece indicarlo su recuerdo y el efecto que te produce, \u00bfpor qu\u00e9 no procuras aligerar la enorme carga que pesa sobre sus hombros, imponi\u00e9ndote t\u00fa sobre los tuyos alguna parte de ella para su consuelo y alivio?\u2014Pero y yo \u00bfqu\u00e9 puedo hacer, dir\u00e1 tal vez alguno de buena fe, para aliviar los padecimientos y privaciones del pobre por medio de los m\u00edos? \u00bfEn qu\u00e9 y c\u00f3mo puedo yo mortificarme para quede mi mortificaci\u00f3n le resulte al pobre alg\u00fan alivio o beneficio?\u2014\u00a1Ah, hermano m\u00edo! le responderemos, en mucho y de muchos modos. En tanto y de tantos modos, que no nos es posible hacer aqu\u00ed m\u00e1s que algunas peque\u00f1as indicaciones.<\/p>\n<p>Observemos lo que nos cuesta, lo que invertimos \u00a0en la satisfacci\u00f3n de nuestros apetitos (m\u00e1s o menos viciosos), y busquemos la <em>l\u00ednea<\/em> que separa esta satisfacci\u00f3n de la de nuestras respectivas necesidades. Esta l\u00ednea est\u00e1 tan borrada y olvidada por el mundo, que no es f\u00e1cil ya descubrirla; pero la visita al pobre nos ayudar\u00e1 mucho para ello. \u00bfQu\u00e9 buscamos para el pobre? \u00bfQu\u00e9 es lo que en nuestro concepto m\u00e1s necesita? Instrucci\u00f3n, ocupaci\u00f3n y socorro material. Y nuestra propia instrucci\u00f3n, nuestro propio trabajo y nuestros bienes de fortuna \u00bfno pueden, si verdaderamente le amamos, suplir en alg\u00fan tanto la falla que le vemos padecer de esas tres cosas! Cuanto mayor y m\u00e1s pura sea nuestra instrucci\u00f3n, \u00bfno podremos valernos de ella tanto m\u00e1s y mejor para aconsejarle? Cuanto m\u00e1s asiduo sea nuestro trabajo, \u00bfno podremos \u2019tanto m\u00e1s y mejor suplir la falta del suyo? Y cu\u00e1ntos m\u00e1s bienes de fortuna podamos ahorrar, \u00bfno podremos, tanto m\u00e1s y mejor socorrerle? Pero aqu\u00ed entra la dificultad Esta consiste en que para aumentar nuestra instrucci\u00f3n, sostener nuestro trabajo y ahorrar nuestro dinero, es necesario el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, y este esp\u00edritu nos falta; quisi\u00e9ramos consolar al pobre y llevarle grandes limosnas, pero sin que nos costase nada; y esto no puede ser, gracias a Dios, porque nos debemos alegrar mucho de que no pueda ser. No: el amor no puede satisfacerse con enga\u00f1os, y enga\u00f1os son los que padecemos cuando nos persuadimos, o nos queremos persuadir, de que con dedicar al pobre alg\u00fan poco de tiempo de que no sabemos qu\u00e9 hacer, y alg\u00fan poco de dinero que no sabemos en qu\u00e9 gastar, ya hemos cumplido con la caridad. Enga\u00f1os son e ilusiones que debemos desterrar de nuestro \u00e1nimo.<\/p>\n<p>Necesitamos del esp\u00edritu de sacrificio y de mortificaci\u00f3n todos los d\u00edas de nuestra vida y en todas las horas de nuestros d\u00edas, como nos lo demuestran claramente las observaciones siguientes:<\/p>\n<ul>\n<li>Desde el instante mismo en que nos despertamos por la ma\u00f1ana, empieza ya la terrible e implacable lucha de la carne con el esp\u00edritu, inclin\u00e1ndose aquella a permanecer en el ocio y en la molicie y \u00e9ste a sacar partido del tiempo y aprovecharle. Si no tenemos esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, nos dejaremos vencer por la carne; y perderemos la mejor porci\u00f3n del d\u00eda, que es indudablemente la primera; descuidando o abandonando el cumplimiento de los deberes religiosos, que para nosotros deben ser los primeros, y que o se omiten del todo, o se desempe\u00f1an mal m\u00e1s tarde. La oraci\u00f3n y la meditaci\u00f3n \u00bfa qu\u00e9 hora se hacen s\u00ed no se hacen en la primera del d\u00eda?<\/li>\n<li>Llega la hora del desayuno; y en esta, como en todas las dem\u00e1s que dedicamos a nutrir nuestro pobre cuerpo, dif\u00edcil o imposible es que resistamos a la gula, a la sensualidad y al mal ejemplo, sin esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Llega la hora del trabajo, a que todos estamos obligados, sea cual fuese nuestra situaci\u00f3n, y en la lucha que dijimos hab\u00eda empezado al despertar, y que no puede cesar en todo el d\u00eda, sentiremos en esta parte de \u00e9l, y frecuentemente durante el trabajo, <em>que debe ser suficiente para cansarnos,<\/em> la dificultad de vencer la inclinaci\u00f3n natural, torcida, como todas las que tenemos, a la pereza y a la inacci\u00f3n.<\/li>\n<li>Llega la hora de salir de casa, y tambi\u00e9n en esta tendremos que batallar primero con el esp\u00edritu de vanidad en el tocador, con el de orgullo, sensualidad y ambici\u00f3n en la elecci\u00f3n de nuestras diligencias fuera de casa, y con el de ociosidad, murmuraci\u00f3n, envidia, etc., etc. en todo nuestro trato con nuestros semejantes,<\/li>\n<li>Llega la hora de retirarnos a casa y para hacerlo con el tiempo debido, a fin de que no nos falte para recogernos antes de entregarnos al sue\u00f1o y tener nuestro rato de lectura espiritual, de examen y de oraci\u00f3n, necesitamos tambi\u00e9n pelear y vencer, en dicha lucha. No hay, pues, un solo momento del d\u00eda en que no contin\u00fae la lucha; y por lo tanto, no le hay en que no necesitemos del esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n y de sacrificio para sostenerla valerosamente.<\/li>\n<li>Y si del examen del d\u00eda pasamos al de las \u00e9pocas diferentes del a\u00f1o, \u00a1cu\u00e1ntas y cu\u00e1ntas nuevas pruebas descubriremos de la misma lucha continua, y cu\u00e1ntas y cu\u00e1ntas nuevas razones por lo mismo para cultivar el precioso esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n de que vamos hablando! \u00a1Qu\u00e9 de gastos extraordinarios y crecidos en que se incurre sin esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, ya en el vestido, ya en la habitaci\u00f3n, ya en muebles, ya en viajes de pura curiosidad y de puro ocio, ya en disipaciones, caf\u00e9s, teatros, y las mil y mil invenciones de Satan\u00e1s para hacernos gastar el tiempo y el dinero y el coraz\u00f3n ! \u00bfQu\u00e9 haremos, miserables de nosotros, rodeados de tantos peligros y tentaciones de todas clases-y por todas partes, sin esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n?<\/li>\n<\/ul>\n<p>Pues bien: este esp\u00edritu, decimos, tan necesario para nosotros, de ning\u00fan modo m\u00e1s eficaz podemos adquirirle y robustecerle por medio del ejercicio, que con la visita reflexiva del pobre, nuestra primera pr\u00e1ctica y la obra fundamental (no lo olvidemos nunca) de nuestra querida Sociedad. Para persuadirnos de ello, bastar\u00e1 que volvamos a repasar el examen de todo nuestro d\u00eda, y que vayamos aplicando a todas las fases en que hemos visto se ha ido presentando la lucha de la carne con el esp\u00edritu, el recuerdo salut\u00edfero de nuestros pobres; recuerdo que no podemos menos de tener si los hemos visitado <em>con la atenci\u00f3n y detenci\u00f3n debidos,<\/em> y que tanto nos encargan nuestras reglas.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo, diremos en nuestro interior al despertarnos, c\u00f3mo me lie de estar yo en la cama perdiendo miserablemente mi tiempo, cuando puedo utilizarlo en beneficio de mis queridos pobres, (y convendr\u00e1 acordarse de alguno en particular), y cuando tantos y tantos-s\u00e9 que necesitan de todo, y particularmente de una virtud y de una paciencia tan grande para llevar con resignaci\u00f3n y conformidad su terrible situaci\u00f3n! No: voy corriendo a levantarme, y antes de todo, a pedir al Dios d\u00e9 las misericordias por ellos y por m\u00ed.<\/p>\n<p>Llegada la hora del desayuno, como las de las dem\u00e1s comidas del d\u00eda, \u00bfc\u00f3mo nos hemos de dejar arrastrar de la gula y de la sensualidad, recordando la avidez con que hemos visto comer el <em>pan seco, <\/em>no s\u00f3lo a hombres tan buenos como nosotros, sino a mujeres delicadas y a ni\u00f1os inocentes? Se\u00f1ores, esto es imposible. Tan imposible es, que en vez de-trabajar ya en el cultivo y aumento de nuestros talentos, ya para sacar de ellos alg\u00fan provecho, ya en nuestras diligencias, en el fiel cumplimiento de nuestros deberes respectivos primero, <em>y<\/em> despu\u00e9s en el servicio asiduo de los pobres, nos entreguemos a una vida ociosa y muelle, recordando que nuestro trabajo puede y debe suplir las necesidades que hemos visto padecer, y que no pueden ni deben borrarse nunca de nuestra memoria. Porque no hay remedio, o nuestro trabajo aumenta nuestro haber, y por consiguiente nuestra limosna, y por consiguiente el patrimonio del pobre, o va directamente a su alivio; y en ambos casos le es sumamente beneficioso. Reconocida as\u00ed la utilidad de nuestro tiempo c\u00f3mo es posible que nos atrevamos a malgastarlo y desperdiciado tristemente, por muchos que sean los que as\u00ed lo hacen, con visitas superfluas, deberes de sociedad, malamente, as\u00ed llamados, y disipaciones de toda especie! Seremos forzosamente avaros del tiempo y lo seremos tambi\u00e9n del dinero, para poderlo dar m\u00e1s y mejor, que es del \u00fanico modo que nos es permitido serlo en nuestros principios religiosos. Guardaremos tambi\u00e9n al mismo tiempo nuestro coraz\u00f3n, o, por mejor decir, nos lo guardar\u00e1 el precioso recuerdo de nuestros pobres; y si esto conseguimos, conseguiremos la paz interior y la calma de esp\u00edritu y toda la felicidad a que podemos y debemos aspirar en esta existencia de prueba por la que estamos pasando.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 nos importa el mal ejemplo de los mundanos, entre los que estamos obligados a vivir, y qu\u00e9 mella pueden hacernos sus burlas o reconvenciones? \u00a1Miserables!; qu\u00e9 distantes est\u00e1n del camino del bien ! \u00a1Cu\u00e1n descarriados se encuentran, de la senda de la felicidad! \u00a1El Se\u00f1or los mire con ojos de misericordia! \u00a1Pero a nosotros que nos ha dispensado al llamarnos a esta Sociedad, en que tambi\u00e9n organizada se encuentra la visita del pobre, a nosotros sin duda debe exig\u00edrsenos, de nosotros se debe esperar m\u00e1s mucho m\u00e1s. Nosotros debemos tener verdadero esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n. Estamos <em>obligados<\/em> a tenerle, y a vencer con \u00e9l, ya nuestro orgullo, ya nuestra avaricia, ya nuestra sensualidad, ya, en fin, todas nuestras inclinaciones corrompidas que continuamente nos est\u00e1n haciendo la guerra, en justo castigo del pecado de nuestros primeros padres y de los muchos que hemos tenido la desgracia de cometer nosotros mismos.<\/p>\n<p>\u00c1nimo, pues, amados hermanos en J.C. Reconozcamos los bienes tan grandes y tan positivos que podemos reportar de nuestra querida Sociedad. iSon muchos; y aunque s\u00f3lo nos hemos fijado esta noche en uno de los que nos proporcionada la visita del pobre, hemos descubierto en \u00e9l tales y tantas cualidades preciosas, que no hemos podido menos de admirarnos. Lo mismo nos suceder\u00eda si fu\u00e9semos analizando una por una todas nuestras pr\u00e1cticas. No desperdiciemos estos medios preciosos que la bondad y la misericordia de Dios pone, por decirlo as\u00ed, en nuestras manos para lograr con ellos la salvaci\u00f3n y aun la santificaci\u00f3n, si sabemos aprovecharlos bien. Que no nos arredren las tentaciones y las tribulaciones y las miserias de esta vida. A todo debemos estar preparados. Nuestro gran Patrono, nuestro gran San Vicente de Pa\u00fal, cuya vida y escritos deben ocuparnos continuamente, dec\u00eda con su claro talento, casi comparable con su santidad, que no merece el hermoso t\u00edtulo de casto el que no siente las tentaciones de la carne, sino el que sinti\u00e9ndolas, las resiste y vence. En la. tentaci\u00f3n, pues, no est\u00e1 el mal, y creemos deberlo recordar aqu\u00ed para consuelo y animaci\u00f3n de los que sabemos se encuentran entre nosotros atacados y tentados de diferentes modos. Unos de la desconfianza en vista del desarrollo tan prodigioso que la Sociedad va adquiriendo, y temiendo que la han de faltar recursos para sostener sus creces; o hermanos de buena voluntad para continuar y dirigir sus trabajos. Otros, de la presunci\u00f3n en vista de ese mismo desarrollo, y figur\u00e1ndose vanamente que se debe a sus esfuerzos o a los de tales o cuales hermanos. No tem\u00e1is, les diremos, la tentaci\u00f3n; pero combatidla en\u00e9rgicamente. Y qu\u00e9! \u00bfhemos de considerar nuestra Obra como una obra puramente humana, que depende de la fortuna., de la salud y de las mil vicisitudes a que todos los que la componemos estamos sujetos? \u00bfPodemos figurarnos que Dios nuestro Se\u00f1or necesita de nosotros para sostenerla y extenderla, si as\u00ed conviene a sus adorables designios, y que no le es igualmente f\u00e1cil aniquilarla y destruir\u00eda en un momento, por m\u00e1s que nosotros queramos evitarlo?-<\/p>\n<p>Ensanchemos, pues, todo lo posible nuestra confianza en Dios, y apart\u00e9mosla completamente de los hombres y de nosotros. La historia de nuestra humilde Sociedad nos obliga a ello. Ella nos presenta desde su nacimiento hasta el momento presente, una cadena no interrumpida de prodigios y pruebas asombrosas del poder y de la bondad de Dios. Como cristianos, todos estamos obligados a confiar plenamente en este poder y en esta bondad igualmente infinitos; pero como miembros de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, nuestra confianza debe ser extraordinariamente mayor; porqu\u00e9 estamos viendo milagros todos los d\u00edas. Milagros, s\u00ed; que no merecen otro nombre las muchas cosas que aqu\u00ed estamos viendo y palpando a cada paso, sin que sea posible encontrar para ellas explicaci\u00f3n alguna humana o natural. Humill\u00e9monos mucho ante el acatamiento de la mano divina que tanto nos favorece. No recibamos en vano tantos y tales dones. Aprovech\u00e9moslos con esmero. Procuremos utilizarlos todo lo posible para el bien de nuestros pobres y para el nuestro. Am\u00e9monos sobre todo cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s, porque este es el objeto final de nuestra Asociaci\u00f3n. Am\u00e9monos, s\u00ed; pero no como se aman los m\u00edseros mundanos, cuyo amor consiste en meras exterioridades, probando las acciones y los hechos a cada paso su mentira y su fals\u00eda. Am\u00e9monos como cristianos, es decir, sinceramente y con toda verdad. Am\u00e9monos para exhortarnos mutuamente a la virtud, y corregirnos con toda libertad nuestros mutuos defectos. Sosteng\u00e1monos unos a otros as\u00ed, unidos por los lazos estrechos de una santa amistad, en el camino de la virtud, y no temamos a nuestros muchos y astutos enemigos. No podemos menos de encontrarlos en la santa cruzada de la caridad contra el ego\u00edsmo que hemos emprendido. Nos har\u00e1n guerra implacable el mundo con todas sus m\u00e1ximas, leyes y mentidas obligaciones, y la carne con todas sus iras y apetitos, y con todas sus corrompidas inclinaciones. No importa! Guerra tiene que haber para que se pueda alcanzar victoria: y victoria tiene que haber para que se pueda obtener premio. Esperemos uno y otro de la bondad y de la omnipotencia de Dios; pero peleemos sin intermisi\u00f3n y con alegre valor. Mucho nos servir\u00e1 para ello la visita del pobre, que nos ha de dar el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, y que nos puede igualmente servir para la adquisici\u00f3n y la pr\u00e1ctica de todas las virtudes. Repas\u00e9moslas- una por una en nuestra mente, y no hallaremos una sola que no pueda adquirirse, ejercitarse y crecer, por medio de la <em>asidua y bien entendida<\/em> visita del pobre.<\/p>\n<p>Dediqu\u00e9monos, pues, cada d\u00eda con m\u00e1s y m\u00e1s esmero y cuidado a esta preciosa pr\u00e1ctica<em>; y<\/em> para sacar de ella los frutos que hemos indicado esta noche y los infinitos m\u00e1s que no hemos dicho, prepar\u00e9monos a ella con la oraci\u00f3n, la meditaci\u00f3n y, sobre todo, con la frecuente Comuni\u00f3n. La frecuente Comuni\u00f3n, dig\u00e1moslo aqu\u00ed entre nosotros, no es tan com\u00fan todav\u00eda como debiera serlo. Que no sea como entre gentes disipadas y de tibia fe, se comprende f\u00e1cilmente; pero que no lo sea entre nosotros, no se puede comprender: y es deber, nuestro llamar la atenci\u00f3n de todos los Socios sobre est\u00e1 tan interesante materia; tan interesante para nosotros que no puede serlo m\u00e1s porque el medi\u00f3 m\u00e1s natural, el \u00fanico seguro de aprender a visitar bien a los pobres, es aprender a recibir bien a Jes\u00fas; y para aprender a recibir bien a Jes\u00fas no hay como procurar recibirle muy a menudo. As\u00ed lo haremos, pues, para beber en la fuente pura del amor todas las luces, todas las gracias, todos los dones que necesitamos para amar a nuestros pobres y amarnos a nosotros mismos en la tierra, de modo que merezcamos la inexplicable ventura de seguirlos amando y am\u00e1ndonos tambi\u00e9n en el Cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Junta general celebrada en Madrid en el d\u00eda 19 de julio de 1857, fiesta de nuestro santo patrono. Se\u00f1ores y Hermanos en J. C. 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