{"id":403306,"date":"2021-02-23T08:12:01","date_gmt":"2021-02-23T07:12:01","guid":{"rendered":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?p=403306"},"modified":"2020-11-29T11:23:05","modified_gmt":"2020-11-29T10:23:05","slug":"luisa-de-marillac-xii-capitulo-xii-la-santidad-de-luisa-de-marillac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-xii-capitulo-xii-la-santidad-de-luisa-de-marillac\/","title":{"rendered":"LUISA de MARILLAC (XII): la santidad de Luisa de Marillac"},"content":{"rendered":"<p><strong>Definici\u00f3n del concepto de santidad<\/strong><\/p>\n<p>Cuando reflexiono sobre ese concepto me vienen a la memo\u00adria dos c\u00e1nticos muy conocidos. Uno es una llamada, una exhor\u00adtaci\u00f3n a seguir a Cristo:<\/p>\n<p>\u00abSeguidme, dice Cristo, nuestro h\u00e9roe,<\/p>\n<p>Seguidme vosotros, todos los cristianos,<\/p>\n<p>Desprendeos de vosotros mismos y de este mundo,<\/p>\n<p>Seguid mi llamada<\/p>\n<p>Tomad vuestra cruz y vuestras penas,<\/p>\n<p>\u00a1Seguid mis pasos!<\/p>\n<p>El que no toma su cruz y me sigue,<\/p>\n<p>No es digno de m\u00ed y de mi gloria\u00bb.<\/p>\n<p>El otro c\u00e1ntico alaba y anima a los que desde hace tiempo siguen los pasos de Cristo:<\/p>\n<p>\u00abDichosos los que han sido transformados y han cono\u00adcido la santidad ante Dios,<\/p>\n<p>Dichosos los que obran y viven siempre seg\u00fan su palabra.<\/p>\n<p>Dichosos los que guardando su testimonio<\/p>\n<p>Buscan a Dios de todo coraz\u00f3n,<\/p>\n<p>Pues viven siempre en la gracia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Se presenta la santidad como una exhortaci\u00f3n, una llamada irresistible a poner sus pasos tras los de Cristo, a retirarse del mundo y a llevar la cruz con el Se\u00f1or, a buscar a Dios, a respon\u00adderle con obras, a intentar cumplir su voluntad y a seguir sus man\u00addamientos con obediencia perfecta. Esos dos c\u00e1nticos resumen bien lo que es una vida santa.<\/p>\n<p>Nuestro ideal cristiano de santidad ofrece numerosos aspec\u00adtos, tantos corno santos hay en la Iglesia. Sin embargo el ideal debe responder a ciertas exigencias fundamentales y a modos de comportarse muy precisos. Debe tener en cuenta, por ejemplo, las ocho peticiones del padrenuestro. El ideal cristiano de la perfec\u00adci\u00f3n culmina en la venida del Reino de Dios, en el cumplimiento de la voluntad divina y en la fe inquebrantable en esta ley de vida: morir con Cristo con la vista puesta en la vida futura.<\/p>\n<p><strong>Luisa, la santa<\/strong><\/p>\n<p>Con esta exigencia de perfecci\u00f3n como base, la vida de santi\u00addad de Luisa de Marillac entra de lleno en el cuadro del ideal cris\u00adtiano. A primera vista la vida de Luisa de Marillac no ofrece nada notable, nada que pueda mover al mundo. \u00bfQui\u00e9n era, pues, esta santa? Si se le compara con la obra monumental de san Vicente, parece que ella no hizo m\u00e1s que continuar y llevar a cabo el tra\u00adbajo del gran santo, y eso no es del todo falso. Pero para muchas personas sigue siendo, a pesar de todo, una mujer anodina, est\u00e1 muy lejos de ser una santa aceptada por todo el mundo, a la que se venera, en cuyo honor se organizan peregrinaciones y fiestas de ni\u00f1os. Sin embargo ella se merece sobradamente todo eso.<\/p>\n<p>Pero si miramos su vida m\u00e1s de cerca, reconoceremos en ella una gracia milagrosa, que le hizo salir de la sombra, y hace que aparezca ante el observador atento como una santa. Y \u00e9ste no podr\u00eda por otro lado imaginar una encarnaci\u00f3n m\u00e1s bella de la santidad: Luisa ha sufrido y ha superado sus sufrimientos, ha dado testimonio de manera clara y precisa, no ha vivido fuera del tiempo, pues efectivamente estuvo muy cerca de los pobres y les dedic\u00f3 toda su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El itinerario de Luisa<\/strong><\/p>\n<p>Su caminar comenz\u00f3 en el tiempo confuso de las querellas religiosas, entre el rey y los nobles, en el desorden y el horror de las guerras civiles y de las ciudades asediadas. Hay que a\u00f1adir a todo eso el misterio que rode\u00f3 su nacimiento fuera de matrimo\u00adnio. Naci\u00f3 el 12 de agosto de 1591 de madre desconocida, pero fue reconocida por su padre, Luis de Marillac, se\u00f1or de Ferri\u00e9res. Ese padre le dio, adem\u00e1s de su nombre, una herencia, y sobre todo su atenci\u00f3n y su amor. La oscuridad que ha rodeado su nacimien\u00adto est\u00e1 en fuerte contraste con la luz que ilumin\u00f3 el fin de una vida plena sesenta y ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde. Pero antes de llegar a la plenitud Luisa encontr\u00f3 obst\u00e1culos, y vivi\u00f3 experiencias doloro\u00adsas; sin embargo, ese camino le llev\u00f3 a Dios, aunque ella tuvo que luchar encarnizadamente, aunque conoci\u00f3 altibajos, esperanzas y decepciones, pues siempre estuvo animada por la firme intenci\u00f3n de cumplir la voluntad de Dios siempre y en todo.<\/p>\n<p>Luisa quiso entrar en las capuchinas, pero su salud fr\u00e1gil se lo impidi\u00f3. Se le cas\u00f3 a los veintid\u00f3s a\u00f1os con Antoine Legras, con el que tuvo un hijo.<\/p>\n<p>Luego su esposo sufri\u00f3 una enfermedad incurable. Luisa se culp\u00f3 a s\u00ed misma por no haber cumplido su promesa de entrar en las capuchinas. Interpret\u00f3 la enfermedad de su marido como un castigo de Dios por no haber cumplido su promesa y por ello por haber sido infiel a Dios. Encontr\u00f3 la serenidad el d\u00eda de Pente\u00adcost\u00e9s de 1623, durante la santa misa. Tuvo una iluminaci\u00f3n, oy\u00f3 una promesa y supo que consagrar\u00eda su vida al servicio de sus semejantes.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os que siguieron a la muerte de su marido, es\u00adperaba con impaciencia el cumplimiento de aquella promesa de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>Por aquel tiempo Vicente de Pa\u00fal fue su consejero y director de conciencia. Entre los dos fundaron en 1633 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Luisa fue su primera superiora y tuvo este cargo hasta su muerte en 1660.<\/p>\n<p><strong>Las ra\u00edces de su aspiraci\u00f3n a la santidad<\/strong><\/p>\n<p>Esa aspiraci\u00f3n estaba estrechamente unida, por un lado, a aquella juventud desventurada que proyectaba una sombra sobre la vida de Luisa, y, por otro lado, a aquella experiencia de Pente\u00adcost\u00e9s que le indicaba el camino que deb\u00eda seguir para cumplir la voluntad divina.<\/p>\n<p>Su vida santa, su santidad fue una respuesta al suceso que tuvo lugar en Pentecost\u00e9s, el cual encontr\u00f3 su lugar apropiado en la aspiraci\u00f3n de Luisa a la santidad. Encontramos las ra\u00edces de ese deseo profundo a la vez en su car\u00e1cter y en su tradici\u00f3n familiar, en su origen social, su educaci\u00f3n y las circunstancias de su vida, sin olvidar el papel desempe\u00f1ado por la gracia de Dios. Si ob\u00adservamos el \u00e1rbol geneal\u00f3gico de la familia Marillac, o m\u00e1s bien los frutos de ese \u00e1rbol, no podemos menos de sentir cierta admi\u00adraci\u00f3n ante la fuerte personalidad de sus miembros. Muchos de ellos fueron personajes c\u00e9lebres que jugaron un papel importante en la Iglesia o en la pol\u00edtica, abades, abadesas, monjes, religiosas, prelados, ministros, embajadores, juristas y soldados, hasta dos hermanos del padre de Luisa, Miguel y Luis, que fueron v\u00edctimas de la pol\u00edtica de Richelieu y que sacrificaron sus vidas valiente\u00admente.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Luisa era un fruto de ese \u00e1rbol. De aquella gran fa\u00admilia recibi\u00f3 en herencia su naturaleza y su inclinaci\u00f3n por la vida espiritual; as\u00ed pues, el terreno era apropiado para alimentar un destino fuera de lo com\u00fan.<\/p>\n<p>Sin embargo faltaba un elemento decisivo. En efecto, Luisa no pod\u00eda apropiarse de esa herencia con total facilidad, ni ponerla a actuar. En realidad ella no estaba inscrita con pleno derecho en el linaje, pues hab\u00eda nacido entre los dos matrimonios del se\u00f1or de Marillac. Vivi\u00f3 pues al margen de la familia, pues no formaba parte de ella del todo. Luisa lo comprendi\u00f3 enseguida, y eso fue para ella una fuente de sufrimientos. Podemos pues colocar ah\u00ed el pre\u00e1mbulo de su vocaci\u00f3n, su deseo de volverse hacia Cristo. No quer\u00eda pertenecer m\u00e1s que a Dios. Quer\u00eda expiar el simple hecho de existir. La educaci\u00f3n que recibi\u00f3 en un convento de dominicas en Poissy le inici\u00f3 a la vida retirada. Pero Luisa no quer\u00eda confor\u00admarse con eso. Las capuchinas que conoci\u00f3 en Par\u00eds respond\u00edan a su esp\u00edritu de sacrificio. Pens\u00f3 haber encontrado en la severidad de aquella orden lo que estaba buscando. La cruz hab\u00eda llegado a ocupar un lugar importante en la vida de la joven Luisa, pero el peso de la cruz se le hab\u00eda impuesto. Se hab\u00eda visto <em>obligada <\/em>a vivir con la cruz, en adelante ella <em>quer\u00eda <\/em>vivir con ella. La per\u00adsonalidad de Luisa y el papel de la gracia dise\u00f1aron los primeros perfiles de su destino. La fuerza y la nobleza de su car\u00e1cter, su gran piedad, su gusto por la renuncia y su voluntad de sacrificar todo para llevar la cruz en seguimiento de Cristo constituyeron la base y fundamento de la vida de santidad que vivi\u00f3 Luisa, y que la condujo a su culminaci\u00f3n m\u00e1s alta cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p><strong>Crecer en santidad por la acci\u00f3n de la gracia<\/strong><\/p>\n<p>Luisa perdi\u00f3 a su padre a la edad de trece a\u00f1os, y se encontr\u00f3 sola y desamparada, obligada a obedecer a las decisiones de otras personas. La obediencia absoluta caracteriz\u00f3 la vida de Luisa du\u00adrante los a\u00f1os dif\u00edciles de su juventud, y no abandon\u00f3 del todo esa actitud durante los a\u00f1os de madurez. Jam\u00e1s pens\u00f3 en rebelarse, creyendo que eso ser\u00eda in\u00fatil. Aceptaba la autoridad de las perso\u00adnas de las que depend\u00eda, se acomodaba a sus decisiones como se abandonar\u00eda a la voluntad de Dios.<\/p>\n<p><strong>Infancia, juventud, vida de matrimonio<\/strong><\/p>\n<p>Su sometimiento a la voluntad divina fue indudable cuando se le rehus\u00f3 la entrada en el convento de las capuchinas por causa de su salud fr\u00e1gil. Deseaba vivir una vida de religiosa, pero tuvo que vivir como casada. Es seguro de que esta imposibilidad de es\u00adcoger su camino prepar\u00f3 el terreno para los episodios depresivos que experiment\u00f3 m\u00e1s tarde. Pero se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de que se casara, y ella se convirti\u00f3 en esposa, y luego en madre, y siempre tuvo la voluntad filme de obedecer. Cuando despu\u00e9s de unos a\u00f1os de matrimonio su marido fue presa de una enfermedad incurable, Luisa se sinti\u00f3 culpable de no haber cumplido su voto de entrar en el convento. Su deseo de cumplir la voluntad de Dios se hizo en ella casi obsesivo, lo que le caus\u00f3 sufrimientos. \u00bfEra cosa de la voluntad divina una decisi\u00f3n tomada por otra persona que ten\u00eda alguna autoridad? \u00bfEn qu\u00e9 hab\u00eda faltado o que era lo que hab\u00eda omitido? \u00bfEran obra de un Dios castigador el sufrimiento y la enfermedad? A\u00fan m\u00e1s: \u00bfexist\u00eda Dios en verdad? Y si no exist\u00eda, \u00bfhabr\u00eda vida despu\u00e9s de la muerte? Su confusi\u00f3n era total. Final\u00admente, despu\u00e9s de d\u00edas y d\u00edas de inquietud, le vino la liberaci\u00f3n bajo la finilla de la iluminaci\u00f3n de Pentecost\u00e9s. Eso cambi\u00f3 radi\u00adcalmente la vida entera de Luisa.<\/p>\n<p><strong>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623 dio un giro total a su vida<\/strong><\/p>\n<p>Luisa tuvo una visi\u00f3n: se vio a s\u00ed misma en un lugar en el que se serv\u00eda al pr\u00f3jimo, y se har\u00edan votos de pobreza, castidad y obediencia.<\/p>\n<p>Su deseo de cumplir la voluntad de Dios fue dictado por la gracia. Su fe y su deseo de obedecer eran tan fuertes que no ten\u00eda ninguna duda de que su convicci\u00f3n \u00edntima fuera la expresi\u00f3n de la voluntad divina. Ese per\u00edodo representa un cruce de caminos en su vida.<\/p>\n<p><strong>El encuentro de Luisa con Vicente de Pa\u00fal y la importancia de ese encuentro para su camino hacia la santidad<\/strong><\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s Luisa conoci\u00f3 al se\u00f1or Vicente. Hab\u00eda tenido el presentimiento de ello aquel famoso d\u00eda de Pentecost\u00e9s. No pod\u00eda Luisa a\u00fan adivinar la importancia que ese encuentro iba a tener, aunque hoy lo sabemos muy bien. En un principio Luisa no sent\u00eda una simpat\u00eda especial por Vicente, pero la fe en la divina providencia y el deseo de cumplir la voluntad de Dios le ayuda\u00adron a permanecer tranquila. Por su parte, Vicente se encarg\u00f3 de la direcci\u00f3n espiritual de aquella dama de la nobleza sin mucho entusiasmo. Pero muy pronto se dio cuenta que la Providencia le hab\u00eda confiado una persona de gran valor. Luisa estaba firmemen\u00adte decidida a someterse sin reservas a su director de conciencia y a obedecerle. Por otro lado podr\u00edamos tal vez pensar que por esa decisi\u00f3n renunciaba ella a su personalidad propia. Pero Vicente trataba de tranquilizar a Luisa, de calmar su impaciencia por que\u00adrer actuar en el terreno religioso. Intentaba ense\u00f1arle la confianza, y ayudarle a reconocer humilde y pacientemente la voluntad divi\u00adna para luego cumplirla.<\/p>\n<p><strong>Gracias a Vicente, Luisa ensancha su horizonte en el camino de la santidad&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>Luisa ten\u00eda treinta y siete a\u00f1os cuando tom\u00f3 la decisi\u00f3n de consagrar su vida entera al servicio de los pobres. Sab\u00eda desde el d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623 que esa era la voluntad de Dios, pues hab\u00eda tenido la visi\u00f3n de un futuro en el que se dedicar\u00eda al ser\u00advicio de sus semejantes con la ayuda de otras personas. El se\u00f1or Vicente hab\u00eda pedido a la se\u00f1orita Legras que fuera a Montmirail a prestar su ayuda a la Cofrad\u00eda de ese lugar. Desde aquel momen\u00adto Luisa se sinti\u00f3 segura acerca del camino que deber\u00eda seguir.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os que siguieron Luisa desarroll\u00f3 una intensa actividad apost\u00f3lica y caritativa sin dejar de caminar un solo ins\u00adtante hacia la santidad.<\/p>\n<p><strong>&#8230;dedic\u00e1ndose al servicio de los pobres<\/strong><\/p>\n<p>Su voluntad de consagrarse al servicio de los pobres estaba en sinton\u00eda con su aspiraci\u00f3n a cumplir la voluntad de Dios en todo. Vicente sab\u00eda que deb\u00eda ante todo moderar el entusiasmo de Luisa, frenar su celo en el terreno religioso, y pedirle que fuera menos exigente consigo misma. Vicente le exhortaba continua\u00admente: \u00abTenga cuidado de su salud y de mantenerse alegre\u00bb. Eso era lo que m\u00e1s le hac\u00eda falta, apenas si sab\u00eda lo que era la alegr\u00eda, no la hab\u00eda conocido ni en su juventud, ni en el matrimo\u00adnio, ni en la maternidad, hasta su misma piedad le proporcionaba escasa alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Viv\u00eda continuamente en tensi\u00f3n, pose\u00edda continuamente por su deseo de hero\u00edsmo. Vicente se dio cuenta de que ella podr\u00eda curarse de esa enojosa tendencia si se olvidara de s\u00ed misma de\u00addic\u00e1ndose a remediar la miseria y el sufrimiento de los dem\u00e1s. Luisa lo comprendi\u00f3 pronto y bien, y su director espiritual, que le hab\u00eda dado confianza en s\u00ed misma, le ayud\u00f3 a seguir adelante y a tomar decisiones. La gran amplitud del campo de trabajo en aquellos tiempos de grandes miserias multiplic\u00f3 su br\u00edo y dot\u00f3 a su talento organizador de la posibilidad de desarrollarse; un tal talento es un don precioso cuando se trata de llevar a cabo una misi\u00f3n cada d\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil. Los gritos de dolor de los pobres iban en adelante a orientar todas sus decisiones en la vida de cada d\u00eda, las que, por ejemplo, se refer\u00edan a sus hijas espirituales, sirvientes de los pobres. Ella pon\u00eda al pobre y al enfermo en el primer lugar, ellos eran los amos, pues el Cristo sufriente se nos manifiesta en ellos. Hab\u00eda pues que servirles con deferencia, humildad, amor, respeto y piedad, hab\u00eda que amarles, fueran como fueran. Luisa daba gracias a Dios porque le hab\u00eda llamado a servirle en la per\u00adsona de los pobres.<\/p>\n<p><strong>Buscar y tender a aceptar y a conocer la voluntad de Dios<\/strong><\/p>\n<p>Luisa deseaba conocer, aceptar y cumplir la voluntad de Dios, que es la primera condici\u00f3n de todo pensamiento, de todo proyec\u00adto y de toda acci\u00f3n. Esa voluntad es la que nos ayuda a aceptar sin pena, humildemente y hasta con alegr\u00eda el sufrimiento que proceda de la mano de Dios. En este tema Luisa no sent\u00eda ning\u00fan temor ante las decisiones que deb\u00eda tomar. Al contrario, la seguri\u00addad de que Dios lo quer\u00eda as\u00ed le bastaba para superar los mayores obst\u00e1culos a pesar de su constituci\u00f3n fr\u00e1gil.<\/p>\n<p>Quiero recordar que la fundaci\u00f3n y la consolidaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda fueron en gran parte obra de Luisa, as\u00ed como la educa\u00adci\u00f3n y formaci\u00f3n de las j\u00f3venes que se le confiaban y que llega\u00adron a ser las primeras Hijas de la Caridad; quiero recordar tam\u00adbi\u00e9n los problemas dif\u00edciles que tuvo que resolver, tanto en las Cofrad\u00edas como en relaci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados o los galeo\u00adtes, sin olvidar la ayuda proporcionada a una poblaci\u00f3n miserable en las regiones devastadas por las guerras, o la ayuda dada a los apestados, sin olvidar tampoco las preocupaciones resultantes de tener que enviar a hermanas a lugares remotos, la gesti\u00f3n de los hospitales, las escuelas para ni\u00f1as pobres, por no citar m\u00e1s que al\u00adgunos de los problemas que tuvo que resolver. Una fe en Dios tan profunda e inquebrantable alimentaba su aspiraci\u00f3n a cumplir la voluntad divina. Luisa no hab\u00eda escogido su camino pero, a partir de Pentecost\u00e9s de 1623, sab\u00eda y estaba convencida de que Dios le indicar\u00eda el camino.<\/p>\n<p>Por otro lado ella sol\u00eda recordar esa voluntad divina en casi todas sus cartas: \u00abEs verdad, mi muy honorable padre, que hay motivo para esperar un gran bien de esta obra, si le agrada a nues\u00adtro buen Dios continuar por medio de ella sus santas bendiciones. Le pido a usted su bendici\u00f3n con todo el coraz\u00f3n por su santo amor, para que se cumpla en m\u00ed su santa voluntad en este caso\u00bb. Y en otra carta de marzo de 1646: \u00abRenuncio pues a esos temo\u00adres acerca del futuro para no querer m\u00e1s que lo que Dios quiera ordenar cada d\u00eda<sup>244<\/sup>\u00bb. Luisa animaba a sus hermanas a reconocer y someterse a la voluntad de Dios: \u00abPor el amor de Dios, sea usted una hija enteramente llena de confianza y de fidelidad hacia Dios como siempre lo ha sido, y para eso tenga un poco de paciencia, a fin de que se conozca la voluntad de Dios sobre ese asunto\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Por el amor a la cruz<\/strong><\/p>\n<p>El deseo de Luisa de conformarse con la voluntad de Dios pasaba por el amor a la cruz y por el compartir el dolor experi\u00admentado por Cristo. E inversamente, sufriendo con Jes\u00fas en la cruz, Luisa se sent\u00eda en armon\u00eda con la voluntad de Dios. Sab\u00eda que Dios le hab\u00eda puesto en aquel camino de cruz, y que estaba avocada al sufrimiento: \u00abLas almas a las que Dios destina al su\u00adfrimiento deben amar mucho ese estado, y pensar que sin una ayuda del todo especial de Dios no pueden serle fieles. [&#8230;] El me ha derramado tantas gracias que me ha hecho conocer que su voluntad santa era que yo fuese hacia \u00e9l por la cruz, que su volun\u00adtad ha querido que yo la padeciese desde mi mismo nacimiento, no dej\u00e1ndome en casi ninguna edad de mi vida sin ocasiones de sufrir; y despu\u00e9s de haberme hecho tantas veces estimar y desear ese estado, me he confiado a su bondad, pensando que hoy me dar\u00e1 nuevas gracias para hacer su santa voluntad, pidi\u00e9ndole de todo coraz\u00f3n que me ponga en ese estado, aunque me resulte pe\u00adnoso a los sentidos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Estimar y desear el sufrimiento! No es que deseara eso por s\u00ed mismo, sino que al contrario consideraba ese estado como una gracia, y deseaba vivirlo por amor a Cristo. En los escritos de Luisa el amor a Cristo crucificado y su propio amor por la cruz ocupaban un lugar muy importante. Leyendo esos textos, y no podemos hacerlo m\u00e1s que orando junto con Luisa, descubrimos que tienen una dimensi\u00f3n que ha permanecido tal vez desconoci\u00adda hasta el presente.<\/p>\n<p>La adolescente fr\u00e1gil, atormentada desde la m\u00e1s tierna infan\u00adcia, la mujer joven animosa, la madre consumida por la inquietud, la viuda, que no sab\u00eda muy bien c\u00f3mo dar forma a su deseo de entregar su vida a Dios, y finalmente la sierva de los pobres y fundadora de una comunidad apost\u00f3lica, aquella mujer de cons\u00adtituci\u00f3n fr\u00e1gil hace que seamos testigos llenos de admiraci\u00f3n. En efecto, es casi incre\u00edble el ver desplegarse, en silencio y con toda discreci\u00f3n, tanta energ\u00eda para llevar a cabo una obra gigantesca. Eso supone adem\u00e1s un gran talento de organizadora, y Luisa dio pruebas de ello. Sin embargo, lo que m\u00e1s nos asombra no es la cantidad de trabajo hecho, sino lo que alimentaba sus recursos in\u00adteriores: la imitaci\u00f3n de Cristo es lo que hizo posible aquella obra en todo momento y en todos sus aspectos: \u00abMe he ofrecido a su Majestad para seguirle, pues \u00e9l permiti\u00f3 que su cruz fuera llevada por otra persona (Sim\u00f3n de Cirene) junto con \u00e9l. He tomado la decisi\u00f3n de tomar la m\u00eda como \u00e9l me ha ense\u00f1ado, es decir, todas las aflicciones que \u00e9l quiera enviarme, y se las ofrezco desde aho\u00adra para que vayan unidas a las suyas, a fin de que se me apliquen sus m\u00e9rito\u00bb.<\/p>\n<p>Su alma generosa aceptaba los sufrimientos, y estos se conver\u00adt\u00edan as\u00ed en cruces salvadoras y santificadoras. Pero Luisa iba a\u00fan m\u00e1s lejos. Aceptar las cruces le pon\u00eda en estado de uni\u00f3n con Cris\u00adto, y ella esperaba una respuesta divina: participar en los m\u00e9ritos anejos a los sufrimientos de Jes\u00fas. De ese modo Jes\u00fas se convierte en el Cireneo, el que ayuda a los seres humanos a llevar su cruz y a aceptarla por amor de Dios. En esa perspectiva Luisa sab\u00eda que ella deb\u00eda ayudar a los dem\u00e1s a llevar sus cruces: \u00abLa suavidad que he sentido en medio de mi gran dolor me ha dado el deseo de hacer buen uso de esta enfermedad, junto con el sentimiento de mi impotencia, me he acordado del sufrimiento de alguna otra persona, y uniendo mi intenci\u00f3n a la suya los he ofrecido a Dios, con el pensamiento de estar con Nuestro Se\u00f1or en la cruz\u00bb.<\/p>\n<p>En los escritos de Luisa numerosos pasajes dan testimonio de su vivir, a escala humana, los estados de Cristo. Deseaba comple\u00adtar en su vida por sus sufrimientos lo que falta a\u00fan al cuerpo de Cristo, a la Iglesia.<\/p>\n<p>El amor que Luisa sent\u00eda por la cruz no ten\u00eda nada que ver con una cierta complacencia con el sufrimiento. Ella misma subraya la dignidad del sufrimiento: \u00abNuestro Se\u00f1or quiso dar a conocer la dignidad del sufrimiento diciendo que san Pablo ser\u00eda honrado por \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa sab\u00eda que \u00ablas almas escogidas por Dios son de mane\u00adra especial destinadas al sufrimiento, que les resulta tan dulce y agradable que preferir\u00edan morir antes que no sufrir, pues amar y sufrir es para ellas la misma cosa\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos habernos tal vez imaginado que Luisa pose\u00eda una naturaleza t\u00edmida y temerosa, que era totalmente dependiente de los consejos de Vicente. Pero ahora sabemos que era una mujer que aceptaba las indicaciones y las recomendaciones de su gu\u00eda espiritual, y que las integr\u00f3 muy bien en su vida, en sus oraciones y en sus acciones, y que todo ello dio origen a una personalidad independiente y original. El se\u00f1or Vicente, que era tambi\u00e9n un santo, supo orientar a Luisa para utilizar su fuerza de tal manera que su ser, en sus ramificaciones m\u00e1s finas, se expon\u00eda a la luz de la gracia divina, abandon\u00e1ndose totalmente a Dios y dejan\u00addo a Dios actuar a trav\u00e9s de ella. Su naturaleza medrosa se fue transformando poco a poco para llegar a ser una mujer esmerada, consciente de sus responsabilidades, que pod\u00eda tomar decisiones importantes siguiendo la voluntad de Dios, y luego pasar de in\u00admediato a la acci\u00f3n utilizando todos los medios a su disposici\u00f3n. Era igualmente capaz de emplear toda su energ\u00eda para, dado el caso, convencer a quienes la rodeaban de la necesidad de actuar. Sin embargo no trataba de persuadir con palabras sino adoptando una actitud a la vez segura, humilde y serena.<\/p>\n<p>La joven Luisa era ciertamente medrosa, pero eso no era en absoluto herencia de familia; habr\u00eda que atribuirla m\u00e1s bien al aspecto de situaci\u00f3n marginal a la que tuvo que adaptarse en su infancia y en su juventud. Luisa super\u00f3 eso, y se comport\u00f3 en adelante como una Marillac, que ciertamente ha pasado por tiem\u00adpos dif\u00edciles en su juventud y que ha sido marcada por muchos sufrimientos, pero que pose\u00eda los dones y las cualidades de su familia, y que supo a la luz de la gracia dotarlos de una mayor nobleza, para crear, con la ayuda de Dios, una obra magn\u00edfica de santidad.<\/p>\n<p><strong>Con toda humildad<\/strong><\/p>\n<p>Hemos subrayado el esp\u00edritu reservado de Luisa, al que hay que a\u00f1adir la necesidad que ten\u00eda de analizarse a s\u00ed misma y su gran capacidad para hacerlo. Dice en una de sus notas que siem\u00adpre hab\u00eda tenido facilidad para meditar. Por eso le resultaba tan natural retirarse en s\u00ed misma. En lo interior de s\u00ed misma encon\u00adtraba a Dios y se encontraba a s\u00ed misma en presencia de \u00c9l. Este cara a cara era ciertamente la fuente de su profunda humildad. Luisa nunca se comparaba a los dem\u00e1s, sent\u00eda constantemente la presencia de Dios en su vida, se inquietaba por su propia vida interior, por su estado de pecado. Cuando escrib\u00eda al se\u00f1or Vicen\u00adte se reprochaba a s\u00ed misma por los des\u00f3rdenes que agitaban su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy somos incapaces de comprender una humildad semejan\u00adte. Pero Luisa buscaba la verdad, y tem\u00eda sin cesar el no haber ido suficientemente lejos en su franqueza. Podemos pues partir del principio de que dec\u00eda verdaderamente lo que pensaba. En con\u00adsecuencia la humildad de Luisa no pod\u00eda ser m\u00e1s que verdadera humildad, la virtud que permite ver cu\u00e1n santo es Dios y hasta qu\u00e9 punto el ser humano no es nada, sometido como est\u00e1 durante toda su vida a m\u00faltiples ataques y tentaciones. Luisa se castigaba a s\u00ed misma, pues le parec\u00eda que ca\u00eda continuamente en el pecado, consideraba sus faltas como monstruosas ante Dios. Sin embar\u00adgo, Vicente le reten\u00eda cuando estaba a punto de caer en excesos y cuando tem\u00eda que fuera perturbado su equilibrio s\u00edquico.<\/p>\n<p><strong>A la luz del Esp\u00edritu divino<\/strong><\/p>\n<p>La gran obra de Luisa, la fundaci\u00f3n, direcci\u00f3n y consolida\u00adci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad adquiri\u00f3 con el paso del tiempo bases s\u00f3lidas y perfiles m\u00e1s definidos. Luisa, de todos modos, fue siempre consciente de que esa obra pertenec\u00eda ante todo al Esp\u00edritu Santo. La iluminaci\u00f3n de Pentecost\u00e9s, que he recordado muchas veces, le hab\u00eda mostrado, de una manera ciertamente alusiva, que en un primer tiempo ella se dedicar\u00eda al servicio de sus semejantes, ayudada por otras personas. Su fe en la realizaci\u00f3n de esa promesa permaneci\u00f3 inquebrantable. El Es\u00adp\u00edritu le ilumin\u00f3 tambi\u00e9n, cuando hubiera que reconocerlo, sobre cu\u00e1ndo ser\u00eda el momento y la ocasi\u00f3n propicia.<\/p>\n<p>Cuando Margarita Naseau llam\u00f3 a su puerta para ofrecer sus servicios, pues deseaba ocuparse de los pobres y enfermos, Luisa lo comprendi\u00f3. Margarita estaba ya trabajando desde hac\u00eda dos a\u00f1os con otras j\u00f3venes que serv\u00edan por propia iniciativa ayudando en las Cofrad\u00edas de manera independiente. Margarita contrajo la peste cuidando a los enfermos y muri\u00f3. Luisa apremi\u00f3 al se\u00f1or Vicente para que se reuniera a aquellas j\u00f3venes. En aquel momen\u00adto Luisa comprendi\u00f3 cu\u00e1l era la voluntad de Dios, se dio cuenta de que se cumpl\u00eda la promesa de Pentecost\u00e9s, y quiso hacer un primer ensayo. Eso suced\u00eda el 29 de noviembre de 1633. Luisa reuni\u00f3 a cuatro o cinco j\u00f3venes en su vivienda. \u00bfNo deb\u00eda Luisa en aquel suceso venerar de manera especial al Esp\u00edritu Santo? Lo hizo, pero con devoci\u00f3n personal y privada. Eso cambi\u00f3 cuando sucedi\u00f3 un hecho incre\u00edble la v\u00edspera de la fiesta de Pentecost\u00e9s de 1642. Luisa se encontraba en la sala donde sol\u00edan tener lugar las reuniones de las hermanas y de las Damas de la Caridad. Las hermanas le advirtieron por dos veces que el techo cruj\u00eda de ma\u00adnera inquietante. Se avino por fin a dejar la sala justo antes de que se hundiese el techo. El se\u00f1or Vicente iba a tener all\u00ed una confe\u00adrencia aquella tarde. Este incidente produjo un impacto fuerte so\u00adbre Luisa y sus j\u00f3venes. Luisa vio en \u00e9l una se\u00f1al de Dios. Anim\u00f3 por eso a las hermanas a honrar al Esp\u00edritu Santo de manera espe\u00adcial, y a ponerse bajo la total dependencia de la providencia divi\u00adna. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, en el d\u00eda aniversario del accidente, pens\u00f3 que el Esp\u00edritu Santo hab\u00eda actuado a trav\u00e9s de aquel incidente. Era precisamente por la \u00e9poca en que Vicente y Luisa quer\u00edan que la joven compa\u00f1\u00eda recibiera un cierto reconocimiento y que estuviera apoyada en bases s\u00f3lidas; Luisa deseaba que la Com\u00adpa\u00f1\u00eda fuese puesta bajo la dependencia del superior general de la Misi\u00f3n, es decir, del se\u00f1or Vicente y de sus sucesores. Vicente no dio su aprobaci\u00f3n de inmediato, seguramente que por modes\u00adtia. Pero Dios hab\u00eda hablado, hab\u00eda dado una se\u00f1al por medio del hundimiento del techo. Y Luisa comprendi\u00f3, tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, que la Compa\u00f1\u00eda descansar\u00eda sobre pilares fr\u00e1giles y defectuosos si no estuviera s\u00f3lidamente relacionada con la congregaci\u00f3n de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. \u00a1Eso significaba un paso audaz hacia la creaci\u00f3n de relaciones entre las dos comunidades!<\/p>\n<p>Luisa pretend\u00eda ese fin con moderaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n con una firmeza sorprendente, segura de no enga\u00f1arse y de conseguir de ese modo el fin que se hab\u00eda propuesto. No dejaba que se le des\u00adviara de su camino, pues cre\u00eda firmemente en la Providencia y hab\u00eda aprendido a leer los signos de los tiempos y a tenerlos en cuenta en su vida de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando oraba Luisa consideraba los efectos de la presencia del Esp\u00edritu Santo y lo recib\u00eda en ella, lo recib\u00eda en su vida de uni\u00f3n con la vida divina. Sacaba las consecuencias pr\u00e1cticas de esa presencia para avanzar hacia la santidad y para poner a la Iglesia en el mismo camino. \u00ab\u00a1Oh! \u00a1Cu\u00e1nto he deseado que el Esp\u00edritu Santo perfeccione continuamente a la Iglesia seg\u00fan el deseo del Hijo de Dios, que al dejarla le dijo que ella lo necesita\u00adr\u00eda. \u00a1Esp\u00edritu Santo!, os hab\u00e9is entregado tambi\u00e9n a cada alma en particular. \u00bfY para qu\u00e9? Para poner en ella el esp\u00edritu verdadero de Jesucristo, y para ense\u00f1arle eficazmente sus m\u00e1ximas\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa tom\u00f3 tambi\u00e9n esta resoluci\u00f3n: \u00abInvocar\u00e9 la gracia del Esp\u00edritu Santo, en la cual tendr\u00e9 una gran confianza, para que se cumpla en m\u00ed su sant\u00edsima voluntad, lo cual ser\u00e1 el deseo \u00fanico de mi coraz\u00f3n&#8217;\u00bb. Ya se ha rizado el rizo: ella no deseaba m\u00e1s que aceptar y consentir con la voluntad de Dios, no deseaba m\u00e1s que fundir su ser en el ser de Dios, eso era todo su vivir.<\/p>\n<p><strong>En el camino del desprendimiento total<\/strong><\/p>\n<p>Luisa comprendi\u00f3 que el descenso del Esp\u00edritu Santo y la par\u00adticipaci\u00f3n en sus dones estaban unidos a una condici\u00f3n. Cristo se despidi\u00f3 primero de los ap\u00f3stoles y luego les envi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo. De modo que la despedida de Jes\u00fas le daba que pensar. Sac\u00f3 de ello conclusiones para s\u00ed misma, y decidi\u00f3 despegarse ante todo de todos los afectos, e incluso \u00abde la ternura de su pre\u00adsencia, para que [su] alma, estando libre de los impedimentos que le podr\u00edan poner un obst\u00e1culo, el Esp\u00edritu divino la llene con sus dones, y que la saque de sus decaimientos y le haga obrar por su fuerza\u00bb.<\/p>\n<p>Ya nada deb\u00eda pertenecerle. Ofreci\u00f3 a Dios su libre albedr\u00edo para adquirir una libertad nueva en Dios, para abandonarse a la voluntad de Dios. Ese impulso hacia Dios y esa entrega de s\u00ed mis\u00adma acompa\u00f1aron todas las acciones de su vida: la creaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, su trabajo, sus \u00e9xitos a los ojos del mundo, pero tambi\u00e9n sus relaciones con su hijo, que le caus\u00f3 tantas preocupa\u00adciones: Luisa puso la obra toda de su vida en las manos de Dios. Con ocasi\u00f3n de su peregrinaci\u00f3n a Chartres escribi\u00f3 a Vicente una carta en la que ofrec\u00eda \u00abenteramente la dicha Compa\u00f1\u00eda, y le ped\u00eda [a Dios] su destrucci\u00f3n total antes de que fuera establecida en contra de su voluntad santa\u00bb.<\/p>\n<p>Deseaba ofrecer todo lo que amaba y tambi\u00e9n todo lo que le atormentaba. Por ejemplo, se confiaba a Dios en cuanto a su hijo, que le causaba infinitas contrariedades: \u00abNo debo ver ya a mi hijo m\u00e1s que como hijo de Dios, ni amarle m\u00e1s que como tal, y por el amor de Dios sufrir el verme privada de su vista\u00bb. Hab\u00eda que confiarle a Dios, renunciar a los planes que ten\u00eda sobre \u00e9l y aceptar a aquel hijo de Dios tal cual era.<\/p>\n<p>Luisa se desprend\u00eda cada vez m\u00e1s de los seres y de las cosas y buscaba una uni\u00f3n con Dios cada vez m\u00e1s profunda. Sacrificaba al pie de la cruz todo lo que pod\u00eda empa\u00f1ar la pureza del amor que Dios quer\u00eda de ella \u00absin jam\u00e1s poder pretender otro placer que el de estar sometida a vuestro querer y a las leyes de vuestro puro amor\u00bb. Ese desprendimiento de todas las cosas, de todo deseo terrestre, de todo afecto, de todo lo que no es Dios se expresaba tambi\u00e9n en una actitud de pobreza total. Luisa viv\u00eda el esp\u00edritu de la primera bienaventuranza, \u00abDichosos los pobres de esp\u00edritu\u00bb, y explicaba de este modo la pobreza de esp\u00edritu: \u00abNo puedo com\u00adprender que el reino de los cielos sea otras cosa que vos mismo. \u00a1Vos pertenec\u00e9is a los que no tienen nada! Verdaderamente sois el \u00fanico todo, y para teneros quiero renunciar a todo\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Luisa educaba para la santidad<\/strong><\/p>\n<p>La maduraci\u00f3n interior, su camino hacia la santidad estaba por supuesto muy unido a los acontecimientos exteriores que surg\u00edan en su vida diaria. Vida interior y vida cotidiana se imbricaban plenamente. En apariencia Luisa llevaba una vida muy activa, dirig\u00eda, administraba, resolv\u00eda muchos problemas, organizaba y manten\u00eda una abundante correspondencia. Ped\u00eda consejos y pro\u00addigaba los suyos propios, pero la obra de su vida fue la direcci\u00f3n y la formaci\u00f3n de sus hijas espirituales. En ese campo pod\u00eda irra\u00addiar y reflejar la luz que hab\u00eda recibido ella misma. Al principio se sent\u00eda un tanto insegura, dudaba de s\u00ed misma y se interrogaba en su interior, pero gracias a la direcci\u00f3n del se\u00f1or Vicente descu\u00adbri\u00f3 su camino y logr\u00f3 sentirse m\u00e1s segura. Y luego pudo dirigir a otras personas, y a veces tenemos la impresi\u00f3n de o\u00edr de sus labios las palabras mismas del se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p><strong>Orientar, dirigir y animar a sus hijas<\/strong><\/p>\n<p>El caminar de Luisa hacia Dios se reflejaba en su ense\u00f1anza. Inculcaba a sus hijas las s\u00f3lidas virtudes cristianas, dando a la vez pruebas de delicadeza y de un talento inmenso de pedago\u00adga, reforzado con sentimientos maternales pues ella esperaba de sus hijas una conducta heroica en el servicio de los pobres: \u00ab\u00bfNo quer\u00e9is, mis queridas hermanas, seguir a ese Jes\u00fas tan amable, aunque est\u00e9 cubierto con llagas y en la cruz? Me parece que os veo cargadas con la cruz tal como \u00e9l nos lo ha ense\u00f1ado, y que todas vosotras, llenas de amor y de \u00e1nimos, dec\u00eds con el ap\u00f3stol santo Tom\u00e1s: <em>vayamos y muramos con \u00e9l<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>El amor de Luisa por la cruz se parec\u00eda a un fuego que de\u00adb\u00eda inflamar tambi\u00e9n los corazones de sus hijas. Su deseo m\u00e1s ardiente era unir su propia cruz a la cruz y a los sufrimientos de Jes\u00fas. Pero Luisa no se quedaba en teor\u00edas, daba explicaciones y reglas de comportamiento muy concretas: \u00abRecordad siempre, mis queridas hermanas, que es la santa voluntad de Dios la que os ha puesto donde est\u00e1is, y que para cumplirla deb\u00e9is trabajar como har\u00eda un embajador de un rey; es decir, con una gran fideli\u00addad practicar vuestras reglas y los consejos de vuestros superiores (del hospital de Montreuil), todo con dulzura de coraz\u00f3n y con humildad\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa inculcaba a sus hijas la idea de que eran como mensaje\u00adras de Dios, y que deb\u00edan tener siempre el deseo de conformarse a su voluntad, y se encontrar\u00edan as\u00ed siempre en el camino de la per\u00adfecci\u00f3n. Toda la Compa\u00f1\u00eda, todas las hermanas deb\u00edan ponerse al servicio de la voluntad divina. Antes de salir para Nantes, donde iba a dirigir el hospital, Luisa dirigi\u00f3 una carta larga a las herma\u00adnas de la Casa Madre, y expres\u00f3 una vez m\u00e1s ese mismo deseo: \u00abOs dejo, para que os conform\u00e9is en todo a la santa voluntad de Dios, el pacto que hemos hecho todas juntas de no quejamos ja\u00adm\u00e1s de la divina providencia, y de abandonarnos enteramente a ella; tomemos, vosotras y yo, como ejercicio de la pr\u00e1ctica de esa promesa que hemos renovado tantas veces, el hacer este viaje\u00bb.<\/p>\n<p>Las hijas de Luisa arriesgaron con frecuencia, e incluso sacri\u00adficaron, sus vidas cuidando a los enfermos y a los heridos de gue\u00adrra. Ciertamente, Luisa no les exig\u00eda esos sacrificios a la ligera. Pero sab\u00eda c\u00f3mo motivarlas y el se\u00f1or Vicente c\u00f3mo animarlas; y nosotros podemos, no sin cierto asombro, admirar los frutos de su dedicaci\u00f3n. Y luego, pasadas las situaciones dif\u00edciles, el d\u00eda a d\u00eda recuperaba el primer plano y hab\u00eda que saber administrarlo, pues era ah\u00ed donde se libraba la verdadera e interminable batalla contra la miseria y la enfermedad. Los alientos por parte de Luisa no se agotaban: \u00ab\u00bfEst\u00e1 usted animada? \u00bfHace como el buen pastor, que pone en peligro su vida por el bien y la conservaci\u00f3n de las ove\u00adjas que se le han confiado? As\u00ed lo creo, pues aunque no siempre tenemos ocasi\u00f3n de exponer nuestras vidas, no nos faltan ocasio\u00adnes de exponer nuestra voluntad para acomodarnos a las de otras personas, de romper nuestros h\u00e1bitos e inclinaciones, para servir de ejemplo a nuestras hermanas, y de controlar nuestras pasiones, para no excitar las de los otros. As\u00ed es como tenemos que obrar, mi querida hermana, para mantener la cordialidad, para ejercitar la ayuda mutua, para estar en la estrecha uni\u00f3n de la caridad ver\u00addadera de Jes\u00fas crucificado, que pido a Dios nos la d\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p><strong>En camino hacia Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>La meditaci\u00f3n de Jes\u00fas crucificado llev\u00f3 a Luisa a venerar a la madre de Jesucristo, pues ella cumpli\u00f3 la voluntad divina al aceptar la encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas. Se someti\u00f3 tambi\u00e9n a la voluntad de Dios al pie de la cruz. All\u00ed se convirti\u00f3 en la madre de todos.<\/p>\n<p>Luisa iniciaba a sus hijas en el misterio de la maternidad de Mar\u00eda. Les entregaba el fruto de sus reflexiones, audaces para la \u00e9poca; en efecto, para Luisa el consentimiento de Mar\u00eda para ser madre ten\u00eda como raz\u00f3n previa su concepci\u00f3n inmaculada con vistas a la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A petici\u00f3n de Luisa Vicente de Pa\u00fal consagr\u00f3 el 8 de diciem\u00adbre de 1658 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad a la Inmacu\u00adlada Concepci\u00f3n. Luisa ley\u00f3 en nombre de sus hijas el acto de ofrecimiento que ella misma hab\u00eda redactado. Mar\u00eda, concebida sin pecado, fue declarada \u00fanica Madre de la Compa\u00f1\u00eda. Este acto de ofrecimiento se repet\u00eda todos los a\u00f1os. Entr\u00f3 as\u00ed en la historia de la Inmaculada Concepci\u00f3n; vino despu\u00e9s, en 1830, el regalo de la medalla milagrosa; despu\u00e9s, la proclamaci\u00f3n solemne del dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n y la respuesta de la Virgen en Lourdes: \u00abYo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Se pone a prueba la dedicaci\u00f3n de las hermanas en el frente de la ayuda caritativa<\/strong><\/p>\n<p>Con sencillez pero tambi\u00e9n con insistencia, Luisa iniciaba a sus hermanas en el misterio de su vocaci\u00f3n: ponerse al servicio de Jes\u00fas sirviendo a sus miembros sufrientes, e, inversamente, encontrar a Jes\u00fas en la persona de los pobres. Las hermanas no se pertenec\u00edan a s\u00ed mismas; pertenec\u00edan a los pobres y a los enfermos, sus \u00fanicos due\u00f1os. En sus numerosas cartas Luisa jam\u00e1s dej\u00f3 de recordar a sus hermanas el sentido profundo de su voca\u00adci\u00f3n. Ella les daba ejemplo con sus frecuentes visitas a las Cofra\u00add\u00edas, pero tambi\u00e9n cada d\u00eda en las relaciones que ten\u00eda con ellas para formarlas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su formaci\u00f3n ellas se encontraban en muchos ca\u00adsos lejos de Par\u00eds, pero en primera l\u00ednea para contribuir con su ayuda y practicar la caridad. Luisa les sosten\u00eda y les animaba en su voluntad de sacrificarse; les rogaba \u00abque todas las ma\u00f1anas se levanten con nuevos \u00e1nimos para servir bien a Dios y a los pobres\u00bb. \u00abLlevad con ellos sus penas, haced lo posible para darles alguna ayuda, y permaneced en paz. Tal vez tambi\u00e9n vosotras sufr\u00e1is necesidad; eso ser\u00e1 vuestro consuelo, pues si tuvierais abundancia vuestros corazones sufrir\u00edan al valerse de ella viendo por otro lado sufrir escasez a nuestros amos y se\u00f1ores\u00bb. Les ex\u00adhortaba tambi\u00e9n de esta manera: \u00abEnv\u00edeme siempre noticias, se lo ruego, y d\u00edgame sobre todo si mientras trabajan en el servicio ex\u00adterior su interior se ocupa por amor de Nuestro Se\u00f1or en vigilarse a s\u00ed mismas para vencer y domar sus pasiones, rehusando a los sentidos lo que pudiera ofender a Dios. Sin eso, sabe usted que las acciones exteriores, aunque sean para servicio de los pobres, no pueden agradar mucho a Dios, ni merecernos recompensa, pues no est\u00e1n unidas a las de Nuestro Se\u00f1or, que trabajaba siempre con la vista puesta en Dios, su Padre\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abOro para que se renueve el \u00e1nimo de la Compa\u00f1\u00eda para ser\u00advir a Dios y a los pobres con m\u00e1s fervor, humildad y caridad que nunca, trabajando en la vida interior en medio de vuestras ocupaciones\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Luisa en camino hacia la uni\u00f3n plena con Dios<\/strong><\/p>\n<p>Luisa dirig\u00eda a Dios con mucha frecuencia esta oraci\u00f3n: \u00abVer\u00addaderamente sois el \u00fanico todo, y para poseeros quiero renunciar a todo\u00bb. Todo lo que imped\u00eda el amor puro deb\u00eda ser descartado. Informa con frecuencia de que se siente sumergida en las gracias de Dios. Pero el se\u00f1or Vicente le hab\u00eda ense\u00f1ado que no hab\u00eda recibido todas esas gracias para ella. No deb\u00eda ser m\u00e1s que un instrumento, la varilla de mimbre en manos del cestero. En los escritos tard\u00edos de Luisa podemos percibir que ya ha entrado en la vida m\u00edstica: \u00abMe ha parecido que Dios quer\u00eda venir a m\u00ed como a un lugar que es suyo, y que yo no puedo por eso rehusarle la entrada, lo cual por otro lado me hubiera sido del todo imposible, por haber puesto ya de una vez por todas entre sus manos la pro\u00adpiedad de mi libre albedr\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>Vivi\u00f3 esta uni\u00f3n con el Esp\u00edritu de Dios mientras atravesa\u00adba dificultades de todas clases y mil vicisitudes. Sab\u00eda que en la pobreza y gracias a los pobres ella estaba unida a Jes\u00fas. El se\u00f1or Vicente la hab\u00eda conducido hacia los pobres, aun teniendo en cuenta que ambos hab\u00edan seguido caminos diferentes. Vicente era un hombre del pueblo, ven\u00eda de un medio pobre y volvi\u00f3 a \u00e9l, formaba parte de ese mundo. Encontr\u00f3 a Dios en su relaci\u00f3n con los pobres. Luisa se sent\u00eda llevada por Dios hacia los pobres. Su conciencia cristiana del deber la envi\u00f3 a socorrerles. Y luego ella convirti\u00f3 ese compromiso en una vocaci\u00f3n que acept\u00f3 con todo el coraz\u00f3n y a la que dedic\u00f3 su cuerpo y su alma, eligiendo con\u00adsagrar a ella todas sus fuerzas y su saber; en breve: su vida entera.<\/p>\n<p>Lo esencial de la santidad de Luisa me parece residir en el despojamiento total que oper\u00f3 sobre s\u00ed misma para cumplir la vo\u00adluntad de Dios, en su conformarse a la cruz, en la uni\u00f3n de su ser con el amor divino y en el abandono de su libre albedr\u00edo, para llegar a ser solamente un instrumento en las manos de Dios. La misericordia de Luisa, su amor a los pobres fue la encarnaci\u00f3n del amor que ten\u00eda a Dios.<\/p>\n<p>Tengo la impresi\u00f3n de que ese aspecto de la santidad de Luisa ha sido pasado en silencio, no ha sido tenido suficientemente en cuenta.<\/p>\n<p>El desprendimiento y despojamiento de todo, sin condiciones, le eran muy queridos, y no tuvieron lugar solo en el momento de su muerte. No, en modo alguno; con plena conciencia, en pose\u00adsi\u00f3n de toda la fuerza de su alma acept\u00f3 la \u00faltima renuncia de su vida, renunci\u00f3 a la presencia del se\u00f1or Vicente, quien, durante treinta y siete a\u00f1os, hab\u00eda sido para ella punto de referencia y de apoyo. Pero el desprendimiento ten\u00eda que consumarse, y acaeci\u00f3 la uni\u00f3n m\u00edstica perfecta con su Dios: Luisa muri\u00f3 el 15 de marzo de 1660.<\/p>\n<p>El 11 de marzo de 1934 fue canonizada por la Iglesia.<\/p>\n<p>Escuchemos una vez m\u00e1s sus palabras que resuenan como si ella quisiera transmitir su santidad a los dem\u00e1s: \u00abLe ruego, mi querida hermana, que nos env\u00ede sus noticias con frecuencia y las de nuestras queridas hermanas, que deseo sean todas santas para trabajar \u00fatilmente en la obra de Dios, pues no es suficiente ir y dar, sino que hace falta un coraz\u00f3n purificado de todo inter\u00e9s, y no dejar de trabajar en la mortificaci\u00f3n general de todos los sen\u00adtidos y pasiones, y para eso, mis queridas hermanas, es necesario que tengamos continuamente ante los ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n hemos sido llamadas, no solo como cristianas sino a\u00fan m\u00e1s por haber sido escogidas por Dios para servirle en la persona de sus pobres\u00bb. \u00abTened un coraz\u00f3n grande, al que nada se le hace dif\u00edcil por el amor santo de Dios, en quien soy, y en su Hijo crucificado, mis muy queridas hermanas, vuestra muy humilde hermana y sirvien-te<sup>269<\/sup>\u00bb.<\/p>\n<p><strong><em>\u00abDar lo que se tiene no es nada<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>comparado con el darse a s\u00ed misma,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>y de dedicar todos los momentos de la vida,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>con exponerla incluso a los peligros<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>por el amor de Dios<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>sirviendo a los pobres\u00bb.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Sor Alfonsa Richartz<\/p>\n<p>La Milagrosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Definici\u00f3n del concepto de santidad Cuando reflexiono sobre ese concepto me vienen a la memo\u00adria dos c\u00e1nticos muy conocidos. 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