{"id":403782,"date":"2021-09-28T07:51:17","date_gmt":"2021-09-28T05:51:17","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403782"},"modified":"2021-09-13T19:00:26","modified_gmt":"2021-09-13T17:00:26","slug":"santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-la-humildad-y-la-resignacion-que-son-los-tesoros-de-la-sociedad-1854","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-la-humildad-y-la-resignacion-que-son-los-tesoros-de-la-sociedad-1854\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (Sobre la confianza en Dios, la humildad y la resignaci\u00f3n, que son los tesoros de la Sociedad) 1854"},"content":{"rendered":"<p>A medida que la Asociaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal se va extendiendo en Espa\u00f1a, debemos procurar m\u00e1s y m\u00e1s, los que tenemos la buena suerte de pertenecer a ella, estudiar su verdadero esp\u00edritu, la tendencia santa de todas sus pr\u00e1cticas, y sacar de ellas todo el partido posible para el servicio de Dios, el bien de nuestros pr\u00f3jimos y nuestro bien propio. Si meditamos en presencia del Se\u00f1or las bases de nuestro reglamento, el origen de nuestra Asociaci\u00f3n, el desarrollo prodigioso que ha obtenido, los bienes que est\u00e1 produciendo, los males que puede precaver, no podremos menos de reconocer la mano de Dios en todo ello, y de admirar su bondad y su misericordia para con nosotros, y el beneficio tan grande que nos ha dispensado al llamarnos y reunirnos en medio del mundo, bajo la protecci\u00f3n del gran modelo de calidad, nuestro venerado San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En efecto, se\u00f1ores y amados hermanos, nuestra Asociaci\u00f3n ha nacido, (o m\u00e1s bien ha resucitado, pues su verdadero fundador fue el mismo San Vicente de Pa\u00fal), en una \u00e9poca llamada de luces, pero en la que la santa antorcha de la fe se iba extinguiendo r\u00e1pidamente; en una \u00e9poca de ilustraci\u00f3n y de humanidad, seg\u00fan se dice por todas partes, pero en la que, sin embargo, notamos bastante relajaci\u00f3n de costumbres, y el orgullo y el ego\u00edsmo domin\u00e1ndolo todo; en una \u00e9poca de tolerancia aparente, pero de indiferentismo real para todo lo que no es dinero, placer, vanidad, intereses materiales, goces de los sentidos, disipaci\u00f3n, locura!&#8230;<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca justamente, <em>y<\/em> en el centro mismo de Europa, dispone Dios que se forme (como se forman todas las cosas de Dios, es decir, sin saber c\u00f3mo, y de un modo hasta inveros\u00edmil), una sociedad de j\u00f3venes seglares, que tiene por objeto extender la caridad, o lo que es lo mismo, aplicar el \u00fanico remedio a la gran llaga de la \u00e9poca. Esta asociaci\u00f3n se extiende r\u00e1pidamente por toda la naci\u00f3n francesa: pasa luego a las naciones vecinas, salva los mares, y en pocos a\u00f1os llega a establecerse en todos los puntos del globo. \u00bfNo se ve aqu\u00ed claramente la mano de Dios? Esta mano ben\u00e9fica que el hombre observador y humilde no puede menos de reconocer en todos los objetos que le rodean, desde el globo deslumbrador del sol hasta la m\u00e1s peque\u00f1a florecita, en toda la econom\u00eda del mundo f\u00edsico y en la del mundo moral, desde el trastorno de los imperios, hasta la conservaci\u00f3n del m\u00e1s ignorado individuo. Pues esta mano ben\u00e9fica nos ha llamado a nosotros a la Asociaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal; y bien merece por cierto nuestro agradecimiento y nuestro esmero en corresponder a los grandes beneficios que continuamente nos est\u00e1 dispensando. Al efecto nada m\u00e1s conducente, al menos en nuestra opini\u00f3n, que el estudio y la observancia de nuestras reglas, porque, como dice nuestro Manual, si las guardamos fielmente, es bien seguro que ellas tambi\u00e9n nos guardar\u00e1n a nosotros. Nuestras reglas, nuestras bases no pueden ser m\u00e1s sencillas; pero al mismo tiempo no pueden ser m\u00e1s conformes al esp\u00edritu del Evangelio, ni m\u00e1s fecundas por consiguiente en buenos resultados. Consider\u00e9moslas una a una,\u2019 y nos prendaremos forzosamente de su solidez y de su perfecta conveniencia.<\/p>\n<p>Nuestra primera base se puede decir que es la confianzas Dios. Se\u00f1ores: es muy com\u00fan hablar de esta virtud, particularmente entre gentes religiosas y de buenas costumbres; pero sin entenderla bien, es decir, sin observar que sus l\u00edmites verdaderos est\u00e1n en lo infinito, o lo que es lo mismo, no existen. \u00bfEn qu\u00e9 ocasiones, y hasta cu\u00e1ndo hemos de confiar en Dios? \u00a1Siempre, y por siempre! Nuestra Asociaci\u00f3n as\u00ed lo entiende, as\u00ed lo practica al pie de la letra; <em>y<\/em> si no, veamos con qu\u00e9 cuenta para socorrer a sus pobres, para darse a conocer, para extenderse, etc. Con nada, absolutamente con nada!\u2014Esa es justamente la raz\u00f3n porque socorre tanto, y se extiende tanto. Conf\u00eda en Dios, y \u00fanicamente en Dios.<\/p>\n<p>A los ojos de la prudencia humana parece una temeridad ir a buscar al pobre a su propia habitaci\u00f3n, cultivar su trato, ocuparse en aliviar sus miserias y las de su familia, f\u00edsicas o morales, sin contar con nada seguro, para llevar a cabo esas miras ben\u00e9ficas, y hacer frente a los gastos considerables que deben necesariamente motivar. Esto es, sin embargo, lo que nuestra Asociaci\u00f3n ha hecho desde un principio, y sigue haciendo con un n\u00famero ilimitado de menesterosos, n\u00famero que en la actualidad no conocemos, pero que bien podemos calcular que no ser\u00e1 ya de los que se pueden expresar con cinco guarismos. Nadie se obliga, sin embargo, entre nosotros a dar nada. \u00bfDe d\u00f3nde viene este dinero que paga todos nosotros gastos? \u00bfQui\u00e9n lo trae? Nadie lo sabe; y sin embargo, viene siempre y sigue viniendo, y seguir\u00e1 de fijo, si no nos falta la confianza en Dios, que es nuestro verdadero tesoro.\u2014Lo mismo nos sucede con respecto a los medios de extendernos. Escritos, funciones, anuncios, nada de esto empleamos para darnos a conocer y para extendernos. Y sin embargo, nos vamos dando a conocer, y nos vamos extendiendo cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s, \u00bfPor qu\u00e9? Porque confiamos en Dios, y \u00fanicamente en Dios.\u2014Esta es una de nuestras m\u00e1s s\u00f3lidas bases; pero no es la \u00fanica.<\/p>\n<p>Tenemos adem\u00e1s la preciosa humildad, que entra por tanto en todas las fundaciones de San Vicente de Pa\u00fal, en el esp\u00edritu de, todas sus obras, y muy particularmente en todo nuestro reglamento. Sin humildad \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de nosotros? Sin humildad verdadera, humildad pr\u00e1ctica, \u00bfse podr\u00eda acaso establecer una sola i de nuestras Conferencias? Por eso nuestra Asociaci\u00f3n no ha omitido medio alguno de conservar esta firme base de todas sus pr\u00e1cticas, hasta el extremo, si es que en el cultivo de la humildad pudiera haberlo. Aqu\u00ed est\u00e1 la raz\u00f3n de toda su organizaci\u00f3n y de todos sus procederes. Aqu\u00ed se descubre la verdad y la rectitud de todas sus intenciones. Por aqu\u00ed se explican muchas cosas en nuestra Asociaci\u00f3n, que a primera vista parecen muy diferentes de lo que realmente son, como v. gr. el secreto de la colecta, el inc\u00f3gnito que guardamos con nuestros pobres, la peque\u00f1ez de las limosnas que generalmente les llevamos, la organizaci\u00f3n meramente seglar de las Conferencias, la ciega sumisi\u00f3n a las autoridades eclesi\u00e1sticas, a los consejos y hasta a las m\u00e1s leves insinuaciones de los se\u00f1ores miembros de honor, etc., etc.<\/p>\n<p>Tanto esmero, tanto cuidado en mantener entre nosotros esta gran base de la humildad del modo m\u00e1s seguro, esto es, por medio de la pr\u00e1ctica, no est\u00e1 dem\u00e1s, se\u00f1ores, atendida la tendencia natural del hombre al orgullo, y el partido grande que de ella saca el astuto Satan\u00e1s para corromper y desvirtuar nuestras mejores acciones. Un c\u00e9lebre orador, eI P.Lacordaire, dijo en un serm\u00f3n pronunciado en la catedral de Par\u00eds hablando de nuestra Asociaci\u00f3n, estas notables palabras. \u201c<em>Esos j\u00f3venes que se han reti\u00f1ido bajo la protecci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal para rezar juntos, para socorrer en comunidad al enfermo y al pobre, para llevarles el pan y el consuelo, han puesto su castidad bajo la custodia de su caridad; la m\u00e1s dulce de las virtudes bajo la custodia de la m\u00e1s fuerte\u201d. <\/em>Hermosa idea que nosotros no nos atrev\u00edamos a publicar, pero que no hab\u00eda dejado de influir en la formaci\u00f3n y en la extensi\u00f3n de nuestra querida Asociaci\u00f3n. Pues bien, ya en este camino, nos parece que el orador despu\u00e9s de sentar esa frase que tanto llam\u00f3 la atenci\u00f3n; <em>estos j\u00f3venes han puesto su castidad bajo la custodia de su caridad,<\/em> pudiera haber a\u00f1adido: <em>y su caridad bajo la custodia de su humildad. <\/em>Porque si bien es cierto que sin caridad no hay verdadera castidad; tampoco creemos que sin humildad pueda haber verdadera caridad.<\/p>\n<p>Otra de las bases de nuestro humilde instituto, es tambi\u00e9n la preciosa virtud de la conformidad, sin la cual tampoco podr\u00eda mantenerse; porque en el ejercicio de nuestras pr\u00e1cticas nos es continuamente necesaria, indispensable. Con efecto, en el trato de los pobres descubrimos todos los d\u00edas miserias y aun necesidades, que no alcanzamos a aliviar del todo. Esto mortifica nuestra caridad seg\u00fan nos parece; pero en realidad lo que mortifica es nuestro orgullo, nuestro amor propio, que sabe disfrazarse muy bien para enga\u00f1arnos. El hombre de verdadera caridad no se asusta por muchas ni por muy grandes que sean las miserias que descubra. No extra\u00f1a por ejemplo encontrarse con pobres ingratos o inmorales. Sabe que los hay, que no puede menos de haberlos; que aun entre las personas m\u00e1s morigeradas y religiosas, se descubren siempre mil debilidades y flaquezas, que debemos disimular y perdonar en vista de las propias, que tambi\u00e9n nos tienen que sufrir los dem\u00e1s. Por consiguiente se conforma siempre con la voluntad de Dios, s\u00e9anle los hombres agradecidos o ingratos; apr\u00e9cienle, o le desprecien; encomien sus buenas obras, o las atribuyan a hipocres\u00eda o a otra mala causa.<\/p>\n<p>Lo que importa al hombre de verdadera caridad es hacer todo lo que pueda, todo lo que alcance por el bien de sus semejantes, con la recta intenci\u00f3n de servir y agradar a Dios, y \u00fanicamente a Dios. Pero en cuanto al resultado de sus esfuerzos, y sobre todo a la interpretaci\u00f3n que pueda d\u00e1rseles, descansa tranquilo en la santa virtud de la conformidad, y con la misma indiferencia se oye llamar santo que malvado; porque los que pueden llamarle uno \u00fa otro, no son los que busca en sus esfuerzos y sacrificios. Dios ve su coraz\u00f3n, y esto le basta, y le sobra con mucho. \u00a1Preciosa virtud de la conformidad! \u00bfQui\u00e9n en el mundo podr\u00e1 vivir sin ella, ni un solo momento, tranquilo? En medio del desbarajuste de ideas que generalmente reina; entre la confusi\u00f3n de juicios que todo lo equivocan; en esta gran casa de locos, o por mejor decir, hospital, c\u00f3mo ya se ha denominado alguna vez con bastante exactitud, porque no solo reina la locura, sino la locura acompa\u00f1ada de otras muchas enfermedades; \u00bfqui\u00e9n sin conformidad podr\u00e1, constante obrar el bien y padecer el mal, que son los dos grandes objetos a que debemos todos aspirar? Si queremos agradar al mundo, o tenemos la debilidad de temer su desagrado, \u00a1miserables por cierto de nosotros! Que nada hay m\u00e1s voluble, m\u00e1s caprichoso ni exigente que la opini\u00f3n del mundo. Es por tanto indispensable despreciarla del todo, si hemos de dar un paso en la carrera de la caridad; y al efecto nos bastar\u00e1 cultivar en nuestro coraz\u00f3n la santa virtud de la conformidad.<\/p>\n<p>Resumiendo, pues; diremos que la confianza en Dios, la humildad, la conformidad son nuestros verdaderos tesoros, de los que hemos de sacar inmensas riquezas para nuestros pobres y para nosotros mismos. Estas son nuestras minas; y si acertamos a explotarlas con esmero y con constancia, no tendremos motivo para envidiar a los que las poseen de oro y de plata. Estos metales no son lo que el mundo cree. Con ellos se compra todo, menos la felicidad; y con ellos se compra generalmente, como dice nuestra Santa Teresa, el fuego eterno. Pero las virtudes de la confianza en Dios, la humildad y la conformidad, todo lo alcanzan, todo lo pueden, y a todas horas est\u00e1n obrando prodigios. Nosotros, los que tenemos la dicha de ver al pobre de cerca, los presenciamos, continuamente. Entre los muchos casos notables que pudi\u00e9ramos referir para probarlos milagros que a cada paso est\u00e1n obrando esas virtudes a nuestros ojos, solo citaremos uno,.de que no todos ustedes tendr\u00e1n noticia, y que nos parece digno de su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una de nuestras familias m\u00e1s apreciables ocupaba un cuartito modesto, pero bastante c\u00f3modo y salubre\u2019, que entr\u00f3 a habitar sin que el casero tuviese noticia de la escasez de recursos que muy a menudo la aqueja. El empe\u00f1o mayor de esta familia, tan honrada como pobre, era pagar el cuarto al corriente para no dar, al casero motivo de queja, ni aun de sospecha; y as\u00ed lo verificaban a costa de todo g\u00e9nero de sacrificios. Lleg\u00f3, sin embargo, un mes en que de ninguna manera les fue posible reunir la cantidad necesaria para satisfacer el alquiler; y grande fue su apuro a la hora que sol\u00eda venir el casero, el marido, lleno de verg\u00fcenza, se march\u00f3, y la pobre mujer qued\u00f3 con sus hijitos para recibirle. Previendo la escena desagradable que la esperaba, se puso a rezar de coraz\u00f3n a la Virgen del Pilar, de quien es muy devota, y estando en su sencilla, pero fervorosa oraci\u00f3n, llaman, a la puerta, y se presenta el casero. \u00a1Terrible momento para la pobre mujer! Pero \u00a1cu\u00e1l ser\u00eda su asombro al o\u00edr que la dice:\u2014\u00abSe\u00f1ora: Vd. creer\u00e1 que vengo a cobrar, porque me tocaba hoy; pero realmente m\u00e1s bien vengo a contraer con ustedes una deuda.\u2014\u00bfPues c\u00f3mo? dice la pobre mujer.\u2014Porque acaba de llegarme del pueblo un hermano, y viene vestido c\u00f3mo suelen ir en los pueblos; es decir de modo que no puede presentarse aqu\u00ed a nadie. Y como su marido de Vd. es sastre, he pensado que podr\u00eda hacerle cuanto antes un vestido completo para que salga a la calle. As\u00ed que considero in\u00fatil cobrar el alquiler, porque luego ajustaremos cuentas, y ustedes me dir\u00e1n lo que sobre \u00e9l les debo\u00bb\u2014\u00a1Imag\u00ednese la alegr\u00eda de la pobre mujer al oir estas palabras! No sabemos c\u00f3mo se compondr\u00eda para disimularla; pero al referirnos el caso ella misma, lloraba verdaderamente de placer.<\/p>\n<p>Estos prodigios de la fe, que estamos presenciando todos los d\u00edas, deben abrirnos los ojos cada vez m\u00e1s y m\u00e1s al brillo hermoso y puro de las virtudes, y cerr\u00e1rnoslos a los falsos resplandores de las glorias mundanas. Ya que carecemos del silencio, de la quietud, del sosiego y de la calma de aquellos que el Se\u00f1or ha llamado al retiro de un claustro, procuremos aprovechar estas \u2018gracias que nos dispensa en medio del mundo corrompido en que vivimos. El trato del pobre es fecundo en grandes ense\u00f1anzas, y en \u00e9l se descubre a menudo el verdadero valor de las virtudes evang\u00e9licas. Si nosotros frecuentamos este trato en esp\u00edritu de humildad, es indecible el bien que podemos reportar. De paso que procuramos aliviar sus miserias, advertiremos lo mucho que aliviamos tambi\u00e9n las nuestras; \u00abporque, como dice tan bellamente nuestro inmortal Granada, en la mano seca y descarnada que nos atiende el pobre, el hombre carnal nada ve; pero el hombre de fe ve el remedio m\u00e1s apto y eficaz para curar las heridas de nuestra alma, para calmar la hinchaz\u00f3n de nuestro coraz\u00f3n y los dolores agudos que de esta hinchaz\u00f3n provienen.\u00bb Por el contrario, si damos con orgullo, o si tenemos la debilidad de permitir la menor entrada a esta terrible pasi\u00f3n en nuestro coraz\u00f3n, el trato del pobre, nos hace padecer mucho, y lo que es peor todav\u00eda, nuestra limosna perder\u00e1 todo su m\u00e9rito a los ojos de Dios. No hay precauci\u00f3n que baste para evitar tanto mal en la pr\u00e1ctica de la caridad, y por eso nuestra Asociaci\u00f3n ha adoptado desde el principio todas las medidas posibles con ese objeto. Mas ni aun as\u00ed se lograr\u00e1 completamente, si todos nosotros no procuramos cooperar por medio de la pr\u00e1ctica constante de la humildad y del combate continuo del orgullo. Si logramos ser humildes, tendremos mucho adelantado para conseguir que nuestros pobres lo sean; y si hacemos \u00fa nuestros pobres humildes, les haremos m\u00e1s bien que si les hici\u00e9ramos ricos; porque el tormento de la pobreza, su verdadero aguij\u00f3n, no est\u00e1 tanto en el hambre y en el fr\u00edo, como en la mortificaci\u00f3n del amor propio, en la falta de humildad que no deja al pobre recibir la pobreza de la mano de Dios como una verdadera bienaventuranza.<\/p>\n<p>Estas preciosas virtudes de la conformidad, de la humildad, de la confianza en Dios, tan necesarias para visitar y socorrer al pobre con fruto, no pueden adquirirse ni sostenerse sin la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n. Nuestras Conferencias empiezan y terminan con ella siempre; pero esto no basta, como ustedes conocen. Es preciso que nuestra oraci\u00f3n sea en cierto modo continua. Es preciso que nuestro constante esmero en la pr\u00e1ctica del bien y en el sufrimiento del mal, haga de todos los instantes de esta vida pasajera, otros tantos escalones para subir a la vida eterna. Aqu\u00ed estamos en un plano inclinado, en el que no cabe reposo. Es preciso que subamos, para quemo bajemos; y la fatiga, y el sudor, y el cansancio, en vez de arredrarnos, deben animarnos a subir cada vez m\u00e1s y m\u00e1s. Nadie sube sin trabajo; y los que vemos padecer a nuestros pobres, nos han de alentar a padecerlos que el Se\u00f1or nos env\u00ede, con resignaci\u00f3n, y hasta con verdad era alegr\u00eda. \u00a1Dichoso, s\u00ed, dichoso el que aprende a padecer!<\/p>\n<p>Procuremos persuadirnos bien de esta idea para inculcarla en el \u00e1nimo de nuestros pobres. Los placeres, los honores, las riquezas, todo lo que halaga nuestro amor propio y nuestra concupiscencia, nos conduce a la infelicidad eterna. Aceptemos por lo tanto el dolor, el desprecio y la pobreza, como lo que realmente son, como medios preciosos de alcanzar la bienaventuranza eterna; y el Se\u00f1or nos reunir\u00e1 a todos en ella.\u2014As\u00ed sea!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A medida que la Asociaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal se va extendiendo en Espa\u00f1a, debemos procurar m\u00e1s y m\u00e1s, los que tenemos la buena suerte de pertenecer a ella, estudiar su verdadero esp\u00edritu, la &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-la-humildad-y-la-resignacion-que-son-los-tesoros-de-la-sociedad-1854\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[342],"tags":[],"class_list":["post-403782","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-santiago-masarnau","no-post-thumbnail"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Santiago Masarnau (Sobre la confianza en Dios, la humildad y la resignaci\u00f3n, que son los tesoros de la Sociedad) 1854 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-sobre-la-confianza-en-dios-la-humildad-y-la-resignacion-que-son-los-tesoros-de-la-sociedad-1854\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Santiago Masarnau (Sobre la confianza en Dios, la humildad y la resignaci\u00f3n, que son los tesoros de la Sociedad) 1854 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"A medida que la Asociaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal se va extendiendo en Espa\u00f1a, debemos procurar m\u00e1s y m\u00e1s, los que tenemos la buena suerte de pertenecer a ella, estudiar su verdadero esp\u00edritu, la ... 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