{"id":403672,"date":"2021-08-20T07:50:02","date_gmt":"2021-08-20T05:50:02","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403672"},"modified":"2021-06-07T12:51:09","modified_gmt":"2021-06-07T10:51:09","slug":"san-vicente-de-paul-y-san-francisco-de-sales-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-y-san-francisco-de-sales-iii\/","title":{"rendered":"SAN VICENTE DE PA\u00daL Y SAN FRANCISCO DE SALES (III)"},"content":{"rendered":"<ol>\n<li>\u00bfQU\u00c9 INFLUENCIA TUVIERON ESAS RELACIONES EN LA OBRA Y ESPIRITUALIDAD VICENCIANAS?<\/li>\n<\/ol>\n<p>Vicente hab\u00eda llegado al encuentro con Francisco de Sales cargado de la experiencia de Dios que le hab\u00eda ido iluminando y modelando a la luz de los acontecimientos de su vida. En la lec\u00adtura de estos acontecimientos cont\u00f3 de forma privilegiada con el consejo y la direcci\u00f3n de Pedro de B\u00e9rulle, en quien deposit\u00f3 su confianza durante m\u00e1s de diez a\u00f1os. Al mismo tiempo se enri\u00adqueci\u00f3 del c\u00edrculo de grandes espirituales y eminentes doctores que se empe\u00f1aban en la reforma de la Iglesia impulsada por el Concilio de Trento. Entre ellos empez\u00f3 a recibir con calurosa acogida las orientaciones del buen se\u00f1or Duval. De \u00e9l conserva\u00adr\u00e1 un recuerdo agradecido toda la vida, porque destacaba por su ciencia, pero sobre todo por su santidad.<\/p>\n<p>Pero el encuentro con Francisco de Sales supone la confirma\u00adci\u00f3n plena de su propia vivencia espiritual, del camino de su san\u00adtidad. Podemos decir, en este sentido, que la influencia de san Francisco de Sales en Vicente de Pa\u00fal fue plena y profunda. Como lleg\u00f3 a afirmar Jean Calvet, bien podemos concretar de forma lapidaria que, si en B\u00e9rulle descubre qu\u00e9 es la santidad, en Francisco de Sales encuentra al santo y le entrega su coraz\u00f3n. Vicente de Pa\u00fal acoge y asimila con devoci\u00f3n la vida y doctrina del santo Obispo de Ginebra. Su veneraci\u00f3n personal hacia \u00e9l permaneci\u00f3 viva durante toda su vida. Pero a todas las aportacio\u00adnes que recibe, les imprime su sello personal caracter\u00edstico de hacer efectivo el evangelio.<\/p>\n<ol>\n<li>INFLUENCIA A NIVEL PERSONAL<\/li>\n<\/ol>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, a sus 37 a\u00f1os, ha alcanzado ya la madurez espiritual, ha pasado su \u00abnoche\u00bb de purificaci\u00f3n y est\u00e1 a punto de configurar su vocaci\u00f3n misionera. El contacto familiar con san Francisco de Sales, lleno de santidad y amabilidad, le va a des\u00adcubrir esa misma bondad de Dios que viene actuando en \u00e9l. A\u00f1os m\u00e1s tarde, en referencia a esa experiencia personal, \u00e9l mismo nos abrir\u00e1 su coraz\u00f3n: <em>\u00abTen\u00eda una bondad tan grande que la de Dios se palpaba sensiblemente a trav\u00e9s de la suya\u00bb. <\/em>Por eso la sin\u00adton\u00eda que se produce espont\u00e1neamente entre ambos es plena. Francisco dir\u00eda de Vicente de Pa\u00fal que <em>\u00abno conoc\u00eda a nadie que fuese tan digno y tan santo sacerdote como el se\u00f1or Vicente\u201d. <\/em>Por su parte, Vicente considerar\u00e1 a Francisco como \u00abnuestro bienaventurado padre\u00bb.<\/p>\n<p>La veneraci\u00f3n personal que Vicente le guardar\u00e1, no s\u00f3lo no menguar\u00e1, sino que se acrecentar\u00e1 con el tiempo. Haber coloca\u00addo el cuadro del santo obispo en la sala de conferencias de la Casa Madre de San L\u00e1zaro es bastante elocuente. En sus char\u00adlas con los misioneros e Hijas de la Caridad acudir\u00e1 con frecuen\u00adcia al modelo del \u00abbienaventurado obispo de Ginebra\u00bb. Su ejem\u00adplo se vuelve recurrente en temas como el <em>amor de Dios, amor al pr\u00f3jimo, bondad, humildad, mansedumbre, oraci\u00f3n, sencillez, <\/em>etc. Las citas expl\u00edcitas son frecuentes, pero sobre todo su esp\u00ed\u00adritu y doctrina conforman las pl\u00e1ticas y actuaciones de Vicente. En carta a Luisa de Marillac, entre 1626 y 1629, marca as\u00ed el cri\u00adterio de su actuaci\u00f3n: <em>\u00abMe he propuesto dejar hacer en la forma que me parece que har\u00eda nuestro bienaventurado padre\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los escritos del santo obispo de Ginebra son la fuente perma\u00adnente a la que recurrir\u00e1 Vicente. No s\u00f3lo formar\u00e1n parte de su propia lectura, sino que tambi\u00e9n los recomienda a sus interlocu\u00adtores, en particular a los misioneros y a las Hijas de la Caridad. La lectura del libro de la <em>Introducci\u00f3n a la Vida Devota <\/em>ya figu\u00adraba en las reglas de la Caridad de mujeres de Ch\u00e1tillon-les\u2011Dombes con una expresi\u00f3n llena de sencillez y admiraci\u00f3n: <em>\u00abLas que sepan leer, leer\u00e1n todos los d\u00edas pausada y atentamente un cap\u00edtulo del libro del se\u00f1or obispo de Ginebra titulado <\/em>Introduc\u00adci\u00f3n a la vida devota <em>y elevar\u00e1n de vez en cuando su esp\u00edritu a Dios; antes de esta lectura implorar\u00e1n su gran misericordia para sacar fruto de su amor en este devoto ejercicio&#8217;. <\/em>Tambi\u00e9n lo recomienda, tanto a Luisa de Marillac, como a sus hijas, para las meditaciones del retiro, aunque siempre con la flexibilidad necesa\u00adria para que no se convierta en un obst\u00e1culo para quienes no pue\u00addan usarlo. Tampoco se olvida Vicente de recordar al P. Nacquart, enviado a la misi\u00f3n de Madagascar, que lleve en su equipaje algu\u00adnos ejemplares de la <em>Introducci\u00f3n a la Vida Devota.<\/em><\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n m\u00e1s lograda del esp\u00edritu y la doctrina de Francisco de Sales se encuentra en su <em>Tratado del amor de Dios. <\/em>Vicente siente palpitar ah\u00ed el coraz\u00f3n del santo obispo y acude a su lectura como si fuera a un coloquio particular. De ah\u00ed el encendido elogio que hace del libro en su Declaraci\u00f3n para el proceso de beatificaci\u00f3n: <em>\u00abObra inmortal y nobil\u00edsima, fiel testi\u00admonio de su ardent\u00edsimo amor a Dios; libro ciertamente admi\u00adrable, que tiene tantos pregoneros de la amabilidad de su autor como lectores; el cual yo con todo ah\u00ednco he cuidado de que se lea en nuestra comunidad como remedio universal para los tibios, espejo para los entorpecidos, incentivo del amor y escala de los que tienden a la perfecci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>COINCIDENCIA EN LAS L\u00cdNEAS MAESTRAS DE SU ESPIRITUALIDAD<\/li>\n<\/ol>\n<p>Nuestros dos santos, aunque de origen distinto, viven las pre\u00adocupaciones de la misma \u00e9poca y participan de las corrientes espirituales que dinamizan y potencian la reforma propuesta en el Concilio de Trento. En ambos confluye la teolog\u00eda que susten\u00adta la doctrina de Trento, la influencia de la espiritualidad renano-flamenca, el renacimiento teol\u00f3gico espiritual espa\u00f1ol e italiano, la doctrina sobre la voluntad de Dios de Benito de Canfield y, en general, todo el resurgir religioso y espiritual en torno al c\u00edrculo de Madame Acarie, que a su vez es deudor del esp\u00edritu e influen\u00adcia del Santo Obispo de Ginebra. Adem\u00e1s permanece el soporte de las Grandes Congregaciones y particularmente la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. No es extra\u00f1o, por lo tanto, que entre ellos se den m\u00fal\u00adtiples coincidencias.<\/p>\n<p>No intentaremos aqu\u00ed analizar detalladamente la doctrina, ideas y expresiones del santo Obispo de Ginebra que se hallan presentes en los escritos de san Vicente<u><sup>53<\/sup><\/u>. Le\u00eda con verdadera veneraci\u00f3n la <em>Introducci\u00f3n a la vida devota <\/em>y el <em>Tratado del amor de Dios, <\/em>pero tambi\u00e9n para poder atender mejor a las Hijas de Santa Mar\u00eda. Si las conferencias y pl\u00e1ticas a los misioneros e Hijas de la Caridad est\u00e1n sembradas de expresiones salesianas, hay que pensar que las dirigidas a las Hijas de Santa Mar\u00eda les producir\u00edan la impresi\u00f3n de estar escuchando a su santo Fundador.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed intentamos adentramos en el esp\u00edritu que sustenta las profundas coincidencias y que, al mismo tiempo, reafirma su peculiar vocaci\u00f3n personal. El mismo esp\u00edritu que les llev\u00f3 a sin\u00adtonizar mutuamente y establecer una gran familiaridad, hasta el punto de crear entre ellos una profunda intimidad espiritual. Inti\u00admidad que se prolong\u00f3 con santa Juana Francisca de Chantal, quien le confi\u00f3 \u00absu vida interior\u00bb durante veinte a\u00f1os&#8217; y goz\u00f3 de su presencia y ayuda en la hora de muerte. En su \u00faltima carta desde Par\u00eds al monasterio de Annecy escribe la Madre Chantal: <em>\u00abEl Se\u00f1or Vicente es un Santo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pretendemos acercarnos a ese esp\u00edritu progresivamente a tra\u00adv\u00e9s de tres campos conc\u00e9ntricos, que nos descubran su comuni\u00f3n profunda y el sello personal de cada uno.<\/p>\n<p>2.1. <em>Una espiritualidad abierta<\/em><\/p>\n<p>Una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s innovadoras de la espirituali\u00addad salesiana es lo que el Concilio Vaticano II definir\u00e1 como la <em>\u00abuniversal vocaci\u00f3n a la santidad\u00bb<sup>56<\/sup>. <\/em>En su \u00e9poca la santidad, la perfecci\u00f3n o devoci\u00f3n ten\u00eda poca atracci\u00f3n, ya porque se con\u00adsideraba propia de los que se alejaban del mundo y viv\u00edan en conventos y monasterios, ya porque se la presentaba con cara sombr\u00eda, triste y produc\u00eda rechazo<sup>57<\/sup>. San Francisco de Sales libe\u00adra a la \u00abdevoci\u00f3n\u00bb de esas ataduras. La verdadera devoci\u00f3n es a la caridad, como la llama al fuego, y la <em>\u00abhace pronta, activa, diligente\u00bb <\/em>en la pr\u00e1ctica de los Mandamientos, Consejos e Inspira\u00adciones de Dios.<\/p>\n<p>Por una parte, abre el camino de la santidad a todos, sea cual sea su estado de vida, sus ocupaciones y quehaceres. Principal\u00admente en su obra de la <em>Introducci\u00f3n a la Vida Devota <\/em>ense\u00f1a c\u00f3mo la perfecci\u00f3n cristiana es accesible a todos los que viven en el mundo. <em>\u00abDonde quiera que nos encontremos, podemos <\/em>y <em>debemos aspirar a la vida perfecta\u00bb. <\/em>Esta ser\u00e1 la doctrina del Concilio Vaticano II: <em>\u00abTodos los fieles de cualquier estado <\/em>y <em>condici\u00f3n est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n\u00bb(LG <\/em>40). No ser\u00e1 necesario alejarse del mundo y entrar en un monasterio, ni tampoco cambiar de estado, para aspirar a la santidad, a la perfecci\u00f3n de la caridad. <em>\u00abTodos los fie\u00adles est\u00e1n invitados <\/em>y <em>deben tender a la santidad y a la perfecci\u00f3n en el propio estado\u00bb <\/em>(LG 42). Es en la vida cotidiana y en el que\u00adhacer de cada uno donde se nos manifiesta la voluntad de Dios y se produce nuestra respuesta de amor.<\/p>\n<p>Por otra parte, la \u00abdevoci\u00f3n\u00bb manifiesta su cara m\u00e1s atractiva y amable, porque no es <em>\u00abotra cosa que el verdadero amor de Dios\u00bb. <\/em>El designio de Dios sobre nosotros es llevar a perfec\u00adci\u00f3n las huellas de la imagen y semejanza que hab\u00eda depositado en nosotros, mediante el modelo que tenemos en Cristo. Pero la santidad no se consigue por el esfuerzo humano, sino por el amor de Dios que suavemente nos arrastra y conduce a su amor. Dios confiere la gracia a todos y, por lo tanto, la santidad es posible a todos. Ahora bien, Dios nunca fuerza nuestra voluntad, sino que requiere nuestra libre cooperaci\u00f3n. <em>\u00abAunque el Esp\u00edritu Santo, como fuente de agua viva, se acerque a todas y cada una de las partes de nuestro coraz\u00f3n para inundado de gracia, como ello debe realizarse previo el consentimiento libre de nuestra volun\u00adtad, no la derramar\u00e1 sino a medida de su benepl\u00e1cito y de nues\u00adtra propia preparaci\u00f3n y cooperaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La llamada a la devoci\u00f3n, a la vida de caridad, a la uni\u00f3n con Dios se hace asequible a todos en una doble dimensi\u00f3n: en cuan\u00adto que la santidad es posible en cualquier estado o condici\u00f3n en el mundo y en cuanto que la perfecci\u00f3n m\u00e1s alta no est\u00e1 ligada a la entrada en un monasterio o convento de clausura.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal es ante todo un misionero que pretende con\u00adtinuar la misma misi\u00f3n de Jesucristo, y aplicar\u00e1 con fidelidad la doctrina salesiana que san Francisco no pudo llevar a la pr\u00e1ctica con la fundaci\u00f3n de las Hijas de Santa Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Por una parte, todos est\u00e1n llamados a continuar esa misi\u00f3n de Jesucristo, sea cual sea su estado. La participaci\u00f3n en esa misi\u00f3n de Jesucristo no est\u00e1 reservada a los sacerdotes y religiosos, sino que es vocaci\u00f3n de todos los cristianos. Los laicos son los prime\u00adros protagonistas de las fundaciones vicencianas. Todo depende del amor y fidelidad a la propia vocaci\u00f3n. No es lo mismo el esp\u00edritu de un capuchino, de un cartujo y de un misionero, ni el de una religiosa o una Hija de la Caridad. Cada uno ha de res\u00adponder a su propia vocaci\u00f3n. De ah\u00ed depender\u00e1 su perfecci\u00f3n. Por eso, san Vicente no dudar\u00e1 en considerar la vocaci\u00f3n de la Hija de la Caridad de la mayor excelencia y grandeza, ya que, les dice, <em>\u00abhac\u00e9is profesi\u00f3n de dar la vida por el servicio del pr\u00f3ji\u00admo, por amor a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por otra parte, tampoco la santidad est\u00e1 ligada a un estado determinado. Es verdad que en tiempo de san Vicente se consi\u00adderaba que los religiosos estaban en <em>\u00abestado de perfecci\u00f3n\u00bb. <\/em>Pero el Santo aclara inmediatamente: nosotros estamos en <em>\u00abestado de caridad\u00bb. <\/em>Vivir del amor de Dios y para el amor de Dios como Jesucristo es lo que nos capacita para continuar su misi\u00f3n. No son las rejas, ni el velo, ni la clausura, ni el monasterio lo que m\u00e1s conviene a la vocaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Por eso, les dir\u00e1 que no tienen <em>\u00abm\u00e1s monasterio que las casas de los enfermos y aquella en la que reside la superiora, ni m\u00e1s celda que un cuarto de alquiler, ni m\u00e1s capilla que la iglesia parro\u00adquial, ni m\u00e1s claustro que las calles de la ciudad, ni m\u00e1s encie\u00adrro que la obediencia\u00bb. <\/em>Pero, por el hecho de no pertenecer a una Orden religiosa ni estar sometidas a clausura, no quedan dis\u00adpensadas de vivir en plenitud la perfecci\u00f3n cristiana. Al contra\u00adrio, ya que no tienen otra protecci\u00f3n que su entrega total a Dios en el servicio de los pobres, <em>\u00abtienen que tener tanta o m\u00e1s virtud que si hubieran profesado en una orden religiosa\u00bb. <\/em>Sobre todo, por estar llamadas a hacer lo que hizo Nuestro Se\u00f1or en la tierra, su estado requiere la mayor perfecci\u00f3n: <em>\u00abHermanas m\u00edas, \u00a1si pudieseis ver cu\u00e1nta perfecci\u00f3n requiere vuestro estado!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>2.2. <em>Humanismo cristiano<\/em><\/p>\n<p>El humanismo renacentista que se desarrolla en Europa desde la segunda mitad del siglo XIV hasta finales del siglo XVI, da lugar a tendencias contrapuestas, seg\u00fan se ponga el \u00fanico centro en la naturaleza humana vista a la luz de la cultura y los conte\u00adnidos del mundo cl\u00e1sico greco-latino, la corriente que Bremond denomina \u00abhumanismo naturalista\u00bb; o se intente armonizar los valores humanistas con la fidelidad al mensaje evang\u00e9lico, que da lugar al \u00abhumanismo cristiano\u00bb con sus diferentes matices; o se vea la nueva cultura como incompatible con una visi\u00f3n radi\u00adcalmente pesimista del hombre, que cristaliza en la doctrina cal\u00advinista y jansenista.<\/p>\n<p>Francisco nace en pleno apogeo del humanismo renacentista y recibe desde los primeros a\u00f1os una educaci\u00f3n en los valores y la cultura humanista. Su humanismo est\u00e1 inspirado en el esp\u00edri\u00adtu de Clermont, donde los Padres Jesuitas se esforzaban por \u00abcristianizar el humanismo del Renacimiento\u00bb. La comprensi\u00f3n y vivencia que tiene del humanismo est\u00e1 claramente reflejada en su Tratado del Amor de Dios: <em>\u00abEl hombre es la perfecci\u00f3n del universo; el esp\u00edritu, la del hombre; el amor, la del esp\u00edritu, y la caridad, la del amor; por ello, el amor de Dios es el fin, la <\/em><em>perfecci\u00f3n y la excelencia del universo\u00bb. <\/em>Mantiene siempre una visi\u00f3n positiva del mundo y del hombre, tanto en su cuerpo, como en la raz\u00f3n y la libertad. La ra\u00edz de la grandeza del hom\u00adbre arranca de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios y de su vocaci\u00f3n a la uni\u00f3n con Dios. Por lo tanto, <em>\u00abel cristiano debe amar su cuerpo como imagen viviente del Salvador\u00bb <\/em>y mantiene su libertad, ya que la gracia nunca lesiona <em>nuestro libre albedr\u00edo. <\/em>El ser humano se distingue de los dem\u00e1s seres vivien\u00adte por la raz\u00f3n. Para que el amor propio no nos prive de ella, es necesario radicarnos en la humildad y la caridad, que nos sit\u00faan ante Dios y ante los dem\u00e1s. <em>\u00abLa humildad nos hace perfectos res\u00adpecto a Dios y la dulzura respecto al pr\u00f3jimo<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Francisco de Sales reconoce la degradaci\u00f3n del hombre por el pecado y las consecuencias de la concupiscencia, pero afirma, a pesar de todo, que existe en \u00e9l una inclinaci\u00f3n natural a conocer y a amar a Dios, ya que por \u00ablas entra\u00f1as de su misericordia\u00bb <em>\u00abno nos quiso destruir del todo ni quitarnos la se\u00f1al de su gracia perdida\u00bb. <\/em>Dios se sirve de esta inclinaci\u00f3n natural como de lazo para prender con suavidad nuestros corazones y atraernos hacia S\u00ed muy dulcemente. M\u00e1s a\u00fan, si la secundamos, <em>la dulzura de la piedad divina nos ayudar\u00e1 a ir m\u00e1s adelante. <\/em>Si nosotros con\u00adsentimos a la inspiraci\u00f3n, la gracia de Dios, que se verifica \u00aben nosotros sin nosotros\u00bb, nos llevar\u00e1 de amor en amor hasta el acto sobrenatural de la fe. As\u00ed Dios, <em>\u00abmediante un proceso de inefa\u00adble suavidad, conduce al alma que ha hecho salir de la tierra de Egipto del pecado, llev\u00e1ndola de amor en amor&#8230; hasta introdu\u00adcirla en la tierra prometida, en la caridad divina\u00bb. <\/em>Sin duda, Francisco confiesa y sigue la concepci\u00f3n cristiana del hombre, pecador y redimido. Pero, a pesar del pecado, pone claramente el acento sobre la huella que permanece en el hombre, <em>\u00absanta incli\u00adnaci\u00f3n a amar a Dios\u00bb, <\/em>y sobre la gracia de la Redenci\u00f3n. Acoge el humanismo en la medida en que concuerda con el Evangelio. A Camus, que considera a S\u00e9neca como autor m\u00e1s cristiano que pagano, le aclara: <em>\u00abEl esp\u00edritu del Evangelio no pretende sino despojarnos de nosotros mismos, y ese fil\u00f3sofo nos recuerda siempre a nosotros mismos\u00bb. <\/em>Es lo que H. Bremonr llamar\u00e1 el \u00abhumanismo devoto\u00bb, que tiene en Francisco de Sales su representante m\u00e1s genuino.<\/p>\n<p>La influencia del esp\u00edritu del santo obispo ser\u00e1 determinante en la antropolog\u00eda vicenciana. Vicente conecta con el abad de Saint Cyran, asiduo tambi\u00e9n del c\u00edrculo de B\u00e9rulle, y comparte con \u00e9l los ideales de la reforma de la Iglesia y la santificaci\u00f3n personal de los sacerdotes. Se establece entre ellos una amistad personal que los lleva a hacer la oraci\u00f3n en com\u00fan y a comuni\u00adcarse sus pensamientos. Saint Cyran, partiendo de la grandeza de Dios, buscar\u00e1 una purificaci\u00f3n humana tan exigente que ter\u00adminar\u00e1 por llevarle al rigorismo m\u00e1s exagerado e incluso a una descalificaci\u00f3n de la naturaleza humana. Vicente, deudor en parte de un cierto pesimismo antropol\u00f3gico, propio de la visi\u00f3n agustiniana del siglo, remontar\u00e1 la miseria humana gracias a la experiencia de la bondad y misericordia de Dios presentes en Jesucristo.<\/p>\n<p>En primer lugar, contempla al ser humano desde su relaci\u00f3n con Dios. Por eso siempre mantendr\u00e1 su dignidad, a pesar de que en alg\u00fan caso tenga el rostro tan desfigurado que humanamente resulte irreconocible. <em>\u00ab\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 hermoso ser\u00eda ver a los pobres, consider\u00e1ndolos en Dios y en el aprecio en que los tuvo Jesucristo! Pero, si los miramos con los sentimientos de la carne y del esp\u00edritu mundano, nos parecer\u00e1n despreciables\u00bb. <\/em>La sensibilidad y la compasi\u00f3n eran en \u00e9l naturales. Jean Calvet ve en \u00e9l el don de la humanidad, que lo lleva a reconocer en el \u00faltimo de los hombres un hermano. Tambi\u00e9n los humanitarismos de la ilustraci\u00f3n y del romanticismo llegaron a considerar en Vicente un modelo. En realidad, es la visi\u00f3n desde Dios lo que potencia y sublima ese sentimiento natural.<\/p>\n<p>En segundo lugar, concreta esa visi\u00f3n del hombre desde su propia experiencia y la doctrina paulina. Constata que el mal en el hombre tiene ra\u00edces profundas, que arrancan del pecado y del ego\u00edsmo. Hay dentro de \u00e9l una inclinaci\u00f3n natural al mal y una impotencia para el bien. El hombre, aunque vea borrado el peca\u00addo por el bautismo, sigue deudor de la concupiscencia, que lo incita <em>\u00abal af\u00e1n y deseo de ser ricos, de buscar nuestra satisfac\u00adci\u00f3n, de hacer nuestra propia voluntad\u00bb. <\/em>Abandona aqu\u00ed la visi\u00f3n m\u00e1s optimista de san Francisco. Podr\u00e1 superar esta situa\u00adci\u00f3n tan negativa, siguiendo la doctrina paulina de despojarse del viejo Ad\u00e1n para revestirse de Cristo, al situar el misterio de la Encarnaci\u00f3n y la Redenci\u00f3n en la perspectiva hist\u00f3rica de la acci\u00f3n creadora de Dios.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el esfuerzo por entrar en los sentimientos de Cristo va modelando al mismo tiempo su antropolog\u00eda. El amor de Dios manifestado en Jesucristo Salvador llena el coraz\u00f3n de Vicente y le hace descubrir la dignidad del hombre m\u00e1s all\u00e1 de su miseria. Centrando toda su vida en Cristo, llega a realizar el verdadero humanismo, el de Cristo. El amor y bondad de Dios que testimonia Francisco de Sales, Vicente lo contempla en Cris\u00adto anonadado y evangelizador de los pobres. El encuentro con Cristo le manifiesta al mismo tiempo la misericordia de Dios y la dignidad del hombre, aun el reducido a la mayor miseria. Revestido de los sentimientos de Cristo, siente una compasi\u00f3n inmensa por los pobres con un coraz\u00f3n lleno de ternura. M\u00e1s a\u00fan, en las relaciones con los dem\u00e1s mantendr\u00e1 la actitud de que es necesario dar el propio coraz\u00f3n para obtener el de los otros.<\/p>\n<p>2.3. <em>Una espiritualidad de la caridad<\/em><\/p>\n<p>Cuando P\u00edo IX proclama a san Francisco de Sales doctor de la Iglesia, lo hace fundamentalmente como doctor del amor divino. Si algo define al santo obispo de Ginebra es vivir del amor de Dios y para el amor de Dios. Llamados y atra\u00eddos por el amor de Dios, emprendemos el camino de la santidad, de la \u00absanta caridad\u00bb. El fuego de ese \u00abamor divino\u00bb cristaliza en la caridad pastoral, que lo lleva al celo por la sal\u00advaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Al amar al pr\u00f3jimo con el amor de Dios, la caridad pastoral adquiere los rasgos de mansedumbre, dul\u00adzura y amabilidad.<\/p>\n<p>El amor de Dios est\u00e1 en el centro de su pensamiento, de su vida y de su acci\u00f3n. El testimonio m\u00e1s elocuente es su <em>Trata\u00addo del amor de Dios. <\/em>As\u00ed lo declara la Madre Chantal en el proceso de beatificaci\u00f3n: <em>Este Bienaventurado ha compuesto un admirable tratado, de 12 libros, sobre este asunto, en el que encuentro que se representa ingenuamente\u00bb. <\/em>Francisco ama con ternura y pasi\u00f3n, pero la historia de ese amor arranca de Dios mismo. Es \u00c9l quien nos crea y llama para amar en Cris\u00adto. Nuestro amor se asienta en la Cruz de Cristo y no permiti\u00adr\u00eda ni la menor fibra que no estuviese penetrada del amor de Dios. <em>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 vivimos sino para amar a esta soberana Bon\u00addad? \u00bfCu\u00e1ndo nos consumir\u00e1 el amor divino de suerte que <\/em><em>muramos enteramente a nosotros mismos y vivamos solamente para \u00c9l?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El amor de Dios que nos enriquece de todos los bienes, produ\u00adce en nosotros el amor de complacencia. <em>\u00abProbando el bien que vemos en Dios y goz\u00e1ndonos de ello, realizamos el acto de amor que se llama complacencia, porque nos complacemos del gozo divino m\u00e1s que del nuestro\u00bb. <\/em>As\u00ed como el amor de Dios hacia nosotros empieza siempre por amor de benevolencia, por el que nos crea, redime y adorna de todos los bienes, nuestro amor a Dios empieza siempre por amor de complacencia, que a su vez nos lleva al amor de benevolencia. Este amor de benevolencia, ya que a Dios nada podemos aportarle, nos mueve a engrandecer en nosotros la complacencia que sentimos en la divina Bondad. Para ello renunciamos a cualquier otro placer que no sea Dios y nos unimos a todas las criaturas para alabar a Dios.<\/p>\n<p>El ejercicio del amor a Dios puede ser afectivo y efectivo o activo. El afectivo nos une a la bondad de Dios y el efectivo nos hace ejecutar su voluntad. El primer ejercicio consiste sobre todo en la oraci\u00f3n. Para san Francisco, <em>\u00abla oraci\u00f3n o teolog\u00eda m\u00edstica no es otra cosa que cierta conversaci\u00f3n mediante la cual el alma trata con Dios tiernamente sobre su amabil\u00edsima bondad para unirse y gozar de ella\u00bb. <\/em>El primer grado en la oraci\u00f3n es la meditaci\u00f3n, por la que pensamos en cosas divinas para aficionar\u00adnos a ellas y tomar resoluciones. Una vez que el conocimiento ha originado el amor divino, \u00e9ste va m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento por el amor de contemplaci\u00f3n. De ah\u00ed la explicaci\u00f3n de Santo Tom\u00e1s de que a menudo <em>\u00ablos m\u00e1s sencillos y las mujeres abun\u00addan en devoci\u00f3n\u00bb <\/em>que supera a la de los ilustrados.<\/p>\n<p>Sin embargo Francisco advierte sobre los grados m\u00e1s altos de oraci\u00f3n: <em>Cuando se ve a una persona experimentar en la oraci\u00f3n arrobamientos por los cuales sale de si <\/em>y <em>se alza hasta Dios, pero no tiene \u00e9xtasis en su vida, es decir, no lleva conducta ele\u00advada <\/em>y <em>unida a Dios mediante la abnegaci\u00f3n,&#8230; y, sobre todo, la continua caridad, cr\u00e9eme, Te\u00f3timo, podemos decir que todos esos arrobamientos resultan grandemente dudosos y perjudicia\u00adles\u00bb. <\/em>Y, comentando 2 Cor 5, 14 y ss., donde el Ap\u00f3stol dice: <em>\u00abPorque el amor de Cristo nos apremia\u00bb, <\/em>concreta: <em>San Pablo hace el llamamiento m\u00e1s en\u00e9rgico, fuerte y admirable a todos al \u00e9xtasis y arrobamiento de vida de las obras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El amor de Dios es el principio y fin de todo amor y as\u00ed lo confiesa Vicente. Todo nace de que Dios <em>\u00abes infinitamente ama\u00adble\u00bb. <\/em>El mismo acto de amor de Dios queda subordinado a esta bondad de Dios. Parafraseando a san Francisco de Sales no duda en aclarar: <em>\u00abSi esto es as\u00ed, un coraz\u00f3n verdaderamente lleno de caridad, que sabe lo que es amar a Dios, no querr\u00eda ir hacia Dios, si Dios no se adelantase <\/em>y <em>lo atrajese por su gracia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El amor de Dios debe dirigir toda la vida. Sin ese amor, aun las mejores acciones quedar\u00edan sin sentido. <em>\u00abHay que imitar al Hijo de Dios <\/em>\u2014explica a las Hijas de la Caridad\u2014 <em>que no hac\u00eda nada sino por el amor que ten\u00eda a Dios, su Padre\u00bb. <\/em>El nivel de profundidad a que debe moverse ese amor de Dios es total. <em>\u00abVal\u00addr\u00eda m\u00e1s morir <\/em>\u2014afirma\u2014 <em>que hacer algo contra su gloria y su puro amor\u00bb\u00bb. <\/em>Dios llena de tal forma el coraz\u00f3n de Vicente que no admite que una buena acci\u00f3n no sea hecha por la gloria de Dios. Es una constante de su vida y ense\u00f1anza, tanto a trav\u00e9s de sus conferencias y repeticiones de oraci\u00f3n, como de su numero\u00adsa correspondencia. <em>\u00abLa gloria de Dios\u00bb <\/em>y <em>\u00abde nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb <\/em>es como su \u00ableimotiv\u00bb.<\/p>\n<p>El dinamismo del amor impregna, conduce y consume la vida de san Vicente. Es su vida una existencia en caridad, que nace de su encuentro con Jesucristo. Por y en el amor de Jesucristo descubre el amor misericordioso de Dios hacia los hombres. <em>\u00abMire\u00admos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1qu\u00e9 llama de amor!\u00bb. <\/em>El amor de Dios no s\u00f3lo lleva a amarle sobre todo, sino que pide tambi\u00e9n que los dem\u00e1s le amen. <em>\u00abNo me basta <\/em>\u2014excla\u00adma\u2014 <em>con amar a Dios, si no lo ama mi pr\u00f3jimo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La caridad abarca no s\u00f3lo el amor a Dios, sino tambi\u00e9n al pr\u00f3\u00adjimo por amor de Dios. As\u00ed se cumple m\u00e1s perfectamente la Ley, seg\u00fan lo afirma santo Tom\u00e1s y le ense\u00f1a a Vicente su propia experiencia espiritual. <em>\u00abDadme a un hombre que ame a Dios solamente, un alma elevada en contemplaci\u00f3n que no piense en sus hermanos; esa persona, sintiendo que es muy agradable esta manera de amar a Dios, que le parece que es lo \u00fanico digno de amor, se detiene en saborear esa fuente infinita de dulzura. Y he aqu\u00ed otra persona que ama al pr\u00f3jimo, por muy vulgar y rudo que parezca, pero lo ama por amor de Dios. \u00bfCu\u00e1l de esos dos amores cre\u00e9is que es el m\u00e1s puro y desinteresado? Sin duda que el segundo, pues de ese modo se cumple la ley m\u00e1s perfectamente\u00bb. <\/em>En el fondo, viene a decir Vicente, quien ama a Dios tiene que amar a aquel a quien Dios ama. M\u00e1s a\u00fan, el amor al pr\u00f3jimo se funda en el amor de Dios que nos ha dado a su propio Hijo. Es un amor que viene de Dios, seg\u00fan la expresi\u00f3n de san Juan: \u00abQuien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 16). Quien ama con ese amor participa de la vida de Dios, se puede llamar hijo de Dios, comenta a las Hijas de la Caridad: <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 cre\u00e9is, hermanas m\u00edas, que quiere decir este hermoso nombre: Hijas de la Caridad? Nada m\u00e1s que hijas del buen Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Vicente sabe que el amor de Dios se ejercita en la oraci\u00f3n y da a entender que algunas Hijas de la Caridad han probado la oraci\u00f3n de contemplaci\u00f3n. Les pone incluso el ejemplo de santa Teresa: <em>\u00ab\u00bfAcaso sab\u00e9is, hijas m\u00edas, si Dios quiere hacer de cada una de vosotras una nueva Santa Teresa?\u00bb <\/em>Pero quer\u00eda una ora\u00adci\u00f3n que terminase en resoluciones pr\u00e1cticas y en acci\u00f3n. Sabe por experiencia que muchos actos de amor de Dios y afectos interiores, cuando no llegan a la pr\u00e1ctica, pueden resultar sospe\u00adchosos. Por eso, pone en guardia a sus misioneros: <em>\u00abAmemos a Dios, hermanos m\u00edos, amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente\u00bb. <\/em>De ah\u00ed que el servicio a los pobres llegar\u00e1 a marcar el tiempo de la ora\u00adci\u00f3n: <em>\u00abEs la hora de oraci\u00f3n; si o\u00eds a los pobres que os llaman, mortificaos y dejad a Dios por Dios\u00bb. <\/em>M\u00e1s a\u00fan, el amor y servi\u00adcio a los pobres se convierte en la garant\u00eda del amor a Jesucris\u00adto: <em>\u00abAl servir a los pobres, se sirve a Jesucristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Jos\u00e9 M\u00aa L\u00f3pez Maside<\/p>\n<p>CEME, 2008<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQU\u00c9 INFLUENCIA TUVIERON ESAS RELACIONES EN LA OBRA Y ESPIRITUALIDAD VICENCIANAS? 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